viernes, 1 de agosto de 2014

Aquellos refrescos...



El otro día fue un día triste. Decían en la radio que había muerto Álex Angulo, me puse a recordar, como siempre me pasa. Angulo era un tipo que me caía muy bien, como Karra Elejalde, Patxi Bisquert y otros actores vascos, a los que le veo una humanidad y una generosidad fuera de toda duda. También era el actor que, creo, mejor ha comprendido el espíritu de Álex de la Iglesia para trasladrlo a la pantalla. Un actor, en mi opinión, con un talento capaz de hacerte dudar de qué estás viendo en pantalla. Lo demostró en EL DÍA DE LA BESTIA, su mejor papel, pero también en el primer trabajo del director bilbaíno. MIRINDAS ASESINAS es de la Iglesia en estado puro, un bombazo de fantaterror castizo y kamikaze, trufado de humor negro y con la primacía del gusto por el detalle que siempre ha distinguido al buen cine español. Este hecho con cuatro duros (de la Iglesia tenía 25 años) pero con las ideas bien claras y el atisbo de lo buen guionista que luego sería Jorge Guerricaechevarría. La recomiendo porque es difícil encontrarle algún otro papel protagonista a Angulo, y éste estaba hecho a su medida, pero también porque tiene algunos momentos impagables (lo del Olentzero es para troncharse).
A su memoria vaya...
Saludos.

jueves, 31 de julio de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #21



Aun con todo su talante lúdico, su elaborada puesta en escena y un solemne gusto por la precisión dramática, es difícil rastrear algo del Resnais suicida y laberíntico; ni deberíamos. PAS SUR LA BOUCHE es un libreto, una opereta (como bien se encarga de recordarnos una voz en off en los divertidos títulos iniciales), un enredo-equívoco-amalgamiento que funciona por el estimable trabajo de la "cuadrilla Resnais" y algunas filigranas melódicas y coreográficas que bien podría haber firmado el mismísimo Busby Berkeley. ¡Chapeau!. Un musical (este, sí, cantado) que versa sobre las idas y venidas del corazón cuando éste no se decide a econtrarse a sí mismo. Los involucrados son un matrimonio acomodado (Arditi/Azéma); la hermana solterona de la mujer (Isabelle Nanty); una joven alocada (Audrey Tautou); un joven artista, inventor del "cucuísmo" o "cubismo cuneiforme" (Jalil Lespert); un norteamericano recién llegado con un pasado escabroso (Lambert Wilson); un tipo solícito y acuciado por ataques de hipo (Daniel); y una portera... extraña (Darry Cowl). Sus pasiones, intraltos y deseos ofuscados les llevarán a no saber nada unos de otros hasta confluir en su última verdad... y no precisamente la más atractiva. Y a mí me da que, por aquel entonces, Alain Resnais se veía en el derecho, cuando no obligación, de darse un gustazo privado, quizá recordar pasajes de su infancia y juventud y ensayar aquellas comedias ligeras de René Clair. Un poco ensimismado en su propio aire de ensoñación y evocación... aunque ahora es el director quien sueña...
Saludos.

miércoles, 30 de julio de 2014

América esquizoide



Y, bueno, vayamos con el tercer título "prometido" de John Frankenheimer; nada menos que SECONDS, de 1966, un devastador y terrorífico relato acerca de la pérdida de la propia identidad. Aunque sería más ajustado hablar sobre la no aceptación del yo y la voluntad de ser otro, una metamorfosis trascendente y programada para obtener un cierto estatus de felicidad, aunque con un caro precio: despojarse de quien una vez se fue. La película es oscura, fría, poco amable, una especie de advertencia sobre los cambios que el cine norteamericano empezaba a atisbar al mitigar el recurso clásico y buscando fórmulas que lo emparentaran con nuevos lenguajes narrativos. Todo comienza con un misterio, un largo preámbulo de tintes "lynchianos" en el que un banquero de mediana edad recibe una extraña nota con una dirección; lo que encontrará allí superará sus expectativas, máxime al recibir la llamada de un viejo amigo que creía muerto. Este hombre, perdido, temeroso, alberga una idea fija: su vida nunca le ha gustado y no puede perdonarse no haber luchado por sus sueños de juventud. Ahora todo puede cambiar, le es prometida una nueva vida, la vida que siempre deseó tener; será un joven artista, soltero, rico, envidiado... Por un lado, Frankenheimer usa el archirreconocible rostro de Rock Hudson como lienzo en blanco para retratar a un hombre que no se reconoce a sí mismo y que tiene ante sí el terrible dilema de ser otro; lo que parece ser idílico deviene pesadilla, y puede rastrearse claramente en una América que intentaba, por entonces, sacudirse los fantasmas de la guerra, o más bien mostrarse ante el mundo con una cara más saludable y amistosa. Signo de los tiempos, a los que John Frankenheimer, un director en perfecta sintonía con cada momento histórico, no podía sustraerse. SECONDS es una metáfora hiriente, un extraordinario ejercicio de relajado suspense y una especie de precursora de otra obra maestra, ésta contemporánea: nada menos que THE MASTER.
Apasionantemente escalofriante.
Saludos.

