lunes, 28 de septiembre de 2020

Pensar en voz alta


 

En 2003, Andrew Jarecki conmocionó el panorama documental norteamericano con CAPTURING THE FRIEDMANS, la aterradora crónica de una familia modélica, que guardaba algo más que cadáveres en el armario. En 2010, el director pasaba a la ficción con ALL GOOD THINGS, que se basaba en el caso real de un rico heredero, sospechoso de una serie de crímenes, a cual más extraño. El film obtuvo críticas más bien tibias, y Jarecki, obsesionado con el caso, insistió a los ejecutivos de HBO para que le diesen carta blanca en un ambicioso proyecto, un documental sobre este señor, Robert Durst, que no sólo estaba vivo, sino que había logrado eludir la pena de muerte y la cárcel tras una serie de juicios más que controvertidos. Nacía así THE JINX: THE LIFE AN DEATHS OF ROBERT DURST, una fascinante miniserie de seis capítulos que veía la luz en 2015. Compleja, retorcida, sorprendente, a Jarecki no le hace falta más que narrar la increíble epopeya vital de Durst, un tipo imposible de catalogar, y al que uno se ve incapaz de juzgar tras cada entrevista y/o relato ajeno. Huelga decir que es imprescindible desvelar lo menos posible de la trama, aun a riesgo de caer presa de la actitud de Durst, tan poco convencional que se pasa constantemente de creerle inocente a ser culpable hasta de la muerte de Manolete... Posiblemente, una de las mejores series de todos los tiempos.

Saludos.

domingo, 27 de septiembre de 2020

Rincón del freak #423: Viviendo en otro mundo


 

Desconozco si están ustedes familiarizados con el cine de los hermanos Quay (Timothy y Stephen), gemelos, huraños y con una visión del arte y de la vida, digamos que particular. Su trayectoria es larga y prolífica, remontándose a finales de los setenta, cuando empezaron a experimentar con técnicas de animación cercanas a los grandes maestros checos, y trufando su filmografía de cortometrajes de corte esxperimental y hasta una especie de work in progress (NOCHE SILENCIOSA), que abarca hasta cinco entregas. Pero puede que su película más conocida (por decir algo, francamente) y ambiciosa sea THE INSTITUTE BENJAMENTA, en la que adaptaban una difícil novela de Robert Walser. Ambientada en un fantasmagórico instituto, supuestamente dedicado a la instrucción de sirvientes, su manera de contar, tanto como lo que cuenta, suponen un fuego cruzado de referencias imposibles de soslayar. De su argumento, decir que parece un salto de Kafka (recordemos, alumno de Walser) a Lynch, pasando por el "realismo extraño" de Thomas Mann. Con una fotografía inspirada den el expresionismo alemán, una banda sonora basada en reinterpretaciones de Orff y un reparto en el que merece la pena abundar, con la gran Alice Krige, el habitual de Fassbinder, Gottfried John, y un joven Mark Rylance, antes de convertirse en fetiche de Spielberg, esta pesadilla onírica, de pesados pasos formales, es toda una experiencia, un film raro porque así está concebido. Luego está su calidad, sobre todo la técnica, que la eleva por encima de una mera excentricidad, pero es comprensible que para un público medio se trate de un título más bien inaccesible; aunque he vuelto a verla recientemente y no ha envejecido nada desde los 25 años que la contemplan. Merece la pena echarle un vistazo, aunque no es para todos los paladares.

Saludos.

sábado, 26 de septiembre de 2020

Nada se interpondrá entre nosotras


 

Hace un año, hablaba aquí sobre una pequeña película independiente, titulada ALWAYS SHINE, que era una especie de modesta revisión de PERSONA (siendo muy indulgentes), y en la que sobresalían dos aspectos por encima de su rebuscado guion, para ser obra de una joven directora casi sin experiencia: el detallado trabajo con las actrices y la interesante interactuación de éstas con un entorno que se va tornando inquietante, casi amenazante. De refilón, me encuentro con que Sophia Takal, responsable de aquélla, firmó el cuarto episodio de la T1 de INTO THE DARK. "New year, new you" parece una continuación alternativa del film referido, y, en la habitual estructura de episodio autoconclusivo, aprovecha la duración de casi 90 minutos para elaborar una primera mitad estupenda mientras guarda sus cartas, y sólo las enseña a conveniencia. En esta ocasión se trata de cuatro amigas, antiguas estudiantes y ya rozando la treintena, que van a pasar la Nochevieja en casa de una de ellas. En un tono moderadamente desenfadado, Takal deja respirar sus personajes, que veamos sus personalidades tan distintas. Una es la típica chica simpática y con sobrepeso, pero que tiene una vida sexual de lo más activa; otra descubrió tardíamente su homosexualidad, y ahora vive felizmente con otra chica. Por último, está una especie de influencer (en mi opinión inaguantable), que tiene un éxito masivo con unos videos que rozan la autoayuda imbecilista, y la anfitriona, de la que sabemos apenas que tiene una cicatriz fruto de un accidente y algunos bruscos cambios de temperamento. Al igual que ocurría con su anterior film, la directora flirtea con el secreto, guardado demasiados años, que se va convirtiendo en amenaza latente, a lo que contribuye la estupenda fotografía, constantemente apoyada en espejos de diversas fisonomías, que deforman la imagen que estas mujeres quieren proyectar hacia los demás. La lástima es que la segunda mitad desbarra hacia el terror más físico, y ya parece que estamos viendo dos cosas distintas, aunque no es de lo más desdeñable de la serie de Hulu, debo decir.

Saludos.

viernes, 25 de septiembre de 2020

AHS 9


 

La novena temporada de AMERICAN HORROR STORY (la décima se encuentra actualmente en suspenso), titulada simplemente 1984, es una especie de homenaje a los ochenta, vertebrando muchos de los iconos, liturgias y obsesiones de aquella época tan extrañamente reivindicada y/o vilipendiada, según quién y cómo la viviese, claro. En esencia, la trama discurre en torno a un campamento llamado Red Wood, lo que define bien a las claras que la referencia básica debe ser VIERNES 13 y colindantes. Sin embargo, hay 9 episodios que rellenar y prácticamente en el primero, Falchuk y Murphy han puesto todas las cartas boca arriba... o no. Todo comienza con la masacre que se produjo en 1970 en el dichoso campamento, que acabó con el temible asesino "Jingles" en una institución mental, y la única superviviente decidida a dejar atrás sus fantasmas, catorce años después, dirigiendo ella misma el campamento, al que llega un grupo de jóvenes con ganas de divertirse. Si todo hubiese quedado ahí, esta temporada podría haber quedado resultona, apoyada en una cabecera magnífica y un corolario casi inacabable de referencias y hasta personajes que existieron realmente. La duda asalta prácticamente en el tercer episodio, cuando ya no queda nadie por matar ni culpar; ahí, Murphy y Falchuk se enfundan el disfraz de escritores supuestamente ingeniosos y empiezan a darle la vuelta a todo lo que hemos visto, solo que a mí me parece que se les fue la olla y se les acabaron las ideas, fiándolo todo a una insufrible sucesión de muertes, que no parece que vayan a acabar nunca, y hablo literalmente. En definitiva, que tiene algunos momentos muy bien logrados y la premisa argumental daba para retorcer la serie, pero lamentablemente queda en un slasher multiplicado por nueve, y cuando pretende dejarnos con el culo torcido, su metanarrativa hace aguas por trillada y por pedestre.

No se pierdan a la diosa Kathy Smith en cada cabecera...

Saludos.

jueves, 24 de septiembre de 2020

De obras maestras


 

Doce años, maldita sea. Si me lo dicen hace algunos no lo hubiera creído. Doce años (y algunos meses) han tenido que pasar para que apareciera aquí una de las obras maestras más incontestables de todos los tiempos. STAGECOACH, de John Ford; o cómo contener toda la condición humana en el exiguo espacio de una diligencia, maravillosa metáfora de lo que somos en tanto que seres humanos, pero también de lo que nos gustaría ser, de lo que nunca seremos. Una película rarísima en su concepción, casi suicida; que presenta a su protagonista con un salto de eje tan mal hecho que ya es historia del cine, y que luego Ford emplea como un recurso narrativo, inventando la "imagen psicológica". Cine imperfecto, cine perfecto. Una película donde las apariencias importan más que las certezas, y en el que el arrollador guion de Dudley Nichols apoya a sus personajes en perpetuos fueras de campo, como una historia que no cesa de contarse, precisamente para comprender lo que sucede en tiempo real. Y son muchas cosas. Un médico alcohólico, cuya condición apenas le permite ayudar a los demás, y de ahí su abandono autodestructivo, aunque punteado de jocosas sentencias, como las que dedica a un apocado representante de whisky, al que todos confunden con un reverendo, y al que (evidentemente) se pega como una lapa. Dos mujeres, tan distintas que casi parecen dos caras complementarias de la feminidad; una es la angustiada esposa de un militar, al que no logra llegar para que éste vea nacer a su hija, y la joven de vida disoluta, harta de ser zarandeada y expulsada por la hipocresía de las "defensoras de la moral", a quienes representa el marido de una de ellas. Y, por si fuera poco, un jugador profesional, ambiguo en sus rendidas atenciones a la mujer embarazada, o quizá sincero, como él mismo se encarga de revelar en su última frase. Y ese protagonista desenfocado, marcado por la imposibilidad de encontrar su lugar, cautivo del sheriff al mismo tiempo que inusitado (e involuntario) líder de este heterogéneo grupo, y que también parece atisbar su última esperanza en la desesperanza de la mujer expulsada, aunque no le quede más remedio que batirse en un último duelo que podría costarle la vida. Esa diligencia, barco de almas, asediada por los indios, contenedora de toda nuestra incomprensión y crueldad, pero también de toda la esperanza y solidaridad (el bebé como metáfora de que la vida siempre se abre paso), viaje infinito que nos devuelve y nos pone en nuestro sitio, y nos recuerda que enfrente hay otro, y a la izquierda, y a la derecha quizá...

