sábado, 21 de julio de 2018

Brujería



NOVEMBER es una anomalía, una película salida de la fría y atípica Estonia, cuyas potentes imágenes en Blanco y Negro, al menos a mí, me recordaron dignamente a dos maestros como Bela Tarr y Aleksey German, y más concretamente a sus dos póstumas obras maestras. En un tono más comedido, incluso relajado si se quiere, Rainer Sarnet, cuya ignota obra abarca ya un par de décadas, nos introduce en un tiempo pretérito, repleto de supersticiones, conjuros y una lucha fundamental entre el ancestral paganismo y el pujante cristianismo. El film no explica, no subraya, sino que va directamente al grano, escupiendo imágenes impactantes o decididamente sin un sentido lógico. Todo se consigue mediante la brujería, o en último término, cuando todo lo demás ha fallado, pactando con el diablo, aunque el precio a pagar es sumamente elevado. El amor, la protección, las venganzas e incluso el mismo sustento, son proporcionados mediante sortilegios explícitamente orgánicos, sin mayores efectos especiales; y en este sentido, es necesario resaltar a unos seres simplemente antológicos, los Kratt, que en esencia son cosas inanimadas que de repente cobran vida y cuya función única es servir en todo a su invocador. NOVEMBER es una película extraña como poco, de una belleza que se transfigura por completo en fealdad, y dotada de un saludable sentido del humor, precisamente cuandopone de manifiesto las mentiras de la Iglesia frente a unos brujos y brujas que sólo se dedican a resolver los problemas de su comunidad.
Si son de los que gustan de exquisitas excentricidades, esta es su película para el verano.
Saludos.

viernes, 20 de julio de 2018

En la feria de los sentidos




¿Qué es, en realidad, THE ABYSS, sino un uso y disfrute egoistón y demagógico acerca de las posibilidades demiúrgicas de un técnico autoconvenciéndose de que es un narrador importante? Nadie discute el salto adelante que el cine dio en materia técnica en aquel 1989, donde James Cameron, que venía de zarandear exitosamente el mito de Ridley Scott, quiso dar un paso más allá y filmó una súper aventura submarina que intentaba el mismo experimento pero con ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE. Cameron nos introduce en el asfixiante entorno de una expedición a las profundidades del océano, donde un grupo de expertos en excavaciones petrolíferas es contratado por el gobierno para encontrar un submarino varado en el filo de una sima. Las extrañas circunstancias del accidente van descubriéndose a medida que el equipo se adentra en ese inhóspito lugar, aunque aún más extraño es el comportamiento de la tripulación, que se ve alterado por una fuerza que no consiguen entender. Así, Cameron tiene la excusa perfecta para un apabullante despliegue de maquinaria submarina, efectos lumínicos dignos de un concierto de Genesis y el primigenio ensayo de lo que después perfeccionaría en TERMINATOR 2, esas figuras humanoides que parecen hechas de mercurio. Pero los problemas son muchos, la cinta no logra el salvaje ritmo de su antecesora, el kilométrico metraje no llega a estar plenamente justificado, y al final todo se queda muy a medias, ni en un film de aventuras, ni en uno de ciencia ficción, y mucho menos en la burda reflexión filosófica que aguarda al final, que roza la ingenuidad infantiloide. Por otro lado, el trabajo de fotografía de Mikael Salomon es catedralicio, y el reparto, encabezado por un soberbio Ed Harris que se adueña de la pantalla como nadie, cumple con creces. Sí, puede que hablemos de un clásico menor, hoy un poco olvidado, pero que sólo merece la pena revisitar para comparar aspectos técnicos de la actualidad, y ahí Cameron siempre ha tenido un mérito extraordinario.
Saludos.

jueves, 19 de julio de 2018

La indefinición como objetivo



Muy lejos, en el extremo opuesto a las explosiones controladas del cine coreano, se encuentra ese cine proveniente de centroeuropa, y casi exclusivamente desde Alemania o Austria, y que yo definiría como implosiones descontroladas, por seguir el juego y tirar por la calle de enmedio, así por las buenas. Uno ve AGONIE, debut del joven realizador David Clay Diaz, e inmediatamente empieza a relacionar sus imágenes con las de Michael Haneke, pero también con un Ulrich Seidl más tímido y comedido. Es ahí de donde se extrae todo su cometido, que no es otro que el relato y cronología de un crimen absurdo, pero precisamente por ello absolutamente terrorífico. No me queda muy claro si estamos ante un suceso real o no, aunque el film se inicia con un texto en el que ya queda explicitado lo que vamos a ver. Lo que desconcierta es su estructura, que irritará a quienes necesitan que todo esté argumentado, pero fascinará a los espectadores que prefieren encontrar las posibles respuestas confiando en su propia percepción y criterio. Por un lado, un joven que parece carne de cañón, que acaba de salir del ejército y, sin oficio ni beneficio, se dedica a emborracharse en discotecas, pelearse con la policía, jugar a ser un musculitos en el gimnasio y rapear, cosa que no se le da nada mal. Por el otro, vemos su antítesis, un joven de extracción humilde, pero que lleva una vida metódica; trabaja en un cine para poder pagarse sus estudios, y su meta es alcanzar la judicatura. Pero algo les une: no soportan su entorno, piensan que el mundo está contra ellos, y cada vez que vemos sus rostros parecen estar planeando algún tipo de venganza a nivel planetario. Desde luego no seré yo quien les destroce el final, que por cierto está resuelto con una frialdad que realmente asusta al más pintado, pero sólo daré un dato: efectivamente, uno mata, descuartiza y esparce los trozos de una chica por toda la ciudad. El otro no.
Ahí lo dejo.
Saludos.

