lunes, 17 de junio de 2019

Realmente podridos



El otro día nos dejaba Franco Zeffirelli, uno de esos directores "de toda la vida", al que reconozco que siempre me ha dejado sin frío ni calor. Sus películas, casi siempre, han sido "eficaces", signifique ello lo que signifique; grandes buques repletos de avales, nombres, jugando sobre seguro en manos ganadoras, arriesgando lo mínimo. Zeffirelli no fue un director prolífico, y aunque sus películas funcionaban bien en taquilla, la crítica normalmente le dejaba fuera de sus preferencias, como uno de esos directores más pendientes de las cifras que de las letras, lo que le granjeó una cierta fama de "vendido al sistema". No seré yo quien vaya por ahí, porque nunca lo he hecho con ningún director, y aunque ya digo que su cine nunca me ha resultado del todo satisfactorio, reconozco que algunas cosas las hizo muy bien, como sus adaptaciones de Shakespeare, a las que tan afecto fue durante toda su vida. Y hay alguna muy famosa, pero yo me voy a quedar con el HAMLET que realizó en 1990. Clásico, riguroso, minucioso y fiel al texto original casi con auténtica devoción, Zeffirelli hizo un HAMLET duro, seco, áspero, que no se avergüenza de ser lo que es, y que no se sale un milímetro de lo que su autor ponía de manifiesto, principalmente el hedor de la corrupción en una corte marcada por el anhelo de poder a cualquier precio, y que se polariza en torno a la esquiva y ambigua personalidad del príncipe danés, una mezcla entre virtuoso e imbécil, o quizás un fundamentalista que cree ser un clarividente. Lo cierto es que esa corte danesa tenía de todo, y todo malo. Envidias, asesinatos, espionaje, incesto... Verdaderamente olía a podrido, y Zeffirelli se centra en la magnitud de este clima ponzoñoso, con un reparto de altura (Mel Gibson, Glenn Close, Alan Bates, Ian Holm, Helena Bonham Carter, Paul Scofield), una poderosa partitura a cargo de Ennio Morricone y una tenebrosa aunque límpida fotografía de David Watkin. Una película a la que no hice nada de caso en el momento de su estreno, pero que vista tres décadas después tiene su "aquél". Es cine clásico, del de toda la vida, evidentemente teatralizado, pero con una intensidad dramática muy superior a, por ejemplo, la adaptación que poco después hizo Kenneth Branagh.
Quién sabe, puede que me ponga tardíamente con Zeffirelli...
Saludos.

domingo, 16 de junio de 2019

Rincón del freak #360: Mediocridad y malas pasadas de la memoria sentimental



A menudo me veo a mí mismo intentando convencerme de que cualquier tiempo pasado no ha sido necesariamente mejor, sino que existe un mecanismo de conveniencia, según el cual somos capaces de seleccionar los momentos agradables y olvidar los vergonzosos, o incluso enmascararlos de otra cosa que nunca fueron. A principios de los ochenta hubo una fiebre por filmar cualquier cosa, con el menor coste posible y en tiempo récord ¿Por qué? Pues porque la gente iba en masa al cine, consumía cine, y puede que fuéramos conscientes de que caad tipo de cine tenía su público, que equivale a decir que teníamos menos prejuicios... Aunque, claro, quizá me esté manipulando mi memoria sentimental en este momento, y lo que realmente debería decir es que nos metían más goles que al portero de Malta... Hay multitud de estos flashes vergonzantes pululando por mi memoria, pero el otro día me acordé de un trasunto de película de superhéroes salido de una mente que no conoce los límites del pudor. Estoy seguro de que algunos de ustedes recuerda aquello de L'UOMO PUMA, que ya el título tira para atrás; máxime si hablamos de un tipo cuyo traje superheroico consiste en un poncho convertible en capa, pantalones vaqueros color beige, botos rocieros y un niki de nylon con la efigie de un puma en el pecho... Ajá... Pero todo empeora si adelantamos la sinopsis: Estamos en Londres, pero en los periódicos hay noticias sobre estadounidenses que están cayendo por las ventanas sin explicación alguna. El protagonista es un paleontólogo al que persigue un señor azteca que quiere (claro) tirarlo por la ventana ¿por qué? Para ver si vuela, o yo qué sé. Como no se mata, es el nuevo Hombre Puma, un superhéroe estrafalario cuyos poderes, aparte de un vuelo jodidamente sonrojante, consiten en arrancar chapa con las manos, ver en la oscuridad y quedarse muerto durante diez minutos... No pregunten, por favor. El caso es que aún más extraño es el casting, formado por Walter George Alton, que en realidad era un prestigioso abogado y escritor, y ya nunca volvió a dejarse dirigir por un italiano demente; Donald Pleasence, que luego no salió a la calle durante meses; Sydne Rome, que sonreía hasta cuando le pegaban; y el mexicano Miguel Ángel Fuentes, que encarna al sacerdote Vadinho... ¿?... Es tan mala, tan inconsciente y tan bizarra que tienes ganas de verla un minuto después de acabar. Se quedará en tu mente, jugará con tu sentido de la percepción y te hará dudar hasta de tu propia cinefilia... Brutal... Además, ya sabemos de dónde sacó Aznar su himno oficial...
Saludos.

sábado, 15 de junio de 2019

Todo lo bueno se acaba



Mamoru Hosoda es, desde hace algo más de una década, uno de esos nombres a seguir en la animación japonesa. Decidido a demostrar que hay vida más allá del Studio Ghibli, estuvo a punto de formar parte de la dirección de EL CASTILLO AMBULANTE, pero su carácter inconformista lo dejó fuera del proyecto, lo que le llevó directamente a la Mad House, probablemente la segunda productora de animación más importante de Japón. Y su primer título fue TOKI O KAKERU SHÔJO (LA CHICA QUE SALTABA A TRAVÉS DEL TIEMPO), una película que partía de la novela original de Yasutaka Tsutsui y cuyo funcionamiento argumental es mucho más complejo de lo que pudiera parecer a simple vista. Una adolescente está acabando su último curso de instituto, por lo que empieza a atisbar la cantidad de cambios que se le vendrán encima. Inesperadamente, entra en contacto con un extraño artefacto, que le otorga la capacidad de volver atrás en el tiempo y arreglar cuantos sucesos que ella toma como equivocados, aunque puede que hubiese sido mejor dejar las cosas tal como estaban. Es cierto que la acumulación de saltos temporales puede terminar resultando abrumadora, pero se trata de un film que encierra un mensaje muy interesante y maduro: podemos cambiar cuanto deseemos, lograr la casi perfección ante los demás, pero lo único que permanece es el afecto y amistad verdaderos, aunque de eso normalmente sólo nos damos cuenta cuando ya es demasiado tarde...
Saludos.

