jueves, 18 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #7



Parecía inevitable que la BBC no intentara adaptar el Julio César de Shakespeare. Lo hizo en uno de los mejores momentos para las ficciones británicas producidas para televisión, con sus clásicas y reconocibles formas, sin reparar en gastos y con uno de sus nombres clave en la dirección, Herbert Wise, quien ha pasado a la historia con la maravillosa YO, CLAUDIO y que también dirigió otra obra maestra del telefilm, SKOKIE. Sin embargo, con (necesaria) perspectiva, algo no funciona del todo en este esforzado andamiaje, como si nada pudiese ser ya añadido a esas alturas a un texto, reconozcámoslo, más que encorsetado y al que es imposible decaparle sus dos o tres momentos cumbre. JULIUS CAESAR, versión BBC, se alarga hasta los 160 minutos sin que esto produzca un efecto saciante, sino más bien extenuante; los actores, correctos y largamente profesionales, lo habrían bordado en un serial radiofónico, pero, lamentablemente, les falta presencia física, y en mi ya adulterada opinión, esto no puede obviarse tras la impresionante colección de nombres precedente. Así, esta versión, fechada en 1979, mantiene dignamente el tipo y no puede faltar en ningún catálogo completista, ni shakespeareano, ni de obsesos de la cadena inglesa y su impresionante producción de ficciones. Aquí, desde luego, no podemos más que asentir con humildad.
Saludos.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Una gracia sin chiste



Por orden. No sé qué es peor. Que hagan otra película de monstruos gigantes. Que la hagan de Godzilla. Que la haga un señor que debutó con otra película de monstruos gigantes. Que dure dos horas. Que salga Juliette Binoche corriendo por un pasillo. Que salga Sally Hawkins sin sus pastillas. Que salga Bryan Cranston con pelo. Que salga David Strathairn diciendo "... buenas noches, y buena suerte...". Que salga Ken Watanabe porque algún japonés tenía que salir. Que salga Elizabeth Olsen 4min. y 32sec. Que una película de monstruos gigantes tenga música de Alexandre Desplat. Que todo pase de noche. Que Godzilla no tenga gracia. Que Godzilla no dé miedo. Que el sonido de los monstruos sea el mismo que en la Toho. Que los edificios se caigan y dé igual. Que los americanos les salven el culo a los japoneses. Que los americanos sean más inteligentes. Que los japoneses sean más tontos. Que le digas a tu mujer que han metido a tu padre en la cárcel y la dejes tirada y, seguidamente, cojas un avión a Japón para sacar a tu padre de la cárcel. Que Pedro Sánchez quiera ahora tocar coletas...
Saludos.

martes, 16 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #6



No es casual, no debe serlo, que la filmografía de Stuart Burge, exceptuando su curioso debut (THERE WAS A CROOKED MAN, 1960), esté compuesta enteramente de trabajos televisivos para la BBC y dos adaptaciones cinematográficas sobre dos obras de Shakespeare. Alguien dijo que el de Avon ha calentado más de una olla en fríos y grises días, y que su sayo, además de alargado, camufla incompetencias y secuestra parálisis y cansancios. Ésta, de 1970, es una adaptación cansada, un JULIUS CAESAR calcamónico del de Mankiewicz, pero sólo en su torpe intento por causalizar un dictado con figuras, pero sin patrimonio propio. Y algunas de ellas simplemente equivocadas, no se puede permitir un error como creer que Jason Robards, probablemente el actor menos shakespeareano de todo Hollywood, pueda hacer no ya de Bruto, sino de un Bruto envejecido y al que sólo le falta una canana sobre la túnica... Luego hay dos decisiones controvertidas más, menos que la anterior, pero discutibles al menos. Para mí (y supongo que para alguien más) es difícil separar a John Gielgud del gran Casio que compuso 17 años antes, y, pese a que su César no tiene poca intensidad, la experiencia es fantasmagóricamente bipolar. Y luego está Charlton Heston, Marco Antonio, con veinte años más sobre el tanga, un tinte de pelo horroroso y una túnica para su discurso al pueblo (que el actor salva con dignidad) que parecía salida de Star Trek.
No quiero ensañarme... Bueno, sí, porque un circunstancial Richard Chamberlain aún tiene tiempo, al final, de convencernos de su extraña forma de entusiasmarse.
Dos horas, en suma, de corrección televisiva, que mantiene el tipo pero nunca llega a traspasar el peso de la tarea autoimpuesta. Como gran curiosidad, la música compuesta por el mismísimo Christopher Lee, que además tiene una breve aparición en el film.
Saludos.

lunes, 15 de septiembre de 2014

No pidas peras al olmo... Es el síndrome de Estocolmo...



No se preocupen por el encabezado, no es más que el estribillo de una canción de Siniestro Total.
Hechas las presentaciones, es necesario aclarar que el cine a las 16:30 es una cosa de creyentes... Por si alguien alberga aún alguna esperanza de convertirme a alguna religión.
L'ENLÈVEMENT DE MICHEL HOUELLEBECQ ("El secuestro de...") es una peliculita perfectamente consciente de sí misma y que sólo sintoniza por un canal. Si usted es, o ha sido, fan, seguidor o creyente del "fenómeno Houellebecq", entonces lo pasará pipa con una sistémica sucesión de momentos a cuál más hilarante y surreal. Si no conocía al sujeto en cuestión, puede que no se entere de nada y sólo perciba a un chimpancé medio dormido, sujetando un permanente cigarrillo y dándoselas de algo sin mucha importancia. Y es así. Esto es un fake, claro, pero también es una buena piedra de toque para quienes han rastreado el malditismo por páginas que no eran más que nimios refritos de una época y un modo de entender la literatura que ya (no sé si por desgracia) no se lleva. Mi recomendación: olvídense del escritor y fíjense en el bufón, en esa especie de comediante involuntario en el que se transforma el autor de, por ejemplo, "Plataforma"; sólo así pueden disfrutarse sus tremendos sketches, algunos tan redondos que parecen absolutamente improvisados y fruto de una borrachera en toda regla. Y si no:
-"¿Cómo te aficionaste a fumar tanto?"
-Bueno... Fue por actuar en un cortometraje. El guion exigía fumar mucho... Me enganché en tres días...
-¡Ah!... ¿Y la bebida?
-Eso fue por un premio literario donde daban vino...
Sólo por diálogos como éstos merece la pena verla.
Saludos.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Rincón del freak #167: ... los que van a sufrir (viendo esto) te saludan. ¡Ave, César! #5



