martes, 31 de diciembre de 2013

Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #13



Es curiosa la coincidencia que se ha dado con la reciente muerte de Joan Fontaine y el título que hoy nos ocupa, puesto que el argumento de THE DARK MIRROR no puede ser más fascinante y significativo. Y es que el intrincado guion de Nunnally Johnson nos acercaba a un terrible crimen y la imposibilidad de descubrir al asesino... aunque se sepa quién es. Esto es así desde el momento en que el inspector encargado del caso (Thomas Mitchell) asiste perplejo a que la sospechosa tiene una hermana gemela completamente idéntica; a partir de ahí, comenzará un interesante juego psicológico en el que tomará el protagonismo un psicólogo (Lew Ayres) que tratará de llegar a la verdadera identidad de ambas hermanas, sabiendo que una cometió el crimen y la otra es incapaz de delatarla aunque la repudie. Además del encomiable pulso de Siodmak para mantener la tensión en un film básicamente apoyado en sus fantásticos textos, es necesario destacar la impresionante interpretación de una Olivia de Havilland con una variedad de registros y un dominio de los matices espléndidos. Su(s) personaje(s) son puro regocijo para cualquier paladar exquisito y para todos esos cinéfilos que gozan cuando una actriz, como es el caso, e incluso en la misma película (y eso ya es complicado), logra convencernos de que puede ser más de una persona. Así las cosas, no veo necesario extenderme sobre mis preferencias acerca de ambas hermanas... ¿no es cierto?
Saludos... y no se me atraganten, que no merece la pena.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Tal como somos



A vuelta otra vez con las indeseadas desapariciones de gente del cine, el otro día se nos fue una extraordinaria actriz, Elvira Quintillá, de la que me gustaría señalar que posiblemente fue la primera que consiguió romper la idiotizada idea de que una "artista de cine" tiene que poseer una belleza fuera de lo común. A ella no le hacía falta, igual que Fernando Fernán-Gómez parecía sacado de un planeta sin cabida para los galanes. Ellos fueron los protagonistas de la primera película dirigida por dos señores que luego cambiarían la historia del cine español para siempre; porque a su manera, Bardem y Berlanga demostraron que se podía escupir sobre un sistema social, político y de valores repugnantes y hacerlo pasar por una afable comedia "apta para todos los públicos". Pero es que habría mucho que escribir sobre ESA PAREJA FELIZ, primero por su terrorífica crítica, más de sesenta años antes, a lo que estaba por venir, que es el intercambio de cerebros por tarjetas Visa (entiendan esto como quieran). Entonces era un jabón que traía consigo un sorteo mediante el que una pareja afortunada recorrería Madrid durante un día, se le colmaría de regalos, cenas, espectáculos... y luego seguirían siendo igual de pobres, que diría Azcona, que aún no había entablado contacto con Berlanga. Es cierto que comparada con la mayoría de trabajos posteriores de sus creadores, ESA PAREJA FELIZ tenga una pizca menos de enjundia, pero no seríamos justos si no reconociéramos el valor (de valentía) de dos seres humanos tan inconscientes como para que la risa del público sea provocada por reírse de una vida, la suya propia, miserable. Aunque, claro, siempre habrá alguien que se volverá loco de alegría cuando le regalen un fusil submarino...
Saludos.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Rincón del freak #137: El pasado es frío e inhóspito



A mí no me gusta la Navidad. Ustedes lo saben, yo lo sé... Y hay muy poco que añadir a eso. Las guirnaldas, espumillones, abetos y turrones no hacen bonito, afean y emborronan; distorsionan bajo litros de alcohol las últimas briznas de cordura que a los pobres mortales nos son dadas justo antes de que ingresemos en esta locura del infierno que se llama vida. Para mí la Navidad es jodida, una mierda que hay que pasar como sea y que intento desde hace años, pero sobre todo desde este último, camuflar bajo falsa cordialidad, estúpidos deseos de entendimiento y, efectivamente, litros de alcohol... ¿Que ustedes quieren Navidad? No se lo reprocho, es una batalla perdida y que sólo trae pequeñas derrotas sin trascendencia, así que les voy a dejar un regalo debajo del árbol, para que las bolas (cuyo significado nunca he entendido) luzcan oblicuas en sus narices. Se trata de una película de apenas seis minutos y rodada hace 112 años, lo cual, comparado con el resto de la historia de la humanidad, tampoco tiene mucho mérito. SCROOGE; OR MARLEY'S GHOST condensa la desesperación del pobre Mr. Scrooge (con el que cada vez me identifico más) al toparse de bruces con Marley, o su fantasma para ser exactos. Ambos personajes están interpretados por John Copeland Buckstone, uno de los actores británicos más relevantes de la época victoriana y que, supongo, echaría una mano a su amigo Walter con una filmación que debió traerle numerosos dolores de cabeza. Hay transparencias muy a lo Méliès, cuatro partes que van desde el famoso "¡Paparruchas!" hasta los hinojos de Scrooge ante la tumba... y poco más. Véanla porque es relativamente sencilla de encontrar, sean felices y coman perdices... Y no tengan en cuenta a este idiota gruñón. Al fin y al cabo esto no es más que un blog...
Saludos.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Los que mandan



También hemos de lamentar la desaparición de Peter O'Toole, otro de esos actores que se ganó por derecho propio un cierto estatus de "inolvidable", gracias sobre todo a su colaboración con David Lean, aunque su extensa carrera contiene algunos títulos que quizá sólo un grande de la interpretación podría permitirse sin que ello afectase a su reputación. Es el caso de THE RULING CLASS, una acidísima crítica al imovilismo de esa "clase dirigente" británica, capaz de las mayores atrocidades con tal de no perder sus privilegios. A lo largo de más de dos horas y media, el prometedor Peter Medak (que luego iría domesticando su discurso), adaptando la polémica obra teatral escrita por Peter Barnes, quiense haría cargo también del guion. Ahora bien, intentemos poner en orden esta pesadilla de tintes "joyceanos" tanto como "wildeanos", porque su argumento merece la pena. El treceavo Conde de Gurney pierde la vida accidentalmente mientras practicaba su única satisfacción: pender de una horca con los ropajes militares... y un tutú. A continuación, todas las moscas revolotean la mierda, y temiendo por la dispersión del patrimonio buscan un heredero que les asegure su bienestar de siglos. El unico problema es que el único hijo del Conde está absolutamente loco y predica su divinidad como el verdadero Cristo redivivo. Así las cosas, urdirán una trama mediante la que casarán al pobre Jack con una fulana para que la deje embarazada y poder encerrarle sin problemas.
La primera parte de esta extensa película transcurre así, como una extraña mezcla entre los requiebros de una intriga romana y el humor corrosivo de Monty Python. Sin embargo, lo que llena de valor y valentía (que no siempre es lo mismo) el texto de Barnes es el inesperado giro que da todo cuando Jack Gurney convenza a todos de que está curado (mediante un estrambótico tratamiento) y que está dispuesto a afrontar sus obligaciones como el catorceavo Conde de Gurney. Esa última parte es tremenda, puesto que pone en solfa las mentiras sobre las que se cimenta la clase dirigente aludida y presenta a Jack transformado en un tocayo suyo, nada menos que "el destripador". Así, el final (sin querer destrozarlo) muestra a un loco que para ser tomado por cuerdo comprende que lo único que debe hacer es convertirse en otro loco aún peor... Una película que merece la pena rescatar y en la que O'Toole hace una de sus interpretaciones más inclasificables y divertidas.
Saludos.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Amar en tiempos revueltos



Doble obituario para hoy y mañana. El primero, para una mítica actriz que nos dejó nada menos que con 96 años; Joan Fontaine, la hermanísima de Olivia de Havilland y poseedora de una extensa y muy variada carrera, tanto en cine como en teatro. Debo confesar (aunque creo haberlo hecho alguna vez en estas páginas) que nunca fueron ninguna debilidad para mí su languidez aristocrática y esa seriedad que la imposibilitaba para una comedia, aunque en el papel de señora respetable hubo pocas como ella. Yo debería haber puesto aquí REBECA o SUSPICION, que son sus trabajos más recordados, pero aquí nos imponemos la obligación de ser originales, así que de repente he recordado un film poco reivindicado de Robert Wise en el que Fontaine no era protagonista ni secundaria, sino que debía compartir escena (eso que a ella nunca le gustó demasiado) con otras tres actrices, la gran Jean Simmons, una inquietante Piper Laurie y aquella especie de Marisol yanqui llamada Sandra Dee. UNTIL THEY SAIL contaba con un material de partida más que interesante que, sin embargo, las concesiones panfletarias y pseudopatrioteras dejaban en un raquítico estatus de "película entretenida para una tarde aburrida". Ellas son cuatro hermanas neozelandesas que sufren en sus carnes (y sobre todo en su patrimonio) las estragos de la WWII en el Pacífico, lo que intentarán subsanar con el desembarco masivo de soldados norteamericanos, aunque no sea fácil distinguir las intenciones honestas con las que no lo son. Por allí aparecía, además del cuarteto protagonista, un joven Paul Newman, digámoslo, con pocas oportunidades para el lucimiento personal, pero que aun así dejaba embelesada a la Simmons, mientras que Fontaine, siendo la mayor, se dejaba querer por un oficial interpretado por Charles Drake, del que aún nos preguntamos cómo le hicieron parecer tan alto... En fin, una película sólo para incondicionales. No nos hemos podido resistir...
Saludos.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Cine en crisis #11



¿Y qué mejor película para dejar aparcada la crisis que el excesivo delirio de Francis Ford Coppola en ONE FROM THE HEART? La película que le volvió a arruinar y una de esas hecatombes incontrolables que sólo pueden responder ante una cosa: un capricho irrenunciable. Formalmente, CORAZONADA (el título no puede ser más elocuente) es deslumbrante, recreando Las Vegas más brillante y luminosa que nunca, y al mismo tiempo, oscura, una ciudad que alberga solitarios y románticos sin remedio; porque esta es una película sobre perder, sobre no renunciar... sobre el amor. No se trata de un musical, pero hay gigantescos números musicales; no es una comedia, porque todo comienza con una dolorosa ruptura, casi un encogimiento de hombros porque la pasión se ha acabado; y tampoco es un drama, sobre todo cuando la felicidad se les escurre a los protagonistas cada vez que intentan atraparla... pero lo intentan. No lo intenten ustedes, no va a salirles bien; ésta es una película suicida, solitaria e irremediablemente romántica, y no tiene nada que ver con el azúcar glas (Baz Luhrmann, of course) de hoy en día, sino con la necesidad de plasmar en una pantalla cómo se puede ser feliz con cualquier cosa o infeliz con todo. O es todo eso o, si me lo permiten, es un disco de Tom Waits sonando en una noche de alcohol con el alquiler vencido... ¿Que si es buena?... No lo sé. No me importa...
Saludos.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Cine en crisis #10



