lunes, 24 de abril de 2017

Bajo par



Dos sucesos, muy diferentes entre sí, me obligan a hacer esta entrada, que a fuerza de ser postergada, ha hecho coincidir la noticia triste con otra absolutamente maravillosa. Hace sólo unos días, fui testigo en la soledad de la madrugada de la histórica victoria de Sergio García en el Masters de Augusta. Para los que el golf se la suda (que será la mayoría), digamos que es el equivalente a que el Villarreal gane un año la Champions, y no porque García no sea un estupendo golfista, sino porque ha tenido que sudar lo suyo para llevarse, al fin, un major. Por otra parte, hace un par de meses me enteraba de la desaparición de un tipo que siempre me ha caído particularmente bien y que también tuvo que esforzarse una barbaridad para lograr cierto reconocimiento en Hollywood. Moría, inesperada y prematuramente, Bill Paxton; un actor que apenas tuvo papeles protagonistas, que quedó encasillado como "ese actor resultón" y que normalmente siempre estaba bien, hiciese lo que hiciese. Y Bill Paxton dirigió también dos películas, una muy oscura y otra muy luminosa, y curiosamente las dos, tan diferentes entre sí, revelan a un director maduro, seguro de lo que quiere contar y cómo va a hacerlo. En 2005, la Disney lo reclutó para que llevara adelante un curioso proyecto, la recreación de la que sigue siendo, más de cien años después, una de las gestas más grandes del golf de todos los tiempos: la victoria en el U.S. Open de Francis Ouimet, un joven de extracción humilde, que con sus veinte años apenas había pasado de ser un ignoto caddy y que venció nada menos que al mítico campeón británico Harry Vardon, y todo ello sin experiencia en ningún torneo y con un niño como caddy, el no menos mítico Eddie Lowery. Con una historia así sólo se pueden hacer dos cosas, una bazofia infumable o una película maravillosa, y Paxton, a mi juicio, filma la mejor película sobre golf que he visto nunca. Una película de Disney, sí, pero no se nota; con un tiempo narrativo entretenidísimo, que apenas decae, con excelentes actuaciones por parte de Shia LaBeouf, Stephen Dillane y el joven Josh Flitter, entrañable como el propio Lowery. Una película que recomiendo incluso a los que abominan de un deporte tan hermoso como el golf, y que, basada en el también imprescindible libro de Mark Frost sobre este extraordinario hecho, parece tocada por el halo de un Frank Capra contemporáneo... Bueno, quizá esté exagerando, pero la peli es mu bonita...
Y mañana la otra.
Saludos.

domingo, 23 de abril de 2017

Rincón del freak #266: Posesión intrascendente



J. T. Petty, al que hemos seguido la pista convenientemente, podría ser un director de cine muy grande, a lo Sam Raimi, pero en grande. Es más inteligente, más incisivo, más original y arriesgado, pero suele pinchar en hueso cuando lo tiene todo para pasar de "director de culto" a ir un paso más allá, por eso sus películas apenas las ven festivaleros incondicionales. HELLBENDERS podría haber sido muy grande, una versión punk de los Cazafantasmas, al tiempo que una irónica revisión bufa de la insoportable oleada que cada temporada sufrimos de films de posesiones demoníacas, exorcistas con patillas y poseídas con camisón. Pero es una auténtica pena, porque cada aspecto que Petty inculca en su favor se le termina volviendo en contra. Está claro que se trata de un film de bajo presupuesto, pero que tiene algunos intérpretes de altura, como el gran Clancy Brown, Clifton Collins Jr., el genial Andre Royo o el siempre interesante Macon Blair. La putada es que el guion, los diálogos, las interpretaciones, están soberbios, pero algo no encaja, como la ensaladilla en un bar de copas; todo parece estar rodado con premura, excepto las tres o cuatro imágenes icónicas (como la que ilustra el post) a cámara lenta, con rock industrial a tope, muy guay todo, pero falla la puesta en escena, que se queda en telefilm barato, y una idea tan arrogante hubiese merecido un mejor acabado. Estos son los Hermanos Augustinos de la Orden del Santo Infierno (o algo así), cuyo propósito es llevar una vida de pecado absoluto para, seguidamente, ir en busca de los demonios que afligen a la humanidad, dejarse poseer por ellos y rajarse el cuello, morir e ir al infierno, pero arrastrando con ellos a la entidad demoníaca... No me digan que no está chulo como idea, y más aún cuando descubren que uno de los Dioses Antiguos escandinavos, el poderoso Surtr, ha llegado para abrir las puertas del infierno y destruir (¿otra vez?... sí, otra vez) nuestro planeta.
En fin, yo lo aviso, luego ustedes la ven si son curiosos y me cuentan. Igual hasta les gusta.
Saludos

sábado, 22 de abril de 2017

El espejo roto #12



Y, bueno, aparcamos de momento la serie BLACK MIRROR (me reservo el especial de Navidad para más adelante) con uno de sus capítulos más incomprensibles y extraños. A simple vista, y sin querer destacar mucho sobre propuestas similares dentro de la misma serie, Hated in the nation podría haber sido un estupendo largometraje, o incluso una serie en sí misma, pero como capítulo independiente es decepcionante, se hace interminable (y no lo achaco a sus 90 minutos de duración) y es bastante aburrido. Una supuestamente apasionante radiografía de los haters (subraza de gilipollas con demasiado tiempo libre), que aquí llevan al extremo su actividad de descalificación pública, ganándose que alguien se tome la justicia por su mano y los asesine uno a uno. Ya digo, el planteamiento te hace revolverte en el asiento, pero dura poco; la cuestión moral está pobremente desarrollada y deriva en un mediano thriller, de los que en esta misma década hemos visto mejores ejemplos. Un capítulo ambicioso, que se apoya en el talento visual de James Hawes (Penny Dreadful, Doctor Who...) y la presencia de la estupenda Kelly Macdonald, pero cuando uno lleva una hora viendo la función apenas puede hilar cómo empezó con cómo presumiblemente acabará.
¿Esperaremos una cuarta temporada?... Pues por supuesto...
Saludos.

viernes, 21 de abril de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #17



Hay una película en la filmografía de Ettore Scola que elevó su figura a la de los grandes nombres de la cinematografía italiana, que le permitió un reconocimiento mayor en su propio país y le abrió la posibilidad de elegir él mismo qué guiones le eran mejores para dirigir. Y no es una afirmación vana, IL MONDO NUOVO (que aquí se conoció como el libro original, LA NOCHE DE VARENNES) es un monumental fresco que ilustraba los entresijos de los últimos días de Luis XVI, su huida de incógnito y posterior apresamiento y ejecución. Tras recrearse en la anarquía instaurada en París tras la deserción, el film se centra en el viaje en sí, donde el monarca y su consorte comparten un carruaje junto a Restif de la Bretonne, Thomas Paine, la condesa de la Borde y un señor que pasaba por allí, un tal Giacomo Casanova, y que parece ser el único que es capaz de asimilar los acontecimientos con lucidez y una evidente pesadumbre. Más que un film histórico, lo que Scola propone, a partir de la excepcional novela de Catherine Rihoit, es una reflexión sobre el significado de la revolución misma, no ya si fue tan gloriosa como podríamos suponer, sino en qué ha influido en un mundo actual que tan poco ha cambiado en sus aspectos más esenciales, lo que queda perfectamente reflejado en el crudo y chocante final. Una película que contó con un elenco irrepetible, Mastroianni, Keitel, Barrault, Brialy, Schygulla, Piccoli; una esplendorosa fotografía a cargo de Armando Nannuzzi; una partitura memorable de Trovajoli y una mención especial para Sergio Amidei, coguionista junto al propio Scola y que falleció durante el rodaje. Una de esas películas que yo considero imprescindibles para poder hablar con propiedad de otra transición, la de aquel "viejo" cine que tanto esfuerzo costaba llevar adelante y el modelo de producción independiente, del que Scola, por grande que fuera el presupuesto que manejara, jamás se desentendió.
Saludos.

jueves, 20 de abril de 2017

Los buenos contra los malos



No hay (nunca mejor dicho) que llamarse a engaño con DENIAL: con un documental hubiera bastado. Todo lo demás, Rachel Weisz, Tom Wilkinson, Timothy Spall, Andrew Scott (atención a este muchacho), suponen una gran lección de cómo los intérpretes son capaces de superar al director, en este caso el veterano Mick Jackson, tan encorsetado y conservador como siempre. Y es que aquel juicio que enfrentó al negacionista Davis Irving y a la escritora Deborah Lipstadt, hace poco menos de veinte años, daba para bastante más que un típico drama judicial, tan típico que ver a la Weisz haciendo footing o a Wilkinson bebiendo vino en un vaso de plástico se podrían considerar "licencias artísticas". Y luego está ese actor inmenso, inacaparable, que es Timothy Spall, cuyo dominio de la atmósfera queda, desgraciadamente, a merced del anodino y telefílmico desarrollo de esta película, que vuelve a pecar de ese mal de alturas llamado realidad, y que la deja como un trabajo correcto, higiénico y fácilmente olvidable... Ah, y lean a Irving si quieren saber cómo se puede ser erudito e imbécil al mismo tiempo...
Saludos.

miércoles, 19 de abril de 2017

El espejo roto #11




Sin ser desdeñable, el episodio titulado Men against fire puede que sea el más flojo de esta tercera temporada de BLACK MIRROR. Un instrumentalizado juego de equívocos al que se le coge el truco demasiado rápido, y que finalmente tampoco supone una gran revelación que no hayamos visto antes. Todo el interés se centra en los primeros minutos, que nos trasladan a un lugar en guerra (sospechosamente balcánico), donde unos soldados parecen ser la única esperanza de los lugareños, solo que en lugar de ser atacados por otro ejército lo son por unos extraños mutantes, las "cucarachas", que les roban la comida y transmiten enfermedades. La premisa es convincente, y Brooker pretende hacernos creer que veremos un típico film de terror, con criaturas horrendas y abundante hemoglobina, pero, pasados unos minutos, la historia da un giro radical y se centra en la figura de un soldado que sospecha que, quizá, los enemigos contra los que luchan no sean exactamente las "cucarachas", e incluso que la realidad misma sea completamente diferente a su día a día. La moraleja, más simplona y pedagógica que en episodios anteriores, nos dice que desconfiemos de las verdades absolutas, al tiempo que ejerce una cierta (y certera) crítica sobre esos colaboradores internacionales que tanto "bien" hacen en zonas de conflicto.
Un capítulo entretenido, pero olvidable.
Saludos.

