Como me he dado cuenta de que últimamente hablaba en demasía de películas que, de una manera u otra, no hacían más que exasperarme, hoy me doy (les doy) un capricho y traigo aquí una de mis películas favoritas, tal cual.Efectivamente, me encanta DELICATESSEN casi en la misma medida que he llegado a odiar AMELIE... La cosa es así ¿qué le vamos a hacer?...
Y es que más allá de ser otro estreno resaltable (la rondan los veinte añazos), la ópera prima de Jean Pierre Jeunet y Marc Caro fue una impactante revelación, la de un cine innovador en la forma, respetuoso en el fondo y que ponía al día los preceptos de Keaton, Chaplin y compañía; cine silente en plena era del ruido, deudor del universo de Jacques Tati y con un toque expresionista y decididamente tétrico, una especie de cuento de terror, amor y humor, todo muy bien mezclado y con un sentido del ritmo absolutamente antológico. Como antológicas son algunas escenas que han pasado a la historia del cine y que forman parte del imaginario colectivo de las dos últimas décadas. Sirva para ilustrarlo el maravilloso "diálogo" musical en los tejados de ese terrible edificio, que a modo de 13 Rue del Percebe guardaba más de una sorpresa; o el desconcertante inicio, donde uno no sabe si reír u horrorizarse por lo que está viendo; por no hablar de su mejor escena, un prodigio de montaje que es capaz de ensamblar una serie de onomatopéyicas imágenes como si de viñetas en movimiento se tratara; un clásico que luego ha sido burdamente imitado, incluso por sus mismos creadores.
DELICATESSEN fue para muchos un descubrimiento a todos los niveles y la apertura de un cierto cine europeo que en nada desdeñaba ni entretenimiento ni originalidad, lástima que todo ello acabase casi tan rápido como empezó.
Deliciosos saludos.