domingo, 19 de octubre de 2014

Rincón del freak #172: Espeleólogos desmemoriados... Mineros sin cabeza... Productoras sin prejuicios...



Cuando empezamos este blog, recuerdo que uno de los administradores que entonces lo llevábamos me miró raro cuando le dije, absolutamente convencido, que mi intención era comentar una película diaria. No por incapacidades o falta de tiempo (que es lo que ha venido pasando, por supuesto), sino porque su subconsciente no le permitía calibrar que existiese una cantidad tal de filmes... Pero luego lo pensó mejor y asintió, abrumado quizá por las cifras. A menudo pienso en que tan sólo el cine de serie B y Z norteamericano comprendido entre 1940 y 1960 daría para mantener un blog diariamente hasta que uno se hartara o se muriese, tan  impresionante es dicha producción, al margen, claro está, de su calidad intrínseca. La mismísima Warner era una máquina imparable de producir películas de inexistente presupuesto, en la que se exprimía hasta el tuétano la fórmula de los seriales radiofónicos y que servía (sólo algunas veces) para el descubrimiento de alguna posible futura estrella de Hollywood. Un caso, entre miles de ellos, y casi escogido al azar, podría ser THE MYSTERIOUS DOCTOR, de 1943. Ambientada en una brumosa y tétrica Cornualles, contaba la llegada de un investigador con la misión de esclarecer unos misteriosos sucesos, con un "terrorífico" fantasma decapitado que parece deambular por una mina abandonada. Evidentemente, como luego se encargaría de restregarnos Scooby Doo, el asunto es una oscura tapadera en la que se mezcla el espionaje de entreguerras (todo el film es un descarado panfleto pro-alianza internacional), la caspa paranormal y el juego de equívocos, provocado por su casi único atractivo: que hasta el final pensemos que el malo es uno porque lleva una capucha, cuando sólo la lleva para ocultar su rostro desfigurado. Casi el único, porque el otro es la oportunidad de asistir al debut como actriz de la esplendorosa Eleanor Parker mucho antes de ingresar en el Olimpo hollywoodense.
Saludos.

sábado, 18 de octubre de 2014

Películas para desengancharse #6



Todos deberíamos saber dónde están realmente nuestros límites para poder transgredirlos, crecer, sorprendernos a nosotros mismos. Me resulta complicado incluir a Claude Chabrol en este monográfico, es un autor que admiro y al que siempre he vuelto como fuente de inspiración; sin embargo, hay algo extrañamente impostado en MERCI POUR LE CHOCOLAT, no sé si es Isabelle Huppert, en un papel de verdad desagradecido, el de una cínica y manipuladora mujer que necesita tener a todo su entorno bajo control, pero de la que es imposible extraer un solo motivo que nos haga sus actos simplemente creíbles. Y no está mal, porque ella casi nunca está mal; así como me resultan muy estimulantes el papel del cantante Jacques Dutronc como un gran pianista que intenta superar la turbia muerte de su anterior mujer o la bellísima Anna Mouglalis haciendo de una niña pija con más inquietudes de lo que parece. En cierto modo es Chabrol puro, los personajes huelen a su cine y la trama, inevitablemente "hitchcockiana", es deudora de su mirada, la que le encumbró como uno de los nombres más importantes del cine francés. El problema podría ser la ubicación, menos definida, más inconstante, importando seguramente en menor medida el entorno, al cerrar la lente sobre los rostros y dejando para otros (mejores) momentos el paisaje, la sociedad capaz de moldear las voluntades de sus habitantes. No me llega tanto como la práctica totalidad de sus películas, y por ello, sin atreverme a considerarla como mala, ni siquiera inferior, sí parece obra de otro cineasta, o la copia perfecta de un incunable que sólo una lente perfectamente educada podría discernir. Pero, véanla, es Chabrol... aunque luego tengan que desengancharse...
Saludos.

viernes, 17 de octubre de 2014

Causa en discusión. Fuegos artificiales a la luz del día



Antes de nada, una recomendación: Sólo pidan comida china si de verdad están hambrientos. En el caso contrario, una empanadilla de espinacas, carne y salmorejo les viene que ni de perlas...
Dicho esto, fui a ver BAI RI YAN HUO (BLACK COAL, THIN ICE), el film que ganó el Oso de Oro en Berlín este año, festival que además coronó (merecidísimamente) a su actor principal, Liao Fan. Perfecta y conscientemente revestida del mejor y más reconocible cine negro clásico norteamericano, el que no muestra pero sugiere, se trata de una película áspera, incómoda, de una tristeza casi endémica, que al contrario de lo que suele pasar si el guion flojea, le viene como anillo al dedo a su desolador panorama de seres arrojados al vacío. Uno se apiada tanto del pobre policía venido a menos, alcoholizado y trastornado por un episodio particularmente oscuro y que le obligó a dejar su profesión y sobrevivir como guardia de seguridad, como del potencial asesino en serie que le obsesiona desde hace cinco años y cuya pista, fortuitamente, parece haber vuelto a encontrar. Es entonces, una vez bien definida la trama, cuando Diao Yinan explota su gran baza, unos actores que le dan el tempo justo a sus roles y ¡oh, milagro!, le despistarán por completo, por muy avezado espectador sabueso que usted sea, y eso es hoy día muy difícil de encontrar. Recuerdo que la frase que me vino inmediatamente a la cabeza fue: "Habría sido una gran película incluso sin trama policial de por medio". Así de bien escrita está y así de original (sin contar nada nuevo, es verdad) se nos presenta un film que me parece revelador en cuanto a la expansión que el cine chino está experimentando desde hace ya un tiempo. Ahora bien, estómagos sensibles y ánimos paupérrimos, absténganse, que después no les cabrá ni un mísero rollito de primavera.
Saludos.

