miércoles, 16 de abril de 2014

Los detectives salvajes



Como saben muy bien los que por aquí me leen, siempre he sido muy reticente al formato de serie televisiva, no por el producto en sí, sino por una pereza que no me permite adjudicarle a algo que se extiende en el tiempo el mismo valor que a una obra que no necesita fragmentarse para poder verse. No siento cátedra sobre esto, se trata simplemente de una cuestión de preferencias. Y ahora me permito recomendarles a todos ustedes TRUE DETECTIVE, una serie de la HBO que está literalmente revolucionando este mundillo (de modos un poco hipsters, creo yo) gracias a un triunvirato que cualquier cinéfilo debería agradecer. Por un lado tenemos una escritura que recuerda por igual a las novelas pulp y al cómic autoconsciente de Moore, Morrison o Gaiman, extrayendo de ambas fuentes una oscuridad malsana y que genera la mayor parte de sus aciertos... y no son pocos. Se ha escrito mucho y más que se va a escribir, y es merecido, porque además de este excelso e intrincado guion firmado por Nic Pizzolatto, debemos sumar una dirección a la que no le tiembla el pulso, por parte del director Cary Fukunaga; y yo le añadiría dos decisiones (supongo que peleadas con producción) que me parecen estupendas: aumentar la duración por capítulo (una hora cada uno) y dejar cerrada la temporada con ocho segmentos, por lo que se trataría de una serie contenedora de series, con temporadas autoconclusivas. En el apartado interpretativo, Matthew McConaughey (sí, el hombre del momento) y Woody Harrelson consiguen dos iconos que van a permanecer en nuestras cabecitas durante mucho tiempo. Uno es un verdadero sabueso humano, metódico, inteligente, culto, nihilista, indomable, pero con una edicación plena a su trabajo, que no es contentar a sus jefes sino buscar la verdad en un mundo repleto de mentiras; el otro es un hombre que intenta conciliar, a duras penas, su faceta como padre y esposo con un incontrolable lado oscuro que es incapaz de reconocer.
Yo soy de la opinión de que, una vez vistos los ocho episodios, es mucho más fascinante la exposición de estas dos personalidades a lo largo de los diecisiete años que van desde su comienzo como pareja de detectives de la policía de Louisiana hasta su encuentro final, ambos ya fuera del cuerpo y con sus vidas lejos de cualquier ideal. Mucho más que, efectivamente, la excusa argumental que nos permite disfrutar de dos personajes tan bien construidos como Rust Cohle y Marty Hart. Este comienzo de TRUE DETECTIVE nos guiará por un laberinto de ritos ocultos, oscuros y remotos parajes y un sinfín de personajes y tramas; y puede que no le haga mucho bien la cantidad de cabos sueltos que quedan, al igual que una resolución polémica y que no ha contentado a todo el mundo. Pero insisto: se trata de otra manera de enfocar la manera que hasta ahora teníamos de visionar y asimilar las series de televisión, para mí más cercano al largometraje y, lo que es más importante, con un grado de profesionalidad al servicio de algo que en las series televisivas se suele dejar de lado: la verosimilitud.
Así que sólo me queda decir: altamente recomendable.
Saludos.

martes, 15 de abril de 2014

Difícil equilibrio en constante búsqueda



Antítesis perfecta e inesperada de la muy celebrada LA GRANDE BELLEZZA, el joven director Luca Guadagnino parecía advertir de nuevas formas en el cine italiano, una cinematografía en perpetuo desafío a sus propias posibilidades tanto estéticas como semánticas. IO SONO L'AMORE se valía de una puesta en escena semejante a la usada por Sorrentino, sólo que con inquietudes muy diferentes. Aquí el relato incluye los mismos vastos e ignotos grandes espacios de la alta burguesía, y también obtiene respuestas del confrontamiento entre la convivencia, casi siempre imposible, de lo aristocrático como tapadera perfecta de bajos instintos y sentimientos reprimidos y represores. Pero no hay mucha conexión entre el perplejo Gep Gambardella y la, por así decirlo, "asumida" Emma Tancredi, casi un objeto de origen desconocido y cuya fisonomía, tan poco italiana, parece anunciar su posterior desubicación a raíz de una inesperada aventura amorosa. Lo que Guadagnino parece esforzarse en poner de relieve es el triunfo imposible de la persona frente a la institución, de los sentimientos desatados ante una estabilidad económica que es incapaz de aportar sentido a una existencia que se sepa sensible. Es cierto que quizá, para lo que cuenta, le sobren algunos minutos (especialmente en el alargado tramo final), pero merece la pena regocijarse en la maravillosa interpretación de Tilda Swinton, una presencia que todos buscan sin querer realmente encontrar y que parece hacerse más liviana a medida de su descubrimiento personal. Aparte de un trabajo de fotografía notable a cargo del francés Yorick Le Saux, que afilaría aún más al año siguiente en la soberbia CARLOS; y no me gustaría olvidarme de la impresionante partitura de John Adams, un músico que particularmente me encanta y que siempre es un acontecimiento reencontrar.
En resumen, un film que cobra actualidad en estos días y que, precisamente por ello, podría considerarse punta de lanza de esta nuova rinascita.
Saludos.

lunes, 14 de abril de 2014

Una comedia sin corazón



Es cierto que Neil LaBute es un director que nunca me ha caído del todo bien, uno de esos eternos aspirantes demasiado pendientes de no descolgar su discurso por pendientes demasiado pronunciadas y que, sin embargo, despeñan cualquier cosa que caiga en sus manos en cuanto (se) piden mostrarse en esa ignominia de ser "serios". Curiosamente, vi DEATH AT A FUNERAL, el remake del film que (atención) Frank Oz dirigió sólo tres años antes, y mi opinión tenía algo que decir al respecto. Sí, es cierto, si no se hubiese hecho no pasaría nada, pero tiene su cosa la diametral diferencia entre una comedia que busca desesperadamente su veta familiar/clásica y lo que yo creo que hace superior a ésta: reírse de sí misma con un grado de escatología que, sin ofender (posiblemente por su evidencia), al menos suscita un debate acerca de la conveniencia de la corrección, política o de otra naturaleza. Y luego la verdad es que hay un puñado de actores correctos, esforzados, haciendo bien su trabajo y lo que es más importante, mostrando algunas de las claves a posteriores (y superiores, claro) producciones de las que no se ha hablado tan mal. Y termino con una recomendación: no vean las dos películas una detrás de la otra, porque no tienen mucho que ver y no les va a aportar ningún responso extra.
Saludos.