Hay películas que, por su especial condición, son capaces de superar incluso sus propias expectativas. El ejemplo más claro es FITZCARRALDO, la película maldita de Werner Herzog; la epopeya amazónica que a punto estuvo de sacarlo definitivamente del cine y´en el que, según cuenta la leyenda, Klaus Kinski terminó tan hastiado que intentó matarlo. Anécdotas aparte, FITZCARRALDO (el título proviene de la dificultad indígena para deletrear Fitzgerald, verdadero apellido del protagonista) es un film obsesivo, arduo y tenazmente convencido de cómo debe desarrollarse; y el tan temido tijeretazo, precisamente por estar casi autogestionada por el propio Herzog, es todo lo contrario, y su desmedido metraje (casi tres horas) se antoja excesivo y por momentos innecesario para desarrollar una trama que en sí no es tan complicada de entender. Este personaje, hecho a medida de Kinski, sueña con construir una ópera en un pequeño poblado a orillas del Amazonas, y bien pareciera que nada pueda detenerlo en su empeño. Para ello sólo necesita lograr liquidez, pero al estar arruinado decide invertir sus escasos ahorros en un destartalado barco con el que comerciar con caucho, con la particularidad de que hará el recorrido a la inversa de un famoso meandro bifurcado, ahorrando más tiempo que cualquier otra ruta. El único problema es que para pasar de un cauce a otro no le quedará más remedio que imaginar una tarea casi imposible: remolcar la nave y conducirla a través de la montaña. Nadie en su sano juicio hubiese apostado por la viabilidad de tamaña empresa, pero tampoco de la película en sí, y es cierto que pese a lograr premios tan prestigiosos como el de mejor director en Cannes, FITZCARRALDO ha quedado un poco relegada y casi como un objeto de culto, una rareza que aunaba el tono mesiánico de su argumento a un humanismo nada relamido ni autocomplaciente. Un film farragoso y lleno de imperfecciones que a  mí me costaría creer que se pudiese hacer hoy día.
Saludos.

martes, 24 de diciembre de 2013

Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #12



Si no es THE KILLERS mi película favorita de Robert Siodmak sólo puede ser debido a dos razones: a que no puedo negar que tiene varias de similar calidad o a que es una película que parece ir constantemente contracorriente, sin buscar acomodo alguno. El comienzo ya es todo un clásico, con los dos sicarios acechando un pequeño restaurante y mostrando sus intenciones al asombrado camarero; van a matar a una persona, pero ¿por qué? Ese es el gran interrogante de esta intensísima cinta de puro cine negro, repleta de significativos flashbacks y con un vaivén de personajes inusualmente rico, por lo matizados que están y por la sabiduría de Siodmak (y del nominado al mejor montaje Arthur Hilton) para otorgarles el peso adecuado y no hacer caer en el cliché esta impresionante adaptación de un cuento de Hemingway. Tenemos al "Sueco" (Burt Lancaster sin tics), un boxeador fracasado y al que parece perseguir la mala suerte; Kitty (Ava Gardner), una mujer embaucadora... que sólo toma leche; Colfax (grandioso Albert Dekker), verdadero cerebro del golpe a partir del que el guion empieza a cobrar sentido, y a Jim Riordan (Edmond O'Brien), un insistente cobrador de seguros, cuyo empeño y profesionalidad irá incluso por delante de la propia policía. Un título mayúsculo, con escenas que por momentos me recordaron, por poner un ejemplo, a UNA HISTORIA DE VIOLENCIA y que además contaba con una maravillosa partitura del maestro Rózsa. Advierto: es una de esas películas que puede (y debe) verse una y otra vez, y cada vez es mejor. Magistral.
Saludos y que ustedes cenen bien...

lunes, 23 de diciembre de 2013

Cine en crisis #9



El único error que le reconozco a William Friedkin al rodar SORCERER, título maldito donde los haya, es su falta de perspectiva al adaptar el film que ya hizo Clouzot veinticinco años antes. Era imposible mejorar EL SALARIO DEL MIEDO, pero la idea era otra, quizá utilizar el inflamable material de partida para demostrar que el no-relato, la tensión vehicular, podían convertirse en el gran motivo por el que atomizar el guion convencional. Esto ya lo hemos visto muchas veces, pero recientemente; en 1977, con esta historia sólo podía fabricarse un thriller de los a menudo mal llamados "serios", pero, obviando la significativa mutilación del material original, que dejó el film en "sólo" dos horas, SORCERER es una película que sólo puede molestar o fascinar en la misma medida que resiste el paso del tiempo con abnegada obstinación.
Hablaríamos aquí de ese lugar en ninguna parte a donde van a parar los que desean no ser encontrados, cómo todos saben que es una especie de purgatorio donde, a cambio del anonimato, sólo hay que aceptar la pérdida de la propia personalidad. Nadie encontrará allí a estos parias, pero pronto comprenderán que es imposible huir, y es entonces cuando la película comienza su segunda y bestial ponencia. Desesperados, aceptarán conducir a través de la selva dos monstruosos camiones cargados de unos explosivos ultra sensibles; una misión suicida a la que sólo quienes desean salir del agujero donde están confinados podrían atreverse. SORCERER fue una apuesta a todo o nada, cine hecho con las tripas, imperfecto y de fisicidad rayana en la penitencia; la elección de los actores, por ejemplo, no podía ser más heterodoxa, a Roy Scheider había que sumar el estupendo Bruno Cremer, el exótico Amidou o un inquietante Paco Rabal haciendo de un tipo muy malo. Además, la mítica banda sonora compuesta por Tangerine Dream supone otro punto de extrañeza ambiental. Si se deciden a verla les recomiendo que entiendan las condiciones extremas de su rodaje y que ello les sirva para comprender cómo su estrepitoso fracaso en taquilla no debe empañar su, desde luego, inconsciente osadía. Un clásico involuntario, y muy poco clásico.
Saludos.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Rincón del freak #136: Matty, Pe y otras cosas de meter. Cine en crisis #8



La Paramount llamó a Breck Eisner, director hábil en distancias cortas (T.V. de entretenimiento), puso a su disposición un guion firmado a cuatro manos adaptando una novelilla sin mayor trascendencia, una fruslería de 145 millones de dólares y la "pareja del momento" (2005), que no era otra sino nuestra exportable Penélope Cruz y un Matthew McConaughey cuando creía que era una estrella y no necesitaba actuar de verdad. SAHARA es una gilipollez sin trascendencia que recaudó casi la mitad de lo que costó y que dejó a más de uno con la misma cara de alelao que al ver el cartel de reminiscencias "spielbergianas". La cosa terminó en un torbellino de imágenes prefabricadas sobre un tipo que se dedica a... a... ¿a ir en lancha con su amigo feo porque si fuese con otro el feo sería él? Que rescata a Pe, que interpreta un papel que seguro que no se os había pasado por la mente: doctora hispana de las Naciones Unidas que ayuda a los débiles por el día y asiste a lujosos cócteles por la noche. A nadie le importa un pimiento lo que pasa entre mamporros, persecuciones y submarinos desérticos¿?, pero los muchachos sonríen como bellacos y van a salvar el mundo de una amenaza muy chunga en forma de... no sé... ¿Placas solares?... Despropósito con estrellas estrelladas, y con razón.
Saludos.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Cine en crisis #7



El tiempo pondrá a Paul McCartney en el sitio correspondiente, que no es otro que el de verdadero líder, ideólogo y, por tanto, aniquilador de The Beatles. A mí no me cabe duda, así como tampoco tengo dudas sobre la incapacidad de McCartney para emanar la frescura que a Lennon parecía salirle casi sin querer ¿Pero quién necesita candidez cuando podemos dominar el negocio? Algo así debió estar pensando nuestro protagonista cuando decidió, hace ahora treinta años, refundar el concepto de videoclip (cuando éste no hacía más que dar sus primeros pasos) y traspasarlo a la ficción cinematográfica. Así dicho, sin ahondar un poco más, bien podría parecer que GIVE MY REGARDS TO BROAD STREET intentaría pasar la imaginería que Richard Lester invocó a mayor gloria del cuarteto de Liverpool por una estética ochentera que contiene sus peligros. Sin embargo, este ininteligible artefacto, de narración cogida con alfileres, tiene su miga; y si no, atentos: McCartney es él mismo, una estrella agobiada por la popularidad y que sólo encuentra consuelo en los estudios de grabación (casi improvisados) en los que va componiendo las canciones de su nuevo álbum. Resulta que alguien ha robado el material del mismo justo antes de que se pudiese publicar, así que se inicia una búsqueda por toda la ciudad, lo que nos permitirá asistir a esa idiosincrasia propia del músico "encausado", y que terminará confluyendo en la calle del título, cuyo significado queda explicado casi sin querer.
De acuerdo, pongamos que hablo de entretenimiento sin más, pero el cierre del film, con un McCartney imaginando su "pobre" futuro, pidiendo limosna en una boca de metro con su guitarra y cantando aquello de "Yo era un tipo con ideas... pero me las robaron... Y aquí estoooooy...", además de adelantarse tres décadas a la crisis de la industria musical, revela una faceta poco menos que inquietante. Porque, dejémonos de hostias: Paul McCartney era/es/será un genio en lo musical, pero esta película es un horror de aburrida y pretenciosa. Menos mal que, como buen hombre de negocios, escarmentó y no ha vuelto a intentarlo...
Saludos.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Cine en crisis #6



Lo primero que uno se pregunta al ver WATERWORLD es en qué diablos se gastaron "los kevin's" la pasta. No puede ser que todo se lo llevara el escombrero con piscina interior que nos cuelan como asombrosa ciudadela flotante. Menos el Clipper eólico del protagonista... ¿Alquilar un petrolero abandonado y cien zodiacs?... Pues si en eso se va el presupuesto de la película más cara de la puñetera historia del cine (hasta 1995)... ¡Ah, no! Esperen, porque el malo era Dennis Hopper, así que ahora lo entiendo todo... Bueno, supongo que todos ustedes han visto esta demencial "superproducción postapocalíptica" ambientada en un planeta Tierra sin eso mismo, sin tierra, y cuya vibrante acción gira en torno a un tipo con agallas (literal) que malvive sacando tierra del fondo oceánico y vendiéndola en atolones artificiales como si de oro puro se tratase. Todo se complica cuando encuentra una niña con un mapa tatuado en la espalda, que supuestamente indica la dirección hacia la única tierra en este mundo sumergido. Luego vienen los malos, y hay tiros y saltos a lo Fairbanks y mucho ruido... pero pocas nueces. Finalmente, es lo mismo de siempre: una película que nos venden como el summum de la diversión y/o evasión, resulta que es un aburrimiento vacuno de indeleznables proporciones. Ergo: tostón.
Por cierto, mucho mejor la música de Newton Howard para la de la Disney que para ésta. Busquen ambas si no me creen.
Saludos.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Cine en crisis #5



