miércoles, 18 de octubre de 2017

Películas para desengancharse #31



En mi manera y forma de entender lo que el cine es, me parece incuestionable incluir siempre algo de Pedro Almodóvar como ejemplo de qué no debe hacerse cuando uno carece de ideas propias, que es, por ejemplo, hacer pasar por propias ideas que son ajenas. Con todo, reconozco que MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS es probablemente su última gran aportación al cine de autor, aunque sea apropiándose de lo que otros habían expuesto tres o cuatro décadas después, porque a partir de ahí Almodóvar ha rizado el rizo copiándose a sí mismo, que ya hay que tener ego... Ésta es, básicamente, una película de Cukor, con algo del caos de Hawks y la elegancia engañosa de Lubitsch; la diferencia es que toda la puesta en escena, la idiosincrasia de los personajes (oscilando de lo sofisticado a lo choni) y la ciudad, Madrid, como tejido unificador de pasiones exageradas, arquetipos subrayados y una libertad casi siempre asfixiada por la cotidianidad, además de certificar la definitiva defunción de aquello de la movida, adelantaba un país que ya caminaba por el exceso yuppie como quie hace un botellón en una urbanización de lujo. Almodóvar echa aquí el resto y monta enredo sobre enredo, engasta a los personajes y los diálogos con naturalidad plastificada y ofrece una comedia que se refleja en la melancolía y el desengaño de Carmen Maura, musa y exabrupto, y modelo para un modelo de mujer que vino después pero que ya asomaba. Me veo, algunos años después, extrañamente confortable viendo esta película de un director cada vez más insoportable, pero me sirve para hacer dos reflexiones: la primera es que si el manchego hubiese acabado su carrera aquí (o si al menos no la hubiese inflado tanto) ahora sería una leyenda. La otra les conmina a que se desenganchen, no como la inepta tribu de imitadores que vino luego. Almodóvar aquí copió, pero al menos lo hizo con ingenio...
Saludos.

martes, 17 de octubre de 2017

Wajda. Brillo y dominio #7



LOTNA, de 1959, supone una más que curiosa fuente de inspiración para un film tan poco inspirado como lo era el WAR HORSE de Spielberg. Y sin ser de los títulos mayores de Wajda, no deja de ser un nuevo alegato antibélico que incorpora elementos aparentemente antagónicos que el director, sin embargo, sabe acoplar en la idea principal. Ésta gira en torno al descubrimiento, por parte de los ulanos (la caballería polaca), de un pura sangre árabe que corre libre por los alrededores de un caserón arruinado por las bombas alemanas. Wajda aúna la acción bélica y el conflicto de un cuerpo regido por leyes de honor que se ve diezmado por los tanques alemanes, que no le dejan resquicio a la esperanza, pero que aún ve alguna luz en un joven soldado que decide contraer matrimonio en mitad del caos y en la imponente figura del caballo, que queda a disposición del ejército tras la muerte de su anciano dueño. Un film curioso, sólido y sin florituras, como de transición, o quizá de búsqueda por parte de un director que nunca se durmió en los laureles del éxito, sino que siguió trabajando en pos de construir una carrera.
Saludos.

lunes, 16 de octubre de 2017

Siempre seremos niños



Esta semana, entre desenganches varios, la semana completa su trufado con tres de las mejores muestras del cine rumano reciente. Una cinematografía, la rumana, que demuestra seguir con muy buena salud, denunciando su penuria social al mismo tiempo que nos obliga a mirarnos con vocación crítica al resto de europeos. En este sentido, no cuesta afirmar que el discurso de Corneliu Porumboiu, sagaz, lúcido, necesario, pero también enigmático en su (aparente) sencillez y (demostrada) honestidad, lleva toda la última década desmontando mitos y construyéndose como voz autorizada de los que rara vez tienen voz. COMOARA es como un relato de aventuras debe ser, con la única particularidad de que, al desarrollarse en la actualidad y en lo que esporádicamente damos en llamar "vida real", no puede separar a sus personajes de su propia circunstancia social y moral, poniendo en duda todo lo que el cine de género omite por el propio desarrollo de la trama.
El argumento es tan simple como fascinante. Mientras le lee Robin Hood a su hijo, un hombre es requerido por su desesperado vecino para que le haga un préstamo, ya que está a punto de perder su vivienda; al ser imposible, éste le propone un descabellado negocio, contratar a un detector de metales y emprender la búsqueda del improbable tesoro que, afirma, se encuentra en una parcela abandonada de su propiedad. Así, Porumboiu mixtura con habilidad el misterio proveniente de la incerteza de la empresa, mientras el tiempo pasa infructuoso y saltan las dudas, los enfrentamientos y una crítica social en forma de exabruptos e infalibles topicazos. Al final, justo cuando la impresión es la de volvr al rigor analítico/semántico de POLICÍA, ADJETIVO, el director lo vuelca todo en una fantasía rocambolesca y extrañamente confortable. Efectivamente, como deben terminar las historias de aventuras...
Inesperadamente magnífica.
Saludos.

domingo, 15 de octubre de 2017

Rincón del freak #285: ... Y a la paella, chorizo. Películas para desengancharse #30



Que ni al pelo. Así me venía para apuntalar este impreciso monográfico la "cosa de la cosa", o la redundancia del desastre, el apretuje de la gallina o la desvergüenza del todo vale. Todo eso, y mucho menos, es OCHO APELLIDOS CATALANES... Y no sé si es fácil o difícil ponerme con estas cosas, que de repente sale la mala baba y desaparece el análisis, pero es que hay que tener mucho aguante para ponerse a analizar esto. Ahora recuerdo que en aquella primera parte del monográfico estuvo, enclavada en el mismo sitio que la de hoy, la otra, la de los apellidos vascos; ésta, como no podía ser de otra forma, es aún peor. Lo que pasa es que yo entonces aventuré ingenuamente que veía improbable la continuación catalana, y mira por dónde, metidos hasta las cejas en la cosa esa del procés català resulta que, aunque no le echara yo mucha cuenta, efectivamente, contrataron a Rosa María Sardá y a Berto Romero, le copiaron la excusa argumental, de manera chusca, a Wolfgang Becker y, con el libro de los peores chistes racista-homófobo-machista-autonómicos en la mano, perpetran esta atrocidad a la que no puedo calificar más que como insulto. En apenas hora y media, Borja Cobeaga (al que yo suponía algo más de magín) y Diego San José son capaces de llamar a los catalanes unos sinsangre, a los vascos unos eructadores, a los gallegos unos falsos ingenuos y a los andaluces unos fachas de acodamiento perpetuo. Magnífica disección de un país, justo lo que necesitamos para tomarnos unos chacolís, un cava, un ribeiro o una manzanilla, mirarnos las pililas y entonar el verdadero himno de España, que debería ser el "Don´t worry, be happy"... No sé, pero hay una sutil diferencia entre reírse de no mismo y la sensación de que se estén riendo a costa de uno.
He dicho.
Saludos.

sábado, 14 de octubre de 2017

Orgullo sin prejuicios



El mini-monográfico que dediqué a King Kong data ya de 2009, lo que ha abierto una brecha temporal considerable en cuanto a lo que el rey mono prometía tras la catarsis de Peter Jackson, que parecía agotar todas las posibilidades de un personaje que yo siempre he visto muy desaprovechado. Pero hete aquí que, sin invitación aparente, se nos cuela una película en muchos sentidos sorprendente, y no quiero que se me malinterprete, porque no cabe duda de que KONG: SKULL ISLAND es un genuino blockbuster, diseñado en fondo y forma para un consumo desacomplejado... Pero maldita sea, es que es una peli muy buena. De entrada, el desconocido Jordan Vogt-Roberts (cuyo bagaje es casi por completo televisivo) cuenta con un reparto al principio chocante, pero que da la razón a los que pensamos, en términos futbolísticos, que siempre es mejor que jueguen los mejores. Los Samuel L. Jackson, Tom Hiddleston, Brie Larson, John Goodman o un enorme John C. Reilly, consiguen lo que no solemos ver en este tipo de producciones, que las distancias cortas no chirríen cuando no hay fuegos de artificio. Y luego está la personalidad del film, que aprovecha formalmente la excusa de desarrollarse en los años setenta, justo al término de la guerra de Vietnam, y explosiona en un gozoso corolario de homenajes que van desde APOCALYPSE NOW hasta CONAN EL BÁRBARO, y con salpicones muy acertados que recuerdan a INDIANA JONES, RESERVOIR DOGS y, atención... ¡HOLOCAUSTO CANÍBAL!... Y es que este King Kong es brutal e inesperado, y una vez que surge es imparable; hay, como no, algunos momentos poco inspirados de pirotecnia, pero casi todo lo que va ocurriendo te da la sensación de que puede ir en cualquier dirección, y es este poso de anarquía dialéctica la que le da a este film la siempre controvertida consideración de clásico instantáneo.
Sin más, véanla y me dicen.
Saludos.

