viernes, 23 de junio de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #25



MARIO, MARIA E MARIO puede, debe ser considerada como una película de transición, menor si se quiere, en una filmografía vasta y repleta de momentos fulgurantes. De nuevo escrita junto a su hija Silvia, pretende amasar dos líneas narrativas difíciles de conciliar. Por un lado, la primera hora abarca prácticamente por entero la crisis del PCI, concentrada en mogollónicos mítines asamblearios que harían las delicias de Pablo Iglesias. Por otro, otra crisis, más íntima, la del matrimonio formado por Mario y Maria, que han sido felices hasta que la monotonía se les instaló en el comedor, justo frente a la tele. Otro Mario, amigo en común, comunista amistoso, intenta solazar a la pareja endosándoles un discurso pseudopoliticista que ahí le hubiese venido bien a Santiago Carrillo, pero cuyo efecto no es el esperado, ya que Maria cambia a un Mario por el otro... Y no le va bien a Scola tanto descosido y remendado, y menos prescindiendo de sus impagables golpes de humor socarrón y firmando un tibio panfletito que a lo mejor no era más que una carta despedida a aquel partido, quién sabe...
Saludos.

jueves, 22 de junio de 2017

Jarabuchina mental



No tengo ni la más mínima idea de qué tenían en mente Ben Affleck y Leonardo DiCaprio cuando decidieron adaptar la novela de Dennis Lehane, pero sí sé que se trata de una de esas temibles películas "Frankenstein", compuesta de otros tantos trozos de otras tantas películas, sean conocidas, legendarias o ignotas. E incluso podríamos afirmar que podría ser un lujoso piloto para "Boardwallk Empire", pero no es tan lujosa ni tan ingeniosa; en realidad, LIVE BY NIGHT parece un compuesto artificial, artificioso, que, quizá víctimas de una droga potente, nos daría para decir que es una genialidad, una película de gangsters hecha de la misma manera que la habrían hecho Wellman o Curtiz, con toda esa chulería barroca y fantasmal de quienes miran al revólver de frente y con media sonrisa. Pero no, no puede ser, no puede armarse su discurso, no se sabe si nos están contando CASINO, o CASABLANCA, o de repente ha llegado la trascendencia expresionista de Thomas Anderson para desembocar en unos diálogos sonrojantes, sin ritmo, presentando a los personajes como si fueran invitados de piedra. No sé, lo desconozco, pero para estas cosas tan raras yo tenía un profesor en EGB que nos miraba como Fumanchú y nos decía que nos peináramos, que con esos flequillos todo en la cabeza era una empanada, una jarabuchina mental. Y olía a Álvarez Gómez bajo su chaqueta gris cemento...
Saludos.

miércoles, 21 de junio de 2017

La ebriedad del poder



Hay quien, en un comprensible arrebato simplificador, transcriba el arranque de SUBURRA en una mera parafernalia muy a caballo de los fuegos artificiales sorrentinianos y el cine neomafioso de Garrone. Nada de eso, o quizá un poco, pero no lo bastante como para no saber ver lo que esta estupenda película es capaz de ofrecer por sí misma, que yo he identificado muy al fondo de su trepidante ritmo, que debe ser lo que la ha catapultado en la taquilla italiana. SUBURRA (vulgarismo con el que, desde la época del Imperio Romano, se conoce a los suburbios de más baja extracción social) pone, expone e impone a través de diversas capas narrativas; es notable su coralidad bien entendida, evitando confusiones, y el encomiable trabajo de guion, que no pierde nunca el epicentro alrededor del que se van moviendo políticos y mafiosos, fundamentalmente, y toda la diversa fauna que se ve atrapada en la epidermis ponzoñosa de la corrupción, la extorsión y la lucha por no perder la posición adquirida y arañar hacia arriba, a costa de cualquier precio. Sollima realiza un trabajo de guion centrífugo, haciendo girar a sus personajes, protagonistas o no, alrededor de un motivo único, misterioso, del que sólo sabemos algunos detalles vanos, pero al que ninguno de ellos puede resistirse. Como en una noria diabólica, equidistante, el político corrupto espera que se apruebe una ley en el congreso para medrar aún más en su grupo, pero una noche de sexo y drogas acaba fatalmente, y en su obsesión por no mancharse las manos es extorsionado por el gangster que le ha solucionado el lío, por lo que tiene un nuevo problema del que intentará salir de la misma forma; y entonces aparecen tres facciones mafiosas, que de igual modo van a ir actuando para ser los primeros, quizá los únicos, en sacar tajada del tenebroso proyecto. El hijo del antiguo capo local, salvaje e irreflexivo; un sanguinario mafioso de etnia gitana, que controla a una extensa familia; y un sombrío personaje apodado "el samurái", el único al que todos parecen temer y respetar, por tener contactos en todas partes. Así, todo el film es formalmente giratorio, implicando a cada personaje con el siguiente, y sucesivamente sin que ninguno muestre interés por desengancharse de lo que no es más que una inmensa borrachera de poder; y en último término, parece asomar una extraña moraleja, que no desvelaré, y que viene a advertir que quizá un poderoso sólo puede caer a manos de alguien insignificante, a quien efectivamente no vea venir de lejos.
Tremenda.
Saludos.


martes, 20 de junio de 2017

Empatía no es simpatía



Añadimos otro nombre reciente a seguir en los próximos años. El mexicano Michel Franco, con tres películas espaciadas en los últimos diez años, está intentando un ejercicio de funambulismo que se antoja complicado de mantener en el tiempo, y no sólo porque su propuesta sea arriesgada, tomando temas poco favorecidos y atractivos, sino porque se le atisban muchas influencias, y muy dispares, pero de momento le queda camino para ser poseedor de una mirada que se sepa totalmente propia. CHRONIC es su mejor película hasta la fecha, y aun así, aun ganando el premio al mejor guion original en Cannes, aun teniendo una interpretación memorable de ese gran actor que es Tim Roth, y aun echando un vistazo a lugares donde nadie quiere mirar con una calma encomiable, lo cierto es que Franco, como también ocurre con el "asimilado" Iñárritu o los outsiders Reygadas y Escalante, no consigue que entremos de manera completa en el hermético mundo interior que propone alrededor de la (no)vida de un enfermero, tan volcado e involucrado en su complicada tarea, cuidar a enfermos en su fase terminal, que probablemente toda su vida ha quedado reducida a dicha actividad, y le ha convertido en una especie de fantasma, un hombre que sencillamente no hace nada cuando no trabaja, y del que descubrimos que tuvo una vida familiar, y que seguramente la dejó escapar. Este hombre no es simpático, es empático, y esto es algo que no está bien visto en una sociedad que valora apariencias por encima de aptitudes. Es, con muchas dificultades, lo que Franco ensaya en este acercamiento al cine frío y distante (y también brutal) de Haneke, o incluso con un ojo puesto en Chantal Akerman, pero con una diferencia fundamental: no encontraremos aquí a psicópatas, solipsistas o manipuladores emocionales, tan sólo a un hombre que ayuda a otras personas antes del complicado tránsito hacia la desaparición.
Por cierto, leerán muchas cosas y ninguna positiva acerca de su plano final. Sí, es tan malo y prescindible como parece, una autoconcesión típica de un director poco experto.
Saludos.

lunes, 19 de junio de 2017

Colapso total



El auge que está experimentando el cine coreano en los últimos años no está ni mucho menos constreñido a experiencias autorales, sino que se extiende hasta el cine comercial, desafiando quizá al gigante norteamericano, obligándole a la reinvención constante, porque los coreanos hacen verdaderos peliculones para todos los públicos. TEONEOL (EL TÚNEL) es un film de esos que están tan de moda últimamente, en los que un tipo normal y corriente se enfrenta a una situación límite, en este caso el derrumbe de un gigantesco túnel por el que pasa en su coche, dejándolo aislado del exterior, con toneladas de piedra amenazando con caerle encima, un móvil del que sólo obtiene señal en un punto concreto y un par de botellitas de agua. Kim Seong-hoon, en el que es su segundo trabajo, realiza un film inteligente, que juega con la interacción entre el hombre atrapado y el encargado de sacarle de allí, y de la incompetencia de los políticos, siempre apegados a sus intereses, y de los periodistas, que buscan el titular por encima de todo. Hay que achacarle, si acaso, una duración excesiva, la película dura más de dos horas y es complicado mantener el interés durante tanto tiempo con un entorno tan reducido, lo que la acerca peligrosamente a la monotonía, pero es un film tremendamente entretenido y que mira de frente a cualquier superproducción similar que tengan en mente.
Saludos.

domingo, 18 de junio de 2017

Rincón del freak #273: El desproposalíptico



Hoy, servicio público, del bueno, del que sus vástagos me lo agradecerán cuando crezcan protegidos, al amparo de esta guía dominical del incauto tragafilms. Y, como suele pasar, uno ve el inmediato comienzo de THE QUIET HOUR (magnífico título, por cierto) y jamás de los jamases podría atisbar la bazofia que está a punto de tragarse. Una joven entierra algo, o a alguien, mientras su propia voz en off nos pone en situación: unos extraterrestres han llegado a la Tierra y la han arrasado para poder extraer un mineral... o un gas, o no sé qué leches, que les son vitales para su supervivencia. La chica dice que apenas hay alguna hora al día en la que pueden salir al exterior, ya que el resto perecerían en el acto, así que permanece en el interior de una granja junto a su hermano ciego.
Así contada parece que la ha escrito Shyamalan, por lo menos. El problema es que toda la película, enterita, transcurre entre esas cuatro paredes, con unos diálogos zopenquísimos y dos o tres actores que parecen becarios. Ojo, no es serie B, la serie B es otra cosa, o debe serlo, porque debe ser capaz de transmitir la idea que sea sin que su economía de medios sea un lastre. Pero esto es una tomadura de pelo, poco menos que un trabajo de graduación sin un solo segundo por el que merezca la pena estar atento a la pantalla. Además ¿extraterrestres? Lo único que salen son una especie de naves ahí, a lo lejos, todas iguales, quietas, sin hacer nada...
Terrible.
Saludos.