martes, 29 de julio de 2014

América paranoica



SEVEN DAYS IN MAY comienza con un equívoco bastante inteligente: pancartas frente a la Casa Blanca, disturbios, la paranoia nuclear de hace cincuenta años. Seguidamente, dos altos cargos militares, General y Coronel, dan cuenta frente al Senado; sus gestos y palabras parecen calculados, poco naturales. Es la blasfemia de la intervención militar como única alternativa posible al fracaso democrático. El presidente de los Estados Unidos parece un hombre perdido, acogotado por la falta de confianza del pueblo; el médico no ve claro el estado de su salud. Los militares, regios, seguros de sí mismos, comparten una camaradería que les convierte en hombres que saben cómo actuar, de manera precisa, en el momento preciso. Llegado el momento, John Frankenheimer vira por completo las insinuaciones y las transforma en certezas: el General pretende hacerse con el poder usando, si fuese necesario, la fuerza, y basándose en la debilidad presidencial para afrontar lo que él considera un inminente ataque del bloque soviético. Y no logro imaginar, en la actualidad, un manifiesto pacifista más inteligente y sutil; con los galones del thriller político-militar clásico, Frankenheimer pone a todo un país frente a sí mismo, al miedo que lo atenazó (quizá aún sea así) y justificó algunos de los actos más reprobables y repugnantes del Siglo XX. Y el guion de Rod Serling es muy bueno, y el crescendo atrapa al espectador poco a poco, con suavidad. Y luego está el monumental elenco, brutal, con un protagonismo absolutamente repartido entre algunos nombres que puede que les suenen: Kirk Douglas, encarnando a un militar obligado a enfrentarse a su propia conciencia; Burt Lancaster, en uno de sus mejores papeles, capaz de transmitir una fiereza contenida casi sin inmutarse; Fredric March, como un muy creíble y nada caricaturesco presidente; el gran Edmond O'Brien, con un papel hecho a su medida (un senador con serios problemas con la bebida) y que le valió una nominación a los oscar; e incluso una Ava Gardner ya en su declive físico, pero que tiene una escena memorable junto a Douglas.
Ya no se hacen películas así, y, presos como estamos de nuestra propia tontuna existencial, bien haríamos en cruzar los dedos... y no por los rusos...
Magistral.
Saludos.

lunes, 28 de julio de 2014

América violenta



Debo confesar (no es ninguna disculpa, porque para mí esto es un placer) que este final de mes se me ha hecho cuesta arriba para mantener una actividad bloguera decente, alternarla con un visionado abundante de cine y, además, intentar ser una persona humana y relacionarme con mis congéneres... Y eso que del trabajo ni hablo... Pero, anyway, porque los amigos son los amigos, y si además son tocayos pues mejor; y como yo le prometí a un tocayo mío que tiene mucho salero y sabe mucho de muchas cosas que pondría aquí al Frankenheimer que a él le gusta, y como me dejó tres referencias ineludibles... Pues eso. 52 PICK-UP, con la que no estoy de acuerdo que sea un J. F. menor, quizá algo atenazado por la terrible presión que los Golan/Globus ejercían por aquellos asesinos años ochenta sobre sus directores-víctimas propiciatorias. Y me parece complicado sacar un buen material de ahí, pero Frankenheimer dispuso de una vertiginosa novela de Elmore Leonard para dejar claro que lo suyo es narrar con oficio y calidad, a la vieja usanza. Y además está Roy Scheider haciendo de héroe improvisado, un tipo al que chantajea un trío de villanos de los que deberían tomar nota los directores actuales, tan dados al maniqueismo esposado. También está Ann-Margret (¿se acuerdan de Ann-Margret?), aunque su presencia es bastante testimonial. Lo mejor es la entidad con la que Frankenheimer dota a sus personajes, haciéndoles interactuar según sus propias motivaciones vitales; lo peor es cierto cansancio llegado el momento de las tortas, porque la gracia aquí es el juego psicológico (yes, como en un juego de cartas) emprendido por el ladino Scheider cuando se ve entre la espada y la pared. Y dos curiosidades: el guiño (sólo en versión original) a "El gran Gatsby" y la alucinante escena de la fiesta, trufada de celebridades del cine porno de aquella época... Les reto a que reconozcan algunas..
Muy entretenida, sí señor...
Saludos.

domingo, 27 de julio de 2014

Rincón del freak #164: El barniz nuestro de cada día (y que todo lo cubre)



PATRICK (versión 2013) la podría resumir yo en un par de líneas: "Una muestra de incapacidad creativa más propia de Kiko Rivera que de un señor al que una productora le pone dinero para que sea capaz de hacer algo con el mismo". Y poco más. O sí. Bueno, que si no habéis visto la original, la que pusimos aquí ayer, a lo mejor os sorprende un poquito... No lo creo, pero el público juvenil de hoy en día es muy raro y cada vez los recipientes de las palomitas son más grandes y las salas más pequeñas, así que puede ser que lleguemos un día a no poder ver la pantalla, hundidos bajo el peso del maíz inflado... Es... de ese género que lleva produciéndose en la última década: mucho ruido, mucho brillo (satinado) y mucha cara de levantarse temprano aunque no haya nada que hacer en todo el día. A mí me produce pereza y hastío, y como las veo en el PC, pues a lo mejor me voy a cocinar, y cuando vuelvo han pasado veinte minutos... y lo peor es que no se nota nada...
Terrible.
Saludos.





PD: Estoy en pleno proceso de metamorfosis internetiana, y me paso a la Fibra, aunque no me gusten los cereales, que me parece comida de pájaros... En fin, que puede ser que no esté disponible durante algunos días. Abur.

sábado, 26 de julio de 2014

El asesino inmóvil



Otra de esas películas que mi subterráneo imaginario ha ido rescatando del olvido más absoluto es una curiosa producción australiana de cuando en Australia se invertía para el cine. PATRICK fue una especie de moderada conmoción en el panorama del fantaterror, un frío y malsano retrato de una personalidad malvada y destructiva. Hasta ahí, son muchas las referencias respecto al cine que se ha ocupado de los psicópatas y asesinos en serie... Con una particularidad: Patrick, el tipo en cuestión, no puede moverse; de hecho, está en coma, lo que de entrada ya es lo suficientemente original y estimulante. Aun con sus carencias, sobre todo de índole técnico, la volví a ver hace poco y llevéme una agradable sorpresa. El film no sólo ha envejecido poco, sino que le da sopas con honda a la horda de digitalismo imperante hoy día, al fiarlo todo a un ingenioso guion (con un prólogo escalofriante y mítico para cualquier buen aficionado) y a un puñado de buenas interpretaciones. La británica Susan Penhaligon (llamada la Bardot inglesa) está magnífica como la sensible y luchadora enfermera Jacquard y Robert Helpmann (casi el Fred Astaire australiano) da vida al inquietante médico y rector de la residencia donde se desarrolla toda la trama. Pero sin duda, lo que ha pasado a la historia es la impertérrita expresión de un actor cejijunto y de ojos claros, Robert Thompson, quien sin moverse ni decir una palabra es capaz de provocar más de un sobresalto. Yo la recomiendo por la hábil dirección del siempre solvente Richard Franklin y por intentar dar un paso más allá, sin plegarse a convenciones gastadas del género. Y además te deja el cuerpo regular...
Saludos.