viernes, 14 de junio de 2019

La vida y nada más



La mirada de un niño, que no esconde nada, lo esconde todo. Todo lo que no nos atrevemos a decir, a verbalizar, a poner de manifiesto. Todo cabe en esa mirada limpia y preciosa, incluso el dolor más desgarrador, el que no tiene remedio ni consuelo. Y los adultos tenemos armas, mentiras, escudos para combatir ese dolor, pero ¿qué tiene un niño sino su curiosidad infinita? ESTIU 1993 es, más que una película, un exorcismo, casi una forma de ajustar cuentas con el pasado para su joven directora, Carla Simón, que plasma aquí aquel verano de 1993 en el que tuvo que irse a vivir con sus tíos tras ver morir a sus padres de Sida. No hay un gramo de condescendencia, ni mirada nostálgica que valga, tan sólo el propio asombro, el de la mujer adulta que echa la vista atrás y se ve a sí misma como niña, intentando comprender qué le está pasando a su vida, a su mundo. Ese es el gran hallazgo de esta maravillosa, prodigiosa película, refundar un puñado de sensaciones en torno a esa mirada, la de un Laia artigas que traspasa la pantalla y la anega de verdad. Es muy difícil hacer una película como ésta y no caer en el sentimentalismo o en las trampas del narcisismo emocional; pero allí donde los mediocres raspan para lograr algún destello, Simón halla oro puro en lingotes. Parecería que sin esfuerzo, pero intuimos que el proceso ha debido ser agotador. Aunque hermoso...
Maravillosa.
Saludos.

jueves, 13 de junio de 2019

La absurda espera



¿Dónde se había metido Lucrecia Martel? ¿Por qué la tortura de jugar a hacer "El Eternauta"? Y sobre todo ¿Cómo ha podido hacer una obra maestra como ZAMA y luego como si nada?... Preguntas insolubles, invaluables, vanas. Como la kafkiana, quizá beckettiana... ¿debería decir mejor conradiana? ¿faulkneriana?... No sé, pero sé que "Zama", la novela, es una de las más grandes novelas del siglo XX, y de todos los tiempos, que así dicho tira para atrás, pero que no tendría que ser un obstáculo para una adaptación, sino todo lo contrario. La diferencia con otras tantas adaptaciones mediocres, cuando no directamente inservibles, es que Martel es capaz de "recrear" por completo el absorbente y venenoso entramado verbal de Antonio Di Benedetto, alejado de las venusianas cefaleas selváticas de otros escritores sudamericanos, perdidos ellos mismos entre el abigarrado verde y las chicharras lejanillas. No. Di Benedetto/Martel se centran en la triste figura de Diego de Zama (un prodigioso Daniel Giménez Cacho), una especie de funcionario del XVII, enviado a lo que luego se conocería como Paraguay para "alguna cosa de cierto interés", aunque lo único que espera es ser conferido a un puesto mejor en Argentina, donde las condiciones de vida no son tan precarias. Netamente configurada en dos partes bien diferenciadas, ZAMA comienza presentando la tediosa vida de Don Diego, un hombre esencialmente aburrido, que se distrae espiando a las damas, aunque nunca consiga favores de ninguna y sea refractario a las negras y mulatas. Aquí se imprime el fatigoso destino del funcionario, presa de un infortunio permanente, ignorado en sus súplicas y determinado, como único modo de obtener relevancia ante un rey de España más lejano y absurdo que nunca, a apresar a un peligroso y cuasimitológico bandido, del que oye hablar sin cesar. Es ahí donde se gesta la segunda parte, menos contemplativa y repleta de imágenes fascinantemente rodadas en plena selva. Es necesario señalar el trabajo del portugués Rui Poças en la fotografía y del habitual de Martel, Guido Berenblum, como mwzclador de sonido, un sonido que casi puede llegar a masticarse.
Excepcional película de una excepcional directora. Y lo que es mejor, no tiene nada que ver con nada que Martel haya hecho antes. Esperemos que no vuelva a demorar tanto...
Saludos.

miércoles, 12 de junio de 2019

Maestro de lo macabro (y 2)



¿Pensaban que no la pondría?... Sólo alguien como Lubitsch podría interponerse entre los dos largometrajes que Chicho decidió rodar. Sólo dos, que pueden ser muy pocos, pero también pueden agrandar la leyenda alrededor de un realizador. No sé si lo he dicho alguna vez aquí, pero ¿QUIÉN PUEDE MATAR A UN NIÑO? me parece una obra maestra del cine de terror, y por motivos bien claros e indiscutibles. Primero porque me parece una película tremendamente atrevida y valiente para 1976, pero es que estoy seguro de que nadíe podría filmar hoy día según qué escenas, por motivos sobradamente conocidos. Por supuesto que hay mucho Hitchcock, el de LOS PÁJAROS, por ejemplo, pero Chicho va un poco más allá y ofrece una opción moral aún más controvertida y dura de tragar. Por supuesto que hay mucho de EL PUEBLO DE LOS MALDITOS, sería del género tonto no reconocerlo, pero aquí la amenaza está más naturalizada y alejada del elemento fantástico, lo que resulta bastante más desasosegante. El prólogo, por ejemplo, compuesto de imágenes reales, debe ser de los arranques más perturbadores y arriesgados, al menos que yo recuerde, lo que da una idea también del carácter libérrimo del cineasta. Hay otras escenas realmente crudas, chocantes para la ñoñería de hoy día, pero finalmente me quedo con la escalofriante reflexión que se desprende ya desde la obra original de Juan José Plans, otro clásico olvidado de nuestro país, el escritor y periodista gijonés. Porque en realidad ¿dónde reside el mal, sino en el otro?...
Dejen lo que estén haciendo y véanla, aunque esta noche no puedan conciliar el sueño...
Saludos.

