viernes, 25 de mayo de 2018

Secuencias genéticas incompletas



¿Qué le falta a ANNIHILATION para ser una gran película, un clásico o un film de culto reconocible? Le falta empaque y le falta osadía. Alex Garland, de momento, parece un estupendo proyecto a medio cocinar de gran director, de autor total. De momento. Y hay otra cosa que me mosquea mucho de este film, y no por su culpa, porque no me parece un mal film, pero sí me parece un film extrañamente cobarde, que sólo se decide a liberarse de sus muchos lastres en el tramo final. Probablemente, con una hora de mediometraje nos hubiera sobrado para apreciar con menos bostezos e insertos gratuitos esta ¿reflexión? ¿metáfora? ¿deconstrucción? de algo parecido al sentido de la vida, al que puede que sólo podamos llegar cuando somos conscientes de nuestra finitud. Se parece a SOLARIS, sí, pero hay momentos en los que la cosa tira por lugares mucho más comunes, sobre todo los de la ciencia ficción de consumo rápido, con sus soldados, metralletas y monstruitos. Ahí está la clave, en que parece un producto innecesariamente artificioso, como si a Garland le hubiesen restringido el uso de una producción que, según parece, no ha sido precisamente barata, y cuyo descalabro en la taquilla estadounidense ha obligado a estrenarla fuera de Yanquilandia en una plataforma tan sospechosa como Netflix. Es decir, que seguimos con la dichosa dicotomía sin darnos cuenta, cuando o que nos quieren vender es otra cosa más políticamente correcta. Yo, de recomendarla (y teniendo en cuenta que apenas quiero desvelar nada de su trama), lo haría sólo a espectadores pacientes y avisados, pero que no esperen una revelación filosófica, como tampoco ninguna bazofia prefabricada y publicitada engañosamente. Mientras, esperemos que Garland siga definiéndose a sí mismo.
Saludos.

jueves, 24 de mayo de 2018

De tiendas



¿Se puede denunciar a lo que nos produce fascinación? Algo así significa (y simplifica) la noción exultante de qué es exactamente lo que viene a contarnos Olivier Assayas en su ectoplásmico y hipsteriano ajuste de cuentas con un estado de las cosas que seguramente no le gusta, pero al que termina, quizá involuntariamente, rindiendo tributo. PERSONAL SHOPPER linda con muchas cosas, con muchas y diversas ideas, pero no se decanta por asumir una voz que podamos identificar adecuadamente; nos embarca en una supuesta experiencia extrasensorial (sesión espiritista incluida), para seguidamente orgasmarnos con unos brazaletes de Cartier y unos dedos, incapaces de acariciar personas, deleitándose al contar billetes de 500 euros. El gran problema de esta película es que cohabita demasiados compartimentos que no parecen tener mucho que ver entre sí, y que todas sus excelentes intenciones se desinflan por culpa de un guion extremadamente mal construido, obra del propio Assayas. Cuando finalmente se decide a retomar un cierto ritmo, inundar la pantalla con una angustia e intriga crecientes, es demasiado tarde, y, puede que con algún que otro problema de conciencia, se permite un epílogo sencillamente sonrojante, con vasos flotando en una estancia de Omán... ¿Omán?... Sí, Omán.
Saludos.

miércoles, 23 de mayo de 2018

El color de la forma #8



Resulta imposible, además de inútil, conspirar acerca de qué podría haber llegado a ser KIVSKI FRESKI (FRESCOS DE KIEV) de no haber sido saboteada, mutilada y finalmente prohibida por las autoridades soviéticas, que en pleno 1966 determinaron que aquel amasijo de imágenes (que para algunos se alineaban con el surrealismo y para otros eran el germen de algo totalmente novedoso), compuestas en su mayoría por planos fijos tomados en un estudio, atentaban contra la honorabilidad y credibilidad del régimen... ¿Les suena? Sea como fuese, años después, un antiguo estudiante de cine logró comprar lo que se había salvado del material rodado por Parajanov, ya por entonces muy cuestionado e incluso investigado por el aparato coaccionador del régimen comunista, incapaz de digerir a nadie que no estuviese dispuesto a contar y cantar las "bondades" de lo que no era más que una dictadura. Yo les animaría a ver estos quince minutos en el Tubo, pese a que es cierto que resulta imposible encontrarle un sentido más allá de su poderoso sentido de la composición y su maravillosa y libérrima jerigonza de asociación de ideas. Los artistas, el estado, la represión... Y eso que ha pasado más de medio siglo...
Saludos.

martes, 22 de mayo de 2018

Wajda. Brillo y dominio #38



En 1999, Andrzej Wajda vuelve por sus fueros y adapta la colosal novela de Adam Mickiewicz PAN TADEUSZ, fresco decimonónico acerca de la dificultad histórica de Polonia (mucho antes de su definitivo establecimiento como país) para definir con exactitud su postura en el concierto europeo. Geográficamente inexistente en época de Napoleón, tenía en cambio un peso estratégico inmenso, que todos los grandes dirigentes pretendían dominar y controlar. La historia se centra en el territorio ahora conocido como Lituania, donde dos familias, históricamente enfrentadas, se ven en la obligación de dejar de lado sus diferencias y aliarse contra la inminente amenaza napoleónica. De pesado ritmo y largo metraje (120 minutos), es un film que apunta ya el gusto del septuagenario director por acercarse a los textos que más le habían marcado a lo largo de su vida y decantarse por desarrollos más moderados y una mayor atención a la puesta en escena, vestuarios, fotografía (excepcionales), pero adoleciendo de un conservadurismo narrativo no apto para quienes no hayan sido incondicionales de su filmografía. Se ve bien, con corrección plena, pero apenas perdura en la memoria.
Saludos.

