martes, 30 de diciembre de 2008

Y si todo esto es cierto...

... pues nada, se demostrará finalmente que los estados unidos que jamás serán vencidos son un hervidero de incongruencias que se verifican a sí mismas mediante toneladas de información inservible que termina por tapar y confundir.
Francamente, me importa poco quién mató a Kennedy y menos después de tanto tiempo; ¿qué más da? Kennedy fue uno de los presidentes con más frentes bélicos abiertos y, sin embargo, no son pocos los que siguen diciendo que fue el mejor de todos; el más carismático sí, probablemente.
Luego está la película con la que Oliver Stone debía haberse retirado y ahorrarnos la cantidad de peñazos que hemos tenido que soportar desde entonces.
En JFK, todo lo ocupa la obsesión del fiscal Jim Garrison por demostrar que el asesinato de Kennedy en Dallas no fue la solitaria obra de un magnicida, sino que existía una enorme conspiración de ramificaciones incontables. Vale, muy bien, eso demuestra ¿qué? Stone no tuvo ningún empacho en presentar la película a los oscar y obtener hasta un par de premios, por lo que presumimos que se trata de un reflejo artístico de su autor, hiperdramatizado y convenientemente montado ¿o no? El film, como film en sí, es magnífico, de ritmo hipnótico y una solvencia para ir encadenando ideas sin precedentes, pero de ahí a pensar que Stone es un visionario media un mundo. Sobre todo porque ha pasado el tiempo y JFK ha quedado como lo que es: un soberbio entretenimiento de tres horas acerca de la ignominia humana. Aparte, claro está, de contener la única evidencia palpable de que Kevin Costner sabe actuar... que también tiene su mérito.
Saludos conspiradores.

California über alles

Los Kennedy que la palmaron fueron tantos que dieron hasta para un grupo punk.


lunes, 29 de diciembre de 2008

Retrato de familia

La pregunta sería: ¿Cuál es el verdadero motivo que impulsa a un cineasta como Stephen Frears a inmortalizar la oscura circunstancia acaecida entre la muerte de Diana de Gales y el mutismo de Isabel II ante tal hecho? Lo digo porque no veo mucho resentimiento en el director británico, que se queda con la figura infranqueable del monarca abstraído en sus importantísimos quehaceres de monarca abstraído. Esto es: irse de caza por sus dominios; preocuparse por las facturas del palacio de Windsor; no ser demasiado rígida ante la primera visita del nuevo primer ministro... A su alrededor, unos moscones más o menos molestos (el rey consorte, el príncipe Carlos...) le hacen la rosca y mantienen esa "normalidad a toda costa" tan incomprensible, esa hipocresía aceptada.
Pero Frears es un director que siempre ha ganado en las distancias cortas, por eso daba la impresión, a priori, de que THE QUEEN iba a quedarle algo grande; su acierto es aceptar los formalismos del gran relato para cuando no ocurra nada relevante y reservarse las cargas de profundidad para los espectadores inteligentes que saben y gustan leer entre lineas. Evidentemente, contar con Helen Mirren es fundamental para ello; es muy complicado sostener la mirada y el gesto al principio, cuando aún no sabemos por dónde van a ir los tiros, y volver a hacerlo una hora después, transmitiendo una sutil sensación de tristeza al haber sido derribadas las barreras.
Porque THE QUEEN es la visión sobre la monarquía de un antimonárquico compasivo con un grupo de personas que, vistos con lupa, no tienen nada de privilegiados, que son capaces de vender su humanidad por preservar la constancia de un linaje inalterable a través de los siglos. Se nos dice que Diana quiso huir de esa muerte en vida, lo que ya no nos queda tan claro es el grado de culpabilidad de esa reina al borde del llanto cuando ve los miles de ramos apilados frente al palacio... pero ni eso es capaz de permitirse.
Saludos reales.

Me estoy volviendo loco

Mercury y los suyos sublimaron el concepto "barroco" en el rock con un disco, Innuendo, que creo que todavía no se ha valorado en su justa medida. He aquí una muestra.


domingo, 28 de diciembre de 2008

Dark spy

Mierda, tengo que hacer un montón de aclaraciones acerca de este post y no me van a caber... en fin...
Antes que nada, no es ninguna inocentada. Luego, no soy para nada adepto del personaje de James Bond y su leyenda. Resumiendo, no voy a gastarme ni un duro... perdón, euro, en ver la última de 007.
Teniendo en cuenta todo esto... ¿para qué cojones me pongo yo a hablar de CASINO ROYALE? Pues no lo sé, malas resacas supongo. Bueno, también está Eva Green y su escote... Mads "Walkencito" Mikkelsen... las partidas de cartas muy bien filmadas, mejor, por ejemplo, que en MAVERICK o ROUNDERS... que Martin Campbell, un tipo que se llama a sí mismo "director de cine", haya logrado tener al fin audiencia con el diablo... que se haya hecho la misma escena de Halle Berry pero al revés, es decir, que un tío cachas sale del agua a cámara lenta... que a Giancarlo Giannini no se lo comió Lecter, así que puede hacer una y otra vez el mismo papel sin que lo notemos... que Judi Dench es capaz de echarle la bronca a 007 como si fuera Billy Elliott... o (y esto es peor) que Paul Haggis, alias "hastaenlasopa" pretenda emular al mismísimo Ian Fleming, cuando todo el mundo sabe que Fleming era un burdo novelista al estilo Marcial Lafuente Estefanía...
Vamos, como loco voy por tragarme UN POQUITO DE CONSUELO... ¡Dios, qué nombre tan horroroso!
Saludos sin licencias.

I spy

Temazo, grupazo y artistazo... Con ustedes, Mr. Jarvis Cocker and Co.


viernes, 26 de diciembre de 2008

Stand-up cinema

Hubo quien decía que en el agotamiento extremo es donde más fuerza se saca. El modelo norteamericano de cine está agotado, muerto y enterrado. Me importa un carajo que sigan machacando con apabullantes listas de records de asistencia y con capullos enseñando dientes en el multiflash publicitario de los estrenos, donde lo que menos importa es la película porque todos quieren publicitarse. ESO NO ES EL CINE; si quieren hablamos de ello, pero no es cine. Como decía, en yanquilandia el star system cruje y se tambalea, incapaz de soportar su propio peso o incapaz de observar su fealdad maquillada en los espejos de la independencia.
Ahora bien: ¿Es LITTLE MISS SUNSHINE una refrescante forma de renovación cinematográfica? No. Y podría citar muchos ejemplos y nombres de "salvadores" de la industria que no son más que morosos amasadores de una sola idea, esperando el momento del orgasmo total y encandilar como si hubiesen inventado algo. Y eso que la película, si no la tomamos demasiado en serio, es hasta entretenida. De un tiempo a este, hemos asistido a un curioso ejercicio de flagelación antipatriótica del que serían punta de lanza los humoristas salidos de la stand up comedy, el relevo natural de los Jerry Lewis, Danny Kaye o Bob Hope; agitadores que se hacen el gracioso a base de machacar al prójimo partiendo de sus defectos. El retrato de los tipos singulares con sus propias diferencias parte, precisamente, de lo contrario; se nos ha dicho demasiadas veces que los americanos son, por definición, superiores al resto de la raza humana, cuando este modelo se agota y deja de convencer se nos cuenta todo lo contrario, que para eso está el europeo con su abierta mentalidad para entenderlo y asimilarlo todo. Vale, pero yo leía a Nietzsche con trece años y no por ello era un semipsicópata que se quedaba callado (¿eso es una revolución?), por no hablar de cómo se resuelve que se muera el abuelo en mitad de un viaje... Pero no importa, si hay buen rollo y la familia está unida se puede vencer cualquier obstáculo. Perdón, pero ¿no es ese, en esencia, el mensaje republicano? Vivir para ver.
Pequeños saludos.

Gastr del sol

¿Son oscuros o son luminosos?... Son diferentes...


jueves, 25 de diciembre de 2008

El color

Algunos recordarán que el cine oriental no siempre fue un extraño artefacto exótico y resbaladizo; desde casi siempre llegaban a Europa trabajos de gran calidad, especialmente de Japón y posteriormente del gigante chino. Los festivales eran los grandes beneficiados de este singular desembarco, ganaban prestigio y difundían unos trabajos que evidentemente no iban a ser de fácil aceptación.
En Japón, los grandes maestros tenían su parcela conquistada desde mucho tiempo atrás. En China, no fue hasta finales de los ochenta/principios de los noventa que se supo de un reducido grupo de cineastas que conjugaban con gran maestría las tradiciones visuales de su país y atrevidos experimentos de corte cuasivanguardista. Zhang Yimou fue la gran cabeza de lanza de este cine con títulos decisivos más de veinte años después. Me resulta incomprensible la última tendencia de Yimou hacia el soporífero cine de artes marciales al estilo MATRIX, cuando ha sido capaz de firmar trabajos tan poderosos como JU-DOU (Semilla de crisantemo, en español). En ella, la incuestionabilidad de las ancestrales leyes rurales, en las que una mujer es comprada sin alteración alguna por un anciano, son enfrentadas a un torbellino de sentimientos que se desata en mitad de una pasión casi incestuosa. En medio, el color. Zhang Yimou hace serpentear su cámara entre las telas teñidas de la tintorería, diríase que casi puede tocarse ese color repleto de vida propia. Otro contraste: la falta de dicho color en la presencia del impotente y amargado anciano, incapaz de engendrar el hijo deseado y la explosión irisada y metafórica de los amantes, clientes de un gozo vital casi místico. Se celebra la vida y el amor para dar paso a la crueldad y el resentimiento; y todo ello es manejado por el que probablemente sea el más grande director surgido de China, aunque en los últimos tiempos haya sucumbido (también él) a los encantos del star system.
Saludos a pleno color.

