viernes, 6 de mayo de 2016

Cine de fan



Se han estrenado este año dos películas de Eli Roth, aunque sólo una es reciente; la otra, THE GREEN INFERNO, se presentó hace tres años en Sitges y luego no encontró distribuidor, aunque no estoy muy seguro de si debemos estar exactamente de enhorabuena... No, porque nunca he comulgado con las ideas cinéfilas de este señor, extrañamente apegado a Quentin Tarantino y demostrando con cada trabajo que ni tiene su talento ni tampoco su talante. Se trata de una copia descarada de HOLOCAUSTO CANÍBAL, otra película tremendamente sobrevalorada y que introdujo la desgracia de tener que sufrir una legión de exploitations con la "interesante" temática de la antropofagia por aquellos primeros años ochenta de videoclubes y pseudoproducciones que en su mayoría provenían de Italia. Si les gusta ver prótesis con kétchup, en tonces es su película; por el contrario, si buscan un mínimo de coherencia narrativa y algún intento de dirigir a unos actores que dejen bastante que desear, no la recomiendo. Roth es cualquier cosa menos sutil, y puede que no haya otra manera de acometer este tipo de película, pero me pregunto si era verdaderamente necesario desempolvar algo que ya tiene suficiente bombo por obra y arte de las redes; sin embargo, lo que más me molestó fue un torpe intento de "atrapar" cierta sustancia (que yo creo que ni existe) en esas sobreactuaciones histéricas, montaje deficiente (e intuyo que a posta) y un sospechoso tufillo reaccionario que necesitaría un guion más hábil y menos (conscientemente) garrulo.
Mañana les pongo la otra, que también es para chuparse los dedos...
Saludos.

jueves, 5 de mayo de 2016

El creíble hombre menguante



Las diferencias entre la obra maestra de Jack Arnold y el tímido homenaje de Peyton Reed a uno de los primeros y más interesantes personajes del universo Marvel son tantas y de tan diverso calado que parece una broma si quiera compararlas, aunque tanto Stan Lee como Jack Kirby, los padres de la criatura, nunca ocultaron de dónde les vino "la inspiración". Y de nuevo nos vemos forzados a diferenciar un producto de otro si no queremos acabar demasiado pronto con lo que no es más que un poco más de argamasa al edificio que la compañía lleva ya años construyendo. Aquel Hank Pym era fascinante desde cualquier punto de vista, un genio científico que había logrado controlar al átomo y modularlo a su antojo; el resultado fue un superhéroe que podía llegar a medir apenas un par de centímetros, o por el contrario aumentar varias veces su estatura.
Pero no hablaré más de comics, que para eso están los blogs especializados. ANT-MAN, la película, es un ejemplo de irregularidad en tanto que no se atreve a explorar en profundidad las posibilidades cinematográficas de un punto de vista subjetivo, excepto en contadas ocasiones, en las que el ya veterano Peyton Reed (al que se ve más cómodo en los lapsos cómicos, recordemos que no en vano es el director de, por ejemplo, DI QUE SÍ) acierta en el uso de los efectos digitales, que esta vez están más que justificados para recrear una inundación en una bañera o la caída del protagonista a través de ínfimas rendijas que le van llevando de un piso a otro. Este arranque es asombroso, pero la película cae pronto en una previsible monotonía y ya nos vamos conociendo cada paso dado por unos guionistas que parecen incapaces de saltarse la cuadrícula de la viñeta. Por no hablar de un casting poco acertado, con Paul Rudd desubicado y convertido en el reverso conservador de Reynolds... ¿? Y de la omnipresencia de Michael Douglas no digo nada.
Insisto. Momentos estupendos (pocos) alternados con bostezos (bastantes)... Pero habrá secuela, y no me pregunten por qué...
Saludos.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Apuntados al carro



En pocas palabras, DEADPOOL era un cómic que nadie leyó en su momento, un extraño híbrido entre el mainstream y el underground más roñoso. Con el riesgo de no dejar contento a nadie, lo cierto es que la serie de este improbable ninja deslenguado y viciosete fue abriéndose paso en la industria comiquera gracias a su violencia explícita y el ingenio que destilaban sus descacharrantes guiones, en los que valía cualquier cosa, desde una catarata de referencias a un insólito derribo de la cuarta pared. Seamos serios, DEADPOOL habría hecho las delicias de Wittgenstein... Y llega la película, con la dificultad añadida de intentar estar a la altura (o bajeza...) del original, y el resultado se queda claramente a medias. DEADPOOL tiene todo lo que tenía el cómic y seguro que sorprenderá, e incluso escandalizará, a los espectadores que ingenuamente vengan a ver "otra de Marvel" y se encuentren con chistes sexistas, decapitaciones, más chistes sexistas y más decapitaciones. Eso está bien, y si no pues vuelvan a su DVD de GREEN LANTERN y abracen a su gatito. Ahí no está el problema, sino en que los fans más geeks, los que verdaderamente eyacularon sobre aquellas impagables páginas que sólo dos artistas tan mediocres como Fabián Nicieza y Rob Liefeld se podrían haber atrevido a engendrar, puede que encuentren a este W.W.W. más comedido y encadenado a las (inevitables) imposiciones de la adaptación cinematográfica. Personalmente, me parece una película la mar de entretenida y curiosamente bastante inocua; es lo que ocurre cuando el ingenio cae presa de la provocación, y no al revés: que escuece menos y se digiere mejor. El gran acierto, ponerle una máscara a Ryan Reynolds, un actor que se expresa muchísimo mejor verbalmente que con sus gestos faciales. No te deja clavado al asiento como LOS VENGADORES o X-MEN, pero tiene su encanto, y puede que haya hasta una secuela.
Saludos.

