miércoles, 19 de junio de 2013
El espejo roto #2
Tras el impacto del primer episodio, puede que 15 million merits sepa a poco, a inducción por simple gravedad, a un cierto rescate desde el exhibicionismo crticado en el primer segmento de BLACK MIRROR. Error. Puede que, precisamente, sea éste mi episodio favorito, y precisamente porque es el que con más virulencia nos ataca a todos, y sin compasión. No hay aquí una dicotomía entre la zombificación de "la audiencia" y el mazazo necesario para tomar conciencia, sino que Charlie Brooker propone un viaje al corazón mismo del infierno, y el infierno, versión 3.0. (o como se llame) lleva ya algún tiempo encarnado en la bazofia más repugnante a la que uno puede vender sus neuronas: los programas meritocráticos... Y si son asiduos de los mismos, O. T., Factor X, Masterchef... y no incluyo a Gran Hermano porque ahí ni siquiera hacen falta méritos...
Imaginen un lugar donde sólo hay pantallas interactivas, donde diariamente entran y salen jóvenes con el único ansia de "triunfar", ser reconocidos por la masa sea como sea. Imaginen sus habituales juegos de Facebook, su recolección de zanahorias inexistentes, su cuidado de vacas inexistentes, sus regalos inexistentes a amigos que en realidad no tienen... Imaginen que al final de todo ello (un final que, efectivamente, no existe) les esperase un celestial superjurado formado por bellos y ecuánimes sentenciadores de "lo que sí existe", de sus millones de méritos adquiridos gracias a su esfuerzo. Si pedalean más en la bicicleta, más méritos; su comen menos grasas, más méritos; si superan las pruebas intelectuales, más méritos. Así dicho ni siquiera suena mal, lo que suena mal es que toda la vida de una persona dependa por entero de una serie de méritos que no sirven para absolutamente nada, pero que, sí o sí, han de ser evaluados por ese sanedrín oficial de la estupidez. Sin querer desvelarles mucho, 15 million merits nos habla de la imposibilidad de la rebelión y (no sean gilipollas ustedes también) mucho menos de la "rebelión desde dentro"; su distopía bebe de un mar de pantallas delicuescentes, que explosionan en mil colores y muestran un mundo sin problemas reales, también nos habla de cómo el amor puede hacernos ver el negro profundo de estas pantallas cuando se apagan, y que a lo mejor aún podemos entablar una conversación con alguien mirándole a los ojos. Incluso contarle algo interesante...
Saludos nominados...
martes, 18 de junio de 2013
El espejo roto #1
BLACK MIRROR es una de las contadas conmociones que uno puede encontrar hoy día. Conmoción, tal y como suena; como un seísmo, como un ataque cerebral, como un ramalazo de inteligencia visceral. Pensábamos que los tres demoledores episodios que componían esta barbaridad quedarían ahí, escuetos y solemnes, un sitio donde acudir cuando todo lo demás ha fallado, pero tenemos tres nuevos episodios recién estrenados y que comentaremos aquí cuando toque; pero claro, también pensábamos que podíamos comparar, en términos de calidad, la televisión británica y lo que sea que se está produciendo en este país, donde, créanme, algo así es impensable...
BLACK MIRROR se abre con The National Anthem, 45 minutos a los que no les habría ido mal el celebérrimo tema de Radiohead. Una patada en los cojones y poco más ¿ustedes necesitan que les expliquen un poco más? De acuerdo, pero a lo mejor tienen que acostar a los niños y bajar el volumen. En pocas líneas, The National Anthem cuenta lo siguiente: La policía británica ha recibido un video en el que se ve a la princesa Susannah secuestrada; todas las comprobaciones llevan a la conclusión de que se trata de un secuestro real, que no es una broma ni un fake. La princesa ha sido secuestrada y será asesinada si no se cumple un único y simple encargo: el Primer Ministro deberá tener sexo real con un cerdo y será emitido por el canal principal y a hora de máxima audiencia. Simple y efectivo. Lo que Charlie Brooker propone, antes que el impacto (y éste es monumental), es la reflexión, pero no una reflexión "guiada", como la que diariamente se nos impone desde los mass media; no se trata de charlatanería barata, sino de una trampa mortal a la que se va descendiendo sin solución de continuidad gracias a un guion exquisitamente tejido. The National Anthem reflexiona sobre el doble y absurdo sentido del exhibicionismo en la era del "todos conectados", y coloca a todo el mundo (poderes fácticos, prensa y espectadores) en el punto de mira de quien se atreva a mirar no a un señor poderoso e intocable rebajado en cuestión de horas al mayor grado de bajeza imaginable, sino a esa pantalla efectivamente todopoderosa, capaz de pasar de un inerte color negro al mundo de posibilidades en que se ha convertido una sociedad interconectada que es incapaz de comunicarse. Si no la han visto, se están perdiendo ese shock que llevaban tanto tiempo esperando.
Saludos desde el centro de operaciones de Peppa Pig...
lunes, 17 de junio de 2013
De verdad... Jean Rouch #7
MOI, UN NOIR es una película hermosísima en su tosquedad, redonda y perfectamente acabada dentro de su ansia de libertad, de recoger esa libertad "sufrida" por los desgraciados, que aquí son los jóvenes emigrados desde Níger hasta el suburbio de Treichville, en Costa de Marfil. La cámara de Jean Rouch, precisa y capaz de sacar cualquier detalle sin que esto afecte a su medido aspecto descuidado, nos llevará alo largo de tres o cuatro días en la vida de Tarzán, Edward G. Robinson, Eddie Constantine (A.K.A. Lemmy Caution; A.K.A. Agente Federal de Estados Unidos) o Dorothy Lamour. Todos negros, todos seducidos por la modernidad que ven a diario llegar desde los muelles, donde se confunden los barcos con sus nacionalidades; en los gimnasios, donde los negros pobres sueñan con ser Sugar Ray Robinson; o en los abigarrados salones de baile, sudados de cerveza, agarrados a negras que quizá no sean más que jóvenes putillas en busca de italianos con dinero... Rouch sigue a este difuso grupo por todas partes, después de cargar sacos, a comer arroz con el jornal ganado, en el fútbol sin césped, cuando van a la iglesia a ver a las chicas o a las mezquitas para burlarse de los elegantes y refinados musulmanes. Vida. Vida sin más, y ni muchísimo menos. Una película inolvidable e inimitable.
