viernes, 6 de diciembre de 2019

Ríos de tinta #3



Y cerraremos con Tennessee Williams, no hoy, sino mañana, en una sesión doble que hoy representa una extraordinaria película titulada SWEET BIRD OF YOUTH. Y de nuevo Paul Newman... ¿qué quieren que les diga? Deben ser casuales las similitudes con el film que inició este minirrepaso, pero el tema es recurrente, aunque con diversos matices. Él es un tipo que se marchó de su pueblo para probar fortuna, y ahora vuelve con una antigua estrella, alcoholizada en el asiento de atrás de un polvoriento Cadillac descapotable. Allí le esperan todos y cada uno de los fantasmas que, por mucho que lo intentase, nunca pudo dejar atrás. Tras la imponente figura del cínico y destructivo gobernador (por llamarlo de alguna manera), queda la frágil muchacha con la que soñó casarse, y a la que ahora recuerda con una mezcla de desaire y condescendencia. Sin embargo, el odio que le profesa el gobernador y padre de la joven (un demoníaco Ed Begley) le lleva a descubrir el terrible secreto por el que su familia estaría dispuesta a acabar con él. La elaboradísima dicotomía entre ese pueblo, hostil y hospitalario a partes iguales, y la habitación del hotel, en la que la estrella de cine (soberbia Geraldine Page) despierta de un sueño etílico entre pesadillas y alucinaciones, es una maravilla de composición narrativa y uno de los máximos exponentes del dominio del stage de un Richard Brooks al que siempre intento reivindicar desde estas páginas.
Un título inolvidable, de los que hacen época, y por supuesto una de las mejores adaptaciones literarias de todos los tiempos, con uno de los finales más orgiásticos que yo recuerdo.
Saludos.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Ríos de tinta #2



La literatura de Francis Scott Fitzgerald suele tener la cualidad de la cocción a fuego lento, de la urdimbre que aún sosiego y pasión, de un sentido de la justicia que tiende a poner a sus personajes en su sitio, sea éste más o menos agradable. De este sentido trágico dio buena cuenta Henry King, en el que a la postre sería su testamento fílmico. TENDER IS THE NIGHT es una película ridículamente maravillosa, o maravillosamente ridícula; una elegía del pijerío extremo, o de cómo un señor normal, por ayudar a una niña bien, de las de problemas inventados, a tener una vida real, se verá arrastrado por esa sociedad de apariencias y traiciones a su propia auto destrucción. Hay un 99% de la vida del propio Scott Fitzgerald aquí, sus obsesiones y cadáveres bajo llave, y el trabajo de Ivan Moffat no fue sencillo, pero es absolutamente necesario imbuirse (o inmolarse) en sus dos horas y media, para terminar constatando de la dificultad de este guion para no caer en la cursilería y, al mismo tiempo, construir con paciencia de orfebre este febril descenso a la insatisfacción y el desengaño. Hay mansiones en la Riviera, sanatorios en Zurich, batas con escudos y fastuosos vestidos de Balmain. Pero también están unos espléndidos Jason Robards y Jennifer Jones diciéndose lo mucho que se quieren y lo poco que tienen que ver entre ellos. Y una partitura de Bernard Herrmann inolvidable.
Porque como decía Keats...
Saludos.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Cuernos



LA FEMME INFIDÈLE confirma, e incluso amplía, uno de los mejores momentos creativos de un Claude Chabrol más sobrio en las formas y atento en los contenidos, con gran inspiración en Hitchcock, pero sin perder de vista su habitual crítica a las clases sociales acomodadas. Puede que se trate de su film más introspectivo y opaco, sin un solo amaneramiento y con dos o tres escenas memorables, apoyadas siempre en la muy inquietante pareja formada por Stéphane Audran y Michel Bouquet (de quien me entero que está en plena forma a sus 94 años). Ellos son un matrimonio de clase media-alta, que tiene una apacible vida junto a su pequeño hijo, hasta que él empieza a sospechar que su esposa le oculta algo. De carácter tranquilo y educado, el marido medita qué hacer, cuando tras contratar a un detective privado, éste le confirma que se está viendo periódicamente con un ignoto escritor. Es imposible seguir contando nada más a partir de aquí, pues nos cargaríamos la gran sorpresa final, llevada por Chabrol con tanta contención y sutileza, que termina siendo sorprendente y esperada a partes iguales. Y, pese a sus referencias hichcockianas, que son muchas, más que un ejercicio de suspense, termina siendo una implacable disección del alma y carácter humanos, cuando son sometidos a una traición que consideran imperdonable.
No llego a considerarla una obra maestra, pero sí una de las mejores películas de la incipiente etapa chabroliana, y tiene un final tan hermoso como terrible, y en último término conmovedor.
Saludos.