martes, 3 de mayo de 2016

Chantal Akerman, enemiga íntima #17



En 2006, Chantal Akerman se encontraba en Tel Aviv para escribir una novela, suponemos que para encontrar cierta "inspiración" en el corazón del conflicto. Recluida en un exiguo piso de la capital israelí, la cineasta toma imágenes de los alrededores a través de las persianas echadas; los edificios y sus habitantes en sus quehaceres diarios, en un clima de normalidad casi insultante. Akerman diserta sobre su estancia y la sensación de estar en una prisión interior; mientras la vida transcurre sin sobresaltos, a pocos kilómetros se suceden violentos ataques que dejan incontables muertos. En esta paradoja se basa LÀ-BAS, toda una lección del fuera de campo y la economía de medios, con la que la directora belga transmite a la perfección la incomodidad del espectador consciente de que le es imposible acceder a la "información real", que es el precio del confort. Mientras nuestras insulsas vidas avanzan con el aburrimiento de los días, otras son arrancadas de cuajo a apenas un paseo en coche; la opción de un artista concienciado siempre oscilará entre contar "lo que ve" o contarlo todo, aunque no lo vea.
Saludos.

viernes, 29 de abril de 2016

Nadie responderá la pregunta



Lo primero que tengo que decir de TRUMAN es que, una vez vistas todas, pues sí, se lo tenían que dar. Ya no repito más lo de que se han rodado varias películas infinitamente mejores en este país, porque es para nada, pero sí que aliñaré un poco la sorna con una pregunta que tiene poca y que haré al final de la reseña.
TRUMAN habla de un tipo que se va a morir y de su gran amigo, que viene desde Canadá a estar unos días co él en tan duras circunstancias. El perro, me temo, aparte de aportar el título, tiene poca o nula importancia, y es lo más ñoño de un film que intenta saltarse todas las normas de la sensiblería gratuita y emocionar a partir de ese milagro tan complicado que a veces ocurre en el cine y que se llama naturalidad. Ricardo Darín hace de Ricardo Darín una vez más y Javier Cámara hace de ese tipo de amigo que nos hace dudar entre darle un abrazo o una hostia para que espabile. No van a ver nada que no hayan visto antes, están los cameos de postín, los interiores asépticos, los "triálogos" incómodamente desajustados y hasta la inevitable y ortopédica escena de sexo, que nunca debe faltar aunque hablemos del tupé de Anacleto. Así, la sospecha va tomando forma, poco a poco, y luego va retorciéndose el signo de interrogación para que la pregunta termine por estallar furiosa y llena de una obviedad casi fluorescente... Así que ahí va: ¿Por qué para que una historia nos emocione tiene que hablar de una circunstancia extraordinaria?...
Saludos.

jueves, 28 de abril de 2016

Modulación del fuera de campo



Veo, con pocas esperanzas, NADIE QUIERE LA NOCHE, último film de Isabel Coixet y que, aunque sólo fuese por su rutilante despliegue internacional, amén de sus nueve nominaciones, mantuvo cierto aura de posible ganadora del Goya. No fue así, pero pudo ser. Y es curioso, pero en la primera mitad de esta intensa, casi "herzogiana" película, logró (permítanme el chiste) un "Mi peli sin mí", ya que advertí un pulso y un brío inusuales en el ombliguista cine de la catalana. Es la historia de Josephine Peary, que organiza una imprudente expedición para encontrarse con su marido en un inhóspito punto del Polo Norte, puesto que está convencida de que éste al fin ha logrado llegar al centro del mismo y ser el primer hombre en conquistarlo. Robert Peary es omnipresente en la narración, como motor de arranque o impulso irracional para llevar a cabo lo que en vano los expertos intentan desaconsejar en vano a esta decidida mujer. Pero Peary no aparece, no es él el protagonista, sino su circunstancia, cómo interfiere su epopeya personal con un puñado de vidas al límite en condiciones más que extremas; he ahí el valor del guion de Miguel Barros, sostenido con acierto mientras los personajes se ven arrastrados a un destino fatídico, pero que pierde fuelle en el larguísimo, interminable desenlace, que parece una parodia involuntaria de LA QUIMERA DEL ORO (acepto las risas), pero sin ninguna gracia. Curioso, porque el drama épico le sienta bien a Coixet, y sin embargo el intimista se desgañita por parecer verosímil, y por supuesto que no lo consigue, por mucha grasa de ballena cruda que nos hagan tragar... Y luego está Juliette Binoche, una actriz tan grande que es capaz de echarse sobre los hombros este extrañísimo artefacto y hacer que nos lo traguemos de una sentada y no nos preguntemos cosas raras, que es lo que pasa casi siempre con las películas de Isabel Coixet. Porque le pudo salir mejor... pero también mucho peor.
Saludos.


miércoles, 27 de abril de 2016

Los peligros de la inconsecuencia



Hace ya algunas semanas que dejé incompleto el palmarés de los premios Goya; sea por desidia o distribución, el caso es que quedaron atrás las que a priori eran las tres favoritas. La primera, LA NOVIA, segundo largometraje de la directora Paula Ortiz, que parece un misil teledirigido hacia la conciencia y el espíritu de quienes, sea por el motivo que sea, se anuncian como "lorquianos". Esto es bueno y malo, porque aparta un poco a quienes pensábamos en una posible transgresión de "Bodas de sangre" y nos hemos encontrado en mitad de una película acomodada en milimétricos parámetros; lo que, por contra, ha dejado más que satisfechos a los incansables revisitadores de la obra del granadino, capaces (lo han hecho, si no) de crear un rumbo paralelo a la obra en sí. Y desconozco si acertado o no, porque nunca me han entusiasmado los montajes "afectivamente" teatrales, pensando quizá que la solemnidad de la puesta en escena blindaría los fallos de guion provenientes de la rigidez propia del artificio que es "pensado desde", en lugar de "pensado en"... O incluso "por". Aquí hay red, y de las gordas; hay actores reivindicando las compañías teatrales, ningún verso suelto; y miradas que parecen páginas de un poemario pasadas a toda velocidad; y hay textos visualmente descritos desde la religión del mantra antropomórfico. Y eso es lo bueno, lo malo es que no se intuye suciedad ni desgarro gitano, y los protagonistas (especialmente uno) parecen sacados de un episodio de Pasión de Gavilanes, cuando no de una impoluta teleserie patria. Y además ignoro la cansina manía de rellenar cada hueco argumental con una música indistinguible, aunque la haya hecho un japonés. Digamos que apenas lo que me entusiasma es el ídem de Inma Cuesta, que poco a poco va trabajándose su sitio en la industria, o la dedicatoria al desaparecido Carlos Álvarez-Novoa en los créditos; el resto es un cine que "parece ser", y se camaleoniza magníficamente, pero que en mi opinión no aporta nada a un texto que es lo que es. Ni mucho ni poco, un texto de Lorca.
Felicidades, lorquianos.
Saludos.