viernes, 13 de octubre de 2017

Películas para desengancharse #29



Sé que no estoy siendo muy consecuente con la segunda parte de este monográfico, no al menos en cuanto a lo que de calidad tienen estos títulos, que he escogido por motivos que están cerca de lo meramente subjetivo. Causas personales, que son las más difíciles siempre de transmitir y, por tanto, de recepcionar, pero que a mí siempre me han parecido las más interesantes y sugerentes. Recuerdo que hace tres años apareció por aquí CADENA PERPETUA, a la que apenas le podía reprochar que fuese artífice de una estela interminable de títulos similares, cuando no burdas y pálidas copias que jugaban a exprimir las posibilidades del drama carcelario, subgénero que, aunque no lo crean, tampoco ha dado demasiadas referencias memorables. Una que sí lo es, estuvo dirigida por el rocoso Stuart Rosenberg y casi monopolizada por Robert Redford, que pasaba por uno de sus mejores momentos interpretativos en 1980, año en el que se estrenó BRUBAKER. El guion, vagamente inspirado en un suceso real, narraba la alucinante odisea de Henry Brubaker, que ingresó en una prisión como recluso tan sólo para comprobar de primera mano la corrupción y continua transgresión de los derechos humanos a la que se veían sometidos los presos. Ante el asombro e incredulidad de todo el mundo, Brubaker se revela como el nuevo director, y empieza a tomar decisiones radicales para reformar un sistema interno profundamente injusto. BRUBAKER es, ya digo, lo que se suele denominar como un film sólido, sin apenas resquicios estructurales, que sabe muy bien lo que quiere contar y cómo, y que tiene un inconfundible aroma a vieja escuela. Una película que sorprende a quien aún no la ha visto y reconforta a quien la recupera, pero a la que uno podría reprocharle indirectamente el mismo pseudodefecto que a la cinta de Frank Darabont. Sí, a partir de ahí nos tuvimos que tragar muchos bodrios entre rejas y dirigidos por ineptos con sobredosis...
Ahora bien, sigan mi consejo y véanla.
Saludos.

jueves, 12 de octubre de 2017

A este lado de la carretera



Hoy, el día en el que es despilfarrada una cantidad seria de euros públicos en un acto de orgullo no muy lejano a otro que incluye carrozas y motivos bélicos, vamos a hablar de una película que va de un cerdo y su cuidador. MR. PIG es la tercera incursión en la dirección de ficción del también actor Diego Luna, y supone un interesante cambio respecto a sus otros más previsibles trabajos anteriores, una conmovedora road movie que se encuentra a mitad de camino de una reflexión necesaria sobre la verdadera identidad del ser humano y la tozuda dignidad de un protagonista que, en más de una ocasión, nos puede hacer pensar en un Alvin Straight aún más terminal. Luna se toma su tiempo para contarnos las verdaderas motivaciones de Ambrose (un descomunal Danny Glover), un veterano cuidador de cerdos, huraño y alcohólico, que emprende un último viaje con su preciado Howie, un pura raza por el que va a percibir una importante suma y así poder retirarse, aunque en ningún momento podríamos adivinar si su intención es quedarse en México, junto a su hija en California o, más probablemente, ensayar una autodestrucción consciente y solitaria. Sé que a mucha gente le puede parecer empalagosa, e incluso algo repetitiva, pero son de alabar los numerosos puntos de fuga con los que Luna intenta que comprendamos la hermética personalidad de Ambrose, y cómo se convirtió en un humano demasiado humano para el resto de humanos respetando y amando a un ser tan espetable como un cerdo.
Muy recomendable.
Saludos.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Películas para desengancharse #28



Hay cosas de las que cuesta un mundo desprenderse, o desengancharse. En mi caso, QUO VADIS representa esto a la perfección. Lo primero fue la descomunal, farragosa, granítica novela de Henryk Sienkiewicz, que sólo fui capaz de completar a lo largo de un lustro y pico. Ustedes pueden imaginar el solaz experimentado tras tamaña proeza, pero quizá no comprendan que haya tardado un mes escaso en ponerme con la película. No es lo mismo, es cierto, y pese a sus tres horas de duración, el QUO VADIS que el gran Mervyn LeRoy filmó para la Metro en 1951 logra sintetizar el hueso de la obra original y deja para otra ocasión que alguien bucee más profundamente en sus analogías y metarreferencias. QUO VADIS, la película, es una de romanos en el sentido más amplio de la frase, con un héroe, Robert Taylor, que es presentado como un ufano general y termina encontrando el amor, la fe cristiana y lo que haga falta en los brazos de una Deborah Kerr más delicada y enternecedora que nunca. También es la crónica de un imperio, el romano, que atravesaba un momento de incertidumbre, ya que todo el mundo le plantaba cara con la intención de usurpar su lugar preponderante. Es el relato de aquellos años (o eso nos han contado), tras todo lo que ocurrió con Jesucristo, de la expansión de cristianismo y de los avisos de que algo que se creía indestructible llegaba a su fin. Es un relato de intrigas internas, de enormes espectáculos de danza, de gladiadores de aspecto imponente, de bacanales, leones, cristianos, toros, más cristianos, una ciudad en llamas y el inefable imbécil al que nadie es capaz de decirle que está desnudo. Sí, QUO VADIS es, por encima de todo, Peter Ustinov...
Saludos.

martes, 10 de octubre de 2017

Wajda. brillo y dominio #6



Estoy viendo a Puigdemont, pero no veo nada. Estoy escuchando sus palabras, pero no escucho nada. Se suceden las imágenes y las palabras, pero no son más que una consecución de un fracaso descomunal, de la incapacidad para explicar qué significado real se esconde tras la máscara de las patrias.
En 1958, Andrzej Wajda hizo su gran obra maestra, una película capaz de aglutinar un momento histórico, aparentemente ínfimo, pero mediante el que se testamentaba el tremendo conflicto identitario en el que se sumió Polonia tras el final de la Segunda Guerra Mundial y asistir a una segunda ocupación, la de la Unión Soviética. Y en ese magma conceptual nace POPIÓL I DIAMENT (CENIZAS Y DIAMANTES), relato urgente, en apenas unas pocas horas, de un acto subversivo, el asesinato de un dirigente comunista, que sin embargo no es tal, al confundir a la víctima los asesinos, pertenecientes al incipiente ultranacionalismo. Lo que Wajda propone a partir de ahí es una reflexión morfológica y etílicamente polarizada de un país en proceso de deconstrucción por incapacidad identitaria. A veces surreal, otras con aspecto de ensoñación o incluso de pesadilla inemporal, CENIZAS Y DIAMANTES es la piedra angular de una cinematografía libérrima y altamente creativa, la de un cineasta que jamás se impuso barreras, sino que supo usar cada aspecto histórico como herramienta de afilado discurso. Hay varios momentos en esta amarga crónica de la derrota que merecen incluirse en cualquier antología cinéfila; un protagonista, paradigma del antihéroe, que apenas sabe dónde quiere estar, excepto donde no va a poder estar; y hay también una atmósfera opresivamente licuescente, derramada por mesas atestadas y que se abre paso entre el gentío vociferante. No se entiende nada, o se entiende todo, incluso cuando la orquesta, en plena borrachera, entona una polonesa que termina en catástrofe, con cada músico yendo por su lado.
Y los políticos hablan y hablan, pero yo sigo sin entender nada tampoco...
Saludos.

lunes, 9 de octubre de 2017

Narrar a toda hostia



Signo de los tiempos, parece que nos vayamos a morir mañana de la prisa que tenemos para hacer cualquier cosa, y pocas veces nos damos cuenta de que esa premura apenas nos deja un angosto resquicio de perfilamiento. Lo que a Stephen King le ha llevado tres décadas crear, pulir, mimar, convertir en todo un homenaje a lo que una saga significa, es despachado en hora y media de persecuciones, disparos, CGI's, trascendencia coelhiana y algún atisbo de burdo goticismo. Así las cosas... ¿es THE DARK TOWER una mala película? Porque yo creo que no, es un entretenimiento bastante más digno que la mayoría y listo para ser consumido y olvidado. La putada, por supuesto, es que tome prestado el traje de gala de la saga de King, que abarca nada menos que ocho volúmenes y poco menos de 5.000 páginas. Por lo demás es una modesta peliculita de persecuciones, disparos, CGI y frases coelhianas; con dos magníficos actores haciendo lo que pueden por resultar creíbles y un par de ramalazos de sano sentido del humor. Es decir: es intrascendente, es blanca y no tiene nada que ver con su supuesto literario, al que, efectivamente, les remito sin más dilación.
Si la ven, ya saben qué se van a encontrar...
Saludos.

domingo, 8 de octubre de 2017

Rincón del freak #284: Encantados con la casa



Hoy hacemos una excepción en el siempre farragoso apartado dominical, para traer una película que causa extrañeza aunque no por ser efectivamente pésima, sino por lo raro que resulta que, una vez inscrita en el género de terror, en realidad se trata de otra cosa... O no, porque su vertiginoso y ultracondensado tramo final sí adopta todos los mimbres de un film de terror. Aunque a lo mejor debería haber empezado diciendo que su director y guionista peca de exceso de freno para luego despeñarse... No sé, pero lo cierto es que THE DEAD ROOM parece un desechable más de esos sobre casas encantadas, pero tiene un nosequé que hace que no apartes la vista, porque, ya digo, durante la primera hora asistimos a las diferencias y discusiones entre los integrantes de un grupo parapsicológico, integrado por un técnico de sonido, otro de imagen y una chica con poderes sensitivos; llegados a una casa que una familia abandonó repentinamente y sin recoger nada, su obsesión será admitir si de verdad hay algún fenómeno paranormal o existe alguna explicación científica para las grabaciones en las que se ven objetos moviéndose. Evidentemente no quiero destripar el final innecesariamente, pero ahí está el problema y el lastre; la sorpresa final llega muy al final y el encadenamiento guionístico parece traído por los pelos, lo que a mí me dio que pensar si no hubiese sido éste un material infinitamente mejor para un cortometraje. De todas formas, y teniendo en cuenta que no es Nueva Zelanda un país del que nos llegue tanto cine, puede considerarse una película, en su modestia, más que aceptable.
Saludos.

