viernes, 15 de noviembre de 2019

Flores en el pelo



Hay razones por la que MIDSOMMAR me interesa mucho, y otras que me hacen sospechar que un camino, que se intuía ineresante, muestra evidentes síntomas de agotamiento prematuro. Primero, Ari Aster solventa la siempre complicada tarea de convencer en el segundo film, sin descalabros, pero tampoco proponiendo más allá de lo que ya se vio en HEREDITARY, para el que esto escribe algunos puntos superior, aunque sólo sea por el impacto de lo novedoso. Aparentemente, MIDSOMMAR es otra película sobre turistas extraviados, sectas extrañas y destinos truculentos; y casi lo es, o lo parece, pero me da que al director y guionista le importaba más un tipo de subversión distinto al acostumbrado, más sutil y complejo, lo que termina decepcionando a los fans del género, pero subyuga a los cinéfilos de mente abierta. Igualmente no me parece casual la duración, necesaria para incluir el largo preámbulo (en mi opinión, lo mejor del montante) y desarrollar a cada personaje sin prisas ni aspavientos. Sin embargo, en lo que chirría el film es a la hora de desprenderse del artificio; si lo que el espectador piensa es "aunque vayan de blanco, con flores en el pelo, son los malos", acertará. Mas, Aster luego juega al despiste y compone un "estado de las cosas" que supera al discurso preprogramado, zambulléndonos en un vaivén emocional sólo comparable a la conciencia alterada, mediante diversas sustancias, de los protagonistas. Es una película, en fin, muy buena para analizar, pero no tanto para disfrutar; o a lo mejor es que Aster es, como por ahí lo acusan, un cultureta que hace género. Lo desconozco, pero véanla aunque sólo sea para disfrutar de tres cosas: la excepcional fotografía de Pawel Pogorzelski, la excepcional música de Bobby Krlic y la excepcional actriz que es Florence Pugh...
Saludos.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Películas para desengancharse #75



Ustedes, sí, a ustedes, que no saben lo que significa la democracia ni les importa lo más mínimo. A ustedes, que les dan los votos a los nostálgicos del régimen que represalió a sus padres y abuelos. Ustedes, y nadie más, son culpables de lo que luego van a llorar por las esquinas. Lo tienen en su mano y lo desprecian, se abrazan a las fórmulas mágicas de quienes luego se sientan en los banquillos, acusados de robarle su dinero. Sí, su dinero. Quizá, si la política dejara a un lado las ideologías y se basara en la frialdad de los números, se podría soñar con que los políticos sólo pudieran servir a sus jefes, los ciudadanos. O quizá no. A ustedes, esta película. Para que la vean y se les caiga la cara de vergüenza cuando exigen, cubata en mano, que vaya la legión a Cataluña. A ustedes, garrulos de Vox, que exigen respeto desde el escupitajo moral. A ustedes, les diría Costa-Gavras que son un residuo que se regenera desde su propia infección moral. Sin moral se vive mejor, con absoluciones divinas también. Z es la película más intemporal que existe, su discurso va más allá de las siglas, las convicciones, ideologías o las filias y fobias. Es un film sobre la justicia, la manipulación, la verdad y la mentira. Es un film, sobre todo, sobre los responsables y las responsabilidades. Ustedes son los responsables de que la extrema derecha se envalentone desde los restos momificados de un dictador. Por lo tanto, de ustedes es la responsabilidad. Esta película la deberían poner en los colegios una vez cada curso, pero siempre habrá algún "intelectual" que hable de adoctrinamiento, palabra que no se usa para el resto de medios...
Me sirve para cerrar (de momento) este monográfico de adicciones, monos y chutes en vena, porque su discurso cobra plena actualidad, porque tiene uno de los finales más desgarradores de la historia del cine usando apenas fotografías y una voz neutra, y porque todo acaba siempre en la Z... menos para los griegos...
Saludos.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

La pobreza de los ricos



Nunca he estado de acuerdo en que Chabrol estuviese más preocupado de las tribulaciones de la clase alta, desatendiendo problemas a priori más importantes, como los de la clase trabajadora. A base de señuelos, lo que sí he captado es una capacidad única para infiltrarse en las rendijas de lo inaccesible, con el propósito de atomizar cualquier idea preconcebida sobre lo que de natural nos está vedado. Sin embargo, LE SCANDALE, de 1967, parece más la apropiación de las ideas chabrolianas por parte de un admirador secreto. Puede que a ello contribuya que se trate de una producción de la Universal, con numerosas imposiciones para abordar un thriller de una manera clásica, lo que es un estropicio para la oblicua mirada del director francés. Estrenada simultáneamente en inglés como THE CHAMPAGNE MURDERERS, intentaba poner en pie una compleja trama acerca de un rico heredero, que en realidad sólo está interesado en irse de parranda y vivir a tope, pero una serie de asesinatos a su alrededor, sumados a la amnesia que sufre desde hace años, le convierten en el principal sospechoso. Con Anthony Perkins en uno de los papeles principales, la película contiene momentos brillantes y otros directamente ridículos, y parece que los cuatro guionistas han ido cada uno por su lado.
Curiosa, pero olvidable.