Saludos.
domingo, 16 de junio de 2013
Rincón del freak #112: No son los Monty Python en estado puro...
... sino los Monty Python (lo que queda de ellos) haciendo caja con las cenizas de su otrora gloriosa e imparable maquinaria de irreverencia. Y eso que para cualquier seguidor del mítico ¿combo? ¿grupo? ¿compañía? ¿bomba de relojería? británico, algo de la entidad que se autogestiona para ampliar constantes que a cualquier aficionado medio ya le son absolutamente familiares, debería bastar y sobrar como una gozosa celebración. Deberían tener derecho a hacerlo, pero hay algo que chirría de forma siniestra bajo la parafernalia de este macrobiótico espectáculo llamado MONTY PYTHON: NOT THE MESSIAH (HE'S A VERY NAUGHTY BOY), en el que se recrean los momentos álgidos de LA VIDA DE BRIAN sobre un escenario en el que irán alternándose apariciones estelares bajo la batuta vocal de un omipresente Eric Idle, apoyado por cuatro cantantes de ópera... Puede que a mucha gente le haga gracia, pero yo encuentro absolutamente irreconciliables estos fastos, por muy bufos que nos los quieran vender, y el corrosivo nihilismo que constituía el verdadero motor de los Python. Y es que al final todo queda como una patética reunión de viejos amigos, en la que no sólo todos son más viejos y están más cansados, sino que además se demuestra que a día de hoy es imposible que pueda surgir nada realmente original de aquellos geniales agitadores que se meaban sobre la completa historia del cristianismo invitándonos a sonreír aunque te estén dando por el culo. Por eso, porque Monty Python son geniales, también son irrepetibles, y cosas como estas, que habrá a quien le guste, de acuerdo, y tienen todo el derecho, me parece que no son más que una digna manera de recaudar, y mientras los Rolling Stones no se retiren también tienen todo el derecho... Sólo para muy muy muy muy incondicionales.
Saludos desde el lado luminoso de la vida.
sábado, 15 de junio de 2013
Ensayos posmodernos
Es muy posible que, en un momento dado, al último y desquiciado (desquiciante) David Lynch, algún amigote travieso y patrocinado le pasara varias veces L'HOMME QUI MENT, en el que un esplendoroso Alain Robbe-Grillet trastornaba por completo la estructura narrativa convencional y nos desafiaba a integrarnos directamente en la psique del narrador, y sin que quede claro quién es el mismo. Un ejercicio "joyceano" al que es imprescindible dotar de algún tipo de seriedad para evitar una acuciante sensación de mofosa pedantería. En 1968, y teniendo en cuenta que Robbe-Grillet, artista multidisciplinar y de espíritu inquebrantablemente libre, soñó una fantasía que bebiese de dos grandes focos culturales como eran entonces Francia y Checoslovaquia, podría ser posible una subversión de tal calibre; en Lynch, por ejemplo, el problema es siempre el mismo: la falta de un pretexto colágeno y bastardo. Un ejemplo: Jean-Louis Trintignant, una aparición dislocada en el tiempo, evoca nada menos que la masacre sucedida en la Segunda Guerra Mundial en un pueblo centroeuropeo; oímos las balas, los gritos, pero este personaje está solo ¿es locura, representación o simplemente se nos quiere llevar a otro estado de percepción? Al no saber quién nos está contando lo que "vemos", lo que "percibimos" queda en suspenso, y la fantasmagórica aparición de tres mujeres deambulando por una casa arrasada, quizá esperando lo que luego sabremos que fue su marido, su hermano y su amante, vuelve a girar la críptica historia hacia otra parte aún menos iluminada. L'HOMME QUI MENT no es sencilla de ver, y lo lógico es que irrite su encoñamiento peligrosamente autista, pero no deja de ser una experiencia estimulante para que los seguidores de Lynch sepan de primera mano que sigue sin haber nada nuevo bajo el sol.
Saludos certeros.
viernes, 14 de junio de 2013
Esperando a Hickey
THE ICEMAN COMETH, además de atreverse en un larguísimo formato televisivo con la obra de Eugene O'Neill, ponía al día el loable intento que, trece años antes, ensayó Sidney Lumet con resultados discutibles. Y es que es ésta una obra pensada para el teatro desde su mismo planteamiento, en el que la pesada y alcohólica atmósfera del bar, en la que un grupo de alcoholizados perdedores debate asuntos entre lo mísero y lo sublime mientras esperan su Godot particular, compone una imparable maraña de diálogos, monólogos, declamaciones, reclamaciones y otros poderes a lo largo de sus intensas cuatro horas. Apoyado en unos actores de primera fila, Frankenheimer demuestra su personal visión de una obra de múltiples lecturas y la dota de una agresividad y desencanto superiores a los de su predecesora. Sin un verdadero protagonista (acaso ese Hickey que se hará carne hacia la mitad de la función), lo que O'Neill proponía era un paseo por la decadencia de quienes ya no esperan absolutamente nada de la vida, pasan pastosas e interminables horas balanceándose en sillas tan viejas y gastadas como ellos y cuya única ilusión consiste en esperar a ese "hombre de los helados", que llegará con dinero contante y sonante, y que les pagará su lento transitar hacia una desaparición sobre la que sostendrán multitud de debates. Lee Marvin daba vida a Hickey, el luminoso viajante mezcla de filósofo de tres al cuarto y redentor mesiánico; aunque su espectacular y extenso reparto se completaba con nombres como el de Fredric March, Stephen Pearlman, un jovencísimo Jeff Bridges o un inmenso Robert Ryan, que es el único personaje que se opone abiertamente a los sermones del que considera no más que un charlatán de pacotilla. Imprescindible para entender cómo demonios se hace cine en formato televisivo partiendo de una obra teatral...