martes, 3 de diciembre de 2019

Ríos de tinta #1



Con un poco más de espacio, esta semana va a estar copada por cuatro títulos a los que mi imaginario suele relacionar por motivos que ni siquiera a mí mismo me quedan del todo claros. Son cuatro adaptaciones literarias, muy cercanas en el tiempo y de algunos autores que precisamente yo suelo citar como los que mejor han quedado en una pantalla. Uno de ellos es William Faulkner, uno de mis dioses indiscutibles tal y como yo entiendo la construcción literaria, y que obtiene una de sus más certeras adaptaciones en THE LONG, HOT SUMMER, de 1958. Posiblemente la mejor película de Martin Ritt, y la que dio el verdadero pistoletazo a dos acontecimientos: la temprana consagración de ese mito inmortal que luego sería Paul Newman y el inicio de su inquebrantable historia de amor con Joanne Woodward, con la que permanecería hasta el fin de sus días. Pero no seríamos en absoluto justos si no mencionáramos qué hace tan especial a esta película, comenzando por la insólita y genial adaptación que Irving Ravetch y Harriet Frank Jr. hicieron de nada menos que tres trabajos del Nobel de Misisipi, algo que me parece una maravilla de inventiva. Dos relatos breves ("Spotted horses" y "Barn burning") y la novela "The Hamlet", para introducirnos en ese verano que cambió para siempre las vidas de un grupo de personas en el pequeño pueblo que prácticamente es propiedad del potentado Will Varner. Él, Ben Quick (Newman), se ha visto obligado a marcharse, acusado de incendiar un granero, y encuentra acomodo en Frenchman´s Bed, paradigma de ese viejo Sur, tan sugestivo como a vecs adormilado, siempre pagado de sí mismo. Varner (un colosal Orson Welles) ve en Quick la única posibilidad de dejar su fortuna en manos más diestras que las de su inoperante hijo (Tony Franciosa), por lo que intenta por todos los medios forzar que éste se case con su hija (Woodward), maestra de escuela y refractaria al casamiento, y menos con un hombre que se revela excesivamente "echado para delante". Es ese verano acelerado pero pastoso, de chicharras incesantes y secretos que no pueden quedar más tiempo sepultados, y es ese sabor a literatura de la de verdad, con personajes rotundos pero de múltiples facetas. Y es esa sensación de plenitud, de ver una película que, quizá sin pretenderlo, es una gran película que permanece así hasta nuestros días.
Imperdible.
Saludos.

lunes, 2 de diciembre de 2019

La vida en un cuarto



¿Qué puedes filmar si eres una estudiante de cine de apenas 23 años en China? Probablemente, lo que más cerca tengas. Eso debió pensar Liu Jiayin cuando rodó NIU PI (CUERO DE BUEY), radicalísimo film, hecho con una cámara de baja calidad, con la propia cineasta y sus padres como únicos protagonistas, y con una única localización: el pequeño y opresivo apartamento donde malviven los tres. Lo que Liu Jiayin consigue es lo que a tantos y tantos cineastas profesionales se les escapa, una inmersión hasta la asfixia emocional en la realidad, sin dejar claro si es un documental ni "contar" nada frontalmente. Hay algo de lo que el padre se avergüenza de su hija, aparentemente su altura, pero intuimos algo menos ordinario. El padre, que no cesa de discutir, con la madre, con la hija, con el mundo allá fuera, que se nos obliga a imaginar. Discusiones por todo, por el dinero, sin tregua en las comidas, filmadas íntegramente a lo largo de 23 planos estáticos, muy conscientes de sí mismos. Más que una película, una experiencia; e insisto: la maravillosa sensación de asomarnos al vértigo de lo real.
Liu Jiayin volvió a rodar, 4 años después, la segunda parte, pero se lo contaremos la semana que viene, por supuesto.
Saludos.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Rincón del freak #382: ¡Patoaventuras!



¿Tienen ustedes la edad suficiente para acordarse de HOWARD THE DUCK? Lo digo porque ahora es muy modernito ponerse de los ochenta, pero entonces había cosas como ésta en cartelera. Aunque la cosa acabó como acabó, claro, con George Lucas echando chispas con una taquilla que quedaba muy por debajo de los treintaytantos kilos que costó esta locura acerca de un pato que se ve súbitamente transportado desde... ¿Patolandia?... hasta la Tierra. El problema no es ése, el problema es que el pato Howard provenía del cómic, y fue uno de los primeros exponentes de que Marvel también podía atreverse a hacer tebeos en una línea más satírica e irónica, lejos de la pompa superheroica. Así, Spielberg recomendó al binomio Huyck/Gloria Katz a Lucas, ya que venían de guionizar el segundo capítulo de las aventuras de Indy. Pero desgraciadamente Howard no tiene nada que ver con la épica aventurera, sino más bien con el espíritu transgresor de Guardianes de la Galaxia (en cuya segunda parte aparece, por ejemplo). El resultado es una bobada de aquéllas, con cardados, diálogos insustanciales y unos FX que aún nos preguntamos cómo costaron tanto. Por otra parte, al pobre Howard al menos le dan unos minutos, los iniciales, en los que lo vemos llegar con unas copas de más a su apartamento y encenderse un puro, acompañado por la música de John Barry... ¡Sale hasta una patita en bolas!... En fin, un desastre, entrañable pero desastre. De hecho fue nominada a peor película de los años ochenta, honor que ostenta (y no sé muy bien por qué) MOMMIE DEAREST, el biopic sobre Joan Crawford... ¿?...
Ah, y si le preguntan a Tim Robbins, él nunca estuvo allí...
Saludos.