martes, 11 de junio de 2019

La clase de Lubitsch #20



Deslumbrante. Pocos adjetivos más certeros se me ocurren para describir la increíble adaptación que Ernst Lubitsch realizó de LADY WINDERMERE'S FAN, la inmortal obra maestra de Oscar Wilde. Y los aspectos son tantos y tan variados, que me atrevo a afirmar que se trata de la mejor adaptación de esta obra. Primero porque hay que tener muchas gónadas para representar a Wilde sin palabras, y no me vale lo de los intertítulos, porque la obra original está trufada de antológicos diálogos, que aquí pierden su sentido, pero que Lubitsch lleva a su terreno y transforma en otra cosa. Pero es que desde su afiladísimo arranque nos damos cuenta de que quizá no ha habido un cineasta más wildeano que Lubitsch. Aquí está todo, toda la parafernalia, sofisticada, enrevesada, accesoria, pero que cobra todo su sentido con apenas un gesto, como el de un jovencísimo Ronald Colman acercando la carta a Lord Windermere, con el único propósito de que se vaya cuanto antes y le deje a solas con Lady Windermere, a quien intenta cortejar sin mucho éxito. Es ésta una historia de apariencias, mentiras, extorsiones y reconciliaciones imposibles; y sobre todo es un corrosivo retrato de la alta sociedad británica, de sus "bajos fondos", del todo vale con dinero de por medio, y de la futilidad de los buenos sentimientos una vez se constata que, por ejemplo, ayudar a alguien caído en desgracia puede suponer la expulsión de tan alto estrato social. Todo ello cabe en esta asombrosa película, donde sientes a Wilde sin apenas líneas escritas; pero sus imágenes rezuman ese reverso juguetón y tenebroso que hacía frotarse las manos al director alemán. La recomendación es clara: lean el libro y luego vean la película, a ver si me dan la razón...
Saludos.

lunes, 10 de junio de 2019

Maestro de lo macabro



No le digan Narciso. A Chicho se le llama así, Chicho. Se fue el maestro más grande e inalcanzable de la televisión española. Un señor que hacía concursos, pero que en el fondo quería ser Hitchcock, así que se inventó una pléyade de historias que ponían los pelos de punta al españolito ávido de escaparse de su realidad como fuera. Así que llegó él y reunió a familiares, vecinos y hasta desconocidos ante aquellos cacharros que se sintonizaban moviendo la antena y se veían en glorioso B&W. Yo no pertenezco a esa época por edad, me incorporé ya con el 123 de Mayra, y disfruté, cómo no, de "sus" terrores favoritos. Pero mis padres me hablaban de aquellos seriales hechos con dos duros y un montón de atrezzo (la mayoría pintado por Mingote, otro genio), angustiosos, lóbregos, irónicos, con clase. Desafiantes en un país y un momento donde te la jugabas si los que mandaban percibían que te estabas riendo de ellos. Pero es que Chicho siempre fue muy respetuoso, y muy inteligente, por eso era de los pocos que efectivamente ridiculizaron al régimen franquista sin que éste, momificado por naturaleza, se percatara de ello.
Pero Chicho también se adentró en el largo, poco pero dejando huella. Porque también mis padres me hablaban de una película que vieron en 1970 y que les dejó picuetos perdidos, pero para bien, porque siempre se cagaron en el régimen criminal y retrógrado que les había tocado vivir, así que algo de ello les despertaría LA RESIDENCIA, una fantasmal historia de Juan Tébar que Chicho convirtió en uno de esos guiones de los que salen esas escasas películas llamadas "precursoras". Y es que films como LA RESIDENCIA ya se filmaban fuera de España desde hacía muchos años, pero aquí preferíamos zurrar a nuestras señoras tras el soplo en porrón y después a misa, no fueramos al infierno sin necesidad. Y esta película, más allá de su terror gótico y algo acartonado (todo hay que decirlo), me gusta más cuando la veo como la particular recámara del gran voyeur que siempre fue Chicho. Así, el personaje del niño, encerrado por su madre, bien podría ser un alter ego del propio director, confinado enfermizamente en un lugar infestado de delicuescentes púberes. La madre, severa y autoritaria, podríamos identificarla como esa madre patria, la de entonces, que ni siquiera me molesto en describir porque ya lo hice antes. Y esa pléyade de ninfas... en fin. Si tienen alguna duda, revisen algún episodio del 123, y si no, con ver la película tienen bastante...
Adiós y gracias, maestro...
Saludos.

