jueves, 11 de febrero de 2016

Los poemitas 2



En 2009, un año antes de obtener la Palma de Oro, Weerasethakul presentaba en sociedad al Tío Boonmee en un extraordinario cortometraje de poco más de quince minutos. A LETTER TO UNCLE BOONMEE es un artefacto tan extraño que prácticamente roza la ciencia ficción, o más bien una ficción desligada de toda realidad para, mediante la simple lectura de una carta, nos veamos transportados a un mundo fantasioso donde los seres humanos son felices. Nabua, el Macondo particular del director tailandés, le sirve para desplegar su particular universo de seres sobrenaturales que se mezclan con "naturalidad" con los hombres, pero también para elevar una dolorosa denuncia, la que habla del final de una civilización, situada en un lugar concreto de Tailandia y respetuosa con la tradición oral y escrita, y que poco a poco ha sucumbido ante la llegada de la tecnología, que ha obligado a sus habitantes más jóvenes a irse a las capitales. La cámara de Sayombhu Mukdeeprom barre un lugar tan hermoso como desolado, confronta los reflejos de este momento perecedero y da cuenta de los hogares vacíos. Pero allí, a lo lejos, un poco escondido y apenas entre los vapores del pasado...




Volviendo a las instalaciones, una de las mejores y más imaginativas de Weerasethakul es PHANTOMS OF NABUA. Concebido en varias partes para el proyecto Animate, coproducido junto a Alemania y Reino Unido, es una especie de celebración de la luz, como si el movimiento humano siempre desafiara a la oscuridad imperante y nos sacara de las sombras de la ignorancia. Primero, un simple partido de fútbol entre unos muchachos, solo que el balón arde; después, los mismos protagonistas asisten sorprendidos a un extraño y exuberante baile de relámpagos. Es la oscuridad cercenada, partida por la luz. Los hombres siempre como invitados al espectáculo de la naturaleza...
Saludos.

miércoles, 10 de febrero de 2016

El síndrome de Diógenes



Hubo algunos, exégetas la mayoría, que pensaron en ABSOLUTE BEGINNERS como una nueva "CORAZONADA", un musical que funcionaba a latigazos, por acumulación, y que intentaba por todos los medios recrear un momento en el tiempo aludiendo al imaginario sentimental de los espectadores. Esto es complicado, porque exige preparación y experiencia, y no todo el mundo es un Stanley Donen, ni tenemos por qué saber cómo funcionaba un mundo si no hemos pertenecido al mismo. Pero Julien Temple siempre ha sido mejor documentalista, y se nota cuando se le va la mano en la ficción y cree que los milagros van a suceder solos; desgraciadamente, PRINCIPIANTES es poco más que un trepidante videoclip de dos horas, una bombástica representación del ayer con elementos presentes (de 1986) en la que Temple se ve desbordado, incapaz de dominar la multitud de lujos puestos a su alcance. Las intervenciones de diversas estrellas musicales, pese a su valor, quedan reducidas a eso mismo, clips insertos en mitad de la improbable historia de amor entre un fotógrafo que se resiste a los cantos de sirena de la industris y una modista (¡Dios mío... Patsy Kensit!) que sucumbe a los mismos por culpa de un James Fox que no sé qué pintaba ahí el pobre hombre. Mola, desde luego, ponerse otra vez el ataque de los Teddy Boys, con el punky Eddie Tudor-Pole al frente; la delicada intervención de Sade; la gozosa (y jocosa) aparición del genial Ray Davies haciendo de un ninguneado padre de familia; ni, por supuesto, a David Bowie, que pese a tener un papel no muy extenso es capaz de solventarlo con su elegancia innata. De hecho, la canción que compuso expresamente para la película es prácticamente lo único que ha sobrevivido hasta nuestros días, manteniendo la misma frescura de hace treinta años... Eso y el impresionante score de Gil Evans, otro lujo para un film que, aun fallido, al menos contribuye a desmontar la gilipollesca teoría de que Baz Luhrmann ha inventado algo en toda su vida...
Saludos.

martes, 9 de febrero de 2016

Chantal Akerman, enemiga íntima #5



Gran parte de la crítica considera JEANNE DIELMAN, 23 QUAI DU COMMERCE, 1080 BRUXELLES como la cima del cine de Chantal Akerman, o al menos la sublimación y consagración de un estilo propio, tan propio que no son pocos los jóvenes cineastas que intentan emular esta fría y cortante tajada de vida, la vida de una mujer que sin decirnos nada expone el lado más íntimo de su existencia. Lo que asusta es la identificación, el vernos a nosotros representados en esa hermética sucesión de cortes cotidianos: la preparación de la comida, la limpieza de la casa, el baño, la compra, dormir, recibir a los clientes, charlar con el hijo que está estudiando, acostarse con los clientes...
Asusta también la madurez de una directora de cine que contaba con apenas 26 años, cómo agazapa el motivo principal del film y lo esquina hacia una dirección donde nadie mira, y que queda inmortalizado en la impresionante interpretación de Delphine Seyrig, que consigue bordar lo más complicado para un actor, que es aparentar normalidad. La película, si no la han visto (algo que les recomiendo encarecidamente), es un pulso a la paciencia y a la agudeza, más de tres horas para contar tres días (siendo éstos invisibles capítulas); sin embargo, Akerman no rueda por acumulación, sino que nos implora atención, en este desolado viaje hay ínfimos detalles, gestos, incluso palabras que actúan como signos ocultos. Por eso el terrorífico y abrupto desenlace coge desprevenido incluso al más avisado de los espectadores, pero no carece de sentido; la última mirada de Jeanne Dielman contiene el porqué, y no hacen falta palabras para describirlo.
Obra maestra.
Saludos.