Sembrando las semillas del amor

Impresionante video para este metamórfico tema que anunciaba el fin de la edad de la inocencia.


miércoles, 24 de diciembre de 2008

Puntillismo literario

Oye ¿y a mí que PLENILUNIO me parece una buena película? Algo tosca, sí; basada principalmente en la constatación de mitos, sí; de lento (por literario) desarrollo, sí; pero una buena película también.
Debo confesar, antes que nada, que hará diez o quince años estuve fascinado con la escritura de Antonio Muñoz Molina, fue a raíz de leer esa obra maestra que es El Jinete Polaco y descubrir que los escritores que más me gustan son aquellos a los que no puedo acercarme escribiendo. Busqué seguidamente la siguiente obra del jienense y de nuevo quedé impactado con su rapidez y concisión de ideas, aunque su prosa sea lenta y digerida, como de otro tiempo.
La película, rodada poco tiempo después, creo que absorbe perfectamente el trozo medular de la novela, el referido a la descripción del asesino de niñas, además de dar con su antítesis en la figura del inspector que llega a la ciudad de provincias tras haber sido amenazado por ETA. Imanol Uribe conjuga en estas dos caras de la luna (la visible, la oculta), una luna llena omnipresente en todo el relato, una narración que nos podría remitir a propuestas tan dispares como BLUE VELVET o M; quizá con menos aliento poético y más conciencia social, pero con la misma fuerza visual.
Mención aparte para la extraordinaria recreación de Juan Diego Botto, un buen actor al que le toca desprenderse de la pesada losa de aparecer en el imaginario erótico femenino de este país, que pone en pantalla a un asesino nada usual, cercano a mucha gente que conocemos, lo que produce más terror. Una buena película para recordar(nos) que hay cine y hay cantera de sobra, sólo falta poner la guinda del otro lado.
Saludos a la luz de la luna.

The killing moon

Otra preciosa nana navideña para los que no les gusta la navidad... ni quieren irse a dormir...


lunes, 22 de diciembre de 2008

La historia que no se cuenta

Una de las preguntas más recurrentes a lo largo y ancho de la blogosfera suele ser una de difícil respuesta: ¿Qué es arte?
El cine es arte, una parte del arte, y por tanto le toca una porción sustancial de dicha explicación.
Michelangelo Antonioni ha sido uno de los cineastas que mejor ha empleado la noción de arte en su cine, empapando, de paso, a gran parte de seguidores, cuando no imitadores: la escuela "antoniniana".
En L´AVVENTURA, Antonioni exige un alto concepto del espectador como receptor y deglutor único y decisivo de las ideas de un artista. La mínima historia de la joven desaparecida misteriosamente en una excursión a una remota isla es, probablemente, lo menos interesante de este ensayo acerca de ausencias y repercusiones; todo un complejo estudio psicológico que pocas veces se ha visto fuera del ámbito literario. El director italiano nos muestra no sólo el imprevisible e intrincado comportamiento de un amplio abanico de personajes, sino también cómo podría ser dicho comportamiento teniendo en cuenta aleatoriedades, coincidencias y caprichos. Lo fácil, en este caso, es decir que Antonioni es un director aburrido y ensimismado y que sus películas son lo más parecido a una paja mental. Ése es un argumento vacío, que no dice nada de Antonioni y sí mucho de una clase de espectador que no está dispuesto a realizar esfuerzo alguno, acostumbrado a la papilla visual, precocinada y envasada al vacío de ideas, de cierto cine comercial. No sólo es que Antonioni sea una figura esencial para entender el séptimo arte, es que hablamos de un paso decisivo en la modernidad como asidero humano, como referencia tanto intelectual como social y hasta filosófica, teniendo en cuenta que la filosofía no puede enseñarse de ninguna manera: se construye mediante los actos humanos. He aquí una de las obras fundamentales para entenderlo, para intentar entenderlo.
Saludos aventureros.

Aventuras de Kirlian

¡Auténtica arqueología televisivo-sonora! Casi veinte años contemplan ya esta mítica actuación del grupo vasco en aquel oscuro EL SALERO, de TVE. Pijo-Pop de calidad...


domingo, 21 de diciembre de 2008

Crónica de sucesos

Imaginemos que un día nos levantamos, ponemos la tele y en un telediario, en la sección de sucesos, se nos informa de que el mundo se va a acabar... una vez más. Lo siento, pero no hay que ser condescendiente con la inclinación estadounidense al apocalipsis más desaforado; simplemente no entiendo qué clase de retorcido placer se puede encontrar en enumerar 1001 formas de exterminar a la raza humana, porque por acumulación la cosa acaba por ser ridícula.
M. Night Shyamalan es el director más cercano a aquel viejo ideal que existió en Hollywood alrededor de los años cincuenta, cuando la guerra fría alimentó el imaginario de incipientes frikis en forma de platillos volantes y alienígenas ultraavanzados. Ese género dentro de otro género ha subsistido hasta nuestros días, transmutando la amenaza hasta formas tan sofisticadas como la que nos ocupa, pues esta última, encarnada en el film THE HAPPENING, ya no tiene ni forma, es una especie de llamamiento que la tierra hace a los seres humanos para que se autoexterminen y así dejen de realizar tropelías sobre la misma.
Vaya por delante que Shyamalan es un director capaz de fascinarme (UNBREAKABLE, SIGNS, LADY IN THE WATER) en la misma medida que me exaspera con sus tramposos golpes de efecto (THE SIXTH SENSE, THE VILLAGE y esta última), dejando al descubierto la fragilidad de la tramoya. Mi opinión, en esencia, es que no se debe desaprovechar un buen hallazgo cuando has topado con él (los hombres cayendo en masa desde los edificios y filmados desde abajo), así como tampoco abusar del duelo interpretativo cuando, incomprensiblemente, has decidido cargar dicha responsabilidad sobre los hombros de dos actores muy flojitos, relegando a un insignificante rincón a un muy buen actor como John Leguizamo.
La trama, como digo, es una chorrada que sirve a Shyamalan para engordar la cuenta y preparar la siguiente, que no sabemos si será la de cal o la de arena. Esperaremos.
Saludos "incidentados".

¿Qué fue del siglo XX?

Mítica actuación del mítico grupo granadino 091 en el no menos mítico programa Plastic, en el que se daba un acertado repaso, en clave apocalíptica, a muchos de los mitos del ya extinto siglo.


sábado, 20 de diciembre de 2008

Demasiado para tan poco

Mucho tiempo después, el gran monstruo fue consciente de que ya no tenía nada que ofrecer, así que usó sus últimas energías en absorber todo lo que podía serle útil, adaptarlo a su propio tono y ofrecerlo como propio, original... aunque cada vez cuele menos y se pase directamente al engaño.
El monstruo es, evidentemente, la industria americana, cuya preocupante falta de ideas, lejos de arredrarla, obliga a la incorporación de ideas, motivos y hasta géneros de los que habitualmente se mofaba.
¿Qué es si no CLOVERFIELD? Una enorme y costosísima broma; una manera nada sutil de robarle su dinero a millones de personas sin posibilidad de reclamación. Cuando en los años cincuenta y sesenta el complicado imaginario nipón caía rendido ante los brutales encantos de un tipo enfundado en un traje de lagarto dedicado a aplastar edificios de cartón piedra, pocos podían imaginar que había nacido no sólo un mito, sino toda una particular forma de abordar el cine de ciencia ficción. Cincuenta años después, la cosa sigue igual y hasta peor, pues lo que era entretenimiento naif pasa ahora por frases tan tontas y pretenciosas como "blockbuster de arte y ensayo" o "una manera de rodar sin precedentes"... Ni lo uno ni lo otro, sólo una intensiva campaña captadora de incautos; una trama inverosímil, en la que ya puede acabarse el mundo que siempre hay un tipo con la cámara encendida; o la trilladísima jugarreta de no mostrar al monstruo más que unos pocos minutos ya al final, cuando todos hemos entendido que nos han vuelto a engañar... y que no hemos podido hacer nada por impedirlo...
Saludos destrozones.