viernes, 6 de octubre de 2017

Películas para desengancharse #27



ALL THE PRESIDENT'S MEN es una película imprescindible para entender qué significa el género "intriga política". Afortunadamente, la mayoría de films posteriores a ella no se han atrevido a ir por su mismo camino, porque hubiesen sido pestiños infumables por doquier. Son varios los elementos que hay que recalcar para comprender el auténtico valor de esta cinta, elevada ya a los altares como clásico indiscutible. Primero, que no hablamos de cualquiera cosa, sino de, quizá, el mayor escándalo político de la historia de Estados Unidos y, por tanto, de toda la historia reciente. El caso "Watergate" no fue sólo un asunto de financiación ilegal (¿de qué me suena esto a mí?), sino una trama de corrupción de proporciones gigantescas y que atentaba contra los principios básicos de la democracia misma. Después, Alan J. Pakula, director solvente pero poco dado a los arrebatos artísticos,  siguió a pies juntillas la hoja de ruta marcada por el impresionante documento que es el libro escrito por Carl Bernstein y Bob Woodward, dos jóvenes periodistas que actuaron imprudentemente, que es la única forma de enfrentarse al poder establecido y poder extraer la verdad cuando absolutamente nadie está dispuesto a hablar. Pero lo más importante es la estructura del film, donde Pakula elige otorgar todo el protagonismo visual a dos estupendos Robert Redford y Dustin Hoffman, relegando al fuera de campo a la gran mayoría de interlocutores, poniendo de manifiesto la tremenda dificultad de sus investigaciones, casi siempre pendientes de un hilo y al borde de la corazonada. Esta forma de filmar, de encuadrar los rostros, casi opresivamente, es la seña de identidad fundamental de una película que pide al espectador toda su atención en una maratón de nombres, fechas, lugares y motivos, corriendo siempre el riesgo de caer en una astenia narrativa imposible de digerir para cinéfilos poco acostumbrados a usar su propia capacidad de retentiva. Por ello, yo agradezco que directores más lerdos que Alan J. Pakula no hayan caído en la tentación de copiar un modelo que es único, porque entonces el desenganche habría sido dscomunal...
Por cierto, cómo echamos de menos por aquí unos "Woodstein" de la vida...
Saludos.

jueves, 5 de octubre de 2017

Coitus interruptus



Cabalgando esta fiebre alegórica que nos invade, hace poco me topé con un título muy curioso y que luego (cómo no) me ha dado que pensar, por su trasfondo más que por su argumento. AFTER PORN ENDS 2 (lo que me dice que debe haber una primera parte en alguna parte) es una sucesión de entrevistas a antiguas estrellas del cine para adultos que se retiraron, algunos más a tiempo que otros, algunos con más fortuna que otros, e incluso alguno que ha vuelto a recaer por su simple y llana incapacidad para ganarse la vida de otra forma. De los relatos, debo decir que la mayoría son bastante intrascendentes y tópicos, por no decir sospechosamente buenrrollistas, y apenas me quedo con el vitalista y jocoso octogenario Johnnie Keyes, ahora reconvertido en cantante de jazz y cuyo periplo daría para una novela tan divertida como terrible, y, por otra parte, la bellísima Janine Lindemulder, que narra al borde del derrumbe la odisea que aún sufre tras perder la custodia de su hija. El trasfondo, como decía, es el de fin de fiesta, un poco triste pero con media sonrisa, y esa extraña sensación de que todo lo bueno ha pasado demasiado rápido y lo malo se ha instalado para quedarse. Sí, un poco como lo de Cataluña, donde parece que terminó el tiempo de las orgías y nos espera la abstinencia como único recurso contra la escasez, mientras los políticos, unos y otros, se masturban en soledad y a los ciudadanos de a pie nos espera, con suerte, un doble anal, así que vayan preparando los enemas, que esto no ha hecho más que empezar...
Saludos.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Películas para desengancharse #26



Ahora tengo claro qué tipo de personas querrían desengancharse de una película como THE BRIDGE ON THE RIVER KWAI, del verdadero y genuino mensaje que subyace tras su apariencia de típica película bélica. No lo es, y quienes no hayan entendido nada son los que han alentado a la Guardia Civil para que reparta mamporros, o los que se han atrincherado delante de unos tuppers tamaño familiar invocando su derecho a votar, como si no lo hubiesen tenido nunca. Me indican que la culpa es de los mismos de siempre, de quienes mueven los hilos para que el potaje bulla y termine como terminó, con violencia y sin diálogo. La obra maestra absoluta de David Lean lo es por muchas cosas, por su espectacularidad, por el apabullante dominio de los grandes espacios, por la capacidad infinita de integrar con absoluta naturalidad diferentes línas argumentales aparentemente antagónicas, y dar una clase magistral sobre cómo modular acción, drama, humor y, sobre todo, reflexión. EL PUENTE SOBRE EL RÍO KWAI es una película profundamente reflexiva, con el puente como encarnación metafórica del entendimiento entre enemigos; la irreductible, estoica e inteligentísima postura del coronel, que termina arrebatándole al oficial japonés toda razón, para seguidamente demostrarle que los hombres (guste o no guste) están condenados a entenderse y colaborar entre ellos. El demoledor final, uno de los más hermosamente folmados de la historia del cine, da la vuelta a todo esto y muestra, de nuevo, el reverso, la "locura" (en palabras de uno de los soldados), simbolizada en la destrucción, en cuestión de segundos, de lo que la voluntad humana ha tardado tanto en construir.
Se tarda mucho tiempo en construir un país y una identidad, y tan sólo unos días para destruirlo. Quienes no se identifican con esta maravillosa película puede que se identifiquen con los de los mamporros y los simulacros de democracia...
Y si se lo preguntaban, sí, el monográfico ha vuelto.
Saludos.

martes, 3 de octubre de 2017

Wajda. Brillo y dominio #5



Hace sesenta años, Andrzej Wajda filmó una de esas películas que aceptan el calificativo de "tremebundas" sin pestañear. KANAL es la crónica de un grupo de resistentes en la Polonia ocupada de finales de 1944, un heterodoxo simulacro de ejército, ni siquiera guerrilla, que huye del asedio alemán mientras busca un posible reagrupamiento con otras facciones dispersas. Wajda combina ágilmente el retrato intimista de estas personas, sus miedos, certezas y debilidades, mientras ocupan un edificio destrozado y, finalmente, se ven obligados a huir por las alcantarillas de Varsovia. La alegoría del film va siendo escalonada por su propia circunstancia: incapaces de sobrevivir en la superficie, las personas han de descender hasta un río de inmundicia, perpetuamente oscuro y sin otra opción que avanzar con la esperanza de encontrar una salida. Seres humanos reducidos a la condición de alimañas, y que apenas pueden mantener su humanidad en frases, actos que asimismo tratan de escaparse de una situación absurda y desesperada. La última parte del film, más cercana al cine de terror, es una lección de cómo construir una atmósfera opresiva e incierta. Una película que es ya un clásico imperecedero y que supuso el gran espaldarazo de Wajda a nivel mundial, y que cristalizó en el Gran Premio del Jurado que logró, ex aequo, nada menos que con Ingmar Bergman.
Saludos.

lunes, 2 de octubre de 2017

Secesionistas



Hoy es 2 de Octubre, o 2-O, que parece un resultado que se dio ayer en la Liga, aunque el único resultado que se dio ayer es que todos perdimos. Pase lo que pase, da igual, no importa el resultado cuando hay tantos lesionados en el campo. A mí los patriotismos siempre me han parecido peligrosos, armas arrojadizas que sirven a los intereses de unos pocos, pero que necesitan de la participación de una mayoría que, en el mejor de los casos, ni siquiera sabe por qué está besando una bandera. Lo de ayer fue la crónica en vivo de un fracaso monumental donde todo el mundo saca pecho; en este país (pero puede hacerse extensivo, no crean) somos así, incapaces de la más mínima autocrítica, como en una guardería ensordecedora en la que cuelga la letanía del "y tú más". Pero será "y tú menos", porque ya no es España sin Cataluña o viceversa, es la terrorífica constatación de que estamos gobernados por funcionarios, economistas, gestores o incluso monologuistas como un tal Rufián, pero mucho me temo que la clase política, los políticos, ya no existen; y es terrible, porque mi idea de la utilidad de los políticos, casi la unica que tienen, es que al menos sean capaces de hablar entre ellos para alcanzar el bien común. Olvídense, los que ahora dicen llamarse políticos le necesitan a usted antes, pero como todo amante interesado, el después se limitará a echar un cigarrito y una despedida entre tierna y repugnantemente condescendiente.
El año pasado, Gary Ross, un director que hizo una obra maestra que debería ponerse cada año en los institutos, PLEASANTVILLE, filmó FREE STATE OF JONES, una película que habla de un tipo que estaba hasta los cojones de que a la guerra fueran los pobres para defender los intereses de los ricos, de que unos sembraran y otros se llevaran el beneficio, o de que un hombre fuese considerado menos que un animal por el color de su piel. Así que Newton Knight decidió irse, reunir a todos aquellos que ya lo habían perdido todo y fundar una especie de estado dentro del estado. No sé si eso es secesión, pero si se parece a un principio universal de justicia. Lo que ya no me queda tan claro es qué supuso lo de ayer en Cataluña, aunque lo chungo es que los encargados de calibrarlo lo van a hacer con calculadora en la mano...
Saludos.