viernes, 25 de julio de 2014

Lo que no se cuenta



LOS BASTARDOS es la película perfecta para anticipar HELI, con un discurso ya más elaborado y pleno de confianza. Antes, este lacónico retrato de algo que primero parece una cosa para ir convirtiéndose detalladamente en otra refleja una realidad: la mayoría de lo que ocurre en la inmigración ocurre en los márgenes. En un largo plano inmóvil, Escalante da cartas de presentación a su improbable pareja protagonista, Fausto y Jesús, que vienen dándole patadas a un balón desde la lejanía de un canal vacío. Son elementos sin ocupación, individuos sin ubicación en una sociedad, la norteamericana, que no les quiere pero les explota. A continuación, una despreocupada conversación entre un grupo de inmigrantes ilegales, entre los que se encuentran los antes mencionados. Salen, casi sin querer, los chascarrillos escabrosos (¿Te acuerdas del gringo que me quería violar?); sólo esperan un "algo" que en realidad es una pickup arquetípica, con un tipo arquetípico con zapatillas Nike y gorra, que sólo quiere mano de obra rápida y barata (10$ la hora). En un par de escenas, Amat Escalante traza un línea que, después, le permite digredir el discurso sin solución de continuidad. Fausto y Jesús deambulan por una lujosa urbanización, cae la noche y buscan una casa. A partir de ahí, el relato se tensa y la atmósfera se llena de violencia, aunque el gran hallazgo de Escalante es colocar a sus personajes cada uno en un extremo y que sea la incomprensión mutua la que se apodere de sus actos. El final, abrupto, tan nihilista como significativo, lo deja todo como al principio; ni siquiera un estallido de brutalidad o una venganza pagada puede alterar el estado de las cosas, así que todos seguiremos tan felices como siempre... siempre que no nos lo cuenten.
Saludos.

jueves, 24 de julio de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #20



En 1997, con 74 años, Alain Resnais filmó una película insólita en su filmografía, una especie de "liberación" personal, que por un lado confirmaba la relajación progresiva que su cine ya llevaba tiempo mostrando, y por otro anticipaba un género que yo no sé si realmente existe: el falso musical. Más bien comedia de enredos, y debiéndole mucho al tándem Agnés Jaoui/Jean-Pierre Bacri y su agridulce visión de las relaciones sociales, ON CONNAÎT LA CHANSON parece un jukebox puesto en imágenes o un karaoke en playback... Demasiado jugueteo para un autor capaz de extraer el horror nazi de un simple paseo... No quiero decir nada con esto, a mí no me gusta demasiado, tampoco conozco la mayoría de las canciones, provenientes del imaginario melódico francés, pero está claro que se trata de uno de los trabajos más accesibles de Resnais, que sólo al final deja atisbar algo de su genio, pero en verdad pareciera que alguien (algunos) le está haciendo el trabajo; menos aristas=menos cortes. El peso de la interpretación está totalmente repartido, a tal modo de que si no fuera por la forzada interconexión entre los mismos, el resultado sería ininteligible. Es la historia de siempre, con amores no declarados y una extraña fijación por las relaciones entre jefes y subordinados. Quizá habría quedado más ágil e interesante en otras manos, pero si a Resnais le dio por divertirse un rato no seré yo quien le lleve la contraria. Ni mucho menos.
Saludos.

miércoles, 23 de julio de 2014

Bastardo #3



Alguien debió prevenir al responsable de la campaña del gobierno francés contra las enfermedades de transmisión sexual, que el designado para el cortometraje iba a ser Gaspar Noé... JuasJuas! Bingo! Noé!... Esto sólo podría pasar en Francia. A usted, reconocida joven promesa del cine patrio, le dicen: "necesitamos reforzar nuestra imagen de país progresista y comprometido con la erradicación de las lacras sociales, como, por ejemplo, el SIDA"... y "usted sólo tendría que filmar un pequeño cortometraje... seis o siete minutos". Y veo a Noé, el tipo que más sonríe del mundo, bigotudo, feliz, dando insonoras palmaditas "¿Cuándo empezamos, gringa?".
El resultado: SODOMITES, o: siete minutos (al menos Noé es rígido con las restricciones temporales) de locura pornográfica malsana y... esperen un  momento... Lo más parecido que he visto a cómo debe ser que se corran en tu cara cincuenta tíos malolientes. Esto no es una mala crítica, es una buena crítica; SODOMITES es exactamente lo que el cine necesita ser para no anquilosarse: intención, contenido y libertad para cohesionarlo ¿Que hay que hablar de lo chungo que es follar sin condón? Venga pues: una mazmorra. Los cincuenta tíos malolientes cascándosela. Una señora inclinada hacia delante y abierta de piernas. Un tipo con máscara de lobo al que tienen que sujetar para que no se desboque. Todo está preparado para una penetración anal. En exhibición. Pero...¡alto! Tenemos un preservativo negro, porque ni siquiera los lobos están libres de la infección... En otras manos, esto ya habría sido más que suficiente; Noé, sin embargo, no para en este golpe de efecto. Efectivamente, su cine consiste en mostrarlo todo, audazmente... Y a fe mía que lo muestra todo.
Brutal, genial, intemporal...
Saludos.