Intergalactic

... Y digo yo... ¿Por qué no dejarnos de gilipolleces y reírnos hasta de nuestra sombra?


jueves, 18 de diciembre de 2008

El muro de la vergüenza

A menudo hemos defendido desde estas páginas que no se pueden pasar la necesidad de un cine-tipo que no se olvide de su condición concienciadora; espectáculo, sí, de eso se trata en esencia, pero debe haber algo más para no caer en un bucle repetitivo de hastío estético.
El cine alemán suele ser seco, atropellado, carente de la agilidad americana o la elocuencia francesa. Si pensamos en sus mejores títulos, inmediatamente nos vendrán a la memoria las amargas visiones decadentes de Fassbinder o Herzog; evidentemente, omito a los grandes clásicos como Lang o Lubitsch, porque ese cine ya es irrecuperable para Alemania.
Hace muy pocos días, me refería aquí mismo a un excelente film que narraba el proceso de deshumanización de un gris espía de la Alemania Oriental; hoy le toca el turno a la no menos excelente GOOD BYE, LENIN!, que, enclavada en el mismo marco, no deja de ser el reverso de la moneda. Sólo contemplar al vitalista e imaginativo protagonista (magnífico Daniel Brühl) nos remite a otros "héroes de película", en este caso con la difícil misión de mantener a ojos de su madre, recién salida de un coma mientras el muro era derribado, su mundo comunista inalterado. Las peripecias de este joven nos recuerdan a un Charlot sonoro, capaz de cualquier cosa por hacer realidad el imposible deseo la madre; mientras tanto, otro de los grandes aciertos de la película consiste en el muestrario de cómo se adapta un país a la democracia, capitalismo de por medio, logrando momentos de extraño surrealismo, aunque no dudemos de su veracidad, como esa insólita escena en la que un establecimiento abarrotado hay un televisor emitiendo una película porno y la gente está de pie, mirando, sin saber muy bien qué está viendo, con la mirada aún inocente de quien ha tenido vedado el acceso a cualquier tipo información externa. Y la película está trufada de estos momentos en los que no sabemos (tampoco nosotros) si reírnos o preocuparnos, porque esto ocurrió hace menos de veinte años.
Saludos democráticos.

Sweet home Leningrado

Los Leningrad Cowboys son un bizarro grupo del que el no menos carismático Aki Kaurismaki echó mano en un par de desquiciadas películas. La siguiente actuación yo no sabría cómo clasificarla, si no es como auténticamente marciana. Interpretan el clásico de Lynyrd Skynyrd junto al coro del ejército rojo... ¿? Vivir para ver...


miércoles, 17 de diciembre de 2008

A golpe de sentimientos

Hay casos verdaderamente curiosos en el alocado e impredecible carrusel cinematográfico. Me gustaría hacer hincapié en el fenómeno acaecido en Argentina porque creo que es digno de estudio. Mientras aquí seguimos chocando con nuestra propia ineptitud, copiando de fuera, sin ningún tipo de rasgo identificativo, en un país sumido en una profunda crisis (y eso sí que es una CRISIS) surge de repente, casi de la nada un montón de realizadores de muy diversa índole y con un denominador común: ¿quién ha dicho que para hacer buen cine haya que gastar una pasta?
Son muchos los títulos a la sombra de este curioso paraguas, pero hay uno que será recordado mucho tiempo porque sirvió de caballo de Troya, con un éxito sin precedentes en casi todo el mundo. En EL HIJO DE LA NOVIA, Juan José Campanella nos devuelve el maravilloso espíritu de Frank Capra, anteponiendo los sentimientos y la bondad de corazón a la falta de escrúpulos y la especulación. Realmente, aquí no hay "malos", sino que el hijo adicto al trabajo se redime a través de la enternecedora historia de amor entre su madre enferma de alzheimer y su padre, fundador del negocio familiar. Sólo por ver las soberbias actuaciones de Héctor Alterio y, sobre todo, una IMPRESIONANTE Norma Aleandro, merece la pena sumergirnos en esta pequeña historia que nos habla de esa parcela tan a menudo olvidada que son los sentimientos. Alguien hablará de sensiblería, pero nos da igual, porque también nos encanta esta película; además, como somos poco navideños, qué mejor postal que ésta.
Saludos con el corazón.

Ay, la leche, que me invade el espacio el video...

The feeling

Buen tema de clara influencia beateliana que a muchos os sonará de algo...


martes, 16 de diciembre de 2008

Auuuu

Una de las muchas batallas que son imposibles de ganar en esto del cine sigue siendo la de los efectos especiales ¿A alguien le resultan más creíbles los alienígenas de los últimos STAR WARS que los de las tres primeras? A que no...
De todas formas, yo, que he flipado y he babeado con el stop motion de Harryhausen, no quisiera llevar esta discusión al terreno de "lo creíble"; sobre todo porque esto es cine y nos complace que nos engañen.
Hay una película de las que a los frikis les gusta llamar "de culto" y que no deja de ser una curiosidad, o anomalía, dentro de la previsible producción de terror yanqui.
AN AMERICAN WEREWOLF IN LONDON tiene momentos hilarantes (lo de La Oveja Degollada es impagable) y otros verdaderamente terroríficos. Entre medias, la improbable historia de dos paletos norteamericanos que se van de excursión a las brumosas highlands y la trillada maldición del hombre lobo cae sobre uno de ellos. Por no hablar de los encuentros entre el brand new licántropo y su amigo fallecido, que se le aparece como una especie de espíritu burlón fruto de la transformación, no sólo física, sino psíquica. Como digo, la película es tremendamente entretenida y mantiene el interés hasta la escena más esperada: la transformación. A lo largo de todo este tiempo y a partir, más o menos, de los años cuarenta con la original de George Waggner, hemos visto transformaciones de hombre a lobo de toda índole; veintisiete años después, el magistral trabajo de maquillaje de Rick Baker sigue siendo insuperable (sólo se acercaría el film de Neil Jordan THE COMPANY OF WOLVES). La mezcla de agonía, expresividad y credibilidad hace que ver esta escena justifique el visionado de la que sigue siendo la única gran película dirigida por el tramposo John Landis... Bueno, y THRILLER, claro...
Ya veremos cuando se estrene la de Benicio del Toro con todos los efectos digitales y demás...
Saludos lupinos.

Someone´s in the wolf

¡Atención! Este video hay que ponerlo muy fuerte... Vaya temazo, vaya grupazo, vaya tela marinera...


lunes, 15 de diciembre de 2008

Buscando desesperadamente la redención

Son los alemanes un pueblo ciertamente curioso. En un ejercicio silencioso, inadvertido para casi todos, llevan buscando una especie de perdón universal por lo que todos ya sabemos; y no precisamente tirando de religión, que suele ser lo típico, sino abriendo, desnudando casi, su inexpresiva manera de entender la vida. Tenerse a uno mismo por un pueblo gris y monótono no debe ser muy alentador después de haber cometido un genocidio; los americanos, al menos, tienen a Jay Leno y a Will Smith...
Otro de los capítulos más asquerosos (lo siento, éste es el adjetivo adecuado) de la historia germana vendría a ser la construcción del muro de Berlín y sus catastróficas consecuencias económicas y sociales. Seguro que tiene que ser muy divertido vivir en Alemania a día de hoy, pero en las clases de historia debe haber superávit de pañuelos enjugando frentes ¿que no?
Curiosamente, y dado que una de las formas modernas de redención consiste en el exorcismo del cine, no son muchas las películas que se hayan atrevido a afrontar este controvertido momento de la historia alemana. Hace un par de años, el oscar a la mejor película de habla no inglesa fue a parar al insoportable (por lo contenido) retrato de un antiguo oficial de la STASI, encargado de interrogaciones y otras familiaridades. En DAS LEBEN DER ANDEREN, lo fundamental, creo yo, viene a ser el cambio que se va produciendo en este ser sin sentimientos ni vida propia a partir de dedicarse a espiar a un tipo que vendría a ser su antítesis: un escritor de ideas progresistas, con éxito y una mujer igualmente envidiada. Me interesa sobre todo este aspecto en tres fases: el interrogador que pasa a ser espía en la sombra, para acabar, en un puñado de escenas sobrecogedoras, como repartidor de un supermercado. Se describe perfectamente en esta incomodísima película cómo el ser humano siempre acaba aplastado por el sistema al que sirve, incapaz de separar su servidumbre casi animal de una existencia personal carente de sentido (y "sensibilidad").
Magnífica película, que no concede tanta importancia a los sobados aspectos históricos para centrarse en la tortuosa mente de una persona en claro proceso de deshumanización.
Saludos desde el otro lado del tabique.