lunes, 21 de mayo de 2018

Destruir para crear



En la calurosa, asfixiante Sevilla de un verano cualquiera, un hombre se dispone a escribir una novela, una gran novela. Literatura de verdad, dice él, porque lo que su mujer escribe, y por lo que le dan tantos premios, son letras vendidas de best seller. Lo que la última y extraordinaria obra de Manuel Martín Cuenca pone encima de la mesa se parece más a lo que Álvaro, su protagonista, pone, literalmente, para conseguir eso tan complicado de la inspiración. EL AUTOR no habla tanto de literatura, pues se podría afirmar que no hay un solo escritor de verdad en toda la historia, y sí un corolario infumable de seres resbalosos, interesados, egoístas y necios ¿Sevilla? Sí, por supuesto. Lo que Álvaro pretende es ser escritor a toda costa, y para ello cree que que el camino es confiar ciegamene en su profesor, un miserable que le saca hasta el hígado y al que no le interesa nada más que alargar los banquetes en los que supuestamente le lee, y que el imbécil encima le sufraga. Su mujer le ha pusto los cuernos para celebrar la recién conquistada medalla de oro de la ciudad (si yo les contara...), su trabajo, gris y monótono, en una notaría se resiente, y el señor notario (Don Alfonso, otro esclavista) le dice que se tome unas vacaciones, lo que Álvaro recoge como una oportunidad única para dedicarse plenamente a la construcción de "su obra", cuya estructura va posicionando en una pizarra y se nutre de la singular vida de sus vecinos, a los que espía con la connivencia de una portera que canta por Isabel Pantoja y a la que no duda en beneficiarse. Todo por el arte.
No, EL AUTOR no habla de los resortes creativos, sino de los mecanismos de manipulación, de las trampas que nos tendemos a nosotros mismos cuando nos creemos más guapos de lo que somos. Ese minimundo habitado por un ex militar franquista que guarda una Lüger en la caja fuerte, un matrimonio mexicano que mantiene fuertes discusiones por las noches y ese faro vigía que es la portería y su portera, le dan a Álvaro más mugre que luz, aunque el talento es el que torna una cosa en la otra. Pero Álvaro no tiene talento, por muchas gambas y chuletones que invierta para que su profesor le diga que sí lo tiene. Álvaro es apenas un subproducto de este país, un tipo resentido, amargado y sin un solo escrúpulo. Y puede que esos sean ingredientes excelentes para ser un gran escritor... pero es que Álvaro no tiene talento...
Saludos.

domingo, 20 de mayo de 2018

Rincón del freak #313: Una carretera que no va a ninguna parte



El cine de género es lo que tiene, que de vez en cuando hace flirtear a quienes lo sondean con la posibilidad de subvertirlo, convertirlo en otra cosa. En ese sentido, hay que reconocer que el cine de terror ha sido el que mejor ha entendido esta cuestión, aunque todo riesgo conlleva trampas en las que se puede caer. El debutante Abner Pastoll dirige y guioniza ROAD GAMES, un extrañísimo y deslavazado ¿slasher?... ¿road movie?... ¿thriller?... Demasiadas etiquetas para una historia que hemos visto miles de veces, y que además aquí echa el freno de una manera descarada y cuando existe la posibilidad de sublimar la creatividad, algo que simplemente no se puede hacer si no se tiene. El film empieza bien, mostrando sus cartas, con la imagen de un cadáver que va a ser enterrado; luego nos enteramos de que estamos en la región de Calais, en el norte de Francia, donde un joven británico hace autostop sin ninguna suerte, hasta que encuentra por casualidad a una chica (¡Ay, Joséphine de la Baume!) y son recogidos por un tipo inquietante, que les lleva a la imponente mansión donde vive junto a su no menos extraña esposa (la mítica Barbara Crampton, que también produce). A partir de ahí, parece que Pastoll no tiene ni pajolera idea de qué hacer con el escaso reparto ni con el sugerente argumento; los personajes van y vienen, aparecen y desaparecen. Están las dichosas trampas incidentes (alguien aparece con un martillo en la mano y dice que está haciendo reformas...), o directamente personajes que no se sabe qué pintan co exactitud, como el del veterano Feodor Atkine. Al final, ya es demasiado tarde para el giro de guion, primeramente porque no hace falta ser muy avispado para darse cuenta de por dónde iba la cosa, y luego porque en realidad da igual, la película acaba y nos da completamente igual lo que pueda suceder con un final abierto directamente ridículo. Una lástima, porque los actores están bien, pero a este señor le queda un mundo por aprender.
Saludos.