domingo, 1 de octubre de 2017

Rincón del freak #283: Si te dicen que caí... otra vez



Ver THE MUMMY'17 es... No creo que tenga que explicar casi nada, porque uno sabe de antemano qué va a encontrar exactamente. Lo sabíamos desde aquella ya muy lejana versión de finales de los noventa; sabíamos entonces que lo de menos era la momia en sí, apenas un pretexto argumental para retomar la estética y modos del Indy de Spielberg. Esto es lo mismo, solo que la "puesta al día" consiste en cruzar una especie de Jason Bourne con Lara Croft... (wtf?)... Y supongo que sólo les salía en las cuentas Tom Cruise, que me temo habrá metido mucha más mano de lo que indican los créditos. La momia, esta vez, es una mujer, con los exóticos rasgos de la argelina Sofia Boutella, pero con poco misterio y menos exotismo del requerido. Esto podía haberse llamado de cualquier manera, podría ser cualquier cosa, pero es indigno ni siquiera intentar acercarse a la obra maestra de Karl Freund. Alguien debería pedir perdón por esa tropelía, porque quedan tumbas que es necesario no profanar jamás...
Saludos.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Nada



Filmar la nada es un reto, una ambición sin ambición. Filmar es llenar, la pantalla, los personajes, los objetos. Escribir también lo es, la lucha constante contra la nada, la página en blanco. Por ello un reto, una ambición. Porque parecería una contradicción, un acto anticreativo. Lo dijo Sartre. Y mientras tanto, Marguerite Duras quiso hablar de la nada mediante una filmación turbadoramente sencilla cuando sus elementos son separados, pero formando un todo que, sin ser cohesionado, se acerca a una composición sinfónica, o dodecafónica para ser más exactos. NATHALIE GRANGER es el nombre de una niña a la que apenas vemos más que en un par de actos cotidianos; una voz en off nos avisa de su mal comportamiento, una rebeldía que amenaza con destrozar sus muchas aptitudes académicas; entre ellas, el piano, que suena incesantemente, pero más como repetición y ensayo, y no como obra ejecutada. Mientras tanto, las noticias en la radio suponen el único contacto con la realidad exterior, aunque únicamente retransmiten noticias truculentas, sucesos como robo e ncluso asesinato; el resultado es la identificación con lo ajeno, quizá mediante una absurda solidaridad. Las dos mujeres, las dos actrices, son Lucía Bosé y Jeanne Moreau; no hacen mucho más que observar algo frente a ellas, quizá la nada. Pero un día llega un vendedor, e intenta venderles una lavadora...
Saludos.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Pasión fría



Otro de los nombres míticos que se nos marchó recientemente es el de Jeanne Moreau, actriz inmensa, inabarcable e inclasificable; mezcla imposible entre Anna Magnani, Ingrid Bergman y Bette Davis, y musa de decenas de directores, que sucumbieron ante su dominio de la escena y magnética mirada. Son muchos los títulos que han aparecido aquí y que resaltaban el protagonismo de Moreau, que fue, además de actriz, directora, escritora y audaz librepensadora en un mundo y un mundillo que en demasiadas ocasiones ha mantenido a las mujeres, a conveniencia, como fetiches sexuales, sin mayor presencia que el contrapunto frívolo a los verdaderos protagonistas, los hombres. Y uno de los films que más significativos me parecen en relación a esta cuestión es LA MARIEE ÈTAIT EN NOIR, el thriller cubista que François Truffaut filmó en 1968, adaptando la novela de Cornell Woolrich y que le sirvió como intachable tratado feminista, aunque tirando por lo truculento, es cierto, pero que supone una interesantísima vuelta de tuerca al tema de los roles, no ya en los repartos cinematográficos, sino en cualquier ámbito de la vida. Una visión simplista la emparentaría con la falsa creencia de que se trata de un relato sobre la venganza, cuando yo lo veo más como un enfriamiento de las pasiones toda vez la verdad, indiferente y cruel, cae sobre el culpable que ha enterrado su delito con el cemento de lo cotidiano. Nada tiene que ver, pues, como he oído, con el díptico que Tarantino ideó hace unos años, ni tampoco con las variaciones sobre venganza de género del coreano Park Chan-wook. Truffaut engloba muchas más cosas, desde la insatisfacción sexual femenina hasta la hipocresía del eterno donjuán, encarnada aquí en cinco hombres que idealizan a la mujer, pero apenas la consideran más allá de su posible y efímero atractivo. Un absurdo crimen, cometido varios años atrás, es el punto de partida desde el que esta mujer, paradigma de todos los vicios y virtudes del alma rota en mil pedazos, irá urdiendo un frío y enigmático plan para acabar, uno a uno, con cada uno de estos hombres. Pero ¿por qué no?, también con cierta repugnante y trasnochada idea de la masculinidad...
Saludos.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Ethan deconstruido



¿Qué les pasa? ¿Les da miedo que un director debutante actualice CENTAUROS DEL DESIERTO? ¿Que la redimensione e instale su demoledor discurso en esta actualidad nuestra que pocos se atreven a afrontar en toda su complejidad? Por supuesto que LES COWBOYS no es una película perfecta, y ni siquiera creo que sea una gran película, pero admito que me ha parecido uno de los retos autoimpuestos más interesantes del cine reciente, por lo que encabeza esto, su digna temeridad, la misma con la que Ethan Edwards emprendía una búsqueda vacía de esperanza, pero que le mantendría en pie, el último hombre con razón, con corazón. Lo que Thomas Bidegain propone es complicado, usar toda la parafernalia de un thriller convencional, mixturarlo en esencias antropomórficas y expandir la causalidad inicial en unas elipsis gigantescas, rotundas, que transfiguran completamente todo paso preconcebido por el espectador. Al igual que sus protagonistas, no toda la fuerza motriz del film es acompasada, sino que atiende al personaje que (realmente) importa en ese preciso momento. Todo comienza con una multitudinaria convención Country en algún lugar del Este de Francia, que parece indicarnos un posible camino alegórico un western de ubicación errónea, por llamarlo de algún modo, pero que transmuta bruscamente en la solitaria obsesión de un hombre, un padre capaz de cualquier cosa para encontrar el rastro de su hija desaparecida. Sin embargo, Bidegain, lejos de mantenerse ahí, consuma otra proeza más, borrando la fisicidad del protagonista y cambiándolo por su hijo, que, años después, prosigue una búsqueda eternizada en el tiempo y desarrollada en otro espacio radicalmente diferente. Pero no me gustaría dar una opinión cultureta de un film que logra momentos de tensión casi insoportable, tan sólo que es importante reseñar, en este caso, que existe una intención que cohesiona un relato morfológicamente imposible, casi deconstruido de no ser porque el motor, el corazón al que aludíamos antes, nos implica directamente, cuestionando qué papel desempeñamos cada uno, y si estaríamos dispuestos a aceptar que éste fuese más bien antagónico...
Imprescindible.
Saludos.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

¡Buenos días, capitán!



Catalogada en esta reciente e interesantísima última oleada de cine proveniente de Grecia, y de la que sería máximo representante Yorgos Lanthimos, CHEVALIER se desmarca en fondo, y sobre todo en forma, articulando una inquietante disyuntiva, de la que salen mal paradas muchas cosas, por encima de todo la masculinidad, lo masculino, entendido como discurso de poder indiscutible, que sin embargo se derrumba ante la más nimia contrariedad. Sin disimular su mirada femenina, la directora Athina Rachel Tsangari (quien produjo en su momento la fundamental CANINO), en su tercer film, presenta a un grupo de hombres que pasa varios días de vacaciones a bordo de un yate, propiedad de uno de ellos y médico de profesión. Allí hacen pesca submarina, conversan sobre sus aficiones, trabajo, familia; comen, duermen, se comunican a distancia con sus esposas y, puntualmente, juegan. El juego, como competición absoluta, es el artefacto explosivo que hace saltar por los aires la concordia, educación, valores y transforma la convivencia en un campo de minas, donde la desconfianza toma el control y los individuos quedan reducidos a una única obsesión: ser el mejor en todo. En todo, o en cualquier cosa, sean aptitudes físicas, mentales, destreza o incluso, cómo no, una esperada medición de pollas enhiestas, auténtico motor ideológico del macho empoderado como soberano dominador todoterreno. Menos truculenta que otros títulos de la reseñada camada, CHEVALIER parece no decantarse entre el humor surrealista de un Buñuel o el tenso juego psicológico de ciertos iconos nórdicos, y esta indecisión le resta empaque y la deja como una elaborada y precisa reflexión, pero que no llega a un, por otra parte esperado, hiperclímax, más allá de dos o tres escenas que impactan por su insólita filiación extraterrestre.
Curiosa, pero deberíamos exigirle más a esta prometedora directora en futuros trabajos.
Saludos.

martes, 26 de septiembre de 2017

Wajda. Brillo y dominio #4



IDE DO SLONCA (YO CAMINO POR EL SOL) es el título del extraordinario documental que Andrzej Wajda dedicó a la figura del escultor Xawery Dunikowski, maestro de maestros y poseedor de una rotunda y poderosa concepción artística, que aunaba clasicismo, humanismo y simbolismo en una obra formada fundamentalmente por figuras humanas, y que en sus últimos años se centró en la escultura arquitectónica de gigantescos y solitarios mausoleos, que inentaban dar forma al horror de Auschwitz, del que Dunikowski fue un milagroso superviviente. De nuevo estamos ante una excepcional muestra de concisión, donde Wajda es capaz de delinear con claridad la controvertida personalidad del escultor, al tiempo que seguía perfeccionando su propio método de trabajo.
Saludos.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Rincón del freak #282: Un cuento desanimado