domingo, 13 de abril de 2014

Rincón del freak #150: Favores, putadas, martillos y sequedad creativa



Edición 150 de las películas que no debería haber visto pero que debo exorcizar a toda costa. OLDBOY, de Spike Lee; una película que ya se había hecho antes, no entiendo por qué hacerla otra vez... y para hacerla peor.
El favor: el favor es que a su lado, la de Park Chan-wook parece una obra hecha por un intelectual. Esto ya ni parece un videojuego, sino una broma de mal gusto.
La putada: la putada es tener que soportar a dos buenos actores haciendo el ridículo (Josh Brolin y Elizabeth Olsen), mas dos regalitos que pasarán a la historia como dos de las peores interpretaciones de todos los tiempos (inenarrables Samuel L. Jackson y Sharlto Copley)...
El martillo: según el manual de alargamiento de escenas de Spike Lee, es muy bonito ver a un tipo con un martillo enfrentándose a 76 malos armados con... ¡tablones!... ¿acaso la pelea era en una carpintería?...
Sequedad creativa=Spike Lee... No hay mucho más que añadir.
Última reflexión: ¿Me dice alguien qué ha quedado de aquel rapper-punk negro que asombró a la crítica con HAZ LO QUE DEBAS?
Ahora, si quieren, la ven...
Saludos.

sábado, 12 de abril de 2014

Los otros B&W



Hoy hablaremos aquí de una película de esas que no ha visto casi nadie. REWERS fue la candidata polaca al oscar de habla no inglesa de 2009 y la ópera prima del joven director Borys Lankosz, que curiosamente no ha vuelto a rodar nada desde entonces. Con un arco comprendido desde 1952 hasta 45 años después, la insignificante historia de Sabina, funcionaria y solterona, acuciada por su madre y su abuela para que se case de una vez, es entroncada casi sin esfuerzo con la gris y triste situación política y social de un país sumido en el yugo impuesto por Stalin. Es una buena película por ello, por la facilidad para pasar de lo general a lo íntimo, de las vicisitudes de la familia de Sabina (en realidad sostenida por ella misma) y el conflicto interior de la joven cuando su monótona vida se vea sacudida por la aparición fantasmal de un hombre que parece salido de una película de Bogart. En realidad una imitación, porque lo que parece un romance de cine se irá desvelando como un terrible engaño, aunque la frágil Sabina tomará una determinación drástica al descubrir el engaño. Esto nos llevará a la actualidad (no por demasiado tiempo) y a unas revelaciones que borran cualquier tentación de comedia negra; más bien, REWERS prefiere dar cuenta de la pesadumbre que no tardaría mucho en dar paso a un nuevo optimismo, pero que dejó a varias generaciones sin la simple capacidad de vivir una vida.
Saludos.

viernes, 11 de abril de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #6



Obra de esncial madurez y lirismo incontenible, HIROSHIMA, MON AMOUR define por sí misma la deriva de una cinematografía itinerante pero inconmovible. Esta historia de amor y horror, de personas que aman y personas que sufren, y de unos días que podrían o no ser reales, quizá (tal y como desvela la intensa escena final) el torrente de palabras desplegado por el apabullante texto de Marguerite Duras no sea más que una minuciosa descripción de dos ciudades tan inencontrables entre sí como la Hiroshima devastada por la bomba nuclear y la ignota Nevers en Francia, de la que vamos conociendo la auténtica circunstancia emocional de la protagonista. Parece un idilio, un enamoramiento, pero los cuerpos, aunque abrazados, soportan una lluvia de cenizas; y en el otro lado, el romance, inconsciente entre personas que pertenecen a bandos encontrados, termina conformando un horrible desprecio y hasta el confinamiento y la tortura psicológica. Y todo lo filma Resnais con sensibilidad extrema, acercándose a lo que más le importa, que es esa pareja cronometrada, que se anhela y se repudia, que quiere olvidarse pero no puede; bastante haríamos en volver a ver un film del que "creemos" saberlo casi todo, y del que sin embargo siempre podemos aprender algo nuevo. Por la inquietante partitura de Georges Delerue, por la tenebrosa fotografía de Sacha Vierny, por la impresionante interpretación de Emmanuèle Riva... La inmortalidad sin tópicos, y la belleza en menos de hora y media...
Saludos.

jueves, 10 de abril de 2014

Un paseo por la selva de los recuerdos



La Tailandia de Apichatpong Weerasethakul es diametralmente opuesta a la de Winding Refn. No hay saturación lumínica, apenas ningún elemento iconoclasta y sí una vocación absolutamente humanista y que está decidida a celebrar, como suena, la vida de los hombres. Para ello, LUNG BOONMEE RALUEK CHAT (EL TÍO BOONMEE RECUERDA SUS VIDAS PASADAS) comienza de la manera más simple, con el tío del título retirándose a una pequeña propiedad en mitad del campo, pues está convencido de que su enfermedad crónica no va a dejarle mucho tiempo más. Rodeado de los suyos, no parece que la idea de morir lo agobie más que el bienestar de su familia y poder despedirse en paz. Lo que sigue es la aparición del fantasma de su mujer y la reencarnación de su hijo en hombre-mono-espíritu, que le guiarán a través de una serie de cuentos fantásticos hasta poder reunirse con él una vez que fallezca en un remoto lugar, donde se supone que Boonmee nació en otra vida. Si esto no es cine fantástico entonces no sé qué es cine fantástico (de hecho no estoy muy seguro de saberlo), pero el farragoso (y moroso, y basto) estilo de Weerasethakul necesita comprensión y paciencia; comprensión porque casi todo está sostenido por una fe ciega en mundos atávicos y temblores que sacuden la pantalla y hacen que lo imposible sea posible. Paciencia porque el camino es seguro y tranquilo, avanza a su paso y no tiene ninguna prisa por llegar. Si uno quiere ver una película americana, de acuerdo, pero esto es otra cosa; lo que chirría es tener que aceptar que también es cine, un cine que se ocupa de mostrar lo que no vemos, de traernos a nuestras vidas de hormigón y bits un trozo de la jungla, el lugar donde los muertos no atacan a los vivos, sino que los esperan para seguir, quizá, charlando de algo...
Preciosa película.
Saludos.