Me he referido aquí, en alguna que otra ocasión, a los cines de verano, templos del alberillo de regadío, la silla plegable de madera, el mantel de papel, la selecta nevería y la sesión doble de saldo y barriada. Digno, apetecible y fresquito por la canícula insoportada de antaño, pero con poca relevancia de lo cultural, todo hay que decirlo. Yo vi esta película hace un montón de años con mis padres y una mirinda, y lo único que recuerdo son dos cosas, que ya entonces parecían tres horas encerradas en la mitad y, claro, esas voces ecodistantes, como de ultratumba, rebotando en alguna fachada sevillana. GIULIO CESARE, IL CONQUISTATORE DELLE GALLIE es un peplum de los malos, de los indefendibles, de los que contienen más palabras útiles en su título que en su gamberro guion. Si alguien quiere defenderla, tiene dos asas a las que agarrarse, yo se las cedo: que está basada en el escrito, los "Comentarios...", del propio Julio César acerca de su victoria en las campañas Galas y que sale Raffaella Carrà con 19 añitos... El resto es un horror. Desde el protagonismo de ese actor malísimo que siempre fue Cameron Mitchell, pasando por un Vercingetorix que parece un yuppie de los noventa (dios de mi vida, me doy mucho miedito) y desembocando en un montaje que no sólo aburre sino que marea. Además, como la "noche americana" está tan oscurísima, me juego el almidón de mis levitas a que las escenas de caballería se podrían usar sin problema para un western (spaguetti, claro). También hay una escena con bailarinas clásicas... No digo más, que me pierdo... Ahora entiendo por qué estas cosas se tragaban mejor con una Cruzcampo fresquita...
Saludos.

sábado, 13 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #4



Obligatoriamente, debemos retroceder algunos años en el tiempo para recuperar una rareza, que voluntariamente he reservado en un aparte del texto shakespeareano, puesto que es obra de otro autor y porque ni su tono ni su forma coinciden en modo alguno. Y debo inventariar. Gabriel Pascal fue un productor húngaro que quiso probar las mieles de la dirección, se enamoró de las obras de George Bernard Shaw y obtuvo un gran éxito al atreverse a adaptar PYGMALION; siete años más tarde, en 1945, acometió un proyecto que sólo los setenta años que han transcurrido han dejado en un rincón muy oscuro de la historia del cine. CESAR AND CLEOPATRA es (y me quedo corto) uno de los films más chanantes que usted, oh sabelotodo sin prejuicios, haya podido ver un pantalla alguna. El adjetivo no es gratuito, todo comienza con un desierto pintado y fresquito de noche, bajo cuyo manto de estrellas se recorta una pequeña esfinge a la que un Julio César ensimismado y paseador le dedica un soliloquio que podría haber ideado un flamenco de la Cava. Seguidamente, aparece Cleopatra no ya sin fastos, sino directamente como una especie de duendecillo saltarín e ignorante de quien tiene delante. Surge la chispa entrambos, aunque no esperen volteretas sexuales, sino casi una relación abuelo/nieta.
En un Technicolor festoneado por la multiexpresiva fotografía de Freddie Young y Jack Cardiff, el kitsch parece reverberar intimidado ante la posibilidad de caer en miligramos de circunspección. No es así, y este marcianísimo british peplum ("Peplish" quedaría bien), rodado en condiciones más que complicadas por la WWII, es un torrente de jovialidad, inventiva visual y, sobre todo, la subyacencia de un subtexto acordado por la gran inteligencia de Shaw. Se hace pesada, eso sí, y el tiempo no la ha tratado con cariño, pero su valentía le añade puntos de honor, dignidad y un salero que no sabíamos que los británicos poseían. Además, sirvió para que el mago David O. Selznick convenciera a Vivien Leigh para volver a rodar cine; el César es un Claude Rains que parece estar de velta de todo y además pueden conocer a dos personajes sencillamente valleinclanescos: Apollonio (un pipiolo Stewart Granger), siciliano semidesnudo con zarcillo y redecilla; y, aún más, Ftatateeta (una angulosa Flora Robson), aya real, bruja y señora pierdenervios...
No se la pierdan si creen en las hadas.
Saludos.

viernes, 12 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #3



Que la de Mankiewicz es la mejor adaptación pura de la obra de teatro de Shakespeare, no debería dudarlo nadie a estas alturas. Este JULIUS CAESAR, aun con las declamaciones (para mi gusto, excesivamente excesivas), los problemas para dotar de tiempo verdadero a cada personaje (ser fiel es lo que tiene) o la antigualla vindicada sin mucho celo del cartón piedra con acuarelas, es una obra que contiene un par de momentos de una magnitud cinematográfica tan excelsa, que yo me callo y sigo escribiendo... Mejor, si digo que su parte final no me convence, así que no la incluyo; pero, aparte de que Louis Calhern es el César que más me gusta, y que toda la parte de la traición de los senadores parece rodada por el mismísimo Hitchcock, los once o doce minutos del monólogo de Marco Antonio, dedicado a enervar a toda una multitud que sólo un momento antes había aclamado a Bruto, son oro puro, cine puro... Un prodigio de fuerza, concisión y capacidad de fascinación, la que hace que las estrellas sean estrellas, y Marlon Brando era una de las más grandes. Creo que ahí nace su ceño fruncido, su altivez desdoblada y la convicción en sus posibilidades por encima de ortodoxias. Brando es el único en esta película que no declama, sino que ruge; uno queda tan aturdido tras este súper punto y aparte, que lo que sigue es el gran oficio de su director, la excepcional partitura del maestro Rózsa y el deleite de un reparto absolutamente increíble. James Mason, John Gielgud, Deborah Kerr, Edmund O'Brien, Greer Garson, George MacReady... Pero no sería justo dejarlo aquí sin señalar otro aspecto que me parece no ya relevante, sino directamente fundamental. Mankiewicz recoge el guante tendido por otro director y revoluciona el texto clásico introduciendo su fina pluma en las entrañas mismas; este Julio César, inteligentemente transcrito, es un grito de rabia contra aquella asquerosidad llamada "Cazadenosequé", que le acusó de ser algo que a los americanos les levanta mucho la ceja... El colega era un tal John Ford... Algún día hablaremos de él...
Saludos.