Saludos en cucurucho.
jueves, 13 de junio de 2013
Rubik nuestro que estás en los cielos
Vamos con una de las buenas, porque es buena y porque ya tocaba registrar el cajón... Llevo ya un tiempecito diciendo que sólo existe una manera de renovación válida para el género de terror, para cualquier género, pero sobre todo para el terrorífico por sus características especiales, como es esa necesidad constante de sorpresa, de lucha contra el tedio de sus propios resortes y clichés. Sobre resortes y clichés va THE CABIN IN THE WOODS, que propone lo mismo de siempre... pero móvil. Y me explico. Este ingenioso artefacto comienza por colocar al espectador ante "su peli de miedo jodidamente arquetípica". Y cuento, y no desvelo nada. Hay una cabaña en mitad del bosque a la que va un grupo de jovencitos en una secuencia inicial que no puede ser más trillada; poco a poco los vamos conociendo, y son los de siempre: el guapo cachas, la rubia macizorra, la "menos maciza" pero más inteligente, el friki salido y desgarbado... Sí, sólo falta Scooby Doo, pero ¿y si les digo que a partir de ahí puede que salga hasta Scooby Doo? ¿Y si resulta que toda esta causa-efecto de típica peli de terror no es más que una excusa para desatar algo mucho más grande y más complejo. Eso es, como en el cubo de Rubik. Contaré un poco más, no mucho. Llegado el momento, salen los monstruos; los chicos corren, los monstruos los persiguen, terror, intriga... Y de repente... Hombre, no sé si ya estoy contando demasiado, pero lo remataré diciendo que todo cambia radicalmente, que parece que nos encontramos en otra película diferente y que el final es de lo más retorcido que ha ofrecido el cine comercial desde hace tiempo ¿Problemas? Muy pocos, porque la propuesta tiene escasas pretensiones y sí una saludable intención de subvertirlo todo hasta llegar a extremos que dejarán a más de uno de una pieza. Yo apenas le pondría un pero, aunque me parece inevitable: el final-final, que yo esperaba menos efectista y mucho más reflexivo, sobre todo teniendo en cuenta que el caramelo que Goddard y Joss Whedon (co-autor del tremendo guion) nos ponen, crece en sabor a medida que la resolución se acerca, pero vaya, que tampoco pido yo tanto. Véanla sí o sí, y si no ponen cara de tontito incomodado con cierta escena en la que sale un lobo disecado... háganmelo saber.
Saludos arquetípicos.
miércoles, 12 de junio de 2013
El iluso
Hacer hoy día una película como BILLY LIAR (50 años la contemplan) podría dar motivo a una urticaria/rechazo poco menos que significativa ante el canto hedonista llevado a cabo por John Schlesinger en una de sus primeras (y mejores) películas, y que amplificaba la onda expansiva que se encontraba de inicio en la estupenda novela de Keith Waterhouse. No sólo se trata de una ridiculización de cada molécula glorificadora de la familia tradicional y su inacabable muestrario de trampas mortales (cepos morales) para el joven soñador, sino que elevaba la figura del holgazán rompecorazones a la altura del único verdadero héroe admisible en una sociedad dominada por la represión y la mediocridad. Esta tan marciana descripción se llamó, no sin sorna británica, The Leading Man, y tuvo en Tom Courtenay su encarnación más certera y entrañable, la más recordada desde luego. Este Billy Fisher abre su incesante dentro/fuera montando una fantástica orgía circense/militar en mitad de su asquerosamente aburrida ciudad de provincias, sólo para despertar apoyado en uno de los ataúdes del asquerosamente aburrido trabajo que desempeña en la funeraria local. Billy quiere irse a Londres y ser guionista, pero su ídolo es un mediocre con brillantina en el pelo; Billy tiene una... dos... tres novias que no se conocen entre sí, y a cada una les ha regalado flores y les ha hecho promesas de matrimonio, pero la única chica que de verdad lo quiere es, curiosamente, la más guapa e inteligente, así que para Billy se trata de una quimera inalcanzable. Es decir, que Billy Fisher nos es mostrado como un iluso irreductible, un tipo incapaz de salir de sus estrambóticos sueños de rebeldía precisamente porque en la vida real es un pelele apegado a sus ritos y costumbres. Cuando llega la hora de la partida, Billy debe decidir, porque si cambiase de golpe toda su vida a lo mejor ahí se acababan todos los sueños... Decididamente es imposible hacer hoy día una película tan de otro mundo...
Saludos de mentira.
martes, 11 de junio de 2013
Reventa anticipada
A ver, porque creo que hay que ser claro en estas cosas. Ésta me la recomendó Mr. Lombreeze tiempo ha, y decía que estaba muy entretenida y eso. Vale. Entretenida y eso. Se llama STAKE LAND y es más de lo mismo con una pizquilla de sentido del humor que la emparenta directamente con grandes desmitificadores como Sam Raimi o, en un sentido menos audaz, George A. Romero. Esto lo dirige Jim Mickle, que está llamado a ser el nombre clave del terror comercial yanqui en los próximos años (comercial, sí), mientras que Nick Damici hace de Bruce Campbell... ustedes me entienden. El problema es que Raimi estas cosas las hacía prácticamente por descuido, le salían naturales, y Campbell es "El Antihéroe", así, con mayúsculas; por lo que esta paranoia con unos vampiros que parecen hombres-gato ¿? se queda como lo que es, una peli de bajo presupuesto con efectos apreciables y unas interpretaciones francamente esforzadas... Pero yo esto ya lo he visto, así que no sé qué más añadir. He visto que este señor ha dirigido el remake de SOMOS LO QUE HAY, y... bueno, pues eso... que eso es lo que hay...