sábado, 30 de noviembre de 2019

En círculos



Es curioso el caso de IN THE TALL GRASS, la película que inauguró el reciente Festival de Sitges, y que a priori era de las más esperadas en dicho certamen. Curioso porque significaba el retorno de esa eterna promesa que siempre ha sido Vincenzo Natali, ese director que deslumbró hace más de dos décadas, para ir de bandazo en bandazo, normalmente en la intrascendencia. Curioso también porque es una adaptación de Stephen King, lo cual no debería sorprendernos por lo habitual, pero sí por tratarse de un relato que el maestro del terror escribió a medias con su hijo, Joe Hill, y que continúa el apartado que Netflix parece querer reservar a producciones terroríficas. Pero es paradójico que lo más curioso sea lo que de "normal" tiene este film; normal en el sentido de que no parece haber nada nuevo bajo el sol, al menos para los que hemos disfrutado abundantemente con la literatura de King. IN TNE TALL GRASS empieza bien, con un preámbulo que invita a la pregunta constante sobre qué diablos pasa tras esa espesa hierba alta, de la que provienen gritos de auxilio y en la que se pierden los protagonistas. Perdiendo la noción del tiempo y el espacio, ese no-lugar es, finalmente, el lugar común al que suelen desembocar los relatos de King. Ahí encontramos multitud de sus obsesiones creativas, lo que podría interpretarse, quizá, como un traspaso de poderes aprovechando la coyuntura. Quizá, porque lo que queda es una película eficaz, pero normalita.
Saludos.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Las páginas amarillas



He terminado recientemente de ver las tres temporadas de PENNY DREADFUL, aquella curiosa serie que Showtime anunció a bombo y platillo hace unos cinco años, mantuvo contra viento y marea una segunda temporada por la que nadie daba un duro, y fue cancelada a toda prisa en la tercera, en una de las operaciones más inexplicablemente chapuceras de la televisión reciente. Intuyo que ésta ha sido una serie cara de hacer, con un reparto absolutamente espectacular y una ambición desmedida por intentar dar cabida a la práctica totalidad de "monstruos" del cine y literatura clásicos; y como no me da la impresión de que su seguimiento haya sido masivo, puede que esto fuese definitivo para quedarse donde se quedó. El título alude a aquellas mininovelitas que se vendían a finales del XIX por un mísero penique, y que contenían los casos más estrambóticos y sensacionalistas que se pudieran imaginar. La serie es como un corolario, o cajón desastre, con el hilo conductor de un personaje, Vanessa Ives (brutal Eva Green), una especie de medium ultrasensitiva, que con el transcurrir de los episodios se irá desvelando como algo mucho más oscuro y aterrador de lo que parece. Y desde Frankenstein y su monstruo, Dorian Gray y el hombre lobo, pasando por hechiceras o vampiros (el mismísimo Drácula clausura la serie), el compendio funciona bien cuando la trama es fácil de seguir, alcanzando su punto culminante en una estupenda segunda temporada, que se centra en la toma de conciencia de Vanessa de su oscuro poder. Por contra, la tercera, que se inició por todo lo alto, fue rematada a toda prisa, dejando multitud de cabos sueltos, personajes que desaparecían sin dejar rastro o ir descaradamente al cine de acción de tercera fila. Una pena, porque la serie parecía jugar más en la liga del cinematógrafo, aunque a mí me ha servido, al menos, para seguir desconfiando de este medio, al que sólo suelo acercarme por curiosidad o necesidad de relajo.
Por cierto, hay una nueva temporada estrenada este mismo año, pero según me dicen es casi como un extraño spin-off, con poca relación real con la original, por lo que veo difícil verla de momento.
Saludos.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Cuerpos o mentes



No es fácil acercarse a un film como TOUCH ME NOT, un extraño artefacto que ha recorrido numerosos festivales, culminando con el Oso de Oro el año pasado en Berlín. A mitad de camino de la videoinstalación, el documental o la no ficción, en palabras de su autora, la joven directora rumana Adina Pintilie, se trata de una aproximación a lo que normalmente mantenemos oculto, la exteriorización de nuestras intimidades menos obvias. El hilo conductor es la actriz Laura Benson, que presenta un problema psicológico que le hace sentir rechazo hacia el contacto físico con otras personas. Por un lado, mantiene encuentros con profesionales del sexo, y por otro asiste a una especie de sesiones en las que se interactúa con personas discapacitadas, a fin de mostrar que la "anormalidad" siempre está en el ojo de quien mira. Ahora bien, de ahí a encontrar una cierta rotundidad narrativa media un abismo. La directora confía demasiado en la percepción del espectador, que probablemente se sienta abrumado por un torrente de imágenes de las que desconocemos su verdadera naturaleza, de ahí la sensación de que se nos está contando algo muy importante, aunque no sepamos exactamente el qué. Cosas parecidas se han visto muchas veces en cine, y se me ocurren ejemplos como PERSONA o REPULSIÓN, aunque insisto en que el desconcierto está sobre todo en la indefinición de una propuesta arriesgada y sincera, pero que cae en la repetición y la indeterminación, incluso rozando una peligrosa pedantería.
Sólo para cinéfilos muy atrevidos y desprejuiciados.
Saludos.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

