sábado, 31 de diciembre de 2016

Una tarifa sin pagar



Se cumplen quince años desde que una película chilena ganó de manera totalmente imprevista la Concha de Oro en San Sebastián. Más allá de los porqués, y teniendo en cuenta que el festival Donostiarra es comprensiblemente tendente al oscurantismo de sus decisiones internas, mi misión es constatar que, de las rescatadas en la Seminci, no fue precisamente de las más (re)celebradas ¿Por qué? Digamos que TAXI PARA TRES es una película tremendamente modesta, en actitud y aptitud, que diría Menotti, una comedia negra y exacerbadamente costumbrista, que ataca desde un lado que a quienes no somos de Chile nos deja en fuera de juego, pero que si se le sabe coger el tranquillo termina siendo una templada crítica social repleta de personajes esperpénticos que intentan sacar la cabeza en un entorno de miseria y desigualdad. El argumento gira en torno a un taxista que no ve la luz al final del túnel de las deudas, pero que ve una oportunidad justo en el momento que es atracado por el "Chavelo" y el "Coto", dos delincuentes de poca monta a los que el taxista se unirá en una borrachera delictiva, siempre con la certeza moral de que si los ricos le roban a los pobres ¿por qué no iba a poder ser al revés?
La película en sí es moderadamente entretenida y se nota que el presupuesto, además de para el taxi daba para poco más, y me atrevo a decir que este guion sería más aprovechable en formato teatro, desconociendo si se ha hecho ya. A mí me recordó levemente a una reciente película española de temática similar y en la que dos nazarenos atracan un banco... Ya saben a cuál me refiero...
Saludos.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Ettore Scola. Un italiano en Italia #2



SE PERMETTETE PARLIAMO DI DONNE (algo así como "Hablemos sobre mujeres") estaba estructurada como tantas otras películas de mediados de los sesenta, en capítulos que versaban sobre un tema en común, en este caso las mujeres, o los hombres que intentan seducirlas y, lo que es más complicado, entenderlas. En realidad se trata de un solo hombre, un genial y camaleónico Vittorio Gassman, que a lo largo de nueve segmentos es capaz de abarcar todas y cada una de las versiones masculinas más arquetípicas: el "machirulo" (ahora que se lleva ese palabro), el apocado, el jeta, el aprovechado (que no es lo mismo), el inmaduro, el hiperresponsable y, por último, el que simple y llanamente está más salido que el pico de una plancha e hierve ante la fría indiferencia de una Sylva Koscina más gélida que nunca. Desde el genial arranque, en el que Scola es capaz de convertir una escena digna del mejor spaguetti western en un chiste de Paco Gandía; pasando por el que no se come un rosco pero descubre el placer del ligoteo gracias al chulopiscinas que ha "deshonrado" a su hermana (que tiene 27 tacos nada más); un ingenioso juego de apariencias, en el que un tipo parece esperar a que llegue una prostituta, cuando lo único que quiere es que le acerquen a su casa...; un trapero que es seducido por una ricachona, pero que se indigna cuando ésta le dice que no tiene nada viejo para darle; y cerrando, en el episodio más elocuente, con ese novio que hace lo imposible por tener un poco de intimidad con su chica, llevarla en coche, al campo, a cenar, a un hotel, pero ésta siempre va a encontrar la excusa para no dejarle un arrimo de más, lo que traerá por la calle de la amargura al pobre hombre, que encontrará, no obstante, solaz en el sitio más inesperado...
Sin ser, ni mucho menos, de lo más inspirado de Scola, se trata de una película divertidísima, mordaz cuando se requiere y ligera de cascos también, con el lujo de ver a Gassman desatado y rodeado de féminas, sólo para constatar, más de medio siglo después, que por mucho que hablemos sobre las mujeres no vamos a comprenderlas en absoluto...
Saludos.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Postulados para la violación de la realidad #12



Para todos los que, de alguna manera, comiencen a interesarse recientemente por la filmografía de Abbas Kiarostami, pueden hacerlo sin problema desde ZIRE DARAKHATAN ZEYTON (A TRAVÉS DE LOS OLIVOS), cierre de la trilogía iniciada siete años antes y, en mi opinión, verdadera obra cumbre del cinerasta iraní. De nuevo nos adentramos en toda la parafernalia para la preparación de un rodaje, una película que contará la historia de un joven y humilde matrimonio sobreviviente al terremoto que asoló Koker. Para ello, Kiarostami ficcionaliza el rodaje con su estilo tan difícil de definir, constantemente saltando desde la ficción al documento y haciéndolos convivir con una naturalidad imperceptible. Se trata de encontrar a la joven entre decenas, y una vez elegida ésta decide que estará más guapa en el rodaje con un vestido de gala... pero lo que el director necesita es una campesina. Continúa con la localización de un joven para hacer de marido, que se ilusiona con la idea de ser protagonista de un film para poder abandonar el trabajo de albañil. Y, entre medias, sutilmente, Kiarostami nos muestra todo un microsistema de seres humanos: la abuela que vive literalmente en una terraza, sin poder bajar; los niños que caminan diariamente nueve kilómetros para ir a una escuela que apenas es una tienda de campaña; los obreros que llevan años retirando las piedras de los edificios caídos, sólo para reutilizarlas en nuevas construcciones. Pero la grandeza de este film se revela en todo su esplendor en la maravillosa parte final, cuando el rodaje acaba y el joven protagonista sigue con la mirada a su compañera de rodaje, que se aleja caminando y de la que ha quedado perdidamente enamorado. Podría haber terminado ahí, podríamos haber asistido a un empalagoso drama romántico, pero Kiarostami prefiere seguir a la improbable pareja en un inolvidable travelling "a través de los olivos"; él, detrás de ella, no para de cortejarla, demostrándole sus buenas intenciones de matrimonio; mientras, ella sigue estoicamente hacia delante, en silencio... Al cabo, tras varios minutos de monólogo infructuoso, ambos quedan fuera del alcance de la cámara, que sigue observando, para después recoger la alocada carrera del joven (suponemos que feliz) en sentido inverso.
Sólo esos prodigiosos diez minutos elevan A TRAVÉS DE LOS OLIVOS a la categoría de obra maestra absoluta.
Saludos.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Rivette escribe #17



JEANNE LA PUCELLE - LES PRISONS cerraba gloriosamente el monumental díptico que Jacques Rivette dedicó a la figura de una trastornada, una santa o una alienígena que, de ser cierto que así vivió y así murió, habría sido, en mi opinión, el artífice de una revolución aún mayor que la que suponemos realizó Jesucristo. El personaje es estrafalario hasta lo indecible, pero el cine se ha servido de la fe y sus misterios precisamente para poner la cámara donde no se puede, porque habría que pactar de antemano que esa fe no puede verse, sino sentirse. En tres horas de absoluto dominio dramático, Rivette conduce (literalmente) al personaje interpretado con fiereza y convicción por Sandrine Bonnaire desde la elevación del éxtasis místico a los estratos más bajos de degradación... aunque lo único que le pedían era que se dejase el pelo largo, se vistiese como una mujer y se dedicase a las labores domésticas... ¡Exacto, lo contrario de lo que le pedían los romanos a Jesucristo!... En fin, bromas ateas aparte, el final de esta Juana de Arco es menos expresionista que el de Dreyer, más terrenal que el de Besson y más patetista que el de Preminger; un final seco, adusto, que se precipita en brevedad y apenas se explaya en el sufrimiento y sí en la injusticia de mandar a una chica de 19 años a la hoguera... Encima que les devolvió Francia...
Saludos.

martes, 27 de diciembre de 2016

Primos mal avenidos



El último film de los hermanos Taviani pretende, nada menos, trasladar a la pantalla el "Decameron" de Boccaccio, pilar fundamental de la literatura universal y verdadero pórtico al Renacimiento; obra sencilla en su concepto pero diabólicamente compleja de abordar en toda su inmensidad como retablo de pasiones, debilidades y, en resumidas cuentas, todo el espectro definitorio del ser humano. Explicar sin ningunear, mostrar sin exhibir. El reto no es pequeño, pero los Taviani, además de poseer un imaginario propio, que debe tanto a Pasolini (quien, por cierto, ya se atrevió con ello) como a Fellini, pasando por un tamiz de rigurosidad ideológica, que hace que su prosa dialogue constantemente con el espectador y su tiempo, desecan la puesta en escena y la ponen en el acendrado justo del florentino y su dardo infalible. MARAVIGLIOSO BOCCACCIO traslada, literalmente, al espectador moderno a aquel Siglo XIV, oscuro y apocalíptico, en el que la peste diezmó a toda Europa, pero que sirvió como drástico punto y final a la barbarie de la Edad Media, encaminando a la humanidad a un esperanzador recomienzo. Así es, en todo caso, esta obra inmortal y eternamente actual, una disección milimétrica de todo lo bueno y lo malo que es inherente a la condición humana ¿Qué hay más grande que poder mostrarlo como crítica, pero sin criticarlo? También nosotros estuvimos ahí, sin llagas exteriores, pero con una enfermedad interna a la que quizá  tendremos que poner nombre para poder erradicarla...
Saludos.