martes, 18 de abril de 2017

Por una historia importante



ANTHROPOID es una película de esas que no se comprende cómo se deja lo que se deja y en manos de quien se deja. Una recreación estúpidamente acartonada de la operación que la resistencia checoslovaca maduró durante largo tiempo para asesinal al tercer hombre más poderoso del régimen nazi, Reinhard Heydrich, el infame "carnicero de Praga". Los hechos que se abordan son tan apasionantes y ricos en matices, dan para realizar varias películas diferentes, sean más bélicas o políticas, reforzando la acción o los diálogos, que sigo sin entender qué diablos quería contar Sean Ellis, que muestra poco de las magníficas CASHBACK y METRO MANILA, y se pierde sin poder encontrar el tono adecuado y el equilibrio entre vericuetos sentimentales que no le interesan a nadie y que acaban por desmontar lo que hemos venido a ver, que es la susodicha operación. Ellis, que tiene un par de cortos estupendos, parece perdido entre tanto metraje de relleno, y apenas salvan la función dos actores que sí están a la altura, Cillian Murphy y Jamie Dornan, pese a verse en más de una situación que juguetea peligrosamente con el ridículo.
Me atrevo a pensar que ni siquiera habrá contentado a exégetas del género, entre los que no me encuentro. Pero aprovecho para hacerles un par de recomendaciones y poder comparar calidades. OPERATION: DAYBREAK, de Lewis Gilbert y, sobre todo, la magistral HANGMEN ALSO DIE, dirigida por un tipo llamado Fritz Lang y con guion de un tal Bertolt Brecht...
Saludos.

lunes, 17 de abril de 2017

El espejo roto #10



En San Junipero, cuarto episodio de la tercera temporada de BLACK MIRROR, se hace absolutamente necesario no desvelar prácticamente nada de su magistral guion, que lo convierte en el mejor y más grande de toda la serie, y un hito en la televisión reciente, que debería haberlo encumbrado como un clásico instantáneo. Será por ese inicio que nos lleva a otro tiempo y otro lugar, los ochenta de las películas de John Hughes o Landis o incluso Spielberg; pero intuimos que esto es otra cosa cuando vemos a la apocada Yorkie totalmente desorientada, entrando en el bar de moda de ese sitio donde sólo parece haber diversión y gente joven ¿De dónde ha salido? ¿Quién es? Y sobre todo ¿por qué va a volver al otro día, y al otro y al otro? Yorkie conoce a Kelly, se gustan, se enrollan, pasarán un buen rato juntas. Pero algo se sale del guion, quizá algo que nos será desvelado en su momento justo, ni demasiado tarde ni demasiado pronto; una revelación que es la que dota a esta joya de su incalculable dimensión, que nos coloca como seres humanos ante una última y dolorosa cuestión, y que puede contarse incluso con la apariencia de una inofensiva comedia romántica ochentera, porque no podremos escapar de ello, ni siquiera buscando el amor en algo que quiere parecerse a la eternidad...
Saludos.

sábado, 15 de abril de 2017

El espejo roto #9



Con Shut up and dance, puede que Charlie Brooker nos desplace, por primera vez, hasta aquel glorioso capítulo inicial, el del cerdo y el ministro, para desplegar nuevamente una crítica terrible, no tanto hacia los terrores tecnológicos, sino más bien lo que la tecnología nos puede ayudar a descubrir, aunque puede que no estemos preparados para verlo. El capítulo es un gigantesco McGuffin, que por lo tanto es preciso no desvelar demasiado, y que básicamente presenta a Kenny, un retraído joven que trabaja en un local de comida rápida y que es reiteradamente vejado por sus compañeros. Sin querer ni poder ir mucho más allá, lo que vemos es a Kenny frente al ordenador de su casa iniciando una típica sesión masturbatoria, pero que se ve interrumpida por unos extraños mensajes, que le convencen de que está siendo observado y grabado, y que si no realiza una serie de acciones, a cual más estrambótica, todo lo que ha estado haciendo será difundido.
El valor de este capítulo, más allá de lo que cuenta, es el diabólico giro final, capaz de sorprender al espectador en el peor sentido de la palabra, puesto que demuestra que nuestra percepción puede ser alterada y nuestras convicciones puestas a prueba, De hecho, a mí me dejó bastante mal cuerpo, ya que su motivo principal, que no desvelaré, es algo que es muy superior a mí, y con lo que no puedo mostrarme de ninguna manera que no sea una repugnancia íntima y profunda... Y ahí lo dejo.
Saludos.

viernes, 14 de abril de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #16



En 1981, Scola volvió a lograr una nominación en Cannes por PASSIONE D'AMORE, la adaptación de la novela "Fosca", cumbre de la scapigliatura del XIX y escrita por Iginio Ugo Tarchetti, un maldito más que reivindicable por la insobornable modernidad de sus (escasos [murió con apenas treinta años]) textos.
Se nos cuenta la historia del Capitán de caballería Giorgio Bacchetti, que desdeña a las mujeres por el amor de una sola, a la que sin embargo no puede amar libremente por ser casada. Destinado a una pequeña población apartada, se ve arrastrado por los convencionalismos castrenses hasta la casa de su Coronel, donde es poco menos que obligado a hacer de acompañante de Fosca, prima del mismo, una mujer que vive apartada de la sociedad por su aspecto poco agraciado y un carácter más que complicado, que oscila entre una fúnebre melancolía y repentinos ataques de histeria. Giorgio pide insistentemente el retorno al Piamonte, con tal de librarse de Fosca y volver junto a su amada, sin embargo, de manera casi sobrenatural, un lento e implacable cambio parece operarse en su interior, viéndose arrastrado al decadente mundo interior de esa mujer, que parece la muerte misma.
Scola filma aquí una película "viscontiana", de apabullantes localizaciones puntuadas por la fotografía de Claudio Ragona y con ese gusto por los parlamentos largos y las escenas elaboradas, para acercar esta tremenda obra, muy desconocida fuera de Italia y que contaba con un trío protagonista más que estimulante: la sugerente Laura Antonelli, el actor francés Bernard Giraudeau y Valeria D'Obici, actriz de físico anguloso que interpreta magistralmente a la Fosca del título, con la que Scola logra, literalmente, poner rostro a la enfermedad y el abandono. Una de las películas más oscuras de su autor, pero también una de las que mejor ha soportado el paso del tiempo.
Saludos.

jueves, 13 de abril de 2017

El espejo roto #8



Playtest es un episodio aparentemente anómalo, como si perteneciese a otra serie, aunque sea identificable por la cuestión de tecnologías avanzadas, que le sirven al prometedor director estadounidense Dan Trachtenberg (ahí está 10 CLOVERFIELD LANE) para poner en imágenes un estado mental alterado, no sabemos si a consecuencia de la experimentación con una realidad virtual avanzada o si realmente lo que se nos presenta como la "realidad" del protagonista no son más que retazos de recuerdos que han quedado en su cerebro. Y no debería contar mucho más, porque destrozaría la trama, pero básicamente su argumento comienza introduciendo a un joven norteamericano que se marcha a Inglaterra en busca de algo de libertad, y que tras conocer a una chica se presenta como probador de un juego de realidad virtual de última generación, un proyecto tan secreto que le obliga incluso a firmar un contrato de confidencialidad. El juego, que no parece nada del otro mundo, sitúa al jugador en una típica "casa del terror", donde se supone que todo lo que ocurra será generado espontáneamente por él mismo, siendo asaltado por sus terrores más íntimos.
La idea es interesante, pero el desarrollo se torna algo cansino y repetitivo, e incluso me parece que desaprovecha flagrantemente la posibilidad de un giro definitivo y brutal, quedándose en un tibio manual de dirección solvente y menos arriesgado de lo que parece proponer en un principio, pero tiene un par de momentos inquietantes, justo cuando parece más un film de terror que lo que acaba siendo.
Saludos.

martes, 11 de abril de 2017

El espejo roto #7



Otro de los asuntos pendientes que me ha suspendido todo esto de los premios era volver sobre BLACK MIRROR, una de las series más celebradas, polémicas y estimulantes de los últimos años, una fiesta distópica, con las maldades de las nuevas tecnologías de fondo y que, a medida que se han sucedido sus tres temporadas, se ha ido reinventando con el loable propósito de no repetirse.
Esta tercera temporada ha desnaturalizado el entorno y localizaciones británicas, con tal de buscar una necesaria apertura de miras. Y en este sentido, el ejemplo más claro es el del episodio inicial, Nosedive, una pesadilla en tonos pastel que indaga en un futuro que cada vez nos parece menos improbable, el de una sociedad que no valora a las personas, sino lo que los demás valoran de esa persona, aunque se trate de desconocidos. La tiranía de las cinco estrellas, del pulgar arriba, deviene la paranoia de Lacie por aumentar sensiblemente su cuota de puntos para acceder a una vivienda de mayor nivel adquisitivo, además de poder asistir a la boda de una "amiga" de la escuela, que la auparía hasta un estatus insuperable. Sin embargo, un pequeño incidente en el aeropuerto le impide coger el avión y, a partir de ahí, cada cosa que ocurre le va restando puntos, hasta que deja de tener acceso ni siquiera a los servicios más básicos.
Dirige este episodio el irregular Joe Wright, que logra sin embargo una notable interpretación de la también esquiva Bryce Dallas Howard, consiguiendo el gran propósito del capítulo, que seamos testigos de este mundo virtual que hemos creado, de cómo nos juzgan los demás y cuánto puede llegar a afectarnos el dejar de ser "populares" y convertirnos, por desgracia, en uno más del montón...
Saludos.

