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domingo, 14 de septiembre de 2025

Rincón del freak #660: El asesino de todos los días


 

En su momento dimos cuenta del director húngaro György Pálfi, con una segunda obra tan polémica como desconcertante, titulada TAXIDERMIA. En su ópera prima, HUKKLE, de 2002, Pálfi ya dejó constancia de su capacidad para captar imágenes "únicas", que parecen provenir de un imaginario onírico y algo destartalado. El reto aquí consiste en hilvanar una narración más o menos inteligible, pero sin recurrir a las palabras. En el entorno cerrado de un pequeño pueblo, todo comienza con un anciano que se levanta con hipo (a lo que alude el título), y que se sienta como todos los días en la puerta de su casa para observar la vida, aunque el hipo sea una constante. Con un lenguaje visual tremendamente ingenioso, el film nos lleva por cada rincón del pueblo, los quehaceres diarios, las comidas familiares, los niños descubriendo la naturaleza. Hasta que un suceso, aparentemente banal, desencadena una serie de desgracias que ponen al pueblo en alerta. El film vendría a ser una especie de falso thriller en la piel de un documental rural, con la atención a los detalles más nimios de un Lynch, pero con un sentido del humor completamente deudor del Jacques Tati más descacharrante. Una película inclasificable, conscientemente extraña, que igual te muestra una cabrita triturada por una cosechadora, los enormes huevazos de un gorrino en primer plano o un avión supersónico volando a ras de tierra... Básicamente como si el diablo se sentara junto al anciano y le diera por quitarle el hipo...
Extraña no, lo siguiente.
Saludos.

domingo, 11 de agosto de 2019

Rincón del freak #366: La imbecilidad a través de las generaciones



Me he topado por casualidad con TAXIDERMIA, la polémica película del húngaro György Pálfi, que fue la gran sensación del festival de Sitges'06, dividiendo al público de tal manera que no hubo nadie indiferente, tan sólo quienes la odiaban con todas sus ganas y quienes la encumbraban como una obra maestra de la escatología. Y, la verdad, después de verla me quedo con una tibia reflexión: Qué difícil debe ser intentar ser Béla Tarr sin parecer Béla Tarr. Lo digo porque las imágenes de Pálfi contienen una expresividad notable, pero lamentablemente todo queda ahí, en una sucesión de puñetazos visuales que terminan por agotar, por incesantes, pero también por un mal gusto excesivamente rebuscado. Como si de un rápido vistazo a tres generaciones se tratara, se nos cuenta (o eso creo) una especie de enfermedad congénita, casi una maldición, proveniente del primer progenitor, un imbécil de labio leporino que pasa el crudo invierno como supuesto protector de una granja en mitad de la WWII. Entre pajas flamígeras y fantasías con un par de doncellitas, logra beneficiarse a una oronda carnicera de cuya unión nace el que será campeón mundial de comer... (sí, comer, pero a lo bestia). Y de la yunta de éste con su homónima femenina llegaremos al taxidermista del título, que es flacucho y vive entre cuidar los 400 kilos de su anciano padre y tirarle los tejos a una cajera que lo ignora. Y poco más, excepto prevenirles de la sinfonía de vómitos, eyaculaciones, flatulencias y desmembramientos que, no sé cómo, se llegan a vislumbrar como una especie de obra de arte macabra, como la que cierra un film que no es malo, pero sí muy raro, de verdad.
Saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!