domingo, 9 de junio de 2019

Rincón del freak #359: Supercañí contra las fuerzas del mal



Sí, amigos, seguimos con los superhéroes de trastienda, porque mucho antes de que a nadie se le ocurriese inventar algún superhéroe español, al inefable Juan Piquer Simón, adalid y pionero de lo retrocutre y lo bizarro puesto al servicio del exploitation, se le pasó por la cabeza un tipo llamado SUPERSONIC MAN, cuyas andanzas se presuponían nada menos que en Nueva York, aunque todo se localizaba en eriales de Matasierra de los Guzmanes, claro. Lo de esta película es tremendo, porque yo recuerdo los cines en aquella época (principios de los 80) abarrotados de chavalines para tragarse esta inenarrable sinfonía de transparencias, cameos cipotudos y música funky... pero funky funky... Las transparencias eran lo más, con el héroe de turno haciendo como que volaba, aunque su postura era rígida como de hemorroides. Luego, la forma de luchar es, yo creo, nunca vista, y consiste en no acercarse nunca, sino hacer cosas raras con las manos y convertir pistolas en plátanos... Lo juro. Y lo del reparto es memorable, con el semigalán italiano Antonio Cantafora haciendo de la versión terrícola del superhéroe, con bigote, pelazo y chalequito, aunque el mostacho desaparecía en la transformación, Casio calculadora mediante. El que volaba era José Luis Ayestarán, culturista de la época cuyas dotes interpretativas no eran requeridas y que una vez dobló al mismísimo Chuache. La chica, más florero e inane que nunca, era Diana Polakov, que luego se casó con Ramoncín y se dio cuenta de que era mejor hacer películas como ésta, así que se divorció. Y, atención, el malo era un Cameron Mitchell ya pasadete de años y puritos, moviéndose y respirando con dificultad y con eterna mirada ebria de Larios. Pero lo mejor son el profesor interpretado por el entrañable José Mª Caffarel, que tiene un secreto pero se sabe lo que es, y las apariciones estelares de (ay dios) ¡Quique Camoiras, Tito García y aquel Javier de Campos haciendo de borracho ubicuo! Amén de un robot tan cutre, tan sumamente cutre, que, francamente, sólo se pueden hacer una idea viendo esta joya del frikismo patrio...
No hay palabras.
Saludos.

sábado, 8 de junio de 2019

Habría que creérselo



A veces es necesario comparar dos productos similares para que la bobaliconería de uno otorgué la verdadera dimensión al otro. Ejemplos hay incontables, pero me acuerdo hoy del último trabajo de Spike Lee, creo que no muy bien entendido por la mayoría, pero que reinventa con inteligencia e intención el género de infiltrados, uno de los que, precisamente por su propia naturaleza de apariencias y credibilidades, tiende más a la parodia involuntaria. La historia real del agente Michael German es tremendamente interesante, por lo que de revelador tiene respecto a un asunto turbio de la sociedad americana, y al que normalmente no se le presta más atención que a la quimera de unos cuantos desequlibrados a los que le va la marcha. German estuvo infiltrado en varios grupos neonazis, logró desarticularlos y luego describió cómo sentía que una amenaza latente iba desarrollándose en el mismo corazón de Estados Unidos, sin que nadie lo notara de esa manera. IMPERIUM es la película que lo cuenta, pero lo hace tan chapuceramente que cuesta creer la mayoría de lo que vemos. Y no por la elección de Daniel Radcliffe como protagonista, que al final es de lo poco salvable de este film encorsetado y ramplonísimo, como de cartón piedra. En muy pocos minutos, un tipo que es un ratón de biblioteca, y del que hasta sus compañeros en el FBI se burlán, es capaz e transformarse en un temible supremacista, sin que el director se moleste en mostrar ese proceso interno de cambio, así que todo va acelerado, los personajes aparecen y desaparecen por arte de magia y el guion está caóticamente ejecutado. Una lástima, porque ya digo que el material prometía para mucho más. Y, sí, mejor vean la de Spike Lee...
Saludos.

viernes, 7 de junio de 2019

Los detectives salvajes III



Parecen significativos los cuatro años que la HBO se tomó antes de decidir a ponerse manos a la obra con la tercera temporada de TRUE DETECTIVE, que en principio siempre se pensó que no se terminaría rodando. Empezando por el principio, me parece la temporada más floja de las tres, pero tampoco creo que hablemos de ningún desastre ni nada parecido. El problema es que lo que se cuenta ya ha sido contado, y mejor, y la sensación es un poco la de aprovechar una ola que, desgraciadamente, ya hacía tiempo que se iba retirando. Como si de una versión alternativa de la antológica primera temporada se tratase, de nuevo estamos ante una desaparición misteriosa y dos detectives obsesionados con resolver un caso que se va tornando más opaco e indescifrable. Lo novedoso aquí es que Pizzolatto emplea el elemento temporal a lo largo de toda la serie, en un arco de 35 años, en el que los detectives Hays (omnipresente, Mahershala Ali) y West (atención a un superlativo Stephen Dorff, con momentos de brillantez dramática que yo no le recordaba) investigan la desaparición de dos hermanos en un pueblecito de Arkansas. Todo comienza en 1980, hasta que la fiscalía decide dar el caso por cerrado, ante la imposibilidad de encontrar pruebas determinantes, pero vuelve a abrirse en 1990, cuando West es ascendido y decide reclutar a su compañero y amigo Hays, ya que se cree que pueden existir nuevas certezas en el caso. Intermitentemente, sin que cese la alternancia entre estos dos segmentos temporales, vemos también a un Hays en la actualidad, con graves problemas de memoria, pero aún obsesionado con un caso que le ha perseguido toda la vida y prácticamente fue destrozándosela. Es ahí donde Pizzolatto (que por cierto, se lanza a dirigir él mismo un par de episodios) habría tenido la oportunidad de lucirse, escarbando en la indescifrable memoria de un detective demente, y sembrar la duda de si no sería todo inventado. Desgraciadamente, esta tercera temporada es mucho más prosaica de lo que cabría esperar, y, además de unas muy buenas interpretaciones (estupendo también Scoot McNairy), apenas quedan para el recuerdo los tres primeros episodios, filmados con gran pulso por Jeremy Saulnier. Luego todo se alarga demasiado, con demasiados giros innecesarios y que casi nunca llevan a ninguna parte, creando un efecto francamente curioso: Por momentos, era más interesante ver las muchas disputas de pareja que la trama principal... Una lástima.
Y vuelvo a preguntar... ¿habrá cuarta temporada?
Saludos.