sábado, 17 de junio de 2017

Solo contra todos



Lo dije no hace mucho y a colación de la buena impresión que me había causado un film tan aparentemente previsible como TREN A BUSAN, y, decidido a rastrear los títulos anteriores de Yeon Sang-ho, todos en un austero diseño de animación, de momento no defrauda. SAIBI (traducido, es algo así como "La falsedad" o "La falacia"), es un salvaje ataque a los fundamentalismos religiosos, que va directamente a la yugular de los desalmados que siguen lucrándose a cambio de prometer parcelitas en el cielo y que además compone un thriller seco, que al contrario de lo que su título indica no regatea al espectador, sino que prefiere confrontarlo desde el primer minuto con su desolador argumento. Empezando por su brutal e impopular protagonista, el antisocial, violento y alcohólico Min-chul, un personaje que podrian haber diseñado a medias Bukowski y Gaspar Noé, quizá el único tipo con la lucidez suficiente para ver que la llegada a su pueblo de una iglesia ultracatólica sólo persigue un fin: quedarse con todo el patrimonio local, aprovechando que el pueblo va a desaparecer para convertirse en una presa y prometiendo una nueva reubicación terrenal, aparte de la celestial, claro.
THE FAKE es una película grosera, concebida en tonos oscuros, tenebrosos, desesperanzados. Con un lenguaje tan soez que incluso llega a parecer gratuito, y algunas escenas no aptas para todas las sensibilidades, por su explicitud física, pero sobre todo por su ataque frontal a los engaños a los que las pseudoreligiones someten a quienes ven en esos charlatanes su única esperanza de salvación. Un film necesario, valiente y que por ejemplo aquí nadie tendría huevos de hacer. Ahí lo dejo.
Saludos.

viernes, 16 de junio de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #24



En 1990, y aún embarcado en las coproducciones con Francia, Ettore Scola rueda una nueva versión de la celebérrima novela de Théophile Gautier "El capitán Fracassa", de la que existe una película muda de 1929, dirigida por Alberto Cavalcanti y con un joven Charles Boyer, y otra mucho más prescindible de 1961, protagonizada por Jean Marais. IL VIAGGIO DI CAPITAN FRACASSA aporta poco al texto original y se limita a seguir las andanzas del Barón de Sigognac, un joven noble que vive en la miseria más absoluta en un castillo en ruinas y con la única compañía de un viejo sirviente, que prometió a su difunto padre que no lo abandonaría. Allí llegará una compañía de teatro, en unas condiciones no menos precarias, y con la que el Barón se marchará a recorrer un mundo del que desconoce hasta lo más simple de la existencia humana. La infortunada muerte del actor principal está a punto de arruinar una lucrativa función en la casa de un noble, pero Sigognac da un paso al frente y, sin apenas saber el texto, improvisa una actuación delirante, de la que tomará el equívoco sobrenombre de Capitán Fracassa.
Participante en el festival de Berlín, no obtuvo demasiada repercusión mediática, y aún hoy sigue siendo de los títulos menos conocidos de Scola, que tuvo aquí la última colaboración como actor del genial Massimo Troisi, que se erige en auténtico protagonista en su papel del comediante Polichinela. Una curiosidad, enteramente rodada en estudio y que merece la pena revisar a quien le gusten las comedias de época.
Saludos.

jueves, 15 de junio de 2017

Una rubia muy fresquita



Ahora que aprieta el calor de lo lindo, qué mejor manera de sacudírselo que dándose un chapuzón en una playa paradisíaca, mientras las olas elevan a los surfistas y los tiburones acechan a su merienda... El comentario no es gratuito, teniendo en cuenta la aversión que mi persona profesa a las grandes concentraciones de agua (mares, océanos, etc...), por lo que aún me sigo preguntando cómo accedí a tragarme THE SHALLOWS, si ya sabía de qué iba la cosa. Y, en fin, recomendaciones de algún bloguero imprudente aparte ¿qué quieren que les diga? Collet-Serra es capaz de filmar algunas escenas de surf muy bonitas, y hacer que el espectador sufra de manera solidaria con la desdichada protagonista, una Blake Lively a la que le sienta bien este rollo playero. La excusa está bien planteada, ya que se trata de una playa virgen por donde no pasa nadie, aunque "casualmente" la chica es estudiante de medicina, con las ventajas que ello ha de acarrearle. No hay spoilers que valgan, la cosa es muy simple, es ver a la protagonista resistiendo a base de ingenio y conocimientos el asedio de un tiburón blanco con muy mala uva. Si uno decide tirar por la credibilidad no hay tu tía, ni los tiburones de ese tamaño se acercan tanto a una playa, ni se quedan tanto tiempo merodeando, ni un bikini tan escueto puede tapar tanto en condiciones tan extremas... Ah, y sale Óscar Jaenada haciendo de sudamericano...
Saludos.


miércoles, 14 de junio de 2017

Una carrera sin meta



Me parece que es inevitable, casi necesario, desgajar las dos películas, las dos historias, narraciones o vertientes que se encuentran en el pulso y corazón de PATRIOTS DAY, la película con la que Peter Berg cuenta el terrible atentado terrorista en el maratón de Boston de 2013, al tiempo que rinde un sentido homenaje a una ciudad que se convirtió en ejemplo de colaboración ciudadana desde el primer momento para dar caza a los terroristas. Ahí, en la construcción formal de este relato expandido, Berg demuestra, una vez más, que está alcanzando cotas de maestría inauditas en estos últimos tiempos, y con la que consigue momentos de brillantez tal que uno no sabe si está viendo imágenes reales (nos consta que algunas hubo insertas) o construcciones ficcionales. Ahora bien, a todo esto le falla la consigna reflexiva, ya que sólo hay una dirección para el discurso sobre el que apoyar la maquinaria, y puede que sea mejor así, puede que sea mejor que alguien que quiere ensalzar los valores de la sociedad norteamericana simplemente lo haga, en lugar de querer quedar bien con todo el mundo. Esto lo manejaban muy bien los grandes maestros clásicos, y su legado lo recogió sin ningún temor Clint Eastwood, con el que Berg comparte su sentido de la dinámica y el no perder nunca la ubicación. Pero es necesario consignar esto y no llevarse a equívocos innecesarios, PATRIOTS DAY es cine de acción con cierto trasfondo histórico, y no al revés, y quienes quieran un discurso más atrevido intelectualmente tienen múltiples ejemplos, pero difícilmente los encontrarán en Hollywood.
Saludos.

martes, 13 de junio de 2017

Con todo el camino por recorrer



STRAY BULLETS es una peliculita evidente, demasiado. El trabajo en cadena de un grupo de amigos para ponerle en pie un temprano debut a un veinteañero, hijo del actor Larry Fessenden, que pese a tener cositas interesantes se queda en un corto alargado, repleto de lugares comunes y homenajes nada disimulados. De hecho, el grueso del film acontece en el interior de un coche, en el que huyen tres tipos tras una especie de atraco que ni siquiera es detallado, y mientras uno agoniza en el asiento trasero los otros dos discuten sobre qué deben hacer ahora... ¿A que les suena una barbaridad? Los personajes no están definidos, la trama es vaga, la tensión nula, y filmar un tiroteo a cámara lenta con el Ave María de fondo es una redundancia complicada de tragar. Todo ello con dos jóvenes alelados, muy alelados, disparando con una pistola de paintball que han sustraído, los muy pilluelos, buscando así la metáfora perfecta, porque "en este juego, aunque sólo quede uno, todos reciben disparos". Por mi parte, espero que el joven Fessenden siga puliendo sus posibilidades en futuros proyectos, no todo el mundo tiene la posibilidad de realizar un largo con su edad.
Saludos.

lunes, 12 de junio de 2017

El cine enfermo



LOGAN es un ejemplo cojonudo de lo que yo entiendo por "película enferma", una película renqueante, rezongona, fofa y casi aburrida de su propia existencia. Ahora bien ¿una mala película? No creo que ambas cosas sean incompatibles, la enfermedad es algo que se sobrelleva como se puede, pero ni dignifica ni avergüenza, simplemente nos hace replantearnos un par de cosas que antes nos habían pasado desapercibidas. En este sentido, hay dos aspectos que sobresalen especialmente: la violencia explícita y la sensación de derrota. Lo primero desmarca a LOGAN de la gran mayoría de films de superhéroes, y la deja más cerca de una realidad en la que cualquiera puede resultar herido, sobre todo con unas garras de adamantium por medio. Luego, Mangold (recordemos, director de la puesta al día de EL TREN DE LAS 3:10) inserta su historia en el corazón de todas las claves reconocibles del western crepuscular (en un momento dado, los personajes ven RAÍCES PROFUNDAS), lo que avisa de su dramático desenlace, donde ya el cómic original en el que se basa no tenía problema alguno en  realzar la estructura de vía muerta, de fin de viaje distópico y alternativo a esos X-men en constante reinvención y siempre jugueteando con su propia extinción. La película es un armatoste, demasiado larga y con la extraña decisión por parte del propio Mangold de no explotar los escasos momentos de catarsis, que pertenecen sobre todo a la imponente al tiempo que patética figura de un Lobezno que conduce una limusina de alquiler y vive en mitad de un desierto junto a un nonegenario y senil Charles Xavier, un espléndido Patrick Stewart, que transmite el enorme vínculo emocional entre maestro y alumno, como si de padre e hijo se tratara. Luego la película entra en la deriva usual de este tipo de producciones y alarga el espectáculo de disparos y miembros cercenados hasta casi las dos horas y media, y este guion tampoco daba para tanto. Aun así, en fin, no descubriremos nada ni seremos más inteligentes, pero es saludable ver de tanto en tanto que hasta los superhéroes pueden caer enfermos.
Saludos.

