jueves, 29 de enero de 2015

Libre en otra cárcel



Hay algo grande en THE IMMIGRANT, y, por añadidura, en la manera de hacer cine de James Gray... pero me temo que no va a trascender más allá de su magnífico dominio de las distancias cortas; donde otros cineastas menos dotados huyen hacia catalépticos parajes de dudosa poesía visual, Gray no rehúye la inermidad a la que somete a sus demasiado humanos personajes. Se me ocurre que, aunque aquí lo parezca, no llegará a la complejidad del Leone que estamos pensando, pero que tampoco le hace falta; su retrato es el de la desorientación y nunca la afirmación satisfecha, y el fascinante tríptico que delicadamente introduce, sin que unos solapen a otros, responde tanto a la melancolía chapliniana como a un tumultuoso (aunque frenado) Scorsese "enamorado". Así, Ewa, la acongojada inmigrante polaca que pierde a su hermana justo antes de que le anuncien su deportación por no estar casada, pasa de víctima del sistema a verdugo involuntario; Bruno, un destartalado e inestable chuloputas, quiere pasar por una especie de cazatalentos, pero apenas puede usar el suyo, escaso, para ayudar cruelmente a la joven, de la que está perdidamente enamorado; por su parte, Orlando, el mago, escapista, vendría a encarnar esa libertad que no parece existir en una lúgubre isla de Ellis, no tan diferente del país relatado angustiosamente por la joven, incapaz de decidir si condenarse al esperar a su hermana o huir egoístamente y dejar atrás su nueva esclavitud. Gray lo filma todo con una pesadumbre que no es liviana, pero tampoco plomiza; sus personajes se mueven con dificultad, deben sortear obstáculos constantemente, engañar para sobrevivir, y es justo cuando parece asomar algo parecido a la esperanza, el momento para asestar un golpe fatídico y sin que podamos atisbar a quién le tocará la peor parte.
Y, claro, no se pierdan a Joaquin Phoenix...
Saludos.

martes, 27 de enero de 2015

Alpiste



Una de las cosas que más me fastidian de este blog es la dificultad, maniatado como me encuentro, de encontrar la forma de hablar de éste o aquél tema, saliéndome de lo estrictamente cinematográfico y sorteando además la concisión espartana que ya es seña de identidad del mismo. Cárcel o ejercicio, confieso que según qué cosa puede serme imposible saltármela, como así ha sido con las últimas y significativas elecciones griegas. Sin meterme mucho en harina, qué verdad es que el país heleno, cuna de la civilización occidental (y qué poca importancia le damos a ello), ha llegado prácticamente a un punto límite, y que sus ciudadanos (bella y denostada palabra) han hablado mediante las urnas, que es la mejor forma de hacerse oír. Aquí hemos dado cuenta de este "nuevo cine griego", rabioso, extraño y hermético, que parece construir involuntariamente un grito sordo contra la asfixia (económica, pero también moral) que sufren a manos de los guardianes de la solvencia primermundista. Sin embargo, el ejemplo más extraordinario de dicha secuencia lo he encontrado recientemente en un film que no pude ver en su momento en el SEFF y que obtuvo el Giraldillo de Plata y el premio (absolutamente merecido) a su protagonista. TO AGORI TROEI TO FAGITO TOU POULIOU (CHICO COMIÉNDOSE LA COMIDA DEL PÁJARO) no es sólo la desesperada (y desesperanzadora) desventura de un ser humano en una situación límite (el título es literal), porque siempre habrá quien le ponga alguna pega a "ese escuchimizado holgazán, que prefiere robar comida a ganársela". Porque en realidad, lo que Ektoras Lygizos nos pone frente a nuestras narices (quizá demasiado grandes para ver con claridad) es un síntoma de hartazgo, el de la dignidad frente a la arrogancia, pero por supuesto el de una sociedad que ha llegado a un límite al que nosotros, por ejemplo, parece que no vislumbramos nunca, paisanos de tragaderas infinitas. Ningún holgazán puso a ningún país en situación de bancarrota, ni ningún tecnócrata se conformará jamás con un poco de alpiste.
La película, impresionante, pero no apta para todos los paladares. Un consejo: intenten ver un poco más allá de lo meramente escabroso; la intención es otra.
Saludos.

