lunes, 29 de junio de 2015

D.W.: El padre del cine #25



Bueno, esta semana empiezo mis vacaciones, así que terminemos de una vez con el año 1912... y dejemos algo para la vuelta.
En THE MENDER OF THE NETS, Griffith volvía sobre uno de sus temas recurrentes, amoríos y desvaríos en zonas pesqueras. Una arrebatada Mary Pickford (en el que se cree que pudo ser su última aparición para la Biograph) daba vida a una zurcidora de redes que deja prendado a un joven pescador, aunque la aparición de su anterior amor (la estupenda Mabel Normand) hará imposible que dicho compromiso pueda prosperar. Bitzer... Bitzer... Bitzer... Poco más a añadir.





THE NEW YORK HAT era un corto francamente escabroso y, me parece, poco comprendido. Narraba un complejo juego de personalidades, apoyado en la administración de la fortuna que una mujer a punto de morir sabe que dejará a su joven hija en la ruina, víctima de la avaricia de su marido. Sin embargo, la compra de un simple sombrero será el disparadero de inconvenientes rumores, que dejan en entredicho incluso la reputación de la joven acerca de quién será su misterioso benefactor.





Y para acabar este año, nada mejor que una de las grandes obras maestras de Griffith. THE MUSKETEERS OF PIG ALLEY, maravillosa precursora de indiscutibles del séptimo arte como THE GODFATHER o GANGS OF NEW YORK (añádase, al gusto, cualquier película favorita que transcurra en Norteamérica y cuyo género sea "gangsters"). Considerada como quizá el primer asomo del género de gangsters al celuloide, se trata, además, de una obra visionaria en fondo y forma. Se habla de la Ley Seca antes de que fuese promulgada, y hace del control ilegal de la distribución de alcohol su motivo principal; los poderosos iconos de los malhechores subvierten cualquier idea preconcebida hasta entonces, y no son simples "malos" que tarde o temprano serán derrotados por el héroe, sino una temible encarnación de las sombras que escapan a la ley. Del espectacular trabajo de Billy Bitzer poco puedo añadir a estas alturas, excepto que les invito a que disfruten la experiencia de su visionado y descubran cómo Griffith allanó el camino a tantos y tantos cineastas posteriores...


... Y, saludos...

domingo, 28 de junio de 2015

Rincón del freak #199: Porque la decadencia puede ser un género



Uno de los fenómenos más curiosos de los últimos tiempos consiste en identificar y separar las diferentes películas (y son muchas) que hace Nicolas Cage, porque el conjunto parece un todo indisoluble y capaz de fagocitar a cualquier talento creativo que se le ponga por delante. El ejemplo más claro de este mórbido empecinamiento, cuyas raíces suponemos oligárquicamente monetarias, es un dislate llamado DYING OF THE LIGHT, que compila, para regocijo de quienes se masturben con estas salvajadas, todos y cada uno de los mandamientos que, de seguir así, van a hacer del célebre actor un género en sí mismo. Y no muy afortunado, pero al menos capaz de hacer fruncir el ceño a cualquier tipo de crítico, poniéndolos a todos por una vez de acuerdo. La película en sí es una bobada de sobremesa, barata, cutre y sin pizca de sentido del humor (baste recordar que aquí se traducía con un desquiciante CAZA TERRORISTA), acerca de la CIA, los despachos, los terroristas internacionales, el honor americano y otras cosas que son el colmo de la originalidad. Claro, si tienes un buen guion, una dirección solvente, una fotografía esforzada y unos actores decentes, es posible que te salga un thriller con todas las letras, pero no hay ni rastro de ello; y la lástima es ver a Paul Schrader al frente del despropósito, con aún peores disculpas que el propio Cage, porque una cosa era la fallida THE CANYONS, que ensayaba un modelo de producción de serie B que lo basara todo en el guion, como tantos y tantos gozosos ejemplos que nos ha legado el Hollywood de las trastiendas, pero todo en esta cosa es premeditado y alevoso. Y no pienso contarles de qué va, aunque da igual porque han visto esta película cientos de veces, tan sólo les insto a que echen un vistazo a su tramo final y verán que las risas involuntarias son un género y un síntoma. Cage interpreta (es un decir) a un agente con problemas de demencia senil... Lo dicho: perfecto para una sinopsis acelerada...
Saludos.

sábado, 27 de junio de 2015

Parte del rebaño



Y, efectivamente, como quería dejar zanjado el exhaustivo repaso a Cannes'77 antes de irme de vacaciones (que este año será muy pronto), vayamos con la gran ganadora de aquel año. Gran película y gran reflexión sobre esos aspectos de una sociedad que nos suelen pasar desapercibidos y que al final resultan ser los más importantes y cruciales para entender exactamente de dónde provienen nuestros problemas más irresolubles.
PADRE PADRONE es una cruda disección, la que efectúa, a modo de exorcismo vital, Gavino, que ahora es escritor, pero que tuvo que luchar para no convertirse en una simple bestia de carga. Los hermanos Taviani, con su severo sentido del espacio, exponen una historia hiperrealista sin plegarse a los mandatos de un naturalismo forzado; al contrario, el ejercicio de dominio de un padre brutal e insensible, que confunde protección con aislamiento, que es incapaz de distinguir a un niño de un adulto, es contenido en un diámetro obstinadamente teatral, a la búsqueda de un instante de lucidez en la mirada vacía e infernal de un Omero Antonutti irrepetible, alejado de clichés estéticos, jamás regodeando a su personaje en su miseria moral.  PADRE PADRONE tiene apenas un defecto, que proviene de la dificultad de abarcar un arco temporal tan extenso y conjugarlo con el gusto por el detalle que recorre toda la obra. Visualmente brutal, imperfecta, lírica, como un puñado de tierra directo a los ojos, esta es la historia de un hombre que obligó a su hijo a ser analfabeto, a follarse a los animales y a rehuir el contacto humano; pero también es la historia de otro hombre, que antes fue niño, que se obsesionó con la idea fija de huir a donde fuera, a cualquier sitio donde no le estuvieran apalizando constantemente ni tuviese que beber la leche que se había mezclado con la mierda de las cabras. 38 años después, sigue conmoviendo, creando repulsión y controversia, haciendo pensar y mostrando un camino insobornable a todos esos nuevos creadores de imágenes incómodas y necesarias.
Yo se lo hubiese dado a Robert Altman, pero esta película es una barbaridad.
Saludos.