jueves, 16 de octubre de 2014

Películas para desengancharse #5



Es una locura. La quinta entrada con la letra "G" en Google es (con el artículo "The" por delante) THE GOONIES... Como para no desengancharse de una puñetera vez de las aventuras de los chavales más insoportablemente americanos de la historia del cine. Insoportables y americanos, sí; de esos que nunca vivieron en tu barrio, porque en tu barrio lo más parecido a un barco pirata era el Ford Taunus donde vivía Charly, el borracho que recogía cartones y vasos... ¿Que la película es lo más entretenido que hay para la chavalería? Pues claro, por eso hay que verla y pasar página, para no caer en una profunda depresión por: 1< Ser el único que, treinta años después, sigue viendo ridículo lo de llevar las calzonas por fuera del chándal. 2< Ser el único al que le hubiese gustado que el gordo... o gordi... o como se llame, se comiera al bocazas y al chinorri. 3< Que el cabezahuevo después se comiera al gordo... o gordi.... 4< Ser el único que pensaba que Kerri Green era fea y no pintaba nada. 5< Ser el único al que el morbo se lo daba Martha Plimpton... (y el tiempo me ha dado la razón). 6< Que no sólo el gordo... o gordi, resulta que ahora es un anoréxico, sino que el que se comió a todo el mundo era el tirillas Sean Astin, que estaba gordo hasta haciendo de hobbit. 7< Que la música de Dave Grusin me ha acompañado en mis peores pesadillas beemequianas. 8< Que el final de THE GOONIES, con los padres y los policías y todo lo demás, se lo podían/debían haber ahorrado. 9< Que Spielberg no se creía que iba a tener tanto éxito, si no la hubiera dirigido él. Y 10< Si quieren conocer el santo grial de este género no reconocido oficialmente, sólo deben echarle un vistazo a esto.
Desengánchense, por dios, de Los Goonies... que ya son cuarentones, hombre...
Saludos.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Illo, m'alegro en verte



No se preocupen lo más mínimo, la aberración léxica está perfectamente justificada en el caso que nos ocupa hoy, una de las aspirantes a big thing patria para lo que nos resta de temporada. Sin embargo, me resulta complicado atender las plegarias cuando éstas provienen de un santo ya confesado; por mucho que me entusiasme el cine de mi paisano Alberto Rodríguez, LA ISLA MÍNIMA debe considerarse como un trabajo, si bien igualmente brillante que cualquier otro suyo, afectado de una pesada autocomplacencia que debería ir sacudiéndose desde ya, antes de que le sigan regalando los oídos desde el mismo púlpito que aplaude miasmas como los "apellidos vascos".
Ahora bien, la película es una virguería, en lo visual y en lo conceptual (aunque no puedo quitarme de la cabeza cierta serie ambientada en el Delta del Mississippi...); su sentido del ritmo logra mantener el misterio hasta bien entrada la recta final, y su galería de personajes y chascarrillos fenomenalmente localistas le dan una literatura propia que tantísimo echamos en falta en el cine español. Problemas: para no extendernos mucho, que hay varios personajes que se desvanecen de la narración sin que nos hayamos enterado de por qué estaban allí exactamente; que lo del poli con pasado franquista lo hizo más sutilmente Garci en EL CRACK, o que la impresión final sea que... no hay impresión final ¿Qué nos cuenta exactamente el guion? ¿Acaso debiéramos prestar más atención a la situación de encubrimientos y engaños, provenientes del abuso de los patrones sobre los jornaleros? ¿No es en realidad éste el verdadero crimen, y el de las niñas una especie de cortina de humo que no deja ver cosas aún más repugnantes? Todo esto, reconozco, es difícil de conciliar si no se es un maestro del género negro, y tengo mis dudas sobre esto respecto al director sevillano; no así, insisto, en su fragante capacidad de fascinación y búsqueda incesante de imágenes no filmadas antes. Pero claro, también es verdad que el acento que a otros les hace tanta gracia a mí no es que me resulte familiar, sino que es ni más ni menos que mi lengua oficial... y oficiosa.
Ah, y no se olviden de pedir un pan de la casa con jamón y salmorejo en el Bar El Tívoli en Camas. A falta de albures...
Saludos.

martes, 14 de octubre de 2014

Películas para desengancharse #4



La película de hoy supuso un enganche considerable y un eslabón fundamental para entender el patrocinio de la corriente mesmerizadora de la iglesia católica en España, país acostumbrado al "dame pan y... si es con vino, mejor". Y es una lástima, porque MARCELINO, PAN Y VINO contiene algunas virtudes difíciles de rastrear en producciones similares. No me hace ninguna falta volver a alabar a Ladislao Vajda, cineasta poseedor de un instinto incomparable para el subtexto y los detalles infinitesimales que interpelan directamente al espectador inteligente. Sí, hay mucho de propagandilla beata en el exhibicionismo de aquel inquietante niño, Pablito Calvo, pero no es menos cierto que después la historia se ha encargado de confirmar que éste es un país lastimeramente dado al escaparate de carne infantil (por entonces, Marisol, Rocío Dúrcal y Joselito), y ya casi sin que los angelitos posean cualidad alguna más que la caradura, de sus padres sobre todo (en el engendro de Canal Sur, reina en la parrilla el infame Juan y Medio con ello). Sí, el chiquillo era muy dulce y muy guapo y todo lo demás, pero habría que ensayar un ejercicio de abstracción zen para no reírse en sus "confidencias con mi amigo Jesús", que una cosa es Dreyer y otra esto... Aun así, MARCELINO... tiene algunos momentos francamente bien dirigidos, con un muy buen trabajo del elenco que da vida al chispeante grupo de franciscanos, sobresaliendo los siempre estupendos Rafael Rivelles y Antonio Vico, y donde estaban unos "irreconocibles" Juanjo Menéndez y Antonio Ferrandis. En el otro extremo, se antoja pasado de vueltas el personaje del "mal alcalde", interpretado por Rafael Calvo, lo que queda atenuado por la estimulante presencia de la gran Isabel de Pomés, lo más parecido a Lauren Bacall que este país ha tenido nunca... Una película para desengancharse, sin duda, y sobre todo si han tenido la dudosa experiencia de estudiar en un colegio religioso y también les obligaban a cultivar su cinefilia con los parlamentos, soliloquios y ditirambos del rapaz más ingobernable de la parroquia...
Saludos.

