miércoles, 1 de octubre de 2014

Ficción y ciencia



De 1931 es ARROWSMITH, una vigorosa epopeya médica basada en la famosa novela de Sinclair Lewis y que sería punta de lanza para una serie de películas que, en aquella época, tornaron el melodrama en una oportunidad de deslizarle a los productores un fuerte contenido social (se me vienen a la cabeza, por ejemplo, THE CITADEL o THE STARS LOOK DOWN). Aquí, el doctor recién licenciado, Martin Arrowsmith (Ronald Colman), es un hiperactivo y casi temerario idealista que sueña con un mundo libre de enfermedades. Sin un minuto que perder (en apenas un día, obtiene su primer puesto en un hospital y se declara a una enfermera [Helen Hayes]), Arrowsmith se irá forjando una estimable reputación, aunque su naturaleza sin ataduras lo llevará de la ciudad a un pequeño pueblo, y sus ansias de investigación le devolverán al prestigioso instituto donde se encuentra su gran mentor, el doctor Gottlieb. Trabajando sin descanso, cree haber encontrado un suero para la peste bubónica, que está haciendo estragos en una isla caribeña y adonde marchará con todo su equipo, aunque el desenlace será crudo e inesperado para él.
Desdeñada durante muchos años por quienes sólo han apreciado los westerns de Ford, ARROWSMITH, sin ser ninguna obra maestra, contiene un interesante dilema al confrontar el entusiasmo de un médico, que casi podría considerarse un pionero del viejo Oeste, con la dura realidad del mundillo médico, que apenas ha cambiado en su filosofía mercantilista. Y Ford, sagaz e intuitivo, se sirve de una cosa para generar otra; su discurso acompaña al doctor Arrowsmith a lo largo de un largo periplo, sin juzgar, esperando a que el final se revele demoledor y con más preguntas que respuestas. O: cómo filmar la rueda de la ciencia mediante una ficción que, sin resultar tediosa, base su humanismo en una exposición neutra.
Merece la pena recuperarla, y si es junto a los dos títulos antes mencionados, mejor que mejor.
Saludos.

martes, 30 de septiembre de 2014

El pecador impecable



En 1923, John Ford realizó una notable adaptación de la célebre obra de Booth Tarkington y Harry L. Wilson, sobre las incesantes idas y venidas de un rompecorazones, experto jugador de cartas y justiciero ocasional, Kirby "el del camafeo", que se ve envuelto en una oscura trama, desatada en torno a un asesinato por grandes intereses en las plantaciones de Nueva Orleans. CAMEO KIRBY tampoco llegaba a ser un western, pero contenía mucho del género y además es una magnífica muestra del dominio de Ford sobre sus actores. Aquí, por ejemplo, la estrella máxima del cine mudo, John Gilbert, realiza, en mi opinión, uno de sus trabajos más completos y atractivos, abarcando una variedad de registros inusual en él. Por añadidura, supuso el debut de Jean Arthur en el cine y es también una jugosa oportunidad para disfrutar de aquella maravillosa partenaire de las grandes estrellas masculinas que era Gertrude Olmstead.
Aún puede encontrarse una copia (en un estado discutible, es cierto) en el archivo de cine y televisión de la UCLA y, milagrosamente, en la Cinemateca Portuguesa. Y existe un precedente de 1915, dirigido por Dustin Farnum, y otro de 1930 en clave musical, de Irving Cummings.
Saludos.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Amor vaquero por correspondencia



El otro día, entre trombas de agua y Smart TV's, encontré tiempo para degustar un sabroso lomo de salmón con salsa de pimientos del piquillo en el Restaurante Manila, muy cerca de la estación de Santa Justa. Es ésta una actividad que me permito recomendarles para evitar depresiones e incertidumbres, sobre todo si la acompañan de jamón serrano y buena charla; aunque en realidad me sirvió para acordarme de un señor al que alguna vez han llamado "el mejor director de la jodida historia de la humanidad". Y, claro, me daba un poquillo de vergüenza tenerle 10 entradas nada más, así que esta semana (menos el Domingo, por motivos obvios) quedará por completo dedicada a Mr. John Martin Feeney... o Sean Aloysius..., a seis obras suyas, una por década que estuvo en activo y, lo más difícil, sorteando el gran tema fordiano: el western. Esto no es exactamente así en BY INDIAN POST, un pequeño film (apenas 18 minutos) rodado por un tal Jack Ford (así apareció en multitud de títulos de su primera época) en 1919. Con un tono relajadamente cómico, Ford narraba las desventuras de un tipo locamente enamorado que deja una nota romántica a su amada clavada en la puerta, con la mala fortuna de que un indio que pasaba por allí la descuelga antes, lo que empezará una cadena de malentendidos que terminará con la inefable persecución y con la escurridiza pareja sacando literalmente al pastor de la cama para que les case... aunque sea en camisón... Un delicioso aperitivo, de los muchos que Ford rodó en aquellos primeros años y que ya contenían gran parte de las claves de su cine; grandes cantidades de buen humor, un ritmo endiablado y un gran dominio de la puesta en escena. Como curiosidad, la carrera de la actriz principal, Magda Lane, condensada en cuatro años, del 19 al 23. 33 películas y "sólo" 18 en 1919... Cuando aquéllo era un currelo...
Saludos.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Rincón del freak #169: Barritados circenses sobre algodón de azúcar



Año 1959. Ottavio Poggi productions. Peplum. Elefantes. Domadores de elefantes. Filtros lumínicos. Túnicas al viento. Gasas. Diademas. Parches oculares. Terence Hill. Bud Spencer. Victor Mature. Carlo Rustichelli y su amor incondicional por los timbales incesantes. Tiendas de campaña; hoy la pongo y mañana la quito. Brillantina 200 años antes de Cristo. B-52's del pre yé-yé tirreno. Llegar hasta Roma, con penurias y mamoneos varios y sorprenderte de que, cuando parece que va a empezar lo bueno, en realidad quedan 1m. 56s. de película. Y Ulmer, maestro de la brevedad, poeta de la concisión como género... Saber qué hacía realmente en medio de este despropósito lo dejo para historiadores con más tiempo que yo. Y aún peor: en este ANNIBALE... ni siquiera Himilce asoma; en lugar de ello, la pobre Danila se pega el pateo pa ná. Como nosotros, más o menos...
Ab Urbe condita libri.
Saludos.

sábado, 27 de septiembre de 2014

... los que van a morir, te saludan...