jueves, 6 de junio de 2019

Un hombre extraordinario



En otras manos, con menos experiencia, con menor intención y precisión, SULLY no habría pasado de un telefilm correcto, en el mejor de los casos. Y Clint Eastwood logra algo francamente complicado, no ya salir airoso del envite, sino asimilar la extraordinaria historia del capitán Chesley Sullenberger y su propia concepción del cine de vieja escuela, que tiene en él su mayor y quizá único exponente. Por asimilar, entiendo la metáfora: Eastwood pone el foco en el factor humano en una situación de emergencia para la que nadie está preparado, pero que en este caso incide en las incontables horas de vuelo de este hombre, cuya inesperada decisión de aterrizar en mitad del río Hudson tras perder los dos motores, desoyendo las indicaciones del control de hacerlo en uno de los dos aeropuertos más cercanos, es inmediatamente puesta en duda y sometida a una severa investigación, probablemente por la gran presión de las compañías aseguradoras, que pensaban que un aterrizaje normal aún era posible. Sully salvó la vida de 155 pasajeros y la de su tripulación, y desde ese mismo día se convirtió en un héroe popular, recibiendo multitud de muestras de admiración, pero aun así pesaba sobre él la duda de quien tuvo un extraño golpe de suerte, sin haber tomado la mejor decisión. SULLY es, finalmente, una crónica sobre la gente honesta, algo sobre lo que Eastwood lleva filmando durante décadas; una honestidad que no siempre será bien entendida, por rara en este mundo tan raro, repleto de apariencias y paliativos. No es, ni de lejos, su mejor película, y de hecho la había estado posponiendo inexplicablemente hasta ahora, pero es reconfortante volver a encontrarse con este viejo caballero, siempre lo ha sido...
Saludos.

miércoles, 5 de junio de 2019

El thriller metafísico



DRAGGED ACROSS CONCRETE es la última propuesta de S. Craig Zahler, uno de los autores más personales y rompedores de los últimos años, y dispuesto a renovar, cuando no reinventar, cualquier género que se le ponga por delante. Lo hizo con el western y el drama carcelario, y ahora entra de lleno en el policíaco, aunque el resultado es tan sumamente intrincado, elusivo y desecado, que el que aquí escribe ve más Bresson que Lumet, Antonioni que Scorsese... Extraño, por momentos tremendamente estimulante, pero la experiencia, que se va (innecesariamente, creo yo) hasta las dos horas y media sobrepasadas, es agotadora, sobre todo en unos interminables diálogos que si aportan algo me lo he perdido, aunque ya digo que la arquitectura propia del guion obliga a un visionado reconcentrado para no perder un solo detalle. No está mal ello, de no ser porque la sensación es que muchos de los momentos supuestamente "reveladores" van convirtiéndose en callejones sin salida, además de que la mayoría de secundarios quedan en anécdotas para que Zahler no deje de lucirse en el verdadero motor y atracción del film: los diálogos entre un Mel Gibson que no cambia de cara y un Vince Vaughn más cercano a sus inicios como comediante. Por tanto ¿una mala película de Zahler? No lo creo, pero sí que el cineasta de Miami parece ser consciente por primera vez de que su cine contiene cosas que otros directores no hacen y que al público le encantan, lo que puede desembocar en cierto ombliguismo, que afortunadamente siempre consigue sortear gracias a esos chispazos y giros de guion que van guiando la historia hacia el terreno de lo inesperado. Aquí en menor medida, pero seguiremos esperando su próxima entrega con expectación entregada.
Saludos.

martes, 4 de junio de 2019

La clase de Lubitsch #19



De FORBBIDEN PARADISE se conserva una copia en un estado regular, que apenas permite apreciar nada más allá del guion escrito por Hanns Kraly y Agnes Christine Johnston, ya que los intertítulos, desaparecidos, fueron sustituidos por unas largas epístolas, en exceso descriptivas. De nuevo se adentra Lubitsch en las intrigas amorosas "de estado", contando el enamoramiento entre una zarina y un oficial, después de que éste la salvara de una muerte segura a manos de unos bolcheviques. Sin especificar nada más, la película carece del sentido del humor de Lubitsch y lo confía todo a la química sexual entre una Pola Negri recién llegada a América y el pétreo Rod LaRocque, que no funciona en absoluto, y apenas encuentra algo de interés en la clase de Adolphe Menjou, un actor que le venía como anillo al dedo al director alemán. Dos décadas después, el propio Lubitsch redondeó este mediano film mediante un remake, sensiblemente superior y que se tituló A ROYAL SCANDAL, aunque ésa será una historia que les contaremos cuando proceda.
Saludos.

lunes, 3 de junio de 2019

En la trastienda del sueño



THE FLORIDA PROJECT fue una de las películas más importantes de 2017, uno de esos títulos que debería haber sido ascendido directamente a clásico instantáneo, pero que muy probablemente se hundirá discretamente hacia el pequeño rincón reservado a cinéfilos curiosos. El film funciona como una monstruosa metáfora del tipo de país en el que se ha convertido Estados Unidos, un inmenso parque temático que sólo es mostrado en su vertiente amable, y que en este caso es nada menos que Disneyworld en Orlando. En cambio, Sean Baker, que ya dejó muestras de su talento para el juego de espejos en la también olvidada TANGERINE, da la vuelta al sueño americano por completo y se centra en un complejo de apartamentos, que quizá albergaba hordas de visitantes, pero ahora es un fantasmal refugio para quienes tienen menos recursos. Así, rodeados de atracciones abandonadas y entre fachadas demasiado chillonas para ser hermosas, transcurre la vida de Moonee (créanme, la actuación de esta chiquilla de seis años es inolvidable), que vive con su madre e imagina que todos esos edificios ruinosos son en realidad ese mundo de fantasía al que nunca ha podido ir, aun teniéndolo tan cerca. Vemos esa realidad, hiriente pero también esperanzadora, esa "nueva" América deprimida y sombría, en la que cualquier cosa sirve para ganar unos dólares y pagar una semana más. Y luego está Willem Dafoe, ese actor maravilloso que nunca dejará de sorprendernos, y que interpreta aquí al encargado de los apartamentos, solventando con infinita paciencia unos problemas que parecen imacabables. Ahí, en esa vigilancia condescendiente, que nunca busca amonestar a quien ya de por sí la vida trata regular, está la gran enseñanza de esta increíble película, donde no veremos más que seres humanos derrotados, un poco de vuelta de todo y siempre como mirando la felicidad desde detrás de un cristal empañado.
Magistral. Sus últimos minutos son de una poesía indescriptible y que sólo se nos ofrece en una pantalla en contadas ocasiones.
Saludos.

