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jueves, 1 de agosto de 2024

Agua envenenada


 

Otra película que ya me extrañaba no haber hablado de ella, pero que por estas cosas del destino me sirve para redondear el mínimo homenaje a la figura de Robert Towne, con el que creo que fue su trabajo más redondo. CHINATOWN es, ante todo, guion; guion perfecto, serpenteante, inasible, libre en su vocación por asirse con convicción a los clásicos, para seguidamente adoptar una modernidad rabiosa. Es, también, un prodigio de dominio en la dirección de Roman Polanski en estado de gracia, con un ritmo que igual parece pausado como hace saltar por los aires una trama endiabladamente compleja, con un antihéroe zarandeado, vulnerable pero obstinado por llegar al fondo de un misterio que se hace cada vez más oscuro. En uno de sus trabajos más contenidos (y no es poco señalarlo), Jack Nicholson navega entre la picaresca y la integridad, moviéndose en un mundo putrefacto de intereses y apariencias, donde parece que todo puede valer si se dejan los escrúpulos de lado. Una obra maestra que cumple ya 50 años, y que supone el manual vívido de cómo construir una historia hipnótica, de infinitas lecturas semánticas. Recuperarla es recuperar la cumbre de un guionista irrepetible.
Saludos.

miércoles, 16 de octubre de 2019

No se dejen engañar



LES PLUS BELLES ESCROQUERIES DU MONDE, de 1964, fue otra de las muchas películas corales de la época, en la que se relataban cinco visiones diferentes de lo que significa una estafa, desde lo puramente crematístico, lo intensamente dramático, lo jocosamente cómico e incluso la profunda reflexión filosófica sobre qué es una estafa. Abría la función Hiromichi Horikawa, cuya carrera como director es prácticamente ignota fuera de Japón, pero que fue fundamental como director asistente de algunas de las más grandes obras maestras de Akira Kurosawa. En "Los cinco benefactores de Fumiko", sigue a una prostituta experta en cazar ancianos para desplumarlos, aunque se ve entre la espada y la pared cuando uno sufre un percance y muere, por lo que es acusada de homicidio y robo. No les contaré cómo acaba, pero intenten imaginar qué diablos puede tener que ver una dentadura postiza...




El segundo segmento, pese a estar ambientado en Amsterdam, fue dirigido por un joven Roman Polanski. "El collar de diamantes" es muy parecido argumentalmente, y sigue a otra joven en la ciudad de los canales. Su rutina consiste en ir en bici, observar la multitud de coches que caen diariamente al agua y cambiarse de ropa en algún coche ajeno, con la esperanza de que su dueño sea un hombre acaudalado. Cuando lo consigue, se hace pasar por su esposa con el objetivo de hacerse con el collar de diamantes que iría destinado a ella, pero sin contar con un escabroso detalle que trastoca sus intenciones...



Ugo Gregoretti va un paso más allá en "La hoja de ruta", donde un joven se ofrece a ayudar a la prostituta de la que se ha enamorado a regresar a su Nápoles natal, pero debe casarse con un anciano para obtener el permiso de residencia. Él espera ingenuamente obtener un beneficio económico y los favores de la mujer, pero en cuanto aparece su antiguo proxeneta no quiere saber nada de él. Sin embargo, aún guarda un as en la manga, e insta al marido de conveniencia a que la denuncie por adulterio y cohabitación...



Y llegamos, cómo no, a Chabrol en su vertiente más cómica. En "El hombre que vendió la torre Eiffel", asistimos al delirante negocio que un avispado francés le endosa a un desquiciado millonario alemán: nada menos que venderle la celebérrima torre, con sus documentos y todo. Puede parecer una completa gilipollez, pero tras lo improbable de su argumento se esconde una ácida crítica a una megalomanía propia del país teutón, la misma que en repetidas ocasiones les ha llevado a creerse prácticamente los dueños del mundo...



