viernes, 19 de octubre de 2018

Teletienda



En una teletienda se ponen de manifiesto dos cosas: que lo inservible puede hacerse pasar por imprescindible y que el insomino altera gravemente la percepción sensorial. BOARDING SCHOOL es una película teletienda, no aporta nada al género terrorífico con jovencitos pero su creador, Boaz Yakin, de regreso tras un largo calvario creativo, nos intenta convencer a toda costa de que tenemos ante nosotros una vuelta de tuerca definitiva y reveladora. Nada de eso, a menos que nos quedásemos anclados en su impresionante debut, FRESH (tengo que comentarla un día), y nuestra percepción haya quedado tan alterada como los múltiples wtf de este enclenque guion. Se nos coloca en los años noventa, aunque ya es un recurso manido para evitar los siempre insidiosos teléfonos móviles, no porque exista una razón de peso. Los personajes, más que presentarse, son arrojados a escena, con una premura que no casa con el "supuesto" ambiente gótico que se desea representar. Los "momentos fuertes" se pueden encontrar en otros tantos títulos, como la camaradería entre inferiores, las desapariciones repentinas o la crueldad injustificada en una institución a la que definitivamente le falta empaque, por no hablar de unos flashbacks que parecen descartes insertos. Mención aparte merece la mejorable dirección de actores, que revela cómo no es casual que un actor infantil o adolescente actúe maravillosamente bien porque realmente está bien dirigido, y aquí todos parecen a punto de mirar al apuntador.
¿Qué es, en último término, lo que salva mínimamente esta película y la deja en un lugar más o menos tibio? La audacia de Yakin en esa intrahistoria de ambigüedad sexual y travestismo, que es por donde habría encontrado una película mucho más interesante, y no por el lado de un terror que nunca llega del todo. No es mala, pero sí fallida.
Saludos.

jueves, 18 de octubre de 2018

Clément de pleno #5



Ya en 1949, parecía demasiado evidente que René Clément estaba más cerca de los neorrealistas italianos que de los grandes nombres del cine francés. Más preocupado de imprimir emociones y sensaciones directas, casi instantáneas, Clément se hizo cargo de una coproducción entre dos pequeñas productoras de ambos países, para poner en imágenes la epopeya mínima de un hombre incapaz de decidir su destino y zarandeado siempre por un entorno, más que hostil, incomprensible para él. LE MURA DI MALAPAGA despliega una Génova asombrosa, abigarrada y ruinosa, por cuyas calles transita Jean Gabin, que da vida a un polizón que se ve obligado a desembarcar por un simple dolor de muelas. Prescindiendo de falsos héroes, el film no se casa con nadie, y es capaz de justificar cada acción por una cuestión de hambre, protección o mera miseria. Este es aparentemente un buen hombre, y ayuda desinteresadamente a una mujer acosada por su marido, pero la complejidad del guion nos informa de que el motivo de su huida se debe a qué asesinó a su propia mujer. Acorralado en una especie de carrera sin sentido, no sabe si fiarse o no, si huir o quedarse, si actuar o esconderse. Una espiral de actos y consecuencias que en menos de hora y media ofrece un retrato de personajes tan sutil como milimétrico, al mismo tiempo que la fotografía de Louis Page convierte la bella Génova en un siniestro e intrincado laberinto de callejuelas y solares, donde la gente descansa su miseria hacinada en cuartuchos malolientes. El desenlace es tan sencillo y sorprendente que dista con mucho del cine negro, donde no se inscribe nunca.
Tremenda.
Saludos.

miércoles, 17 de octubre de 2018

El laberinto Congost



Sólo los más viejos del lugar se acordarán de aquel extraño juego circular, en el que la pericia del infante era capa de guiar una bolita de acero desde la salida hasta la meta sin caer en uno de los múltiples agujeros. Ingenioso, resultón, pero monótono. Otro tanto puede decirse de DESU NÔTO: LIGHT UP THE NEW WORLD, nueva entrega de la ya cansina serie de DEATH NOTE, de cuya versión norteamericana ya dimos cuenta hace algún tiempo y que tiene un camino tan marcado como discutible. Es, eso sí, más alta, más rápida y más fuerte, pero con casi nada relevante que contar que no hubiésemos dicho en aquella, ya que son bastante parecidas, exceptuando la anecdótica participación femenina (cono era de esperar) y las explicaciones a destiempo, que lleva la bolita a la Salida prácticamente en cada secuencia, lo que sumado a su embarullado desarrollo no nos deja disfrutar con los mismos ojos que nos deleitaban de un relato, por otra parte, bastante castizo. Hay una idea central poderosa, que es la terrible manipulación de los medios para con los políticos, por lo que las enigmáticas libretas negras (aquí nada menos que seis) pierden gran parte de su exótica seducción, y añado que el guion no inquiere ni abunda, sino que apenas repite gestos, expresiones que intentan reconstruir la atmósfera malsana de la serie, incorporando también nuevos monstruitos, que aportan algo de sorpresa. Tiene algunas escenas interesantes, pero el total decepciona igual que aburre, por lo que creo que deberían condensar futuros episodios para evitar esa dispersión.
Saludos.

