martes, 23 de mayo de 2017

Democráticamente nihilistas



THE PURGE es una franquicia que, si no me equivoco, va ya por su tercera entrega, y de la cual recordaba haber visto sólo la primera, que alternaba momentos impactantes con grandes océanos de aburrimiento y mediocridad. ELECTION YEAR es la última, y no parece que James DeMonaco, autor del guion y la dirección, vaya a cambiar su discurso, porque esto es más de lo mismo. Es decir: gente encerrada en sus casas porque ha llegado la noche de la purga, en la que cualquiera tiene permiso para matar a cualquiera. Punto. La excusa aquí es la fuerte oposición de una senadora a esta práctica, y la ascensión de ésta en las encuestas previas a las elecciones a la presidencia, así que los conservadores, grandes defensores de la purga, urden un plan para eliminar a la senadora en la dichosa noche. Esto, en otras manos, incluso podría haber dado un thriller distópico con cierto interés, pero cualquier atisbo de elaborar un discurso conscientemente crítico con la extraña situación política de Estados Unidos (que es lo que debería haber sido) queda inmediatamente enterrado bajo un festival de disparos, caretas estrambóticas y peleas coreografiadas, que no es mucho a estas alturas. Y la pregunta aparece a los diez minutos: ¿no hubiese sido más estimulante una entrega que dejara la acción fuera de campo y se preguntara por los entresijos y cloacas de los sistemas democráticos que aprovechan a los muertos para proselitizar a una sociedad cada vez más embotada en su propia satisfacción bovina?... Sé que es una fútil y densa aspiración mía, pero por intentarlo no perderíamos nada...
Saludos.

lunes, 22 de mayo de 2017

La medida humana



Nos equivocaríamos de cabo a rabo si comparáramos en manera alguna FRANCOFONIA con EL ARCA RUSA. Ambas, dirigidas por el mismo director, indagan en las vísceras de un museo y también ambas se sirven de ello para elevar una plegaria humanista en favor de la humanidad como creadora de arte, pero también como observadora de ese mismo arte, por el que puede redimir sus pecados y temores. Sin idealismos ni arrogancia, Alexander Sokurov dispersa su complejo discurso en varias direcciones y vías temporales. Por un lado está la carta de amor inacabable al Louvre, más inmenso, hermoso y apabullante de lo que jamás ha sido mostrado en una pantalla; por otro, Europa, un continente en guerra, que sufre la devastación del nazismo y que se convulsiona ante su incierto futuro. Las obras contenidas en los museos, más vulnerables que nunca, son objeto de deseo de los invasores, pero también refrenan sus impulsos destructivos. Sobre esto reflexiona Sokurov con su habitual estilo, entre fantasmagórico y elegíaco, invocando a dos hombres en extremos separados pero que confluyen en la necesidad de preservar las obras tanto como los museos. El director del Louvre, Jacques Jaujard, y el oficial y noble Franz Wolff-Metternich, simbolizan el imposible, la concordia por el arte, quizá una vieja e inalcanzable aspiración del viejo continente; sin embargo, a miles de kilómetros, en San Petersburgo, los cadáveres se hacinan en el inacabable asedio alemán, y esto sirve a Sokurov para relativizar la importancia de los objetos, ambicionar la auténtica medida humana. El director, que se filma a sí mismo en su pequeño estudio, es el hilo y la voz conductora de este impresionante paseo por nosotros mismos, lo que hemos sido sin saberlo, y por ello adopta el mismo tono trágico e irremediable para hablar del holocausto nazi o de un carguero (un arca) que está a punto de hundirse en mitad de una tormenta. Su carga: cientos de obras de arte...
Sólo Sokurov.
Saludos.

domingo, 21 de mayo de 2017

Rincón del freak #269: El rereremake rererefrito con aceite industrial usado



Ni "arte elefante blanco", ni "blockbuster de calidad", ni "puesta al día necesaria", ni hostias en vinagre... Dejémonos ya de tonterías respecto a lo que Hollywood (yo lo sigo llamando así aunque sé que ya no existe, pero es que no sé cómo llamarlo) está haciendo con algunos de los títulos más importantes de eso tan machucado del imaginario cinéfilo. Lo de Antoine Fuqua y Nic Pizzolatto (¡Nic Pizzolatto!... ¿Recuerdan?) en este despropósito lamentable llamado sacrílegamente THE MAGNIFICENT SEVEN es para rellenar los momentos más vergonzosos del cine de entretenimiento. Recordemos que el remake de John Sturges en ningún momento osó mirar a la cara a la obra maestra intemporal de Akira Kurosawa, sino que adaptó el esquema central de aquella barbaridad llamada LOS SIETE SAMURÁIS para construir un film diferente, un western solvente y juguetón, que además ofrecía la oportunidad de ver juntas a algunas estrellas rutilantes. Esto de hoy es otra cosa, una constatación de impotencia creativa, al mismo tiempo que la imposibilidad de dirigir bien a algunos actores excepcionales que hacen literalmente el ridículo. Porque, Denzel Washington aparte, que parece anclado en aquello de TRAINING DAY, no tiene sentido la arbitrariedad y el patetismo con el que van apareciendo Ethan Hawke, Vincent D'Onofrio, Lee Byung-hun o un intrascendente Chris Pratt; aunque el colmo de la torpeza es destrozar el papel de Peter Sarsgaard, que al principio acumula los únicos minutos decentes del film, componiendo un villano temible, a la vieja usanza, pero que termina como todos los demás, engullido por la trituradora de escenas aleatorias, ruidos industriales y efectos digitales sin sentido... No sé, desconozco a qué tipo de espectador puede estar destinado esto, pero sí sé que tragarse sus casi dos horas y media sin cabecear con las cejas arqueadas es sinónimo de insensibilidad dramática. Ustedes mismos.
Saludos.

sábado, 20 de mayo de 2017

El arte de la referencia



Uno de los ejercicios más divertidos y gratificantes a lo que puede enfrentarse un cinéfilo es ahondar en la filmografía de un director al que haya descubierto recientemente. Aún con lo escaso que es su bagaje, lo cierto es que Jeremy Saulnier es uno de los nombres a seguir de esta década desde que una modesta producción, BLUE RUIN, llamara la atención tras su exitoso paso por festivales de medio mundo, y por la gozosa confirmación de su poderoso y personal estilo en GREEN ROOM. Pero el debut de Saulnier se produjo hace exactamente diez años con un film de presupuesto inexistente, levantado rigurosamente gracias a la colaboración desinteresada de sus amigos y familiares (ahí estaba ya Macon Blair) y que atendía al sugestivo título de MURDER PARTY, o la constatación de que con imaginación se puede hacer cine de género fresco, divertido y, en este caso, sangriento y repleto de referencias a una multitud de lugares comunes perfectamente reconocibles para ese cinéfilo irredento al que parece dirigirse el cine de Saulnier. Con una estética que no dista mucho de aquellas infectas teen movies ochenteras, que sólo la nostalgia ignorante ha mantenido como pasables, MURDER PARTY parece una broma, una película hecha para el mero disfrute, pero Saulnier demuestra que llegó para quedarse y que sabe modular sus guiones para lograr diferentes efectos sobre el espectador. De la parodia a la comedia negra, pasando por el giro referencial y autoconsciente y desembocando en una brutal explosión gore que da bastante mal rollo. El argumento no tiene desperdicio: un tipo bastante panoli va a pasar la noche de Halloween junto a su gato, pero una misteriosa invitación que encuentra por casualidad le lleva hasta un apartado lugar donde se va a celebrar una "fiesta sangrienta", y como no tiene nada mejor que hacer se pondrá un disfraz ridículo y allí le esperan unos estudiantes de arte ligeramente "particulares", que planean asesinarle y hacer de ello una obra que les abra las puertas de la alta cultura... Pero lo ingenioso del guion es hacer creíble que un tipo que es carne de cañón no sólo logre sobrevivir, sino que se convierta en un inesperado quebradero de cabeza. Una película que pasa en un suspiro (dura poco más de una hora) y que merece la pena rescatar para olisquear la génesis de este interesante y personal director que es Jeremy Saulnier.
Saludos.

viernes, 19 de mayo de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #21



LA FAMIGLIA estuvo nominada al oscar, en un año en el que estaba Louis Malle, pero ganó Gabriel Axel, y por donde también anduvo Garci... Estuvo también a punto de ganar en Cannes, pero Pialat era mucho Pialat en terreno francés. Donde sí ganó fue en Italia, donde Scola siempre ha sido profeta, y donde esta monumental película sigue siendo, treinta años después, el emblema de ese país contradictorio, pasional, ingobernable y entrañable. Sí, como esa familia que no puede vivir junta ni puede separarse, esa familia que posa a principios del Siglo XX para tomarse una foto en el bautizo del pequeño Carlo, que será el narrador de los avatares de esta familia, la suya, tan nuestra, mientras va creciendo y hasta que ya anciano, el último superviviente de aquella foto, cierre el relato para que reflexionemos si no es en realidad esto y nada más que esto la vida, posar un par de veces, una sin haber vivido nada y otra cuando no te queda ya nada por vivir. Entre medias, los pasillos de esa casa familiar asisten impávidos a esas vidas, esos deseos frustrados, un tiempo suspendido en motas de polvo y que recogen las sonrisas, las lágrimas. Unas escenas que se repiten casi idénticas, que el cine subraya y acentúa , y que dan a cada personaje su tiempo y su importancia.
LA FAMIGLIA es una película, un fresco más bien, entre cuatro paredes, que se erige como manual de guion y dirección de actores, que es evocadora sin resultar empalagosa, y que borra de un plumazo la ñoñería que llevamos sufriendo en este país con imbecilidades como "Cuéntame" o "Amar en tiempos revueltos", que se eternizan en el tiempo para no contar ni la mitad de lo que Scola es capaz de exponer en apenas dos horas.
Obra maestra indiscutible, poco más se puede añadir excepto que su visionado es indispensable.
Saludos.