viernes, 26 de junio de 2015

Una cuestión de jerarquías



Y, bueno, pues vayamos con otra de esas recomendaciones veraniegas que tanto nos gusta descubrir, sobre todo por saber si es oro todo lo que reluce... La película en cuestión es SLOW WEST, un western de esos que alguien denomina "modelno", con una buena fotografía, personajes inquietantes, su dosis de crudeza cocinada a fuego lento y unas interpretaciones que rayan a gran altura. Lamentablemente, lo que aquí falla es un guion que abunda demasiado en lo estrambótico y que termina reduciendo todas las virtudes a una especie de refrito luminoso del DEAD MAN de Jarmusch, o a una versión para impacientes de THE ASSASSINATION OF JESSE JAMES..., de Andrew Dominik. Es decir, que aunque es una película amena y entretenida, su profundidad de campo no me parece tal, sino más bien el trabajo minucioso de un rendido admirador que siente que tiene su cuota para aportar. Lo que me gustaría saber es cuánto de Michael Fassbender (junto al gran Ben Mendelsohn, lo mejor de muy largo) subyace tras la excusa de un director novel; Fassbender es el productor, y casi me atevería a opinar que el verdadero ideólogo de este, ya digo, muy buen debut, sin que por ello debamos alzar las campanas al vuelo. Pero estaremos atentos, por si no es flor de un día...
Saludos.

jueves, 25 de junio de 2015

La máquina que mataba fascistas



Haríamos aquí un monográfico exclusivo y dedicado a la figura de Hal Ashby, pero preferimos que un día le de a Martin Scorsese por rodar su biopic... Ahí lo dejo.
El caso es que Ashby concurrió en 1977 al Festival de Cannes con otro biopic, el de Woody Guthrie. Pero no nos llevemos a engaño, porque BOUND FOR GLORY no sólo soslaya algunos de los pasajes más importantes del libro del mismo título, sino que queda incomprensiblemente reducido al periodo anterior a la época en la que Guthrie lo escribió, conjuntamente con la canción que le da título, que fue en su etapa neoyorquina. Precisamente la que no vemos, ya que este film apenas roza la huida hacia delante de Guthrie desde Texas, donde tenía dos hijos, hasta una California menos luminosa de lo que pregonaban las publicidades.
Hasta ahí el rigor, escaso, pero el film de Ashby es, al mismo tiempo, emocionante en su deslumbrante apuesta formal y honesto al dejar a Woody Guthrie con los pies muy en la tierra. Y aunque lo parezca esto no es Malick, porque todo se entiende a la perfección y nadie mea colonia; hablamos de un hombre que era un creyente, un fanático, creía que la igualdad era posible y que él podría conseguirla mediante su música. La interpretación de David Carradine es de las mejores que le he visto (porque nunca me ha gustado mucho), y sus dos horas y media pasan en un suspiro, entre grabaciones en la KFVD, sus actuaciones a pelo para los trabajadores, que tenían condiciones miserables, y esa extraña mística cotidiana que tienen algunos (sólo algunos) trabajos de Ashby.
Quién sabe, los oscar nunca se han llevado muy bien con las Palmas, pero a lo mejor ésta hubiese merecido correr mejor suerte.
Saludos.


miércoles, 24 de junio de 2015

El posibilismo impracticable



Para quien desee verla, SPRING, de 2014, y que se pudo ver en el pasado Festival de Sitges, es puro fondo y forma, puro cine del nuevo milenio y puro desastre a la hora de mezclar géneros irreconciliables como el cine de horror sobrenatural y el... ¡mumblecore!... Sí, amigos, porque SPRING, a cachos, hubiese desentonado menos en Sundance, aunque salgan monstruos estrambóticos y eso, porque lo que el tándem Benson/Moorhead (la cantidad de películas a pachas que están saliendo últimamente...) pretende no es acercarse ni a Guillermo del Toro, ni a Ti West, por poner dos exponente de terror opuestos pero complementarios. No, en realidad se quieren parecer a una mezcla entre Noah Baumbach y Richard Linklater... Lo juro. Y no sé si contando un poco la sinopsis estará un poco más claro: Un joven se queda sin su madre, que muere de cáncer terminal; se pelea en un bar, lo echan del trabajo, lo busca la policía, y como no tiene nada que perder ni conservar se va a Italia. Ha pasado media hora, y en Italia encuentra a dos mochileros galeses bastante desagradables con los que pasará momentos inolvidablemente aburridos. Ha pasado media hora y ya estamos en la mitad de la peli. Luego conoce a una chica muy atractiva (la guapísima Nadia Hilker, no la pierdan de vista), de la que se enamora inmediatamente y con la que da largos paseos por lo que suponemos es una villa de Nápoles; con ella no sólo tiene arrumacos, sino que mantiene larguísimas charlas en las que podemos empaparnos de dos vidas complementarias pero muy diferentes. Esto se lo he visto yo a Ethan Hawke y Julie Delpy... excepto por un pequeño detalle: ella es un monstruo multiforme de más de 2.000 años de antigüedad... Ahí queda eso.
Puede que se emparente con en cine de Gareth Edwards, puede que se haya embriagado en exceso de los riffs del último y vampírico Jarmusch... No sé, pero insisto, no les va a dejar indiferente...
Saludos.

martes, 23 de junio de 2015

Ligero como una pluma



Ésta es ya la antepenúltima entrada que dedico a Cannes'77 (experimento que me ha dado grandes satisfacciones y que repetiré en un futuro), y pese a que no ha habido rigor alguno en la selección má allá de dejar a la Palma de Oro para el final, he intentado espaciar lo más posible las nacionalidades. En el caso del país anfitrión, me parece que el film fallido fue LE CAMION, experimento plomizo y aletargado(r) de una Marguerite Duras que parece querer violar con la mirada a un joven y delgado Gérard Depardieu, mientras departen en una mesa camilla sobre la soledad de los camioneros, la metamorfosis del paisaje y los Gauloises azules... A quien le sorprenda esta visión, no debería, ya que he expuesto profusamente a lo largo de estos ocho años mi repulsa automática al cine que abusa de estupefacción inmovilista, granando su discurso exclusivamente en la supuesta (y es mucho suponer) superioridad de la palabra hablada y evocadora sobre la imagen recurrente y/o elocuente. Por supuesto que ambas direcciones, aunque opuestas, pueden complementarse, pero se necesitan dos cosas: un buen guionista y un director que trasvase dicho guion a una pantalla para que el texto quede reconvertido en película.
Como experimento radical (y muy muy "cahierista") puede que tenga sentido, pero entre ustedes y yo, son 80 minutos que se hacen eternos. Y eso a mí nunca me ha gustado.
Saludos.

lunes, 22 de junio de 2015

D. W.: El padre del cine #24



BLIND LOVE era un drama a la medida de una actriz como Blanche Sweet, cómoda en el rol de la mujer aparentemente normal, pero presa de pasiones interiores muy definidas. Rodada con la ayuda del actor canadiense Wilfred Lucas (uno de los destacados en INTOLERANCIA), Griffith no logra dar con el punto adecuado a esta (nueva) fábula moral, pero deja en el aire la cuestión sobre los géneros subvertidos, ya que aquí es la mujer la que termina arrepintiéndose de haber abandonado la vida conyugal por una aventura que la dejará, claro, en un estado de precariedad física y moral.