domingo, 11 de junio de 2017

Rincón del freak #272: Un asunto preocupante en más de un sentido



El asunto que me preocupa hoy no es tanto la ínfima calidad de la película en sí, sino el mantra en el que se está convirtiendo la productora y distribuidora Netflix, una especie de cajón desastre al que se le empiezan a ver las intenciones demasiado pronto y en el que tanto cabe una serie inmediatamente elevada a la categoría de "culto", un documental sospechosamente poco documentado, un telefilm disfrazado astutamente de cine serio o el caso de hoy, una película (y estoy siendo generoso) que parece copiar punto por punto todos los preceptos de los videojuegos, para intentar, supongo, construir un drama de acción. Ese es el problema, pensar que la traslación literal ha de surtir efecto espontáneamente, cuando lo que queda es un enorme e irrecuperable vacío. SPECTRAL, como videojuego que nunca existió estoy seguro de que funcionaría para los consumidores de este tipo de productos, pero su concepto del cine es tan pobre que se limita a mostrar a un grupo de soldados correteando de aquí para allá mientras se enfrentan a... a un... La verdad es que no tengo ni idea de a qué se enfrentan, porque parecían unos fantasmas de saldo, generados digitalmente y que al final sólo parecían tristes borrones moviéndose mecánicamente. Así las cosas, cabría preguntarse qué diablos lleva a dos magníficos actores como Bruce Greenwood y Emily Mortimer a embarcarse en tamaña tropelía... Me siguen hablando del vil metal y eso, y a lo mejor tendré que terminar por creérmelo...
Terrible.
Saludos.

sábado, 10 de junio de 2017

Qué es la pobreza



Una de las ideas más lúcidas que he escuchado viene a decir que es absolutamente imposible ejercer la revolución, llevarla a cabo, si no se está dispuesto a despojarse de todo lo que de accesorio tiene y contiene nuestra vida. Y la vida del hombre moderno es naturalmente artificiosa (bella contradicción), repleta de accesorios, adornos, cosas que solemos elevar a la categoría de iconos a los que adorar a falta de otros referentes más sólidos. De esto va, o mejor dicho quiere ir DEMOLITION, la última propuesta del realizador canadiense Jean-Marc Vallée, de un tipo, no más despreciable que otro cualquiera, que parece encontrar una verdad incontrovertible en su interior tras sufrir un accidente de coche en el que resulta muerta su esposa y él sale completamente ileso. Yo, ustedes saben, odio el tratamiento de "recurso infalible" que el cine suele dar a los accidentes automovilísticos, como si ello pudiera resolver de golpe y porrazo cualquier embrollo irresoluble en el que el guionista de turno se hubiese metido, y aquí Bryan Sipe es incapaz de mantener el pulso visual de Vallée, que le supera en todo momento. está bien que hablemos de la interpretación de Jake Gyllenhaal, que sigue buscando incansablemente su propio equilibrio entre el camaleonismo y la naturalidad, o de algunos momentos bella, sobriamente filmados con la saturación cromática de Yves Bélanger, pero hay algo mucho más importante que todo eso y que deja a DEMOLITION como un film más, quizá con una jugosa etiqueta en el reverso, un distintivo normalizador. Lo que impide que éste sea un estimable trabajo de un estimable director es lo que ya al final el personaje de Gyllenhaal le hace entender al de Chris Cooper, su enfurruñado suegro, que yo seré un poco menos revolucionario si tú eres capaz de serlo aunque sea un poco...
Saludos.

viernes, 9 de junio de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #23



En 1989, Ettore Scola dirigió dos películas. SPLENDOR, dirigida a las salas y de la que hablamos la semana pasada, y CHE ORA É, una modesta producción televisiva con la que Scola mantenía el tándem Mastroianni/Troisi, y que sorprendentemente es uno de los trabajos más redondos de toda su filmografía. Casi filmada en tiempo real, su argumento, sencillísimo, comienza con el encuentro entre padre e hijo; el primero es abogado en Roma, mientras el segundo está a punto de acabar el servicio militar y, licenciado en letras, sueña con dedicarse a escribir. Si alguien me preguntara sobre las mejores adaptaciones literarias en pantalla, esta película estaría en un puesto de honor, aunque curiosamente se trate de un guion original del propio Scola y su hija, Silvia, con lo que ello conlleva de ejercicio catártico. Estos dos hombres mantienen conversaciones banales mientras pasean, comen, beben; palabras de las que el espectador extrae toda una historia, le de dos generaciones que están condenadas a no entenderse cuanto más lo intenten, pero la mano maestra de Scola y sus dos extraordinarios intérpretes es capaz de construir la historia de esta "familia" en completo fuera de campo, y como si de un maravilloso y revelador anticipo de aquel Richard Linklater que hizo pasear tantas veces a Ethan Hawke y Julie Delpy, esta "novela filmada", evitando innecesarios y burdos psicologismos, logra que seamos nosotros mismos quienes descifremos cada intención tras lo que un padre y un hijo no son capaces de decirse sin caer en el eufemismo.
Una delicia, injustamente olvidada y que es un magisterio de economía de recursos para erigir una pequeña obra maestra.
Saludos.

jueves, 8 de junio de 2017

Una sesión agotadora



Coincido en que SPLIT es el trabajo más serio y estimable desde aquellos lejanos tiempos de SIGNS o UNBREAKABLE; una película en la que la forma sí está acompañada de un fondo de verdadera entidad, y en la que subyace (nunca mejor dicho) una doble personalidad que quizá sea su gran debilidad y lo que no permite que este trabajo vuele a mayor altura. Digamos ya que SPLIT es un actor, James McAvoy, enfrentado al reto de mostrar diferentes personajes encerrados en un solo cuerpo sin ningún tipo de modificación corporal, tan sólo un actor y su propio talento para dicha tarea. He ahí lo más interesante del film, aunque esta vez lo que falla es la trama, y por mucho que Shyamalan emplee su consabido truco de la información racionada, llega un momento en el que se pierde la perspectiva y primordialidad del argumento principal, y no se sabe si es más importante el seguimiento para encontrar a las chicas raptadas o el porqué de dicho rapto; si el despliegue de personalidades de Kevin o la lucha interna por controlar a cada una de ellas. En ese sentido, me pareció una decepción ese crescendo que anticipa constantemente a la última personalidad oculta y terrible revelación final, y a Shyamalan le podría haber quedado un film más compacto y retorcido de haberse centrado en las mejores secuencias que filma, las de los encuentros entre Kevin y la psiquiatra, donde llegamos a dudar de si efectivamente el paciente adopta una personalidad o en realidad es otra personalidad haciéndose pasar por otra personalidad... Más retorcido, imposible.
Aun así, buena piedra de toque para que el director de LA JOVEN DEL AGUA vuelva a reinar en esto del "terror inteligente y comercial".
Saludos.

miércoles, 7 de junio de 2017

Apuntes casi a punto



THE VOID es una película que todos los fans del género fantástico/terror/ciencia ficción te van a recomendar encarecidamente que veas, supongo que por cierta carestía que venían sufriendo desde hace varios años, y que apenas plasmaba en obras no del todo redondas, sino compuestas de retazos, apuntes sobre el meollo de lo que verdaderamente había venido a contar. Y lo que venía a contar era, una vez más, el siempre complicado acercamiento al universo creador de H. P. Lovecraft; esa mezcolanza de mitos extraterrenales, sentencias absolutistas sobre la inevitable derrota de la humanidad y horror cósmico, sea esto último lo que sea. El caso es que THE VOID no consigue tampoco aprehender del todo la causa lovecraftiana, y aunque contiene momentos que, sacados de contexto, contribuyen a pensar en su ascendencia, también contiene algunas licencias que la dejan a mitad de camino de tamaña empresa. De hecho, para un espectador avisado podría estar más cercana al cine de John Carpenter, ya que contiene homenajes explícitos a LA COSA, pero también al asedio de ASALTO A LA COMISARÍA DEL DISTRITO 13 e incluso a la tensión narrativa de HALLOWEEN. Se agradece una barbaridad ese esfuerzo en recrear efectos especiales no digitales, en intentar lograr que la inquietud no provenga de la explicitud, e incluso ese ambicioso final, que no me parece tan terrible como he leído y es un interesante ensayo, ahí sí, de un imposible: poner en imágenes a Lovecraft y dar forma a su decadente y abstracto concepto del terror. Una película, en suma, para ver sin prejuicios y que, sin llegar a ser ninguna maravilla, encuentra su lugar en mitad de una oferta que suele repetirse más que el ajo.
Saludos.