jueves, 18 de mayo de 2017

La puerta de la fantasía



Hoy es un día especialmente triste, por motivos y noticias que nos recuerdan que seguimos siendo mortales. Por eso me he acordado de una obra maestra llamada TONARI NO TOTORO (MI VECINO TOTORO), que está casi a punto de cumplir tres décadas, y que yo considero el verdadero punto de inflexión en la manera de hacer películas de Hayao Miyazaki en particular y el estudio Ghibli en general. Están aquí contenidas todas las bases de la grandiosa EL VIAJE DE CHIHIRO, menos pulidas y expuestas con mayor candidez y desenfado, pero no es menos cierto que la pulsión vitalista y simbológica reverbera en cada fotograma, ilustrando la muy "carrolliana" peripecia de Satsuki y Mei, dos niñas que entablan amistad con el gigantesco Totoro, una especie de preboste de las buenas costumbres que mora en alguna parte de la naturaleza. Hablar, por ejemplo, de la perfección técnica, de ese acabado hecho a mano, resulta reiterativo aun con la capacidad de dejar boquiabiertos a espectadores de todas las condiciones y edades (lo corrobora mi hija). El verdadero poder del cine de Miyazaki, no nos cansaremos de repetirlo, está en los maravillosos valores que transmite, en su ensalzamiento de la camaradería y el respeto al prójimo, de la necesidad de luchar contra los intolerantes, porque este mundo nunca ha sido suyo. El mundo, tal y como lo ve Hayao Miyazaki, sólo pertenece en puridad a unas personas: los niños. Si no somos capaces de ver eso, de actuar en consecuencia, estamos tan perdidos como realmente parecemos estar...
Véanla, y si es con un chaval al lado mucho mejor... Y escuchen a Soundgarden...
Saludos.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Un juego de mesa



Hoy traigo una película correcta para pasar un rato sin demasiados quebraderos de cabeza. Una secuela que, según dicen, es ampliamente superior a su primera parte, lo que me hace preguntarme sobre la calidad de la misma. Y es que OUIJA: ORIGIN OF EVIL (que así reza su robusto título) narra, poco más o menos, las andanzas de una familia compuesta por una mujer viuda que intenta abrirse paso en la vida y sus dos hijas, con la particularidad de que el guion escrito por el propio Flanagan se desarrolla en los felices años sesenta. Así, el mayor atractivo del film reside en la solvencia con la que se muestran un lugar y un tiempo concretos, algo que viene ensayando con desigual fortuna James Wan, cuyos trabajos parecen inspirar por entero este curioso experimento, que en su primera mitad parece un episodio de Twilight zone, y ya al final se desparrama por los senderos del propio Wan, aunque con algo menos de truculencia. Una película que no molesta ni desagrada, y que es perfecta si llevas tiempo queriendo que tu novia vea una peli de terror sin que a cada momento escuches el vocablo "desagradable".
Saludos.

martes, 16 de mayo de 2017

El azote del GoPro



Sin ser absolutamente nada del otro mundo, THEY'RE WATCHING es un ejemplo preclaro de cómo la forma se ha impuesto al fondo en el cine de género actual, y como una masilla capaz de purificar cualquier imperfección, suple ese vacío de ideas para dar la apariencia de una película más sólida de lo que es. Lo que salva apenas a esta modesta producción es no tomarse demasiado en serio a sí misma y la colección de momentos hilarantes que se derivan de su demencial guion. Un equipo de filmación viaja a Moldavia para realizar un reportaje sobre una escultora norteamericana que ha reformado una vieja casa en ruinas para establecer allí su taller; una especie de "Quién vive ahí" internacional, para entendernos. La película, una vez más, utiliza el manido recurso de la cámara en mano y el rodaje en primera persona para "imbuirnos" en la narración, pero esto empieza ya a ser cansino, predecible y poco creíble. Sirve esto para denunciar por enésima vez a esos guionistas vagos o directamente incapaces, que van copiándose unos a otros sin aportar nada original, y que periódicamente nos traen este tipo de productos sin mucho interés. Y ya digo, la película mantiene un tono semihumorístico, repleto de chistes referenciales que la hacen mínimamente soportable; pero si la intención era desviar la atención para el terrorífico tramo final, eso también lo hemos visto cientos de veces, y mucho mejor rodado.
Saludos.

lunes, 15 de mayo de 2017

El cristal con que se mira



GET OUT es una película que admite varios adjetivos, tales como "atrevida", "perspicaz", "rebuscada" o "inquietante", que la sitúan como uno de los estrenos más esperados de esta temporada. Es, creo, una película que promete mucho más de lo que ofrece, sin ser esto enteramente malo, sino simplemente un film que su director no permite en ningún momento que se vaya a terrenos más excesivos e incontrolables. Curiosamente, parece más una tesis sobre comportamiento humano que un relato de horror, y no es tan truculenta en lo que cuenta, sino que enfrenta cada paso que va dando con la convicción de que cada imagen oculta su reverso oscuro, y que es tarea del espectador ajustar su complicidad para descifrar ese terrible secreto en escalada creciente. GET OUT habla de los conflictos raciales, de un esotérico sentido del supremacismo, pero juega con la percepción del protagonista, que ha ido a visitar a los padres de su novia. Ella es blanca y él es negro, y Jordan Peele se encarga de que sea éste un aspecto fundamental de la narración, para que pensemos en toda la hipocresía que reside tras la corrección política y unas buenas maneras que son la antesala de algo que puede ser incluso peor que un comportamiento racista. Es un film excesivo aunque contenido, al que se le agradece que busque su propia estética en lugar de parecerse a productos similares, y además tiene tres o cuatro escenas rodadas con sorprendente elegancia y madurez para una ópera prima, lo que pone el foco sobre este joven director, del que se puede esperar lo mejor para un futuro.
E insisto, su valor es más cómo te deja pensando sobre algunas cuestiones que el supuesto impacto como cine de terror imaginativo.
Saludos.

domingo, 14 de mayo de 2017

Rincón del freak #268: Imagen perdida o desequilibrada



Terminando con este pequeño repaso a algunas películas que han abordado, en mayor o menor medida, los peligros y subterfugios de la imagen, y como no podía ser de otra manera, lo hacemos con uno de esos ejemplos perfectos de cómo no hay que hacer una película. Y no dudo de que el canadiense Jon Knautz, al igual que ocurriera con su anterior obra THE SHRINE, no tuviera una imagen fija y poderosa en mente cuando concibió GODDESS OF LOVE. El problema es que, pese a tenerlo todo muy a favor, acaba por firmar una desdichada opereta sin pies ni cabeza, que remite vergonzosamente al rompecabezas lynchiano y se queda en un justito blandiporno, muy cerca de los mediometrajes de Playboy. Y hay que ser torpe, porque uno queda inmediatamente fascinado con su protagonista, la explosiva Alexis Kendra, que encarna aquí a una misteriosa mujer, que vive rodeada de amuletos y antigüedades, trabaja por las noches en una sala de strip tease y parece tener un apetito sexual inacabable. Knautz sugiere lo que el mismo título indica, que quizá podamos estar ante una genuina encarnación de la diosa del amor, ya que su nombre (Venus) y extrañas costumbres (beber como un cosaco, fumar grandes pipas de opio y enfrentarse a cualquiera que la incomode) nos dejan preguntándonos quién es exactamente Venus. Su obsesión por un fotógrafo la lleva a una espiral de pasión, celos y remordimientos que parecen estar rozando el desequilibrio mental. El final no es que sea decepcionante, sino que directamente destroza cualquier buena intención que el guion pudiera albergar, y deja una prometedora película de tintes sobrenaturales en una gilipollez sin sentido para caer rendido a las cuatro de la tarde de, por ejemplo, este Domingo.
Avisados quedan.
Saludos.

sábado, 13 de mayo de 2017

Cójase de la nuca. Apúntese el hocico




Atención. O no. KING COBRA parece una broma, un chiste alargado, una ida de olla o el trailer de otra cosa que veremos dentro de un tiempo. Pero no. Cuidado. KING COBRA es una película tan consciente de sí misma que si enumeramos sus detalles, ello no hará más que aumentar la confusión y el miedo a caer en el ridículo de no saber con exactitud a qué diablos nos estamos enfrentando. KING COBRA habla de la oscura industria porno gay estadounidense, que durante años, en la época preinternet, movió millones de dólares, y que lo hizo con unos costes de producción asumibles para un adolescente sin recursos, confiándolo todo a sus imágenes crudas de efebos musculados derretidos entre gemiditos y miradas lascivas. Lo que narra en realidad KING COBRA es el final de esa industria a partir del chocante asesinato de su pope (propietario de la productora homónima), a manos de sus inmediatos competidores, tras la ruptura con la máxima estrella del porno gay, el "mítico" Brent Corrigan. Y Kelly lo filma todo con ese amateurismo que pretende retratar, tomas rápidas, interpretaciones forzadas y un expresionismo de lo chabacano que dan forma a este sórdido poema a lo soez, al amor a la codicia y a un estilo de vida insostenible. Y además lo hace sin omitir un solo detalle escabroso, lo que echará a más e un remilgado para atrás. Y además lo hace con la poca vergüenza de incluir en su reparto principal a viejas glorias ya olvidadas del celuloide hollywoodense más pasteloso. Por aquí verán nada menos que a Christian Slater, Molly Ringwald y una Alicia Silverstone oficiando de extraña y caduciforme milf. Aunque la palma se la lleva el imparable James Franco, que a estas alturas debe ser considerado gran agitador de la escena de su país, y del que ya podemos empezar a esperar cualquier cosa.
Sorprendente y explosiva, no pasará a la historia, porque estoy seguro de que no se lo van a permitir.
Saludos.