martes, 12 de noviembre de 2019

La clase de Lubitsch #40



En 1945, la salud de Ernst Lubitsch no era la mejor, por lo que tuvo que abandonar la dirección de A ROYAL SCANDAL y dejarla en manos de Otto Preminger, aunque se mantuvo acreditado como productor y de hecho siguió el rodaje muy de cerca. Tanto, que parece imposible no ver la mano del maestro, sobre todo en las escenas más agudas de esta ¿dramedia? situada en la corte de la Zarina Catalina de Rusia. Y vuela alto el film en ese sentido, ya que el enredo es tal que fluctúa, casi sin esfuerzo, del planteamiento político al romance desenfadado. Hace falta un guion muy bien hilado para instrumentar los temores de traición y revolución en la corte, y seguidamente imbricar el discurso político en una típica discusión de pareja. La Zarina se encapricha del mensajero que le trae una noticia que luego resulta no ser cierta, aunque él está comprometido con una condesa, íntima amiga de la Emperatriz. Es decir, celos, prepotencia, manipulación y traición, actos que se pueden atribuir tanto al ámbito de la política como al de los sentimientos... como hemos comprobado recientemente. Un excepcional ejemplo de guion y un puñado de magníficas interpretaciones, destacando a esa gran olvidada que siempre será Tallulah Bankhead, puede que lo más cercano que Hollywood tuvo a Bette Davis o Joan Crawford.
 Aún le quedarían fuerzas a Lubitsch para volverse a poner tras las cámaras, pero eso es algo que les contaremos próximamente...
Saludos.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Blanco nuclear



De remedos hasta las narices. HAN JIA (VACACIONES DE INVIERNO) no es una buena película, precisamente porque intenta serlo desesperadamente, y para ello se instala en un lugar imposible, situado entre el hieratismo de Kaurismaki, el tiempo retorcido de Bresson y la comicidad agria de Andersson. Nada de eso, porque la ópera prima de Li Hongqi (sigue siendo su único trabajo desde 2010) no es más que una colección de tiempos muertos, diálogos vacíos y caras inexpresivas; como una película de autor, sí, pero mal. No se cuenta nada, excepto el ir y venir de un puñado de personajes que parecen aburridos de su propia existencia, sin hacer nada para cambiarla excepto lanzarse invectivas que quizá sólo ellos conocen. Desconozco si hay algo sumamente importante que me he perdido, pero no creo que vuelva a intentar la experiencia, me temo que vale la pena...
Saludos.

domingo, 10 de noviembre de 2019

Rincón del freak #379: Verduritas a la jardinera



Aquello del troll tenía su gracia, por lo descabellado, lo osado y lo exótico de provenir de una cinematografía como la noruega. Luego vino un extraordinario ejercicio de instropección, o cómo erigir un genuino cuento de terror en base a un cuerpo inmóvil y que funcione como un metrónomo. Lejos de derrumbarse André Ovredal dirigió sus pasos hacia el sol de Guillermo del Toro, que llevaba tiempo rondando la idea de adaptar las historias de terror de Alvin Schwartz. Así nace SCARY STORIES TO TELL IN THE DARK, una película que habría ganado mucho en un formato serial, y que arranca de forma brillante, primando la creación de la atmósfera a los sustos y la casquería. Desgraciadamente, este no es un film con vocación de innovar, sino que va cayendo poco a poco en todos y cada uno de los recursos más trillados del género. Hay sustos, hay monstruos, hay incoherencia de la típica y hay, sobre todo, un galimatías narrativo que casi parece involuntario ¿Que por qué va hoy en esta sección? Porque a del Toro parece que se le perdona casi todo, y no paso yo por ahí.
Aburrida, prescindible. Te mirarás las uñas mientras un personaje es descuartizado...
Saludos.

sábado, 9 de noviembre de 2019

Películas para desengancharse #74



Enfilando la recta final de este monográfico me encuentro ante uno de esos títulos "rotundos", teniendo en cuenta la magnitud de la palabra en toda su extensión y motivo. MIDNIGHT EXPRESS evoca, casi por inercia, aquel cine "de dos rombos", al que solía acompañar un halo de extraña solemnidad, proveniente de la dureza de lo que se atrevía a mostrar. Durante todo este tiempo, el film de Alan Parker (por entonces en su mejor momento creativo) parecía encabezar un cine que apostaba por la verosimilitud, aunque sin perder toda la fuerza de impacto de su relato, en este caso narrado en primera persona. Basado en el libro de Billy Hayes, tras sufrir un severo encarcelamiento en Turquía, explicita las ínfimas condiciones del sistema carcelario de dicho país, en una espiral de degradación que roza en algunos tramos lo extático. Apoyado en un puñado de extraordinarias interpretaciones, con dos gigantescos Brad Davis y John Hurt fundamentalmente, se invita al espectador a "creer" a pies juntillas en un guion deliberadamente adulterado, del que fue responsable Oliver Stone, y que tiene muy claro qué fibra sensible tocar en cada momento. Por tanto, es curioso que se la haya catalogado como film "realista", cuando su fuerza reside en una ponencia dramática al borde del expresionismo. No era Turquía, sino Malta; y luego el propio Hayes tuvo que recapacitar y matizar algunas de las cosas que supuiestamente le ocurrieron. Nada más y nada menos, pero también es verdad que han pasado más de cuarenta años y se sigue hablando de referente...
Saludos.