Y para cerrar la función, nada menos que Godard filmando a Jean Seberg en Marrakech. Ella es una reportera norteamericana que aspira a realizar documentales como Jean Rouch, y sigue la pista de un misterioso falsificador, del que se dice que en realidad es un asceta que da a los pobres todo lo que estafa mediante la falsificación de dólares. La entrevista final no sólo es reveladora, anteponiendo la verdad del delito ante la mentira de la supuesta legalidad de los grandes sistemas económicos, sino que reflexiona sobre su propio título. "La gran estafa" puede ser también hacer pasar por reales las imágenes filmadas. Y como dice el propio estafador "Cuándo dejará de filmar y empezará con la realidad"...
Saludos.

sábado, 7 de septiembre de 2019

Películas para desengancharse #56



Sí, cómo no, LE LOCATAIRE, de Roman Polanski, o el gusto por hacer narración del puro desequilibrio psicológico, que parece muy fácil a base de llenar la pantalla de incongruencias, pero que es más jodido de defender si se logra el punto justo entre el eje subjetivo y el objetivo. Moviéndose entre el desarraigo de Antonioni y la angustia kafkiana, Polanski adaptó la novela de Roland Topor (integrante del grupo "Pánico") como si Poe encontrara a Hitchcock en algún punto de no retorno, para contarnos la extrañísima historia de Trelkovsky, un inocuo joven que se muda a un cochambroso apartamento que acaba de quedar vacante, ya que su anterior inquilina se encuentra en estado crítico tras lanzarse al vacío sin razón aparente. Trelkovsky parece fascinado con la historia e indaga en qué la pudo llevar a intentar suicidarse, pero el extraño comportamiento de los habitantes del edificio, incluido su casero, hace que dude de todo el mundo y piense que está siendo víctima él mismo de una conspiración. EL QUIMÉRICO INQUILINO (la traducción que se hizo aquí es impagable) es un cine muy literario, compuesto de multitud de sensaciones contrapuestas y una saludable negativa a ir por el sitio que la ortodoxia suele imponer; todo ello hizo que fuese un sonoro fracaso, tanto de público como de crítica, y que Polanski empezara a replantearse su relación con la industria, arriesgando bastante menos en sus siguientes proyectos. Hoy día, el film luce absolutamente fresco y moderno, adelantando mucho del terror psicológico que se ve actualmente y confirmando a su autor como el gran adelantado que siempre ha sido. El desenganche, sin embargo, lo experimentó el propio Polanski...
Saludos.

lunes, 6 de enero de 2014

Poder absoluto



Entre dos películas tan aparentemente alejadas como ROSEMARY'S BABY y THE GHOST WRITER median más de cuarenta años y una suposición testimonial acerca del talento y versatilidad de Roman Polanski para hacer que estos dos títulos colisionen felizmente en un imaginario personal, el suyo, plagado de anatemas y trampantojos. Si en aquélla era un acertado John Cassavetes quien ocultaba una terrible verdad a una Mia Farrow encarnada en símbolo de la pureza mancillada, en la reciente adaptación de la famosa novela de Robert Harris, el juego político, convertido en fortaleza inexpugnable (la misma que refugia al séquito del ex-presidente alrededor de su improvisado biógrafo) supone un retablo de conductas deformes que se sostienen por un sentido de la endogamia tan retorcido como endiablado. Uno no sabe con certeza a qué atribuir esta conexión, pero existe y es, en última instancia, el gran acierto de un Polanski bastante consciente de que enfila ya los últimos años de su carrera. A medio camino del thriller y la intriga pura, THE GHOST WRITER gira en torno a la misteriosa muerte del biógrafo oficial de un ex-primer ministro británico justo en mitad de la redacción de sus memorias, las cuales, se sospecha, bien pudieran contener algún aspecto "delicado". Así que la llegada de un joven escritor de medio pelo como sustituto nos indica que a lo mejor hay líneas que no deben rebasarse. Su improvisada investigación paralela y el extraño vínculo que irá adquiriendo con los personajes que giran como satélites alrededor de un astro rey que poco a poco irá revelándose como un simple títere de algo más grande y, por supuesto, más oculto, supone el gran aldabonazo de esta historia apasionante y tan socarrona como lo está siendo este último Polanski. Finalmente, y pese a algunas licencias de casting (no entiendo qué hace ahí Kim Cattrall), el pulso mantenido por Pierce Brosnan y Ewan McGregor queda excelentemente punteado por una inquietante Olivia Williams y la intervención, ya al final, de un estupendo Tom Wilkinson en ese giro que nos lleva de cabeza a 1968. Está ahí, y no parece casual...
Saludos.