sábado, 19 de mayo de 2018

This is Spain



Se fue Antonio Mercero, perfecta figura para explicar qué es la dirección como oficio puro y duro, o la figura del director como un trabajador más, lejos de divismos y endiosamientos. Mercero fue un tipo todoterreno, igual hacía un capitulito para una serie, una serie entera, un anuncio, un largometraje de encargo o un proyecto personal y autofinanciado. Su campo de acción era tan diverso que iba desde la comedia al terror, el drama romántico o la crítica social... Y también hizo LA CABINA.
Porque hablamos, señoras y señores, de una obra maestra absoluta de todos los tiempos, 35 minutos de tensión, terror metafísico, absurdo kafkiano o esperpento valleinclanesco; una barbaridad tan segura de lo que cuenta y cómo debe contarlo que, 46 años después, su incontestable metáfora tanto daba para explicar al "mundo exterior" qué diablos era la España del dictador Franco, como refleja con inquietante exactitud esta España de hoy, repleta de trampas invisibles, cabinas que un día son instaladas por oscuros y silenciosos empleados. Cabinas que no sirven para nada, excepto para quedar encerrados en ellas. Cabinas de cristal transparente, para que el público se arremoline alrededor y no pierda detalle de la frustración y desesperación del atrapado. Una cabina que, sin previo aviso, es de nuevo desinstalada, aun con esa persona atrapada. Despedido por todos, a lomos de una camioneta, no sabe hacia dónde se dirige, hasta que ve a otro infeliz en su misma situación. Luego, llega a un sitio fuera el mundo, y allí nadie lo encontrará, quizá ni le echarán de menos.
No sé, véanla si no lo han hecho aún, extraigan sus conclusiones. Disfruten de la magistral interpretación de José Luis López Vázquez, de la tenebrosa coda final con música de Carl Orff, del despiadado y milimétrico guion firmado por José Luis Garci y el propio Mercero. Una de las cumbres creativas de nuestro cine, al mismo tiempo que un objeto insólito y con entidad propia. Una lección de cine y un puñetazo en las narices de los happy flower que nos siguen recordando lo maravillosamente bien que se sigue viviendo en este país miserable...
Saludos.

viernes, 18 de mayo de 2018

Vida en sombras



NOTES ON BLINDNESS es, más que un experimento cinematográfico, una experiencia inmersiva, casi sensorial, que toma de la mano al espectador para sumergirlo en el rico mundo interior del teólogo y académico John Hull, justo desde el momento en que, tras múltiples operaciones, queda totalmente ciego. Hull, que ante todo era una mente inquieta y genuinamente filosófica, se preguntaba constantemente sobre el verdadero significado de la pérdida de visión, sus consecuencias e identificaciones sociales y humanas, desmarcándolo de toda vertiente piadosa, ya que para él no suponía (como es lógico) ningún tipo de castigo divino. Y luego está el enfoque que los directores ensayan a partir de las numerosas grabaciones que Hull fue atesorando a lo largo de su vida; esto les sirve para realizar un falso documental, en el que los actores se sincronizan con estas grabaciones, así que lo que escuchamos son las voces de Hull, su esposa e hijos, creando una atmósfera de intimidad que siempre resulta tan complicada en toda dramatización. Una película francamente sorprendente, con un trabajo de fotografía espectacular y trufado de valiosas reflexiones. Sólo le pesa cierta dispersión en la narración, que exige una entrega y atención totales para no perder hilo acerca de una personalidad fascinante.
Saludos.

jueves, 17 de mayo de 2018

En alas del pasado



Sorprendió la decisión de poner en manos de un director como David Lowery el no menos sorprendente remake de PETE'S DRAGON, no tanto una vez vista, pues sus intenciones quedan claras desde su impactante arranque, que aparca por completo la infantil versión de 1977 y la transforma en un relato sobre la amistad, aunque sea entre un niño y un dragón. El problema del film es otro, quizá tener que complacer a demasiado público con expectativas diferentes. Para mí tiene algunos momentos de muy buen cine, pero parece que a Lowery lo obligan a filmar un puente en llamas o una persecución automovilística; y es lo obvio, por no hablar de ese indescifrable "tono disneyano", que impide que la poesía visual se expanda, no vaya a ser que a un niño le dé por pensar que las relaciones emocionales pueden llegar a ser complejas. No sé, es una sensación extraña, porque la idea está bien, no me opongo a este tipo de remakes, pero su carácter falsamente reformista no aguanta un análisis más profundo de lo que finalmente ofrece su premisa.
Entretenida, a veces aburrida, recuerda a Spielberg y también a Pialat... Y eso es muy muy raro...
Saludos.

miércoles, 16 de mayo de 2018

El color de la forma #7



Casi todo el mundo coincide en que la verdadera filmografía de Sergei Parajanov comienza con TINI ZABUTYKH PREDKIV (LOS CORCELES DE FUEGO, y también conocida como LA SOMBRA DE NUESTROS ANCESTROS OLVIDADOS), un deslumbrante, vigoroso e inclasificable poema visual acerca del amor, el amor puro, que todo lo puede y todo lo vence. Ya su enclave es complicado, una remota zona rural en los Cárpatos ucranianos a mediados del siglo XIX, un lugar duro y sombrío, dominado por la superstición y el yugo omnímodo de la religión católica ultraortodoxa, y donde las diferencias económicas son simplemente insalvables. Un hombre, efectivamente pobre y ateo, hastiado de su penuria, instiga al potentado local, hasta que éste lo mata en público, quedando impune por su condición social. La familia queda desamparada, aunque a esas alturas sólo la conforman la desconsolada mujer y su hijo Ivan, que, contraviniendo cualquier juicio, experimenta un amor puro e irrefrenable por Marichka, la hija del hombre que asesinó a su padre. Parajanov filma en estado constante de alucinación, y su estilo se alinea con Tarkovski y Jodorowsky, con un primitivismo "sofisticado" y un gusto por la antropología en bruto, con una cámara que no para de moverse o permanece en radical estatismo para extraer unos primeros planos como postales eternas. Es muchas cosas, tanto una lección de vanguardia consecuente, un homenaje a los Hutsul (etnia ignota donde las haya) o un hermoso paseo por esos sentimientos que van más allá del tiempo o las localizaciones geográficas. Hay mucho de eso en una gran cantidad de títulos actuales, pero al lado de esta maravillosa película parecen apenas un manual visual de autoayuda.
Saludos.

