sábado, 4 de julio de 2020

Regresar



Y sí, UNFORGIVEN tuvo un remake 20 años después, y se hizo en Japón, y está muy bien hecha, pero YURUSAREZARU MONO, que así se llama, arrastra un ineludible problema: ya estaba hecha. Con todo, esta versión es tan fiel al original como novedosa, introduciendo el motivo de los ronin, que le da un empaque si se quiere diferente. La dirigió Lee Sang-il, director coreano que nació en la prefectura de Niigata, y que ha desarrollado toda su carrera en el país nipón. Así, sin desviarse en exceso del guion de Webb Peoples, el director y guionista se lleva la historia hasta el Japón de mediados del XIX, estableciendo múltiples concordancias con dicho tiempo y lugar, y el lejano Oeste, en un asombroso ejercicio de mímesis argumental. Es cierto, Ken Watanabe no es Clint Eastwood, pese a que es capaz de componer un protagonista de una pieza, el atormentado ex asesino Jubei, que lucha incesantemente por dejar su sangriento pasado atrás. Una película muy bien rodada, repleta de momentos de brutalidad y belleza, sin componendas, y que pasó muy desapercibida en su momento, teniendo en cuenta en qué está basada. Al igual que su protagonista, supongo que no debe ser fácil mirar hacia atrás...
Saludos.

viernes, 3 de julio de 2020

Volver



Caí en la cuenta de que tampoco había hablado hasta ahora de UNFORGIVEN. Imperdonable, por supuesto. Son estas cosas que se te pasan sin que sepas muy bien por qué. Y eso que debo haberla visto un buen puñado de veces desde que la estrenaron; era la primera vez que veía un western en pantalla grande, y es por ello que amo este género, porque son películas hechas para verse a lo grande. UNFORGIVEN es muy grande y muy pequeña también, una pequeña historia que habla de cosas muy grandes; del destino, del odio, la justicia, la crueldad. Pero también habla de una forma inusual de un mundo idealizado hasta el extremo, en el que cada acto parece estar definido de antemano. No es así en el magistral guion de David Webb Peoples, que desde el arranque marca una tendencia clara: todo lo que ocurra es susceptible de verse alterado. El motor principal es el truculento episodio, en el que una prostituta es marcada a cuchillo; sin embargo, no sabemos muy bien qué tiene esto que ver con William Munny, el ex pistolero, ex asesino, retirado a una ínfima granjita de cerdos junto a sus dos hijos, y llorando en silencio ante la lápida de su mujer, fallecida a los 29 años. Y menos aún, cuando las prostitutas deciden tomar venganza por lo sucedido, porque se introduce a otro personaje (Bob "el inglés"), que sirve asimismo para dimensionar la figura de "Little" Bill, un sheriff despótico y psicopático. Es decir, que el rodeo que se toma el film para llevarnos hasta su implacable tercio final es absolutamente maravilloso, y mucho más moderno que el de otros cineastas que suelen no resistir la comparación con Eastwood. He sentido cosas muy diferentes a medida que me he enfrentado a esta impresionante película, en mi opinión la cumbre de su director y uno de los westerns más grandes de todos los tiempos, sin medias tintas; y en esta ocasión, dejando aparte las frases lapidarias, las monumentales actuaciones o los momentos de calma que preludian el desastre, me ha fascinado todo ese rodeo a modo de regodeo, pero que cobra todo su sentido a la hora de remarcar el doloroso destino de cada personaje en esta historia inolvidable, irrepetible...
Obra maestra absoluta.
Saludos.

jueves, 2 de julio de 2020

Reloj de plata



Una cosa lleva a la otra. Uno ve un precioso homenaje en imágenes a John Wayne, e inmediatamente cae en la cuenta de lo rápido que pasa el tiempo; tanto, como que hacía nada menos que cinco años que no escribía nada sobre John Ford, y al maestro conviene no olvidarlo nunca. Y entonces busco, elijo, encuentro SHE WORE A YELLOW RIBBON y convengo que no ha envejecido un ápice, y tiene 71 años. Y me encuentro una película soberbia, que no recordaba así, como si hubiera cobrado otra dimensión; más sosegada, más sabia, más filosófica si se quiere. LA LEGIÓN INVENCIBLE (así se llamó aquí) es casi un western cubista, un amasijo de intrahistorias en torno a las últimas horas de un hombre que se retira, aunque se resista todo y más. En apariencia es eso, pero el uso del paso del tiempo, aunque sea breve, permite que todas las subtramas se deslicen con naturalidad, encontrando su punto y momento justos. El capitán Brittles acepta escoltar a la mujer y la hija del mayor, pero al mismo tiempo debe evitar que los indios se hagan con el control de unos territorios gracias a la venta ilegal de rifles. Uno no sabe hacia dónde mirar, se solapa la emoción de Brittles cuando visita la tumba de su esposa e hijo con sus descacharrantes encuentros con el sargento Quincannon (Victor McLaglen); su amistad con los indios, que choca con la obligación de luchar contra ellos; o la caprichosa hija del mayor, jugando con sus dos enamorados (la cinta amarilla del título lo atestigua), y que vuelve escarmentada tras ver cómo se jugaban la vida. Una historia que en otras manos haría aguas, pero que Ford conjuga con mano maestra, sin grandes alardes, y con asombroso equilibrio entre los momentos íntimos y los épicos. Remachando, cómo no, con una pelea casi de cine mudo, y con una fotografía antológica a cargo de Winton C. Hoch, uno de los verdaderos padres del Technicolor, y que se llevó un merecido oscar.
Obra maestra, se la mire por donde se la mire.
Saludos.