lunes, 10 de abril de 2017

Ligero de equipaje



Y, bueno, qué mejor semana que ésta para desintoxicarnos abundantemente de la borrachera de los oscar, borrachera barata, de cerveza en lata y chupitos de agua de fuego...  Y de los títulos que tenía por ahí colgados desde hace tiempo, me ha aparecido 96 HEURES, un thriller a la vieja usanza, que no se anda por las ramas y mantiene al espectador pendiente de lo que pasa en pantalla hasta los últimos momentos, lo que es de agradecer entre tanto aspirante a autor total, la verdad. Se trata de una solvente muestra de cine negro clasicote, que recuerda más a las estructuras norteamericanas que al polar francés, y que crea una creciente atmósfera de tensión que estalla en sus momentos finales, que desgraciadamente no están a la altura del conjunto. Un apabullante Niels Arestrup da vida a un sanguinario mafioso que escapa de la cárcel en la que está confinado, y lo primero que hace es secuestrar al policía que lo atrapó, aunque no sólo para vengarse de él, sino para que éste le confiese quien de su entorno fue el que lo traicionó para terminar en la cárcel y poder controlar sus negocios.
El film, sin ser una barbaridad, es tremendamente entretenido y, pese a algunos problemas para mantener el ritmo, se ve de un tirón y se disfruta, sobre todo si uno es ferviente defensor de los dogmas de Don Siegel. Rueda rápido, piensa rápido y piensa en la siguiente escena...
Saludos.

domingo, 9 de abril de 2017

Rincón del freak #265: Garnachas pendencieras de una dimensión ajena



Una de las razones más flagrantes de mi incapacidad crónica para comprender los recovecos del mercado, de por qué renuncia a la posibilidad de la creación para refugiarse en la producción en serie, es mi refracción a las sagas, entendidas como repetición de normas "blancas" y confortable reducto para el consumidor de imágenes sin tiempo ni mecanismos para efectuar mínimos análisis críticos. Esto, más o menos, es lo que me produce el universo "Harry Potter", que casi puedo imaginar qué me voy a encontrar sin necesidad de ver una sola película. Y reitero que no he visto ninguna, pero por mor de rubricar adecuadamente esto de los oscar (que se me ha cuasi ido de las manos por la longitud), encuentro que había una película llamada FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM, que ostentaba una nominación a mejor vestuario. Y, bueno, las gabardinas y vestidos no están mal, lo que está mal es el resto, una historia simplona y cansina, repleta de muñequitos digitales y gente sin tiempo para dejar de correr y tener una conversación como dios manda. Este es el cine de la prisa, cine Red Bull, cine que enmascara que no tiene nada nuevo que contar con una estridente banda sonora, ojos desorbitados y eso, gente que no para de correr. Esto lo ha escrito J.K. Rowling, lo que me deja un paso más lejos de ponerme a ver algo de Mr. Potter. No creo que me esté perdiendo nada, francamente.
Saludos.

sábado, 8 de abril de 2017

La ley del cassette



Los radiocassettes eran instrumentos extraños, aparatosos, donde cada movimiento, cada acto, iban acompañados de ruidos adicionales, como la manipulación de un robot arcaico. Ni que decir tiene que la experiencia misma de la reproducción de un cassette es algo más cercano a la psicofonía que a la melomanía; no ya por los inacabables ruidos de fondo, sino por las distorsiones en cromo y ferro, e incluso la imanencia infinita del disco original por sobre el fondo de las sucesivas regrabaciones.
MOONLIGHT es una película que resuena exactamente como eso: una canción de Rihanna que contiene ecos de Billie Holiday, pero únicamente porque la cinta ya estaba grabada mucho antes. Ahora, claro, todo sonido es asquerosamente limpio, despojado de imperfecciones, lo que desautoriza al oyente a reivindicar según qué originalidad, ya que ésta no existe si no se está dispuesto a experimentar la ley del cassette. MOONLIGHT contiene trazas groserísimas de Tsai Ming-liang, Wong Kar-wai o, en menor medida, Hou Hsiao Hsien, lo que me lleva a pensar que tras su aparente riesgo apenas hay fervor de alumno aplicado, mucho, y una juntiña de ideas visuales que abarcan sistemas cognitivos tan dispares como el baneo a traición de la serie "The wire", el vaciado estilista de Michael Mann o los estallidos verbales de un Elia Kazan muy menor. Sí, MOONLIGHT pretende contarnos los interiores de un niño que se hace adolescente y luego adulto, su homosexualidad y la incomprensión de un mundo que no hace nada por comprenderlo. Y por debajo de la claridad de manual del director influenciable, nada mejor que acentuar un viaje en coche con el "Currucucú" de Caetano, como si hubiésemos grabado esta película en VHS encima de aquella otra... Sí, hombre... HAPPY TOGETHER...
Así que éste es el oscar a mejor película de este año.
Saludos.

viernes, 7 de abril de 2017

Ettore scola. Un italiano en Italia #15



Es notorio el salto evolutivo que experimenta el cine de Ettore Scola a partir de LA TERRAZZA, de 1980, enloquecido y mordaz retablo de los usos y costumbres más característicos de la sociedad italiana, capaz de lo más noble y, a la vez, lo más bajo. La crítica, en este caso, se encuentra en las incapacidades de un grupo de amigos que se encuentra regularmente en la terraza del título, donde se celebran inacabables fiestas y donde convergen para fomentar unas relaciones que en realidad tienen más de artificio que de otra cosa. Scola divide la película a partir de la observación minuciosa de cada uno de ellos y cómo rara vez la cara social se corresponde con la íntima. Con un reparto difícilmente repetible (Trintignant, Gassman, Tognazzi, Mastroianni, Sandrelli, una Carla Gravina inmensa y que ganó el premio en Cannes...), el absurdo entronca con la piedad que el director siempre despliega por sus personajes. Un guionista incapaz de escribir una sola línea desde hace años, aunque tiene el apoyo incondicional de su mujer; el productor, decadente y adinerado, que pacientemente espera ese guion genial, pero que asimismo no es más que un fantasma para su propia esposa; un tipo, bastante irritante, que presume de estar a la izquierda de la izquierda, aunque su vida sea tan convencional y pequeñoburguesa que le avergüence hablar de la misma; y, por último, el retrato más complejo y conmovedor, el de un viejo político del Partido Comunista que se enamora de una joven que se atreve a llevarle la contraria, desestabilizando su longevo matrimonio y abriendo un interesante debate al espectador sobre la conveniencia del corazón alterado frente a la razón inalterable.
LA TERRAZZA no tuvo precisamente una buena acogida en Italia, donde la mirada equidistante de Scola resultaba muy conservadora para la izquierda y demasiado atrevida para los conservadores, motivo más que suficiente para atender al cine como un arte que trasciende la cortedad de los políticos, y que es capaz de diseccionar toda una sociedad en dos horas y media, que a algunos les parecerá mucho tiempo para observar algo, y sin salir de una terraza...
Maravillosa película.
Saludos.

jueves, 6 de abril de 2017

Profundidad y pesadumbre



He salido con una sensación extraña de ver SILENCE, la última película de Martin Scorsese. Una película agigantada, descompensada, pesada de digerir y con un mensaje oculto que creo que la hace acreedora de un segundo visionado, aunque éste va a tener que esperar por mi parte porque la experiencia es agotadora. No sé si es una buena o mala película, y no sé si he asistido a una de esas revelaciones que el cine ofrece una vez cada tres décadas o al truco cansado de un maestro en su oficio, cuyo intimidante manejo de los resortes narrativos hace que uno guarde cierta cautela antes de expresar un argumento que pueda ser apresurado. Efectivamente, la fotografía de Rodrigo Prieto es estupenda, alcanzando cotas de expresionismo de una perfección intolerable para el ojo acostumbrado al píxel, pero parece raro que fuese la única nominación a los oscar para uno de los trabajos a priori más oscarizables de su autor. Una especie de coalición alterada que incluye un "Kurtz conradiano", el misionero que desaparece en el Japón del Siglo XVII, en plena efervescencia evangelizadora, y del que sólo se tiene la certeza de su apostasía, con tal de evitar las terribles torturas con las que cada cristiano iba a ser amenazado. Por otra parte, tenemos a los dos jesuitas que van en su busca, y cuya fe será constantemente puesta a prueba, aunque sus caminos se separan y, aunque fundamentalmente veremos el periplo de uno, finalmente se ven confrontados, comparados por el cruel señor feudal que los mantiene prisioneros y pretende quebrarlos, que renieguen de su fe.
No esperemos aquí un Scorsese físico, pues no es esa la tarea empleada, sino ceñirse lo más posible al denso y polémico texto original de Shusaku Endo y aislar cada pensamiento, frase o acto buscando, quizá, atomizar, aturdir y aprisionar la entrenada voluntad cinéfila del espectador, derrocar sus convicciones y presentarle una narrativa a la que estamos poco acostumbrados. Lo va a tener difícil SILENCE para persistir en una cinematografía tan sobresaliente, pero prefiero dejar pasar un tiempo y volver a ella más adelante, porque de momento puede que se me haya quedado algo por el camino.
Saludos.

miércoles, 5 de abril de 2017

En el espacio, tampoco nadie puede oír tus gilipolleces...