FOR HIS SON es una curiosidad en toda regla, y quién sabe si adelantada muchas décadas a su tiempo. Griffith expone un problema que ya rondaba la cabeza de la sociedad norteamericana de principios de siglo: ¿Qué contenía exactamente esa nueva bebida llamada Coca-Cola, para que todo el mundo la demandara exhaustivamente? El argumento gira en torno a un empresario que cede la patente de "Dopekoke", una bebida refrescante, a su hijo para que la explote; el problema surge cuando este hombre deba admitir que usó cocaína para hacer más adictivo el producto, algo que lo ha sumido en la desesperación, ya que su propio hijo se ha convertido en adicto.
Me gustaría ver cuántos cineastas serían capaces de desafiar al gigante que es actualmente Coca-Cola de una forma tan frontal.





Menos radical, aunque con una soterrada crítica hacia el mundo de las apariencias, Griffith aborda en THE PAINTED LADY la improbable justificación que los cosméticos ejercen sobre las mujeres, haciendo que éstas vivan constantemente en una apariencia (al menos física) que no les permite aparecer en sociedad tal y como son. La premisa es el fracaso amoroso de una joven a la que su padre tiene prohibido maquillarse, y cómo esto no es ningún impedimento para que un muchacho se enamore de ella no por su exterior, sino por su interior... ¿Un Griffith feminista en 1912?... Pues...




Cuenta la leyenda que la primera vez que las hermanas Gish (Lillian y Dorothy) aparecieron por uno de los numerosos castings de la Biograph, Griffith apenas preguntó nada a su secretario, sino que emplazó a las dos jóvenes para dentro de unas horas, puesto que iba a contratarlas de inmediato. Si la leyenda es del todo cierta, entonces aquel rodaje en plena exaltación tuvo que ser el de AN UNSEEN ENEMY, que es un tremendo guion de Edward Acker repleto de suspense. Dos hermanas huérfanas se encierran en una habitación para huir de su ama de llaves y un ladrón compinchado, que pretenden robarles el dinero de su herencia. "El enemigo invisible" lo es por la imposibilidad de acceder a dicha habitación, aunque someterán a las incautas a un acoso casi insoportable. Muy buena recreación de lo que, casi cien años después, luego sería LA HABITACIÓN DEL PÁNICO... ¿O no?...

... Y, saludos...

domingo, 21 de junio de 2015

Rincón del freak #198: Terror en los Andes. El misterioso Hombre-Llama



Ustedes saben que yo JAMÁS pongo una carátula aquí... ¡pero no me he podido resistir!... ¡Ha sido superior a mis fuerzas!... Yo he visto esto, lo he visto y de cabo a rabo, y luego pensé que había sido víctima de un exorcismo o algo peor, un centrifugado cerebral... No tengo palabras, pero aparte de ver a campesinos andinos arando y recogiendo patatas, luego viene la parte del terror, que consiste en un tipo feo de verdad con una capucha, que mastica algo sospechoso (... ¡hojas de coca, carajo!...) y luego lo escupe a la cara de los incesticidas, que son labriegos sin mucho sex appeal que hurtan placeres a primas, hermanas y hembras en general. Por lo montaraz de la endogamia se ve que es una sociedad acostumbrada al encamamiento por derecho de pernada y que instruye a sus muchachos en una indolencia parecida a la de ciertos liberales ibéricos. El bicho, el Jarjacha dichoso que da nombre al enge... digo, a la película, termina la faena jamándose el cerebelo por la parte de atrás, aunque no queda claro si la actividad intelectual se ve claramente disminuida por ello.
Para que luego digan que aquí no somos exóticos, que si rozamos el caimanismo... En fin... Y pensar que ayer mismo me estaba rindiendo a los pies del señor Don Christopher Lee...
Saludos.

sábado, 20 de junio de 2015

De mitos inmortales



Es obvio que corran los ríos de tinta tras la muerte de Christopher Lee, a lo mejor uno de los últimos iconos que quedaban de una forma de entender el oficio de actor quizá extinta, pasada de moda o directamente inviable como promoción sistemática de la imagen pública por delante de la dedicación callada. Lee ha sido, además de un gran actor (y escritor... y cantante de ópera...), un ejemplo de sabiduría y eclecticismo al servicio de una extensa e infatigable trayectoria. Y el personaje que mejor le define creo que lo conocemos todos. El Drácula de Lee (sí, creación suya) se desmarcaba por completo del ya acartonado y solemnizante de Lugosi, y dejó boquiabiertos a los aficionados al cine de terror clásico, que veían a una genuina bestia (sobre)humana, mitad flemático mitad fiero, un ser incontrolable y exento de contratos sociales al que apenas le venían a interesar un par de cosas: el dominio sobre la gente (con un poder hipnótico incontestable) y la sed de sangre nocturna. HORROR OF DRACULA (que es el título original con el que comenzó su "franquicia" la productora Hammer en 1958) es casi una pieza de cámara, concebida como un reto al poner en imágenes el texto original de Bram Stoker y revolucionar el concepto que el cine hollywoodense había mantenido sobre los vampiros. Ya desde los míticos títulos iniciales, donde la marcial banda sonora de James Bernard envuelve la amenazante imagen de un águila de piedra, mientras se suceden los motivos góticos en rojo, quedaba claro que Terence Fisher no vendía artefactos innecesarios, sino que iba al centro de la nebulosa; no estaba ni al lado del NOSFERATU de Murnau ni del ya comentado Conde Drácula de Lugosi (como tampoco legó mucho al de Coppola), porque huelgan las motivaciones que no sean estrictamente sobre el reinado del mal, entendido éste como la sinrazón de un déspota, cuya eternidad ya sólo le permite seguir sobreviviendo en las sombras. Después de más de cinco décadas, el DRACULA original de la Hammer sigue suponiendo una experiencia intimidante y un desafío a según qué convenciones morales; ello, sin la inmortal imagen de Christopher Lee, sin sus ojos enloquecidos e inyectados en la misma sangre que le cae a chorros por las comisuras, sin su imponente estatura envuelta en una capa negra, no habría sido lo mismo...
Saludos.