miércoles, 1 de julio de 2020

Fin del camino



Debe ser algo frustrante tener que acabar una filmografía como la de Claude Chabrol con un film como BELLAMY, pero así era Chabrol, imprevisible dentro de su rigor, un rigor que quizá sólo él conocía y era capaz de entender, o no. BELLAMY es difícil de ubicar, comenzando por su protagonista (era la primera colaboración con Gérard Depardieu), un comisario al que pillamos de vacaciones, pero que no puede evitar seguir siendo policía, aunque sus problemas reales los tiene fuera del trabajo. Un tipo bonachón, generoso y enamorado de su mujer, a la que pide constantemente un poco más de "atención". Así, Chabrol nos introduce en una especie de comedia costumbrista, con algunos adornos policíacos, pero que acaba virando hacia una extraña clase de patetismo de andar por casa. Hay un asesinato, o un accidente, pero es más interesante ver a Depardieu con sus frustraciones sexuales, o soportando a su hermano, ludópata y alcohólico. No sé, parece como la peor película para despedirse, y es curioso, después de una carrera tan larga, pero así es, y así se lo hemos contado, incluso con una pandemia de por medio, porque tampoco nosotros paramos, por supuesto...
Saludos.

martes, 30 de junio de 2020

Los dioses piden guerra



Hoy no voy a extenderme, no merece la pena. Acabo de completar la segunda temporada de AMERICAN GODS, y mi sentencia es clara: pestiño pero de los antológicos. No voy a decir que es muy mala, porque está muy bien interpretada, muy bien filmada, tiene unos efectos digitales maravillosos y algunos golpes de efecto medianamente ingeniosos ¿Qué falla entonces? Pues básicamente todo lo demás, lo que la convierte en una de esas insoportables temporadas de transición, donde pasan muy pocas cosas y lo que pasa suele estar embarullado e inconciso. E insisto, no es la novela, es una adaptación, y me da que Starz ha quedado cegada ante el brillo que desprendió la T1, y sabe que la caja estaba asegurada para una ¿tercera? ¿cuarta? De todos modos, si quieren mi veredicto les diré que contiene más bostezos que sobresaltos, que los personajes aparecen y desaparecen como por ensalmo, y que es un poco vergonzante que te dejen en puertas de toda una señora guerra entre los nuevos y los antiguos dioses, y la línea argumental principal sea cómo una muchacha muerta intenta volver a la vida yendo de un sitio a otro. No sé, pero casi llega a rozar la tomadura de pelo... Casi.
Saludos.

lunes, 29 de junio de 2020

Compartimentos estancos



Parece difícil estropear una película como BAD TIMES AT THE EL ROYALE, pero es lo que tiene jugar en el alambre de lo verosímil, y mucho más si hay referencias tan sumamente obvias. Un nombre viene a la cabeza inmediatamente: Tarantino. No pasa nada, es, de lejos, el cineasta más copiado de los últimos 25 años; por eso hay que tratarlo con cierta distancia y descreimiento, y la cosa se va poniendo peor si se le imita desde la reverencia circunspecta. Sin ser, ni mucho menos, una mala película, Drew Goddard comete varios errores, unos perdonables, pero otros lastran el resultado final y la dejan como cine correcto, entretenido, pero sin genio. Hay personajes que parecen capitales, para desaparecer sin que su rastro sea lo suficientemente aromático; la excusa de las habitaciones con "espejos espía" hubiese dado para todo lo retorcido que el guionista y director hubiese imaginado, pero tampoco queda como aparato fundamental. Pero lo más discutible es la sensación de que todo ha de encajar por sus santos cojones, convirtiendo el magistral uso de Tarantino del elemento sorpresa en un puñado de ocurrencias, unas más acertadas que otras, pero que parecen haber ido surgiendo por generación espontánea. En el haber, algunas interpretaciones de altura, sobre todo Jeff Bridges, cuya historia no necesitaba de tanto recochineo; o Jon Hamm, aunque, ya digo, parece que tenía una serie de minutos contratados tan solo. En su afán de compartimentarlo todo, Goddard se olvida de engrasar la maquinaria y hacer fluir el contenido, porque no hay aquí rastro de aquella gozosa inventiva de LA CABAÑA EN EL BOSQUE, o a lo mejor es que el salto a unas emociones más serias precisa de mayor rigor argumental.
Por cierto, ¿soy el único al que el personaje de Chris Hemsworth le parece directamente ridículo?...
Saludos.

domingo, 28 de junio de 2020

Rincón del freak #412: ¿Matar el tiempo?