martes, 16 de octubre de 2018

Cásese conmigo y no volveré a mirar a otro caballo



Vamos a contarla. La joven propietaria de un sanatorio debe afrontar una serie de deudas que la van a obligar a cerrar, a menos que pueda retener a una señora millonaria e hipocondríaca, que sólo accede a quedarse si la trata un doctor del que está locamente enamorada. Entonces aparecen Harpo y Chico... ¿por qué?... Si pudiésemos explicarlo no estaríamos hablando de los hermanos Marx, pero el caso es que están ahí, y además son los únicos que se ofrecen honestamente a echar una mano a la joven ¿Cómo? Bueno, pues son los hermanos Marx, así que buscan a alguien que sepa algo de medicina y se haga pasar por el susodicho doctor. Con una pequeña particularidad: es veterinario... y es Groucho, claro. A partir de ahí, la anarquía. Las frases ingeniosas se mezclan con los alardes físicos, lo mismo de siempre, pero es que lo mismo de siempre es simplemente genial. A DAY AT THE RACES es uno de los títulos verdaderamente míticos de los Marx, y contiene todo lo que una película suya (un género en sí mismo) puede y debe contener, porque el público no espera otra cosa que no sea a Chico dándole un billete a un tipo y a Harpo sacándolo del bolsillo para que vuelva a darle el mismo billete. O a Groucho en plena velada romántica con un gigantesco florero que no permite la visibilidad. Da igual la coherencia, que nos inserten los habituales números musicales (por allí había un tal Franz Waxman) o que casi todo se resuelva con una huida y persecución, como en los inicios del cine. Da igual, porque el absurdo es una de las pocas cosas realmente intemporales, que no pueden envejecer porque prescinde por completo de incluir referencias que no sean las concernientes a sus propias reglas. Pero hay un punto muy interesante que cruza de parte a parte el cine de estos incomparables hermanos, y se refiere a cómo el sarcasmo, mezcla de desdén e inteligencia, desarma a los injustos, que curiosamente son los más "normales", mientras que estos niños grandes parecen ser los únicos que ven las cosas tal como son. Sí, como los niños...
Maravillosa. Hay que verla una vez al año.
Saludos.

lunes, 15 de octubre de 2018

Al final de la escapada



Tenía una vida tranquila, agradable, en la que podía sonreír a todo el mundo y sentir el calor y la cercanía de las personas sencillas, mientras tú redimías tu culpa pacientemente, rodeado de quienes no iban a mover un dedo por ti. Los consejos iban y venían, los buenos consejos de la buena gente, que sólo querían lo mejor para mí, sin saber que sólo una cosa anhelaba con este cuentagotas insoportable. Tú. Tú y yo abrazados en nuestra tontería insensata de amantes, observando las ranas posadas en los estanques ¿Es tan difícil? ¿Es tan complicado lograr que te dejen en paz? ¿que tu rostro deje ya de ser un rostro maldito y sólo sea el de la bondad que yo veo? Lo dejaría todo por ti, mi vida y mis semejantes, sólo tú lo sabes. Dejaría mi cordura y mis ambiciones, lo sabes. Dejaría una casa por arrullarme en una manta junto a ti, y bebería leche de una lata mientras conduces rápido, para que no nos alcancen jamás. Y quizá tengan razón, quizá no sea más que una ciega locura ¿Quién soy yo para desafiar a la Iglesia y al Estado si están en tu contra? No sé nada, no quiero saber nada. Seré una ignorante junto a tu cuerpo herido, pero será ese hermoso agujero de bala lo último que vean mis ojos, para siempre. Y seré feliz entonces...

domingo, 14 de octubre de 2018

Rincón del freak #325: Vicios y virtudes del aceite de palma



El aceite de palma, ustedes saben, está suscitando encendidos debates allá por donde uno pone un programa de esos que ahora se llaman "de investigación". Son unos programas en los que la conductora pone voz dodecafónica y cara de estreñimiento con signos de mejora, y donde salen escáneres cameronianos, pero uno sigue sin entender gran cosa excepto que el aceite de palma es mu malo y mu dañino... o no, váyase usted a saber, porque yo lo veo en todas las tiendas. El caso es que el aceite de palma sirve para que economías tan frágiles y desiguales no se vayan al garete, como es el caso de Indonesia o Malasia, pero a costa de nuestros cáncerers del primer mundo, que serán mejores que las malarias del tercero. Estoy por mudarme al segundo, en el que no se conocen enfermedades ni alimentos insalubres, pero mientras tanto me voy tragando artefactos de la cosa esa del Netflix, que nos la cuela igual que se la cuelan a ellos. Yo mantengo la teoría de que Netflix está comandado por panolis que beben leche de anacardo y comen zanahorias heladas, y que deben saber de cine lo mismo que yo de bionutrición, con lo que internarse en su catálogo ofrece la posibilidad de navegar por un sargazal beduino y constricforme, con interesantes rarezas de Sundance, pero también con gilipolleces sumarias como I AM THE PRETTY THING THAT LIVES IN THE HOUSE, kilométrico título para milimétrica trama, y no por su precisión, sino por lo ínfimo de su desarrollo. Hundidos hasta las canillas en la fiebre de las casas encantadas (otra fiebre), parece que todo vale, incluso una tontería como ésta, en la que puedo constatar uno de los peores trabajos de fotografía del decenio y algunas interpretaciones insoportables, como la de la histriónica Ruth Wilson. Es posible que el director tuviese algo muy importante que revelarnos, pero seguiremos esperándolo mientras el aceite de palma no se introduzca definitivamente en la cocina de diseño... Que dios o quien sea nos coja confesados...
Saludos.