miércoles, 18 de julio de 2018

Crímenes irrecuperables



La coreana es una de las cinematografías más dadas al retorcimiento consciente de los géneros, que igual nos puede ofrecer una inclasificable mixtura como una genuina refundación de los lugares más comunes. El género de los asesinos en serie, consolidado desde su boom hace un cuarto de siglo, parece el campo más abonado para este tipo de experimentos, ya que la ambigüedad y misterio de sus tramas y personajes lo hacen ideal para desarrollar tramas de lo más demencial. Pero aquí los coreanos se llevan la palma, porque son capaces de mezclar lo más insensato con ese dudoso gusto por los asesinos fríos e inteligentes. Hemos visto de todo, desde asesinos bondadosos a otros que directamente vienen del más allá, incluso asesinos con causa o integrados en una familia normal. Pero lo que propone MEMOIR OF A MURDERER es tan pasado de rosca, que sólo su impecable realización la deja fuera de ser una bazofia insensata. El poco prolífico Shin-yeon Won (dos films en trece años) se atreve a proponernos la figura de un antiguo asesino en serie con alzheimer... ¿?... Ya con una edad avanzada, vive junto a su hija, que lo cuida con dificultad, ya que sus repentinos ataques de pérdida de memoria le dejan totalmente en blanco. Si esto ya no fuera bizarro, resulta que la hija se enamora de un oficial de policía que, casualmente, es otro asesino en serie, y que planea tender una trampa-juego al antiguo asesino con demencia, aprovechando sus lagunas mentales. El tipo se da cuenta e intenta advertir a su hija del peligro que corre, pero ésta no lo toma en serio, como es lógico. No sé, habrá quien encuentre el argumento genial y apasionante, pero les advierto de que no hay aquí ni una pizca de la poesía conceptual de un Bong Joon-ho, con cuya obra maestra, MEMORIES OF MURDER, apenas comparte un título similar. Además, son dos horas que pasan con lentitud, con muchos lugares comunes que ya son habituales en el cine coreano, que a veces también cae en la autoindulgencia.
Entretenida, pero sólo a ratos.
Saludos.

martes, 17 de julio de 2018

Wajda. Brillo y dominio #46



Y, bueno, alguna vez tenía que ser. El final de este kilométrico,absorbente, apasionante monográfico, llega con la última obra filmada por Andrzej Wajda, con 90 años y poco antes de su muerte. AFTERIMAGE es una dolorosa y delicada denuncia cargada de rabia y dignidad. A través de la figura del pintor vanguardista Wladyslaw Strzeminski, Wajda configura un severo retrato de la Polonia de los años 40 y 50, con un régimen comunista cada vez más asfixiante y restrictivo, que contrasta con este hombre, incapaz de comprender el porqué de tanta miseria moral. Strzeminski, erguido sobre su única pierna y su único brazo, se enfrenta a todo y a todos, y es sistemáticamente rechazado, reducido hasta ser menos que un animal sólo por sus ideas. El prestigioso artista y profesor de arte es dspojado de todos sus títulos, sus obras son destruidas y ni siquiera puede permitirse un plato de comida; apenas defendido por sus alumnos, los únicos que creen en sus ideales, su humanidad se ve cruelmente socavada, sobre todo en un tramo final desolador, que culmina en uno de los planos finales más desoladores de una filmografía rebosante de imágenes para la eternidad. La emocionante y contenida interpretación de Boguslaw Linda, es antológica, y deja para la posteridad la imprescindible reflexión sobre las referencias entre artistas análogos. Linda es a Strzeminski lo que éste es a Wajda, y este film póstumo bien puede ser considerado como un epitafio compartido, que resuena como una letanía sorda, mientras en artista, cojeando y con tuberculosis, porta unas flores azules hasta un cementerio cubierto por la nieve...
Para mí ha sido un honor.
Saludos.

lunes, 16 de julio de 2018

Un secreto nada inquietante



Hay algo que le falta a MUSA para tener un funcionamiento correcto. Como un reloj estropeado, pero no me refiero al mecanismo, sino a algo más cercano a la superficie, cómo queda ajustado en la muñeca, por ejemplo. El nuevo film de Jaume Balagueró lo tiene todo para convencer, pero no convence; tiene algunos momentos muy bien rodados, sobre todo algunos diálogos impecables. Los actores están bien dirigidos y la trama fluye adecuadamente ¿Qué es, entonces, lo que impera en la sombra y la deja en una película que se olvida con facilidad? Yo diría que es su indefinición dialéctica, el no aferrarse con desesperación y hambre a su idea fundamental, la que habla de las musas como seres deificados, que se introducen en el mundo a través de la engañosa inspiración que ofrecen a los artistas. Tampoco ayuda lo convencional de algunas decisiones, como que el protagonista sea un profesor de literatura, o que el misterio todo gire en torno de un solo objeto, muy codiciado pero que curiosamente ha estado intacto hasta ahora... ¿Por qué? No lo sé. Creo que Balagueró, al contrario de lo que siempre opino de los directores sin talento, se fía emasiado de unos guionistas que no dejan volar su innato olfato para lo escabroso. Aquí había material para haber hecho un espeluznante y viscoso cuento de horror gótico, pero al final parece un telefilm cualquiera, elegantemene rodado, pero sin un gramo de libertad creativa. Se confirma que el tándem, una vez separado, no rueda como debería...
Saludos.

domingo, 15 de julio de 2018

Rincón del freak #321: ¿Qué es el cine dictatorial?