Desbrozando ya los últimos flecos de los oscar, me encuentro con PASSENGERS, que estaba nominada a mejor diseño de producción (este premio tendrían que explicarlo algún día) y mejor banda sonora, que me horrorizó cuando escuché la terrible composición de Thomas Newman. Y, como vaticiné hace un par de años respecto a aquello de THE IMITATION GAME, al noruego Morten Tyldum lo han seguido llamando de Hollywood, aunque para productos como éste, sucedáneos de dramas de ciencia ficción supuestamente inteligentes, y que se quedan en un subproducto vacío y olvidable. Sin embargo, todo responde a la torpeza del guion de John Spaihts y a la condescendencia de su realizador, que son capaces de destrozar una idea de partida absolutamente fantástica: una nave parte de la Tierra hacia un planeta lejano pero similar. A bordo lleva miles de personas hibernadas, ya que la duración del traslado supera el siglo. Pero la nave choca inesperadamente con un meteorito gigante y queda dañada, por lo que uno de los pasajeros despierta erróneamente... ¡90 años antes!...
Lo dicho, un argumento que, aplicado con inteligencia, podría haber sido una pasada, un drama existencial, claustrofóbico, una indagación sobre los límites de la soledad, o incluso una nueva prueba de ingenio, del hombre frente a la máquina luchando por su propia subsistencia... En lugar de ello, al bueno de Chris Pratt le da un calentón cuando ve a la bella durmiente Jennifer Lawrence y, a partir de ahí, ya tenemos pastelazo romanticón y empalagoso.
¿Lo mejor? el papel de Michael Sheen haciendo de camarero robot, aunque también queda infrautilizado. Luego sale Larry Fishburne y no se sabe para qué, y, pásmense, Andy Garcia cinco segundos al final de la película... Y es que hay cosas que no se entienden por mucho que nos las expliquen...
Saludos.

martes, 4 de abril de 2017

Du-du-a



Comprendo muy pocas cosas respecto a LA LA LAND, y menos en cuanto a su accidentada carrera hacia los oscar. Primero, si le hubiesen dado el de mejor película no hubiese pasado nada, era previsible; en cambio, se lleva el de mejor director, y sigo sin entender nada (el mejor director no hace la mejor película...). Luego, esto no es un musical, es un caramelito repleto de ideas ajenas, desde CORAZONADA a SUCEDIÓ UNA NOCHE, y aliñado con algo (poco) del BIRD de Eastwood o la extrañeza mestiza de TODOS DICEN I LOVE YOU. Demasiados elementos para una historia que se ha contado miles de veces y que necesita desesperadamente transfusiones de desvergüenza, y que de los muy sosos Gosling y Stone obtiene apenas corrección, profesionalidad, empaque, pero no consigo ver esa chispa que te hace removerte inquieto en el asiento y que va a hacer perdurar las imágenes durante, quizá, toda la vida. Es demasiado larga, demasiado irregular, demasiado relamida (estas elipsis no valen, no aportan, sólo endulzan), y además contribuye decisivamente a que esta edición de los oscar sea la que peores momentos musicales nos haya dejado. Simplemente, no puedes hablar de jazz con condescendencia, no delante de quien ame esa música...
Adelante, ahí tenían a su favorita, con metedura de pata y todo.
Saludos.

lunes, 3 de abril de 2017

El amor en paraísos remotos



La película "escondida" en la categoría de habla no inglesa este año, a mi parecer, ha sido la producción australiana TANNA. Quizá por ir sin mucho bombo, por ser una producción de 2015 o por ser, probablemente, la primera película que se ha hecho en la lengua nativa de Vanuatu, un minúsculo país de la Polinesia, además de contar con actores no profesionales, nativos que ni siquiera habían visto una cámara en su vida.
Hubo un momento en el que autores como Werner Herzog y, sobre todo, Jean Jacques Annaud, supeditaban sus obras a unos límites autoimpuestos, en busca de una autenticidad que, en el peor de los casos, solía dar apenas un exotismo vacío. El caso de TANNA es así, una historia de amor simplona, que hemos visto miles de veces, pero que funciona por un par de factores que la salvan del ridículo más absoluto. Primero su espectacular fotografía, obra del también director Bentley Dean, que es capaz de trasladarnos a un paisaje exuberante, mezcla de selva impenetrable y volcanes en constante erupción. Pero más importante es la extremada concisión de su guion, somero y discreto (por lo respetuoso), que nos lleva de la mano a conocer a Dain y Wawa, enamorados pero pertenecientes a clanes rivales, lo que hace completamente imposible su unión.
Una curiosidad para quienes busquen excentricidades elocuentes y mesuradas, y que puede que en un futuro pueda tener cierta veta a explotar, si es que se hace con cautela y rigor.
Se puede ver, y, sí, llegas a acostumbrarte del todo a la desnudez.
Saludos.

jueves, 30 de marzo de 2017

Surfeando por los contornos de la comedia



Siete años tardó la realizadora alemana Maren Ade en ponerse otra vez tras las cámaras tras ENTRE NOSOTROS, película que vi hace ya tiempo y que recuerdo como un básico y soporífero drama psicologista acerca de una pareja que se merecía todo lo malo que le pasaba. Siete años después, tras conquistar el Fipresci en Cannes y tener todas las papeletas para llevarse el oscar en lengua no inglesa, puedo afirmar que TONI ERDMANN confirma que Ade debe usar su tiempo en algunas cosas, menos en madurar sus proyectos. A mí me ha aburrido, y son casi tres horas viendo a un tipo que cree tener gracia ponerse una peluca y una dentadura postiza, mientras su hija soporta estoicamente su acoso y derribo, quizá porque al fin y al cabo se trata de su padre. TONI ERDMANN no es más que eso, una sucesión de situaciones inconexas y de una frialdad sospechosa, pero reconozco que tiene dos o tres momentos que están bastante bien rodados y que, a duras penas, logran dar un poco de sentido a esta estrafalaria mezcla de SOPA DE GANSO, HOLY MOTORS y EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS (la de Lon Chaney). Baste recordar que entre los dientes postizos del principio y el Chewbacca búlgaro del final, disfrutaremos de un estupendo rallador de queso de diseño. La originalidad, una vez más, cobrándose víctimas... Ah, y está previsto un remake norteamericano para el año que viene con Jack Nicholson...
Saludos.

martes, 28 de marzo de 2017

Y siguen viniendo...



EN MAN SOM HETER OVE (UN HOMBRE LLAMADO OVE) era otra de las nominadas al oscar en la categoría de habla no inglesa. Una irregular comedia negra acerca de la figura de un hombre bastante de mandarle a tomar por culo, que luego se va edulcorando hasta los límites de la diabetes y termina tirando por tierra una idea de partida bastante atractiva y que, me temo, debe estar más desarrollada en el libro en el que se basa. El Ove del título es introducido en un arranque que es lo mejor de sus excesivas dos horas, como un tipo quejoso y meticuloso hasta lo indecible, que no duda en tratar a la gente como mierda y que está pensando en hacerle un favor al mundo suicidándose tras ser despedido de la fábrica de transmisiones mecánicas en la que trabaja desde hace 43 años, y así reunirse con su esposa, recientemente fallecida. A partir de ahí, a Hannes Holm le toca reconvertir al personaje que parece salido de "Family guy" y que termine por caernos hasta simpático, y todo a base de unos flashbacks bastante torpones y convencionales. Baste que yo ponga aquí un ejemplo sangrante, el de un viaje que la pareja hace a España cuando ella está embarazada y que al director se le ocurre ilustrar con una canción de... ¡Demis Roussos! El odioso Ove se luce una vez más y critica cada rincón de unos apartahoteles costeros, mientras evita gastar un céntimo sisando del bufet libre... Así son los suecos, los mismos cuyas mujeres ponían los dientes largos a Saza y Landa y como venganza nos vendieron el Ikea... No digo más. Película plana, normal, corriente y olvidable. Sueca de Suecia, vaya...
Saludos.

lunes, 27 de marzo de 2017

Nacidas para "su" gloria



Antepenúltima película nominada a mejor ídem que comentaremos aquí, no en Domingo, y ya es raro. Digamos que nos es servida otra ración de historia real, con sus correspondientes fotos reales al final, aunque con un sentido de la realidad demasiado edulcorado para ser parecido a la realidad, que realmente debe ser otra cosa y no esto. De nuevo una historia de dignificación de los afroamericanos en Estados Unidos, y de nuevo con un elenco de actores y actrices "del Momento". Muy nuevo, pero poco novedoso, lo cierto es que HIDDEN FIGURES es un film realizado con maneras muy clásicas, con todos sus fotogramas muy bien medidos y con un afán por no molestar a nadie que lastra y ralentiza hasta la exasperación sus dos horas largas de duración. Por el contrario, los fans del swing interpretativo, que tanto le deben, sobre todo, a Denzel Washington y Will Smith lo van a disfrutar mientras se tragan sin pestañear inacabables disertaciones sobre física avanzada, trigonometría y meriendas parroquiales. Podría haber sido mucho mejor, pero no habría llegado donde ha llegado; y podría haber sido más aburrida, pero para eso están los sketches ¿no les parece?... Ah, bueno, también habla de lo que hizo John Glenn por el espacio sideral, pero antes de irse...
Saludos.

domingo, 26 de marzo de 2017

Rincón del freak #264: Una cuadra de miserables



En los oscar, FLORENCE FOSTER JENKINS optaba a mejor vestuario (y no hubiese ido muy allá) y mejor actriz, aunque esta vez no había muchas esperanzas para la eterna Meryl Streep, no porque su esfuerzo no sea digno de valorarse, sino porque el montante es decepcionante y no hace justicia. Esta, en puridad, es la crónica de una pobre niña rica, cuyo único talento fue heredar una pasta gansa y desarrollar un agónico afán de reconocimiento ¿De qué? se preguntarán ustedes, mientras asisten a los vomitivos "Tu cara me suena" y "Got Talent", de la que la señora Foster Jenkins podría ser lejana precursora. Ella aspiraba nada menos que a convertirse en soprano, como si estas cosas fueran sólo cuestión de voluntad y autoconvencimiento ("Cuánto daño ha hecho la autoestima", Sabina dixit), lo que aderezado con multiplicidad de sobornos (el dinero es para lo que está), da como resultado una cosa bastante torcida: Una infeliz creyendo ser lo que no es, un vividor a su costa con querida y pisito, un pianista mediocre y chupando del bote, y toda esa cuadra de miserables que nunca van ejercer nada parecido a un juicio crítico, y menos si les sueltan unas piastras y los invitan a una fiesta. Nada de esto me hubiese parecido mal en el contexto de una narración si el mismo Stephen Frears, cuya crisis creativa comienza a ser preocupante, no se hubiese sumado al despropósito, y en lugar de analizarlo y elaborar un discurso ácido sobre la moral de las apariencias, lo deja todo en una alabanza más y postrera hacia esa señora, a la que no le hubiese ido mal tener menos dinero y más cerebro para aceptar que el talento, aunque Tele5 diga lo contrario, no se compra.
Saludos.

sábado, 25 de marzo de 2017

¿Dónde reside la justicia?