martes, 6 de junio de 2017

La danza del león



La otra vertiente de películas que estoy viendo con mi hija pertenece a todo lo que tenga que ver con el fascinante mundo de la danza, donde ella está dando sus primeros e ilusionantes pasos. Y un buen documental, que por cierto aún está en cartelera, es DANCER, arrebatado biopic de Sergei Polunin, inclasificable bailarín, rebelde, capaz de la más frágil ternura y la fiereza más desatada y que se retiró con apenas 26 años, cuando estaba considerado, simplemente, el mejor bailarín del mundo. Esta es la historia de Polunin, desde su miserable infancia en un suburbio de una insignificante ciudad ucraniana; es la historia del terrible sacrificio que hizo su familia para poder costear las clases de un niño con un don especial y que no podía dilapidarse, por lo que todos aportaron, e incluso Sergei no pudo ver a su padre durante los seis años que estuvo trabajando en Portugal. Es una historia de superación, sin victimismos, de voluntad, de trabajo y entrega constante, pero también de la toma de conciencia del propio Polunin de la anchura de la vida cuando obtuvo una beca para iniciar una carrera en Londres. El documental, aun con algunos problemas para cohesionar el tono total de la narración, combina una parte biográfica clara con algunos extractos del bailarín ejecutando movimientos imposibles, al tiempo que entramos en la controvertida personalidad de Polunin, que no tiene ningún problema en admitir que no puede salir al escenario si no es bajo los efectos de una potente combinación de fármacos para poder resistir el exhaustivo dolor. Un tipo curioso, un genio, denostado por sus devaneos apócrifos y quizá menos idolatrado de lo que debiera, con una carrera demasiado corta, aunque brillante como una supernova.
Un documental estupendo para disfrutar la danza, los bailarines.
Saludos.

lunes, 5 de junio de 2017

Un caramelo a la puerta de un colegio



Y me veo un día poniendo mis cinco sentidos en comprender, tomarme en serio y analizar convenientemente TROLLS, la última película con la que Dreamworks vuelve a ensayar lo del discurso propio y el asalto al reinado de Disney/Pixar. Y, una vez pasado el susto inicial, me doy cuenta de que estaba mirando en la dirección incorrecta, la clave estaba a mi lado, en la expresión relajada y satisfecha de una niña de ocho años, el público natural de este tipo de películas. TROLLS es una película que no revela nada que no hayamos visto antes, pero una vez despojada de su estúpido planteamiento argumental es cuando se ve con cierto agrado, ya que visualmente alcanza un grado de abstracción gominolesco que sólo se me ocurre comparar con un viaje de ácido en la California de los sesenta... Básicamente es eso, un interminable trasiego de colores saturados y texturas deliberadamente fluffy, que se contonea al infeccioso ritmo de Justin Timberlake y nos dibuja a una tribu protagonista que vive en una fiesta continua y un optimismo constante. Nosotros sabemos que toda la gente así que hemos conocido a lo largo de nuestra vida lo suele ser gracias a algunos "aportes energéticos adicionales", pero tampoco hace falta cortarle la diversión a los chavalines, y esa está plenamente asegurada en esta elegía al fiesteo y la purpurina, cortesía de unos seres que cagan cupcakes...
Saludos.

Rincón del freak #271: Un despropósito bienintencionado



Hablemos hoy, para rematar este paseo por el continente americano "de arriba", de una película fallida, quizá no tanto por lo que cuenta, y ni siquiera por cómo lo cuenta, sino porque su amaneramiento es identificable desde el primer fotograma. Es un ripio, que se perdona por ser ópera prima, pero a la que un poco más de sencillez le habría venido mejor que su descarada mezcla de visiones, las de los directores a los que Anne Hamilton , lejos de rendir homenaje, embala burdamente en un hato de ideíllas de escasa luz e inspiración. AMERICAN FABLE tiene momentos de humor negro que parecen sacados de los Coen, para seguidamente lanzrse por la vertiente naturalista y contenida de un Jeff Nichols, de quien toma sus paisajes abigarrados al tiempo que abiertos. Pero no es todo, porque también tiene esos momentos Malick, con niños dando vueltas por un patio y esas cosas que a ustedes les gustan tanto, y ya puestos, para rematar, la secuencia onírica de turno, que tiene de simbología lo que servidor de beato, y que uno hubiese emparejado con un David Lynch en horas bajas... ¿Y todo para qué? porque la película apunta a tantos frentes que uno se pierde inexorablemente en esta fabula "desfabulada", con interpretaciones regulares y algunas situaciones directamente mal resueltas. Podría haber sido un ensoñador alegato contra la lacra de los desahucios desde el punto de vista de una niña que ha de madurar a marchas forzadas, o un ensayo sobre si los buenos son tan buenos sólo por ser los damnificados, o si los malos realmente son merecedores de las peores vejaciones. El resultado es desalentador, y por ello apenas merece el beneficio de la duda en vista de una carrera que podría ser prometedora si es capaz de encontrar un camino y una visión propias.
Saludos.

sábado, 3 de junio de 2017

Puto



AMERICAN GIGOLO es, posiblemente, el primer trabajo en el que Paul Schrader lleva a cabo un proceso de libertad creativa íntegra, que curiosamente no había podido desarrollar por la presión de las productoras, que veían en él una especie de "Scorsese en miniatura", una fuente inagotable de "mini taxi drivers"... Y es, aún hoy y pese a las múltiples reivindicaciones que obtiene, una película injustamente tratada, quizá por adentrarse en terrenos moralmente complicados para la acomodada sociedad estadounidense, que traga la vejación sistemática de la imagen femenina pero soporta a medias que un icono de la masculinidad, en este caso Richard Gere, aparezca en calidad de "objeto". De deseo, sí, pero también de desprecio, ninguneo y fatalidad, porque esas son las tres piedras angulares sobre las que se erige el guion ideado por Schrader, que en su primera mitad es casi un tratado hiperestilizado sobre las diferencias entre la prostitución masculina y la femenina, y mucho más si es de alto standing. Schrader perfila a Julian, un ser seguro de sí mismo, que controla su vida hasta el detalle y que no permite que ningún sentimiento interfiera en su imparable ascenso económico; progresivamente, comprendemos que Julian aún tendrá un paso más complicado, que es salir de los círculos de la prostitución, ya que esto le limita a la hora de concretar relaciones sociales sólidas. Es, por tanto, el paradigma de la soledad más irrecuperable, pero que aún tendrá una posibilidad en una mujer que no es otra de tantas, sino que realmente se ha enamorado de él, y él de ella. La segunda parte del film deriva hacia un cine negro vertiginoso tras la incriminación del gigoló en un turbio asunto que ha acabado con una clienta suya asesinada. Así, Julian se ve atrapado por la policía, que le sigue los pasos, la sospecha de que alguien cercano a él le ha preparado una trampa, aunque por motivos desconocidos, y ese objeto del deseo inalcanzable que supone la mujer del senador, que al mismo tiempo puede ser su única tabla de salvación.
Filmada en perpetuos claroscuros, con la fría música de Giorgio Moroder reinterpretando un viejo éxito de Blondie y con un Richard Gere que ya nunca volvería a estar tan elocuente, AMERICAN GIGOLO es un film imprescindible para entender derivas estéticas e ideológicas de trasuntos posmodernos del propio Schrader, que en la actualidad tienen representantes de altura, como Assayas o Winding Refn, y que además es un borrador impagable de ensayo de escritura fílmica, de mestizaje de géneros, y sobre todo de insobornabilidad e integridad frente a la maquinaria de las productoras. U olvídense de todo esto y disfruten de una estupenda película.
Saludos.

viernes, 2 de junio de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #22



Hay un momento en SPLENDOR muy amargo y muy dulce, que sabe a victoria moral, y por lo tanto a derrota. El personaje interpretado por Marcello Mastroianni, dueño del cine que da título al film, ha sucumbido ante las deudas y lo ha vendido a un usurero (un notario), pero sólo le ha puesto una condición, previa rebaja de diez mil liras: que le deje darle un puñetazo en público. La cámara sigue a Mastroianni, Massimo Troisi y Marina Vlady, que ya no son dueños del cine, pero han avergonzado al notario; sin embargo, Scola retrocede la cámara y vuelve al lugar de la agresión, y uno esperaría una injuria, un exabrupto. Nada de eso, los nuevos dueños celebran con champán no sólo la adquisición, sino que son diez mil liras más ricos... Y eso es, en esencia, SPLENDOR, la constatación, ya en 1989, del desmantelamiento del cine, de los cines, tal y como los llegamos a conocer algunos, y como otros no llegarán a conocerlos jamás. SPLENDOR coincidió en tiempo y espacio con la de Tornatore, que fue la que se llevó todos los parabienes; pero ese mismo tiempo ha puesto a cada una en su lugar, y es justo reconocer que hay muy poco de esa sensiblería teledirigida en el film de Scola, y sí mucho de carta de amor y rebeldía. Desde el improbable y tierno triángulo amoroso hasta el microcosmos de esa ciudad de provincias, donde hace mucho tiempo alguien colocó una sábana extendida en la que se proyectaba el mundo y que servía para tapar las soflamas a Mussolini. Momentos cruciales, nostálgicos pero también combativos, porque Scola entiende, por ejemplo, que el cine fue el sustituto de la iglesia, compartiendo incluso sus mismas liturgias, o que el exceso de ocio ha terminado por invocar a la abulia, determinando que ir al cine es inútil cuando el mismo día la televisión programa decenas de películas... aunque no haya tiempo de verlas todas.
SPLENDOR es eso, un pequeño y encantador relato, capaz de tomarse licencias tan grandes como programar un striptease en el intermedio de EL ÁRBOL DE LOS ZUECOS (!!!) o rematar la faena a lo Frank Capra, con el pueblo sentándose por la fuerza en las butacas para detener el desahucio mientras alguien toca la armónica y empieza a caer una nevada de esas que sólo caen en las películas...
Yo les diría que vayan al cine, pero es clamar en el desierto.
Saludos.