martes, 15 de mayo de 2018

Wajda. Brillo y dominio #37



PANNA NIKT (SEÑORITA NADIE) es, de la irregular deriva que el cine de Andrzej Wajda tomó en los años noventa, uno de sus títulos más sobresalientes y significativos. Basada en la novela de Tomasz Tryzna, es una de esas películas de "guion diabólico", que no permite en ningún momento que el espectador se tome la molestia de anticipar cual será el próximo paso a seguir. El film comienza con el éxodo obligado de una familia, desde su entorno rural a la gran ciudad, donde el choque de costumbres es más que patente. Sin embargo, la trama se fija en la compleja personalidad de la hija mayor, que sufre un proceso de madurez forzada tras conocer a una compañera de clase acomodada e inquietudes artísticas. Lejos de seguir las directrices del típico drama generacional, Wajda propone un juego de vampirización sistemática a cargo de la aparentemente inocente joven recién llegada a la ciudad, que poco a poco irá suplantando la personalidad de su amiga, hasta que ambas parecen poco más que las dos caras de una misma persona. Un film que me recordó muchísimo la ambigüedad de algunos de los mejores trabajos de Carlos Saura, como LA PRIMA ANGÉLICA, repleta de referencias emocionales y trampas que basculan del chantaje emocional hasta el puro desequilibrio mental. Una película que merece más atención de la que creo que ha recibido.
Saludos.

domingo, 13 de mayo de 2018

Rincón del freak #312: No se puede homenajear a un homenaje



El primero que sería incapaz de negar que llegó a ser lo que que gracias a EL JOVENCITO FRANKENSTEIN, es el propio Gene Wilder, que, en un exceso de gratitud hacia su mentor y amigo Mel Brooks perpetró una nadería titulada HAUNTED HONEYMOON. Una nadería, sin embargo, repleta de grandes profesionales, que le daban un aspecto reluciente y bien parecido a lo que apenas pasaba de un pastiche hiperbolizado, y peor aún, el homenaje a aquel otro (inteligente) homenaje al cine de terror de la Universal. Brooks lo pasaba todo por su propio e inamovible filtro de Broadway, y Wilder entendía sus pensamientos como nadie, pero otra cosa es dirigir tú mismo y tener que otorgar a las imágenes que ruedas de entidad propia. Aquí, Wilder se dedica a engarzar un sketch tras otro, algunos casan bien y otros no, lo que deja la sensación de asistir a una intrascendente broma entre amigos, una película que el tiempo no ha tratado bien y que inició el declive de su autor. Y aunque su previsible mezcla de terror clásico y comedia (también clasicota) puede resultar entretenida a paladares poco exigentes, se queda en una nota a pie de página, anecdótica y apenas recordada por cinéfilos completistas.
Saludos.

sábado, 12 de mayo de 2018

Un estofado a medio hacer



GRAVE pasó por Cannes causando tanta sensación como controversia. Poco acostumbrado al cine de género, el festival otorgó el Fipresci a una cinta que, por otra parte, mantiene una descomunal lucha por no caer en las trampas del cine de terror, aunque su discurso filosófico parece, en último término, bastante menos elaborada, y apenas resiste una revisión más exigente. Más centrada en el remarque de un submundo oculto, que se refugia tras el impacto de una amalgama de imágenes inquietantemente requetediseñadas, su narrativa opta por el esquinazo sensorial, ya que se nos implica en un hilo iniciático para despeñarnos por otro, mucho más excesivo, visceral y finalmente previsible. En pocas palabras, se trata de la llegada de una joven a una prestigiosa escuela de veterinaria (aunque aquello semeje más un cachondeo digno de "Los Albóndigas"), donde ya ingresó su hermana mayor, que está terminando sus estudios. Un suceso aparentemente banal desencadenará una serie de acontecimientos tremebundos (que prefiero no desvelar), pero que están vinculados con el vegetarianismo radical profesado por la familia de la chica, que pasa de no comer jamás carne a tener una extrema necesidad de consumirla, y además cruda. Es cierto que Ducournau arregla el desaguisado muy al final, cuando todo parece habérsele ido de las manos, pero a su dirección se le echa de menos algo más de concisión y menos golpes de efecto, además de esa sensación que acompaña a gran parte del cine de género reciente, que es la extraña necesidad de explicarlo todo consecuentemente, cayendo en un naturalismo que a veces aporta pocos alicientes. Aun así, adelanta a una realizadora interesante en lo visual y que debería pensarse trabajar con algún guion ajeno.
Saludos.