lunes, 13 de octubre de 2014

Iluminando las esquinas



SULLIVAN'S TRAVELS es una película que todo el mundo debería ver al menos una vez en su vida. Está dicho. Pero, francamente, ¿es tan especial como se nos viene recordando desde que los cahieristas la acogieran como obra maestra absoluta hace ya algunas décadas? En este caso, mi opinión es firme. No sólo no pasa el tiempo por sus reveladoras imágenes, sino que su mensaje, implícito y explícito, acodado en un puñado de zarpazos poco "digestivos" para el Hollywood de la época dorada, sigue teniendo una vigencia asombrosa para estos años tan inciertos que ahora vivimos peligrosamente. Y es un terreno peligroso en el que, con pulso firme, se adentra Preston Sturges, pues su crítica apunta hacia el corazón mismo de una industria a la que retrata desalmada y usurera, incapaz de separar las ideas del montante económico, ni a las personas de los personajes. Sullivan es ese director joven, con éxito, que cree que le ha llegado el momento de dar un giro a su carrera y enfrentar problemas más "serios"; su candidez y tenacidad lograrán incluso ablandar lo poco de corazón que podría quedarles a sus acaudalados productores, que asisten estupefactos a la conversión del propio Sullivan en un mendigo que, camuflado, extraerá las necesarias vetas de realismo para su "historia social". Sturges no desdeña el tono cómico, incluso alardeando de su dominio del slapstick, pero el film contiene algunos giros apasionantes y de una magistral suavidad. El encuentro entre el desilusionado Joel McCrea y la desengañada Veronica Lake en la cafetería es maravilloso, así como toda la parte que Sullivan pasa en un campo de castigo mientras el resto del mundo le cree muerto. Además, su reflexión final es, a la vez, una declaración de principios y una invitación a la risa congelada de quienes, dulcemente, han aceptado su derrota frente a la máquina.
Imprescindible.
Saludos.

domingo, 12 de octubre de 2014

Rincón del freak #171: Sleeve. De "manga". O: Pastry bag, si no les va el cómic...



Y, hombre, para el día del Pilar qué mejor que una de vampiros de la Hammer. Vampiros rarunos, eso sí, porque ni dan bocaos ni se esperan a que la noche despliegue su manto; en lugar de ello, van al trochemoche con capa y capucha, asaltan a las pobres lugareñas jóvenes, con generoso escote y moldeador de peluquería (que abundan que es un gusto) y las privan de su natural belleza y lozanía en plan sanguijuelas, convirtiéndolas en guiñapos de color gris cartón de huevo... Grandiosa introducción la del héroe, que va a galope tendido sin que se le conozca prisa (ni empresa, es cierto), y acompañado sempiternamente por un jorobado de carreta descubierta y ningún medio de expresión que no fuera su acento cockney y la querencia vitivinícola. Ambos dos, reclamados por la desesperación paterno-filial, acamparán ora en el campo ora en tabernas de hinestrosa clientela y por el camino incluso salvarán a una bella joven de la tortura de la tomatina, atestiguando lo gilipollesco de dicha fiesta...
El caso es que CAPTAIN KRONOS, VAMPIRE HUNTER, además de adelantarle el llano a lo de Lincoln fue pionera en lo de la apropiación de los códigos del manga japonés (es de 1973) en clave inclusiva e interactiva, esta vez con el cine clásico de vampiros, y más concretamente el de la Hammer. Esto es, personajes hieráticos casi rozando el autismo, escenas de lucha minimalistas que apenas duran unos segundos y una fotografía alucinada, casi tanto como sus marcianísimos diálogos. Protagonizaba el ignoto alemán Horst Janson, que tiene una cara de cachondo que asusta (para un alemán, claro), aunque yo les recomiendo que no pierdan detalle de la espectacular anatomía de la mítica Caroline Munro (wow!), aparte de la oportunidad de ver a la gran Wanda Ventham, a la sazón madre de otro grande en ciernes, Benedict Cumberbatch.
Saludos.

sábado, 11 de octubre de 2014

Películas para desengancharse #3



El motivo por el que yo me desengancharía de MIGHTY APHRODITE es, fundamentalmente, el estado de plácida complacencia en el que Woody Allen se confortó tras la gran acogida obtenida, tanto por el público como por la crítica. Es un buen film, no hay duda, y sus intenciones son honestas, pero (y no sólo por el curioso paralelismo) a mí me parece el gran punto de inflexión tras el que Allen se tomó demasiado en serio a sí mismo y no pudo desprenderse de la mirada condescendiente (para sí, para los demás) que le lleva pesando como una losa en los últimos veinte años. Tiene, debo reconocer, momentos sublimes, como las inenarrables incursiones de corte "sofocliano", con un coro anónimo que a la postre son lo mejor del film; aunque por otro lado, no consigo ubicar a una Helena Bonham Carter que no pega ni con cola, ni ella ni su circunstancia. Mención aparte para Mira Sorvino, una actriz que me provoca reacciones encontradas. De físico difícil y recursos típicos del Actor's Studio, éste es su gran papel, hecho con el mimo de un gran sastre de actores y ajustado hasta el paroxismo, el mismo que desgraciadamente luego le han hecho un flaco favor directores menos dotados y sensibles, y que han ido degradando su carrera hasta límites insospechados... excepto para la televisión por cable. No sé qué pretende contar exactamente Woody Allen en esta película, si no es, claro, algo que ya ha contado miles de veces; sé que todos los motivos sucedáneo-paternales le restan empaque, aunque intenta remontarlos cuando su personaje se queda a solas con el de Sorvino y da rienda suelta a una incorrección deslenguada e irrefrenable... ¿Como la vida misma? Como la de Woody Allen, puede. Pero qué lejos nos queda este otro New York...
Saludos.

viernes, 10 de octubre de 2014

La borrosa córnea de la infancia



La película de hoy no sólo no hay que desengancharla de ninguna parte (por lo que no pertenece al monográfico actual), sino que supone uno de los picos de mayor altura de eso que ahora está tan de moda y se hace tan rematadamente mal: el terror psicológico. Son legión, atestiguo, los films que, escudados en diversos espumillones visuales, intentan atrapar un intangible antojado vital para envarar el mecanismo, tan simple, tan inalcanzable, de la emoción pura, del recuerdo como pátina del presente. THE OTHER es mucho más de lo que cuenta, o de lo que parece querer contarnos, o de lo que nos dejamos contar y nos permitimos comprender; porque no es sólo un acendrado determinismo, ni un garante del lynchiano horror al gameto. Desde ya el primer y sublime fotograma, Robert Mulligan nos pone en situación con el complicado universo de dos gemelos, Holland y Niles, que viven en una granja repleta de recovecos y secretos... Está claro que debo resistirme a desvelar casi nada más, porque en el misterio reside la gran baza de esta obra maestra imperecedera e impermeable al paso del tiempo. Es verdad que su fabuloso guion (libre de toda sospecha de trampa) acumula casi todo el mérito de su macabro encanto, pero yo prefiero, muy por encima, una puesta en escena soberbia, de gótico derretido, casi casual. Mulligan consigue que durante hora y media sintamos ese momento decisivo de nuestras vidas, una infancia tan cálida en lo físico como gélida en lo psicológico. O, una pregunta, un horror, un misterio que parece pasar desapercibido para quienes ven a los niños tan sólo como seres que han de crecer.
Absolutamente magistral.
Saludos.