Obra maestra absoluta.

Saludos.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Got talent?


 

El director Park Hoon-jung es uno de los nombres más interesantes del cine coreano reciente. Autor de la estimable THE TIGER y de la notable NEW WORLD, hace gala de un dominio multidisciplinar que ya lo querría para sí alguno de los "habituales" del cine comercial americano. Puede que su punto más débil sea conectar al espectador a sus endiablados reveses dialécticos, lo que deriva en más de una laguna perceptiva. En este sentido, THE WITCH: PART 1. THE SUBVERSION, supone una especie de punto de partida hacia una vertiente menos adulta, aunque esto habría que matizarlo. Concebida como la primera parte de una trilogía, a mitad de camino de (ojo) SUPERMAN, MATRIX o NIKITA..., ustedes se preguntarán qué diantres significa la imagen que esto ilustra. Pues bien, a esto me refería con lo de la triple voltereta, porque gran parte de sus dos horas están dedicadas a la elaboración del personaje central, una joven de la que sólo sabemos que huyó, siendo niña, de un siniestro lugar, dando a parar a una granja, donde ha vivido una existencia normal, hasta que una amiga la anima a presentarse a un concurso de talentos y es localizada por... Sin desvelar nada más, me pesa enormemente no haber empatizado lo suficiente con esta historia, a la que se le nota mucho la descompensación entre el larguísimo preámbulo y el explosivo desenlace, donde afloran las referencias antes mencionadas, mientras que los dos primeros tercios van dirigidos a un potencial público juvenil, que asimismo tendrán que lidiar con la violencia explícita por venir. De hecho, me resultaría sorprendente ver que efectivamente se completa la trilogía, o que al menos la complete el propio Park Hoon-jung.

Saludos.

martes, 22 de septiembre de 2020

Carta al maestro


 

En 2014, Abel Ferrara, impulsado por la dificultad a la hora de financiar proyectos, decidió marcharse a Italia para materializar una idea a la que llevaba varias décadas dándole vueltas. PASOLINI es, como casi todo el cine del neoyorquino, profundamente personal, respetuoso a su manera con la figura del maestro, pero buscando siempre la distancia necesaria para no caer en falsos manierismos. Y Ferrara cae, pero siempre son los suyos, y por eso su cine es reconocible, incluso en lo complicado que suele ponerlo a la hora de transcribirlo. Comenzando por la elección de Willem Dafoe, sabemos que no estamos ante un biopic al uso, sino ante los hechos tal y como Ferrara sabe, cree saber o imagina que fueron, empezando por la escasa duración (80 minutos) y la cantidad de cosas que quiere insertar, algunas más afortunadas que otras. La grave elipsis que enlaza el principio con el final habría dado para un corto impresionante, con un Pasolini intentando defender su postura artística y filosófica ante un mundo y una sociedad que le admiran sin comprenderlo; ello desemboca, cómo no, en los terribles sucesos acaecidos en la playa de Ostia, filmado con su habitual sequedad por Ferrara. Por el camino quedan decisiones no del todo justificables, como la aparición de Ninetto Davoli, la orgía entre gays y lesbianas o un par de historias contadas por otros personajes, y que acaban por disolver gran parte de la fuerza potencial de una película, no obstante, que se nota que simple y llanamente debía ser hecha por su director. Su carta de amor, o de despedida.

Saludos.

lunes, 21 de septiembre de 2020

Interior, exterior


 

SPUTNIK es una producción rusa de ciencia ficción y terror, que va desaprovechando progresivamente sus aciertos, casi todos contenidos en un arranque francamente interesante. En los estertores del régimen soviético, dos cosmonautas esperan las señales para volver a la tierra, pero un fallo les deja a merced de un aterrizaje de emergencia; sin embargo, la causa no es casual, sino que parece provocada por "algo" que han vislumbrado fuera. En la línea de ALIEN, sus coincidencias quedan en el "pasajero" que alberga uno de los cosmonautas, lo que no se oculta en ningún momento, aunque la inteligente claustrofobia de aquélla desaparece aquí, donde parece importar más la exhibición del bicho en cuestión (que tampoco es nada del otro jueves), mientras la premisa argumental que lo sustenta (la investigación secreta de una joven bióloga) se torna repetitiva y poco estimulante. No ofrece absolutamente nada que no hayamos visto ya, y apenas sería recomendable para antropófagos del género.

Saludos.

domingo, 20 de septiembre de 2020

Rincón del freak #422: Atún y algas


 

Vista hoy, HUMANOIDS FROM THE DEEP se tolera con una mezcla de indulgencia y tierno escepticismo, e incluso se comprende por qué poner monstruos de pacotilla en una película que empieza como un soportable drama local, con algunos apuntes de odio racial y denuncia medioambiental. Sí, la película parece otra, con Doug McClure y Vic Morrow intentando sostener algunas escenas de cierta intensiad dramática. La cosa es ¿quién podría resistirse a desnudar jovencitas, cubrirlas de sangre y hacerlas correr mientras son perseguidas por unos bichos que parecen algas mutantes? Puede que la respuesta esté en el extraño binomio de realizadores, la activista de cine proto-lésbico Barbara Peeters y el animador Jimmy T. Murakami. Entiendo que la productora, en un arrebato de lucidez, pensó que una mostrara pechos turgentes y el otro se hiciera cargo de los bichos y la sangre. Sin llegar a ser un desastre absoluto, es una película capaz de provocar muchas risas involuntarias, y que vista cuarenta años después deja una pregunta interesante en el aire: ¿Cuándo se volvió el cie americano tan circunspecto?...

Saludos.

sábado, 19 de septiembre de 2020

Y todo cae


 

"Pooka!" es el primer punto fuerte de esta primera temporada de INTO THE DARK. Impregnada del particular y retorcido sentido del humor de Nacho Vigalondo, su historia mantiene las mismas constantes de COLOSSAL, insertando la extrañeza en una realidad que se va tornando absurda, el tiempo suficiente para que la explicación llegue sin avisar. Partiendo de su protagonista, un mediocre aspirante a actor que se presenta a una extraña audición, Vigalondo va haciendo avanzar el relato a medida que vamos conociendo a este hombre, obligado a aceptar enfundarse el traje promocional de un juguete que promete ser la gran sensación de las navidades. El "Pooka" del título es un inquietante peluche, cuya gran novedad consiste en la imprevisibilidad con la que reproduce cualquier frase que se le dice, pudiendo mostrarse alegre o terriblemente enfadado. Inexplicablemente, la vida del actor parece marchar de maravilla, empieza a ganar dinero y hasta conoce a una mujer, separada y con un hijo, con la que quiere montar su propia familia. Sin embargo, algo falla, algo que no logra explicarse, y que tiene que ver con ese estrafalario traje; cada vez le es más difícil vivir fuera de él, fuera del Pooka, y su realidad se transforma, llegando al punto de no saber si lo que está viendo es lo que ve él o el personaje. Y en esta "realidad alterada", Vigalondo transita de lo surreal a lo patético, humanizando lo artificial y viceversa, siempre con esa visión desencantada pero finalmente compasiva que su cine posee. Una historia no tanto de terror, y sí sobre lo difícil que resulta a veces zambullirnos en una realidad que sólo se soporta abrazando sus alternativas, por extrañas que puedan ser.

Saludos.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Mientras nos escribimos a nosotros mismos


 

Nunca he conectado adecuadamente con el cine de Armando Iannucci, y sé que es un serio problema de incompatibilidades, de cortocircuitos perceptivos, probablemente por mi parte. La cosa es otra. La cosa es que la escritura, el genio de Charles Dickens es tan grande, tan universal, que resulta insoslayable, incluso para un director tan escurridizo como el escocés. THE PERSONAL HISTORY OF DAVID COPPERFIELD pasa por no ser una adaptación más, sino una nueva relectura de los temas capitales del escritor británico. Y siempre pasa lo mismo. Pasa que Dickens y su circunstancia se conectan de inmediato con la contemporaneidad que los acoge en cada momento determinado. Igual da que se le haga ver informal, severo, denso o ligero, porque Dickens sabía, siempre supo, prque sólo escribió sobre lo que le tocó vivir, y su genio lo lanzaba hacia cualquier época, futura o pretérita. Así, debo decir que me ha gustado esta película, en principio un difícil reto, pues "David Copperfield" es el continente perfecto de las obsesiones, denuncias y remedios dickensianos; una "historia sin historia", si se quiere, siendo su tema central la verdadera medida del ser humano. En su gloriosa prosa, los hombres somos tanto alimañas sin escrúpulos, como al párrafo siguiente integrantes de una hermandad piadosa que hará prevalecer la justicia ante la avaricia sin mesura. Copperfield (maravilloso, Dev Patel), más que un protagonista, es ese metanarrador imposible, dentro y fuera de la propia historia contada, que no es otra que su propia vida. Que lo sepa o no está en manos del extenso desfile de secundarios, para él tan protagonistas, cómo no. En definitiva, una grata sorpresa, tan recomendable para expertos como para profanos, y que da una nueva vuelta de tuerca a esta obra inmortal. Además, dos apuntes, la exquisita fotografía de Zac Nicholson y la extraordinaria banda sonora de Christopher Willis... ¿Se nota que me ha gustado?...

