martes, 22 de julio de 2014

Bastardo #2



El segundo en discordia, cómo no, Amat Escalante, protegido de Reygadas, barcelonés accidental y director capaz de aunar en sus trabajos más audaces una extraña mezcla de violencia y calma, como si ambas cosas pudieran coexistir naturalmente y sin molestarse la una a la otra. AMARRADOS fue el cortometraje que filmó en 2002 en las calles de Guanajuato (una constante en todas sus películas), en un bello Blanco y Negro y con la difícil premisa de conectar la denuncia social con un sentido lírico y reflexivo. Por un lado se muestra la triste situación de los niños que viven en la calle engañando al hambre con pegamento, y por otro el prostíbulo en el que vive recluida la hermana de éste. Es verdad que a Escalante le cuesta un mundo no irse por las ramas (ni en 16 minutos) y tira de recursos de difícil ubicación, como esa extraña señora que toca el piano y que no se sabe qué pinta aparte de aportar extrañeza. En fin, un trabajo primerizo, de excelentes intenciones, y que abrió las puertas de los festivales internacionales a Amat Escalante.
Saludos.

lunes, 21 de julio de 2014

Bastardo #1



Hoy, mañana y pasado, quedarán resueltos por tres cortometrajes que iniciaron el devenir de tres de los directores que actualmente podríamos considerar "polémicos", por poco que me guste el término. Dos son mexicanos y uno francés, y ustedes los conocen igual que yo. El primero es Carlos Reygadas, un director poseedor de un talento visual que, ahora mismo, me parece insuperable, pero al que le pesa la carencia de un pulso narrativo más reconocible y asimilable. MAXHUMAIN fue un escueto corto (6 minutos) que Reygadas filmó en Bélgica tras reconocer que su futuro como jurista internacional no iba a llevarlo a ninguna parte. Allí encontró financiación, apoyo moral y, en fin, una justificación para convertirse en cineasta. MAXHUMAIN es, si acaso, un guiño a Buñuel, melancólico y turbador, con el ruido del oleaje en una playa de fondo y una sencilla conversación entre un niño y su madre. Buscando el punto de ruptura, de improviso, Reygadas, sin avisar, convierte al niño en joven y muestra el pecho semidesnudo de la madre; se logra así el efecto surreal u onírico del relato soñado o simplemente evocado. Con aún una carta más que mostrar, el corto se cierra con otro personaje (quizá sueño también) que asiste horrorizado al crecer de la marea sobre su cuerpo inmóvil y que luego Reygadas ha usado como imagen-icono recurrente. No es que sea un impacto bestial, y de hecho me parece un corto bastante normalito, pero es cierto (suele ocurrir) que pueden rastrearse constantes en su cine posterior.
Saludos.

domingo, 20 de julio de 2014

Rincón del freak #163: Película horrible con genio al fondo



Nunca he entendido la nomenclatura de unos tipos bastante panzones, calvos por añadidura, ridículos zarcillos y vestimenta, que, por si fuera poco, asoman su azulona tez de por la pírrica hendidura de una cosa en tan desuso como pudiera ser una lámpara de aceite... ¿Genios? Porque "genio" viene de "genial", y estos tipos parecen salidos de una sauna gay y tan sólo para joderte con la memez esa de (voz de barítono de ultratumba) "Tiene usted tres deseos", cuando en realidad se la sudan tus deseos de comprador compulsivo de cupones de la O.N.C.E., que esos sí que son unos genios de verdad con el emporio que han montado... En fin, que de nuevo toca vuelta a la tierna juventud (no tanto infancia), con una película de 1987, típica serie "B", sobre un grupo de hormonas..., digo, estudiantes; una lámpara y, claro, un genio. THE OUTING empieza decentemente, con gritos y sangre de mentira y gente cercenada por la mitad, pero luego hay como una hora en la que no ocurre nada destacable, hasta que en el tiempo de descuento sacan al genio de la lámpara (bastante feo, por cierto) y ya está... Es decir: nos venden una peli de terror con monstruo, cuando en realidad lo que querían rodar era un capítulo de "Dinastía" por si les fallaba algún actor. En los años 80 estas cosas tenían su pase, sobre todo en vídeo comunitario, pero si a alguien le produce inquietud o mal rollo esta imbecilidad, pues lo siento por él...
Saludos.

sábado, 19 de julio de 2014

En el país del horror



Me he puesto al día con los dos máximos exponentes del último cine mexicano, Carlos Reygadas y Amat Escalante. Un deuda pendiente de las de paciencia y buen tino, porque se trata de propuestas extremas, nada complacientes y siempre al margen de la comercialidad, en esa vaga e improbable twilight zone de los festivales internacionales. Reygadas, impulsor; Escalante, redefinidor; los dos, trabajando codo con codo, le están dando a México (y no me parece pero ni poco) algo más que notoriedad: identidad propia y reconocible ¿Acaso el "milagro" viaja desde Argentina a Rumanía y ha encontrado un nuevo hogar? HELI, última película de Amat Escalante, semeja un cine del tedio, de la miseria falsamente buscada, pero su impactante comienzo parece querer advertirnos: aquí hay historia, incluso denuncia, incluso una valentía inusitada para ciertas latitudes en las que el mal ni siquiera necesita ser silenciado, porque es de verdad poderoso. Escalante es un guionista inteligente, moroso en conceptos pero riquísimo en directos a la mandíbula; y sabe cómo y cuándo lanzarlos. Y cuando te rascas la nuca con las tonterías de una niñita que es seducida por un cadete de soldado bastante tontorrón; y cuando ves a Heli, el protagonista, volver a hacer el monótono camino hacia la cadena de montaje; y cuando su mujer le vuelve a negar el yacer para refugiarse en los santeros, piensas: "No, otra vez no. No otro aprendiz de Tarr, por favor". Pero un instante antes del knockout técnico recuerdas cómo ha empezado el film, ahí justo lo recuerdas, y ya es demasiado tarde, HELI muestra un rato de horror crudo, sin concesiones, sin nada que ver con las payasadas del gore. Y no estoy tan seguro de que sea una película excelente, pero zarandea (angustiosamente) al más pintado. En Cannes también lo vieron así...
Saludos.