martes, 26 de abril de 2016

Chantal Akerman, enemiga íntima #16



En DEMAIN ON DÉMÉNAGE, de 2004, de nuevo encontramos la vertiente más cómica y desenfadada de Chantal Akerman, en una película que obtuvo una fría acogida general pero que merece la pena revisar para encontrar, otra vez, ese estilo ingenuo y alocado, deudor tanto de cualquier buena screwball comedy como del caos medidísimo de los hermanos Marx, a los que la directora casi parece dedicarles el film. Se trata de la historia de dos mujeres, madre e hija; la primera es una pianista que acaba de enviudar, así que decide irse a vivir con su solitaria hija, que intenta escribir un libro erótico por encargo de manera artificial, ya que su vida amorosa es sencillamente inexistente. Su caótico y despreocupado modo de vida confluye con la imposibilidad de la madre de habitar inmueble alguno, lo que provoca una doble mudanza, la de ambas y también la de la hija a un estudio para intentar encontrar paz e inspiración. Recién mudadas deciden poner el piso en venta, pero la falta de criterio y horarios convierte la estancia en una nueva versión del famoso "camarote", donde llegan a coincidir hasta cuatro parejas diferentes... Algunas se quedan a comer, otras le van escribiendo el libro a la hija, mientras la madre se encariña del inmobiliario que intenta venderle el estudio a la otra, porque descubre que también es judío y había sido amigo de su marido en Polonia... Añádanle un piano flotante, una embarazada que lo que menos desea en la vida es tener un hijo y hasta una disertación filosófica acerca de la conveniencia de la piel en el pollo asado y otras cuestiones esotérico-festivas...
Una rareza a descubrir, divertidísima para ser gabacha y, ya digo, uno espera ver asomar a Groucho de un momento a otro, así que no se la pierdan si pueden...
Saludos.

lunes, 25 de abril de 2016

Mierda y dinero



Hay una metáfora lo suficientemente potente en el motivo principal de THE COUNSELOR que puede incluso tapar sus muchas carencias y elevar esta exquisita rareza hasta el lugar de privilegio de los films malditos, aquellos que los "listos" sólo se atreven a descubrir y apreciar veinte años después. Sí, es un film de Ridley Scott, pero también es un guion de Cormac McCarthy, el primero firmado por el escritor de Providence, y nada menos que a los ochenta años, por lo que pensárselo se lo ha pensado. El dinero, gran y diría que único protagonista de esta oscura historia sin inocentes, es paseado en el interior de un viejo camión de desatascos, el mejor camuflaje es, cómo no, mierda. en este caso es droga, pero antes McCarthy emplea larguísimos diálogos para justificar y explicar qué máscaras utiliza el dinero para que nos traguemos lo otro. Son diamantes, sexo, poder, o cualquier otro tipo de extraño juguete; puede ser codicia, ignorancia, falta de empatía o superstición; los personajes de THE COUNSELOR parecen muy inteligentes, con el control de la situación, y el trabajo del guionista. en este caso, es deslizar el caos por debajo de las sábanas, trampear la realidad hasta que riqueza y miseria, amor y dolor, vida y muerte se parecen tanto, se acercan tanto, que son indistinguibles. Y sus dos horas y media no se hacen largas, sus brillantes parlamentos no se hacen largos, quizá haya demasiada payasada y fanfarronería suelta, pero volvemos al contraste, la modulación ¿Cómo, si no, veríamos la inmundicia si no es limpiando? E insisto: alguien vendrá dentro de veinte años a decirnos que si era una joya infravalorada y todo eso, pero ya será demasiado tarde como para que nos importe...
Saludos.

domingo, 24 de abril de 2016

Rincón del freak #233: Nimiedades y copias



He tenido que escribir esto hoy, aunque pertenezca al día de ayer... O debería decir que lo estoy escribiendo mañana... No sé, pero hemos ganado el derbi, tal y como debía ser, así que lo del Domingo fue una celebración que no pude compaginar con la película (o lo que sea) que iba a comentar. No pasa nada, porque se trata de una cosilla que tampoco da para tanto, una fallida miniserie británica que en DVD se ha presentado como un largometraje de más de dos horas y que viene a desmentir a los que piensan que en televisión no se hacen mediocridades. Y no porque la idea de RESIDUE no tenga su encanto, sino porque el resultado final es tan absurdo como pretencioso, y porque lo que debería haber sido un encadenamiento de homenajes acaba por sonrojar al más pintado. Se trata de la típica historia sobre epidemias causadas por gobiernos incompetentes, pero que luego se descubre que hay una conspiración, y además hay un policía que está de vuelta de todo y una periodista que mete las narices en todo... Todo muy visto, pero lo peor no es la mediocridad del montante, sino las "perlitas" que el director de origen argentino Álex García López "deja caer" en un momento dado, porque una cosa es que la peli sea mala y otra que literalmente metas un remedo, por ejemplo, de la escena del baile de máscaras de EYES WIDE SHUT, que si es una broma no le veo la gracia. Lo único que se salva es la exposición de fotografías de la protagonista, por ejemplo la que ilustra esto... Ustedes mismos...
Saludos.