Imagen pública limitada

Los Sex Pistols eran una mierda y engañaron a todo el mundo... pero estaba John Lydon, y P.I.L. dio la mejor versión de la música nihilista, que poco tenía que ver con el punk. Si podéis bajar este legendario concierto en Japón hacedlo, es buenísimo.


domingo, 14 de diciembre de 2008

Dificultad comunicativa

Una de las cinematografías más resbaladizas del panorama europeo es, sin duda, la italiana. Tras años de esplendor alrededor de Cinecittá, de la reducción intimista de Rossellini o de Sica, del decadentismo consecuente y arrollador de Visconti, el barroquismo incontrolado de Fellini o la abstracción zen de Antonioni, lo cierto es que Italia se encontraba en una especie de stand by creativo en el que se echaban de menos nuevas figuras y nuevas propuestas. Algo parece estar cambiando lentamente en todo esto y gran parte de culpa la tienen dos filmes que actualmente se pasean de la mano por festivales, sembrando controversia e inquietud. Algo es algo.
Hablaré más adelante de GOMORRA, cuando su exagerado perfume narcótico haya desaparecido o, al menos, atenuado. Hoy le toca a la otra, bastante más fácil de abordar.
IL DIVO arranca presentando a la clase política italiana exactamente igual que Tarantino hacía con sus señores coloreados en RESERVOIR DOGS, primer punto en contra. En interiores, la cámara no cesa de sobar del zoom hacia los rostros, unos rostros a veces desencajados, otras impertérritos... se pretende emular la desbordante coralidad de 8 1/2, pero Fellini es muy grande para eso. De repente, un enorme salón vacío, pasos y su eco y una figura oscura al final; estética por la estética, porque la figura no dice ni hace nada... probablemente demasiado Greenaway en el subconsciente. De vez en cuando, el director salpica esa "realidad forzada" con imágenes al borde del surrealismo, oníricos bailes sin sentido aparente... ¿Han visto INLAND EMPIRE? Encima se nos exige una memoria de elefante a la hora de interpretar toneladas de información acerca de la corrupción política italiana y sus conexiones mafiosas; hasta tal punto, que unos simpáticos e informatizados cartelitos deben recordarnos de quién se habla en cada momento.
Por cierto, la película habla de Giulio Andreotti.
Saludos por piezas.

The kids

Otro tipo que lleva más de cuarenta años escupiendo barbaridades sin mover ni un músculo facial...


sábado, 13 de diciembre de 2008

Las cuatro esquinas

Si hay una película de la que se haya hablado hasta la saciedad, hurgando en cada detalle, descifrando nuevos códigos dentro de su "intrincada sencillez" y alabando prácticamente sin discusión posible sus genialidades y hallazgos, esa es, sin duda, TO KILL A MOCKINGBIRD. Sí, es una obra maestra, así que ¿para qué repetirnos?
Tras haber digerido adecuadamente los numerosos dardos de dignidad impartidos por Mr. finch & Co., ya sólo me queda centrarme en el esoterismo que desprende el circuito cerrado, a lo Peyton Place salvaje, que comienza a intuirse desde la descripción (minuciosa) del principio y que muy finamente va jugando con nosotros a las cuatro esquinas sin que nos demos cuenta, hasta soltarnos algo vapuleados en la inolvidable escena final, donde uno ya no sabe si sentir miedo, alivio o simpatía. Y es que los matices aquí son inaprensibles, se escapan igual que esa cámara que no enfoca, sino que vuela alrededor de los personajes y sus circunstancias, como el ruiseñor del título (¿Les suena todo esto a los incondicionales de BLUE VELVET y su escena final con el simpático pajarito?). TO KILL A MOCKINGBIRD es un fastuoso grand guignol de las miserias humanas y la imposibilidad de combatirlas con honestidad y ¿por qué no decirlo? cierta ingenuidad idealista. Pero nos quedaríamos muy en la superficie si obviamos la simbología sobre el difícil paso hacia la madurez, encarnado en el inolvidable personaje de Scout o la ambigüedad a la que nos vemos sometidos por nuestros repugnantes prejuicios "morales", cuando no simplemente estéticos, con los que Robert Mulligan se permite el intrigarnos con el falso cuento de terror que representa la figura ya mítica de Boo Radley, del cual dudamos de su existencia hasta, como digo, el final. La última esquina, la más importante, la que de verdad separa a este realista cuento de hadas de sus edulcorados clones, se encuentra en la sorprendente actitud de un tal Atticus Finch, un working class hero imperturbable y justo de imposible nombre e impecable traje sureño; un verdadero superhéroe de carne y hueso que no reparte hostias ni vuela sobre los edificios, sino que aguanta estoico que una alimaña le escupa mientras le refriega la superioridad de la maldad y que usa como armas una perspicacia y obstinación a prueba de bombas, cómo no de escupitajos e improperios.
Lecciones de humanidad y lecciones de cine, desprovistas de asfixiada moralina, con una mirada tan moderna que hace palidecer a Soderberghs y similares. Una obra maestra, una más.
Íntegros saludos.

Wake up Boo

Aunque luego resultaron ser el enésimo fiasco proveniente de U.K., los Boo Radleys fueron, a principios de los noventa, presentados como "los nuevos Beatles"... Señor, señor...


viernes, 12 de diciembre de 2008

La verdad tiene mil caras

Hubo un tiempo en el que una gran película se medía, sobre todo, en la capacidad de su director para conjugar la fuerza de una estética propia y reconocible junto a una historia/guión de probada solidez y solvencia, coronando todo esto con un final convincente y rotundo. Si se le puede unir el trabajo de grandes actores y encima se contrata para componer la banda sonora a uno de los mejores músicos de la historia, lo más probable es que nos queden seis o siete películas mitológicas, irrepetibles.
En ANATOMY OF A MURDER, Otto Preminger no necesita hablarnos de personajes ni situaciones fuera de lo cotidiano; antes al contrario, lo primero que vemos es al gran Jimmy Stewart como un abogado de perfil medio, enclaustrado en una pequeña ciudad y dedicado casi en exclusiva a pescar y emborracharse con su peculiar ayudante. Seguidamente se nos presenta una retahíla de personajes-piezas con las que ir completando poco a poco el deslavazado puzzle de un asesinato con un fondo de podedumbre moral que actualmente nos debe sonar bastante. Preminger traza magistralmente cada detalle de cada personaje y con ello el film crece a lo largo de sus casi tres horas sin permitir que decaiga el vertiginoso ritmo narrativo. Así vemos a la masoquista y embaucadora Lee Remick, prototipo de la mujer objeto manoseada por los hombres y carente de todo glamour fílmico, rasgo éste no muy frecuente de ver en este tipo de cine. Mientras, Ben Gazzara es un resentido y violento soldado del que intuímos a través de su feroz mirada cómo se las debe gastar con su gatita cuando nadie está mirando. El incesante cruce de formas y motivos entre todos estos personajes, digamos "en busca de la moral perdida", nos lleva irremediablemente hasta un juicio en el que nada termina siendo como podríamos haber pensado y donde nos damos cuenta (Stewart se da cuenta) de que todo el mundo tiene lo que se merece y pudiera ser que un juicio no siempre esclarezca nada, sino que sólo sea la cara oficial de las iniquidades y desmanes del ser humano... ¿quién sabe?
Saludos anatómicos.

Hypnotized

... como después de sufrir la mirada irreal de Lee Remick, tras una cortina de humo...


viernes, 5 de diciembre de 2008

No busquen explicaciones

No, no las busquen que no las hay. Igual que la cara de tonto después de enterarte de que un niñato que no tiene ni puta idea de lo que es la vida le pega dos tiros a bocajarro a un hombre de setenta años en plena calle por nada. Sí, por nada. Cuando alguien mata a alguien a sangre fría siempre es por nada; es necesario recalcarlo para no perder la perspectiva.
Hablando de lo nuestro, y al hilo de lo anterior, se hace bastante difícil buscar el tono adecuado para comentar una película como HENRY: PORTRAIT OF A SERIAL KILLER. Independientemente de su calidad, que puede que no sea mucha, por la desnudez con la que intenta ponernos delante de la jeta el horror de lo cotidiano, o lo vulgar que llega a ser el ejercicio de la atrocidad. Porque, lejos de sublimar al asesino, como en la mayoría de filmes de este tipo provenientes de Hollywood (nos acordamos de Lecter, Myers, Vorhees, Jigsaw, etc...), John McNaughton, director perfectamente enrolado en la mejor tradición de la serie "B" negra, presenta a Henry como lo que es: un tipo sin motivaciones que le coge gustillo a lo de cargarse gente. No, no hay explicaciones metafóricas sobre el bien y el mal o adecuaciones más o menos filosóficas acerca de la ambigüedad de la moralidad occidental... Nada de eso. Henry le incrusta un televisor a un tipo que no le quiere arreglar el suyo, después le incrusta a una mujer un vaso roto en la cara y termina cargándose a "su mejor amigo", descuartizándolo y metiéndolo en una maleta... Y ya está, ésa es la película. No es que pueda decir que sea muy buena o muy mala, sólo que se trata de un caso absolutamente insólito a la hora de hacer cine en U.S.A., donde el asesino en serie ya es casi como de la familia.
Saludos pre-navideños.