viernes, 18 de julio de 2014

Los años locos



Los años locos son los años en los que todo es posible, los años que sólo tienen que transcurrir a su lentísima cadencia, pasar para bien, o no pasar. Esos años hay que aprovecharlos para no convertirse uno en un carca, tener su miaja de radiance aborotada y poder llegar a la cuarentena con el cutis terso y en cerebro intacto. Hay películas que ayudan cómo no; una es TOP SECRET, que vista hoy uno se da cuenta de lo cutre que es y del jartón de ganar dinero que se pegarían los Zucker y el Abrahams a base de echarle careto al asunto. Porque de cemento hay que tenerlo para inventarse una "trama" acerca de una estrella de Rock, Nick Rivers (un pipiolísimo Val Kilmer pre-botox), que no se sabe muy bien por qué termina viajando a una desquiciada Alemania Oriental, donde lo mismo hay nazis, castillos o hamburgueserías cincuenteras... El hecho es que intentar buscarle alguna coherencia a esta absoluta locura es pa ná; lo que importa es la cascada de sketches, la poca vergüenza para hilvanarlos por la puñetera cara y, sobre todo, la imposibilidad de un espectador medio para mantenerse completamente serio mientras la ve. Habrá momentos francamente malos y casi de vergüenza ajena, pero no me resisto a invocar aquí la telúrica representación de "El lago de los cisnes", la inolvidable cuadrilla de la resistencia francesa ("Letrine", "Olalá", "Café au lait"...) o ese espía interpretado por Omar Sharif y que seguro era del Atlético de Madrid... Aunque el momento más surrealista y descacharrante lo protagonizaba Peter Cushing en una librería sueca... Si no saben de qué les hablo ya tardan en verla...
Saludos.

jueves, 17 de julio de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #19



En 1994, Alain Resnais presentó un ambicioso proyecto en el Festival de Berlín. Ganó el Oso de Plata. Un año antes había arrasado en los César, con 5 premios sobre 8 nominaciones. Intento, ahora, abstraerme por completo del panorama más actual, en el que una película de casi tres horas propone, casi siempre, un nunca acabar de explosiones, luces cegadoras y muertes anónimas (el Superblockbuster, lo llaman). SMOKING/NO SMOKING es un fascinante ejercicio de estilo que redunda en la idea de aleatoriedad de las obras anteriores de su autor; cinco horas partidas en dos mitades y con sólo dos actores (Azéma y Arditi) para un total de nueve personajes en constante (des)encuentro. A partir de un gesto tan ínfimo como fumar un cigarrillo o no hacerlo, Resnais invoca al "efecto mariposa", capaz de llevar a estos personajes por senderos vitales absolutamente contrapuestos, como si nuestro destino, absurdamente, no tuviese que depender más que de una involuntariedad para cambiar radicalmente. Se necesita, es cierto, de no poco valor cinéfilo; cinco horas son cinco horas, y además el film se mantiene en unos cánones estrictamente teatrales, en apenas cinco o seis decorados y con el "sainetesco" (aunque forzado) trasiego de sus dos actores fetiche, en mi opinión, más que inspirados, casi "poseídos". A mí me parece una de las mejores películas de Alain Resnais, un salto al vacío de un creador total (aparte de la puesta en escena teatral, es notorio el estupendo uso del cómic, una vez más), que por entonces entraba en su septuagésima década de vida jugándose el todo por el todo. Si tienen paciencia y algo de devoción, véanla.
Saludos.

miércoles, 16 de julio de 2014

De la crueldad como rito



Que Quentin Tarantino es un cachondo de tomo y lomo es, a estas alturas, de dominio público; que no le importe decir una cagada sin pies ni cabeza, es otra cosa muy diferente. He visto BIG BAD WOLVES después de leer en su cartel promocional que ha sido la mejor película que el responsable de PULP FICTION ha visto últimamente. Los israelíes Keshales y Papushado ciertamente homenajean, y yo diría que incluso copian, el cine de Tarantino, lo cual no sería malo en sí si no hablásemos de que todo parece una gran farsa explícitamente armada para conjurar uno de los iconos de dicha filmografía: las escenas de tortura. Y cuando no existe nada más, cuando la narración cobra forma de embudo, lo que supuestamente nos va a zarandear simplemente son un puñado de escenas rutinarias, un rito de la crueldad sin mucha alma. BIG BAD WOLVES va sobre alguien que rapta niñas, las viola y las asesina. No sabemos quién es, pero unos policías parece que sí. Detienen a un sospechoso y pretenden sacarle la confesión a golpes; luego resulta que tienen que dejarlo en libertad, aunque uno, especialmente sanguinario, lo seguirá extraoficialmente. Después entra en escena otro personaje, el padre de otra niña desaparecida que además (encima) también es una especie de torturador profesional. En un momento dado, casi no sabemos ya de qué va el argumento, si lo que importa es la confesión que nunca llega, si el detenido/acosado/torturado es inocente o no, o si a alguien le puede llegar a divertir un completo muestrario de atrocidades. El gran problema de este muy fascistoide film es precisamente que todo vale para el ojo educado de hoy en día, que, quizá, con el pretexto de la pedofilia, lo que realmente se está justificando es la sangría, también horriblemente rutinaria, de un pueblo sobre otro, no para conseguir ningún fin que no sea su total exterminio. Es tramposa, malhablada y poco novedosa; muy poco para un tipo como Tarantino, francamente.
Saludos.