DETENTION, de 2011, es una película a la que me veo tentado de destrozar, pero no puedo. Me encantaría decir "Valiente bazofia me he tragado", pero no puedo ¿Y por qué? Pues porque DETENTION es absolutamente consciente de su propia circunstancia, y emplea cada centímetro de lo que pone en imágenes para machacarnos incesantemente con su extraño sarcasmo, Extraño porque se trata de una película muy extraña, a la que es casi imposible cogerle el punto justo, lo que la hace oscilar del bostezo al chute de adrenalina sin solución de continuidad, así de rara y extrema es. Y es difícil de intuir, pues estamos ante el segundo largo de Joseph Kahn, con una extensa carrera como director de videoclips (Britney Spears, Eminem, Taylor Swift), y con un precedente tan poco halagüeño como aquella terrible TORQUE. Sin embargo, o se dejan todos los prejuicios bien guardados, o me temo que es imposible disfrutar (y mucho menos entender) esta explosiva mezcla de (atención) slasher existencial, viajes en el tiempo, comedia adolescente y metalenguaje envenenado; como si mezcláramos EL CLUB DE LOS CINCO con SCREAM, y luego lo agitáramos con BRICK, SALVADOS POR LA CAMPANA y unas gotas de DONNIE DARKO... Se le añaden unas gotas de Beckett y más o menos podemos esbozar su desatado y delirante guion, compuesto por geeks que saben que lo son, asesinas de todo a cien, discursos metarreflexivos y sangre de mosca... Sí, sangre de mosca...
Yo sólo puedo concluir diciendo que no me extraña que haya pasado tan desapercibida ¿Quién diablos se atrevería a estrenar algo así?
Saludos.

sábado, 27 de junio de 2020

Ciudad cerrada



CITY 40 es un escueto pero revelador documental, acerca de un tema muy desconocido, aunque precisamente lo que explica el film es el por qué de dicho desconocimiento. Se trata de las "ciudades cerradas", poblaciones adscritas a programas de desarrollo nuclear, así como suena. Es decir, que se construía una ciudad entera para sostener toda una gigantesca infraestructura en torno a la  energía nuclear, pero en ese bizarro "contrato social" se obligaba (literalmente) a que ningún ciudadano pudiese abandonar jamás la ciudad en cuestión, con tal de que no fuese posible revelar ningún secreto de estado. Puede sonar un poco pomposo, ridículo incluso, pero es pertinente la introducción del famoso caso de Litvinenko, el espía que murió tras ser envenenado por Polonio 210, lo que pone en perspectiva gran parte del discurso enarbolado por una mujer, abogada, y férrea luchadora por esclarecer y dar visibilidad a la precaria situación de los habitantes de estas ciudades. La que encabeza el título, la "ciudad 40", es Ozersk, un no-lugar borrado de los mapas, donde la gente hace vida normal sin sospechar que viven en un equilibrio que puede romperse en cualquier momento.
Sus escasos 70 minutos se antojan algo cortos, dada la magnitud de lo que se cuenta, pero merece la pena echarle un vistazo y comprobar cómo las conspiraciones y los misterios siguen teniendo su lugar hay día.
Saludos.

viernes, 26 de junio de 2020

Miedo a salir de casa



Como lo prometido es deuda, aquí está CITADEL, el prometedor debut de Ciaran Foy, de 2012, y en la que puede verse claramente su valía como constructor de atmósferas insanas, pero también sus constantes y similares tropiezos, que se han vuelto a repetir en sus trabajos posteriores. Pese a durar escasa media hora, podríamos afirmar que le sobraría casi la mitad del metraje, y es que 45 minutos hubieran sido perfectos para poner en contexto lo que de verdad importa en esta cinta repleta de sugerencias, pero que desbarra cuando trata de ser explícita. El arranque es impactante, y nos muestra a una pareja joven, ella está embarazada, pero (en una angustiosa y magníficamente filmada escena) son atacados por un extraño grupo de niños encapuchados, lo que deja a la mujer en coma, aunque los médicos logran sacar a la niña sana y salva. Se abre ahí el infierno personal de este joven, desolado, con un miedo atroz a salir de casa y con la amenaza constante de que estos seres vendrán a llevarse a su pequeña. Foy, autor del guion, no explicita que nos encontremos en una especie de futuro, pero lo parece, un futuro realmente entristecido, de calles vacías y edificios abandonados, con constantes cortes de energía y una insolidaridad traducida en miseria moral. Un film que se va desinflando lenta pero inexorablemente, y que contiene momentos francamente interesantes y de gran madurez en un director que contaba por entonces con poco más de 30 años.
Saludos.

jueves, 25 de junio de 2020

La dama se esconde



No debería serlo, pero CURIOSA es un bluff de cuidado. Una película que promete y promete, constantemente, pero que se ve incapaz de afianzar (ni afinar) su en apariencia escandaloso discurso, tornándolo en maniqueo, previsible, y lo que es peor, repetitivo. Un debut, el de Lou Jeunet, tardío, y como muy masticado, demasiado; y lo salva la profesionalidad que respira cada composición, pero también lo lastra y encorseta innecesariamente. La historia fue real, la que unió los destinos de Marie de Régnier y Pierre Louÿs, cuando ella se casa por dinero con un famoso poeta, pero se escabulle frecuentemente hasta el pequeño estudio del fotógrafo, donde descubre las muchas caras del sexo, pero no logra extraer una sola esquirla del amor que ella sí le profesa. Debió ser una historia apasionante, la época y los personajes lo atestiguan, pero no lo parece en este tramposillo film, que se gusta y regusta entre el montaje sincopado, las coreografías "siempre al borde de la vulva" y un uso de la música deliberadamente extemporánea, que ya más que sorprender comienza a irritar.
Raspadita, raspadita...
Saludos.