viernes, 19 de junio de 2015

Los hijos, nuestra memoria



Pese a que el tiempo la ha tratado regular respecto a su mensaje político, que finalmente ha quedado como una excusa más o menos velada en aquellos primeros pasos de la transición, y apenas apuntados en la liosa metáfora de la mujer "asesinada" en una cuneta, lo cierto es que ELISA, VIDA MÍA permanece como uno de los mejores guiones firmados por Carlos Saura y una película que en su tratamiento estético conserva una sorprendente vigencia, que la emparenta directamente con el primer Víctor Erice (no en vano se trata de una producción de Elías Querejeta). Fue la única película española a concurso en Cannes'77, y aunque es cierto que el prestigio que Saura acumulaba por entonces a nivel internacional no fue suficiente para otorgarle un lugar en las quinielas, el jurado quedó prendado del impresionante trabajo de Fernando Rey, en el que a mi juicio es su papel más difícil y descarnado. Rey interpreta a un hombre que ha huido de todo, y que sin pedirle nada a la vida se debate entre las sombras de un pasado turbio a lo largo del franquismo y la imposibilidad de demostrar el amor que le tiene a su hija, que ha ido a visitarlo 20 años después de que abandonara a su familia. Es un film sobre las complicaciones emocionales para un hombre cuyo perdón no le juzga, sino que le une cada vez más a una hija que le entiende como si hubiese vivido sus vicisitudes a su lado y que descubre una insólita afinidad, una vez ha dejado de lado sus prejuicios. Es una película sobre la Guerra Civil, el franquismo, los vencedores y los vencidos, pero no subraya ni matiza, sino que primero intenta poner en orden a sus personajes, para que sean estos quienes den, acaso, un veredicto fidedigno sobre qué tiempo les perteneció en realidad.
Es el mejor Saura, y la mejor manera de enfrentarnos a un pasado que se resiste a desaparecer, por muchos años que pasen.
Saludos.

jueves, 18 de junio de 2015

La pelota y la piedra



[Atención: Sentencia]: "No es lo mismo tener la pelota en tu tejado que tirar piedras sobre él, aunque ambas cosas impliquen una responsabilidad".
Primero, mi ánimo a todos aquellos que recién comienzan a descubrir el cine de John Ford, porque de ellos será este mundo un poco más adelante. Luego, tengo que empezar a resarcir algunos huecos imperdonables en este blog, donde queda demostrado que ni una entrada diaria da para abarcarlo todo, porque es imposible y porque, de hacerlo, también tendríamos que cerrar el chiringuito antes de tiempo. Pero el otro día (como me suele ocurrir de vez en cuando) me acordé de que aún no había hablado de THE MAN WHO SHOT LIBERTY VALANCE, en mi opinión uno de los tres mejores westerns rodados por Ford, lo que ya nos pone en cotas simplemente insuperables. Es, para quien no la haya visto todavía, una película fascinante, de una madurez y empaque soberbios, y una irrepetible lección de cine y de principios morales, no sólo por el ejemplar dueto formado por James Stewart/Ransom Stoddard y John Wayne/Tom Doniphon, paradigma de la integridad desde dos puntos de vista diferentes (la ley escrita y la de las armas), sino por ese deseo postrer de un maestro, que lo había rodado todo y que seguía siendo uno de los directores más lúcidos de Hollywood, por ejercer una responsabilidad al tiempo que efectuaba un inimaginable salto al vacío para un tipo a punto de cumplir los setenta años. Lo que Ford pone de manifiesto es la posibilidad de la modernidad sólo si se respetan los códigos del clásico; maravillosa taxonomía que se corresponde inteligentemente con el relato que se cuenta. El progreso es el hombre que hace prevalecer la ley sobre las armas, pero a veces la ley se enfrenta a la sinrazón y la brutalidad de ese viejo mundo que pretende desterrar (Lee Marvin/Liberty Valance), y ahí es donde surge la figura del hombre de una pieza pero incapaz de asumir el cambio, aunque aún necesario desde las sombras, oculto porque los actos que una vez fueron cotidianos empezaban ya a imprimirse con los ornamentos y veleidades de la leyenda. EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE establece, punto por punto, la metáfora y simbología de un momento y un mundo del que apenas estamos seguros si realmente existió, al menos en la forma que todos hemos llegado a pensar que existió; es un complejo estudio sobre las motivaciones personales, una hermosa historia de amor y amistad a tres bandas y un film trepidante, no precisamente por sus escenas de acción, sino por la agilidad de su ritmo interno y esos actores en estado de gracia. El conjunto es (y no por mucho repetirlo va a ser menos cierto) una obra maestra intemporal y la constatación de que, si bien no hay nada nuevo bajo el sol, siempre habrá esperanza si brilla fuerte desde Shinbone...
Saludos.

miércoles, 17 de junio de 2015

La cicatriz interior



Hay películas que, independientemente de su calidad, obtienen repercusión en ciertos círculos por ser aquellos títulos que nos revelaron algún tipo de talento del que hemos ido tomando conciencia después. Uno estuvo en Cannes'77, y dejó constancia de que Isabelle Huppert iba a ser una de las actrices francesas más importantes a partir de ese momento, pese a que ya acumulaba al menos una decena de trabajos, el primero de verdadera entidad fue el impresionante ejercicio de sobriedad desplegado en LA DENTELLIÈRE, a la postre el mejor trabajo del suizo Claude Goretta, que empezó a despuntar en los años cincuenta junto a Alain Tanner y luego sólo ha podido entregar una decena de títulos hasta 2006.
LA DENTELLIÈRE es un film rabiosamente moderno, que huye de las estridencias y propone un viaje al interior de un enigma: la insondable personalidad de una persona cualquiera. Mezcla de honestidad, integridad y autismo, "Pomme" pasa por la vida de puntillas, sin pedir ni esperar nada, como si los placeres de la vida estivieran simplemente en contemplar cómo pasa, como trenes en la estación. Un día, un tren se para justo frente a "Pomme", es un joven aspirante a intelectual que queda prendado de esa joven callada que trabaja en una peluquería. Se van a vivir juntos. Ella no cambia, impasible, colma de atenciones a su pareja sin variar jamás el gesto; para él, el paso del tiempo le confirma que ella no es "interesante", sin contradicciones ni ambiciones más allá de vivir feliz todos los días. Él la deja, y en un tramo final magistral, del que el imperceptible cambio de registros de Huppert es dueño absoluto, el film se torna de un negro insoportable que nos remite, de alguna manera, a la desnudez gestual de Juliette Binoche en CAMILLE CLAUDEL 1915. En apenas una mirada, un movimiento milimétrico de labios o una mueca de dulce hastío, podemos rastrear la tormenta interior desatada en un espíritu que no comprende ni al mundo ni a las personas; es lo que llamamos paternalistamente "locura", tan sólo para procurarnos un salvoconducto que nos permita seguir destrozándole la vida a estas almas puras, que apenas pueden obtener un mínimo momento de felicidad antes de desaparecer para siempre. La última mirada directamente a cámara, sostenida hasta el límite de lo soportable, queda como la rúbrica indeleble de un talento que se ha acrecentado hasta nuestros días.
Inmensa.
Saludos.