martes, 15 de julio de 2014

El sentido del humor



Una de las virtudes más acusadas de los británicos es su tendencia a reírse de ellos mismos... por si todo lo demás ha fallado. El pico más alto dela irreverencia inglesa es (creo que no hay ninguna duda sobre ello) Monty Python. Ellos crearon una escuela acerca de cómo no dejar títere con cabeza y que sea divertido; te ríes de cosas muy serias, o que al menos nos llevan diciendo toda la vida que son muy serias. Hace poco volví a ver (no sé si van ya 7 u 8 veces) MONTY PYTHON AND THE HOLY GRAIL, la primera película oficial del genial conglomerado, y siguen sin notársele los casi cuarenta años que lleva encima. Si no la han visto no saben lo que se están perdiendo, 90 minutos de locura en incorrección total en la que le dan un "repaso" (nunca mejor dicho) a la leyenda artúrica y todo aquello que, un poco después, John Boorman nos pintó tan solemne. Aquí el Rey Arturo no va a caballo, sino que el ruido de los cascos lo hace su lacayo con dos cocos, aunque después tendrá que explicar de dónde diablos ha sacado dos cocos en plena Britania, cuando se trata de un fruto tropical... aunque, claro, a lo mejor el coco fue transportado por una golondrina... El humor de Monty Python proviene, esencialmente, del escepticismo y lo grotesco, de unir conceptos, de la manía preguntona de los niños que tanto fastidia a los adultos, y éste es uno de sus grandes trabajos, uno de los más divertidos sin duda alguna. Mi película favorita de Monty Python, por escenas como la del Caballero Negro ("¡Defiéndete!"... "Pero... ¡si no tienes brazos"... "¡Bah! ¡Es sólo un rasguño!"); los Caballeros que dicen "NI" (absolutamente acojonante); la bestia sanguinaria, que resulta ser un inocente conejo; o la condena a la hoguera de una bruja mediante el método de la balanza ("¡Sí, es una bruja! ¡Me convirtió en tritón!"... "¿Y qué pasó?"... "Bueno... mejoré..."). Si sólo pueden ver una película en sus vacaciones yo repetiría esta obra maestra cada día; no se me ocurre nada más refrescante...
Saludos.

lunes, 14 de julio de 2014

Una buena película y un mal reclamo



Abdellatif Kechiche ha sido el Pablo Iglesias de la última temporada cinematográfica, y LA VIE D'ADÈLE, su "Podemos" particular. No es mala cosa; vivimos tiempos de mediocridad aceptada, de lucha pasiva e inútil. Un artefacto de estas dimensiones no sólo sacude el polvo de los gabanes academicortodoxos, sino que, en lugar de buscar excusas pobres y tardías, ofrece soluciones a problemas inmediatos. Es un buen film muy centrado en su propia circunstancia de aprendizaje vital a toda pastilla; no se dejen engañar por sus tres horas de duración, porque esta apócrifa adaptación de la novela gráfica de Julie Maroh es apenas un rápido esbozo sobre la complejidad de la identidad sexual y los márgenes de la confusión en los sentimientos. Un buen film con buenas interpretaciones, un ritmo rápido y un guion que funciona como un reloj y que no se permite un instante de duda sobre cómo quiere contar las cosas. Lo que ya me parece innecesario es el globo que se ha ido hinchando a su alrededor, su reclamo, porque no le hacía falta. Es el mismo problema que con Lars von Trier; cada respiración, cada latido, van dejando de ser naturales al anhelar la llegada de "esa escena", porque estamos en la era de Internet y cualquiera sabe los detalles de una película antes de que se estrene. No sé qué le aporta el exceso de carne gratuita a una historia que, ya digo, va de otra cosa, de no poder ser como uno quiere ser... o como sea que le dejen ser; y no por hablar de lesbianas uno es menos machista, si al final usa los mismos resortes del cine X como, insisto, burdo reclamo. En tres horas, empero, caben muchas cosas, buenas y malas; el montante es mejor que peor, Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux desbordan naturalidad y potencia expresiva, y lo que se cuenta nunca es pedante, aunque sí "masculinizado", y es algo que creo que no puede ser de otra manera, mal que le pese a la enfurruñada comunidad de mujeres lesbianas, en su mayoría abominantes de esta intensa película.
Al que no le habría ido mal haber esperado tres años es a Médem...
Saludos.

domingo, 13 de julio de 2014

Rincón del freak #162: Dedicado a todos los que no me creyeron cuando vomité al escuchar a Russian Red



Es de noche y se escuchan voces y pasos; la gabardina de los que vuelven de la cacería etílica. En un contrapicado, los adoquines recortan dos figuras, una esencialmente femenina y otra parece salida de un Coppola en B&W. Hablan, pero parecen dobladas; es así el silencio. Entonces, sin mayor preámbulo, ocurre lo que no debe pasar en un mundo serio y exigente: "Hola, soy Julio Médem y, aunque no le pongo la tilde a mi apellido para pasar por guay, os voy a presentar mi último pelotazo "globomediático". Os prometo carne fresca, pero como va a haber frasecillas infulibles (es una palabra que me he inventado y que contiene "ínfula" e "infalible"... soy un puto genio) seguro que salgo en la Wikipedia como lo que le prometí a mi tía Lourdes que llegaría a ser... Ah, os voy a acribillar con una canción de Russian Red hasta que os sangren los tímpanos".
ROOM IN ROME, o "Esto es una rusa y una española que se meten en una habitación de hotel y una inventa bicicletas y la otra no, pero se va a casar. Antes de meterse mano se meten en el mapa de Google, donde yo no sabía que si sale tu casa también sale si han movido una silla... Luego se meten mano y sale Najwa Nimri sin hablar, grabada en video y un camarero que canta ópera y otra vez la canción de Russian Red..." Y acabo: Si yo fuese lesbiana o simplemente una persona a la que le da por pensar de cuando en vez, consideraría muy seriamente practicar unas sesiones de corbata colombiana con el tipo más pedante que ha dado el cine español desde Ignacio F. Iquino... Lo digo en serio...
Saludos.