viernes, 8 de noviembre de 2019

La vida en un cuarto de juguetes #4



Puede que no sea tan rompedora como la primera, tan perfeccionista como la segunda o tan emocionalmente bella como la tercera. Puede que TOY STORY 4 te deje la sensación de que quizá se la podían haber ahorrado, como si se tratara de un relleno evidente, destinado a volver a reinar en las taquillas de medio mundo y que la rueda de Pixar no se detenga. Puede ser, pero Andrew Stanton lo vuelve a hacer, y se nota muchísimo su asombrosa capacidad para meterse bajo tu piel como los grandes guionistas saben hacerlo: forjando la normalidad en lo inesperado. TOY STORY 4 tenía el difícil reto de hacer olvidar el final de esa obra maestra absoluta que fue la tercera parte, que aspiraba a ser un broche insuperable para una trilogía simplemente perfecta; en lugar de ello, la película se apoya en una estructura similar a la de sus antecesoras, pero introduce un elemento muy interesante. Los juguetes toman conciencia de su autonomía, toda vez que se saben definitivamente despojados de la atención de su antiguo dueño, ya convertido en un típico padre de familia. La hija pequeña de Andy, Bonnie, es la que los hace ver su nueva condición, en un inteligente deus ex machina en la saga más deus ex machina que existe. Bonnie no se pirra por esos muñecos ingeniosos, con sus colores brillantes y formas sugerentes; su juguete favorito no es más que un simple tenedor de plástico, tan sólo porque ha sido ella quien le ha otorgado la calidad de juguete a lo que en un principio no lo es. Forky, aludiendo al mito de Prometeo, no sabe que ahora es un juguete, y se tira de cabeza al cubo de basura del que vino... Aunque sólo sea por reflexiones tan agudas como ésta, efectivamente, TOY STORY 4 es una gran gran película. De nuevo...
Saludos.

jueves, 7 de noviembre de 2019

Películas para desengancharse #73



Sería imposible hacer hoy día SEVEN BRIDES FOR SEVEN BROTHERS, probablemente una de las películas más políticamente incorrectas de todos los tiempos ¿Un garrulo que llega a la ciudad con el único propósito de llevarse una mujer, quiera o no quiera? ¿Seis hermanos, igual de asilvestrados, que esperan la llegada de la moza con ojos de sierra mecánica? Imaginen, tan solo. Por si no fuera poco, a la Metro se le ocurre que quizá esto daba para un musical, y que entre piruetas y acrobacias, los integrantes de este curioso clan la emprenden a puñetazos con todo lo que se menea. Cuando creemos haberlo visto todo, tienen la brillante idea de volver todos a la ciudad y raptar (literalmente) otras seis señoritas, que el invierno es largo y duro... Ustedes me entienden. Así las cosas, si no fuera por lo bien que cantaba Howard Keel y cómo bailaba el resto de los hermanos sobre los tablones de una casa a medio construir, podríamos colegir que éste, y no otro, podría haber sido el verdadero origen del slasher, solo que entonces no se podía imaginar tal cosa. Ahora bien, si lo único que quieren es ver un musical decente, de los que ponen en Intereconomía a las cinco, éste es el mejor de todos...
Saludos.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

En tierra de nadie



Uno de los ejemplos más claros del indiscriminado eclecticismo cultivado por Claude Chabrol, lo encontramos en LA LIGNE DE DÉMARCATION, de 1966. Y es que parece improbable ubicar al parisino metido en cuestiones patrióticas en un film aparentemente bélico, pero que se va deslizando poco a poco hacia las obsesiones de su autor, que se basó en las vivencias, plasmadas en papel, del "coronel Rémy", en realidad un agente secreto de la resistencia francesa. Situado en la tierra de nadie que supone la franja entre la Francia libre y la ocupada, y más concretamente un pueblecito que está justo en esa línea imaginaria, comienza como corolario de las tensiones entre franceses y alemanes, obligadis a convivir sin intervencionismo, pero acaba destapando muchas de las infecciones de la Francia posterior a la guerra, determinadas casi siempre por el grado de honestidad entre vecinos dispuestos a delatarse por poder comer al día siguiente. No es de las películas más memorables de su autor, pero tiene cositas interesantes, fundamentalmente el descolgarse de la tipificación del cine bélico, y yendo hacia algo parecido al policíaco. Además, está Jean Seberg...
Saludos.

