Ostras, lo de HAWK THE SLAYER. Que no te lo ves venir, porque ya es raro ver una película así en 1980. Que es una espada y brujería que no lo parece en su sonrojante arranque, donde uno esperaría ver aparecer por allí a John Cleese o Eric Idle, pero no, porque esto iba supuestamente en serio, pero la verdad es que terminas echando unas carcajadas por diversos motivos. El más evidente, robar todo lo que se pudiera de D&D y de Tolkien, pero sólo en el concepto; porque ese enano no era más que un señor bajito, el gigante un tipo con pinta de funcionario calvo, el elfo (hay un elfo) un asperger con autismo y el héroe un señor cuyo modelo de interpretación era un maniquí en Harrods. Por coronar, no hay princesa que salvar, porque la espicha antes de todo, sino unas monjas medievales que se pasan el día trayendo comida y birras, por lo que sea. El malo, atención, era un cansado Jack Palance, haciendo de hermano de un tipo, el prota, al que sacaba 30 años nada menos. Una película extrañísima, con un guion sin ningún sentido, en el que la mayor parte del tiempo vemos a gente random haciendo apuestas en mitad del bosque, y a los héroes chafándoles la ganancia. La sensación es de que todo es muy barato e improvisado, incluso la banda sonora de Harry Robinson, que masacraba a Jeff Wayne, al tiempo que indicaba el camino para LADY HALCÓN, que es lo que me parece que querían hacer. Como diría otro, raro raro raro...
No se pierdan el efecto del elfo lanzando flechas rápidamente...
Saludos.







