viernes, 11 de mayo de 2018

Del despertar como sueño



Iba tocando otra de la Breillat, directora incómoda, imprevisible, como deseosa de ser censurada, o vilipendiada, o simplemente participar de cualquier círculo extemporáneo posible. Ya he escrito aquí sobre la incomodidad que me produce su cine, no tanto por tenas de explicitud, sino más bien por cierta dejadez formal, que siempre deja sus historias entre la sordidez y la intrascendencia. Un poco menos de esto hay en Á MA SOEUR!, de 2001, justo después de su testosterónica experiencia con Mr. Rocco Siffredi y con algunos apuntes que parecían desmarcarla de Tinto Brass (la que considero su mayor influencia) para acercarla al primer Bruno Dumont, un contemporáneo suyo, con el que comparte pocos puntos de vista. La desecada historia de dos hermanas en unas vacaciones bastante deprimentes, comienza con algún interés cuando una de ellas conoce a un joven italiano, lo que desembocará en su primera experiencia sexual; sin embargo, el ensayo de enrarecimiento, proveniente de la otra hermana, menos agraciada físicamente, no termina de cuajar, y lo que prometía como un relato de sentimientos malsanos es poco menos que un esbozo acerca de envidias propias de la adolescencia. Aparte de alguna que otra erección (marca de la casa) y la discutible decisión de mostrar los pechos de una menor de edad (más que nada porque es puro exhibicionismo), sorprende el chapucero final, una oportunidad incomprensiblemente malgastada de dotar de verosimilitud a una película que, como casi todo el cine de su autora, no resplandece, sino que enceguece con marcas de neón, porque su falta de sutileza se ampara en la vacuidad de lo obvio.
Saludos.

jueves, 10 de mayo de 2018

Hasta el cuello



RAINING STONES es un título que me viene a la cabeza con facilidad últimamente, uno de esos retratos infalibles de un sector de la sociedad "primermundista" al que nadie parece querer hacer caso; ese lumpen, eternamente jodido, aprisionado por las deudas y la precariedad, que apenas saca un poco la cabecita para volver a caer rodando por una cuesta que no parece tener fin. Como siempre, Loach es capaz de lo mejor y lo peor, de tocar la cuerda más sensible, la que hiere de verdad, la que identifica y denuncia a los culpables, pero también cae en el exceso demagógico, pensemos que bienintencionado, pero que en este film llega incluso a un sonrojante ternurismo paternalista. Y eso que el film arranca muy bien, presentando a una pareja de colegas de mediana edad intentando echar el lazo a un pobre cordero, con la intención de venderlo a un carnicero. Loach, sin embargo, da la primera con la incapacidad de ambos para matarlo, en una escena cómica pero que no es casual. Quizá le hubiese venido mejor repartir el material, la pareja Jones/Tomlinson funciona, pero se disuelve y deja todo el protagonismo al primero, un zoquete obsesionado con comprar un traje de comunión a su hija, una misión tan trascendente que lo llevará de un trabajo peor a otro, hasta el punto de ser amenazado por un matón prestamista. Es decir, que según la filosofía de Loach puedes estar de mierda hasta el cuello, pero debes mantener impoluta tu cuota de moralidad, o algo así, aunque siempre puedes rsolver tus problemas a golpe de llave inglesa, literalmente.
Recupérenla si aún creen que existen las buenas personas.
Saludos.

miércoles, 9 de mayo de 2018

El color de la forma #6



TSVETOK NA KAMNE (UNA FLOR EN LA ROCA) es, dentro de sus limitaciones, que son muchas, un curioso panfleto que, entre otras cosas, hablaba de la inauguración de una mina en un pequeño pueblo. Las otras cosas son las zalamerías de un joven para con una guapa moza, que sin embargo sólo quiere trabajar en la susodicha mina, mientras los intereses creados van surgiendo en cuanto los poderes fácticos (políticos y sacerdotes, sobre todo) pretenan sacar tajada del ambiene de prosperidad. Sí, en la Unión Soviética el adoctrinamiento era anticapitalista, y en torno a dicha premisa la gente se entretenía con leves amoríos o parcos musicales. No fue Parajanov un adalid válido para dicha cuestión, pero quizá hubiese imposible haber llegado a sus grandes obras sin curtirse en el noble arte del currelo alimenticio.
Saludos.

martes, 8 de mayo de 2018

Wajda. Brillo y dominio #36



En 1995, Wajda filma otro encargo para la televisión polaca, un nuevo acercamiento a las conflictivas relaciones entre la Polonia judía y la católica en mitad de la ocupación nazi. Un tema que Wajda ha abordado desde diferentes ángulos, intentando llegar a alguna conclusión fuera del sectarismo o la hipocresía, y que aquí alterna momentos de gran intensidad con otros más rutinarios, lo que habría dado para algo menos de metraje, con tal de conseguir un mayor énfasis en las subtramas internas, que se diluyen hacia lugares de menor importancia narrativa. La presencia nazi resulta más o menos anecdótica, la novela original de Jerzy Andrzejewski miraba al pueblo polaco como el peor enemigo de sí mismo, por lo que es imprescindible la adecuada matización de los personajes, algo que Wajda consigue un poco a trompicones, con personajes de poca trascendencia y un final algo atropellado, como si estuviese deseando terminar el rodaje por mtivos que desconocemos.
Saludos.