jueves, 5 de enero de 2012

Historia de un muchacho #4



Han pasado 37 largos años e infinidad de reposiciones navideñas del clásico de Carol Reed (bastantes menos de los otros dos); cualquiera pensaría que el personaje de Oliver Twist iba a mantenerse en su intocable estatus para siempre. Y hete aquí que un director aparentemente alejado de los parámetros dickensianos decide poner al día la historia con las herramientas propias del nuevo milenio. El OLIVER TWIST de Roman Polanski bebe (con moderación) de la tragedia de la versión de Lean y de la jocosidad del musical, pero también se pueden rastrear las huellas de otro film de Polanski ¿No es acaso THE PIANIST la historia de una orfandad forzada, de un deambular a base de zarandeos vitales? Sea como sea, es esta versión un estilizado ejercicio de estilo en el que destaca la pulcrísima fotografía de Pavel Edelman; puede que la representación de aquel Londres de 1839 de la que más orgulloso podría sentirse Dickens... y ya estamos aventurando demasiado. Y ya que estamos al final de este apasionante trayecto ¿por qué no extendernos sobre los personajes, al fin y al cabo la médula espinal del relato? No es este Oliver el más estimulante, a mi juicio; el joven Barney Clark (el de mayor edad de los cuatro) cumple con la misión de conmover a las piedras, sin embargo es el de menor presencia, y en un momento dado, hacia los tres cuartos del film, desaparece por completo de la narración, dando paso al resto de protagonistas. Jamie Foreman, sin llegar a la altura del gran Oliver Reed, cumple como un rudo Bill Sykes; Leanne Rowe borda su terrible personaje, para mí la mejor Nancy que he visto. Y por encima de todos, un sobresaliente Ben Kingsley, que sin mofarse de su complejo personaje tiene tanto de la decrepitud de Lon Chaney, la fantasmagoría de Alec Guinness y hasta esas gotas de humor negro que impartió Ron Moody. Este Fagin es el más completo y termina siendo el verdadero protagonista del film, a lo que contribuye una espeluznante escena final que Polanski y Kingsley nos regalan y que es lo mejor con diferencia. Merecen la pena estas dos horas de entretenimiento de calidad sólo para llegar a esos escasos tres minutos de Polanski en estado puro, sin las ataduras de las concesiones al espíritu de la adaptación. Los que hayan visto el final sabrán a qué me refiero.
Y se acabó. He decidido prescindir de la versión animada porque no la considero a la altura de las circunstancias, así como de las múltiples adaptaciones para la televisión o una ignota cinta canadiense que no he podido ver y que trasladaba a Twist al presente. Éstas son las cuatro películas que, hasta ahora, conforman lo que el cine ha dado a una historia inmortal, eterna; uno de esos escasos patrimonios que de verdad pueden considerarse por y para la humanidad; luces y sombras de una época que puede ser cualquier época... la mejor y la peor de las épocas...
Saludos desde el hospicio.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Terrores primarios

