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sábado, 29 de noviembre de 2025

Piensa mal


 

Andrés, Pablo y Baldomero trabajan en una mina de oro, al otro extremo de la isla donde viven. A la hora de volver, tras un mes, aún han de gastar una parte del mísero sueldo para el barquero que les cruza el río o untar a los "guardabosques". Pero Andrés, el más joven, no entiende que Baldo, el más veterano, tenga que quedarse también con una parte por conocer el tortuoso camino a través del bosque; mientras Pablo, justo y piadoso, intenta intermediar ante dos caracteres contrapuestos. GENUS PAN deseca la narración hasta niveles insospechados, ocupando dos tercios de un metraje total de casi tres horas en ese viaje, más emocional que físico, donde Lav Diaz ejecuta un fino trabajo de guion; diálogos banales, reiterativos, pero esclarecedores, que dan la medida de una brutalidad e injusticia que carcome cada pequeño acto. No es de extrañar que, en mitad de la barbarie, la religión acabe siendo casi el único refugio al que acogerse. O dicho de otra manera: si el cine se empeña en seguir idealizando la violencia y/o la maldad, no irá más allá de ser captado como cine. 
Por cierto, el título alude al nombre académico del chimpancé.
Saludos.

lunes, 22 de enero de 2024

Epopeya del abandono


 

En la sección "Noves Visions" de Sitges, brilló especialmente IN MY MOTHER'S SKIN, crudelísima fábula ambientada en la Filipinas devastada por la ocupación japonesa durante la WWII, y que incidía en la otra cara de las leyendas infantiles, donde las hadas no son tan benignas y ocultan fatales intenciones tras su apariencia benefactora. Con un aire más que de homenaje a EL LABERINTO DEL FAUNO, el debutante Kenneth Lim Dagatan elabora un film incómodo y pausado, que podría haberse quedado en la lenta decadencia de una familia acomodada, que prácticamente está a punto de sucumbir al hambre tras la partida del padre al frente. Sin embargo, Dagatan se adentra en las leyendas locales, introduciendo la figura de una especie de espíritu, que en principio desea ayudar a la primogénita, que se ha adentrado en el bosque en busca de alimento. El problema, por supuesto, es el alto precio que este hada, siempre rodeada de una cohorte de insectos, va a cobrarse, convirtiendo la vida de la familia en un infierno. Lo mejor de esta cinta termina siendo la magnífica ambientación, que transmite una atmósfera languideciente, y lo peor es que esa languidez se adhiere a un ritmo excesivamente cansino, que no abusa de los golpes de efecto pero que eterniza su hora y media innecesariamente, pasando de cierta solemnidad a un tedio infeccioso.
Curiosa, correcta y directa a plataformas.
Saludos.

jueves, 5 de febrero de 2015

En el cine



El boom que el cine filipino experimentó a mediados de la pasada década tuvo su punto álgido, internacionalmente hablando, en un film que hablaba de las dificultades, entramados y vivencias de una familia que regentaba un cine porno. Pero más allá de truculencias o audacias, que las tiene, lo que termina revelando SERBIS es a un extraordinario director de actores, que maneja como nadie los espacios y usa cualquier elemento a su alcance para ponerlo al servicio de su fluidísima narrativa. SERBIS es una película sorprendente por la sinceridad en clave coral y los complicados vericuetos en los que se mete y de los que sale indemne gracias a "esa otra historia", la que no se ve pero se intuye constantemente y que habla de la decadencia de un establecimiento que ya sólo sirve como refugio de amantes conchabados (el "servicio" del título) y que parece un gran buque a la deriva, repleto de pasadas glorias y esplendores repintados una y otra vez para no perder su última dignidad. Es esa familia (el cine, irónicamente se llama Family) la que sustenta la intrahistoria no ya de ese trozo de Filipinas, sino del país mismo, como una fantasmagórica alegoría de la colonia que aún pega bandazos, preguntándose a quién pertenece realmente. Todos sueñan con volar, pero permanecen apegados a un espacio que les atrae una y otra vez y sin saber muy bien por qué; el cierre de este film no puede ser más significativo: el único integrante que decide marcharse sin despedirse se da cuenta inmediatamente de que sólo sabe subsistir de una forma, y el "servicio" continúa en otra parte...
Gran y desconocida película.
Saludos.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Postrado de hinojos