domingo, 2 de junio de 2019

Rincón del freak #358: Adelantando al hombre biónico... pero por la derecha



Venga, que ya que estamos enfrascados con lo de los superhéroes y todo eso, no podía dejar pasar la oportunidad de visitar las catacumbas del género, y más concretamente esas que provienen del lejano oriente, un lugar que nunca ha dudado en apropiarse de cualquier cosa y pasárselo por el forro. Esta película de hoy la recordaba de los cines de verano, con doblaje chusquero y los mamporros sonando en eco-dolby de toda la vida. Aquí creo que se tituló INFRAMAN, aunque ahora me entero de que tuvo alguno que otro más, y llegaba de Hong Kong, de la mano de la inefable productora de los Shaw Brothers, a la que animo desde aquí a indagar en su abundante e inenarrable filmografía. Y, bueno, INFRAMAN es una especie de hombre biónico chapucero, al que le han implantado fusibles, porque es 1975 y los microchips aún estaban por llegar definitivamente; una especie de justiciero con mono de vinilo y casco de motorista, pero aspecto más bien insectoide y cuyos superpoderes procedo a enumerar: volteretas y cabriolas varias, aunque el adversario esté a veinte metros; una patada voladora impulsada al revés de como lo harían las leyes de la física; unos rayos pintados con Carioca, de diferentes formas y colores; y por último, aunque no menos importante, una escena rigurosamente repetida hasta la saciedad, en la que nuestro amigo vuela en posición rígida y estiradísima. Y enfrente los malos, hechos de goma, con caretas semejando esqueletos e insectos, y moviendo los brazos en constante desespero, también por razones que se me escapan. La jefa, atención, es una bruja alienígena con aspecto de valkiria china y rubia por añadidura... ¿Qué puede fallar aparte de todo?...
Ah, pero cómo olía aquel adobo en las noches de verano... Eso nunca lo podrán igualar Marvel y DC.
Saludos.

sábado, 1 de junio de 2019

Estamos en lo que estamos



Bueno, en lo que estamos es en plena fiebre superheroica, lo que se traduce en una avalancha de títulos trasladados del cómic a la pantalla, no ya para saciar las necesidades de los adictos a este tipo de historias y personajes, sino directamente para paliar una sequía creativa en la que nadie parece reparar, pero que deja muy a las claras que el talento es un bien escaso en el cine comercial, y desde hace ya bastante tiempo. Dicho esto ¿qué diablos es SHAZAM!? Y es que aquí hay un dilema que pende desde el BATMAN sesentero y yeyé de Adam West. En aquella época, el superhéroe iba destinado al consumo infantil y juvenil, y aún no se habían desatado las hordas de freaks avezados, que empezaron a demandar un cómic más adulto, consciente y de calidad. Esa es la vertiente hacia la que ha ido derivando la fantasía superheroica, por lo que las blanquísimas aventuras de Billy Batson y familia pueden parecer casi una broma o algún tipo de ironía difícil de tragar. Pero no lo es, porque el espíritu original de este personaje, creado en la desaparecida Fawcett y luego asimilado en DC, no es otro que una imaginación desbordante, un gran sentido del humor y una defensa casi exagerada de los valores familiares tradicionales. No hay más, ni tampoco menos, y a mí me encanta que de vez en cuando volvamos a la Arcadia de la niñez, que es nuestro único refugio que merece la pena, por lo que SHAZAM!, sin inventar nada, se disfruta con una medio sonrisa y la sensación de que todo es divertido y por la cara. Y añado más: Si pueden, háganse con algún número de la familia Shazam, seguro que lo entenderán todo mucho mejor...
Saludos.

viernes, 31 de mayo de 2019

... otro preámbulo



CAPTAIN MARVEL tiene un cometido muy claro, el mismo que han ido teniendo la mayoría de películas de la factoría Marvel dedicadas a un solo personaje, y que no es otro que introducir a un nuevo integrante de Los Vengadores. Esto ha ocurrido puntualmente, por lo que los espectadores han conocido a dichos personajes antes de engrosar la franquicia. La diferencia, en este caso, es temporal, ya que los guionistas han decidido presentar a Carol Danvers a mitad de los años noventa, cuando su origen se remonta a finales de los sesenta, además de encontrarla cara a cara con un incipiente Nick Fury, lo que la integra de pleno en el universo oriundo de S.H.I.E.L.D. Sin embargo, el verdadero aliciente lo encontramos en la historia en sí, que supone un cambio radical y muy arriesgado, sobre todo para los buenos aficionados al cómic, y más concretamente para quienes estén familiarizados con la eterna enemistad entre los Kree, raza a la que pertenece la Capitana Marvel, y los Skrull, seres capaces de adoptar cualquier forma. Y aquí debo detenerme, ya que tiraría por tierra todo el elemento sorpresa; tan sólo añado que la película es razonablemente entretenida, muy en la línea Marvel, con un saludable sentido del humor y un casting francamente acertado, comenzando por una Brie Larson a la que el personajes le sienta como anillo al dedo y destacando especialmente al gran Ben Mendelsohn, irreconocible tras kilos de maquillaje, pero que realiza un trabajo portentoso.
Bien, no podríamos esperar otra cosa... Ah, y atención al gatito...
Saludos.