Excepto la anécdota del título, no hay mucha más concatenación entre THE IDES OF MARCH y el monográfico que ayer clausurábamos... ¿O sí? Esperaba poder hilar un par de anagramas con la suficiente consistencia y deseo como para engalanar esta enésima aproximación a las trastiendas de la política. La película en sí, como ejemplo lustroso de eficacia yanqui y solvencia de madurez está bien, lo dono al Estado Mayor. Pero no es un gran film, porque cae en la misma trampa que su jolgórico guion pretende hacernos pasar por "Clooney Corazón de León vs. The Starship Republican (Súper)Troopers"... No. No. No. Un director de cine no puede ser el director del Times, por la sencilla razón de que nadie va al cine a leer periódicos (ahora, lo que me descorazona es que se vendan DVD's en los kioscos, claro. Clooney es metódico, paciente y maravillosamente ingenuo; su discurso pertenece al que ya entonó (con mejores resultados) Frank Capra, solo que muchos años y bilis tragada después. El gran problema para que nos emocione una insignificante (sí, amigos, la política es insignificante si las personas se comportan como escalopendras) trama sobre unas primarias en Ohio es que acabe tomándose demasiado en serio y se olvide de algunos seres humanos que pasaban por allí... ¡Vaya, como los políticos en la vida real! Pero no me olvido del excepcional trabajo de Ryan Gosling, Philip Seymour Hoffman (sobre todo ellos), Paul Giamatti o el propio Clooney, explotando una vertiente siniestroide que no le va del todo mal. Lo mejor, huelga decirlo, son los actores, y ellos solitos se meriendan un guion que hace aguas, que pasa de lo extático a lo telefílmico con preocupante celeridad, y que, insisto, parece querer frenar en seco (no sé por qué) la tremenda aceleración que el film logra obtener en su primer cuarto.
Acerca de si me atrevería a identificar cada personaje con cierto drama shakespeareano... no sé. Hay mucha intriga, mucha jodienda y mucha camisa celeste, pero poco espacio esopiano.
Saludos.

viernes, 26 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #12



Fin, por tanto, del monográfico sobre Julio César, del que me he dado cuenta de las pocas luces y muchas sombras que tan insigne personaje ha terminado por dejar, hasta el momento, en el imaginario de unos directores más empeñados en hagiografiar absurdamente que en explorar las ricas facetas dejadas no ya por Shakespeare, sino también por los muchos vericuetos (políticos, históricos, poéticos, sentimentales de membresía) tras la retahíla de secundarios y adláteres.
No es el caso de una película extraordinaria, si mis cálculos no me fallan la última con el gran César de fondo. Aunque es de justicia señalar que CESARE DEVE MORIRE va mucho más allá de cualquier etiqueta o fácil sintagma, al estampar con toda naturalidad contrapuestos aparentemente irreconciliables. El primero, pasmar al espectador con su salvaje mezcla de realidad y ficción, o metarrealidad ficcionada, puesto que es completamente cierto que los actores son presos de la cárcel de Rebibbia... solo que ¡no! son actores, sino actores improvisados que ensayan el "Julio César" para la obra que van a representar en la misma penitenciaría. Así, arrastrados por la límpida prosa de los hermanos Taviani (gloriosa resurrección la suya), apenas si podemos discernir qué está siendo representado (los ensayos, a veces incluso admirados por los vigilantes) y qué ocurre en la realidad (si el encontronazo entre el intérprete del César y el de Decio es figurado... ¡Qué maravilla!); lo que consigue crear una especie de libertad entre rejas, al escapar estos presos mediante su esfuerzo mental por imaginarse en la piel de de unos personajes inmortales. Alternada entre el Blanco y Negro de los ensayos y el impactante uso del color en la representación final, austera pero de poserosa fisicidad, CESARE DEVE MORIRE es un colofón insólito, que me deja un cuerpo agradabilísimo y una sensación de confianza en que, aunque se trate de dos creadores octogenarios, el riesgo siempre es una apuesta.
Quizá peque de entusiasmo, pero en mi opinión, obra maestra.
Saludos.