The killers

A muchos os va a sonar este tema que, cosas de la publicidad, le da la vuelta a su cáustico mensaje y lo presenta como ejemplo de superación deportiva... Qué cosas...


jueves, 4 de diciembre de 2008

Un salto adelante

Hay un debate en esto del cine que apasiona y divide a los que se toman en serio esto del cine. Y como esto del cine es, ante todo, no sé si entretenimiento, pero al menos evasión de lo cotidiano, pues la polémica está en encontrar el punto justo entre ambas (y necesarias) cosas. Sobre todo porque (yo lo veo así) casi todo está ya dicho, porque los santurrones de alma profética ya pasaron y porque no todo lo que aparece es aparente. Y éste podría ser un buen ejemplo.
He elegido para tal menester ROBOCOP, de Paul Verhoeven, por varias razones. Fue la aplastante puesta de largo del holandés en Hollywood y, en clave de teen entertainment, se saltó todos los preceptos de la censura con un relato ultraviolento y muy crítico con el american way of life en su vertiente más tecnológica. Recuerdo el gran impacto al verla en cine con 14 años (no sé cómo me dejaron entrar), divertido al principio con las persecuciones y demás, porque sabía que luego saldría ese robot tan chulo (incontestable icono del sci-fi) y todo ocurriría como en las pelis de Spielberg... ya me entendéis. Bien, pues la narración se ve interrumpida con la cruel y casi gore "muerte" del policía, más cerca de Abel Ferrara que de George Lucas, anticipando certeramente a Tarantino y sus tiroteos. Luego, Verhoeven se permite dar rienda suelta a su vena humorística, que la tiene, con la famosa transformación, para acabar dando un señor repaso a la especulación y falta de escrúpulos por parte de las multinacionales en su afán por controlar al ciudadano. Todo ello envuelto con unos efectos especiales que ya han pasado a la historia y con un ritmo narrativo que mantiene al espectador pendiente de lo que ocurre en todo momento. He ahí una posible respuesta a los que ningunean a las películas de "acción", metiéndolas a todas en el mismo saco y apostando por un cine más "cerebral"; pero esto último sigo sin entenderlo y, por supuesto, sin compartirlo.
Saludos de un autómata.

We are the robots

Si ya lo decían ellos... Casi cuarenta años en la brecha y siguen impertérritos.


miércoles, 3 de diciembre de 2008

El frente del Este

A la hora de encarar el siempre controvertido tema de la segunda guerra mundial y evitar el simplismo de los bandos enfrentados, sin intentar profundizar en las razones de tamaña carnicería, sin ponerse en el lugar de los que literalmente fueron obligados a matarse por una cuestión de megalomanía incontrolada, es lógico que se caiga en el manierismo de las producciones americanas, sonrojantes en los años 40 y más atenuadas en los 50, para volver a caer bajo en los 60. No fue hasta la irrupción de Rossellini y su cámara a ras de tierra que pudo verse a través del cine un enfoque que hiciera justicia a un conflicto que sólo dejó víctimas.
Ha habido muchos intentos en Europa de contrarrestar la tozudez americana. En Francia, Italia, Gran Bretaña, Rusia... Sin embargo, siempre han sido enormemente interesante la expectación por descubrir la mirada alemana. Alemania es el gran Leviatán del conflicto, finalmente derribado por el arcángel yanqui, instaurador de la paz y la democracia frente al monstruo totalitario. Un poco exagerado, pero no es menos cierto que ninguna película americana ha retratado el miedo y la frustración de los soldados alemanes; y fue en el frente ruso donde esto se hizo más patente. STALINGRADO es un enorme mural blanco en el que los monstruos se humanizan, los soldados son abandonados por los altos mandos y reducidos a meros instrumentos de acción bélica. Podemos ver el sufrimiento de haber perdido toda esperanza, con los tanques rusos para rematarlos... el principio del fin de la locura nazi.
STALINGRADO son más de dos horas de gran cine, cine bélico. Cine que no elude su condición de superproducción, como también es capaz de lograr momentos de gran lirismo a costa de unos personajes elevados (mal que les pese a algunos) a la categoría de mártires. Y es que eso también fue la guerra.
Saludos nevados.

Stalingrado

Banda Bassotti es un inusual combo de resistencia afincado desde hace un par de décadas en Italia. Aquí ejercen un curioso mestizaje de raíces rusas y jamaicanas que no le va a la zaga al gran Bregovic.


sábado, 29 de noviembre de 2008

Rewind

El gran mal del cine actual es lo poco dispuesto que está a allanarle el camino a un espectador-tipo cada vez más perezoso; cicunstancias éstas que van formando una bola incrementable difícil ya de detener. La incapacidad de seguir contando historias a la manera clásica ha dado como resultado el que cineastas de la nueva hornada (sobre todo en norteamérica) opten por enrevesar las tramas y jugar al trampantojo visual, cuando no al narrativo.
Los trabajos de David Fincher, los Coen Bros. o Paul T. Anderson así lo demuestra. Actualmente, un fenómeno (el enésimo) arrasa en las carteleras y cala hondo en los subconscientes populares. Como muchos habrán adivinado, se trata de DARK KNIGHT, o cómo seguir alimentando la hoguera de las vanidades. El director de ésta firmó al comienzo de la década un magnífico ejemplo de cómo jugar al despiste, usar dicha circunstancia como espina dorsal del film y, de paso, quedar como un tipo inteligente aunque lo que hayas contado sea una trama de lo más vista a lo largo de la historia del cine.
Aparte de esto, MEMENTO es una buena película, que se desarrolla de una forma bastante curiosa, pues empieza por el final y acaba por el principio. Basándose en la historia de un tipo que no recuerda nada de lo que ha hecho recientemente y por ello va tatuándose el cuerpo con notas de cierta relevancia que irán indicándole más o menos cómo ha sido el día anterior. La trama, como digo, no descubre nada nuevo más allá del laberinto narrativo y una estética urgente, heredada directamente del inocuo mundillo del videoclip. Su mujer ha sido asesinada y él debe descubrir quién ha sido. Al ir hacia atrás, deberíamos tener la certeza de avanzar hacia el momento mismo del suceso, Nolan nos pone constantemente el caramelo en la boca y luego se ríe de nosotros, porque no hay nada de sorprendente en su resolución. Y aún así, la peli es entretenida, aunque tampoco hay que pasarse en ciertas exaltaciones que he oído y leído por ahí.
Existe una diferencia fundamental entre ZODIAC y MEMENTO; y las comparo porque creo que ambas contienen algunas claves fundamentales para entender el devenir del cine comercial contemporáneo. La que aquí comento no puede desprenderse de cierto efectismo visual para enfatizar el elemento de no-historia. Mientras tanto, David Fincher da una vuelta de tuerca nunca vista: invita al espectador a salirse de la trama e inventar él mismo la película que más le convenga, pues el director deja de ser el típico contador de historias para convertirse en un instrumento vampirizado él también por la misma. Dos caras de la misma moneda, donde una sale ganando y la otra pierde fuelle a medida que los años van descubriendo sus carencias.
¿Me olvidé de saludarles...?

This time

Uno de los mejores temas del año pasado fue este de D.J. Shadow, incluido en su tremendo discazo The Outsider. Buenísimo.


viernes, 28 de noviembre de 2008

El triunfo de la voluntad

Periódicamente, solazo mi natural revisionista embarcando mi maltratado magín alrededor de aquellos pretéritos "movimientos" adscritores o adscribientes, sin los cuales el cine ni sería lo que es ni habría sido lo que al final ha resultado ser.
Es entrañable a la par que fundamental toda esa carne de cineclub (de arte y ensayo queda como repipi), que adoraba a los clásicos mientras ligaba (o lo intentaba) escudado tras unas más gruesas gafas de pasta que cuellos altos y/o bufanda a cuadros. De aquel hervidero se sacaron muchas conclusiones, algunas bastante ingenuas, otras que sentaron cátedra. Se hablaba insistentemente sobre un bonito fantasma que jamás existirá, aunque se antoje tan necesario: la mejor película de la historia.
Vittorio de Sica también fracasó en su intento de plasmar la realidad (deberíamos saber a estas alturas que es imposible), pero podríamos afirmar que debe ser uno de los que más se ha acercado. En LADRI DI BICICLETTE, no sólo consigue sacar cine de un actor no profesional y un niño, convirtiéndoles de paso en uno de los tandems interpretativos más sobrecogedores de todos los tiempos, sino que realiza el mismo trabajo a la inversa, es decir: es capaz de hacernos creer durante hora y media que realmente asistimos a las desdichas de un tipo intemporal, el héroe anónimo que basa su existencia en una bicicleta. Porque lo vemos todos los días en la cola del paro, con la santa paciencia de quien ya nada espera. El padre y el hijo, elementos tan sencillos que casi parecen irreales, bellos en su vulgaridad.
¿Qué hay de mayúsculo en esta obra maestra que la hace insuperable en cuanto a vigencia? Supongo que, pese a no tratarse (lo mantengo) de realidad per se, no me gustaría imaginar esa misma realidad sin pequeñas agitaciones a la conciencia, tan selectiva a menudo, como la desesperada obstinación de quien ya no le queda nada que perder, de quien sabe que ya sólo le queda seguir perdiendo.
Sabemos que todo sigue más o menos igual, pero hay que seguir, es necesario.
Saludos injustos.