jueves, 9 de octubre de 2014

Películas para desengancharse #2



Atendiendo al principio de desenganche propuesto en la anterior entrada, GANDHI dignifica los mismos términos y es capaz de sortear, casi siempre con éxito, las dificultades propias de un relato de magnitudes insondables. Porque hablar de Gandhi se puede, ¿pero cómo? Richard Attenborough combina con sabiduría grandes espacios con otros íntimos, casi infinitesimales, pero cuenta con ayudas inestimables: la impecable fotografía de Ronnie Taylor; el guion milimétrico de John Briley; la alucinante banda sonora compuesta por Ravi Shankar; y, sobre todo, el espectacular trabajo de mímesis de un por entonces desconocido Ben Kingsley, que le valió su único oscar, del total de ocho que el film recogería.
¿Por qué, entonces, desengancharse de una película aparentemente rocosa, incuestionable, monumental? Entiendo que precisamente por ello, por lo poco que su estructura megalítica ha aportado al esmero de producciones similares aparecidas con posterioridad. Su curioso híbrido de timidez y exhibicionismo no le hace ningún favor, y es por ello que muchos (con menos talento que Attenborough) han buscado el deslumbre facilón del discurso sentencioso y la amalgama de personajes y situaciones. Afortunadamente, GANDHI consigue el milagro de mantenerse coherente y sin fisuras, cabalgando su propio tremendismo (la escena de la matanza roza lo obsceno) y sorteando algunas licencias tan cuestionables como su misma apertura, que ya muestra sin ningún pudor el asesinato del mítico político y activista, repitiéndolo, efectivamente, al final.
No creo que fuese empresa fácil abordar una figura tan controvertida, repleta de luces y sombras y con un tufo a semisantidad que, al menos a mí, me tira para atrás. En lugar de ello, Attenborough acerca siempre su cámara a los pliegues del rostro de Kingsley, y su asombrosa transformación también indica una voluntad de humanización, más allá de la dimensión mítica de este relato bigger than life del que, no obstante, repito e incido, me parece necesario tomar aún más distancia de la que le otorgan sus más de treinta años. Además, le debía un serio homenaje a su director, recientemente fallecido.
Saludos.

martes, 7 de octubre de 2014

Películas para desengancharse #1



Espero que el nombre del extenso monográfico que hoy empezamos no les despiste. No verán aquí andanzas de Abel Ferrara, Danny Boyle o Scorsese... O sí, pero no en la forma o fondo que convendría enlazar con el encabezado. Éstas no son películas sobre drogas; simplemente películas de las que, en un momento u otro, conviene "desengancharse". ¿Cómo? ¿Por qué?... Mis respuestas son simples: desplazándolas de su lugar preponderante (algunas ni se sabe cómo llegaron ahí) y haciéndolo porque sólo así se puede dejar de ser aficionado al cine e ingresar de cabeza en la cinefilia, sin que este término provoque miedo, rechazo o, aún peor, risa. No todas son malas, algunas son muy buenas, incluso obras maestras; el hilo es, sin más, por qué todo el mundo habla de ellas sin ni siquiera haberlas visto... Piénsenlo.
Y para empezar... Bueno, para empezar un "clásico", entrecomillado porque sería la verdadera antítesis de lo que la palabra "clásico" debería significar como tratado de formas y gerundios, inalterables e inasequibles al terrible paso del tiempo. Michael Bay es un ingeniero industrial con poco tiempo para el autoanálisis y un gran concepto de sí mismo como para barroquizar a un gran barroco, Spielberg, y cederle, de paso, un lugar eterno como adalid de los clásicos modernos. Es lo que yo entiendo que pretende con PEARL HARBOR, auténtica iniciadora del concepto "carne de multicines" y extraño compendio de calma chicha (a veces incluso dulzón-empalagoso) y psicotropía rave. Todo impregnado, por si fuera poco, de un patriot(er)ismo que por fuerza ha de arrancar carcajadas o estaríamos en los límites de la chifladura fascista, claro. Lo que más me llama la atención es la capacidad de desaprovechar un concepto visual poderoso y desatado, precisamente por una ideología pacata, de baratillo; esta imposibilidad semántica hecha cine logra (en escasos momentos, es verdad) conectar con el universo del antes citado, y su uso de la música, su horror vacui y retahíla de personajes lo atestiguan, pero desgraciadamente todo está al revés y muy mal contado.
La película perfecta para empezar una desintoxicación a gran escala. Para ello, yo recomiendo, no grandes títulos clásicos del cine bélico, sino cierto díptico magistralmente dirigido por Clint Eastwood y (¡quién lo diría!) Terrence Malick, a quien Bay también eleva a los altares de la cuasisantidad... Yo me tragué hace poco el inefable "Director's cut", y desafío a quien sea a que me encuentre las diez diferencias...
Saludos.

domingo, 5 de octubre de 2014

Rincón del freak #170: Hare Krishna Killer en Kingston-upon-Hull



Cuando se habla de la productora Tyburn, los aficionados al recio cine de horror británico recurren a dos términos claramente identificados, Primero, es imposible obviar lo mucho que bebió de la mítica Hammer; después, lo efímero de su recorrido. Tan sólo tres películas antes de echar el cierre, y aun así les dio para firmar uno de esos títulos "de culto", por mucho que me urticarie dicho término. Y es que THE GHOUL, de 1975, es uno de esos productos perfectamente manufacturados y teledirigidos a un público absolutamente concreto. Otra cosa es su calidad intrínseca, que deja bastante que desear una vez se olvida de crear "atmósfera" y destapa la salsa de tomate. Pero no deja de ser un film más que curioso y reseñable. Por estar dirigido por el gran Freddie Francis (aunque ya en horas bajas) y protagonizada nada menos que por Peter Cushing, uno de esos actores capaz de dotar de dignidad a casi cualquier cosa que hiciera. Además, mentes calenturientas del Domingo, teniendo en cuenta que el monstruo aquí es bastante ridiculorcete (¿un tipo vestido de Hare Krishna que camina más lento que mi abuela?...), me permito lanzar la advertencia-recomendación de que, si les da por verla, estén atentos a aquel volcán sexual que era Veronica Carlson, porque no podrán apartar la mirada de ella... por mucha peluca ridícula que le pongan. Y hablando de pelos, impagables los de un joven John Hurt, que a la sazón hacía de psicópata paleto. Otro actorazo que queda bien donde lo pongan.
Como curiosidad (una más), señalar el premio al mejor actor que Cushing se llevó en el Festival de Sitges de 1976... que ya ha llovido.
Saludos.