jueves, 11 de septiembre de 2014

El futuro



Película excepcional, de la que mucho se está hablando desde el día de su estreno, LOCKE se nutre de sus limitaciones formales para demostrar un relato eminentemente hablado y lo suficientemente articulado como para felicitarnos de que, en tiempos inciertos, la literatura neuronal puede existir. Ni suspense, ni superdrama, ni terror psicológico, ni euforia metafísica... Lo que a mí me transmitió este emotivo film es un salto al vacío literal e insalvable. Su (único) protagonista, Ivan Locke, es un jefe de obra (sí, no se puede tener un personaje más atípico) al que acompañaremos desde que termina su trabajo una noche cualquiera, y a lo largo de lo que parece su regreso a casa en coche. Todo ello es LOCKE, un trayecto hacia alguna parte del que descubriremos su su sorprendente desenlace a lo largo de las incesantes conversaciones que este hombre mantendrá a través del manos libres, inesperado corporeizador de una serie de personajes de los que sólo escucharemos la voz y que, sin embargo, están perfectamente construidos. Mención aparte para Tom Hardy, un actor en franca ascensión al que conocíamos por sus papeles de tipo duro y un pelín desequilibrados, y que logra el titánico fin de que su omnipresente rostro, intervalado por las luces reflejadas en los cristales de su BMW, no acogote en ningún momento la tensión, pese a realizar un trabajo de contención simplemente encomiable.
LOCKE parece una pieza de cámara sobre un apocalipsis personal, una explosión controlada o un virtuoso ejercicio de estilo muy en la línea de la también notable (por citar un ejemplo reciente) BURIED. A mí, que me gustan las cosas sencillas, me conmovió que en este mundo egoísta y nonsense, a alguien le muevan los seres humanos por encima del dinero o las promesas. No hay nada más alejado del futuro que las promesas, ni nada más anclado en el pasado que el dinero.
De lo mejor que he visto este año. Tal cual.
Saludos.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #2



El segundo título relevante del que tengo constancia respecto a la figura de Julio César data de 1950 (si obviamos alguna adaptación netamente teatral para televisión), y se trata de una modesta producción a cargo de la Avon Productions (nunca mejor nomenclada). Tan modesta es que, imaginen el Polonio, tanto la música como la fotografía corren a cargo del mismo señor (Chuck Zornig), aunque ambas dos no destaquen por su notoriedad precisamente. Este Julius Caesar fue guionizado, dirigido y hasta interpretado (Bruto, en sí) por David Bradley; puede que en un arrebato wellesiano o en un inminente acopio de víveres, porque a falta de pan... Pero acabando, y obviando a un ignoto Harold Tasker como el "Cayo", dos nombres apenas si despuntan en esta momificada sucesión de giros de cuello y declamaciones de letargia incomprensiblemente abusiva. Uno ni siquiera aparece un par de segundos (yes, i am), pero incluso esos ínfimos fogonazos pueden ponernos ante aquel frustrado hiperproyecto de estrella que fue Jeffrey Hunter en el que es considerado su primer papel en el cine. Aunque mención aparte merece un joven Charlton Heston en el papel de Marco Antonio, que repetiría con mejor fortuna nada menos que veinte años después. Heston asume ya por entonces su relevancia y presencia y es capaz de sobrevivir a algunos diálogos caracolescos y una entrada en escena levemente... turbadora (ver foto). Mirando y tesoneando, me topo con bastantes admiradores de esta obrilla sin mucho hecho. No sé... miren, lean "Rubicón", de Tom Holland...
Saludos.

martes, 9 de septiembre de 2014

Biopsia a un oxímoron



... y me veo sin poder escribir el Domingo... y me veo diciendo "naaaaah, no pasa nada por hacerlo el Lunes"... o el Martes, ya que estamos. Y hubiese deseado saber qué hacer en un momento como éste, aunque sea saltándome varios intentos de reconciliación con una periodicidad cada vez más difícil de complacer. Y entonces surge, como una pequeña y fría luz, una posibilidad de embarque, denostada en su soledad de Giardia Lamblia.
No es posible enlazar todo esto con un film tan peligrosamente inocuo como TRASCENDENCE. Para los pocos que se hayan atrevido a no verla, diré que es un cruce desganado entre MATRIX, PERDIDOS y PHINEAS Y FERB, pero con Johnny Depp vestido como J. M. Barrie y la sombra de la duda planeando sobre su infinitesimal guion, que uno no termina de explicarse cómo ha sido escrito a cuatro manos (si es que convenimos en que cada guionista ha usado sólo una, claro).
TRASCENDENCE es rara, no extraña, sino rara; porque su aburrimiento se expande imparablemente por toda su esencia de producto recaudador e impregna a su incomprensible reparto hasta convertirlos en una comparsa contemplativa e intrascendente... Helo. El peor título posible era este, porque su inconveniencia se convierte en oxímoron y la deja en un nuevo e inesperado limbo de género cinematográfico. TRASCENDENCE, además de ser intrascendente, aspira a hablarnos sobre un bonito futuro en el que no hay tecnología, pero no porque la humanidad se haya vuelto por fin  inteligente, sino porque tiempo atrás hubo un científico que desarrolló un sistema de inteligencia artificial tan potente que rozó el convertirse en suprahumano. Como las casualidades existen, el científico contrae una enfermedad terminal y conmina a su abnegada esposa para que le fusione con el supercomputador... ¿El resultado? Johnny Depp mirando con cara aburrida a unos aburridos Morgan Freeman y Cillian Murphy, mientras hay sonidos de extrema gravedad, como en SUPERMAN (la última) y GODZILLA y todo eso que se hace ahora... A ver si inventan un emoticono con bostezo profundo... Ah, y mejor vean DEMON SEED, que es más chula y sale Julie Christie... que sí que es una diosa...
Saludos.