PD: ¿Alguien sabe algo de aquella "maravilla" llamada Russian Red?...

sábado, 12 de julio de 2014

El efecto sedante de las imágenes



Cuando un telediario muestra las imágenes de los bombarderos israelíes devastando Gaza, usted no tira la cuchara contra la pared, ni sufre convulsiones de indignación, ni llama al Ministerio del interior... ni a Jordi Hurtado... Usted sigue comiendo, frunce el ceño y masculla una maldición, la misma que le sirve para el caso Urdangarín, el despropósito del Congreso o la penita de la Pantoja. Usted es un ser anestesiado por sufrir el bombardeo de millones de imágenes, y un bombardeo convalida al otro... Yo quiero que me engañen con esto del cine, que un puñado de imágenes rebajen mi capacidad analítico/intelectual e impulsen mis hormonas del placer hasta el infinito y más allá. No quiero creerme que lo que estoy viendo es verdad, porque ni el Telediario es verdad; lo que quiero es creérmelo aunque sepa que es mentira.
Lo del found footage empieza a oler, porque una cosa es hacer pasar por metraje encontrado toda una posproducción de aquí te espero y otra es quitar importancia a todos los dispositivos que un día hicieron del cine un arte ¿No tengo guion? Cojamos el de otra película... O mejor, cojamos el de varias películas y lo fusionamos. Esto es, esencialmente, lo que me he encontrado al ver AFFLICTED, mezcla de "La bruja de Blair", CHRONICLE, CLOVERFIELD, la reciente THE BORDERLANDS... Algo ya visto, con poca innovación en lo cinematográfico ¿En lo técnico? Puedo conceder que hay algunos efectos francamente bien conseguidos, pero tampoco me arrancó ningún "Oooooh!" (aunque reconozco que es algo inherente a mi persona). Y, para no extenderme mucho, hay un tic que detecto con poca dificultad: si hablamos, como es el caso, de un film de terror en el que lo sobrenatural entra en contacto directo con la cotidianidad de los personajes presentados, parece que el único modo de implementar el preámbulo sea en clave desenfadada, con chistes chorra y cosas por el estilo. Es un asunto muy viejo, porque luego es más fácil intensificar el drama. Entretenida, con alguna escena interesante y bastantes problemas para mantener la coherencia.
Yo tampoco tiré la cuchara...
Saludos.

viernes, 11 de julio de 2014

Últimas pasiones



El otro día rescaté una película magnífica, anticipadora de gran parte del último y mejor cine norteamericano; doy fe de que es así y de que la innovación me parece más un tema rotativo que lineal, al menos en cuanto a que un gran director, como es John Frankenheimer, logre conquistar una importante cuota de libertad creadora. Con el nada baladí trasfondo del celebérrimo tema de Johnny Cash, I WALK THE LINE empieza con la imponente figura del sheriff Tawes (Gregory Peck) aburriéndose en una carreterita cualquiera en algún lugar perdido de Tennessee. Antes, Frankenheimer inserta algunos fotogramas "reales" de "gente real", un recurso extraño para la época y que, con los acordes del hombre de negro, me trasladaron (magia o sugestión) a uno de los momentos que más hemos celebrado últimamente: TRUE DETECTIVE. Mucho hay de uno en otro, no sólo por la ambientación sureña, sino por basar su armazón en el descubrimiento de lo oculto tras toneladas de cotidianidad aceptada. No tan escabrosa como la serie escrita por Nic Pizzolatto, la novela de Madison Jones ramificaba sus asertos desde la pétrea dignidad del sheriff hasta su hastío matrimonial, acentuado tras el accidentado encuentro con la bella y salvaje Alma McCain (Tuesday Weld en plenitud), típico residuo redneck de moral tan floja como inescrutables intenciones. Tawes descubre la pasión que hace tiempo desapareció de su rutinario matrimonio, pero también que hay unos McCain, efectivamente rednecks, que destilan whisky ilegal y que piensan aprovechar el encoñamiento del sheriff para manipularle. Incrustada en una convicción admirable, I WALK THE LINE se olvida de cualquier género para mostrar un ramillete de personajes desnudos, frágiles, indefensos ante el más mínimo cambio en una sociedad que no los admite sin cobrar un alto precio. Frankenheimer siempre fue un narrador acojonante, igual que Johnny Cash; ver esta película, 44 años después de su estreno, confirma la vigencia de ambos artistas, de cómo pueden enlazar, sin esfuerzo aparente, con generaciones posteriores que reclaman para sí su legado.
Emocionante e intensa, y con un final difícil de olvidar.
Saludos.

jueves, 10 de julio de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #18



Un grande lo demuestra en sus horas bajas, sobre todo ahí, donde es capaz de imponer su sello incluso en un proyecto fallido. I WANT TO GO HOME es como una extraña interrupción en la excepcional estructura de trabajo que venía construyendo junto a su equipo de confianza; una especie de divertimento o placer culpable, que tiene mucho del viejo musical de Broadway (su protagonista es nada menos que el mítico Adolph Green) mezclado con esa gran pasión de Resnais, que siempre fueron los comics como realidad alternativa. Esta comedia agridulce la podría haber filmado perfectamente Woody Allen, y le habría salido mejor, pero diferente, más entretenida seguro, pero con menos acidez también. Joey Wellman es un veterano dibujante de comics con dos personajes centrales: la gata Sally y el gato Hep, caracteres contrapuestos y siempre discordantes. Wellman viaja desde Cleveland a París con su esposa, donde asistirá a una exposición sobre su obra; al llegar, se topará con una realidad muy distinta a la que esperaba. No sólo nadie le conoce, sino que alucinará con un grupo de snobs todoterreno, que opinan de todo sin saber de nada. A ello se le sumará la presencia de su hija Elsie, que vive en París desde hace un tiempo para preparar una tesis sobre Flaubert que intentará entregar, sin éxito, al profesor Christian Gauthier (Gérard Depardieu), a la sazón único gran y rendido admirador de la obra de Wellman. Sí, estamos ante la típica y manida comedia de enredos norteamericana, con su trasfondo salvavidas e incesantes idas y venidas de sus personajes; y, por un momento, a Resnais parece pesarle todo el proyecto, que se carga innecesariamente de una voluminosa atmósfera referencial (en especial al dibujante Jules Feiffer) y se torna en exceso enrevesada e ininteligible. Es ya en su final donde asoma el mejor Resnais, afilado, observador y repleto de segundas intenciones; en apenas cinco minutos, y apoyado en un desorientado Adolph Green recordando viejas melodías para poder entenderse con los atónitos vecinos de un pueblo, se trazan magistralmente las insalvables diferencias entre dos culturas diametralmente distintas. Porque los grandes siempre son grandes...
Saludos.