Si Calígula fue un dictador, fue de los peores, el máximo exponente de lo que las dictaduras totalitarias significan, sobre todo el que un estado, una población entera, estén a merced de los caprichos y designios de un demente, tan sólo porque éste tiene el control absoluto del ejército. Sobre Calígula se ha escrito mucho y muy bueno, lo hizo Camus y lo hizo Gore Vidal, al que, a finales de los setenta, le llegó el encargo de escribir un guion con libertad absoluta para desarrollar un personaje y una época controvertidos hasta el límite. Fue un engaño, porque tras las cifras millonarias, tras el estelar reparto y la promesa de poder hacer una superproducción fuera de las habituales restricciones hollywoodenses, se encontraba un solo nombre, el de Bob Guccione, magnate de la publicación para adultos Penthouse, que sabía muy bien lo que quería, un film con insertos pornográficos avalado por algunos de los mejores y más famosos actores de la época. CALÍGULA es una aberración desde su misma concepción, y como resultado es una experiencia estomagante, un desarticulado montaje repleto de diálogos absurdos e imágenes a destiempo; una producción malencarada, de la que dimitió todo el mundo, desde sus protagonistas (John Gielgud apenas tiene tres planos sin abrir la boca) hasta el propio director, un Tinto Brass que no era ningún mojigato, pero que no estaba dispuesto a firmar este despropósito, del que perdió el control en el mismo instante que Guccione se destapó y empezó a meter con calzador a actrices porno, de las que había rodado escenas explícitas por su cuenta. Es mala por eso, aunque tampoco estoy muy seguro de que Brass lo hubiese arreglado; la "versión del director" que circula desde hace tiempo es una de las cosas más deplorables a las que uno puede enfrentarse, 150 minutos de algo (y esto no lo digo nunca) que hubiese sido mejor que no se hiciese.
Saludos.

sábado, 14 de julio de 2018

Misterios revueltos



Parece complicado cargarse una historia escrita por Patricia Highsmith. De hecho, atendiendo a los clásicos, el cine ha obtenido beneficios extra de la ambigüedad, inteligencia y mordacidad de sus textos; el problema sobreviene cuando la escritora de Texas es sometida a un enjuague de sus goznes y resortes por un director que no ha comprendido nada de ello. El británico Andy Goddard, curtido en estupendos trabajos para televisión, demuestra no estar a la altura de una historia apasionante en su planteamiento pero penosamente ejecutada. En A KIND OF MURDER, Goddard pretende adoptar las formas de Todd Haynes, su elegancia y dominio de la imagen como vehículo contrastado de emociones; la ramplonería de este chapucero mogollón de celos, asesinos y apariencias queda en el fantasma de lo que, en otras manos, podría haber sido un peliculón, porque material había de sobra. Los actores apenas balbucean sus caracteres, los diálogos parecen estar siendo soplados en el momento, y la construcción de la trama es torpe y convencional. Le salvo la intención, el arrojo de atreverse con un film de época hecho a la manera clásica, pero cuya timidez formal le resta cualquier triunfo, como si estuviese empeñado en prometernos algo diferente y el camino a tomar fuese siempre el menos arriesgado. Patrick Wilson y Jessica Biel (lo más rescatable de la película) encarnan a un matrimonio sin sentido, que hace aguas por donde se mire. Él es un tipo acomodado, pero que sueña con ser escritor de novela negra; ella... bueno, sabemos que no le quiere nada, pero su personaje carece de mayor profundidad. La gracia está en la obsesión de este hombre con la oscura figura de un tipo apocado y silencioso, del que se sospecha que ha asesinado a su mujer, pero que ha preparado una coartada perfecta. El (forzado) silogismo emerge cuando la propia mujer del escritor aparece muerta, y él se conviete asimismo en sospechoso. Ya digo, es un argumento fascinante, pero la película es tan normalita que duele ver a unos actores desperdiciados en una producción que no pasaría nada si no se hubiese hecho nunca.
Saludos.

viernes, 13 de julio de 2018

Un homenaje a la inversa



Sin devanarse mucho los sesos, uno llega a la conclusión de que READY PLAYER ONE es una película hecha al revés. Es difícil de explicar, pero a mí me hubiese gustado más ver a otro director (se me ocurren unos cuantos) realizando el mismo ejercicio de nostalgia musculosa, pero precisamente con el aglutinado de todo el universo spielbergiano, que no es poco ni malo. No me parece una película mala, sólo innecesaria, como hecha a destiempo, incrustada entre otras obras mayores, de madurez (odio la palabra, pero es así); y puede que ese sea el verdadero "huevo de Pascua" oculto en el abigarrado metraje de esta espesa alegoría sobre los justos contra los injustos, aunque todos vayan detrás de lo mismo, claro. A veces parece MATRIX, otras AVATAR y en ocasiones un simple videojuego con algunos insertos reales... Es, en serio lo digo, muy extraña, y pese a tener momentos de cine de mucha altura (lo de EL RESPLANDOR es tremendo), sus dos horas y pico apenas dan para poder embutir tantísimas cosas, dotarlas de un sentido lógico y no acabar con la sensación de que esto no era más que el divertimento caprichoso de un septuagenario que, por supuesto, merece rodar a estas alturas lo que le dé la gana. Me conformaría, fíjense, con que captara la obnubilada, sobresaturada asimismo, atención del público más joven, quizá desconocedores de la inmensa valía de este director a lo largo de casi cinco décadas dedicadas a ennoblecer y engrandecer el séptimo arte. Pero debo decirlo aquí y ahora: no es de mis favoritas suyas...
Saludos.