sábado, 6 de septiembre de 2014

¡Ave, César! #1



Iniciamos aquí y hoy un recorrido sobre la inmortal figura de Julio César, su presencia en el séptimo arte, ya sea narrada de la manera más ortodoxa o usando su gigantesca sombra para abarcar proyectos más controvertidos. Y una de las primeras aproximaciones (supongo que la primera, aunque lo desconozco) tiene nada menos que 100 años y la realizó Enrico Guazzoni, mítico cineasta italiano especializado en lo que serían unos extraordinarios antecedentes del peplum. CAJUS JULIUS CAESAR es una espectacular superproducción (sí, hablamos de 1914) con varias características que mantienen con gran dignidad sus intenciones a lo largo de tantísimo tiempo, haciendo que sus casi dos horas nunca se hagan indigestas o ininteligibles. Comenzando por su prohibida relación con Servilia; el nacimiento de Bruto (al que le es ocultada la identidad de su padre); el odio sin límites de Sila; el ascenso al poder tras la muerte del mismo; la gloriosa victoria en las Galias (de destacar la probable inspiración a Goscinny y Uderzo) y, claro está, la última y dramática rebelión de los Idus de Marzo, que terminaría con su asesinato. El film, insisto, es una verdadera sorpresa y todo un hallazgo cuasiarqueológico, uno de esos trabajos  por los que merece la pena bucear en busca de alguna joya perdida y cuyo visionado es una recompensa en sí misma para cualquier cinéfilo.
Saludos.

viernes, 5 de septiembre de 2014

La mitad del cuarto



CARNE fue el primer aviso de Gaspar Noé, el primer toque de atención tras aquel desasosegante corto que era TINTARELLA DI LUNA. Un mediometraje de 40 minutos en el que se condensaban las principales constantes de su obra mayor, SOLO CONTRA TODOS, y de todo su cine, hecho de incomodidad, sorna apocalíptica y un punto de vista sobre la humanidad de un nihilismo a veces aterrador. Si vieron el largo no les sorprenderá en demasía, pero merece la pena reivindicar este impecable boceto por varios motivos. Entre ellos, la impactante utilización de esos intertítulos que son como golpes en nuestro rostro, como avisos (ustedes mismos si la siguen viendo...); o el feliz encuentro entre el director francoargentino y esa bestia llamada Philippe Nahon, perfecta encarnación del hombre que se traga su misantropía en actos cotidianos y repetitivos, el carnicero de caballos que vive con su hija y que ha trocado los sentimientos por convicciones... digamos que no siempre acertadas. Esta oscura fábula, salpicada de sangre y casquería (más moral que física, es cierto) puede leerse en varios niveles, como cuento de terror, adivinanza con fin del mundo o una historia de amor tan oscura y heterodoxa que resulta imposible tomarla como tal. Y para quienes, pobres incautos, no sepan aún de la existencia de Noé, aquí tienen la mejor oportunidad para ello; un film, ya digo, que sigue desestabilizando conciencias casi un cuarto de siglo después.
Saludos.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #24



Y... bueno. Se acabó. Han sido varios meses para abarcar la entera filmografía de un maestro, Alain Resnais, desde que nos llegó la noticia de su fallecimiento. Y ha merecido la pena. El final no debe estropearse, por mucho que AIMER, BOIRE ET CHANTER casi pueda considerarse su trabajo más flojo. No importa, porque incluso así aún puede rastrearse (tal y como ocurría en su penúltimo trabajo) un póstumo deseo de despedida y agradecimiento a quienes han constituido la columna vertebral de sus películas: su equipo, sus actores y su público. Es verdad que todo queda en mano de los segundos, un elenco tan exiguo como solvente; algunos de sus actores de (casi) siempre, Sabine Azéma incluida, para poner en pie un inconstante relato de Alan Ayckbourn, nada que ver con la magnánima adaptación de Intimate exchanges (SMOKING/NO SMOKING) o Private fears in public places (COEURS).
Hay un tímido conato teatral[(ista) o izador], para relatar la "godotiana" peripecia de George Riley, ignoto poseedor de amigos y enfermedad. Así, porque la única motivación de estos seis personajes (resbaladizamente conectados) consiste en hablar del susodicho Riley a partir del desliz de uno de ellos, precisamente su médico, por el que se enteran de que le queda poco de vida. Poco o nada ocurre entre pequeñeces y unos diálogos estirados inútilmente y que parecen pedir a gritos los últimos cinco minutos, donde queda al descubierto qué nos quería decir en realidad Resnais. Quizá el maestro nos podría haber evitado el disgusto con un cortometraje a modo de bande-annonce ulterior e inolvidable, y casi una última y enigmática ilustración sea la conexión más palpable con la obra de uno de los directores de cine más interesantes y avanzados de su generación... Por cierto ¿cuál fue en realidad la generación de Alain Resnais?...
Nuestro tributo queda aquí. Un regalo y a nosotros...
Saludos.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Cabeza de viejo, cuerpo de joven...