miércoles, 9 de abril de 2014

Double Dragon System



Vengo a defender ONLY GOD FORGIVES, porque creo que lo merece, por su valentía y, mejor, por el riesgo que Nicolas Winding Refn toma tras las muchas flores recibidas con DRIVE. Y no es signo de estos tiempos que un director de cine abandone a su suerte el posible talismán hallado y decida zambullirse en un acto de autoconocimiento que le permita a él y, sobre todo, a sus espectadores seguir indagando en perfiles más arriesgados. La historia que el danés cuenta aquí es sencillísima, muy trillada y muy asimilada para cualquier cinéfilo, una especie de INFILTRADOS con menos diálogo y más luces (sobre todo lo último); el descubrimiento, a mi entender, consiste en la búsqueda de otra forma de diálogo, más visual, sí, pero aún más "sensorial", entendiendo que nuestros sentidos pueden verse asaltados en cualquier momento por imágenes y recuerdos que, o bien creíamos desaparecidos desde nuestra infancia, o bien nuestra jodida "madurez" nos indica que es una forma trash e inservible, desde luego para llevártela a Cannes (donde no fue recibida precisamente mal). Yo no sé qué les habrá sugerido a cada uno de ustedes, pero yo me acordé inmediatamente de aquellas maravillosas salas recreativas, y más concretamente de algunas máquinas con juegos de artes marciales en las que dos luchadores desplegaban su arsenal de hostias hasta dejar seco a su oponente. Ahora quiero que un sesudo crítico, un defensor de Godard, o Rocha, o Kieslowski, me diga que no puede construirse un discurso fílmico a partir de, por ejemplo, un recurso adolescente, porque sería una imprudencia por su parte. Recordemos que el 99'9% del cine palomitero se basa en los juegos de consolas de última generación; una mutación desafortunada y que aporta menos de lo que resta a esa búsqueda formal a la que aludíamos antes. Que Wnding Refn tenga la osadía de llevarnos a Bangkok y presentarnos a un héroe que no lo es (porque en realidad es un traficante) y que se pega toda la película recibiendo leches, que su mayor oponente, el villano, sea un policía que corta cabezas y canta en karaokes, y que además sus enfrentamientos ocurran en un plano general, casi nos hace desear que aparezca la familiar barra de energía sobre sus cabezas. Y esto también es espectáculo, pero hay que saber digerirlo a su ritmo...
Saludos.

martes, 8 de abril de 2014

El pórtico de los invasores



Parecía imposible, pero lo cierto es que hemos llegado al final del exhaustivo repaso que durante el último mes hemos dedicado a los oscar'14 ¿Conclusión?: mastodónticas promesas e ínfimos pasos (titubeantes pasitos) adelante.
Pero vayamos con la ganadora a mejor película. 12 YEARS A SLAVE, un film que esperábamos ansiosamente quienes hemos descubierto en el director británico Steve McQueen un necesario soplo de aire, si no fresco dada su querencia claustrofóbica, al menos curioso y autosuficiente. Qué recibimiento tendría en tierras norteamericanas el autor de dos obras tan poco acomodaticias como eran HUNGER y SHAME quedó desvelado con creces. McQueen ha aterrizado de pie sin casi pedir permiso. La calidad y rotundidad de sus imágenes están dando, quizá, a la new thing más evidente desde el primer Tarantino; con el que, por cierto, podríamos tender un posible puente sistémico, ya que no semántico ¿Pero podríamos aislar este trabajo de los dos anteriores? porque siento que algo se ha despegado de Steve McQueen, quizá para no volver nunca, y no me tranquiliza. Es cierto que el brutal expresionismo sigue impregnando la pantalla, que de nuevo los rostros tienen una función narrativa primordial y muy por encima de las propias palabras, pero McQueen ha decidido irse a sus propias antípodas y ha cruzado una puerta de entrada tras la cual sólo se puede quedar como héroe o invasor, y no precisamente con los resultados esperables.
Y todo esto está muy bien, pero también hay una película nada desdeñable; puede que un poco repetitiva en cuanto a los motivos que la sustentan, pero con una calidad final innegable y un mensaje que resuena alto y claro a lo largo de dos horas y pico que pasan en un suspiro. Por encima de la epopeya personal de Solomon Northup, un negro libre que fue secuestrado y vendido como esclavo, e incluso por encima de la singularidad con la que nos van siendo presentados los personajes menos importantes (aunque todos lo son en alguna medida) y que sirven de inestimable telar de fondo para dos impresionantes interpretaciones (unos grandiosos Chiwetel Ejiofor y Michael Fassbender), lo que palpita de verdad con fuerza es el mensaje de que jamás Hollywood (el cine americano como concepto) se ha ocupado con rigor de un asunto repugnante y que pertenece a su historia. Y no recuerdo una historia tan corta y tan sangrienta.
Saludos.