sábado, 13 de octubre de 2018

Los nuevos mártires



Los mártires no existen, excepto en la misma idealización que se pueda hacer de una figura. Se nos puede convencer, con la misma convicción que alguien defiende sus ideales hasta la muerte, de que la dignidad vencerá algún día, y que lo hará de la mano de estos héroes anónimos que no ganan títulos ni batallas, sino que superan el infierno del día a día sin desearle ningún mal a nadie. Del mismo modo, nadie hubiera apostado por una Palma de Oro para Ken Loach en 2016, pero supongo que de entre la idiosincrática maraña de trucos y acrobacias de nuevo cuño, a alguien se le debió encender la bombilla y reconocer que I, DANIEL BLAKE era, si no una gran película, una película terriblemente necesaria justo ahora, y yo soy de los que opina que es un valor añadido que un film conecte y dialogue con su propio tiempo. Loach es Loach, y Laverty es Laverty, lo sabemos, porque no ha cambiado en décadas y no lo va a hacer ahora, pero sí que parece que el viejo maestro ha decidido no abandonarnos a nuestra suerte y regalarnos un penúltimo trozo de aliento a quienes aún creemos en que la solución a nuestros problemas está en nosotros mismos; no en los miserables libritos de autoayuda, ni en las recetas milagreras de desalmados, sino en simplemente escuchar con sinceridad y atención a quien reclama nuestra ayuda y apoyo. Un gesto muy cristiano, que dirán muchos apuntándose inmediatamente al carro, pero que en este caso no necesita dogmas de fe, sino un sentido de voluntad digno. Daniel es un carpintero que sufre una dolencia cardíaca que podría costarle la vida, pero el maravilloso estado capitalista le exige que busque empleo para no perder su subsidio. Creo que con esta pequeña frase uno puede ahorrarse cualquier tipo de consideración, sea artística, moral o de lo que sea, porque, insisto, Ken Loach lo ha vuelto a hacer cuando nadie lo esperaba, quizá porque los problemas reales de la gente no desaparecen con una capa de barniz de ese de última generación. Sí, es conductista, panfletaria y sentimentaloide a no poder más, pero es puro cine, como se hacía mucho antes de que nos empezaran a vender más motos de las que necesitamos.
Brutal.
Saludos.

viernes, 12 de octubre de 2018

Una pequeña gran aventura



I DON'T FEEL AT HOME IN THIS WORLD ANYMORE fue la gran vencedora en Sundance el año pasado, y supuestamente revelaba al nuevo gran talento de todas las temporadas. Supuestamente. Primero, porque Macon Blair no es ya un desconocido en estas lides, aunque éste sea su debut en la dirección, ya que ha sido el complemento perfecto para Jeremy Saulnier en todos sus films, y a Saulnier lo hemos ido consagrando poco a poco sin reparar en la aportación de Blair. Y hay mucho de BLUE RUIN y GREEN ROOM en este a veces desquiciado y a veces desnortado semithriller (permítanmelo) de andar por casa, que espera pacientemente a desmadrarse y mientras tanto reconforta en su cáustica presentación de personajes, a cual más extraño e inclasificable. Creo que la película tiene un gran acierto y un gran fallo, lo que la deja en un aseado lugar sin demasiados sobresaltos y sí con un desarrollo argumental bastante claro para este tipo de cine. El punto negativo es, no puede ser de otra manera, que no logro discernir dónde acaba Saulnier y empieza Blair, y eso es chungo, porque te puedes parecer a un director al que ni has rozado, pero no a la uña de tu carne. En otro orden de cosas, si son de los que orgasman mezclando a Tarantino con Kevin Smith seguro que van a pasar una hora y media la mar de entretenida, incluso tratándose de un producto auspiciuado por Netflix, aunque no lo parezca. Y puede que les pase algo muy extraño, acabar enamorados, como yo, de una magnífica actriz, la neozelandesa Melanie Lynskey, a la que descubrimos hace ya algunos años en aquellas CRIATURAS CELESTIALES... ¿Se acuerdan?...
Entretenida, pero debe marcar un cambio de rumbo o terminará ahí.
Saludos.

jueves, 11 de octubre de 2018

Clément de pleno #4



Está costando, pero volvemos con el maestro Clément, y para reseñar la primera de sus grandes obras maestras. LES MAUDITS es una película insoslayablemente adelantada a su tiempo, que se atrevía a diseñar una asfixiante trama de intriga en el reducido marco de un submarino alemán, justo antes de que la Segunda Guerra Mundial toque a su fin. A bordo se encuentra un variopinto grupo de personajes, la mayoría huyendo de lo que intuyen que es el final del ejército nazi, y entre los que se incluye un médico francés, con la intención de usarlo como la moneda de cambio que les permita huir a Sudamérica. Además de los oficiales nazis, también viaja gente de lo más ambiguo; colaboracionistas franceses, noruegos, fascistas italianos y demás calaña, dispuestos a vender a quien sea con tal de sobrevivir y escapar. El espléndido guion, firmado por Jacques Rémy, Henri Jeanson y el propio Clément, enhebra un complicado entramado en torno a la superlativa figura del médico, capaz de volver a sus captores contra ellos mismos y dotado de una precisión mental que prácticamente es capaz de llevar el rumbo del submarino hasta el lugar menos indicado para sus intereses. Un clásico de esos que marcan época por muchos motivos, por la modernidad de su engranaje narrativo, por la audacia de su puesta en escena y por el estupendo uso de unas imágenes de archivo que por la cercanía (el film es de 1947) se ensamblan a la perfección para construir una película inolvidable, y a la que merece la pena volver de vez en cuando para no olvidar el brío de los buenos relatos bélicos.
Saludos.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Las entrañas del asesino