Saludos con estacazo.
lunes, 10 de junio de 2013
De verdad... Jean Rouch #6
En MORO NABA, de 1957, la cámara de Rouch se hacía eco de la convulsa transformación de lo que terminaría por conocerse como Alto Volta, una especie de territorio francés autonómico que garantizara un gobierno autogestionado. Ahora conocido como Burkina Faso, y con su capital en Ouagadougou, este país fantasma fue incapaz de mantener un sistema estable y pacífico; pero lejos de realizar un simplista documento político, Rouch vuelve a interesarse por el negro como elemento necesariamente ajeno a las imposiciones del hombre blanco. En este caso, nos mostrará la espectacular coronación del Rey de los Mossi, el Moro Naba y lo confronta con los débiles actos de un cónsul francés que queda como una comparsa sin esencia. Más impelido por la urgencia del momento histórico, se trata de un interesante documento, pero no de los más poderosos de su autor, que seguía a su aire, filmando sólo lo que su conciencia le dictaba como realmente esencial.
Saludos.
domingo, 9 de junio de 2013
Rincón del freak #111: Pequeñas meteduras de pata sin importancia
En El Indéfilo pareciese que quisiéramos ensañarnos cada Domingo con algunos grandes clásicos, desenterrando esos títulos de los que nunca se sintieron muy orgullosos; nada más lejos, la intención real es, y siempre ha sido, acercar el cine clásico desmitificándolo y demostrando no sólo que cualquier tiempo pasado no tuvo por qué ser mejor, sino que todo el mundo, incluso los grandes maestros, tiene que comer.
Otto Preminger, por ejemplo, es un valor seguro para cualquier buen cinéfilo; poseedor de una filmografía tan ecléctica como poderosa, Preminger es uno de los nombres clave para entender cómo un artista con inquietudes podía infiltrarse en la gran Industria, triunfar en ella y perdurar para siempre. Sin embargo, el cine de propaganda norteamericano no perdonaba tibiezas, y suponía una imparable máquina de recaudar al tiempo que efectuaba un implacable desarrollo concienciatorio en una sociedad necesitada de referentes preclaros ¿Hablemos de nazismo? ¿otra vez? Hablemos de nazismo, de unos nazis de andar por casa, del propio Preminger, con su habitual sorna austríaca, con monóculo y frac. Nazi pero bon vivant, hombre de dios. Pongamos Joan Bennett... vale, de acuerdo. Y tampoco hace falta que vendamos nuestra alma al diablo, porque esto es propaganda como un castillo de grande. Ahora bien, los nazis muy malos, los americanos muy buenos... pero de ahí a meter con calzador al inefable Milton Berle hay ya mucha tragadera, la verdad. Que sería como si Berlanga hubiese perdido el juicio y le hubiese dado por rodar "El Súper Guardia Civil contra los comunistas diabólicos del infierno" y le hubiese dado el papel principal a Paco Martínez Soria... Sí, Berle fue precursor de Jerry Lewis o, más recientemente, de Jim Carrey; y su "humor" casposo y reaccionario tenía muy poca gracia, pero ensalzaba los valores tradicionales americanos, y eso vende mucho y muy bien. Así que tenemos al policía heroico a la par que chuleta y truhán con las señoras, que no sólo hará chistes del cretácico, sino que encima desmontará los planes del malvado nazi, al que le gusta ir a la ópera y fumar puros... Una bazofia intragable que se llamó MARGIN FOR ERROR y que a uno le cuesta admitir que fuese dirigida por la misma mano que sólo un año después fabricó una obra maestra de todos los tiempos titulada LAURA... Increíble pero cierto.
Saludos al margen.
sábado, 8 de junio de 2013
Saber y ganar
Desde siempre me han atraído esos cúmulos de extrañeza que son los concursos televisivos de preguntas; los buenos porque uno no puede dejar de preguntarse qué clase de bichos raros puebla cada rincón de este país, locomotoras pensantes que asisten impertérritos al bombardeo dialéctico que terminará por coronarlos como sabios oficiales. Los malos porque son exactamente todo lo contrario, y uno se pregunta otra cosa: ¿Es que acaso los eligen por imbéciles? Como curioso es también preguntarse por qué los premios son inversamente proporcionales al grado de dificultad impuesto... Aunque lo más inquietante (aparte de la verdadera edad de Jordi Hurtado) es explicar el insano deleite que la turba-muchedumbre (entre la que, por supuesto, me incluyo) encuentra en si el fulano de turno se lleva el primer premio, por no hablar de los exabruptos que se le dedican al pobrecico que no es capaz de superar la primera fase. Robert Redford realizó hace unos veinte años el que sigue suiendo el mejor acercamiento a este tipo de concursos, un demoníaco entramado que se tituló QUIZ SHOW y que hablaba de muchas cosas y a las que uno debe estar muy atento si no quiere perderse en la superficie de un film que, efectivamente, va mucho más allá en sus pretensiones. Hablamos de un caso real, el de un popular concurso en el que se destapó que su máxima estrella, que respondía preguntas a todo trapo, en realidad no era más que un títere al que daban las respuestas a priori. Ralph Fiennes encarna con acierto a este distinguido profesor universitario, un intelectual que se ve cegado por los focos de la fama y que perderá su posición social por no negarse a un amaño que incluso podría no haber sido necesario. En el otro extremo, John Turturro compone un excesivo e inolvidable personaje, el del concursante saliente, de extracción humilde y modales poco refinados, que llega a creerse incluso su derecho a disponer de esas respuestas y que, descontento con la solución económica que se le ofrece, optará por tirar de la manta, lo que tendrá un efecto dominó de terribles consecuencias. Al mismo tiempo aguijón de conciencias y espectacular retrato de un tiempo (los años cincuenta) en el que la ingenuidad supuso un negocio en sí mismo, QUIZ SHOW, su director, no puede evitar caer presa de un inusitado ataque de modestia, y uno se queda con la sensación de que, de arañar más, podía haber sido mucho más tremebunda y reveladora.