jueves, 25 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #11



Qué diablos, Julio César se merecía algo mejor que esta inacabable, desarticulada y nimia adaptación para televisión que un inefable como Uli Edel desaprovechó hace ya 12 años. "El desaprovechador", le llamaremos de aquí en adelante. Primero, las licencias; y un director autolimitado al que encargan una miniserie no puede permitirse algo así. La historia está contada al revés, con un César imposible por la fecha en que aparece (82 a.c.), casado y con un niño, desterrado, zarandeado por las olas, empeñado en pelearse con tipejos de tres al cuarto y con la cara de palo de Jeremy Sisto, uno de esos actores que pueden llevarse toda la vida sin un papel decente. Antes, es verdad, hay otras dos oportunidades tiradas por la borda: la falta de entusiasmo de Christopher Walken (esperando el cheque) y lo poco que le hace falta a Richard Harris, en el que sería su último papel, para componer un tétrico Sila, sin más, el mejor personaje de la función y sus mejores y más intensos minutos.
Siguiendo, la batalla contra los galos es soporífera y está compuesta de dos planos intercalados y contrapuestos que habrían hecho las delicias de Muchachada Nui: Vercingetórix y César montados a caballo y mirando en lontananza mientras alrededor hay ruido coporativo de gente guerreando. Esto se alarga hasta el millonesismo fraccionado temporal, que debe ser mucho tiempo... Luego, para redondear, en Egipto le cortan la cabeza al pobre Pompeyo y César se lía con Cleopatra, la preña y se la lleva a Roma para compunción de Calpurnia, que debe llevarle al César un par de décadas. No es todo, porque aún hay tiempo (es una operación de sainete) para dedicarle los últimos cinco minutillos a lo que debería ser cuestión central. Sí, el asesinato... ¿Y Marco Antonio?... Pues como diría Forges: "Ni flores, oyes".
Antes de los créditos, eso sí, se nos cuenta cómo terminaron todos y cada uno... Como si fuera el Equipo A, o algo así...
Saludos.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Posición asumida



SECRETARY es una película que yo suelo recomendar por motivos absolutamente contrapuestos. Curioso o no, esto confiere a cualquier narración convencional que aspire a salirse de ciertos cánones un aura especial y que, si bien no logra elevar su valor real, al menos realza las líneas maestras de su discurso, a veces poco claras y ni reveladas. Por un lado, SECRETARY es todo lo que a David Lynch o John Waters les hubiese gustado llevar a cabo de haber dispuesto de un canal privado: la normalización de la excepción; integrar las miserias en un marco reconocible. Pero, cautela, porque Steven Shainberg no ha demostrado estar a la altura del invento. No encontrarán aquí la elaborada tela de araña de, por ejemplo, "Mad Men", ni la seca tuculencia del Haneke más parafílico, el de LA PIANISTA. No, porque yo la emparentaría con las insoportables manías del David O. Russell de SILVER LININGS PLAYBOOK o la falsa sofisticación de aquello que hizo Soderbergh con una actriz porno... Pero ya no atizo más, porque Shainberg pudo contar con un lujo doble, y eso es difícil estropearlo. Maggie Gyllenhaal y James Spader destilan química y profesionalidad; la primera con un personaje incómodo y con unas aristas que son complicadas de detectar, mientras que Spader se reencuentra con su vena esquizoide y antipática, algo que siempre le ha sentado, curiosamente, como un guante. El resultado es un tira y afloja anticlimático sobre las desventuras de una chica de tendencias masoquistas, que encuentra en su sádico jefe la (única) relación perfecta para ella.
¿Que a quién se la recomiendo ahora mismico?... Hombre, está claro que a Gallardón, a ver si se le endulza la despedida...
Saludos.

martes, 23 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #10



El Julio César de ASTÉRIX ET OBÉLIX CONTRE CÉSAR, es, cierto, un poco menos César; pero diversas circunstancias me han hecho fijar este incómodo y a veces incluso mediocre film en esta turbulenta monográfica que llevaba, sin ella, algún tiempo preparando. Cómo no, la no menos inquietante inclusión del film animado; la crisis productiva (más cualitativa que cuantitativa, reconozco) en la que hállome; aunque también la muy reciente desaparición, hace apenas veinte días, del actor alemán Gottfried John, precisamente quien encarnaba aquí al César de turno.
Del film poco podría yo añadir que no se sepa. Que fue el primero de los cuatro que hasta ahora se han rodado, con actores reales, de la famosa pareja gala; que es un Blockbuster en toda regla de los de aquella época (1999); que Roberto Benigni sigue haciendo el mismo papel insistentemente y aunque lo vistan de romano con penacho púrpura; o que, es verdad, me resulta tan imposible concebir a nadie que no sea Gérard Depardieu en el papel de Obelix, como al torpe (y soso) de Christian Clavier como Asterix. Pero bueno, sale la Laetitia al borde del pezón; la apertura es una cabalgada romana al borde de un acantilado que merece la pena verse en Blu-Ray; y el guionista demuestra que se ha leído todos los comics de Uderzo y Goscinny... porque lejos de armar una historia original, no se le ocurre otra cosa que "customizar" hasta seis tomos de la genial pareja... ¡Estos franchutes deben estar locos!...
Saludos.

lunes, 22 de septiembre de 2014

El horror interior



SAUNA fue el explícito título de un film semidesconocido que se estrenó hace ya seis largos años. De su joven director, el finlandés Antti-Jussi Annila, que ya despertó cierto revuelo dos años antes con la curiosísima JADESOTURI, no ha vuelto a saberse nada realmente importante, lo que habla a las claras de la dificultad de emprender una aventura cinematográfica mínimamente ambiciosa en países que no contengan una filmografía "estándar" y exportable. Pero detengámonos en este hermético y bello cuento ambientado nada menos que en la guerra entre Suecia y Rusia en pleno Siglo XVI y que, sirviéndose de la excusa desplegada de un geógrafo sueco encargado de dictaminar el lugar exacto de las fronteras entre ambos países, va construyendo un horror invisible e innombrable, quizá por yacer en las personalidades de los representantes de unos territorios condenados a no entenderse jamás. No sólo el viaje del geógrafo, acompañado por su sanguinario hermano medio ciego (espléndido Ville Virtanen) irá careciendo de sentido a medida que vayan llegando a un punto de no retorno, sino que servirá para exponer la sinrazón de unas "conquistas", escaramuzas más bien, que apenas si justifican el capricho de militares insensibles. Como en una premonición de oscuridad fatal, un imposible grupo formado por suecos y rusos, condenado a entenderse, irá directo a una inesperada boca del lobo, una mortecina aldea que parece no tener nada más por delante, excepto una extraña y oscura sauna, de la que emana una atracción ininteligible.
Una película, en suma, de una belleza visual inusual en este tipo de propuestas, tan dadas a la truculencia gratuita y el desvarío; y, aunque los aficionados al género pueden encontrar dos o tres momentos simplemente sobrecogedores, lo que destaca realmente es la pausa impuesta, acertadamente, por su director, que crea una atmósfera letárgica y de "limpia suciedad", si me puedo permitir el yescazo... Si no la vieron en su momento, es hora de recuperar una de esas rarezas por las que suspira una parroquia tan fatigada como es la del fantástico con neuronas. El final, además de bonito visualmente, también da bastante mal rollo.
Saludos.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Rincón del freak #168: Julio César Superstar. ¡Ave, César! #9