miércoles, 9 de julio de 2014

Cine sin aditivos



El pejesapo es un pez feo, esquivo, lunar; una especie de despojo sin forma definida, cuya imagen es más amenazante de lo que luego pueda ser en efecto. Un sapo que nada; un pez que se pega a las piedras.
EL PEJESAPO es la primera incursión en el cine del chileno José Luis Sepúlveda. Y atentos. EL PEJESAPO es cine terrorista, cine de la incomodidad y de la violencia; cine del despojo, delos rehusados, de los que todo el mundo ve menos, ajá, los directores de cine. No me detengo en su calidad técnica, ínfima. No importa. EL PEJESAPO es mierda sobre tu brillante cerebro, para que te acuestes pensando en lo que de verdad significa estar al margen de la sociedad; los que están de verdad al margen de la sociedad nunca han escuchado a los Sex Pistols ni han leído a Palahniuk, están demasiado ocupados robándole a un niño o fumando pasta base. El pejesapo de esta historia es Daniel, que literalmente es expulsado del río, que ni para suicidarlo lo quiere, y es recogido por un viejo que lo lleva a su miserable barraca; su mujer no lo quiere allí, sabe que Daniel es, esencialmente, malo. Después de matarlos y robarles se va a la ciudad. La ciudad es un pinball; te escupe, te zarandea, te agota. Puedes hacer como los demás, buscar trabajo; el único requisito es que no digas la verdad sobre ti mismo, porque si dices la verdad, la ciudad te da una patada donde más duele. Esto no es TENIENTE CORRUPTO, ni ROMA, CIUDAD ABIERTA, ni siquiera lo acercaría al cine de Pedro Costa. EL PEJESAPO es cine, porque una cámara registra el impulso creador de un director, pero nos costaría reconocerlo en otras cinematografías. Es, acaso, una verdad (ésta sí) absolutamente incómoda.
Búsquenla, véanla, maten por ella...
Saludos.

martes, 8 de julio de 2014

Corrector político



Al igual que ocurrió hace unos años en Argentina, el cine rumano supuso una especie de milagro, la consecución de multitud de títulos realizados en ínfimas condiciones de producción con una notable repercusión en los festivales más importantes de medio mundo. Hay cuatro o cinco nombres fundamentales para entender el porqué de tamaño fenómeno, pero el que más me ha llegado a mí ha sido, sin lugar a dudas, Corneliu Porumboiu, autor de dos auténticas joyas, que de haber sido realizadas en otro país hoy serían obras revolucionarias, como 12:08 AL ESTE DE BUCAREST y, sobre todo, POLICÍA, ADJETIVO. Pero Porumboiu ya asomó por Cannes hace diez años con su ópera prima, un cortometraje de apenas veinte minutos capaz de sintetizar, en la dudosa epopeya de dos monigotes fácticos, el tremebundo estado social y político de un país incapaz de sustraerse a las infecciones de su pasado. CALATORIE LA ORAS (UN VIAJE A LA CIUDAD) lo podría haber filmado perfectamente Berlanga hace sesenta años, y es que esta Rumanía contiene mucho de aquella España, mal que nos pese, mucho peor que la de ahora. La premisa es simple: en un pueblito, el apocado maestro y el chófer (hombreparatodo, más bien) del alcalde deben ir a recoger un váter y un ordenador... Como lo oyen, y si les cuento un poco más me cargo la gracia; pero añadiré que en el corto viaje no sólo veremos el grado de corrupción y miseria que puede albergar una población, sino la imposibilidad de cualquier intento de cambio y/o denuncia. Ello queda de manifiesto en la constante y absurda lucha dialéctica entre el maestro, asombrado anta cada falacia que se le presenta, y el chófer, ignorante, feliz, sumiso y... un cabrón con todas las letras... Políticos hasta en la sopa, que diría otro...
Saludos.

lunes, 7 de julio de 2014

Actuación



Se podrá discutir la conveniencia de lo que algunos consideran una falta de ética en la inclusión de enfermos mentales en la búsqueda de la no-actuación. Podríamos debatir sobre qué aporta realmente a la realidad de hoy un episodio que, a falta de documentación, ocurrió hace 100 años y no necesariamente del modo en que se cuenta. Incluso sería normal reprocharle a Bruno Dumont su sádico agostamiento formulario, menor, es cierto (y en cierta medida, lógico), en este último trabajo suyo, aunque más notorio al decidir que el papel principal y todo el peso causal del film recaiga en una actriz tan conocida como Juliette Binoche. CAMILLE CLAUDEL 1915 es lo que es; es Bruno Dumont y luego es Bruno Dumont y luego es... Y al que no le satisfaga es mejor que ni se acerque, porque Bruno Dumont es lo que es: aridez, disgusto, honestidad revestida de engañifa; el truco del trilero, el olor de los indigentes, lo que nadie quiere ver. Y, al tiempo, tambié es un prodigio de concisión, de narrar solamente lo que debe ser narrado, con fe, con determinación y con una filosofía estructurada en el abrumador gigantismo del tiempo y la imposibilidad de agarrar un instante apenas perceptible. Dumont está radicalmente contrapuesto a cualquier cineasta-historiador, incluso a cualkquier cineasta-poeta; su logro es el humanismo y el asombro de la observación, pero cuidado con la ligereza, porque ¿de qué forma se podría trasladar a la actualidad la desorientación de Camille Claudel, confinada en un remoto sanatorio por su familia? Se me ocurre un drama desgarrador, o una denuncia social, pero lo he visto demasiadas veces en imágenes que perduran poco. Si Bruno Dumont incrusta a una soberbiamente contenida Juliette Binoche en mitad de un grupo de enfermos mentales reales es porque espera el milagro del frío que nadie dice que hace, sino que se siente por las mismas imágenes. A mi juicio es un paso adelante y un trabajo en ningún modo emocionante, sino revelador, necesario y de espléndida madurez. Y, sin ser la película suya que más me gusta, fue de las más importantes que se exhibieron el año pasado. Hay que verla.
Saludos.

domingo, 6 de julio de 2014

Rincón del freak #161: No todos los extraterrestres visten de Versace...