martes, 16 de junio de 2015

Ataúdes de última generación



Si alguien piensa que TOMORROWLAND es una película calificada "para todos los públicos", se equivoca. Quien no conserve aún la maravillosa ingenuidad en su mirada, la que alguna vez en nuestras vidas nos indicó el camino de baldosas amarillas hacia la cinefilia, es mejor que no la vea, porque le decepcionará. Quien crea, por contra, que la Disney intenta un arriesgado salto hacia cierto "punto de maduración", aunque en algunos momentos lo parezca, el montaje final de esta fábula retrofuturista, de dudoso envaine moral y diálogos incomprensibles en su sencillez, se encarga de desmontar dicha teoría. Hagan la prueba, véanla con algún niño y luego (si aún les quedan fuerzas) solos: la segunda vez lo pasarán mejor. Y esto es muy triste, y sintomático; o bien nuestros hijos han perdido la capacidad de asombro mediante el cine, o las películas que se hacen ahora son incapaces de dar respuestas satisfactorias a espectadores que se han formado en el formato multimedia. Quizá sea eso, o quizá sea que yo me rastrillo demasiado la sesera, porque lo que debería decir para abreviar es que TOMORROWLAND es una idea bienintencionada absorbida por el corpachón de un parque temático, que es la sensación que queda tras sus interminables dos horas y pico. O resumido: el episodio perdido de "Los Supersónicos", con toboganes gigantes, tubos de plástico y cohetes a ninguna parte. Lo peor no es que sea mediocre, sino que todos sabemos que podía haber sido infinitamente mejor.
Saludos.

lunes, 15 de junio de 2015

D. W.: El padre del cine #23



En THE SANDS OF DEE, Griffith puso en imágenes el célebre y desgarrado poema de Charles Kingsley, en el que de nuevo entran en juego la inocencia corrompida por los intereses auspiciados por las apariencias y una cierta superioridad moral clasista. Una joven, hija de un modesto pescador, es seducida por un pintor que le hace un retrato en la playa, aunque la inminente llegada de su esposa le romperá el corazón y la arrastrará a un trágico destino, que queda plasmado en las últimas y reveladoras líneas, perfectamente correspondidas por las imágenes.




Más modesta es A BEAST AT BAY, en la que un bucólico viaje a la bahía por parte de dos enamorados se ve interrumpido por un policía, que en realidad es un fugitivo disfrazado. Para culminar su huida, forzará a la joven a que sea su rehén, lo que se convertirá en una persecución contrarreloj que dará a multitud de equívocos y esquinazos.





Por su parte, THE MASSACRE es un espectáculo cinematográfico apabullante, en la que ya se ven muchos de los mecanismos visuales que Griffith emplearía sólo unos años después en EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN. Toda una epopeya bélica en apenas media hora, con una historia de amor frustrado que obliga al protagonista a enrolarse en el ejército, pensando que allí olvidará a su amada, y sin sospechar el sangriento giro que su vida está a punto de dar, ya que el batallón al que es destinado tiene como principal misión el exterminio, en clave genocida, de todo un poblado indio. Sin poner paños calientes, con la complicada misión de ser veraz sin entrar en dogmatismos, Griffith filma una obra asombrosa en lo técnico y convencida de que su discurso es el que debe ser, por mucho que disguste a los adalides de la corrección política.

... Y, saludos.

domingo, 14 de junio de 2015

Rincón del freak #197: Las bondades del sistema explotador



Hoy me veo en la obligación de comenzar la reseña dominical con una advertencia y una denuncia. Aún me dura la indignación tras asistir a la enésima prueba de que a la gente (sí, a todos nosotros) se nos trata como imbéciles adocenados, y pese a que cada vez es más caro ir al cine, esto no sólo no es estimulado, sino que se ha convertido en una sucesión de abusos que ponen a prueba nuestra resistencia como espectadores de un espectáculo por el que pagamos, y mucho dinero me parece. No diré nada de la vergüenza de los quince minutos de anuncios, porque me parece que a la gente esto le da igual, aunque estés pagando por otra cosa diferente a lo que reza en la entrada. No, porque en el cine Nervión Plaza (cubículo al que no pienso volver en mi vida y al que les conmino para que no lo hagan ustedes) han impuesto la norma de ofrecer en la misma taquilla un bono por el que la entrada cuesta 5€; el problema es que la señorita taquillera ha de cumplir a rajatabla la directriz de soltar un discurso interminable, y luego, si el interpelado acepta (tras divagaciones y preguntas al respecto), ha de rellenar un formulario con todos sus datos. No exagero si digo que esto terminó completamente con mi paciencia, ya que sólo tenía a tres personas delante y tardé en comprar la entrada unos 45 minutos... ¿A que es acojonante? Y súmenle el hecho de tener que estar a pleno sol (les recuerdo que vivo en Sevilla) con mi hija, lo que no parece importar mucho a estos empresarios hijos de puta, que sólo piensan llenarse los bolsillos a costa de quienes tragan impasibles con todo. Yo me hubiese marchado, pero era una película que le había prometido a mi pequeña y al final, a regañadientes, y con hoja de reclamación de por medio (¡Un aplauso para Rosa!), e incluso un bochornoso y kafkiano discursillo defensor por parte de un empleado de seguridad que no sé qué diablos pintaba allí, pagué los 8€ que a día de hoy vale ver una película, porque para ahorrarte tres debes hacer esperar a todo el mundo que está detrás tuyo.
Y ya. Una vez desahogado, no emplearé mucho tiempo para la sección de hoy, aunque la verdad es que me viene que ni al pelo, porque alguien coló una película en la Sección Oficial de Cannes'77, o no me explico que diantres pintaba CAR WASH allí, un blaixploitation escrito por un primerizo Joel Schumacher y que, en clave de comedia musical, narraba las andanzas de un día en la vida de los empleados de un lavadero de coches. Esto, en esencia, consistía en un montón de chorradas con una incesante e insufrible música de fondo. Pero ya se sabe que la explotación, si es con música y chistes, entra pero que mucho mejor, claro. Para colmo, en el cartel publicitario los que salían eran Richard Pryor y George Carlin, que eran muy conocidos por entonces, pero que entre los dos sumaban apenas cinco minutos en toda la película. Aunque para los nostálgicos, puede resultar traumático ver al mítico Antonio Fargas haciendo lo mismo que hacía en Starsky & Hutch... Ustedes mismos. Y sean críticos...
Saludos.