Reygadas. Pasos para atrás... para atrás... hacia atrás...
A ver, porque luego, los que me atizan, que dicen que me pongo insoportablemente y bressonianamente descriptivo, con un olor a cloroformo y látex aséptico que tira para atrás... para atrás... hacia atrás. Pero no sé de qué otra forma iniciar un comentario sobre BATALLA EN EL CIELO; igual, supongo, que le pasaría al pobre Reygadas para empezar su película. Sí, porque ¿de qué mejor manera ilustraríamos el subconsciente masculino que con una felación? Y no una cualquiera: la de una bella joven, de níveas curvas y jocosas rastas, a un tipo (y si me pongo más descriptivo la lío) simplemente feo. Que, oye, a lo mejor esto es una metáfora fitzcarraldera sobre los molestos prejuicios sociales puestos en boca y vista de un artista machote pero desprejuiciado. Está bien, pero si no va a haber clase media, señor presidente, al menos que exista conflicto, que esto no es política, sino cine. Y no lo hay. BATALLA EN EL CIELO, aun teniendo (otra vez) un puñado de imágenes maravillosas para un stand en el MOMA, aburre a cualquier cacereña insomne y es otra prueba flagrante de que Carlitos necesita un guionista como JJV una hostia despertadora. Al grano... y descriptivamente. Esta película cuenta el buen rollo entre una niña pija y rica que se prostituye ¿? y un tipo no sólo gordo y feo, sino alelado, que es su chófer, que arría la bandera nacional en la Plaza Mayor y que, por si faltara algo, se le ha ocurrido junto a su gorda, fea y alelada señora secuestrar a un niño para pedir rescate... ¿Que todavía no hace falta un guionista que ponga orden? Vale, pues sigo. El tipo pierde las gafas en el metro, pero su rostro no varía; su mujer vende gilipolleces en el metro, pero su rostro no varía. La meretriz voluntaria le calienta con insinuaciones que uno no sabe a cuento de qué, pero su rostro no varía; su mujer le dice que el infante retenido ha sufrido un percance y se ha muerto, pero su rostro  no varía. Además, teniendo en cuenta que Pumas ha ganado el campeonato nacional de fútbol, lo celebra con un pajote en el salón de su casa, mientras su familia lo espera para ir de excursión, pero su rostro no varía. Finalmente, ya que su rostro no varía, se lo tapa con una capucha para hacer penitencia... total...
Yo, reconozco que la vi con una mezcla de estupor, regocijo y rendimiento renal... y tampoco se me movió una sola ceja...
Saludos.

martes, 2 de septiembre de 2014

Gamberradas en modo píxel



La anécdota no deja de ser sorprendente por habitual. Mi hija misterea su vajilla ocular al son-son de unas imágenes espectaculares: láseres, explotidos y robots relucientes que descargan su ira en forma de "Ikaruga" (neófitos, abstenerse). Yo, reojo, ocupado en dichosas redacciones (dichosas, he dicho) y laberúnculos monitorales; ruido, dilema con el género de la cena, sopor a 23º artificiales. De repente exclama: ¡Te lo dije, papá. Era un juego!... Y para PS4, incluyo. Y reconozco que, por un momento, creí que "aquéllo" era una película, independientemente de su calidad intrínseca, pero film al fin y al cabo. Desconozco si antes fue el huevo o la gallina (aunque mantengo la teoría de la evolución, claro), pero lo potencialmente positivo podría gilgameshizarse de forma casi inconsciente; es decir: no ya que un producto presentado como cine contenga un 85% de elementos provenientes de los videojuegos, sino que ya (y esto entristece incluso a mis orquídeas) no podamos despegar un cine-tipo (aventuras, superhéroes, monstruos varios...) de esa precisa imagen imprecisa. Imaginen: el mismo brillo metálico, la misma gestualidad neutra, el mismo silbar atmosférico alrededor del neopreno... Aburrido ¿no? Vale, pues yo vi CAPTAIN AMERICA: THE WINTER SOLDIER y me pasó en un suspiro, o sea, que lo pasé moderadamente bien, pero de repente tuve toda esa impresión comprimida en una secuencia (muy al principio) en la que un solo ser humano devasta un acorazado repleto de supersoldados; y no lo digo porque un superhéroe tan molón como el Capitán América no pueda hacerlo... Es que las viñetas, aquella secuencialidad que paladeábamos con fruición, era hipnosis consensuada, y esto casi una eyaculación facial... ¡Zas!...
Saludos.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Abducidos por el espanto



Curso nuevo... Reygadas... El horror...
LUZ SILENCIOSA es un espanto. Les encantará LUZ SILENCIOSA.
LUZ SILENCIOSA es un plagio de autor. No sé si tal cosa existe en realidad, pero si Carlos Reygadas puede plagiar a su tocayo Dreyer, entonces cualquier cosa vale. LUZ SILENCIOSA va de una mujer que se muere y luego resucita, pero para llegar a ello es necesario interponer más de dos horas de intimidad menonita en Chihuahua... Que ya...
La mujer no es la protagonista. La mujer no importa, pero Reygadas no es un machista, es un autor capaz de trasplantar el gnosticismo chiflado del buen Johannes a su propio país de charros y mariachis ¿Cómo? Prescindiendo del español y las teces curtidas y yendo a un ignoto cúmulo de granjeros rubicundos y escasos de juerguismo. Y es allí, no importa. Tenemos un granjero que bendice la mesa y embaraza a su mujer por sistema divino (una y otra vez, claro), pero que decide que más valen los polvos negligentes que los lodos maritales. Y si no fuera por los petos vaqueros y los árboles de madrugá... hombre, pues a lo mejor alguien dice que se aburre y se duerme. No es así. En un último arrebato de asco misántropo, al amigo ya no le aguanta más su gran salvador, Alexis Zabé, y nulifica la posibilidad de un giro final sustantivo. No, Reygadas termina en Dreyer. Y eso duele como una piedra en carne viva. Porque para quien no haya flagelado su carne con postales innecesarias, esto es un plagio, de autor, así que disfrútenlo mientras les quede bazo.
Bienvenidos de nuevo.

sábado, 16 de agosto de 2014

[... ]

Bueno, muchach@s. Que me voy de vacaciones, y como no las tengo oficialmente hasta las 00:00, pues aquí os dejo un poquillo antes un tema de los buenos, de los que (como dice Mr. Lombreeze) quitan el sentío... Como yo no escucho cosas tan raras como él, ahí va una bocanada de aire fresco, cortesía (agárrense los machos) de la vástaga del batería de los Sex Pistols... A ver qué tal suena...
Les veo a la vuelta, que aún hay más...