jueves, 12 de julio de 2018

Terror en el excusado



Y, bueno, hoy una peliculita de esas que cuestan cuatro duros, duran poco más de una hora, se disfrutan como entretenimiento sin pretensiones y luego se olvidan sin ni siquiera dejar mal sabor de boca. CURTAIN es una serie B descarada, apreciable por lo mucho que juega a parecerse a un capitulo alargado de "The twilight zone" y con algunas gotitas de terror metafísico que, aun de desarrollo infantiloide, la dejan como el segundo pasito de su director, tras un debut que no vio nadie. El argumento es delirante y algo zumbado, y gira en torno a una especie de puerta interdimensional (sobre esto ya se ha hecho mucho material) que aparece en el cuarto de baño de un pequeño apartamento... justo cuando su inquilino coloca la cortina de la ducha... Efectivamente, un aroma de comedia sobrevuela la cinta, y su mayor eror es no explotarlo, como efectivamente haría un Sam Raimi inspirado. En lugar de eso, después de algunas escenas descacharrantes, el director se lo cree y se pone a imitar a Clive Barker, pero sin la inventiva ni la mala baba de éste, por lo que el film se va tornando cada vez más convencional y previsible, incluyendo al monstruito de turno, que por falta de presupuesto apenas se reduce a unos primeros planos de una careta de goma, detalle que no hacía falta incluir.
La pueden buscar para una tarde de vacaciones sin muchas ganas de pensar, nada más.
Saludos.

miércoles, 11 de julio de 2018

Desierto blanco



Yo siempre suelo remitir a Werner Herzog cuando alguien me pregunta, no sin su poquito de mala baba, que le recomiende cine extraño, cine arriesgado e inclasificable. El cine del alemán, con una carrera ya de casi cincuenta años, sigue siendo insobornable y muy personal, pero no sólo en los aciertos, también en los errores. Y yo se lo perdono casi todo a Herzog, pero es difícil empatizar ni un tanto con un film como SALT AND FIRE, tan hosco en la forma como finalmente incomprensible en el fondo. La historia es extrañísima, y narra la estrambótica deriva de unos científicos que son secuestrados en Bolivia y retenidos para... No, no sé para qué, por muchas explicaciones que dé el guion. Porque Herzog mezcla muchas cosas para terminar contando una chorrada; habla de ciencia, de tecnología, ecología, geopolítica, arte, terrorismo, valores humanos y cómo éstos quedan sujetos a la ambición personal ¿Lo que yo vi? Un puñado de estupendos actores al borde del ridículo, con un fondo de música machacona y un metraje que no parece acabarse nunca, como el desierto de sal en el que transcurre la, insisto, incomprnsible parte final de este decepcionante film, cuyo culmen consiste en una botella de champán en una silla de ruedas... ¿?... Y eso no lo salva ni Michael Shannon, que de vez en cuando debería hablar con su agente...
Saludos.

martes, 10 de julio de 2018

Wajda. Brillo y dominio #45



Con 88 años, Andrzej Wajda "redondeó" su inabarcable obra cinematográfica acercándose a una de las últimas grandes figuras de la historia de Polonia, el carismático líder del sindicato "Solidaridad", la controvertida agrupación obrero-católica que, a finales de los años ochenta, finiquitó el férreo sistema comunista polaco y ganó las elecciones democráticas en 1990. Lech Walesa ganó el Nobel de la paz, fue entrevistado por Oriana Fallaci y apuntalaba un sindicato multitudinario desde un modesto piso, curiosamente otorgado por el gobierno al que se oponía. Desde allí, con su abnegada esposa y sus seis hijos, Walesa era constantemente detenido, interrogado y sobornado, todo para lograr que parase unas huelgas masivas que paralizaron al país y lo sumieron en una situación económica insostenible. Esa es la Historia, con mayúsculas, pero era imposible que Wajda dejase pasar por alto el introito de vertiente católica del líder sindical, aunque fuese un poco de puntillas y casi testimonialmente, por las diferencias que el director tenía con un personaje simplemente inclasificable, una de esas personas destinadas a mover el eje del mundo unos centímetros casi más por convicción que por poder real. WALESA. CZLOWIEK Z NADZIEI (WALESA. HOMBRE DE ESPERANZA) denota, como obra, cierto natural cansancio, lógico por otra parte, y aunque pretenda cerrar el círculo de los "Hombres", el de mármol y el de hierro, quedó más como la constaración de que el maestro no tenía intención de retirarse, o que al menos sólo lo haría mientras seguía trabajando.
Saludos.