sábado, 13 de junio de 2015

Un endocrino visual



Creo que, de las películas que he visto recientemente, SEVENTH SON debe ser de las más fáciles de resumir, y no sólo argumentalmente, sino (y precisamente) como concepto o producto inexcusablemente vendido a la causa del blockbuster más vulgar y autoindulgente. Y el título no es casual. Un endocrino es un señor que se llena los bolsillos diciéndole a usted que se nutra de forma antinatural, a cambio obtendrá un cuerpo digno de figurar en cualquier catálogo de enfermedades tropicales. Pero sarna con gusto... Así pues, yo me imagino a los productores de este film inane y aséptico rascándose la cabeza para poder salirse de la norma; y la idea, en un principio, no es mala: contratar actores de los buenos... ¿Qué digo?... ¡Contratar a los mejores! ¿O es que acaso puede ser mala una película que tenga a Jeff Bridges como protagonista y a Julianne Moore como antagonista? La respuesta no es sí; la respuesta es: por supuesto que sí. Los actores, de vez en cuando (por no decir siempre) necesitan ser dirigidos, que sepan qué es lo que quiere el director de ellos. Sergei Bodrov, con una carrera que abarca ya 25 años y que comenzó esperanzadoramente bien, ha preferido los cantos de sirena del digital, en detrimento de guiones potentes; su papel en este despropósito es más anecdótico aún que el de una Julianne Moore inexpresiva bajo toneladas de maquillaje y un Jeff Bridges autoparódico, que parece estar a punto de abandonar el rodaje en cualquier momento. Lo demás es un puñetero refrito de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, HARRY POTTER... y cualquier fantasía épica (denominación recurrente donde las haya) que se les ocurra. Sí, hay espadazos, dragones, brujas, monstruos raros hechos por ordenador y recursos que hemos visto cientos de veces; pero lo peor es esa absoluta ausencia de humor, y eso que a mí me parecía que la única forma de salvar algo del naufragio era en plan Rob Reiner... Pero qué pena, porque aquellas princesas nos prometieron que nunca más volverían...
No pierdan el tiempo con ella.
Saludos.

viernes, 12 de junio de 2015

Lo pequeño en primer plano



Si ayer hablábamos de la habilidad de un director para servirse de los diferentes estratos de una historia, de su modulación, para conformar un todo coherente y estimulante, el film que nos ocupa hoy lo perfecciona de tal forma que supone casi una lección de fuera de campo y de narración indirecta. A nadie le hubiese sorprendido que UNA GIORNATA PARTICOLARE se hubiese alzado con la Palma de Oro de 1977; era una de las favoritas y venía de competir en los oscar y llevarse premios por medio mundo, especialmente de interpretación. Pero lo más interesante del film es su estructura, una operación de vaciado que se abre con las estremecedoras imágenes de la llegada de Hitler a Roma en 1938 y el multitudinario recibimiento de Mussolini y, por extensión, de toda Italia... ¿Toda? Porque Ettore Scola invierte las polaridades habituales del cine histórico-didáctico y deja las imágenes en el gigantesco conglomerado de viviendas vacío, pero mantiene el ruido de fondo, las proclamas del discurso, relatando las bondades del estado fascista y glorificando al dios alemán ante la masa enfervorecida. Pero las imágenes son el opuesto, el encuentro casual entre las dos únicas personas que han quedado atrás: una ama de casa, madre de seis hijos, que no puede asistir por no desatender su casa, y un hombre a la contra del sistema, un outsider que parece el único hombre sensato sobre la tierra en ese momento. Con apariencia casi naif, Scola narra el entendimiento entre estos dos seres, solos, incomprendidos, que encuentran en sus múltiples diferencias una razón para comprenderse, para quererse; pero a medida que ambos van desplegando sus respectivas historias, otra cosa va tomando forma, un retrato fidedigno de aquella situación monstruosa, de cómo un país renunció cobardemente a su identidad por ponerse en manos de un loco. Antonietta y Gabriele son las dos caras de una misma moneda, la resistencia ante los invasores, uno desde la disidencia, la otra desde una resignación callada. Dos personajes trazados magistralmente y que, de paso, dejaron a Marcello Mastroianni y Sophia Loren eternamente en el corazón de los humildes, los que pasaron de discursos y prefirieron escucharse mutuamente, en la intimidad.
Obra maestra absoluta.
Saludos.

jueves, 11 de junio de 2015

Capas...



Teníamos apuntado a J.C. Chandor como uno de los imprescindibles renovadores de la prosa cinematográfica norteamericana. Pese a su gravedad clásica (yo, más que a Lumet, lo veo poseído por el espíritu de Richard Brooks), su tremenda seguridad le permite afrontar un sutil y elegante decapaje, que más que un crescendo a mí me pareció como un ruido de fondo, audible pero bajo al principio, acabando con un cañonazo exaltado y extático, una inesperada salva de advertencia: ésta no es una historia simpática, ni sus personajes se permiten un segundo de exhibicionismo interpretativo. Hay similitudes expresivas entre Oscar Isaac (tremendo actor) y la mejor gama de Al Pacino, pero con la ventaja de que a Isaac no lo vemos venir, sino que se va imponiendo en cada subida de intensidad; su personaje no es bueno ni malo, sino un ser humano atrapado en una espiral de violencia e intereses ocultos, de los que nunca sabemos más que lo imprescindible, que es precisamente lo que le sirve a Chandor para modular con mano maestra todos esos pequeños detalles que hacen de A MOST VIOLENT YEAR uno de los mejores títulos estrenados este año.
Además, contiene un par de escenas de persecuciones magníficamente rodadas y un ramillete de secundarios absolutamente espléndidos. Me convence, por fin, Jessica Chastain, pero el gran Albert Brooks hubiese merecido más peso y espacio en un guion, no obstante, de una finura y elegancia extremadas. Sigan a este hombre, no les decepcionará.
Saludos.