¡Qué mundo tan maravilloso!



"Si paro de hablar, me muero". Algo así podría ser el epitafio de Robin Williams, y no le faltaría razón; un bocazas, en el mejor sentido de la palabra; un tipo agarrado de su propia capacidad de improvisación, genial, descacharrante, inaguantable a veces. Williams funcionaba por acumulación, no dejaba sitio para la reflexión ni el respiro; la comedia americana, con la llegada del sonoro, era eso: Groucho destapando miserias ocultas, y luego Kaye, y luego Lewis... Y luego llegó él, e hizo lo que en otros queda ridículo ¿Un speaker que actúa? ¿Un actor que habla más que gesticula (y también gesticulaba mucho)? Un payaso, con todo el cariño de la palabra; de los pocos actores de Hollywood a los que la nariz roja les caía bien; un caso especial, aclamado por quien sólo quería pasar un buen rato viendo cine y denostado por los que creen que inventaron esto a golpe de circunspección. Williams hizo muchas películas, y me costaría quedarme con alguna, con la mejor, pero me parece que GOOD MORNING, VIETNAM le retrata estupendamente, porque ahora hay vía libre para que nuevos comediantes tengan los cojones de parodiar a la parodia de la parodia. El fallo no es él, es Levinson, tan apegado a su formato, tan incapaz de salirse del estándar; ésta podría haber sido una película infinitamente mejor, más agridulce, con más punch, porque el dúo Williams/Whitaker derrocha química y buenas vibraciones, pero hay algo que no termina de encajar en un guion que se parece sorprendentemente a lo mismo que denuncia: los tachones rojos en las emisiones de radio en la guerra de Vietnam. La censura autoimpuesta que el anárquico e incontrolable Adrian Cronauer se saltaba a la torera, no porque fuese un mal patriota, sino porque la censura, amigos, siempre es aburrida, y Robin Williams podía ser muchas cosas, pero odiaba el aburrimiento. Tiene momentos sonrojantes y otros realmente emotivos (el montaje con la canción de Louis Armstrong es simplemente inolvidable), y es cine imperfecto y es cine comercial, pero a 27 años vista le sigue sobrando mucha humanidad y vitalidad, la misma que es capaz de transmitir un tipo que a mí siempre me cayó muy simpático. Y quien no lo piense, es que es el hombre blanco que más necesita una mamada en la historia de la humanidad...
Saludos.

viernes, 15 de agosto de 2014

Para siempre es muy poco



Lauren Bacall era una de las pocas pistas vivientes que aún quedaban para corroborar la existencia de los dioses. Y yo tengo tan poco tiempo y tan poco espacio que lo único que puedo hacer es prometer volver sobrre ella tras el inminente parón que esta página sufrirá a partir de mañana. Pero ¿qué hacer, si no? Mudo, genuflexo y un paso más cerca de la vejez cinéfila, en la que desgraciadamente priman los recuerdos sobre los hallazgos. Pero permítanme que hable un tanto de THE BIG SLEEP, con algunos de los diálogos más fascinantes de esto del cine; con Philip Marlowe tocándose la oreja mientras es acosado por matones y mujeres (especialmente las últimas); con un guion tan bueno (¿lo he dicho ya?) que nadie, ni Rosenbaum, es capaz de notar que tiene un montón de fallos... porque no importa; con un ritmo que recuerda a una carrera de caballos con pérdidas irrecuperables; con una colección de personajes que tienen su tiempo justo (incluso Marlowe, que sale siempre); con una forma de enfrentar los problemas que yo no sabía que existía, hoy que sólo se hablan gilipolleces, con una sorna dialéctica que hace palidecer al mismo Molière; con Bogart y Bacall... con Bogart y Bacall... con Bogart y Bacall...; con cigarrillos y whisky y coches aparcados al lado de librerías y telefonistas que te piden 55 ç's y resacas hasta las dos de la tarde y paredes de papel que nunca se caen y más cine y más cine... y Bogart y Bacall... Y no podrán inventar algo que se parezca, porque los héroes de ahora son ridículos, dan saltitos y lanzan rayos por las manos; ¿qué nos esperará cuando la dignidad nos haya abandonado de una vez por todas? No se puede ser digno en mallas por muchas banderas que beses o por mu alto que enfoques tu mirada; la dignidad se encuentra entre canallas que juegan sucio, pero te miran a los ojos cuando les hablas... Bogart y Bacall... Nunca tan cerca de nosotros como ahora. Nunca...
Saludos.

jueves, 14 de agosto de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #23



Como decía mi buena amiga Rosita: "No hay que dejar para el final lo que de todas formas iba a quedarse en el camino"... Bueno, o más o menos...
Cuando Alain Resnais rodó VOUS N'AVEZ ENCORE RIEN VU, tenía 90 años. Y yo debería dejar de escribir ahora mismo, así... Pero sé de un tal Manoel de Oliveira, así que La Parca, poco cinéfila ella, no puede dejar de mirarse las uñas con gesto desdeñoso mientras críticos incapaces se labran el jornal poniendo a parir una película ultralúcida, ninguna obra maestra, es cierto, pero con un nivel de inteligencia que a mí me cuesta encontrar en autores mucho más jóvenes (e incluso no tanto). Un pretexto añadido, o unas muñecas rusas con algo de viejo esplendor en sus llamativas formas, el film comienza admirablemente, mostrando a los actores como ellos mismos, personas que son invitadas al último adiós de un dramaturgo que ha sido compañero y amigo de todos ellos. Nada de funerales ni lloriqueos, la despedida será la proyección de su última adaptación de la "Eurídice", de Jean Anouilh, con una compañía jovencísima, relevo de la que ahora asiste al evento y que no puede evitar (sea subterfugio surreal o no) replicar con su propia interpretación. El exceso de teatralidad, la ciega confianza en los actores, e incluso una discutible falta de criterio a la hora de la distribución de roles, entiendo que haya exasperado a más de uno; pero, amigos, con Resnais, y a estas alturas, deberíamos estar más que avisados. El director, el hombre, es capaz de vislumbrar, en un (pen)último arrebato de lucidez, que su fin se acerca a pasos agigantados, y esta película, sin pretender ser un mortecino preepitafio, queda impregnada de un delicioso aroma a camaradería y agradecimiento mutuo. Eso, en un director que siempre le fue tan fiel a aquellos a quienes quería, es algo tan hermoso... que uno puede incluso dejárselo para el camino...
Saludos.