PD: Por cierto, jamás pensé que diría... ¡Maravillosa música de Hans Zimmer!...

domingo, 6 de abril de 2014

Rincón del freak #149: Viejos deportes bajo la luz verde



Manda cojones que una cosa tan poca cosa como THE GREAT GATSBY se terminara llevando los dos únicos oscars a los que optaba; tan secundarios como el de mejor vestuario y mejor dirección artística... pero vaya, a cualquiera que se lo cuentes es posible que ni se lo crea. El caso es que ésta es ya la tercera adaptación de la inmortal novela de Francis Scott Fitzgerald... y con mucho, la peor (casi estoy tentado de decir que el telefilm del año 2000 era mejor). Todo es muy bonito (como en las películas de Baz Luhrmann); los actores pasan de estar ahí sin decir nada a soltar el discurso del siglo (como en las películas de Baz Luhrmann); cuando el director de fotografía dice "señor Luhrmann, está demasiado saturado", Baz Luhrmann deja escapar un mohín entre descarado y desdeñoso (como en las películas de Baz Luhrmann); además, hay negros tocando la trompeta sin tocarla, gente bailando canciones modernas y una vaga sensación a chantaje emocional flotando por encima de los cuadriculados y las purpurinas (efectivamente, como en las películas de Baz Luhrmann)... Por cierto ¿he dicho ya que el director de este desastre es Baz Luhrmann?... Pues manda cojones también...
Saludos.

sábado, 5 de abril de 2014

Estabilizarse con un extintor




En un momento dado (un momento especialmente tenso, es cierto), la doctora Ryan Stone, interpretada por una renovada Sandra Bullock, se sirve de un extintor para estabilizarse en el espacio sin gravedad y llegar a una estación espacial china, o lo que es lo mismo: su última y desesperada oportunidad de salvar su vida. Sólo este pequeño apunte debería servir para mirarnos con incredulidad y preguntarnos si no nos pasamos un poquito cuando hablamos de "realismo". GRAVITY es como STAR TREK o LA GUERRA DE LAS GALAXIAS; no hay rayos láser ni invasiones alienígenas, pero hay una persona dando vueltas por el espacio con un extintor, y eso es una licencia demasiado grande. Ahora bien, GRAVITY contiene la esencia de un excepcional entertainer (uno de los de mayor calidad que ahora pululan por un proceloso Hollywood), un director de cine que no necesita un gran guion (éste es bastante deficiente) para construir hora y media (y benditos 90 minutos) de goce visual. El triunfo de Cuarón es su conquista plástica, casi todo el mundo está de acuerdo en eso, por lo que casi se agradece el ejercicio de vaciado, limitando su cháchara a la del entrañable personaje interpretado por George Clooney, ese típico norteamericano capaz de ser superprofesional y contarte un chiste mientras voltea un chicle velozmente. Me ha gustado, sí, pero es un film pensado con exactitud para este tiempo de indefinición técnica y taquillas hipertrofiadas; y me parece que alguna otra había muy superior en los oscar, aunque los siete galardones me parecen justos en su categoría. Y me niego a encender un debate que me parece nimio, como es el de separar digital de... ¿de qué?...
Saludos.

viernes, 4 de abril de 2014

La pantalla que respira



Me parece muy evidente que, de no ser por la emotiva y florida interpretación de un casi omnipresente Joaquin Phoenix, HER habría terminado siendo un coñazo irremediablemente considerable. Me resulta complicado entender, meterme en la piel de unos personajes y unas situaciones que me son por completo ajenos, cuando no directamente hostiles. No es por lo descabellado de su premisa argumental (un tipo al que le cuesta encontrar el amor tras su reciente divorcio se enamora de un Sistema Operativo... como suena). No. En realidad lo que me chirría son los goznes de una interminable catarata de face to face aparentemente trascendentales; lo que me viene a demostrar dos cosas cuanto menos inquietantes: que los americanos cada vez se parecen más a los japoneses (lo que es terrorífico como concepto) y que para remarcar "un cierto estado de calidez humana", lo mejor es no incluir en tu campo de pruebas cualquier atisbo de agobio económico. Estos personajes tienen siempre, en su unidimensionalidad, una parte importante de su existencia perfectamente resuelta, lo que a partir de ahí les permite (en realidad se lo permite a un guionista que sea vago) no tener que ocuparse de nada más que de "su gran problema". Es igual, nada va a cambiar al respecto, excepto que lo que hace un tiempo era una chorrada de novela romántica ahora puede ser perfectamente reconvertido en una "historia de amor más allá del tiempo y el espacio", porque el cine de ahora no se permite ni siquiera un fallo en su lisa y brillante esfera de brand new audiovisual.
E insisto: menos mal que eligieron a Phoenix...
Saludos.

jueves, 3 de abril de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #5



Qué ciego hay que ser para catalogar una reflexión en imágenes, profunda, irónica, desarmante, como LE CHANT DU STYRÈNE en esa trampa mortal que es el documental. No es un documental y muchísimo menos un burdo comercial ilustrativo acerca de las bondades de la producción industrial de plástico.
Lo primero que Resnais ofrece es un bello juego de colores y formas surgiendo con plasticidad geométrica, una especie de "dignificación" del objeto, el canto antes que la utilidad de la fabricación en serie. "Una nueva era. Nuevos objetos de procedencia misteriosa", se nos dice; el objeto da paso a la fábrica, el lugar del hacedor, la máquina, el molde. A partir de ahí, el interés de Resnais consiste en preguntarse a dónde nos llevaría un viaje hacia atrás, en busca de los orígenes, los materiales, para descubrir en un trayecto a la inversa que precisamente son los materiales que la industria denomina "de desecho" los que terminan conformando ese "nuevo objeto", que no es natural. He ahí el misterio del poliestireno, siempre y cuando alguien se lo pregunte.
Saludos.