jueves, 30 de mayo de 2019

Atentos al pajarito



A menudo nos quejamos de la cantidad de películas que se hacen y cuya pésima calidad estriba básicamente en tomar por tontos al espectador, dando por sentado que no merece mayores dosis de inteligencia en lo que está viendo, aunque todos sabemos que la mayoría de las veces lo que pasa es que la cosa no da para más. El caso de Jordan Peele es inversamente proporcional a todo esto, quizá crea, no sin cierta ingenuidad, que el público, por norma general, es inteligentísimo por defecto. En US, su último trabajo, hay un cierto gusto continuista por lo que se quedó en su anterior trabajo, GET OUT, aunque el artefacto varía arquitectónicamente, con una primera parte excesivamente opaca, y que luego se desinfla por tener que tirar de una sobreexplicación que le quita parte de esa inteligencia exponencial de los primeros treinta minutos. Peele desvela sus cartas muy pronto, pero ello no resta esa extrañeza "wtf" que consigue su verdadero propósito, que siempre queramos saber más. Más que film de terror, US es ciencia ficción de la vieja escuela, filiada con las grandes conspiranoias los relatos de corte apocalíptico. Ahora bien, la película admite una seguna lectura, implícita en la pulpa de lo que vemos, y que se presta a la analogía de esos siniestros doppelgängers, quizá no más que una versión descarnada de una sociedad feliz en la insensibilidad de su obesidad emocional, perfrctamente resumida en la breve pero fundamental aparición de la pareja blanca, interpretada por Elisabeth Moss y Tim Heidecker, que ya de por sí son todo un contrapunto a unos apacibles Lupita Nyong'o y Winston Duke. Hay mucha información encriptada aquí, una especie de gran aviso o temible advertencia, lo que eleva a US sobre producciones de corte similar, pero desconozco si toda la gente que ha ido a verla ha vislumbrado lo que había tras la máscara...
Saludos.

miércoles, 29 de mayo de 2019

El gran formalista



DE PALMA surge a partir de las conversaciones que los cineastas Noah Baumbach y Jake Paltrow mantuvieron durante varias sesiones con el afamado director Brian De Palma. Ni más ni menos que un exhaustivo, descarnado y nada autocomplaciente repaso a una filmografía que se inició a principios de los sesenta con una serie de trabajos caseros que alejaron a De Palma definitivamente de sus estudios de ciencia, infectado por el virus de tomar una cámara y rodar compulsivamente. En estas mismas páginas he declarado a menudo lo chirriante de mi relación con el realizador de obras como CARRIE, VESTIDA PARA MATAR o LOS INTOCABLES, en parte redimida por sus excelentes últimos trabajos, puede que tardíamente despojado del yugo de los grandes estudios, a los que él mismo se refiere constantemente, aunque sin ocultar su gran obsesión (aparte de reencarnarse en Hitchcock, claro): tener un súper éxito de taquilla. Sin embargo, De Palma se revela como un locuaz, agudo y afable conversador sobre sí mismo, una especie de viejo acólito que ha visto de todo y todo lo ha probado, al menos como para no cortarse un pelo sobre las incongruencias, desfachateces y fangales de la Industria, a la que parece mirar siempre de reojo y con una sonrisilla que lo dice todo. El documento es estupendo para introducirse por primera vez en la filmografía de este irregular, controvertido y excesivo director, pero también es cierto que aporta muy poco a quienes ya conozcan el grueso de su obra, excepto por algunos secretillos de rodaje que parece incapaz de guardarse a estas alturas. Ahora bien, sin molestarme por quién ha sido el montador del documental, debo rematar señalando un montaje desastroso, como si las conversaciones hubiesen dado para el doble de material y, justo al llegar a sus dos últimos y magistrales trabajos, pasa por ellos de puntillas, lo que me produjo un inexplicable sentimiento de estupefacción. De todas formas, es un buen documental mientras le queda tiempo...
Saludos.

martes, 28 de mayo de 2019

La clase de Lubitsch #18



THE MARRIAGE CIRCLE, de 1924, muestra a un Lubitsch completamente desatado, sin imposiciones contractuales más allá de las típicas de cualquier director de la época, y posiblemente en el primer título "americano" que con más claridad apostaba por la sutilidad de su toque. Personajes desenfadados, aunque no exentos de una doble moral, sofisticadas conductas en cuanto a lo romántico y sexual, y un sentido del humor que siempre guarda un reverso amargo y algo triste. El guion de Paul Bern, basado en la obra original de Lothar Schmidt, se ambientaba en Viena, donde es presentado en primera instancia el matrimonio Stock, que se soporta a duras penas. El Dr. Stock sueña con desembarazarse de su esposa Mizzi, de ideas "disolutas", aunque instalada en el confort de una vida acomodada. Por otro lado, los Braun, que se han casado hace poco, son jóvenes y razonablemente felices. Ambas parejas son afines por la amistad de las dos mujeres, pero Mizzi se empeña en seducir al Dr. Braun, lo que desencadena una bola de nieve que no cesa de crecer e involucra a varios personajes casi sin proponérselo. Todo esto sirve a Lubitsch para montar una comedia de enredo, sí, pero también trazar un fino intersecto tremendamente corrosivo, en el que las parejas más respetables apenas son capaces de convivir por puro interés, mientras dan rienda suelta a sus bajos instintos de manera paralela. Un título mayor de la etapa muda de Lubitsch, de tremendo éxito, y que tuvo un remake ya en sonoro titulado ONE HOUR WITH YOU.
Saludos.

lunes, 27 de mayo de 2019

Una de ojeras



NO DORMIRÁS es una de esas coproducciones que tanto se han puesto de moda en los últimos años entre España y Latinoamérica, en este caso Uruguay. Se trata de una película que se interna por los vericuetos del terror psicológico, intentando establecer un marco muy reconocible para terminar justificando los interminables (en realidad asfixiantes) giros de guion, que, aunque sólo sea por acumulación, acaban por llevarnos a un decepcionante punto de partida. Y es que, como ocurriese en LA CASA MUDA, Gustavo Hernández juega la carta del engaño de las apariencias, hacernos creer que vamos viendo algo para acabar en un paroxismo que pretende ser el culmen de la originalidad, pero que suena a ya visto, y por supuesto mejor. Y otra cosa que llama la atención es la excusa de guion que desencadena el argumento: Belén Rueda interpreta a una excéntrica directora de teatro que lleva a cabo un experimento extremista, que consiste en  extraer toda la verdad interpretativa de sus actores sometiéndolos a un insomnio que se prolonga hasta más de cien horas. Como premisa no está mal, pero he visto a actores más naturales que duermen bien...
Saludos.

domingo, 26 de mayo de 2019

Rincón del freak #357: Cuando arremetes contra los profesionales del guion, te sacas un huevo, escribes tú uno y resulta ser una mierda pinchada en un palo