Si, como peroraba el gran Germán Coppini, viniese un alien divino y me diese a elegir qué me gustaría ser en un excitante mundo de hipótesis y posibilidades, yo no dudaría: sería Michael Cimino. Porque hemos hablado de cine miserable, de cine derrochador, de cine absurdo en los presupuestos y de cine simplemente inviable, pero hay que tener dos cojones muy italianamente puestos para hacer una barbaridad como HEAVEN'S GATE. Barbaridad, entendiendo la palabra en toda su excesiva extensión. Toda.
HEAVEN´S GATE es una obra maestra, una película con momentos de una extrañeza visual de la que luego han bebido multitud de imitadores y que obtiene sus cartas de nobleza justo cuando la era digital se revela completamente impotente para "reproducir" los saltos de tiempo con los que Cimino no pretende "plasmar", sino que el recuadro emane latidos de emoción verdadera. El arranque me recuerda al Joyce desbordante que no encuentra el número de palabras suficiente para que toquemos las paredes u observemos esos rostros borrachos, jadeantes; es el momento de John Hurt, que se sublima y que luego no tiene ya tanto peso. Luego han pasado veinte años y, curiosamente, el tiempo parece pretérito; hemos pasado de los parlamentos, las universidades y las fraternidades al polvo, las tabernas, las botellas de whisky y los revólveres: ¡es un western! Y supongo que no lo parece, o no lo parecía; y que quizá Cimino embaucó a los gaznápiros de la UA con la promesa de un fabuloso revival, con estrellas como Kris Kristofferson, emergentes como Christopher Walken o Jeff Bridges y el punto de exotismo de una joven Isabelle Huppert. Incluso la aparición de una leyenda como Joseph Cotten. Luego habría que intentar entender a los montadores de la UA, dañada en su propia concepción hollywoodense del espectáculo ¿Qué era esa historia morosa, sin picos de "violines" ni tragedia redentora? ¿Dónde estaban los héroes, "los buenos"? ¿Qué se escondía tras ese interés por defender a los pequeños propietarios por parte de un Marshall que en esencia es un putero y un fracasado? ¿Acaso Cimino era un díscolo resentido intentando poner una bomba en el corazón de la industria? El tijeretazo fue abrumador, y se notó en los cimientos de una obra que, aun así, es capaz de mantenerse en pie. Tras más de treinta años se le han añadido algunos trozos (no demasiado relevantes, es cierto) que la han llevado hasta casi las cuatro horas de duración, pero mucho me temo que será imposible que podamos disfrutar alguna vez de lo que una vez Michael Cimino llegó a tener en la cabeza. Un poema brutal y desesperado sobre un tiempo que se fue y que no volverá; lo sublime y lo miserable, lo grande y lo pequeño para extender un mapa y ver qué es la humanidad. Y eso, creo yo, vale un poco más de una perra gorda...
Saludos.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Cine en crisis #4



Seamos francos. Lo único que le queda a la Disney, la Disney de los niños y los padres, es serse fiel a sus estatutos, los que la han llevado, durante 75 años, a dominar el panorama estrictamente sentimental de quienes aman la forma como fondo argumental. Cualquier intento de sedición más o menos soterrada ha sido perfectamente polarizado por su monstruoso organigrama empresarial, y es por ello que sus fiascos económicos se han ido notando menos que sus brillantes, resplandecientes colecciones de hits. Así, TREASURE PLANET, que es una de las mejores películas de animación que la Disney ha facturado en los últimos tiempos (es de 2002), ni se comió un colín, ni se la ha reivindicado lo suficiente, ni se han explicado lo bastante los motivos de su descalabro, que a mi entender nos llevan a la monotonía del mercado y en ningún caso a su extraordinaria calidad, primero puramente técnica, pero sobre todo por el entretenidísimo resultado de su puesta al día de un clasicazo como "La isla del tesoro", de Robert Louis Stevenson. Y aunque las naves vayan por el cielo, impulsadas por la energía solar que llena sus velas, el espíritu de descubrimiento es el mismo, y su joven protagonista aprende a no fiarse de las apariencias y a valorar la amistad por encima de todo. Y John Silver, que se ha reinventado en un embaucador cyborg, le demostrará que no es oro todo lo que reluce en un tesoro, y que la vida es un camino accidentado. Una muy buena película para todos los públicos, un alarde técnico punteado por una inusual partitura de James Newton Howard y un sonoro fracaso en taquilla para la Gran Factoría, que no sólo no osó repetir el experimento, sino que apenas reconoce a esta joya como hija suya... Sí, un poco como "Long" John Silver y Jim Hawkins, aunque sin aprender que el dinero no lo es todo...
Saludos.

martes, 17 de diciembre de 2013

Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #11



THE STRANGE AFFAIR OF UNCLE HARRY es una película tan malsana, retorcida y desconcertante, que en verdad podemos aseverar que hace honor a su largo título. Aunque su comienzo pareciese apuntar a la ya comentada THE SUSPECT, y no sólo por la seducción a la que (de nuevo) el personaje interpretado por Ella Raines somete al de George Sanders, quizá menos disuelto que aquél de Laughton, pero igualmente atrapado por unas reglas que le parecen imposibles de romper. No, lo innombrable aquí casi ni es el terrible suceso del final, que también parece calcado, sino la progresiva irrupción de una de las dos hermanas del pobre pintor de rosas en serie. Mientras una, viuda y madura, comprende perfectamente que su muy solterón hermano haya encontrado la felicidad en una chica, aunque sea más joven, la otra, burguesa de sueños aristocráticos, confinada en la cama por dolores que sólo ella siente, holgazana y caprichosa, está, simple y llanamente enamorada de su hermano, con un amor enfermizo, acodado y finalmente destructivo. Hacia su mitad, la película queda dominada por el duelo interpretativo de Sanders y una Geraldine Fitzgerald espléndida y turbadora, y el final, pese a las evidentes resonancias "langianas", es tan surrealista que un espectador poco avisado apenas podrá reprimir una exclamación ante lo que está viendo, por inesperado. Uno de esos thrillers revestidos de apariencia costumbrista, como un drama victoriano que se desgañita por salir de su luto, cambiante aunque conciso; una obra que a mí me parece ordenadamente actual y que, como gran película que es, necesita establecer un contacto íntimo con el espectador. Menos fantasmagórica que otras de Siodmak, pero sin duda mucho más atrevida e indagadora.
Saludos.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Cine en crisis #3



Se ha hablado mucho de las razones del eterno lastre del cine español, de la fallida política de subvenciones, de una fatal autoindulgencia, de las correspondencias políticas, la falta de independencia... Muchas razones y poco razonadas, creo yo. En España hubo un momento en el que se pudo cambiar todo, a mejor y para mucho tiempo. Pero no se hizo, y se eligió un modelo que satisficiese a productores de mente revuelta, distribuidores dispuestos a "liberar el suelo", y todo ello repercutiendo en la marginación de cualquier intento de ampliación de los márgenes creadores. Resumiendo, que hace 25 años era posible hacer una película que sobrepasase en presupuesto toda la producción cinematográfica española de 2013. Su nombre no puede ser más significativo: EL DORADO. Dirigida por un indiscutible, Carlos Saura, y con participación francesa, EL DORADO semejaba un descomunal monstruo sostenido por un pataje flaco y titubeante; un film sobre la expedición española que iba a evangelizar y quedó deslumbrada por la leyenda de la ciudad construida en oro; y no cabe mayor ni mejor ejemplo para explicar una película que a ratos parece un APOCALYPSE NOW desvaído y otras se aprovecha de lo ya imaginado por Werner Herzog, cuyo Lope de Aguirre era más insano que éste, interpretado por Omero Antonutti. Aun así, EL DORADO tenía imágenes de fuerza incuestionable, Saura siempre ha sido un trabajador al servicio de sus ideas cinematográficas; el arranque, por ejemplo, posee una fuerza poética que dota de sentido el batiburrillo posterior, y la selva amazónica queda retratada por una estupenda fotografía a cargo del gran Teo Escamilla. Los problemas, sin embargo, son muchos: unas interpretaciones irregulares (¡Inés Sastre!), una línea argumental cuasiininteligible y algunos momentos que rozan el ridículo y que en aquellos incipientes premios Goya arrojó un desolador balance de nueve nominaciones y cero cabezones... Cine español en estado puro.
Saludos.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Rincón del freak #135: Ni para pipas. Cine en crisis #2



La leyenda cuenta que ZYZZYX ROAD estuvo un día en la cartelera de un cine de alguna parte, que ese día recaudó treinta dólares y luego desapareció de la faz de la tierra. La leyenda también cuenta que a Katherine Heigl y Tom Sizemore les echaron algo en la bebida para embarcarlos en esta bazofia terrible, pero que muy terrible. Y les cuento. Aparte de su sonoro título (en realidad una carretera perdida en el desierto de Mojave), esto va de la Heigl chupando un chupachups y poniendo cara de calientapollas dentro de un coche junto a un tipo con cara de funcionario triste (no se me enojen también por esta comparación ¿eh?), que dicen que tienen al marido de la anterior metido en el maletero, pero cuando van a enterrarlo en aquel ningún-lugar resulta que no está, así que tienen que buscarlo y, mientras tanto, el pobre embaucado descubre que la muchacha podría ser una especie de alienígena con intenciones de fagocitarlo tras la cópula. Y, francamente, así contada parece hasta buena, pero no, es un bodrio tremebundo que no concibo que nadie haya podido ver de un tirón. La leyenda también cuenta que al tal John Penney la película le salió rentable y que el dinero no es lo más importante en la vida... Lo que viene a indicar, creo yo, que para que una película sea una mierda hedionda da igual que haya costado lo mismo que Cristiano Ronaldo o seis o siete lolipops de fresa; y Penney inventó el cine inmune a la crisis... ¡porque él mismo es crisis intrínseca!...
Saludos.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Cine en crisis #1