jueves, 1 de junio de 2017

X, de incógnita



A punto de cumplir dos décadas de su estreno, me he acordado recientemente de una película que sólo había logrado ver a trozos sueltos, y que por lo tanto no reconocía haber visto aún, pese a si incuestionable popularidad. Resuelto el problema, me quedan muchas incógnitas tras ver, al fin entera, AMERICAN HISTORY X. No son casuales, pues sólo hay que indagar un poco en su convulso proceso de rodaje y posterior montaje, completamente repudiado por su director, para darse cuenta de que no todo el monte es orégano. Intuyo que Kaye, tiene su parte de razón, pero la mayor parte del film exuda un sospechoso aroma a videoclip destinado a impactar como sea, dejando de lado gran parte de la coherencia del guion y mostrando a Edward Norton con un exhibicionismo impúdico, y que este enorme actor no necesita. Aun así, hablamos de una película a la que el tiempo ha dado la razón, porque se deja de rodeos y va a reventar ese grano de pus que es el racismo en Norteamérica, con su vertiente más cruda: el neonazismo. He visto películas superiores sobre el mismo tema, pero pocas más descarnadas y directas, al menos mientras parece que el director británico sujetó las riendas y descargó un puñado de imágenes en B&W que parecen salidas de un cañonazo de expresionismo alemán, sin omitir detalles escabrosos y llamando las cosas por su nombre. Al cabo de estas dos décadas, AMERICAN HISTORY X es una de esas películas que han marcado un antes y un después en la vida de miles de espectadores, la mayoría no cinéfilos; por lo tanto, quizá una de esas "películas para desengancharse", por qué no, aunque no son menos los que se siguen preguntando cómo no le dieron el oscar aquel año a esa bestia parda llamada Edward Norton...
Un clásico contemporáneo con todas las letras.
Saludos.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Cada uno en su jardín



AMERICAN PASTORAL se intuye como una gran, enorme e irrecuperable oportunidad perdida, la de acometer a un gran escritor en la que con toda probabilidad es su gran obra. La novela, para quien no la haya leído, no es sólo una potente y lúcida reflexión sobre el inquietante papel que la madre patria estadounidense ejerce sobre sus habitantes y, por extensión, el resto del mundo, sino que supone un manual de valor incalculable para quien tenga la descabellada intención de dedicarse a escribir. Es, pensando un poco, una narración íntima en lo doloroso y desatada en lo histórico, y ambos aspectos confluyen y maridan sin esfuerzo en el libro de Philip Roth. Y quizá su adaptación cinematográfica hubiese demandado una mano más experta que la del actor escocés Ewan McGregor, que se queda en una aceptable dirección de actores, lo más destacado, pero que se ve imposibilitado para tocar en un órgano tan inmenso, lo que deja esta mordaz epopeya en apenas un dramita familiar, y lo que podría haber sido un título para recordar en una curiosa anécdota. Baste señalar la intrascendencia del prólogo y el epílogo, que quedan desgajados del núcleo central, donde asistimos a diversos intentos de lucimiento de su director y protagonista, mientras Jennifer Connelly y Dakota Fanning hacen lo que pueden por dar credibilidad a unas situaciones exageradamente novelescas. Nos quedaremos sin saber qué hubiese hecho un Jeff Nichols, por ejemplo, pero eso ya pertenece al sinuoso terreno de la especulación.
Saludos.

martes, 30 de mayo de 2017

Placer y locura



Partamos de la base, comúnmente aceptada, de que la novela de Bret Easton Ellis no puede adaptarse al cine, no al menos si se pretende respetar la intención original del autor, que no era otra que acometer un estudio psicológicamente íntimo desde fuera, confrontando el excesivo culto a la imagen con una palabra interior que en ningún momento sabríamo atribuir a un demente o a un lúcido y brillante analista. Así, AMERICAN PSYCHO, la película, es complicada de abrazar desde la adaptación, pero Mary Harron logró un film que funciona con autonomía, y que recoge algunas cosas de la novela, aunque con muchísima menos profundidad. Personalmente, cuando la vi en su estreno me dejó un tanto indiferente, quizá por un exceso de expectativas que no se vieron satisfechas; un segundo visionado me ha revelado una película mejor de lo que la recordaba, con un Christian Bale poseído del espíritu de ese Patrick Bateman, y transmitiendo esa fría locura, que asusta aún más por narrarse desde un punto de vista consciente de la misma. Se han hecho desde entonces muchas películas similares, cada una aportando nuevos hallazgos visuales e intentando dar un paso más hacia una truculencia definitiva, pero convengamos en que hay algo deliciosamente intemporal en un tipo explicándole a dos prostitutas las bondades de esa "obra maestra" llamada "Invisible touch"... A partir de ahí, ya se puede esperar cualquier cosa...
Saludos.

lunes, 29 de mayo de 2017

Ataque podemita



AMERICAN HONEY parece perpetrada por un lobby de extrema derecha para arremeter contra todo lo que en Estados Unidos pueda oler a algo parecido al socialismo democrático y variantes perroflautistas. Ustedes saben, el exceso de entusiasmo suele derivar siempre en absurdos y vacuos artefactos como éste, una impenitente oda a la vacuidad emocional e infantilismo intelectual, que destapa lo que intuíamos en trabajos muy superiores, como FISH TANK, pero que aquí toma el aspecto de un pantagruélico y desmesurado videoclip sin pies ni cabeza. Una película de casi tres horas que comienza aceptablemente, permitiéndonos conocer en un par de trazos el mísero día a día de Star, su protagonista, que no duda en largarse con una troupe de vendedores de suscripciones a domicilio... ¿¿??... (ni pregunten), aunque el trasfondo sigue siendo invariablemente la farra etílica, el perreo rihannero y, claro, unos diálogos que yo recuerdo haber oído en impagables encuentros entre Bertín Osborne y Arévalo, dios gangoso del seudohumor ibérico. Aparte, está Shia LaBeouf metido con un calzador enorme, perdidísimo entre tanta rave. Arnold parece pretender epatarnos, contarnos un Huckleberry Finn moderno, mientras busca "su imagen" en esos parajes desérticos con luz crepuscular, o establece su inocentona crítica al sistema capitalista embriagando a la abúlica protagonista de los plácemes del entramado de urbanizaciones, donde igual da una ultracatólica que un cowboy alcohólico o un extractor de petróleo aburrido. No basta un encuadre, ni una paleta cromática o un momento suspendido en el tiempo que parezca eterno; a Arnold, América se le ha quedado tremendamente ancha e inasible, y su intento, aunque estimable en el esfuerzo, es, ya digo, como si Rajoy le hubiese escrito el discurso a Iglesias. Y como que no...
Saludos.

domingo, 28 de mayo de 2017

Rincón del freak #270: Carestía vampírica e influencia indirecta



Hoy, una película que se resume en unas cuantas líneas, pero que resulta un experimento interesante para pulsar una serie de errores frecuentes en el cine comercial actual. THE SUBJECTS tiene una intención clarísima desde su enigmático arranque: un grupo de gente que no se conoce entre sí acude a un misterioso concurso, que se basa en actuar como conejillos de indias para testar una droga que les convertirá (supuestamente) en superhéroes, sacando a la luz habilidades que se mantenían ocultas. Hasta ahí, esta modesta cinta australiana logra crear una prerrogativa que incita al espectador a desear más de lo que se le ha prometido. El problema es que la modestia no es aquí una herramienta con la que jugar al fuera de campo, sino que poco a poco va adueñándose del fondo, e incluso el guion se torna barato y preñado de tópicos, a cual más sobado. Una pena, porque la idea es estimulante, una especie de tesis sobre los peligros de la modificación genética, pero no hay una sola reflexión aquí acerca de ello que merezca la pena...
Saludos.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Hasta luego, Lucas #8



Apuesto mi falsa colección de figuritas a que nadie reconocería el fotograma que ilustra estas líneas como perteneciente a la saga intergaláctica más famosa de todos los tiempos. Y es precisamente esta anomalía, presente a lo largo de todo su metraje, lo que hace especialmente interesante ROGUE ONE: A STAR WARS STORY, el esperado spin off que, según los entendidos, se sitúa cronológicamente entre los capítulos tercero y cuarto, sean estos exactamente los que sean, que ya es un lío... A mí me ha gustado, porque lo que no tiene sentido es seguir haciendo películas clónicas (el ataque...) para satisfacer el apetito indigesto del ultrafan, despreciando a quienes sólo quieren ver algo que merezca la pena. De acuerdo, ROGUE ONE también habla del Imperio, de los rebeldes, de la "fuerza", los soldados imperiales, la Estrella de la Muerte, los caballeros Jedi y las espadas láser... Entonces ¿qué quedaba? Quedaba otro tratamiento a los mismos temas, otorgando el protagonismo a unos personajes no ya inéditos, sino a los que todo lo que nosotros ya sabemos ni les ha rozado, por lo que el film ideado por Chris Weitz, Tony Gilroy y Gareth Edwards aprovecha su "virginidad" y emerge con mayor cercanía que los episodios firmados por el propio Lucas, y mayormente éstos. Es una peli de aventuras, como aquella con Ford, Hammill, Fisher y todos los demás, y se detiene poco a preguntarse si está siendo coherente con todo el universo de la saga; en cambio, contiene unos diálogos sobrios, una acción creíble y un par de escenas simplemente antológicas, que de haber sido filmadas hace cuarenta años todos estaríamos babeando de placer. Los actores están más que correctos, sobre todo un sorprendente Diego Luna, que mantiene el tipo como si siempre hubiese estado ahí... Pero si no saben a qué escena me refiero, sí, es exactamente ésa, la última, con un pasillo y un señor de negro como protagonistas...
No se la pierdan.
Saludos.