lunes, 26 de enero de 2015

D. W.: El padre del cine



De 1909 (larga lista la que espera) se desprende un incompleto metraje titulado CONFIDENCE y que en un par de planos despacha la redención express de una huérfana que pasa de estafadora en las cartas (otro tema recurrente de Griffith) a enfermera que, cómo no, acabará en los brazos de un joven médico, aunque su pasado no dejará de atormentarla (esto, muy de Hollywood) y su antiguo compinche la buscará con fines francamente deshonestos. Una pequeñez sin más.




Más interesante es PIPPA PASSES; OR, THE SONG OF CONSCIENCE, adaptación del poema homónimo de Robert Browning acerca de una dulce e inocente muchacha capaz de contagiar su buen rollo a todas aquellas almas confusas y atormentadas ¿Cómo?... Pues cantando guitarra en mano, mientras pasea por las calles así de bucólica y amelifluada. Cuento moral y adoctrinador, también es una de las primeras apariciones registradas en pantalla de la legendaria Mary Pickford.




También medio debutaba "la novia de América" en THE LIGHT THAT CAME, un muy elaborado relato que nos venía a recordar aquello de que el amor es ciego, y para ello se servía de una muchacha poco agraciada (supongo que por lo flacucha) que se enamora de un violinista ciego. La aparición de un médico y un novedoso remedio que devolverá la vista al susodicho, en lugar de ser motivo de alegría, caerá como una losa sobre la enamorada, quien no confía en que el músico, una vez recobrada la visión, la rechace por su aspecto físico.




Y para terminar por hoy, otro típico ejercicio de estilo (tiempo+acción+reacción=suspense dramático). THE CORD OF LIFE pone en escena dos actos paralelos; por una parte la venganza de un tipo con muy malas pulgas contra su primo, que se niega a concederle una suma de dinero, y finalmente el arrepentmiento y confesión de su terrible acto, puesto que ha dejado a su hijo pequeño colgando de una ventana por una cuerda. La escena final es simple y efectiva: la mujer entra en la habitación y duda si abrir la ventana...

Y... Saludos.

domingo, 25 de enero de 2015

Rincón del freak #183: No busquen al mono, el mono no está



No sé por qué andamos tan preocupados con lo de la Alianza de Civilizaciones, la verdad. La respuesta la tienen ustedes en JINN, una bonita película acerca de un árabe que se junta con un judío y un cristiano para derrotar al malo... pero al malo de verdad: el genio de la lámpara. Bueno, está claro que para acabar con el terrorismo y otras malas hostias nada mejor que buscarse un enemigo común, aunque sea de mentira. En este cúmulo de despropósitos, el árabe es el héroe chulo, que diseña coches deportivos, vive en una mansión y tiene una novia... digamos que poco árabe. El judío es karateka ¿? y tiene el careto de Ray Park... el que hizo de Darth Maul. Mientras, el cristiano sale peor paradillo, porque no es más que un cura echando sermones, y no pega hostias ni nada, pero al final de la película se saca del bolsillo un pin que lo cambia todo, que no me digan que no es bonito ni aparente... En fin, que lo de menos es el mono... el malo... el genio... o lo que sea que van a combatir estos tres tipos para que al fin los seres humanos podamos vivir en paz y de la mano...
Saludos.