El mundo del cómic ha aportado ingentes cantidades de talento, imaginación y frescura al siempre anhelante audiovisual, ávido de nuevas sensaciones; y no sólo en cuanto a la creatividad de sus autores, sino siendo el cómic el tema en sí, lo que abre un abanico casi infinito de posibilidades. Lamentablemente, no faltan quienes creen que se puede poner cualquier cosa en imágenes y terminan presa de su propio artefacto, como es el caso de THE DARK STRANGER, que tiene una idea de partida interesante pero se queda simplemente como un telefilm refrito de muchas cosas y a mitad de camino de todas ellas. La sosísima historia de una joven dibujante de comics (por cierto, de talento más que discutible) que sufre un trauma tras el suicidio de su madre que le impide salir de su casa, es alargada innecesariamente con un trasfondo sobrenatural tan confuso como poco sugerente. Cuando a la muchacha le da por dibujar, una especie de espíritu se apodera de sus páginas y cobra vida como el misterioso personaje del título, un fantasma que se alimenta de la creatividad de los artistas... Cuando llegaron al punto de explicar esto yo ya hacía mucho tiempo que contaba mis bostezos, así que lo único que puedo recomendarles es que no la vean, por supuesto.
Saludos.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Adiós, muchacho



DEPARTURE es una pequeña película, con vocación de pieza de cámara, que comete una serie de fallos irreparables, que le cuestan gran parte de su coherencia narrativa y la dejan como uno de esos standards que se olvidan casi con agrado. No me cabe duda de que el debutante Andrew Steggall ha leído a Rimbaud y tuvo un flechazo con aquel Terence Stamp pasoliniano, pero media un mundo entre el rabioso romanticismo detonado por el poeta de las Ardenas y la bobalicona apertura sentimental del protagonista (Alex Lawther, sin embargo lo único salvable de la función), un improbable aspirante a escritor adolescente, cuya homosexualidad emerge en el recóndito rincón del sur de Francia, donde acompaña a su madre para recoger sus pertenencias de la casa que están a punto de vender. El punto de fuga lo compone un joven parisino que ha sido enviado allí mientras su madre agoniza en un hospital, y del que ambos, madre e hijo, suponemos que caen enamorados. Suponemos, porque lo del chaval puede ser comprensible, pero lo de la madre está tan metido con calzador que hubiese necesitado de una audacia mayor por parte del director y guionista. En definitiva, un film correcto, poco ambicioso, con algunas notas de fotografía interesantes pero que nadie en su sano juicio podría comparar con esa obra maestra llamada TEOREMA.
Saludos.

viernes, 22 de septiembre de 2017

El difícil arte de la sugerencia



No debe ser cómodo buscar tu propio lugar como director de cine, mirar a tu alrededor y sentir que una sombra infinita se extiende alrededor tuyo, opacando cada imagen, cada texto, cada movimiento que con tanto esfuerzo has intentado hacer tuyo, legítimo. Es, con toda probabilidad, el sentimiento que con más fuerza late tras cada trabajo de Jennifer Chambers Lynch, de la que huelga decir que es hija del creador de "Twin Peaks"; porque además creo que hay que decirlo, aunque parezca aprovechado por mi parte, e intentaré argumentarlo. Chambers Lynch no tiene una carrera precisamente corta, aunque sí significativa, ya que tuvo un temprano debut en 1993 con la desastrosa BOXING HELENA, que era poco más que un atropellado refrito de cualquiera de las obsesiones lynchianas, pero con menos cine en su interior. Aquello le costó el retiro y la convicción de que su osadía debía terminar justo ahí, pero nada menos que quince años después, la "aspirante" a directora vuelve a la carga con SURVEILLANCE, un guion propio, rodado con un escueto presupuesto y que logra sacar adelante gracias a la colaboración, entre otros, de los actores Bill Pullman y Julia Ormond, además del apoyo recibido de su padre. Y lo cierto es que SURVEILLANCE es un film que merece alguna revisión, aunque sólo sea por su estimable gusto por el guion retorcido y las actuaciones matizadas, o por su inquietante y amoral mensaje interior, o por su unánime reconocimiento en aquel Sitges de 2008. Es verdad, hay ocasiones en que parece una mala copia de un film de Lynch padre, con ese reconocible ruidillo de fondo, que se hace rutinario por lo reiterativo, además de la forma en que son filmados los rostros, expuestos a bruscos cambios de luz, o algunas líneas de guion que buscan descaradamente un estilo alucinado. Sí, de todo eso hay, pero el film funciona, y lo hace porque logra llevarte donde quiere que estés en el momento justo de un clímax que, no por esperado, es menos impactante. Una historia áspera, donde nadie sale bien parado y que parecía repuntar la carrera de Chambers Lynch, que luego, sin embargo, se dedicó a dirigir para televisión por encargo y hasta subsistir con una inenarrable serie Z en la India... Lo dicho, hay sombras demasiado alargadas para dejarlas atrás...
Saludos.

jueves, 21 de septiembre de 2017

¿Qué ser?



No es poca cosa el reto del joven actor y director Alex Ross Perry en su penúltima propuesta. QUEEN OF EARTH arranca con todos los tics más identificables del más reciente cine independiente norteamericano, para ir endureciendo el discurso progresivamente, volcándolo casi exclusivamente en el magnífico e intenso tour de force de sus dos protagonistas, la cada vez más incipiente Katherine Waterston y Elisabeth Moss, una actriz superlativa y llamada ser uno de los nombres más importantes de los próximos años. Ross Perry viola literalmente el rostro de Moss, lo disocia de su entorno y nos obliga a mirar en el interior de su torturada psique, pero apenas nos da información del porqué de su estado depresivo, lo que hace más irritante y, por tanto, excitante dicha exploración. Casi podríamos llegar a pensar que quizá todo lo que nos es mostrado en imágenes pertenece a la imaginación del personaje, mientras que la realidad (sea esto lo que sea) emana de la visión de su amiga, que es testigo del deterioro emocional y hasta físico de la primera. Sí, es inevitable pensar en algunos títulos imprescindibles, y que vienen a la mente casi instantáneamente, como PERSONA, de Bergman, aunque el énfasis expresionista de las interpretaciones quede más cerca, por ejemplo, del cine de John Cassavetes o un desbordado y alucinado Woody Allen.
Una película que quizá no deje satisfecho a todo el mundo, pero que tiene un enfoque valiente para los tiempos que corren y, sobre todo, pone en órbita a dos actrices que van estar en boca de todos, no tengo duda de ello.
Muy recomendable.
Saludos.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

En el espacio nadie puede oír tus gritos #6



Paradojas de la longevidad. Hubo un tiempo en el que aquí se hizo un monográfico dedicado en exclusividad a todas las películas de la saga "Alien", quizá motivado por la certeza de que aquello estaba finiquitado. No sólo estaba equivocado, sino que nos dimos de bruces con una post-franquicia, que resucitaba al bicho en cuestión y, de paso, la devaluada deriva de Ridley Scott. Este año se ha estrenado ALIEN: COVENANT, que no es ni de lejos la película que podría y debería ser, sino otro ingente batiburrillo, una macedonia de texturas que funciona como una correcta peli de aventuras espaciales, y que sólo puntualmente te recuerda que esto forma parte de una saga. Pero ¿de verdad es una saga? Más alla de las conexiones argumentales, este penúltimo Alien (habrá más) se dispara en otra dirección, más cercana a las reflexiones sobre la supuesta humanidad de los androides (aquí sintéticos) y de cómo su fría lógica, carente de emociones, afecta indefectiblemene a las conductas humanas. Es un interesante asidero si tienes poco más que contar y si tienes a Michael Fassbender dando un recital de sutileza interpretativa. Pero insisto, porque me parece crucial para abordar todo esto, en que Scott podría haber prescindido de un tercio del film y no se habría notado. Lo malo, lo abyecto de ello, es que se trata de toda la parte en la que ¡albricias! vemos al monstruo, de largo lo más rutinario y predecible. De ahí mi reflexión, pero también mi cabreo, porque una vez más la industria y sus caprichos tiran por tierra un buen y sólido ejercicio cinematográfico.
Habrá quien babee con ella, yo me entretuve durante una hora y luego me puse a mirar el reloj...
Saludos.

martes, 19 de septiembre de 2017

Wajda. Brillo y dominio #3



El joven Wajda alternaba una intensa actividad como estudiante de cine en la escuela de Lodz con la preparación de los cortos que le servían como trabajos de graduación. La madurez que demostraba en estos primerizos trabajos queda patente en unos documentales, aparentemente pedagógicos, que revelan a un excepcional cineasta en ciernes, un creador de imágenes que siempre esconden una intención y un significado. De esta época es, por ejemplo, KIEDY TY SPISZ (MIENTRAS DUERMES), que evoca una sugerente analogía entre la inocencia del niño que duerme (simbolizando éste al futuro del país que hay que cuidar) y la incesante actividad nocturna de las factorías, que se encargan de que dicho país esté a punto al despertar. Panaderías, fábricas textiles e industrias alimenticias, que son mostradas en un espléndido trabajo de montaje, muy en la línea eisensteiniana, mientras el poeta Tadeusz Kubiak despliega un recitado que se extiende por la totalidad del metraje.
Otra impagable oportunidad de descubrir a este primer y sorprendente director.
Saludos.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Los cimientos