Hemos visto a César, Julio César. de diversas índoles. Más serio, más jovial, más guerrero, más político, más amante, más mítico, más desmitificado... Lo que no esperaba era que se utilizara la figura de Julio César para convertirlo en McGyver, hacerle trepar a árboles, lanzarse desde balcones, dar puñetazos para defenderse de las iras de su archienemigo Sila... Vaya, que si nos cuentan que esto lo guionizó Stan Lee, incluso podría haber colado. No, no la recomiendo, y además hoy tengo poco tiempo para explayarme. Sólo terminaré diciendo que GIULIO CESARE CONTRO I PIRATI puede tener su gracia para una ameba con retraso mental... Para los demás, les conmino a que, al menos una vez en la vida, se deleiten con una copa de manzanilla y una tortillita de camarones en el Barbiana de la calle Albareda... ¡Pirata, pirata!...
Saludos.

sábado, 20 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #8



No sé por qué extraña razón, jamás he podido maridar las muy disfrutables aventuras de Astérix con el cine; simplemente no lo veo, sea por la discutible calidad de sus animaciones o por los refritos de varios capítulos, aparentemente autónomos en el cómic original. En ASTÉRIX ET LA SURPRISE DE CÉSAR, fechada en 1985, se usan pasajes de "Astérix legionario" y "Astérix gladiador", y no estoy seguro de que sea ése el problema, porque la narración cobra lógica, e incluso obtiene un agradecido clímax final. Debe ser, ya digo, cosa mía, porque a mí me molaba más el tebeo patrio. La película en sí es entretenida, comienza con el loco enamoramiento de Obélix por la bella Falbala, que sin embargo bebe los vientos por el esbelto Tragicómix; sigue con el apresamiento de los tortolitos a cargo del siniestro y altivo Julio César, que un día idearon Uderzo y Goscinny; continúa con el desternillante alistamiento de los dos galos en la legión, para poder llegar de incógnito a Roma; y termina con un festivo desenlace, que incluía una carrera de cuádrigas y una pelea de gladiadores.
Vista con treinta años de diferencia, a mí me parece lenta y torpona, bienintencionada, pero más por el excelente material de partida que por el esforzado trabajo de los hermanos Brizzi, a la sazón parte del equipo que revitalizó el clásico FANTASIA, de Disney. Yo se la pondría a los distanciados infantes de hoy día, y si ocurriese un milagro y les gustase, entonces podríamos estar hablando de otra cosa. Yo los prefiero en papel...
Saludos.

viernes, 19 de septiembre de 2014

De Quijotes ordenados



Y, por tanto, terminamos (de momento, claro está) esta aventura a la inversa de introducirnos en el peliagudo universo cinematográfico del mexicano Carlos Reygadas. JAPÓN es el escueto y misterioso título de su primer largometraje; no sé por qué, si todo transcurre en una remota región montañosa de México... La historia presenta a un tipo que cojea y que se ha ido al culo del mundo a suicidarse... o a decir que se va a suicidar y luego no hacerlo, que suele ocurrir... o a hacer turismo outlet y ver si le llega la inspiración para pintar. Inspiración no le falta al bueno de Reygadas para endosarnos otro mamotreto de fotos fijas, a cual más molona, con indios borrachos, pajotes en soledad y recogimiento y música de Bach y Shostakovich. Y habrá quien siga diciendo que es lo más de lo más, y que la introspección de las mentes primitivas o que de nuevo se produce el choque entre contrarios que están más cerca de lo que parece. No sé. El tipo hojea un libro de pinturas mientras su impasible anfitriona, anciana, aislada, a punto del desahucio cruel, le habla del punto de cruz y los guisos de cabrito justo cuando una araña deja ver su testuz multiocular. Esto, inevitablemente, se la pone dura al rengo, así que le propone a la desdichada echar un primer y último polvo antes de que le derriben el troje para llevarse las piedritas. No será porque yo no haya visto una versión porno de Heidi, claro...
Saludos.

jueves, 18 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #7



Parecía inevitable que la BBC no intentara adaptar el Julio César de Shakespeare. Lo hizo en uno de los mejores momentos para las ficciones británicas producidas para televisión, con sus clásicas y reconocibles formas, sin reparar en gastos y con uno de sus nombres clave en la dirección, Herbert Wise, quien ha pasado a la historia con la maravillosa YO, CLAUDIO y que también dirigió otra obra maestra del telefilm, SKOKIE. Sin embargo, con (necesaria) perspectiva, algo no funciona del todo en este esforzado andamiaje, como si nada pudiese ser ya añadido a esas alturas a un texto, reconozcámoslo, más que encorsetado y al que es imposible decaparle sus dos o tres momentos cumbre. JULIUS CAESAR, versión BBC, se alarga hasta los 160 minutos sin que esto produzca un efecto saciante, sino más bien extenuante; los actores, correctos y largamente profesionales, lo habrían bordado en un serial radiofónico, pero, lamentablemente, les falta presencia física, y en mi ya adulterada opinión, esto no puede obviarse tras la impresionante colección de nombres precedente. Así, esta versión, fechada en 1979, mantiene dignamente el tipo y no puede faltar en ningún catálogo completista, ni shakespeareano, ni de obsesos de la cadena inglesa y su impresionante producción de ficciones. Aquí, desde luego, no podemos más que asentir con humildad.
Saludos.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Una gracia sin chiste