La crisis, las crisis. El cine en crisis... ¿en crisis? ¿Es lícito hablar de crisis en un sector sustentado durante décadas en el falso lujo y el dispendio indiscriminado y caprichoso? Sí, por supuesto; de "ese cine" debe salir, está saliendo, "otro cine", quizá más consciente de la situación económica actual, y no sólo para ajustar presupuestos, sino, lo que es más importante, para dar a conocer un estado de las cosas vergonzoso, el de ahora, sí, pero también el de no hace tanto. Incluso lo que hoy son superproducciones parecen obligadas a un mínimo de intentona cualitativa, cosa que solía provocar urticarias en aquellos "grandes creadores", y convengamos en que sólo unos cuantos han merecido disponer de colosales presupuestos. Y como la intención de este monográfico navideño no es otra que disuadirles de cualquier tentación especialmente rumbosa, vamos a dar cuenta aquí, en plan intransigentemente subjetivo, de algunos títulos que sería imposible acometer hoy día, si no por su producción en sí, desde luego que por su nulo sentido de la comercialidad.
Uno de los nombres que se ha ganado a pulso el apelativo de "derrochador" o "anticomercial" es el de Kevin Costner, y sobre todo el que surgió tras su desproporcionado éxito con BAILANDO CON LOBOS (no porque aquella fuera mala, sino por lo que ahora contaremos). O habría que buscarle el sentido a una película de tres horas sobre un tipo que se hace pasar por cartero en un apocalipsis fechado en... ¡2013! Flipa Felipa!!!... THE POSTMAN no sólo mareaba por sus números, sino porque su cuota de estrellas, si dejamos a Costner aparte, simplemente no existía, y lo más llamativo era la aparición ya muy al final (de valientes era verla de un tirón) de Tom Petty... ¡Tom Petty, muchachos!... En fin, yo la vi hace poco y me pareció aún más ridícula y deslavazada que entonces; una película hecha a manotazos, sin convicción alguna y que al lado del cañonazo postnuclear de, por ejemplo, MAD MAX, parece un telefilm para Disney Channel. Tiene pocas cosas para recordar y sí muchas para olvidar y no repetir, como el gilipollesco ejército que se supone que tiene a todo el mundo acojonado y que se divierte viendo... ¡SONRISAS Y LÁGRIMAS!... o la escenita del niño con la carta y el esforzado Costner yendo a galope tendido hacia él... Un despropósito, en definitiva, que hizo saltar más de una tapa de los sesos en la Warner, donde siempre habrá un lugar para este señor...
Saludos.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Reparación exigida



El otro día nos dejaba Eleanor Parker, aquella fastuosa actriz de indomables melena y carácter, una de las últimas grandes divas de la época dorada de Hollywood. Sería complicado quedarse con un solo papel suyo, aunque cabría reseñar esa capacidad suya tan camaleónica para ser tan lasciva como divertida, y encajando perfectamente en dramas, comedias, cine de aventuras. Y qué mejor cinta, por tanto, que la mítica SCARAMOUCHE, estupenda superproducción de la MGM a la mayor gloria de un Stewart Granger desatado en el papel del disuelto Andre Moreau, que buscará incesante venganza contra el malvado Noel de Maynes, posiblemente el mejor espadachín de Francia y que ha dado muerte a su mejor amigo, a la sazón cabeza de los revolucionarios. Así, con un ritmo frenético y un Technicolor "tan de entonces", SCARAMOUCHE era una mezcla perfecta de géneros que se movía bajo la dinámica batuta de George Sidney, que logra uno de sus trabajos más redondos. Ese estruendoso inicio con la partitura de Victor Young, el sonido de las espadas, el escenario que sirve a Moreau para camuflarse y que termina siendo el lugar de su anhelada venganza. Y si no nos olvidamos de su estelar reparto, a Granger y Parker deberíamos sumar a Mel Ferrer haciendo de malo malísimo (aunque sin perder la compostura) y a Janet Leigh, embelesada bajo los encantos de este bizarro antihéroe, uno de esos salvadores involuntarios que, casi sin saberlo, acaban haciendo historia por accidente. Y como curiosidad para los fanáticos de estas cosas, intenten recordar a aquel breve actor que interpretaba al verdadero Scaramouche, un payaso borracho cuya estrambótica máscara ocultará a Moreau de sus perseguidores, porque se trataba de Henry Corden, o si lo prefieren la voz original de Pedro Picapiedra... Hala...
Saludos.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Madiba



Mucho se ha hablado ya del gigantesco funeral-homenaje-memorial a la mayor gloria de la figura de Nelson Mandela, de momento el único hombre capaz de cambiar el rumbo de un país desde el horror fascista hasta un hermanamiento que, aun con sus muchas lagunas, sigue manteniendo a Sudáfrica como todo un ejemplo a seguir. Y es que no imagino yo al propio Mandela participando en este inmenso "tócame Roque", una pantomima perfectamente calculada por y para burócratas, y donde los mayores necios de este planeta han dicho y hecho cosas tan ridículas como fuera de contexto. De este extraordinario hombre (el único del que cabe hablar ahora), el cine ha tenido a bien darle sus ocasionales momentos, tanto en ficción como en documentales, y uno de los mejores en este último apartado es MANDELA: SON OF AFRICA, FATHER OF A NATION, concertadísimo repaso a toda la trayectoria de Madiba, que él mismo se encarga de abrir con la narración de sus humildes orígenes en un poblado y la "adquisición" de un nombre no africano como pasaporte a una vida mejor. Luego sus estudios de leyes, sus primeras incursiones en la política y, de repente, la cárcel; la ágil narración de este documental de casi dos horas constituye una magnífica puerta de entrada para quienes se sientan interesados en los aspectos más importantes de su vida. Los mítines, sus dos divorcios, el durísimo enfrentamiento con Botha, su inesperada alianza con de Klerk... Pero sobre todo su horrible e interminable estancia en la cárcel, 27 años que, lejos de derrumbarlo, hicieron de él gran parte de la leyenda en la que se ha convertido. Este documental fue nominado a los oscar de 1996, y no ganó porque por allí anduvo un tal Cassius Clay, pero merece la pena revisarlo como una bienvenida a una vida apasionante... ¡Qué poco que ver con los payasos que han revoloteado estos días por sobre su tumba!...
Saludos.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Negra es la noche



La noche, según Olivier Smolders, es un perpetuo que lo domina todo; incluso las formas, incluso los temas, los tiempos, los modos. NUIT NOIRE es un intento más loable que acertado de ennegrecer el universo onírico de David Lynch en torno a una obsesión, la de su lacónico protagonista, Oscar, que en realidad son varias. Oscar trabaja en una especie de museo de entomología y su vida es un monótono trasiego desde su pulcro despacho hasta la pequeña habitación alquilada donde un día (es un decir, porque aquí no hay día) encuentra a una mujer negra embarazada en su cama, una mujer que habla un extraño idioma y a la que no puede echar por temor a su entrometida casera. Oscar recibirá a partir de entonces unas visitas cada vez más extrañas: dos inquietantes gemelos, que igual son niños que ancianos; un grupo de jóvenes estudiantes de visita en el museo que se burlarán de él, y del que se separará una adolescente que termina por seducirlo y, finalmente, vejarlo como el imbécil apocado que es. En sus visitas al médico, además de su insomnio y sus pesadillas (que quizá sean lo más real de su vida), Oscar descubre que su amor y fascinación por el lomo duro y brillante de un coleóptero no se desvía del vientre hinchado de la embarazada, pero tampoco del cielo, siempre negro.
Así dicho, Smolders traza un itinerario subyugante a través de una mente cuyos recovecos apenas nos son revelados; una vez visto el film, me quedan dos cosas claras: imitar a Lynch es como imitar a Tarkovski, porque se nota a leguas. Por otra parte, y una vez vista su extraordinaria compilación de cortos y mediometrajes, me queda aún más diáfano que el director belga se maneja infinitamente mejor cuanto más radical es su propuesta, y menos con un desarrollo-tipo, con sus secuencias y sus compartimentos, porque además de ser capaz de generar imágenes sorprendentes (y tampoco es el caso), hay que narrar algo, porque se corre el riesgo de caer en la intrascendencia y el sopor estético. Es elocuente el silencio que Smolders mantiene (en el terreno del largo) desde hace ocho años.
Saludos.

martes, 10 de diciembre de 2013

Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #10



En THE SPIRAL STAIRCASE, de 1945, Robert Siodmak aunaba a su gótico gusto expresionista el placer por el fuera de campo y la excusa anticipatoria encarnadas en la cándida figura de una Dorothy McGuire enmudecida por su pasado y cuya figura simboliza, desde el paseo en carruaje hasta la mansión en la que sirve, la inocencia acechada por una maldad agazapada entre las sombras. Hay una cosa muy buena en este film, que siento que se lo debe por entero a la labor organizativa de Siodmak; otra menos buena, por culpa del guion de Mel Dinelli, al que le cuesta embadurnarse del tenebrismo de Ethel Lina White; finalmente, el trabajo de los actores es francamente curioso, pues mientras el póker de estrellas femeninas apabulla por su cohesión, los masculinos están flojos tirando a intrascendentes o rozando la parodia involuntaria. El film se inicia con una secuencia simplemente prodigiosa, uno de esos instantes mágicos en los que el cine se adentra y repliega sobre sí mismo con una de aquellas primitivas proyecciones de finales del XIX acompañadas de piano y que culmina con un crimen en el piso de arriba. A partir de ahí, todo ocurre concisamente pero con la alegría del buen narrador, y nos emplazamos en la mansión, donde un incesante trasiego de personajes va dejando paso a la calculada y progresiva soledad de la criada, verdadero objeto del deseo de un criminal que no sabemos si proviene del exterior o del interior. Aparte de la asombrosa fotografía de Nicholas Musuraca, destacaría la agresividad y audacia de algunas decisiones formales de un Siodmak en su salsa (especialmente los trampantojos con espejos y modulaciones lumínicas); pero sobre todo, el magnífico trabajo, insisto, de unas fantásticas Ethel Barrymore, Elsa Lanchester, Rhonda Fleming, Sara Allgood y la propia Dorothy McGuire, que culmina la función con una escena francamente emocionante. Muy buen film de Siodmak, en todo caso.
Saludos.

lunes, 9 de diciembre de 2013

San Ignacio de Loyola en una cámara



El cine del belga (nacido en Leopoldville) Olivier Smolders es de una gran sencillez y radicalidad; basado, sobre todo, en filmaciones frontales, en blanco y negro y en un único espacio, su aspiración es captar algún tipo de esencia que escape al concepto de película común. Con motivo del lanzamiento de su largometraje de 2005, NUIT NOIRE, Smolders recopiló sus numerosos trabajos cortos desde 1984 hasta 1998 bajo un título extraído de los pensamientos del fundador de los Jesuitas. Es difícil, no obstante, advertir en estos EXERCISES SPIRITUELS ningún halo místico más allá de las constantes citas textuales, mientras que la materialidad humana, su condición maleable de modelo transfigurado por la luz, es el gran conductor de este extenso recorrido que abarca nada menos que diez cortos dispuestos de la siguiente manera:
1- "Adoration" 1987.
2- "Mort à Vignole" 1998.
3- "Point de fuite" 1988.
4- "L'amateur" 1997.
5- "La philosophie dans le boudoir" 1991.
6- "Ravissements" 1991.
7- "Pensées et visions d'une tête coupée" 1992.
8- "Neuvaine" 1984.
9- "L'art d'aimer" 1985.
10- "Seuls" 1989.


