jueves 12 de noviembre de 2009

Elegir un camino siempre es lo más difícil

Tras la puesta de largo que supuso AMERICAN BEAUTY, el televisivo Sam Mendes tenía una complicada disyuntiva: aprovechar su privilegiada posición en Hollywood o dar una nueva vuelta de tuerca a su poderoso discurso. Por supuesto no tengo ni idea de qué se le pasó por la cabeza, pero Mendes apostó fuerte y le salió cara. ROAD TO PERDITION es, hasta el momento, su mejor trabajo y muy por encima del resto. Y la disyuntiva a la que aludía anteriormente queda aún más despejada con su siguiente film, JARHEAD, en la que Mendes se pierde en su particular tira y afloja... pero vamos a lo que vamos.
ROAD TO PERDITION es una lección de cine clásico conjugado desde el comienzo del nuevo milenio; Mendes nos introduce en un mundo que creíamos conocer precisamente por medio de películas como MANHATTAN MELODRAMA o WHITE HEAT, al mismo tiempo que marca su nueva línea, más cercana a MILLER'S CROSSING que a la reciente PUBLIC ENEMIES. Esta línea la hace única en su género, y es una línea de sombra, porque ROAD TO PERDITION es un film oscuro y pesimista; imbuido de tragedia griega y la fatalidad del mejor western, es la figura del padre la que domina la narración. El padre es Tom Hanks, despojado por completo de sus tics, que intenta desesperadamente huir de su propio e inevitable destino, al tiempo que aleja a su hijo del camino que él ha seguido previamente. Pero el padre es también un soberbio Paul Newman, el gran gángster en su ocaso, figura casi mítica que sobrevuela constantemente el destino de Hanks y su hijo. Y como en toda buena tragedia, tampoco falta el ángel de la muerte, un mortífero y viscoso Jude Law, que completa un trío de interpretaciones a la altura de un film que se sale del mero entretenimiento (algo que no logra Mann) y deja el listón a una altura que aún sigue sin alcanzarse.
Saludos en camino.

Bandits

miércoles 11 de noviembre de 2009

Retrato del artista atormentado

La vida y obra de diversos artistas, y más concretamente pintores, ha sido el motivo principal para la realización de multitud de películas. Se me ocurren ahora nombres como Van Gogh, Lautrec, Pollock, Modigliani; sin omitir a nuestros Velázquez, Goya, Picasso, Dalí o Antonio López. De esta ingente cantidad de films, los ha habido con mayor fortuna, pasando por los correctitos biopics y desembocando en sonrojantes tonterías que sólo podían haberse hecho con el artista en cuestión ya muerto. Lo cierto es que pocas propuestas de este tipo han intentado ir un paso más allá y fundir la visión cinematográfica con la pictórica; y en este sentido, me gustaría recordar un arriesgado y singular film que cuenta ya con más de una década. Se trata de LOVE IS THE DEVIL. STUDY FOR A PORTRAIT OF FRANCIS BACON. Para la gente que haya indagado en la terrible vida del pintor irlandés, no será difícil establecer un primer esbozo en el que la oscuridad, la religión, el sufrimiento y la deformidad, tienen preponderancia en su discutida obra. El británico John Maybury muestra a Bacon como una imagen más, encerrado en su propio discurso artístico; y se agradece el temple con el que se aborda su homosexualidad, sin caer en el exhibicionismo al que tan acostumbrados estamos, así como su condición de alcohólico irreductible.
Es LOVE IS THE DEVIL... una película realmente áspera, sin demasiadas concesiones, ni siquiera al lucimiento de Derek Jacobi, un excelente actor que es capaz de mimetizar todo el infierno interior de Bacon y devolverlo en algunas escenas que ponen los pelos de punta; sin desmerecer el trabajo de Daniel Craig, antes de caer víctima del mainstream, como el amante del pintor, incapaz de entenderle y componiendo una aterradora correspondencia sadomasoquista. A veces excesiva, a veces delirante, a veces incomprensible...; lo cierto es que se trata de un cine arriesgado, que no elude el fondo de las miserias de un artista irrepetible y que deja un poso de honestidad del que gusta al cinéfilo.
Saludos en aguafuerte.