Una regla no escrita del cine nos indica que un director, cuando domina verdaderamente su oficio, es capaz de saltar las fronteras ficticias de lo que comúnmente se da en llamar género, además de dejar su impronta personal, su "sello". Y Roman Polanski es (yo no puedo ni debo dudarlo) uno de estos artesanos/autores que tantísimo echamos en falta en estos tiempos de miseria cinematográfica. Y ROSEMARY'S BABY podría ser el culmen más evidente de todo este esquivo paseo, el perfecto cruce entre arte y género; tan adecuada para un aficionado palomitero como inquietante y evocadora para el cinéfilo más exigente.
No vamos a descubrir nada ahora de esta mítica y aclamada cinta de terror, más preocupada por destrozar las claves de un género abocado a renovar sus viejos esquemas que por realizar la enésima demostración efectista. El terror que propone Polanski proviene de nosotros mismos, de la incapacidad de aceptar al otro o de la abducción del individuo por el grupo cerrado, desembocando su extraña y retorcida trama en la transformación, la inevitable destrucción del yo que nos es mostrado al principio para que veamos a la víctima como supuesta causante del daño. La atmósfera de ROSEMARY'S BABY es asfixiante, nunca tenemos la noción de que pudiese existir nada más allá del inquietante edificio al que se mudan Mia Farrow y John Cassavetes, la certera e inolvidable pareja que queda a merced de un mal que, obviando los esoterismos y sectarismos, extrae su gran interés de la desasosegante disolución de la identidad en pos del fin último: el alumbramiento de un ser que no pertenece a ningún mundo ni a ninguna raza; reflejado perfectamente en la última e inolvidable escena, una de las cumbres del terror de todos los tiempos y que resume exactamente todo lo que esperamos de una película de estas características: que no nos tome el pelo.
Saludos desde la cuna.

martes, 1 de septiembre de 2009

Del tejado al suelo

Si hay un aspecto que debo destacar y que me gusta especialmente de los films de Roman Polanski, esto es cómo es capaz de hacer suyo por completo ese resbaladizo coladero llamado "cine de género"; pisar por donde han ido los grandes, sin desentonar y hastaaportando algún destello genial, como en CHINATOWN. Sin embargo, hoy me he acordado de una película que ya cumplió los veinte años y que recuerdo con gratitud, la del admirador de Hitchcock que, más allá de innecesarios y repetitivos homenajes, pudo ver una obra a la altura del sentido del suspense del maestro, con sus genuinos toques de humor negro, y que además está magníficamente resuelta en todos los sentidos.
Lo primero, creo yo, sería señalar que fue FRANTIC el último título verdaderamente reseñable en la extraña carrera de Harrison Ford, capaz (igual que DeNiro; igual que Pacino; igual que Walken; igual que Connery; igual que Keitel... No se crean) de erigirse como el actor más popular de su generación y luego esfumarse en papeles alimenticios sin trascendencia alguna, síntoma éste demasiado frecuente en el star-system hollywoodense.
En esta "frenética" cinta, Ford borda su extrañado papel (claro alter-ego del Cary Grant de NORTH BY NORTHWEST y hasta del Paul Newman de TORN CURTAIN) del típico superdoctor cosmopolita y conferenciante que en un París impecablemente filmado por Polanski descubre, en una secuencia memorable y nada menos que al salir de la ducha, que su mujer ha desaparecido de la habitación del hotel donde se encuentran, por extensión del hotel mismo y, en plena pérdida de estribos, de cualquier sitio. La búsqueda de Ford, después de recibir un misterioso número de teléfono apuntado en una caja de cerillas, será ya el núcleo de todo el film, con algunas secuencias más que merecen ser mencionadas, como la del hilarante a la par que sensual baile de la maravillosa Emmanuelle Seigner con los acordes del Libertango del maestro Piazzolla y cantado nada menos que por Grace Jones, o la que ilustra esta humilde reseña y que constituye uno de los pocos desnudos frontales de Ford, amén de (estoy seguro) una saludable alegría visual para mis recatados lectores y/o lectoras...
En fin, que nunca está de más rescatarla de baúl de los recuerdos, sobre todo si se busca entretenimiento de calidad... Y de ANTICHRIST ya hablaré otro día... No digo más...
Saludos frrrrrrenéticos...