Primero que nada, tengo que denunciar desde aquí que el señor Asghar Farhadi no fuese a recoger el oscar a mejor película de habla no inglesa porque un tipo ha decidido que no puede ir. Aunque ese tipo sea el presidente de Estados Unidos, simplemente no tiene razón. Esta, reconozco que simplista, disertación me sirve para encabezar esta entrada, porque precisamente de eso va FORUSHANDE (EL VIAJANTE), de tener razón o no, de buscar el acto de justicia hasta sus últimas consecuencias y de tragar con el dolor de la humillación, la propia tanto como la ajena, algo que le sería muy útil a Mr. Trump alguna que otra vez. Que Asghar Farhadi es uno de los narradores más brillantes del cine actual es algo que no debe pasarse por alto, y esto es especialmente notorio en este film complejo, angustioso, pero que se despliega con firmeza desde su absorbente planteamiento hasta su intenso desenlace. Casi todo cabe, desde la precariedad laboral hasta el machismo que se instala en cada acto y cada palabra; y el extraño asalto sufrido por la mujer del protagonista, sin que se llegue a descubrir al asaltante, interpuesto con la representación que ellos mismos hacen de "Muerte de un viajante", de Arthur Miller, va tejiendo el sustrato de esta historia nada complaciente, donde todos pierden y donde la denuncia del sistema cobra fuerza sin que sea explícita. Una película que es una lección de cine y una lección de dignidad, justo en el momento crucial en el que parece que esto de la dignidad no nos pertenece ya, si es que no podemos estar en condiciones de negociarlo.
Saludos.

viernes, 24 de marzo de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #14



La historia de I NUOVI MOSTRI, de 1977, arranca, 14 años antes, con I MOSTRI, film de episodios ideado y dirigido por Dino Risi, que aquí se unió a Monicelli y Scola para volver a dar un soberano repaso a los usos, costumbres, disfrutes y falacias de la sociedad italiana en catorce cortes de desigual intención y resultado. Algunos son apenas insertos, casi anuncios publicitarios; otros, como el protagonizado por Vittorio Gassman y Ugo Tognazzi destrozando literalmente la cocina de un restaurante, no me gustan demasiado, al igual que el segmento en el que Ornella Muti es recogida haciendo autostop. Sin embargo, hay dos capítulos que merecen consideración aparte y que por sí solos justificarían una nominación a los oscar de aquel año que hoy día nos parecería inconcebible. El primero presenta al propio Gassman interpretando a un cardenal cuyo coche oficial se queda estropeado junto a un barrio de chabolas, y que busca cobijo en la iglesia local, que ha sido literalmente tomada por los vecinos y una especie de líder comunista, que les ha prometido buscar la solución a su precariedad, pero, como no puede ser de otra forma, el cardenal acabará con todo el mundo orando a dios tras una devota y emocionante charla... aunque todos sigan exactamente igual de pobres que antes. El otro capítulo es una maravilla, y no es difícil encontrar resonancias del mismo en obras tan celebradas como LA GRAN BELLEZA, ya que su protagonista, el inclasificable Joan Maria Catalan Belmonte, representa al dedillo a ese esnobismo trasnochado que pulula por las calles a altas horas de la madrugada disertando sobre absolutamente todo y citando a su querida mamá como si ella estuviera delante. Alberto Sordi compone un personaje inolvidable, que seguro sirvió a Toni Servillo, y que se encuentra con el dilema de socorrer a un hombre herido en mitad de la calle, al que sube a su flamante Rolls e inicia un inacabable periplo de hospital en hospital, donde cada uno tiene una excusa para no atenderlo, aunque servirá para que sepamos las andanzas de este señorito al que esperan en alguna parte para dar una conferencia sobre alguna cosa... Alguien con talento debería haber hecho un largo con este capítulo.
Saludos.







jueves, 23 de marzo de 2017

Postulados para la violación de la realidad #24



A lo largo del monográfico que hoy acaba, reconozco que el motivo más importante que me movió a hacerlo, más que la admiración que yo pudiera sentir por Abbas Kiarostami, ha sido la necesidad de recorrer un camino (y nada más paradigmático en su cine) para ver si era capaz de conectar al cineasta que comenzó prologando la terrible deriva de su país mediante la filmación de sus niños, sus calles, sus contradicciones, y la constatación de que sus historias, con la lentitud y paciencia de quien sabe que todo ha de llegar, pese a desbordarse al mundo entero, no habían cambiado ni un ápice su intención fundamental, dignificar al hombre moderno y denunciar a los culpables que, camuflados en la virtud de la realidad, hacen que este mundo sea tan indigno como es. En ese sentido, LIKE SOMEONE IN LOVE parece un elocuente final de camino, pero el director iraní no rubrica ni escorza, sino que mantiene la pausa en el instante y nos deja a nosotros que seamos quienes imaginemos qué clase de relato hemos visto o cuál nos gustaría que fuese. En puridad, puede ser tan perverso como tierno: un anciano contrata a una joven prostituta a domicilio. Prepara una cena romántica, charlan, pero la chica se queda dormida. Al día siguiente se ofrece a llevarla a la universidad donde intenta conseguir un título, y allí se cruza con el irascible prometido de ella, que no sabe su doble vida, aunque sospecha que le oculta algo. El viejo profesor se hace pasar por el abuelo que ha ido a visitar a su nieta y escucha al joven, que le habla de sus intenciones matrimoniales. Es en este juego de apariencias donde Kiarostami interpela al espectador, y le obliga a tomar partido, porque curiosamente son los personajes más dignos los que mienten, por lo que el inesperado y abrupto final nos deja aún más confundidos e indefensos ante nuestra moral prefabricada. Y evidentemente habrá a quien le parezca que este último film no esté a la altura de una filmografía tan rotunda, pero es que ni siquiera el propio Kiarostami sabía muy bien cómo terminar sus películas...
Saludos.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Una broma de buen gusto



Otra de las nominaciones "oscuras" que todos los años se cuelan en los oscar fue la de mejor actor secundario para el gran Michael Shannon en la pesadillesca NOCTURNAL ANIMALS. Shannon, que empezó a despuntar en la serie "Boardwalk Empire" y luego se ha hecho habitual, entre otros (o sobre todo), del cine de Jeff Nichols, compone un personaje que habría merecido por sí solo un rol más protagonista. Y ese es el problema principal de este cruce de los universos de Lynch y Cronenberg (por citar dos fuentes conocidas), que es incapaz de despegarse de su complejo sustrato literario (infinitamente superior) y encontrar una atmósfera y un camino propios. Los personajes van y vienen, las subtramas, por mucho que se solapen, no transmiten tanta angustia como deberían, y el incomprensible final nos hace pensar que Ford no ha llegado a entender el alma de la novela original. Pero estamos ante una obra descompensada, excesiva y de libérrimos modos; un desfile de inmoralidades desencauzadas y un par de retratos psicológicos interesantes, que buscan la confrontación entre el artista honesto (y pobre) y el mercader rico (aunque también honesto, no crean). Una lástima por la parte del guion, porque las posibilidades de giros son casi interminables, y no se aprovecha ni una. Por otro lado, tenemos a un puñado de excelentes actores, con Shannon a la cabeza, y unos estupendos Jake Gyllenhaal y Aaron Taylor-Johnson, cuyos momentos son lo mejor del film. No es así con Amy Adams, inoportuna protagonista, que parece buscar el gesto definitivo que la acerque a Tippi Hedren, pero que quizá sólo estaba pensando en si había dejado algo al fuego...
Bonita, reluciente, olvidable. Lo mejor, los títulos de crédito iniciales...
Saludos.

martes, 21 de marzo de 2017

Aré lo que pude



Nominada en la categoría de mejor guion original, 20th CENTURY WOMEN es un esforzado film del a mi juicio sobrevalorado director Mike Mills, que nunca consigue su propósito de trasladarnos a tiempos pretéritos, conjugarlos con los presentes y extraer una poesía intemporal que se queda en lo que es, buenismo de manual. Mills habla mucho sobre el punk, el hardcore californiano, el sexo feminista ¿?, las madres comprensivas, los amigos comprensivos, los silencios incómodos, las palabras incómodas, los discos de vinilo y los cigarrillos mentolados. Al final queda un buen trabajo de actores, una interesante selección musical, un viaje en aeroplano con la música de CASABLANCA y esa luz californiana que parece inundarlo todo, hasta los garitos de madrugada. Lo que queda, ya digo, es verte con cincuenta años en el club al que ibas hace treinta, y sentir la presión mortal del pez ahogado. Hay un montón de buenos caminos en esta película que Mills no quiere, o no sabe, o no puede transitar, y la mayoría no tendrían nada que ver con sermones tranquilos, más bien con escuchar un poco, cosa que sólo el chaval hace obligatoriamente, y así le va. Aunque pensándolo bien, si es un film autobiográfico, entonces puedo entender el miedo a disparar sin balas de fogueo... Es extraño, pero es así.
Saludos.

lunes, 20 de marzo de 2017

Y si te crecen los enanos...