Hay que tener sumo cuidado cuando vas de friki enciclopédico, porque quizá lo único que tienes para ofrecer son montañas de datos que se desmenuzarán por su propia obligación impositiva. La excusa de hoy viene dada por una interesante entrevista a Hernán Migoya en Jot Down que leí hace poco, y donde me enteré de que este erudito de la contracultura (fundamentalmente del cómic) escribió un como guion hará una década junto a José Gamo, Alejandro Hernández y el ex de la Fura dels Baus Isidro Ortiz, que también dirigía. La cosa atendía al nombre de ESKALOFRÍO (sí, con K) y venía a abundar en lo del terror rural, aquí mezclado con la insalvable historia de un chaval con alergia a la luz, lo que indica de primeras una similitud con lo vampírico que luego se ve que no iba por ahí la cosa, pero en fin. La película es un despropósito porque todo lo ha hecho alguien antes, y mejor; porque los actores necesitan 3 en 1 y porque el guion (ay, amigo) es de una infantilidad que asusta comprobar que ha sido hecho por adultos. No ahondaré en nada más... Bueno sí, que es de traca: el protagonista, como dije, tiene alergia a la luz, por o que sólo sale de noche. Se mudan a un pueblo, no sé por qué, porque en los pueblos, lo creáis o no, también es de día. Así que hay escenas de día con el chaval campando por ahí sin ningún problema... Olé los guionistas güenos. El caso es que Migoya, que es un tipo al que siempre he tenido un particular aprecio por su irreverencia ultradocumentada, disparaba en aquella entrevista (como siempre ha hecho) contra todo lo que oliese a convencional. Desconozco el porcentaje de su aportación a un guion escrito a cuatro manos, así como si finalmente T5 descuajaringó el proyecto con tal de hacerlo comercial, pero cuesta trabajo imaginar al responsable de El Víbora conforme con lo que no pasa de titulito pedestre y adocenado. Una película que sólo vieron unos cuantos y no recuerda prácticamente nadie...
Saludos.

sábado, 25 de mayo de 2019

Como pez fuera del agua



Mientras le aguantan la falta de prejuicios, la inventiva visual y los deslumbrantes montajes musicales, THE LURE es una maravillosa rareza proveniente del frío y que ya están tardando en adaptar/dulcificar en Hollywood, cosa que no me preocupa en absoluto. La premisa es el descubrimiento de dos enigmáticas y bellas sirenas por parte de un trío musical que actúa cada noche en un local. Las sirenas son incorporadas inmediatamente a su repertorio, pero su naturaleza salvaje las hace incontrolables y, en un momento dado, letales. Esta es la propuesta de la directora Agnieszka Smoczynska, un espectacular videoclip en su primera mitad, con una cámara que no para de moverse entre números musicales increíbles (esas adaptaciones de clásicos...) y unos diálogos que a mí me recordaban al primer Godard, por su frescura e irreverencia. Luego, es verdad, la película se toma algo más en serio, incorpora una absurda excusa sentimental y se torna previsiblemente aburrida. Aun así, tiene algunos momentos francamente gozosos y demuestra que no todo está dicho en el género fantástico y que la interterritorialidad ha dejado de ser un exotismo propio de festivales.
Muy muy curiosa.
Saludos.

viernes, 24 de mayo de 2019

Bifrontismo



Hacía tiempo que no veía nada de Shinya Tsukamoto, mucho tiempo, para ser exactos. No me entusiasma el cine turbio, estridente y desubicado del japonés, quizá porque veo una intención que no termino de comprender, o porque veo una forma de narrar que epata y sorprende en sus primeros minutos, pero que luego se hace largo, imposible de remontar. Uno de sus títulos recientes (aunque es de 2011) fue KOTOKO, asfixiante retrato de una personalidad bipolar, una mujer incapaz de distinguir la realidad de la visión, deformada y amenazante, que constantemente le lanza su maltrecha mente. Interpretada con convicción por la cantante Cocco, a Tsukamoto le pueden sus obsesiones y resbaladeras, y no le basta con torpedear una y otra vez con primeros planos del rostro de la protagonista o mostrar cómo se lacera físicamente para mitigar el sufrimiento psíquico, sino que además (oh casualidad) resulta que sólo consigue cierto balance mediante una serie de canciones, que no es que esté mal traído, pero que en alguna escena roza lo paródico por lo alargado del tema. Una película difícil de ver, de ubicar y hasta de apreciar, pero que, fíjense, ni siquiera es de lo más bizarro de su autor. Ahora, que rueda lo que le da la gana con cuatro perras, pues también...
Saludos.

jueves, 23 de mayo de 2019

El barco del amor



Es difícil hablar de una película como FIDELIO, L'ODYSSÉE D'ALICE sin tener que sortear ciertas cuestiones formales, y al mismo tiempo no caer en ridiculeces de la corrección política de estos días. Lo digo porque el debut en la dirección de Lucie Borleteau es un compendio de folleteos y exhibiciones por parte de la actriz Ariane Labed, que sin embargo consigue transmitir las muchas contradicciones de su personaje, una ingeniera que es llamada para sustituir a un hombre muerto en extrañas circunstancias. Quizá sea lo que nos choque que se trate de una mujer joven y atractiva que toma sus propias decisiones y dispone de una libertad sexual normalmente atribuida a los hombres. Su periplo en el Fidelio le hace encontrarse con el comandante, con quien tuvo una apasionada relación años atrás, mientras su pareja, un dibujante noruego, se pone en contacto con ella a distancia, sin sospechar que las noches de Alice vuelven a estar ocupadas. Lo mejor del film, sin embargo, es esa indecisión formal, que la aleja de un género reconocible, y la incluye en una especie de cuaderno de bitácora romántico-sexual de Alice, incapaz de ser fiel, pero también de atribuirse una conducta inadecuada. Ello hace que su personaje sea de todo menos plano, pero el resto de lo que se cuenta, incluida la aburrida semiinvestigación acerca del fallecimiento del ingeniero, impide que el nivel general pase de un aceptable y aséptico viajecito a bordo de un carguero donde el alivio a la soledad llega del lugar y la persona más inesperados.
Normal, se ve y ya está.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!