lunes, 9 de julio de 2018

El todoterreno



A ver. En 1986, John Carpenter venía de filmar un western de asedio en su propia época, establecer los parámetros del asesino en serie psicópata tal y como lo conocemos hoy, realizar un par de las mejores adaptaciones de Stephen King, dar una vuelta de tuerca al antihéroe post-apocalíptico o regalarnos una de las cumbres del terror de todos los tiempos (sí, es LA COSA)... ¿Qué le quedaba por hacer al tío Johnny? Hombre, podía haber hecho muchas cosas, lo que le hubiese dado la gana, pero por aquel entonces se llevaban las aventuras exóticas, con héroe medianamente desastrado y chica "sí pero no". Lo inició elegantemente Spielberg, lo copió sañudamente Zemeckis y Carpenter, no podía ser otro, se lo pasó todo por el forro y nos introdujo en un atávico Chinatown, con magos de 2000 años, luchadores voladores y un sentido del humor macarra, sustentado en el siempre glorioso Kurt Russell, uno de los pocos actores capaces de aunar todos los registros en uno. BIG TROUBLE IN LITTLE CHINA fue un divertimento, no cabe duda a día de hoy; lo fue tanto que su paso por taquilla, cuando la gente iba de verdad al cine, fue anecdótico, pero los pocos que entonces flipamos con esta joya teníamos razón, el tiempo la pondría en su sitio como un genuino título de culto. Quizá no me crean, quizá la recuerden flojita, quizá deberían haber contado más con esa magnífica actriz llamada Kim Cattrall, por no hablar del genial James Hong, y quizá los guionistas deberían tener un poco de sentido del humor y menos solemnidad, y a lo mejor les salía una cinta tan sumamente entretenida y desprejuiciada como ésta. Yo la volví a ver el otro día y otra vez volví a flipar, como hace 32 años en el Lux, y para mí eso sí que no tiene precio...
Saludos.

domingo, 8 de julio de 2018

Rincón del freak #320: Imaginación secuestrada y puesta en libertad



Normalmente, las películas que incluyo aquí cada Domingo no pasan un corte mínimo de calidad, lo que las deja a merced del gusto de cada uno, que es variopinto e inviolable. Normalmente. Porque de vez en cuando, lo que comúnmente nos da en llamar "frikada", puede desembocar en una buena película, incluso en una muy buena. Es lo que ocurre con una de esas anomalías que debemos agradecer a Sitges, porque el mítico festival permite que puedan verse en nuestro país cosas como BRIGSBY BEAR, el caso perfecto de placer culpable que, de tan honesta, es capaz de manipular tu percepción cinéfila y desarmarte hasta terminar como el niño que eras, embobado ante algo que no cuestionas, sino que simplemente disfrutas. El argumento no puede ser más delirante, y no estoy seguro de que sea conveniente desvelar nada más allá de sus primeros y marcianos minutos. El film narra la monótona existencia de James, un treintañero que pasa sus días en una especie de búnker, acompañado de sus padres, sin salir al exterior y con la única compañía de unos videocassetes con las aventuras del oso Brigsby, destinado a salvar al universo; una especie de hípercutre versión de STAR WARS, con un oso gigante de peluche como protagonista y un sol cabezón, Sunsnatcher, como su archienemigo declarado. Pero la realidad siempre suele ser dolorosa, porque James ha sido encontrado por el FBI 25 años después de haber sido secuestrado. Toda su vida ha sido una mentira de la que ahora no puede desprenderse; no sabe cómo aceptar a sus verdaderos padres, ni relacionarse con la gente, porque pensaba que eran los únicos habitantes de la Tierra. Sí, es muy rara, y con todas las papeletas para ser una castaña infumable, pero no hay un gramo de grasa en el guion escrito por Kevin Costello y Kyle Mooney (también protagonista), y sí una catarata de emociones, que no por estrambóticas dejan de apelar a lo más íntimo que tenemos, nuestra capacidad de entender al "otro", aunque sólo sea por simple empatía.
Una sorpresa en toda regla, con momentos muy tristes y otros en los que aflora la carcajada, pero es una película que no me da miedo recomendar desde este desquiciado rincón y que te deja una agradable sensación después de verla.
Saludos.

sábado, 7 de julio de 2018

Marca... ¿España?



Inusual. Me atreví a ver EL DESCONOCIDO aun con mis prejuicios de cinefilillo caimanita de tres al cuarto. La vi, y me gustó ¿Y qué me gustó?, supongo que se estarán preguntando con el entrecejo inapropiado los que hasta no hace mucho se "parajanearon" en estas páginas. Me gustaron muchas cosas, otras no tanto, pero son las menos. Me gustó, sobre todo, que un excepcional director técnico no vaya de sobradillo y deje el hervir del puchero en manos de un estupendo guionista. Me gustó el no tener miedo a los arquetipos, estamos rodeados de ellos diariamente, sólo no hay que esquematizar el arquetipo, que sería la repera, y que es un mal endémico del cine patrio. Me gustó el ritmo, sin dar un respiro al espectador desde su monumental arranque y sin decaer en los siguientes 90 minutos, que es algo muy complicado de hacer (sobre todo sin un buen guionista, claro). Me gustaron los actores (y actrices, je, je...), aunque de eso andamos sobrados desde hace muchas décadas (doña Elvira Mínguez está de oscar). Y lo único que me gustó menos, aunque es lo de menos, y porque sé que no le ha gustado a nadie, es el desenlace, y no por cómo está planteado y ejecutado, sino porque su pizquita de moralina no hace justicia a la brutal y desencajada violencia de este estupendo thriller, que no llega al lirismo de un Urbizu ni a la poesía insomne de Alberto Rodríguez, pero que eleva considerablemente el nivel del cine de género hecho en España. Antena 3 puede respirar tranquila...
Ah, va de un hombre que lleva a sus dos hijos al colegio, y por el camino recibe una llamada chantajeándole: si alguien se levanta, explotará la bomba que llevan debajo...
Saludos.