Thieves

Bonita y deliciosa tonada que suelo ponerle a mi pequeñita antes de dormir...


jueves, 27 de noviembre de 2008

Frente a la máquina

Las primeras escenas de Ching Shao Nien Na Cha (Rebels of the Neon God AKA Teenage Norcha), REBELDES DEL DIOS NEÓN, para entendernos, nos muestran a unos jóvenes aparentemente hastiados, cansados, aburridos; que delinquen sin mayor trascendencia y que matan cucarachas con apatía. Luego, vemos cómo algunos se relacionan y otros son reservados hasta lo insoportable ¿Por qué? Supongo que Tsai Ming-liang se ha hartado de ver cine francés y habrá visto las coincidencias con veintitantos años de retraso; acaso el verdadero impulsor de la nouvelle vague asiática, lejos del barroquismo visual de Wong Kar Wai o las marcianadas de Kim Ki Duk.
REBELDES DEL DIOS NEÓN es un film que obliga al espectador a mantenerse alerta, cualquier cosa va a ocurrir de un momento a otro... o quizás no vaya a ocurrir nada. Los juegos asimétricos son constantes, con un chaval solitario y enfermizo que odia a sus padres y un curioso triángulo formado por dos ladrones de placas de videojuegos (es de 1992) y la novia del hermano de uno de ellos, que, por cierto, nunca aparece por ningún lado.
Tsai Ming-liang se muestra como un director más taimado que los anteriores (las comparaciones son inevitables), menos dramático; más cercano, por ejemplo, a Bresson que a Truffaut, pese a que Hsiao Kang, el protagonista, venga a significar en su propia filmografía una suerte de Doinel más descacharrante y cruel.
Los videojuegos (el verdadero dios neón) son omnipresentes en pantalla. Incesantes e interminables hileras de personas frente a la pantalla, conectados a ella, desconectados del mundo. Tsai Ming-liang propone un juego al espectador que exige bastante de éste; le hace partícipe de su propia miseria a través de la forzosa aceptación de conductas perfectamente aceptadas en las grandes ciudades, pero que horrorizan una vez expuestas friamente, despojadas de su carácter lúdico.
Neoníticos saludos... (¿esa palabra existe?)

Manic Street Preachers

...undrer neon loneliness, motorcycle emptiness... Enormes...


martes, 25 de noviembre de 2008

Sin duda no lo sabemos

Ponerse aquí, delante de mitómanos hambrientos y desquiciados, a comentar DUCK SOUP en plan: "... y aquella en la que sale Harpo y... o Groucho diciendo: ¿A quién vas a creer...?". Claro, es complicado a estas alturas (parece mentira pero son ya 75 añazos los que han pasado) añadir algún detalle de esta obra maestra de la comedia de todos los tiempos, porque la peña se los sabe de memoria y porque las pelis de los hermanos Marx son eminentemente visuales, contarlas nunca es suficiente.
Leo McCarey, autor de renombre, entre sus obras las dos mejores versiones de TÚ Y YO (LOVE AFFAIR y AN AFFAIR TO REMEMBER), tiró la casa por la ventana en la inclasificable epopeya de Freedonia, un imaginario país donde Rufus T. Firefly nos enseña cómo hay que hacer para reírse de los tontos de una manera muy seria.
En la histeria colectiva, los hermanos son dos espías de Sylvania que terminan por cuestionarse incluso a ellos mismos y quedarse en Freedonia con Firefly diciendo "Si nos encuentran estamos perdidos". Es decir, que el nihilismo más wittgensteiniano es capaz de salir airoso en su peor prueba de fuego: el gran público. Todo el mundo alaba lo que se descojonaron viendo a Groucho cogiendo por enésima vez la mano de Margaret Dumont, mientras ésta pone caras, hasta que le suelta uno de sus inaprensibles chascarrillos, ésta se enfada y se zafa bruscamente. Lo que hace grande a DUCK SOUP (y a las otras, claro) es que un cínico nos parece gracioso, cuando en la vida real le daríamos dos hostias ¿Cuántas veces hemos pretendido tirar de ingenio y hemos fracasado por falta de sutileza? A Groucho no le hace falta; es el rey no sólo de Freedonia, sino del micromundo que sólo existe en las películas de los hermanos Marx. Si en vez de tratarse de comedias, Groucho nos hablara directamente de injusticia social, abuso clasista o inmoralidad disfrazada, entonces ya no nos haría tanta gracia, porque nos estaría señalando directamente a nosotros, los que nos reímos de las desgracias ajenas.
Mientras tanto, Harpo destensa la situación con un nuevo número de arpa y Chico... Siempre me he preguntado qué tenía Chico de gracioso... aparte de la cara, claro.
Y me despido con un saludo, como siempre.

Primus hermanus

Muchos conoceréis a Primus por ser los autores de la frenética cabecera de South Park, otros por sus delirantes videos y algunos por sus virguerías instrumentales. Aparte de todo eso, Primus son un grupo de cachondos mentales que todo se lo toma a guasa. Helo...


lunes, 24 de noviembre de 2008

Con un par... de duros

Para que vean que no me olvido de esos entrañables frikis, amantes insomnes de lo bizarro y/o antinatural; nadando contracorriente, o mejor, flotando... ¿Qué sería de la blogosfera sin ellos?, pregunto.
THE EVIL DEAD. Hay dos cosas casi imposibles de lograr en una primera película: hacer reír o provocar miedo (llorar se llora mucho por lo pésimo...). En 1981, Sam Raimi decidió que con un presupuesto mínimo, unos actores sin experiencia, una única localización y algunas caretas podría hacer temblar a toda una generación. Y a fe mía que lo consiguió. El truco está, creo yo, en no atiborrar de tópicos el film, pese a que el mismo instigase posteriormente una interminable serie de tics imitados hasta la saciedad, y dejar las explicaciones profundas para otros más ilustrados.
THE EVIL DEAD nos cuenta la historia de unos chicos repletos de hormonas que dan a parar a una tétrica cabaña, donde encuentran un magnetofón que una vez puesto en funcionamiento desata unas fuerzas infernales que se apoderan de los chavalines, haciendo que se lastimen unos a otros... Hasta aquí nada nuevo, pero Raimi logra momentos de extrema tensión jugando con encuadres inverosímiles y efectos de montaje francamente ingeniosos, como el retroceso para dotar de antinaturalidad a los movimientos de los demonios. El resultado es un clásico extraño, que dio lugar a dos secuelas de vertiente humorística aún más extrañas y que confirmó a su autor como la enésima esperanza del fantástico, aunque, qué quieren que les diga, tras ver su videojuego de telarañas y correspondencias, no creo en la existencia (una vez más) del talento infinito.
Saludos malos malosos.

Little death

Psicodelia en estado puro de la mano de Primal Scream.


domingo, 23 de noviembre de 2008

Secretos a voces


Que no existe el tiempo lineal ni ordenado en el cine es algo de lo que han dado buena cuenta, sobre todo, los artistas "multidisciplinares" que, afortunadamente, han osado meter las zarpas en el habitualmente reservado pastel cinéfilo. Uno de los ejemplos más claros lo constituye el díptico fil(r)mado hace ya casi sesenta años por Jean Pierre Melville y el gran Jean Cocteau; este último, uno de los últimos renacentistas, que yo sepa.
Melville filmó LES ENFANTS TERRIBLES, poliédrica y desafiante novela de Cocteau, en la que dos hermanos temperamentales y egoístas mantienen un tira y afloja emocional aparentemente banal e inocentón, que sirvió a Cocteau para coquetear con la inaccesible idea del incesto. No se trata sólo de provocación, sino, a mi modo de ver, de la incesante dadaísta de desestructuración de la familia como institución decadente y deformante. Muy adelantado a Solondz o Von Trier, desde luego; y mucho más afinado y sutil, pues es absolutamente necesaria la entrega de un espectador desprejuiciado y atento, que quiera asistir a la comedia humana con sus luces y sombras.
En LES PARENTS TERRIBLES, es el propio Cocteau quien se pone tras la cámara para rizar el rizo y ofrecer un triple salto mortal, pues se trata aquí de un triángulo esquizoide formado por un padre libertino, la madre de sufridora mentalidad y el hijo único, mimado y consentido, interpretado maravillosamente por Jean Marais. Cocteau introduce (por si no fuera suficiente) a la hermana de la madre, que secretamente aspiraba a casarse con el padre y a la pizpireta amante de éste, de la que el hijo queda inmediatamente prendado sin sospechar el lío de cornamentas al respecto. Lejos de caer en el vodevil oxidado de principios de siglo, Cocteau no ceja en su empeño de mostrar las veleidades de la familia absorta en su propio núcleo y vuelve a dejar caer pequeños detalles, aquí conformados por reveladores primeros planos, en los que se clarifican las contradicciones y sufrimientos de unos personajes a los que casi todo parece resbalarles, escudados tras las murallas de las convenciones, para acabar sucumbiendo ante sus propios "pecados"; por ignominia, omisión o simplemente hipocresía.
Dos grandes ejemplos de cómo las mentes abiertas han navegado por cualquier época, luchando los retrógrados y los estancados, haciéndonos pensar por encima de todo.
Terribles saludos.