lunes, 26 de diciembre de 2016

La gran familia



El escandaloso caso de los Puccio sacudió a la sociedad argentina a principios de unos convulsos años 80, una década que se inauguraba dejando en calzoncillos a un país que miraba hacia fuera sin mirarse de puertas adentro, donde los gusanos revolvían los cadáveres mientras se derramaba perfume para camuflar el olor. Y Pablo Trapero ha detallado gran parte de todo ello en EL CLAN, que, cifras astronómicas aparte, es, ante todo, un film tremendamente inteligente, fruto del trabajo de un cineasta que no cesa de depurar su estilo, menos seco y directo, cierto, pero más mordaz, poniendo el dedo en la llaga que más duele. EL CLAN avanza en dos direcciones muy definidas y que confluyen con elocuencia en el demoledor tramo final; por un lado, penetramos en el hogar de los Puccio, una familia de clase media-alta, con chicos universitarios y un cabeza de familia, Arquímedes (prodigioso Guillermo Francella), que trabaja como un gris funcionario, pero que se ha venido sirviendo de los favores estatales por su oscuro pasado como torturador del régimen. Es importante recalcar que Trapero, pese a dosificar convenientemente la narración, no emplea subterfugios para crear suspense, sino que este queda implícito en el siniestro día a día de la familia que mira para otro lado con tal de mantener su estatus, y lo que es más curioso, su reputación. Cuando Argentina empezó a cambiar y se airearon los armarios atestados de vergüenza, gente como los Puccio se vieron acosados, su intocable mundo de represión y autoridad se tambaleaba; los hubo que se rebajaron, otros huyeron, pero ellos se dedicaron a lo que habían venido haciendo desde siempre: secuestrar, extorsionar, torturar... Lo que EL CLAN pone de manifiesto, por encima del ejercicio de estilo, muy deudor de Scorsese, es una cierta discusión moral, porque allí donde no puede existir el arrepentimiento sólo hay un esforzado victimismo, labrado desde esa superioridad moral del que nunca tuvo que dar explicaciones. Arquímedes Puccio no entiende los cambios, y su conservadurismo, acogotado por dichos cambios, lo convierte en un espectro aún más sanguinario, feroz y amoral.
Imprescindible.
Saludos.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Rincón del freak #251: Datos insignificantes sobre la realidad disminuida



Día de Navidad tras los excesos y desmesuras propios de una celebración religiosa... Me permito desaconsejarles que en días así les dé por ver una película como ZOOM, una amalgama descabezada de imágenes de rotoscopio y fetichismo despendolado que, como era de esperar, ha hecho las delicias de una horda de nuevos cinéfilos capaces de ver originalidad en cosas que se han hecho ya miles de veces. Lo que yo vi fue una mala praxis a partir de Linklater, con personajes mal dibujados (no es un chiste) y una especie de trama ininteligible con espías, latin lovers y tetas de silicona, justo donde Hal Hartley empezó a desmoronarse como guionista, justo donde el término "pedante" cobra más sentido que nunca. Ni siquiera es divertida, ni siquiera provoca por muchos consoladores XXL que agiten en nuestras narices, y ni siquiera es "rara", "excéntrica", no. Es, simplemente, aburrida como el demonio...
Saludos.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Sábado, sabadete...



Bueno, se va acabando el suplicio... digo, el año. Se acaba 2016, es Sábado. Escribimos menos, leemos menos, estamos más cerca de la destrucción y vamos a celebrarlo con cava y polvorones. Los pavos han huido a países que aún están por existir y el Norte está lleno de frío... Pero no, no es Domingo ni está lloviendo, sólo es Sábado y los tipos que nos controlan han empezado a enviarnos ondas funcionariales para que cenemos en familia esta noche, pero sólo esta noche, la noche en la que los malos sentimientos quedan aparcados junto a la sopa de picadillo y los langostinos, aunque con suerte es posible que no hagan más que aflorar, irreprimibles. SÁBADO fue una peli argentina que obtuvo su cuota de popularidad hace ahora unos quince años; una pequeña pieza de cámara que tiraba de Altman para cruzar unas cuantas de vidas solitarias y amargadas. No era Nochebuena, pero como si lo fuera. Juan Villegas no es Robert Altman, pero los seres humanos lo somos pese al Star System, el marisco por pelar y el cruel paté de foie. Viandas innecesarias para una noche innecesaria. Y al final, todos los personajes de la película quedan un poco más solos de lo que ya estaban, y nosotros también. Abusen del Knockando, es lo único que va a otorgarles algo de genuina distinción...
Saludos.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Ettore Scola. Un italiano en Italia #1



Se nos acumulan los monográficos y homenajes en el blog, contento por una parte, sobre todo por aprovechar la oportunidad, completistas como somos, de totalizar la obra de cineastas fundamentales, artistas sin los que resulta imposible comprender con exactitud por qué vemos las películas que vemos ahora, llamándolas, con toda seguridad eufemísticamente, "modernas". La modernidad es un concepto falsario y desagradecido ¿Por qué, si no, hay "clásicos" (otro concepto) más modernos que producciones recientes? Ettore Scola fue un director de cine que entendió perfectamente qué tipo de aprendizaje debía asimilar y estilizar en su juventud, aparcando proyectos más personales para más adelante, pero incluso el primer Scola contiene un discurso interno interesantísimo, aquél que hace dialogar las formas frívolas y prepotentes de aquella Commedia all'italiana, tanto con un depurado trabajo actoral como con una potente y mordaz crítica social, aparentemente inocua, pero por eso mismo con mayor capacidad de lacerar a una distancia más corta. Por ejemplo, LA CONGIUNTURA, de 1964, uno de sus primeros y más prescindibles trabajos de encargo, fue una comedia romántica, cercana al slapstick desaforado, que navegaba por las procelosas aguas de la coproducción europea y maridaba una imposible pareja, que formaban la inocua Joan Collins y al gran maestro Vittorio Gassman, que hacía lo que podía a base de talento cómico y elegancia innata en una trama pequeñita desarrollada en un lujoso hotel costero. Él es un príncipe romano (averigua...) y ella una turista británica que se conocen paralelamente a una enrevesada trama de blanqueo de dinero en Suiza... Todo muy moderno y muy actual, claro...
Ettore Scola nos dejó cuando este año sólo había hecho comenzar; ahora que se despide, iniciamos uno de los monográficos más apasionantes de todos los que hemos abordado. Puede que el inicio sea mejorable, pero advierto a los neófitos de que la filmografía del trevicano es una de las que, simplemente, no pueden perderse.
Saludos.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Postulados para la violación de la realidad #11



Si recordamos, Irán sufrió un terrible terremoto en 1990 que dejó a miles de personas sin hogar e incluso borró del mapa, literalmente, poblaciones enteras. Una de ellas fue Koker, donde Kiarostami rodó sólo tres años antes una de sus más celebradas obras maestras, ¿DÓNDE ESTÁ LA CASA DE MI AMIGO? Como si de una broma cruel se tratara, Kiarostami, el artista, decide encadenar una ficción, en la que un actor le interpreta a él mismo como el director de cine que viaja con su propio hijo para conocer qué ha sido del joven Babek Amad Poor, el chaval que protagonizaba dicha cinta y que precisamente empleaba todo el metraje en buscar a un compañero de clase para devolverle un simple cuaderno. Así nace la idea de ZENDEGI VA DIGAR HICH (Y LA VIDA CONTINÚA), un objeto fílmico inclasificable y apasionantemente autoconsciente, que interroga constantemente al espectador acerca de las posibilidades resultantes de bastardar la ficción, contaminarla introduciendo la realidad para construir una realidad paralela. Quizá eso no importe, quizá el intento del artista es plenamente honesto y sólo pretende elevar una pregunta, la que cuestiona el valor de la realidad y su vigencia por encima de la ficción. El hombre conduce, su preocupación es dar con los escombros que una vez fue un pueblo; su hijo sólo quiere un refresco mientras intenta recordar si el partido de fútbol que vieron en la tele era un Brasil-Escocia...
Saludos.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Rivette escribe #16



De no haber sido Jacques Rivette el cineasta radical, insobornable y hermético que siempre fue, no tengo ninguna duda de que el monumental díptico que rodó en 1994 estaría considerado como el definitivo acerca de la figura histórica más controvertida de la Historia de Francia. Juana de Arco ha sido abordada desde el pictoricismo, la enjundia teológica, la mitificación hagiográfica y hasta algún exceso pseudopop, pero no recuerdo ningún otro film que transite tan exhaustivamente la mística y la leyenda de la Dama de Orléans con una rigurosidad tan firme, sorteando con acierto la teatralidad y mostrando verazmente qué extrañas razones son las que sustentan el mito de esa insignificante doncella analfabeta que, guiada por la palabra de dios, levantó al pueblo francés contra la ocupación británica durante la Guerra de los cien años. Y la primera parte que rodó Rivette se titulaba JEANE LA PUCELLE - LES BATAILLES, donde se narra de manera concisa y nada espectacular la transformación de una simple muchacha en una especie de estratega militar improvisado, llamando a las puertas de los nobles para recaudar dinero, armas y hombres para la lucha a la que pretende encaminar a la totalidad del país, y, extrañamente, consiguiéndolo con una facilidad asombrosa, como si realmente su palabra fuera la palabra "divina". Rivette flaquea en la parte final, precisamente cuando no le queda más remedio que filmar escenas de batalla, que de todas formas el cine hollywoodense nos ha malcriado con su querencia al espectáculo, pero definitivamente no se le nota cómodo abandonando los diálogos y mostrando unas batallas en exceso estáticas. Y sobrevolando el extenso metraje, apoderándose con la misma convicción de la dificultad de su personaje, se eleva Sandrine Bonnaire, una actriz que nunca me ha convencido completamente, pero que es un excepcional acierto, pese a ser más de una década mayor que la adolescente a la que interpreta con la dosis justa de vulnerabilidad y osadía.
Una magnífica oportunidad para quienes quieran adentrarse un poco más en este personaje, y que hemos dividido en dos partes, respetando la voluntad del propio Rivette al concebir la obra como díptico.
Saludos.