miércoles, 2 de abril de 2014

Sobre vivir



La secuencia inicial de DALLAS BUYERS CLUB es absolutamente fascinante. Jean-Marc Vallée es capaz, casi sin mostrar ni un solo elemento concreto, de sintetizar toda la esencia de la historia que se dispone a desarrollar. Es una lástima que el resto de esta irregular película se tambalee por los traicioneros senderos del melodrama con trasfondo médico y se aproveche (creo que mal) de dos interpretaciones que creo que no son tan soberbias como se está pregonando, sino simplemente muy buenas; que no es poco, pero a mí me cansa ya un poco la caracterización extrema, la verdad. Sin embargo, me gustaría hacer hincapié en ese extraordinario arranque, que pone en tela de juicio cualquier idea preconcebida con la que podamos llegar a esta puesta al día del drama del SIDA en la Norteamérica de los años ochenta. Entre sombras, paralelamente a la brutalidad del rodeo, gemidos, respiraciones, apenas unos rostros vislumbrados ¿pero cuántos? ¿quiénes son los que están con Ron Woodroof? Vemos una chica, pero parece haber alguien más detrás de este cowboy supuestamente homófobo ("adicto a los coños", como le definen más tarde). No está muy claro, pero hay mucha más elocuencia en esos intensos y escasos minutos que en el resto de un film, insisto, al que le cuesta creerse la totalidad de su sucia fábula de adicciones, camaraderías y, lo que es peor, denuncia a las compañías farmacéuticas por el negocio que formaron en torno al síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Lo que de verdad descoloca (y por eso me parece demasiado tiempo tirado a la basura de la convencionalidad) es definir con valentía la compleja e inabarcable personalidad de Woodroof. Intentar ubicarlo en tiempo presente, en mi modesta opinión, es imposible y, por tanto, aún más fascinante.
Podría haber sido infinitamente mejor, estoy seguro de eso.
Saludos.

martes, 1 de abril de 2014

Muros y desvergüenzas



Otra estupenda película perdida en el cajón desastre de los oscar, esta vez en la infame sección "de habla no inglesa", pero... ¿qué pintaba (y esta vez no es un recurso indignado-arponero) esta película de origen palestino con una muy inteligente manera de criticar a Israel en su desconcertante premisa interior? Lo vimos ya en aquella magnífica película que era PARADISE NOW, aunque debo reconocer que Hany Abu-Assad ha sabido recomponer su discurso tras la decepción que fue THE COURIER, su inefable paso por la producción norteamericana. OMAR es una historia de amor en la Cisjordania ocupada que rápidamente da paso a otra cosa, a una certera crónica de las dificultades de llevar una vida normal, a registrar los abusos sufridos por una población condenada a no tener un territorio propio. Tras su exitoso paso por Cannes y Valladolid, me atrevo a afirmar que Hollywood no ha debido entender con exactitud el alma de este film, ni qué instrumento le sirve para llevar a cabo su denuncia. En lugar de la típica historia de buenos y malos, Abu-Assad opta por pegar su cámara al actor Adam Bakri (de nacionalidad israelí) y zarandearlo por unas abigarradas calles, perseguido, detenido, torturado, traicionado, usado como cebo y, finalmente, incapaz de confiar absolutamente en nadie. No es OMAR un film al uso, sino que se sirve de las constantes del cine tan mal denominado "político" para hacer despegar su propio espíritu, un ritmo interno y que se acelera o refrena según el clima pretendido. Insisto en que nadie ha podido entender su mensaje para incluirla en toda una alfombra roja, y si no me creen véanla y a ver qué les parece su sorprendente final.
Muy recomendable.
Saludos.

lunes, 31 de marzo de 2014

Un campo de fresas polvoriento



Para cerrar el círculo, ya que estamos abordándolo todo a lo bestia, pues terminemos de una vez con aquello de los Goya con su "gran" triunfadora. VIVIR ES FÁCIL CON LOS OJOS CERRADOS es el originalísimo título de la película elegida por la Academia de cine para que todo siga exactamente igual que antes. "No avancemos. Nuestra meta es la recaudación", parecen decirnos cuando se pone en la cúspide (o eso parece) un film que no inventa nada, ni elude algunos de los lugares comunes más sonrojantes del cinematógrafo ibérico; en lugar de ello, coloca la cámara en el sitio donde usted, avezado espectador, quiere mirar. Esto es: un cura pegándole a un niño mientras Javier Cámara (haciendo de Javier Cámara una vez más) enseña inglés con las canciones de los Beatles; una reunión familiar al más puro estilo "Los Alcántara", con sopa de arroz y todo; una muchacha con problemas de embarazo prematuro, ahora que lo del aborto está candente; y cómo no, las generosas tetas de la misma chiquilla, que antes tenía que darnos penica y luego ponernos cachondos. En un momento dado, el improbable trío protagonista asiste al visionado de EL PADRE MANOLO, con Manolo Escobar y Laly Soldevila; varios minutos después, uno se pregunta en qué aspecto intrínsecamente semántico ha avanzado el concepto de dirección desde Ramón Torrado hasta David Trueba, y no me refiero al pulimentado y abrillantado, sino a lo que abría esta reseña ¿En qué nos cambia la Sota, el Caballo y el Rey? Lo digo para que nadie se me enfade si utilizo el término "comedia simpática"; pero si esto es lo mejor que podemos ofrecer...
Saludos.

domingo, 30 de marzo de 2014

Rincón del freak #148: Miedo al compromiso y langostas atrofiadas en Bankialandia



Tenía que ponerla de una vez tras el bache de los Goya (nunca mejor dicho). 3 BODAS DE MÁS realiza un diagnóstico muy certero de por qué estamos como estamos... o peor: por qué estamos como estamos y no hacemos nada para cambiarlo. Cifras y letras. Las cifras, lo que importa, por delante del análisis. Las letras, gruesas, con brocha muy gorda, chilladas en una trompetilla así de grande. Que no quede nada tras el huracán, por aquí han pasado todos los agregados de la televisión, las teleseries, esos engendros del demonio que han terminado por enterrar bien hondo al cine. El cine es otra cosa, no es campana sobre campana, no es tirar a la basura el fuera de campo y no es el ola k ase. No. Y Ruiz Caldera, lo dije con aquello de SPANISH MOVIE, no te está vendiendo cine, te está vendiendo unas preferentes del carajo y se está descojonando en tu cara porque a él lo invitan a festivales de cine y lo nominan a los Goya.
La película. Otra boda... A ver cuando hacen la del funeral. Los actores... los actores... los actores... Se supone que nos están contando la tragedia de una muchacha que se quiere casar pero no se casa... Gran tragedia, sí señor. Yo digo que lo que subyace tras esta oda ultrarreaccionaria es animar la amnesia y celebrar la insensatez... Como firmar hipotecas, como casarte porque "es lo que hay", como hacer bodas horteras para que una panda de gilipollas se atiborre a tu costa, como insistir en que tenemos muchos amigos gays, como el "sí señó" diario de este país inenarrable, de esta fiesta de maniquíes... que cantaba otro.
Odio las bodas y el primer presidente de la democracia fue Manuel Azaña, maldita sea...
Saludos.