viernes, 12 de mayo de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #20



Resulta casi imposible destrozar una película protagonizada por Jack Lemmon y Marcello Mastroianni. Si además, el director de la contienda es nada menos que Ettore Scola, puede que alguien venga y nos tome de un brazo, convenciéndonos de que algo no anda bien por ahí arrriba. Pero cuidado, MACCHERONI es una película facilona y autocomplaciente, que parece abandonarse al regocijo de tener a esos dos monstruos dándose réplica a lo largo de una historia poco original, pero muy costumbrista. El argumento gira en torno a estos dos viejos amigos, uno americano y otro italiano, que se conocieron cuando el primero llegó a Europa para combatir en la Segunda Guerra Mundial. Entre malentendidos, añoranzas, algún amor de juventud y el placer de recuperar tiempos pretéritos, ambos se encuentran "por casualidad" otra vez en Nápoles, y se disponen a pasar una jornada aparentemente placentera. La premisa principal del guion consiste en dosificar la información, para darnos cuenta de que no todo son risas y recuerdos, sino que hay algo amargo en el fondo; y eso es muy de Scola, es cierto, pero la película no termina de funcionar del todo, o quizá sea que el idealismo de ambos intérpretes principales se vuelve en contra de la narración, tornándola en un vacuo ejercicio de nostalgia lacrimógena. No digo, de ninguna manera, que sea un mal film, pero volviendo al principio de la reseña, parecía complicado que no fuese una obra maestra, así que...
Saludos.

jueves, 11 de mayo de 2017

Asesinar la imagen



No sé exactamente por qué, PERFORMANCE siempre me ha parecido una antecesora directa de cada una de las películas que han intentado buscar su camino hacia la "modernidad" a través de la subversión de la imagen. El debut en la dirección del polémico Nicolas Roeg, en realidad fue más un trabajo de fotografía (excepcional para la época, eso sí), mientras que el peso del proyecto recayó en Donald Cammell, director maldito, inconformista y adelantado a su tiempo, que tuvo la insólita oportunidad de elaborar un film con absoluta libertad de movimientos y con la pareja del momento (los detalles escabrosos se los ahorro), Mick Jagger y Anita Pallenberg. Aunque el protagonista era el estupendo James Fox, que interpretaba a un sanguinario y sofisticado gangster, una especie de gentleman mortal e implacable, que usaba la extorsión y la tortura como un puro ejercicio artístico. En la segunda parte del film, las setas toman el control (literalmente) y el film se convierte en un psicotrópico viaje a las profundidades de la razón, mientras asistimos a la fascinación mutua que sienten el gangster y un aspirante a estrella del rock, que en realidad es un traficante y vividor; oportunidad perfecta para que Roeg se luzca fotografiando a Jagger y Pallenberg en bolas y a Fox prácticamente travestido, lo que no deja de ser francamente perturbador.
En mi opinión, PERFORMANCE, aun admitiéndole sus muchas ingenuidades, conserva, casi medio siglo después, un aire suicida que la hace encantadora e irresistible, una locura de yonkis para yonkis, y una oportunidad para observar sus hallazgos reflejados en tantos títulos que apenas rozan eso tan caro de la modernidad...
Saludos.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Atracción y repulsión en ofrenda



Menos truculenta que las dos películas anteriormente comentadas, THE MODEL prefiere centrarse en las inseguridades y transformaciones operadas desde el interior de una joven danesa que se traslada hasta París con la intención de convertirse en supermodelo. Producida por la Zentropa de Lars von Trier, THE MODEL tiene algunos momentos brillantes, de cine elegantemente filmado, como un coqueteo imposible entre LA GRAN BELLEZA y DEMONLOVER, pero resulta fallida cuando intenta concretar una narración cuanto menos coherente. Es decir: ni se abandona a la orgía, como Winding Refn, ni busca los motivos reales de lo contado, como Fosse. Sí, es otra disección del juguete roto, esta vez la inquietante (y demasiado gélida) Maria Palm, que se queda a mitad de camino de su personaje, a veces inocentona y otras rozando el vampiresismo incontrolado. Es una película que se deja ver, que no desentona en el tiempo que le ha tocado respirar y que puede ser el primer paso de relevancia de un joven director que, de tener guiones más magros, pueda ser el eterno aspirante a relevo de una cinematografía danesa necesitada de otras voces.
Saludos.

martes, 9 de mayo de 2017

Una realidad aumentada en paralelo



Reporte sórdido del descubrimiento, auge, estrellato y trágico y repentino final de un efímero destello que, visto hoy con la debida distancia, merece más atención por lo que omite que por lo que cuenta. STAR 80 fue una apuesta personal de Bob Fosse, y más un acto de justicia que de exhibicionismo. Los abismos de la imagen, en este caso los de una playmate, Dorothy Stratten, que fue descubierta en una hamburguesería de Vancouver, aunque quizá por la peor persona posible, el maníaco, arribista y narcisista Paul Snider, tan inflado de sí mismo que en realidad estaba completamente vacío, y cuya vida de derroche se vio truncada cuando Stratten comprendió el error que había cometido casándose con él, una vez que el director Peter Bogdanovich intentó convencerla de que le daría (aparte de otras cosas) una carrera en el cine "serio". Bogdanovich siempre ha sido un cachondo (en todos los sentidos), y Stratten era apenas una cara bonita, un cuerpo bonito y una personalidad demasiado infantil para asimilar ser la elegida de Hugh Hefner cuando Playboy empezaba a buscar asimismo su propia cuota de seriedad. La película, vista hoy, ha soportado bastante dignamente el paso del tiempo, y además de una Mariel Hemingway a la que el papel le venía como anillo al dedo, está la oportunidad de ver al insoportable Eric Roberts haciendo su mejor papel. Verle a él es ver a un chulo de barrio que pretendía hacerse millonario costase lo que costase... y vaya si costó. Y aunque parezca mentira, hay mucho de premonitorio en esta tristemente luminosa película, plagada fracasos y polaroids, sobre todo lo último...
Saludos.

lunes, 8 de mayo de 2017

Corazón fluorescente/Pintalabios de sangre



Esta semana va a ser acaparada, en la medida de lo posible, por un puñado de títulos que, de manera muy subjetiva, he encontrado como ejemplos de los peligros de la imagen en tanto que vampiro de la carne, o meros ejercicios de chamanismo descorporeizante, menos poético y más suicida. Trabajos no demasiado homogéneos, ni siquiera en el tiempo, puesto que lo "moderno", lo desafiante, suele mirar atrás sin proponérselo, precisamente para escribir con caligrafía firme cualquiera cosa que sea "lo por venir", antes de que lo tengamos encima. Es muy fácil hablar, por ejemplo, de una película tan mortífera como THE NEON DEMON con las armas y reglas de la crítica común, crítica que se queda antigua al enfrentarse a un vaciado narrativo como éste, que va despojando el relato de significado hasta convertirlo en una metáfora desangrada de una sociedad y unos "asociantes" ensimismados en su reluciente burbuja. No es sólo el mundo de la moda, que me parece una excusa conveniente, sino este Primer Mundo de la imagen distante, tan enfriado y competitivo que puede llegar a creerse poseedor de un derecho incontestable a la destrucción de todo lo que considere una amenaza. Ese papel, el de la joven ascendente que amenaza a esas "viejas" modelos de 23 años, va siendo cercado por los componentes de un sistema que se resiste a desaparecer, y que adopta esa forma que sólo es mostrada al final del film y que tan controvertida parece, la de un desesperado raptor de esencias y de esa vida que parece írsele en el mismo momento que su molde físico no responde a ese reflejo que se pretende vender como, efectivamente, "modelo" a seguir.
Relato de terror feérico, disección quirúrgica del asco existencial del milenio que comienza o broma cegadora para chaqueteros lentejuélicos. Sea como sea, no me parece justo que un director tan personal y poderoso como Winding Refn sea  ninguneado sistemáticamente por quienes ni siquiera tuvieron la suerte de asistir al estreno de PIERROT LE FOU. Pero como dice otro: "No escucho y sigo"...
Saludos.

domingo, 7 de mayo de 2017

Rincón del freak #267: Contraportada



Hoy no hablamos en la sección dominical de una mala película, sólo de una película innecesaria. O mejor dicho, de una película que no debería haber sido un remake, porque su intención no corresponde a la intención(alidad) de la serie original, que no sólo aspiraba a poner en imágenes una sólida trama política, sino que denunciaba directamente al propio sistema político, tal y como deberían hacer los periodistas, en lugar del habitual besamanos al que el ciudadano asiste con impotencia. STATE OF PLAY, realizada seis años después, reduce el entramado original a una rutinaria producción de las otras tantas que cada año Hollywood ofrece en su vertiente "seria", y no es solamente achacable a su duración, sino a que esta síntesis pasa por alto dos aspectos que son básicos. Por un lado, la figura del congresista Stephen Collins (un desgarbado, en todos los sentidos, Ben Affleck) desaparece de la primera línea narrativa, y adopta el rol de excusa a la que el guion volverá tan sólo para rematar su atropellada recta final. Pero lo más llamativo es prescindir del nutrido grupo de periodistas del guion original, que otorgaban sensatez a una investigación más que compleja, y todo queda vertido en un Russell Crowe que inicialmente está prometedoramente trazado, pero que no es creíble como superperiodista que puede con todo. Secundan (pero muy secundantes) Rachel McAdams, Robin Wright, Helen Mirren y Jason Bateman, en otros tantos papeles reducidos a notas a pie de página. Y eso, en un periódico, es poco menos que conformarse con la sección de anuncios...
Saludos.