Saludos cuestionados.
viernes, 7 de junio de 2013
Moscas y martillos
Varias razones me han impulsado a escribir unas líneas a propósito de esa película-saga-factoría-centro comercial-cachondeo llamada SAW... y derivantes. Me había propuesto a mí mismo no hacerlo porque debo ser de los pocos a los que esta propuesta... y derivantes no ha sulibellado con sus fétidos perjúmenes. Sin embargo, y como decía, hice acopio de rastros y recordé que James Wan es el artífice de uno de los films que más me han gustado en los últimos tiempos, la aún infravalorada INSIDIOUS (... tiempo al tiempo...); además, el hecho de que la tortura (nunca mejor dicho) se haya disparado hasta las siete entregas (de momento...) no ha hecho más que seguir dotando al original, a punto de cumplir diez años, de un aura creciente. SAW no es tanto, ni mucho menos, pero aprovecha sus recursos con felina inteligencia; lo cual no quiere decir que sea un film especialmente inteligente, sino que defiende sus intenciones sin caer en la autoparodia involuntaria. Lo mejor es su arranque, cómo va construyendo un rompecabezas en torno a dos hombres que despiertan encadenados en un sucio baño público, las instrucciones que irán recibiendo y cómo el espectador va formando su propia versión de los hechos; hechos que no hemos visto, que conforman una película paralela y que finalmente es su gran hallazgo. Wan, gran manipulador de eso que creemos controlar llamado percepción, no hace más que recoger los pedacitos dejados por la miríada de subproductos que surgieron tras el éxito de SEVEN, de David Fincher, y contar con la colaboración de los espectadores, mostrando infinitamente menos que en las susodichas, lo que hace flojear el montante precisamente cuando enciende el escaparate de atrocidades, que, al menos a servidor, le dan más risa que otra cosa. Una entrega la habría convertido en una verdadera película de culto, el despiporre posterior es como para dedicarse a otra cosa...
Sawludos.
jueves, 6 de junio de 2013
Vivir en el intento
No habría dos sin tres, ni cine comercial alemán, sin Tom Tykwer, un tipo que parece haberse abonado a la imagen fácil y sobada. De sus rastreros últimos títulos no hablaremos, y sí del que sigue siendo su mejor y más laureado film. LOLA RENNT parece peor de lo que finalmente es, uno de esos subproductos noventeros que se limitaba a seguir la anchísima estela dejada por aquel transatlántico de ideas que fue TRAINSPOTTING; es posible que este frenético e incesante thriller contenga algunas de aquellas instantáneas, pero una vez detenido el encuadre (y vive dios que el propio Tykwer parece ansiarlo en varios puntos álgidos) aflora el enjuto pero poderoso guion ideado por el propio director. El título no es casual, no lo es la elección de una rojiza Franka Potente, cuyo aliento parece no tener fin; así como no es casual su corta duración (75 minutos escasos), que la convierte casi en una especie de episodio piloto fantasma para una serie que nunca existió. Tykwer quiso poner en marcha una bomba de relojería, mostrarnos el reloj, la cuenta atrás, y ello le sirve para hablar, en último término y cuando han cesado los disparos, acerca del tiempo y del amor, de cómo el amor es capaz de pulsar resortes ocultos cuando la vida de la persona querida está en peligro. Está claro que Tom Tykwer, de ser poeta (que no lo es), no pasa de escribir sus frases en bares de diseño, jamás en suntuosos cafés decimonónicos; para esta estupenda película, que cumple sus buenos quince años, le sirvió... el resto, ya lo conocen.
Saludos contrarreloj.
miércoles, 5 de junio de 2013
Gloria a los clásicos
De nuevo una producción alemana... que no parece alemana. De nuevo un film fantástico... aunque de género. Aunque otra vez una película que, sin estar tan mal como pudiese, no llega a donde debería. PANDORUM, de 2009, contenía tantos elementos interesantes que supuso un pequeño accidente en la invariable geografía de los consumidores masivos de este tipo de cine ¿El problema? El problema, para no extendernos mucho, es que se parece tanto a ALIEN... Para entendernos, se trata de dos pasajeros espaciales que despiertan tras una prolongada hibernación; luego descubren que "algo" les amenaza; para terminar, las pasarán canutas para sobrevivir... ¿Es ALIEN? No, es PANDORUM. Ahora lo bueno. Lo bueno es la química entre Dennis Quaid y Ben Foster; el primero es un todoterreno capaz de echarse a la espalda lo que sea y el segundo es un actor que a mí me parece estupendo (véanle en HERE, de 2011) y que es de los pocos actores jóvenes capaces de insuflar un punto de locura sin caer en el exceso. Además, los FX están más que correctos y hay un par de escenas que logran pegarte al sillón y que no les recomiendo que vean si son claustrofóbicos. A partir de ahí, al señor Alvart se le acaban las ideas y empiezan a llegar los mamporros, los jodidos sustos sonoros y los ojos desorbitados. Total, que una peli para pasar el rato no se conforma con ser eso, una peli para pasar el rato... No, encima tiene que copiar a ALIEN... Eso está ya muy visto y muy sobado, y cada vez me hace menos gracia. Una pena.
Saludos que nadie escuchará...
martes, 4 de junio de 2013
Los peligros de la sobreexposición
La película alemana HELL, estrenada en 2011, me sirve para profundizar un poco acerca de un mal endémico que viene afectando, desde hace algún tiempo, a un tipo de cine inequívocamente comercial pero que intenta desmarcarse de tópicos, manías y lugares comunes. El apocalipsis y sus variantes; el grupo heterogéneo de personajes, que alude a una interconexión argumental que sólo en contadas ocasiones se salva de la chapuza; el "elemento desestabilizador", que impone la nota misteriosa y luego va esclareciéndose; y, por último, una estructura en embudo absolutamente deudora de videojuegos. Y he ahí el quid.