miércoles, 24 de junio de 2020

Galarda



Se acaba Chabrol, se va acabando; aún queda algo, poco, pero aún queda. Algo así parece querer decir LA FILLE COUPÉE EN DEUX, penúltimo film del director, que aún preservaba gran parte del aroma genuino de su cine, pero no lo era, sino que más bien venía a ser la evocación de una sombra que ya costaba divisar tras unos cortinajes ciertamente antiguos. Chabrol quiere darle aquí a todos, a jóvenes y viejos, pobres y ricos, mujeres y hombres, protagonistas y secundarios, tontos e inteligentes, pero su gancho de derecha, tan eficaz otras veces, apenas da para rubias y morenas, o calvos y greñudos. Fachada, y pequeña, para inventar la improbable tribulación de una muchacha que juega a no mancharse mientras se revuelca en el barro. Por no quedar ordinaria, en lugar de un affaire con un hombre casado, lo aliña y redondea añadiéndole un nini forrado. El primero es de edad y talentoso, un escritor; el otro joven y dado a derrapar descapotables. Ella presenta el tiempo, pero no la llaméis trepa, se os echarán encima, o bien los progres trasnochados (aquí hay muchos, incluso swingers) o los tronistas de famélico ambigú. Con unos churros se ve mejor, parece película de noche, con cóctel ocarino, pero es de periódico con cerco de café. Una pena, aunque qué quieren que les diga, a mí no me empaña nada, si acaso me tuerce una miaja el gesto, y nada más...
Y hay un tiro, uno solo.
Saludos.

martes, 23 de junio de 2020

El cine congelado



DAWSON CITY: FROZEN TIME es un curioso (y valioso) documental, estrenado en 2016 y que giraba en torno a un colosal descubrimiento, que sin embargo parece haber pasado desapercibido para la mayoría de gente. Dawson fue una próspera ciudad, al borde del Yukón, en la frontera canadiense, que se formó básicamente por la fiebre del oro. Con todos los altibajos de este tipo de poblaciones, lo que casi nadie sospechaba es que, bajo capas de hielo, se encontraba enterrado el mayor hallazgo de películas mudas de la historia. Más de 500 películas, en su original de nitrato, que nadie se explicaba cómo habían podido llegar hasta un lugar tan recóndito. El valor del documental de Bill Morrison estriba en su trabajo de investigación, minucioso, riguroso y didáctico, y que pone en pie, paralelamente, toda la historia de dicha población, su temprana vinculación al séptimo arte desde el siglo XIX, y la estrambótica cadena de decisiones que llevó a un oscuro funcionario a sepultar todo ese material bajo un hielo casi permanente. Aquello mantuvo las películas ocultas durante al menos 50 años, pero también las preservó involuntariamente del que era su destino más habitual: destruirse incendiadas. Un documental, he de prevenir, indicado sólo para cinéfilos muy curiosos, y cuyo transcurrir, silente y con la banda sonora de Alex Somers, se va hasta dos horas que personalmente se me hacen insuficientes, pero que habrá a quien les parezcan eternas.
Saludos.

lunes, 22 de junio de 2020

La vida que vivimos



Una pareja se encuentra al salir del trabajo. Son jovenes. Ella es maestra en un jardín de infancia, él parece que se dedica a la jardinería. Se van hasta una especie de inmobiliaria, quizá estén buscando un piso, una casa, tener su propia vida. El vendedor les lleva hasta una urbanización donde todas las casas parecen iguales; igualmente asépticas, igualmente impersonales. Cuando se dan cuenta, el vendedor ha desaparecido; se montan en el coche, pero no logran encontrar la salida a la urbanización, siempre aparecen frente a la casa que les han enseñado, el número 9.
Adelantar algo más de VIVARIUM sería jugársela a derribar el ingenioso e inquietante castillo de naipes sobre el que se sustenta, porque el irlandés Lorcan Finnegan, en su segundo largo, prefiere que saquemos nuestras propias conclusiones sobre lo que vamos viendo, aunque ya les digo que nada de lo que veremos es ni medio normal. Estamos ante una película más sugerida que narrada, con diversos golpes de efecto bien ensamblados, y que despiertan tanta curiosidad como desesperación, a través de una trama repetitiva, exasperante, pero que cobra sentido justo a tiempo, cuando ya empecemos a vislumbrar qué diablos nos están contando. No debe haber costado una barbaridad, y los actores Imogen Poots y Jesse Eisenberg, de hecho, son productores ejecutivos de esta extraña distopía, que podría ser un cuento de terror cósmico o bien un relato marciano de Bradbury. En todo caso, una más que interesante propuesta, sin ser tan osada o pedante como otras menos dotadas, y que sirve (que no es poco) para pasar hora y media de entretenimiento más o menos inteligente.
Por cierto, atentos a las imágenes con las que se abre el film.
Saludos.