Es una verdadera lástima que este cineasta no se haya prodigado más, aunque ello hace del visionado de estos "ejercicios espirituales" una experiencia difícilmente superable; no, desde luego, por su largo, del que hablaremos pasado mañana.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Rincón del freak #134: Horror, cachondeo y armarios



El otro día me entero de la muerte, con sólo cuarenta años, del actor Paul Walker. Y me pongo a pensar: "¿Walker?... "Walker"... "¿De qué me suena?"... Y, efectivamente, me suena de unas películas que no he visto y con poca probabilidad veré. Pero sí es cierto que Paul Walker inició su andadura actoral con sólo trece añitos en una infame producción de... ¡Troma!... Sí señor, Troma, la meca del estercolero artístico y posiblemente el verdadero germen de la incorrección política a lo bestia. "Producida" por los inefables Lloyd Kaufman y Michael Herz, y "dirigida" por el ignoto Bob Dahlin, MONSTER IN THE CLOSET es una burrada con muñecos de goma y guion demencial acerca de un monstruo que se oculta, como no podía ser de otra manera, en los armarios, sembrando el terror y la destrucción en San Francisco; ningún arma puede dañarle y nadie puede saber cuál será el próximo armario del que saldrá con aviesas intenciones. Los héroes que salvarán a la Tierra del apocalipsis son: un periodista enchufado con sospechosas similitudes con Clark Kent, un clon de Albert Einstein que ha encontrado el arma definitiva en un xilófono...¿?..., una profesora de universidad que odia el chocolate y su superdotado hijo, de nombre (juro que es así) Professor...
La película es muy mala, sí, mala al estilo totalmente consciente de Troma, lo que la convierte sin más en lo que es: un pasarratos sin consecuencias para los que de una manera u otra han llegado a disfrutar de este tipo de películas ¿Lo mejor? Lo mejor es, como cualquier película de Troma, que cualquier atisbo de seriedad es pasado por el forro, así evitamos hablar de "comedia involuntaria" y esas zarandajas... Como guinda, destacaría, además de la anécdota del pobre Paul, los impagables cameos de John Carradine, Stella Stevens, Donald Moffat y Claude Akins... ¡El sheriff Lobo!... Esto sólo pasa en Troma...
Saludos.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Comunión o bautismo



El cine francés correría un serio peligro si llegara a pensar (me refiero a un conjunto de cineastas, claro) que, aun teniendo poca cosa que contar, un cierto tratamiento de la imagen y de cómo afecta ésta a los actores, podría salvar el montante e incluso dotarlo de cierta "privacidad molecular", como si de un espacio vedado al exterior se tratase. Hay una hornada de jóvenes directores galos que han recibido una herencia directa de sus inmediatos antecesores, y de éstos se me ocurren a vuelapluma tres, que podrían ser Claire Denis, Arnaud Desplechin y Bruno Dumont (hay más, pero son demasiados, y en realidad el que canta aquí es Ozon), y entre estos alumnos aventajados encontramos a la muy prometedora Mia Hansen-Love, que no cesa de reinventarse, o Katell Quillévéré, que presentó este mismo año en Cannes su segunda obra, SUZANNE. Ambas jóvenes, con más pinta de modelo publicitaria que de directora de cine, pero con una divergencia que me parece fundamental. Mientras la primera no teme adentrarse en los terrenos más espinosos y amargos de las relaciones humanas, y de ellos extrae lascas de belleza incómoda, la segunda parece hacer todo lo contrario. En su titubeante debut, UN POISON VIOLENT, Quillévéré no se decide sobre qué quiere filmar exactamente, y podría haber elegido entre el despetar sexual de su sosísima protagonista de 14 años, las dudas provenientes de su educación religiosa, la atracción que siente por un pobre curita de origen italiano o lo que parece subyacer bajo todo ello y que es en estos títulos en los que se ve claramente qué directores aúnan habilidad, talento y sensibilidad. Todo comienza con una grand absence, la de un padre que, suponemos, no soporta a su mujer, y dejará todo atrás, lo que provocará un torrente de emociones y dudas en esta muchacha. Efectivamente, es lo que piensan, y la joven directora casi no puede evitar el culebrón televisivo; donde debería haber depuración hay un pudor ñoño, y resistir hora y media de adolescente traumatizada tiene su miga. Entre "parecerse a" y "tomar a tal por las solapas y sacudirlo" hay una diferencia que algunos notan y otros ni siquiera saben. Lo mejor: aparte de ver al abuelo cascándosela viendo a la nieta, que aún hay mucho margen de mejora.
Saludos.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Perros, peyote y desiertos



Hay algo que me ocurre con SEVEN PSYCHOPATHS que no me ocurrió con IN BRUGES. El segundo largometraje de Martin McDonagh se diluye justo donde el primero se hacía fuerte; la ambiciosa e intrincada trama, a medida que va mostrando sus verdaderas intenciones, va empequeñeciéndose, banalizándose. O lo que es peor: mientras todo es un puro cachondeo se disfruta; cuando la cosa se pone seria no hay quien la aguante. IN BRUGES parece una comedia hasta que nos damos cuenta de que estamos ante unos tipos muy jodidos y muy cabrones; SEVEN PSYCHOPATHS parece una película de Robert Altman hasta que los tres protagonistas se sientan en el desierto y sacan el peyote. Antes teníamos un divertimento sofisticado y con diálogos ingeniosos y ahora, casi al final, resulta que hay tiros y lo arreglamos todo por las bravas. Es el tono, la intensidad y modulación de su discurso lo que me aleja una enormidad de esta película, aparentemente más compleja que su predecesora, pero quizá esto sólo sea un efecto causado por un reparto más amplio (aunque, en mi opinión, mal administrado), porque entonces ya no puedes repetir chistes. Tiene, sin embargo, algunas cosas francamente buenas, y es una lástima que, por ejemplo, la inquietante aparición del gran Tom Waits quede tan dispersa, aunque al respecto les advierto que no se pierdan el final (pero el final-final), que es lo mejor de este film dislocado, cuyos actores principales parecen estar cada uno en su propio rollo y donde falta una miaja de cohesión. Y, sí, Tarantino lo liaba todo mucho más, pero él tenía la varita mágica escondida...
Saludos.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Las historias de al lado



Uno ve TABU, de Miguel Gomes e intenta entroncarla con el fascinante film homónimo de Murnau. Aclaremos que, sin renunciar al eje de atracción de aquélla, la propuesta del cineasta portugués sigue un curso propio y no permite, gracias a la radicalidad de su discurso, que haya lugar a la pantomima disfrazada de falso homenaje. No, porque TABU, la de ochenta años después, nos habla de una cosa para prepararnos para otra completamente diferente; la melancolía de la inocentona samaritana Pilar, una mujer cuya madurez sólo le indica una bondad sin límites, desapegada, hacia los demás no es más que la excusa, el entrante hacia otra cosa. Incluso el pequeño personaje de Santa, la hartísima criada caboverdiana que fuma puros y pide un poco de comida y compañía para su señora, muestra, sin hacerlo, otros mundos y otros momentos, los del colonialismo, que ha dejado por toda gloria estos pequeños, insignificantes y desubicados fantasmas. Su señora es Aurora, una vieja estólida tras unas enormes gafas de sol y cuyo enjuto cuerpo se refugia en unas pieles que casi es lo único que ya le queda de aquel tiempo en que vivía despreocupada en África, al amparo de una gran fortuna. El relato ha cambiado diametralmente, en fondo y forma; ahora estamos dentro de la narración que una tercera persona, un antiguo amigo de Aurora, le hace a Pilar, transportándola a aquellos años, pero también llevándonos a nosotros, ahora sí, a algo que parece Murnau, un tiempo pasado mucho más vívido y pleno que el presente. Y uno termina de ver TABU y sabe que sólo ha visto una historia de amor que termina de manera trágica, como antiguamente; y es el poso, finalmente, que estas imágenes eternas nos dejan las que hacen de ésta una de las mejores experiencias audiovisuales del último año... diga lo que diga el cenutrio de Carlos Boyero...
Saludos.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Mejores intenciones que resultados



SLASHERS podría haber sido la THE CABIN IN THE WOODS de serie Z de hace más de una década. La diferencia entre ambas, sin embargo, no responde necesariamente a una cuestión de presupuesto, sino a que la segunda es mucho más rompedora en lo que propone. Es ahora, con el impacto provocado por la cinta de Drew Goddard, cuando afloran algunos títulos semiolvidados del cine de terror/fantástico reciente que, de una manera u otra, han intentado darle la vuelta al siempre repetitivo y monótono discurso del "sangre sobre ideas". El comienzo es prometedor, con un inquietante concurso japonés donde todo es colorín y felicidad, y en el que un grupo de jóvenes (curiosamente, ninguno es japonés) se paseará por un destartalado superdecorado que parece no acabar nunca y por el que les perseguirán tres asesinos en serie. La gracia proviene tanto de no saber a ciencia cierta si se trata de actores convincentes que les van a dar el susto de sus vidas o si son tres asesinos reales; hecho éste convengamos que algo más inquietante. Además, sus atuendos y máscaras hacen referencia explícita a algunos de los "monstruos" más reconocibles del cine sangriento: El predicador loco con su cuchillo en forma de cruz, el mad doctor con unas gigantescas tijeras y, cómo no, un paleto con una sierra mecánica...
Ya hemos hablado anteriormente del canadiense Maurice Deveraux, de sus interesantes tramas y decepcionantes resultados formales; SLASHERS es una película muy simple que deja una gran cuestión en el aire para que venga alguien con más talento y la perfeccione: ¿Qué significado psicológico tiene que un montón de gente disfrute de verdad viendo cómo torturan y matan a otros? Si tuviésemos un concurso como éste, a lo mejor lo sabríamos...
Saludos.