lunes, 8 de febrero de 2016

D. W.: El padre del cine #49



Aun siendo poco conocida, THE SORROWS OF SATAN es una película imprescindible de Griffith, y por diversos aspectos. Esta adaptación de la novela homónima de Marie Corelli es una nueva vuelta de tuerca al mito de Fausto (de hecho, la pospuse intencionadamente), de convicciones ideológicas aún más extremas y audaces, tanto que se topó con la censura americana, que la tuvo semiprohibida durante años... ¡Griffith censurado! Pero es Geoffrey Tempest, el personaje interpretado por Ricardo Cortez es un nauseabundo sátrapa, que vive por y para la acumulación de poder y dinero y que no duda en vender su propia alma, convencido de que ésta le sirve ya de poco. Satán, en este caso, es un diabólico ente, que se presenta ante Tempest como un enigmático aristócrata, el Príncipe Lucio de Rimanez, un carismático Adolphe Menjou, cuyo propósito único es solamente adueñarse de su alma inmortal. Se nota la influencia expresionista del camarógrafo Arthur de Titta, que dota a este film de un aire surreal y enfermizo; rodado casi enteramente en interiores, supuso asimismo la última colaboración entre Griffith y Carol Dempster, justo el año (1926) en el que el rumor de que pronto se harían películas sonoras, por lo que las viejas estrellas del cine mudo estaban, quizá sin saberlo, ante su declive definitivo.
Es una película difícil de encontrar, pero que ha resistido perfectamente el paso del tiempo y que tiene algunas curiosidades de las que les gustan a los aficionados de las anécdotas raras. Por ejemplo, el fotograma que ilustra esta entrada fue el que eligió Bauhaus para la portada de su primer y mítico single, "Bela Lugosi's dead"... Y es que Peter Murphy siempre fue un raro...
Saludos.

domingo, 7 de febrero de 2016

Rincón del freak #223: Sustos en la ciudad dormida



En un momento especialmente significativo de GOOSEBUMPS, el ¿merecido? homenaje a la famosa serie de cuentos de ¿horror? del mismo nombre, el protagonista intenta sacar de sus casillas al personaje interpretado por Jack Black, con el fin de obtener su verdadera identidad, que no es otra que R. L. Stine. Le compara nada menos que con Setephen King... Nada menos. Y es que, mientras el autor de joyas como "La zona muerta", "El resplandor" o "Carrie" ha tenido estupendas adaptaciones cinematográficas, Stine ha tenido que conformarse con discretas subseries juveniles para televisión... ¿Injusto? No lo creo. GOOSEBUMPS viene a confirmar lo que ya sabíamos, que Stine siempre ha sido un escritor para gente a la que no le gustaba complicarse demasiado la vida y que se embebía en absurdas páginas que contenían jocosos refritos de clásicos más que conocidos. Aun así, quien haya leído al autor de Ohio no habrá tenido dificultad en detectar un trasfondo de confortable camaradería en aquellas historias de terror y suspense de blancura indisimulada; algo que guionistas como Drew Goddard han usado en beneficio propio, pasando del simple homenaje al retorcimiento causal. pero que en, por ejemplo, la película que nos ocupa deviene una planicie inventiva preocupante. Y es que aparte de un Jack Black que parece estar pidiendo a gritos que le desaten la lengua, hay muy poco más verdaderamente reseñable en este espídico desfile de monstruillos de andar por casa comandados por un muñeco de ventrílocuo bastante detestable...
Puede que a algún jovencito le haga gracia, poco más.
Saludos.

sábado, 6 de febrero de 2016

Extasiandos



HADEWIJCH es el último largo de Bruno Dumont que comentaremos aquí, mientras esperamos sus nuevos trabajos, aunque aún nos quedará algo para el sábado que viene. Me gustaría separar esta película en dos mitades, no necesariamente morfológicas pero sí diseminadas a lo largo de su metraje, ya que no logro encontrarle un sentrido intrínseco si no es mediante la identificación de dos aspectos contrapuestos en el cine comercial, lo que condiciona con demasiada frecuencia la predisposición a la hora de enfrentar un ejercicio tan radical como éste. Por un lado, Dumont se recrea en la mirada abandonada de Céline, que estudia teología en un convento, donde adopta la personalidad de la religiosa belga Hadewijch de Amberes, que apenas es un trazo involuto, pero que se percibe crucial para comprender la increíble deriva de la joven una vez es expulsada del convento, por la sospecha de la madre superiora de que lo expresado por Céline no es devoción, sino una propensión al martirio rayano en la enfermedad mental. Fuera, Céline es la hija de un rico diplomático, vive en un lujoso palacete del centro de París y pasa los días rezando. Tras conocer a un joven árabe, se ve cada vez más arrastrada hacia lo que termina siendo una célula terrorista y participando incluso en un atentado. Así, sin dar explicaciones innecesarias, Dumont equipara el éxtasis místico al deseo inhumano de inmolación; no excusa nada, ni juzga nada, sino que prepara su embrión dualizándolo; HADEWIJCH es una historia antirreligiosa desde un punto de vista profundamente religioso, solo que la religión, cualquier religión, no está preparada para existir heterodoxamente. Ese es el problema.
Saludos.