sábado, 6 de mayo de 2017

En portada



Hace casi quince años, cuando El País aún era un periódico respetable y neutral, y a mí me daba hasta por comprarlo, publicó un artículo sobre una miniserie británica que hablaba sobre periodistas y políticos, sobre cómo los políticos se corrompen y lo arrasan todo a su paso, por el poder, por la obsesión de permanecer inmaculados o por simple codicia. Qué papel juega el periodismo, los periodistas, en este reluciente carrusel de herrumbroso mecanismo, es la premisa fundamental que sirve al guionista Paul Abbott para tocar el hueso de lo que creemos intocable y desmontar el magisterio de la burocracia hecha sociedad. En sólo seis capítulos, STATE OF PLAY se erige como un retrato lúcido e inmisericorde de quienes son capaces de hacer cualquier cosa para mantener su cuota de poder, pero también de quienes chocan con la verdad, porque no es tan sencillo publicar la verdad, toda la verdad. Seis capítulos intensos, magnéticos, por los que corre la sangre de los buenos thrillers de antaño, que no se despista ni un segundo de lo que quiere contar, aunque se nos empiece contando una cosa y acabe con esa realidad dándonos en las narices, porque terminamos más confundidos cuanto más claros son los hechos. Un reparto de lujo, con un imponente David Morrissey al frente, y un incipiente James McAvoy, para una serie que se hace ahora más necesaria que nunca. Ahora, que ya nadie compra el periódico, parece imperdonable que no examinemos algunas editoriales y pensemos a qué diablos le estamos votando exactamente...
Saludos.

viernes, 5 de mayo de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #19



La muerte del líder comunista, Enrico Berlinguer, desató una euforia sin precedentes en Italia a mediados de los años ochenta, donde unos se reconocían como afectos, otros buscaban una izquierda más verdadera y algunos aprovechaban para debilitar a los circunspectos democristianos. Berlinguer, que durante toda su vida luchó por descentralizar el comunismo de la Unión Soviética, mirar fraternalmente a China y abrir sus postulados a las grandes empresas, fue un político tan impredecible como apasionado, y siempre defendió la integración en lugar del conflicto, lo que le granjeó más enemigos dentro de su propio partido que fuera. Su repentina muerte hizo que cientos de miles de personas se congregaran ante su ataud, en un catártico funeral que asimismo sirvió para que el Partido Comunista Italiano conquistara las elecciones europeas, su mayor logro hasta nuestras fechas. Ettore Scola, Bernardo Bertolucci, Roberto Benigni y una miríada de personalidades más del mundo del cine decidieron registrar aquel momento que pudo ser único, y desgraciadamente tan sólo se quedó en eso. L'ADDIO A ENRICO BERLINGUER es un documental valiosísimo, a lo mejor por constatar la deriva de una ideología mucho antes de que sucediera, y en directo recoge las intervenciones de intelectuales, políticos y gente de la calle, incapaces de ponerse de acuerdo ni siquiera ante un féretro.
Saludos.

jueves, 4 de mayo de 2017

Vive otro día



TRADERS es una película irlandesa, con no demasiada repercusión, y que parte de una interesante idea que, poco a poco, va cayendo en una inexplicable monotonía, teniendo en cuenta el escabroso material que la sostiene. El argumento gira en torno a los problemas económicos de un hombre al que todo se le ha torcido tras caer en desgracia debiéndole una fuerte suma a un prestamista; entonces aparece un conocido que le propone un negocio tan suculento como descabellado: meter todo el dinero que pueda reunir en una bolsa y concertar una cita con un desconocido para, simple y llanamente, quedar para matarse. Sin reglas, excepto la de que el ganador (evidentemente) se quedará con ambas bolsas. Casi como un híbrido de EL CLUB DE LA LUCHA y un capítulo testosterónico de BLACK MIRROR, TRADERS tiene un par de momentos francamente interesantes, pero pronto cae en la incongruencia al banalizar un hecho, el homicidio consentido, y mostrarlo como un espectáculo visual casi rozando el exhibicionismo más burdo. Una película pequeña, que probablemente va a quedarse sólo en eso. Una lástima.
Saludos.

lunes, 1 de mayo de 2017

Abandonad toda esperanza



GOKSUNG es una película coreana que se pudo ver en el Festival de Cannes, donde su mezcla de horror sobrenatural, policíaco y comedia surrealista, y todo esto apoyado en un diabólico y serpenteante guion, dejó boquiabierto a más de uno de los presentes, cosechando críticas unánimes acerca de la renovación del género de crímenes misteriosos que es la gran baza de Na Hong-jin para mantener el suspense durante dos horas y media que jamás son tediosas, y que logra algo muy raro en estos días: zarandear al espectador hasta que éste no sabe muy bien qué pensar y se siente tan desorientado como los personajes de la trama. Ésta comienza presentando a un oficial de policía bastante inútil, que se encuentra ante una serie de asesinatos inexplicables en la pequeña localidad en la que trabaja. Incapaz de encontrar una pista por sí solo, cede ante los rumores de que una especie de demonio se ha instalado en las afueras y ha tomado la forma de un extraño monje japonés, un hombre seco y huraño que evita el contacto humano. Los asesinatos se suceden y, tras un extraño encuentro con el monje, el oficial siente cada vez que entiende menos lo que está pasando, y que toda la investigación no hace más que dar vueltas, mientras el asesino campa a sus anchas y continúa aterrorizando al pueblo.
Yo no recuerdo haber visto nada parecido antes, no al menos tan audaz. GOKSUNG parece un film gore,  e inmediatamente después lanza una profunda reflexión sobre los límites de la moral, poniendo en cuestión a los verdaderos benefactores y a los supuestos monstruos. Tras un largo e intenso metraje, que nunca pierde el interés, el film desemboca en un impresionante final, en el que nos metemos de lleno en la cabeza del oficial y simplemente nos vemos incapaces de saber quién dice la verdad y quién miente.
Por cierto, contiene la escena de exorcismo más impresionantemente estrambótica que yo haya visto hasta ahora. No se la pierdan.
Saludos.

viernes, 28 de abril de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #18



En 1983, Ettore Scola se embarca en una inclasificable coproducción internacional, LE BAL, con la que llegó a representar a Argelia en los oscar de aquel año. Y hablamos de un film tan arriesgado, tan inesperado y audaz, que cualquier calificativo se queda corto tras su visionado, obligatorio para entender por qué Scola ha sido uno de los directores más dotados a la hora de poner en imágenes un insólito "vanguardismo clásico". Se trata de una película sin diálogos, con un espacio único (la sala de baile del título) y un reparto coral de actores/bailarines, de cuya mano asistimos no sólo a su peripecia personal, sino a la Historia misma del Siglo XX. Nada más y nada menos, porque LE BAL comienza antológicamente, con las mujeres llegando, una a una, a la sala, donde esperan pacientemente la llegada de los hombres, que quizá las inviten a bailar. Y esa sala también existió a principios de siglo, y fue refugio de aquella Francia ocupada, y en los 50 se atrevió a cambiar el vino por Coca-Cola y el baile de salón por el Rock'n'Roll. Y en los 60 se bailaban las canciones de unos chicos de Liverpool, y en los setenta colgaron una bola gigante de espejos... Quizá les sepa a poco, a lo mejor lo único que ven es una coreografía que habría firmado el propio Jacques Tati, pero no exagero si digo que esta película es hermosa y emocionante, que es más vanguardista que muchos trabajos así catalogados por la oficialidad, y que Scola, una vez más, demuestra que la medida del hombre moderno cabe toda en una sala de baile, y que se expresa en la soledad de un rechazo o el anhelo de una invitación...
Extraordinaria, maravillosa película. Véanla si pueden.
Saludos.

miércoles, 26 de abril de 2017

Al interior...



Hoy y mañana vamos, para variar, con dos de las mejores películas que he visto últimamente, y que ya tenía ganas de comentar. La primera, THE AUTOPSY OF JANE DOE, triunfante film en el exilio del noruego André Ovredal, que ya nos epató con aquel espléndido "cazador de trolls", y que otra vez escoge un relato repleto de extrañeza, lejos de lugares comunes. Pero, aparte de las sorpresas (que son muchas), es preciso destacar la habilidad de situar toda la acción en un espacio único, una sala de autopsias a la que llega el cadáver de una joven, que ha aparecido extrañamente en el sótano de la casa donde un matrimonio de ancianos ha sido asesinado. El policía que lleva el caso necesita el resultado de la autopsia al día siguiente, ya que la joven de momento es inidentificable, por lo que el encargado de las autopsias, que también es dueño de la funeraria, acepta quedarse toda la noche trabajando junto a su hijo, que hace las veces de ayudante. Sin embargo, el avance de la autopsia irá descubriendo un secreto aún más terrible que la muerte de la propia joven.
Con dos estupendos actores (Emile Hirsch y Brian Cox) y una actriz cuyo trabajo consiste simplemente en quedarse tumbada y quieta, Ovredal despliega un relato de suspense que no estalla hasta bien avanzado el metraje, y que obtiene sus mejores momentos precisamente de los crípticos detalles que va despejando la autopsia, y que sin embargo baja la intensidad cuando llegan los inevitables sustos del tercio final.
Una película que se ve de un tirón, entretenidísima y dotada de un dispositivo interno honesto y potente, y que confirma al noruego como uno de los directores de género más interesantes del viejop continente. Nosotros vamos a seguir siguiéndole...
Saludos.

