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sábado, 19 de abril de 2025

El tema que te quema


 

Oiga, yo venía a hablar de una película, una española, y buena según dicen. Lo que me encuentro es fórmula de la más prescindible, un cine, como su protagonista, perfeccionado artificialmente (la vida, o se recoge como una patata del huerto, o no es comestible). Plástico cercenado de las catacumbas de unas escuelas de cine que están fabricando obreros obedientes, a los que les han dado un manual de dirección y un sueldecito en precario, y así no. Filma con sangre en las manos, no con un café de Starbucks; tu creación es lo mismo que denuncias: un papagayo que se ha leído el diccionario, pero le cuelga una cadenita de la patita. LA VIRGEN ROJA expone lo peorcito del cine español, para convertir una historia fascinante en un melodrama para costureras (TVE al mediodía/Amazon a tiempo completo). Ni el contexto histórico, ni unos personajes que parecen hechos en Playmobil, estáticos, con declamaciones que ni Benito Perojo... no sé ¿esto es lo mejor que somos capaces de ofrecer? Normalmente no soy tan duro, y prefiero hurgar en los aciertos aunque sean nimios, pero esto ("esto"), perdónenme, no es más que comida precocinada, colonia del chino, una pequeñez con la única aspiración de conformar otro ladrillito de temporá en el "Amazonas de la vergüenza", el mismo que pide dinero para acabar poniendo anuncios, y con ese dinero pagar en precario a sus trabajadores. Brillante. Mientras, sigan criticando a quien busca financiación para ampliar un, aleluya, espacio cultural y/o de esparcimiento, que debería ser lo mínimo en un país decente. En lugar de ello, se hartarán de leer mamarrachadas a euro el párrafo (con suerte), donde los amamantados de siempre (y también los nuevos) van a convencerles de que Pescanova realmente ofrece pescado...
Terrible es decir poco.
Saludos.

miércoles, 27 de abril de 2016

Los peligros de la inconsecuencia



Hace ya algunas semanas que dejé incompleto el palmarés de los premios Goya; sea por desidia o distribución, el caso es que quedaron atrás las que a priori eran las tres favoritas. La primera, LA NOVIA, segundo largometraje de la directora Paula Ortiz, que parece un misil teledirigido hacia la conciencia y el espíritu de quienes, sea por el motivo que sea, se anuncian como "lorquianos". Esto es bueno y malo, porque aparta un poco a quienes pensábamos en una posible transgresión de "Bodas de sangre" y nos hemos encontrado en mitad de una película acomodada en milimétricos parámetros; lo que, por contra, ha dejado más que satisfechos a los incansables revisitadores de la obra del granadino, capaces (lo han hecho, si no) de crear un rumbo paralelo a la obra en sí. Y desconozco si acertado o no, porque nunca me han entusiasmado los montajes "afectivamente" teatrales, pensando quizá que la solemnidad de la puesta en escena blindaría los fallos de guion provenientes de la rigidez propia del artificio que es "pensado desde", en lugar de "pensado en"... O incluso "por". Aquí hay red, y de las gordas; hay actores reivindicando las compañías teatrales, ningún verso suelto; y miradas que parecen páginas de un poemario pasadas a toda velocidad; y hay textos visualmente descritos desde la religión del mantra antropomórfico. Y eso es lo bueno, lo malo es que no se intuye suciedad ni desgarro gitano, y los protagonistas (especialmente uno) parecen sacados de un episodio de Pasión de Gavilanes, cuando no de una impoluta teleserie patria. Y además ignoro la cansina manía de rellenar cada hueco argumental con una música indistinguible, aunque la haya hecho un japonés. Digamos que apenas lo que me entusiasma es el ídem de Inma Cuesta, que poco a poco va trabajándose su sitio en la industria, o la dedicatoria al desaparecido Carlos Álvarez-Novoa en los créditos; el resto es un cine que "parece ser", y se camaleoniza magníficamente, pero que en mi opinión no aporta nada a un texto que es lo que es. Ni mucho ni poco, un texto de Lorca.
Felicidades, lorquianos.
Saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!