Soy de naturaleza equívoca, lo sé, por lo que equivocarme no me preocupa tanto como constatar que llevo razón. Y un señor más informado y con menos prejuicios que yo me saca del primer error, MANCHESTER BY THE SEA es el nombre de una población costera. Da igual, sigue siendo un título horrible para una película. Me suelen gustar estas poblaciones, pero no comprendo por qué tanto énfasis, y si el hecho de que todo lo que rodea al guion de Lonergan sea apesadumbrado, como una mancha gris y fría de gaviotas, no habría tenido la misma potencia de haberse desarrollado en un sitio cálido. Sigue dando igual, pero no me quito de la cabeza el oscar a un excelente actor que se limita a tener las manos en los bolsillos, encoger los hombros y torvar la mirada hacia los terrenos de Richard Widmark. Casey Affleck los ha tenido mejores, como su personaje, supongo, porque si no a uno también le entrarían ganas de pegarse un tiro, acabar con dignidad. Más allá de esas dos o tres escenas de impacto el guion de Lonergan transita sitios comunes, pero también parece darle igual, e incluso se marca un ataque de director "a lo Scorsese" que no termina de funcionarle, no le queda bien, y eso que es la escena crucial, más o menos por la mitad ¿Por qué? Pues porque esta es una película que trata esencialmente de eso tan apostólico de la culpa, la redención, el castigo y/o flagelo, y un perdón que llega demasiado tarde, teniendo en cuenta del subrayado de los flashbacks y el vergonzoso uso de la música, uno de los peores que he visto en mucho tiempo. Es, en mi opinión, una película tan normal, tan poco perdurable, que no sé qué le ven los que han perdido la cabeza con ella, pero también es cierto que es de las más potables de todas las nominadas, lo que no sé si es necesariamente bueno o malo...
Véanla sólo dopados de Taurina.
Saludos.

domingo, 19 de marzo de 2017

Rincón del freak #263: Un discurso desde el peligro



CAPTAIN FANTASTIC me parece una película peligrosa, un batiburrillo de ideas bienintencionadas que no van a ninguna parte y que mira a la humanidad con un maloliente gesto de desdén, lo que en mi opinión la aleja de ese supuesto socialismo de manual que parece ejercer sin un solo momento de autocrítica y la deja más cerca de algo que podríamos denominar como solipsismo vengativo, si es que no suena demasiado fuerte. Hasta ahí lo que más me mosquea de su discurso ideológico, pero lo peor es que los motivos puramente cinematográficos no tienen un solo elemento verdaderamente original, o cuando menos sorprendente, sino que tira de desvencijadas soflamas pseudointelectuales y tan sonrojantes como citar nada menos que a Noam Chomsky como si de un gurú de altarcillo se tratara. Efectivamente, lo que me parece mosqueante y peligroso del cine de Matt Ross es que se nutre de citas vacías, sin aportar una sola idea propia, y además es capaz de colocar a un actor tan solvente como Viggo Mortensen en una posición difícil, uno de los personajes más fascistoides del cine norteamericano reciente. Y lo peor de todo es que Ross está convencido de que su discurso es totalmente opuesto. Es lo que suele pasar cuando te encierras con libros y crees que es suficiente para aprender algo.
Terrible.
Saludos.

sábado, 18 de marzo de 2017

Espíritu deportivo



Hoy voy a ser extremadamente escueto, diciendo antes que nada que ZOOTOPIA es una película que me ha entretenido mucho, por lo que afirmo que cumple su cometido con creces. Ahora bien, enarbolando un más que pertinente discurso futbolero ¿Qué les parecería si en la Liga de fútbol cada temporada, de los 20 equipos participantes, hubiese un 10% de equipos de baloncesto, un 10% de equipos de balonmano y un 10% de equipos de hockey sobre patines? Pues eso, que nadie le prestaría ni la más mínima atención ¿Que el oscar es justo? Puede ser, pero mi reflexión es esa.
Saludos.

viernes, 17 de marzo de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #13



En BRUTTI, SPORCHI E CATTIVI, Ettore Scola retuerce aún más su concepto de la comedia italiana y factura una película que hubiese hecho las delicias de Valle-Inclán, Artaud, Bukowski o Pasolini. Un viaje a los arrabales, a los márgenes más marginales de las ciudades, donde las personas sobreviven como animales, ajenos a las leyes ni a la moral. Una película que me ha recordado en cierta manera el cine quinqui patrio, solo que con una visión aún más pesimista, y con la que Scola empezó a cimentar su buena relación con el festival de Cannes, donde se alzó con el premio a mejor director. Un Nino Manfredi memorable, da vida a Giacinto, estrafalario patriarca de una interminable y endogámica familia, cuyo único propósito en la vida (aparte de emborracharse copiosamente) es esconder el millón de liras que una aseguradora le dio como compensación por perder un ojo, aunque fuese incomprensiblemente provocado. Así, el film es un descarnado y agrio paseo por esos lugares donde hombres y ratas conviven sin problema, y Scola puntúa cada gag con su reverso, para que no olvidemos que lo grotesco, aún sirviéndonos como elemento cómico, proviene de esa gente invisible y que sería capaz de matar por un fajo de billetes a su propio padre... literalmente.
Saludos.

jueves, 16 de marzo de 2017

Postulados para la violación de la realidad #23



Pocos años ha necesitado COPIE CONFORME, la penúltima película rodada por Abbas Kiarostami, para convertirse en su gran obra maestra. Con esta categórica afirmación, se hace difícil indagar en los muchos regalos que esta obra, complejísima y sencilla a la vez, desafiante y cándida al mismo tiempo, encierra en su fascinante periplo, que abarca un día en la vida de un escritor de arte y una galerista que se conocen en un pueblito de la Toscana, donde él presenta su último libro ¿Pero realmente acaban de conocerse o será todo un juego de apariencias, un artefacto ilimitado con el que hacer resurgir la llama del amor? No podemos saberlo, ni debemos, porque esa es la gran baza que juega Kiarostami para dejar a sus dos intérpretes en total libertad de movimientos. La gran "copia", que se nos vende desde el principio como algo a todas luces mejor que un original zafio y gastado. A lo mejor una insólita defensa de las relaciones esporádicas. O no. Él, William Shimmel, un contrastado barítono británico, le mantiene dignamente el pulso a una colosal Juliette Binoche, que tiene aquí una interpretación tan fresca y desprejuiciada, tan alejada de los clichés, que parece una (otra) copia de sí misma, con la que jugar al equívoco con el espectador.
No es una comedia. No es un drama. No es un film romántico. Podría ser las tres cosas, aunque ni siquiera lo necesite...
Magistral.
Saludos.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Te quiero



Hay una luz en LOVING, un prisma de emociones contenidas. Se nota el cansancio, se toca la felicidad. Plenitud. Es la manera que tiene un artista de imaginar trozos de vida que han sucedido pero que le son ajenos. Por eso la historia es anécdota, el trasfondo racial es una anécdota. Lo que importa es atrapar con una cámara ese gesto de naturalidad, y que nos reconozcamos a nosotros mismos cuando miramos a los ojos a la persona que amamos, recorrer esa paz por la espina dorsal del relato que se acoge a un principio de dignidad. Qué gran película ha hecho, ha vuelto a hacer Jeff Nichols. Por eso hay que tener fe en su cine y en su mirada. Por eso hay que tener fe en que un día nos miraremos a los ojos y entenderemos que pasar pasaremos, y que sólo se trataba de estar conscientes en el tiempo que tenemos. Trascendente o no, es hermosa esta película, y honesta, y virtuosa también. No ha ganado nada. No importa, nos ha ganado a nosotros admirando a dos personas que se quisieron un montón.
Saludos.

martes, 14 de marzo de 2017

La avaricia del plano



Siguiendo con las incongruencias aceptadas de los oscar, FENCES entraría en esa categoría de películas que uno sabe que estarán ahí, en las nominaciones, aunque no vayan a tener una posibilidad real de ganar, pero que se guarda para sí algún premio importante. En este caso uno que no entiendo muy bien, no porque Viola Davis no esté estupenda en su papel, sino porque no puede ser considerada como actriz de reparto... A menos, claro, que no quisieran quitarle el premio a Emma Stone. Y yo soy muy mal pensado. Pero hablando de FENCES, tres cuestiones fundamentales para no abandonar a la mitad de sus tortuosas dos horas y pico. No esperen ver otra cosa que a Washington y Davis dibujando arabescos, mientras la cámara, el plano, les sigue a todas partes, rindiéndose así el director al actor, y rindiendo la posibilidad de hacer un trabajo cinematográfico a la certeza de que esto es poco más que teatro filmado. Después, sin haber leído la obra de August Wilson, me atrevo a pensar que los personajes secundarios, y en especial los hijos, deben tener bastante más peso a la hora de transmitir el paso del tiempo alrededor de ese espacio único que es el modesto patio trasero de la casa familiar, y aquí no es el caso. Por último, me parece que la gracia de todo este amalgamado de conflictos raciales, generacionales y, finalmente, machistas, queda en que Washington es el actor negro más blanco de Hollywood, incluso más que algunos blancos...
Soñarán con el rostro de Viola Davis...
Saludos.