martes, 5 de noviembre de 2019

La clase de Lubitsch #39



HEAVEN CAN WAIT. O, la fotografía en color de Ed Cronjager. O, la partitura de Alfred Newman. O, ese guion de Raphaelson, erigido casi en cronología involuntaria de una carrera que tocaba a su fin, la del propio Lubitsch. O, Don Ameche, el sinvergüenza más enternecedor y entrañable que se ha asomado a una pantalla; tanto, que hasta logró ablandar al mismísimo diablo y que lo enviara "allí arriba", adonde no pensaba ir. De Gene Tierney no digo nada, parafraseando a mi amigo Lombreeze: "no soy digno". No hay mucho más que añadir para ensalzar esta maravillosa película, excepto, quizá, que tras esa falsa apariencia de comedieta ligerilla hay un mensaje que se erige en lección de vida, la que le gustaría rozar a gente como Malick, enfrascado en pedantería new age, en una frase como ésta: "La vida sólo dura un rato, y es el que tengo para estar junto a ti"...
Saludos.

lunes, 4 de noviembre de 2019

En círculos



Hay un problema de base en una película como MING WANG XING SHI KE (EL MOMENTO DE PLUTÓN), una especie de road movie, que intenta integrar ese encantador sofisma del "vivir rodando", para finalmente hacerse un lío monumental pretendiendo ser enigmática, por lo que se intuye mundana. Es la historia de un director de documentales sin suerte, que asiste desolado al éxito de su esposa como actriz de medio pelo en infumables wu xia y que busca desesperadamente reunir un equipo solvente para rodar un "film definitivo". Y en tan sospechosa circunstancia, el equipo parte a una remota región de China, alejándose de la ciudad y buscando esa verdad oculta que sólo los grandes cineastas parecen poseer. En lugar de ello, aparecen las rencillas, los celos y la repentina cancelación del proyecto por parte de los productores, toda vez que el estrafalario grupo pierde parte del equipo técnico y queda ridículamente desorientado. No es una mala película, en absoluto; tiene una fascinante fotografía y un más que solvente trabajo de los actores. Lo que chirría es la indefinición, que ese "viaje a ninguna parte" no sea aún más valiente y disuelva las personalidades en una danza del caos. En lugar de ello, lo que yo intuyo es una protesta en baja frecuencia por el trato al cine independiente en China, que allí a lo mejor se entenderá más, pero aquí derrapa por una comedia involuntaria y, francamente, no muy cómica.
Saludos.

domingo, 3 de noviembre de 2019

Rincón del freak #378: Accidentes aéreos, viajes temporales, Kris Kristofferson y Cheryl Ladd



En esencia eso es MILLENNIUM, una de las películas más incomprensibles de todos los tiempos. Basada en un libro de John Varley (excelente, por cierto), aspiraba a narrar una especie de odisea a través del tiempo, con viajeros del futuro, paradojas irresolubles y un insólito toque pseudointelectual, que la iba a distanciar de "mamarrachadas garrulas" como TERMINATOR, que al final han resultado mucho más coherentes. El film se abre con unas transparencias a bordo de un avión que ya dan ganas de dimitir de la larguísima hora cuarenta y cinco que nos queda. El avión choca con otro avión y luego hay una investigación para ver qué ha fallado. Y hasta ahí, pues bueno, vale, puede pasar; pero es que no se entiende nada, lo que va ocurriendo lo hace a empellones, sin pedir permiso. Kristofferson y Ladd parece que están en otra película, una de vaqueros, o de cine negro, o yo qué sé. El futuro se muestra como una fábrica abandonada, punto y pelota, porque eso es el planeta Tierra en el futuro, una puta fábrica oxidada. Hay una escena de sexo con ella en camisa que quiere parecer NUEVE SEMANAS Y MEDIA para mormones; sale el capitán Furillo (¿recuerdan?) vestido como el inspector Gadget, y los efectos especiales son terribles, como si el director hubiese hecho mudanza y se hubiese aprovechado lo que iba a tirar. Y no es un despropósito total porque hay un par de diálogos interesantes, pero no, de verdad, no la vean, no merece la pena...
Aquel infierno en la Tierra que fue ver acabar los ochenta y empezar los noventa...
Saludos.