domingo, 21 de junio de 2020

Rincón del freak #411: Rapaces nocturnas, engoladas y petulantes



Me divertiría muchísimo realizar una crítica lo más sarcástica posible de un artefacto como LORD OF TEARS, pero no terminaría de ser totalmente justo con lo que a todas luces parece, debe ser una especie de trabajo de graduación. Desconozco este dato, pero el inocente amateurismo que destila la cinta puede superar incluso al espectador más avisado; tiene cosas, más que malas, entrañables, y otras que no están mal, pero que se diluyen en mitad del despropósito. El planteamiento es interesante, abundando en la no tan conocida figura de Moloch, el dios insaciable de sacrificios, y aquí encarnado en un extraño ser con cabeza de búho y atuendo decimonónico. A lo mejor un corto habría sido más ajustado, porque el pobre Lawrie Brewster da la impresión de no saber qué diablos inventar para hacer relleno. Un tipo (porque no creo que sea actor) llega a la apartada mansión familiar, recibida en herencia tras la muerte de su madre, y mientras es acosado por las recurrentes pesadillas en las que el búho humanoide lo acosa, le da lugar a entablar contacto con una muchacha americana "que pasaba por allí". El resto es para psiques tolerantes, no por nada, sino porque el film es un despropósito uñero, con escenas directamente ridículas y otras que no siguen una lógica estructural. El montaje no aparece, y el argumento se enreda él solo, llegando a rozar la desintegración beckettiana. Por salvar algo, salvaría las pomposas frases emitidas por el hombre-búho, y poco más.
En fin, que no la vean, y así pueden emplear el tiempo en practicar el tiro a distancia... Bueno, quizá no sea buena idea...
Saludos.

sábado, 20 de junio de 2020

Sentimientos reflejados



THE GIFT OF LOVE, de 1958, es uno de esos títulos, aparentemente anodinos y casi relegados a un oscuro fondo de catálogo, que sin embargo he revisado periódicamente, arrastrado por un extraño influjo, en este caso difícil de sostener como argumentación. Se trata de un típico melodrama de la época, y que ni siquiera era una historia original, ya que ya había sido llevada al cine una década antes. Debe ser por el suicidio formal en su estructura, que a toda prisa empareja a una arrebatadora Lauren Bacall y un desharrapado Robert Stack, pero de una forma que no les corresponde, porque ella es la secretaria de un doctor y él un genio de la física. Son felices casi de una manera vergonzosa, y las imágenes de Negulesco, apoyadas en una impersonal fotografía de Milton R. Krasner, rezuman tanta miel que a menudo ya nos preguntamos si no nos están tomando el pelo. Redondeando, la pareja decide adoptar a la niña más repipi de un orfanato, que por añadidura emite unos relinchos insoportables, porque cree que es un caballo. Y por si fuera poco, resulta que a ella le diagnostican una dolencia cardíaca que amenaza con una muerte prematura; todo ello con Stack en plan "genio en las nubes" y la niña trotando por ahí. Increíblemente, la historia no se derrumba, sino que se encamina a un desenlace repleto de emotividad, como si todos los personajes descubrieran de repente que sólo van a tenerse unos a otros. Yo he mantenido una teoría, que tras el cuarto visionado creo que es aún más firme: Aquí puede hallarse un potente detonante de la imaginería lynchiana, sólo hay que saber dónde y cómo mirar.
Saludos.

viernes, 19 de junio de 2020

Revolución a la normalidad



ONWARD es la última creación de Pixar, no de las más memorables, pero aún manteniendo una gran maestría en la creación visual, al tiempo que vuelve a indagar en sus habituales motivaciones argumentales, en este caso cruzando el despertar a la madurez de un chico en un mundo mitológico, pero que hace tiempo que ha perdido la magia, sumiéndose en una rutina absolutamente "normalizadora". Efectivamente, todos los personajes de ONWARD son mitológicos; hadas, unicornios, dragones, mantícoras, grifos, centauros y elfos, especie a la que pertenece Ian, que sólo quiere pasar desapercibido a sus 16 años, pero al que le espera un gran giro, relacionado con la muerte de su padre, al que apenas pudo conocer. Dan Scanlon (que vuelve a la dirección tras MONSTERS UNIVERSITY) es la punta de lanza de un proyecto largamente acariciado por Pixar, y que precisamente por ello da la impresión de no poder alcanzar unas expectativas demasiado altas. Es un film modesto, simpático, con algunos chascarrillos bien construidos y una galería de personajes diseñados con muy buen gusto. Pero, me temo, va a engrosar rápidamente la lista de "bueno, bien, normal", que en otro caso sería una buena crítica, pero en el caso de Pixar nos suele dar la impresión de cierta dejadez argumental, y tampoco es eso. Es injusto, pero es lo que hay.
Saludos.

jueves, 18 de junio de 2020

Una historia de mujeres



GWEN es una pequeña película independiente, filmada en los duros paisajes de Gales, y con un trasfondo que podría llevar a múltiples equívocos. O es eso, o no he entendido esta historia yo tampoco. Y puede que sea básicamente porque han proliferado en los últimos tiempos una gran cantidad de propuestas similares; relatos de época que intentaban, con diversa fortuna, resarcir la figura femenina confrontándola a la brutalidad masculina, que solía usar con el mismo fin los apelativos "bruja" o "puta". En su debut, William McGregor es bastante más sutil que, por ejemplo, Robert Eggers, y se centra en la condición miserable de una mujer y sus dos hijas, que apenas logran subsistir en un desolado páramo, que gradualmente ha sido despoblado por el acaparamiento de las tierras por una importante mina. De huesuda concepción, me atrevo a decir que GWEN se fija más en Tarr que en Eggers, disponiendo una puesta en escena inquietante, pero en absoluto deudora del cine de terror, excepto en las extrañas visiones de la hija mayor, que podríamos ver como alucinaciones provocadas por el hambre o la enfermedad. Sin ser nada del otro mundo, es una película interesante, pero que necesita de nuestra colaboración sin ninguna duda; trasladar sus imágenes a lo meramente explícito sería un error, mientras que se pueden extraer algunas reflexiones sobre lo femenino, esclavizado y manipulado, si sólo se atiende al terrible destino de estas tres mujeres.
Saludos.