Otro de aquellos extraños y lejanos títulos que me propuse rescatar no hace mucho, fue XTRO, cuyo mayor atractivo provenía ya de su exótico título y que venía a ser una especie de reverso tenebroso de la fiebre extraterrestre desencadenada, un año antes, por E. T. Creo que no somos pocos los que coincidimos en la imagen poderosa de una oscura carátula y una inquietante leyenda, que venía a decir: "No todos los extraterrestres son amistosos"... Lo que en cualquier videoclub de principios de los ochenta equivalía a "La que usted debe poner entre la de Chevy Chase y la de Cicciolina para completar un Sábado gratificante". Sé de lo que hablo... Total, la peli, para no irnos por las ramas, es una cutrez desdemónica y que parece hecha a hachazos, por la puñetera cara; lo del invasor de otro planeta apenas es un mínimo recurso para que Harry B. Davenport, ingeniero del látex chorreoso, se saque de la bocamanga situaciones tan chanantes como un payaso enano, un Madelman gigante o unos huevos extraterrestriales que se ve a leguas que son globos rellenos de agua. Y eso por no hablar del diseño del bicho, que es un tipo metido en un traje de monstruo del pantano, solo que la particularidad proviene de su postura (ver imagen), ya que está mirando hacia arriba, pero la careta está al revés y parece que anda como quejoso y un poco desanimado... ¡Anyway! La película es mala, es cutre, es indescifrable en sus bobaliconas pretensiones y más que miedo da un poco de penuria, pero yo la recomiendo ¿y saben por qué? Pues porque a nadie se le ocurriría hacer esto hoy día, que todos somos tan conscientes y trascendentes y bla bla bla... (gran programa, por cierto; algún día hablaré de Amilibia)...
Saludos.

sábado, 5 de julio de 2014

Rodar pese a todo



IRMA VEP, de Olivier Assayas, me parece una película admirable en cualquier sentido. Por su valentía y oportunidad al rescatar el poderoso icono del hipnótico serial de Louis Feuillade e incrustarlo en mitad de una trama apasionante que no es otra cosa que los múltiples vaivenes de un equipo cualquiera de rodaje para poder llevar a buen término un proyecto. Éste es tan descabellado como fascinante: el director (Jean-Pierre Léaud) está obsesionado con actualizar LES VAMPIRES, pero sólo le falta encontrar a su Musidora; cuando el equipo recibe la noticia de que será (en sus palabras porque sólo puede ser ella) la actriz asiática Maggie Cheung, será imposible conciliar a todas las partes, incapaces de ponerse de acuerdo ante una decisión tan controvertida. Pero vayamos un paso más allá. La encargada de vestuario no cree en la película, pero cae rendida ante los encantos de la actriz principal, así que se involucrará de tal manera que la asistente la delatará ante el resto del equipo; el director, tras una crisis nerviosa y una terrible discusión con su mujer, se retira del rodaje y luego desaparece, es sustituido por otro director, con problemas financieros, que propondrá despedir a Cheung y dar el rol protagonista a la actriz secundaria. Y si se preguntan qué es el folletín, puede que encuentren más de ello en la intrahistoria ideada por Assayas que en el propio guion "feuilladiano"; los integrantes de un equipo de rodaje parecen transfigurarse en los propios "vampiros", con sus envidias, sus odios y filiaciones, todo un microverso tan sometido a cambios de temperatura, que parece imposible realizar el más mínimo intento de concreción por su parte. Entonces, en una genial secuencia, Maggie Cheung se enfunda el ajustado traje de látex y, poseída ella misma por el espíritu de Musidora, sin actuar pero con un mimetismo feroz, decide asaltar los tejados de París... entrar en habitaciones ajenas... robar joyas... ¡LES VAMPIRES!...
Saludos.

viernes, 4 de julio de 2014

Por los tejados de París...



... avanza Musidora envuelta en un traje como un guante, movimientos felinos, mirada feroz. Es un felino y un murciélago, un subproducto de los bajos fondos proyectada hacia arriba; la ingenuidad del eterno intento de sublevación del oprimido contra el poder invisible. Su nombre es un anagrama y suena a desafío y locura; el Gran Vampiro la espera en sombras, y aunque parece ser un maestro o un guía, quien decide es ella, Irma Vep, la que actúa sin directrices, la que odia el amor y ama el tormento. En sus casas repletas, los poderosos, los opresores, los ostentosos, no pueden ni saben mirar arriba, ni abajo; no esperan ser atacados, ni saben si son débiles. Alguien lo va a intentar, difamados como ladrones, jaleados por quienes lo perdieron todo, olvidados por el sistema... LES VAMPIRES..., entonces y cien años después...
Saludos.

jueves, 3 de julio de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #17



MÉLO, de 1986, es un dispositivo de equívocos que funciona a la perfección, conscientemente y, además, es un triunfo del creador total sobre el espectador, no en en un mal sentido, sino como pura expresión de arte proveniente de la libertad del artista para incluso traicionarse a sí mismo. La expresión "Mélo" es una abreviatura, más o menos cariñosa, para referirse al melodrama clásico, el vaivén afectado de pasiones en voz alta. El mamoneo, en fin, de lo que encubre el deseo de apareamiento para no caer en la desdicha de lo chabacano. Pero nos quedaríamos muy en la superficie si sólo atendiéramos a "lo representado" y no fuésemos capaces de advertir, como decía, ese "dispositivo oculto" que tiene su inicio en una extraordinaria secuencia de arranque con el trío Arditi/Azéma/Dussollier en estado de gracia y absoluta complicidad con un Resnais aparentemente más dicharachero y menos oscurantista. Es el preámbulo de un enamoramiento, el de Romaine, que está casada con Pierre, por Marcel; Pierre es bueno y hogareño, Marcel es sofisticado y embaucador; ambos son violinistas, pero Marcel es un reputado concertista y Pierre no pasó de dar clases. Romaine ama la estabilidad de Pierre, pero cae hechizada ante el influjo de ese hombre que viaja en coche de caballos y siente debilidad por las rosas rojas. MÉLO habla de todo esto, de una infidelidad cruel, incluso rozando el intento de asesinato, y también de la dificultad de conciliar los sentimientos; y Resnais, por una vez, parece serenar su ímpetu y fijarse en el porqué de las acciones de sus personajes, otorgándoles una humanidad fuera de toda duda. Por ello, porque obtuvo multtud de premios y fue un éxito notable, y porque tiene un arranque y un final memorables, puedo asegurar que es una de sus películas más recomendables y significativas.
Saludos.