Digámoslo ya, si no puede que esta aseveración quede obsoleta inmediatamente. Si convenimos que Brillante Mendoza es el género, Lav Diaz (el poder de) la narración y Khavn de la Cruz  la fiereza hecha imagen, entonces Raya Martin es el diletantismo, el arte por el arte o casi. Casi porque el más terrible de los novísimos cineastas filipinos suele escudar sus atosigantes mamotretos tras cualquier excusa que, como poco, nos consiga un par de minutos pensando sobre si en realidad nos están tomando el pelo. Por ejemplo, en A SHORT FILM ABOUT THE INDIO NACIONAL (OR THE PROLONGED SORROW OF THE FILIPINOS), lo que Martin necesita para introducir una desolada sucesión de imágenes fijas, en blanco y negro y sin sonido, es ni más ni menos que un cuento aterrador y tristísimo, lo único que se le ocurre a un pobre hombre para hacer dormir a su santa esposa... Es muy rara esta película, primero porque parecen varias películas ensambladas sin un motivo claro; una bizarra fusión de diferentes formas de transitar una pantalla, con algunos momentos de extraña belleza (la lucha a machete, el final en el que un grupo de niños mira al cielo con rostro desencajado...), pero es imposible no recelar al leer la sinopsis, algo así como: "Filipinas, los filipinos, están hartos de la esclavitud de siglos, así que su mayor reto consiste en la creación de su propia Historia, escindida de la oficialista y en constante búsqueda de la comunión entre los ancestros y un porvenir a sangre y fuego...". Bien, muy bien, pero no creo que Raya Martin sea capaz de mostrar esto, ni aunque sus cortos duren 100 minutos...
Un saludillo.

jueves, 17 de enero de 2013

La escritura como tinta sobre papel



Si le intuyo la intención a Raya Martin, es difícil quedarse solamente con una palabra; ni siquiera "ensayo" y ni siquiera "desnudez". Ni siquiera "deconstrucción", porque para ello debería haber una construcción previa, y sus imágenes son tan egoístas, morosas y ensimismadas, que uno diría de esos edificios céntricos con un solo habitante, y no tan majestuosos como simplemente incólumes. A Martin le interesa contar lo mismo de siempre, incluso sin que le molesten las tramas zafias, casi de culebrón barato; lo que pasa es que su forma de narrarlo desborda cualquier lectura preconcebida de la misma. En NEXT ATRACTION, Martin juguetea con una especie de making-of en bruto sobre algo que está rodando, presumiblemente una ficción. Podemos ver al equipo, al director ordenando cuándo empieza o acaba una escena..., pero nunca a los actores; no vemos "qué" está rodando, y apenas lo escuchamos. Y, de acuerdo, si uno acepta hacerse el inteligente, a lo mejor concedemos un acto de genialidad a un tipo que, en el global de una producción, dota de la misma importancia a los que estarán delante de las cámaras como a los que están detrás. Sin embargo, su radicalidad no le permite elaborar un único discurso, por acertado que sea, así que, seguidamente, "vemos" lo que Martin y su escueto equipo rodaba. Rodaba una esquemática tramilla acerca de un joven que se ve incapaz de conciliar su incipiente homosexualidad con una preocupada a la par que impertinente madre. Imagino que, dada la extrema juventud de Raya Martin, la posibilidad de un inacabable ensayo preparatorio para pulirse la retina, antes de su primera obra de verdadera enjundia, es algo que entra dentro de lo que algunos pacientemente esperan. No es mi caso.
Próximos saludos.