miércoles, 17 de junio de 2020

Sin mí no eres nada



LA DEMOISELLE D'HONNEUR, de 2004, adaptaba una novela de Ruth Rendell, en la que se narraba la progresiva descomposición psicológica de un hombre, al caer bajo el influjo de una extraña joven, llegando a flirtear incluso con el crimen. Él (Benoît Magimel) es un joven aparentemente centrado, que aún vive en la casa familiar junto a su madre y sus dos hermanas, y que empieza a cobrar notoriedad en el negocio donde trabaja. Sin embargo, toda su vida se trastoca al conocer a una misteriosa joven (Laura Smet, hija en la vida real de Johnny Hallyday), que lo magnetiza y absorbe, primero como un juego, pero volviéndose cada vez más oscura e inquietante. Se trata de otro gran film semiolvidado de Chabrol, uno de esos "juegos de apariencias" tan bien manejados por el director francés, sin que sepamos a ciencia cierta si predomina la denuncia ante el acto criminal, o por el contrario aflora esa callada venganza sobre quienes presumen tener su vida perfectamente bajo control.
Saludos.

martes, 16 de junio de 2020

Matando el gusanillo



19 años llevaba Edward Norton sin ponerse tras la cámara. Tenía sus razones, MÁS QUE AMIGOS fue un fracaso total, aunque reconozcamos que tras su apacible apariencia de comedia romántica bullía un interesante esfuerzo por remover los cimientos desde los preceptos clásicos. Algo así se intuye en MOTHERLESS BROOKLYN, en la que Norton dirige, protagoniza y guioniza la estupenda novela de Jonathan Lethem, cuyo excepcional léxico se erige en obstáculo y no en soporte. Ecos de Chandler, pero también de Pynchon o, más reconocibles, Scorsese y el Polanski de CHINATOWN, sus dos horas y media transitan farragosamente por momentos fascinantes, otros aburridos, cuando no directamente intrascendentes. El gran problema es la dificultad a la hora de transmitir hacia dónde debe dirigir la mirada el fatigado espectador, abrumado por el trasiego de personajes y circunstancias, argumentaciones superpuestas o lo que parece apenas un cúmulo de despistes o callejones sin salida. Sabemos que hay una red corrupta en el ayuntamiento de New York, un oscuro grupo de matones y un asesinato justo al principio de la función (un efímero Bruce Willis), que suponemos debe ser resuelto para llegar a enterarnos de algo, pero yo acabé con la sensación de saber exactamente lo mismo al principio y al final. Es curioso, sin embargo, que lo más inteligible sea la indescifrable jerga del detective protagonista, en el papel que Norton se reserva para su lucimiento personal.
No sé, a lo mejor debería verla otra vez, pero me da una pereza infinita. Ahora bien, puede que contenga una de las mejores bandas sonoras de los últimos veinte años, no exagero.
Saludos.

lunes, 15 de junio de 2020

Nunca seréis felices



En 2015, en Sitges, se proyectó una curiosa película polaca, una especie de vuelta a cierto cine europeo que, sin desdeñar el género, enarbola una visión de amplio espectro social, político y humano. Su director, aún joven, tenía pensado asistir al festival, donde finalmente se alzaría con el premio a la mejor fotografía, pero una nota llegó a la organización: Marcin Wrona se había suicidado en un hotel.
No soy mucho de este tipo de detalles escabrosos, pero me parecía justo elevar la figura de un cineasta que estaba llamado a ser uno de los nombres importantes de su país. Lo confirmaba DEMON, inclasificable historia, a medio camino del cine de terror, la denuncia histórica, la comedia negra y bastantes más salpicaduras, tomadas de aquí y allá, pero con multitud de virtudes y hallazgos. Wrona encuentra una voz propia para desdibujar el trazo sin perder el hilo, y nos adentra en una sola jornada, la que va a unir en matrimonio a dos jóvenes. Él ha vivido casi toda su vida en Londres, y ella es la hija de un adinerado constructor; la boda, organizada por todo lo alto, se celebrará en la casa que el padre ha dado como dote. Sin embargo, una inexplicable extrañeza se va apoderando del joven, ajeno a la cultura polaca, pero que no termina de estar cómodo con algunos detalles. De repente, en mitad del festejo, su actitud cambia, y en lugar de celebrar se sume en una especie de melancolía por algo que sólo él ha visto, desembocando en un suceso que amenazará incluso con cancelar el convite, ante la negativa de los suegros. Se enlazan así varios aspectos que no pueden pasarse por alto, como el oscuro pasado de la comunidad bajo la ocupación nazi, o la tendencia a mirar hacia otro lado cuando los problemas afloran. Todo con un sentido del ritmo buenísimo, una fotografía impecable y unos actores que no desentonan en un film, insisto, sorprendente y que ha quedado como epitafio de una carrera que no había hecho más que despegar.
Saludos.

domingo, 14 de junio de 2020

Rincón del freak #410: Manolete, Manolete...