lunes, 7 de mayo de 2018

Los traidores convencidos



INDIGNATION, realizada hace un par de años, pasó bastante desapercibida, y no sólo en nuestro país, sino que su leve mella fue generalizada, y creo que es de justicia otorgarle aunque sea una mínima reseña, dado su valor cinematográfico. Lo primero que llama la atención es que se trata de una adaptación de Philip Roth, y quizá la única que hasta la fecha merece realmente la pena, porque debe ser la única vez que un cineasta ha conectado íntimamente con los ritos y obsesiones del escritor de Newark. Absolutamente autobiográfica, INDIGNATION mantiene el foco principal en su protagonista, Marcus Messner, un joven judío de extracción humilde que elude el ser llamado a filas para la guerra de Corea gracias a sus brillantes notas, que le abren las puertas de la prestigiosa, aunque muy conservadora, universidad de Winesburg, en Ohio. Allí, su compleja personalidad sale a flote y choca con la "falsa buena moral" que impera en todo el recinto, donde se valoran más los oficios religiosos que las calificaciones. Ateo convencido, Marcus es capaz incluso de enfrentarse un decano demagogo y santurrón, llegando hasta a recitarle pasajes de Bertrand Russell y mostrándole su propia indignación por lo que él considera un trato injusto, ya que nunca se ha metido en problemas y su atención está permanentemente puesta en sus estudios. Sin embargo, todo su mundo perfectamente organizado se vendrá abajo cuando conoce a una joven de pasado problemático, pero que conecta de inmediato con sus progresistas ideas, sobre todo en cuestiones sexuales. El film, aun con sus inconsistencias narrativas (un prólogo y un epílogo innecesarios, y algunos diálogos excesivamente explicativos), supone un impagable punto de partida para quien empiece a interesarse por la obra de Roth, de cuya contradictoria personalidad podríamos estar horas hablando; yo les animaría a que lean su vasta y certera obra, al tiempo que les recomiendo un film que se nutre sin complejos de la novela original.
Saludos.

domingo, 6 de mayo de 2018

Rincón del freak #311: Las sensaciones saturadas



¿Qué es el porno, sino una hiperbólica sucesión de postales? Imágenes que nos interpelan desde un lugar que no habitaremos jamás, que sólo pueden existir en la otra parte de nuestra imaginación, la que no mostramos en público, aunque quizá por ello lata con más fuerza. El porno también es exhibición, impudicia, atropello ¿Se puede entonces filmar el reverso del porno? Sion Sono lo ha intentado; quién mejor para ensayar una aventura tan desquiciada que uno de los directores más excesivos y libérrimos del panorama actual. ANTIPORNO tiene un mensaje implícito en sus imágenes, que no es otro que ir a la contra, significar exactamente lo contrario de lo que debería. Así, lo que en un principio era un mero encargo de la productora Nikkatsu para reverdecer viejos laureles del oxidado género conocido como roman-porn, se extralimita hasta un grado de perversión bastante mayor que el ofrecido por dicho "porno suave", ya que utiliza la degradada mente de una joven, participante en un casting, para arremeter sin compasión contra el indisimulado machismo que soportan las mujeres en Japón. Así contado, parece una propuesta absolutamente recomendable, pero Sono es incapaz de cualquier sutilidad, y su película es una estridente sinfonía de gritos, colores saturados y escupitajos en forma de exabruptos degradantes. Todo para exponer el sumiso papel femenino ante ojos masculinos y subvertir lo que habitualmente ofrece la pornografía. El resultado es el esperado, una idea muy interesante que se agota muy pronto; y eso que esta vez Sono, con kilométricos metrajes en su haber, se queda apenas en hora y cuarto. Supongo que los muy frikis la disfrutarán, porque yo no tanto.
Saludos.

sábado, 5 de mayo de 2018

Huir o luchar



Ha llegado a mis manos el "Director's cut" de THE WARRIORS, remozada edición de una de las películas que con más y mejor consistencia han asumido la siempre engorrosa etiqueta de "film de culto". Primero porque no se puede hacer un film de culto, y sólo el tiempo, las críticas, el rechazo y aceptación continuados o incluso la pasión irracional sirven para poder calificar a una película como tal. THE WARRIORS, de ser algo, sería la tesis doctoral que explica punto por punto lo que Walter Hill entiende por hacer cine. Esto es: la forma importa. La puesta en escena importa. Los actores deben aparecer por insistencia y el guion debe estar al servicio de la acción, de la siguiente escena. Otros más preparados lo llamarán revisión heterodoxa de los clásicos, o simplemente posmodernidad. El caso es que Walter Hill consiguió adelantar el patrón que años después pretendieron instaurar cineastas como Zack Snyder, que ha bebido del cine de Hill hasta hartarse. Sea por la significación mítica de su guion (suponemos que basado en la Anábasis), por la descarada estructura en viñetas (literal en esta nueva versión) o el gusto por la violencia insensata, estamos ante ese summum del cine de culto, que ni tiene por qué ser una gran película ni una bazofia, simplemente permanecer durante varias décadas fascinando a varias generaciones y sumando nuevos adeptos y rendidos admiradores. Es la huida a través de una noche que no acaba nunca, con macarras y putas, yonquis y policías; una huida iluminada iluminada por el neón, en calles solitarias o desolados pasillos de metro. Es una película, en fin, de la que te puedes reír, pero cuidado, porque tampoco podrás quitártela de la cabeza...
Saludos.