sábado, 29 de marzo de 2014

(Re[o])crear



Pero que ni al pelo comentar AMERICAN HUSTLE justo después de hacer lo mismo con THE WOLF OF WALL STREET. Concisamente: David O. Russell quiere ser Scorsese y por el camino le brotan Tarantino, Coppola, Gray, Linklater... Demasiados nombres para ser genuino, porque no lo es. Hablamos, sin embargo, de una buena película, muy desarticulada y cochambrosa, pero con algunos momentos (menos de los deseados) realmente conseguidos gracias a sus poderosas interpretaciones, muy especialmente unos soberbios Christian Bale y Amy Adams. Puede que si Russell se hubiese dedicado a pulir estos dos diamantes, personajes repletos de aristas y matices, vulnerables, emocionantes... a lo mejor, digo, no habría bostezos en mitad de una película que me recuerda a muchas otras sin llegar a concretarse por sí misma. Tampoco me convence el rotulador fluorescente que parece pender sobre cada imagen (¡estamos en los 70!... ¡recuérdenlo!), y como cada imagen se desespera por ser la imagen más despampanante de la temporada. AMERICAN HUSTLE me recuerda a LA CONVERSACIÓN, pero también a ARGO y LA NOCHE ES NUESTRA, a JACKIE BROWN o, claro está, la miríada de referencias a CASINO, UNO DE LOS NUESTROS, MALAS CALLES... ¿Mi recomendación?: disfruten de los actores, de su entrega y generosidad. En este caso me da la impresión de que una cosa está muy por encima de la otra.
Del trabajo de peluquería me reservo toda opinión. Yo nací en los 70...
Saludos.

viernes, 28 de marzo de 2014

Diversión y crueldad



Sí, es muy excesiva y muy larga, y tiene un montón de cosas dentro; es la forma en la que Scorsese nos dice a los que le hemos seguido durante años: "Muchachos. Hice "Hugo" porque quería el premio, pero sólo por eso. Hice la de la prisión porque quería que supiéseis que puedo ser más raro que Lynch o Malick. Pero uno nunca se cansa de lo bueno..." Y lo bueno es THE WOLF OF WALL STREET, que dura tres horas y alecciona a la sociedad acerca de cómo montártelo para engañar a un montón de gente, hacerte multimillonario y gastártelo todo en putas, drogas y... y cualquier cosa inútil que se te ocurra. Olvídate de tus tendencias moralistas y echa un vistazo a esta sinfonía pasada de revoluciones, a lo mejor es más instructivo sobre a quién llevas toda la vida dándole el dinero; Jordan Belfort no es un mesías ni un diablo, es un producto genuino de un sistema, y a ese sistema lo alimentamos entre todos. Y seríamos unos hipócritas si tomáramos esta película divertidísima, reveladora y acusadora a partes iguales como una especie de tratado de por qué estamos como estamos, porque todo el mundo sabía que estaríamos como estamos, no se puede ser tan imbécil. A diferencia del tiburón diseñado por Oliver Stone hace 25 años, aquí el poder no detenta tanta relevancia; se trata de un niño insaciable en un cuarto de juguetes que no para de crecer; se trata del tipo que pasa diez horas diarias en el bar de la esquina, pero con mucho más dinero; se trata de hacer creer que lo que no existe sí que existe (no se pierdan el desquiciado parlamento de un genial Matthew McConaughey, que marcará todo el devenir del film). Por un lado están los Ferraris, los yates, el dinero tirado a la basura, los kilos de cocaína (y otras sustancias) y la sensación de invulnerabilidad; por el otro está la capacidad de Scorsese para que nada se le vaya de las manos, para dominar un torbellino de personajes y situaciones con un Leonardo DiCaprio superlativo sosteniendo toda la función como si hubiese nacido concretamente para este papel. Y a lo mejor no es una grandiosa obra maestra porque tampoco lo pretende, sino que se conforma con hacer muy bien lo que hace; y a lo mejor a Scorsese le tenían que haber premuiado por esta genuina demostración de su talento... aunque sea capaz de asustar a la Academia...
Saludos.

jueves, 27 de marzo de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #4



LES STATUES MEURENT AUSSI supuso la inestimable colaboración entre Alain Resnais y Chris Marker; dos miradas insobornables con el fin de realizar un film de treinta minutos capaz de poner a la civilización occidental frente a sí misma, sus errores, crímenes y pecados. Una tarea engañosa y complicada, porque son muchos los panfletos que, en lugar de arrojar luz, no han hecho más que fomentar la autoindulgencia como nucléico acto de confesión. En lugar de caer en la parábola del buen salvaje (como erróneamente me parece que muchos espectadores han atisbado), Marker y Resnais se apoyan en el arte como significación aumentativa de lo que posteriormente lanzarán como una gran y dolorosa verdad. Les interesa remarcar la diferencia semántica e insalvable entre el concepto de arte en el "primer mundo blanco" (permítanme tan zafia expresión), dado en esencia al catálogo y mercadeo exhibicionista, y el arte africano, jamás en autoría y con el único fin de (como bien se encargan de recordarnos aquí) encarnar no al dios, sino a la plegaria. A la tierra y sus frutos, a la caza proveedora, a la fertilidad femenina o al equilibrio de los elementos. Y es falso y torticero hablar aquí de una confrontación entre una manera de entender la vida (porque no es más que eso) y otra; más bien deberíamos atender a la reflexión que por desgracia tan pocas veces se hace desde las voces de los cineastas: no se pueden cuestionar el destrozo y la miseria, pero sí el porqué.
Fascinante, revelador y muy necesario documental, aunque me niegue a "catalogarlo" como tal, dada su poderosa naturaleza poética.
Saludos.