AQUARIUS es el nombre de la película, también es el nombre del edificio donde vive Doña Clara. Esto es importante, y ésta es una película que habla de las cosas importantes. DOÑA CLARA también es el nombre de la película, y es la mujer que habita el edificio Aquarius, su única inquilina. Las cosas importantes, por las que merece la pena vivir, son sencillas; rodearte de los tuyos y poner tus discos con una copa de vino en la mano, a las seis de la tarde, con fotografías que se convierten en recuerdos, pero que no se sienten como momentos perdidos, sino remembranzas que sirven para repuntar el presente, hacerlo más sólido. A Doña Clara, que ya vive sola, con la única compañía de la sensación de haber sido todo lo feliz que uno puede ser, la quieren echar del edificio; y los especuladores no poseen esa ralentización, ese fuego lento de los verbos y ese paladeo de las notas de Jobim, porque han mutado inhumanamente, de personas a insectos, y sólo conciben el beneficio rápido y a cualquier coste. Si AQUARIUS fuese una película más, todos habríamos llorado con el injusto y terrible acoso al que es sometida Doña Clara, pero Kleber Mendonça Filho realiza un estimable ejercicio proustiano y se coloca en primera persona para que seamos testigos directos de la vida de una mujer y podamos entender con precisión su negativa a abandonar su casa. En estos tiempos de prisa y beneficio inmediato, es difícil encontrar historias pacientes, dignas, que requieren nuestra atención; pero este es el motivo principal del film, que su ritmo, su calmado pulso signifique su verdad oculta, porque no hace falta contar nada en una reunión para comprender la felicidad que se desprende de las miradas, las confidencias, los recuerdos y los suspiros. Por todo eso, AQUARIUS es un film excepcional, que también nos interpela directamente y nos pregunta si para nosotros también ha merecido la pena todo esto...
Saludos.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Rincón del freak #281: Los guiones que escribíamos hasta arriba de hierba y la cara llena de granos



Hay algo peor que ser un adulto responsable: ser un adulto que quiere ser guay a los ojos de los adolescentes. Eso es imposible, vergonzoso y hasta merecedor de una sanción, pero en el mundo del cine es normal encontrarse con artistas con el síndrome de Peter Pan, que además de desfasados piensan que son unos genios incomprendidos. Kevin Smith contraataca, y no estoy seguro de si eso es motivo para regocijarnos, dada la errática deriva de su cine, un cine repleto de referencias, chistes privados y deudor de la corrosiva cosmovisión de joyas como "South Park" o "American Dad". Smith lleva haciendo la misma película desde hace más de dos décadas, historias bigger than life narradas por el perdedor que lleva (y va a seguir) en la tienda de la esquina toda la vida, mientras pergeña guiones o bocetos geniales e incomprendidos por la estúpida humanidad, verdadera culpable de que su genio creador siga inédito. En sus variaciones, Smith imagina ensoñaciones en las que estos perdedores mutan en improvisados héroes, imparables filósofos o románticos incurables, y la esencia de su discurso se encuentra en sus largas e inspiradas reflexiones. Pero, de un tiempo a esta parte, el director de CLERKS quiere hacer cine, así que ha salido de la tienda y ha dado un paseo por el cine de género, entregando trabajos tan extraños y discutibles como RED STATE o TUSK, pero que aún conservan algo de su particular idiosincrasia. Pero Smith está en franca decadencia, tanta que reúne a su grupete de amigos y, como estos son ya mayorcetes, les dice que se traigan a sus hijas adolescentes, que las va a convertir en unas heroínas, pero que en realidad son dos chicas que trabajan en la tienda de la esquina, tienen un grupo clandestino en la trastienda, son adictas a los móviles y al yoga... ¿?... ¿Su misión? Salvar a Winnipeg de una invasión de minisalchichas nazis... ¿?... ¿Sus armas? Sticks de hockey sobre hielo y el yoga... ¿?... Ademas de la colaboración del detective Guy Lapointe, que Smith nos va a meter con calzador en cada película suya.
Resumiendo. YOGA HOSERS es una gilipollez que a Smith le ha salido a coste cero, quizá con la idea de que nosotros, estúpida humanidad, nos volvamos locuelos y le paguemos las facturas, al tiempo que salimos a la calle convenciendo a todo el mundo de que este tipo es un genio incomprendido...
No, no la vean. Sale Haley Joel Osment haciendo de nazi canadiense...
Saludos.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Parque temático



WESTWORLD es, ustedes lo saben, la serie de HBO que corregía y aumentaba a la regular adaptación que Michael Crichton realizó de su propio libro, hace ahora unos 45 años. Aquella película tenía tantos aciertos argumentales como deficiencias puramente cinematográficas, y no me extraña que alguien se obsesionara con la posibilidad de una lujosa puesta al día; lo que no me esperaba era constatar unas cotas de calidad tan altas viniendo de alguien como Jonathan Nolan, el hermanísimo que hasta la fecha ha vivido más bien a la sombra del director de Batman y todo eso. Sin embargo, Nolan se revela como el buen guionista que es y mantiene el ritmo y el interés a lo largo de los diez episodios que dura esta primera temporada. El argumento, enigmático y claustrofóbico, presenta un futuro en el que las clases pudientes han encontrado una alternativa a sus rutinarias y previsibles vidas, un gigantesco parque temático que recrea el salvaje Oeste a la perfección; una especie de submundo alternativo habitado por los "anfitriones", émulos robóticos tan perfectos que pueden pasar por humanos auténticos y a los que se les puede hacer lo que a cada uno se le pase por la cabeza. La trama, que en ocasiones parece dispararse hacia la inconcreción, se mantiene fiel a su motivo principal, que podríamos dividir entre la inesperada toma de conciencia de su propia naturaleza por parte de algunos de los androides y la misteriosa búsqueda de un enigmático huésped, el "hombre de negro", que está convencido de encontrar el motor de un sitio por el que prácticamente lleva vagando años. WESTWORLD, además de un excelente guion, tiene uno de los repartos más impresionantes de las series recientes, donde encontramos a gente de la talla de Ed Harris, Anthony Hopkins, Thandie Newton, Jeffrey Wright o una espléndida Evan Rachel Wood, a la postre gran reivindicada del elenco. Una serie tan espectacular y entretenida como finalmente reflexiva, con un desenlace complejo pero armonioso y que me hace preguntarme una cuestión fundamental... ¿No será, a lo mejor, Jonathan el bueno?...
Ahí lo dejo.
Saludos.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Gente corriente



Es difícil hablar mal de una película como HUMAN, argumentar que no te ha gustado con los mismos términos que usaríamos para otra película, otra que no intentara tan descaradamente "epatar" al espectador aludiendo directamente a su (mala) conciencia. Para entendernos, no digo que HUMAN no tenga valores cinematográficos, porque los tiene, sobre todo en su apabullante apartado técnico, pero no puedo dejar de señalar que su militancia es abiertamente buenista, y en ningún caso abandona su labor pedagógica para desarrollarse en otro plano intencional. La estructura es simple, se intercalan testimonios de personas de diferentes procedencias, lenguas y etnias con largos planos, mayoritariamente panorámicos, que, supongo, buscan ilustrar dichos testimonios, remarcarlos e incrustarlos en el subconsciente del espectador, que puede llegar a sentirse, además de abrumado, tramposamente interpelado, como uno de esos anuncios en los que un señor co brazalete inyecta algo en el brazo de un niño famélico. Esto me lleva a pensar en cierta deriva a la que tienden los documentales que contienen pocas ideas propias, más allá de su potencia visual; no sé muy bien qué es lo que cuenta el director Yann Arthus-Bertrand, y es lo que más me molesta, que no me dejen la opción de ser yo quien decida la ética de las imágenes, unas imágenes, insisto, que intenta abarcar la casi totalidad de este planeta, pero que se quedan cortas para explicar la inmensidad del ser humano.
Saludos.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Otro toque...


La evolución que ha experimentado el cine chino en las últimas décadas, nos ha brindado la oportunidad de ser testigos de una mirada fresca y distintiva, capaz de hacer saltar por los aires incluso los resortes más arraigados del cine comercial norteamericano. Uno de los géneros que con más fuerza y elocuencia nos han llegado desde el gigante asiático es el thriller, con el que diversos realizadores han demostrado su fuerza expresiva, al tiempo que cartografiaban (y denunciaban) un estado general de su país poco halagüeño. Títulos como BLACK COAL, THIN ICE o la monumental A TOUCH OF SIN, son un ejemplo remarcable de esta deriva, a menudo aislada en festivales que los dan a conocer, pero limitan la verdadera repercusión que merecerían. Y otro de estos títulos es WU REN QU, algo así como TIERRA SIN HOMBRES, un virtuoso y vertiginoso ejemplo de cine negro, que a veces parece una fábula postapocalíptica y otras un corrosivo retrato de esa China que apenas podemos atisbar, y que además de real y cercana se nos aparece desolada, sin posibilidad de redención. El espíritu de Tarantino recorre la espina dorsal del film de Ning Hao (verdadero estilista del género) y se mezcla con la aridez argumental de la saga creada por George Miller, el domino temporal de un Sergio Leone o la fatalidad anunciada de antemano de un Oliver Stone. Mientras la película se despliega, el resultado es fascinantemente enigmático, con el personaje central, un abogado sin escrúpulos, que se cree por encima del bien y del mal y acaba sucumbiendo, ahogado por un sistema, salvaje y anárquico, que no entiende de clases sociales, y donde prima la ley del más fuerte. El punto más flojo del film llega en su recta final, mucho más previsible y entregada a la pirotecnia visual; quizá en un intento diversificador, pero que resta empaque a un film que salta de sorpresa en sorpresa casi sin esfuerzo, aunque falte el hálito poético de, por ejemplo, los os títulos citados arriba.
Muy recomendable, en todo caso.
Saludos.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Los altos istmos