Saludos.

jueves, 17 de septiembre de 2020

Hombre o máquina


 

Ahra somos todos muy listos, muy "informados". A menudo se nos ocurre que hemos alcanzado algún tipo de habilidad especial que nos hace superiores a cualquier generación anterior, y no podemos estar más equivocados. No tengo ninguna duda de que ALPHAVILLE es una de las obras maestras de Godard, y, por extensión, del siglo XX, pero hay más ¿Qué vemos exactamente en esas imágenes aparentemente frías, apáticas, casi sin ritmo? En mi opinión, la sublimación del género, el asesinato del género, o el género por el género refundado como sopa caótica, tan sólo para rozar algún tipo de verdad que nos quite las ganas de ver más cine negro, ciencia ficción, melodrama romántico... Porque todo cabe donde el vaciado es continuo, pero aún más cuando asistimos asombrados a todo lo que Godard fue capaz de vaticinar ¿O no está aquí contenido todo lo mollar de BLADE RUNNER (la novela de K. Dick, es de tres años después)? Y de hecho ¿no es su estética un desabrido y sintetizado cenáculo, capaz de llegar hasta la parodia de lo pulp? Lemmy Caution ya existía desde principios de los cincuenta ("un Bond antes de Bond"), pero su figura ingresa en un lugar nunca visto, el del héroe a punto de llegar a la revelación final: que no existe en la realidad. Alphaville es la ciudad perdida en alguna galaxia (y no es más que París de noche), Alpha 60 la mente artificial creada para dominar las mentes de sus habitantes; Caution es el tipo que no pregunta ni se lía con mujeres, porque prefiere disparar si no le gustan las respuestas. Allí donde (en una genial analogía) fracasaron Dick Tracy y Flash Gordon, ha de imponerse un hombre genuinamente cascado por el whisky y el tabaco, pero con todas las preguntas por hacer a un sistema tan terrible que cree tener la razón absoluta.

Impresionante. Una de las experiencias más excitantes que puede ofrecer una pantalla.

Saludos.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Cuidado con los yayos


 

THE OWNERS es una película muy mal dirigida. Pésimamente dirigida, añado, por el debutante Julius Berg, del que sólo se conocían capítulos en series diversas. Y eso que comienza bien, con un aire british y gamberro, casi mirando de reojo a Ben Wheatley, con lo justo de excentricidad e interpretaciones entusiastas, entre ellas la de la "tronista" Maisie Williams. El argumento, trilladito, representa una nueva home invasion, esta vez por parte de tres tipos algo chapuceros a la lujosa casa de campo de un anciano matrimonio; parece pan comido: esperar a que se vayan, entrar, localizar la caja de caudales y hacerse con la fortuna que creen que contiene. Pero todo se tuerce desde el principio. La caja no es electrónica, y el tipo que iba a abrirla no sabe hacerlo con una analógica; la novia de otro lo intenta convencer de que deje el asunto y se vaya con ella; mientras tanto, deciden esperar a los dueños e intimidarlos para que les den la contraseña, pero esto no le gusta al tercero en discordia, hijo de la señora de la limpieza. La gracia, cómo no, debería estar en qué diablos va a pasar a partir de ahí, pero sucede lo contrario, y las incongruencias se adueñan de una historia siempre al borde del exceso gratuito, y que acaba pareciendo una película completamente distinta a lo prometido. No es que sea una bazofia, pero no va a pasar a la historia.

Saludos.

martes, 15 de septiembre de 2020

Saturno


 

GIGANTES podría haber sido muy grande, gigante si se quiere. La serie ideada por Manuel Gancedo, y en buena medida responsabilidad de Enrique Urbizu, apuntó muy alto en un episodio piloto simplemente antológico, de lo mejor de la historia de la televisión española, aunque sea de pago. Un espejismo a medias. En ese primer episodio (y puede que en algo del segundo), Urbizu vuelve a aliarse con José Coronado, para apuntalar la piedra angular de esta odisea de muerte, poder y familia, sinque ninguno de estos tres elementos pueda despegarse de los otros dos. La historia de los Guerrero, payos que ejercían sobre los gitanos, que encubrían sus "asuntos" bajo un anodino negocio de antigüedades; la historia de Abraham, un lobo, implacable, resumdo en una escena en la que husmea el aire de su barrio solitario, porque siempre se ve amenazado. Y la historia de sus tres hijos, Daniel, Tomás y Clemente, obligados a continuar el negocio, aunque los no pueden ser más diferentes; y en esas diferencias, los Guerrero se separan y unen, se ayudan y despedazan, como animales, bajo la atenta mirada lupina de Abraham, que es Saturno, y que sólo conoce una forma de hacer las cosas. La lástima es que GIGANTES duró una temporada más, y la segunda es otra cosa, inferior, en absoluto horrible, pero que conserva poco de la críptica y brutal mitología que Urbizu pone siempre por encima de las tentaciones del género. Aun así, incluso pareciendo dos cosas distintas, la serie de Movistar+ debería significar un punto de partida, o una cierta tendencia. A los que tanto desconfiamos de las series, por supuesto, siempre nos quedará ese gigante llamado Enrique Urbizu...

Saludos.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Trascender desde la ligereza


 

Más allá de ser un placer culpable, VAMPS, que supuso el regreso de Amy Heckerling al largo en 2012, es un compendio, constatación y homenaje (quizá "auto", ¿pero quién podría resistirse?) a un tipo de cine, devenido en ideario sentimental, que ya tiene imposible regresar. Efectivamente, la comedia adolescente ya no es lo que era, y qué mejor para matarla y enterrarla que una comedia adolescente sin adolescentes ¿Que cómo se hace eso? Fácil: obviando la edad. Para ello, Heckerling ideó a un par de adorables vampiras, que desde el desternillante arranque dejan muy claro que ni son abominables, ni lánguidas, sólo un par de chicas que "viven" de noche y que intentan mantener un estatus de diversión yendo a locales de moda, mientras sostienen el solemne juramento de no alimentarse de humanos, con algunos batiditos de rata como aperitivo. Es una buena película porque es capaz de trascender su propia condición de género, y afrontar desde ahí una emocionante reflexión sobre el paso del tiempo y lo jodido que es no quedar sepultado por un tiempo que definitivamente no es el tuyo. Ellas son una chispeante Krysten Ritter, en el papel de una chica que es vampira desde los 80, con el corolario de autoguiños que Heckerling extrae de ello, el más importante el papel de una Alicia Silverstone que deja atrás su sambenito de eterna Lolita y parece directamente salida de un film de Woody Allen, ya que está no-muerta desde el siglo XIX. Y debo decirlo, porque no entiendo que este film pasara tan desapercibido, sobre todo viniendo de un nombre tan comercial como el de su directora; aunque, bien mirado, puede que la industria no permita, según a quién, reinventarse sin traicionar su propios principios éticos y estéticos. 

No, no es ninguna obra maestra, pero consigue algo muy difícil, que echemos de menos lo que antes aborrecíamos...

Saludos.

domingo, 13 de septiembre de 2020

Rincón del freak #421: Hay gente tan imbécil, que su imbecilidad les impide saber que son imbéciles


 

¿Existe el cine cuñado? ¿o cuñadista? Ustedes me entienden. Yo soy cuñado y asimismo tengo un cuñado, y ahí queda la cosa, de momento. Ahora imaginen. Imaginen que son dos estudiantes de cine, con barrillos, camisas de cuadros y una infancia en salones de 100 metros cuadrados. De repente, deciden hacer la película de terror definitiva, con dos cojones, pero como no hay una sola idea realmente original en esas cabecitas deudoras de Starbucks o Apple, se deciden a ir por el camino nietzscheano. Esto es: filosofía a martillazos. El cartel de arriba es suficiente para que yo les diga que ni se les ocurra ver ANTRUM (subtítulo cuñado: THE DEADLIEST FILM EVER MADE), pero no por sus supuestas dotes de maledicencia integrada, según la cual si ustedes la ven se pueden morir. No. Yo les digo que no la vean porque es una mierda pinchada en un palo, tan gilipollescamente hecha que se equivocan hasta en la fecha del supuesto metraje encontrado, que no es otra cosa que un filtro de Bolex, peinados Newton-John y chaquetones del mercadillo. Una bazofia, como diría mi hermano maño, del tamaño de Hungría; y nunca mejor dicho, porque también nos meten con calzador nosequé de un festival en Budapest, y que la gente... no sé, me importa un carajo... No la vean...

Saludos.

sábado, 12 de septiembre de 2020

Miedo a salir de casa


 

El segundo episodio de INTO THE DARK baja sensiblemente el listón, y augura una cierta complacencia en una serie que sólo rara vez es capaz de empujar sus propios límites. "Flesh & blood" es un batiburrillo de ideas que ya se han hecho antes, y mejor; una especie de juego del gato y el ratón, que sólo mantiene algo de interés durante su primera media hora (ojo, porque son 90 minutos), el tiempo en el que su endeble guion no muestra las cartas. Apoyado en las desganadas actuaciones de Dermot Mulroney y la joven Diana Silvers, el veterano Patrick Lussier (director de saldo en títulos sonrojantes) empieza por mostrar la agorafobia que sufre una joven tras el traumático asesinato de su madre, continúa con la difícil relación con el padre, incapaz de llevar toda la carga familiar, y remata con un giro de guion no ya descabellado, sino directamente anticlimático, pues es mostrado tan pronto (o el episodio es tan largo) que da un poco de pena la falta de sutileza  para convencernos de que "lo que estamos viendo a lo mejor no es lo que creemos"... En fin, una lástima, porque en otras manos más hábiles podría haber sido un buen ejemplo de terror psicológico.