sábado, 23 de abril de 2016

En la casa de los valientes



Denis Villeneuve se muestra en SICARIO más seductor, menos suicida; más seguro del producto que ofrece, por lo tanto menos interesante y sorpresivo. SICARIO es una película sólida, bien construida, pero que quizá hubiera agradecido más un formato de miniserie en la que poder desarrollar más la multitud de ramificaciones con las que el guionista Taylor Sheridan nos pone a prueba, como si nos interrogara acerca de cómo realmente creemos conocer los métodos del realizador canadiense. Así las cosas, son dos horas de tramas y subtramas bastante tramposillas, en las que vamos viendo el desarrollo, pero intuimos otra cosa. La historia habría quedado mejor como el oscuro viaje iniciático que es, pero el personaje de Emily Blunt es poco agraciado y apenas puede sostener una trama que obtiene oxígeno de un superlativo Benicio del Toro, que no necesitaba tantos acompañantes. los secundarios ya no son lo que eran en Hollywood, y a veces un extraordinario director de actores, como es el caso de Villeneuve, se ve desbordado por tener que repartir "minutos de calidad" entre un elenco de caras famosas; así, el personaje de Josh Brolin es un extraño McGuffin que aparece y desaparece sin aportar nada, excepto el carisma del actor; otro tanto ocurre con un inconsecuente Daniel Kaluuya, que rechina hasta lo patético. De irregulares resultados, se trata de un batiburrillo complicado de conciliar, una lucha más que sucia contra el imperio de la droga en la misma guarida del lobo y que, eso sí, tiene dos momentos en los que Villeneuve, del que no podía esperar menos, se luce de lo lindo. El arranque, extraño y terrorífico, y que sitúa con acierto en qué terrenos se va a mover después el film; pero sobre todo el desenlace, que no voy a desvelar por motivos obvios y que es un alarde de concisión en el diálogo y ese elemento sorpresa del que hablábamos antes.
No es su mejor película, pero sigue siendo una película estupenda para lo que se puede ver por ahí.
Saludos.

viernes, 22 de abril de 2016

Bella confusión



Crucifíquenme... o denme la razón, aunque sea irracionalmente. NIE YIN NIANG (THE ASSASSIN) no tiene ningún significado, no significa nada y no tiene ninguna utilidad semántica para los que, por mor de una pública disculpa representativa, desean flotar en la piscina y nunca emprender inmersión alguna. Lo que Hou Hsiao Hsien ha filmado es un poema que no infiere lazos con nuestro tiempo, por lo que es efectivamente confusa, tal y como lo es toda obra que nos traspasa de parte a parte, sin darnos la oportunidad de conferirle tal o cual coletilla barata de mal periodista y peor crítico. No hay peor analista que el funcional, miope y desgarbado, con la mirada lenta y perdida tras demasiados años atrofiando(se) su propia percepción de, por ejemplo, la poderosa sensación de no poder encasillar a un director en tal o cual categoría. Poco importa si HHH ha filmado un Wuxia, un tratado sobre el reparto de poder en la China feudal o simplemente una historia de amor en la que los besos son sustituidos por hojas afiladas, y los amantes desplazan el deseo hacia algo que equivocadamente identificamos como un desafío. Imposible filmar el alma, pero siempre nos queda el consuelo de las imágenes "físicas"...
Saludos.

jueves, 21 de abril de 2016

En un país de imbéciles...



Cada día que pasa estoy más convencido de que me ha tocado vivir en un país que morirá de satisfacción, rodeado de las sobras y mirando con orgullo el pan de oro sin brillo y las banderas raídas. Es ahora porque ahora es ahora, pero en España esto ocurre desde siempre, y no va a cambiar. Luis Miñarro se sirve del insólito y fugaz reinado de Amadeo de Saboya, que en 1870 intentó (muchas, muchas risas...) transformar España a eso que en Europa se llama un país ilustrado, para terminar dando un parte lúcido y consecuente de cómo estamos 146 años después, que es exactamente igual. Si uno se mete con la iglesia se va al carajo; si no lo haces y la favoreces tendrás inmunidad para lo que te plazca, por mezquino que sea. Si uno encuentra alegría en que los niños no se aborreguen y entiendan desde pequeños que hay vida más allá del iPhone te mirarán raro; si por el contrario fomentas la ignorancia para evitar que una generación se dé cuenta de que la están explotando, te harán estatuas montado a caballo. Y STELLA CADENTE es eso, una redacción en tono resignado de un país reducido a la mínima expresión de una corte de locos viciosos a los que les importa un carajo si la gente normal está viva o ha reventado en trabajos cada vez más esclavistas. Y todo para mantener su estatus, que más allá de económico lo es como posición de fortaleza e insignia de unos valores arcanos e indescifrables. Y lo más significativo de todo es que el 95% de españoles que ha visto esta película no entiende por qué el atrevido tratamiento de Miñarro, cómo no se le habrá ocurrido contribuir a la interminable lista de hagiográficas teleseries de bovino desarrollo y porcina resolución. Es decir: un imbécil siempre será esclavo de sus palabras por la falta de costumbre...
Véanla, a lo mejor se enteran de por qué llevamos cuatro meses sin gobierno.
Saludos.