Take a picture

martes 10 de noviembre de 2009

El problema de las licencias

Me van a permitir que hoy vaya ligeramente contra mi propio estilo (si es que existe tal cosa) y construya una opinión en base comparativa, pero me parece totalmente necesario si queremos entender un artefacto tan extraño como YOU DON'T MESS WITH THE ZOHAN.
A ver, ¿recuerdan a aquel apocado reporterillo, con tupé de pueblerino, camisa de pueblerino y cara de pueblerino que salía en THE HOWLING, la mítica cinta sobre licantropía que dirigió Joe Dante? Bueno, uno no podría imaginar a este sujeto dirigiendo este embolado esquizoide que a veces recuerda a AIRPLANE! tanto como a ARTHUR o, más recientemente, a la nueva comedia ideada por Judd Apatow, algo que no debería sorprendernos si tenemos en cuenta que éste es el responsable del guión junto a Robert Smigel y el propio Adam Sandler, verdadero motor de este desquiciado proyecto. Sandler, sin ocultar demasiado la influencia de Ben Stiller (TROPIC THUNDER en menor medida y, evidentemente, ZOOLANDER), pone a funcionar la batidora y empieza a mezclar cualquier cosa que caiga por allí. Y es que Zohan es nada menos que un superagente israelí, experto en neutralizar al enemigo palestino y que es idolatrado allá donde aparece; tras un un enfrentamiento con "El fantasma", su archienemigo (no se pierdan la caracterización de Turturro), Zohan aprovecha para pasar por muerto y huir inesperadamente a Estados Unidos, donde podrá hacer realidad su verdadero sueño: ¡ser peluquero!... Las andanzas de este hiperactivo sexual, de cargante ingenuidad y estrafalaria indumentaria, sólo pueden ser aceptadas (y aceptables) mediante una insensata entrega por parte del espectador, porque intentar un mínimo de seriedad es imposible en algo como ...ZOHAN. Si lo disfrutas lo pasarás pipa; si empiezas a preguntarte qué coño sigues haciendo delante de la pantalla, entonces es mejor que te replantees la relación existente entre tu edad física y la mental... Vamos, sólo para los muy iniciados...
Saludos con bigudíes...

Devil's haircut

lunes 9 de noviembre de 2009

Hall of fame

THE DEPARTED quedará por mucho tiempo en el subconsciente cinéfilo por muy diversos motivos. El primero y más importante, porque supuso el primer reconocimiento de la Academia a uno de los pocos directores vivos a los que se puede tachar de legendario. Luego está la reconciliación de Scorsese con el género que mejor ha sabido conjugar en pantalla, después de demasiados titubeos e incursiones en terrenos algo resbaladizos (KUNDUN, BRINGING OUT THE DEAD, THE AVIATOR). Pero hay una razón de peso para considerar THE DEPARTED una de las tres o cuatro mejores películas del maestro neoyorquino; y es que importa menos el porqué que el cómo, y el espectador sabe que no hay letra pequeña en este Scorsese, que el mazazo está asegurado y que le esperan dos horas y media de puntos de fuga. Allí donde otros directores sólo ven un aterrorizador vacío, Scorsese despliega su talento y coge de la mano a "sus" actores, que aquí están espléndidos. No hacía falta invocar de nuevo el espíritu de deNiro, porque estaba claro que Jack Nicholson hacía años que esperaba por una oportunidad como ésta; y él es el verdadero motor y espíritu de esta compleja trama de engaños y traiciones; cuando Nicholson aparece en pantalla a uno le importa un carajo el valorable esfuerzo de di Caprio o Damon por "infiltrarse" en el universo de Scorsese, Nicholson simplemente parece que siempre estuvo allí. Y uno también se pregunta qué podía haber dado de sí este actor en otros trabajos de Scorsese. Puede que esté haciendo demasiado hincapié en una sola pieza de este grandioso puzzle, sin embargo, desvelar su trama no sería del todo justo, tratándose THE DEPARTED de un film constantemente encubierto y que juega perfectamente con las apariencias; una especie de DONNIE BRASCO magnificada e impúdica, una epopeya de nuestro tiempo sin héroes a tiempo parcial.
Sigue siendo imprescindible.
Saludos de incógnito.

¡Cuidao con mis primos!