martes, 25 de abril de 2017

Nuca de erizo



Cuatro años antes, en 2001, Bill Paxton había debutado en la dirección con una película que merecería, ahora más que nunca, una revisión a fondo, por lo audaz de su propuesta y la gran cantidad de imitadores que han llegado hasta nuestros días, haciéndonos creer que eran originales. FRAILTY es una cinta que es difícil ubicar en un género, porque tiene la apariencia de un film de terror, pero su sugerente narrativa nos lleva directamente al cine negro clásico, y su diabólico guion consigue que dudemos en todo momento de qué estamos viendo con exactitud, ya que esa es la sensación principal, y de donde Paxton, que se reservó un personaje principal, extrae su virtud máxima: mantenernos en un estado de tensión constante. La "historia" (por así decirlo) comienza con un desconocido que llega a la oficina de un oficial del FBI que investiga desde hace años a un asesino en serie llamado "La mano de dios", y empieza a contarle los detalles por los que sabrá que la identidad del asesino es la de su hermano pequeño, partiendo desde una traumática y horripilante niñez, en la que su padre, enloquecido tras la muerte de su esposa, cree tener el don de identificar a los demonios con apariencia humana, para darles caza y asesinarlos a sangre fría y delante de sus hijos. Es a partir de ahí que el espectador se encuentra en una disyuntiva especialmente complicada ¿Debe creer el relato contado en pasado? Y de no ser así ¿quién es realmente este hombre que cuenta todo esto tantos años después? FRAILTY es una película cruda y espeluznante, que destapa las miserias del extremismo fanático-religioso, y al mismo tiempo desestabiliza los cimientos mismos del relato clásico de suspense, presentando personajes complejos y atormentados, y retándonos a que descubramos si finalmente no lo habremos imaginado todo... O no.
Lástima que Paxton no tuviese más oportunidades de demostrar que, además de un estupendo actor, también sabía dirigir con un irrechazable aroma a clásico de los de antes.
Saludos.

lunes, 24 de abril de 2017

Bajo par



Dos sucesos, muy diferentes entre sí, me obligan a hacer esta entrada, que a fuerza de ser postergada, ha hecho coincidir la noticia triste con otra absolutamente maravillosa. Hace sólo unos días, fui testigo en la soledad de la madrugada de la histórica victoria de Sergio García en el Masters de Augusta. Para los que el golf se la suda (que será la mayoría), digamos que es el equivalente a que el Villarreal gane un año la Champions, y no porque García no sea un estupendo golfista, sino porque ha tenido que sudar lo suyo para llevarse, al fin, un major. Por otra parte, hace un par de meses me enteraba de la desaparición de un tipo que siempre me ha caído particularmente bien y que también tuvo que esforzarse una barbaridad para lograr cierto reconocimiento en Hollywood. Moría, inesperada y prematuramente, Bill Paxton; un actor que apenas tuvo papeles protagonistas, que quedó encasillado como "ese actor resultón" y que normalmente siempre estaba bien, hiciese lo que hiciese. Y Bill Paxton dirigió también dos películas, una muy oscura y otra muy luminosa, y curiosamente las dos, tan diferentes entre sí, revelan a un director maduro, seguro de lo que quiere contar y cómo va a hacerlo. En 2005, la Disney lo reclutó para que llevara adelante un curioso proyecto, la recreación de la que sigue siendo, más de cien años después, una de las gestas más grandes del golf de todos los tiempos: la victoria en el U.S. Open de Francis Ouimet, un joven de extracción humilde, que con sus veinte años apenas había pasado de ser un ignoto caddy y que venció nada menos que al mítico campeón británico Harry Vardon, y todo ello sin experiencia en ningún torneo y con un niño como caddy, el no menos mítico Eddie Lowery. Con una historia así sólo se pueden hacer dos cosas, una bazofia infumable o una película maravillosa, y Paxton, a mi juicio, filma la mejor película sobre golf que he visto nunca. Una película de Disney, sí, pero no se nota; con un tiempo narrativo entretenidísimo, que apenas decae, con excelentes actuaciones por parte de Shia LaBeouf, Stephen Dillane y el joven Josh Flitter, entrañable como el propio Lowery. Una película que recomiendo incluso a los que abominan de un deporte tan hermoso como el golf, y que, basada en el también imprescindible libro de Mark Frost sobre este extraordinario hecho, parece tocada por el halo de un Frank Capra contemporáneo... Bueno, quizá esté exagerando, pero la peli es mu bonita...
Y mañana la otra.
Saludos.

domingo, 23 de abril de 2017

Rincón del freak #266: Posesión intrascendente



J. T. Petty, al que hemos seguido la pista convenientemente, podría ser un director de cine muy grande, a lo Sam Raimi, pero en grande. Es más inteligente, más incisivo, más original y arriesgado, pero suele pinchar en hueso cuando lo tiene todo para pasar de "director de culto" a ir un paso más allá, por eso sus películas apenas las ven festivaleros incondicionales. HELLBENDERS podría haber sido muy grande, una versión punk de los Cazafantasmas, al tiempo que una irónica revisión bufa de la insoportable oleada que cada temporada sufrimos de films de posesiones demoníacas, exorcistas con patillas y poseídas con camisón. Pero es una auténtica pena, porque cada aspecto que Petty inculca en su favor se le termina volviendo en contra. Está claro que se trata de un film de bajo presupuesto, pero que tiene algunos intérpretes de altura, como el gran Clancy Brown, Clifton Collins Jr., el genial Andre Royo o el siempre interesante Macon Blair. La putada es que el guion, los diálogos, las interpretaciones, están soberbios, pero algo no encaja, como la ensaladilla en un bar de copas; todo parece estar rodado con premura, excepto las tres o cuatro imágenes icónicas (como la que ilustra el post) a cámara lenta, con rock industrial a tope, muy guay todo, pero falla la puesta en escena, que se queda en telefilm barato, y una idea tan arrogante hubiese merecido un mejor acabado. Estos son los Hermanos Augustinos de la Orden del Santo Infierno (o algo así), cuyo propósito es llevar una vida de pecado absoluto para, seguidamente, ir en busca de los demonios que afligen a la humanidad, dejarse poseer por ellos y rajarse el cuello, morir e ir al infierno, pero arrastrando con ellos a la entidad demoníaca... No me digan que no está chulo como idea, y más aún cuando descubren que uno de los Dioses Antiguos escandinavos, el poderoso Surtr, ha llegado para abrir las puertas del infierno y destruir (¿otra vez?... sí, otra vez) nuestro planeta.
En fin, yo lo aviso, luego ustedes la ven si son curiosos y me cuentan. Igual hasta les gusta.
Saludos

sábado, 22 de abril de 2017

El espejo roto #12



Y, bueno, aparcamos de momento la serie BLACK MIRROR (me reservo el especial de Navidad para más adelante) con uno de sus capítulos más incomprensibles y extraños. A simple vista, y sin querer destacar mucho sobre propuestas similares dentro de la misma serie, Hated in the nation podría haber sido un estupendo largometraje, o incluso una serie en sí misma, pero como capítulo independiente es decepcionante, se hace interminable (y no lo achaco a sus 90 minutos de duración) y es bastante aburrido. Una supuestamente apasionante radiografía de los haters (subraza de gilipollas con demasiado tiempo libre), que aquí llevan al extremo su actividad de descalificación pública, ganándose que alguien se tome la justicia por su mano y los asesine uno a uno. Ya digo, el planteamiento te hace revolverte en el asiento, pero dura poco; la cuestión moral está pobremente desarrollada y deriva en un mediano thriller, de los que en esta misma década hemos visto mejores ejemplos. Un capítulo ambicioso, que se apoya en el talento visual de James Hawes (Penny Dreadful, Doctor Who...) y la presencia de la estupenda Kelly Macdonald, pero cuando uno lleva una hora viendo la función apenas puede hilar cómo empezó con cómo presumiblemente acabará.
¿Esperaremos una cuarta temporada?... Pues por supuesto...
Saludos.

viernes, 21 de abril de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #17



Hay una película en la filmografía de Ettore Scola que elevó su figura a la de los grandes nombres de la cinematografía italiana, que le permitió un reconocimiento mayor en su propio país y le abrió la posibilidad de elegir él mismo qué guiones le eran mejores para dirigir. Y no es una afirmación vana, IL MONDO NUOVO (que aquí se conoció como el libro original, LA NOCHE DE VARENNES) es un monumental fresco que ilustraba los entresijos de los últimos días de Luis XVI, su huida de incógnito y posterior apresamiento y ejecución. Tras recrearse en la anarquía instaurada en París tras la deserción, el film se centra en el viaje en sí, donde el monarca y su consorte comparten un carruaje junto a Restif de la Bretonne, Thomas Paine, la condesa de la Borde y un señor que pasaba por allí, un tal Giacomo Casanova, y que parece ser el único que es capaz de asimilar los acontecimientos con lucidez y una evidente pesadumbre. Más que un film histórico, lo que Scola propone, a partir de la excepcional novela de Catherine Rihoit, es una reflexión sobre el significado de la revolución misma, no ya si fue tan gloriosa como podríamos suponer, sino en qué ha influido en un mundo actual que tan poco ha cambiado en sus aspectos más esenciales, lo que queda perfectamente reflejado en el crudo y chocante final. Una película que contó con un elenco irrepetible, Mastroianni, Keitel, Barrault, Brialy, Schygulla, Piccoli; una esplendorosa fotografía a cargo de Armando Nannuzzi; una partitura memorable de Trovajoli y una mención especial para Sergio Amidei, coguionista junto al propio Scola y que falleció durante el rodaje. Una de esas películas que yo considero imprescindibles para poder hablar con propiedad de otra transición, la de aquel "viejo" cine que tanto esfuerzo costaba llevar adelante y el modelo de producción independiente, del que Scola, por grande que fuera el presupuesto que manejara, jamás se desentendió.
Saludos.

jueves, 20 de abril de 2017

Los buenos contra los malos



No hay (nunca mejor dicho) que llamarse a engaño con DENIAL: con un documental hubiera bastado. Todo lo demás, Rachel Weisz, Tom Wilkinson, Timothy Spall, Andrew Scott (atención a este muchacho), suponen una gran lección de cómo los intérpretes son capaces de superar al director, en este caso el veterano Mick Jackson, tan encorsetado y conservador como siempre. Y es que aquel juicio que enfrentó al negacionista Davis Irving y a la escritora Deborah Lipstadt, hace poco menos de veinte años, daba para bastante más que un típico drama judicial, tan típico que ver a la Weisz haciendo footing o a Wilkinson bebiendo vino en un vaso de plástico se podrían considerar "licencias artísticas". Y luego está ese actor inmenso, inacaparable, que es Timothy Spall, cuyo dominio de la atmósfera queda, desgraciadamente, a merced del anodino y telefílmico desarrollo de esta película, que vuelve a pecar de ese mal de alturas llamado realidad, y que la deja como un trabajo correcto, higiénico y fácilmente olvidable... Ah, y lean a Irving si quieren saber cómo se puede ser erudito e imbécil al mismo tiempo...
Saludos.