miércoles, 20 de abril de 2016

Historia de un ascenso y un descenso



Nunca he entendido el alpinismo, pero supongo que con no practicarlo y vivir en un sitio sin montañas ya voy servido. EVEREST es una película sobre una tragedia ocurrida en una de esas estúpidas expediciones guiadas que tan de moda se pusieron en los años noventa y que han convertido el pico más alto del mundo en una especie de Disneylandia para ricachones aburridos. Algo de eso hay aquí, la primera parte del film incide bastante en el contraste entre el alpinista profesional, que ha escalado varias veces los "ochomiles", y los señores y señoras que sencillamente no tienen ni puta idea del asunto pero que repiten desafiantes las astronómicas cifras que han pagado para que les lleven y traigan sanos y salvos. Esto podría haber funcionado como crítica inteligente, pero no nos engañemos porque todos sabemos qué tipo de película es ésta: una película con una apabullante estructura visual y una historia de superación personal que se ve avalada por estar basada en hechos reales. Y todo con un reparto de los más estelares de los últimos tiempos y un director islandés (por cierto, de padre español) que ha venido conciliando comercialidad y compromiso con sus poco acomodaticias convicciones. El problema no es el ritmo, ni la inevitable sensiblería de su última hora, sino la sensación, llegado el momento, de que aunque lo que se va mostrando en pantalla es trascendente apenas logra un par de chispazos de emoción. Es cine de última hornada, espectacular, grandilocuente, pagado de sí mismo, pero con un mensaje no ya vacío de contenido sino preocupantemente conservador.
Habrá a quien le encante...
Saludos.

martes, 19 de abril de 2016

Chantal Akerman, enemiga íntima #15



No fue pequeño el reto que Chantal Akerman se propuso afrontar en el año 2000, nada menos que la adaptación de "La prisionera", quinto tomo de la obra magna de Marcel Proust. Cierto es que LA CAPTIVE logra atrapar la esencia de lo que Proust explicaba, aunque no intente (gesto que le honra y le agradecemos) "imitar", sino solamente poner en imágenes una historia que en su mayor parte transcurre en la cabeza del protagonista. Proust nos advertía de la imposibilidad de poseer la belleza si no es a la fuerza, lo que nos privaría de dicha posesión, convirtiendo el objeto amado en un ornamento que, esencialmente, no nos pertenece, y que además rebaja al captor a mero observador, impotente y frustrado, sin saber qué es exactamente lo que con tanto celo mantiene fuera de los ojos del mundo, como si sólo él tuviera derecho a mirarlo. Akerman no es Proust, ni el cine tiene la capacidad de condensar una prosa que fluye desparramada, pero LA CAPTIVE sirve, al menos, para obtener una valiosa lección sobre los peligros de confundir amor con posesión. El protagonista es un joven rico, aburrido, que se mueve por apolillados ambientes de decadencia y atemporales casonas que periódicamente ocultan su desvencijamiento con capas y capas de pintura. El tipo anda obsesionado con una joven, Ariane, a la que mantiene en un extraño cautiverio; ella parece conforme, y le dice que sí a todo, pero él anhela poseerla por completo, por lo que su actitud pasiva lo enfurece. Él no puede acceder a su cuerpo excepto cuando está dormida, lo que supone otra derrota más, y sospecha que jamás podrá enamorarse de él, porque su corazón pertenece a otra mujer. Es, por tanto, una historia en la que la masculinidad no sale muy bien parada, no al menos aquella que es incapaz de ver a la mujer como un todo, idealizando su forma y encasillando (erróneamente) su individualidad hasta replegarla a un estadio más básico y así poder afirmar (segundo error) que "ella" es más o menos suya... ¿Signo de nuestros tiempos? ¿Les suena de algo este argumento?...
Saludos.

lunes, 18 de abril de 2016

El acosador del más allá



Llevaba ya tiempo queriendo comentar una film que muchos de ustedes recordarán por el revuelo que formó allá por los primeros años ochenta. THE ENTITY no parece, a priori, nada que no hayamos visto antes, excepto una película de terror abordando el tema de los espíritus y fantasmas, que era lo que se llevaba por aquel entonces. Hablamos de 1982, el año en el que se estrenó POLTERGEIST, y aunque la película de Sidney J. Furie tenía pretensiones más modestas es de justicia señalar algunos de los muchos hallazgos de este violento y pesimista film que se centraba, sin andarse por las ramas, en el brutal acoso sufrido por una mujer por un "ente" invisible, una fuerza incorpórea que literalmente la agrede e incluso semeja una violación en toda regla. La película es larga, casi dos horas, y Furie se las tiene que arreglar para conjugar las espectaculares escenas de los ataques y la innecesaria parrafada psicologista para intentar entender si no se tratará de la somatización de la torturada psique de la pobre mujer. Al grano, Barbara Hershey está literalmente espectacular, porque siempre fue una gran actriz con un físico demasiado notable, y que aquí apareció en todo su esplendor, sembrando la polémica acerca de la conveniencia de esos rotundos desnudos frontales; yo creo que algo de exhibicionismo sí había, pero no es menos cierto que un tratamiento más recatado le hubiera restado empaque a un film eminentemente violento y explícito. De hecho, son varios los cineastas contemporáneos los que vienen reivindicando el valor de THE ENTITY como némesis de multitud de imbecilidades que cuentan mucho menos y cuyo "inteligente" guion reta al espectador a descubrir sus ingeniosos giros. Por todo ello, más que nunca sorprende este tratamiento a degüello y sin medias tintas; una película justificadamente "para mayores de 18 años".
Saludos.

domingo, 17 de abril de 2016

Rincón del freak #232: Yo fui una zombi adolescente (and i like it)