martes, 20 de diciembre de 2016

Solos en la madrugada



Tengo una relación de amor y odio muy definida con EN LA CAMA, película-fetiche de su autor, Matías Bize, y visible iniciadora, hace ya más de una década, de la renovación del cine chileno. El por qué me gusta es algo que no me explico, porque esta estomagante epopeya íntima de la incomunicación no termina de decidirse por el escarnio verbal, la experimentación desde lo físico "el espacio único, los dos únicos actores" o la metalectura de unos diálogos que quizá nunca hayan sobrepasado su supuesta ingenuidad porque en verdad son ingenuos. Y para quien no haya visto la que fue más que sorprendente Espiga de Oro en el Festival de Valladolid de 2005, es necesario indicar que curiosamente no es el guion su gran baza, sino la fluidez con la que los dos actores se desenvuelven en esa habitación de hotel, único testigo de una noche de amor y sexo descontrolado que poco a poco deviene en unas confesiones que, francamente, tampoco es que sean la pera limonera. A ello debo añadir que aunque el trabajo de interpretación es esforzado y encomiable, se decanta con todo merecimiento del lado de una superlativa Blanca Lewin, una actriz capaz de verosimilizar su gesto sin apenas necesidad de recursos, mientras que la parte de Gonzalo Valenzuela es bastante más plana y previsible. Y no es que haya hablado muy bien de esta película, es cierto, pero me suele pasar con esos títulos que yo anticipo como obvios, que sin ser nada del otro mundo contienen algunas partículas que la diferencian del resto que yo identifico con una cierta valentía, quizá inconsciencia... O tal vez me parece estupenda y no me atrevo a admitirlo, quién sabe...
Saludos.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Un choque con estilo



Hace poco cayó en mis manos de manera totalmente fortuita OPÉRA IMAGINAIRE, un curiosísimo proyecto de la televisión pública francesa de 1993 que reproducía algunas de las cumbres de la ópera con diversas técnicas de animación. Tengamos en cuenta que hablamos de hace casi un cuarto de siglo y que no encontraremos la ampulosidad del digital de producciones recientes, sino un enternecedor (y quiero que la palabra suene como es debido) compendio de 3D primigenio. acuarelas e imagen real insertada, con un resultado desigual, tanto que alterna momentos terribles (por lo malo) con otros de una hermosura más que sorprendente. Así, mientras arias tan famosas como las de "Rigoletto", "Las bodas de Fígaro" o "La flauta mágica" son de una simpleza que llega a ser intrascendente, hay otras que merece la pena destacar, como la belleza, muy distinta entre sí, de "Lakmé", en la que la animación de unas estilizadas manos adopta la forma de animales y plantas, o "Madame Butterfly", que es una fascinante sucesión de grabados típicos japoneses para ilustrar la inmortal obra de Puccini. Aunque lo mejor queda para el último segmento, una lúgubre revisitación a "E lucevan le stelle", de "Tosca", con un trazo hiperexpresionista que me recordó la pintura de Munch.
En definitiva, una curiosidad, sí, digna de una revisión, también, cuyos escasos 50 minutos se ven con agrado y que, más allá de innecesarios ejercicios de nostalgia, puede ser un interesante estímulo para los más pequeños, no sólo para introducirlos en la magia de la Ópera, sino también para que sepan que no siempre se hizo todo desde una computadora...
Saludos.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Rincón del freak #250: Miedo a tenerle miedo al miedo... o algo así



La película de hoy quizá no debería estar aquí... O sí, no sé. Lo que no sé es si su cometido era el de la primera hora, el de la media hora final o (y esto sí que no lo consigue) atrapar de una vez por todas la espina dorsal narrativa de Clive Barker. Y es que DREAD fue (es de 2009) la segunda adaptación que se hizo de los famosos "Libros de sangre", excepcional saga del escritor británico a la que me parece que ningún director es capaz de cogerle la onda. La película, sin ser horriblemente mala, es insufriblemente disconexa en la dichosa primera hora, en la que (o al menos eso supuse) un par de estudiantes de filosofía se embarcan en un experimento consistente en entrevistar a diversas personas para que confiesen ante una cámara cuál es su mayor terror. En el libro, Barker explora esta posibilidad con maestría y audacia, pero en el film apenas da para una trama de serie de instituto, con flirteos y rencillas incluidos. Ya al final, y sin que sepamos muy bien cómo ha ocurrido todo, la película se va a un gore extremo y bastante asquerosillo, aunque a esas alturas las explicaciones no sirven para dotar de entidad un trabajo que si se eleva de la mediocridad es por la idea original, que exigía un trabajo de guion más elaborado y consciente del material al que se asoma.
¿Recomendable?... Bueno, si les ha rondado la cabeza hacerse veganos a lo mejor el final de la peli les termina de convencer del todo...
Saludos.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Un sueño inducido



Una mujer con la pierna quebrada en dos. Un soldado que no despierta ni recuerda. Unas excavadoras que han improvisado un campo de fútbol montañoso. Imágenes que nos recuerdan que estamos de paso, como el altar con figuras a tamaño real o los esqueletos sentados en un banco, quizá amantes eternos. Un hospital en mitad de la selva, donde se cuida a los que no despiertan ni recuerdan. Una extraña forma que gira en el cielo, como una célula viva o un proyecto de ser vivo. Las luces del hospital se apagan y quedan unos tubos fluorescentes, una iluminación sobrenatural.
Y todas esas voces, esos indicativos, a la vez terrenales y espirituales, muestran la faz cansada y amable de los seres que eligen ayudarse unos a otros, que laten bajo las sábanas amarillas de la enfermedad y contemplan con aceptación lo que no comprenden, los árboles o los animales. Y Apichatpong Weerasethakul filma esta película quieta, reflexiva y juguetona. Leve o grave, RAK TI KHON KAEN (CEMENTERIO DE ESPLENDOR) indaga en los misterios de la vida con la misma naturalidad que ésta es incesantemente vivida.
Saludos.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Fan, fan, fan...



Así son las cosas en este blog. Así de raras, porque de haber mantenido al bueno de Ron Howard en el ostracismo durante ocho largos años hemos pasado a comentar dos trabajos suyos en la misma semana. Pero en fin, quería cubrir la cuota de documentales y mi buen tocayo y compañero David me dejó caer lo mucho que le gustó THE BEATLES: EIGHT DAYS A WEEK - THE TOURING YEARS, la aproximación/reverencia que Howard le ha dedicado al cuarteto de Liverpool, o más exactamente a la génesis y explosión del grupo más famoso de todos los tiempos. Y aunque los 120 minutos dan la impresión de dejarse multitud de cosas en el tintero, el trabajo de documentación es excelente y deja una reconfortante sensación a los fans de toda la vida como a los que acaben de aterrizar en la discografía de los Fab four. Howard se detiene en lo que supuso aquel inesperado fenómeno de masas, su llegada a Norteamérica tras ser la revelación musical desde sus míticas actuaciones en "The cavern", y escuchamos a Paul y Ringo explicando lo que para ellos era algo con lo que se lo pasaban en grande, mientras vemos sus irreverentes encuentros con la prensa, que no les auguraba un futuro muy prometedor. Hay algunos episodios escabrosos, como la negativa a tocar en Jacksonville si negaban la entrada a la población negra o la toma de contacto con las drogas, que inició el deterioro de la relación entre Lennon y McCartney, cuyos egos no tenían cabida en el mismo grupo.
Es un buen documental, fresco, sin malos rollos, con algunas imágenes y declaraciones sorprendentes, pero que dada la dimensión de lo que se trata se echa en falta algo más de profundidad, no ya en los propios integrantes del grupo, sino en personalidades clave para comprender qué fueron The Beatles, como Brian Epstein o George Martin.
Ideal para regalárselo en estas Navidades.
Saludos.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Postulados para la violación de la realidad #10



Un periodista, visiblemente azorado, se dirige en taxi, y acompañado de dos policías, a un barrio residencial. Por el camino explica que van a detener a un hombre que ha suplantado la identidad del director de cine Mohsen Makhmalbaf, con motivos difusos aunque sospecha que con intenciones lucrativas al fingir un rodaje en el domicilio al que van.
Ésta sería la descripción argumental de CLOSE-UP, de Abbas Kiarostami. Pero ¿qué película nos están contando exactamente? ¿Estamos percibiendo con claridad la trama que es casi de intriga, el del extraño caso de un suplantador que quiere rodar en un domicilio familiar? ¿El posterior juicio, donde el acusado se sincera? Se trata de un pobre hombre, normal y corriente, pero que siente en sus venas el impulso irrefrenable de ser, aunque sea fugazmente, un artista. Sus intenciones no son más que esas, y por tanto cuánto más difíciles de entender. Y Kiarostami nos muestra todos esos "primeros planos", la compleja actividad de quien debe atender cada rincón de la realidad, y la cámara tanto se vuelca en la confesión ante el juez como se abstrae mientras un "insignificante" bote de spray contra cucarachas rueda calle abajo, porque el taxista le ha dado una patada mientras espera a que la detención se produzca. El desenlace no puede ser más esclarecedor: el arrepentido suplantador, el fracasado aspirante a director de cine, se encuentra con el verdadero Makhmalbaf, en una motocicleta se dirigen de nuevo al domicilio del agraviado para presentarle definitivas excusas. Le regalará una maceta con unas flores...
Saludos.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Rivette escribe #15