I AM NOT A SERIAL KILLER también se presentó en Sitges hace un par de años, recibiendo un aplauso bastante unánime y descubriendo al irlandés Billy O'Brien como un director con cierto talento, teniendo en cuenta una trayectoria apenas salvable de lo mediocre. O'Brien adapta la novela de Dan Wells intentando captar el ambiente frío y malsano de la pequeña ciudad en la que se suceden unos crímenes imposibles de resolver, hasta que el joven John Cleaver descubre al autor e inicia una especie de caza al cazador. El punto fuerte es la personalidad del propio Cleaver, diagnosticado como sociópata y obsesionado con la muerte, a la que tiene excepcionalmente cerca por el negocio familiar, la morgue local, regentada por su madre. La tensión creada por este juego del gato y el ratón es lo mejor del film, mientras la credibilidad (y un apabullante Christopher Lloyd) aguanta, pero una serie de decisiones incomprensibles (ese desenlace, por dios) la dejan en una cinta no tan brillante como se la supone, que se hace demasiado larga y que al final parece un remedo/refrito de otras bastante mejores, con un mayor sentido de la crueldad y del humor, lo que se echa en falta entre tanta circunspección que huele a impostada.
Curiosa, sin más.
Saludos.

martes, 9 de octubre de 2018

Run for your life



A estas alturas, hablar del género zombie como algo novedoso roza lo pedante y pretendidamente moderno, pero de vez en cuando hay algun film que consigue convencer sin salirse de los parámetros más clásicos (¡Clásicos!) de la epopeya de los no muertos. I AM A HERO se presentó en Sitges hace unos tres años como de puntillas, camuflada entre un montón de propuestas similares y tan sólo avalada por el enorme éxito que tuvo el manga original de Kengo Hanazawa, en el que estaba basado. El público la eligió como una de sus favoritas, extasiado por la macarra mezcla de gore intransigente, comedia nerd y reflexión política, que ya es mucho más de lo que la mayoría de este tipo de películas es capaz de ofrecer más allá de un trailer interesante. El film comienza presentando a Hideo, un asistente gráfico de manga bastante pusilánime, que ganó un premio 15 años atrás pero cuya falta de espíritu lo ha relegado a un oscuro puesto casi de "negro", que apenas le da para sobrevivir. Su novia lo echa de casa por incompetente y se queda en la calle con su frustración y una escopeta de caza, afición extraña, por cuanto Hideo es un tipo de lo más pacífico. Y todo justo cuando estalla un apocalipsis zombie provocado por un misterioso componente, el ZQN, que prácticamente resetea a la gente hasta un punto fijo, del que ya no salen si no es para repartir mordiscos a todo hijo de vecino. Así contada tampoco parece nada fuera de lo común, pero la película contiene varios momentos descacharrantes, una primera media hora trepidante (atención a los planos secuencia) y unos zombies tan terroríficos como hasta divertidos. Algo así sólo podía salir de Japón, está claro...
Saludos.

lunes, 8 de octubre de 2018

Retrato del artista maduro



DAVID LYNCH: THE ART LIFE se puede resumir en apenas un par de líneas, que vendrían a decir que Lynch siempre ha sido un hombre y un artista sumamente hermético, tan fascinante como irritante, y que si su visión artística ya es de por sí retorcida, asistir a su propia concepción de la existencia, y más concretamente la suya, puede pasmar al más pintado. Porque si no habláramos de Palmas de Oro y esas cosas, a los diez minutos podríamos estar dándole la razón a los padres de Lynch, que se opusieron en todo momento a su actividad artística y siempre le animaron a buscar un trabajo decente. El discurso de Lynch, sobre el que está asentado todo el film, se centra básicamente en su infancia y juventud, en su obsesión por ser pintor y por el casual y tardío descubrimiento del cine (cuadros en movimiento y con sonido, según sus propias palabras) como expresión artística. Este pausado documental en primerísima persona puede ser muy aburrido si nunca te ha interesado el cine de Lynch, pero muy revelador a la hora de intentar indagar en los motivos fundamentales de su visión, el porqué de que lo que para muchos es decadencia, herrumbre y enfermedad, en su caso es, quizá, el único resquicio luminoso, la única salida de la locura de los cuerdos hacia la lucidez de quienes no piensan como la mayoría.
Saludos.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Bisutería fina



KINGSMAN: THE GOLDEN CIRCLE pretendía ingresar en el dudoso Olimpo de las secuelas ilustres, vueltas de tuerca o qué sé yo que se le pasa hoy día por la imaginación a un guionista asalariado, que es en lo que se está convirtiendo poco a poco Matthew Vaughn una vez constatada su notoria falta de personalidad. El film no cuenta absolutamente nada que no hiciera su predecesora, y tanto sus juegos malabares en lo visual como su supuesta socarronería en lo verbal provienen en su totalidad de lo impuesto en el original, que no necesitaba este empacho de ardides camp, gamberrismo controlado y frituras más recocidas que un filete ruso. La jugada queda clara desde el principio, y Vaughn no oculta el subsecuente desfile de celebridades, que es otro invento posmoderno para tapar goteras. Por aquí pasan Julianne Moore (insoportable), Jeff Bridges (anecdótico), Channing Tatum (???????), Halle Berry (lo juro, sale fea) y finalmente Elton John haciendo acrobacias en el aire, que más que un homenaje ni siquiera llega a parodia, y me parece más un chiste malo explicado en el silencio de la multitud. Y, ojo, no me parece una película terrible ni insalvable, porque reconozco su audiencia, para la que precisamente está diseñada, pero hay algo que no me permite excluirl de la mediocridad más rampante, algo a lo que desgraciadamente nos ha acostumbrado el stablishment.
Se ve, se olvida y a otra cosa, poco más.
Saludos.