El reverso de lo ambiguo



Frederique se encuentra a Why en la calle, pintando ciervas de aspecto naif. Se la lleva, la posee, es suya. Frederique es millonaria, heredera, sólo juega a ganar. Why es bohemia, cándida, siempre ha perdido. Se aman o no se aman, no lo sabemos con certeza, pero parecen felices. Why conoce a Paul, que la saca por un instante de la monotonía en la que se halla sumida. Frederique lo descubre, pero no lo desaprueba; en lugar de ello, decide vengarse conquistando a Paul. Why queda desplazada, aunque acepta su nueva situación... o quizás no. Estructurada como un diabólico triángulo de amor, sexo, mentiras y apariencias, LES BICHES trae de vuelta (o quizá lo reinicia) al gran Chabrol, lejos de los devaneos con géneros cada vez más incomprensibles, esta película adelanta muchos de sus mejores títulos. Sin llegar a la excelencia, es un acertado estudio sobre esas "relaciones peligrosas", en las que una parte decide tomar todo el control, sin medir las consecuencias. Aunque su abrupto y desconcertante desenlace apunta más hacia esa ambigüedad más allá de los géneros, en este caso el cazador convertido en presa, o el amor como distintivo de destrucción.
A muy destacar, la preciosa música de Pierre Jansen, libremente basada en el "concierto de Aranjuez", y el trío protagonista, con unos estupendos Jacqueline Sassard (en la que sería su última actuación antes de su prematuro retiro) y Jean-Louis Trintignant, y una hechizante Stéphane Audran, cuya gran interpretación mereció el Oso de Oro.
Saludos.

martes, 26 de noviembre de 2019

La clase de Lubitsch #42



Y, bueno, queridos indéfilos, llegamos al final de este extenso monográfico que ha abarcado la totalidad de la filmografía de Ernst Lubitsch, o al menos lo que se conserva, ya que hay obras suyas que posiblemente ya nunca veremos. Personalmente ha sido un privilegio retomar cada semana un rinconcito de este maestro de maestros, sobre todo para disfrutar de nuevo con su genial y libérrimo sentido del humor... y de la vida. Pero también para establecer sorprendentes concomitancias con artefactos que aparentemente veríamos como opuestos. Hay mucho de Lubitsch, por ejemplo, en Woody Allen, pero también en propuestas como esa última comedia americana abanderada por Judd Apatow o la irreverente escena mumblecore. Porque si tuviéramos que definir a Lubitsch siempre nos quedaríamos cortos, lejos de la profundidad y naturalidad con la que él entendía las relaciones humanas, cómo nos necesitamos en la misma medida que nos repudiamos.
Es cierto que THAT LADY IN ERMINE casi no podría considerarse estrictamente un film de Lubitsch, que murió a los ocho días de comenzar el rodaje, pero fue el propio Otto Preminger quien dijo que si la película la hubiese hecho él no sería igual, y que el espíritu de Lubitsch aún revoloteaba por el estudio. Sin ser una maravilla, la película es un divertido sainete en torno a la figura de una joven condesa recién casada, cuyo castillo es invadido por los húngaros en la misma noche de bodas, teniendo que invocar el espíritu de su tatarabuela, que luce en un enorme cuadro y cuya leyenda reza que expulsó al enemigo... "de una manera especial". Lo más curioso probablemente sea el reparto, compuesto por Betty Grable (aquella inolvidable pin-up que miraba hacia atrás), un desubicado Douglas Fairbanks Jr. y César Romero, que es lo mejor con apenas un par de apariciones.
En fin, termina el monográfico, pero otros vendrán. La vida sigue, pero nunca igual, que debería haber dicho el estribillo...
Saludos.

lunes, 25 de noviembre de 2019

Jurando en arameo



La susodicha PIERCING I, de 2010, ya adelantaba al cineasta que llevaba dentro Liu Jian. De formas rabiosas, personajes de una pieza y discurso catártico, esta sorprendente ópera prima hablaba de esos perdedores que de repente cobran conciencia de su miseria y se revuelven contra el sistema. "Muy punk", que diría otro, pero no es menos cierto que lo más interesante del cine de Liu Jian se encuentra en la modulación, servirse de las formas del thriller para indagar en las llagas de un sistema herido. Los dos presuntos protagonistas son dos vagos, aburridos de no hacer nada, enfrascados en largos parlamentos que no hacen más que reafirmar su inmovilismo. Así, un suceso inocuo da paso a un inopinado acto de venganza, y esto al descubrimiento de toda una red mafiosa, instalada en el corazón de los mismos servicios públicos. Liu Jian se atreve a destapar las cloacas de una ciudad cualquiera en China, y lo hace con hardcore de fondo, precisamente el movimiento que siempre ha sido tocahuevos por mirar en la dirección que nadie lo hace. Valiente, interesante y aperturista propuesta, cómo no.
Atentos.
Saludos.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Rincón del freak #381: Mario, encima del armario