viernes, 5 de febrero de 2016

German. Rodar pese a todo #4



Usted sabe que está ante la obra de un genio por dos razones. La primera es la más frecuente, y viene a constituir una sensación de plenitud difícilmente explicable, por lo que la "genialidad" es el género que alimenta el siguiente estrato, que es, no obstante, el definitivo y el definitorio. Treinta años después de su realización, MOY DRUG, IVAN LAPSHIN (MI AMIGO...) es una película que contiene gran parte, no ya del tipo de cine que German luchó por hacer en condiciones adversas, y que sólo logró, quizá, en su obra póstuma, sino de gran parte del cine que, huyendo de contemplaciones anémicas, es el más vigoroso y estimulante de lo que llevamos de siglo. La adptación de la novela. escrita por su padre, Yuri, en 1937, corrige y aumenta el valor de la misma, añadiéndole una complejidad formal que en su momento descolocó a la censura soviética, ya que no tenían muy claro de qué iba esa enrevesada epopeya familiar en la que, aparte de hablar mucho sobre banalidades, a los personajes tampoco les pasaban demasiadas cosas. He ahí el incalculable valor de MI AMIGO, IVAN LAPSHIN, que parece que habla de los recuerdos de un señor mayor, invocando a los fantasmas de juventud, encabezados por su gran amigo, para acabar conformando una terrorífica crítica al ascenso al poder de Stalin, y de cómo percibió la sociedad soviética el paso de un comunismo bolchevique a una dictadura totalitaria y salvaje. En largos planos-secuencia, German realiza un trabajo de precisión milimétrica, apoyado en la hiperrealista fotografía de Valery Fedosov y la maravillosa música del georgiano Arkadi Gagulachvili. Una película incómoda, extrañamente coral, que a ratos recuerda a Fellini o a Altman, que deconstruye para reconstruir y que, en realidad, nos ponía sobre aviso: German era un genio, pero nadie lo sabía...
Saludos.

jueves, 4 de febrero de 2016

Los poemitas 1



Hablaba aquí hace una semana de un corto de Chantal Akerman en el que la cineasta belga confiaba todo el valor de una minúscula pieza de cámara al movimiento rotacional de la ídem. Hoy traigo un par de cortos (muy cortos) del amigo Weerasethakul, dos trabajos que, como el antes mencionado, parecen más borradores de ensayo técnico que trabajos completos.
En THE ANTHEM, el director tailandés traza una elipsis formal de 360º alrededor de una cancha de badminton, donde además de ver a jugadores entrenando, hay un curioso grupo de baile tradicional, además de todo el equipo de rodaje, que en nigún momento queda fuera de campo. Desconozco si la idea era aglomerar aspectos irreconciliables, pero el mínimo prólogo presentaba una amena charla entre señoras de avanzada edad mientras toman el té... o el café...





Aún más inabordable es la propuesta contenida en HAIKU, de 2009. una especie de sueño filmado con lentes de alta intensidad, en la que varias personas duermen dentro de un habitáculo mientras son observadas po alguien que acaba de entrar. En una videoinstalación puede tener su gracia, pero son dos minutos de luz roja y ronquidos, así que...
Saludos.





miércoles, 3 de febrero de 2016

Meterse en un jardín



La segunda película dirigida por Alan Rickman se estrenó hace poco más de un año, y pese a que era un proyecto largamente acariciado por él, y que se nota que puso el máximo entusiasmo en el mismo, A LITTLE CHAOS apenas logra sacar la cabecita de entre la superpoblación de productos similares. Y defino: la productora es seria, funcional y poco imaginativa (Artemis), tiene a su flanco un potente inversor (BBC) y un prestigioso estudio de grandes actores (Potboiler). El resultado es inevitablemente seco, correcto y bostezante; un drama de época (el XVIII), con impresionantes vestidos, actores y actrices que no se salen ni un milímetro de la orden dada y un diseño de producción que le debe su luz a una magnífica directora de fotografía (Ellen Kuras).
¿Que por qué deberíamos ver A LITTLE CHAOS?... Sinceramente no lo sé. A mí me pasó completamente desapercibida en su momento y la he rescatado solamente por la desaparición de Rickman, al que adoro como actor, pero que aquí perdió por completo la frescura de su lejano debut. Matthias Schoenaerts y Kate Winslet transpiran poca emoción, y su historia romántica interesa bastante menos que, como decía, el extraordinario trabajo de fotografía. Tampoco está muy lucido el propio Rickman haciendo de un Luis XIV excesivamente "british" (que es el problema de recrear Francia en la BBC...), o un perdido y forzadamente camp Stanley Tucci, que parece que pasaba por allí. El descubrimiento, a mi entender, es el de la fantástica Helen McCrory, actriz de larga carrera televisiva, a la que yo no me perdería en "Penny Dreadful" ni en "Peaky Blinders". Por lo demás, el jardín, efectivamente, es bonito...
Saludos.


martes, 2 de febrero de 2016

Chantal Akerman, enemiga íntima #4



En 1974, Chantal Akerman rodó, de vuelta a Francia, JE, TU, IL, ELLE, posiblemente el primer anticipo de la desnudez que su cine iba a adoptar de ahí en adelante, y no es retórica. Es facilísimo caer en la tentación de los adjetivos, calificar este documento hecho con las vísceras al aire de esnobista o pretencioso, lo que, más bien, descalifica a quien es incapaz de elaborar un análisis con un poco de calado. Porque este es un riguroso estudio de humanidad, de debilidad, o de inseguridad; no se dan las razones por las que la protagonista pasa los días confinada en un pequeño apartamento, escribiendo (y ni siquiera importa lo que escribe), moviendo incesantemente los muebles de sitio y alimentándose únicamente de un paquete de azúcar, que toma a cucharadas. Sólo sabemos que un día decide abrir la puerta y salir. No se nos explica si va a alguna parte en concreto, y de hecho parece vagabundear a la deriva, haciendo autostop. Pasa unos días junto al camionero que la recoge, en silencio, escuchando la rutina del hombre, como si fuese su pareja ficticia, o una presencia fantasmal. Él la deja en algún sitio, pero no es casual, nada es casual en esta película, cuyo pírrico guion nos inquiere acerca de la inacción, sus consecuencias, de la putrefacción del amor cuando se lo desnuda de artificios, y de cómo éste sólo logra sobrevivir adornado como una baratija.
Todo cobra sentido en el último y polémico segmento. La chica ha cruzado un país para llamar a la puerta de su amor, otra chica, que la recibe fríamente; hace el amago de marcharse, pero aún la dejará quedarse, al menos un día... Y cruzas un país para esto. Y abandonas tus propios pensamientos, tu libertad, para esto... Creo que pocos cineastas han descrito con mayor exactitud qué coño es el amor. Otra cosa es que hayamos sentido eso alguna vez nosotros mismos...
Saludos.