HELL nos cuenta el enésimo fin del mundo, esta vez provocado por un importante crecimiento de la temperatura del sol, lo que dejará a la Tierra como un planeta desértico por el que deambulan unos pocos supervivientes que básicamente se limitan a no salir al exterior y buscar posibles fuentes de agua. Vale, de acuerdo, lo hemos visto muchas veces pero aun así podría seguir siendo divertido. HELL es divertida mientras estamos desorientados, mientras observamos a un trío silencioso que viaja en un coche opaco y la estupenda fotografía de Markus Förderer es capaz de recrear exactamente qué tipo de lugar se nos está describiendo; incluso algunos matices están bien resueltos, como el hecho de que la noche (al contrario de lo que podríamos pensar) no sea recomendable para excursiones, puesto que no todo el mundo tiene las mismas intenciones. Sólo hay un problema, y no es pequeño: a la mitad de la peli ya estamos hartos de lo que se nos está contando, no aporta nada nuevo y poco a poco va derivando hacia lo que el género fantástico va derivando poco a poco, que no es otra cosa que remedar LOST. Así, el peligro de este género es esa sobreexposición que sus personajes van evitando en todo momento... el del sol que más calienta...
Aun así, si no tienen nada que hacer una tarde de Domingo y (importante) su aire acondicionado da fresquito, puede que les sorprenda moderada y humildemente.
Saludos en Junio...
lunes, 3 de junio de 2013
De verdad... Jean Rouch #5
A ustedes, que creen haberlo visto todo, que seguirán ávidos de la "nueva imagen", de lo nunca visto, no les vendría mal un paseo por una de las filmaciones clave para entender por qué Jean Rouch es cine de la verdad, de cómo la realidad no sólo supera a la ficción, sino que es la única vía para comprender por qué se hacen ficciones. LES MAÎTRES FOUS es un fascinante y visceral zarpazo visual desde el corazón mismo de un superstición que, bajo la mirada limpia y honesta del documentalista francés, cobra una dimensión cambiante, de una extrañeza casi imposible de describir, de hecho, la habitual narración de Rouch, sin abandonar su inmediatez, bien parece quedar impregnada del ambiente eléctrico y malsano de lo que, sin exageraciones, se advierte al principio como "una experiencia violenta". La cosa es simple: Accra. Un grupo de nativos provenientes del exterior de la gran ciudad se reúne para un extraño ritual bajo trapos de colores y una estrafalaria estatuilla ataviada con gafas y a la que estamparán un huevo. La Union Jack y el habitual penacho que luce el gobernador. Para los que no vean más que las imágenes serán un grupo de negros en éxtasis, echando espuma por la boca, quemándose con antorchas y comiéndose un perro cocido; para quien, como Jean Rouch, tiene una necesidad intransigente por "conocer", cada movimiento espasmódico responde a la rigidez marcial que, efectivamente, el negro colonizado tampoco entiende. El negro, que ya estaba allí, atiende con curiosidad a unos seres con casacas rojas, plumas en la cabeza y palos que escupen fuego, y lo imita a su manera. A su manera, LES MAÎTRES FOUS es una película tan esclarecedora como terrorífica. Véanla.
Saludos.
domingo, 2 de junio de 2013
Rincón del freak #110: Me llaman el desaparesidoooo...
Nota aclaratoria y fundamental: "No confundir la memez de hoy con el film canadiense del mismo nombre y estrenado este mismo año. Básicamente porque ese sí está bastante bien".
Bueno, muchachada, érase un tipo con gorro altiplanero que cantaba con vocecilla resfriada aquella cancioncilla que invitaba al consumo de ciertas sustancias y unirse al respetable club de los holgazanes con causa, camisola de puntillo y zapatillas de diseño... Adiós, Manu; Chao, Manu. Cuando no existe nada no se puede hablar de nada, y es mejor callar. Lo decía nada menos que Wittgenstein, que era más elegante y desquiciado, un cabronazo de los que dan miedo. Así que les expondré brevísimamente por qué no deben desperdiciar su valioso tiempo en ver THE DISAPPEARED. No la vean porque no tiene ningún significado. No la vean porque es un coñazo. No la vean porque es como si el técnico de sonido de Cuarto Milenio le hubiese pedido localizaciones a Mike Leigh (probablemente después le pidiese dinero y todo...) No, no la vean y ya está... Yo no vería un horror en el que el equipo está, pues eso, desaparesidooooo...
Saludos, gañanes.
sábado, 1 de junio de 2013
Ecos de una Europa lejana
Pulsar diferentes estados cinematográficos alrededor de un punto común puede resultar una experiencia tan gratificante como a veces agotadora. No es lo mismo (aclaremos que de la primavera del 68 hablamos) angostar los márgenes "independientes" surgidos en Hollywood que bosquejar la deriva de todo el Cono Sur americano. Y si en Europa el movimiento centrífugo lo iniciaba Francia, no es menos cierto que países con un peso discreto comenzaron a desperezarse a raíz de aquel momento que, tal y como están la cosas, cada vez parece más una invención "tolkieniana"... En Escandinavia, que con tanta naturalidad han asimilado posturas progresistas (de sus claroscuros hablaremos otro día), es verdad que poco o nada había entre el gigante sueco, con un modelo de producción que permitía financiar casi cualquier cosa, o la aún balbuceante Dinamarca, recién desaparecido Dreyer. Sin embargo, curiosamente surgió un miniboom bastante intresante en Finlandia, cuya producción estatal siempre había seguido los pasos de la Svensk Filmindustri y nunca había dejado mucho margen a la experimentación. Son varios los títulos clave que recomendaría para iniciar tan saludable paseo por una cinematografía que siempre hemos asociado a Aki Kaurismaki, pero el de mayor calidad quizá sea KUUMA KISSA? (un elocuente ¿GATA CALIENTE?), que abordaba los vaivenes sexuales de una joven profesora que se debate entre la no dependencia de los hombres que la abordan sin cesar y la insalvable distancia ideológica respecto a sus conservadores compañeros en la escuela donde trabaja. Su vida se desmoronará tras conocerse que ha mantenido una relación escondida con un alumno, sin embargo, lejos de adentrarse por el folletín de denuncia, el director Erkko Kivikoski aprovecha el inteligente guion para aunar un fuerte alegato contra la hipocresía del pensamiento único (que llega incluso a recordar a la reciente JAGTEN), al tiempo que ofrece un valioso retrato de una sociedad tan desconocida para nosotros como la finlandesa y que también tuvo sus propias convulsiones tectónicas. Una película recomendable y que trasciende la mera curiosidad frívola.