viernes, 6 de julio de 2018

El metaerror



INFINITY CHAMBER es una de esas inagotables películas de ciencia ficción de bajo presupuesto, que sabes que acabará en VOD o en alguna sesión perdida de un ignoto canal por cable. Y lo merece, pero sólo por la imperdonable torpeza de pretender hacer una obra maestra en tu primera película ¿El error? El guion, por supuesto. Apasionante en su planteamiento, pero forzado y estirado hasta que ya no da más de sí y se deshilacha en una sucesión de explicaciones innecesarias y deliberadas. Además, por si no fuera poco, la excusa argumental flota como un péndulo sobre esa mínima historia, reducida a una especie de cámara de seguridad en la que un hombre despierta sin saber por qué está allí y con la única compañía de una computadora con la apariencia de una cámara, y que no hay que ser muy avispado para identificar con el amigo Hal. Pero claro, como los argumentos se acaban muy pronto, el director y guionista se saca de la manga lo del tiempo en bucle, haciendo volver a su protagonista una y otra vez al mismo lugar. Eso, bien hecho, se lo hemos visto a Nolan en MEMENTO, y también me recordó vagamente títulos como LOOPER o EL MAQUINISTA, donde se inenta enlazar el tiempo mental con el físico. Pero ya digo, excepto un par de cosillas, el film se torna exasperantemente inacabable y rutinario, y eso, si no lo adornas con algo pues no merece la pena. Si hubiese sido algo más inteligente, habría pasado del tema de la cámara, que aburre a las ovejas, y se habría explayado en ese coitus interruptus entre el protagonista y la camarera, porque ahí sí había una potencialidad de riesgo, además de o mejor del film, Cassandra Clark. Atentos a ella.
Saludos.

jueves, 5 de julio de 2018

Una técnica poco depurada



En el cine de animación suele ocurrir que la distancia entre sus componentes discrepan entre sí, hasta tal punto, que realmente lo que más chirría es la falta de cohesión. El 3D, su resurgimiento hace ya algunos años, trajo consigo una especie de "todo vale" absurdo y ramplonista, que nos hizo transigir con inanes producciones muy menores, pero que exhibían impúdicamente la cifra y la letra, como si sólo aquello ya valiera para el menester de facturar una obra de mínima enjundia. Hace poco me encontré con un curioso título, BATTLE FOR TERRA, cuyo único argumento en contra es, precisamente, en el que más se insistía en su promoción. Curioso, porque las tres dimensiones aquí aportan poco o nada a una historia de por sí algo infantiloide, pero que rebosaba de mensajes positivos en torno a la posibilidad de reinventar a la humanidad como ser eminentemente ecológico. Aún más curioso, porque resulta que las voces de los personajes la prestó una augusta pléyade de rutilantes estrellas hollywoodenses, como Evan Rachel Wood, Luke Wilson, Chris Evans o Justin Long. Por no hablar de la extraña inclusión de una fabulosa y estratosférica banda sonora a cargo de Abel Korzeniowski, que recomiendo encarecidamente ser escuchada sin los insoportables diseños de personajes que le pesan una barbaridad a una historia que, para qué engañarnos, tampoco es nada que no hayamos visto antes, aunque quizá logre entretener a algún infante con poca exigencia cinematográfica.
Podía haber sido mucho mejor, pero es absolutamente olvidable.
Saludos.

miércoles, 4 de julio de 2018

El color de la forma #14



Se acaba el apasionante recorrido por la filmografía de Sergei Parajanov, uno de esos artistas que prefirieron realizar solos su propio camino, aceptando las dificultades, e incluso convirtiéndolas en virtud. Sobre ello realizó, en 1992, un documento definitivo para entender la desbordante creatividad de Parajanov, su gran amigo y (aunque nunca lo reconociera) discípulo Mikhail Vartanov. PARAJANOV: THE LAST SPRING condensa en menos de una hora todo el material que Parajanov permitió grabar a Vartanov en mitad de sus rodajes; sobreexpuestas, sus explicaciones sobre el propio espectáculo de aquellos rodajes en condiciones extremas son una obra de arte por sí mismas. Vartanov nos traslada lo que Parajanov le confesaba, que haría cine hasta que le encarcelaran o le mataran, que nunca volvería a hacer una película propagandística y que, en realidad, todos los artistas que le emocionaban y sobre los que basó su propia obra (con Sayat Nova al frente) siempre fueron un enigma para él, pero que se sentía impulsado a reflejarlos simplemente porque le trasladaban a un tiempo muy pretérito, quizá la niñez. Todos estos pasajes, con la imponente y delicada figura de un Parajanov extasiado, dirigiendo a toda prisa, con sólo una hora de luz eléctrica, constituyen un impagable y necesario testamento, el de un artista irrepetible, pero también el de una manera de entender el cine, el arte, que parece perdida para siempre.
Magistral.
Saludos.

martes, 3 de julio de 2018

Wajda. Brillo y dominio #44



MAKBET fue una de las últimas producciones que Andrzej Wajda realizó para televisión. Una sugerente versión del drama shakespeareano, que tantas adaptaciones ha conocido, y que el veterano director transfiguró en un sombrío silogismo con la WWII, y más concretamente la esquizofrénica situación polaca. Este Macbeth, sin salirse del libreto original, aporta tanto en lo visual como en lo conceptual; con una puesta en escena rompedora, contiene largos pasajes de desnudez dramática, mientras el tormentoso dilema del rey coronado a la fuerza vira hacia los espantos de la guerra, cuando es impuesta por fuerzas que ni el propio monarca es capaz de controlar. Todo Shakespeare está aquí, pero también todo Wajda, uno de los directores que mejor han entendido las múltiples posibilidades que se abren tras unos clásicos que son cualquier cosa menos inamovibles.
Saludos.