lunes, 11 de agosto de 2014

De maestros artesanos



Sin ser un gran fan de esa "big tide" en la que se ha convertido el género, así llamado, "de zombis", reconozco que sus muchas particularidades me provocan una curiosidad que me ha llevado, como es lógico, a tragarme algunas producciones nauseabundas no sólo por el aspecto de sus entrañables protagonistas. No es el caso de un film cuya existencia no conocía (no se puede estar en todas partes) y al que llegué con una carambola que no pienso explicar aquí. Se trata del remake más oficial (o eso afirman los expertos) de NIGHT OF THE LIVING DEAD; tan oficial, que se llama exactamente igual, la historia es la misma y el guion corre a cargo del mismísimo pope George A. Romero ¿Que quién la dirigió? Pues nada menos que Tom Savini, mítico técnico de efectos especiales y maquillaje y rendido admirador del maestro Romero. Éste es su mejor trabajo como director (tampoco era difícil superarse en su caso), una puesta al día, de fidelidad geométrica, que termina siendo un gran homenaje a aquella pequeña película que cambió para siempre la manera de entender el cine de terror. Rodada en 1990 y en color, NIGHT OF THE LIVING DEAD funciona por varios motivos: los fans no pueden sustraerse al esplendoroso ejercicio de reconstrucción de Savini, éste es un trabajo hecho con seriedad, oficio y mala uva; el ritmo es frenético, y desde su impresionante arranque (sí, punto por punto), Savini sabe que no se trata de simples sustos, sino de exponer la fragilidad de ese pequeño grupo de supervivientes, recluidos en un espacio único y asediado; aunque el punto fuerte del film lo pone su final, imprevisible, inteligente y con un mensaje que cala hondo, porque al final uno no sabe cómo y qué es el mal verdadero, si una horda de seres sin mente ni conciencia... o nosotros mismos. La música (muy noventera) de Paul McCollough y la potente presencia de aquella scream queen atípica y pelirroja llamada Patricia Tallman, terminan de redondear un festín que es recomendable para cualquiera que quiera ver una buena película de zombis, y no otra papanatada de las que ahora se hacen como churros...
Saludos.

domingo, 10 de agosto de 2014

Rincón del freak #166: Problemas que no le importan a nadie. De Madrid a Brujas para nada



Mal asunto. Mal asunto cuando haces tu primera película en tu país de origen con 61 años. Mal asunto cuando todo el mundo cree que eres una muchacha de la escuela de cine, con falda y futuro, y descubre que eres un señor mayor que estudió abogacía en Buenos Aires. Esto no es relevante a la hora de escribir algo sobre una castaña como AMORES LOCOS, pero me permite ganar tiempo y resuello tras mi enésimo descenso a los infiernos patrios. Esto va de una señorita que vive, se nutre y embebe su inane existencia de unas casualidades que se suceden una tras otra y sin que a nadie se le ocurra que esas cosas no pasan. Trabaja en el Museo del Prado, está obsesionada con un cuadro en el que dos amantes salen de espaldas y un día, como el que no quiere la cosa, se encuentra con un señor que ha ido de visita fugaz y que (OMG!!!) resulta que encima es psiquiatra, así que tras el sofoco y desmayo de la incauta se le ofrecerá para hacerle un TAC y ver si lo suyo es grave... Y vaya si lo es, que resulta que vive con su abuela, que charnela los cuartos en un piso enguatadísimo a golpe de ruleta online; el pijoaparte tiene una hermana que hace relleno y canta zarzuela... o lo intenta, y su ex-esposa lo busca como cachonda, sin reparar en lo hierático del sujeto, hasta el punto de trocarle besos a su hijilla por una guitarra eléctrica. Además, rizando el bucle, cuadra la escena un neurocirujano adicto a las meretrices húngaras, a las que dedica altares en sus viviendas de soltería bondage. Llegados a este punto, es casi imposible acordarse de qué diablos iba la película, y lo quijotesco del asunto es la (in)capacidad para manejar a un puñado de actores y actrices más que solvente, con los estupendos Eduard Fernández y Marta Belaustegui intentando que no se note el despropósito. La pena, el mal asunto, es que al primero se le nota pero mucho que no se cree nada de lo que le dicen que haga, y la segunda sale poco y cantando... Podía haber salido algo mejor, pero yo tampoco tomo cocido con estas calores, y aquí me tienen...
Saludos.

viernes, 8 de agosto de 2014

Amoralmexicana



SANGRE fue el primer largo de Amat Escalante, un depurado ejercicio de estilo, más preocupado de mantener sus (descuidadas) formas que de indagar caminos propios, lo que la hace a ratos sugerente, por momentos incomprensible y, las más de las veces, simplemente idiota. A lo mejor era la intención del director mexicano, pero yo no le veo la gracia, y además esto  ya lo había visto en otra parte... (¡Ah, hombre! ¡Reygadas, cómo no!). Feísmo de pulso cero, tensión inexistente, personajes en el límite de lo patrañero y cierto tufillo a naturalidad impostada; que no puede ser, que o es natural o es artificial, y aquí hay mucho tetra-brik de escuela de cine, o demasiadas palmaditas antes e tiempo. Me importa un comino lo que le pase a ese tipo descaradamente feo (demasiado descarado, creo yo), sus soeces escenas de sexo, su agilipollamiento crónico (feo, idiota, aburrido... ¿alguien da más?). Y poco más, porque me da que Escalante ha sabido remontar, no mirarse el ombligo y empezar a darle importancia al guion, cosa que aquí luce por su ausencia. Y me gustaría que alguien me explicase qué debo leer entre líneas en tan poca cosa, porque tengo entendido, si nos ponemos metafísicos, que entre líneas, efectivamente, no hay nada...
Saludos.