miércoles, 19 de abril de 2017

El espejo roto #11




Sin ser desdeñable, el episodio titulado Men against fire puede que sea el más flojo de esta tercera temporada de BLACK MIRROR. Un instrumentalizado juego de equívocos al que se le coge el truco demasiado rápido, y que finalmente tampoco supone una gran revelación que no hayamos visto antes. Todo el interés se centra en los primeros minutos, que nos trasladan a un lugar en guerra (sospechosamente balcánico), donde unos soldados parecen ser la única esperanza de los lugareños, solo que en lugar de ser atacados por otro ejército lo son por unos extraños mutantes, las "cucarachas", que les roban la comida y transmiten enfermedades. La premisa es convincente, y Brooker pretende hacernos creer que veremos un típico film de terror, con criaturas horrendas y abundante hemoglobina, pero, pasados unos minutos, la historia da un giro radical y se centra en la figura de un soldado que sospecha que, quizá, los enemigos contra los que luchan no sean exactamente las "cucarachas", e incluso que la realidad misma sea completamente diferente a su día a día. La moraleja, más simplona y pedagógica que en episodios anteriores, nos dice que desconfiemos de las verdades absolutas, al tiempo que ejerce una cierta (y certera) crítica sobre esos colaboradores internacionales que tanto "bien" hacen en zonas de conflicto.
Un capítulo entretenido, pero olvidable.
Saludos.

martes, 18 de abril de 2017

Por una historia importante



ANTHROPOID es una película de esas que no se comprende cómo se deja lo que se deja y en manos de quien se deja. Una recreación estúpidamente acartonada de la operación que la resistencia checoslovaca maduró durante largo tiempo para asesinal al tercer hombre más poderoso del régimen nazi, Reinhard Heydrich, el infame "carnicero de Praga". Los hechos que se abordan son tan apasionantes y ricos en matices, dan para realizar varias películas diferentes, sean más bélicas o políticas, reforzando la acción o los diálogos, que sigo sin entender qué diablos quería contar Sean Ellis, que muestra poco de las magníficas CASHBACK y METRO MANILA, y se pierde sin poder encontrar el tono adecuado y el equilibrio entre vericuetos sentimentales que no le interesan a nadie y que acaban por desmontar lo que hemos venido a ver, que es la susodicha operación. Ellis, que tiene un par de cortos estupendos, parece perdido entre tanto metraje de relleno, y apenas salvan la función dos actores que sí están a la altura, Cillian Murphy y Jamie Dornan, pese a verse en más de una situación que juguetea peligrosamente con el ridículo.
Me atrevo a pensar que ni siquiera habrá contentado a exégetas del género, entre los que no me encuentro. Pero aprovecho para hacerles un par de recomendaciones y poder comparar calidades. OPERATION: DAYBREAK, de Lewis Gilbert y, sobre todo, la magistral HANGMEN ALSO DIE, dirigida por un tipo llamado Fritz Lang y con guion de un tal Bertolt Brecht...
Saludos.

lunes, 17 de abril de 2017

El espejo roto #10



En San Junipero, cuarto episodio de la tercera temporada de BLACK MIRROR, se hace absolutamente necesario no desvelar prácticamente nada de su magistral guion, que lo convierte en el mejor y más grande de toda la serie, y un hito en la televisión reciente, que debería haberlo encumbrado como un clásico instantáneo. Será por ese inicio que nos lleva a otro tiempo y otro lugar, los ochenta de las películas de John Hughes o Landis o incluso Spielberg; pero intuimos que esto es otra cosa cuando vemos a la apocada Yorkie totalmente desorientada, entrando en el bar de moda de ese sitio donde sólo parece haber diversión y gente joven ¿De dónde ha salido? ¿Quién es? Y sobre todo ¿por qué va a volver al otro día, y al otro y al otro? Yorkie conoce a Kelly, se gustan, se enrollan, pasarán un buen rato juntas. Pero algo se sale del guion, quizá algo que nos será desvelado en su momento justo, ni demasiado tarde ni demasiado pronto; una revelación que es la que dota a esta joya de su incalculable dimensión, que nos coloca como seres humanos ante una última y dolorosa cuestión, y que puede contarse incluso con la apariencia de una inofensiva comedia romántica ochentera, porque no podremos escapar de ello, ni siquiera buscando el amor en algo que quiere parecerse a la eternidad...
Saludos.

sábado, 15 de abril de 2017

El espejo roto #9



Con Shut up and dance, puede que Charlie Brooker nos desplace, por primera vez, hasta aquel glorioso capítulo inicial, el del cerdo y el ministro, para desplegar nuevamente una crítica terrible, no tanto hacia los terrores tecnológicos, sino más bien lo que la tecnología nos puede ayudar a descubrir, aunque puede que no estemos preparados para verlo. El capítulo es un gigantesco McGuffin, que por lo tanto es preciso no desvelar demasiado, y que básicamente presenta a Kenny, un retraído joven que trabaja en un local de comida rápida y que es reiteradamente vejado por sus compañeros. Sin querer ni poder ir mucho más allá, lo que vemos es a Kenny frente al ordenador de su casa iniciando una típica sesión masturbatoria, pero que se ve interrumpida por unos extraños mensajes, que le convencen de que está siendo observado y grabado, y que si no realiza una serie de acciones, a cual más estrambótica, todo lo que ha estado haciendo será difundido.
El valor de este capítulo, más allá de lo que cuenta, es el diabólico giro final, capaz de sorprender al espectador en el peor sentido de la palabra, puesto que demuestra que nuestra percepción puede ser alterada y nuestras convicciones puestas a prueba, De hecho, a mí me dejó bastante mal cuerpo, ya que su motivo principal, que no desvelaré, es algo que es muy superior a mí, y con lo que no puedo mostrarme de ninguna manera que no sea una repugnancia íntima y profunda... Y ahí lo dejo.
Saludos.

viernes, 14 de abril de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #16



En 1981, Scola volvió a lograr una nominación en Cannes por PASSIONE D'AMORE, la adaptación de la novela "Fosca", cumbre de la scapigliatura del XIX y escrita por Iginio Ugo Tarchetti, un maldito más que reivindicable por la insobornable modernidad de sus (escasos [murió con apenas treinta años]) textos.
Se nos cuenta la historia del Capitán de caballería Giorgio Bacchetti, que desdeña a las mujeres por el amor de una sola, a la que sin embargo no puede amar libremente por ser casada. Destinado a una pequeña población apartada, se ve arrastrado por los convencionalismos castrenses hasta la casa de su Coronel, donde es poco menos que obligado a hacer de acompañante de Fosca, prima del mismo, una mujer que vive apartada de la sociedad por su aspecto poco agraciado y un carácter más que complicado, que oscila entre una fúnebre melancolía y repentinos ataques de histeria. Giorgio pide insistentemente el retorno al Piamonte, con tal de librarse de Fosca y volver junto a su amada, sin embargo, de manera casi sobrenatural, un lento e implacable cambio parece operarse en su interior, viéndose arrastrado al decadente mundo interior de esa mujer, que parece la muerte misma.
Scola filma aquí una película "viscontiana", de apabullantes localizaciones puntuadas por la fotografía de Claudio Ragona y con ese gusto por los parlamentos largos y las escenas elaboradas, para acercar esta tremenda obra, muy desconocida fuera de Italia y que contaba con un trío protagonista más que estimulante: la sugerente Laura Antonelli, el actor francés Bernard Giraudeau y Valeria D'Obici, actriz de físico anguloso que interpreta magistralmente a la Fosca del título, con la que Scola logra, literalmente, poner rostro a la enfermedad y el abandono. Una de las películas más oscuras de su autor, pero también una de las que mejor ha soportado el paso del tiempo.
Saludos.

jueves, 13 de abril de 2017

El espejo roto #8



Playtest es un episodio aparentemente anómalo, como si perteneciese a otra serie, aunque sea identificable por la cuestión de tecnologías avanzadas, que le sirven al prometedor director estadounidense Dan Trachtenberg (ahí está 10 CLOVERFIELD LANE) para poner en imágenes un estado mental alterado, no sabemos si a consecuencia de la experimentación con una realidad virtual avanzada o si realmente lo que se nos presenta como la "realidad" del protagonista no son más que retazos de recuerdos que han quedado en su cerebro. Y no debería contar mucho más, porque destrozaría la trama, pero básicamente su argumento comienza introduciendo a un joven norteamericano que se marcha a Inglaterra en busca de algo de libertad, y que tras conocer a una chica se presenta como probador de un juego de realidad virtual de última generación, un proyecto tan secreto que le obliga incluso a firmar un contrato de confidencialidad. El juego, que no parece nada del otro mundo, sitúa al jugador en una típica "casa del terror", donde se supone que todo lo que ocurra será generado espontáneamente por él mismo, siendo asaltado por sus terrores más íntimos.
La idea es interesante, pero el desarrollo se torna algo cansino y repetitivo, e incluso me parece que desaprovecha flagrantemente la posibilidad de un giro definitivo y brutal, quedándose en un tibio manual de dirección solvente y menos arriesgado de lo que parece proponer en un principio, pero tiene un par de momentos inquietantes, justo cuando parece más un film de terror que lo que acaba siendo.
Saludos.