miércoles, 26 de marzo de 2014

La altura




La naturalidad es ese ente grosero, un poco esquivo y orate que se encuentra siempre tras la esquina que no doblamos. El cine es todo lo contrario a la naturalidad; el arte lo es, porque aspira a una cierta sublimación de sus propios registros y hallazgos. Al mismo tiempo, para un artista parece ser el reto más complicado conseguir plasmar todo aquello que previamente han sentido como personas; quizá incluso ofrecérselo a otros; quizá incluso hacérselo creíble a esos otros. Lo que Alexander Payne consigue en NEBRASKA es que veamos los lugares comunes sólo si de verdad yacen allí donde el director cree necesario posar su paciente cámara. NEBRASKA no ha conseguido ningún oscar porque no es más que la historia de un viejo que chochea y que cree haber ganado un millón de dólares en una de esas infames campañas publicitarias que a todos nos han dejado alguna vez en el correo. Sí, pero si sabemos mirar detrás de las esquinas, nos vamos a encontrar con otra cosa; nos encontraremos con las constantes que habitualmente pueblan el cine de Payne. Y encontraremos un humor que elude obsesivamente el chiste fácil; encontraremos unos personajes que podrían vivir a tu lado, porque a veces son estupendos y entrañables, y a veces son unos cabrones egoístas (y puede que eso sea lo normal); encontraremos una historia admirablemente desarrollada, con una prosa que al principio parece exasperante, pero que sólo espera el momento adecuado para expresarse tal y como debe hacerlo. Todo eso está en NEBRASKA, que parece UNA HISTORIA VERDADERA pero no tiene mucho que ver, porque Payne no ve misterios sino evidencias. Y, cómo no, deberíamos rendirnos ante un par de interpretaciones que ponen la piel de gallina. Bruce Dern y Will Forte se adueñan del relato y lo hacen avanzar, a veces a empellones y otras con la agilidad de su gran oficio. Ellos son el motor de esta bellísima película; bellísima en las antípodas de otras "grandes bellezas", pero igualmente emocionante. Porque todo el que, como es mi caso, siente que le ha faltado mucho tiempo junto a su lacónico y taciturno padre, se verá reflejado en esta pequeña gran película.
Saludos.

martes, 25 de marzo de 2014

Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #24



Llegamos al final del monográfico dedicado a Robert Siodmak, director singular, trabajador abnegado y artista no tan reconocido como algunos suponemos que su trayectoria hubiese merecido. Cierto es que el final de su carrera poco o nada tenía que ver con sus años dorados en la Universal como constructor de un cine negro avanzado a su época, y buena muestra de ello es el mamotreto (tres horas divididas en dos partes) en forma de peplum tardío con el que dejó de hacer cine allá por 1968. KAMPF UM ROM tenía una primera parte titulada "El último romano" en la que dejaba constancia de las intrigas de un imperio a punto de desmoronarse, o más bien disolverse en una alianza que arrinconaba su ya imposible esplendor. En la segunda parte, "La traición", Siodmak introduce una mayor espectacularidad, con grandes batallas en espacios abiertos. Una constante, si preferimos, de un cine hollywoodense que el director alemán intentó exportar desde que se vio obligado a marcharse de nuevo a Europa.
Con un reparto más sonoro que eficiente (un anecdótico Orson Welles, Sylva Koscina, Lang Jeffries, Honor Blackman, Laurence Harvey...), no es un film tan desmesurado como sí gélido o desangelado, puede que por lo antipático de la franja histórica que refleja (apasionante para un historiador, pero con pocos motivos para una película que se pretende espectacular), aunque gran parte de culpa la tienen los inenarrables cardados y terroríficos trasfondos de cartón-piedra. Contiene, es cierto, algunos destellos del gran cineasta que siempre fue Siodmak, pero uno hubiese echado de menos (él lo merecía) un último film con más guion y menos "estrellato"; una vuelta a las raíces que, desgraciadamente, nunca se produjo.
Nos quedaremos, por tanto, con ese puñado de obras maestras que legó a la historia del cine y la grata sensación de haber descubierto un rincón algo olvidado y un poco por detrás de mitos y adoraciones. Pero es que esto también es cine.
Saludos.

lunes, 24 de marzo de 2014

J. R. R. #5



Es curiosa la relación que ha tomado la saga de The Lord of the Rings, primero, y ahora con The Hobbit, respecto a los premios oscar, pues no deja de tener su gracia que se obvie de una manera tan descarada a la que probablemente sea la única genuina superproducción, enclavándola en apartados tan remotos como "Sonido", "Efectos sonoros" y "Efectos visuales" para, seguidamente, dejarla huérfana de reconocimiento alguno. No es que me moleste especialmente, el impacto de The Hobbit, reconozcámoslo, es mucho menor y admite distintas ondas de frecuencia, yendo tranquilamente hacia la franquicia como banco de pruebas para nuevas técnicas y malabares diversos. Eso es la máquina de hacer dinero, fuera de toda duda; después tocaría enhebrar con consistencia una historia que, sin perder sentido, sí es cierto que su insistencia por tocar todas las teclas la deja en un marco de "ya visto". Hay escenas muy espectaculares en THE HOBBIT: THE DESOLATION OF SMAUG, y Jackson parece haber encontrado en Guillermo del Toro el contrapunto perfecto a su jovialidad (a veces no demasiado bien entendida); el realizador mexicano es capaz de congelar sonrisas con su oscuridad, latente tras cada escena. Y si tuviésemos que organizar un itinerario para resumir dos horas y media un poco demasiado largas, tendríamos que empezar con que (otra vez) hay demasiadas persecuciones, (otra vez) se tiene la sensación de que los orcos son rematadamente tontos para cualquier cosa que hagan y (otra vez también) es bastante desesperante que toda la chicha se deja para la media hora final. Debo reconocer que ese conato de desenlace (porque no lo es) nos deja con ganas de más, y que la recreación de Smaug es acertada porque a su imponente presencia física se le une una perspicacia verbal capaz de competir con el estupendo Martin Freeman; su "enfrentamiento" dialéctico es prácticamente lo único por lo que merece la pena esta larguísima travesía. De qué será capaz el tándem Jackson/del Toro a partir de donde han dejado esta entrega es un tanto que ellos ya se han apuntado, porque es seguro que estaremos esperando hasta entonces.
Saludos.