¿Qué le venía faltando a Park Chan-wook para convencerme, de una vez por todas, de que, además de un creador de imágenes, es un magnífico director de cine? Me he hecho esta pregunta cada vez que veía un nuevo trabajo suyo. No soy un fanático, no uso posters ni guardo fetiches; sólo retengo datos si me son aclaratorios y me dicen poco las estadísticas, por no hablar de palmareses y otras hierbas. Así las cosas, vi AH-GA-SSI (LA DONCELLA) con algunos de los mejores ejemplos del cine coreano reciente en la retina, y algo cambió súbitamente. En LA DONCELLA, Park Chan-wook "utiliza" la truculencia, la encierra a voluntad y sólo la deja escapar cuando el relato lo requiere. Y es éste un relato especialmente complejo, repleto de matices y gozosamente engañoso; porque no hay que seguir por lo apuntado en su primer cuarto, no hallaremos la esencia en ese arranque que remite directamente a la tradición gótico-terrorífica. El relato avanza, muta de una forma animal y se convierte en otra cosa, parece que podríamos advertir una épica sorda, la venganza de una cultura sobre otra, porque el subtexto hace hincapié en la dolorosa ocupación coreana por parte de Japón. Sin embargo, ya en el giro final intuimos que se nos ha redirigido graciosa, elegantemente, y que quizá tan sólo creíamos que íbamos entendiendo, cuando el desenlace es mucho más retorcido, anárquico y genial de lo que se podría pensar. Se trata de una estructura que efectivamente necesita de sus 150 mintos para desarrollarse, una narración que me atrevo a asimilar con un motivo geográfico, la estrecha franja de tierra que a menudo pasa desapercibida, precisamente porque su función es unir dos porciones gigantescas de terreno. Ese pequeño y olvidado accidente: el istmo.
Saludos.

martes, 12 de septiembre de 2017

Wajda. Brillo y dominio #2



El segundo corto de Andrzej Wajda, de 1951, fue CERAMIKA ILZECKA, un documental que ahondaba en la fabricación artesanal de cerámica en la pequeña localidad polaca de Ilza, y le sirve tanto para prestigiar un modelo de producción enteramente nacional como para relativizar y combatir el modelo industrial alemán, con lo que el joven director balbucea su afilado sentido crítico y lo encripta en diez minutos que van mucho más allá de su carácter didáctico. Más que un reportaje propagandista o nacionalista, una magnífica muestra de la sutilidad mediante la que el cine consigue transmitir y razonar a varios niveles desde una narrativa aparentemente inocua y funcional, algo que tanta falta hace en el cine actual.
Saludos.

lunes, 11 de septiembre de 2017

En la era de Instagram



THE BAD BATCH es una película muy rara, incluso deliberadamente extraña, poco conseguida, con un ritmo rayano en lo exasperante y un mensaje interno que quizá su joven directora nos aclarará en algún momento. Ana Lily Amirpour, británica de ascendencia iraní, impregna a sus imágenes de u sentido que parece querer ir más allá de lo que estamos percibiendo; el problema es que sólo lo consigue en algún momento que otro, y el resto se asemeja a algo mucho más snob y relamido, restándole empaque a una película, por lo demás loable por ir siempre a la búsqueda de un ritmo interior propio. Lo malo es que se nos parece a demasiadas cosas, un batiburrillo que mezcla algo del último western, la sequedad expresiva de MAD MAX o la explicitud del muy sobado género de zombis. No es nada eso, es cierto, pero se parece a todo ello, y hasta los momentos de mayor esplendor visual parecen sacados de algunos descartes de Winding Refn, o al menos a su cuenta de Instagram... No sé, porque todo el mundo dice que habrá que prestarle atención, y tampoco quiero apresurarme con una cineasta con sólo dos películas estrenadas, y cuyo debut causó tanto revuelo y expectación que parecía inevitable que su segundo trabajo no iba a pasar la prueba que a tantos directores ha puesto en su sitio. Lo mejor es que esto suele ser sintomático en los que son ambiciosos y apuestan fuerte por sí mismos. Esperaremos pues...
Saludos.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Rincón del freak #280: Del empornoderamiento...



Sería para meter en la cárcel a alguien capaz de hacerle la rosca a la industria pornográfica intentando vender un discurso diametralmente opuesto. Es decir, por un lado digo que una pobre chica va a una prstigiosa universidad (Duke, para más señas) pero no tiene dinero para pagarla, así que descubre la única forma para ganar dinero fácil: vendiendo su cuerpo, esta vez vía cine porno. Duda, castigo, redención; un montante que está muy visto si no se le añade la cuarta pata del banco: reflexión. El mal cine, como la mala literatura, es el que lo da todo por hecho, donde no caben ni la ambigüedad ni la sumisión del narrador a la circunstancia que él mismo ha creado. Y es el caso, una película (telefilm, para más señas) que justifica la decisión de esta chica machacando numerosas veces con el término "empoderamiento", y lo contrapone con una familia ultracatólica que empieza rechazándola y termina por "entenderla". Por el camino, resulta que la chica parece cogerle el gustillo a esta "repugnante industria" y no desdeña darle a la manivela de dólares fáciles. Todo sea por el empoderamiento...
Por cierto, les digo el nombre del telefilm, pero para que abominen de su visionado. FROM STRAIGHT A'S TO XXX.
Saludos.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Redistribución territorial



No soy yo del género milindri/espasmódico, de los que opinan en función de la geografía específica, otorgando o despreciando según qué valores por el hecho de que un film de género esté hecho, por ejemplo, fuera de Hollywood pero parece un calco en otro idioma. Es el caso de SORGENFRI, película danesa que abunda en el ya de por sí proceloso universo de plagas zombificadoras, solo que se le ve a leguas la intención de ser algo más, un cruce entre (digamos ya que ha creado escuela) el REC de Balagueró y Plaza, la célebre serie de AMC y un toque, incomprensiblemente ineludible, de aquello del Dogma, por lo danés, que si no ni lo notaríamos. No, porque es una película normalita y tirando a aburridilla, con poquísima acción y algunos momentos de diálogo sonrojantes que pretenden ser trascendentes. En resumen, que no todo lo "exótico" ha de mantener una línea de calidad per se, y también puede ser tan rutinario como cualquier producto hollywoodense. Máxime, cuando el director demuestra su torpeza al ser incapaz de extraer el jugo a la sugerente alegoría que propone nada menos que un rescate sueco a los desvalidos daneses, que luego podría derivar en exterminio...
Saludos.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Y ahora... vas a quererme



Las posibilidades del cine actual, su sofisticación formal, dan como resultado algunas maravillosas rarezas difíciles de encuadrar en su propia contemporaneidad, pero a las que el tiempo les otorga una categorización majestuosamente intemporal. Para ello, suele hacer falta que no intervenga la casualidad, y que la intención sea exactamente esa, crear una obra que, sin pertenecer a un tiempo determinado, pueda identificarse, por extraño que parezca, en cualquier época. Hay infinidad de ensayos, y se me ocurren BLANCANIEVES o THE ARTIST, invocando el cine mudo, o la explicitación tarantiniana del exploitation, auténtica revolución en sí misma por la reconciliación con un tipo de hacer cine a menudo denostado. THE LOVE WITCH da, en este sentido, un paso aún más audaz, serigrafiando no ya un estilo, sino toda una estética del montaje y escenografía de la serie B. El argumento es lo de menos, o así parece mientras vamos descubriendo qué se propone la directora Anna Biller, mientras vemos ante nosotros un retablo de actuaciones, caracterizaciones, chascarrillos y hasta sonidos que no tienen otro fin que transportarnos a un tiempo pretérito, solo que está ocurriendo en nuestra (¡nuestra!) actualidad. Samantha Robinson va más allá de las convenciones y construye una fascinante bruja que se pasea por una ciudad de la costa Oeste con la misión de crear el filtro perfecto que la haga irresistible ante los hombres, que van cayendo irremediablemente a sus pies, pero sin saber que les aguarda un tenebroso destino. La película es precisamente eso, una poción fascinadora ante la que sólo queda rendirse en su impactante realización; y un espeluznante espejo deformante, que no es ni tan ingenuo ni tan maniqueo, y que detenta un necesario vistazo a lo antiguas que se van quedando las "películas modernas" y cómo hay estéticas mucho más poderosas, a las que artistas inquietos vuelven para que nosotros volvamos a amarlas... Ni más,ni menos.
Saludos.