Lo mejor de escribir en un blog, y no en una revista o una página web, es que puedes darte el gustazo de hablar desatadamente de películas como GEMINI MAN, auténtica y única razón de ser de esta sección dominical, a la que puedo tener tanta tirria como cariño. Algo así me ocurre con Ang Lee, que ha perdido la chaveta tiempo ha, al mismo ritmo que su cuenta corriente ha engordado, previa venta de su alma al sacrosanto imperio del blockbuster indisimulado. Estamos ante una película... ¿cómo decirlo?... que es como un estiramiento facial a una adolescente, una felación sin dentadura postiza o un amante que hemos dejado olvidado en el armario durante más tiempo del debido. Debe ser por la realización chapucera, hiposa, de telefilm de las cuatro y media (por cierto, una de las bandas sonoras más horrorosas de lo que llevamos de siglo); por ver a Will Smith (una vez más) fingiendo ser duro, mientras (una vez más) bebe cocacola y dice no la chavala que se le insinúa. Por cierto, ella es una Mary Elizabeth Winstead con cara de fliparlo, como preguntándose por qué aceptó algo así. No sé, es tan mala que podría haber salido Nicolas Cage y nadie lo habría notado; es tan terriblemente absurda, que habla de la clonación como de la nueva hamburguesa de McDonald´s; y es, ya para acabar, tan chapucera (lo siento, pero debo repetir calificativo) que se saca de la manga ir a Hungría, no se sabe para qué cojones, sólo para justificar al equipo baratito... solo que éste no es húngaro, sino checo... Ah, y sale Benedict Wong (de lo poco salvable) como el típico piloto de tres chascarrillos que siempre la espicha, porque parte del dinero era chino.
¿Que de qué va? Ah sí. a Will Smith lo clonan, porque dispara muy bien, pero sólo lo sabe Clive Owen, que es malo o no, no sé. Luego hay muchos tiros y también artes marciales, por lo del público chino. Y Lee hace que Smith contenga la risa mientras suelta un discurso sobre la moral de la ciencia y bla bla bla... Punto y final.
Ah, se me olvidaba. También me sirve para reafirmarme ante todos los que me llamaron loco cuando califiqué de soberana mierda la del tigre en la balsa...
Saludos.

sábado, 23 de noviembre de 2019

En lo profundo del bosque



El problema de películas como EDEN LAKE es siempre el mismo, el mismo que suele padecer el cine de terror casi por defecto. Si tiras mucho de la manta no tapas los pies, y al revés ¿Es necesario invocar la verosimilitud, toda vez ésta ha desaparecido de la pantalla en el preámbulo? Y es curioso, porque lo mejor de este irregular film es ese arranque, cómo pone en escena la tensión creciente, como si la atmósfera se fuese enrareciendo de forma natural y consecuente. Entonces llega una escena clave, de gran crudeza, y luego está claro que es imposible mantener ese pico en alto. James Watkins, que luego despuntó dirigiendo algún capítulo de BLACK MIRROR, debutó (hay que resaltarlo) con esta orgía de sangre y fango, que en algún momento quiere indagar en las brechas sociales que hacen que la gente se comporte como animales, aunque es precisamente lo que pone al descubierto la debilidad de un guion que se intuye construido un poco a trompicones. A mitad de camino de Haneke, Craven y, sí, Chicho Ibáñez Serrador, EDEN LAKE se queda efectivamente así, a mitad de camino. Ofrece dos potentes interpretaciones de Michael Fassbender y Kelly Reilly, muy por encima de lo que interpretan, y el hecho de que el mal esté a cara descubierta desde el mismo inicio le da empaque a un film,sin embargo, con evidentes lagunas de ritmo y ejecución.
Entretenida para pasarlo mal (o bien) en una tarde de sábado.
Saludos.

viernes, 22 de noviembre de 2019

El cristal que no corta



JOHN WICK: CHAPTER 3-PARABELLUM es, lo dije a propósito de las otras dos, lo que es. No se puede decir mucho más sobre una franquicia que ya se mira a sí misma con altanería indisimulada, y que le importa un bledo todo lo que no le sirva para desarrollar su onanista universo, en los parámetros más convenientes. Sí, también lo dije, que era una hamburguesa gourmet, con ingredientes de calidad, colorines epatantes y potenciadores del sabor, pero una hamburguesa al fin y al cabo: carne picada y procesada para un consumo y olvido instantáneos. Sin ser memorable, es mejor saber que no lo pretende, pero el principal problema siempre es el mismo. Tras una primera media hora (larga) que es una maravilla de suspense narrativo, con las manecillas del reloj pendiendo sobre la cabeza del protagonista, a la que han puesto el precio de 14 millones, casi estamos en el terreno de SOLO ANTE EL PELIGRO; Keanu Reeves corre bajo la lluvia, mientras la ciudad está repleta de ojos que le recuerdan que le darán caza en cuanto se dé la orden desde esa organización secreta, de un poder incalculable, y que no perdona a Wick haber transgredido sus inquebrantables leyes. Desgraciadamente, pasado el subidón inicial, lo que queda es el habitual despiporre de patadas, cortes y disparos; y todo filmado con esa pátina de lo irreal, o hiperreal, como una superficie plástica, como una hamburguesa gourmet...
Saludos.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Is



Una reseña breve para una peli muy larga. Larguísima. Interminable. Alargada. Creo que es lo justo para decir que IT. CHAPTER TWO no es más que la constatación de que el formato serial, a fuerza de ser el que más aceptación tiene entre los espectadores que ya han hecho su selección a la hora de consumir ficción, va a ser el que predomine también en salas; como si de una insólita vuelta a los orígenes del cinematógrafo se tratase, aunque con menos carga de ingenuidad o asombro. Es difícil de explicar, porque (ya lo señalé en la reseña dedicada a la primera parte) las más de 1.500 páginas de la novela de Stephen King (aquí con un curioso cameo) son perfectas para una serie, pero la New Line ha elegido una distribución que, al menos a mí, me resulta estomagante. Y es que si la primera duraba algo más de dos horas, ésta lo hace hasta alcanzar casi las tres, lo que conlleva una doble exigencia: una atención imposible de mantener, por culpa de un pobrísimo desarrollo de personajes y situaciones. Muschietti, mantengo, es un narrador horrible, que se lía con argumentos de más trillados, y que pretende taparlo todo amontonando golpes de efecto, lo que le da a su cine una apariencia deslavazada, incoherente. Es decir, que no hay nada en esta segunda parte que supere a la primera, excepto la sensación de no dar con el tono, que igual hay horror "cósmico" que chistes del SNL... y no con demasiada gracia.
Al final, ven, incluso yo me he alargado. Si es que...
Saludos.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Mayormente sabido