sábado, 29 de septiembre de 2018

Una piscina con pelotas de ping pong



KAGEROZA, de 1981, es probablemente la más intrincada y surrealista de las tres "Taisho", un delirio asimilacionista e irrefrenable acerca del deseo y la pasión, siempre desde el punto de vista del extraño que debe desentrañar un misterio en un entorno que le es hostil e incomprensible a partes iguales. La película, que alcanza casi las dos horas y media, es otro festín de imaginación y libertad creativa, pero con un tono tan disruptivo que obliga al espectador a estar atento e implicarse con lo que ve, tanto como con lo que pueda intuir, pues hay una subtrama aún más interesante que el argumento principal, y que es revelado en todo su esplendor en un cierre en clave de representación teatral infantil, que es una pasada de puesta en escena y despliegue de recursos visuales. La historia, sacada de una novela original de Kyoka Izumi, gira sobre la obsesión de un hombre con una mujer que luego resulta ser otra, o quizá el fantasma de la anterior, aunque a lo mejor no es más que una advertencia sensorial de que los peligros los tenemos al lado, y que confiar en nuestra vista nos puede llevar al desastre. Decir que KAGEROZA es una obra maestra es decir mucho, probablemente sea más ajustado hablar de una obra sin restricciones aparentes, y que su lugar en la trilogía no es casual, pues explica las otras dos sin rozarlas apenas.
Saludos.

martes, 25 de septiembre de 2018

Bandeja con cabeza de toro



Retomo el mini serial dedicado a Seijun Suzuki, disculpándome por la tardanza, ya que diversos avatares me han impedido ejercer mi habitual regularidad. De hecho, ni siquiera voy a seguir el orden cronológico de las tres películas, sino que me iré directamente a la última, YUMEJI, que narraba (es un decir) la vida, arte y pasión del pintor y poeta Takehisa Yumeji, que fue un precursor del malditismo en Japón y que se pasó casi toda su vida entre alcohol, drogas y geishas, a las que pintaba para poder pagarles sus servicios. Es necesario recordar el poco apego a la linealidad narrativa de Suzuki, siempre más preocupado por epatar desde la impresión subjetiva que de resultar inteligible, por lo que YUMEJI termina siendo una orgía desordenada y vitalista sobre un hombre asustado, incapaz de vivir entre iguales, y que arrastraba una especie de maldición que le obligaba a no poder echar raíces en ninguna parte. Suzuki lo filma todo con fiereza y amplitud, sin dejarse un solo detalle, aunque conminando al espectador a mantener su atención en constante alerta si quiere disfrutar plenamente de esta joya, que tenía como grandes baluartes la exquisita fotografía de Junichi Fujisawa y, sobre todo, la impresionante partitura de Shigeru Umebayashi, que más tarde utilizaría Wong Kar-wai en uno de sus films más conocidos.
Imperdible.
Saludos.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Los huesos rojos



Cuando se tiene talento es mejor no tratar de demostrarlo. Desconozco si alguien más inteligente que yo hizo esta afirmación en algún momento, así que me la apropio por si acaso. Pero me sirva perfectamente para el pequeño homenaje que en los próximos tres días haremos al genial Seijun Suzuki, fallecido el año pasado y del que muy pocos parecen acordarse, quizá por el carácter inclasificable e insobornable de su cine, al que tengo un especial cariño y admiración, por lo que no me explico cómo no había aparecido ni una sola película suya por aquí. De momento, me atrevo con la tremebunda trilogía Taisho, un descomunal fresco rodado entre 1980 y 1991, y al que es difícil atribuirle un género en concreto, dado el carácter libérrimo de Suzuki, altamente propenso a hacer las cosas de la manera más exactamente inversa a como cualquiera podría suponer que haría. Despedido y casi desterrado de los grandes estudios japoneses, Suzuki fue saltando por productoras más pequeñas, con menos restricciones y donde le permitían toda clase de experimentaciones. TSIGOINERUWAIZEN es la primera de ellas, partiendo de una novela del escritor Hyakken Uchida, "El disco de Sarasate", en el que un disco que contiene una grabación original del gran violinista navarro alberga una misteriosa voz que obsesiona a un profesor de alemán. A partir de ahí, intentar hilar un conducto que no sea el del subconsciente íntimo puede resultar una gran decepción, pues Suzuki se interna en una especie de laberinto estructural de alegorías y metáforas. El profesor viaja a una pequeña población costera para visitar a un amigo, que es una especie de protopunk desarraigado y salvaje, y cuya afición consiste en matar gente para extraerles los huesos... para ver de qué color son... Me niego a seguir narrando lo que sólo puede ser explicado en la experiencia propia, pero me atrevo a decirles que corren el riesgo de perder pie y equilibrio, de ver sus teorías y convicciones cinéfilas socavadas y hasta violadas. Sólo por eso merece la pena ver este increíble film, que por lo visto fue de cabecera para Quentin Tarantino, aunque yo veo a un director mucho más cercano a Suzuki, que no es otro que el francés Bruno Dumont, especialmente en sus últimos films.
No se la pierdan.
Saludos.