martes, 3 de diciembre de 2013

Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #9



Resulta muy sencillo caer en las redes en las que cae Philip Marshall, el gerente de una distribuidora de tabacos en el Londres de principios del siglo XX, interpretado magistralmente por Charles Laughton. Él es un hombre hastiado de su matrimonio con la insoportable Cora (Rosalind Ivan) que por casualidad se encuentra frente a la joven, bella y desamparada Mary Gray, con la que inmediatamente establece un vínculo que el acertado guion de Bertram Millhauser establece entre la atracción y el respeto mutuo.  Pocas actrices han aunado tanta sensualidad con una pulcra inocencia como la bellísima y muy olvidada Ella Raines, que repetía con Siodmak, y por muy difícil que sea imaginarlo a priori, la química que desprende junto a Laughton es incomparable precisamente por no tirar de ambigüedad; su aventura es sincera, es de ayuda mutua y tiene el aroma de las grandes historias de amor. Claro está, si no fuese porque estamos ante una genuina cinta de cine negro, vertiente crímenes. No me gustaría desentrañar demasiado de esta maravillosa película, de mis favoritas de Siodmak, ya que su inteligente trama, aparentemente sencilla, parece estar constantemente remontándose a sí misma, casi luchando por esquivar los tópicos que el cine hollywoodense lleva toda la vida implantando en el sentir popular de los espectadores. Ésta es una película excepcional, nada angustiosa, un paseo por la vida de un hombre cuya necesidad de afecto le convierte en otra persona, pero nunca un títere, jamás zarandeado, a menos que eso que algunos llaman amor sólo pueda merecerse para quien es capaz incluso de actos terribles. Y la mano maestra de Robert Siodmak anula cualquier idea preconcebida, y su dibujo se revela muy jodido y muy nítido; una película, en fin, por la que no sólo no han pasado los años, sino que en sus reveladoras imágenes podemos sintonizar a algunos de los más importantes renovadores del género negro. Si me preguntan (y aunque no lo hagan), yo veo aquí a otro grande que recién comienza sus primeros pasos: Jeff Nichols. Maravillosa película.
Saludos.

lunes, 2 de diciembre de 2013

... ¿Gafapasta tú?...



Existe una raza aparte en esto de ver cine... Ustedes lo saben, porque alguna vez los han visto haciendo cola, una y otra vez; con sus palomitas (o no), sus ropas descuidadas y, claro, sus gafas. Son seres anacrónicos, surgidos al amparo y calor de lo que en tiempos fueron los cineclubs y que han hecho de la asistencia al cine su forma de vida... básicamente porque apenas tienen otra vida. Stephen Kijak y Angela Christlieb realizaron en 2002 un documental basado en estos raros especímenes, algunos de ellos en la ciudad de Nueva York; ellos se explican, se dejan filmar momentos antes y después de sus inamovibles ritos diarios; con orgullos mal disimulado abren las puertas de sus casas para mostrar sus colecciones de carteles, bandas sonoras, recortes, fotos... aunque el diagnóstico se acerque más al síndrome de Diógenes que a la mitomanía compulsiva. Son sólo tres o cuatro, un ejemplo; se reúnen de vez en cuando (raramente, la verdad) y organizan maratónicas sesiones de video, fast food y comentarios que derivan en encendidas discusiones hasta la madrugada ¿Son los verdaderos gafapastas o simplemente un reflejo deformado de los últimos estertores de una exagerada forma de entender lo que una vez fue el séptimo arte y ahora se refugia bajo la leyenda "audiovisual"? CINEMANIA da cuenta de todo ello sin resultar cargante ni dogmática, y si tuviese que achacarle algo sería la insustancialidad de la mayoría de observaciones desprendidas de estos enfermos de la sala de proyección... A menos, claro, que sea usted uno de ellos...
Saludos.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Rincón del freak #133: Gaviotas psicodélicas en Venecia



Para los pocos que aún no lo conozcan, es preciso señalar que Adriano Celentano, aparte de artista multidisciplinar y ser uno de los personajes más conocidos de Italia desde hace unos cincuenta años, tiene una particular manera de entender cada proyecto que acomete, lo que no le asemeja a casi ninguno de sus coetáneos, ni a los padres de la nuova comedia italiana, ni a innovadores posteriores. Celentano aúna a su cara de labriego enfadado una querencia por el canturreo con desapego, los bailes aleatorios (iCarly dixit) y un repertorio de muecas y posturas... difíciles de describir. A mí me deja frío, la verdad; ni me entusiasma ni me irrita, simplemente me hace pensar en cómo se abre paso un tipo sin aptitudes para llegar a ser una leyenda mediática. Añadiendo a todo eso que su vida social es prácticamente inexistente y que lleva cincuenta años casado con la misma señora. YUPPI DU, de 1974, confirma todo lo dicho, porque además de ser una película extrañísima resulta complicado atribuirle un solo género, aunque espero que les sirva mi descripción por si osan adentrarse en terrenos "celentanianos". Imaginen un cruce entre el Tarkovski de EL ESPEJO, WATERWORLD (sí, la de Kevin Costner), Jacques Tati, el YELLOW SUBMARINE y BAILAR EN LA OSCURIDAD, de LvT... Métanlo en la batidora que le regaló Fernandel a Alberto Sordi y les saldrá esta ¿comedia? ¿musical? ¿drama familiar? ¿bizarrada a secas? Una barbaridad que habla de una extraña comunidad de hippies gondoleros que se comunica con los pájaros y se divierten cantando y bailando; luego sale Charlotte Rampling vestida de tul y el señor Celentano la magrea largamente (porque aquí abundan los senos y jamones) tras despachar a Claudia Mori (su señora en la vida real). Ya les decía, suerte que tienen algunos. Una recomendación: si lo que van a ver es la "restauración" de hace cinco años, les advierto: hay videos de Venetian Snares menos estridentes...
Saludos.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Progresa adecuadamente... aunque necesita mejorar



EXAM es una de esas producciones que han proliferado desde mediados de los años noventa, películas de presupuesto ajustado, caras desconocidas, un inquietante enigma como premisa fundamental y la esperanza de que un guion ingenioso sea capaz de suplir carencias de otra índole. En este caso la acción se desarrolla íntegramente en una especie de habitación-búnker y cuenta la última prueba para ocho aspirantes a un trabajo que, sin que se nos explique exactamente cuál es, debe ser la pera limonera por lo complicado que es acceder al mismo. Los ocho candidatos están sentados cada uno en una silla y delante de ellos hay una mesa con un papel en blanco y un bolígrafo; lo que se les pide es muy sencillo y al mismo tiempo muy complicado: responder una pregunta en 80 minutos sin estropear el papel. El problema es que no saben la pregunta; el problema es que escribir en el papel ya es considerado estropearlo; además, cualquier desacato supone la expulsión inmediata por un guardia de seguridad... digamos que expeditivo. De acuerdo, sabemos a qué atenernos; hemos visto CUBE, EL MÉTODO, LA HABITACIÓN DE FERMAT... e incluso el desviacionismo de la saga SAW, y eso por poner algunos ejemplos, y antes de todo eso hemos visto al maestro Hitchcock hacernos mirar a donde no era y hemos leído a Agatha Christie. Nos sabemos las claves, así que quien pretenda sorprendernos tiene la obligación de ir un paso más allá. Y no es el caso. EXAM tiene un buen punto de partida y algún momento francamente inquietante, pero sus arquetipos no logran actuar como bálsamo diletante, como en la extraordinaria THE CABIN IN THE WOODS, sino que se quedan en eso: arquetipos que recuerdan demasiado a quienes lo hicieron ya antes. Además, ir más allá no tiene nada que ver con seguir al pie de la letra la muy encorsetada excusa argumental, porque ello puede llevar a alguna situación involuntariamente cómica, como la actitud inexplicablemente robótica del guardia, que no se inmuta ni aunque le cojan el arma... ¿? Curiosa para un Sábado por la tarde, por ejemplo éste...
Saludos.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Donde nos lleva el corazón



La información no puede ser más elocuente: Joe Wright se apoya en los clásicos para "revertirlos", su ambición mantiene siempre un ancla, al ser adaptación y no versión. De momento no le conozco una gran película a Joe Wright... tampoco una bazofia. Por su parte, la novela de Tolstói admite cuantas variaciones se le quieran añadir, está demasiado bien escrita como para poder ser adaptada por un necio; sin embargo, está por llegar (si no contamos con los apócrifos) esa "Karenina" perfectamente integrada en el tiempo que ha de hospedarla. No lo digo tanto en lo técnico (porque de sus muchas adaptaciones quizá sea ésta la más osada) como en lo semántico, y para ello habría que desnudar demasiados artificios, a la manera de Bergman, pero me temo que Bergman tiene poco o nada que ver con el genio ruso. Es esta ANNA KARENINA menos... ¿flamboyant?... ¿psicológica?... Puede que más visceral en tanto que la cámara, aun registrando una miríada de detalles, es incapaz de despegarse de una Keira Knightley que necesita desesperadamente un desencasillamiento. Todo lo que "arropa" a estos personajes frustrados y frustrantes es delicioso y fascinante, incluso lo ornamental no oprime al ágil guion de Tom Stoppard, y aunque sepamos la historia ésta no nos resulta fatigosa. Incluso, he de reconocerlo, ANNA KARENINA contiene algunos momentos de belleza casi irreal, como la escena de la pista de patinaje, y los trenes y las estaciones son una auténtica maravilla. No, el pequeño gran problema que le encuentro es que una vez dispersado el encanto, esta "enorme miniatura" pasará a un olvido progresivo porque su director, como buena eterna promesa, y a diferencia de su protagonista, no quiso traspasar los umbrales del corazón, porque sabe que esa es una apuesta a todo o nada, y eso tampoco se estila  hoy día.
Saludos.