lunes, 13 de marzo de 2017

Cronología de una catástrofe



En relación a las malas sensaciones de la película de ayer, nada mejor que predicar con el ejemplo contrario: un film netamente comercial, sin muchas pretensiones filosóficas y/o autorales, y que sin embargo no engaña a nadie, pues da exactamente lo que promete. Y lo que DEEPWATER HORIZON promete es un brutal crescendo que se va intuyendo en pequeños detalles, hasta desembocar en un tercio final demoledor, puro cine de catástrofes aprovechando inteligentemente las posibilidades del CGI. Y no es que le profese mucha admiración a la trayectoria de Peter Berg, hasta ahora poco menos que un émulo solvente de Michael Bay, pero aquí demuestra, muy en la (acertada) línea de Paul Greengrass, que un guion no tiene por qué enflaquecerse por la sobreexposición a las escenas de acción. La "acción", en este caso, es más complicada de llevar a cabo, primeramente por motivos éticos, ya que la catástrofe de la plataforma petrolífera que da nombre al film conmocionó duramente a la opinión pública y cargó de razón a las voces ecologistas que clamaban contra las malas praxis de estas gigantescas explotaciones, que casi siempre suponen un impacto irreparable en el ecosistema. Ahí es donde el guion debe sortear el panfleto plañidero y sumergirnos de cabeza en el infierno, pues esa es la impresión que da, un horror incontrolable que empequeñece al ser humano y lo confronta con sus errores. el reparto, otro acierto, además de la inefable presencia de Mark Wahlberg, tiene a dos caras de la misma moneda, Kurt Russell y un recuperado John Malkovich, que otorgan categoría sin que su papel sea cargante. Estuvo nominada a mejores efectos sonoros y visuales en los oscar, que no lo ganara es un misterio como el de Beatty & Dunaway...
Saludos.

domingo, 12 de marzo de 2017

Rincón del freak #262: La leyenda del soldado hippie



Durante el tiempo que Mel Gibson ha estado sin filmar y básicamente haciendo el cabra, he temido constantemente lo que finalmente ha ocurrido. Yo me he hartado aquí de defender (muchas veces en solitario) el nervio e imaginación de un tipo que filma desde dentro, sin atender mucho a las modas ni los modismos, pero me rindo con HACKSAW RIDGE, porque me parece una autoparodia innecesaria e inservible, a menos que uno sea un pro-bélico declarado y le gusten los muros largos...
No es ya la descabellada idea de un tipo que está loco por ir a la guerra pero no quiere tocar un arma, porque se supone que se trata de una historia real; lo que no me cuadra es la extraña estructura del film, con un prólogo kilométrico y un actor, Andrew Garfield, que no sé qué le ven los directores, porque parece que todo lo hace con desgana. Luego, llega el plato fuerte, la pared vertical a la que son arrojados estos soldados sólo para que los masacren y venga el sanitario a recogerlos, ya hechos trizas. No lo comprendo. Si es una hagiografía, es muy rara, y como relato bélico es esquemático y poco agradecido, porque verán muy pocas cosas aparte de miembros amputados y gente corriendo entre la metralla, lo que pone de manifiesto que no es sencillo hacer una película "de guerra". Y yo, que siempre he manifestado la inconveniencia de mezclar la obra artística con la ideología, en este caso le he visto las costuras al señor Gibson, con muchísimo relleno donde su pulso narrativo ha brillado por su ausencia.
Ah, y esas imágenes reales al final que son ya todo un clásico...
Saludos.


sábado, 11 de marzo de 2017

El quinto continente a descubrir



Que como en Disney son muy solidarios y además ya han dado cuenta de América, África, Asia, y de Europa  ni te digo, pues les faltaba marcharse a las Oceanías y, como el que no quiere la cosa, contarnos la historia de una muchacha que que hace windsurf en un mundo repleto de seres mitológicos (de la mitología de allí) para encontrar una piedra, o algo así, que haga resplandecer su isla de nuevo. Eso es MOANA... o VAIANA, que vaya usted a saber por qué tiene dos nombres la película, y los dos parecen sacados de un desodorante con aroma a limones salvajes del Caribe, de Oceanía en este caso. Poco más a añadir a un producto perfectamente diseñado, sin sorpresas y con la saludable intención de emular a los grandes clásicos contemporáneos de la compañía (ALADDIN, LA SIRENITA...), y para ello, nada mejor que hacer confluir a ese pasado cercano y al futuro más pujante en una dirección que cuenta con los veteranos John Musker y Ron Clements, y a los más jóvenes Don Hall y Chris Williams.
No ganó nada en los oscar, pero es ideal para verla un día muy caluroso con un daiquiri helado... a poder ser sin alcohol, claro...
Saludos.

viernes, 10 de marzo de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #12



En la amplia línea de películas por episodios que poblaron la cinematografía europea en los sesenta y setenta, SIGNORE E SIGNORI, BUONANOTTE es una estimulante rara avis, un film anárquico y libérrimo que pretende abarcar todas las alcantarillas de la soiciedad italiana, sin importar la época ni la circunstancia. Desde los buitres de la política, el anacronismo de los militares, la hipocresía de la iglesia o incluso la ingenuidad de los progresistas e intelectuales, metidos en su burbuja. Los concursos televisivos que explotan la miseria de la gente, el machismo en las relaciones laborales o la censura mediática, asuntos que nos suenan demasiado actualmente, y que indican que las cosas apenas han cambiado. Scola, junto a los maestros Monicelli y Comencini, mas Nanni Loy y Luigi Magni, una pléyade de guionistas (entre los que sobresale Ruggero Maccari) y varios músicos como el gran Lucio Dalla, todos realizan una película que yo califico ahora mismo de imprescindible y que tiene una frescura sorprendente, puede que por no pretender ser más que una comedia, satírica, pero muy entretenida, y que además contiene actuaciones memorables, como la de Ugo Tognazzi homenajeando a Chaplin, Vittorio Gassman como un asesino a sueldo que da clases de inglés ¿?, Nino Manfredi como un hipocondríaco aspirante a Papa y Marcello Mastroianni, que hace las veces de magistral maestro de ceremonias como un presentador de telediarios al que literalmente se la suda todo.
De lo mejorcito que he visto últimamente. Véanla si pueden.
Saludos.

jueves, 9 de marzo de 2017

Postulados para la violación de la realidad #22



En 2010, Kiarostami realizó un pequeño encargo de la cinemateca francesa, un cortometraje en el que pudiera engarzar la infancia con la experiencia del cine, y con el que el director iraní volvió indisimuladamente a sus más primerizos trabajos, en los que con tanto acierto filmaba a los chicos de las calles de Teherán, tanto en el colegio como fuera del mismo. NO parece un modesto híbrido entre el documento amable y el spot televisivo, pero se pueden rastrear muchas claves de la cobardía de los cineastas contemporáneos,incapaces de elaborar preguntas sencillas, por miedo quizá a que las respuestas también sean sencillas. En este caso, es una niña la que contesta, pensando que a lo mejor va a ser la protagonista de una película, y de la que vamos conociendo detalles de su día a día, de que tiene un amigo que envidia su pelo y a veces se lo corta sin que se dé cuenta, y de cómo no podrá ser una estrella de cine si siguen cortándole el pelo... Una cámara, una niña, un relato. El cine.
Saludos.

miércoles, 8 de marzo de 2017

El miedo a la complejidad



Una de las notas más discordantes de las nominaciones a mejor película en los oscar ha sido la inclusión de ARRIVAL, de Denis Villeneuve, y puede que esta disonancia la dejara fuera de las quinielas desde el principio, pese a acumular nada menos que ocho, triunfando sólo en los efectos sonoros. No creo que al director canadiense le vaya a resultar fácil empatizar con la industria hollywoodense, a menos que siga en la línea de elegir historias más convencionales, como es este caso. Y sé que se pondrán las manos en la cabeza al oír esto, pero no sé qué tiene de novedoso, rompedor o revolucionario un relato acerca de una llegada extraterrestre en la que los visitantes intentan advertir a los cazurros terrícolas de que deben aflojar el pistón para no autodestruirse. Esto ya lo hemos visto antes, y más elaborado, y me mosquea mucho el tono mesiánico (esas imágenes a lo Malick...) de un director que no tenía miedo de explorar a sus personajes ni las circunstancias que le rodeaban. De hecho, toda la parafernalia visual, las naves, los trajes, la iluminación, remiten incontestablmente a la "odisea" kubrickiana, por lo que ARRIVAL parece, sobre todo, un sentido homenaje a la película que redefinió el concepto de ciencia ficción hace ya medio siglo, lo cual no es malo en sí, porque Villeneuve tiene el talento y la fuerza suficiente para elevar su producto por encima de la media, pero no le permita explorar sus propias posibilidades como cineasta y autor. Es una sensación extraña la que me deja esta película, bien en las formas, incluso en su ritmo pausado, bien los actores, pero me da la impresión de que el film va a calar en el imaginario colectivo mucho menos de lo que cabría presuponer a sus ambiciosos propósitos.
¿Que si hay que seguir confiando en Villeneuve? Yo, con los ojos cerrados. Sólo espero que le lleguen guiones que estén a su altura.
Saludos.

martes, 7 de marzo de 2017

Amor animal



Sorprendió ver incrustada en la nominación a mejor guion original en los oscar de este año a THE LOBSTER, última bizarrada del griego Giorgos Lanthimos. Una pesadilla distópica que presenta una sociedad que no admite a las personas solas, y de hecho las obliga a encontrar una pareja en un determinado tiempo, por lo que deben pasar una estancia en un hotel junto a otros "solitarios" bajo unas reglas tan estrictas como extravagantes. Desde el principio son informados de que disponen de 45 días para ello, aunque pueden ampliar el margen si atrapan a otros solitarios en unas partidas de caza en las que se usan dardos tranquilizantes. Pasado el tiempo, si alguien no se ha emparejado, será despojado de su humanidad y convertido en el animal que previamente haya elegido.
Sí, es cierto que como guion original, lo que se dice original sí es, pero THE LOBSTER arrastra dos o tres lastres demasiado pesados y que bajan considerablemente su calidad total, dejándola en una especie de extravagancia sin mucha importancia. Es demasiado larga, y le sobra prácticamente una hora entera; la mayoría de personajes, pese a contar con un fabuloso reparto, carecen de peso y de repente desaparecen de la trama sin haber dejado apenas huella; y lo más preocupante es que la segunda parte, en lugar de concretar todos los apuntes de la primera, se dedica a divagar sobre algo que el director de CANINO y ALPS debe tener muy claro, pero que yo no tengo ni idea de qué diablos es. En definitiva, una película extrañamente fallida, donde brillan especialmente la límpida fotografía de Thimios Bakatakis y el uso de la música, que en la parte del hotel logra momentos de hilarante surrealismo. De todas formas, puede que a Lanthimos le haya pesado contar con un presupuesto más amplio, como si se hubiese visto obligado a contentar a demasiada gente. Habrá que esperar qué es capaz de ofrecer en su nuevo film, que está a punto de estrenarse y que además de repetir con Colin Farrell tiene como gran estrella nada menos que a Nicole Kidman.
Saludos.