Saludos.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Pequeñas preguntas, grandes respuestas


 

Más que una película, un regalo; LA DANZA DE LA REALIDAD, de 2013, es la película en la que más diáfanamente se glosa el inabarcable ideario de Alejandro Jodorowsky, partiendo de su infancia en Tocopilla, y desembocando en una compleja pero lúcida carta de amor/odio hacia su padre, verdadero protagonista del film y curiosamente interpretado por Brontis Jodorowsky, su propio hijo. Que Jodorowsky pasa por ser uno de los creadores más originales de todos los tiempos, es algo que deberíamos tener asumido desde siempre, y que el polifacético artista chileno se ha encargado de atestiguar en cada trabajo suyo. Obras con vocación de intemporales, fuera de los convencionalismos pero con un discurso bien arraigado, sobre todo, en la memoria sentimental. Así, puede que sea éste su trabajo más honesto, con un pie claramente puesto en el AMARCORD felliniano, y otro en la aguda sátira buñueliana, aunque siempre haciéndose preguntas, sin dar nada por sentado. Este es un film marcadamente autobiográfico, pero siempre a punto de mutar en otra cosa, en otro relato diferente. Y no se ahoguen en convencionalismos, no los encontrarán aquí, y sí a una soprano interpretando a la madre, comprensiva y voluptuosa, curando al severo padre (un comunista, estalinista y ateo) lluvia dorada mediante. En su primera parte, el pequeño Alejandro es el protagonista, sus escarceos con tantas y tan diferentes maneras de entender el mundo, su curiosidad infinita. En la segunda, el padre se adueña del relato, desde que huye de Tocopilla, repudiado por los incipientes nacionalistas, y experimentando un curioso proceso de transformación, que acaba por unir a padre e hijo prácticamente en una conciencia única y que sólo cobra sentido en tanto que transmisión.

Podría seguir desgranando tantas cuestiones de este film tan hermoso como brutal, tan lúcido como críptico, pero prefiero que sean ustedes quienes lleguen hasta él, si es posible con su percepción libre de prejuicios y ataduras morales.

Saludos.

jueves, 10 de septiembre de 2020

Bocetos del fin del mundo


 

En 1972, David Cronenberg realizó un escueto cortometraje, de poco más de 20 minutos, para la televisión canadiense. Se trataba de un encargo para una especie de serie, con el nexo de la ciencia ficción en común. Cronenberg, escapando de cualquier tentación funcionarial, se basó en un guion de Norman Snider para elaborar un duro y pesimista retablo de inquidades, con una red de prácticas gubernamentales que, de ser ciertas, provocarían un cataclismo. Con un presupuesto mínimo, actores desconocidos, y rodando en laboratorios y fábricas, PROGRAMME X: SECRET WEAPONS podría pasar por cualquier nadería de las que hoy hace Netflix, pero más barata y más terrorífica. El argumento nos sitúa ante una serie de experimentos para crear al soldado perfecto, un autómata de carne, sin pensamientos propios y obediencia absoluta; una máquina de matar con un solo defecto: el copyright. No veremos aquí mamporros ni coches volcando, y sí una serie de diálogos en los que se dilucida la brecha social en ese futuro que describe Cronenberg, no tan lejana de lo que hoy ocurre, sin ir más lejos con las veleidades que se empiezan a atisbar en torno a cierta vacuna. Es como un sketch de lo que luego iría corrigiendo y aumentando el director canadiense. Una curiosidad de las que merecen la pena.

Saludos.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

El impacto



Iya no ha conocido más que miedo y miseria. Desde sus casi dos metros de altura, parece verlo todo, pero no ve nada. Iya queda aturdida a menudo, fruto de una conmoción sufrida mientras todo Leningrado era bombardeado en el peor asedio de la historia. Vive en un gueto, lavando ropa, y cuida del pequeño de su mejor amiga, Macha, que trabaja en el hospital militar. Un día, Iya regresa, pero lo hace sola, y ni siquiera sabe muy bien qué ha pasado, ni siquiera si es culpable de la muerte del niño.
En su segundo largo, Kantemir Balagov corrige y aumenta las expectativas de su debut, ofreciendo una obra áspera, incómoda, asfixiada en una mezcla imposible de colores ocres y chillones, como si vivir o morir fuese apenas una cuestión de tonos. DYLDA no es fácil, ni de ver, ni de entenderse, ni de ubicar dentro de un género reconocible; y a ratos parece danzar la locura de Aleksei German, enfundarse el zumbido fantasmagórico de Sokurov, o hasta indagar en los zarpazos de Lars von Trier, cuando se ponía serio. Afortunadamente, la voz de Balagov es rotunda, enunciativa en el laberinto emocional de estas dos mujeres, aplastadas por lo que la guerra ha dejado, que es una atmósfera irrespirable de rencor y desconfianza. Por momentos, mientras se tienen la una a la otra, hay como un simulacro de esperanza; después, reparan en que esas esperanzas no pueden despegarse de una tragedia que insiste en perseguirlas.
No es perfecta, ni lo pretende. Y así debe ser.
Saludos.

martes, 8 de septiembre de 2020

Viejos conocidos



El proceso de banalización del cine reciente es capaz de superarse a sí mismo de manera constante. Echar una tarde en el catálogo de Netflix lo atestigua; una superposición interminable de títulos que, sin que se sepa muy bien por qué, no desentonan en la presentación, pero luego tardan poco en revelar su verdadera identidad. Algo así es THE OLD GUARD, que parte de una premisa interesante para terminar siendo una parte infinitesimal de "lo mismo de siempre". Una especie de LOS INMORTALES con menos gracia y muchas más tonterías, que se soporta por los mamporros, porque la disertación cuñadista acerca de la inmortalidad es de primero de primaria, y con suerte. Y sin embargo, la película, libre de prejuicios, es entretenida y cumple su cometido de film de acción a ras de suelo, con menos efectos especiales de los que cabría esperar y algunos detallitos, casi todos provenientes de la novela gráfica de Greg Rucka, del que tampoco se entiende tanta traición a su propio guion original. En definitiva, dos horas muy irregulares, con multitud de coreografías, mamporros y luxaciones, pero incapaz de hilar una línea argumental atrevida, que levante a la gente de su asiento. Si no se piensa más allá, entretiene; si se está atento, dos detalles terribles: la disertación homoerótica (me vino a la mente Luis Antonio de Villena) y ver a Andrómaca vestida de guerrera, hace mil y pico de años, hablando inglés... sin que el inglés existiera...
Ustedes sabrán.
Saludos.

lunes, 7 de septiembre de 2020

Los moradores del castillo



Independientemente de la valía cinematográfica de SHIRLEY, acercamiento más o menos veraz a la figura de la escritora Shirley Jackson, merecería la pena tan sólo como preámbulo a la interesantísima obra de la autora californiana. Son dos cosas distintas, empero. Es encomiable el esfuerzo de Josephine Decker por emparentar la vida y obra de Jackson, pero esto no es sólo poco probable, sino que disocia la intención del resultado final. Casi todo lo que interesa aquí proviene de dos grandes interpretaciones, la de Elizabeth Moss y (sobre todo) Michael Stuhlbarg; mientras que su contrapartida se diluye en la intrascendencia (Odessa Young y Logan Lerman). No he leído la novela en la que está basada esta historia, pero intuyo el maridaje de la contundente obra de Jackson y su propia vida, asfixiada entre sus obligaciones de ama de casa y diversos problemas neurológicos, que apenas lograba mitigar con abundantes jornadas de alcohol. En los casi cincuenta años que vivió, Shirley Jackson dejó una obra no muy extensa, pero que el tiempo ha actualizado como rabiosamente moderna, con un estilo tan original que los críticos dudan en calificarla con un simplista "literatura de horror".
No está mal, pero el personaje eclipsa todo lo demás.
Saludos.

domingo, 6 de septiembre de 2020

Rincón del freak #420: ¿Verdad o atrevimiento?