domingo, 16 de septiembre de 2018

Rincón del freak #324: Las habitaciones del pánico



THE HOUSE THAT DRIPPED BLOOD fue una de las muchas producciones de terror que en los años setenta encadenaba varios episodios con un hilo conductor. En este caso, la excusa es una desvencijada casa que se encuentra constantemente en venta a causa de que sus inquilinos siempre desaparecen en misteriosas condiciones. Como digo, el artesano Peter Duffell realiza cuatro episodios independientes en el interior de la casa; el primero narra la obsesión de un escritor con el personaje principal de la novela que está escribiendo, un estrangulador al que cree ver en cada rincón, ante la incredulidad de su esposa. El segundo, protagonizado por Peter Cushing, abunda en el tema de los museos de cera, donde el solitario protagonista cree ver una recreación de la única mujer a la que amó, aunque puede que realmente no se trate de un simple muñeco de cera... El tercero tiene al gran Christopher Lee como protagonista, y quizá es el más interesante, con Lee haciendo de severísimo padre que mantiene a su hija prácticamente encerrada en la casa, pero con unas poderosas razones que su recién contratada institutriz ni siquiera puede sospechar. Por último, el episodio más divertido, en el que un estrafalario actor de films de horror adquiere una capa por un precio ridículo, sin saber que perteneció a un vampiro real y que al ponérsela está condenado a ser uno, aunque no es nada fácil ser un vampiro, claro...
Tiene su gracia, además de un montón de oficio entre sus intérpretes, así que puede verse sin demasiados remilgos.
Saludos.

sábado, 15 de septiembre de 2018

Vidas privadas #5



Y Alexander Korda lo volvió a hacer, porque sólo un año después de su visión acerca de Enrique VIII rodó THE PRIVATE LIFE OF DON JUAN. Y nuevamente se revela Korda como un director, aun plenamente integrado en el stablishment, con un sentido de la modernidad que sólo podría apreciarse muchas décadas después. Korda, con sus guionistas habituales, Lajos Biró y Fred Lonsdale, apuntó directamente a la obra de Henry Bataille "L'homme à la rose" para voltear el mito ideado por Zorrilla y enfrentar a tan ufano personaje consigo mismo. Y qué mejor actor para encarnar a este ajado, desencantado, y maduro Don Juan que la gran estrella del cine mudo Douglas Fairbanks, con más de cincuenta años y en el que sería su último trabajo en el cine. Uno podría pensar en un Fairbanks perdidísimo, sobrepasado por un cine sonoro que ya había finiquitado definitivamente al mudo e intentando ser lo más digno posible rodeado de estrellas emergentes como Merle Oberon. Nos equivocaríamos, porque Fairbanks demuestra que es un más que digno actor, capaz de interiorizar toda la sorna del personaje y reírse de sí mismo, como este Don Juan en crisis existencial que finge su propia muerte para descansar de su ajetreada vida y sus muchas deudas, pero tan sólo para comprobar a su vuelta que ya nadie le cree más que como un burdo impostor, lo que queda perfectamente resumido en la excepcional escena final en el teatro, donde Don Juan queda ridiculizado delante de todas sus amantes, y donde no le quedará más remedio que reconocer que su único destino es la monogamia al lado de la única mujer que lo ama, porque es la única que no lo idealiza.
Una película que de no estar hecha en 1934 sería paradigma de la posmodernidad más autoconsciente, y a la que sólo le lastra su marcado carácter teatral y el descompensado elenco, aunque la actuación de Fairbanks, al menos para quien escribe esto, es antológica.
Saludos.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Vidas privadas #4



Hoy traigo una curiosidad, un film prácticamente olvidado hoy día, pero que en su momento tuvo cierta repercusión, quizá por estar nominado al oscar a mejor película de habla no inglesa en 1982, que era un año en el que las relaciones entre la Unión Soviética y Estados Unidos no pasaban por su mejor momento, o quizá porque el ganador fue Garci... No sé, pero CHASTNAYA ZHIZN (VIDA PRIVADA) fue la última película dirigida por Yuli Raizman, que llevaba casi dos décadas retirado de la dirección y logró su obra más personal ya con 79 años, desmarcándose de su habitual tendencia al panfleto y realizando un valiente retrato social, el de un hombre que es despedido de la fábrica donde lleva toda la vida trabajando pocos años antes de su jubilación. El guion, escrito por el propio Raizman, sigue su deriva y sus sueños truncados, las dificultades para encajar en una sociedad que ya empezaba a cambiar a marchas forzadas y su crisis matrimonial, agudizada por la aparición de una joven viuda en su vida. Una película que aquel año fue considerada la mejor de su país y que quizá haya quedado algo anticuada en su ingenuo tratamiento de un régimen comunista en los albores de la Perestroika, pero al que aún le costaba convencerse de su aperturismo, exactamente igual al personaje espléndidamente interpretado por el veterano Mikhail Ulyanov, con mucho lo mejor del film.
Saludos.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Clément de pleno #3



LA BATAILLE DU RAIL, también de 1946, consagra a René Clément como un narrador prodigioso, con un sentido del ritmo y del montaje en paralelo que me atrevo a decir que no tenía parangón ni precedente en el cine francés. La historia de un grupo de ferroviarios que resiste con todo a su alcance a la invasión alemana sirve a Clément para realizar una insólita incursión nada menos que en el neorrealismo, además de poner en imágenes el intenso guion que coescribió junto a Colette Audry. Con todo lujo de detalles, asistimos a las reuniones clandestinas de los ferroviarios, y cómo una y otra vez son capaces de sabotear el avance alemán en tren, aun poniendo en riesgo sus vidas. Clément lo filma con una veracidad asombrosa, poniendo en pie en apenas 80 minutos una historia que trasciende el relato bélico y consigue centrarse en las pequeñas historias personales de estos héroes involuntarios, que ponían todo su conocimiento e ingenio en una lucha desesperada por la libertad. Logró el premio del jurado en Cannes, además del de mejor director, y le descubrió al cine europeo que también se podía hacer cine más allá de la comedia o el melodrama y llegar al gran público.
Maravillosa.
Saludos.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Vidas privadas #3