Tomando prestado el nombre del famoso caso de los disidentes chinos, Rivette filmó uno de sus trabajos más reverenciados por quienes aún le descubrían a destiempo, como uno de esos viejos profesores de dramaturgia que a él tanto le gustaba colocar en el centro de sus complicados juegos metacinematográficos. LA BANDE DES QUATRE es una nueva variación respecto a los referentes que encuentra la vida real cuando se imbrica en la secuencialidad de un escenario; en este caso, las dificultades de cuatro estudiantes de un exclusivo centro de enseñanza, cuya maestra apenas trabaja con tres o cuatro personas, de los que extrae toda su esencia interpretativa para que sean actores a tiempo completo y respiren teatro las 24 horas del día. Esto es especialmente relevante en las conversaciones de las cuatro alumnas cuando coinciden en el apartamento que comparten; ahí se produce el dispositivo ideado por Rivette, amalgamando, confundiendo y entrelazando la "actuación" o "ensayo" con lo que repensaríamos como "vida real", comprobando que apenas podríamos discernir diferencias, y mucho menos al introducir un elemento externo y misterioso, un personaje masculino que unas tienen como amenaza y otras como una posibilidad de seducción. Es, no lo niego, otro complejo reto rivettiano, puede que más juguetón que otros, pero igualmente exigente con el espectador que no se conforme con propuestas simples.
Saludos.


martes, 13 de diciembre de 2016

Repartiendo banderitas



MACHUCA es una de esas películas que quedan resonando en el aire después de mucho tiempo, por su insólita mezcla de ingenuidad y valentía, por "mostrar" sin posicionarse, y por tanto adoptar el confort de lo sesgado. Una película que es la mejor de su autor, Andrés Wood, y que apenas puede disimular lo que tiene de autobiográfico o memoria sentimental encubierta. Pero nos equivocaríamos si pensáramos que MACHUCA es una película fácil de abordar, ni por la historia de amistad entre dos chavales pertenecientes a unas antípodas sociales que sólo podrían llegar a conciliar una mirada libre de prejuicios, y que se mezclaban en el polémico proyecto de integración que los curas europeos llevaban a Latinoamérica, donde se educaba a niños de extracción humilde gracias a la aportación de las familias pudientes. Ahí radica gran parte del peso ideológico del film, pero Wood va mucho más allá y explora las posibilidades del retrato íntimo y no deja nada al azar, sojuzgando sin piedad al entorno hipócrita de Infante, conservadores, católicos y con un pie en cierta y ridícula idea aristocrática; pero también al arrabal donde vive el Machuca del título, cuya familia (y esto es un acierto) está tan desestructurada por la miseria que apenas podrían permitirse el lujo de pensar en aquel "salvador", Allende. Es, por tanto, la crónica de esos instantes, fugaces e irrepetibles, de la plenitud que sólo se sustenta en la camaradería juvenil, esa que mira con extrañeza a los adultos cuando distinguen a las personas por su aspecto o poder adquisitivo; pero por encima de todo, el extraordinario trabajo de guion consigue imposibles: que Infante reparta banderitas comunistas bajo la efigie de Allende, que asistamos a una hermosa escena de amor a tres bandas con un par de latas de leche condensada como testigos y que finalmente sea el propio Infante, por cobardía o simple instinto, quien vea con sus propios ojos la imposibilidad de mantener esa amistad, porque los idealismos son muy bonitos hasta que a alguien le tocan las lentejas...
Maravillosa.
Saludos.

lunes, 12 de diciembre de 2016

De vuelta a casa



Después de más de ocho años de actividad del blog y más de dos mil películas comentadas, aún hay pequeñas curiosidades de las que le sacan a uno una cierta sonrisa. Por ejemplo, no tenía ni idea de que todavía no había comentado una sola de Ron Howard, cuyo cine reconozco que no me entusiasma precisamente, pero que es una figura lo suficientemente reconocida y reconocible como para que se me haya pasado por alto. El caso es que el otro día me acordé de una peli suya que, con ciertas reservas, sí me gustó, un western clasicote y sin grandes pretensiones llamado THE MISSING. Rodada en 2003, resulta casi imposible no ver la gran y alargada sombra fordiana, y más concretamente la de CENTAUROS DEL DESIERTO, lo que es un valor seguro, pero también una rémora importante a no ser que se renuncie a aportar algo mínimamente original. Se trata, no obstante, de uno de los trabajos más disfrutables de Howard, por el estupendo trabajo de actores, con dos pesos pesados al frente, nada menos que Cate Blanchett y Tommy Lee Jones, que dan vida a una tozuda doctora que trata de sacar adelante a sus dos hijas y el padre de esta, que se presenta de repente arrastrando un escabroso pasado tras renegar de su raza y convertirse en indio. La trama principal mantiene el interés mientras ella intenta descubrir el porqué de esa repentina y no deseada visita, y mucho más cuando se vean asaltados por un grupo de indios que raptan a mujeres jóvenes para venderlas a México, llevándose a la hija mayor, por lo que ambos dejarán de lado sus diferencias e irán desesperadamente en su búsqueda, descubriendo que se encuentra en las garras de un temible hechicero, un irreconocible Eric Schweig, que da yuyu sólo de verlo ¿El problema? Que es demasiado larga, irritantemente larga sobre todo en un tramo final que se alarga sin más sentido que el lucimiento de los protagonistas. Howard siempre ha arrastrado graves problemas de incontinencia, y esto le pasa factura a un film que podría haber sido mucho mejor de durar treinta minutos menos, y que no seríamos justos colocándolo en el mismo plano que la obra maestra absoluta de Ford.
Entretenida a trozos, y curiosa como revisión placenteramente culpable.
Saludos.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Rincón del freak #249: Imágenes lubricadas, ideas agotadas



Ahora que EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS está de moda por cuestiones más o menos escabrosas, se da cuenta uno, echando siempre la vista atrás, de lo difícil que es ser transgresor sin caer en la vacuidad de un discurso que se hincha al ver su imagen reflejada. Se equivocan los que piensan que el film de Bertolucci es un grito irrefrenable de libertad creativa por sus tórridas escenas sexuales; lo es por poner algo muy complicado en imágenes: la autodestructiva deriva de un hombre deshumanizado y en un estado de soledad perpetua, incapaz de encontrar una salida que no pase por arrastrar y consumir a quienes se cruzan en su camino. Al lado de esto, LOVE, de Gaspar Noé, es poco más que un blandiporno con genitales en primer plano y luces de estudio fotográfico, pero con un discurso tan vacío que asusta pensar en el futuro creativo del director de joyas como IRREVERSIBLE o SOLO CONTRA TODOS. Noé no va a ninguna parte, pero tampoco lo hace como Brando, no nos hace partícipe de su vacío, y sí de un insoportable (y soporífero) entramado visual que transfigura la imagen viva y expansiva en una especie de fotonovela en movimiento de estética curiosamente anticuada. Es como si, de momento, no pudiese ir más allá, encontrar una historia a la altura de sus exigentes pretensiones formales y dialécticas, por lo que el argentino opta por desecar la trama y prácticamente infantilizarla, para después eyacular destellos de soberbia en tres dimensiones sobre el pasmo de quienes, como es mi caso, nos rasgábamos las vestiduras hace años (demasiados quizá) ante el que considerábamos podría ser el gran renovador de la aburrida escena europea. Espero, sobre todo, que en futuros proyectos sea capaz de ir desprendiéndose del cineasta/enfant gâté que hace tiempo dejó de ser y, al igual que sus absurdos e inmaduros personajes, vislumbre esos otros mundos y esas otras historias que existen más allá de camas desbaratadas y clubes cochambrosos...
Saludos.

sábado, 10 de diciembre de 2016

¿A quién vas a llamar?...



Llamadme antiguo, nostálgico, cabezón... Llamadme incluso "guardián del heteropatriarcado machista", que es un insulto entre bonito y rimbombante. Llamadme lo que queráis, pero sabed que justo después vais a tener que llamar Bill Murray, Dan Aykroyd y llorar sobre la tumba del Marshmallow Man... Es curioso, porque siendo una de las películas con las que más disfruté en mi niñez aún no la había comentado por aquí, pero no puedo negar que sentí una gran curiosidad al ver que Paul Feig se saltaba todas las convenciones y nos volvía a invitar, 30 años después, a montarnos en la ambulancia más famosa de la historia del cine para zamarrear unos cuantos fantasmas, pero con la particularidad de que los Cazafantasmas, esta vez, son mujeres. Da igual, a mí al menos me da igual, porque GHOSTBUSTERS'16 lo único que hace es continuar la imparable corriente de revivals que denotan una total crisis de ideas frescas y originales. Si se ve la original y luego ésta es complicado encontrar diferencias que no respondan a cuestiones meramente formales, como la inclusión de Chris Hemsworth, que tiene su gracia, o el cameo de Murray, que es más elegante que Kristen Wiig y más imprevisible que Melissa McCarthy. No sé, llamadme lo que os dé la gana, pero yo me aburrí soberanamente y a los cinco minutos ya estaba pensando en otra cosa...
Saludos.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Sobre la profundidad de campo