martes, 22 de julio de 2014

Bastardo #2



El segundo en discordia, cómo no, Amat Escalante, protegido de Reygadas, barcelonés accidental y director capaz de aunar en sus trabajos más audaces una extraña mezcla de violencia y calma, como si ambas cosas pudieran coexistir naturalmente y sin molestarse la una a la otra. AMARRADOS fue el cortometraje que filmó en 2002 en las calles de Guanajuato (una constante en todas sus películas), en un bello Blanco y Negro y con la difícil premisa de conectar la denuncia social con un sentido lírico y reflexivo. Por un lado se muestra la triste situación de los niños que viven en la calle engañando al hambre con pegamento, y por otro el prostíbulo en el que vive recluida la hermana de éste. Es verdad que a Escalante le cuesta un mundo no irse por las ramas (ni en 16 minutos) y tira de recursos de difícil ubicación, como esa extraña señora que toca el piano y que no se sabe qué pinta aparte de aportar extrañeza. En fin, un trabajo primerizo, de excelentes intenciones, y que abrió las puertas de los festivales internacionales a Amat Escalante.
Saludos.

lunes, 21 de julio de 2014

Bastardo #1



Hoy, mañana y pasado, quedarán resueltos por tres cortometrajes que iniciaron el devenir de tres de los directores que actualmente podríamos considerar "polémicos", por poco que me guste el término. Dos son mexicanos y uno francés, y ustedes los conocen igual que yo. El primero es Carlos Reygadas, un director poseedor de un talento visual que, ahora mismo, me parece insuperable, pero al que le pesa la carencia de un pulso narrativo más reconocible y asimilable. MAXHUMAIN fue un escueto corto (6 minutos) que Reygadas filmó en Bélgica tras reconocer que su futuro como jurista internacional no iba a llevarlo a ninguna parte. Allí encontró financiación, apoyo moral y, en fin, una justificación para convertirse en cineasta. MAXHUMAIN es, si acaso, un guiño a Buñuel, melancólico y turbador, con el ruido del oleaje en una playa de fondo y una sencilla conversación entre un niño y su madre. Buscando el punto de ruptura, de improviso, Reygadas, sin avisar, convierte al niño en joven y muestra el pecho semidesnudo de la madre; se logra así el efecto surreal u onírico del relato soñado o simplemente evocado. Con aún una carta más que mostrar, el corto se cierra con otro personaje (quizá sueño también) que asiste horrorizado al crecer de la marea sobre su cuerpo inmóvil y que luego Reygadas ha usado como imagen-icono recurrente. No es que sea un impacto bestial, y de hecho me parece un corto bastante normalito, pero es cierto (suele ocurrir) que pueden rastrearse constantes en su cine posterior.
Saludos.

domingo, 20 de julio de 2014

Rincón del freak #163: Película horrible con genio al fondo



Nunca he entendido la nomenclatura de unos tipos bastante panzones, calvos por añadidura, ridículos zarcillos y vestimenta, que, por si fuera poco, asoman su azulona tez de por la pírrica hendidura de una cosa en tan desuso como pudiera ser una lámpara de aceite... ¿Genios? Porque "genio" viene de "genial", y estos tipos parecen salidos de una sauna gay y tan sólo para joderte con la memez esa de (voz de barítono de ultratumba) "Tiene usted tres deseos", cuando en realidad se la sudan tus deseos de comprador compulsivo de cupones de la O.N.C.E., que esos sí que son unos genios de verdad con el emporio que han montado... En fin, que de nuevo toca vuelta a la tierna juventud (no tanto infancia), con una película de 1987, típica serie "B", sobre un grupo de hormonas..., digo, estudiantes; una lámpara y, claro, un genio. THE OUTING empieza decentemente, con gritos y sangre de mentira y gente cercenada por la mitad, pero luego hay como una hora en la que no ocurre nada destacable, hasta que en el tiempo de descuento sacan al genio de la lámpara (bastante feo, por cierto) y ya está... Es decir: nos venden una peli de terror con monstruo, cuando en realidad lo que querían rodar era un capítulo de "Dinastía" por si les fallaba algún actor. En los años 80 estas cosas tenían su pase, sobre todo en vídeo comunitario, pero si a alguien le produce inquietud o mal rollo esta imbecilidad, pues lo siento por él...
Saludos.

sábado, 19 de julio de 2014

En el país del horror



Me he puesto al día con los dos máximos exponentes del último cine mexicano, Carlos Reygadas y Amat Escalante. Un deuda pendiente de las de paciencia y buen tino, porque se trata de propuestas extremas, nada complacientes y siempre al margen de la comercialidad, en esa vaga e improbable twilight zone de los festivales internacionales. Reygadas, impulsor; Escalante, redefinidor; los dos, trabajando codo con codo, le están dando a México (y no me parece pero ni poco) algo más que notoriedad: identidad propia y reconocible ¿Acaso el "milagro" viaja desde Argentina a Rumanía y ha encontrado un nuevo hogar? HELI, última película de Amat Escalante, semeja un cine del tedio, de la miseria falsamente buscada, pero su impactante comienzo parece querer advertirnos: aquí hay historia, incluso denuncia, incluso una valentía inusitada para ciertas latitudes en las que el mal ni siquiera necesita ser silenciado, porque es de verdad poderoso. Escalante es un guionista inteligente, moroso en conceptos pero riquísimo en directos a la mandíbula; y sabe cómo y cuándo lanzarlos. Y cuando te rascas la nuca con las tonterías de una niñita que es seducida por un cadete de soldado bastante tontorrón; y cuando ves a Heli, el protagonista, volver a hacer el monótono camino hacia la cadena de montaje; y cuando su mujer le vuelve a negar el yacer para refugiarse en los santeros, piensas: "No, otra vez no. No otro aprendiz de Tarr, por favor". Pero un instante antes del knockout técnico recuerdas cómo ha empezado el film, ahí justo lo recuerdas, y ya es demasiado tarde, HELI muestra un rato de horror crudo, sin concesiones, sin nada que ver con las payasadas del gore. Y no estoy tan seguro de que sea una película excelente, pero zarandea (angustiosamente) al más pintado. En Cannes también lo vieron así...
Saludos.