miércoles, 10 de junio de 2015

El tiempo (des)congelado



A aquel Cannes de 1977 concurrieron dos cintas griegas, y muy diferentes entre sí. Al intenso drama histórico de Cacoyannis se oponía el elaboradisimo concepto de "cine total" de Theo Angelopoulos, uno de los mejores exponentes acerca de aquello que Godard denominaba "una cuestión moral": el travelling. OI KYNIGHOI (LOS CAZADORES) es un montante de dominio de los espacios abiertos, planos de complejidad infinita y una feroz crítica social a la hipocresía de su país a la hora de saldar cuentas con su pasado. Mientras la veía no podía dejar de pensar en dos nombres: Béla Tarr y Nuri Bilge Ceylan, o un compendio de ambos algunos años antes de que fuesen conocidos, lo que da una idea de la importancia del legado del director griego, más actual que nunca. Argumento y forma inseparables, formando un todo que estimula los sentidos al mismo tiempo que plantea un mapa extensamente terrorífico que interpela sobre unos personajes que ya no se reconocen, que creen poseer un pasado ensoñado o idealizado, que sólo se verá con claridad cuando topen con un cadáver en la nieve en una partida de caza. El cadáver, que pertenece a un miliciano y que se ha conservado durante 25 años por las nieves perpetuas del lugar, se convertirá en impasible testigo, desde la ubicación en el centro del salón de actos, de la realidad oculta, que enorgullece a los vencedores y obliga a callar a los vencidos. Angelopoulos propone un paseo interminable en el que pasado y presente se confunden a cada momento, los fantasmas del pasado dialogan con las conciencias (más fantasmales aún) de estos "cazadores", símbolo inequívoco de un país a la deriva, en manos de especuladores y besabanderas. Además de una gran lección de cine, de un cine incapaz de envejecer (curiosa metáfora), LOS CAZADORES supone una interesantísima zambullida en los últimos años del régimen que hirió de muerte a una sociedad que, a día de hoy, sigue pagando facturas.
Saludos.

martes, 9 de junio de 2015

La complejidad de ser complejo



Sólo quienes hayan abordado la difícil experiencia de escribir una novela pueden ser capaces de hacer la afirmación del encabezado, porque existe y pulula cierta manía, de como expresión pseudoliteraria, que viene a recordar cansinamente que lo simple siempre es más complicado. No. Y hay mucho de esto en CANCIONES DE AMOR EN LOLITA'S CLUB, la penúltima película que rodó Vicente Aranda y que me sirve como despedida (momentánea, por supuesto) al pequeño recordatorio que hemos ido elaborando por su filmografía, tan llena de altibajos. Lo primero es afirmar que cualquier coincidencia con la novela original de Juan Marsé (otra vez Marsé) es una anécdota que flota en el reservado del lazo inguino-talamal que ambos dos, cineasta y escritor, compartieron durante el tiempo que se aceptaron a no entenderse. El texto es un amargo noir que ponía en la picota a un policía alcoholizado y destruido emocionalmente por una experiencia pasada en el País Vasco; la película, a fuerza de enredarse en lo que menos importa, que es la aparición del hermano gemelo y retrasado, pierde la oportunidad de ahondar en este carácter sombrío y vengativo. La culpa es de Aranda, incapaz de esbozar a un Santos Trinidad como dios manda, pero sobre todo de un actor tan limitado de recursos como Eduardo Noriega, al que, claro, aquí no le puede salvar su físico. Es decir, que aparece por todas partes la maldición del "personaje único", que es lo que tantos fiascos ha proporcionado a malas adaptaciones literarias; todos parecen el mismo, y por acortar, fuera del insidioso foco de acción, el resto ni siquiera llegan a secundarios, sino que son meras presencias físicas que no aportan nada a la narración. Una lástima, porque la novela es oro puro, y me hubiese gustado ver el material en manos de un Urbizu, aquél a que se parecía tanto otro Aranda, no tan complejo, pero al menos más consistente.
Saludos.

lunes, 8 de junio de 2015

D. W.: El padre del cine #22



En THE OLD ACTOR, Griffith aborda un complicado tema de forma muy inteligente y comprensiva. La edad idónea de un actor es puesta en tela de juicio con un subterfugio de índole moral, que interpela directamente a los productores y directores hollywoodenses y su permanente querencia a la jubilación anticipada. Aquí, Edwin August es un viejo actor que ya sólo aspira a papeles en obras de tercera fila; después de no ser admitido en una, y sin saber cómo se lo dirá a su familia, se hace pasar por un mendigo que fallece de un ataque. Su última actuación, sin embargo, le devolverá al sitio que merece.




Más traída por los pelos me parece THE TRANSFORMATION OF MIKE. Puede que por su pésimo trabajo de restauración, que sólo consigue dotar de confusión al montante, cuyo montaje original se intuye más interesante y elaborado. Apenas un tipo que entra en un piso a robar, con la mala fortuna de que se trata de la casa... ¡de su suegro!... Difícil salir airoso de ahí, la verdad...




THE ETERNAL MOTHER es un dramón de armas tomar. Un hombre abandona a su mujer por otra más joven, ésta queda embarazada pero fallece en un parto complicado; entonces, desesperado, el sujeto pedirá ayuda a su ex-mujer para hacerse cargo del hijo. Ella lo hará, pero despreciando a su ex-marido y prácticamente condenándolo a no poder ver a su propio hijo. Como la vida misma...





Aunque la palma de esta tanda se la lleva THE LESSER EVIL, un magníficamente surrealista guion (otro) de George Hennessy en el que la mujer de un pescador, tras una serie de inopinadas y catastróficas desdichas, acaba en un camarote abarrotado de contrabandistas. El jefe, que un minuto antes estaba a punto de sufrir un motín, logra escudarse en el secuestro de la joven, aunque apenas si puede aplacar la sed de venganza de su tripulación. Finalmente, ambos se ven obligados a resistir en el camarote, y el secuestrador acaba siendo un héroe involuntario; y para rizar el rizo, cuando la policía irrumpe en el barco y detiene a los contrabandistas, el jefe logra huir con la colaboración de la joven, que le muestra su agradecimiento por defenderla...