martes, 23 de mayo de 2017

Democráticamente nihilistas



THE PURGE es una franquicia que, si no me equivoco, va ya por su tercera entrega, y de la cual recordaba haber visto sólo la primera, que alternaba momentos impactantes con grandes océanos de aburrimiento y mediocridad. ELECTION YEAR es la última, y no parece que James DeMonaco, autor del guion y la dirección, vaya a cambiar su discurso, porque esto es más de lo mismo. Es decir: gente encerrada en sus casas porque ha llegado la noche de la purga, en la que cualquiera tiene permiso para matar a cualquiera. Punto. La excusa aquí es la fuerte oposición de una senadora a esta práctica, y la ascensión de ésta en las encuestas previas a las elecciones a la presidencia, así que los conservadores, grandes defensores de la purga, urden un plan para eliminar a la senadora en la dichosa noche. Esto, en otras manos, incluso podría haber dado un thriller distópico con cierto interés, pero cualquier atisbo de elaborar un discurso conscientemente crítico con la extraña situación política de Estados Unidos (que es lo que debería haber sido) queda inmediatamente enterrado bajo un festival de disparos, caretas estrambóticas y peleas coreografiadas, que no es mucho a estas alturas. Y la pregunta aparece a los diez minutos: ¿no hubiese sido más estimulante una entrega que dejara la acción fuera de campo y se preguntara por los entresijos y cloacas de los sistemas democráticos que aprovechan a los muertos para proselitizar a una sociedad cada vez más embotada en su propia satisfacción bovina?... Sé que es una fútil y densa aspiración mía, pero por intentarlo no perderíamos nada...
Saludos.

lunes, 22 de mayo de 2017

La medida humana



Nos equivocaríamos de cabo a rabo si comparáramos en manera alguna FRANCOFONIA con EL ARCA RUSA. Ambas, dirigidas por el mismo director, indagan en las vísceras de un museo y también ambas se sirven de ello para elevar una plegaria humanista en favor de la humanidad como creadora de arte, pero también como observadora de ese mismo arte, por el que puede redimir sus pecados y temores. Sin idealismos ni arrogancia, Alexander Sokurov dispersa su complejo discurso en varias direcciones y vías temporales. Por un lado está la carta de amor inacabable al Louvre, más inmenso, hermoso y apabullante de lo que jamás ha sido mostrado en una pantalla; por otro, Europa, un continente en guerra, que sufre la devastación del nazismo y que se convulsiona ante su incierto futuro. Las obras contenidas en los museos, más vulnerables que nunca, son objeto de deseo de los invasores, pero también refrenan sus impulsos destructivos. Sobre esto reflexiona Sokurov con su habitual estilo, entre fantasmagórico y elegíaco, invocando a dos hombres en extremos separados pero que confluyen en la necesidad de preservar las obras tanto como los museos. El director del Louvre, Jacques Jaujard, y el oficial y noble Franz Wolff-Metternich, simbolizan el imposible, la concordia por el arte, quizá una vieja e inalcanzable aspiración del viejo continente; sin embargo, a miles de kilómetros, en San Petersburgo, los cadáveres se hacinan en el inacabable asedio alemán, y esto sirve a Sokurov para relativizar la importancia de los objetos, ambicionar la auténtica medida humana. El director, que se filma a sí mismo en su pequeño estudio, es el hilo y la voz conductora de este impresionante paseo por nosotros mismos, lo que hemos sido sin saberlo, y por ello adopta el mismo tono trágico e irremediable para hablar del holocausto nazi o de un carguero (un arca) que está a punto de hundirse en mitad de una tormenta. Su carga: cientos de obras de arte...
Sólo Sokurov.
Saludos.

domingo, 21 de mayo de 2017

Rincón del freak #269: El rereremake rererefrito con aceite industrial usado



Ni "arte elefante blanco", ni "blockbuster de calidad", ni "puesta al día necesaria", ni hostias en vinagre... Dejémonos ya de tonterías respecto a lo que Hollywood (yo lo sigo llamando así aunque sé que ya no existe, pero es que no sé cómo llamarlo) está haciendo con algunos de los títulos más importantes de eso tan machucado del imaginario cinéfilo. Lo de Antoine Fuqua y Nic Pizzolatto (¡Nic Pizzolatto!... ¿Recuerdan?) en este despropósito lamentable llamado sacrílegamente THE MAGNIFICENT SEVEN es para rellenar los momentos más vergonzosos del cine de entretenimiento. Recordemos que el remake de John Sturges en ningún momento osó mirar a la cara a la obra maestra intemporal de Akira Kurosawa, sino que adaptó el esquema central de aquella barbaridad llamada LOS SIETE SAMURÁIS para construir un film diferente, un western solvente y juguetón, que además ofrecía la oportunidad de ver juntas a algunas estrellas rutilantes. Esto de hoy es otra cosa, una constatación de impotencia creativa, al mismo tiempo que la imposibilidad de dirigir bien a algunos actores excepcionales que hacen literalmente el ridículo. Porque, Denzel Washington aparte, que parece anclado en aquello de TRAINING DAY, no tiene sentido la arbitrariedad y el patetismo con el que van apareciendo Ethan Hawke, Vincent D'Onofrio, Lee Byung-hun o un intrascendente Chris Pratt; aunque el colmo de la torpeza es destrozar el papel de Peter Sarsgaard, que al principio acumula los únicos minutos decentes del film, componiendo un villano temible, a la vieja usanza, pero que termina como todos los demás, engullido por la trituradora de escenas aleatorias, ruidos industriales y efectos digitales sin sentido... No sé, desconozco a qué tipo de espectador puede estar destinado esto, pero sí sé que tragarse sus casi dos horas y media sin cabecear con las cejas arqueadas es sinónimo de insensibilidad dramática. Ustedes mismos.
Saludos.

sábado, 20 de mayo de 2017

El arte de la referencia



Uno de los ejercicios más divertidos y gratificantes a lo que puede enfrentarse un cinéfilo es ahondar en la filmografía de un director al que haya descubierto recientemente. Aún con lo escaso que es su bagaje, lo cierto es que Jeremy Saulnier es uno de los nombres a seguir de esta década desde que una modesta producción, BLUE RUIN, llamara la atención tras su exitoso paso por festivales de medio mundo, y por la gozosa confirmación de su poderoso y personal estilo en GREEN ROOM. Pero el debut de Saulnier se produjo hace exactamente diez años con un film de presupuesto inexistente, levantado rigurosamente gracias a la colaboración desinteresada de sus amigos y familiares (ahí estaba ya Macon Blair) y que atendía al sugestivo título de MURDER PARTY, o la constatación de que con imaginación se puede hacer cine de género fresco, divertido y, en este caso, sangriento y repleto de referencias a una multitud de lugares comunes perfectamente reconocibles para ese cinéfilo irredento al que parece dirigirse el cine de Saulnier. Con una estética que no dista mucho de aquellas infectas teen movies ochenteras, que sólo la nostalgia ignorante ha mantenido como pasables, MURDER PARTY parece una broma, una película hecha para el mero disfrute, pero Saulnier demuestra que llegó para quedarse y que sabe modular sus guiones para lograr diferentes efectos sobre el espectador. De la parodia a la comedia negra, pasando por el giro referencial y autoconsciente y desembocando en una brutal explosión gore que da bastante mal rollo. El argumento no tiene desperdicio: un tipo bastante panoli va a pasar la noche de Halloween junto a su gato, pero una misteriosa invitación que encuentra por casualidad le lleva hasta un apartado lugar donde se va a celebrar una "fiesta sangrienta", y como no tiene nada mejor que hacer se pondrá un disfraz ridículo y allí le esperan unos estudiantes de arte ligeramente "particulares", que planean asesinarle y hacer de ello una obra que les abra las puertas de la alta cultura... Pero lo ingenioso del guion es hacer creíble que un tipo que es carne de cañón no sólo logre sobrevivir, sino que se convierta en un inesperado quebradero de cabeza. Una película que pasa en un suspiro (dura poco más de una hora) y que merece la pena rescatar para olisquear la génesis de este interesante y personal director que es Jeremy Saulnier.
Saludos.

viernes, 19 de mayo de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #21



LA FAMIGLIA estuvo nominada al oscar, en un año en el que estaba Louis Malle, pero ganó Gabriel Axel, y por donde también anduvo Garci... Estuvo también a punto de ganar en Cannes, pero Pialat era mucho Pialat en terreno francés. Donde sí ganó fue en Italia, donde Scola siempre ha sido profeta, y donde esta monumental película sigue siendo, treinta años después, el emblema de ese país contradictorio, pasional, ingobernable y entrañable. Sí, como esa familia que no puede vivir junta ni puede separarse, esa familia que posa a principios del Siglo XX para tomarse una foto en el bautizo del pequeño Carlo, que será el narrador de los avatares de esta familia, la suya, tan nuestra, mientras va creciendo y hasta que ya anciano, el último superviviente de aquella foto, cierre el relato para que reflexionemos si no es en realidad esto y nada más que esto la vida, posar un par de veces, una sin haber vivido nada y otra cuando no te queda ya nada por vivir. Entre medias, los pasillos de esa casa familiar asisten impávidos a esas vidas, esos deseos frustrados, un tiempo suspendido en motas de polvo y que recogen las sonrisas, las lágrimas. Unas escenas que se repiten casi idénticas, que el cine subraya y acentúa , y que dan a cada personaje su tiempo y su importancia.
LA FAMIGLIA es una película, un fresco más bien, entre cuatro paredes, que se erige como manual de guion y dirección de actores, que es evocadora sin resultar empalagosa, y que borra de un plumazo la ñoñería que llevamos sufriendo en este país con imbecilidades como "Cuéntame" o "Amar en tiempos revueltos", que se eternizan en el tiempo para no contar ni la mitad de lo que Scola es capaz de exponer en apenas dos horas.
Obra maestra indiscutible, poco más se puede añadir excepto que su visionado es indispensable.
Saludos.