viernes, 18 de julio de 2014

Los años locos



Los años locos son los años en los que todo es posible, los años que sólo tienen que transcurrir a su lentísima cadencia, pasar para bien, o no pasar. Esos años hay que aprovecharlos para no convertirse uno en un carca, tener su miaja de radiance aborotada y poder llegar a la cuarentena con el cutis terso y en cerebro intacto. Hay películas que ayudan cómo no; una es TOP SECRET, que vista hoy uno se da cuenta de lo cutre que es y del jartón de ganar dinero que se pegarían los Zucker y el Abrahams a base de echarle careto al asunto. Porque de cemento hay que tenerlo para inventarse una "trama" acerca de una estrella de Rock, Nick Rivers (un pipiolísimo Val Kilmer pre-botox), que no se sabe muy bien por qué termina viajando a una desquiciada Alemania Oriental, donde lo mismo hay nazis, castillos o hamburgueserías cincuenteras... El hecho es que intentar buscarle alguna coherencia a esta absoluta locura es pa ná; lo que importa es la cascada de sketches, la poca vergüenza para hilvanarlos por la puñetera cara y, sobre todo, la imposibilidad de un espectador medio para mantenerse completamente serio mientras la ve. Habrá momentos francamente malos y casi de vergüenza ajena, pero no me resisto a invocar aquí la telúrica representación de "El lago de los cisnes", la inolvidable cuadrilla de la resistencia francesa ("Letrine", "Olalá", "Café au lait"...) o ese espía interpretado por Omar Sharif y que seguro era del Atlético de Madrid... Aunque el momento más surrealista y descacharrante lo protagonizaba Peter Cushing en una librería sueca... Si no saben de qué les hablo ya tardan en verla...
Saludos.

jueves, 17 de julio de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #19



En 1994, Alain Resnais presentó un ambicioso proyecto en el Festival de Berlín. Ganó el Oso de Plata. Un año antes había arrasado en los César, con 5 premios sobre 8 nominaciones. Intento, ahora, abstraerme por completo del panorama más actual, en el que una película de casi tres horas propone, casi siempre, un nunca acabar de explosiones, luces cegadoras y muertes anónimas (el Superblockbuster, lo llaman). SMOKING/NO SMOKING es un fascinante ejercicio de estilo que redunda en la idea de aleatoriedad de las obras anteriores de su autor; cinco horas partidas en dos mitades y con sólo dos actores (Azéma y Arditi) para un total de nueve personajes en constante (des)encuentro. A partir de un gesto tan ínfimo como fumar un cigarrillo o no hacerlo, Resnais invoca al "efecto mariposa", capaz de llevar a estos personajes por senderos vitales absolutamente contrapuestos, como si nuestro destino, absurdamente, no tuviese que depender más que de una involuntariedad para cambiar radicalmente. Se necesita, es cierto, de no poco valor cinéfilo; cinco horas son cinco horas, y además el film se mantiene en unos cánones estrictamente teatrales, en apenas cinco o seis decorados y con el "sainetesco" (aunque forzado) trasiego de sus dos actores fetiche, en mi opinión, más que inspirados, casi "poseídos". A mí me parece una de las mejores películas de Alain Resnais, un salto al vacío de un creador total (aparte de la puesta en escena teatral, es notorio el estupendo uso del cómic, una vez más), que por entonces entraba en su septuagésima década de vida jugándose el todo por el todo. Si tienen paciencia y algo de devoción, véanla.
Saludos.

miércoles, 16 de julio de 2014

De la crueldad como rito



Que Quentin Tarantino es un cachondo de tomo y lomo es, a estas alturas, de dominio público; que no le importe decir una cagada sin pies ni cabeza, es otra cosa muy diferente. He visto BIG BAD WOLVES después de leer en su cartel promocional que ha sido la mejor película que el responsable de PULP FICTION ha visto últimamente. Los israelíes Keshales y Papushado ciertamente homenajean, y yo diría que incluso copian, el cine de Tarantino, lo cual no sería malo en sí si no hablásemos de que todo parece una gran farsa explícitamente armada para conjurar uno de los iconos de dicha filmografía: las escenas de tortura. Y cuando no existe nada más, cuando la narración cobra forma de embudo, lo que supuestamente nos va a zarandear simplemente son un puñado de escenas rutinarias, un rito de la crueldad sin mucha alma. BIG BAD WOLVES va sobre alguien que rapta niñas, las viola y las asesina. No sabemos quién es, pero unos policías parece que sí. Detienen a un sospechoso y pretenden sacarle la confesión a golpes; luego resulta que tienen que dejarlo en libertad, aunque uno, especialmente sanguinario, lo seguirá extraoficialmente. Después entra en escena otro personaje, el padre de otra niña desaparecida que además (encima) también es una especie de torturador profesional. En un momento dado, casi no sabemos ya de qué va el argumento, si lo que importa es la confesión que nunca llega, si el detenido/acosado/torturado es inocente o no, o si a alguien le puede llegar a divertir un completo muestrario de atrocidades. El gran problema de este muy fascistoide film es precisamente que todo vale para el ojo educado de hoy en día, que, quizá, con el pretexto de la pedofilia, lo que realmente se está justificando es la sangría, también horriblemente rutinaria, de un pueblo sobre otro, no para conseguir ningún fin que no sea su total exterminio. Es tramposa, malhablada y poco novedosa; muy poco para un tipo como Tarantino, francamente.
Saludos.