Por orden. No sé qué es peor. Que hagan otra película de monstruos gigantes. Que la hagan de Godzilla. Que la haga un señor que debutó con otra película de monstruos gigantes. Que dure dos horas. Que salga Juliette Binoche corriendo por un pasillo. Que salga Sally Hawkins sin sus pastillas. Que salga Bryan Cranston con pelo. Que salga David Strathairn diciendo "... buenas noches, y buena suerte...". Que salga Ken Watanabe porque algún japonés tenía que salir. Que salga Elizabeth Olsen 4min. y 32sec. Que una película de monstruos gigantes tenga música de Alexandre Desplat. Que todo pase de noche. Que Godzilla no tenga gracia. Que Godzilla no dé miedo. Que el sonido de los monstruos sea el mismo que en la Toho. Que los edificios se caigan y dé igual. Que los americanos les salven el culo a los japoneses. Que los americanos sean más inteligentes. Que los japoneses sean más tontos. Que le digas a tu mujer que han metido a tu padre en la cárcel y la dejes tirada y, seguidamente, cojas un avión a Japón para sacar a tu padre de la cárcel. Que Pedro Sánchez quiera ahora tocar coletas...
Saludos.

martes, 16 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #6



No es casual, no debe serlo, que la filmografía de Stuart Burge, exceptuando su curioso debut (THERE WAS A CROOKED MAN, 1960), esté compuesta enteramente de trabajos televisivos para la BBC y dos adaptaciones cinematográficas sobre dos obras de Shakespeare. Alguien dijo que el de Avon ha calentado más de una olla en fríos y grises días, y que su sayo, además de alargado, camufla incompetencias y secuestra parálisis y cansancios. Ésta, de 1970, es una adaptación cansada, un JULIUS CAESAR calcamónico del de Mankiewicz, pero sólo en su torpe intento por causalizar un dictado con figuras, pero sin patrimonio propio. Y algunas de ellas simplemente equivocadas, no se puede permitir un error como creer que Jason Robards, probablemente el actor menos shakespeareano de todo Hollywood, pueda hacer no ya de Bruto, sino de un Bruto envejecido y al que sólo le falta una canana sobre la túnica... Luego hay dos decisiones controvertidas más, menos que la anterior, pero discutibles al menos. Para mí (y supongo que para alguien más) es difícil separar a John Gielgud del gran Casio que compuso 17 años antes, y, pese a que su César no tiene poca intensidad, la experiencia es fantasmagóricamente bipolar. Y luego está Charlton Heston, Marco Antonio, con veinte años más sobre el tanga, un tinte de pelo horroroso y una túnica para su discurso al pueblo (que el actor salva con dignidad) que parecía salida de Star Trek.
No quiero ensañarme... Bueno, sí, porque un circunstancial Richard Chamberlain aún tiene tiempo, al final, de convencernos de su extraña forma de entusiasmarse.
Dos horas, en suma, de corrección televisiva, que mantiene el tipo pero nunca llega a traspasar el peso de la tarea autoimpuesta. Como gran curiosidad, la música compuesta por el mismísimo Christopher Lee, que además tiene una breve aparición en el film.
Saludos.

lunes, 15 de septiembre de 2014

No pidas peras al olmo... Es el síndrome de Estocolmo...



No se preocupen por el encabezado, no es más que el estribillo de una canción de Siniestro Total.
Hechas las presentaciones, es necesario aclarar que el cine a las 16:30 es una cosa de creyentes... Por si alguien alberga aún alguna esperanza de convertirme a alguna religión.
L'ENLÈVEMENT DE MICHEL HOUELLEBECQ ("El secuestro de...") es una peliculita perfectamente consciente de sí misma y que sólo sintoniza por un canal. Si usted es, o ha sido, fan, seguidor o creyente del "fenómeno Houellebecq", entonces lo pasará pipa con una sistémica sucesión de momentos a cuál más hilarante y surreal. Si no conocía al sujeto en cuestión, puede que no se entere de nada y sólo perciba a un chimpancé medio dormido, sujetando un permanente cigarrillo y dándoselas de algo sin mucha importancia. Y es así. Esto es un fake, claro, pero también es una buena piedra de toque para quienes han rastreado el malditismo por páginas que no eran más que nimios refritos de una época y un modo de entender la literatura que ya (no sé si por desgracia) no se lleva. Mi recomendación: olvídense del escritor y fíjense en el bufón, en esa especie de comediante involuntario en el que se transforma el autor de, por ejemplo, "Plataforma"; sólo así pueden disfrutarse sus tremendos sketches, algunos tan redondos que parecen absolutamente improvisados y fruto de una borrachera en toda regla. Y si no:
-"¿Cómo te aficionaste a fumar tanto?"
-Bueno... Fue por actuar en un cortometraje. El guion exigía fumar mucho... Me enganché en tres días...
-¡Ah!... ¿Y la bebida?
-Eso fue por un premio literario donde daban vino...
Sólo por diálogos como éstos merece la pena verla.
Saludos.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Rincón del freak #167: ... los que van a sufrir (viendo esto) te saludan. ¡Ave, César! #5