El hijo

Una de las propuestas más interesantes surgidas en los últimos tiempos en el panorama independiente hispano. Buenas letras susurradas con voz trémula...


sábado, 22 de noviembre de 2008

Arte extremo

Este blog, nacido de la firme voluntad de no callar lo que se piensa, se moja todo lo que puede y termina siendo contrastado por los comentarios que otras personas ajenas a él tan generosamente dejan caer de cuando en cuando. Yo voy a mojarme; y hay films que no permiten disecciones tibias, son agregadas del todo o la nada.
Reconozco orgullosamente que tengo la agradecida capacidad para ver una película con la mirada más limpia posible, es decir, sin que ideologías ni supuestos prejuicios me hagan aborrecer o aplaudir antes de tiempo. Confieso un par de cosas de las cuales no me arrepiento: Me gusta casi todo lo que ha dirigido Mel Gibson/ Tardé como dos años en ver THE PASSION OF THE CHRIST. Me gustó el cine de Gibson desde que le descubrí en aquella teatralizada del tipo con la cara quemada y, por otra parte, sucumbí (como casi todo el mundo) a la campaña mediática amor/odio que acompañó a esta cinta durante su estreno, lo que me hizo rechazarla de inmediato. Pero la vi. Con perspectiva y sosiego; sin prejuicios y una vez calmado todo el oleaje. Y no me parece una gran película, sobre todo porque, tras un inicio arrebatador, el ritmo es siempre el mismo ¿Que así tenía que ser porque así lo pone en las sagradas escrituras? Vale, pero esto es cine; y si no, lo que Gibson tenía que haber hecho es escribir un libro. Existe una diferencia fundamental entre IL VANGELO SECONDO MATTEO, de Pasolini y ésta, que aquella respeta profundamente el equilibrio entre forma y fondo, mientras que a Gibson le puede su vena espectacularista en todo momento, lo que convierte algo supuestamente trascendente en un peep-show que si transcurriera en Vietnam a nadie le chirriaría, pero que francamente ¿a quién se pretende aleccionar a estas alturas?
Me gustó mucho, como digo, el arranque, sobre todo la escena del monte y la originalísima caracterización del demonio y sus tentaciones; así que digamos que es un film fifty-fifty y que podría haber dado más de sí ahorrando sadismo y mostrando un poco más de talento cinéfilo, que lo hay.
Saludos apasionados.

Jesus christ pose

El temazo que dio a conocer a uno de los mejores grupos de la escena metalera de los últimos veinte años; ni más ni menos que Soundgarden.


viernes, 21 de noviembre de 2008

You only live twice

Con la llegada a nuestras pantallas de un nuevo film del agente britanico mas cinematografico,aqui os dejo una version bellisima del "you only live twice" de Natacha Atlas .Por cierto DVD y ESPINETITA ya disponen de plenos poderes.un abrazo.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Barbie, Ken, Bush...

No tengo muy claro si la incursión de un tipo como Barack Obama en la white house podrá llegar a significar un cambio sustancial en esa poderosa jaula de grillos que es yanquilandia. Mientras tanto, nos solazamos los ofendidos (que somos muchos) con los diversos y desternillantes (en algunos casos) destrozos a los que el presidente saliente ha sido sometido a lo largo de su regular mandato (digo lo de regular no por templado, sino porque todo ha sido malo...).
Todos recordaréis a los artífices de aquel atropello visual que fue SOUTH PARK, que aglutinaba fervientes detractores y seguidores por igual ¿Su secreto?, aparte de la escatología como arma arrojadiza, una lengua afilada y afeitada, la sensación de ser casi los únicos en atreverse a derribar mitos en la tierra que más mitos por metro cuadrado ha fabricado.
TEAM AMERICA POLICE WORLD no es gran cosa, cinematográficamente hablando, pero empieza (y acaba) de una forma inimaginable dentro del globalizado panorama de la corrección política. Los marionetizados protagonistas son una panda de indeseables fascistas encargados de salvar al mundo de los malos malosos provenientes del malvado oriente endless. Para ello, sus métodos son de todo menos sutiles y los "daños colaterales" incalculables, vidas inclusive. En fin, lo que pasa todos los días en Irak (por ejemplo) desde que al señor Bush le dio el emperre de meter sus sucias narices en el no menos sucio panorama petrolífero. La gran baza de TEAM AMERICA (si no se tienen demasiados remilgos) ocurre al final, cuando todos los malos del mundo, en una trilladísima secuencia de alianzas y conspiraciones, son abatidos por la policía del mundo ¿? y unos tipos... ¿cómo llamarlos? Ah, sí, la avanzadilla progre americana, formada por Tim Robbins, Susan Sarandon, Sean Penn... etc, irrumpen en escena para defender la maléfica libertad de expresión, llegando a unirse a la causa de los "terroristas". O sea, que aquí no se libra ni el Tato, vaya.
Una escena a destacar: Impagable Kim Il Jong en un número musical en plan sad star, declamando lo solito que se siente un dictador en la cumbre de su imperio... Tremebundo. Por no hablar de la desternillante e ingeniosa escena sexual de los protagonistas, repleta de tópicos cinematográficos (recordemos que se trata de marionetas...).
Saludos impertérritos.

Legacy

Uno de mis temas preferidos de siempre. Un grupo denostado y apedreado que hizo un discazo a finales de los 90 y se cagó en los muertos de la industria que terminó por fagocitarlos y mandarlos al carajo. Y todo por ser honestos.


martes, 18 de noviembre de 2008

Puesta de largo

Se dijeron tantísimas tonterías de aquella broma que fue Dogma95 que, al menos a mí, me resulta imposible reírme cuando recuerdo fugazmente la trola que nos quisieron vender como la supuesta y enésima salvación del séptimo arte. Todo el mundo sabe que el cine no lo salva nadie, no le hace falta mientraspodamos seguir disfrutando de Hawks, Bergman, Ford o Fellini. Y punto.
Dicho esto, FESTEN es un peliculón como la copa de un pino. Fue su director, Thomas Vinterberg, quien dio en la clave del asunto mientras rebatía muy acertadamente al gran bromista, que no es otro que Von Trier. Vino a decir que lo del Dogma no tenía ningún sentido si no se radicalizaban las propuestas desde dentro, es decir: lo que se contaba debía ser más descarnado que una nimiedad como usar luz natural o tener la cámara en la mano. No me extraña que este movimiento, pese a haber engañado a una considerable cantidad de gente, fuese fugaz e inane, incapaz de ofrecer historias que se saliesen de lo convencional y sólo avaladas por aquellos estúpidos postulados.
En FESTEN, Vinterberg despelleja literalmente a toda una familia de la alta burguesía danesa que se reúne para "celebrar" el cumpleaños número sesenta del gran patriarca. Ponerme aquí a desvelar las cosas que ocurren a lo largo de dos fatídicos días sería poco adecuado por mi parte, pues precisamente eso es la espina dorsal del film, la concatenación de secretos desvelados por un hijo que no aguanta más la hipocresía con la que el resto de la familia ha ido enterrando en la memoria todo lo que nunca ha interesado que saliera a la luz. Curiosamente, son muchas las voces en Dinamarca las que acusan actualmente a toda una generación de inmovilistas que colaboraron con la invasión nazi sin oponer resistencia y obteniendo a cambio una cierta inmunidad. Podría haber alguna correspondencia entre esta película (la mejor de Dogma95) y lo antes descrito, no lo sé con seguridad, pero hablando de cine, que es de lo que se trata, FESTEN ofrece la versión definitiva de lo que debe ser arriesgar en un trabajo decididamente rompedor y salvajemente premonitorio sobre lo que significa acomodarse e la autocomplacencia.
Saludos celebrados.

Until the morning comes

Elegantes, ácidos, inmisericordes... todo eso son Tindersticks.


lunes, 17 de noviembre de 2008

Su tabaco, gracias

En el actual desajuste capitalista, montones de incidencias, aparentemente ínfimas, han ido dándose la vuelta, mutando como un virus se adapta a un cuerpo enfermo para su propia subsistencia. En SMOKING ROOM, una equeña excusa, la entrada en vigor de la ley antitabaco en las empresas, es capaz de servir como inteligente e irónica antesala a todo un sistema de valores en franca decadencia.
La trama es sencilla y a todos nos suena. Uno de los trabajadores no se resigna y pretende subvertir "su" recorte de derechos y para ello involucra a sus compañeros con desigual fortuna. Desigual porque unos se niegan y otros, simplemente, le dicen que sí como a los locos para luego ignorarlo sin embozo. Pesa más el miedo al despido, el miedo a no pasar desapercibido y ser señalado. De un problema aparentemente sin mucha importancia se pasa a otro un poco más serio; y se destapan insolidaridades, panfletismos, sectarismos, presiones de poder... Todo un laberinto psicológico sin salida para el empleado-ratón, que cree poder luchar contra sus superiores y sus absurdas reglas, para acabar absorbido por un sistema deglutor de individualidades, carente de sentimientos y tan sólo preocupado por frías estadísticas.
Bueno, son cosas que pasan ¿verdad?
Saludos humeantes.