jueves, 28 de noviembre de 2013

La marca de agua



Ser ayudante de Tarkovski con sólo 33 años debe marcar, no lo dudo; otra cosa es que el cine de Konstantin Lopushansky haya logrado, por sí solo, una meta imposible: no ya rendir justo legado al gran maestro, sino encontrar un camino que le sea propio y lo convierta asimismo en una obra reconocible. Lopushansky estuvo junto a Tarkovski en STALKER, film de gran peligro para quien sólo consiga quedarse en su superficie de grandeza estética y sea incapaz de ahondar mínimamente en su mensaje rizomático, más complejo en cuanto se sacude su calma estructural. Lo más cerca que Lopushansky ha estado de Tarkovski (cerca, como fraternidad semiótica antes que visual) fue en su debut de 1986, PISMA MYORTVOGO CHELOVEKA (CARTAS DE UN HOMBRE MUERTO), extrañísimo film que casi es capaz de amortizar los muchos tiempos muertos del apocalipsis según Tarkovski en beneficio propio. Otra cosa es, treinta años después (2006), lo expuesto en GADKIE LEBEDI (LOS CISNES FEOS), espesísima adaptación de la estupenda novela de los hermanos Strugatsky, que empieza como un film (bueno) de Lars von Trier, sigue como David Lynch (con cortinas y enanos) y al final del todo, cuando estamos a punto de que nos tomen el pelo, empiezaa retorcerse las cañerías bajo una lluvia interminable... Sí, Tarkovski sólo muy rozado. Aun teniendo un buen fondo, una historia interesante (unos seres mutantes están creando una superraza de niños para instaurar la paz en un planeta devastado por las guerras) y unas interpretaciones convincentes, hay algo que no termino de creerme, una especie de ruidillo sordo en algún lugar muy alejado de mi cinefilia y que me lleva a no entregarme por completo, quizá por miedo o por respeto excesivo. Puede que tenga su cuota de admiradores, pero no saber qué bando integra, esa terrible indecisión, deja a esta obra (la última hasta el momento) como una curiosidad para muy iniciados.
Saludos.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

No miren al mayordomo



Poco antes de abandonar su Inglaterra natal, a Alfred Hitchcock aún le dio tiempo a filmar algunas de sus mejores obras de este periodo, o al menos las que ya mostraban a un director capaz de combinar la intriga criminal con su personalísimo sentido del humor. Posiblemente sea YOUNG AND INNOCENT, de 1937, una de las más divertidas y/o desprejuiciadas, con una figura femenina (la celebérrima Nova Pilbeam) haciendo de joven intrépida que tendrá que debatirse entre lo que dicta la evidencia y lo que siente en su corazón. El asunto es turbio y con múltiples puntos oscuros: una mujer aparece muerta en la playa y un joven la encuentra, pero dos testigos aseguran que se trata del asesino al confundir su búsqueda de ayuda con una precipitada huida. El joven será detenido y acusado, pero los laxos procedimientos de la policía local propiciarán su huida, con el propósito de investigar y llegar a descubrir quién es en realidad el asesino. Con la única ayuda de la susodicha, que a más inri resulta ser hija del jefe de policía, llegarán a un sorprendente desenlace mientras los sentimientos terminarán por aflorar entre ambos dos. Rodada en Pinewood, el ambiente costero está bien recreado y los actores denotan elegancia y gran profesionalidad, destacando la pareja formada por Pilbeam y un joven Derrick de Marney. Además, como no podía ser de otra manera, el McGuffin sobrevuela esta historia de falsos acusados en forma de "guiño" al espectador, y nunca mejor dicho que en esta ocasión. Una estupenda película para quien desee adentrarse en la segunda etapa de la primera etapa de Hitchcock... no sé si ha quedado claro...
Saludos.

martes, 26 de noviembre de 2013

Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #8



La tercera película rodada por Robert Siodmak en 1944, CHRISTMAS HOLIDAY, obtenía desigual fortuna de un reto doblemente mayúsculo. Primero por adaptar un complicado texto de Somerset Maugham, basada su estructura en un interminable flashback con unas conexiones no demasiado explícitas con el tiempo presente, quizá buscando una especie de fantasmagoría que la distancia completamente de cualquier film negro al uso. Ahora bien, aun entendiendo que la Universal (y sobre todo por aquella época) aprovechaba el tirón de sus estrellas para dar esplendor justo donde un nombre anónimo quedaría como una incógnita, lo cierto es que se hace "complicado" digerir un cartel que presente en primera línea a un joven Gene Kelly haciendo de un malvado que no lo es, porque se trata de un pobre niño rico atrapado por sus adicciones y, a su lado, la cándida y dulce (y soñolienta, y apamplada...) Deanna Durbin, con la difícil misión de convencernos que primero fue paletita de Vermont y luego una semivampiresa conminada a cantar en tugurios de dudosa reputación tras el paso carcelario de su díscolo marido. Kelly no baila, y Durbin apenas canta un par de sus éxitos (suponemos que para justificar), y todo es muy raro; además, la historia en sí no es más que una noche de cafeses y confesiones entre la joven desencantada y un joven oficial al que su novia ha dejado plantado porque sí... ¡Y todo en unas Navidades pasadas por agua! OK, no es una película magistral, pero el que salía fortalecido era el propio Siodmak, capaz  no sólo de remontar el vuelo, sino incluso de filmar algunas secuencias francamente emocionantes, como los arrobados encuentros de los dos enamorados a un concierto de Beethoven o la caída emocional de la joven en plena misa del gallo, ante la atónita mirada de un debutante Dean Harens, que repetiría ese mismo año con Siodmak y del que muy poco se supo después.
Saludos.

lunes, 25 de noviembre de 2013

El intocable y los sentenciados a muerte



V TUMANE, EN LA NIEBLA; el título no puede ser más acertado y revelador. La segunda ficción del prestigioso documentalista Sergei Loznitsa, tras la aterradora y desconcertante MY JOY, nos retrotrae, más que a un lugar (los bosques de la frontera bielorrusa) o un tiempo (la ocupación nazi de 1942), a un estado de ánimo, más pesadumbre que miseria. Un desánimo y un miedo latente que siempre quedan velados por la insistente niebla del título, no sólo física, sino niebla (a)moral que divide a los hombres en alimañas y los supervivientes de las mismas. Un hombre es buscado por otros dos, aparentemente no son enemigos, incluso podemos deducir que se conocen desde hace tiempo; charlan, aunque el único que habla es el que buscaba y al final ha encontrado al otro, que calla y mira a su mujer con seriedad. Sabe lo que le espera. Finalmente, salen y fuera les espera otro hombre, se internan en el bosque, en la niebla.
Ésta es la magistral apertura de V TUMANE, una apertura de pocas palabras y poderosas imágenes que dará paso a una narración que no sólo muestra el contenido, sino que lo dota de una significación que, insisto, erraríamos al circunscribirlo únicamente en el contexto histórico del que se ocupa la extraordinaria novela de Vasiliy Bykov. Lo decíamos respecto de MY JOY, Loznitsa da cuenta del estado anímico de un país (Rusia) en un estado de decadencia constante y que de tan asumida no puede sino atisbarse vigilando muy atentamente. Aquí, los nazis también son una amenaza, pero no menos que el rencor y la deshumanización de un pueblo vendido al mejor postor.
Loznitsa tenía absolutamente imposible alzarse con la Palma de Oro de hace dos años, donde Haneke se encargó de despejar cualquier duda, pero fue uno de los títulos más interesantes del certamen; el FIPRESCI, junto a dos naderías como AQUÍ Y ALLÁ y BEASTS OF SOUTHERN WILD, lo dicen todo.
Saludos.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Rincón del freak #132: Cinematográfica Guadalupe Emperatriz presenta...



Ahora entiendo de dónde sale la estética e idiosincrasia "chanante"... ustedes me entienden. Al principio les pensaba originales, pero su querencia por el recorte pleistocénico me hizo sospechar que quizá, a lo mejor, había por ahí escondido un patrón. Lo interesante, luego, es conjeturar, una vez visto el despropósito, si éste era consciente de su naturaleza, porque de no serlo entonces estaríamos frente a lo que un visionario como Tarantino llamaría "belleza desestilizada"... Y ahora en serio. Esto es una barbaridad perpetrada por un inefable de la caspa mexicana de todos los tiempos (el inicio de sus andaduras hay que buscarlo en la década de los cincuenta), Rafael Portillo, famoso, entre otras cosas, por ser el responsable de la saga de la Momia Azteca... Y seré todo lo breve que pueda. Resulta que hay un inicio como de video casero y entonces deduzco que nos encontramos en los años ochenta; aparte, el gospeliano título, NARCO SATÁNICO, me conmina a pensar en aquellos momentos de anarquía traficante y mano blandurria. De cualquier manera, lo guapo viene después, porque de repente los que salían al principio ya no salen, y sí otros con atuendo, peinado y modosidad sesentera... ¿?... ¿Qué coño ha pasado aquí? ¿Es el resultado del ensalmo provocado por la cumbia infernal de la foto, en la que una muchacha de carnes muchas se contonea mientras unos cumbieros hacen playback de los Flamin' Groovies? Peor, porque a partir de ahí todo se desboca. Hay una escena en un cementerio donde no pasa nada, pero el montador decide meter un órgano Hammond y la risa de Vincent Price en Thriller (lo juro). Y hablando del montador, una cosa es montar en flashback y otra insertar imágenes anteriores con el mismo sonido... Para volverse loco. El resultado de todo esto es una locura sin pies ni cabeza, donde el satánico es un tipo con disfraz de mono y careta con cuernos, el narco no sale por ninguna parte (aunque el breve protagonista lo semeje) y el final, para ponerles en situación, consiste en un juicio en el que el abogado defensor es el cantante de corridos David Reynoso, pero que en vez de defender al encausado decide hipnotizarlo y mostrar al jurado su plano astral... ¡Mundo viejuno!...
Saludos.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Madre Tierra