En LA ROUTE DE CORINTHE, a Chabrol se le va definitivamente de las manos el asunto de los espías trabucados, en un despropósito que juega a desligar otra vez sujeto de predicado, y otra vez se lr va de las manos, ya hasta lindes inasumibles. Y eso que empieza bien, con la surreal posibilidad de un espía mago, que se burla de sus captores con sus habilidades taumatúrgicas, hasta que les desvela su verdadero propósito mientras fenece bajo la axiomática píldora de cianuro. Luego tanto nos hubiera dado haber dejado a un Mariano Ozores en la dirección, mientras Jean Seberg se erige en objeto del deseo de aliados y enemigos, mientras inicia una cruzada contra los asesinos de su marido, a la sazón espía bueno, o eso dice. Ya sin gracia en el discurso, Chabrol desbarra en una autoparodia intolerable y en la que parece tocar fondo definitivamente, pues es a partir de aquí que se olvida del pop y vuelve a usar la vieja gramola, de sonido imperfecto pero implacable. No quedaba otra...
Saludos.

martes, 19 de noviembre de 2019

La clase de Lubitsch #41



Puede, es posible, de hecho es cierto, que CLUNY BROWN es el último trabajo enteramente filmado por Ernst Lubitsch. Ahora bien ¿cómo podría despedirse el gran maestro sino con una obra maestra? CLUNY BROWN es como un exquisito e irresistible compendio de todas y cada una de las obsesiones que habían ido cimentando la obra del director alemán. La sofisticación, no tan altiva como decadente, de un escritor checo, refugiado en Londres, que es admirado por los pijos de clase alta por oponerse al cada vez más incipiente Hitler; mientras él, que no disimula su sorna hacia una clase que no es la suya, encuentra más consuelo en la joven Cluny Brown, probablemente uno de los personajes más indescifrables de Lubitsch. Una joven sin muchas luces, impulsiva pero honesta, que curiosamente es enviada a servir a la imponente mansión a la que el escritor es recibido como invitado, y que tiene una pasión... digamos especial... ¡la fontanería!... Así, lo que CLUNY BROWN pone en pie es un intrincado juego de metarreferencias sin apenas salir de un espacio único. La insalvable diferencia de clases, la inexcusable pasividad de una sociedad adormilada ante el imparable avance del fascismo o la constatación de que la inteligencia te hace libre, pero también suele condenar a la soledad. Todo ello cabe en esta maravillosa película sin género, que emociona tanto como hace reír y pensar, todo al mismo tiempo. Y está Charles Boyer, encantador, perfectamente consciente de dónde sale la adulación a su persona; y Jennifer Jones, arrebatadora hasta dándole porrazos a una cañería... Absolutamente todo está dirigido a una única dirección, ese suave zarandeo que el cine proporciona cuando nos ha permitido ser parte indispensable de su aventura, que es tambien la nuestra...
Maravillosa.
Obra maestra absoluta.
Saludos.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Eclosiones de la ruptura



Parece una broma mal elaborada, o un giro inadecuado. Pero al pensar en el término "animación china", simple y llanamente, no nos sale nada. Probablemente no lo hayamos pensado lo suficiente, pero puede que esa gigantesca vara de medir, a la que aludíamos semanas atrás, contenga más pistas de las que creíamos. Y el ejemplo más claro es lo que de "representación" tiene el cine de animación; como una representación de la representación, que ayuda a llegar donde la imagen "real" no puede ¿Es posible que a China le haya asustado la posibilidad directa de contar historias desde lo imaginado? A usted, espectador occidental, le parecerá una fruslería, pero no hablamos de un país occidental, ni de un país cualquiera, sino de una inabarcable maquinaria de pensamiento único, que aún en plena era de la tecnología se resiste a desmoronarse como tal. La película en cuestión tiene sólo dos años y fue la gran sensación del festival de Berlín, aunque más por lo insólito de su propuesta que por su calidad intrínseca, que sería motivo para otro debate. HAO JI LE (QUE TENGAS UN BUEN DÍA) continúa el camino inciado (¡siete años atrás!) con PIERCING I, aglutinando las obsesiones de Liu Jian (sexo, crimen, venganza, redención, consumismo...) en una narración muy al estilo tarantiniano, subvirtiendo las líneas temporales y optando por el giro inesperado y el mosaico argumental en una historia de gangsters, perdedores, cirugía plástica y karaokes con fideos. Otra cosa es el apartado técnico, mejorable en la cinemática y uso del color, que no se intuyen deliberados sino impuestos, pero que en conjunto abren la posibilidad a que la animación empiece a florecer en un país que ha quedado incomprensiblemente al margen de este tipo de cine. Estaremos atentos.
Saludos.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Rincón del freak #380: Pisto manchego