lunes, 1 de febrero de 2016

D. W.: El padre del cine #48



SALLY OF THE SAWDUST fue otra de las "perdidas" de Griffith, hasta que hace unos años se encontró una copia en un sorprendente buen estado y se realizó una restauración ampliamente celebrada por cinéfilos de todo el mundo. Se trata de una adaptación de la obra teatral "Poppy", de Dorothy Donnelly, con aquella efímera gran pareja que formaron el incontenible W. C. Fields y una ya consagrada Carol Dempster. La trama se inicia con el largo viaje emprendido por ambos, padre e hija, tras perder el circo que tenían en propiedad por culpa de las deudas contraídas por el padre; "aparentemente" sin rumbo, llegan a una ciudad, donde intentarán establecer y consolidar un nuevo espectáculo en la feria de variedades. Sin embargo, no todo parece casual, ya que el padre busca el patrocinio en particular de un potentado, aunque es repetidamente advertido de que no le hace mucha gracia el mundo del espectáculo. Casi como en una jugarreta del destino, la joven cae rendida ante el hijo del deseado mecenas, ante la desaprobación lógica de los dos progenitores... aunque por dos razones muy distintas.
Pese a un metraje excesivo para la chicha de la historia que se cuenta, SALLY, LA HIJA DEL CIRCO es una película francamente entretenida, capaz de combinar las payasadas de Fields con el talento de Dempster para el drama romántico. Y todo ambientado en el mundo del circo, donde precisamente Griffith explosiona con algunos montajes elegantemente fascinantes. Una de sus imprescindibles, sin lugar a dudas.
Saludos.

domingo, 31 de enero de 2016

Rincón del freak #222: Gamberrismo de autor



A menudo cometemos el grave error de identificar rápidamente a un señor con Palma de Oro en Cannes y domicilio fiscal en país exótico con un sesudísimo autor de triste figura y discurso inaccesible. Esto es así, supongo, en algunos casos, pero no en el del tailandés Apichatpong Weerasethakul, un tipo que intuyo con una democracia interna (sea esto lo que sea) que no le permite un gramo de divismo, que es lo que en realidad esconde la pose de dichos autores; autores de hecho y cohecho, que con su presencia adornan estos festivales, a la vez que esculpen su nicho eterno, que es lo mismo que una estrella un poco más lejos. Weerasethakul se vistió de Tarantino hace ya 13 años y filmó una chuchería visual tan divertida como intrascendente. Como lo oyen, THE ADVENTURE OF IRON PUSSY (traduzcan, please) narraba las alocadas aventuras de un agente secreto transexual (Shaowanasai, que también es co-director), que por el día trabaja en un "Todo a 100" y por las noches se dedica a patearle el culo a los malvados. Siempre viaja "a la amazona" en una Vespa que conduce su compinche, al que salvó de la drogadicción, y jamás se separa de su barra de labios, que le ha salvado la vida en más de una ocasión.
La película (por llamarla de alguna forma) tiene buenísimas intenciones, pero rápidamente muestra sus carencias, que son muchas, y Weerasethakul confunde el impulso de la serie B con dejar la función en una sucesión de sketches filmados como una telenovela barata, lo que dejó este curioso artefacto justamente en un olvido al que el gran director tailandés no ha sucumbido por resucitar. Ese es, en último término. el gran triunfo de Tarantino desde hace más de dos décadas: haber creado escuela y dificultar la copia barata.
Saludos.

sábado, 30 de enero de 2016

La gusanera



Se nos van dos maestros más del séptimo arte. Scola y Rivette, dos concepciones absolutamente diferentes de afrontar el cine como materia. Dos cineastas fundamentales. Me da que pensar, que el cine de Bruno Dumont, aun en su cerrazón estilística, tanto le debe a ambos; al primero por su negativa al "embellecimiento" inane de las imágenes, y al segundo por la búsqueda incesante de la imagen "virgen", no filmada. Iremos con ellos, pero ahora toca Dumont, toca FLANDRES, que obtuvo el Gran Premio del Jurado en Cannes'06 y que causó un gran revuelo por el escabroso punto de vista del cineasta francés sobre el intervencionismo bélico. Ya es un acontecimiento que Dumont rodara en Túnez, puede que recreando otro país, Afganistán quizá; hecho que escinde el film en dos y le resta, a mi modo de ver, gran parte de la tensión creativa que componen sus grises parajes del Norte de Francia. Aunque todo parte de la región que da título a la película, un aburrido no-lugar rural en el que los jóvenes apenas dejan pasar el tiempo entre la banalidad y la inacción. Dos de ellos, hastiados, deciden alistarse en el ejército; atrás queda una chica (bastante ligerita de cascos, todo hay que decirlo) que solía intimar con ambos... indistintamente.
Encuentro un problema insalvable en FLANDRES que me impide juzgarla benévolamente. Hay dos películas, el magistral retrato de una juventud abocada al vacío, y que el autor profundizó mucho más en su debut, LA VIDA DE JESÚS. Y por otra parte, el drama bélico, muy crudo, muy bestia y muy seco, pero que es otra película distinta a la que se pretende sumar como un todo que desgraciadamente no termina de funcionar. Así, FLANDRES es un compendio de fogonazos, más o menos inspirados, que igual toma de los dos directores arriba mencionados como de contemporáneos, y se me ocurre Villeneuve, por ejemplo, y su magnífica aunque también irreconciliable INCENDIES.
Una película eminentemente desagradable, con unos personajes inabordables y un par de secuencias de las que te quitan las ganas de cenar. Puro Dumont, vamos...
Saludos