Me he referido aquí, en alguna que otra ocasión, a los cines de verano, templos del alberillo de regadío, la silla plegable de madera, el mantel de papel, la selecta nevería y la sesión doble de saldo y barriada. Digno, apetecible y fresquito por la canícula insoportada de antaño, pero con poca relevancia de lo cultural, todo hay que decirlo. Yo vi esta película hace un montón de años con mis padres y una mirinda, y lo único que recuerdo son dos cosas, que ya entonces parecían tres horas encerradas en la mitad y, claro, esas voces ecodistantes, como de ultratumba, rebotando en alguna fachada sevillana. GIULIO CESARE, IL CONQUISTATORE DELLE GALLIE es un peplum de los malos, de los indefendibles, de los que contienen más palabras útiles en su título que en su gamberro guion. Si alguien quiere defenderla, tiene dos asas a las que agarrarse, yo se las cedo: que está basada en el escrito, los "Comentarios...", del propio Julio César acerca de su victoria en las campañas Galas y que sale Raffaella Carrà con 19 añitos... El resto es un horror. Desde el protagonismo de ese actor malísimo que siempre fue Cameron Mitchell, pasando por un Vercingetorix que parece un yuppie de los noventa (dios de mi vida, me doy mucho miedito) y desembocando en un montaje que no sólo aburre sino que marea. Además, como la "noche americana" está tan oscurísima, me juego el almidón de mis levitas a que las escenas de caballería se podrían usar sin problema para un western (spaguetti, claro). También hay una escena con bailarinas clásicas... No digo más, que me pierdo... Ahora entiendo por qué estas cosas se tragaban mejor con una Cruzcampo fresquita...
Saludos.

sábado, 13 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #4



Obligatoriamente, debemos retroceder algunos años en el tiempo para recuperar una rareza, que voluntariamente he reservado en un aparte del texto shakespeareano, puesto que es obra de otro autor y porque ni su tono ni su forma coinciden en modo alguno. Y debo inventariar. Gabriel Pascal fue un productor húngaro que quiso probar las mieles de la dirección, se enamoró de las obras de George Bernard Shaw y obtuvo un gran éxito al atreverse a adaptar PYGMALION; siete años más tarde, en 1945, acometió un proyecto que sólo los setenta años que han transcurrido han dejado en un rincón muy oscuro de la historia del cine. CESAR AND CLEOPATRA es (y me quedo corto) uno de los films más chanantes que usted, oh sabelotodo sin prejuicios, haya podido ver un pantalla alguna. El adjetivo no es gratuito, todo comienza con un desierto pintado y fresquito de noche, bajo cuyo manto de estrellas se recorta una pequeña esfinge a la que un Julio César ensimismado y paseador le dedica un soliloquio que podría haber ideado un flamenco de la Cava. Seguidamente, aparece Cleopatra no ya sin fastos, sino directamente como una especie de duendecillo saltarín e ignorante de quien tiene delante. Surge la chispa entrambos, aunque no esperen volteretas sexuales, sino casi una relación abuelo/nieta.
En un Technicolor festoneado por la multiexpresiva fotografía de Freddie Young y Jack Cardiff, el kitsch parece reverberar intimidado ante la posibilidad de caer en miligramos de circunspección. No es así, y este marcianísimo british peplum ("Peplish" quedaría bien), rodado en condiciones más que complicadas por la WWII, es un torrente de jovialidad, inventiva visual y, sobre todo, la subyacencia de un subtexto acordado por la gran inteligencia de Shaw. Se hace pesada, eso sí, y el tiempo no la ha tratado con cariño, pero su valentía le añade puntos de honor, dignidad y un salero que no sabíamos que los británicos poseían. Además, sirvió para que el mago David O. Selznick convenciera a Vivien Leigh para volver a rodar cine; el César es un Claude Rains que parece estar de velta de todo y además pueden conocer a dos personajes sencillamente valleinclanescos: Apollonio (un pipiolo Stewart Granger), siciliano semidesnudo con zarcillo y redecilla; y, aún más, Ftatateeta (una angulosa Flora Robson), aya real, bruja y señora pierdenervios...
No se la pierdan si creen en las hadas.
Saludos.

viernes, 12 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #3



Que la de Mankiewicz es la mejor adaptación pura de la obra de teatro de Shakespeare, no debería dudarlo nadie a estas alturas. Este JULIUS CAESAR, aun con las declamaciones (para mi gusto, excesivamente excesivas), los problemas para dotar de tiempo verdadero a cada personaje (ser fiel es lo que tiene) o la antigualla vindicada sin mucho celo del cartón piedra con acuarelas, es una obra que contiene un par de momentos de una magnitud cinematográfica tan excelsa, que yo me callo y sigo escribiendo... Mejor, si digo que su parte final no me convence, así que no la incluyo; pero, aparte de que Louis Calhern es el César que más me gusta, y que toda la parte de la traición de los senadores parece rodada por el mismísimo Hitchcock, los once o doce minutos del monólogo de Marco Antonio, dedicado a enervar a toda una multitud que sólo un momento antes había aclamado a Bruto, son oro puro, cine puro... Un prodigio de fuerza, concisión y capacidad de fascinación, la que hace que las estrellas sean estrellas, y Marlon Brando era una de las más grandes. Creo que ahí nace su ceño fruncido, su altivez desdoblada y la convicción en sus posibilidades por encima de ortodoxias. Brando es el único en esta película que no declama, sino que ruge; uno queda tan aturdido tras este súper punto y aparte, que lo que sigue es el gran oficio de su director, la excepcional partitura del maestro Rózsa y el deleite de un reparto absolutamente increíble. James Mason, John Gielgud, Deborah Kerr, Edmund O'Brien, Greer Garson, George MacReady... Pero no sería justo dejarlo aquí sin señalar otro aspecto que me parece no ya relevante, sino directamente fundamental. Mankiewicz recoge el guante tendido por otro director y revoluciona el texto clásico introduciendo su fina pluma en las entrañas mismas; este Julio César, inteligentemente transcrito, es un grito de rabia contra aquella asquerosidad llamada "Cazadenosequé", que le acusó de ser algo que a los americanos les levanta mucho la ceja... El colega era un tal John Ford... Algún día hablaremos de él...
Saludos.