LES SAISONS es el último film documental del tándem Perrin/Cluzaud, que se dieron a conocer hace más de quince años con NÓMADAS DEL VIENTO y luego continuaron con OCÉANOS. Como si de una cuadratura del círculo se tratase, los cineastas se adentran en la naturaleza "a ras de tierra" con el fin de filmar multitud de animales salvajes a medida que el entorno va cambiando con el paso de las estaciones. Podríamos, deberíamos hablar sobre la enorme belleza y fascinación que producen los ciervos en sus rituales de apareamiento, las ardillas recopilando alimentos antes del invierno, los lobos inmutables y leales a la manada, o la hermosura de los bisontes mientras son testigos del paso del tiempo. Y todo está filmado con profesionalidad y dedicación, sublimando el estilo de esos excepcionales documentales que a algunos tanto le facilitan la siesta ¿Pero qué hay más allá? O mejor dicho ¿Cómo abordar un documental exclusivamente sobre animales desde un punto de vista puramente humano? Los directores eligen, disponen, en nigún momento someten a la cámara a la naturaleza que quieren filmar, y el resultado es hermoso, digno, pero insuficiente; vemos las imágenes y, confortables en nuestro asiento, desechamos las cuestiones cruciales, pensando quizá que la naturaleza puede ser reducida al tamaño de un zoo al que podemos ir de vez en cuando a echar un vistazo. Tener una cierta visión es algo, dotarla de profundidad es un dilema a menudo insoslayable.
Saludos.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Postulados para la violación de la realidad #9



El dispositivo no puede ser más simple... ni más perverso. Abbas Kiarostami enfrentó a padres, profesores y un buen puñado de niños a la desnudez frontal de una cámara, mientras les interrogaba pacientemente acerca de sus problemas en el día a día de la escuela y el día a día al volver a casa de la misma. El resultado fue MASHGH-E SHAB (DEBERES), o la inteligentísima crónica del porqué de los males de un país a causa de la cerrazón del patriarcado, que impide a los jóvenes ser poco más que futuros obreros semianalfabetos y, a su modo, continuadores de un sistema asfixiante y que por entonces (hablamos de 1989) ya había reducido a la mujer a un ente desfondado y testimonial. DEBERES, enclavada entre dos películas monumentales de un Kiarostami en plena ebullición creadora, no ha obtenido tanto reconocimiento como merecería, pero su valiente y dura franqueza la mantiene vigente en muchas de sus ideas y hallazgos, y es de justicia resaltarlo en un momento en el que la educación de este país no consigue arrojar luz al futuro, incierto y voluble, de una generación que lamentablemente se intuye más cerca de sus bisabuelos que de sus padres.
Saludos.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Rivette escribe #14



Rivette alterna en HURLEVENT, libérrima adaptación de "Cumbres borrascosas", algunos de los momentos más hermosos de todo su cine, junto a los más aburridos y prescindibles. No importa tanto la ubicación de este inmortal texto unos años más adelante, en los años 30 del Siglo XX, ni el previsible ejercicio de vaciado dramático al que es sometido el guion de Bonitzer y Schifman; en cambio, es en exceso abrupto el paso de unos exteriores magnánimos, perfectos y en sintonía con el elegíaco tono de Brontë, y unas escenas interiores leves, singularmente estranguladas e involuntariamente cómicas, con un elenco de actores y actrices demasiado descompensado. Es el problema de las obras consideradas como universales, que dejan un buen margen de maniobra desde el que afrontar nuevas y apasionantes variaciones, pero que exigen, al mismo tiempo, un pulso tenaz, que no haga decaer la atención del espectador, sobre todo si el texto le es familiar. Film irregular, es cierto, pero que (desconozco si intencionalmente) adelanta algo del cine/videoclip que vendría después; para algunos, por ejemplo, supuso el descubrimiento de esa maravilla llamada "El misterio de las voces búlgaras"...
Saludos.

martes, 6 de diciembre de 2016

El corto adiós



Y si la semana pasada traíamos aquí el film que iniciaba el "exilio" francés de Raúl Ruiz, hoy hacemos lo mismo con el último que filmó en Chile. El último, al fin y al cabo, porque con él se despidió, del cine y de la vida. Y LA NOCHE DE ENFRENTE es tan aterradoramente lúcida que asusta que un ser humano pueda tener la capacidad para desestimar recursos o muletas como el sentimentalismo o la nostalgia y erguirse, en cambio, frente a su propio final. Ruiz evoca su niñez sin autoindulgencia, con el empeño de poner luz en su soledad y terrores, pero también en los placeres, de los libros de aventuras o de la música de Beethoven. La infancia, esa borrosa quimera llena de sueños que luego jamás llegan a concretarse, no, al menos, como podría desarrollarse en la mente de un niño. LA NOCHE DE ENFRENTE es, insisto, una película de extrema pulcritud y sensibilidad, y el único testamento posible para un director que jamás habitó un solo lugar común, sino que construyó los propios en una obra tan rica e inclasificable que ha de ser considerada como fuente inagotable e inalterable de la que extraer un tipo de cine que siempre será el próximo, el de enfrente.
Saludos.

lunes, 5 de diciembre de 2016

La ética de lo inhumano



Siempre he mantenido una postura lo suficientemente perversa y desarraigada respecto al ejército y su significado como para pensar que es esa mano armada la verdadera causante de las guerras, y no tanto sus generales y comandantes. Que es esa aceptación fría e inhumana de ejecutar una orden sin cuestionarla la que tiene como consecuencia que la aniquilación del oponente sea el único camino para el triunfo de unas ideas, sociales o políticas, que en puridad deberían ser consideradas como inválidas desde el mismo momento en que no pueden sostenerse sin la violencia. Lo que Jean Luc Godard rodó en 1963 es, ni más ni menos, la puesta en escena de una "sociedad sin sociedad" en la que todo ocurre con la impunidad de quien lo somete todo al juicio de las armas y la fuerza. LES CARABINIERS es, sin que haya mucha violencia explícita, probablemente uno de los films "bélicos" (y habría que andar con mucho cuidado para no resbalar con esta aseveración) más violentamente desoladores de los que el cine se ha servido para arremeter contra la sinrazón de la "razón" militar; una perversa fábula en la que cada átomo de diálogo, cordialidad y entendimiento queda instantáneamente destrozada por una bala o una bomba. Godard ha sido, me parece a mí, el director de cine que se ha expresado con más cruda franqueza y mejor ha sabido exponer lo que todas las sociedades saben pero son incapaces de reconocer. A día de hoy, cuando el abismo que separa a los países que viven "en paz" y los que viven "en estado de guerra permanente" es más lejano que nunca, tratados como éste se hacen no ya necesarios a revisar, sino simplemente urgentes e imprescindibles.
Saludos.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Rincón del freak #248: Recógete el pelo, niña, que te tapa la cara...



Esto es la hostia. Seré escueto, que es lo menos que se puede ser cuando no pretendes tomarle el pelo al personal.
A mí, en su momento, me encantó, me sobrecogió y me cambió el chip del cine de terror RINGU; me gustó menos THE GRUDGE, que fui a ver al cine arrastrado por la otra, pero bueno, ahí estamos más o menos. Mi pregunta es directa hacia todos ustedes: ¿Se puede/debe hacer un crossover entre los dos fantasmas/entes/espíritus/señoraquellevatresañosenunacamilladelaseguridadsocial de ambas películas?... ¿Enfrentarlas?... ¿Cómo carajo van a enfrentarse estas dos señoras llamadas Sadako y Kayako?... ¿Para qué?...
SADAKO Vs. KAYAKO es una de las peores cosas que he visto jamás, un despropósito tan sonrojante que se limita a presentar japonesitas con cara de estreñida hablando de sus cosas, y ya en un último muy último término salen estas dos descamisadas moviéndose artríticamente y dándose unas leches raras, porque son con el pelo y cosas así. Es, como diría Pumares, un plano/contraplano entre japonesas en camisón y japonesas que se abrazan y gritan mucho porque tienen mucho miedo...
Así es.
Saludos.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Salida errónea



Hace ya siete largos años, mostraba aquí mi enfado con THE STRANGERS, la ópera prima de Bryan Bertino, porque parecía una pobre mímesis entremezclada de algunos títulos clave del cine de suspense. Sin haber visto aún MOCKINGBIRD, que realizó hace un par de años, nos acaba de llegar THE MONSTER, que prácticamente vuelve a caer en los mismos e incomprensibles errores de aquélla. Y es que de todos los posibles caminos que se abren en el prometedor arranque de esta película de ¿terror?, el que escoge Bertino para moldearla y remacharla en un final francamente bochornoso, es el peor. Primero porque uno no sabe qué película está viendo exactamente por los bandazos de guion, que primero nos colocan en mitad de un drama familiar, con una madre irresponsable y neurótica, que paga su frustración con su hija y la mitiga en alcohol. Hasta ahí vale, podría ser una historia trillada pero válida, porque no está mal escrita y las actuaciones de Zoe Kazan y la joven Ella Ballentine son más que convincentes. El problema gordo sobreviene cuando Bertino, tras muchos minutos contándonos una cosa, nos quiere llevar por otro camino. Y se equivoca. De repente, nada de lo de antes importa, porque empieza una película nueva, una en la que madre e hija, tras atropellar a un lobo, quedan inmovilizadas en mitad de una carretera abandonada, mientras algo las acecha desde la oscuridad del bosque...
Yo tengo mi propia teoría. Tienes una idea de partida, pero te falta profundidad real para desarrollarla debidamente y jugártela en el difícil campo de la inventiva. Finalmente, te acuerdas de que quizás, si metes un monstruo de por medio, los espectadores olviden lo que ibas a decirle y sólo recuerden los respingos en el asiento... A mí, sin más, me desvela algunas (pocas) dudas sobre la torpeza de este director.
Saludos.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Pequeñas esperanzas