martes, 15 de julio de 2014

El sentido del humor



Una de las virtudes más acusadas de los británicos es su tendencia a reírse de ellos mismos... por si todo lo demás ha fallado. El pico más alto dela irreverencia inglesa es (creo que no hay ninguna duda sobre ello) Monty Python. Ellos crearon una escuela acerca de cómo no dejar títere con cabeza y que sea divertido; te ríes de cosas muy serias, o que al menos nos llevan diciendo toda la vida que son muy serias. Hace poco volví a ver (no sé si van ya 7 u 8 veces) MONTY PYTHON AND THE HOLY GRAIL, la primera película oficial del genial conglomerado, y siguen sin notársele los casi cuarenta años que lleva encima. Si no la han visto no saben lo que se están perdiendo, 90 minutos de locura en incorrección total en la que le dan un "repaso" (nunca mejor dicho) a la leyenda artúrica y todo aquello que, un poco después, John Boorman nos pintó tan solemne. Aquí el Rey Arturo no va a caballo, sino que el ruido de los cascos lo hace su lacayo con dos cocos, aunque después tendrá que explicar de dónde diablos ha sacado dos cocos en plena Britania, cuando se trata de un fruto tropical... aunque, claro, a lo mejor el coco fue transportado por una golondrina... El humor de Monty Python proviene, esencialmente, del escepticismo y lo grotesco, de unir conceptos, de la manía preguntona de los niños que tanto fastidia a los adultos, y éste es uno de sus grandes trabajos, uno de los más divertidos sin duda alguna. Mi película favorita de Monty Python, por escenas como la del Caballero Negro ("¡Defiéndete!"... "Pero... ¡si no tienes brazos"... "¡Bah! ¡Es sólo un rasguño!"); los Caballeros que dicen "NI" (absolutamente acojonante); la bestia sanguinaria, que resulta ser un inocente conejo; o la condena a la hoguera de una bruja mediante el método de la balanza ("¡Sí, es una bruja! ¡Me convirtió en tritón!"... "¿Y qué pasó?"... "Bueno... mejoré..."). Si sólo pueden ver una película en sus vacaciones yo repetiría esta obra maestra cada día; no se me ocurre nada más refrescante...
Saludos.

lunes, 14 de julio de 2014

Una buena película y un mal reclamo



Abdellatif Kechiche ha sido el Pablo Iglesias de la última temporada cinematográfica, y LA VIE D'ADÈLE, su "Podemos" particular. No es mala cosa; vivimos tiempos de mediocridad aceptada, de lucha pasiva e inútil. Un artefacto de estas dimensiones no sólo sacude el polvo de los gabanes academicortodoxos, sino que, en lugar de buscar excusas pobres y tardías, ofrece soluciones a problemas inmediatos. Es un buen film muy centrado en su propia circunstancia de aprendizaje vital a toda pastilla; no se dejen engañar por sus tres horas de duración, porque esta apócrifa adaptación de la novela gráfica de Julie Maroh es apenas un rápido esbozo sobre la complejidad de la identidad sexual y los márgenes de la confusión en los sentimientos. Un buen film con buenas interpretaciones, un ritmo rápido y un guion que funciona como un reloj y que no se permite un instante de duda sobre cómo quiere contar las cosas. Lo que ya me parece innecesario es el globo que se ha ido hinchando a su alrededor, su reclamo, porque no le hacía falta. Es el mismo problema que con Lars von Trier; cada respiración, cada latido, van dejando de ser naturales al anhelar la llegada de "esa escena", porque estamos en la era de Internet y cualquiera sabe los detalles de una película antes de que se estrene. No sé qué le aporta el exceso de carne gratuita a una historia que, ya digo, va de otra cosa, de no poder ser como uno quiere ser... o como sea que le dejen ser; y no por hablar de lesbianas uno es menos machista, si al final usa los mismos resortes del cine X como, insisto, burdo reclamo. En tres horas, empero, caben muchas cosas, buenas y malas; el montante es mejor que peor, Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux desbordan naturalidad y potencia expresiva, y lo que se cuenta nunca es pedante, aunque sí "masculinizado", y es algo que creo que no puede ser de otra manera, mal que le pese a la enfurruñada comunidad de mujeres lesbianas, en su mayoría abominantes de esta intensa película.
Al que no le habría ido mal haber esperado tres años es a Médem...
Saludos.

domingo, 13 de julio de 2014

Rincón del freak #162: Dedicado a todos los que no me creyeron cuando vomité al escuchar a Russian Red



Es de noche y se escuchan voces y pasos; la gabardina de los que vuelven de la cacería etílica. En un contrapicado, los adoquines recortan dos figuras, una esencialmente femenina y otra parece salida de un Coppola en B&W. Hablan, pero parecen dobladas; es así el silencio. Entonces, sin mayor preámbulo, ocurre lo que no debe pasar en un mundo serio y exigente: "Hola, soy Julio Médem y, aunque no le pongo la tilde a mi apellido para pasar por guay, os voy a presentar mi último pelotazo "globomediático". Os prometo carne fresca, pero como va a haber frasecillas infulibles (es una palabra que me he inventado y que contiene "ínfula" e "infalible"... soy un puto genio) seguro que salgo en la Wikipedia como lo que le prometí a mi tía Lourdes que llegaría a ser... Ah, os voy a acribillar con una canción de Russian Red hasta que os sangren los tímpanos".
ROOM IN ROME, o "Esto es una rusa y una española que se meten en una habitación de hotel y una inventa bicicletas y la otra no, pero se va a casar. Antes de meterse mano se meten en el mapa de Google, donde yo no sabía que si sale tu casa también sale si han movido una silla... Luego se meten mano y sale Najwa Nimri sin hablar, grabada en video y un camarero que canta ópera y otra vez la canción de Russian Red..." Y acabo: Si yo fuese lesbiana o simplemente una persona a la que le da por pensar de cuando en vez, consideraría muy seriamente practicar unas sesiones de corbata colombiana con el tipo más pedante que ha dado el cine español desde Ignacio F. Iquino... Lo digo en serio...
Saludos.