jueves, 11 de septiembre de 2014

El futuro



Película excepcional, de la que mucho se está hablando desde el día de su estreno, LOCKE se nutre de sus limitaciones formales para demostrar un relato eminentemente hablado y lo suficientemente articulado como para felicitarnos de que, en tiempos inciertos, la literatura neuronal puede existir. Ni suspense, ni superdrama, ni terror psicológico, ni euforia metafísica... Lo que a mí me transmitió este emotivo film es un salto al vacío literal e insalvable. Su (único) protagonista, Ivan Locke, es un jefe de obra (sí, no se puede tener un personaje más atípico) al que acompañaremos desde que termina su trabajo una noche cualquiera, y a lo largo de lo que parece su regreso a casa en coche. Todo ello es LOCKE, un trayecto hacia alguna parte del que descubriremos su su sorprendente desenlace a lo largo de las incesantes conversaciones que este hombre mantendrá a través del manos libres, inesperado corporeizador de una serie de personajes de los que sólo escucharemos la voz y que, sin embargo, están perfectamente construidos. Mención aparte para Tom Hardy, un actor en franca ascensión al que conocíamos por sus papeles de tipo duro y un pelín desequilibrados, y que logra el titánico fin de que su omnipresente rostro, intervalado por las luces reflejadas en los cristales de su BMW, no acogote en ningún momento la tensión, pese a realizar un trabajo de contención simplemente encomiable.
LOCKE parece una pieza de cámara sobre un apocalipsis personal, una explosión controlada o un virtuoso ejercicio de estilo muy en la línea de la también notable (por citar un ejemplo reciente) BURIED. A mí, que me gustan las cosas sencillas, me conmovió que en este mundo egoísta y nonsense, a alguien le muevan los seres humanos por encima del dinero o las promesas. No hay nada más alejado del futuro que las promesas, ni nada más anclado en el pasado que el dinero.
De lo mejor que he visto este año. Tal cual.
Saludos.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #2



El segundo título relevante del que tengo constancia respecto a la figura de Julio César data de 1950 (si obviamos alguna adaptación netamente teatral para televisión), y se trata de una modesta producción a cargo de la Avon Productions (nunca mejor nomenclada). Tan modesta es que, imaginen el Polonio, tanto la música como la fotografía corren a cargo del mismo señor (Chuck Zornig), aunque ambas dos no destaquen por su notoriedad precisamente. Este Julius Caesar fue guionizado, dirigido y hasta interpretado (Bruto, en sí) por David Bradley; puede que en un arrebato wellesiano o en un inminente acopio de víveres, porque a falta de pan... Pero acabando, y obviando a un ignoto Harold Tasker como el "Cayo", dos nombres apenas si despuntan en esta momificada sucesión de giros de cuello y declamaciones de letargia incomprensiblemente abusiva. Uno ni siquiera aparece un par de segundos (yes, i am), pero incluso esos ínfimos fogonazos pueden ponernos ante aquel frustrado hiperproyecto de estrella que fue Jeffrey Hunter en el que es considerado su primer papel en el cine. Aunque mención aparte merece un joven Charlton Heston en el papel de Marco Antonio, que repetiría con mejor fortuna nada menos que veinte años después. Heston asume ya por entonces su relevancia y presencia y es capaz de sobrevivir a algunos diálogos caracolescos y una entrada en escena levemente... turbadora (ver foto). Mirando y tesoneando, me topo con bastantes admiradores de esta obrilla sin mucho hecho. No sé... miren, lean "Rubicón", de Tom Holland...
Saludos.

martes, 9 de septiembre de 2014

Biopsia a un oxímoron



... y me veo sin poder escribir el Domingo... y me veo diciendo "naaaaah, no pasa nada por hacerlo el Lunes"... o el Martes, ya que estamos. Y hubiese deseado saber qué hacer en un momento como éste, aunque sea saltándome varios intentos de reconciliación con una periodicidad cada vez más difícil de complacer. Y entonces surge, como una pequeña y fría luz, una posibilidad de embarque, denostada en su soledad de Giardia Lamblia.
No es posible enlazar todo esto con un film tan peligrosamente inocuo como TRASCENDENCE. Para los pocos que se hayan atrevido a no verla, diré que es un cruce desganado entre MATRIX, PERDIDOS y PHINEAS Y FERB, pero con Johnny Depp vestido como J. M. Barrie y la sombra de la duda planeando sobre su infinitesimal guion, que uno no termina de explicarse cómo ha sido escrito a cuatro manos (si es que convenimos en que cada guionista ha usado sólo una, claro).
TRASCENDENCE es rara, no extraña, sino rara; porque su aburrimiento se expande imparablemente por toda su esencia de producto recaudador e impregna a su incomprensible reparto hasta convertirlos en una comparsa contemplativa e intrascendente... Helo. El peor título posible era este, porque su inconveniencia se convierte en oxímoron y la deja en un nuevo e inesperado limbo de género cinematográfico. TRASCENDENCE, además de ser intrascendente, aspira a hablarnos sobre un bonito futuro en el que no hay tecnología, pero no porque la humanidad se haya vuelto por fin  inteligente, sino porque tiempo atrás hubo un científico que desarrolló un sistema de inteligencia artificial tan potente que rozó el convertirse en suprahumano. Como las casualidades existen, el científico contrae una enfermedad terminal y conmina a su abnegada esposa para que le fusione con el supercomputador... ¿El resultado? Johnny Depp mirando con cara aburrida a unos aburridos Morgan Freeman y Cillian Murphy, mientras hay sonidos de extrema gravedad, como en SUPERMAN (la última) y GODZILLA y todo eso que se hace ahora... A ver si inventan un emoticono con bostezo profundo... Ah, y mejor vean DEMON SEED, que es más chula y sale Julie Christie... que sí que es una diosa...
Saludos.

