jueves, 8 de mayo de 2008

El ojo de la tigresa

Cineastas que puedan dar lecciones actualmente hay muy pocos. Que sólo busquen la sinceridad, a riesgo de perder el crédito acumulado, uno o dos.
Clint Eastwood es un caso único en el cine llegado de norteamérica, no sólo es capaz de mantener la calidad de sus propuestas sino que, en un alarde de compromiso con su oficio, cada vez arriesga más, pareciéndose más a un novel sin nada que perder que a un autocomplaciente gran maestro al que poco o nada le queda ya por decir.
En su momento vi la colosal MYSTIC RIVER, pensando: supongo que el buen Clint ya puede ir pensando en una gloriosa retirada, ¿qué podría ofrecer más un septuagenario que ha alcanzado la cumbre?
Como casi siempre, el cine es capaz de reinventarse mediante los inconformistas que son responsables de que no cese el invento.
MILLION DOLLAR BABY podía haber sido, a priori, la película perfecta para haber enterrado una filmografía casi perfecta. A saber, la lacrimógena historia de una niña caprichosa a la que se le mete en el coco ser boxeadora (¡madre de dios!). Dos viejos acabados que regentan un decrépito gimnasio de segunda fila y que recogen a la criaturita. Entre mamporros y ojos morados, nos dan la tabarra con gastados dilemas filosófico-morales, intentando llevar a la descarriada por el buen camino, con visita a la iglesia incluida.
¿Les suena de algo? A mí a culebrón de sobremesa en cadena privada. Pero en realidad la película es una obra maestra, así de simple.
¿Es que es necesario descubrir la piedra filosofal para contar decentemente una historia? Eastwood demuestra que su talento es inagotable, que maneja como nadie cada recoveco de importancia en la obra, que los personajes que construye son imborrables y que posee algo a lo que la ayoría de directores tiene el paso vedado: un puñado de imágenes que son un directo a la mandíbula y te dejan K.O.
Mención especial, aparte del impresionante trío protagonista, tiene ese momento de suspensión vital que es el inesperado giro que toma al final la película, dejando al espectador clavado en la butaca y con la sensación de estar asistiendo a una parte fundamental de la historia del cine.
Desde aquí recomiendo la total revisión de este heredero directo de Ford y Hawks, ahí es nada.
... cuatro, tres, dos, un saludo...

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!