lunes, 2 de julio de 2018

Del placer por el placer



EXTRAORDINARY TALES es una rara avis, no hay duda de ello en una producción española (aun con sus muchas colaboraciones foráneas) que afronta desde la animación una nueva revisión del apasionante mundo literario de Edgar Allan Poe. Dividida en varios episodios, encontramos clásicos imperecederos como "La caída de la casa Usher", "El péndulo y el pozo", "El extraño caso del señor Valdemar" o "La máscara de la muerte roja"; todos unidos por la sugerente encarnación del propio Poe como un cuervo que discute con las estatuas de un cementerio la conveniencia y sentido de sus obras. Es cierto que el tratamiento de los cortos es bastante más liviano que el de los originales, y que la obsesión por no salirse un milímetro de sus coordenadas no permite al montante volar aún más libremente de lo que lo hacen sus excepcionales diseños, que nunca son lineales, sino que se adaptan al espíritu que inentan atrapar. Una verdadera delicia para cinéfilos, que se ve en un suspiro y tiene joyas como la voz de Christopher Lee o guiños como la representación animada de Vincent Price. Aunque, si tuviéramos que hablar de joyas, la encontraremos en uno de los relatos menos conocidos del escritor bostoniano. "El corazón revelador" se eleva por sobre el resto, con un maravilloso compendio de hallazgos; un tenebroso y minimalista retrato de la culpa, esculpido en un contrastado blanco y negro que recupera el trazo del maestro Breccia y es narrado, atención, nada menos que por Bela Lugosi...
Merece la pena echarle un vistazo, porque en su estreno pasó bastante desapercibida.
Saludos.

domingo, 1 de julio de 2018

Rincón del freak #319: Cuando la vergüenza inunda una pantalla



Poco a comentar hoy, seguidores impenitentes del Domingo. La película (siendo muy muy benévolos) es la inenarrable secuela que Harry Bromley Davenport perpetró, ocho años después, de su inesperado éxito de videoclub, empujado, supongo, por la necesidad de cash y la convicción de que el todo vale puede ser un acicate para que algún productor despistado aporte un dinero incomprensible. La cosa en cuestión se llamó XTRO 2: THE SECOND ENCOUNTER y, efectivamente, no tiene absolutamente nada que ver con aquella simpática peliculilla que fue hecha con cuatro perras y toneladas de entusiasmo. Esto es una copia descarada de el ALIENS de James Cameron, pero terriblemente mal hecha y sin ninguna conexión con su antecesora. Hay un proyecto ultrasecreto en alguna parte, unas imágenes hechas con ordenadores de 32 bits que no se sabe qué son, unos tipos que igual se supone que son científicos pero que no dudan en ponerse un pañuelo en la cabeza a lo Rambo y disparar ametralladoras kilométricas. Y todo rodado en una semipenumbra en la que no se ve nada, con unas actuaciones lamentables (por allí andaba un ajado Jan-Michael Vincent), un bicho de goma eva brillante (porque brilla, no porque esté bien hecho) y un argumento que parece escrito por un pastor kazajo (mis respetos a los pastores kazajos). En resumen, una bazofia tan grande tan grande que yo me sacrifico por ustedes, me la trago en una soleada mañana de Domingo y se la pongo aquí para que no les dé por verla. Hala.
Saludos.

sábado, 30 de junio de 2018

Esas metáforas sobre la inmadurez...



En fin, ilustremos este fresquito último día de Junio con una de las últimas novedades que han aparecido sin pedir permiso. Como los zombis que, de golpe y porrazo, inundan las calles de París, el guion de LA NUIT A DÉVORÉ LE MONDE irrumpe a trompicones, con la insolencia de los primeros trabajos y el bagaje de la desmesurada cantidad de títulos similares que surgen cada temporada. Más que una película de terror, parece una especie de metáfora sobre el desconcertado treintañero de clase media en Europa; muy cosmopolita, muy engreído, muy ensimismado, pero también incapaz de convertir en actos provechosos (o cuanto menos empáticos) la facilidad que tiene para establecer relaciones sociales ¿Que qué tiene que ver todo esto con una peli de zombis?... Correcto, nada. Pero es la única conclusión medianamente elaborada que he sido capaz de extraer de su monocorde transcurrir, básicamente la observación de un tipo que se queda dormido en una habitación del piso donde su ex da una fiesta, y adonde ha ido a recoger sus cosas, sólo para descubrir al día siguiente que todo el mundo se ha convertido, vaya usted a saber cómo ni por qué, en una horda sedienta de sangre (esto también lo suponemos, claro). Más bien parece un extraño disloque entre lo mumblecore y lo bitacorizado en festivalillos de por ahí; yo, a su primerizo director le encuentro cosas muy interesantes, pero que va a tener que desarrollar muy concienzudamente también. Por ejemplo, es maravilloso poder volver a ver al gran Denis Lavant en pantalla, pero sus infinitas posibilidades gestuales están aquí, efectivamene, zombificadas.
Curiosa, sobre todo.
Saludos.