miércoles, 2 de julio de 2014

Un problema para los jóvenes



En 1970, Eli Wallach logró uno de sus contadísimos papeles protagonistas en la adaptación que David Greene realizó de su éxito televisivo un par de años antes. THE PEOPLE NEXT DOOR era un escabroso retrato del another american dream, con un trasfondo dominado por el consumo de drogas y los efectos de éstas en una joven, que amenazará incluso con destruir a toda su familia. No diría que el paso del tiempo le haya sentado especialmente bien, y menos a sus calculados estallidos, más propios del teatro que de un film; Wallach está tan bien como cabría esperar de un actor ya en su madurez y la joven Deborah Winters, luego fugaz promesa, imprime intensidad a su rol de joven descarriada y drogadicta. El problema del montante es que Greene parece incapaz de cohesionar el conjunto; no sabemos si mirar hacia las secuelas psicológicas, la impotencia del padre para reconducir a toda su familia o si hay un intento por reflejar una época (la transición de los años sesenta a los setenta) que empezaba a sufrir los abusos de sustancias. Realmente no es un hippy shake, sino un drama de los de toda la vida con un cartel promocional que en España, por ejemplo, quedaba traducido con un infame JUVENTUD PERVERTIDA y una leyenda tan ingenua como sugerente: "Una película tan americana como el pastel de manzana de mamá, el whisky con hielo de papá y la pequeña Maxie colocada hasta las cejas"... O más o menos.
Saludos.

lunes, 30 de junio de 2014

Guion tan blanco



Se murió Eli Wallach. Un grande, un verdadero profesional en eso de actuar, que se mantuvo en activo durante más de cincuenta años y que prácticamente fue capaz de crear un icono, el de ese malo demasiado humano para ser perfecto, mezcla de locura, ira y un poco de nostalgia, un malo por el que uno podría setir ternura y asco al mismo tiempo. Wallach hizo casi cien películas, casi ninguna como protagonista, pero su presencia era todo un seguro de vida para una parcela, la del antagonista, tan proclive a la parodia inconsciente. Algunas han salido aquí, pero entre hoy y mañana vamos a acordarnos de dos títulos no muy conocidos y sí muy diferentes entre sí. El primero, nada menos que una producción Disney (¡sí, Disney!) de 1964, a la mayor gloria de la insoportable (aunque un poco más digestiva que "nuestra" Marisol) Hayley Mills, rubicunda estrella infantil y juvenil del momento. A lo largo de sus dos horas (poderío que no falte), THE MOON-SPINNERS se desarrollaba en la idílica Creta, adonde llegan dos inglesitas, tía y sobrina, de vacaciones; allí, aparte de comer Musaka, tostarse en tono gamba y bailar el twist a ritmo de sirtaki, la joven Nikki se verá envuelta en un oscuro asunto con unas joyas robadas y un tipo más que inquietante, el tío Stratos, al que le quiere reventar el negocio otro joven británico que también pasaba por allí. La primera hora es bastante rutinaria y recuerda a propuestas similares de la literatura juvenil (Los Cinco; Los Siete Secretos...), pero es cierto que en su segunda mitad la cosa se anima al complicarse su previsible guion y tener más presencia la siempre solvente Irene Papas, el propio Wallach (simplemente lo mejor de la función) y reservar una inesperada guinda para el final, con la aparición nada menos que de la mítica Pola Negri, que llavaba casi 30 años retirada del cine y que esboza algún que otro chiste autorreferencial. Sí, es una de Disney, con actores, de hace cincuenta años y con un guion tan blanco que uno no puede más que sonreír con un poco de incredulidad; pero la vemos, y vemos a Wallach completamente entregado a su oficio, y seguimos sonriendo...
Saludos.

domingo, 29 de junio de 2014

Rincón del freak #160: La idoneidad de los dos rombos en una sociedad retrógrada



Todos mantenemos recuerdos en nuestro infinito disco duro mental; los mantenemos porque, inconscienyemente, creemos que son importantes para vaya usted a saber qué diantres de cosa, en vez de arrugarlos (mentalmente) y (mentalmente) lanzarlos a esa papelera mental que a veces me pregunto por qué no está más atestada. Hace poco me acordé de algunos títulos realmente oscuros de mi juventud que seguían agarrándose con fiereza a la memoria; algunos hacía más de treinta años que los había visto, pero algo me decía que la única manera de exorcizarlos para siempre era enfrentarme a día de hoy a lo que, de otra manera, jamás me habría acercado. Uno era GALAXY OF TERROR, un curiosísimo émulo hipercutre del género "peli de terror ambientada en el espacio exterior" (el interior será el baño, digo yo), de los muchos que, a principios de los ochenta, se beneficiaron del extraordinario fenómeno ALIEN. La recordaba como una película con algunos momentos repulsivos, monstruos gigantes, sangre, tías en pelotas y esas cosas que te alegran el fin de semana... Ahora, la verdad'14: GALAXY OF TERROR es un despropósito mayestático con unas interpretaciones deleznables (Robert Englund incluido) y una fe inquebrantable en que el látex es capaz de engañar al ojo, y no es así. Hay, eso sí, algunas escenas dignas de mención, no por su ejecución, aunque sí por su intención, que en manos más hábiles podrían tener su aquél. Me refiero, sobre todo... ¡Qué diablos, en realidad es lo único que merece la pena! Decía que hay un momento que yo aislaría (seguramente es lo que la ha mantenido en mi cabeza hasta ahora) y que consiste en la repugnante "violación" de la irresistible Taaffe O'Connell a manos (o tentáculos) de un gusano gigante... Yes, you can do it. Teniendo en cuenta de que la cosa va de un grupo de astronautas y un planeta que materializa tus terrores más inconfesables... Pues eso...
Saludos.