Cigarette on your bed

Sugerente video de los fantásticos My Bloody Valentine, en el que las volutas de humo se mezclan con algunos mitos del cine. Acertad los que podáis.


sábado, 15 de noviembre de 2008

Contra el chauvinismo

Esta película, que pasó bastante desapercibida en nuestro país, es un caso bastante curioso sobre cómo se cierran algunas bocas demasiado acostumbradas a la crítica por la crítica, casi por costumbre. LE GOÛT DES AUTRES es exactamente el tipo de elícula que no nos esperaríamos encontrar desde el país galo; es ácida pero compasiva, diáfana en su propuesta pero profunda si el espectador se implica. Su estética es sencilla (me recuerda mucho a las bazofias españolas de principios de los 90), creo que deliberadamente; sus personajes están tan bien dibujados que nos olvidamos de que son actores, funcionan como un engranaje, como la cutre compañía de teatro que aparece en la misma y que es la que tiene la culpa de la fascinación del protagonista, con el que, aunque no queramos, sentimos inmediatamente una extraña empatía, aunque no se trate precisamente de un tipo simpático.
Ésta es la historia de una redención imposible, la de un empresario burgués, acomodado en su reducto de producción, beneficios, despidos, ajetreos varios y achaques de salud. Un día, de la forma más insospechada, conoce a una mujer y salta la atracción, no se sabe cómo pero salta. El problema es que dicha mujer pertenece a un estrato social diametralmente opuesto al suyo; su vida es artística, bohemia y bastante desinteresada. Los estrambóticos tejemanejes del empresario para poder estar junto a la aspirante a actriz de teatro son hilarantes al mismo tiempo que patéticos. Él la contrata para tomar clases de inglés; va al teatro a verla; asiste a exclusivas reuniones de artistas fingiendo un conocimiento que no tiene... Todo ello va borrando la inicial imagen del antipático y amoral empresario y va dibujando un nuevo hombre que quiere una segunda oportunidad en la vida. Un hombre enamorado que encarna a la perfección esa otra societé francesa, más mediterránea que normanda, más intuitiva que chauvinista. Personajes "para todos los gustos"...
Saludos piadosos.

Taste

El mítico Rory Gallagher y su grupo. Un lujo.


viernes, 14 de noviembre de 2008

Cómo estropearlo todo al final después de un principio apoteósico

Recuerdo el cine, la expectación, la cola interminable, los fotogramas en el tablón que te dejaban alucinado... En 1990 yo tenía 16 añitos y no sabía nada de cine, sólo iba compulsivamente a verlo. En 1990, el manga no significaba casi nada en España... Luego vino la fiebre por todo lo oriental, pero esa es otra historia.
La primera media hora de AKIRA es lo mejor que he visto en mi vida en cuanto a cine de animación ¿Por qué? Pues por dos razones sencillísimas pero muy complicadas de llevar a cabo. Primero: Vemos imágenes a toda hostia sin solución de continuidad. El espectador entra directamente en la historia, y eso que aún no se ha contado nada, se trata de una persecución en toda regla. Segundo: Nos olvidamos por completo de que se trata de una película de animación; y eso, señores míos, no se consigue a base de perfeccionar el trazo... SINO DE HACER CINE!!! Katsuhiro Otomo se vale de encuadres imposibles a lo John Ford para dotar de un realismo inusitado lo que otros ni siquiera han rozado. Luego, cuando el protagonista se quita el casco, ya es otra historia ¿Por qué? Pues porque al señor Otomo le toca explicarnos el quid de su megalomanía; y claro, resulta que no había historia, sólo fuegos de artificio. Muy bonitos y espectaculares, pero huecos por lo pretencioso y tramposos por la absurda acumulación de "sí, espera un poco que ahora te lo explico".
En definitiva, estimulante para un chaval de 16 pero exasperante para un desconfiado de 34.
¿Buena?, sí. ¿Mala?, también... Ustedes mismos.
Saludos trepidantes.

Do the evolution

Sarcástico y brutal video de Pearl Jam, de clarísima influencia manga.


jueves, 13 de noviembre de 2008

Deus ex machina

Superados los traumas derivados de la, por otra parte necesaria, mitificación de aquel olimpo cinéfilo que significaron las películas de horror de la Universal, basadas en su mayoría en literatura gótica, se hacen perentorios e interesantísimos los nuevos campos abiertos por estudiosos en la materia. Yo, personalmente, prefiero siempre el juego (ver entrada anterior) de "el libro en una mano y la película en otra". Cada vez más.
FRANKENSTEIN. Mary Shelley por un lado; James Whale por el otro. Si nos referimos al tenebroso relato de la escritora británica, resulta relevante la categoría casi de intelectual atormentado, de múltiples influencias en sus aterradores monólogos, a través de los que el "monstruo" cede terreno al "superhombre", tanto física como (sobre todo) moralmente. Mientras, en la fantástica e imperecedera obra de Whale se acentúa el rasgo del hombre artificial, en el que no terminan de verse claras las ventajas o habilidades; antes bien, se nos muestra un bebé gigantesco que no para de aprender de su entorno, pero que no sabe controlar su fuerza ante el rechazo de los hombres que sólo ven en él una amenaza.
Por supuesto que sigo disfrutando con ésta y las demás piezas maestras de aquella época dorada de Hollywood, pero me embarga un nuevo placer si comparo aquella visión indudablemente más cándida y la de los precedentes literarios, auténticos arietes psicológicos con los que los intelectuales inconformistas lograron hacer avanzar propuestas que quizá ahora sean de uso común, pero que alguien tuvo que verlo primero, con el mérito que ello conlleva.
Las figuras de la Universal, tótems deificados hasta la parodia, se merecen bajar de vez en cuando de su dorado pedestal y unirse al hombre contemporáneo, a sus miedos y contradicciones. Yo, al menos, se lo agradeceré.
Saludos bajo los pararrayos incandescentes.

Kikonstein y la bruja buena

Por un fugaz momento, a los niños no los tomaron por imbéciles y pudieron (pudimos) disfrutar, aprender y descubrir. Maravillosos...


miércoles, 12 de noviembre de 2008

El pensamiento que brota

Otra vez me veo en la obligación de comentar una película indisolublemente de la obra literaria que la precedió. No con ánimo de comparación, ni mucho menos; como tampoco esa fútil manía actual de cierta crítica que, sin haber leído el libro, trata de extraer no pocos sinsentidos del film, como si se tratara de lo mismo y sin tener en cuenta la (precedente) crítica literaria.
Antes de todo eso, me gustaría recomendar el libro de Günter Grass y la película de Volker Schlöndorff; por separado, a ser posible. A estas alturas huelga decir que hablamos de la obra más famosa de ambos, DIE BLECHTROMMEL. Por ejemplo, en el libro abundan las imágenes pretendidamente descriptivas, líricas y corales, con las que Grass realiza un exhaustivo esfuerzo por introducirnos en el mundo de su propia infancia como si realmente estuviésemos allí. En el film, Oskar, el niño que se niega con aire insultante a crecer, lo abarca todo. La película empieza y acaba con, por y para Oskar Matzerath, un ser que no puede existir como tal, aunque le sirve a Grass/Schlöndorff para, sin denunciar nada, revolver las hipócritas conciencias de quienes se apuntan a los carros más diversos, según el viento que sople.
Schlöndorff, por su parte fílmica, utiliza el impactante físico de David Bennent (búsquenle en la maravillosa LEGEND) como cartel anunciador de ese tono como de "realismo mágico", pese a que yo lo llamaría "magia realista", lo que puede resultar cargante y pesadete cuando a la hora y media el niño sigue aporreando el susodicho tambor y chillando como si tal cosa. Es por ello que sigo prefiriendo ese comienzo de la novela debajo de las faldas maternas, de donde Oskar nunca saldrá, de donde los grandes asesinos de la historia fueron obligados a salir para nunca volver a ser los mismos. Oskar nos lo explica en la novela y yo le creo; Oskar sigue chillando en la película casi ya al final y con tanto ruido, sin un Fellini ejerciendo de director de orquesta, la historia pierde fuerza en pantalla y se suma, por tanto, a las celebradas adaptaciones que tuvieron lugar por aquella época en el viejo continente, pero que poco o nada aportaban al original... ¿de qué me suena esto...?
Redoble y saludo...
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!