Es curioso, pero hace hoy exactamente dos años que hablé por aquí del anterior trabajo del coreano Park Hoon-jung, su excelente segunda película NEW WORLD. Casualidad o no, me encuentro ante su siguiente film, DAEHO (EL TIGRE), o como reza su leyenda "Una vieja historia sobre cazadores". Y me confirma dos cosas, que su director sigue intentando no parecerse mucho a otros nombres de la cinematografía coreana de género, y que, desgraciadamente, en este caso el resultado es irregular y, por momentos, cansino. La ambientación es lo mejor, trasladando la acción a la frontera de China con Corea en 1925, cuando ésta se encuentra bajo la ocupación japonesa, y se centra en la figura de uno de los últimos cazadores de tigres de la zona, que vive retirado junto a su hija, hasta que un oficial japonés le chantajea para que le ayude a cazar al último gran tigre que aún vive, con el que el cazador lleva obsesionado desde que dio muerte a su madre y, en un insólito acto de compasión, le perdonó la vida. No hay que ser muy inteligente para detectar las alegorías, cómo se desdoblan las vidas del cazador y el tigre, y cómo todos los pasos dados van en una única dirección: el encuentro final entre ambos, para ver si alguno está dispuesto a perdonar algo esta vez. Pero como decía, la película se pierde a base de presentar personajes irrelevantes y alargar una historia que ya hemos visto cientos de veces hasta unas innecesarias dos horas y media. A su favor, la incontestable figura de Choi Min-sik y una bellísima fotografía, que al menos no se relame en su propio virtuosismo. Ahora sí, el CGI del tigre canta por soleares...
Saludos.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Postulados para la violación de la realidad #8



El primer día de escuela en el primer grado. Kiarostami sigue las vicisitudes de una clase, escucha sus temores, incertidumbres. Su cámara se detiene en los niños, el maestro, las clases, el patio. Un microcosmos que a todos nos es familiar, aunque lejano, y la dificultad, una vez más, consiste en trasladar al espectador una visión veraz e interrogativa sobre los mecanismos internos de esa importantísima forja de seres humanos que es la escuela. Desgraciadamente, este documental no logra traspasar la barrera de la pedagogía y queda como un testimonio, interesante, estructurado, pero poco emocionante y finalmente algo tosco, sobre todo para un cineasta que ya a esas alturas, mediados los ochenta, empezaba a ser reconocido por la crítica internacional. No es el caso de AVALIHA (PÁRVULOS).
Saludos.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Rivette escribe #13



En L'AMOUR PAR TERRE, de 1984, Rivette abundaba en el tema de las representaciones cruzadas y enfrentadas a una realidad siempre puesta en duda. Para ello se sirvió de dos figuras femeninas notables, Geraldine Chaplin y Jane Birkin, y el habitual de resnais André Dussollier. Se trata de un ingenioso (e ingenuo) dispositivo que desarma al espectador menos paciente, al exigirle un atento análisis cada vez que los personajes semejan estar viviendo sus propias vidas o interpretando una obra. Y todo comienza con la representación de una obrita en un apartamento y la presencia entre el público del autor, que seguidamente invita a las protagonistas a que interpreten la obra que se encuentra escribiendo en ese momento en su mansión, pudiendo alojarse durante una semana en la misma para ensayarla. Rivette compone una película densa, compleja, que sin embargo contiene un mensaje simple, que no es otro que la ilusión de la vida real, que no es más que un cúmulo incesante e interminable de representaciones, unas individuales y otras colectivas. Pero lejos de invocar al demiurgo total, prefiere compadecerse de estos actores y dramaturgos, constantemente luchando contra la esquizofrenia de ser ellos mismos o el personaje que escriben e interpretan. Un film completamente rivettiano, aconsejable para iniciarse en las claves de su cine y comprender la ruptura que seguidamente llevó a cabo con la depuración de su rol como cineasta ya fuera de los parámetros de la Nouvelle Vague.
Saludos.

martes, 29 de noviembre de 2016

El relleno del pavo



KRISHA, del joven debutante Trey Edward Shults, que parte como ayudante del último Malick (no se asusten), obtuvo un merecido galardón en los últimos Independent Spirit, el "John Cassavetes". Y es que algo del director neoyorquino hay en este desasosegante retrato familiar (nada familiar, por cierto), que nunca parece estar hecho con cuatro duros, aunque esa es la verdad, y que apuesta por un trabajo de guion intenso y audaz en lugar de vacuos malabares técnicos. Se nos advierte en la sinopsis que Shults tiró de su propia familia para ponerlos delante de la cámara y filmar un Día de Acción de Gracias que supuestamente les va a reunir al completo después de varios años. Constantemente intuimos, sabemos que algo no va a salir bien y que, tarde o temprano, seremos testigos de una revelación terrible; pero los diálogos se suceden con agilidad y los personajes van siendo introducidos con sencillez y eficacia. Cada uno habla de sus problemas, cómo les va la vida, se saludan, se besan, se reprenden... Y en mitad de todo ello, apenas sostenida por frágiles e invisibles cuerdas en mitad de un torbellino imparable de sentimientos a flor de piel, está Krisha, la tía materna del propio Shults. Y a Krisha todos la miran con extrañeza y le hablan sin querer molestarla; hace mucho tiempo que no la ven, le preguntan si está recuperada... Y ella se mira al espejo, a solas, con una mirada que es materia prima de la vida misma, una vida que se intuye que ha vuelto varias veces del algún infierno. KRISHA es un ambicioso, poderoso gambito visual, que no duda en revelar sus verdaderas fuentes, Cassavetes, Bergman, la dispersa ola del Dogma, para poner en imágenes el oscuro mundo interior de una persona en claro desequilibrio, que refleja en su miedo a las relaciones sociales una ternura repleta de brutalidad y una actitud que por ser más honesta choca frontalmente con cualquier ambiente de corrección.
Una película imperfecta, bellísima, terrorífica. Que presenta a un director y creador que hay que seguir sin ninguna duda y a una actriz a la que suponemos actuando y descubrimos exudando realidad en bruto. Magnífica.
Saludos.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Romántico en el exilio



Se ha muerto Fidel Castro, la vida sigue y vamos a hablar de una película sobre exiliados, pero no cubanos sino chilenos. Una película extraordinaria titulada DIÁLOGOS DE EXILIADOS, que es la primera que Raúl Ruiz filmó enteramente en Francia y que supone un punto y aparte en esa falacia que los esnobs dan en llamar "cine político". Ruiz, uno de los directores más imaginativos y originales de todo el Siglo XX y parte del XXI, juega al despiste con lo que parece una simple crónica de un grupo de exiliados, sus problemas de integración en aquel París que aún digería la resaca sesentayochista y la promesa de una vida, si no mejor, al menos más digna que en una sanguinaria dictadura. Pero la intención es otra, más retorcida y memorable, con la introducción de un afectado cantante de boleros, simpatizante de la Junta, que de casualidad topa con estos exiliados en sus pisos prestados, pues se encuentra en plena gira francesa, y les suelta unos incomprensibles discursos sobre lo bien que está su país, pensando a lo mejor que ellos están de visita en el país galo. La reacción no se hace esperar y se lo llevan a una fiesta interminable, pero con la intención de secuestrarlo... El film gana enteros cuando realidad y ficción se mezclan, y Ruiz maneja los tiempos narrativos hasta desafiar la propia percepción del espectador acerca de qué está viendo con exactitud y, más importante, si se trata realmente de una crítica política o de una ensoñación surreal, el recorte sudamericano a un país, el francés, que parece invitado de sí mismo...
Saludos.

martes, 22 de noviembre de 2016

Porque el sexo es bueno



Concebida como un ampuloso "Blog in progress", JOVEN Y ALOCADA, la ópera prima de Marialy Rivas, es, ante todo, una celebración de los cuerpos y las mentes, los propios y los ajenos, sin preocuparse mucho de cuestiones de pacatos demorados y dejándose resbalar por un ciclorama de estrategias meramente carnales. Es la historia de Daniela, que tiene un blog que administra como "Jovenyalocada", en el que mantiene informado a un numeroso grupo de seguidores acerca de sus andanzas sexuales, al tiempo búsqueda identitaria y rebeldía consciente, y la mayoría de las veces afortunada. Ahí se entiende la disposición, la refracción hagiográfica y desmañada como hito punk desde las faldas maternales pringadas, una vez más, de una religiosidad asfixiante y antipática, de la que los jóvenes, y con razón, deben huir con los vehículos que sean. La película se deja ver muy bien, con menos estridencias de las esperadas y con algunos momentos francamente divertidos, y cabría reprocharle el exceso de bisoñez, fundamentalmente en la construcción de unos personajes que tienen poco peso... Juzguen si en nuestros blogs ocurre así...
Saludos.

lunes, 21 de noviembre de 2016

El demonio antes del día 28



En 1957, la Columbia produjo un pequeño film de serie B que pretendía poner la primera piedra de lo que ni siquiera se sospechaba como lo que después sería folk horror. En una dudosa Inglaterra repleta de transparencias y lugareños con acento de Kentucky, la idea era adaptar un relato de principios de siglo, "Casting of the runes", de Montague R. James, que ponía en duda muchas de las supersticiones clásicas, fundamentalmente el demonio y variantes, confrontando a un extraño ilusionista que afirma ser capaz de invocar al diablo cuando le plazca, tras haber traducido unas antiquísimas runas, y un psicólogo norteamericano que, escudado en su total escepticismo, viaja a este peculiar Londres para desenmascararlo y, de paso, ayudar a una joven a esclarecer la inexplicable desaparición de su tío tras visitar al supuesto charlatán. NIGHT OF THE DEMON es uno de esos oscuros clásicos que se ven con jovial frescura y desenfado, por su estupendo guion, sus solventes actores y unos efectos especiales que, sin ser nada de otro mundo, proyectan a la perfección la idea de ese demonio que no sabemos a ciencia cierta si en verdad existe o es producto de la autosugestión. La dirección del gran Jacques Tourneur, no hace falta decirlo, es dinámica y congruente, un modelo de precisión e imaginación que tanto se echa en falta en producciones de mayor presupuesto en las que se pierde la mitad del metraje en explicaciones innecesarias, además de aportar un estupendo sentido del humor que la hace en todo momento accesible. Una joya a reivindicar, descubrir e incluso reinterpretar ahora que tan de moda están estos temas.
Saludos.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Rincón del freak #247: Una parodia kantiana