PD: ¿Alguien sabe algo de aquella "maravilla" llamada Russian Red?...

sábado, 12 de julio de 2014

El efecto sedante de las imágenes



Cuando un telediario muestra las imágenes de los bombarderos israelíes devastando Gaza, usted no tira la cuchara contra la pared, ni sufre convulsiones de indignación, ni llama al Ministerio del interior... ni a Jordi Hurtado... Usted sigue comiendo, frunce el ceño y masculla una maldición, la misma que le sirve para el caso Urdangarín, el despropósito del Congreso o la penita de la Pantoja. Usted es un ser anestesiado por sufrir el bombardeo de millones de imágenes, y un bombardeo convalida al otro... Yo quiero que me engañen con esto del cine, que un puñado de imágenes rebajen mi capacidad analítico/intelectual e impulsen mis hormonas del placer hasta el infinito y más allá. No quiero creerme que lo que estoy viendo es verdad, porque ni el Telediario es verdad; lo que quiero es creérmelo aunque sepa que es mentira.
Lo del found footage empieza a oler, porque una cosa es hacer pasar por metraje encontrado toda una posproducción de aquí te espero y otra es quitar importancia a todos los dispositivos que un día hicieron del cine un arte ¿No tengo guion? Cojamos el de otra película... O mejor, cojamos el de varias películas y lo fusionamos. Esto es, esencialmente, lo que me he encontrado al ver AFFLICTED, mezcla de "La bruja de Blair", CHRONICLE, CLOVERFIELD, la reciente THE BORDERLANDS... Algo ya visto, con poca innovación en lo cinematográfico ¿En lo técnico? Puedo conceder que hay algunos efectos francamente bien conseguidos, pero tampoco me arrancó ningún "Oooooh!" (aunque reconozco que es algo inherente a mi persona). Y, para no extenderme mucho, hay un tic que detecto con poca dificultad: si hablamos, como es el caso, de un film de terror en el que lo sobrenatural entra en contacto directo con la cotidianidad de los personajes presentados, parece que el único modo de implementar el preámbulo sea en clave desenfadada, con chistes chorra y cosas por el estilo. Es un asunto muy viejo, porque luego es más fácil intensificar el drama. Entretenida, con alguna escena interesante y bastantes problemas para mantener la coherencia.
Yo tampoco tiré la cuchara...
Saludos.

viernes, 11 de julio de 2014

Últimas pasiones



El otro día rescaté una película magnífica, anticipadora de gran parte del último y mejor cine norteamericano; doy fe de que es así y de que la innovación me parece más un tema rotativo que lineal, al menos en cuanto a que un gran director, como es John Frankenheimer, logre conquistar una importante cuota de libertad creadora. Con el nada baladí trasfondo del celebérrimo tema de Johnny Cash, I WALK THE LINE empieza con la imponente figura del sheriff Tawes (Gregory Peck) aburriéndose en una carreterita cualquiera en algún lugar perdido de Tennessee. Antes, Frankenheimer inserta algunos fotogramas "reales" de "gente real", un recurso extraño para la época y que, con los acordes del hombre de negro, me trasladaron (magia o sugestión) a uno de los momentos que más hemos celebrado últimamente: TRUE DETECTIVE. Mucho hay de uno en otro, no sólo por la ambientación sureña, sino por basar su armazón en el descubrimiento de lo oculto tras toneladas de cotidianidad aceptada. No tan escabrosa como la serie escrita por Nic Pizzolatto, la novela de Madison Jones ramificaba sus asertos desde la pétrea dignidad del sheriff hasta su hastío matrimonial, acentuado tras el accidentado encuentro con la bella y salvaje Alma McCain (Tuesday Weld en plenitud), típico residuo redneck de moral tan floja como inescrutables intenciones. Tawes descubre la pasión que hace tiempo desapareció de su rutinario matrimonio, pero también que hay unos McCain, efectivamente rednecks, que destilan whisky ilegal y que piensan aprovechar el encoñamiento del sheriff para manipularle. Incrustada en una convicción admirable, I WALK THE LINE se olvida de cualquier género para mostrar un ramillete de personajes desnudos, frágiles, indefensos ante el más mínimo cambio en una sociedad que no los admite sin cobrar un alto precio. Frankenheimer siempre fue un narrador acojonante, igual que Johnny Cash; ver esta película, 44 años después de su estreno, confirma la vigencia de ambos artistas, de cómo pueden enlazar, sin esfuerzo aparente, con generaciones posteriores que reclaman para sí su legado.
Emocionante e intensa, y con un final difícil de olvidar.
Saludos.

jueves, 10 de julio de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #18



Un grande lo demuestra en sus horas bajas, sobre todo ahí, donde es capaz de imponer su sello incluso en un proyecto fallido. I WANT TO GO HOME es como una extraña interrupción en la excepcional estructura de trabajo que venía construyendo junto a su equipo de confianza; una especie de divertimento o placer culpable, que tiene mucho del viejo musical de Broadway (su protagonista es nada menos que el mítico Adolph Green) mezclado con esa gran pasión de Resnais, que siempre fueron los comics como realidad alternativa. Esta comedia agridulce la podría haber filmado perfectamente Woody Allen, y le habría salido mejor, pero diferente, más entretenida seguro, pero con menos acidez también. Joey Wellman es un veterano dibujante de comics con dos personajes centrales: la gata Sally y el gato Hep, caracteres contrapuestos y siempre discordantes. Wellman viaja desde Cleveland a París con su esposa, donde asistirá a una exposición sobre su obra; al llegar, se topará con una realidad muy distinta a la que esperaba. No sólo nadie le conoce, sino que alucinará con un grupo de snobs todoterreno, que opinan de todo sin saber de nada. A ello se le sumará la presencia de su hija Elsie, que vive en París desde hace un tiempo para preparar una tesis sobre Flaubert que intentará entregar, sin éxito, al profesor Christian Gauthier (Gérard Depardieu), a la sazón único gran y rendido admirador de la obra de Wellman. Sí, estamos ante la típica y manida comedia de enredos norteamericana, con su trasfondo salvavidas e incesantes idas y venidas de sus personajes; y, por un momento, a Resnais parece pesarle todo el proyecto, que se carga innecesariamente de una voluminosa atmósfera referencial (en especial al dibujante Jules Feiffer) y se torna en exceso enrevesada e ininteligible. Es ya en su final donde asoma el mejor Resnais, afilado, observador y repleto de segundas intenciones; en apenas cinco minutos, y apoyado en un desorientado Adolph Green recordando viejas melodías para poder entenderse con los atónitos vecinos de un pueblo, se trazan magistralmente las insalvables diferencias entre dos culturas diametralmente distintas. Porque los grandes siempre son grandes...
Saludos.