THE PRIVATE LIFE OF SHERLOCK HOLMES fue uno de los últimos títulos dirigidos por Billy Wilder y uno de sus proyectos más personales y controvertidos. Era 1970, y a esas alturas Wilder podía hacer ya lo que le diese la gana, pero el film tuvo una, por decirlo suavemente, tibia acogida. Fue un fracaso en taquilla y los críticos, por una vez, dieron la espalda al autor de EL APARTAMENTO. Han tenido que pasar varias décadas para que se empezara a apreciar el notable juego de apariencias que es su guion, centrado en iluminar los aspectos menos tratados del detective más famoso de todos los tiempos, y especialmente su discutible relación con el doctor Watson. Wilder incide en el carácter cínico y misógino de Holmes, constantemente flirtea con la posibilidad de su homosexualidad, e incluso habla sin ambages de su adicción a la cocaína "lo único que consigue salvarlo de la letal monotonía del mundo"... Pero este es un film eminentemente narrativo, y no tan oscuro como parece, sino que enreda diabólicamente cada detalle de su afilado guion, obligando al espectador a afinar su vertiente detectivesca, si no se corre el riesgo de perder el hilo, aunque es cierto que el terrible montaje al que fue sometida la cinta (Wilder no quiso intervenir) hace complicado su seguimiento. Pero aun así son muchos los puntos de interés, empezando por la estupenda interpretación de Robert Stephens (uno de los actores más flemáticos de la historia), la aparición estelar de Christopher Lee interpretando al mismísimo hermano de Holmes, la partitura de Miklos Rozsa o la cuidadísima ambientación, con un magnífico gusto por los detalles. Incluso hay un hueco al final para el monstruo del lago Ness, ahí es nada... Una delicia para recuperar en cualquier momento.
Saludos.

martes, 11 de septiembre de 2018

Vidas privadas #2



THE PRIVATE LIFE OF HENRY VIII fue un acontecimiento en 1933, el año de su estreno. Fue la primera película inglesa nominada a mejor film en los oscar, aunque el premio (merecido) se lo llevó el inmenso Charles Laughton y encumbró a Alexander Korda como una especie de réplica a los grandes estudios americanos en Europa, aparte de ser un rotundo éxito en taquilla. La figura de Enrique VIII pasa por ser, quizá, de las más conocidas y abordadas de toda la realeza británica, y Laughton interioriza tan controvertido personaje, modulándolo a su antojo, desde la ira a la ternura, desde la chanza hasta el dramatismo. Nadie ha vuelto a hacerlo como él lo hizo, aunque casi todos han copiado su método burdamente. El film en sí es difícil de ubicar en un género más allá del retrato histórico, porque contiene en iguales dosis elegancia, solemnidad, humor y una soterrada crítica hacia un sistema de valores bastante podrido desde la misma base. Todo arranca con el día de la decapitación de Ana Bolena (una bellísima aunque fugaz Merle Oberon), porque a Catalina de Aragón la despacharon con un simple cartel aclaratorio, y luego aparecen el resto de mujeres en la vida del monarca. Jane Seymour, la brevísima Ana de Cleves (una hilarante Elsa Lanchester), Katerine Howard (que habría necesitado una actriz de más enjundia que Binnie Barnes) y la última, la "mejor y también la peor"... Una película deliciosa, que pasa en un suspiro y prescinde por completo de caer en una innecesaria hagiografía, tal y como suele pasar con films similares. Si por lo que sea aún no la han visto, no sé a qué esperan, la verdad...
Saludos.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Vidas privadas #1



Esta semana, los films a comentar tendrán un hilo conductor, que como siempre puede derivar en lo subjetivo y/o caprichoso. Serán películas que, de uno u otro modo, intentaron un cierto acercamiento a la cotidianidad de personajes a los que el cine siempre ha otorgado un aura mítica. Son esas "vidas privadas", las que sabemos que todo el mindo tiene y que moriríamos por conocer. Y el primero es un film sumamente curioso, THE PRIVATE LIVES OF ELIZABETH AND ESSEX, dirigido en aquel gran año para la historia del cine que fue 1939, y que narraba los entresijos, intimidades y escandaleras de la corte británica a finales del siglo XVI, cuando el trono lo comandaba con mano de hierro la hermética Isabel I, de los Tudor, una regente tan firme en sus resoluciones de estado como insegura en sus asuntos íntimos. Y es aquí donde entra el conde de Essex, joven, intrépido y ambicioso, vencedor en las batallas contra los españoles y amante en secreto de la madura reina, que se debate entre entregarse a ese hombre, poniendo en riesgo la estabilidad del reino, o mantenerlo como un anhelo imposible. Curtiz (que aquel año filmó nada menos que cinco títulos, incluyendo la esplendorosa DODGE CITY) no lo tuvo fácil para contentar a los magnates de la Warner, que babeaban con el poder mediático de Errol Flynn, al que buscaban incesantemente papeles a su medida. No es Flynn lo mejor precisamente del film, rígido en un continuo tour de force teatral, y con la misión imposible de replicar a Bette Davis, que con apenas 30 años fue capaz de encarnar a una reina madura, avejentada y atormentada. La interpretación de Davis es antológica, y seguramente hubiera merecido el oscar aquel año... de no ser porque ya lo ganó por la maravillosa AMARGA VICTORIA, claro. Otro punto particularmente interesante es el titánico esfuerzo de Norman Reilly Raine y Aeneas MacKenzie por trasladar la obra original de Maxwell Anderson, que es una lección de fastuosidad íntima, o cómo maridar por igual placeres ocultos, intrigas de estado y honores que se superponen incluso a la misma conciencia. No es una obra maestra, y Curtiz tiene un buen puñado de ellas, pero merece la pena echarle un vistazo, aunque sólo sea por asistir a la clase magistral de interpretación de Bette Davis.
Saludos.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Rincón del freak #323: El cazador y su cabeza intoxicada