viernes, 29 de enero de 2016

German. Rodar pese a todo #3



En 1977, Aleksey German rueda su tercer largometraje, donde queda de manifiesto la dificultad que ya empezaba a tener para emprender cualquier proyecto. La desclasificación de su cine, en absoluto alineado con el régimen comunista, le dejaba en un limbo mediático que pesaba demasiado en un país al que no le gustaban las críticas soterradas, por lo que German prácticamente no tuvo la oportunidad de distribuir el film, hoy día el menos conocido de su por otra parte poco conocida filmografía. Y es que DVADTSAT DNEY BEZ VOYNY (VEINTE DÍAS SIN GUERRA) pulsa el desencanto de gran parte de la población soviética con un régimen totalitarista que ya duraba seis décadas, pero lo hacía con una tremenda inteligencia, narrando el desplazamiento de un oficial tras el infernal asedio de Stalingrado hasta una pequeña ciudad, donde llega buscando a una mujer por petición expresa de un soldado caído en combate. German escoge el camino más retorcido para internarse en la mente de un disidente que no puede mostrarse como tal, pero cuyos actos y palabras muestran el hartazgo existencial de un hombre que no se reconoce en un país sin aliados, que sólo puede resistir desde la obstinación y el orgullo. El encuentro con la mujer es significativo; ambos son personas cultas, reflexivas; seres atrapados en una rutina que apenas les podría otorgar unas horas de felicidad, y es sólo en el último día del permiso de veinte que se deciden a ser francos y mostrar sus sentimientos sin reservas. Todo el trayecto anterior, de haber servido para algo, ha sido para el oficial Lopatin un viaje sin ningún sentido, forzado a volver al Frente cuando al fin cree haber encontrado una razón para quedarse.
Saludos.

jueves, 28 de enero de 2016

En el goce



Me parece necesario hacer un punto y aparte en la filmografía de Apichatpong Weerasethakul llegados a su segundo largometraje, porque BLISSFULLY YOURS se revela como su trabajo más audaz y a la vez más convencional. A los ojos occidentales, un descarado tratado de inocencia en estado salvaje, al tiempo que da la primera medida sobre un creador de imágenes que por libre no es menos riguroso y observador. Lo que más llama la atención es su estructura; con los títulos de crédito prácticamente a la mitad, realmente la película, la narración, se "desdobla" conscientemente, sin atisbo de diletantismo o pedantería gordal, sino más bien dejando claro que para los personajes principales hay un antes y un después muy acusado toda vez logran conquistar sus minutos de plenitud y felicidad, que Weerasethakul identifica con dos espacios alegóricos: la frontera birmano-tailandesa y un bucólico y apartado lugar en el bosque, junto a un pequeño lago. Un joven es examinado por un médico por una dolencia tópica, le acompañan una joven y una mujer de mediana edad; el joven no habla, y las mujeres lo achacan a que la infección que sufre le ha afectado la garganta. Después los tres se encaminan hacia Birmania. Con apenas un par de trazos, el director tailandés nos ha descrito la situación en un país y en otro, y tras los "intertítulos" de crédito, empieza "la otra película", casi un ejercicio renoiriano en el que los diálogos quedan compuestos por banalidades e importa la sensualidad de los cuerpos, disfrutando de unos momentos de goce, y universalizando la humanidad como unidad de medida de nuestros anhelos, pero también de la incapacidad que sufrimos actualmente para amar sin reservas. Porque lo que BLISSFULLY YOURS propone, sobre todo, es una emocionante vuelta a la infancia, si fuese posible, siendo adultos.
Maravillosa.
Saludos.

miércoles, 27 de enero de 2016

Culpables por placer



A treinta años de su realización, LABYRINTH puede ser perfectamente identificada como una preciosista miniatura pop. Con todos sus condicionantes, sí; con sus licencias, y cardados, y muñequitos no del todo simpáticos. Con un uso, digamos, discutible de las canciones, y con una trama y desarrollo que hemos visto cientos de veces, tanto en cine como en literatura... ¡Pero pop! ¿Y por qué sigo insistiendo en esto? Pues porque lo que ha hecho que este film, éste y no otro, haya perdurado en nuestro inconsciente como una joyita de culto, en lugar de irse a las bajas estanterías del antaño uvehachesero, es la maravillosa desfachatez con la que George Lucas amparó una multitud de elementos aparentemente irreconciliables. Por un lado, al dirigirla Jim Henson estaba claro que los muppets harían acto de presencia, dando el toque onírico a este extraño y por momentos oscuro cuento de hadas, donde las hadas, por cierto, son seres despreciables... Luego, tengamos en cuenta que el guionista fue el genial Terry Jones, integrante de Monty Python, que no dejó pasar una para gamberrear a su gusto, sobre todo en la construcción de personajes, a cual más estrambótico (la escena del pantano de la peste eterna es puro MP's). Además, Frank Oz hizo un memorable trabajo de animación con estos entrañables muñecos, y la banda sonora es ya un clásico, obra del naturalizado compositor sudafricano Trevor Jones. Mención aparte merecen los dos protagonistas, una incipiente Jennifer Connelly, que ya apenas lograba infantilizar sus rasgos de quinceañera, y el "elemento desestabilizador", a mi entender, un imponente David Bowie. Su caracterización del Rey Goblin Jareth se hace imposible de pensar para ningún otro actor sin que pensemos en lo ridículo que se vería haciendo de este siniestro monarca de peinado imposible y canciones no muy juveniles, la verdad. De hecho, me resulta más que sugerente recordar la escena en la que Bowie intentó trajinarse a la "cándida" Jennifer... No sabemos si consiguiéndolo, claro... Pero qué recuerdos...
Saludos.