Saludos helados.
viernes, 31 de mayo de 2013
Desde que tú y yo nos vimos...
... en aquella sala oscura, donde igual fusilaban a un partisano que un niño cruzaba una luna llena, donde los violines teñían los besos o un vaquero moría cien veces, nunca he dejado de quererte. Te he observado con ojos ávidos que, a fuerza de ser fieles, se han vuelto más exigentes; y es que primero fue la inocencia del juego, el juego de la luz. Pero entonces, sin previo aviso un mono tiró un hueso hacia arriba, y todo cambió para siempre... Es desde entonces que nuestro amor de correspondencias se ha vuelto menos emocionante pero más fiable, y es un amor que podría ser el principio de una gran amistad. Y si tuviera que describir esta pasión, cómo se siente uno cuando se encuentra frente al monolito que no entiende, a su irresistible campo de atracción, tendría que irme cincuenta y tres años atrás, a París, dar vueltas alrededor de una menuda chica de pelo corto, desafiarla sin temor, dejando que el cigarrillo se consuma en los labios... Me iría con ella a una habitación cualquiera y hablaría sobre cualquier cosa, menos de lo que se supone que hay que estar hablando; pondría discos... Es una sensación extraña, porque por un lado nos hemos hecho mayores, pero por otro no podemos evitar ser inmaduros y maravillosos.
Si es de esto de lo que están hechos los sueños... ¡No me despertéis, hijos de puta!...
jueves, 30 de mayo de 2013
Cuidado con lo que deseas...
Cuidado con lo que deseas, podría hacerse realidad. Podría hacerse realidad que después de estar cerca de treinta años dirigiendo amables comedias románticas, ganándote el sueldo como inocua rampa de lanzamiento para futuros aspirantes a estrellas o aceptando que tus películas jamás llegarán a Cannes ni serán analizadas en profundidad por sesudos intelectuales, verdaderos pensadores de cine... A lo mejor un día alguien te encarga algo que parece un regalo pero que entraña un grave peligro. El director es Michael Hoffman, la película es THE LAST STATION, la traición se llama "hablemos sobre Tolstói". Bien, hablemos sobre Tolstói, ¿pero cómo? Uno puede ser riguroso, puede entroncar poética con contemplación, ampliar la panorámica hasta abarcar un tiempo y una situación, o incluso inventar una divertida parodia a lo Woody Allen. Lo que no se debe hacer (y mucho menos si esperabas lograr al fin cierto reconocimiento a tus esfuerzos) es creerte que lo que estás haciendo es "resucitar" a Tolstói. Básicamente porque no lo estás haciendo. THE LAST STATION es un film que se recrea en exceso; en los trajes, los paisajes, los rostros, las frases lapidarias. Sin embargo, nada de esto rechina en Syberberg o Greenaway, a lo mejor porque son directores de cine que están (y siempre estarán) un paso, o varios, por encima de Hoffman, al que sólo podemos pedirle que no atente, que no descarrile ni traicione su estilo "finamente encorsetado". Los actores son de altura, tienen toda una suerte de directrices para erigirse beneficiados de este entramado pseudohistórico y azucaradamente indulgente, y lo hacen. Christopher Plummer da veracidad y oficio a su recreación de un Tolstói al final de su vida, Helen Mirren convierte en oro cada frase que pronuncia, James McAvoy confirma que es uno de los mejores actores surgidos en los últimos años... Pero, ay, Mr. Hoffman...
Biosaludos.
miércoles, 29 de mayo de 2013
Pero ríase, desgraciado
Siempre se ha argumentado, con mayor o menor precisión, que existe una distancia insalvable entre la comedia clásica española y la italiana, y que, más allá de los "trasvases" que se han producido entre los nombres más importantes de ambas cinematografías, presenta un problema que podríamos definir de "actitud". A mí me parece que algo de eso hay en un título fundamental para mirar con extrañeza a uno y otro lado y comprobar que los mismos espacios se pliegan hacia motivos diferentes. En A CAVALLO DELLA TIGRE, Luigi Comencini dibujaba una sonora mezcla tragicómica en la que sobresale la triste figura de un pobre diablo interpretado deliciosamente por Nino Manfredi y cuyo posterior devenir quedará perfectamente plasmado en la estrambótica secuencia inicial, en la que el pobre Giacinto, desesperado por su situación económica, idea un asalto ficticio para poder pedir una indemnización. No sólo acabará autolesionado, sino que será descubierto por un pescador que pasaba por allí (el colmo de la cutrez) y será encarcelado por fraude. Tras tres años siendo el hazmerreír de la cárcel, donde será constantemente utilizado tanto por los demás reclusos como por los guardias, Giacinto sólo espera la recta final de su condena, aunque se verá forzado a participar en una fuga, convirtiéndose así otra vez en un fugitivo. Con una complejidad mucho mayor de lo que se podría pensar viendo los elementos que la componen, es difícil pensar que este guion se hubiese podido desarrollar en España hace cincuenta años, excepto si pensamos en Berlanga... ¿Que qué podría haber cambiado (yendo un poco más allá) Azcona? Puede que al culpable de tantas desdichas. Y es que sólo el destino puede aparecer tan caprichoso...