Hoy sí, remato el Domingo con una frikada de las buenas, un anticlásico de los que se cargarían a cualquier productora, excepto a una. Sí, porque la Troma también quiso hacer algo en serio, cutre pero serio, y contrató a un joven valor emergente, que venía de poner mucho ketchup en algunos títulos autóctonos. Ahora bien, no se me vayan por las ramas, porque el resultado, aunque estimable en el esfuerzo de conjugar 40.000 dólares, es incapaz de lograr un producto digno, pese a un guion bastante interesante. COMBAT SHOCK, bautismo cinematográfico del hoy conocido Buddy Giovinazzo, es un delirante cruce entre (ahí es nada) EL CAZADOR, CABEZA BORRADORA y EL VENGADOR TÓXICO... ¡A cholón!... Comienza con un hipercutre intento de que nos creamos que estamos en la guerra de Corea, a base de poner imágenes documentales e intercalarlas con un tipo (¡uno solo!) corriendo por un bosque, seguramente a las afueras de Kentucky. Este tipo, interpretado por el hermano del director, Ricky, despierta en una miserable chabola algunos años después, donde malvive con su esposa y un bebé deforme (aquí entra Lynch), arrastrando un trauma por los horrores de la guerra (¿Cimino?) y desesperado por encontrar algo con lo que subsistir. El film, ya digo, tiene loables intenciones, y Giovinazzo hace todo lo que está en su mano por controlar lo que el dúo Herz/Kaufman seguramente le pedirían: amputaciones sin sentido, humor bestiajo y mucha salsa de tomate. Se salva, ya digo, por el durísimo guion (tendríamos que prescindir de las imágenes, claro), especialmente acentuado en su delirante desenlace, que es bastante desagradable, les aviso. Yo apenas la recomendaría por pura curiosidad, porque si no la ven tampoco se pierden nada.
Saludos.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Ladridos de emoción



No soy un entusiasta del cine de Wes Anderson, tampoco un detractor, pero en ese término medio me declaro enamorado de sus films animados. Probablemente sea que identifico más su sequedad formal, a medio camino entre Bresson y Bergman, con el destierro de la forma humana; le sientan mejor esas marionetas hieráticas, tan asombradas como asombrosas, al menos para punzar con intención los diálogos, que digan lo que quieren decir, ni más ni menos. En este sentido, ISLE OF DOGS es una absoluta maravilla, y su complejo discurso le queda como un guante, a mitad de camino de la denuncia apocalíptica, la comedia sentimental y la militancia más combativa y porculera. El argumento nos lleva a una sociedad deshumanizada, en la que los perros son desterrados a una isla-estercolero cuando es detectada una plaga de enfermedades y los canes son culpados de extender dicha plaga. Lo que Anderson propone es la interacción con estos perros desde su punto de vista, porque son los primeros que no entienden lo que les está sucediendo y buscan una explicación a su abandono por los humanos, a los que siempre han amado incondicionalmente. Una película que toca en nervio, a la que no le sobra ni le falta una línea de diálogo y que, encima, ofrece un despliegue técnico absolutamente delicioso, aún más deslumbrante que aquel FANTÁSTICO SEÑOR FOX, a la que corrige y aumenta. En mi opinión, la mejor película de su autor.
Saludos.

viernes, 7 de septiembre de 2018

Un buen susto



SCARE CAMPAIGN es una modesta peliculita, estrenada hace un par de años, que abundaba en uno de los temas más recurrentes del cine de terror de los últimos tiempos: la confusión entre realidad y ficción, para desorientar a un espectador cada vez más avisado. Si partiésemos de la estupenda LA CABAÑA EN EL BOSQUE, la lista de títulos similares es interminable, aunque se pueda salvar a muy pocos, es cierto; y quizá esto provenga de la dificultad de hacer creíble lo que no está dentro del organismo de la película, sino que es "representación dentro de la representación". Shakespeare lo explicó muy bien hace mucho tiempo, y ahora nos ha dado el emperre de volver a ello, probablemente por una crisis de ideas originales galopante, sin más. Esta es una película pequeña en todos los sentidos, agradecida por concentrarse en apenas 75 minutos e incluir el humor como vía de escape; porque si bien es un film de terror, su premisa invita a la reflexión y a la sonrisa sorprendida. Se trata de un equipo de televisión responsable de un programa en el que se coloca a una persona, sin saberlo, en una situación terrorífica, como si estuviera dentro de una película, solo que con unos efectos especiales a lo bestia, que lo hacen absolutamente creíble. Temiendo las bajas audiencias, la jefa decide probar un experimento arriesgado, que es contactar a unos tipos muy inquietantes a través de la deep web para un último y espectacular programa. La gracia está en que todo lo que vemos siempre son representaciones, tan retorcidas que incluso engañan a parte del equipo, solo que hay un momento en que a lo mejor lo que está sucediendo es real, y no sabemos quién lo sabe y quién no... No es que sea una obra maestra, ni mucho menos, pero sirve para desconectar un día de estrés.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!