MAGGIE es una curiosa película que se coló por la puerta de atrás del último festival de Sitges y que dejó con un palmo de narices a más de uno. Es lo que tiene el hartazgo generalizado que ya provoca el tema de los zombis, al que ya no sé qué nueva y retorcida vuelta de tuerca le van a dar en Hollywood. La premisa argumental es delirante: Arnold Schwarzenegger es un tipo que vive en su casa con su segunda mujer y sus dos hijos, viste camisa de leñador y pasa el tiempo cortando leña y yendo a gasolineras vacías. Lo primero es porque la energía escasea, ya que entre medias ha habido un apocalipsis zombi; lo segundo es porque en los apocalipsis zombis las gasolineras se vacían misteriosamente... Ahora bien, todo es extrañamente calmo, armónico, civilizado; nadie diría que hay zombis campando por ahí, excepto si vas a una gasolinera, claro... A la chavala (Abigail Breslin intentando desprenderse de Miss Sunshine) la muerde un zombi y empieza a convertirse, y eso mosquea mucho a Schwarzenegger, que no se resigna a que su hija sea una no-muerta.
Con este material se podría haber hecho una película divertidísima o terroríficamente oscura, pero ustedes, que nunca tienen en cuenta mis predicciones, acabarán dándome la razón, porque la auténtica plaga que está asolando la industria norteamericana se llama Terrence Malick, género en sí mismo y que acepta inclusiones a modo de crossovers tales como "Malick's survival", "Malick's existential western" y ahora un "Malick's zombie apocalypse", en el que el crujir de las ramas y el silbar del viento es más importante que una muchacha preguntándose por qué ha empezado a pudrirse sin que la hayan llevado al baile de fin de curso... Y menos mal que no hay un partido de baseball con insertos a cámara lenta...
Demencial.
Saludos.

sábado, 16 de abril de 2016

Los papeles de Panamá



Me viene que ni al pelo. La moda de los sinvergüenzas (que lo son porque carecen de la misma) consiste en salir a la tribuna, muy dignos ellos, y poner cara de supositorio mientras repiten el mantra "yonosená", o el más convincente "nadená". Mientras sigo preguntándome cómo la población no ha iniciado ya un movimiento de desobediencia civil en lugar de poner morritos en Facebook, lo que se nos pide es que creamos en lo increíble y que aceptemos el clasismo como parte de una religión incuestionable. Porque como dijo Bukowski, ese "mal" escritor: "El esclavismo no ha desaparecido, sólo ha ido ampliandose para que quepamos todos"...
Particularmente, desde hace un tiempo mantengo que M. Night Shyamalan está acabado como gran mago del suspense y el terror inteligente; le han descubierto el truco, y detrás de las cortinas púrpura estaba todo vacío, un inmenso artificio que siempre ha funcionado por su inmanente e inalterable convicción y habilidad para el giro argumental. Shyamalan era como ese driblador demoníaco al que los defensas han terminado por adivinarle el gambeteo; y periódicamente subía al púlpito defendiendo sus razones para seguir haciendo el cine que hace, pero le descubrieron un par de sociedades secretas cuando el cine de horror se ha fragmentado para ofrecer nuevas sensaciones que el director de EL SEXTO SENTIDO ha olvidado, puede que por culpa de tenerse que ser fiel a sí mismo, sea eso lo que sea. Y, sí, ya sé que voy a hablar muy poquito de THE VISIT, que al fin y al cabo era la peli que venía aquí, pero créanme que es mejor no desvelar nada, excepto su premisa: dos hermanos adolescentes se van una temporada con sus abuelos, porque su madre se va de vacaciones en un crucero. Nunca les han visto antes (porque los americanos son así de descastados), pero su estancia va a ser cualquier cosa menos normal.
... ¿Les he pedido que me crean?...
Saludos.

viernes, 15 de abril de 2016

Liarse el edredón a la cabeza



Reconozco que la película de hoy me ha descolocado, lo que me ha provocado bastantes dudas a la hora de ubicarla e identificarla. Esto no tiene por qué ser necesariamente bueno ni malo, y de hecho resulta estimulante teniendo en cuenta que se trata de una película americana que empieza pareciendo otra cosa y acaba siendo otra cosa aún más distinta... Un lío ¿no? Pues ahí va la sinopsis, y conste que en esta ocasión sí que es absolutamente necesario para ponerse en situación.
Estamos en Japón, la protagonista es una japonesa llamada Kumiko, una muchacha que trabaja de secretaria y pasa por completo de las relaciones sociales, porque lo que más le gusta es encontrar tesoros. Kumiko tiene una obsesión: irse a Minnesota, a una remota localidad llamada Fargo... Efectivamente, lo que Kumiko anhela es encontrar el famoso maletín que Steve Buscemi enterró junto a una valla, en la nieve, y que señaló con un rascador rojo. El problema es que FARGO, como ustedes saben, es una película, es ficción, y aquí viene lo bueno. David Zellner, pionero del mumblecore menos acomodaticio junto a su hermano Nathan, estructura un juego metanarrativo partiendo de una reducción al absurdo, porque el guion identifica al film de los Coen como una ficción, pero ¿no es asimismo lo que vemos una ficción? Lo veamos como lo veamos, sea artificio borgiano o divertimento conscientemente geek, el desafío de KUMIKO, THE TREASURE HUNTER es conectar ambas vertientes y que el resultado no se descontrole hasta los límites del sinsentido. Sutilmente, Zellner provoca al espectador con momentos cada vez más descacharrantes, que culminan con la ínclita Rinko Kikuchi ataviada con un edredón y andando por una carretera helada para encontrar el dichoso maletín. De hecho, la película es tan rara que tiene un desenlace increíblemente emocionante, como si sus creadores desafiaran nuestras convicciones más íntimas, invitándonos a desprendernos de límites y limitaciones.
Yo es que una película que es capaz de bordear lo ridículo y lo sublime me la tomo muy en serio...
Saludos.