¿Recuerdan la peli que comentamos en esta misma sección hace exactamente siete días? Efectivamente, la fiebre retrochentera, ya que no conoce límites, no debería imponérselos a sí misma, y esa pléyade de "neoautores" que proclaman una vuelta a tan polémica década parecen meros pazguatos que crecieron con posters por toda su habitación. El pisto está muy bueno porque lleva de todo, mientras que las verduritas a la jardinera es un preparado para estómagos incipientes y sin aguante ¿A que no hay cojones de meter en hora y media a Indiana Jones, Cronenberg, Wes Craven, George A. Romero, Ray Harryhausen, Karate Kid y Los Goonies? ¿A que no hay huevos para convencer a Max Von Sydow, Christopher Plummer, Dennis Quaid, Kate Capshaw (hablando de pollas) y al gordo de Cheer's? ¿Y si la música la pone un tal Maurice Jarre con unos sintes prestadosa de su querido hijo?... ¿A que mola? Pues todo eso es DREAMSCAPE, una especie de refrito batido de todas y cada una de las obsesiones cinéfilas ochenteras, que tan en auge están hoy día. Los efectos especiales, del chino; el guion, escrito en una noche de póker y Knockando. Las interpretaciones, al borde de la carcajada, porque es encomiable la profesionalidad de esta gente cuando les contaron el argumento: Unos científicos inventan un método para introducirse en los sueños de la gente, así que contactan con Quaid, que tiene "ciertas habilidades" (apostar en hipódromos, principalmente), como punta de lanza del proyecto. Sin embargo, lo que para unos es una oportunidad para ayudar a la gente con problemas, para los malos es el arma definitiva de guerra. Hay hombres serpiente, zombis, persecuciones porque sí y la sensación de que todo iba como improvisado, y aun así conserva cierto encanto. Será por esa cándida cutrez, la misma que puede lograr lo impensable, como ver a esa supramilf que siempre será la señora esposa de Spielberg hablando de erecciones nocturnas por un pasillo...
Saludos.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Vida prócer: El cine de Hong Sang-soo #23



Esta es una sección "río", o como se llame, ustedes saben. Llevamos abordando la filmografía de Hong Sang-soo desde hace años, desde el principio. Sin orden de estreno, pero con rigurosidad. Quizá porque es el autor que más merece esta consideración actualmente, y nosotros aprovechamos que somos coetáneos suyos para ir fluyendo con sus historias. Y GRASS, de 2018, es una más que grata noticia, una estupenda vuelta al Hong Sang-soo más elocuente, el que no se complica la vida, sino que prefiere mostrar la vida en toda su complejidad, que no es lo mismo. Localizada enteramente en el reducido espacio de una cafetería, sus magrísimos 65 minutos se centran en capturar una serie de conversaciones entre algunos clientes, mientras una mujer solitaria (espléndida Kim Min-hee), sentada frente a su portátil, se empapa de todo lo que escucha, quizá para construir sus propias ficciones en base a esa realidad adaptada ¿O quizá lo que se nos propone es todo lo contrario, y realmente estamos asistiendo a lo que ocurre en la mente de dicha escritora?
En ese paradigma, sin aspavientos, se eleva esta absoluta delicia, una especie de film-bombón que se degusta con deleite, pero que no escatima la tremenda amargura que se desprende de unas conversaciones que versan sobre "esos temas de las mesas de al lado". Soledad, desprecio, rechazo, egoísmo. Pero también ternura, aceptación, solidaridad... Todo cabe en tan pequeño espacio y en tan poco tiempo. Tan relativo es todo, y tan fugaces somos...
Saludos.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Flores en el pelo



Hay razones por la que MIDSOMMAR me interesa mucho, y otras que me hacen sospechar que un camino, que se intuía ineresante, muestra evidentes síntomas de agotamiento prematuro. Primero, Ari Aster solventa la siempre complicada tarea de convencer en el segundo film, sin descalabros, pero tampoco proponiendo más allá de lo que ya se vio en HEREDITARY, para el que esto escribe algunos puntos superior, aunque sólo sea por el impacto de lo novedoso. Aparentemente, MIDSOMMAR es otra película sobre turistas extraviados, sectas extrañas y destinos truculentos; y casi lo es, o lo parece, pero me da que al director y guionista le importaba más un tipo de subversión distinto al acostumbrado, más sutil y complejo, lo que termina decepcionando a los fans del género, pero subyuga a los cinéfilos de mente abierta. Igualmente no me parece casual la duración, necesaria para incluir el largo preámbulo (en mi opinión, lo mejor del montante) y desarrollar a cada personaje sin prisas ni aspavientos. Sin embargo, en lo que chirría el film es a la hora de desprenderse del artificio; si lo que el espectador piensa es "aunque vayan de blanco, con flores en el pelo, son los malos", acertará. Mas, Aster luego juega al despiste y compone un "estado de las cosas" que supera al discurso preprogramado, zambulléndonos en un vaivén emocional sólo comparable a la conciencia alterada, mediante diversas sustancias, de los protagonistas. Es una película, en fin, muy buena para analizar, pero no tanto para disfrutar; o a lo mejor es que Aster es, como por ahí lo acusan, un cultureta que hace género. Lo desconozco, pero véanla aunque sólo sea para disfrutar de tres cosas: la excepcional fotografía de Pawel Pogorzelski, la excepcional música de Bobby Krlic y la excepcional actriz que es Florence Pugh...
Saludos.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Películas para desengancharse #75