sábado, 2 de noviembre de 2019

Películas para desengancharse #72



¿En qué momento se desenganchó Woody Allen de la manera de filmar que él mismo inventó en ZELIG? Es una pregunta con poco sentido, ya que aquel insólito film estaba enclavado en la mejor época creativa del neoyorquino, y Allen siempre ha tenido el derecho a hacer lo que le venga en gana. Pero es curioso observar esta especie de anomalía tantos años después, cómo ha influido en tantos directores, que luego se han erigido en meros émulos de eso tan complicado de digerir que es el "metraje encontrado". A través de la delirante personalidad (personalidades, sería más correcto) de Leonard Zelig, un insignificante judío de New York, Allen crea un guion capaz de adentrarse en todas y cada una de las miserias que han conformado la historia del siglo XX. Zelig es un tipo que tiene la cualidad de "mimetizarse" con cualquiera que esté a su lado; si es un negro se volverá negro, si es chino igual, si es un corredor de bolsa empezará a especular y ganar dinero. Y todo por desarrollar un ansia enorme por agradar, tras una infancia en la que era sistemáticamente despreciado o directamente ignorado. Con un uso de la "imagen insertada" que deja en pañales a FORREST GUMP, Allen despliega su habitual diatriba existencialista para mirar directamente a los ojos a la sociedad norteamericana, basada en el juego de las apariencias y en la que el mediocre puede prosperar si tan sólo "cae bien". Y lo hace como un extraño documental perdido, con sonido impostado y una fotografía de Gordon Willis deliberadamente dañada. Es una de esas películas que te hacen recuperar la confianza en un tipo tan agudo e inteligente, sobre todo porque sólo a Woody Allen podría ocurrírsele insertarse a sí mismo detrás del mismísimo Hitler dando un discurso...
Saludos.

viernes, 1 de noviembre de 2019

El porqué de la búsqueda



Seré breve. Si han visto la primera temporada de MINDHUNTER, no se pierdan la segunda. Si no la vieron, están tardando en verla... y después correr a ver la segunda. El artefacto creado por por David Fincher y Joe Penhall se vuelve aún más esquivo, críptico y espeluznante, y, al igual que en la primera, esta segunda temporada vuelve a prescindir de la acción y/o truculencias. Lo bueno es la investigación, la lógica de los acontecimientos y cómo este submundo, oscuro y opresivo, de los asesinos en serie va afectando a los agentes del FBI Ford y Tench, especialmente a este último, que ve a su familia derrumbarse poco a poco, sin que pueda hacer nada. Menos enfocada a las espectaculares entrevistas de la T1, casi la totalidad de sus nueve episodios se centran en la oleada de crímenes que sufre la ciudad de Atlanta, y que al ser todos niños nefros levantan la sospecha sobre algún grupo supremacista. Sin embargo, la realidad termina siendo mucho menos evidente y más aterradora. Los actores, el guion, el ritmo, la música, todo encaja perfectamente para facturar una continuación igual de elegante y elocuente. Una serie en la que, por ejemplo, hay un momento cumbre (antológico, en mi opinión): nada menos que una entrevista con Charles Manson...
No se la pierdan.
Saludos.

jueves, 31 de octubre de 2019

Películas para desengancharse #71



No hace falta extenderse mucho sobre THE REMAINS OF THE DAY para convencerse de que tampoco puede hacerse algo comparable hoy día. Parecido, sí, pero no igual. No puedes rodar como James Ivory rodaba. Porque Ivory tenía a Ismail Merchant. Y a Ruth Prawer Jhabvala. Y a Pierce-Roberts fotografiando esas mansiones por fuera, testigos mudos de lo que sucede dentro de sus paredes, que es la extrañísima relación entre personas que no son iguales. Ya estaba en la novela original de Kazuo Ishiguro, pero Ivory logra no ya captar su esencia, sino engastar un relato sobre otro, sin que las constantes idas y venidas temporales afecten en absoluto a lo que se quiere contar. Y lo que se quiere contar es el rostro de Anthony Hopkins en el que creo que es uno de los trabajos de interpretación más grandes de todos los tiempos. No puedes rodar como Ivory, porque sólo Ivory podía lograr que nos apiademos de un hombre capaz de defender hasta las últimas consecuencias a su señor, colaboracionista con los nazis antes de la guerra; hasta tal punto, que ni siquiera va a ver a su padre recién fallecido, escaleras arriba, por no interrumpir su servidumbre. Un hombre tan incapaz de mostrar su sentimientos, que quizá sólo el desprecio le sirva para intentar (en una escena de hermosa contención) decirle sin palabras cuánto ama a esa mujer a la que da por perdida desde que la vio por primera vez.
LO QUE QUEDA DEL DÍA es retrato en ámbar detenido, y es una de las mejores aproximaciones a un mundo que no puede volver a ser filmado. No así.
Saludos.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Espía como puedas



No, no es un monográfico, aunque cuando acabe, dentro de una eternidad, cabrá la fotografía a la derecha del señor Chabrol, no les quepa duda. Me está sirviendo, además de poder completar una filmografía apasionante (y larga), para descubrir cómo surcaba territorios tan diferentes, la mayoría de veces sólo para acabar integrándolos en su imaginario personal. MARIE-CHANTAL CONTRE LE DOCTEUR KHA parecía mantener el mismo tono que las aventuras de "El Tigre", aunque en este caso la cosa se desborda por completo, dotando a lo que parece una historia de espías de un aire casi surreal. El doctor Kha es un malo de los de toda la vida, al que nadie conoce en realidad y que anda tras una extraña joya, una cabeza de pantera con ojos de rubí. El arranque del film es estupendo, ya que Chabrol presenta a todos los personajes relevantes en una sola escena en un tren, aunque luego todo es mucho más antojadizo y disperso, y más bien parece un inacabable "homenaje a", repleto de referencias al género. La fina línea entre esto y la parodia más burda es lo que distingue a un realizador con personalidad de otro que sólo puede trabajar por encargo. Mención aparte merece el elenco, mezclando a la "multiartista" Marie Laforêt con Paco Rabal ("Soy Francisco... Paco"), Roger Hanin y Charles Denner, o el mítico Akim Tamiroff dando vida al misterioso malhechor.
Sí, la protagonista es una pijilla de vaaciones, el malo un científico con algunas ideas sobre despoblación, y hay navajas de afeitar y hasta Stéphane Audran travestida... ¿Qué puede salir mal?...
Saludos.