... "si no sabes torear pa qué te metes", que rezaba el pasodoble chusco. Y es que hay cosas que a estas alturas uno ya no es capaz de comprender, por mucho que se las quieran explicar. FANTASY ISLAND es una de ellas, porque a la Blumhouse se le ha ocurrido que, mientras encuentran algún guionista decente, a lo mejor pueden empezar a destrozar series semiolvidadas de los setenta. Aquélla ustedes no la recordarán, y aquí tampoco es que fuese la bomba, pero en Yanquilandia fue todo un éxito y llegó hasta las seis temporadas. Hablaba de una isla paradisíaca, en la que todos los deseos de sus visitantes se hacían realidad... literalmente; el primer error está en que cada capítulo mostraba personajes independientes, con sus diferentes cuitas y los guionistas solían rematar con alguna que otra lección moral, con la que el señor Roarke (Ricardo Montalbán) lograba que los huéspedes regresaran a sus casas siendo mejores personas. Y ahora la versión de 2020: A la isla llegan los ganadores de un concurso, y parece lógico que alguno pida sexo, drogas y diversión, pero no queda tan claro que otros quieran quedarse preñadas, ser soldados ¿? o putear a una acosadora del insti. El asunto queda tan devaluado, tan sumamente ridículo, que otra vez hay que hacerse la pregunta ¿Somos nosostros los que no hemos entendido nada, o los tres guionistas?... ¡Tres guionistas!
Por cierto, ¿no era una ocasión pintiparada para que el gran Peter Dinklage nos trajese de vuelta a otro grande como Hervé Villechaize?...
Horrorosa de mala.
Saludos.

sábado, 13 de junio de 2020

Diario de merecimientos



Las habremos visto otras veces, más potentes, sarcásticas, endiabladas, sorpresivas, pero pocas películas recientes pueden presumir de encontrar, casi sin esfuerzo, el punto justo de modulación, su "temperatura variable", como lo hace BAD EDUCATION. Y lo cierto es que Cory Finley aprueba con nota el siempre complicado margen del segundo film, y lo hace por dos motivos bien diferenciados. Primero, no se cree más lista de lo que es y hace caso al estupendo guion escrito por Mike Makowsky, del que es imprescindible hablar después; pero sobre todo, es una de las mejores direcciones de actores recientes, logrando cambios de registro asombrosos, fundamentalmente en el tándem Hugh Jackman/Allison Janney, que convergen con extraordinaria naturalidad en el arranque, para seguir caminos separados (y contrapuestos) más tarde. Makowsky destapó, con un "inocente" artículo en el periódico escolar de Roslyn, el que a día de hoy es el mayor desfalco en su ámbito (unos 12 m. de dólares). Pero el film de Finley no se queda ahí, y se erige como crónica necesaria de toda una cadena de engaños, apariencias y supercherías, en torno a la figura (real) de Frank Tassone, que sin duda merecería todo un estudio en profundidad. Tassone es una especie de genio visionario, capaz de elevar el prestigio de una humilde escuela hasta las cinco mejores del país, desde su puesto de superintendente administrativo; además, antiguo profesor de literatura, posee una memoria prodigiosa, conoce cada detalle de cada alumno, e incluso saca tiempo para un peculiar club de lectura. Pero Tassone es también un hombre esclavo de unas pasiones que ha mantenido ocultas durante toda su vida, y que son el pilar y colofón de este film sorprendente y necesario, con mucha más mala baba que otros de apariencia más agresiva, y que la HBO ha presentado como gran título de su vertiente cinematográfica.
Muy buena, y Finley un nombre a seguir sin ninguna duda.
Saludos.

viernes, 12 de junio de 2020

Dialéctica sucumbiendo



Una de las cosas con las que más me divierto en esto del cine es arañando, sacando a la superficie esos títulos que han permanecido demasiado tiempo en el ostracismo, bien para descubrir calidades intemporales, o bien para un ejercicio incluso más retorcido: en este caso, comprobar que desgraciadamente somos mucho más mojigatos que hace 25 años. Yo me lo temía, pero es mejor verificarlo de primera mano, y buena prueba de ello es THE LAST SUPPER, la segunda película de una por entonces jovenzuela Stacy Title, que parece un episodio macabro de "Friends", pero luego va elaborando un interesante punto de vista acerca de lo torticeros que son los puntos de vista absolutos. De hecho, a más de uno le aflorará una sonrisa tras comparar su premisa con la situación política actual: un grupo de liberales universitarios, defensores de la cultura y los derechos civiles, organiza una cena cada domingo, a las que invita a una persona que no sea afecta a sus opiniones y así polemizar en busca de un consenso enriquecedor. Sin embargo, las cosas se tuercen cuando un tipo bastante despreciable, racista, misógino y violento (un genial Bill Paxton) logra sacar de sus casillas a los apacibles amigos, y lo que sucede a continuación cambia sus vidas para siempre. Con un reparto de jóvenes caras (por allí anduvo Cameron Diaz, por ejemplo), lo mejor es ese desquiciado arranque, pero a la joven Title le cuesta luego mantener el tono, y se limita a secuenciar un puñado de excelentes colaboraciones (Mark Harmon, Charles Durning, Jason Alexander), para culminar en otro punto fuerte con un Ron Perlman que se adueña del film en apenas unos minutos.
Buena película, curiosa película, incorrectísima película, pero sobre todo una oportunidad para descubrir, como decía, otra joyita olvidada de los 90's.
Y de nuevo aprovecho para enviar ánimos a esa luchadora incansable que es Stacy Title.
Saludos.