Saludos a rayas.
martes, 28 de mayo de 2013
Hasta 2016
No, lo siento pero el título de la reseña no alude a la despedida del blog (se chinchan), sino a la supuesta cadencia que toman, hasta la presente, las películas de Pascal Laugier, un señor que a mucha gente le parece el novamás de esa tonturrada del "post-horror" y que a servidor le provoca bostezos, visitas al Seiko y urticarias emocionales... De acuerdo, con THE TALL MAN mejora pelín, pero es que tampoco era complicado superar aquella cosa que se llamaba MARTYRS. Eso sí, mejora en lo que la mayoría de pelis de miedo hacen bien desde hace años, que son los primeros 10-15 minutos, lo que debería hacer replantearse a algunos pedantillos el formato corto. Esta película debería haberse llamado "Jessica Biel's presents", y no sin razón, pues esta actriz lleva ya algún tiempo coqueteando peligrosamente con el encasillamiento autoconsciente, y que no es el de scream queen, no, sino algo mucho más "post..."; se trata del papel de señorita embutida y mirada bovina que de repente te suelta una patada en los huevos y se larga corriendo y mirando atrás con labios agrietados... Y eso que a mí la Biel me pone, pero es que uno no llega a comprender bien ciertas cosas. Lo que Laugier propone es, en esencia, una trampa falaz que podría asumirse amablemente si al menos fuese entretenida y se despojara de solemnidad. Pero no, que este señor ha rodado MARTYRS, oiga. Los primeros quince minutos de THE TALL MAN están bien, con ritmo, provoca la suficiente inquietud como para pensar que, efectivamente, todo va a irse al carajo cuando llegue el momento de las explicaciones. No contaré nada, porque no soy tan cabrón, pero sí les prevengo de que este tipo debe estar muy trastornado para rodar un final que parece un anuncio de pañales... Yo no sé, sólo espero dos cosas en esta vida: que este señor mantenga la cadencia hasta dentro de tres años (y no la adelante) y que la Biel se replantee seriamente su deriva profesional...
Saludos largos.
lunes, 27 de mayo de 2013
De verdad... Jean Rouch #4
MAMMY WATER, corto de unos veinte minutos rodado en 1953, alude a los ritos de los pescadores de la costa de Ghana, sus elaborados preparativos para obtener una pesca propicia, al tiempo que aplacan la ira de los dioses marinos. Con una preciosa fotografía en color, Rouch deja la narración en un segundo plano y filma la abigarrada procesión de cuerpos, trabajadores confeccionando redes, el mar embravecido contra las embarcaciones, el sacrificio de una vaca en la misma orilla, el mar teñido de rojo... No veremos más que la cotidianidad de un pueblo dedicado a su subsistencia, su felicidad por el pescado recibido y el agradecimiento a esos espíritus por no cobrarse ninguna vida.
domingo, 26 de mayo de 2013
Rincón del freak #109: Un horror de cartón piedra
Un horror es, efectivamente, HITLER´S MADMAN, un estiradísimo panfleto antinazi para el que la Metro reclutó a un Douglas Sirk obediente y cumplidor, pero sin ninguno de los valores cinematográficos que hicieron de él uno de los mejores directores del periodo clásico de Hollywood. Es más, estoy seguro de que el nazismo, los nazis, lucían mucho más terroríficos en sus propios panfletos; y se me viene a la cabeza, cómo no, Leni Riefenstahl. Ya desde el truculento cartel promocional, en el que unas virginales muchachas aparecen esparcidas ante una gigantesca y anómala mano gigante coronada con un elocuente "Sensational!", la historia (historieta más bien) nos sitúa en un bucólico pueblo checo que parece sacado de las páginas de Shelley y en el que no nos hubiese extrañado ver ondear la capa verde del Dr. Doom... Allí llegan los nazis, que incordian un poco al párroco mientras va de procesión, hacen preguntas a lo Philip Marlowe (ya saben: miradas aviesas, cuellos estirados...) y sospechan que quizá exista una resistencia montañesa local cuya intención sea dar al traste con los planes de un Hitler al que, como no podía ser de otra manera, no veremos nunca. Por destacar algo, sólo podría destacar a John Carradine, que hace lo que puede para hacernos creíble a un oficial de las SS con acento de Poughkeepsie... En definitiva, HITLER'S MADMAN es uno de esos patéticos ejemplos de comedia involuntaria en los que una risa inesperada sustituye al verdadero efecto que se creía que tendría. Porque si alguno de ustedes se asusta viendo esto es que tiene serios problemas emocionales...
Saludos esvásticos.
sábado, 25 de mayo de 2013
El borracho
La imagen es tan poderosa como devastadora: una ventana filmada desde fuera de la que cuelga una botella de una cuerda; de repente, una mano nerviosa busca la cuerda, iza la botella y estamos dentro del apartamento, pero apenas el hombre destapa la botella y la mira con deseo febril, es interrumpido por unas voces y su expresión torna a un fastidio desesperado. Así describió magistralmente Billy Wilder el día a día de un alcohólico irredento en THE LOST WEEKEND, probablemente el más crudo y certero retrato de la adicción a la botella jamás filmado. Ray Milland (un actor que debo confesar que nunca ha sido de mi gusto) da vida a Don Birnam, uno de esos millares de escritores sin páginas realmente escritas y que ahogaban la frustración de su fracaso en litros de alcohol. Ésta podría haber sido otra historia de borrachos, de perdición, fracasos, mujeres enamradas de fracasados y barras de bar, pero a mí me parece sobre todo un magistral tratado sobre el tiempo, tiempo que pasa pastoso y comprimido, un tiempo en el que no pasa nada y que da la espalda al Hollywood de las consonantes y las pautas bien marcadas. Wilder coloca excepcionalmente dibujado a Birnam frente a un camarero que se sabe verdugo, que le sirve la copa a regañadientes; el whisky hasta el borde, tembloroso, como si cada gota que se pudiera derramar fuesen trozos de vida que se escapan. Tiempo. THE LOST WEEKEND es el descenso a la mierda, no a los infiernos, y es el triste devenir de un hombre reducido a la nada, porque nadie puede ayudarle y él no quiere ayuda. Una manera de suicidarse como otra cualquiera, entre el placer y el dolor, pero que al durar más tiempo intensifica el dolor producido a su alrededor. Nunca el sonido de una botella vacía había sido tan terrible...
Ya lo dijo Chinaski: "... el borracho sabe..."
Saludos empapados.
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