martes, 29 de octubre de 2019

La clase de Lubitsch #38



Y, cómo no, TO BE OR NOT TO BE, uno de los títulos fundamentales para entender el cine de Lubitsch, lo retorcido de su discurso y la elegancia de sus formas incluso abordando lo más zafio. Y es que parece casi imposible imaginar una comedia surgida en la ocupación nazi de Polonia, y mucho menos hilarlo con un asunto de cuernos en una compañía teatral. Sin embargo, la sutileza de Lubitsch es tal que se permite el lujo de desbordar el discurso típico de la screwball comedy sin perder de vista la cruenta situación de una sociedad que, de improviso, se ve aplastada por el ejército invasor. Así, lo que Lubitsch consigue es una anomalía, casi una película sin género, o de muchos géneros; en palabras de Roland Barthes "una zambullida en la realidad desde lo irreal". Sin tiempo para asimilar qué estamos viendo exactamente, la vanidad de un actorcillo, que se cree más importante de lo que es, supone la excusa perfecta para suplantar al mismísimo Führer. Y al mismo tiempo, la infidelidad manifiesta de su esposa (no se pueden contar más sentimientos encontrados con una escena tan simple) hace replantearse al protagonista su propia condición de segundón.
La música de Heymann es inolvidable, y los actores (qué maravillosa era Carole Lombard) parecen imbuidos de una especie de halo mágico, que hace que quieras volver a verla tras una escena final deliciosa, que vuelve a cerrar el círculo y resignifica a una de las mejores ¿comedias? de todos los tiempos.
Obra maestra.
Saludos.

lunes, 28 de octubre de 2019

La muerte indetectable



JIDAN HE SHITOU (HUEVO Y PIEDRA) fue el debut, en 2012, de la joven directora Ji Huang, que por entonces contaba 28 años, y en el que aborda un tema tremendamente espinoso. Y sorprende la madurez de su mirada, que mezcla lo sutil con lo explícito, para enfrentar la callada tortura de una joven de catorce años que es literalmente vendida a sus tíos para que su familia pueda subsistir. Sin embargo esto no es más que la punta del iceberg. La niña, retraída, solitaria, es mostrada en unos indescifrables rituales, en los que intervienen el huevo y la piedra del título, aparentemente como símbolos de fertilidad y muerte, mientras cada día revisa su ropa interior, siempre limpia, pero no por los motivos que se podrían pensar. Desconozco si la directora narra en primera persona, pero lo que parece un vistazo a la entrada a la edad adulta, en realidad esconde el infierno de los abusos, el posterior embarazo y el silenciado aborto, con la repugnante connivencia de toda la familia, más preocupada de mantener las apariencias. Es en la paciente reproducción de esa muerte en vida, que no logramos detectar, donde este pequeño film crece y supone otro impagable y valiente desmenuzamiento de una sociedad de la que sólo sabemos que no sabemos nada.
Saludos.

domingo, 27 de octubre de 2019

Rincón del freak #377: ¿A quién le importa lo que yo haga?



Películas de campamentos en los que van muriendo jóvenes de manera misteriosa y sangrienta hay muchas. Y en esta frase inicial está explicado todo lo que hace falta explicar acerca del slasher vertiente teen, de donde inmediatamente recordamos un ramillete de títulos. Los hay que son más o menos míticos, títulos de culto cuyo mayor mérito no está en lo cinamatográfico, sino en la explicitud de lo truculento. Pero hay uno que me resulta especialmente curioso, porque siendo como es terrible en lo cualitativo, tiene un par de cositas que hacen que sonrías y exhales mirando para otro lado. SLEEPAWAY CAMP (aquí se la cooció como CAMPAMENTO SANGRIENTO) está terriblemente dirigida, interpretada, fotografiada y cualquier cosa que les ocurra; es mala de solemnidad y nadie puede negarlo. Pero bueno, al menos tiene un muestrario de cómo no hay que vestirse nunca, con calzonas hueveras, camisetas cortadas por la mitad y peinados a mala leche. Y luego está la cosa de la que todo el mundo que la ha visto habla, el final. Y el final, amigos míos, es una puñetera mierda, tan obvio y cogido por los pelos, que hablar de shock inesperado parece una broma de mal gusto. No sé, me da igual lo que pasa en la película, porque simplemente no podía apartar la mirada de ese estilismo salido de las entrañas más hediondas del infierno...
Terrible.
Saludos.