martes, 11 de abril de 2017

El espejo roto #7



Otro de los asuntos pendientes que me ha suspendido todo esto de los premios era volver sobre BLACK MIRROR, una de las series más celebradas, polémicas y estimulantes de los últimos años, una fiesta distópica, con las maldades de las nuevas tecnologías de fondo y que, a medida que se han sucedido sus tres temporadas, se ha ido reinventando con el loable propósito de no repetirse.
Esta tercera temporada ha desnaturalizado el entorno y localizaciones británicas, con tal de buscar una necesaria apertura de miras. Y en este sentido, el ejemplo más claro es el del episodio inicial, Nosedive, una pesadilla en tonos pastel que indaga en un futuro que cada vez nos parece menos improbable, el de una sociedad que no valora a las personas, sino lo que los demás valoran de esa persona, aunque se trate de desconocidos. La tiranía de las cinco estrellas, del pulgar arriba, deviene la paranoia de Lacie por aumentar sensiblemente su cuota de puntos para acceder a una vivienda de mayor nivel adquisitivo, además de poder asistir a la boda de una "amiga" de la escuela, que la auparía hasta un estatus insuperable. Sin embargo, un pequeño incidente en el aeropuerto le impide coger el avión y, a partir de ahí, cada cosa que ocurre le va restando puntos, hasta que deja de tener acceso ni siquiera a los servicios más básicos.
Dirige este episodio el irregular Joe Wright, que logra sin embargo una notable interpretación de la también esquiva Bryce Dallas Howard, consiguiendo el gran propósito del capítulo, que seamos testigos de este mundo virtual que hemos creado, de cómo nos juzgan los demás y cuánto puede llegar a afectarnos el dejar de ser "populares" y convertirnos, por desgracia, en uno más del montón...
Saludos.

lunes, 10 de abril de 2017

Ligero de equipaje



Y, bueno, qué mejor semana que ésta para desintoxicarnos abundantemente de la borrachera de los oscar, borrachera barata, de cerveza en lata y chupitos de agua de fuego...  Y de los títulos que tenía por ahí colgados desde hace tiempo, me ha aparecido 96 HEURES, un thriller a la vieja usanza, que no se anda por las ramas y mantiene al espectador pendiente de lo que pasa en pantalla hasta los últimos momentos, lo que es de agradecer entre tanto aspirante a autor total, la verdad. Se trata de una solvente muestra de cine negro clasicote, que recuerda más a las estructuras norteamericanas que al polar francés, y que crea una creciente atmósfera de tensión que estalla en sus momentos finales, que desgraciadamente no están a la altura del conjunto. Un apabullante Niels Arestrup da vida a un sanguinario mafioso que escapa de la cárcel en la que está confinado, y lo primero que hace es secuestrar al policía que lo atrapó, aunque no sólo para vengarse de él, sino para que éste le confiese quien de su entorno fue el que lo traicionó para terminar en la cárcel y poder controlar sus negocios.
El film, sin ser una barbaridad, es tremendamente entretenido y, pese a algunos problemas para mantener el ritmo, se ve de un tirón y se disfruta, sobre todo si uno es ferviente defensor de los dogmas de Don Siegel. Rueda rápido, piensa rápido y piensa en la siguiente escena...
Saludos.

domingo, 9 de abril de 2017

Rincón del freak #265: Garnachas pendencieras de una dimensión ajena



Una de las razones más flagrantes de mi incapacidad crónica para comprender los recovecos del mercado, de por qué renuncia a la posibilidad de la creación para refugiarse en la producción en serie, es mi refracción a las sagas, entendidas como repetición de normas "blancas" y confortable reducto para el consumidor de imágenes sin tiempo ni mecanismos para efectuar mínimos análisis críticos. Esto, más o menos, es lo que me produce el universo "Harry Potter", que casi puedo imaginar qué me voy a encontrar sin necesidad de ver una sola película. Y reitero que no he visto ninguna, pero por mor de rubricar adecuadamente esto de los oscar (que se me ha cuasi ido de las manos por la longitud), encuentro que había una película llamada FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM, que ostentaba una nominación a mejor vestuario. Y, bueno, las gabardinas y vestidos no están mal, lo que está mal es el resto, una historia simplona y cansina, repleta de muñequitos digitales y gente sin tiempo para dejar de correr y tener una conversación como dios manda. Este es el cine de la prisa, cine Red Bull, cine que enmascara que no tiene nada nuevo que contar con una estridente banda sonora, ojos desorbitados y eso, gente que no para de correr. Esto lo ha escrito J.K. Rowling, lo que me deja un paso más lejos de ponerme a ver algo de Mr. Potter. No creo que me esté perdiendo nada, francamente.
Saludos.

sábado, 8 de abril de 2017

La ley del cassette



Los radiocassettes eran instrumentos extraños, aparatosos, donde cada movimiento, cada acto, iban acompañados de ruidos adicionales, como la manipulación de un robot arcaico. Ni que decir tiene que la experiencia misma de la reproducción de un cassette es algo más cercano a la psicofonía que a la melomanía; no ya por los inacabables ruidos de fondo, sino por las distorsiones en cromo y ferro, e incluso la imanencia infinita del disco original por sobre el fondo de las sucesivas regrabaciones.
MOONLIGHT es una película que resuena exactamente como eso: una canción de Rihanna que contiene ecos de Billie Holiday, pero únicamente porque la cinta ya estaba grabada mucho antes. Ahora, claro, todo sonido es asquerosamente limpio, despojado de imperfecciones, lo que desautoriza al oyente a reivindicar según qué originalidad, ya que ésta no existe si no se está dispuesto a experimentar la ley del cassette. MOONLIGHT contiene trazas groserísimas de Tsai Ming-liang, Wong Kar-wai o, en menor medida, Hou Hsiao Hsien, lo que me lleva a pensar que tras su aparente riesgo apenas hay fervor de alumno aplicado, mucho, y una juntiña de ideas visuales que abarcan sistemas cognitivos tan dispares como el baneo a traición de la serie "The wire", el vaciado estilista de Michael Mann o los estallidos verbales de un Elia Kazan muy menor. Sí, MOONLIGHT pretende contarnos los interiores de un niño que se hace adolescente y luego adulto, su homosexualidad y la incomprensión de un mundo que no hace nada por comprenderlo. Y por debajo de la claridad de manual del director influenciable, nada mejor que acentuar un viaje en coche con el "Currucucú" de Caetano, como si hubiésemos grabado esta película en VHS encima de aquella otra... Sí, hombre... HAPPY TOGETHER...
Así que éste es el oscar a mejor película de este año.
Saludos.

viernes, 7 de abril de 2017

Ettore scola. Un italiano en Italia #15



Es notorio el salto evolutivo que experimenta el cine de Ettore Scola a partir de LA TERRAZZA, de 1980, enloquecido y mordaz retablo de los usos y costumbres más característicos de la sociedad italiana, capaz de lo más noble y, a la vez, lo más bajo. La crítica, en este caso, se encuentra en las incapacidades de un grupo de amigos que se encuentra regularmente en la terraza del título, donde se celebran inacabables fiestas y donde convergen para fomentar unas relaciones que en realidad tienen más de artificio que de otra cosa. Scola divide la película a partir de la observación minuciosa de cada uno de ellos y cómo rara vez la cara social se corresponde con la íntima. Con un reparto difícilmente repetible (Trintignant, Gassman, Tognazzi, Mastroianni, Sandrelli, una Carla Gravina inmensa y que ganó el premio en Cannes...), el absurdo entronca con la piedad que el director siempre despliega por sus personajes. Un guionista incapaz de escribir una sola línea desde hace años, aunque tiene el apoyo incondicional de su mujer; el productor, decadente y adinerado, que pacientemente espera ese guion genial, pero que asimismo no es más que un fantasma para su propia esposa; un tipo, bastante irritante, que presume de estar a la izquierda de la izquierda, aunque su vida sea tan convencional y pequeñoburguesa que le avergüence hablar de la misma; y, por último, el retrato más complejo y conmovedor, el de un viejo político del Partido Comunista que se enamora de una joven que se atreve a llevarle la contraria, desestabilizando su longevo matrimonio y abriendo un interesante debate al espectador sobre la conveniencia del corazón alterado frente a la razón inalterable.
LA TERRAZZA no tuvo precisamente una buena acogida en Italia, donde la mirada equidistante de Scola resultaba muy conservadora para la izquierda y demasiado atrevida para los conservadores, motivo más que suficiente para atender al cine como un arte que trasciende la cortedad de los políticos, y que es capaz de diseccionar toda una sociedad en dos horas y media, que a algunos les parecerá mucho tiempo para observar algo, y sin salir de una terraza...
Maravillosa película.
Saludos.

jueves, 6 de abril de 2017

Profundidad y pesadumbre



He salido con una sensación extraña de ver SILENCE, la última película de Martin Scorsese. Una película agigantada, descompensada, pesada de digerir y con un mensaje oculto que creo que la hace acreedora de un segundo visionado, aunque éste va a tener que esperar por mi parte porque la experiencia es agotadora. No sé si es una buena o mala película, y no sé si he asistido a una de esas revelaciones que el cine ofrece una vez cada tres décadas o al truco cansado de un maestro en su oficio, cuyo intimidante manejo de los resortes narrativos hace que uno guarde cierta cautela antes de expresar un argumento que pueda ser apresurado. Efectivamente, la fotografía de Rodrigo Prieto es estupenda, alcanzando cotas de expresionismo de una perfección intolerable para el ojo acostumbrado al píxel, pero parece raro que fuese la única nominación a los oscar para uno de los trabajos a priori más oscarizables de su autor. Una especie de coalición alterada que incluye un "Kurtz conradiano", el misionero que desaparece en el Japón del Siglo XVII, en plena efervescencia evangelizadora, y del que sólo se tiene la certeza de su apostasía, con tal de evitar las terribles torturas con las que cada cristiano iba a ser amenazado. Por otra parte, tenemos a los dos jesuitas que van en su busca, y cuya fe será constantemente puesta a prueba, aunque sus caminos se separan y, aunque fundamentalmente veremos el periplo de uno, finalmente se ven confrontados, comparados por el cruel señor feudal que los mantiene prisioneros y pretende quebrarlos, que renieguen de su fe.
No esperemos aquí un Scorsese físico, pues no es esa la tarea empleada, sino ceñirse lo más posible al denso y polémico texto original de Shusaku Endo y aislar cada pensamiento, frase o acto buscando, quizá, atomizar, aturdir y aprisionar la entrenada voluntad cinéfila del espectador, derrocar sus convicciones y presentarle una narrativa a la que estamos poco acostumbrados. Lo va a tener difícil SILENCE para persistir en una cinematografía tan sobresaliente, pero prefiero dejar pasar un tiempo y volver a ella más adelante, porque de momento puede que se me haya quedado algo por el camino.
Saludos.

miércoles, 5 de abril de 2017

En el espacio, tampoco nadie puede oír tus gilipolleces...