martes, 26 de enero de 2016

Chantal Akerman, enemiga íntima #3



Cuando nos referimos a Chantal Akerman como "cineasta experimental", apenas rozamos su verdadera dimensión como artista "natural", alguien a quien poco le importan las convenciones de la empresa a ensayar, y sí que el resultado, además de satisfactorio, sea capaz de abrir puertas a las generaciones futuras, creando lazos invisibles y de hecho borrando los absurdos límites transgeneracionales. LA CHAMBRE, por ejemplo, un corto de apenas diez minutos, es un mortífero, aburridísimo plano secuencia en el que Akerman mueve la cámara 360º sobre su eje horizontal, filmando su habitación, mostrándonos la decoración (por cierto, de muy buen gusto) y apareciendo ella misma mientras se come una manzana con lasciva fruición. Ahora bien, hay que hacerlo; un aspirante a cineasta ha de crear al mismo tiempo que impone e indaga en las posibilidades estéticas y filosóficas que el medio filmado le ofrece. LA CHAMBRE es una joya de concisión e intención, casi un borrador a partir del cual se abren multitud de opciones con las que desestabilizar el cine inmovilista y conservador. Cine que nos llega del pasado para advertirnos sobre nuestro futuro inmediato.
Saludos.

lunes, 25 de enero de 2016

D. W.: El padre del cine #47



Hoy voy a hacer una cosa que no debería hacer jamás y que de hecho creo que nunca he hecho, que es escribir sobre una película que no he visto. La razón es simple: la película ya no existe. Y a menos que algún coleccionista loco la haya conseguido salvaguardar durante los ochenta años que han pasado desde su última exhibición, no parece probable que podamos disfrutar de THAT ROYLE GIRL, primera colaboración de Griffith con el superpopular cómico W.C. Fields, y que transfiguró su cine hasta moldearlo en los parámetros del slapstick. Aunque la novela de Edwin Balmer contenía un trasfondo trágico sospechosamente cercano a Dostoievski, ya que gira en torno al director de una orquesta de jazz que se enamora de una joven (cómo no, Carol Dempster) y cuya vida se derrumba tras el extraño asesinato de su ex-esposa, lo que hará recaer todas las sospechas en su figura. Sin embargo, la joven inicia una serie de indagaciones hasta que descubre que un antiguo amante suyo, un gangster llamado Baretta, podría haber sido el verdadero asesino.
Una lástima no poder disfrutar de esta película, primero porque supuso el retorno de Griffith a uno de los grandes estudios (la Paramount), pero también porque intuimos una gozosa mixtura de géneros, que va desde la comedia alocada hasta el cine negro. Uno de los films perdidos más buscados por coleccionistas y cinéfilos de todo el mundo, y del que apenas existen varios fotogramas aislados y, eso sí, numerosa bibliografía de la época, ya que el film obtuvo varios premios, y todo pese a que la crítica de la época no terminó de ver con buenos ojos la "extraña pareja" que formaron Fields y Griffith...
Saludos.

domingo, 24 de enero de 2016

Rincón del freak #221: La invasión de las strippers alienígenas del futuro pasado



A finales de los años sesenta, en aquel swinging London que vio nacer, entre otros muchos, por ejemplo a David Bowie, no eran infrecuentes las publicaciones, formato fotonovela, en la que se "intentaba" contar una historia más o menos coherente con la excusa de mostrar señoras longilíneas y de eficacia lactante aprobada. Una de las más celebradas fue "Zeta", que combinaba impúdicamente la ciencia ficción en tanto que lánguidas jovencitas en cuerolátex amarillo miraban bovinamente a la cámara desde una silla-huevo que simulaba girar sobre una alfombra de naranja acrílico. No se hizo esperar la película, claro. Lo malo es que ZETA ONE es horripilantemente infecta, y no precisamente por dejar de celebrar el universo "Barbarella" con su poquito de picante añadido, sino porque se ve a leguas que todo es una superchería barata para el masturbatorio del inglés de bombín y gabardina, que aún no se daba por enterado de que las mujeres podían exceder el mero florero. Así, la cosa comienza curiosa, como una mezcla insana de 007 y Alphaville, pero pronto se disipan las dudas, en cuanto el espía de bigote falso y cuello alto le arrebate los (escasos) ropajes a una rubia sospechosa, partida de póker mediante. A partir de ahí ya nada importa demasiado, porque cualquier cosa que ocurra tiene una o varias señoras simple y llanamente en pelota picada, por supuesto sin decir nada y posando como en un anuncio de jarabes. Impagable la lucha final entre las amazonas alienígenas (ataviadas con poco más que un tanga y algo de rimmel) y un inenarrable ejército formado por cazadores de zorros, que habrían hecho las delicias de Peter Gabriel y compañía. Aunque la palma se la lleva la ultramachista secuencia final, en la que el espía (una vez se ha deshecho del bigote falso) es agasajado, no se sabe muy bien por qué pero da que pensar, por estas muchachas, sirviéndole cerveza con ostras a la par que varias de ellas se le ponen encima con aviesas intenciones y otra baila al estilo sesentero mientras busca, sin éxito, las bragas...
La han reeditado en Blu-Ray... para que vean que lo de las nuevas tecnologías es un camelo...
Saludos.