jueves, 18 de mayo de 2017

La puerta de la fantasía



Hoy es un día especialmente triste, por motivos y noticias que nos recuerdan que seguimos siendo mortales. Por eso me he acordado de una obra maestra llamada TONARI NO TOTORO (MI VECINO TOTORO), que está casi a punto de cumplir tres décadas, y que yo considero el verdadero punto de inflexión en la manera de hacer películas de Hayao Miyazaki en particular y el estudio Ghibli en general. Están aquí contenidas todas las bases de la grandiosa EL VIAJE DE CHIHIRO, menos pulidas y expuestas con mayor candidez y desenfado, pero no es menos cierto que la pulsión vitalista y simbológica reverbera en cada fotograma, ilustrando la muy "carrolliana" peripecia de Satsuki y Mei, dos niñas que entablan amistad con el gigantesco Totoro, una especie de preboste de las buenas costumbres que mora en alguna parte de la naturaleza. Hablar, por ejemplo, de la perfección técnica, de ese acabado hecho a mano, resulta reiterativo aun con la capacidad de dejar boquiabiertos a espectadores de todas las condiciones y edades (lo corrobora mi hija). El verdadero poder del cine de Miyazaki, no nos cansaremos de repetirlo, está en los maravillosos valores que transmite, en su ensalzamiento de la camaradería y el respeto al prójimo, de la necesidad de luchar contra los intolerantes, porque este mundo nunca ha sido suyo. El mundo, tal y como lo ve Hayao Miyazaki, sólo pertenece en puridad a unas personas: los niños. Si no somos capaces de ver eso, de actuar en consecuencia, estamos tan perdidos como realmente parecemos estar...
Véanla, y si es con un chaval al lado mucho mejor... Y escuchen a Soundgarden...
Saludos.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Un juego de mesa



Hoy traigo una película correcta para pasar un rato sin demasiados quebraderos de cabeza. Una secuela que, según dicen, es ampliamente superior a su primera parte, lo que me hace preguntarme sobre la calidad de la misma. Y es que OUIJA: ORIGIN OF EVIL (que así reza su robusto título) narra, poco más o menos, las andanzas de una familia compuesta por una mujer viuda que intenta abrirse paso en la vida y sus dos hijas, con la particularidad de que el guion escrito por el propio Flanagan se desarrolla en los felices años sesenta. Así, el mayor atractivo del film reside en la solvencia con la que se muestran un lugar y un tiempo concretos, algo que viene ensayando con desigual fortuna James Wan, cuyos trabajos parecen inspirar por entero este curioso experimento, que en su primera mitad parece un episodio de Twilight zone, y ya al final se desparrama por los senderos del propio Wan, aunque con algo menos de truculencia. Una película que no molesta ni desagrada, y que es perfecta si llevas tiempo queriendo que tu novia vea una peli de terror sin que a cada momento escuches el vocablo "desagradable".
Saludos.

martes, 16 de mayo de 2017

El azote del GoPro



Sin ser absolutamente nada del otro mundo, THEY'RE WATCHING es un ejemplo preclaro de cómo la forma se ha impuesto al fondo en el cine de género actual, y como una masilla capaz de purificar cualquier imperfección, suple ese vacío de ideas para dar la apariencia de una película más sólida de lo que es. Lo que salva apenas a esta modesta producción es no tomarse demasiado en serio a sí misma y la colección de momentos hilarantes que se derivan de su demencial guion. Un equipo de filmación viaja a Moldavia para realizar un reportaje sobre una escultora norteamericana que ha reformado una vieja casa en ruinas para establecer allí su taller; una especie de "Quién vive ahí" internacional, para entendernos. La película, una vez más, utiliza el manido recurso de la cámara en mano y el rodaje en primera persona para "imbuirnos" en la narración, pero esto empieza ya a ser cansino, predecible y poco creíble. Sirve esto para denunciar por enésima vez a esos guionistas vagos o directamente incapaces, que van copiándose unos a otros sin aportar nada original, y que periódicamente nos traen este tipo de productos sin mucho interés. Y ya digo, la película mantiene un tono semihumorístico, repleto de chistes referenciales que la hacen mínimamente soportable; pero si la intención era desviar la atención para el terrorífico tramo final, eso también lo hemos visto cientos de veces, y mucho mejor rodado.
Saludos.

lunes, 15 de mayo de 2017

El cristal con que se mira



GET OUT es una película que admite varios adjetivos, tales como "atrevida", "perspicaz", "rebuscada" o "inquietante", que la sitúan como uno de los estrenos más esperados de esta temporada. Es, creo, una película que promete mucho más de lo que ofrece, sin ser esto enteramente malo, sino simplemente un film que su director no permite en ningún momento que se vaya a terrenos más excesivos e incontrolables. Curiosamente, parece más una tesis sobre comportamiento humano que un relato de horror, y no es tan truculenta en lo que cuenta, sino que enfrenta cada paso que va dando con la convicción de que cada imagen oculta su reverso oscuro, y que es tarea del espectador ajustar su complicidad para descifrar ese terrible secreto en escalada creciente. GET OUT habla de los conflictos raciales, de un esotérico sentido del supremacismo, pero juega con la percepción del protagonista, que ha ido a visitar a los padres de su novia. Ella es blanca y él es negro, y Jordan Peele se encarga de que sea éste un aspecto fundamental de la narración, para que pensemos en toda la hipocresía que reside tras la corrección política y unas buenas maneras que son la antesala de algo que puede ser incluso peor que un comportamiento racista. Es un film excesivo aunque contenido, al que se le agradece que busque su propia estética en lugar de parecerse a productos similares, y además tiene tres o cuatro escenas rodadas con sorprendente elegancia y madurez para una ópera prima, lo que pone el foco sobre este joven director, del que se puede esperar lo mejor para un futuro.
E insisto, su valor es más cómo te deja pensando sobre algunas cuestiones que el supuesto impacto como cine de terror imaginativo.
Saludos.

domingo, 14 de mayo de 2017

Rincón del freak #268: Imagen perdida o desequilibrada



Terminando con este pequeño repaso a algunas películas que han abordado, en mayor o menor medida, los peligros y subterfugios de la imagen, y como no podía ser de otra manera, lo hacemos con uno de esos ejemplos perfectos de cómo no hay que hacer una película. Y no dudo de que el canadiense Jon Knautz, al igual que ocurriera con su anterior obra THE SHRINE, no tuviera una imagen fija y poderosa en mente cuando concibió GODDESS OF LOVE. El problema es que, pese a tenerlo todo muy a favor, acaba por firmar una desdichada opereta sin pies ni cabeza, que remite vergonzosamente al rompecabezas lynchiano y se queda en un justito blandiporno, muy cerca de los mediometrajes de Playboy. Y hay que ser torpe, porque uno queda inmediatamente fascinado con su protagonista, la explosiva Alexis Kendra, que encarna aquí a una misteriosa mujer, que vive rodeada de amuletos y antigüedades, trabaja por las noches en una sala de strip tease y parece tener un apetito sexual inacabable. Knautz sugiere lo que el mismo título indica, que quizá podamos estar ante una genuina encarnación de la diosa del amor, ya que su nombre (Venus) y extrañas costumbres (beber como un cosaco, fumar grandes pipas de opio y enfrentarse a cualquiera que la incomode) nos dejan preguntándonos quién es exactamente Venus. Su obsesión por un fotógrafo la lleva a una espiral de pasión, celos y remordimientos que parecen estar rozando el desequilibrio mental. El final no es que sea decepcionante, sino que directamente destroza cualquier buena intención que el guion pudiera albergar, y deja una prometedora película de tintes sobrenaturales en una gilipollez sin sentido para caer rendido a las cuatro de la tarde de, por ejemplo, este Domingo.
Avisados quedan.
Saludos.

sábado, 13 de mayo de 2017

Cójase de la nuca. Apúntese el hocico




Atención. O no. KING COBRA parece una broma, un chiste alargado, una ida de olla o el trailer de otra cosa que veremos dentro de un tiempo. Pero no. Cuidado. KING COBRA es una película tan consciente de sí misma que si enumeramos sus detalles, ello no hará más que aumentar la confusión y el miedo a caer en el ridículo de no saber con exactitud a qué diablos nos estamos enfrentando. KING COBRA habla de la oscura industria porno gay estadounidense, que durante años, en la época preinternet, movió millones de dólares, y que lo hizo con unos costes de producción asumibles para un adolescente sin recursos, confiándolo todo a sus imágenes crudas de efebos musculados derretidos entre gemiditos y miradas lascivas. Lo que narra en realidad KING COBRA es el final de esa industria a partir del chocante asesinato de su pope (propietario de la productora homónima), a manos de sus inmediatos competidores, tras la ruptura con la máxima estrella del porno gay, el "mítico" Brent Corrigan. Y Kelly lo filma todo con ese amateurismo que pretende retratar, tomas rápidas, interpretaciones forzadas y un expresionismo de lo chabacano que dan forma a este sórdido poema a lo soez, al amor a la codicia y a un estilo de vida insostenible. Y además lo hace sin omitir un solo detalle escabroso, lo que echará a más e un remilgado para atrás. Y además lo hace con la poca vergüenza de incluir en su reparto principal a viejas glorias ya olvidadas del celuloide hollywoodense más pasteloso. Por aquí verán nada menos que a Christian Slater, Molly Ringwald y una Alicia Silverstone oficiando de extraña y caduciforme milf. Aunque la palma se la lleva el imparable James Franco, que a estas alturas debe ser considerado gran agitador de la escena de su país, y del que ya podemos empezar a esperar cualquier cosa.
Sorprendente y explosiva, no pasará a la historia, porque estoy seguro de que no se lo van a permitir.
Saludos.