sábado, 26 de octubre de 2019

Películas para desengancharse #70



Hay una película sobre la que recae casi todo el peso de este monográfico. CAST AWAY (aunque todos la conocemos mejor como NÁUFRAGO) es una de esas historias irreprochables, protagonizadas por un hombre de una sola pieza y que nos remiten incesantemente hacia una especie de back to the basics cuanto menos sospechoso, incluso rozando la autoayuda más chapucera. No es el caso. Robert Zemeckis despoja su relato de grandilocuencia y prefiere transitar una socarronería que siempre le ha sentado muy bien a su cine. Ahora bien, la película es Tom Hanks, no hay otra. Muy pocas veces se ha visto un papel que trascienda de esta manera el protagonismo, engulliendo la percepción misma del relato y transformándolo en un elemento puramente subjetivo. Y parece fácil, pero no lo es. NÁUFRAGO transita constantemente las procelosas aguas del blockbuster orgulloso, cuando realmente lo que hace es sentar unas bases para este tipo de cine, que luego la mayoría de directores han malinterpretado penosamente. Aunque quizá todo sea más fácil y todo se reduzca a una cuestiíon de talento, claro...
Nunca la he considerado una obra maestra, ni nada por el estilo, pero una película que enternece y emociona casi sin palabras merece más atención de lo que indican sus mareantes cifras.
Saludos.

viernes, 25 de octubre de 2019

Empecemos de cero



Intentémoslo. Aunque cueste, aunque haya opciones más fáciles. El contraste no puede ser más elocuente: en mi televisión LLUVIA DE ALBÓNDIGAS; en mi portátil LE GRAN MÉCHANT RENARD ET AUTRES CONTES, la última obra de uno de mis directores de animación favoritos desde que lo descubrí con aquella obra maestra que era ERNEST & CÉLESTINE. Inmediatamente, mi hija hace la elección. Se ve atraída precisamente por lo no usual, por un dibujo más cercano, más amable, más humano; pero también por una manera de contar las cosas que no te hace sentir imbécil, que confía plenamente en tu inteligencia, y por tanto te conforta en la medida de los buenos narradores. EL MALVADO ZORRO FEROZ es otra maravilla ideada por Benjamin Renner, una historia ambientada en una granja donde los animales toman el control de esta fábula en tres partes, que sin embargo nos mira directamente a nosotros y a nuestros actos. Pero lejos de ser una sesuda crítica, lo que Renner (esta vez junto al también animador Patrick Imbert) propone es una gozosa vuelta al cine de Tati, Chaplin o Keaton. Imposible no emocionarse ante el improbable trío formado por un pato, un conejo y un cerdo, que emprenden la descabellada misión de entregar el bebé que portaba una cigüeña que se ha roto un ala. Después, el zorro del título intenta demostrarle al lobo que puede ser tan feroz como él, aunque no sea capaz de asustar a una gallina, por lo que roba tres huevos, sin pensar que, al nacer, los polluelos lo toman por su madre. Por último, volvemos al trío (que perfectamente podrían ser los Marx), que se van a la ciudad a "salvar la Navidad", ya que el pato cree haber asesinado a Santa Claus...
Es una delicia de principio a fin, y un merecido descanso visual para esta generación, tan castigada con un incesante aluvión de imágenes agresivas. Pero además es una interesantísima lección moral, también para una generación en busca de referentes claros. Aquí todo es ambigüo, y por tanto desprejuiciado: un zorro que hace de mamá gallina y unos polluelos que se creen zorros, mientras las gallinas se organizan para defender ellas solas su granja; un pato que no sabe nadar, pero quiere conducir, y un conejo que pilota aviones, mientras un cerdito parece el único sensato... por lo que se lleva todos los golpes, por supuesto...
Véanla, maldita sea.
Saludos.

jueves, 24 de octubre de 2019

Películas para desengancharse #69





Evidentemente, GIANT tenía que aparecer por aquí. Para rematar el desenganche a la "trilogía Dean" y para dejar constancia de que es prácticamente imposible hacer algo similar hoy día. Desmesurada, machacona, ensimismada en la barbaridad de instantáneas de una América bicéfala, adoptada a golpe de sangres y escupitajos, podría ser el mejor piloto posible para una serie que nunca existió, o un encadenado agonista capaz de ejercer la desmitificación desde la grandilocuencia. Contradictoria postal del eje Norte/Sur, que aquí es una bestial Texas (595.000 acres en un desayuno), madre adoptiva de la damita de Maryland que acepta tragar polvo para torcerle ella sola el brazo a una sociedad tan racista, violenta y misógina, precisamente por no saber qué diablos significan esos términos, de tan aceptados. La película es una, sí, gigantesca danza sobre el volcán, donde unos caen, otros se queman, y algunos sobreviven para contarlo y hacerse millonarios. Y no es Dean el gran protagonista, porque ese honor queda para la pareja Hudson/Taylor, que puede que nunca llegasen a estar tan bien dirigidos; para Dean queda el trecho final, encarnando con sólo 24 años a un magnate casual con más de 50, acabado por la bebida y cegado por la envidia de haber accedido al lugar de los elegidos por un golpe de suerte. GIANT tiene esa extraña cualidad de las grandes películas, y que yo llamo "panorámica detallista". A mí me parece una película magistral, con una fotografía de William Mellor que sigue siendo objeto de estudio, una partitura antológica del maestro Tiomkin y, sobre todo, una dirección de actores sutilmente heterogénea.
Maravillosa, más que nada porque no puede volverse a hacer.
Saludos.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Por las últimas instancias