sábado, 23 de enero de 2016

Extra(ños)diegéticos



Es posible que TWENTYNINE PALMS sea la peor película de Bruno Dumont, y la principal razón es que, curiosamente, cuesta rastrear ese cúmulo de lugares comunes que nos ha hecho su cine tan reconocible. Y es curioso, porque el efecto es el contrario al esperado: el traslado de la fría y desapacible Normandía hasta la desértica localidad californiana que da título al film, de indicar algo es que Dumont hostiliza su prosa y sus personajes si su entorno se calma. Y eso que esta autista remembranza de un "algo que se perdió por el camino" no puede ser más inhumana. Los dos personajes (prácticamente los únicos) conducen un gigantesco Hummer por polvorientos caminos, pasean desnudos por las rocas; llegan a un bungalow alquilado, se meten en la piscina; comen pizzas, helados, nadie por las calles. Suponemos que él es fotógrafo y americano, ella es europea y parece modelo, quizá van a hacer una sesión de fotos, quizá no. Tienen sexo, desconectan, se dicen cosas intrascendentes, se pelean, se insultan. Son como dos extraños que se conocen de algo, y sus conversaciones, repletas de monosílabos y onomatopeyas, suenan como música extradiegética que no pega. Resumiendo, es demasiado larga, demasiado seca, demasiado inconexa, y no hay muchas más pistas hasta llegar a su desagradable desenlace, por lo que todos celebramos, creo yo, que esta aventura norteamericana sólo quedase como una chuchería hecha a medida del ego de su creador.
Aunque merece la pena ver a la bellísima Yekaterina Golubeva poco antes de su triste y extraña desaparición. Poco más.
Saludos.

viernes, 22 de enero de 2016

German. Rodar pese a todo #2



Tres años después de su ópera prima, en 1971, Aleksey German realiza PROVERKA NA DOROGAKH (CONTROL EN LOS CAMINOS), nueva vuelta de tuerca a las obsesiones del cineasta acerca de la identidad, la justicia y, globalmente, lo absurdo de la cuestión humana en tiempos de guerra. En esta ocasión se nos cuenta la detención del Sargento Lazarev, que había servido en las filas alemanas, tras el ataque de un grupo de partisanos a un destacamento nazi; Lazarev intenta explicar los motivos de su extraño enrolamiento a Lokotkov, jefe de los partisanos, pero la escasa veracidad de su relato le granjea no pocas desconfianzas, e incluso la petición de su ejecución como traidor a la patria. Sin embargo, Lokotkov confía en ese hombre calmado y sensato, que no pide desesperadamente el perdón, sino una simple oportunidad para demostrar que en su momento fue coaccionado contra su voluntad. Así, German compone un excelente retablo de opiniones formadas, sin tomar partido por ninguna, sino dejando que los acontecimientos fluyan y la historia se explique por sí misma. CONTROL EN LOS CAMINOS es una película que pasa en un suspiro, y que constituye la germinación definitiva de un gran cineasta, capaz de dominar por entero grandes escenas bélicas (aquí más presentes) para, seguidamente, revelarse como un minucioso observador del alma humana, con sus miserias y contrariedades en primer término. De nuevo la reducción al absurdo termina por confirmar qué vanas son las justificaciones cuando éstas se extrapolan al inescrutable ámbito de las patrias, o de cómo, con suma sutilidad, se encara el totalitarismo (sea del color que sea) justo desde el interior de uno. No es de extrañar lo cara que tuvo que pagar esta valentía un director tan indomable como Aleksey German.
Saludos.

jueves, 21 de enero de 2016

La originalidad inconveniente



Ser original no está bien visto por la mayoría. Primeramente porque se confunde la originalidad con la inventiva; se inventa a partir de elementos preexistentes, pero no se puede originar algo si no se parte desde la nada. Es un argumento extremo, lo sé, y quizá no tan eugenésico como la primordialidad de lo que se desea expresar, que es una reformulación de los conceptos del cine como lenguaje en sí. Desde mi punto de vista, el cine no avanza por acumulación ni por refinamiento de unos códigos que no por antiguos son menos válidos, pero seguimos sin avanzar ¿Qué hacer? Se lo preguntó Apichatpong Weerasethakul en el año 2000 para estructurar su primer largo. Si lo logró, entonces estamos ante un hito, uno de esos rarísimos momentos en los que un medio artístico se para a reflexionar sobre su existencia, y la conveniencia o no de la misma, e intenta ensayar un nuevo código semántico, que de irrumpir arrastraría la imagen filmada hasta el terreno de la moral, por cuanto exhibe dicha cuestión ante otros tantos narradores y les obliga a replantearse sus modos y métodos. Como una torrencial transfusión de sangre aún sin contaminar, MYSTERIOUS OBJECT AT NOON parte de un planteamiento sencillísimo para poder indagar en la complejidad del relato oral, una vez se bastardea y retuerce hasta sus mismos límites. El director (casi más encuestador que otra cosa) recorre localizaciones humildes para escuchar las historias de la gente; las historias empiezan de una forma, luego se confunden unas con otras y llega un punto en el que no seríamos capaces de discernir si hay algo de real en ellas o son puras invenciones folclóricas. Parece poco, o que no es mucho, pero se trata de un experimento fascinante: desnudar a la "película" de su armazón, su coraza de tramoyas, montajes y ex machinas, y volver a repensar si no estaremos dando demasiadas vueltas a la noria.
Una zanahoria no estaría mal...
Saludos.