viernes, 12 de mayo de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #20



Resulta casi imposible destrozar una película protagonizada por Jack Lemmon y Marcello Mastroianni. Si además, el director de la contienda es nada menos que Ettore Scola, puede que alguien venga y nos tome de un brazo, convenciéndonos de que algo no anda bien por ahí arrriba. Pero cuidado, MACCHERONI es una película facilona y autocomplaciente, que parece abandonarse al regocijo de tener a esos dos monstruos dándose réplica a lo largo de una historia poco original, pero muy costumbrista. El argumento gira en torno a estos dos viejos amigos, uno americano y otro italiano, que se conocieron cuando el primero llegó a Europa para combatir en la Segunda Guerra Mundial. Entre malentendidos, añoranzas, algún amor de juventud y el placer de recuperar tiempos pretéritos, ambos se encuentran "por casualidad" otra vez en Nápoles, y se disponen a pasar una jornada aparentemente placentera. La premisa principal del guion consiste en dosificar la información, para darnos cuenta de que no todo son risas y recuerdos, sino que hay algo amargo en el fondo; y eso es muy de Scola, es cierto, pero la película no termina de funcionar del todo, o quizá sea que el idealismo de ambos intérpretes principales se vuelve en contra de la narración, tornándola en un vacuo ejercicio de nostalgia lacrimógena. No digo, de ninguna manera, que sea un mal film, pero volviendo al principio de la reseña, parecía complicado que no fuese una obra maestra, así que...
Saludos.

jueves, 11 de mayo de 2017

Asesinar la imagen



No sé exactamente por qué, PERFORMANCE siempre me ha parecido una antecesora directa de cada una de las películas que han intentado buscar su camino hacia la "modernidad" a través de la subversión de la imagen. El debut en la dirección del polémico Nicolas Roeg, en realidad fue más un trabajo de fotografía (excepcional para la época, eso sí), mientras que el peso del proyecto recayó en Donald Cammell, director maldito, inconformista y adelantado a su tiempo, que tuvo la insólita oportunidad de elaborar un film con absoluta libertad de movimientos y con la pareja del momento (los detalles escabrosos se los ahorro), Mick Jagger y Anita Pallenberg. Aunque el protagonista era el estupendo James Fox, que interpretaba a un sanguinario y sofisticado gangster, una especie de gentleman mortal e implacable, que usaba la extorsión y la tortura como un puro ejercicio artístico. En la segunda parte del film, las setas toman el control (literalmente) y el film se convierte en un psicotrópico viaje a las profundidades de la razón, mientras asistimos a la fascinación mutua que sienten el gangster y un aspirante a estrella del rock, que en realidad es un traficante y vividor; oportunidad perfecta para que Roeg se luzca fotografiando a Jagger y Pallenberg en bolas y a Fox prácticamente travestido, lo que no deja de ser francamente perturbador.
En mi opinión, PERFORMANCE, aun admitiéndole sus muchas ingenuidades, conserva, casi medio siglo después, un aire suicida que la hace encantadora e irresistible, una locura de yonkis para yonkis, y una oportunidad para observar sus hallazgos reflejados en tantos títulos que apenas rozan eso tan caro de la modernidad...
Saludos.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Atracción y repulsión en ofrenda



Menos truculenta que las dos películas anteriormente comentadas, THE MODEL prefiere centrarse en las inseguridades y transformaciones operadas desde el interior de una joven danesa que se traslada hasta París con la intención de convertirse en supermodelo. Producida por la Zentropa de Lars von Trier, THE MODEL tiene algunos momentos brillantes, de cine elegantemente filmado, como un coqueteo imposible entre LA GRAN BELLEZA y DEMONLOVER, pero resulta fallida cuando intenta concretar una narración cuanto menos coherente. Es decir: ni se abandona a la orgía, como Winding Refn, ni busca los motivos reales de lo contado, como Fosse. Sí, es otra disección del juguete roto, esta vez la inquietante (y demasiado gélida) Maria Palm, que se queda a mitad de camino de su personaje, a veces inocentona y otras rozando el vampiresismo incontrolado. Es una película que se deja ver, que no desentona en el tiempo que le ha tocado respirar y que puede ser el primer paso de relevancia de un joven director que, de tener guiones más magros, pueda ser el eterno aspirante a relevo de una cinematografía danesa necesitada de otras voces.
Saludos.

martes, 9 de mayo de 2017

Una realidad aumentada en paralelo



Reporte sórdido del descubrimiento, auge, estrellato y trágico y repentino final de un efímero destello que, visto hoy con la debida distancia, merece más atención por lo que omite que por lo que cuenta. STAR 80 fue una apuesta personal de Bob Fosse, y más un acto de justicia que de exhibicionismo. Los abismos de la imagen, en este caso los de una playmate, Dorothy Stratten, que fue descubierta en una hamburguesería de Vancouver, aunque quizá por la peor persona posible, el maníaco, arribista y narcisista Paul Snider, tan inflado de sí mismo que en realidad estaba completamente vacío, y cuya vida de derroche se vio truncada cuando Stratten comprendió el error que había cometido casándose con él, una vez que el director Peter Bogdanovich intentó convencerla de que le daría (aparte de otras cosas) una carrera en el cine "serio". Bogdanovich siempre ha sido un cachondo (en todos los sentidos), y Stratten era apenas una cara bonita, un cuerpo bonito y una personalidad demasiado infantil para asimilar ser la elegida de Hugh Hefner cuando Playboy empezaba a buscar asimismo su propia cuota de seriedad. La película, vista hoy, ha soportado bastante dignamente el paso del tiempo, y además de una Mariel Hemingway a la que el papel le venía como anillo al dedo, está la oportunidad de ver al insoportable Eric Roberts haciendo su mejor papel. Verle a él es ver a un chulo de barrio que pretendía hacerse millonario costase lo que costase... y vaya si costó. Y aunque parezca mentira, hay mucho de premonitorio en esta tristemente luminosa película, plagada fracasos y polaroids, sobre todo lo último...
Saludos.

lunes, 8 de mayo de 2017

Corazón fluorescente/Pintalabios de sangre



Esta semana va a ser acaparada, en la medida de lo posible, por un puñado de títulos que, de manera muy subjetiva, he encontrado como ejemplos de los peligros de la imagen en tanto que vampiro de la carne, o meros ejercicios de chamanismo descorporeizante, menos poético y más suicida. Trabajos no demasiado homogéneos, ni siquiera en el tiempo, puesto que lo "moderno", lo desafiante, suele mirar atrás sin proponérselo, precisamente para escribir con caligrafía firme cualquiera cosa que sea "lo por venir", antes de que lo tengamos encima. Es muy fácil hablar, por ejemplo, de una película tan mortífera como THE NEON DEMON con las armas y reglas de la crítica común, crítica que se queda antigua al enfrentarse a un vaciado narrativo como éste, que va despojando el relato de significado hasta convertirlo en una metáfora desangrada de una sociedad y unos "asociantes" ensimismados en su reluciente burbuja. No es sólo el mundo de la moda, que me parece una excusa conveniente, sino este Primer Mundo de la imagen distante, tan enfriado y competitivo que puede llegar a creerse poseedor de un derecho incontestable a la destrucción de todo lo que considere una amenaza. Ese papel, el de la joven ascendente que amenaza a esas "viejas" modelos de 23 años, va siendo cercado por los componentes de un sistema que se resiste a desaparecer, y que adopta esa forma que sólo es mostrada al final del film y que tan controvertida parece, la de un desesperado raptor de esencias y de esa vida que parece írsele en el mismo momento que su molde físico no responde a ese reflejo que se pretende vender como, efectivamente, "modelo" a seguir.
Relato de terror feérico, disección quirúrgica del asco existencial del milenio que comienza o broma cegadora para chaqueteros lentejuélicos. Sea como sea, no me parece justo que un director tan personal y poderoso como Winding Refn sea  ninguneado sistemáticamente por quienes ni siquiera tuvieron la suerte de asistir al estreno de PIERROT LE FOU. Pero como dice otro: "No escucho y sigo"...
Saludos.

domingo, 7 de mayo de 2017

Rincón del freak #267: Contraportada



Hoy no hablamos en la sección dominical de una mala película, sólo de una película innecesaria. O mejor dicho, de una película que no debería haber sido un remake, porque su intención no corresponde a la intención(alidad) de la serie original, que no sólo aspiraba a poner en imágenes una sólida trama política, sino que denunciaba directamente al propio sistema político, tal y como deberían hacer los periodistas, en lugar del habitual besamanos al que el ciudadano asiste con impotencia. STATE OF PLAY, realizada seis años después, reduce el entramado original a una rutinaria producción de las otras tantas que cada año Hollywood ofrece en su vertiente "seria", y no es solamente achacable a su duración, sino a que esta síntesis pasa por alto dos aspectos que son básicos. Por un lado, la figura del congresista Stephen Collins (un desgarbado, en todos los sentidos, Ben Affleck) desaparece de la primera línea narrativa, y adopta el rol de excusa a la que el guion volverá tan sólo para rematar su atropellada recta final. Pero lo más llamativo es prescindir del nutrido grupo de periodistas del guion original, que otorgaban sensatez a una investigación más que compleja, y todo queda vertido en un Russell Crowe que inicialmente está prometedoramente trazado, pero que no es creíble como superperiodista que puede con todo. Secundan (pero muy secundantes) Rachel McAdams, Robin Wright, Helen Mirren y Jason Bateman, en otros tantos papeles reducidos a notas a pie de página. Y eso, en un periódico, es poco menos que conformarse con la sección de anuncios...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!