sábado, 4 de octubre de 2014

Los cojones sobre la mesa



Los grandes (casi) siempre se despiden dando un portazo, un último ruido y un último estertor de furia que parece avisar: "Porque me muero ya pronto, si no...". 7 WOMEN es la última película de John Ford, y ni es un western (aunque podría serlo), ni muchísimo menos es un film acomodado en el respeto ganado por un maestro de maestros. En lugar de ello, Ford elige una tremenda historia protagonizada por mujeres en una situación límite, una misión en la frontera de China con Mongolia en 1935, justo cuando el brutal y despiadado Tunga Khan lo arrasa todo a su paso. Serán tres llegadas, tres recibimientos, a cuál más dispar. Primero, una doctora (magnífica Anne Bancroft), una mujer totalmente liberada y cuyas ideas chocan frontalmente con la estricta moral de la directora de la misión (una Margaret Leighton algo pasada de vueltas). Más tarde llegarán los restos de otra misión que ha sido atacada por Tunga Khan, y que además trae, sin saberlo, un enfermo de cólera. Finalmente, será el terrible bandido quien llegue, lo que dejará a estas mujeres en una situación absolutamente desesperada.
Un film de aventuras, sí, pero con un poso amargo y desencantado, empezando por el espacio único, que no sólo debe ser visto como un tema de presupuesto, sino como un recurso para acentuar el tono claustrofóbico y malsano que se respira desde su chocante arranque. No recuerdo a muchos directores clásicos de Hollywood mostrando el lesbianismo de una forma tan evidente y, al mismo tiempo, elegantemente sutil; al igual que degrada a sus (anti)heroínas hasta un punto en el que el sacrificio necesita de la pérdida de la dignidad. A mí me parece una película magnífica, sorprendente, con un brío increíble para un señor de 71 años y con 130 películas a sus espaldas, pero sobre todo es un portazo en las narices de quienes no supieron ver en John Ford su verdadera altura moral, la de un humanista al que se la traían floja los prejuicios. Los cojones, hasta el final, sobre la mesa...
Saludos.

viernes, 3 de octubre de 2014

Las tres fases lunares



Una de las películas más atípicas de la extensa filmografía de John Ford es THE RISING OF THE MOON, formada por tres relatos independientes y rodada y producida enteramente en Irlanda. Y es que éste es probablemente uno de los mejores retratos acerca de la particular idiosincrasia del pueblo irlandés, y a Ford apenas le bastan tres rápidos ramalazos, cuya urgencia en ningún caso le restan importancia y empaque. Conducidos por el actor de origen irlandés Tyrone Power, es cierto que el humor socarrón y la minuciosa mirada humana son la nota predominante de estos tres relatos cortos, que aun así son perfectamente independientes entre sí.
El primero, "The majesty of the law", escrito por Frank O'Connor, comienza con un equívoco, puesto que el precipitado paseo de un inspector de policía va a llevarle, efectivamente, a enfrentarle con un vecino suyo que ha cometido un delito, concretamente pegarle a otro vecino por llamarle mentiroso al denunciar éste que la destilación de su whisky es pésima. Amistosamente, todo se resolvería con una multa de cinco libras, e incluso el propio agredido se ofrece para sufragar el gasto... Sin embargo, el orgullo irlandés impedirá que la solución pase por un agravio al honor...
El segundo es una absoluta maravilla de guion y montaje. "A minute's wait" podría haber sido perfectamente un film de Buster Keaton, y es una locura en tanto que da cuenta del "particular" sentido del tiempo, y su transcurrir, del pueblo irlandés. Lo que empieza como un simple minuto de retraso en la salida de un tren, acabará como el rosario de la aurora, al tiempo que una pléyade de personajes se mezclan sin compasión, conformando un maravilloso caos, indemne gracias a la fina cámara de Ford, que no omite ni un solo detalle. Divertidísimo.
Y aunque el último relato, titulado igual que el conjunto, comience trazando el drama de los últimos momentos de espera de un "patriota" irlandés (terrorista, quizá) antes de su ejecución, el desenlace no puede ser más sorpresivo y, sí, genuinamente "fordiano". Un broche inesperado para una película inesperada, una especie de gran capricho que Ford se quiso dar justo en el momento en el que la crítica más reaccionaria le achacaba un cierto "relajo" en su mensaje, y los guardianes de la democracia, tan avispados ellos, apuntaban a su faceta conservadora. El maestro, como siempre hizo, a lo suyo: hacer cine. Contar historias.
Saludos.