miércoles, 9 de julio de 2014

Cine sin aditivos



El pejesapo es un pez feo, esquivo, lunar; una especie de despojo sin forma definida, cuya imagen es más amenazante de lo que luego pueda ser en efecto. Un sapo que nada; un pez que se pega a las piedras.
EL PEJESAPO es la primera incursión en el cine del chileno José Luis Sepúlveda. Y atentos. EL PEJESAPO es cine terrorista, cine de la incomodidad y de la violencia; cine del despojo, delos rehusados, de los que todo el mundo ve menos, ajá, los directores de cine. No me detengo en su calidad técnica, ínfima. No importa. EL PEJESAPO es mierda sobre tu brillante cerebro, para que te acuestes pensando en lo que de verdad significa estar al margen de la sociedad; los que están de verdad al margen de la sociedad nunca han escuchado a los Sex Pistols ni han leído a Palahniuk, están demasiado ocupados robándole a un niño o fumando pasta base. El pejesapo de esta historia es Daniel, que literalmente es expulsado del río, que ni para suicidarlo lo quiere, y es recogido por un viejo que lo lleva a su miserable barraca; su mujer no lo quiere allí, sabe que Daniel es, esencialmente, malo. Después de matarlos y robarles se va a la ciudad. La ciudad es un pinball; te escupe, te zarandea, te agota. Puedes hacer como los demás, buscar trabajo; el único requisito es que no digas la verdad sobre ti mismo, porque si dices la verdad, la ciudad te da una patada donde más duele. Esto no es TENIENTE CORRUPTO, ni ROMA, CIUDAD ABIERTA, ni siquiera lo acercaría al cine de Pedro Costa. EL PEJESAPO es cine, porque una cámara registra el impulso creador de un director, pero nos costaría reconocerlo en otras cinematografías. Es, acaso, una verdad (ésta sí) absolutamente incómoda.
Búsquenla, véanla, maten por ella...
Saludos.

martes, 8 de julio de 2014

Corrector político



Al igual que ocurrió hace unos años en Argentina, el cine rumano supuso una especie de milagro, la consecución de multitud de títulos realizados en ínfimas condiciones de producción con una notable repercusión en los festivales más importantes de medio mundo. Hay cuatro o cinco nombres fundamentales para entender el porqué de tamaño fenómeno, pero el que más me ha llegado a mí ha sido, sin lugar a dudas, Corneliu Porumboiu, autor de dos auténticas joyas, que de haber sido realizadas en otro país hoy serían obras revolucionarias, como 12:08 AL ESTE DE BUCAREST y, sobre todo, POLICÍA, ADJETIVO. Pero Porumboiu ya asomó por Cannes hace diez años con su ópera prima, un cortometraje de apenas veinte minutos capaz de sintetizar, en la dudosa epopeya de dos monigotes fácticos, el tremebundo estado social y político de un país incapaz de sustraerse a las infecciones de su pasado. CALATORIE LA ORAS (UN VIAJE A LA CIUDAD) lo podría haber filmado perfectamente Berlanga hace sesenta años, y es que esta Rumanía contiene mucho de aquella España, mal que nos pese, mucho peor que la de ahora. La premisa es simple: en un pueblito, el apocado maestro y el chófer (hombreparatodo, más bien) del alcalde deben ir a recoger un váter y un ordenador... Como lo oyen, y si les cuento un poco más me cargo la gracia; pero añadiré que en el corto viaje no sólo veremos el grado de corrupción y miseria que puede albergar una población, sino la imposibilidad de cualquier intento de cambio y/o denuncia. Ello queda de manifiesto en la constante y absurda lucha dialéctica entre el maestro, asombrado anta cada falacia que se le presenta, y el chófer, ignorante, feliz, sumiso y... un cabrón con todas las letras... Políticos hasta en la sopa, que diría otro...
Saludos.

lunes, 7 de julio de 2014

Actuación



Se podrá discutir la conveniencia de lo que algunos consideran una falta de ética en la inclusión de enfermos mentales en la búsqueda de la no-actuación. Podríamos debatir sobre qué aporta realmente a la realidad de hoy un episodio que, a falta de documentación, ocurrió hace 100 años y no necesariamente del modo en que se cuenta. Incluso sería normal reprocharle a Bruno Dumont su sádico agostamiento formulario, menor, es cierto (y en cierta medida, lógico), en este último trabajo suyo, aunque más notorio al decidir que el papel principal y todo el peso causal del film recaiga en una actriz tan conocida como Juliette Binoche. CAMILLE CLAUDEL 1915 es lo que es; es Bruno Dumont y luego es Bruno Dumont y luego es... Y al que no le satisfaga es mejor que ni se acerque, porque Bruno Dumont es lo que es: aridez, disgusto, honestidad revestida de engañifa; el truco del trilero, el olor de los indigentes, lo que nadie quiere ver. Y, al tiempo, tambié es un prodigio de concisión, de narrar solamente lo que debe ser narrado, con fe, con determinación y con una filosofía estructurada en el abrumador gigantismo del tiempo y la imposibilidad de agarrar un instante apenas perceptible. Dumont está radicalmente contrapuesto a cualquier cineasta-historiador, incluso a cualkquier cineasta-poeta; su logro es el humanismo y el asombro de la observación, pero cuidado con la ligereza, porque ¿de qué forma se podría trasladar a la actualidad la desorientación de Camille Claudel, confinada en un remoto sanatorio por su familia? Se me ocurre un drama desgarrador, o una denuncia social, pero lo he visto demasiadas veces en imágenes que perduran poco. Si Bruno Dumont incrusta a una soberbiamente contenida Juliette Binoche en mitad de un grupo de enfermos mentales reales es porque espera el milagro del frío que nadie dice que hace, sino que se siente por las mismas imágenes. A mi juicio es un paso adelante y un trabajo en ningún modo emocionante, sino revelador, necesario y de espléndida madurez. Y, sin ser la película suya que más me gusta, fue de las más importantes que se exhibieron el año pasado. Hay que verla.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

7 al azar


¡Cuidao con mis primos!