sábado, 6 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #1



Iniciamos aquí y hoy un recorrido sobre la inmortal figura de Julio César, su presencia en el séptimo arte, ya sea narrada de la manera más ortodoxa o usando su gigantesca sombra para abarcar proyectos más controvertidos. Y una de las primeras aproximaciones (supongo que la primera, aunque lo desconozco) tiene nada menos que 100 años y la realizó Enrico Guazzoni, mítico cineasta italiano especializado en lo que serían unos extraordinarios antecedentes del peplum. CAJUS JULIUS CAESAR es una espectacular superproducción (sí, hablamos de 1914) con varias características que mantienen con gran dignidad sus intenciones a lo largo de tantísimo tiempo, haciendo que sus casi dos horas nunca se hagan indigestas o ininteligibles. Comenzando por su prohibida relación con Servilia; el nacimiento de Bruto (al que le es ocultada la identidad de su padre); el odio sin límites de Sila; el ascenso al poder tras la muerte del mismo; la gloriosa victoria en las Galias (de destacar la probable inspiración a Goscinny y Uderzo) y, claro está, la última y dramática rebelión de los Idus de Marzo, que terminaría con su asesinato. El film, insisto, es una verdadera sorpresa y todo un hallazgo cuasiarqueológico, uno de esos trabajos  por los que merece la pena bucear en busca de alguna joya perdida y cuyo visionado es una recompensa en sí misma para cualquier cinéfilo.
Saludos.

viernes, 5 de septiembre de 2014

La mitad del cuarto



CARNE fue el primer aviso de Gaspar Noé, el primer toque de atención tras aquel desasosegante corto que era TINTARELLA DI LUNA. Un mediometraje de 40 minutos en el que se condensaban las principales constantes de su obra mayor, SOLO CONTRA TODOS, y de todo su cine, hecho de incomodidad, sorna apocalíptica y un punto de vista sobre la humanidad de un nihilismo a veces aterrador. Si vieron el largo no les sorprenderá en demasía, pero merece la pena reivindicar este impecable boceto por varios motivos. Entre ellos, la impactante utilización de esos intertítulos que son como golpes en nuestro rostro, como avisos (ustedes mismos si la siguen viendo...); o el feliz encuentro entre el director francoargentino y esa bestia llamada Philippe Nahon, perfecta encarnación del hombre que se traga su misantropía en actos cotidianos y repetitivos, el carnicero de caballos que vive con su hija y que ha trocado los sentimientos por convicciones... digamos que no siempre acertadas. Esta oscura fábula, salpicada de sangre y casquería (más moral que física, es cierto) puede leerse en varios niveles, como cuento de terror, adivinanza con fin del mundo o una historia de amor tan oscura y heterodoxa que resulta imposible tomarla como tal. Y para quienes, pobres incautos, no sepan aún de la existencia de Noé, aquí tienen la mejor oportunidad para ello; un film, ya digo, que sigue desestabilizando conciencias casi un cuarto de siglo después.
Saludos.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #24



Y... bueno. Se acabó. Han sido varios meses para abarcar la entera filmografía de un maestro, Alain Resnais, desde que nos llegó la noticia de su fallecimiento. Y ha merecido la pena. El final no debe estropearse, por mucho que AIMER, BOIRE ET CHANTER casi pueda considerarse su trabajo más flojo. No importa, porque incluso así aún puede rastrearse (tal y como ocurría en su penúltimo trabajo) un póstumo deseo de despedida y agradecimiento a quienes han constituido la columna vertebral de sus películas: su equipo, sus actores y su público. Es verdad que todo queda en mano de los segundos, un elenco tan exiguo como solvente; algunos de sus actores de (casi) siempre, Sabine Azéma incluida, para poner en pie un inconstante relato de Alan Ayckbourn, nada que ver con la magnánima adaptación de Intimate exchanges (SMOKING/NO SMOKING) o Private fears in public places (COEURS).
Hay un tímido conato teatral[(ista) o izador], para relatar la "godotiana" peripecia de George Riley, ignoto poseedor de amigos y enfermedad. Así, porque la única motivación de estos seis personajes (resbaladizamente conectados) consiste en hablar del susodicho Riley a partir del desliz de uno de ellos, precisamente su médico, por el que se enteran de que le queda poco de vida. Poco o nada ocurre entre pequeñeces y unos diálogos estirados inútilmente y que parecen pedir a gritos los últimos cinco minutos, donde queda al descubierto qué nos quería decir en realidad Resnais. Quizá el maestro nos podría haber evitado el disgusto con un cortometraje a modo de bande-annonce ulterior e inolvidable, y casi una última y enigmática ilustración sea la conexión más palpable con la obra de uno de los directores de cine más interesantes y avanzados de su generación... Por cierto ¿cuál fue en realidad la generación de Alain Resnais?...
Nuestro tributo queda aquí. Un regalo y a nosotros...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

7 al azar


¡Cuidao con mis primos!