Cuenta la leyenda que a mediados de los años 80 un por entonces exitoso Donald Trump resumió en un libro el secreto de su éxito, y que, abrumado por ser el autor del mayor bestseller de todos los tiempos, quiso ir más allá y realizar una película, amenazando con su poderoso argumentario la estabilidad misma de Estados Unidos... Lamentablemente, el día de su emisión "alguien" decidió cambiar la programación y poner en su lugar un partido de football... Todo esto nos lo cuenta Ron Howard mientras enseña el preciado VHS, que le ha costado lo indecible conseguir, antes de hacernos partícipes de tan mitológico visionado. Lo que sigue a continuación es (si es que su mente no ha explotado aún) FUNNY OR DIE PRESENTS: DONALD TRUMP'S THE ART OF THE DEAL: THE MOVIE, o cincuenta minutos de Johnny Depp calzando el tupé de Trump, mientras nos revolcamos en la enésima burla de la izquierda "intelectual" norteamericana, con un puñado de ingeniosos gags y calculados cameos, y todo tan sólo un tiempo antes de las elecciones. El resto ya es historia, y Kant diría que no permanece el goce a la sombra de la ambición...
Saludos.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Un último, desesperado y loable esfuerzo



Es curioso que haya encontrado algunos aspectos positivos en una película de Michael Moore, aunque pocos, y que haya sido en un extraño artefacto que en realidad ni siquiera es una película, sino una especie de monólogo extralargo que el creador de BOWLING FOR COLUMBINE filmó en un teatro de Wilmington, una pequeña ciudad de Ohio que pasa por ser el sitio donde la candidatura de Donald Trump sacó más diferencia de votos (el cuádruple) a la de Hillary Clinton. Moore (que, digámoslo, cada vez parece más una señora) insiste en su tono sarcástico y panfletario y se enfrenta en solitario a una audiencia que dudo mucho que pagara por verlo, pero eso nunca lo sabremos, y menos rodeado de fotografías de la señora Clinton, mientras señala que en el gallinero está representada la etnia latinoamericana, a los que coloca un muro de atrezzo, y unos musulmanes, convenientemente vigilados por un dron... Es un monólogo, y Moore lo modula para llegar al interior de una audiencia netamente conservadora mediante el recordatorio de que la precariedad sanitaria produjo un millón de muertes y hacerles ver que, aunque su opción era Sanders, Hillary bien merecería un voto de confianza ante un megalómano, misógino y enloquecido magnate ávido del poder absoluto. El resultado es tan insólito que justifica su elocuente título, y MICHAEL MOORE IN TRUMPLAND reconforta a los ingenuos de corazón, pero tras las elecciones es un patetista soplo de gamberrismo low cost y un esfuerzo que sería en vano. Pero quién iba a imaginarlo ¿verdad?...
Saludos.

viernes, 18 de noviembre de 2016

La máquina de matar



Sobre el derecho a matar a un intruso en un país como Estados Unidos debe tener mucho que decir el recién elegido presidente, y el cine no ha sido impermeable a una problemática que en Europa plantea más interrogantes, afortunadamente. Es curioso que un film que me parece estimable, como es DON'T BREATHE, del director uruguayo Fede Álvarez, no incida en este tema, que explica muchas conductas aberrantes del país que "ama" la pertenencia de armas. Lo digo porque lo que le falta a este  intenso film para ser antológico es precisamente haber puesto el dedo en la llaga y confundir al espectador sobre quién es verdaderamente el malo, si el veterano de guerra, ciego y psicópata, o ese grupo de asaltantes vocacionales que usan el trabajo del padre de uno de ellos en una compañía de seguridad para desactivar las alarmas y desvalijar sin problema el inmueble. Como película de terror es infinitamente superior a aquella bobada de ampliar a Raimi, y la tensión se palpa en cada fotograma, pese a algunas decisiones de los protagonistas (el guion...) simplemente inverosímiles, pero a Álvarez le falta hondura y ambición, aunque yo confiaría en su capacidad, porque aún le siguen dejando libertad y porque es demasiado joven para no creer que pueda depurar su cine palomitero de calidad. Yo la recomendaría si se quiere pasar una hora y media pegado al sillón, y si no le importa tener armas en casa, claro...
Saludos.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Postulados para la violación de la realidad #7



De nuevo dos cortos rodados por Kiarostami, el primero, de corte simuladamente didáctico y titulado BE TARTIB YA BEDOUN-E TARTIB (ORDEN Y DESORDEN), pretendía argumentar las bondades del orden y el civismo a la hora de conducirse en la vida, ya desde la escuela, al salir de clase sin atascar la puerta de salida; para beber agua (sin que nadie se preocupe de la higiene derivada de tener un solo vaso para todo el colegio...) o subir al autobús escolar sin que haya que esperar varios minutos a que todos estén sentados. Kiarostami cierra el documental con un inesperado e irreverente corte, que no sólo perturba el orden mismo de la película, sino que conmina al espectador a rebelarse ante lo que ve y no dar todo por supuesto. En apenas quince minutos, el libre albedrío nos interpela como ciudadanos libres que somos capaces de elegir nuestro propio beneficio...





El segundo, de 1982, es HAMSARAYAN (EL CORO), que en su brevedad articula una prodigiosa escalada desde la observación paciente de un hombre mayor en su habitual paseo, que, harto de la contaminación acústica de la ciudad, decide apagar el audífono que le permite escuchar con claridad. Al llegar a su casa, quizá sin importarle demasiado la ausencia de sonido, no escucha a sus nietas, que acaban de salir de clase y llaman para que les abra. Finalmente, el corto adopta un tono decididamente cómico, como si volviéramos a un cine chapliniano, porque la congregación ante la casa es cada vez mayor y todos gritan para que el anciano se entere. Una deliciosa miniatura acerca de las bondades del bendito silencio para los que sufrimos vivir en un mundo insoportablemente ruidoso...
Saludos.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Rivette escribe #12



A día de hoy, LE PONT DU NORD es una película muy diferente a como la concibió en su momento, aquel prolífico 1981, Jacques Rivette. Una película que era (como casi toda la obra de su autor) un juego inocente, infantil, jugado con elementos adultos; o una fantasía detectivesca, un thriller en toda regla, pero ahormado a unos elementos formales tan básicos, que más podría parecer un boceto haciéndose pasar por cuadro. Pero lo que cambia su visionado radicalmente es la terrible certeza de una mala pasada del destino, ya que LE PONT DU NORD fue el film que unió en la pantalla a Bulle Ogier y su hija Pascale, prematuramente fallecida sólo tres años después. Es por ello que, más allá de casuísticas o heteronimias autorales, que convierten a Rivette en demiurgo más que en director, la búsqueda infructuosa de estas dos mujeres, con París convertida en un tablero de "La Oca", importa menos por su estructura de fantastique embelesado y sí por unos cuantos instantes arrebatados al celuloide y que trascienden y ejercen casi de despedida metafísica u oprtunidad fijada en la eternidad. Además, Rivette vuelve a demostrar que valen más mil palabras elocuentes que una imagen vacía...
Saludos.

martes, 15 de noviembre de 2016

El caracol y la gallina



El caracol se arrastra plácidamente por el patio, bajo el sol y como contemplando las vetustas paredes de la casona; y el hombre, que no es su dueño en modo alguno, deja de leer el periódico y ajusta un gesto de rabia, o desprecio o quién sabe, le pega un puntapié y lo hace rodar hasta la gallina, que lo picotea con fruición, sólo un día antes de terminar desplumada y en la cazuela.
Esta magistral escena sería capaz de resumir con mayor acierto CORONACIÓN, la segunda adaptación cinematográfica que ha conocido la novela de José Donoso y que tiene tantas virtudes como defectos a la hora de poner en pie el colosal armatoste literario que narraba, en varios planos superpuestos, la asfixiante y decadente atmósfera de una forma de vida anclada fuera de su tiempo, y atenta tan sólo a viejos rituales anodinos. La abuela senil, Doña Elisa, que llegó de España y que parece una decrépita y cruel versión de Imperio Argentina; Andrés, el nieto cincuentón y reprimido, castrado por su educación religiosa pero incapaz de salir de su confortable mundo de inactividad y apariencia; las dos sirvientas, solícitas, que no han conocido más mundo que ése y que participan de los ritos diarios, soportando sin rechistar el desprecio con que son tratadas. La llegada de la joven sobrina de una de ellas para hacerse cargo de la anciana supondrá un cataclismo, especialmente para Andrés, que toma conciencia de lo inútil de su existencia cuando queda expuesto a la inocencia y vitalidad de la joven.
CORONACIÓN, desde su estreno en 2000, ha sido uno de los títulos chilenos más importantes y reconocidos fuera de sus fronteras, y una especie de punto y aparte estilístico. Sin embargo, le sobra metraje, y Caiozzi parece no saber hacia dónde dirigir la narración cuando se aleja del caserón y su fascinante decadencia, perdiéndose en algunas escenas y personajes que no casan bien con el conjunto. Aun así, tiene momentos memorables y un actor inmenso, Julio Jung, que transmite sin esfuerzo toda la soledad e incomprensión de quien no ha dicho una palabra más alta que otra en toda su vida.
Saludos.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Estás jodido... ¡Que les jodan!...