viernes, 4 de mayo de 2018

El sueño de los monstruos produce la razón



Con el tiempo, THE SQUARE será considerada como una de las películas más importantes de lo que llevamos de década, quizás de siglo. Pero sólo con el paso del tiempo, justo cuando empecemos a ver títulos que intenten imitar su corporis, repleto de metáforas hirientes, imágenes que en ningún momento dejan de observar fijamente al espectador, precisamente porque no sólo fija su mirada en quien no comulga con su filosofía, sino que nos inquiere como parte culpable a todos, sin excepción. Pero ¿culpables de qué? Porque la eterna pregunta del hombre moderno ya no es si contribuye a que el planeta sea un lugar mejor, al haber transmutado su papel preponderante, sino más bien qué sentido exacto tiene su estilo de vida dentro de un marco de valores que, en el mejor de los casos, apenas le concierne a él y su reducido entorno. Ahí podemos encontrar un silogismo válido con la excusa argumental usada con inteligencia por Östlund en su película más redonda: una instalación en un vanguardista museo de arte contemporáneo. Un cuadrado en el que una placa advierte de que, una vez dentro de él, todos tendremos los mismos derechos y obligaciones, y por tanto no podremos negar ayuda a quien nos la pida... pero claro, dentro de los límites del cuadrado. Si THE SQUARE no es una película redonda (valga el chiste fácil), se me ocurre que quiere hablar de demasiadas cosas, al tiempo que depura su discurso y de alguna manera lo raquitiza hasta tocar el nervio. Incomoda, sí, pero no es el aspecto que más me interesa, y aún menos el estupendo trabajo visual de Fredrik Wenzel; la mayoría de los actores están impresionantes, sobre todo un Claes Bang que borda un personaje rematadamente complicado, al que necesita recomponer una y otra vez para causar tanto rechazo como compasión. No, es como una vibración en staccato, un interludio fantasmal entre escenas que no permite cohesión alguna, reforzando la sensación de que, por mucho que nos esforcemos en mantener impoluto el suelo de Estocolmo, eso no evitará que haya personas, seres humanos, a ras del mismo. O para dejarlo más claro ¿Y si para denunciar la esclavitud del esnobismo sólo se pudiera tramar un discurso decididamente esnob?
Saludos.

jueves, 3 de mayo de 2018

Fenómenos más normales de lo que parecen



No sabía qué me iba a encontrar al enfrentarme a VERÓNICA, la última y aclamada propuesta de Paco Plaza, aunque sabía del colchón que traía, tanto de crítica como de público. En mi caso, esto no es suficiente, me es imprescindible el aislamiento mediático de una obra para poder juzgarla con propiedad, y es por lo que suelo dejar pasar algún tiempo desde su estreno para verla en su justa medida. Creo que se trata de un film elegantemente tramposo, imperfecto, consciente de la liga en la que juega (el cine de género epatante) y con algunas lagunas que el director valenciano solventa con más oficio que talento. Una vez dicho esto, que sería la crítica chunga, VERÓNICA posee algo sobresaliente, y que rara vez puedo decir del cine de género hecho en España: intención. Conociendo que el relato se nutre de un supuesto hecho real acaecido en Madrid a principios de los noventa, y que el inefable Íker Jiménez le dedicó un programa entero a tan "escabroso" asunto, si logramos aislar lo que vamos predispuestos a que nos cuenten de lo que subyace infaliblemente en su apariencia terrorífica, lo que queda es la desgarradora crónica de una crisis nerviosa y mental profunda, arraigada en una chica de 15 años totalmente superada por su circunstancia vital. Obligada a crecer de golpe, debe cuidar de sus tres hermanos pequeños como una madre, ya que ésta trabaja en un bar que cierra hasta tarde y duerme casi de día. A Verónica no le queda margen para desarrollar su adolescencia, sus amigas le recriminan que haga las tareas de casa en lugar de salir de fiesta, lo que sumado al trauma de la desaparición repentina de la figura paterna conforma un cuadro de inestabilidad que no puede pasarse por alto. De ahí que el gran error de Plaza es resultar demasiado obvio, no permitir al espectador indagar por sí mismo y terminar por abrazar la caótica teoría del suceso supuestamente sobrenatural. Lo más interesante es otra cosa, una vertiente "escondida" que me recordó a la impresionante LA INFLUENCIA, de Pedro Aguilera, esa observación minuciosa de la lenta pero implacable caída en desgracia de una familia anodina, pero cuya circunstancia la socava hasta la destrucción. De ahí habría salido una gran película... pero quizá no se habría hablado tanto de ella.
Saludos.

miércoles, 2 de mayo de 2018

El color de la forma #5



Rodada en 1961, UKRAINSKAYA RAPSODIYA (RAPSODIA UCRANIANA) muestra ya descaradamente la tremenda personalidad de Parajanov, incluso estando aún al servicio de producciones pro-patrióticas e indisimuladamente folklóricas. Ni tan siquiera el muy convencional inicio hace presagiar el desconcertante desarrollo de este canto de amor a la ópera, y más concretamente a sus intérpretes. El film arranca con una joven aspirante a cantante que se presenta a un concurso en París, gracias a su excelente trayectoria en el conservatorio ucraniano (perdón, soviético) en el que ha estado estudiando; inmediatamente, la joven comienza a rememorar su infancia campesina, la influencia decisiva de las canciones que le cantaba su abuelo y los amigos y amores que luego tuvo que dejar atrás para cumplir su sueño. Hasta ahí, nada que no hayamos visto, pero luego Parajanov se desata y realiza un montaje paralelo entre las imágenes de la cantante en plena actuación y los terribles desastres del Frente del Este, con la invasión de la frontera rusa por el ejército alemán y la defensa y resistencia soviética. Una película extrañísima, mucho más de lo que parece en un primer momento, que parte de una premisa convencional para desembocar en un ejercicio de experimentación, aún primitivo, pero que continuaba adelantando al cineasta que estaba por venir sólo unos años después.
Saludos.