jueves, 7 de septiembre de 2017

El estricto sentido del deber



Hay muchas historias, muchas películas latiendo profusamente en la piel, pero también el alma de THE LOST CITY OF Z, una de las mejores películas de aventuras de los últimos treinta o cuarenta años, y por eso una de las más incomprendidas, aunque esperamos que esto sea subsanado en cuanto las obligadas segundas y terceras revisiones la coloquen en el lugar que realmente merece. James Gray, un director al que creo dotado de una poesía visual única, es capaz de hacer florecer una historia nimia, tanto como de arruinar un gran guion. Aquí, se desembaraza de sus retablos urbano-intimistas y despliega una asombrosa dialéctica para narrar la inabarcable obsesión del aventurero Percy Fawcett, que dedicó la mayor parte de su vida a buscar una misteriosa ciudad perdida en el corazón del Amazonas, y que inequívocamente queda emparentada con la legendaria El Dorado. Hasta aquí el sustento histórico, la narrativa pura y dura, pero Gray va mucho más allá, e impregna el film con el tuétano de joyas similares. Al menos, yo sí veo latir ecos de APOCALYPSE NOW, del más conradiano, evidentemente; tanto como del sentido de la arbitrariedad del Herzog de FITZCARRALDO y, claro, AGUIRRE... Hay mucha clase, mucha sabiduría cinematográfica, pero nada de engolamiento, ni rastro de la pesada y ceremoniosa supraexplicación del cine comercial hollywoodense; los actores no recitan ni la cámara los busca machaconamente, y sí ocupan pacientemente el lugar más idóneo, sin interferir en una prosa certera y emocionante en su tangibilidad. Es aquel lugar que pertenecía a quienes lo crearon una vez, a John Huston y a Fritz Lang; a John Ford y a Raoul Walsh. Y una vez soñamos con que el legado podría continuar, pero nos dimos cuenta de que aquello parecía no más que una cuestión de deber, una orden que uno cumple sin que nadie se lo pida...
Hermosa película.
Saludos.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Faroles



Es una película torpemente desaprovechada e incomprensiblemente reorientada, uno de esos múltiples ejemplos de "hiperconfianza en lo que se muestra" a los que el cine norteamericano nos tiene tan acostumbrados. Y es que 99 HOMES es un film peyorativamente norteamericano, y no debe engañarles el nombre de su director, cuya ascendencia es iraní pero nació y se educó en Estados Unidos. Norteamericano, que es un término que no tendría que ir asociado a una visión sesgada de un problema mucho más amplio y complejo, como es la especulación salvaje de la vivienda y derivados tan soeces como el florecimiento de "intermediarios" que se apoderan de las casas desahuciadas para revenderlas, en algunos casos muy por encima de su valor catastral. Bahrani consigue eludir el fantasma del telefilm, gracias a un arranque que logra enganchar por su tremenda congoja y a la insoslayable presncia de Michael Shannon, que es capaz, por sí solo (y van ya...), de dotar de entidad a una historia que va desinflándose a medida que va dscubriendo sus verdaderas intenciones, que no son otras que el ensalce godofrédico del luchador yanqui de clase trabajadora por rsurgir una vez ha tocado fondo. El gravísimo error de Bahrani (autor del guion) es no delinear a sus personajes en toda su complejidad, con lo que resulta bastante molesto que el pobre padre desahuciado (un desorientado Andrew Garfield) termine trabajando para el tiburón que le arrebató su vivienda, e incluso llegando a entender los motivos por los que hace lo que hace. Lo que me deja una única e inquietante reflexión: si el dinero todo lo puede ¿qué es la moralidad?
Saludos.

martes, 5 de septiembre de 2017

Wajda. Brillo y dominio #1



Hace poco menos de un año, nos dejaba Andrzej Wajda, considerado gran maestro del cine polaco y nombre básico que ha persistido a lo largo de más de medio siglo de carrera, redefiniendo el concepto de modernidad en el cine europeo y erigiendo una obra significativamente poderosa, deudora tanto del expresionismo alemán como de los maestros rusos. Se inicia hoy, por tanto, el merecido y anhelado homenaje a uno de esos cineastas imprescindibles en ciclos, cinetecas y cualquier reducto o imaginario cinéfilo que se precie. Y como aquí nos gusta empezar las cosas por el principio, lo hacemos retrotrayéndonos nada menos que a 1950, donde un joven de 24 años filmaba apenas seis minutos de cine sin diálogos, supuestamente adaptando un relato de Antón Chéjov  en el que una encandilada pareja de enamorados ve importunado su idilio por un nada veleidoso infante, que no para de chafarles dichos encuentros. No es, claro, un trabajo representativo del monumental recorrido posterior de Wajda, pero ya en este temprano primer contacto con la realización se vislumbra su inventiva e intención. El corto se cierra con un plano del niño aún espiando a la ímproba pareja a través de una escueta cerradura, y no me resisto a pensar al director/artista como aún joven y lleno de curiosidad, escudriñando aquello que de constante nos es prohibido y que no es otra cosa que el más fiable alimento para la creatividad.
Saludos.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Un horror de autor



Es lícito, necesario para el avance de la narrativa cinematográfica, que caminos aparentemente divergentes se encuentren sin ningún tipo de pudor o complejo. El cine de género, lejos del encasillamiento, ha recogido con acierto el mejor espíritu del cine de autor, o independiente, creando artefactos difíciles de catalogar pero que suponen propuestas mucho más sugerentes que las tradicionales. Los festivales se llenan cada temporada con estos sorprendentes títulos, pero sólo una pequeña porción de los mismos deben considerarse como obras verdaderamente mayores. La impudicia, o arrojo primerizo, nos ha dejado películas difíciles de catalogar, impactantes en su vertiginosa indfinición, pero que se quedan en un brillante apunte de una carrera que muy rara vez tiene continuación. Es el caso de THE EYES OF MY MOTHER, reducida pieza de cámara (apenas 75 minutos) que juega a parecerse demasiado a un Pedro Costa o un Béla Tarr, rascando apenas la superficie de estos autores mayores y poniendo en imágenes (bellas imágenes, es cierto) un sórdido relato de horror, alienación y miseria moral, cuando a lo más que consigue emular es a un Alexandre Aja con menos diálogos y más contemplación. El film entero gira en torno a su protagonista (la hipnótica Kika Magalhães), cuyo personaje vemos crecer desde que es niña y su vida da un vuelco al ser testigo del asesinato de su madre, aunque lo que la marca decisivamente es la inesperada reacción del padre tras apresar al asesino, y que será una pauta para su forma de ser hasta que se convierte en adulta. Una historia, en definitiva, que juguetea con ir constantemente al extremo, tensar cada plano hasta lo insoportable y demorar toda información plausible, lo que puede llegar a convertirla incluso en un gran malentendido argumental. Un film curioso, brillante en lo técnico, pero no tan impactante como podría parecer en principio. Su director tiene ya un proyecto algo más ambicioso para el año que viene, esperaremos a entonces.
Saludos.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Rincón del freak #279: El heladero justiciero contraataca por última vez



Hoy no les molesto más de lo preciso y necesario, pues el asunto que nos ha de convocar a lo dominical es como un clásico de la maraña de subtítulos que inundan el mercado que una vez fue del video, más tarde del DVD y ahora incluso se atreve con la alta definición en BluRay... Que ya hay que echarle morro para editar en dicho formato una cosa como PHANTASM: RAVAGER, última secuela (y de hecho parece que sí es la última) de aquel mítico y celebrado icono de la fantasía terrorífica ideado por el nunca suficientemente reivindicado Don Coscarelli. Reconozco que la curiosidad me ha podido durante estos años y me he tragado las sucesivas infames entregas de las aventuras del Hombre Alto y, sobre todo, Reggie el heladero, elevado a gran protagonista de la discutible saga. Este film apenas consigue trazar alguna sonrisa de complicidad en los muchos guiños al original, pero se pierde entre una producción chusca y una realización hecha a toda prisa por el ignoto David Hartman, incapaz del poder de sugestión de Coscarelli. Un broche final que yo intuyo como una burda manera de hacer caja y que ustedes puede ahorrarse sin temor a perderse nada del otro mundo. Que incluso en los títulos de crédito se haga mención a que Angus Scrimm desapareció poco después de acabar el rodaje tampoco ayuda demasiado a elevar el soporífero montante de infografía y raccords a tutiplen...
Saludos.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Más vueltas y tuercas



El caso Enfield es, probablemente, uno de los más famosos en la historia de la parapsicología, y su truculenta y controvertida historia ya ha sido llevada al cine en varias ocasiones, la más reciente y celebrada es la versión de James Wan, que le servía para ir puliendo su particular cosmovisión del cine de terror. No puedo decir que sea un gran apasionado del tema, pero me recomendaron, justo cuando vi aquélla, una miniserie que hace dos años emitió la cadena Sky. THE ENFIELD HAUNTING no es ni tan estilizada ni tan rimbombante como THE CONJURING 2..., pero juega en su favor el dejarse de ensayos digitales y enfocar su valía hacia el estupendo trabajo de los actores, con mención especial, cómo no, a un desbordante Timothy Spall, que deja en mera anécdota a Patrick Wilson. Dirigía Kristoffer Nyholm, veterano realizador danés que logró un tardío reconocimiento gracias al excelente trabajo en las aclamadas series FORBRYDELSEN y TABOO, y que en estos tres intensos episodios capta con maestría el insano clima creado en torno a una humilde familia británica en los años setenta, cuando la madre, desesperada, pide ayuda para su hija, que parece estar viviendo una especie de torturadora posesión sobrenatural. La sospecha del fraude planea constantemente, y sólo la dedicación e insistencia del investigador Maurice Grosse lo mantuvo como un misterio que sigue trayendo de cabeza incluso a los más escépticos. Yo, que me alineo con los descreídos, tengo mi propia opinión, pero aun así es cierto que se trata, cuarenta años después, de un tema, cuando menos, abierto a la sugerencia. Y si hablamos del tema puramente artístico, merece la pena envolverse en las dos horas y pico de esta rigurosa miniserie.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!