jueves, 2 de octubre de 2014

El arte de haraganear



Las primeras imágenes de TOBACCO ROAD, de 1941, nos hacen dudar sobre qué vamos a ver realmente. Hay, es cierto, un arco de miseria ineludible y que conforma el auténtico corazón de la obra homónima de Erskine Caldwell. Pero no nos equivoquemos, lo que John Ford consigue con meridiana destreza es ofrecer el reverso absoluto de LAS UVAS DE LA IRA, y creo que nadie mejor que él para tamaña empresa. "La Ruta del Tabaco" es el no-lugar, en ninguna parte, donde no crece nada excepto las ganas de tumbarse un ratito más y esperar a que las cosas mejoren. Esta es la historia de Jeeter Lester (un antológico e inolvidable Charley Grapewin), su familia, compuesta por una mujer resignada a la olla vacía y sus dos hijos... o los que quedan de los 17 ó 18 que tuvieron. Sus vecinos, que sólo son otro viejo holgazán y su estridente e híper beata hermana. Jeeter espera el regreso del "Capitán" Tim, que les traerá una nueva y próspera oportunidad, pero mientras tanto debe conformarse con robarle un saco de nabos a su yerno, que constantemente viene a quejarse del mal comportamiento de su mujer.
Además de unos actores fabulosos y unos diálogos trepidantes, TOBACCO ROAD ejerce su propia denuncia social sin dejar títere con cabeza. Es cierto que el estupendo guion de Nunnally Johnson escarba en el singular y acogotado universo de esos seres, casi extraterrestres, que han hecho de la picaresca y el engaño su modo de vida, pero también es verdad que cuando por fin aparece el "Capitán" Tim no es para ofrecerles un subsidio agrario, sino acompañado del nuevo propietario de sus yermas tierras. Efectivamente, un banquero con pocos escrúpulos. Así, la problemática social se sacude todo rastro de solemnidad y no aparece quejumbrosa ni crepuscular; sólo en su emocionante final hay algo de Steinbeck, pero antes hemos disfrutado con estos maravillosos chiflados, incesantes e inasibles, poseedores de nada, pero apegados a una filosofía vital tan imposible de entender para quienes creen que "La Ruta del Tabaco" no es más que un par de cabañas rodeadas de polvo y hojas muertas... Pero mejor véanla, les darán ganas de tocar una bocina bien fuerte...
Saludos.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Ficción y ciencia



De 1931 es ARROWSMITH, una vigorosa epopeya médica basada en la famosa novela de Sinclair Lewis y que sería punta de lanza para una serie de películas que, en aquella época, tornaron el melodrama en una oportunidad de deslizarle a los productores un fuerte contenido social (se me vienen a la cabeza, por ejemplo, THE CITADEL o THE STARS LOOK DOWN). Aquí, el doctor recién licenciado, Martin Arrowsmith (Ronald Colman), es un hiperactivo y casi temerario idealista que sueña con un mundo libre de enfermedades. Sin un minuto que perder (en apenas un día, obtiene su primer puesto en un hospital y se declara a una enfermera [Helen Hayes]), Arrowsmith se irá forjando una estimable reputación, aunque su naturaleza sin ataduras lo llevará de la ciudad a un pequeño pueblo, y sus ansias de investigación le devolverán al prestigioso instituto donde se encuentra su gran mentor, el doctor Gottlieb. Trabajando sin descanso, cree haber encontrado un suero para la peste bubónica, que está haciendo estragos en una isla caribeña y adonde marchará con todo su equipo, aunque el desenlace será crudo e inesperado para él.
Desdeñada durante muchos años por quienes sólo han apreciado los westerns de Ford, ARROWSMITH, sin ser ninguna obra maestra, contiene un interesante dilema al confrontar el entusiasmo de un médico, que casi podría considerarse un pionero del viejo Oeste, con la dura realidad del mundillo médico, que apenas ha cambiado en su filosofía mercantilista. Y Ford, sagaz e intuitivo, se sirve de una cosa para generar otra; su discurso acompaña al doctor Arrowsmith a lo largo de un largo periplo, sin juzgar, esperando a que el final se revele demoledor y con más preguntas que respuestas. O: cómo filmar la rueda de la ciencia mediante una ficción que, sin resultar tediosa, base su humanismo en una exposición neutra.
Merece la pena recuperarla, y si es junto a los dos títulos antes mencionados, mejor que mejor.
Saludos.

martes, 30 de septiembre de 2014

El pecador impecable



En 1923, John Ford realizó una notable adaptación de la célebre obra de Booth Tarkington y Harry L. Wilson, sobre las incesantes idas y venidas de un rompecorazones, experto jugador de cartas y justiciero ocasional, Kirby "el del camafeo", que se ve envuelto en una oscura trama, desatada en torno a un asesinato por grandes intereses en las plantaciones de Nueva Orleans. CAMEO KIRBY tampoco llegaba a ser un western, pero contenía mucho del género y además es una magnífica muestra del dominio de Ford sobre sus actores. Aquí, por ejemplo, la estrella máxima del cine mudo, John Gilbert, realiza, en mi opinión, uno de sus trabajos más completos y atractivos, abarcando una variedad de registros inusual en él. Por añadidura, supuso el debut de Jean Arthur en el cine y es también una jugosa oportunidad para disfrutar de aquella maravillosa partenaire de las grandes estrellas masculinas que era Gertrude Olmstead.
Aún puede encontrarse una copia (en un estado discutible, es cierto) en el archivo de cine y televisión de la UCLA y, milagrosamente, en la Cinemateca Portuguesa. Y existe un precedente de 1915, dirigido por Dustin Farnum, y otro de 1930 en clave musical, de Irving Cummings.
Saludos.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Amor vaquero por correspondencia



El otro día, entre trombas de agua y Smart TV's, encontré tiempo para degustar un sabroso lomo de salmón con salsa de pimientos del piquillo en el Restaurante Manila, muy cerca de la estación de Santa Justa. Es ésta una actividad que me permito recomendarles para evitar depresiones e incertidumbres, sobre todo si la acompañan de jamón serrano y buena charla; aunque en realidad me sirvió para acordarme de un señor al que alguna vez han llamado "el mejor director de la jodida historia de la humanidad". Y, claro, me daba un poquillo de vergüenza tenerle 10 entradas nada más, así que esta semana (menos el Domingo, por motivos obvios) quedará por completo dedicada a Mr. John Martin Feeney... o Sean Aloysius..., a seis obras suyas, una por década que estuvo en activo y, lo más difícil, sorteando el gran tema fordiano: el western. Esto no es exactamente así en BY INDIAN POST, un pequeño film (apenas 18 minutos) rodado por un tal Jack Ford (así apareció en multitud de títulos de su primera época) en 1919. Con un tono relajadamente cómico, Ford narraba las desventuras de un tipo locamente enamorado que deja una nota romántica a su amada clavada en la puerta, con la mala fortuna de que un indio que pasaba por allí la descuelga antes, lo que empezará una cadena de malentendidos que terminará con la inefable persecución y con la escurridiza pareja sacando literalmente al pastor de la cama para que les case... aunque sea en camisón... Un delicioso aperitivo, de los muchos que Ford rodó en aquellos primeros años y que ya contenían gran parte de las claves de su cine; grandes cantidades de buen humor, un ritmo endiablado y un gran dominio de la puesta en escena. Como curiosidad, la carrera de la actriz principal, Magda Lane, condensada en cuatro años, del 19 al 23. 33 películas y "sólo" 18 en 1919... Cuando aquéllo era un currelo...
Saludos.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Rincón del freak #169: Barritados circenses sobre algodón de azúcar