martes, 1 de mayo de 2018

Wajda. Brillo y dominio #35



NASTASJA, de 1994, pasa por ser uno de los films menos conocidos de Andrzej Wajda, y también uno de los más insólitos. Adaptación del último capítulo de la novela de Dostoievski "El idiota", narra el intenso encuentro entre un noble, el príncipe Myshkin, y un potentado, Rogozhin, que intentan dar un último sentido al amor que sentían por la Nastasja del título, que yace muerta en otra habitación. Podríamos hablar de muchas cosas, del puntilloso guion firmado por el propio Wajda y Maciej Karpinski, de la curiosa atracción del propio director por el escritor ruso, que siempre fue despectivo con los polacos, pese a tener raíces polacas. Podríamos hablar de la magnífica fotografía de Pawel Edelman o la música de Malgorzata Przedpelska-Bieniek. Pero es obvio que no podemos pasar por alto que Wajda eligió a dos actores japoneses para hacer de rusos... Y que además uno de ellos interpreta a Myshkin y a la propia Nastasja. No es casual, y Wajda explicó a diversos medios que todo respondía a la obsesión por fundir ambos personajes en uno solo, y a la fascinación que le produjo el actor de teatro Kabuki, Tamasaburo Bando, especializado en roles femeninos. Sin embargo, el grueso de su actuación pertenece a Myshkin en el largo desarrollo central, que termina siendo un tour de force entre el propio Bando y Toshiyuki Nagashima, cuya evidencia homoerótica llega incluso a eclipsar la "figura fuera de campo" de la difunta. Con apenas un prólogo y un epílogo en exteriores, NASTASJA se concentra enteramente en la decadente casa de Rogozhin, perfecto retablo en el que afloran miedos, supersticiones, engaños, revelaciones y un sinfín de palabras que, aunque parezcan aludir a quien está ausente, quizá busquen otro menester, exorcizarlo o pulverizar su doliente recuerdo.
Saludos.

lunes, 30 de abril de 2018

El absurdo trascendente



No sé si están más o menos familiarizados con la incipiente cinematografía islandesa, que vive uno de sus mejores momentos en cuanto a número de producciones y la calidad y variedad de las mismas. Tal y como se desarrollaron diversos "milagros", como el argentino, el rumano o el griego, se podría decir que la crisis económica contribuyó a reajustar diversos cánones y patrones, que desembocaron en producciones modestas, pero que apostaban decididamente por la calidad de sus guiones. Son muchos los títulos que han dspuntado en estos últimos años, pero uno de los que más me han llamado la atención es UNDIR TRÉNU (BAJO EL ÁRBOL), tercer trabajo del director Hafsteinn Gunnar Sigurosson, una especie de comedia negra de mordaz desarrollo y apariencia ligera, que esconde una cruda reflexión acerca de las siempre peligrosas relaciones sociales. Con el pretexto del árbol del título, testigo mudo de los ataques y acusaciones de dos parejas de vecinos (le oculta el sol al que no lo tiene en su jardín), se despliega una furibunda crítica hacia una sociedad, la islandesa, de la que no conocemos demasiado, pero bajo cuya apariencia de tranquilidad y bonhomía nórdica laten celos, rencores y envidias de difícil explicación, pero que conforman el verdadero subtexto deontológico de dicha sociedad, cuyos integrantes parecen calmadamente obligados a entenderse, aunque no quieran. Sigurosson demuestra una fina tenacidad en el tejido del guion, gran beneficiado de su escritura meticulosa y despiadada, e incluye diversas subtramas que siempre suman al montante, enriqueciendo su desolado retrato. Un film que sobrepasa lo exótico y revela a un estupendo y genuino narrador, un director al que se le atisba un brillante camino por delante y al que seguiremos los pasos sin duda.
Saludos.

domingo, 29 de abril de 2018

Rincón del freak #310: Una galaxia en la trastienda



Los 80... Y si acabara aquí la reseña quizá me lo agradecerían. Hay tantos títulos, tantos, de aquellos de la última estantería del videoclub, con aquellas portadas voluptuosas, colores fluorescentes y exceso cárnico, que, de cuando en vez, la nostalgia me invade cual gusano sin morera y me casco alguna cosita de la que ya sólo unos pocos nos acordamos. Hace poco le tocó el turno a VICIOUS LIPS, una especie de parodia de las películas intergalácticas en la que cabía cualquier cosa, y cuyo argumento era tan delirante como finalmente su resultado. El título alude a un grupo compuesto por cuatro chicas que buscan el estrellato más allá de las estrellas, y para ello han de viajar a otro planeta, al club más famoso del universo conocido, pero la nave choca con un asteroide y se ven obligados a aterrizar en un planeta desértico, donde las cosas no son lo que parecen...
Con algo más de talento, ganas, imaginación e incluso presupuesto, podríamos hablar de una peli de culto. Pero no, el infame Albert Pyun (les invito a que echen un vistazo a su filmografía) factura una serie Z, pero zetísima, con movimientos de cámara aleatorios, decisiones de guion rayando lo patafísico y una dirección de actores que convierte en maestro a Médem... Como si de un extenso videoclip se tratara, apenas se salva aguna canción (hay muchas) y algunas chicas vestidas con seis centímetros de gasa vaporosa, a las que supongo otro destino mucho más escabroso en la estantería de aquel videoclub.
Terrible...
Saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!