sábado, 28 de junio de 2014

Almohadas bajo la camisa



Tenía un vago recuerdo de aquella exitosa película que se estrenó hará unos veinte años con el nombre de EL OLOR DE LA PAPAYA VERDE... Hace poco me encontré viendo PLENO VERANO (MUA HE CHIEU THANG DUNG), del mismo director, lo que me llevó a pensar un par de cosas nada entrañables. Primero me di cuenta del avance significativo experimentado por el cine asiático, excusando mi catetez en la noción que tengo de que el término "cine exótico" sólo cobra sentido a través de la experiencia visual, de filigrana abusiva y abigarrada de según qué valores locales, en detrimento del desarrollo "en sí" del motor narrativo. Luego me desperté, porque llevaba unos veinte minutos dormido viendo esta extrañísima puesta en escena de (parafraseando a Ozu) "una familia de Hanoi". Sí, me aburrí con una película curiosa; curiosa por la curiosidad que me provoca constatar que aún pueda haber fotogramas deudores del National Geographic para ilustrar una historia que hemos visto miles de veces. El cuerno es bello, colmas de besos y sonrisas a tu mujer y, en cuanto te vas "a trabajar", hay otra forma de sumisión esperándote en la habitación de un motel cualquiera. Pero ¿para qué ser simples? Otra integrante de este día de la marmota es una jovencita que vive con su hermano gemelo ¿? y que todos los días hace exactamente lo mismo: levantarse, poner palote al hermano, escuchar a Lou Reed y comer batatas... Sí, eso mismo. Luego se remata todo con una (otra) hermana, mayor por añadidura, que también cornumenta sin complejos, aunque su adulterio queda más chulo porque nunca habla cuando está con su amante... Muy bonito todo, pero muy tonto. Las mujeres lo hacen absolutamente todo en la casa y viven obsesionadas con lo de embarazarse de una forma u otra; los hombres fuman, holgazanean y dicen que están arrepentidos de tanto cuerno suelto... Y. mientras tanto, que inventen otros.
¡Viva Vietnam!...
Saludos.

viernes, 27 de junio de 2014

Con un poco de azúcar...



Debo ser justo con ONLY LOVERS LEFT ALIVE, la última propuesta de Jim Jarmusch; recién estrenada y avalada por su gran acogida en Cannes y su (justo) premio en Sitges, me parece, me sigue pareciendo, que hay poca gente que entienda de verdad a un cineasta que carga orgullosamente una maldición difícil de perdonar: su absoluta independencia. No recuerdo un solo director de cine norteamericano que lleve tanto tiempo como Jarmusch haciendo las películas que él quiere hacer y mostrar, de paso, que puede obtener cierta relevancia e incluso unas nada desdeñables cifras de taquilla. Los vampiros se llevan, los vampiros venden... pero ésta no es una película "de vampiros", ni en plan CREPÚSCULO ni en plan DRÁCULA; Jarmusch amplía su fondo de exploración ética y vuelve a dar una lección sobre el fin de nuestra civilización, de los valores, de la cultura y, evidentemente, de la humanidad. Sin apocalipsis, sin tsunamis, sin monstruos, pero con un par de testigos eternos, Adam y Eve, que son vampiros desde que los hombres balbuceaban las tonterías que luego empezarían a gritar. Adam y Eve son vampiros y amantes, y a veces tienen que separase para echarse un poco de menos; ella en Tánger, y no es casual, como tampoco lo es que él prefiera la decadente Detroit como reclusión voluntaria. Sí, beben sangre, pero la obtienen de bancos y sólo la de alta calidad, por miedo a contagios; el contagio, la impureza, el hastío que Adam siente por una humanidad empeñada en repetir sus mismos errores, en autodestruirse en lugar de avanzar hacia una posible felicidad. Estos vampiros componen música, se emocionan con la poesía, aman el arte y son como guardianes de todo lo bueno que aún queda en la civilización; la gran preocupación de Jim Jarmusch no es que el público se quede embobado con sus hermosas imágenes, sino que reflexionen sobre lo que están viendo y hagan autocrítica. Y, sí, claro que es como la eterna discusión que no lleva a ningún lado sobre Radio3 o Los 40 Principales, pero yo debo dejar constancia, una vez más, sobre ello, es mi único deber en estas páginas... Y luego están Tilda Swinton y Tom Hiddleston...
Saludos.

jueves, 26 de junio de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #16



Una vez más, el temible designio de los traductores de títulos meten la pata por desconocimiento, dejadez o qué sé yo. L'AMOUR À MORT viene a significar "amor a muerte", o incluso "amor hasta la muerte", jamás "el amor ha muerto", como se la rebautizó aquí hace treinta años y sin que nadie le haya puesto remedio. Y desde luego que se debería, porque la premisa fundamental de este oscurísimo film de Alain Resnais no habla de otra cosa que no sea el amor puro de alguien hacia otra persona, tan puro que ni la muerte es capaz de romperlo. Pero no nos engañemos, no hay aquí ni asomo de romanticismo ñoño de telenovela barata; lo que Resnais propone es una duda constante, pesada y mortificante, una especie de indagación imposible desde la autodeterminación del "yo" en absoluta contraposición al ideal de amor cristiano. La película arranca con una escena ambigua, no sabemos qué pasa exactamente, podría ser un crimen, un accidente o ninguna de las dos cosas; la protagonista espera a alguien que resulta ser un médico, que asimismo le anuncia que su esposo ha muerto. Al poco tiempo, el supuesto fallecido se levanta como de una larga siesta y la mujer "se da cuenta" (y esto es fundamental) de lo mucho que le quiere y cómo no podría soportar su pérdida. A partir de ahí, Resnais deja abierta cualquier interpretación, desde una resurrección que ha vaciado a esta persona, que ya no se siente viva, a una simple superchería que podría acabar trágicamente. La pareja duda de su sentido metafísico mientras entablan conversaciones con otra pareja, pastores de la iglesia por añadidura. Se trata de una película que ha pasado desapercibida (lógicamente) en una filmografía tan intensa cualitativamente, pero que no ha perdido un gramo de frescura desde hace treinta años, y que además supone la verdadera consagración del trío Azéma/Arditi/Dussollier como gran baza y fetiche interpretativo de su autor.
Muy reivindicable.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

7 al azar


¡Cuidao con mis primos!