martes, 11 de diciembre de 2012

Un paseo epidérmico por las tripas de un país



Si usted, avezado espectador, decide que los espasmos de Jim Carrey, la verborrea de Billy Crystal y los peinados de Alec Baldwin jamás le otorgarán estatus de cinéfilo digamos serio, un cinéfilo capaz de exponer sus profundas inquietudes con toda soltura ante un embelesado y a la vez partícipe ramillete de personalidades, tales como esas otras almas sensibles y atormentadas que son capaces de mantener diálogos permanentes con "El Arte" y sus intrincados vericuetos; lo que debe hacer, insisto, es ponerse inmediata e ineludiblemente con esto del Nuevo Cine Filipino, que contiene obras sugerentes, estimulantes y a veces incluso inexplicables. Yo no dudo de la sensibilidad e inteligencia de Raya Martin, un tipo que empezó a coger una cámara en pleno destete y cuya precocidad, unida a su extraña concepción de rodaje, le ha granjeado una, no diré yo que inmerecida, fama en esos círculos sanedrínicos que ahora parecen aflorar por doquier, auspiciados por estas nuevas tecnologías que sonnos motivo de solaz y donaire. Vale. Dicho esto, si usted ve, por ejemplo, AUTOHYSTORIA, lo primero que le recomiendo es que se haga con una sinopsis, donde le será explicado que un travelling de treinta minutos equivale a un ansia de libertad de la nación (la filipina, claro) oprimida por el colonialismo y que va al encuentro de su propia identidad. Sin dicha lectura, usted ve a un muchacho en camiseta caminando por una acera por la noche mientras alguien lo filma desde una camioneta. Luego, la enorme rotonda-plaza de la imagen que ilustra estas líneas simboliza la férrea lucha de este mismo pueblo (que sigue siendo el filipino) que, no obstante, va a tener que afrontar una serie de sacrificios. No se alarme si no es capaz de ensamblar el concepto "sacrificio" con un par de jóvenes observando la rotonda-plaza desde el interior de un vehículo, al fin y al cabo son otros quince o veinte minutos den plano fijo... Para finalizar, y sin mediar esos absurdos diálogos explicativos que tanto le gusta al espectador embotado (al que usted ya no aspira a pertenecer), se termina la función con la puesta en imágenes del sacrificio mismamente ¿Cómo? Pues los dos jóvenes que iban en el vehículo ahora caminan por la selva, atosigados (suponemos) desde atrás por sus captores; así hasta un sitio que está muy lejos y donde les espera un desenlace fatal. Y fin. Lo que demuestra que con una grabación casera usted también puede escribir la historia de su país.
Autosaludos.

jueves, 25 de octubre de 2012

Principio de depresión y 2



El aviso, antes de nada, se hace imprescindible: hablar de riesgo en la película de Lars von Trier, comparándola con la MELANCHOLIA de Lav Diaz, es un chiste, una bromita de mal gusto y evidentemente de gran desconocimiento. Esta MELANCHOLIA es una monumental-pequeña película; pequeña porque está rodada con nulos medios y lo fía todo al talento literario de su guionista (el propio Diaz), apoyado en una severa cámara digital tornada a un Blanco y Negro inquietantemente apagado. Monumental porque son 450 minutos de película... No se asusten ante la inmensidad, yo no lo haría ante una novela de mil páginas; además, hoy día uno no tiene que tragarse semejante mastodonte de una sentada (yo tardé dos días). Pasada la anécdota, lo que Diaz propone es un ingenioso e intrincado juego de espejos que, una vez visto, justifica sobradamente la duración ¿O no vivimos actualmente la fiebre de las teleseries, algunas prácticamente inacabables? Lo que hace a MELANCHOLIA habitar un estrato superior es, simplemente, su calidad narrativa; y es un gustazo perderse por sus márgenes, exabruptos, saltos definitorios, intrahistorias... Sí, como una buena novela... pero filmada. El principio puede resultar desconcertante: Una pequeña población de la periferia (selvática) filipina; una monja que pide ayuda para los pobres por las calles; una puta recién llegada y un chulo local que intentará reclutarla. De acuerdo, los personajes interactúan, se encuentran se separan y... voilà, de repente nada es lo que parece, ni nadie es quien representa. Se habla constantemente de un misterioso personaje, Julián, al que llegaremos a mitad de la cinta; un desquiciado cruce entre un intelectual ebrio, un diletante trasnochado que organiza radicales performances y un cruzado de la filosofía activista. Nuevo giro. No me gustaría traspasar la línea de lo explícito, porque el film es, ya digo, un extenso manual de sorpresas, pero sí que debo aclarar en el final de esta entusiasmada reseña que el gigantesco círculo propuesto por este director, multipremiado en festivales de medio mundo, es una reflexión sobre la miseria moral de su país tamizándolo por diferentes circunstancias personales que, en suma, no son más que estados depresivos, más bien de impotencia ante ese "mal sin nombre" que se esconde en la recóndita Filipinas, y que la nueva y muy interesante hornada de jóvenes directores está ya poniendo sobre aviso gracias a su significativo paso por festivales internacionales. Así que si quieren riesgo, deberían saber dónde mirar.
Saludos emocionalmente aplastados.