Año 1959. Ottavio Poggi productions. Peplum. Elefantes. Domadores de elefantes. Filtros lumínicos. Túnicas al viento. Gasas. Diademas. Parches oculares. Terence Hill. Bud Spencer. Victor Mature. Carlo Rustichelli y su amor incondicional por los timbales incesantes. Tiendas de campaña; hoy la pongo y mañana la quito. Brillantina 200 años antes de Cristo. B-52's del pre yé-yé tirreno. Llegar hasta Roma, con penurias y mamoneos varios y sorprenderte de que, cuando parece que va a empezar lo bueno, en realidad quedan 1m. 56s. de película. Y Ulmer, maestro de la brevedad, poeta de la concisión como género... Saber qué hacía realmente en medio de este despropósito lo dejo para historiadores con más tiempo que yo. Y aún peor: en este ANNIBALE... ni siquiera Himilce asoma; en lugar de ello, la pobre Danila se pega el pateo pa ná. Como nosotros, más o menos...
Ab Urbe condita libri.
Saludos.

sábado, 27 de septiembre de 2014

... los que van a morir, te saludan...



Excepto la anécdota del título, no hay mucha más concatenación entre THE IDES OF MARCH y el monográfico que ayer clausurábamos... ¿O sí? Esperaba poder hilar un par de anagramas con la suficiente consistencia y deseo como para engalanar esta enésima aproximación a las trastiendas de la política. La película en sí, como ejemplo lustroso de eficacia yanqui y solvencia de madurez está bien, lo dono al Estado Mayor. Pero no es un gran film, porque cae en la misma trampa que su jolgórico guion pretende hacernos pasar por "Clooney Corazón de León vs. The Starship Republican (Súper)Troopers"... No. No. No. Un director de cine no puede ser el director del Times, por la sencilla razón de que nadie va al cine a leer periódicos (ahora, lo que me descorazona es que se vendan DVD's en los kioscos, claro. Clooney es metódico, paciente y maravillosamente ingenuo; su discurso pertenece al que ya entonó (con mejores resultados) Frank Capra, solo que muchos años y bilis tragada después. El gran problema para que nos emocione una insignificante (sí, amigos, la política es insignificante si las personas se comportan como escalopendras) trama sobre unas primarias en Ohio es que acabe tomándose demasiado en serio y se olvide de algunos seres humanos que pasaban por allí... ¡Vaya, como los políticos en la vida real! Pero no me olvido del excepcional trabajo de Ryan Gosling, Philip Seymour Hoffman (sobre todo ellos), Paul Giamatti o el propio Clooney, explotando una vertiente siniestroide que no le va del todo mal. Lo mejor, huelga decirlo, son los actores, y ellos solitos se meriendan un guion que hace aguas, que pasa de lo extático a lo telefílmico con preocupante celeridad, y que, insisto, parece querer frenar en seco (no sé por qué) la tremenda aceleración que el film logra obtener en su primer cuarto.
Acerca de si me atrevería a identificar cada personaje con cierto drama shakespeareano... no sé. Hay mucha intriga, mucha jodienda y mucha camisa celeste, pero poco espacio esopiano.
Saludos.

viernes, 26 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #12



Fin, por tanto, del monográfico sobre Julio César, del que me he dado cuenta de las pocas luces y muchas sombras que tan insigne personaje ha terminado por dejar, hasta el momento, en el imaginario de unos directores más empeñados en hagiografiar absurdamente que en explorar las ricas facetas dejadas no ya por Shakespeare, sino también por los muchos vericuetos (políticos, históricos, poéticos, sentimentales de membresía) tras la retahíla de secundarios y adláteres.
No es el caso de una película extraordinaria, si mis cálculos no me fallan la última con el gran César de fondo. Aunque es de justicia señalar que CESARE DEVE MORIRE va mucho más allá de cualquier etiqueta o fácil sintagma, al estampar con toda naturalidad contrapuestos aparentemente irreconciliables. El primero, pasmar al espectador con su salvaje mezcla de realidad y ficción, o metarrealidad ficcionada, puesto que es completamente cierto que los actores son presos de la cárcel de Rebibbia... solo que ¡no! son actores, sino actores improvisados que ensayan el "Julio César" para la obra que van a representar en la misma penitenciaría. Así, arrastrados por la límpida prosa de los hermanos Taviani (gloriosa resurrección la suya), apenas si podemos discernir qué está siendo representado (los ensayos, a veces incluso admirados por los vigilantes) y qué ocurre en la realidad (si el encontronazo entre el intérprete del César y el de Decio es figurado... ¡Qué maravilla!); lo que consigue crear una especie de libertad entre rejas, al escapar estos presos mediante su esfuerzo mental por imaginarse en la piel de de unos personajes inmortales. Alternada entre el Blanco y Negro de los ensayos y el impactante uso del color en la representación final, austera pero de poderosa fisicidad, CESARE DEVE MORIRE es un colofón insólito, que me deja un cuerpo agradabilísimo y una sensación de confianza en que, aunque se trate de dos creadores octogenarios, el riesgo siempre es una apuesta.
Quizá peque de entusiasmo, pero en mi opinión, obra maestra.
Saludos.

jueves, 25 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #11



Qué diablos, Julio César se merecía algo mejor que esta inacabable, desarticulada y nimia adaptación para televisión que un inefable como Uli Edel desaprovechó hace ya 12 años. "El desaprovechador", le llamaremos de aquí en adelante. Primero, las licencias; y un director autolimitado al que encargan una miniserie no puede permitirse algo así. La historia está contada al revés, con un César imposible por la fecha en que aparece (82 a.c.), casado y con un niño, desterrado, zarandeado por las olas, empeñado en pelearse con tipejos de tres al cuarto y con la cara de palo de Jeremy Sisto, uno de esos actores que pueden llevarse toda la vida sin un papel decente. Antes, es verdad, hay otras dos oportunidades tiradas por la borda: la falta de entusiasmo de Christopher Walken (esperando el cheque) y lo poco que le hace falta a Richard Harris, en el que sería su último papel, para componer un tétrico Sila, sin más, el mejor personaje de la función y sus mejores y más intensos minutos.
Siguiendo, la batalla contra los galos es soporífera y está compuesta de dos planos intercalados y contrapuestos que habrían hecho las delicias de Muchachada Nui: Vercingetórix y César montados a caballo y mirando en lontananza mientras alrededor hay ruido coporativo de gente guerreando. Esto se alarga hasta el millonesismo fraccionado temporal, que debe ser mucho tiempo... Luego, para redondear, en Egipto le cortan la cabeza al pobre Pompeyo y César se lía con Cleopatra, la preña y se la lleva a Roma para compunción de Calpurnia, que debe llevarle al César un par de décadas. No es todo, porque aún hay tiempo (es una operación de sainete) para dedicarle los últimos cinco minutillos a lo que debería ser cuestión central. Sí, el asesinato... ¿Y Marco Antonio?... Pues como diría Forges: "Ni flores, oyes".
Antes de los créditos, eso sí, se nos cuenta cómo terminaron todos y cada uno... Como si fuera el Equipo A, o algo así...
Saludos.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Posición asumida