lunes, 6 de marzo de 2017

Fantasía occidental



Marvel se vuelve a apuntar un tanto en el bestial engranaje que está reinventando el cómic de superhéroes y adaptándolo a las nuevas técnicas visuales. En este caso, y en mi opinión, se hacía imprescindible hincarle el diente al más famoso hechicero de la compañía creada por Stan Lee, ya que su "universo" es de los más expansivos e imaginativos del mundo del cómic. DOCTOR STRANGE es un verdadero órdago, no ya por su catarata de efectos visuales (unos más estimulantes que otros, e inapreciados en los oscar), sino por la apuesta decidida a que sus personajes sean encarnados por los mejores actores del momento. Benedict Cumberbatch simplemente ha nacido para interpretar a Stephen Strange, y su carisma y socarronería británica le otorgan al personaje esa personalidad que le hacía tan especial. Pero es que habría que sumar nada menos que a Tilda Swinton, Chiwetel Ejiofor, Rachel McAdams y un tremebundo Mads Mikkelsen, conformando un reparto de primerísima línea. Dirige Scott Derrickson, irregular en sus franquicias de terror, pero poseedor de cierto talento para crear atmósferas insanas, aunque es cierto que aquí se hubiese agradecido un poco más de truculencia, habida cuenta de que hablamos de un personaje que ha de vérselas nada menos que con las fuerzas demoníacas más poderosos del universo. Y es que lo más interesante, dejando de lado unos efectos especiales no recomendados para epilépticos, son los enfrentamientos dialécticos, con el culmen en el hilarante (y ya mítico) encuentro entre Strange y el todopoderoso Dormammu, que ya están tardando en parodiar en Los Simpson...
La base está establecida, y pese a sus muchos convencionalismos, lo cierto es que DOCTOR STRANGE rezuma ese confortable aroma setentero (yo siempre lo he considerado un exploitation en toda regla) que fue una de las etapas más prolíficas y creativas de la Marvel. La pena es que me temo que, una vez integrado a Los Vengadores, Strange difícilmente va a tener más que un peso secundario. Veremos.
Saludos.

domingo, 5 de marzo de 2017

Rincón del freak #261: To er mundo e güeno



Hay dos adjetivos que no podía quitarme de la cabeza tras las dos insufribles horas de LION. Ñoña y peligrosa. El primer calificativo responde a si, como es mi caso, se ha sido incapaz de de encontrar dónde está la gracia de contar la historia de un niño que se pierde en la India y es adoptado por una familia australiana. El segundo lo hace a través de los muchos habitantes del primer mundo con graves problemas de conciencia, y que adoptan o aprueban la adopción de un niño en la India mientras su kilométrico vestuario está compuesto por prendas manufacturadas en ese país, precisamente por niños en situación de semiesclavitud. Así que prepárense a "gozar" con 120 minutos de lecciones morales a mansalva mientras Hollywood cubre la cuota hindú de la misma forma que otras veces lo hace con musulmanes o chinos, ya que este año tocaba pasarle la mano por el lomo a los negros. Además, van a ver lo que nunca pensaron que podrían ver: a Nicole Kidman caracterizada como una señora normal. Para rematar, algo que nunca me cansaré de reprochar a Spielberg y que este año ha sido tendencia en varios títulos, como es la innecesariedad de insertar imágenes reales al final. Un horror, vaya...
Saludos.

sábado, 4 de marzo de 2017

Un Origami animado



De entre la mediocridad reinante en los oscar de este año, habría que reconocer que lo mejorcito ha estado repartido entre las categorías de "habla no inglesa" y "animación". Y una de las propuestas más celebradas ha sido KUBO AND THE TWO STRINGS, una preciosa fantasía en exquisito stop-motion, con un pie en la tenebrosa imaginería de Neil Gaiman y otro en la exuberancia del estudio Ghibli. Y no es casual, ya que su máximo responsable, Travis Knight, fue parte importantísima en CORALINE, además, la trama está ambientada en un Japón medieval en el que mitos y leyendas cobran vida y ponen a funcionar un enfrentamiento entre el bien y el mal, que también es la crónica del paso a la madurez del niño del título. Ya desde el espectacular arranque, tomamos conciencia de que Kubo no es un chaval normal, y que su madre ha huido con él por una poderosa razón, tan poderosa como su legendario shamisen de dos cuerdas, que al ser tañidas desatan la magia que protege al joven Kubo de sus perseguidores, seres del más allá que anhelan arrancarle el único ojo que le queda.
KUBO... es una experiencia más que gratificante, y la reválida del estudio Laika, que se postula como un interesantísimo renovador de la escena animada estadounidense, apostando por historias menos edulcoradas que Disney y  también más osadas en lo gráfico. De hecho, en el DVD se incluye tras los títulos de crédito finales (no se pierdan la bellísima versión que Regina Spektor realiza de un famoso tema compuesto por George Harrison) un inserto que da cuenta de la complejidad de este trabajo, uno de los imprescindibles de la temporada, aunque tampoco se llevara el galardón.
Saludos.

viernes, 3 de marzo de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #11



El salto hacia la madurez cinematográfica que experimentó Ettore Scola con C'ERAVAMO TANTO AMATI en 1974, fue el que de verdad abrió los ojos de la crítica internacional hacia un director que por primera vez acometía un proyecto ambicioso y de una complejidad narrativa excepcional. La historia de tres amigos a lo largo de tres décadas sirve para poner en marcha una corrosiva crítica del devenir de un país, Italia, cuyo conformismo apenas reconocido queda reflejado en los distintos puntos de vista de dichos personajes, aparentemente diferentes, pero con los aspectos básicos inalterablemente en común. Compartiendo el amor por una misma mujer (Stefania Sandrelli), los tres se reúnen en el restaurante de siempre y disertan sobre sus batallitas en el frente, aunque cada vez se van distanciando más, sobre todo por las diferencias económicas de cada uno. Nicola (Stefano Satta Flores) es un eterno aspirante a intelectual comunista, con una pasión desmedida por el cine y que sobrevive escribiendo inanes críticas que apenas leen quienes le recuerdan por participar en un concurso televisivo. Antonio (Nino Manfredi) sólo anhela un trabajo decente y una vida tranquila y aburguesada junto a su adorada Luciana. Mientras, Gianni (Vittorio Gassman) se ha enriquecido ilícitamente, y aunque se encuentra en la cima se da cuenta de lo terriblemente solo que está, por lo que es incapaz de compartir su verdadero estatus con los que un día fueron sus amigos. Tres caras de un país, una sociedad sostenida en las apariencias, y que explota en escenas memorables e inolvidables para un cinéfilo, como los cameos de Mastroianni, Fellini y De Sica, haciendo de ellos mismos. O la terrorífica y esclarecedora pelea, tras una borrachera, de Nicola y Antonio, porque uno llama al otro vago y este le responde que es un burgués acomodado, mientras Gianni se desgañita inútilmente, gritando que él es el verdadero culpable de su desgracia, porque se ha enriquecido a costa de ambos. Por supuesto, el burgués y el proletario no le escuchan, ocupados en escupirse maldades, en lugar de buscar el acuerdo contra el auténtico explotador. Más elocuente, imposible...
Maravillosa.
Saludos.

jueves, 2 de marzo de 2017

Postulados para la violación de la realidad #21



Es una frase recurrente de aquellas personas a las que no les gusta el fútbol, usada sobre todo para razonar el absurdo de esta nueva religión de masas: "Es que ver a 22 tíos en calzón corto, corriendo de aquí para allá"... No es mi caso, porque a mí el fútbol me gusta, y creo que es perfectamente compatible con muchas cosas. El problema es que nos permitimos a nosotros mismos el ser radicales en nuestras razones y convicciones, pero difícilmente asimilamos esta misma radicalidad cuando se trata de la mirada del otro, y mucho menos cuando esta radicalidad consume por entero una obra artística. En el caso de Abbas Kiarostami, esto alcanza su máxima expresión en SHIRIN, que no permite ninguna media tinta, sólo ceros o dieces, porque su autor así lo ha querido, pero porque un autor tiene pocas opciones para no traicionarse, apenas serse fiel a sí mismo. Así, el cuento originario del Siglo XII, en el que se narra el amor imposible entre la princesa armenia, cautiva en un harén, y su inesperado libertador. Efectivamente, SHIRIN es hora y media de primeros planos de rostros femeninos, observando en la oscuridad de un cine un film del que sólo escuchamos los diálogos, la banda sonora ¿Colegimos que la intención de Kiarostami es sólo capturar las emociones a flor de piel de estas mujeres? Yo creo que no, y creo que Kiarostami consigue, una vez más, algo muy complicado: elevar una durísima crítica al papel de esclavas al que se ha sometido a las mujeres en Irán sin emplear un solo elemento subjetivo. Ése es uno de los grandes regalos de un film que no pretende resultar entretenido, porque para eso tenemos el fútbol, por ejemplo. De ahí que me extrañe la ausencia de concepción crítica para una película que es eso, puro concepto. Porque es necesario que existan películas "diferentes", públicos "diferentes", tanto como críticas "diferentes", porque debemos acabar con la tiranía del busto parlante, quizá con los bustos que observan, escuchan y procesan.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!