El de hoy es un caso que merece figurar, por derecho propio, en esta controvertida sección. Comenzando por el hecho de no estar firmada por nadie, refuerza la idea de que pudiésemos encontrarnos ante unas grabaciones reales. No, más allá de la excentricidad de dicha decisión, MURDER DEATH KOREATOWN es una película, hecha de manera tan amateur que puede hacer dudar al más avezado, pero película al fin y al cabo. Grabada cámara en mano, una cámara subjetiva hasta lo insoportable, punteadas sus cimbreantes imágenes por la voz del tipo que la porta, termina cobrando más interés por ser el artefacto que es, que por lo que cuenta. De hecho, lo mejor es la transformación del relato, pasando de la investigación que un tipo inicia acerca de un extraño crimen en su barrio, a la constatación de que este hombre sufre una obsesión tan acusada que pasa a vivir una especie de realidad paralela, que deteriora su propia vida. Podría ser una hermana cutre de UNDER THE SILVER LAKE y hasta INHERENT VICE, o a lo mejor me estoy pasando; el hecho es que, sin ser nada del otro mundo, este ínfimo ejercicio de found footage demuestra, frente a tantos despilfarros vanos, que se puede estructurar una historia mínimamente interesante con un presupuesto inexistente, y eso siempre es de agradecer. Luego está la película en sí, y ahí entiendo que habrá opiniones contrapuestas, desde quien la tome como una obra de culto hasta quienes la aborrezcan y tache de chiste malo. A mí me ha parecido interesante a ratos, reiterativa a otros, pero que tiene un par de ideas por las que merece la pena echarle un vistazo, aunque sólo sea por ser partícipes de la desintegración de una personalidad por un asunto banal.
Saludos.

sábado, 5 de septiembre de 2020

ITD 1



Los sábados van a abarcar una serie reciente, salida de Blumhouse y distribuida por Hulu, formada por episodios independientes y que giran en torno a diferentes formas de entender el terror en el cine. INTO THE DARK no inventa absolutamente nada, y se emparenta muy de cerca con AHS, Twilight Zone o Black Mirror, aunque su vertiente está clara: terror sin prejuicios, exprimiendo las poibilidades del género, y dejando para otros más preparados disertaciones más o menos filosóficas.
Su capítulo de arranque, obra de los guionistas Paul Fischer y Paul Davis, y dirigido por este último, volviendo sobre un corto propio de algunos años atrás, se titula "The body", y presenta una sugerente mezcla de asesinos en serie (en esta ocasión extrañamente a sueldo), slasher de toda la vida y un trasfondo de comedia alocada, un poco a lo Apatow... No, me he pasado. El resultado es entretenido a ratos, pero sus 80 minutos se notan alargados, con demasiado relleno argumental, cuando la idea de partida es francamente ingeniosa. Nos presenta al susodicho asesino, tras finiquitar a un tipo al que nunca veremos la cara en la noche de Halloween; escudado en que todo el mundo va disfrazado, arrastra el cuerpo sin ser advertido, pero unos bromistas le han pinchado las ruedas del coche, y se ve obligado a irse con unos tipos bastante atolondrados, que están encantados con "su atuendo". El trato es ir a una fiesta, y el asesino, que tiene toda la noche para entregar el cuerpo, toma una copa antes de marcharse, pero las complicaciones no han hecho más que empezar. Con retazos de AMERICAN PSYCHO, HALLOWEEN o incluso THE FINAL GIRLS, es menos inteligente de lo que podría haber sido, y apenas logran salvar la función la acertada interpretación de Tom Bateman y ese disparatado arranque, arrastrando un tipo envuelto en celofán como si nada.
Entretenida y poco más.
Saludos.

viernes, 4 de septiembre de 2020

Cada oveja con su pareja



Exceptuando dos o tres momentos de logrado valor cinematográfico, en tanto que adaptación (puede que "de la adaptación"), me temo que esta EMMA no va a pasar a la historia como algo especialmente memorable. Es la sensación que queda tras este interminable desfile de cacatúas y papagayos a la búsqueda de una virtud que no se les resiste, sino que directamente les es refractaria. Mi misión con Jane Austen está perdida desde hace mucho tiempo, cuando me enfrasqué en su obra para sólo bostezar y sentir compasión de esos pobres machistas jugando a feministas, y viceversa. Claro que aquella época no es ésta, hasta ahí podríamos llegar, pero se ha engrandecido sin mucho son una prosa tan reticente a ir un paso más allá en las relaciones humanas. Con todo, la adaptación se desmarca favorablemente y es capaz de mecerse tranquilamente con tal de soltar tres o cuatro pinceladitas de nulo oprobio. Y termino. Si los actores están bien, la fotografía muy bien, la música resulta simpática y el ritmo parece el adecuado... ¿No será que se trata del debut tardío de alguien que ni siquiera es directora de cine?...
En todo caso, me permito animarles a que revisen la miniserie de 2009 realizada por la BBC, y con una espléndida Romola Garai en el papel principal.
Saludos.

jueves, 3 de septiembre de 2020

Crónicas de muerte



John Ford era tan grande, tan sumamente dominador del medio cinematográfico, que era capaz de hacer una especie de "película narrativa" de un mediometraje devenido en panfleto de propaganda. Durante la WWII fueron muchos los documentales que aún se conservan, pero no es tan conocida su labor, a principios de los cincuenta, en aquella terrorífica masacre que fue la Guerra de Corea. THIS IS KOREA! es prácticamente una película en sí, o una crónica desencantada del que posiblemente fue el mayor desatino, en cuanto a relaciones internacionales, tras el fin de la "gran guerra", y que terminó por iniciar lo que hoy conocemos como "guerra fría". Ford filma al pueblo norcoreano, mayoritariamente campesino, y las incursiones del ejército norteamericano en apoyo a los habitantes del Sur; los intentos por reconducir lo que se intuía una matanza, ejemplificada más tarde en los bombardeos con Napalm. No es, ni mucho menos, de lo más conocido de Ford, ni siquiera en su faceta documental, pero merece la pena echar un vistazo a sus escasos 50 minutos, incluso para admirar el montaje final, con la voz de John Ireland desplegando una tétrica elegía sobre un campo minado de cruces.
Saludos.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Los de las cuotas...



Ni pizca de gracia. Parece un chiste hacer un remake de TRAIN TO BUSAN para que termine pareciendo otra película diferente, como si poner el título ya valiera. No hay nada de aquella gratísima sorpresa en esta PENINSULA: TRAIN TO BUSAN 2, excepto zombis, pero eso ya nos lo esperábamos. Lo del tren no se sabe por qué, porque no sale ninguno, y sí muchos coches, lo que la emparenta más con la saga MAD MAX. Sin embargo, de parecerse a algo, se parece mucho más a aquel RESCATE EN NUEVA YORK, y a veces parece calcada en ritmo y desarrollo, aunque ya digo, sin pizca de gracia. El apartado técnico bien, los actores no están mal, y entretiene lo justo, pero es indigno emparentarla con su supuesta predecesora, por más que el director sea el mismo. Nada de aquellos excitantes montajes, ni de la emoción del espacio único; ésta parece más compleja, pero sus casi dos horas se hacen eternas, y por momentos incomprensibles. Puede quedar resultona para los incondicionales del género, pero muy poco más.
Saludos.

martes, 1 de septiembre de 2020

Consumidores y consumidos



No comparto al 100% la fascinación que despierta DAWN OF THE DEAD, la original dirigida por George A. Romero en 1978, aunque le reconozco la vocación de dar una vuelta de tuerca más al asunto zombi, usando la premisa del ser con cerebro muerto para enarbolar una crítica al sistema ultracapitalista americano, de una forma un tanto burda, pero es cierto que bastante efectiva. El "director's cut" se extiende hasta casi las dos horas y media, y tampoco se entiende la motivación de Romero, pues las escenas añadidas aportan poco al montaje original. En cambio, el film gana enteros cuanto más opacas son sus resoluciones. Toda la parte que se desarrolla en los grandes almacenes forma prácticamente un ente independiente, buscando la reflexión en algunas escenas que rozan el surrealismo, cuando no la comedia absurda. Más que una película de zombis al uso, estamos ante una crítica hacia esa masa sin forma que es el consumo y los consumidores, dándole la vuelta y convirtiéndolos en consumidos, un mero producto sujeto a la oferta y la demanda. Es, ya digo, un poco demasiado larga, pero aún conserva intacto el poder hipnótico de unas imágenes capaces de desestabilizar cualquier idea preconcebida.
Saludos.

lunes, 31 de agosto de 2020

Sobrevivir al hashtag



#ALIVE es una reciente producción coreana, que nos va a servir para abrir un minirrepaso a alguno que otro título integrado en el tan de actualidad género de zombis, y que especialmente ha calado en el país asiático. Se trata de el enésimo acercamiento a los muertos vivientes, con resultados de aceptable raspado, buena factura técnica y pocas sorpresas en un guion tan previsible como acomodado en una serie de tics que ya parecen de la familia. En este caso, la excusa es el protagonista, una especie de nini coreano con el pelo teñido y querencia a vaguear frente a una pantalla. Con tan dudosas habilidades, la gracia está en hacerlo sobrevivir a todo un holocausto zombi; y aunque la premisa parezca atractiva, el resultado no lo es, yendo por donde títulos similares sí han aprovechado la coyuntura del survival. Ni da miedo, ni tampoco funciona como comedia, y sólo le veo sentido como producto de consumo rápido, tal y como su título da a entender.
Saludos.

domingo, 30 de agosto de 2020

Rincón del freak #419: Eufemísticamente hablando



En 1994 se rodó ZEIRAMU 2, o la continuación de las andanzas de Iria y Bob, en lucha constante con el monstruo Zeiram. Poco se puede añadir a lo que no es más que la explotación de una fórmula con relativo éxito (se llegó a realizar un anime entre medias), la de aunar la tradición de monstruos en traje nipona con una comedia sin aristas. En las intenciones se ven los penosos homenajes a ALIEN o TERMINATOR, y cuesta seguir el hilo sin soltar alguna carcajada de incredulidad. Afortunadamente, la cosa se detuvo aquí, y Amemiya siguió a lo suyo, que era la ciencia ficción chusca e infantiloide... Hasta nuestros días.
Saludos.