jueves, 11 de junio de 2020

Al margen



Andrew Dosunmu es un artista visual, fotógrafo e incipiente cineasta, nacido en Nigeria, pero afincado desde hace años en Estados Unidos. Sus dos primeras películas se inscribían directamente en una corriente reivindicativa, la de los derechos de la comunidad negra; una deriva estupenda para remarcar tus prioridades éticas y hasta estéticas, pero que puede convertirse en un bucle hacia la autoparodia (que le pregunten a Spike Lee). Sin embargo, su último film, estrenado en 2017, toma una dirección absolutamente inesperada, no ya en lo argumental, sino por los elementos empleados. WHERE IS KYRA? es uno de esos pequeños proyectos independientes, de ínfimo presupuesto, que tanto han proliferado en los últimos años como contestación al sinsentido de mantener un cine-tipo de presupuestos desorbitados. Cine para la crisis, sí, pero también sobre la crisis. Aquí, una concienciada (y concienzuda) Michelle Pfeiffer intenta por todos los medios despegarse de su alargada sombra como sex symbol, y entregar un naturalista retrato, el de una mujer que ha superado ampliamente los cincuenta años y, sin expectativas laborales, depende enteramente de la pensión de su anciana madre; hasta tal punto que, una vez ésta fallece, toma una decisión drástica, movida por la desesperación ante un inminente desahucio. A Pfeiffer la da réplica un estupendo Kiefer Sutherland, en lo que parece más una colaboración desinteresada de dos estrellas de Hollywood, y no un film prototípico. Una película "europea", si se quiere, que me recordó vagamente aquella magistral KEANE, de Lodge Kerrigan; sombría, morosa en la articulación, y con tendencia a relamerse en los aspectos más escabrosos, pero también menos visuales, como la humillación, la vergüenza o esa desorientación que asociaríamos con quien siente en el desarraigo su único aliado.
Interesante, pero demasiado fría.
Saludos.

miércoles, 10 de junio de 2020

La marca de la ignominia



LA FLEUR DU MAL, de 2003, se establecía en torno a una influyente familia de provincias, con el trasfondo de unas elecciones locales, a las que se presenta la madre, política de éxito. Pero antes, concretamente en los títulos de apertura, vemos una víctima tirada en el suelo, presumiblemente un asesinato. No es casual, porque el detalle es aquí tan importante como la fina correspondencia histórica ¿Cómo? Enlazando cada personaje, cada historia personal, con el oscuro pasado colaboracionista de dicha familia; un hecho ocultado, sepultado bajo la afable apariencia de una burguesía aposentada, confiable, lo que queda de manifiesto en la ardua recolección de votos. Muchas capas, como la dudosa relación entre los primos, con la incógnita de si podrían llegar a ser incluso hermanastros, aunque lo suyo sea de lo poco verdaderamente genuino e inocente. El padre, mujeriego y amoral, aborrece a su mujer y sus ideas reformistas; y la anciana tía, de mente abierta, celebrando cada acto de libertad, es diariamente acosada por fantasmas del pasado, incapaz de librarse de ese sentimiento de culpa que casi parece un personaje más en esta película intrincada y muy inquisitiva. Uno de esos títulos de Chabrol que posiblemente mejor han resistido el paso del tiempo, ahora convertido en uno de sus últimos trabajos más interesantes.
Saludos.

martes, 9 de junio de 2020

Tarantineces



No es un recién llegado Ant Timpson, y se le nota en lo claras que tiene algunas cosas, incluso para alguien que, con más de 50 años, se ha decidido a debutar en la dirección. Con una larga carrera como productor, el neozelandés puso en las manos del guionista Toby Harvard una idea que llevaba rondándole la cabeza mucho tiempo atrás, y que puede parecer muchas cosas, pero desde luego no una sola. COME TO DADDY es, ante todo, sorprendente; una amalgama de géneros con un guion endiablado, no porque nos cuente nada que no hayamos visto ya, sino porque contiene la maravillosa cualidad de "guiar" al espectador por donde cree tener el control, para seguidamente ir hacia otro sitio completamente distinto. A grandes rasgos, comienza como una comedia negra, algo estrafalaria, en la que un treintañero (un estupendo Elijah Wood) visita a su padre por primera vez desde que éste lo abandonara siendo un niño, y lo que encuentra es un tipo sombrío y alcoholizado, aunque termina por despertarle una mezcla de curiosidad y condescendencia. Sin embargo, aviso: cualquier camino que pensemos que puede tomar la película a partir de ahí es probable que no se corresponda con el que finalmente ocurre. Y me cuido mucho de desvelar nada más, excepto que la sombra del Tarantino más desatado sobrevuela todo el metraje, o que podamos rastrear a grandes renovadores del género negro, como Jeremy Saulnier o S. Craig Zahler, que no es poca cosa.
Muy recomendable.
Saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!