SECRETARY es una película que yo suelo recomendar por motivos absolutamente contrapuestos. Curioso o no, esto confiere a cualquier narración convencional que aspire a salirse de ciertos cánones un aura especial y que, si bien no logra elevar su valor real, al menos realza las líneas maestras de su discurso, a veces poco claras y ni reveladas. Por un lado, SECRETARY es todo lo que a David Lynch o John Waters les hubiese gustado llevar a cabo de haber dispuesto de un canal privado: la normalización de la excepción; integrar las miserias en un marco reconocible. Pero, cautela, porque Steven Shainberg no ha demostrado estar a la altura del invento. No encontrarán aquí la elaborada tela de araña de, por ejemplo, "Mad Men", ni la seca tuculencia del Haneke más parafílico, el de LA PIANISTA. No, porque yo la emparentaría con las insoportables manías del David O. Russell de SILVER LININGS PLAYBOOK o la falsa sofisticación de aquello que hizo Soderbergh con una actriz porno... Pero ya no atizo más, porque Shainberg pudo contar con un lujo doble, y eso es difícil estropearlo. Maggie Gyllenhaal y James Spader destilan química y profesionalidad; la primera con un personaje incómodo y con unas aristas que son complicadas de detectar, mientras que Spader se reencuentra con su vena esquizoide y antipática, algo que siempre le ha sentado, curiosamente, como un guante. El resultado es un tira y afloja anticlimático sobre las desventuras de una chica de tendencias masoquistas, que encuentra en su sádico jefe la (única) relación perfecta para ella.
¿Que a quién se la recomiendo ahora mismico?... Hombre, está claro que a Gallardón, a ver si se le endulza la despedida...
Saludos.

martes, 23 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #10



El Julio César de ASTÉRIX ET OBÉLIX CONTRE CÉSAR, es, cierto, un poco menos César; pero diversas circunstancias me han hecho fijar este incómodo y a veces incluso mediocre film en esta turbulenta monográfica que llevaba, sin ella, algún tiempo preparando. Cómo no, la no menos inquietante inclusión del film animado; la crisis productiva (más cualitativa que cuantitativa, reconozco) en la que hállome; aunque también la muy reciente desaparición, hace apenas veinte días, del actor alemán Gottfried John, precisamente quien encarnaba aquí al César de turno.
Del film poco podría yo añadir que no se sepa. Que fue el primero de los cuatro que hasta ahora se han rodado, con actores reales, de la famosa pareja gala; que es un Blockbuster en toda regla de los de aquella época (1999); que Roberto Benigni sigue haciendo el mismo papel insistentemente y aunque lo vistan de romano con penacho púrpura; o que, es verdad, me resulta tan imposible concebir a nadie que no sea Gérard Depardieu en el papel de Obelix, como al torpe (y soso) de Christian Clavier como Asterix. Pero bueno, sale la Laetitia al borde del pezón; la apertura es una cabalgada romana al borde de un acantilado que merece la pena verse en Blu-Ray; y el guionista demuestra que se ha leído todos los comics de Uderzo y Goscinny... porque lejos de armar una historia original, no se le ocurre otra cosa que "customizar" hasta seis tomos de la genial pareja... ¡Estos franchutes deben estar locos!...
Saludos.

lunes, 22 de septiembre de 2014

El horror interior



SAUNA fue el explícito título de un film semidesconocido que se estrenó hace ya seis largos años. De su joven director, el finlandés Antti-Jussi Annila, que ya despertó cierto revuelo dos años antes con la curiosísima JADESOTURI, no ha vuelto a saberse nada realmente importante, lo que habla a las claras de la dificultad de emprender una aventura cinematográfica mínimamente ambiciosa en países que no contengan una filmografía "estándar" y exportable. Pero detengámonos en este hermético y bello cuento ambientado nada menos que en la guerra entre Suecia y Rusia en pleno Siglo XVI y que, sirviéndose de la excusa desplegada de un geógrafo sueco encargado de dictaminar el lugar exacto de las fronteras entre ambos países, va construyendo un horror invisible e innombrable, quizá por yacer en las personalidades de los representantes de unos territorios condenados a no entenderse jamás. No sólo el viaje del geógrafo, acompañado por su sanguinario hermano medio ciego (espléndido Ville Virtanen) irá careciendo de sentido a medida que vayan llegando a un punto de no retorno, sino que servirá para exponer la sinrazón de unas "conquistas", escaramuzas más bien, que apenas si justifican el capricho de militares insensibles. Como en una premonición de oscuridad fatal, un imposible grupo formado por suecos y rusos, condenado a entenderse, irá directo a una inesperada boca del lobo, una mortecina aldea que parece no tener nada más por delante, excepto una extraña y oscura sauna, de la que emana una atracción ininteligible.
Una película, en suma, de una belleza visual inusual en este tipo de propuestas, tan dadas a la truculencia gratuita y el desvarío; y, aunque los aficionados al género pueden encontrar dos o tres momentos simplemente sobrecogedores, lo que destaca realmente es la pausa impuesta, acertadamente, por su director, que crea una atmósfera letárgica y de "limpia suciedad", si me puedo permitir el yescazo... Si no la vieron en su momento, es hora de recuperar una de esas rarezas por las que suspira una parroquia tan fatigada como es la del fantástico con neuronas. El final, además de bonito visualmente, también da bastante mal rollo.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

7 al azar


¡Cuidao con mis primos!