Desbrozando ya los últimos flecos de los oscar, me encuentro con PASSENGERS, que estaba nominada a mejor diseño de producción (este premio tendrían que explicarlo algún día) y mejor banda sonora, que me horrorizó cuando escuché la terrible composición de Thomas Newman. Y, como vaticiné hace un par de años respecto a aquello de THE IMITATION GAME, al noruego Morten Tyldum lo han seguido llamando de Hollywood, aunque para productos como éste, sucedáneos de dramas de ciencia ficción supuestamente inteligentes, y que se quedan en un subproducto vacío y olvidable. Sin embargo, todo responde a la torpeza del guion de John Spaihts y a la condescendencia de su realizador, que son capaces de destrozar una idea de partida absolutamente fantástica: una nave parte de la Tierra hacia un planeta lejano pero similar. A bordo lleva miles de personas hibernadas, ya que la duración del traslado supera el siglo. Pero la nave choca inesperadamente con un meteorito gigante y queda dañada, por lo que uno de los pasajeros despierta erróneamente... ¡90 años antes!...
Lo dicho, un argumento que, aplicado con inteligencia, podría haber sido una pasada, un drama existencial, claustrofóbico, una indagación sobre los límites de la soledad, o incluso una nueva prueba de ingenio, del hombre frente a la máquina luchando por su propia subsistencia... En lugar de ello, al bueno de Chris Pratt le da un calentón cuando ve a la bella durmiente Jennifer Lawrence y, a partir de ahí, ya tenemos pastelazo romanticón y empalagoso.
¿Lo mejor? el papel de Michael Sheen haciendo de camarero robot, aunque también queda infrautilizado. Luego sale Larry Fishburne y no se sabe para qué, y, pásmense, Andy Garcia cinco segundos al final de la película... Y es que hay cosas que no se entienden por mucho que nos las expliquen...
Saludos.

martes, 4 de abril de 2017

Du-du-a



Comprendo muy pocas cosas respecto a LA LA LAND, y menos en cuanto a su accidentada carrera hacia los oscar. Primero, si le hubiesen dado el de mejor película no hubiese pasado nada, era previsible; en cambio, se lleva el de mejor director, y sigo sin entender nada (el mejor director no hace la mejor película...). Luego, esto no es un musical, es un caramelito repleto de ideas ajenas, desde CORAZONADA a SUCEDIÓ UNA NOCHE, y aliñado con algo (poco) del BIRD de Eastwood o la extrañeza mestiza de TODOS DICEN I LOVE YOU. Demasiados elementos para una historia que se ha contado miles de veces y que necesita desesperadamente transfusiones de desvergüenza, y que de los muy sosos Gosling y Stone obtiene apenas corrección, profesionalidad, empaque, pero no consigo ver esa chispa que te hace removerte inquieto en el asiento y que va a hacer perdurar las imágenes durante, quizá, toda la vida. Es demasiado larga, demasiado irregular, demasiado relamida (estas elipsis no valen, no aportan, sólo endulzan), y además contribuye decisivamente a que esta edición de los oscar sea la que peores momentos musicales nos haya dejado. Simplemente, no puedes hablar de jazz con condescendencia, no delante de quien ame esa música...
Adelante, ahí tenían a su favorita, con metedura de pata y todo.
Saludos.

lunes, 3 de abril de 2017

El amor en paraísos remotos



La película "escondida" en la categoría de habla no inglesa este año, a mi parecer, ha sido la producción australiana TANNA. Quizá por ir sin mucho bombo, por ser una producción de 2015 o por ser, probablemente, la primera película que se ha hecho en la lengua nativa de Vanuatu, un minúsculo país de la Polinesia, además de contar con actores no profesionales, nativos que ni siquiera habían visto una cámara en su vida.
Hubo un momento en el que autores como Werner Herzog y, sobre todo, Jean Jacques Annaud, supeditaban sus obras a unos límites autoimpuestos, en busca de una autenticidad que, en el peor de los casos, solía dar apenas un exotismo vacío. El caso de TANNA es así, una historia de amor simplona, que hemos visto miles de veces, pero que funciona por un par de factores que la salvan del ridículo más absoluto. Primero su espectacular fotografía, obra del también director Bentley Dean, que es capaz de trasladarnos a un paisaje exuberante, mezcla de selva impenetrable y volcanes en constante erupción. Pero más importante es la extremada concisión de su guion, somero y discreto (por lo respetuoso), que nos lleva de la mano a conocer a Dain y Wawa, enamorados pero pertenecientes a clanes rivales, lo que hace completamente imposible su unión.
Una curiosidad para quienes busquen excentricidades elocuentes y mesuradas, y que puede que en un futuro pueda tener cierta veta a explotar, si es que se hace con cautela y rigor.
Se puede ver, y, sí, llegas a acostumbrarte del todo a la desnudez.
Saludos.

jueves, 30 de marzo de 2017

Surfeando por los contornos de la comedia



Siete años tardó la realizadora alemana Maren Ade en ponerse otra vez tras las cámaras tras ENTRE NOSOTROS, película que vi hace ya tiempo y que recuerdo como un básico y soporífero drama psicologista acerca de una pareja que se merecía todo lo malo que le pasaba. Siete años después, tras conquistar el Fipresci en Cannes y tener todas las papeletas para llevarse el oscar en lengua no inglesa, puedo afirmar que TONI ERDMANN confirma que Ade debe usar su tiempo en algunas cosas, menos en madurar sus proyectos. A mí me ha aburrido, y son casi tres horas viendo a un tipo que cree tener gracia ponerse una peluca y una dentadura postiza, mientras su hija soporta estoicamente su acoso y derribo, quizá porque al fin y al cabo se trata de su padre. TONI ERDMANN no es más que eso, una sucesión de situaciones inconexas y de una frialdad sospechosa, pero reconozco que tiene dos o tres momentos que están bastante bien rodados y que, a duras penas, logran dar un poco de sentido a esta estrafalaria mezcla de SOPA DE GANSO, HOLY MOTORS y EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS (la de Lon Chaney). Baste recordar que entre los dientes postizos del principio y el Chewbacca búlgaro del final, disfrutaremos de un estupendo rallador de queso de diseño. La originalidad, una vez más, cobrándose víctimas... Ah, y está previsto un remake norteamericano para el año que viene con Jack Nicholson...
Saludos.

martes, 28 de marzo de 2017

Y siguen viniendo...



EN MAN SOM HETER OVE (UN HOMBRE LLAMADO OVE) era otra de las nominadas al oscar en la categoría de habla no inglesa. Una irregular comedia negra acerca de la figura de un hombre bastante de mandarle a tomar por culo, que luego se va edulcorando hasta los límites de la diabetes y termina tirando por tierra una idea de partida bastante atractiva y que, me temo, debe estar más desarrollada en el libro en el que se basa. El Ove del título es introducido en un arranque que es lo mejor de sus excesivas dos horas, como un tipo quejoso y meticuloso hasta lo indecible, que no duda en tratar a la gente como mierda y que está pensando en hacerle un favor al mundo suicidándose tras ser despedido de la fábrica de transmisiones mecánicas en la que trabaja desde hace 43 años, y así reunirse con su esposa, recientemente fallecida. A partir de ahí, a Hannes Holm le toca reconvertir al personaje que parece salido de "Family guy" y que termine por caernos hasta simpático, y todo a base de unos flashbacks bastante torpones y convencionales. Baste que yo ponga aquí un ejemplo sangrante, el de un viaje que la pareja hace a España cuando ella está embarazada y que al director se le ocurre ilustrar con una canción de... ¡Demis Roussos! El odioso Ove se luce una vez más y critica cada rincón de unos apartahoteles costeros, mientras evita gastar un céntimo sisando del bufet libre... Así son los suecos, los mismos cuyas mujeres ponían los dientes largos a Saza y Landa y como venganza nos vendieron el Ikea... No digo más. Película plana, normal, corriente y olvidable. Sueca de Suecia, vaya...
Saludos.

lunes, 27 de marzo de 2017

Nacidas para "su" gloria



Antepenúltima película nominada a mejor ídem que comentaremos aquí, no en Domingo, y ya es raro. Digamos que nos es servida otra ración de historia real, con sus correspondientes fotos reales al final, aunque con un sentido de la realidad demasiado edulcorado para ser parecido a la realidad, que realmente debe ser otra cosa y no esto. De nuevo una historia de dignificación de los afroamericanos en Estados Unidos, y de nuevo con un elenco de actores y actrices "del Momento". Muy nuevo, pero poco novedoso, lo cierto es que HIDDEN FIGURES es un film realizado con maneras muy clásicas, con todos sus fotogramas muy bien medidos y con un afán por no molestar a nadie que lastra y ralentiza hasta la exasperación sus dos horas largas de duración. Por el contrario, los fans del swing interpretativo, que tanto le deben, sobre todo, a Denzel Washington y Will Smith lo van a disfrutar mientras se tragan sin pestañear inacabables disertaciones sobre física avanzada, trigonometría y meriendas parroquiales. Podría haber sido mucho mejor, pero no habría llegado donde ha llegado; y podría haber sido más aburrida, pero para eso están los sketches ¿no les parece?... Ah, bueno, también habla de lo que hizo John Glenn por el espacio sideral, pero antes de irse...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!