jueves, 14 de abril de 2016

Cárceles de papel



No sé si la gente lee muchos comics hoy en día. Desconozco si lee más que cuando yo los leía o no. Yo leía una barbaridad de comics, pero no era una pasión que pudiese acompañarme toda la vida, su caducidad quedaría condicionada por "los temas", o si aún mi capacidad de frivolización no empañaba el disfrute de unas viñetas que cada vez veía más reductoras, aprisionantes. El cómic, aparentemente, vive una época dorada como generador de historias para la gran pantalla, sin embargo cabría preguntarse cuál es el aporte extra en el paso de un medio a otro. Es curioso, porque en el caso de los comics de superhéroes no quiero que me cambien muchas comas, y agradezco cuando veo fidelidad reverenciada en una adaptación. No es el caso de KINGSMAN. THE SECRET SERVICE, a la que le habría venido de lujo una mano menos infantilizada que la de Matthew Vaughn, además de algún tipo de arrojo suicida y trápala, que la hubiese instalado en un ámbito mucho más inclasificable y nos hubiese ahorrado la pamema de decir que es poco más que una copia gamberra de 007, porque no lo es. KINGSMAN es una suerte de KICKASS corregido y aumentado, pero con graves problemas de guion, o al menos de ensamblaje de guion. El arranque, pese a los excesos digitales (y hay muchos en el film) es genial, pero desaprovechado... Nunca me hubiese imaginado un asalto militar con Dire Straits de fondo. El personaje de Samuel L. Jackson es ese megavillano con el que todos hemos soñado alguna vez, fuera de clichés, práctico, juguetón y mortífero a secas. Colin Firth está desaprovechadísimo, y podría haber construido un superespía de los que hacen época, pero las productoras mandan y en su lugar nos colocan a un Taron Egerton que parece estar a punto de mearse encima de la risa... No sé, es una película extraña, capaz de pasar del sopor al entusiasmo arrebatado; y a lo mejor es que Vaughn pensaba algo parecido a todos esos aficionados que orgasman cuando se enteran de que su cómic favorito va a tener adaptación, pero luego se acoquinan ante la perspectiva de que "la Industria" imponga más recortes que Montoro, y terminan sin saber muy bien cómo ubicar ese artefacto que dice haber salido de una cárcel de papel...
Saludos.

miércoles, 13 de abril de 2016

Andar por andar



... WILD, de Jean-Marc Vallée.
Anduvo la señora, y anduvo y anduvo. Recorrió misteriosas sendas sin haberlas degustado en compañía, ni antes ni después. Ella era antes gris, rota por dentro y fría por fuera. Así que anduvo. Plantó su tienda de campaña en el cero de la Tierra, comió sus cereales sin calor, durmió bajo las estrellas, escuchó a los grillos perderse barítonos en la noche. Pero sobre todo anduvo, arriba y abajo, y hacia delante también. Incluso no echó de menos a la gente, porque también andaba por la novedad de una solitaria estancia consigo misma. Y miró sus pies, que no le respondían; y se sintió como un pequeño zorro salvaje cuando por fin llegó a una ciudad y se vio en un escaparate. Olió las palabras y comprendió perfectamente lo estúpido de andar, y también de quedarse quieto. Las sábanas esperan a quienes marchan hacia el último segundo de su viaje. Lo supo entonces y sólo entonces...
Saludos.

martes, 12 de abril de 2016

Chantal Akerman, enemiga íntima #14



SUD, de 1999, es uno de los documentales más extraordinariamente inclasificables que nadie haya filmado jamás. Suena categórico, pero es cierto. Chantal Akerman planeaba filmar algo que le resultara relevante acerca del Sur de Estados Unidos, concretamente Texas, donde se alojó en un tranquilo pueblo, Jasper, y de donde extrajo algunos fotogramas que muchos se han apresurado en identificar con James Benning, opinión que personalmente, y aun amando profundamente el cine de Benning, bo comparto. Sin embargo, todo cambia de manera atrozmente imprevista. La cineasta belga se entera del brutal asesinato de un hombre negro (la descripción del crimen podría herir sensibilidades), así que decide cambiar radicalmente sus bucólicos encuadres fijos y centrarse en filmar el entorno del asesinado, su casa, su familia..., y encontrar algún significado oculto que le permita entender la barbarie y lo que es más esclarecedor, imbricar el suceso en un paisaje que de repente se torna amenazante y sombrío, y que década y media antes oficia de impensable umbral a "góticos americanos" ahora archifamosos, como TRUE DETECTIVE.
Si los cineastas verdaderamente grandes son los que alguna vez hallaron "la imagen no filmada", habría que otorgar un específico acceso a quienes encontraron imágenes presentes en un pretérito incógnito.
Saludos.

lunes, 11 de abril de 2016

De la amnesia, las explicaciones



Hay películas deliciosamente díscolas que lo son, precisamente, por no pretenderlo, pero aun así logran despertar ese "deseo de ser piel roja" en almas enfriadas por la fuerza de la costumbre. Y luego hay otras que son todo lo contrario; bombas estrictamente construidas para invocar cierta "conciencia" y que curiosamente apenas quedarán como curiosidades de su propio tiempo, nunca como documentos de sabiduría intemporal. SUFFRAGETTE es una película bien hecha, seria, e incluso añadiría que bastante necesaria para darle valor a lo que significa tener derecho a depositar una papeleta en una urna, y que los ineptos que aspiran a gobernarnos han convertido en un circo de pulgas bastante aburrido. Lógicamente, deberíamos estar hablando de una película "importantísima", con magníficas interpretaciones de Carey Mulligan, Helena Bonham Carter o Meryl Streep... Bueno, estas dos últimas algo testimoniales, como testimonial acaba por resultar un film más efectista que efectivo, bien construido pero con pocos sobresaltos, pero que yo insisto en recomendar para que la perspectiva de mediocridad no termine por hundir nuestro ánimo y sigamos confiando en que, como bien narra el film, finalmente nuestro destino no está en otras manos que no sean las nuestras.
Además, hoy alumbran la feria y hay que estar contento por decreto... aunque nos cueste un riñón.
Saludos.