jueves, 21 de mayo de 2009

Perdóneme, pero sus dientes están en mi cuello

Ésa es la divertida coletilla que acompañaba el título original de una película que aquí se llamó EL BAILE DE LOS VAMPIROS.
Y es que THE FEARLESS VAMPIRE KILLERS supuso la confirmación del talento y versatilidad de un joven Roman Polanski justo antes de su gran obra maestra, ROSEMARY'S BABY. Moviéndose con agilidad entre la comedia satírica, la desmitificación bárbara y el terror kitsch (si es que eso existe), Polanski presenta un dinámico e imaginativo collage de situaciones que a veces rozan incluso al slapstick más descarado. Algunos gags no tienen nada que envidiar a Keaton, Chaplin o los Marx; la maravillosa fotografía de parajes helados de Douglas Slocombe, de tono casi expresionista; unas interpretaciones magníficas, conscientes del tono paródico y sin caer en la vulgaridad o la falta de respeto en los clásicos que le sirven de inspiración, mayormente producciones de la Hammer.
Con todos esos ingredientes, Polanski narra una típica historia de vampiros que no tiene nada de típica; empezando por ese profesor chiflado, empeñado en demostrar sus teorías vampíricas, que viaja con su sobrino (Polanski) hasta una pequeña aldea y se instalan en una posada de la que cuelgan numerosas ristras de ajo... La hija del posadero es raptada por un peculiar vampiro y estos estrafalarios personajes van al castillo, donde todo se desmadra. Un jorobado gruñón guarda el sueño diurno del erudito conde Von Krolock y su hijo, un vampiro homosexual que se enamora del personaje de Polanski. Imperdible la gran escena del baile final con los dos "héroes" infiltrados entre un montón de vampiros y que serán descubiertos... Descúbranlo ustedes mismos.
Saludos desde el catafalco.

martes, 6 de mayo de 2008

Expresiones experimentales, experimentos expresionistas

Una de las razones fundamentales por las que este modesto blog presenta una apariencia tan caótica en sus contenidos es porque no quiere caer en los excesos derivados de cualquier revista de actualidad, cuyos ejemplares son legión. Debe ser la propia película comentada, a través de sus defectos y virtudes, quien marque el pulso que contengan dichas líneas.
Introducción que no es vana si atendemos al film de hoy. THE PIANIST incluye casi en la mitad de su metraje imágenes que nos remiten automáticamente a una manera de hacer cine primitiva, en desuso. Polanski deja sin argumentos a los manipuladores de la imagen en aras de una supuesta "modernidad", y concreta la regla de oro que dice, alto y claro, la imagen debe ser absorbida por la narración y viceversa.
Esta obra maestra, que me dejó paralizado en su momento, es un fugaz ramalazo del genio intermitente que siempre ha acompañado al polaco, pero también sirve para marcar un posible camino a seguir por las grandes producciones que se piensen inteligentes (valga como ejemplo ZWARTBOEK, del maestro del altibajo Verhoeven).
La atmósfera de THE PIANIST resulta en todo momento creíble, podemos palpar la angustia que acompaña a Szpilman (me parece que el amigo Brody sólo puede hacerlo peor a partir de aquí) en su odisea, casi milagrosa, por aquella ruleta rusa continua que significó el holocausto nazi para los judíos. Los escasos detalles que no me gustaron se refieren a las sádicas vejaciones sufridas por los prisioneros, y es que, desde Schindler, se convierte en una constante para este tipo de cine el remarcar dicho asunto, casi con aires de venganza.
Como esto último es mera anécdota en un film inmenso por donde se quiera coger, reseñaré la claustrofóbica espera del pianista en un piso olvidado, con la única compañía de un viejo piano que no puede tocar por temor a ser descubierto, recordándonos de paso que el personaje es humano y sufre, por tanto, en una situación límite. Pero, sobre todo, la magistral narración en imágenes que Polanski saca de la nada desde que Szpilman abandona el piso y vaga por las ruinas de a ciudad destruida. Pocas veces se ha visto en la pantalla tan claramente el rostro de la desolación. Y digo imágenes porque, de repente, y en una curiosa pirueta, en la que el protagonista pierde el oído por el estallido de una bomba, lo que obtenemos es EXPRESIONISMO MUDO!
Se nos muestra un personaje físicamente arruinado, que no habla, que esquiva a sus perseguidores como una alimaña asustada y que dota a una lata de conservas de una trascendencia casi mística. Una parte final en la que los gestos lo son todo y en la que nunca necesitamos una sola línea de diálogo para entender cada detalle de lo que ocurre.
Cerraremos diciendo que la escena en la que dicha ruina humana se sienta frente a un piano e interpreta a Chopin bajo la mirada del oficial nazi, pertenece ya al olimpo de la cinefilia más emocionante.
Melódicos saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!