jueves, 7 de agosto de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #22



LES HERBES FOLLES, de 2009, cogió a casi todo el mundo a contramano. Como debe ser, por otra parte. No he leído la novela de Christian Gailly en la que se basa, pero si tiene la mitad de la inventiva del film de Resnais debe ser una gran obra. Y es complicado describirla (qué maravilla decir esto de un director octogenario entonces), pero me inclino a pensar un estado de ánimo, difícilmente atribuible, un pensamiento enroscado en derredor de una idea desechada, inservible, apartada del camino principal y transformada en acaso o esfuerzo ordenativo. E ideo, conmino al moribundo (claro, PROVIDENCE) o borracho, o, parece astutamente apuntado al final, el niño sin malicia que forma su futura psique. Por eso lo que creemos ver y entender se nos escurre; por eso el personaje de Marguerite, dentista y aviadora, es el contrapunto absoluto (por colores, por animosidad, por curiosidad, por todo) al de Georges, oscuro, inestable, quizá un asesino tranquilo, hogareño y cinéfilo... La colisión progresiva de ambos parte de lo convencional y casi burdo, para terminar gestando una geografía humana donde lo solipsista es premiado por caer enfermo de inteligencia. Es una película que podría ser un cómic o una novela que podría ser una anécdota en un periódico; o a lo mejor es una despedida, tan consciente de serlo que, a mí al menos, de ser así, me asusta.
Gran cine, de una emoción que no tiene nada de sentimental...
Saludos.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Colorear a Tarr



Como decía hace algunos días, vayamos con Carlos Reygadas. Con su última propuesta, más exactamente. POST TENEBRAS LUX se vio en Cannes, su director se llevó el galardón que le acreditaba como el mejor de entre todos y luego nadie entendió nada... o se entendió muy bien, o a lo mejor es que no hay nada que entender y la sinopsis se la escriben los críticos que sí entienden... Yo tengo algo bueno que decir, y es que no me aburrí viéndola pese a los dolores de retina, las ganas de reírme con cierta infografía o los muchos momentos de pasividad anímica de su "impuesto" (o impostado) guion. Resumirla se la puede resumir, por aquí hemos visto cosas aún más "postenebrosas" y luego nos hemos ido a un burguer; me parece que al director mexicano le pesa infinitamente cierto sentimiento de culpa burguesa, su constante deseo de colisión entre dos mundos coexistentes pero talmente contrapuestos le ocupa demasiados minutos. Demasiada claridad ahí. Por otro lado, Reygadas no es indulgente, ni con unos ni con otros: el diablo se cuela en casa de un niño pijo que se ha llevado a la familia a vivir al campo. Una desgracia. La desgracia proviene de quien no tiene la posibilidad de irse a vivir al campo, porque la miseria le obliga a vivir en el campo. Antes, como digo, el niño pijo disfruta de una mastodóntica fiesta familiar navideña que igual podría haberse desarrollado en Europa. Hablando de Europa, es discutible que el nexo entre ambos continentes deba ser un partido de rugby juvenil en Escocia, sin más explicación. Una vez vistas las intenciones de retrocolonialista de Reygadas, éste nos regala su habitual dosis de sexo jabberwockyano en una sauna francesa donde se estila el intercambio de parejas a garrafón.
Y hasta ahí el show Reygadas. El lugar común donde unos se ven confortables y otros tuercen el gesto.
Pero bueno, el film comienza con una larga y hermosa introducción, en la que se ve a la hija del propio director corriendo por un paisaje embarrado, rodeada de animales (caballos, perros y vacas), mientras el cielo va tornándose cada vez más hostil. Adivinaron. Como en EL CABALLO DE TURÍN, el apocalipsis será el advenimiento de la oscuridad absoluta. Al final, copiar a Tarr, colorear a Tarr, es, una vez más, lo mejor que le puede ocurrir a un director que jamás podrá llegar a su nivel.
Saludos.

martes, 5 de agosto de 2014

Los dioses podrían estar locos



Con NOAH, recreación absolutamente libérrima del mito bíblico, Darren Aronofsky ha perdido dos oportunidades únicas, y que veremos si no le han pasado una factura irreparable en un futuro. Por un lado, habría podido crear una controversia sin parangón conocido, porque no es ésta una película exactamente al modo ateo (olvídense de Buñuel o Bergman... por dios...), sino una ingenua xenoencarnación transliteral de lo que los curillas nos infundían en aquellas aulas del demonio. Aronofsky se encarna en "el tipo que ha leído la Biblia como si leyera Los Siete Pilares de la Tierra" y comete una torpeza que no entiendo en un creador al que yo solía tener algún respeto. No nos equivoquemos, esto no es un insulto a la Iglesia Católica, sino un favor que se le hace al identificar, para las nuevas generaciones, Biblia y entretenimiento hollywoodense. Y lo he dicho un montón de veces: sufrimos una avalancha de referencias apostólico-apocalípticas desde Hollywood, y no puede acabar bien. NOAH es, eso sí, al menos, decente al no esconder su fuente ni revestirla de engañosos ropajes. Es un film de aventuras, muy al estilo de Ridley Scott, con ritmo, con algunos efectos especiales y/o digitales de envergadura y un puñado de actores con esfuerzo y dedicación por hacer digestivas dos horas y media de chaparrones, gigantes de piedra (...¿?...), serpientes de Pocoyó, ceniza islandesa y primeros planos de Russell Crowe, primero con melena y luego sin ella. Hay momentos de gran fuerza expresiva, mucho barullo cuando empieza a llover y un poco más de dramaturgia cuando se va acercando el final; y uno, ineludiblemente, tiene que pensar por qué los creyentes se ofenden por tan poca cosa...
Saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

7 al azar


¡Cuidao con mis primos!