miércoles, 31 de agosto de 2011

Sangre estúpida



El mal no se explica; el mal existe, está ahí desde siempre. Nos inquieta más que nada en el mundo por qué la gente hace las cosas que hace. Cómo una madre mata a sus hijos; cómo se le da un tiro en la nuca a un policía; cómo es posible que la misma policía mantenga ocultos crímenes inhumanos a su cargo. Eso ocurre, lo sabemos e intentamos mantenernos lo más lejos posible de esa otra realidad del día a día; nosotros somos hijos de la normalidad, sólo aspiramos a que el día vuelva a repetirse como el anterior, que nuestro final sea tranquilo, sin sobresaltos. KINATAY no hace más que recordarnos el hedor de las cloacas; claro que no nos gusta, por supuesto; pero esa peste no va a irse fácilmente una vez hayamos tocado lo que está irremisiblemente podrido. KINATAY es más que un descenso a los infiernos, mucho peor, porque constata la impunidad, el vacileo de los que tienen la sarten por el mango; y es terrible porque sobrevuela la innecesariedad de lo truculento, la cotidianidad del horror. Peping (nunca un nombre fue tan afortunado para un film) es un animoso estudiante de la Academia de Policía, acaba de casarse y aspira a ascender en una ciudad, Manila, donde lo normal es caer en el fango de la miseria. El asunto del dinero es omnipresente en la historia, casi más importante que la sucesión de crímenes. Peping habla de dinero constantemente, del que aún no tiene pero tendrá, del que le presta su cuñado para la boda, del sobresueldo en trabajos especiales. Uno de estos trabajos, de manera imprevista, arrastrará a Peping al corazón mismo de la iniquidad cuando una brigada se lleve por la fuerza a una prostituta hasta una casa en ninguna parte. A partir de ahí, será testigo de lo que empieza como un interrogatorio pero acabará de la peor manera posible. Mendoza opta por dejar a Peping como un cobarde, agazapado, mudo, sumiso, incapaz de actuar, con el estupor ensombreciendo su ánimo... Gracias, señor Mendoza, estamos hasta los huevos de héroes, de gente que vence su miedo, coge una pistola, se carga a los malos y salva a la chica; en el mundo del Hollywood dorado es así, pero no en la vida real. El mal es mucho más poderoso que el bien, porque los métodos del mal son avasalladores, y eso tira para atrás al más pintado.
Luego están los críticos de cine, que se aburren porque en KINATAY no sale Chuck Norris dando hostias y haciendo que triunfe el bien. Efectivamente, aquí es el mal quien prevalece, y además no estamos muy seguros, ya al final, de cómo ha afectado una sola noche de terror a Peping, si podrá soportar ser el mismo de antes... A mí me ha parecido una película necesaria, no excelente, pero sí coadyuvante con estos tiempos tan raros que vivimos ahora.
Saludos chungales.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!