Las elecciones norteamericanas me han abierto unas ganas tremendas de volver a ver películas que, por alguna razón que ahora se me escapa, sabía que tenía injustamente limbificadas, y que era el momento de darles una segunda oportunidad desde mi "madurado" punto de vista (obvien risas, please). Y precisamente una segunda oportunidad es lo que lleva buscando Sean Penn, en uno de los papeles más torturados que le recuerdo, en U-TURN, aquella pesadilla neobarroca que está a punto de cumplir nada menos que dos décadas y que es una de las que más me gustan de Oliver Stone, lo cual acabo de corroborar hoy mismo. El argumento no es nada del otro mundo, y lo hemos visto muchas veces: un tipo se queda varado en mitad de la nada, en este caso un pueblo, Superior, en pleno desierto de Arizona. Guarda un secreto que, francamente, queda claro desde el primer y antológico encuentro con un genial Billy Bob Thornton, que se compromete a arreglarle el Mustang. Yo no me centraría tanto en los maquiavélicos intereses cruzados que se desatan tras la llegada de este forastero, y sí en el ejercicio de "sensibilidad bruta", sin pulir, que Stone extrae de la novela original de John Ridley, amplificando la sensación de fantasmagoría, de no-lugar del que el protagonista no sólo no va a hallar el modo de salir, sino que sufrirá toda clase de humillaciones y agresiones. Este film es como un tratado sobre la mala suerte y la fatalidad, entendidas ambas como reflexión moral dostoievskiana y desembocando en una angosta reducción al absurdo y uno de los finales más grotescos del cine americano reciente. Añádanle un reparto de auténtico lujo y una banda sonora maravillosa a cargo del maestro Morricone, como si pudiéramos conjurar a Leone con Lynch y Edgar G. Ulmer, un film tan increíblemente exagerado que yo me atrevo a decir que ese tono casi de serie B es más patente en la teleficción actual que en el cine. Que yo diga todo esto de una película de Oliver Stone ya tiene su mérito, porque sale hasta Jennifer Lopez...
saludos.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Rincón del freak #246: Resaca post electoral



Me veo en la obligación de posponer los misilazos contra la demencial llegada a la presidencia de Trump a un país que cada vez se parece más a un cruce entre Disneylandia y un McDonald's... Sólo ellos saben ponernos tristes, eufóricos y cabreados, todo a la vez y todo tras un proceso democrático, que ya es decir. Pero eso será otro día, cuando hayamos medio asimilado todo esto, pero mientras tanto voy a poner aquí una horrenda subproducción de 1981 a la que me cuesta poner título, ya que tiene unos cuantos. El oficial es PRANKS, pero no veo las bromas por ninguna parte; sin embargo, el cartel promocional rezaba THE DORM THAT DRIPPED BLOOD, que no tiene nada que ver. En las traducciones al español no se quedaban cortos, usando a conveniencia tanto DORMITORIO SANGRIENTO como un más solemne LA MANSIÓN ENSANGRENTADA... Y total, bromas hay pocas, dormitorios apenas, y la mansión es en realidad una especie de almacén industrial abandonado, que seguramente fue lo más barato que el tándem Obrow/Carpenter (nada que ver con el tío John) consiguió para hacer deambular a un grupo de jóvenes sin futuro ni talento, pero con unas ganas tremendas de limpiar el almacén y cobrar por ello, que es un argumento típico de las pelis de terror. Luego está el malo, que un señor normal que usa taladradoras y ollas a presión, como lo oyen. La protagonista es una señorita con un aire a Hillary Clinton más que sospechoso y también salía por allí Daphne Zuniga  muy jovencita y con la virguilla eliminada para siempre... y no es un chiste escatológico, ni ingenioso me temo...
La película es mala, pero peor es ser mujer, negro o latinoamericano y votarle a Trump, claro...
Saludos.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Este vals...



El mundo de la música, las letras, la cultura, está en shock porque ha muerto Leonard Cohen. Fiel a su excepcionalidad, el maestro canadiense ha logrado lo que ninguna estrella efímera del Rock puede conseguir, que estemos en shock cuando su despedida ha sido tranquila y a los 82 años. A mí me costaría una barbaridad glosar apenas su inabarcable trayectoria, por lo que he tenido que apoyarme en el que creo que es el mejor documento fílmico para explicar las razones por las que Cohen ha significado tanto en una industria que siempre amenazó con tragárselo, y es que este mundo nunca ha sido para los sensibles. Y 1971 fue un año particularmente decisivo en la construcción del mito, precisamente porque Cohen, hundido por lo que él consideraba un doloroso rechazo a su por entonces incipiente producción musical, meditó tirarlo todo por la borda y ser uno más, o refugiarse quizá en las letras, pese a su poco reconocimiento como escritor. Hablamos de un señor que contaba ya con 37 años, tres discos y un puñado de libros publicados, y que fue literalmente empujado a un macrotour europeo en un momento delicado para los cantautores que habían dominado la escena de finales de los sesenta. BIRD ON A WIRE es un documental tan radical y rompedor que fue sistemáticamente rechazado por Cohen, hasta el punto de mutilar el metraje original y hacerlo desaparecer, hasta que, hará unos siete años, apareció milagrosamente la única copia existente de aquel descarnado documento, en el que Cohen aparece como un ser humano de carne y hueso, y no estamos acostumbrados a eso. Palmer, reconocido documentalista que había glosado anteriormente figuras como Frank Zappa o Cream, pidió una única condición: que no se le cerrara ninguna puerta a su cámara. Así, es Cohen flirteando y sonrojándose al saberse filmado, chocando de frente con la cerrada cultura israelí, devolviendo de su bolsillo el dinero a los asistentes a un concierto que literalmente no pudo dar por haber perdido la inspiración, o Cohen llorando junto a sus músicos porque les había comunicado, instantes antes de una actuación, que sería la última vez que se subía a un escenario. Y entre medias, como si no importara, un puñado de interpretaciones casi místicas, que interpelan directamente al espectador sobre la experiencia de la poesía en absoluta simbiosis compartida. Yo creo que Leonard Cohen nos fascinaba, sobre todo, porque, por mucho que buscáramos, antes de él no había nadie comparable haciendo lo que él hacía, y mucho me temo que seguiremos así tras su muerte.
Se ha ido un maestro, un hombre que escribe, un pájaro que dejó de mecerse en el cable, como siguiendo el ritmo de un vals...
Saludos.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Beber de la copa rota



En quince años de discutible trayectoria, la directora neoyorquina Karyn Kusama ha ido intentando, con diversa fortuna, sacudirse un discurso fuertemente arraigado en el cine comercial acomodado en los clichés de la imagen "de moda", la estrella "de moda" y unos temas que sospechosamente siempre parecían ir un pasito por detrás de sus evidentes inspiradoras. GIRLFIGHT, AEON FLUX y JENNIFER'S BODY avanzaban a duras penas por el mundo del boxeo femenino, las superheroínas y un insólito slasher universitario-feminista. Así, tres lustros después, pocos podían adivinar que sería capaz de llevarse un galardón como el de mejor película en Sitges con un enigmático thriller psicológico, no tan redondo como promete, sobre todo por un tramo final que se le va completamente de las manos, pero que apunta a que Kusama está empezando a notarse cómoda en un lugar común de colores menos chillones. Y lo mejor es contar un poco de la trama de THE INVITATION, que tiene un largo prólogo en el que prácticamente no pasa nada, pero que acierta en la reposada introducción de un grupo de personas, amigos la mayoría, que asisten a la cena organizada por Eden, de la que no habían sabido nada desde varios años atrás, tras la traumática muerte de su hijo. Eden se ha vuelto a casar y parece haber superado la tragedia, permitiéndose incluso invitar a Will, su expareja y padre del niño fallecido. THE INVITATION es, ante todo, un loable y contenido ejercicio de narrativa y de esfuerzo actoral, un poco descompensado (Logan Marshall-Green y John Carroll Lynch están a años luz del resto), pero que mantiene la tensión incluso en los momentos más anodinos y tramposos de esta pequeña sorpresa con forma de inocua miniatura, pero con algunos puyazos, sobre todo ideológicos, que apuntan directamente a los peligros del fanatismo, cuando éste se inviste del elegante traje de la autoayuda.
Muy entretenida.
Saludos.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Postulados para la violación de la realidad #6



Antes, mucho antes de que Asghar Farhadi devolviera al cine iraní gran parte de su prestigio, Abbas Kiarostami expuso en GOZARESH (EL INFORME) muchos de los males y controversias de una sociedad que luchaba por definirse entre el aperturismo y la tradición. De ahí proviene la fuerza de este extraordinario film, escindido en dos partes bien diferenciadas aunque perfectamente complementarias. En la primera, mucho más verbal y descriptiva, se nos cuenta la caída en desgracia de un recaudador de impuestos que es fulminantemente despedido por aceptar una serie de sobornos; la corrupción no sólo como tema delictivo sino como tara moral, que en este caso va a poner a prueba la resistencia de este hombre y su familia. En la segunda parte, asistimos a la mudanza a un barrio más modesto, la precariedad de medios y los problemas derivados de la incapacidad para mantener un estatus social, lo que desembocará en una brutal precipitación de acontecimientos. Kiarostami filma con un naturalismo crudo y distante, y lejos de sus anteriores lecciones morales lleva a sus personajes hasta un paroxismo casi insoportable, de una fisicidad manchada y que deviene en tragedia. Una especie de redención por la vía del martirio y la pérdida, quizá para recordar, ya entonces, lo dolorosos que son los golpes desde lo más alto.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!