domingo, 23 de marzo de 2014

Rincón del freak #147: Horror y pavor en la UHF



En una semana extraña, sin ritmo para poder publicar como por aquí nos gustaría y con el malestar que nos provoca que (aún!) haya gente que decida perder su tiempo escribiendo sandeces (siendo muy generosos) por el mero placer de esconder su propia ineptitud vital ante lo que yo veo simplemente como una inexplicable frustración intelectual y poco fértil.
Aunque como todo esto nos da igual, porque tenemos problemas más reales y más importantes, y porque no podría perdonarme dejar de escribir cada día (y mis disculpas por ello), vayamos con la sección dominical en la que hoy necesitaba incluir una verdadera y genuina bizarrada proveniente de Argentina; una coproducción tremendamente infame y que aprovechaba los últimos coletazos de un actor como Richard Conte al que, sinceramente, se le ve más perdido que un pulpo en un garaje. EXTRAÑA INVASIÓN (o SINTONICE EL TERROR) nos ponía en situación con una mezcla entre EL PUEBLO DE LOS MALDITOS y LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS, aunque finalmente su delirante premisa la deja muy lejos de estos grandes clásicos. El guion nos pone en situación cuando un pueblo (¡estadounidense!) sufre una misteriosa plaga, ya que la televisión, lejos de ser nutritiva, lo que hace es hipnotizar a jóvenes y viejos hasta convertirlos en inertes zombis sin voluntad propia... Más o menos lo que suele ocurrir en la realidad pero con unos efectos especiales consistentes en... sí, interferencias. La película es mala de verdad, pero es impagable escuchar esos acentos argentinos diciendo "¡Cuidado, Johnny!", además de la colección de tópicos que el esforzado Emilio Vieyra (algo así como el Chicho Ibáñez de la Pampa) introduce para intentar convencernos de que en verdad pisamos suelo yanqui (coches grandes... oficiales de policía con placa... cereales en el desayuno...). Una curiosidad extraña, indescriptible y con un final bastante divertido... cuando supongo que el efecto deseado era crear algún tipo de inquietud... Sólo para iniciados, vaya...
Saludos.

jueves, 20 de marzo de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #3



De menor profundidad y calado que sus dos predecesoras, GAUGUIN se muestra más esquemática y menos acerada, centrándose en el muy conocido viaje del pintor francés a la Polinesia, lo que influiría decisivamente en su estilo, colorido y vitalista. Pero, tratándose de una obra de Resnais, cabría indagar en posibles recovecos formales que aquí quedan a merced de apenas dos o tres notas (auto)biográficas, mientras que la narración de Jean Servais se resiste al desencuadre, tanto más necesario por la escasa concentración de datos. No es su mejor cortometraje sobre un pintor ni sobre pintura, pero de nuevo sorprende la facilidad de Resnais para, de algún modo, "colorizar" sin esfuerzo unos fotogramas en Blanco y Negro, con el salto al vacío consiguiente, por lo que queda como un complemento perfecto aunque en absoluto reveladora.
Saludos.

sábado, 15 de marzo de 2014

La dolce Rosebud



En Italia (y a lo mejor sólo en Italia) son capaces de convivir Berlusconi y Caravaggio; Raffaella Carrá y Enrico Caruso; Las Mamachicho y Miguel Ángel; lo trascendente y lo banal; la fiesta y la meditación; lo profundamente bello y lo profundamente miserable; lo hortera mirando a la belleza con los bolsillos repletos de dinero como única oportunidad de poder alcanzarla. Pero una cosa es el dinëro y otra la belleza, y Gep Gambardella lo sabe, y sabe que no se puede hacer nada excepto dejarse llevar, por una cosa o por la otra, o por ninguna; ser testigo excepcional de los lugares donde ocurren las cosas, o donde quizá no esté ocurriendo nada. Gambardella es ese triste tipo de novelista joven que escribió demasiado bien su primer libro y luego sintió que no merecía la pena ofrecer nada más; un hombre que pasa su vida entre fiestas atronadoras y palacios fantasmales, que se rodea de cardenales, vendedores de juguetes, dramaturgos frustrados, bailarinas de strip tease, santas, millonarias comunistas y vagos en general cuyo mayor dilema existencial consiste en cómo gastar el dinero de la forma más inútil. Toni Servillo es el mejor embajador de este excesivo carrusel desde, seguramente, Marcello Mastroianni, y Paolo Sorrentino ha encontrado en Fellini su timón impulsor; no es muy original, esto ya se ha hecho, pero debo reconocer que el resultado es atractivo y que contiene (a lo mejor sin quererlo) una afilada crítica hacia un estado de las cosas bastante deplorable desde el punto de vista de una fauna demencial. Todo es muy exagerado e inconexo, como un collage desmesurado y caprichoso que pugne por rebasar la pantalla, pero lo que podría jugar en su contra es un acierto, porque imagino que a Sorrentino lo que menos le apetecía era contar una historia, sino construir un personaje inolvidable y convertirlo en epicentro imperturbable aunque profundamente conmovible, movido (a ratos) por un recuerdo de juventud que ha sido incapaz de superar y que sorprendentemente lo dota de una gran humanidad. Y esto es, más o menos, LA GRANDE BELLEZZA...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

7 al azar


¡Cuidao con mis primos!