Es probable que LE TIGRE SE PARFUME À LA DYNAMITE sea una de las películas más flojas de Claude Chabrol, incluso no es descabellado apuntarla como la peor suya; no obstante, en una filmografía tan larga, y con picos tan altos de calidad, apenas es una anécdota. La película, continuación de las aventuras del agente Louis Rapière, parece hecha a toda prisa y aprovechando la posibilidad de rodar en España, concretamente en Barcelona y Marbella, donde lucen más los exteriores que unos actores que acentúan la sensación de que no hay que tomársela muy en serio. La trama es, no ya bizarra, sino directamente inentendible, con las mismas constantes pulp que su antecesora, pero con menos inventiva y un tufillo indefendible a charlotada. Me la ahorro, y prefiero quedarme con el cachondo de Roger Hanin y la explosiva Margaret Lee, que es lo más cercano que han tenido las islas británicas a Norma Jean...
Prescindible, sin más.
Saludos.

martes, 22 de octubre de 2019

La clase de Lubitsch #37




THAT UNCERTAIN FEELING, de 1941, fue casi como un divertimento para Lubitsch, que era el rey indiscutible de la comedia, pero al que siempre se le exigía aumentar las expectativas en un mercado cada vez más competitivo. El guion de Don Ogden se centraba en la lucha de sexos, pero desde la perspectiva de la mujer insatisfecha, que finalmente deviene en mujer confusa, o mujer que quiere abarcar todos los aspectos de la vida. Un inocente ataque de hipo lleva a Jill (Merle Oberon, dando el callo en un papel cómico) a la consulta del doctor, al que confiesa que su matrimonio es insulso y aburrido. Él (Melvyn Douglas) es un agente de seguros absorto en su trabajo, y cuya atención hacia su mujer apenas llega a unos golpecitos en el costado. De vuelta al médico, Jill conoce al opuesto total de su marido, un pianista excéntrico y malhumorado (Burguess Meredith) que se define a sí mismo como un individualista extremo. Sea por dar celos al marido o por experimentar nuevas sensaciones, Jill decide divorciarse, lo que enciende inmediatamente al marido, que asimismo descubre un placer inusitado en urdir un plan que no sólo le devuelva a su esposa, sino que tire por los suelos la reputación del pianista. Sin ser de lo mejor de un Lubitsch que saltaba de una obra maestra a otra, es, ya digo, una refrescante screwball comedy de las de toda la vida, y una nueva vuelta de tuerca a uno de los temas favoritos del director: las mentiras aceptadas dentro de la "institución" matrimonial.
Saludos.

lunes, 21 de octubre de 2019

Rebeldía y frustración



DA XIANG XI DI ER ZUO (UN ELEFANTE SENTADO INMÓVIL) es el testamento fílmico de Hu Bo, probablemente el más talentoso de los directores chinos de última hornada, y que se suicidó con sólo 29 años, prácticamente sin ver estrenarse su primera y última película. No es casual el dato, no por lo escabroso, sino por lo significativo. La película sigue, a lo largo de cuatro horas, el devenir de cuatro personajes que buscan una huida a su difícil existencia, pero la cámara, además de seguirles los escucha con atención, deja que se expresen, incluso cuando todo lo que Hu bo muestra es un dolor que se intuye muy dentro. Y si es complicado hablar de poesía fílmica, tanto más si existe una narración que para nada es críptica; no hay regodeo de autor, ni piruetas típicas del debutante que se cree mejor de lo que es. Es u  film ambicioso, sí, pero por el intento constante de atrapar ese instante de honestidad que se encuentra revoloteando por escenas de extrema complejidad compositiva. Hu Bo era también escritor, y se nota, sobre todo en la voluntar de no explicitar, sino en saber conectar las diferentes partes, hasta que se van tocando suavemente y desembocan en un final hermosísimo y triste, pero extrañamente esperanzador también. O como van descubriendo estos cuatro personajes: "El mundo es una agonía constante. No puedes cambiar de vida, no puedes huir, porque tu desgracia te acompañará a cualquier sitio que vayas. Adoptará formas diferentes, pero será la misma impotencia y la misma tristeza". Igual podríamos borrar el título, como si careciera de sentido, y sustituirlo por un escueto "China". El mensaje de este extraordinario film sería el mismo...
Y así acaba esta maravilla
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!