... Y, saludos.

domingo, 7 de junio de 2015

Rincón del freak #196: El día en que los chinos empezaron a vendernos gilipolleces



LA MIRADA DEL OTRO es, posiblemente, la peor película de Vicente Aranda, una de las peores películas del cine español (que ya es decir mucho) y una de las mejores adaptaciones literarias que he visto, porque la novela de Fernando Delgado (¡Otro premio Planeta!), que tuve el dudoso honor de leer en su momento, es un horror aún mayor, por lo que su puesta en imágenes es ya un mérito en sí mismo. Pero no hablemos de supuesta literatura, sino de supuesto cine, porque parece increíble meter el gol del exhibicionismo impúdico de la peor época del destape y barnizarlo con un nosequé de moderniqui desfasado, con gente bebiendo whisky sin hielo a todas horas y exudando tanta empatía en sus renglones, apenas farlopados, como un anuncio de Galerias Preciados. La señorita protagonista es insoportable, una niña pija caprichosa y amamonada que se merece punto por punto cada cosa que le pasa, sobre todo las malas; resulta que trabaja (es un decir) en una empresa de telecomunicaciones de aquellas fantasmales que luego se ha demostrado que nos llevaron a la ruina actual, cuya "importantísima actividad empresarial" consiste en comprarle baratijas a los chinos, pero a precio de oro, en este caso un cacho de plástico con una grabadora y una cámara, tontada con la que la muchacha pasará las horas muertas grabándose a sí misma diciendo paridas engoladas. El compendio de actos terroristas que compone esta barbaridad es difícil de resumir, pero lo dejaré en dos o tres pinceladas. 1- Miguel Ángel García bate el récord de inexpresividad, al poner exactamente la misma cara para una pelea, un polvo y una declaración de amor. 2- La actividad neuronal de la protagonista (una perdida Laura Morante, con lo buena actriz que es) queda de manifiesto en el hecho de que tiene la feliz idea de volver al mismo sitio donde fue brutalmente violada... No me pregunten con qué fin. 3- Esta película contiene la escena más jocosa, ridícula y WTF! de la historia del cine (no del español, del mundial), que esbozada rápidamente sería algo como: "Estoy en una fiesta que da Miguel Bosé y cuando me quiero dar cuenta viene Ana Obregón y me coge de la mano y me lleva a una habitación donde está Alonso Caparrós haciéndose una paja con una revista porno. La Obregón se despelota (y, amigos, esto no lo olvidaréis jamás en vuestras pesadillas) y saca un frasquito, pero, evidentemente, esto no hace eyacular al pobre Alonsito, sino todo lo contrario, así que me tengo que quitar yo las bragas y poner mi granito de arena. Acabada la faena, la Obregón recoge lo que puede en el frasco, se viste con premura y, dándome las gracias, se encamina a la clínica de fertilidad...................................."
Si esto no es "El Horror"...
Saludos.

sábado, 6 de junio de 2015

Piscinas abandonadas



La película de la que todo el mundo hablaba en aquel Cannes'77 no era europea, sino americana, y sin embargo 3 WOMEN parece más europea que americana, aunque vista detenidamente ahora, 38 años después, uno rastrea a los últimos renovadores del cine americano en esta extrañísima fantasmagoría de Robert Altman. Esta es, totalmente, una película para pensar en ella, sobre ella; yo pensé que debe haber apenas una quincena de películas con la capacidad de descolocar a cualquiera, dejarle con algunos de sus esquemas inservibles y lograr algo muy complicado, que es redefinir su concepto de lenguaje cinematográfico. Porque, aunque toda la narrativa de Altman parece lúcida y transparente, hay una bruma en cada palabra, cada gesto, como si todos los personajes desearan ocultar algo más que mostrarlo. Parece una ensoñación, una pesadilla que a cada uno le tiene reservada su cuota de crueldad; a una la indiferencia general hacia su persona, simplemente como si no existiera; a otra la asunción de su insignificancia, precisamente por admirar obsesivamente a este fantasma de carne y hueso; la última, por tener que soportar la maldición de un hombre zafio y vulgar, que no sólo la engaña constantemente, sino que es ajeno a sus asombrosas cualidades artísticas. 3 WOMEN habla de lo solos que estamos, de lo difícil que es relacionarse con el otro, aceptarlo tal como es sin perder nuestra propia identidad; precisamente, esa pérdida de identidad se hace patente en el tremebundo tramo final, cuando el típico bloque de apartamentos californiano con piscina se convierta en una especie de vertedero humano, donde van a parar quienes no poseen nada ni nadie. Es en ese reverso tenebroso del sueño americano donde Altman se encuentra más cómodo, estirando las situaciones hasta la incomodidad consciente y apurando el talento de unas actrices en perpetuo estado de gracia, especialmente una estupenda Shelley Duvall y Sissy Spacek, si cabe, aún más terrorífica que en CARRIE. No sólo me atrevo a afirmar que en nada ha quedado antigua, sino que sus imágenes parecen provenir de algún futuro indeterminado y al que difícilmente podremos llegar desde este presente tan poco dado a apostar fuerte. Apostemos pues.
Saludos.

viernes, 5 de junio de 2015

Dentadura postiza



Todo parece un gran equívoco en FANNY "PELOPAJA", el violento thriller filmado por Vicente Aranda en 1984. Primero el título, que al ser una coproducción con Francia, originalmente (como así rezan sus títulos de crédito) era Á COUPS DE CROSSE; además, la obra original en la que se basaba (la novela "Prótesis" del escritor barcelonés Andreu Martín) contemplaba como tema central la relación de amor y odio visceral entre dos hombres, un delincuente y el policía que va siempre tras él. Aranda decidió que vendía más una rubia, aunque fuera teñida, y contrató a la actriz Fanny Cottençon, que terminaría prestando hasta el nombre a esta especie de quinqui vocacional, sin muchas luces pero con más ovarios que la destartalada pléyade de hombres que la rodean constantemente, empezando por su némesis, un ex-policía (un fabulosamente fiero Bruno Cremer, casi anticipando al BAD LIEUTENANT de Keitel) al que echaron del cuerpo precisamente por la brutal paliza que propinó a la pobre Fanny, que desde entonces sueña con vengarse. Así escrito todo suena muy bien, y el film puede identificarse en esa esquiva tradición del cine negro español, que yo asocio con dos títulos fundamentales, el díptico de EL CRACK y NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS, de Urbizu, aunque el hecho de que esté protagonizado por una mujer recuerde inevitablemente a NADIE HABLARÁ DE NOSOTRAS CUANDO HAYAMOS MUERTO, de Agustín Díaz Yanes. Sin embargo, Aranda es incapaz de refrenar sus impulsos exhibicionistas y trufa el montante con una cantidad incomprensible de hachazos argumentales, que lo único que consiguen es despistar al espectador y que no se entere de qué es lo que se le está contando con exactitud. No es una mala película, e incluso creo que es de las que más me gustan de Aranda, pero a treinta años de su estreno es un modelo de producción que ha quedado obsoleto y que no hace justicia a una historia original que daba para bastante más.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

7 al azar


¡Cuidao con mis primos!