sábado, 29 de agosto de 2020

Pre-reprise



No sé si lo sabían, pero ya en 1990 existía un largometraje que adaptaba la novela de Margaret Atwood, aunque lo normal es que no lo supiesen. THE HANDMAID'S TALE fue una inusual coproducción entre Alemania y Estados Unidos, cuyo responsable en la dirección fue el germano Volker Schlöndorff, y que comprimía en poco más de hora y media lo que dura la primera temporada (eso lo sabemos ahora), obviando todo lo que pudiese ocurrir después. Se trata de un trabajo correctito, pulcro, pero incapaz de explotar todo su potencial, máxime cuando se echa un vistazo a su nómina de actores, con la malograda Natasha Richardson a la cabeza, y estrellas como Faye Dunaway, Robert Duvall o la añorada Elizabeth McGovern. El guion de Harold Pinter se intuye impersonal, más esbozado que otra cosa, y la partitura de Sakamoto puede estar entre las peores suyas. Hoy día se puede ver más por curiosidad que por otro motivo, y aunque su juego de correspondencias haga aflorar alguna sonrisa de condescendencia, es lo que es, un encargo mal concebido y mal ejecutado, y que habría quedado en nada de no ser por la serie de Hulu.
Saludos.

viernes, 28 de agosto de 2020

8M



Ese es el encabezamiento, más que nada por ver si dejan de dar por saco con lo que no es más que el enésimo ejemplo de desprecio machista de esta sociedad; no he escuchado nada más zafio y repugnante que culpar de una pandemia mundial a una manifestación feminista... En fin. El caso es que al fin me he decidido a ver la primera temporada de THE HANDMAID'S TALE (veremos si el entusiasmo me llega para las dos siguientes), y la experiencia ha sido estimulante y clarificadora a partes iguales. Sin haber leído la obra de Margaret Atwood, ésta se adelanta varias décadas (es de 1985) a la visibilización feminista como denuncia, pasando del objeto pasivo a la carga activa, y su denuncia, me parece, es en absoluto distópica, sino que señala muy claramente a la estructura social en la que vivimos cotidianamente. Es, efectivamente, una fábula expresionista y de marcado carácter orwelliano, pero no nos avisa tanto como nos interpela, especialmente a los hombres. Además, su mensaje no debe leerse "tan sólo" en clave feminista, porque abarca de manera brillante la inmigración y el racismo, aunándolos como una suerte de pecados universales, a los que se abandona una sociedad enferma (blanca y heteropatriarcal), tanto que hasta es incapaz de reproducir a su propia especie enferma. Se trata de una serie brillante en lo formal, con magníficas interpretaciones (de Moss huelga decir nada) y con ese potentísimo mensaje de fondo, que da la palabra con elocuencia a quienes habitualmente no la tienen.
Mientras tanto, la culpa seguirá siendo de las mujeres...
Saludos.

jueves, 27 de agosto de 2020

Correr por el museo



Qué fácil parece hacer una película como BANDE À PART, y qué complicado es apresar esa mezcla de trascendencia e ingenuidad, de desencanto, romanticismo, soberbia, intriga y qué sé yo más. A Godard esto le salía casi natural, a veces, cuando decidía dejar de enfurruñarse, que era cuando Anna Karina (cuántas enes tenía ese nombre) caminaba, frágil y desvalida, entre billares y ceniceros de Cinzano. Es la historia de un trío, un triángulo escaleno, desigual, encantador cuando van en el Simca descapotable, cuando corren por el Louvre, planean un robo o bailan con un compás que es, a la vez, sincronía y libertad. De la libertad va el film, de correr, de escapar, de huir de ese París de calles frías que congelan cualquier idealización al respecto. Del arte, probablemente, pero también del otro margen, del de los holgazanes cuya juventud les hace dignos de tomar lo que los viejos toman, en un círculo inacabable de latrocinio. Hora y media le basta a Godard para aleccionar con desgana, y seguidamente entonar un vigoroso ensalmo desinfectado de cualquier pedantería. Contiene escenas memorables, de las que casi se puede intuir que imantan la memoria con vocación de daguerrotipo, pero posee otra cualidad que la eleva a la categoría de obra maestra: se la vea cómo y cuando se la vea, estará en mutación permanente. Siempre fresca, siempre elocuente, siempre alerta...
Saludos.

miércoles, 26 de agosto de 2020

El buque fantasma



Un joven sale a pescar, en su pequeña barca, en una hermosa caleta de Malta. El día no parece ser fructífero, y además se interna en un espeso banco de niebla. Mientras recoge, recibe un golpe inesperado, y cuando se disipa la niebla ve que se trata de un velero de recreo. Llevado por la curiosidad, el joven intenta hablar con los tripulantes, pero la certeza es aún más extraña: el barco está vacío. Así comienza THE BOAT, un pequeñísimo film auspiciado por el productor Winston Azzopardi, e interpretado íntegramente por su propio hijo, Joe. En mi opinión, y sin que invente absolutamente nada, me parece un estupendo y sano divertimento, muy en la onda de los episodios de "Twilight Zone", en los que te estás preguntando a cada momento qué diablos está pasando, y con un referente/homenaje latiendo, como es aquel televisivo y primerizo Spielberg de DUEL. Quizá se alargue un poco innecesariamente por tal de cubrir los 90 minutos, pero merece la pena echarle un vistazo, primero porque es capaz de mantenerte en tensión en un espacio único y con un solo intérprete, pero también por apostar a ese cine sin pretensiones y que no se cree más listo que nadie.
Saludos.

martes, 25 de agosto de 2020

En otro mundo



A bordo de un descomunal carguero, el Fair Lady, el director de fotografía (entre otras muchas, de LO QUE ARDE) Mauro Herce, realiza un apabullante e inclasificable documental, que en realidad parece otra cosa, un film de ciencia ficción, un descenso a un inframundo que la normalidad imperante nos escamotea, en pos de unas imágenes cada vez, pues eso, más normalizadas. DEAD SLOW AHEAD, un poco en la línea de aquella gloriosa LEVIATHAN, retuerce el foco y la luz por entre tubos, manómetros, escotillas, camarotes, silos y otros lugares a lo mejor innombrables, mientras la tripulación, de origen filipino, empequeñece ante la enormidad del buque, y queda relegada a sus escasos momentos de ocio y algunas llamadas entrecortadas a la familia. Incluso un suceso que no podría parecer tan grave, como la inundación de una carga de trigo, emerge como un desafío del hombre (al hombre), integrándolo en titánicas tareas de desalojo y limpieza. Y por encima de todo ello, el film como concepto, y como desafío también en sí mismo, a las absurdas convenciones de un cine que se autodenomina "moderno", cuando no hace más que repetir los mismos viejos mecanismos funcionariales. Herce da una lección de cine sin monitorizar, quizá para que su película sea usada en un futuro como cuadro de mandos o mapa sensorial. Ojalá.
Saludos.

lunes, 24 de agosto de 2020

Libertad duradera



Es fácil caer en contradicciones frente a un film como THE OUTPOST. No ocurría así en títulos clásicos del género bélico, cuya impecable factura les ha hecho sobrevivir incluso a su dudoso mensaje panfletario. Así las cosas, uno no sabe muy bien qué pensar ante el ejercicio de claustrofobia controlada orquestada por Rod Lurie, un viejo conocido de ese "americanismo" de baja intensidad. Basada en el libro del corresponsal de guerra Jake Tapper, transcurre enteramente en un puesto avanzado en Afganistán, cuya sola ubicación ya da mal rollo: a los pies de un enorme valle rocoso. No soy ningún experto en estrategia militar, pero casi se puede intuir que no es el mejor sitio para no quedar expuesto. Centrándonos en la película, los ecos de LA DELGADA LÍNEA ROJA, SALVAR AL SOLDADO RYAN y, sobre todo, BLACK HAWK DERRIBADO, supuran por sus tensas imágenes, flaqueando en unos diálogos estúpidos, y confundiendo constantemente con la identificación de personajes, por momentos prácticamente imposible. De hecho, se puede decir que ni siquiera hay un protagonista, saltando de un tímido Scott Eastwood a un Caleb Landry Jones más comedido que de costumbre. Total, una película sólo para incondicionales del género, y sólo porque las escenas de tiroteos están bien rodadas; a partir de ahí, alguno nos preguntamos si aún nos dura aquella payasada de "libertad"...
Saludos.

domingo, 23 de agosto de 2020

Rincón del freak #418: Peyorativamente hablando



Cuenta la leyenda que ZEIRAMU podría haber sido una gran película, una especie de mezcla entre TERMINATOR y ALIEN en clave nipona; esto es: un metraje perturbador y sin concesiones a la galería. Nada más lejos, y por ello me parece adecuado ilustrar esta entrada con una imagen que aparece justo al principio, y que nos las hace prometérnoslas muy felices. A partir de ahí, no hay rastro de ello, y ante nosotros se despliega una imbecilidad que parece un insulto a espectadores maduros; una especie de "Power Rangers" con monstruitos de goma y japoneses histéricos. A mí esto me lo habían vendido de otra manera, y no me parece justo, y por eso me veo en la obligación de realizar esta entrada a modo de advertencia y/o desmitificación con toda la intención del mundo.
Era 1991, y luego hicieron la continuación, pero lo contaremos la próxima semana.
Saludos.

