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martes, 25 de abril de 2017
Nuca de erizo
Cuatro años antes, en 2001, Bill Paxton había debutado en la dirección con una película que merecería, ahora más que nunca, una revisión a fondo, por lo audaz de su propuesta y la gran cantidad de imitadores que han llegado hasta nuestros días, haciéndonos creer que eran originales. FRAILTY es una cinta que es difícil ubicar en un género, porque tiene la apariencia de un film de terror, pero su sugerente narrativa nos lleva directamente al cine negro clásico, y su diabólico guion consigue que dudemos en todo momento de qué estamos viendo con exactitud, ya que esa es la sensación principal, y de donde Paxton, que se reservó un personaje principal, extrae su virtud máxima: mantenernos en un estado de tensión constante. La "historia" (por así decirlo) comienza con un desconocido que llega a la oficina de un oficial del FBI que investiga desde hace años a un asesino en serie llamado "La mano de dios", y empieza a contarle los detalles por los que sabrá que la identidad del asesino es la de su hermano pequeño, partiendo desde una traumática y horripilante niñez, en la que su padre, enloquecido tras la muerte de su esposa, cree tener el don de identificar a los demonios con apariencia humana, para darles caza y asesinarlos a sangre fría y delante de sus hijos. Es a partir de ahí que el espectador se encuentra en una disyuntiva especialmente complicada ¿Debe creer el relato contado en pasado? Y de no ser así ¿quién es realmente este hombre que cuenta todo esto tantos años después? FRAILTY es una película cruda y espeluznante, que destapa las miserias del extremismo fanático-religioso, y al mismo tiempo desestabiliza los cimientos mismos del relato clásico de suspense, presentando personajes complejos y atormentados, y retándonos a que descubramos si finalmente no lo habremos imaginado todo... O no.
Lástima que Paxton no tuviese más oportunidades de demostrar que, además de un estupendo actor, también sabía dirigir con un irrechazable aroma a clásico de los de antes.
Saludos.
lunes, 24 de abril de 2017
Bajo par
Dos sucesos, muy diferentes entre sí, me obligan a hacer esta entrada, que a fuerza de ser postergada, ha hecho coincidir la noticia triste con otra absolutamente maravillosa. Hace sólo unos días, fui testigo en la soledad de la madrugada de la histórica victoria de Sergio García en el Masters de Augusta. Para los que el golf se la suda (que será la mayoría), digamos que es el equivalente a que el Villarreal gane un año la Champions, y no porque García no sea un estupendo golfista, sino porque ha tenido que sudar lo suyo para llevarse, al fin, un major. Por otra parte, hace un par de meses me enteraba de la desaparición de un tipo que siempre me ha caído particularmente bien y que también tuvo que esforzarse una barbaridad para lograr cierto reconocimiento en Hollywood. Moría, inesperada y prematuramente, Bill Paxton; un actor que apenas tuvo papeles protagonistas, que quedó encasillado como "ese actor resultón" y que normalmente siempre estaba bien, hiciese lo que hiciese. Y Bill Paxton dirigió también dos películas, una muy oscura y otra muy luminosa, y curiosamente las dos, tan diferentes entre sí, revelan a un director maduro, seguro de lo que quiere contar y cómo va a hacerlo. En 2005, la Disney lo reclutó para que llevara adelante un curioso proyecto, la recreación de la que sigue siendo, más de cien años después, una de las gestas más grandes del golf de todos los tiempos: la victoria en el U.S. Open de Francis Ouimet, un joven de extracción humilde, que con sus veinte años apenas había pasado de ser un ignoto caddy y que venció nada menos que al mítico campeón británico Harry Vardon, y todo ello sin experiencia en ningún torneo y con un niño como caddy, el no menos mítico Eddie Lowery. Con una historia así sólo se pueden hacer dos cosas, una bazofia infumable o una película maravillosa, y Paxton, a mi juicio, filma la mejor película sobre golf que he visto nunca. Una película de Disney, sí, pero no se nota; con un tiempo narrativo entretenidísimo, que apenas decae, con excelentes actuaciones por parte de Shia LaBeouf, Stephen Dillane y el joven Josh Flitter, entrañable como el propio Lowery. Una película que recomiendo incluso a los que abominan de un deporte tan hermoso como el golf, y que, basada en el también imprescindible libro de Mark Frost sobre este extraordinario hecho, parece tocada por el halo de un Frank Capra contemporáneo... Bueno, quizá esté exagerando, pero la peli es mu bonita...
Y mañana la otra.
Saludos.
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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!