viernes, 29 de junio de 2018

Nieve derretida



THE SNOWMAN parece una de esas producciones que parecen empeñadas en ponerse zancadillas a sí mismas, quizá por un exceso de autosuficiencia, o quizá por mera incapacidad de su director para lidiar con tantos elementos favorables. A Tomas Alfredson lo hemos admirado mucho por estas páginas, tanto por su sobriedad escénica como por su excelente dirección de actores; un innovador que ha bebido hasta saciarse de los estrictos manuales de los grandes maestros de su país, a los que huelga citar aquí. Sin embargo, son muchos los inconvenientes que plantea esta adaptación del escritor noruego Jo Nesbø, uno de los exponentes más exitosos de ese subgénero que a mí siempre me ha suscitado no pocos recelos, llamado (o eso creo) "neothriller escandinavo". El primero es el nulo interés por los personajes; algunos son tan absurdos (sí, el de Chloë Sevigny) que ni siendo dos aparecen más de un minuto en pantalla... Otro muy sangrante es el desaprovechado reparto, con un puñado de actores y actrices simplemente de lujo, pero a los que parece que Alfredson tiene miedo de decirles qué tienen que hacer; el resultado es una infumable amalgama de rostros pétreos y gestos forzados, por no hablar del tema del acento, que ya empieza a cansar esto de la globalización... Rspecto a esto, alguien tendría que explicar la absurda decisión de tener un reparto anglosajón, que habla en inglés, mientras la acción transcurre en Noruega... ¿?... ¿Tan difícil era cambiar la ubicación? Al fin y al cabo, no hay un solo detalle cultural que sea relevante para ello. Pero, si nos dejamos de excusas, lo que jode mucho es que se nos quiera hacer pasar por un thriller sumamente inteligente lo que no es más que un refrito de un montón de películas, y todas su periores a ésta. Una decepción y un tachón en el ascendente camino de su director, pero aún le sigo teniendo fe, no me queda otra.
Saludos.

jueves, 28 de junio de 2018

Mudez inmediata



Uno de los títulos que más expectación ha despertado en este nuevo curso ha sido A QUIET PLACE, pequeña pieza de terror atmosférico, en cuyo favor juega el gusto por el suspense y la sugerencia, acotando los momentos de acción a aquellos que estén plenamente justificados. Dicho esto, no logro compartir (quizá necesite otro visionado) el desbordante entusiasmo por una cinta que contiene muchos fallos de guion, aunque le reconozco el estupendo trabajo de los actores o la contenida puesta en escena, amén del inteligente uso del sonido, o más bien de su ausencia. Cosas muy buenas y otras no tanto, que a mi juicio la dejan en un buen lugar como cinta de género, pero no como una obra maestra, que me parecen palabras mayores. Está maravillosamente conseguida la sensación de desprotección de una familia ante la amenaza de unas criaturas letales, con un oído hiperdesarrollado, pero que no ven, por lo que su supervivencia depende de realizar el menor ruido posible. Lo que me chirría (y eso que es una película corta, apenas 90 minutos) es el dudoso regusto de estar viendo un cortometraje alargado, algo que pensaba por el exceso de concisión; se evita dar explicaciones sobre el origen de las criaturas, y, pese a que se intuye que no se tratan de los únicos supervivientes en un radio cercano, el guion queda enfocado exclusivamente en esta familia. Y otra cosa: hay que tenerlos cuadrados para tener un hijo en esas condiciones. De todas formas, puede que mi punto de vista sea demasiado exigente, y que debería haber disfrutado más de su espectáculo de suspense ahogado, lo que me obliga a reconocer que efectivamente es una muy buena película de terror, y que tendremos que estar atentos a la deriva de su director y protagonista. Ahora mismo estoy seguro de que voy a ener que volver a verla...
Saludos.

miércoles, 27 de junio de 2018

El color de la forma #13



ARABESKEBI PIROSMANIS TEMAZE (algo así como ARABESCOS EN LOS TEMAS DE PIROSMANI) fue el último cortometraje rodado por Parajanov. Ni un documental, ni una ficción, exactamente como corresponde a la sensibilidad creativa de su autor, una especie de puesta en escena con la que intenta revivir las pinturas de Niko Pirosmanizvili, pintor georgiano de finales del XIX y principios del XX, cuyos retratos parecen fotogramas directamente sacados de la obra del cineasta armenio. Ambas obras y artistas se retroalimentan en un asombroso juego de correspondencias, en los que el colorido, la exuberancia de las formas y el desafío compositivo logran esa sensación de salvajismo, libertad y, al mismo tiempo, profundo respeto por el íntimo significado de lo tradicional. Un corto imprescindible, que, una vez más, Parajanov sacaba adelante sin ayuda ni reconocimiento, apenas apoyado por su círculo más cercano, en un entorno social que siempre le había sido hostil, por la incomprensión y controversia que siempre despertó.
Saludos.

martes, 26 de junio de 2018

Wajda. Brillo y dominio #43



En 2009, un octogenario Andrzej Wajda filmó TATARAK (EL JUNCO), un sorprendentemente fresco y subversivo relato acerca de una mujer de mediana edad, casada y con una vida estable, que pierde la cabeza por un joven con el que aparentemente apenas comparte algo más que una irreprimible atracción física. El libro de Jaroslaw Iwaszkiewicz, en el que está basado el film, tiene la cualidad de ofrecer mucho más de lo que aparenta, y Wajda capta a la perfección la incomprensión y soledad de esta mujer cuando decide asumir un papel que parece sólo reservado a los hombres, y lo condensa en menos de noventa minutos, en los que la gran Krystyna Janda reverbera mediante una compleja metaficción. Primero interpretando a la actriz que va a dar vida al personaje, es decir, a ella misma, para después compaginar la narración en idílico flashback con unos duros soliloquios, en los que no cesa de reflexionar sobre la necesidad de ir contra las normas, tanto como persona real, actriz, e incluso personaje ficticio, y confrontando unos escasos momentos de felicidad a un desenlace trágico e inesperado. TATARAK fue, sin duda, el último gran título de Wajda, una película que cualquier principiante firmaría con sangre poder dirigir, lo que da una idea de la enorme dimensión de su autor.
Saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!