sábado, 22 de agosto de 2020

La conveniencia de la arrealidad



THE BABYSITTER, de 2017, es una grata sorpresa en todos los sentidos, una película que pasó muy desapercibida, y que reconozco que de primeras me tiraba un poco para atrás. El currículum de su director, McG, hace desconfiar a cualquiera, y su apariencia de comedia juvenil no ayudaba precisamente. Sin embargo, hay varias cosas que van elevando el nivel, hasta conformar un film sin ninguna pretensión, pero que cumple su objetivo con brillantez. Mezcla actualizada de memorables como SOLO EN CASA o NOCHE DE MIEDO, se  entra en la figura de un adolescente, Cole (un estupendo Judah Lewis), un niño hipermimado y superprotegido, que a sus doce años sigue teniendo una niñera, Bee (un descubrimiento, la australiana Samara Weaving), que parece ser la única persona que lo entiende, y con la que organiza fiestas cuando los padres no están. Sin embargo, algo no cuadra cuando le cuenta a una amiga y vecina cómo cae rendido cada noche, y ella le asegura que, cuando él duerme, la niñera hace lo mismo que todas, traerse a su novio. Sin embargo, lo que Cole descubre es aún más extraño y aterrador...
El film no deja decaer el ritmo en ningún momento, y los acontecimientos se van sucediendo con naturalidad, interponiendo el paso a la madurez del chico con, quizá, esos mundos ocultos que cada niño sueña con alcanzar cuanto antes. Incorrección política, efectos especiales marca de la casa y esa sensación de que hemos visto un film redondeado en sólo 90 minutos. No es que te vaya a cambiar la vida, pero es perfecta para una noche aburrida.
Saludos.

viernes, 21 de agosto de 2020

Entendible a medias



Se puede entender que Spike Lee monte en cólera al ver su país presidido por un payaso naranja. Se puede comprender que la deriva de violencia racial le haya enardecido la glándula. Me creo que Lee es un tipo honesto en sus convicciones de negro con techo de cristal, lo que nos llevaría a una suculenta contradicción. Lo que ya no logro defender es que se repita en lo conceptual, tapando una pobreza de ideas genuinas con un amasijo de clichés sin nada nuevo que ofrecer, como si una máquina se dedicara a recordarnos diariamente lo malos que somos, pero sabemos que no lo piensa, sólo lo dice. Así las cosas, DA 5 BLOODS se carga los golpes de humor que aún tenía aquello del KKK, y en lugar de tener algo de inventiva se inviste de una pedantería que apenas se puede entender. Esto no se puede entender, porque son dos horas y media, porque el abuso de la cuestión racial termina por desgastar su mensaje, o porque aún sigo dándole vueltas a qué venía meter otra vez a Wagner en mitad de Vietnam...
No sé.
Saludos.

jueves, 20 de agosto de 2020

Arquitectura y moral



CRIMES OF THE FUTURE, de 1970, fue el segundo mediometraje de David Cronenberg, aunque bien podría haber sido una especie de continuación del primero, solo que en color. De nuevo aparecen las obsesiones recurrentes del director canadiense, casi como esbozando la temática de sus siguientes films, al mismo tiempo que se destapa como un más que interesante fotógrafo, capaz de inquietar con sus elaborados encuadres, por mucho que el guion se quede en la superficie de lo que pretende contar. Prescindiendo de nuevo de los diálogos, y hasta del sonido ambiente, la narración corre a cargo de otra voz en off, que relata fríamente un mundo suponemos que deshumanizado, por culpa de una misteriosa enfermedad que ha erradicado a todas las mujeres, condenando a la humanidad a una lenta y triste extinción. Poco a poco, entre tubos y bisturíes, edificios vacíos y jardines mudos, hemos de imaginar que el inquietante e hierático Ronald Mlodzik (primerísimo fetiche del director) es el inopinado salvador de esta desdichada humanidad. Mezcla de científico, agente secreto y gurú trascendentalista, descubre que no todas las mujeres han muerto, pero que las supervivientes están siendo capturadas por una extraña secta. Lo mejor es, pero de muy lejos, su larga escena final, de una provocación extrema, sin llegar a mostrar nada explícito, pero que incluye al protagonista en una habitación, a su lado, una niña que juega...
Interesante, pero excesivamente primaria.
Saludos.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Titulitos



Nunca hubo un título más elocuente. YOU SHOULD HAVE LEFT resume en su sentencia dónde debería haber acabado esta nadería, presuntamente terrorífica, en la que nada es como debería ser. David Koepp no es el tipo con más talento del mundo, pero tiene algo de oficio, y al menos consigue extraer un par de escenas de donde no se supone. La película es cortita, escueta, pero se eterniza en un montón de imágenes y situaciones más propias de una comedia del absurdo que de un film que debe aterrorizar. Nada de eso, porque lo único que merece la pena son un par de secuencias, casi sketches, extrañamente divertidas. En una, Kevin Bacon va a recoger a su mujer (Amanda Seyfried) al plató donde rueda una escena; al no dejarle pasar, oye desde fuera unos gemidos de placer, ante la mirada del guardia de sguridad. Luego, ambos se van de vacaciones con su hijita a una apartada casa en Gales (sí, Gales), y a partir de ahí la historia es aburrida y repetitiva, aunque antes Bacon va a comprar a una tienda, donde un taciturno tendero galés tarda horrores en despacharle un par de cosas, en un guiño, supongo que involuntario, al mismísimo Tati. Nada, se la pueden ahorrar y ya me lo agradecen otro día.
Saludos.

martes, 18 de agosto de 2020

Pulso trémulo



EARTHQUAKE BIRD es el ejemplo perfecto de cómo no debe adaptarse una novela, y la cosa empeora si es una novela flojita ya de por sí. Wash Westmoreland, que desde principios del presente siglo había firmado un aceptable puñado de títulos junto a Richard Glatzer, y que en 2018 dirigió en solitario la correcta COLLETTE, se pierde en esta anodina historia de (tenues) tintes rossellinianos, que luego va mutando en un film de suspense, un poco al estilo de Adrian Lyne. Lo peor de todo ni siquiera es la monolítica interpretación de Alicia Vikander o de Naoki Kobayashi (la de Riley Keough es directamente ridícula), mientras se nos hace creer que asistimos a un complejo retrato psicológico, el de una traductora que vive en Japón a finales de los años ochenta. Lo digo porque lo mismo daba Hungría en los 90 o Tomelloso el año pasado...
Aburrida es poco.
Saludos.

lunes, 17 de agosto de 2020

Lunes de no pensar



Podría dar para una sección fija, pero ya tenemos los domingos para eso. Lo cierto es que los lunes suelen ser días de difícil digestión, en los que apetece ir con algo de pausa, como pisando por donde han fregado, como tener el móvil estropeado. Pero si se ve una película como EXTRACTION pueden pasar dos cosas: lunes indigesto o lunes de calma mental. La calma proviene, cómo no, del raquítico discurso proveniente de un guion firmado por Joe Russo, que ya es algo, pero también de comprobar que todo lo que despliega ese thriller de acción es lo esperado, ni más ni menos. De repente uno se pone en situación: esto es JASON BOURNE, esto es MISIÓN IMPOSIBLE, y al que le guste le va a gustar mucho, como la carne de cordero, pero al que no... No hay mucho más que decir, excepto que Chris Hemsworth es un tipo la mar de solvente, y al que se le agradece que aporte esa vis cómica entre tanto mamporro. La acción es trepidante, los efectos digitales están logrados y hay un pasable dilema moral que traspasa el argumento, el cual se puede contar entero y tampoco pasa nada. Un mafioso secuestra al hijo de otro mafioso, y el padre contrata a un mercenario que se caracteriza por su infalibilidad, pero el detalle es que en realidad no tiene dinero para pagarle, así que el plan tiene un subplan que ya pueden imaginar.
Nada, perfecta para un lunes de calores y bostezos.
Saludos.

domingo, 16 de agosto de 2020

Rincón del freak #417: Visto en...



Que adaptar a J.G. Ballard es una tarea harto abrasiva y dificultosa es algo que puede constatar, cómo no, David Cronenberg, cuyas aproximaciones han sido necesariamente irrespetuosas, con el objetivo de poner en imágenes el intrincado imaginario del autor británico. Con Ballard se corre el riesgo de patinar, de ser engullido por no ajustar tiempos y garantías, como le ocurrió recientemente a Ben Wheatley. Algo así se puede decir de THE ATROCITY EXHIBITION, oscurísimo título del año 2000, dirigido por un tal Jonathan Weiss (del que no tengo constancia de nada más), y que sumaba dos inconvenientes complicados de superar. Por un lado, se trata, en mi opinión, de la obra más importante de Ballard, la suma perfecta de todas sus obsesiones formales y argumentales, pero también es su texto más críptico y replegado sobre sí mismo. Por otro lado, habían pasado apenas cuatro años desde la adaptación de Cronenberg de CRASH, que no deja de ser un componente más de la que nos ocupa. Así las cosas, o se es un genio del séptimo arte, o se tiene la suficiente personalidad para no caer en la pedantería y adueñarse de unas ideas, por otra parte, de una audacia apabullante. La película, entre ustedes y yo, es un tostón indefendible, y no extraña que se haya quedado en el ostracismo durante estas dos décadas; mezcla de falso documental, avant-garde pueblerino y provocación en sordina, el embrollo llega a confundir al espectador, que no sabe dónde mirar, si a los accidentes, la pornografía, las imágenes de archivo o las modelos desfilando. Lo más interesante, una operación de cirugía estética...
Saludos.