Hay una mujer que ayer cumplió años y es luchadora nata, por los derechos y la justicia y la libertad y la identidad de su pueblo y todas esas cosas que nadie se llevará nunca a Panamá. Para ella es esta entrada y esta película de mujeres luchadoras. Un beso y felicidades, Rosa...

domingo, 10 de abril de 2016

Rincón del freak #231: Cómo cargarse la atmósfera por buscar el efectismo



Hay una como polémica por un programa de monjas, o yo qué sé. Eso es televisión, y esto, amigos, es el "cinéfilo independiente & Co.", azote de largos de pasillito y monigotes de la infecta lametez cariatódica. Porque no nos va, y porque lo nuestro es errar al dar la estocada y ensayar, al menos, el asesinato del intelecto imbécil ad hominem, que ya nos cuesta sin sonreír de tres cuartos de lado. Lamento informarles de que, efectivamente, no hay un milígramo de integridad en ese tipo de productos, pero no porque lo que cuente sea mentira, que lo es, pero incluso el Telediario miente, sino por su total, completa y absoluta falta de sensibilidad artística, o si lo prefieren, chonismo declarado, militante y orgulloso. Pero olvidemos las alcantarillas de la célula familiar más importante y vayamos  con lo mismo, pero en cine, aunque no estoy muy seguro de poder denominar como "cine" productos como el que hoy nos ocupa, porque LAST SHIFT viene a engrosar la inacabable lista de bazofias que podrían no haberlo sido de haber arriesgado una miaja su funcional naturaleza ¿O no daba para un thriller terrorífico-psicotrópico la noche de una policía novata en una comisaría desahuciada en un no-lugar inhabitado? Sí, pero sin sangre, caretas ni monstruitos que no se sabe a qué vienen. A mí, por ejemplo, me encantaría que Cuatro hubiese metido una cámara en los intestinos de un convento Ursulino, pero me da a mí que no hay cojones para eso...
Ya lo dice la frase: "Come, bebe, reza y..."
Saludos.

sábado, 9 de abril de 2016

El "toque"



Finalmente alguien saldrá con una sentencia parecida a la de Guardiola y el fútbol moderno, y dirá que Scorsese le hizo mucho daño al avance en la narrativa cinematográfica, porque la facilidad con la que ha dominado estructuras complejas venía a dar la bienvenida a una inacabable cohorte de imitadores que, con mayor o menos fortuna, apenas se han dado cuenta de que su personalidad ha quedado enterrada bajo ese "toque" insoslayable, sobre todo en películas como BLACK MASS, de las que se acaba antes enumerando qué no debía haber hecho su director, Scott Cooper, que desglosando sus aciertos, que básicamente es uno y tiene nombre y apellidos: Johnny Depp. Es curioso, Depp aparece aquí con más maquillaje que en toda su carrera y sin embargo su interpretación es contenida y repleta de matices, sin sus habituales tics; el problema es que el resto tiene un sabor muy conocido, cine de gangsters, de ritmo incansable, con diversos frentes abiertos, pléyade de personajes, momentos álgidos de extrema violencia... Y el cielo plomizo de Boston, las calles deprimidas, las casas depresivas, la impunidad de los criminales y la impotencia de los agentes de la ley, en este caso bien justificada por la resbaladiza colaboración entre un agente del FBI (Joel Edgerton, menos afortunado que de costumbre) y "Whitey" Bulger, un tipo complejo, esquivo, que pasó una década en Alcatraz y con habilidad consigue hacerse con el control de las calles a cambio de pasar información sobre la mafia italiana. Cooper intenta por todos los medios que no se le escape ningún cabo ni desbarrar por el proceloso camino de la truculencia gratuita, es ahí donde se le nota la inexperiencia, tiene demasiada información para procesar y ofrecer al espectador, que llegado el momento ya no se sorprende por este tipo de historias si no hay pulso e inventiva. Es un buen thriller, casi un homenaje involuntario a tantas otras películas similares sobre soplones, pero mucho me temo que no va a pasar a la historia mientras su director intenta atrapar la magia que destilaba su, hasta el momento, insuperable debut.
Saludos.

viernes, 8 de abril de 2016

El demiurgo compasivo



La película que debió ganar el oscar a mejor animación no era de Disney, ni de Pixar, ni tampoco otro ejercicio de estilo Ghibli. No, porque ANOMALISA, de no estar hecha en stop motion, sería uno de los títulos más importantes del año, una película tan simple como profunda, tan seria como hilarante, y tan clásica como novedosa. Una nueva vuelta de tuerca de Charlie Kaufman sobre la crisis de identidad del hombre moderno y las incertidumbres, en ocasiones insalvables, de la mediana edad. Hay un poco de SYNECDOCHE... como de CÓMO SER JOHN MALKOVICH, y aunque siete años han pasado del debut como realizador de Kaufman, ANOMALISA parece una especie de spin off de la misma, menos oscura quizás, pero igualmente atormentada y paranoica. Su protagonista es Michael Stone, un tipo que se gana la vida dando conferencias motivacionales en las que ni siquiera él mismo cree; cuando se encuentra en Cincinnati para dar una de estas conferencias todo cambia, o a lo mejor todo se vuelve extrañamente idéntico. Todo el mundo es igual, con la misma cara y la misma voz monótona y gris, repitiendo palabras sin significado real, aunque puede que sean las mismas palabras huecas que él escribe en cada libro. Así, Kaufman filma un homenaje a la diferencia, al horror de vernos a nosotros mismos mezclados, batidos en el mejunje llamado "gente", sin posibilidad de optar a ningún tipo de singularidad. Sería una temeridad por mi parte desvelar más de un guion brillantemente derrotista, apoyado en una animación sorprendentemente realista y un trabajo de voces espectacular a cargo de Jennifer Jason Leigh, Tom Noonan y David Thewlis. Una para él, otra para ella y otra... para el resto de la humanidad...
Brillante.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

7 al azar


¡Cuidao con mis primos!