Ustedes, sí, a ustedes, que no saben lo que significa la democracia ni les importa lo más mínimo. A ustedes, que les dan los votos a los nostálgicos del régimen que represalió a sus padres y abuelos. Ustedes, y nadie más, son culpables de lo que luego van a llorar por las esquinas. Lo tienen en su mano y lo desprecian, se abrazan a las fórmulas mágicas de quienes luego se sientan en los banquillos, acusados de robarle su dinero. Sí, su dinero. Quizá, si la política dejara a un lado las ideologías y se basara en la frialdad de los números, se podría soñar con que los políticos sólo pudieran servir a sus jefes, los ciudadanos. O quizá no. A ustedes, esta película. Para que la vean y se les caiga la cara de vergüenza cuando exigen, cubata en mano, que vaya la legión a Cataluña. A ustedes, garrulos de Vox, que exigen respeto desde el escupitajo moral. A ustedes, les diría Costa-Gavras que son un residuo que se regenera desde su propia infección moral. Sin moral se vive mejor, con absoluciones divinas también. Z es la película más intemporal que existe, su discurso va más allá de las siglas, las convicciones, ideologías o las filias y fobias. Es un film sobre la justicia, la manipulación, la verdad y la mentira. Es un film, sobre todo, sobre los responsables y las responsabilidades. Ustedes son los responsables de que la extrema derecha se envalentone desde los restos momificados de un dictador. Por lo tanto, de ustedes es la responsabilidad. Esta película la deberían poner en los colegios una vez cada curso, pero siempre habrá algún "intelectual" que hable de adoctrinamiento, palabra que no se usa para el resto de medios...
Me sirve para cerrar (de momento) este monográfico de adicciones, monos y chutes en vena, porque su discurso cobra plena actualidad, porque tiene uno de los finales más desgarradores de la historia del cine usando apenas fotografías y una voz neutra, y porque todo acaba siempre en la Z... menos para los griegos...
Saludos.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

La pobreza de los ricos



Nunca he estado de acuerdo en que Chabrol estuviese más preocupado de las tribulaciones de la clase alta, desatendiendo problemas a priori más importantes, como los de la clase trabajadora. A base de señuelos, lo que sí he captado es una capacidad única para infiltrarse en las rendijas de lo inaccesible, con el propósito de atomizar cualquier idea preconcebida sobre lo que de natural nos está vedado. Sin embargo, LE SCANDALE, de 1967, parece más la apropiación de las ideas chabrolianas por parte de un admirador secreto. Puede que a ello contribuya que se trate de una producción de la Universal, con numerosas imposiciones para abordar un thriller de una manera clásica, lo que es un estropicio para la oblicua mirada del director francés. Estrenada simultáneamente en inglés como THE CHAMPAGNE MURDERERS, intentaba poner en pie una compleja trama acerca de un rico heredero, que en realidad sólo está interesado en irse de parranda y vivir a tope, pero una serie de asesinatos a su alrededor, sumados a la amnesia que sufre desde hace años, le convierten en el principal sospechoso. Con Anthony Perkins en uno de los papeles principales, la película contiene momentos brillantes y otros directamente ridículos, y parece que los cuatro guionistas han ido cada uno por su lado.
Curiosa, pero olvidable.

martes, 12 de noviembre de 2019

La clase de Lubitsch #40



En 1945, la salud de Ernst Lubitsch no era la mejor, por lo que tuvo que abandonar la dirección de A ROYAL SCANDAL y dejarla en manos de Otto Preminger, aunque se mantuvo acreditado como productor y de hecho siguió el rodaje muy de cerca. Tanto, que parece imposible no ver la mano del maestro, sobre todo en las escenas más agudas de esta ¿dramedia? situada en la corte de la Zarina Catalina de Rusia. Y vuela alto el film en ese sentido, ya que el enredo es tal que fluctúa, casi sin esfuerzo, del planteamiento político al romance desenfadado. Hace falta un guion muy bien hilado para instrumentar los temores de traición y revolución en la corte, y seguidamente imbricar el discurso político en una típica discusión de pareja. La Zarina se encapricha del mensajero que le trae una noticia que luego resulta no ser cierta, aunque él está comprometido con una condesa, íntima amiga de la Emperatriz. Es decir, celos, prepotencia, manipulación y traición, actos que se pueden atribuir tanto al ámbito de la política como al de los sentimientos... como hemos comprobado recientemente. Un excepcional ejemplo de guion y un puñado de magníficas interpretaciones, destacando a esa gran olvidada que siempre será Tallulah Bankhead, puede que lo más cercano que Hollywood tuvo a Bette Davis o Joan Crawford.
 Aún le quedarían fuerzas a Lubitsch para volverse a poner tras las cámaras, pero eso es algo que les contaremos próximamente...
Saludos.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Blanco nuclear



De remedos hasta las narices. HAN JIA (VACACIONES DE INVIERNO) no es una buena película, precisamente porque intenta serlo desesperadamente, y para ello se instala en un lugar imposible, situado entre el hieratismo de Kaurismaki, el tiempo retorcido de Bresson y la comicidad agria de Andersson. Nada de eso, porque la ópera prima de Li Hongqi (sigue siendo su único trabajo desde 2010) no es más que una colección de tiempos muertos, diálogos vacíos y caras inexpresivas; como una película de autor, sí, pero mal. No se cuenta nada, excepto el ir y venir de un puñado de personajes que parecen aburridos de su propia existencia, sin hacer nada para cambiarla excepto lanzarse invectivas que quizá sólo ellos conocen. Desconozco si hay algo sumamente importante que me he perdido, pero no creo que vuelva a intentar la experiencia, me temo que vale la pena...
Saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!