El recuerdo del visionado de BARAKA en la pantalla IMAX de la Expo'92 es algo que probablemente me llevaré conmigo hasta el final. Un recuerdo imborrable y una experiencia que casi podría describir como única, porque por aquellos años no disponíamos del despliegue audiovisual de hoy día, y este tipo de acontecimientos eran capaces de congregar un numeroso grupo de personas dispuestas a "experimentar", en el más amplio sentido de la palabra. Obra del íntimo colaborador de Godfrey Reggio en aquella enmudecedora obra maestra llamada KOYAANISQATSI, filmada durante tres años en un insólito formato de 70mm y localizada nada menos que en 24 países, estamos ante lo que podríamos llamar "un simple vistazo al planeta Tierra", nuestra casa, ni más ni menos. Y supongo que dependiendo del tipo de espectador, se trata de un film de profunda espiritualidad o minuciosa observación; no tan terrorífico como los ensayos de Reggio, pero sin escatimar algunos de los estratos más inaccesibles del horror, como la entrada al infierno mudo de Auschwitz o la brutal deforestación de la selva amazónica. No podría atribuir una línea absoluta para el desarrollo de BARAKA, que se ocupa tanto de la naturaleza en estado puro, sin intervención humana, como del ser humano confrontado a la naturaleza; de cómo la espiritualidad, despojada de todo misticismo, deviene un fastuoso espectáculo visual (pasamos del muro de las lamentaciones a La Meca sin que advirtamos la diferencia) o la amalgama de cuerpos en una gran ciudad, siempre moviéndose, siempre con prisa, y que queda sajada por la alienígena presencia de un monje taoísta que avanza con lentitud de tortuga haciendo sonar una pequeña campana... Lo sublime y lo ínfimo, y lo trascendente y lo terrible y lo inevitable. Pero también lo hermoso, esa catapulta de sensaciones que con toda probabilidad la mayoría de los seres humanos jamás tendremos la oportunidad de ver en primera persona. Y mientras "esos seres que son más inteligentes que nosotros" nos hablan de viajar a las estrellas, nos estamos perdiendo todo lo que está ocurriendo ahora mismo y aquí al lado; el mensaje de BARAKA, a mi entender, es que ser necio es ser ciego.
Saludos.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Sawyer revisitado



Hay dos aspectos esenciales por los que MUD, que a priori tendría muchas cosas para que no me gustara, me parezca una obra valiosa y que recomiendo se vea al menos un par de veces para esponjarla en toda su intensidad. Uno es que su historia, su desarrollo, incluso al final, nunca rehúye la pelea; antes al contrario, Jeff Nichols filma su película más desnuda y despojada, y apenas necesita apoyarse en los cónclaves del relato clásico para dotar a sus personajes de una humanidad y una coherencia que, desgraciadamente, tanto nos cuesta encontrar en el cine norteamericano de hoy día. El otro es que parece una jugarreta de nuestros sentidos que nos recuerden, tras verla, que casi llega a las dos horas y media, porque está tan bien contada que pasa en un suspiro. MUD es la historia de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, es lo que en su momento quiso contar Mark Twain tras su narración de aventuras; es, en último término, el mundo de los sentimientos enfrentado en una lucha y contradicción permanentes. La figura de Mud (atención a este Matthew McConaughey absolutamente renacido) es el eje transcromático a través del que la historia se despliega con corazón y elegancia; primero porque sirve al chico (sobre todo a uno) que lo descubre para darse cuenta de lo jodida que es la vida y que a veces no hay que fiarse de las apariencias; luego, porque engarzamos con Juniper (una irreconocible Reese Witherspoon), esa improbable princesa encerrada en el torreón, en realidad un destartalado motel, que espera (o no) a que su caballero andante la libere. Asimismo, la complejidad del guion ideado por Nichols, aun reconociéndole su loable simpleza de formas, continúa yendo siempre un poco más allá y nos presenta a unos secundarios imprescindibles: el padre fracasado e impotente; la madre callada y comprensiva; los gangsters que buscan a Mud para hacerle pagar por sus errores; el misterioso vecino, que parece observarlo todo desde su atalaya... Una pléyade estratégicamente distribuida alrededor de ese espacio mítico que es "la isla", un no-lugar al que los chavales van en busca de aventuras y donde se darán de bruces con otra cosa, la madurez acaso. Para mí, una película tan valiente como necesaria y que despeja cualquier duda sobre el talento de este director, que no sólo no enmascara sus defectos, sino que los usa con esperanza de mejora. Brillante.
Saludos.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Más fuerte que el odio



Jeff Nichols es uno de los (nuevos) directores norteamericanos a los que más atención deberíamos prestar a tenor de lo que ha ofrecido en apenas tres trabajos en cinco años. Hablamos de un narrador clásico que proyecta formas novedosas, o quizá sea al revés; el caso es que si TAKE SHELTER supuso una necesaria conmoción en el panorama cinematográfico norteamericano, incapaz de decidir su lealtad a la comercialidad más zafia o ganarse un puesto en el infierno de los futuribles, Nichols ya está alumbrando el camino que quedó interrumpido cuando los cineastas surgidos en los años sesenta soñaron con la modernidad y olvidaron que en Europa, por ejemplo, ésta se basaba en el tratamiento clásico de un guion. Así, Nichols debutó en 2007 con una tragedia griega en toda regla que situó en la profunda Arkansas y cuya espiral de violencia actuaba  a varios niveles para dejar constancia de un estado generalizado de frustración y odio al "otro", una paranoia típicamente americana que se alimenta de un uso indiscriminado de las armas y de unas rencillas a veces simplemente absurdas. Lo que Nichols propone en SHOTGUN STORIES es una insoportable mirada al interior de un país y una cultura, pero no como suele hacerse habitualmente, con fanfarrias y heroicidades varias, aquí sólo encontraremos a un tipo normal que vive con sus dos hermanos. Se llaman Son, Boy y Kid, porque su padre, que era un borracho, no les puso nombre, y su madre los abandonó por la sencilla razón de que nunca los quiso. En el lado opuesto están los "otros" hijos, sus hermanastros, nacidos del segundo matrimonio de su padre cuando éste decidió dejar la bebida y consagrarse a la religión y la vida familiar. En una durísima escena, los hijos no deseados acudirán al entierro de su padre, organizado por su otra familia y al que no han sido invitados, lo que iniciará una guerra entre estas dos familias, que aparentemente deberían tener cosas en común, pero que están a años luz de un posible entendimiento.
Como si de un western urbano se tratase, e invocando personalidades como la de Peckinpah o Ford, Nichols modula su debut como un experto y consigue momentos de extrema tensión y crudeza, a lo que contribuye decisivamente la presencia de quien después iba a ser su actor fetiche y uno de los más respetados actualmente, un superlativo Michael Shannon. Una excelente película, y tan incómoda como necesaria.
Saludos.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Rosa que esconde negro



Que 1969 fue un año decisivo para que el cine fuese considerado como algo más que puro entretenimiento queda patente en multitud de obras que han abordado temas espinosos como las guerras, los abusos de poder o el racismo; y no fue hasta ese año que los actores y actrices negros dejaron de "figurar" como un exotismo más o menos solvente y reclamar su propio espacio en pantalla. Era un momento candente en todo el mundo, 1968 había abierto más heridas de las que había intentado cerrar y parecía inevitable que llegaríamos, poco a poco, a este trasunto de pacto social fatigoso y avejentado. Por entonces Brasil semejaba uno de los pocos destinos alejados del blanco y negro moral de una América incapaz de resolver sus miserias bélicas y una Europa cuya pasividad no podía provenir sólo del exceso de diplomacia. Brasil, como África, quizá en menos medida, lleva siglos siendo un país con dos caras; y para no extenderlo, entendamos que los blancos lo llenaron de negros, luego fueron para explotar a esos mismos negros, luego inventaron la democracia para que los negros, en mayoría, no se sublevaran y finalmente se aparearon e inventaron el apaciguador máximo: el mulato. Es curioso, pero no son muy abundantes las voces provenientes de este país que hagan referencia expresa al vergonzoso racismo, casi socialmente estructurado, que se ha sufrido desde que los tangas y el fútbol sustituyeron a las cadenas. Sin embargo, hay un film de 1969 que se atrevió a tocar directamente este tema, y lo más interesante es que no lo hace alabando las bondades de los negros, sino colocando a éstos en su propia encrucijada vital: al ser también inteligentes, serán conscientes de sus problemas, y por tanto, responsables. Su nombre fue EM COMPASSO DE ESPERA y fue el único acercamiento al cine de Antunes Filho, prestigioso director de escena teatral. Con un inicio muy próximo a los ecos y temblores de la nouvelle vague, el film gira en torno a Jorge, un negro que además de bello es inteligente. Jorge escribe poesía comprometida, y por eso es asimilado por los factores de izquierda progresista, pero es vilipendiado por la derecha. Sin embargo, Jorge disfruta de una cómoda posición gracias a que es mantenido por Ema, una mujer blanca obsesionada con él; posición que, por ejemplo, dista mucho de la mediana pobreza de su propia familia, que no ve con buenos ojos el doble juego en el que anda enfrascado y del que intentará salir tras conocer a Cristina, una joven blanca de familia acomodada. A partir de ahí, el film gana en complejidad y aspereza, y muestra un Brasil cada vez más desesperanzador y hostil, con un episodio brutal en la playa y un personaje central, Jorge, que no puede dejar de preguntarse quién es realmente y si sólo existe gracias a que hay "otros" que permiten que exista. Una película irregular, que no ha envejecido del todo bien, pero que más allá de la curiosidad que pueda suscitar contiene varias reflexiones no tan manidas como las que hoy día nos suelen meter por los ojos.
Saludos.

martes, 19 de noviembre de 2013

Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #7



PHANTOM LADY, de 1944, es una obra absolutamente atípica en el panorama hollywoodense de la época y un film que deja ver muy a las claras la personalísima mano de un Siodmak sin agobios de presupuesto y con un guion realmente sólido. Casi podríamos afirmar, al menos en su primera mitad, que estamos ante una especie de "anticipo" de un cine negro que aún tardaría algunas décadas en llegar; hay quien lo compara con el Edgar G. Ulmer de DETOUR, pero Siodmak fue aún más osado y, si lo fuésemos nosotros, yo me atrevería a incluir a David Lynch o Atom Egoyan como herederos directos de una forma de filmar que no se encuadra dentro de una directrices convencionales. Ya su rompedor arranque, con la fantasmal presencia de una mujer que casi parece venir de una época muy anterior y su escueta conversación con un personaje que en otro momento sería el protagonista, pero que aquí va difuminándose hasta ser no más que la excusa sobre la girarán la siguiente terna, como si de un film secundario y escindido se tratara. Así, este personaje, un hombre acusado injustamente de asesinar a su esposa, importa menos que la tozudez y valentía de su secretaria, que se entregará a un peligroso descenso para desentrañar un asunto que es un misterio casi imposible de resolver. Y no quedará ahí la cosa, puesto que un tercer elemento entrará en juego con el film más allá de su ecuador; el socio y amigo del acusado, cuyo secreto hará estallar el momento más oscuro y terrorífico de esta inquietante historia, no tan complicada como pudiese parecer, sino más bien dislocada y con una estructura, como decíamos, francamente original. En el apartado interpretativo, insisto, el habitualmente discreto Alan Curtis estaba correcto junto a la fantasmal Fay Helm, aunque luego el relevo lo tomarían el legendario Franchot Tone y la bellísima Ella Raines, verdaderos baluartes de esta sensacional cinta con aires de Serie B pero con muchísimo que ofrecer en sus inspirados ochenta minutos.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!