sábado, 15 de agosto de 2020

Una vida en quinta



A BLAST fue una película griega que obtuvo cierta repercusión en el festival de Locarno'14, un poco a rebufo de la excelente salud del cine heleno por entonces, aunque fuese a costa de relatar las miserias de una sociedad que poco a poco iba a pique. Es el tema recurrente en dicha cinematografía, y no por casualidad, ahora bien, lo que parecería una fuente ideal de recursos narrativos también puede volverse en contra si no se domina el tiempo, los tiempos, y lo que se pretende un drama social de alta intensidad puede tornarse una comedia involuntaria, o peor, un experimento de montaje. Eso parece este film, capaz de eternizarse en apenas 80 minutos, porque hasta sus últimos quince es complicado reparar la intención de fragmentar la historia en segmentos temporales. Tzoumerkas, de notable recorrido documental, integra demasiadas cosas en poco espacio, y el resultado es un batiburrillo en el que los personajes pasan de una euforia desmedida a una fúnebre quietud, de la amoralidad hedonista a la denuncia social. O aún más insólito, de una fe telúrica a un cinismo de saloncito de té. No sé, se puede ver porque su protagonista femenina logra resultar medianamente creíble, pero se echan en falta algunas líneas más de guion, y mejor integradas, por supuesto.
Saludos.

viernes, 14 de agosto de 2020

Visto lo visto



Si cogen ustedes una mijita de Disney Channel, otra de Jeremy Saulnier, le agregan algo de Stranger Things, y lo pasan por el rebozado de Haneke, a lo mejor les sale un artefacto excéntrico pero divertido, indigesto pero agradecido en su riesgo formal. Caradura, lo llamo yo. BECKY es una película que no es infecta porque tiene golpes de humor bestia, más cerca de Troma que de todo lo antes mencionado, pero su inmodestia la convierte en un experimento fallido. Millott y Murnion, en su tercera película (si se atreven vean las otras dos), dan la razón a cualquier puritano de nuevo cuño, esos que se indignan y se ofenden porque un chaval vea una película más compleja de lo que su edad le "permite ver". Es como el que sale a buscar trabajo con 20 años: no lo encontrará porque no tiene experiencia, y viceversa. La película evita cualquier conflicto moral y se sumerge en una especie de SOLO EN CASA gore, pero con un ritmo tan atropellado que deja a Hughes como si fuera Hawks...
Anyway. Si no les importa ver cómo una adolescente malhumorada se enfrenta, ella solita, a un grupo de sanguinarios convictos nazis, puede que le encuentren la gracia, pero yo no se la vi por ningún lado... Bueno, hay una escena con unas tijeritas...
Saludos.

jueves, 13 de agosto de 2020

El barco que siempre zarpa



THE LONG VOYAGE HOME es una película que urge reivindicar por varios motivos. Primero, porque suele ser uno de esos títulos "fordianos" que pasan desapercibidos, sin que se sepa por qué, puesto que su lectura se reinventa, vigente, a cada visionado, conformando un retrato impresionista sobre muchas más cosas de las que un siempre incompleto vistazo podría resultar. A grandes rasgos, su argumento gira en torno las vicisitudes de la tripulación de un barco, un carguero que tiene la difícil misión de transportar un cargameno de dinamita desde las Antillas hasta Europa, en plena WWII. Quedarse en eso es quedarse en nada. El portentoso guion de Dudley Nichols adaptaba cuatro obras de Eugene O'Neill, con la habilidad suficiente para trazar un rico corolario de personalidades, que asimismo son la patente de ilusiones y desencantos de un grupo de hombres unidos por una inquebrantable camaradería. El film se abre con algunas de las imágenes más sensuales filmadas por Ford, en la jornada de descanso de los marineros en las Antillas, y la llegada de un grupo de exóticas meretrices que revolucionan a la tripulación. Después, el barco zarpa, y es cuando vamos conociendo más a fondo a cada tripulante, desde el veterano Driscoll (Thomas Mitchell) al enigmático Smitty (Ian Hunter), cuyo secreto es revelado en una emotiva escena; aunque es reseñable el papel de John Wayne como un fornido sueco, de nombre Ole, que encarna a ese marinero que anhela volver a su casa, pero siempre pierde el barco. El ataque sufrido a cargo de unos cazas alemanes da paso a una parte final, en mi opinión la mejor, cuando el Glencairn llega a puerto y los marineros juran solemnemente no probar una gota de alcohol hasta que Ole, al fin, embarque hacia Suecia... Pueden imaginarse el resto.
Tengamos en cuenta que Ford rodó ese mismo año (1940) LAS UVAS DE LA IRA, por lo que es lógico que HOMBRES INTRÉPIDOS, como se la conoció aquí, no haya gozado de un alto predicamento, pero insisto, es una película mucho mejor de lo que parece.
Saludos.

miércoles, 12 de agosto de 2020

No lo intenten en casa



Hoy voy a ser breve, porque hablaré de una película muy mala. Tan mala, que sólo se entiende como "fondo de catálogo", aunque el problema es otro, y no tiene que ver con la película en sí, y sí con el dichoso catálogo. THE LAST DAYS OF AMERICAN CRIME iba a ser, dentro de la mente calenturienta de algún ejecutivo de Netflix, su propia SIN CITY; nada más lejos, porque las coincidencias empiezan y terminan en que son una adaptación de novela gráfica, punto. No he podido leer ésta, pero he visto que tiene magníficas reseñas; así las cosas ¿cómo se puede hacer un esperpento tan grande? Grande por lo que dura (¡dos horas y media!), en los que no te enteras de nada, y sólo ves a unos perdidos Edgar Ramírez y Michael Pitt con la mirada igualmente perdida, como si improvisaran. Y luego hay explosiones y disparos, puñetazos y patadas, pero si paras un segundo a reflexionar de qué va todo no hay respuesta. En serio, hacía mucho tiempo que no veía un despropósito tan flagrante, pero insisto, la peli puede ser mala y ya está, pero la reflexión cobra nueva vigencia, ya que esta "nueva" manera de consumir audiovisual (llamarlo cine roza el exabrupto) se asemeja a una papilla, sosa y refinada, satinada en su propia imbecilidad intrínseca. Y me pregunto qué fue antes ¿el catálogo o el encargo?...
Saludos.

martes, 11 de agosto de 2020

De los inconvenientes del post-horror



O como se llame, que no voy a ser yo el que empiece aquí con los adjetivos enigmáticos. El caso es que, de un tiempo a esta parte, el terror pasa por la inquietud, y el suspense por la extrañeza; o mejor dicho: como ya está todo inventado hay que reinventar. Yo las llamo "pelis raras", y su principal problema suele ser el mismo que para una comedia o un drama, y es la coherencia que ha de tomar finalmente  lo mostrado, por enrevesado que sea. THE RENTAL va por ahí, por el camino de los relatos anticlimáticos y que nos hacen preguntarnos constantemente sobre qué estamos viendo realmente, al no asomar el género hasta un momento dado, normalmente inesperado. El problema de esta película es doble, y la deja en un lugar más frío del esperado. Por un lado, si Dave Franco (sí, hermano de James y que aquí debuta como realizador) necesita otros dos guionistas para perfilar al que quizá sea el grupo de personajes más estúpido de la última década, y pretender que nos traguemos una "normalidad" que no logro ver por ninguna parte, el film empieza torcido. Luego, si no das ni una miserable pistita, por pequeña que sea, sobre cómo va a resolverse todo, lo normal es que haya un sentimiento de incomprensión ¿por qué? ¿para qué? ¿quién diablos era ése? Todo ello la hace un debut fallido, con un buen trabajo de fotografía y ambientación, pero que se queda a medio camino de casi todo, y no pasa de ser uno de esos saldos que se olvidan con rapidez, excepto, quizá, a quienes degusten este tipo de películas, pero no logro imaginarme un perfil.
Saludos.

lunes, 10 de agosto de 2020

El plato que se enfría lentamente



Otra de las sentidas pérdidas que ha tenido el mundo del cine recientemente, es el de la mítica actriz Olivia de Havilland, protagonista de algunos de los títulos más inolvidables del séptimo arte, la mayoría de los que hemos abordado en algú que otro momento. Por ejemplo, THE HEIRESS, obra maestra absoluta de William Wyler, que adaptaba una novela de Henry James (Washington Square), y en la que de Havilland está simplemente memorable, dando una lección de modulación interpretativa y pasando por encima de Montgomery Clift y Ralph Richardson. La película tiene un guion tan bien escrito (Ruth y Augustus Goetz fueron los responsables) que a veces cuesta "pensarlo" en términos puramente de género, y su apariencia de melodrama de época, poco a poco va dejando paso a otra cosa, un insólito thriller psicológico, o incluso un desencajado relato de terror gótico. Y todo ocurre en base a la mirada y gestos de su protagonista, una solterona que ya ha dejado atrás la juventud, y cuyo acaudalado padre mantiene como si fuese parte de su fortuna, recelando de cuanto supuesto pretendiente se le acerque. "Supuesto", pues entendemos que la pobre mujer no ha tenido uno solo en su vida, hasta que se cruza en su camino un joven arrebatador y de modales ineludibles, aunque con un problema fundamental, que hará que su padre se cierre aún más, hasta adoptar términos despóticos. El joven no tiene un céntimo, ni oficio conocido, y de hecho acaba de regresar de Europa, donde ha dilapidado sus últimos ahorros familiares. A partir de ahí, la película se dispara hacia terrenos sorprendentes, ambiguos, mientras intentamos dilucidar si el amor de él hacia ella, mientras la imaginamos lúbrica y ardorosa, es sincero, o la patraña que sólo el padre parece vislumbrar, y que acabaría por hacer aún más infeliz a su hija que si se quedara haciendo bordaditos en casa.
Una cumbre, compleja y rica en matices, y que habla de muchas cosas cuando parece que sólo habla de una. Hay aquí una denuncia feminista, sutil pero desgarrada, y una mirada descreída y algo desencantada hacia cierta tendencia romanticista, idealizadora de unas relaciones basadas en la mentira y la entrega ciega de una de las dos partes.
Maravillosa. Inmortal.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!