miércoles, 20 de enero de 2016

Polos opuestos



Estamos teniendo días complicados en lo que a desapariciones se refiere en el mundo del cine, y una de las que más he sentido, por su talento y la admiración que le profesaba, ha sido la del actor Alan Rickman, uno de esos caníbales de la pantalla, capaces de interpretar cualquier tipo de personaje y concentrar sin esfuerzo la atención del espectador. Son multitud los títulos que han aparecido en el blog en los que Rickman ha brillado con fuerza como actor, sea como secundario (creo que el rol que mejor le venía) o protagonista, pero quizá no sepan que en dos ocasiones se atrevió a dar el salto a la dirección, y precisamente son estos dos trabajos suyos los que comentaremos casi consecutivamente. Su debut fue en 1997 con una película que me parece extraordinaria, por su calidez y humildad, a la vez que ofrecía un duelo interpretativo absolutamente memorable, el de la gran Emma Thompson y su madre, Phyllida Law, que si se estaban interpretando a ellas mismas lo cierto es que lo bordaron. THE WINTER GUEST es un alarde de guion y una lección de cómo dotar del tiempo justo a cada escena y a cada personaje; Thompson es una fotógrafa sumida en una depresión tras la muerte de su marido, lo que le ha hecho posponer indefinidamente el viaje que tenía pensado hacer con su hijo a Australia desde una Escocia que Rickman retrata fría aunque acogedora. Su madre, una fuerza de la naturaleza, llega con la intención de levantarla sea como sea, y es aquí donde se revela la potencia del guion escrito por Rickman y Sharman Macdonald, ya que no se trata del enésimo telefilm de superación repleto de buenas intenciones, sino de una cruda terapia de choque, donde la madre hace ver a su hija que, por mucho que nos pese y nos resulte difícil, la vida sigue. Montada paralelamente, Rickman hace avanzar su relato intercalando el aprendizaje amoroso del hijo y los impagables diálogos entre dos niños, por un lado, y dos ancianas por otro. Una película simplemente deliciosa, con un trasfondo más áspero de lo que sus preciosistas imágenes indican y que pasó extrañamente desapercibida, aunque se hace necesario rescatarla en estos momentos y dotarla de su justa dimensión, que no es poca.
Saludos.

martes, 19 de enero de 2016

Chantal Akerman, enemiga íntima #2



Los hemos visto, o leído, e incluso alguna vez nos hemos alojado en uno de ellos. Chantal Akerman, en su primer largo documental (y qué rara se hace esta palabra en el cine de la directora belga) lo filmó, o más bien construyó una historia imposible a partir de la fantasmagórica incursión en un hotel de mala muerte en Manhattan, adonde había fijado su residencia. Hace poco invocábamos aquí el espíritu, enigmático y hermético, de Edward Hopper en un film que intentaba por todos los medios atrapar "la historia" tras la composición pictórica; si hay una película que haya logrado definitivamente tal propósito (y quizá sin proponérselo explícitamente), puede que sea HÔTEL MONTEREY. Este excepcional documento, carente de sonido y compuesto únicamente de largos planos de las habitaciones y pasillos de dicho hotelucho, nos lleva a Hopper, pero también invoca a Carver, Dos Passos, Bukowski... Hay un elogio de la marginación, la soledad, la pobreza. Los cuartos débilmente iluminados dejan paso a pasillos toscamente pintados; las habitaciones vacías, que parecen paralizadas, se encuadran repentinamente con otras que están habitadas por seres quietos, de mirada perdida, a los que les puede quedar una hora en el hotel, toda una vida en el hotel. Akerman filma a sabiendas de que fija una imagen vaga y perecedera, pero sus deslumbrantes composiciones van más allá, y el Hotel Monterey es, a ojos de un extrañado recién llegado, como una fotografía que siempre fue vieja.
Saludos.

lunes, 18 de enero de 2016

D. W.: El padre del cine #46



En AMERICA, de 1924, Griffith vuelve a dar un ejemplo de cómo fusionar el "gran" relato histórico y el melodrama sin caer en grandilocuencias innecesarias ni relamidas historias de amor. A horcajadas de los primeros años de la recién constituida Norteamérica, el estricto guion de Robert W. Chambers frecuenta los grandes salones, donde discuten los afectos a la Corona Británica y los seguidores de George Washington. Incapaces de ponerse de acuerdo, los frentes bélicos seguirán abiertos hasta la famosa rendición del General Cornwallis. Mientras tanto, el film nos va narrando la complicada historiade amor entre dos jóvenes de familias confrontadas, los Montague y los Holden. Y, sí, es un film tremendamente largo, algo plomizo y repetitivo, pero se sigue aprendiendo muchísimo cine observando las soluciones aportadas por Griffith a los problemas derivados de su ya irreversible bancarrota, lo que le obligaba a reciclar multitud de tomas de otros trabajos suyos y que tuvo como culminación la demanda de Lillian Gish tras ser despedida de los estudios de Griffith, que prefería absolutamente el talento de Carol Dempster a la belleza de la diva. Por contra, es remarcable la gran interpretación de Lionel Barrymore, que volvía a trabajar a las órdenes del director tras toda una década.
Saludos.

domingo, 17 de enero de 2016

Rincón del freak #220: El chiste malo de la semana



Hoy no hay cine. Hoy les voy a contar un chiste para explicarles qué diantres es CREEPSHOW 3, aparte de que si no ha supuesto una demanda de Stephen King y George A. Romero, entonces no sé qué puede haber pasado.
El chiste (y entiendan ustedes que contar un chiste escrito no es tarea fácil) presenta a un señor haciendo eses con el coche, lo paran en un control de alcoholemia y el Guardia Civil le pide el carné de conducir. El tipo no puede ni hablar de la curda que lleva, pero el Guardia Civil le dice que se baje del coche, que se ponga sobre una pierna... que camine en línea recta... que... En un momento dado, el hombre le dice al Guardia Civil: "¿Pero qué basa?... ¿que no te lo creeshhh?"...
Sí, el chiste es malo, pero yo no me creía que pudiese hacerse un desastre tan infecto como CREEPSHOW 3... Y sí, lo han hecho...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

7 al azar


¡Cuidao con mis primos!