sábado, 24 de enero de 2015

La estampa y el movimiento



Yo ya conocía a Rob Zombie desde hace bastante tiempo por su banda, White Zombie, que era más un tumulto de referencias y tributos por parte de un rendido iconoclasta, que una banda de rock al uso. Aquella fórmula tenía poca vida, así que Zombie se recicló en director de cine, actividad que le ha ampliado el campo de acción considerablemente y le ha revelado como un cineasta solvente teniendo en cuenta la temática que inunda sus películas. No había visto nada suyo anteriormente, y confieso que recelaba y no tenía muchas ganas, hasta que el otro día me puse con THE LORDS OF SALEM. Se trata de una película atípica, anticlimática, distanciada de lo que se suele hacer en Hollywood en materia de horror, y casi diría que ni siquiera es una película de horror, sino un cúmulo de obsesiones estéticas que bebe de muchas fuentes, pero cuyo verdadero referente no es otro que Alejandro Jodorowsky. Claro, el impedimento de Zombie es (hasta que se libere de estas ataduras, que por otra parte tanto le han ayudado) instalar una cierta sensación de terror en un puñado de imágenes que buscan el impacto sensorial más que la lógica narrativa; ahí, el chileno era un maestro, y apenas se preocupaba por el hilo conductor, pues su prosa era precisamente el asalto a nuestros sentidos, su provocación. Desgraciadamente, teniendo en cuenta que Jodorowsky ya venía de empaparse, sobre todo, al primer Buñuel, convengamos en que el experimento a Zombie le viene grande; hay una gran distancia cualitativa entre los momentos "convencionales" y los "alucinados", y casi prefiero estos últimos, ya que los primeros imprimen poca emoción al conjunto y terminan siendo tediosos. Por explicarla brevemente, me parece que es una celebración de lo pagano frente a lo institucional, una lucha por lo atávico en un mundo hiperindustrializado... Ya, vale, es cool, tío. Ahora sólo nos queda creernos a Sheri Moon en todo ello...
Saludos.

viernes, 23 de enero de 2015

Un chico bien educado



A menudo un director que empieza en esto de hacer películas se encuentra con una disyuntiva difícil de resolver. El dilema está entre seguir el legado de quienes más le hicieron disfrutar como espectador o imponer un camino que, al menos para él y su concepción del cine, sea novedoso. Artesano o autor; ortodoxia o experimentación. El primero teme que le llamen diletante, el segundo no contempla esa posibilidad excepto en su propio beneficio, está demasiado seguro de su camino para preocuparse del juicio de los demás. Si a COLD IN JULY le quitásemos la forma, seguramente se quedaría sin fondo; es una historia que hemos visto cientos de veces, y cada vez la vemos más; es la justicia inesperada, el antihéroe desubicado y los villanos atípicos con los que jugar al equívoco. Pero también la han enclavado en 1989, y no es casual. Primero porque así chirría menos su estética, que invoca a partes iguales a ilustres como Carpenter, Hill, Frankenheimer... Después porque le da un respiro a sus guionistas, y les permite centrarse en la construcción de personajes y no en la justificación de tal o cual elemento (cuanto daño le ha hecho la tecnología al cine negro). Sin embargo, hay algo que no me termina de convencer: el porqué. No sé por qué los personajes hacen lo que hacen; no sé por qué el giro del personaje de Sam Shepard (de muy lejos lo mejor de toda la función); no sé por qué el protagonista se va alegremente a pegar tiros, cuando no lo ha hecho nunca; no sé de dónde sale el personaje de Don Johnson, excepto como otra invocación del pasado; y además no sé por qué se siguen coreografiando tan mal las escenas tipo "Entramos a saco a por los malos, porque van a salir de uno en uno y ordenadamente, lo que nos da la posibilidad de ir eliminándolos poco a poco". Sí, exactamente, como en un videojuego, pero de los años ochenta.
Si les va esta inesperada fiebre del revival ochentero, es su película, pero si buscan la quintaesencia de la originalidad, puede que les decepcione. Pero está entretenida... y sale Vinessa Shaw, claro...
Saludos.

jueves, 22 de enero de 2015

Un juicio justo



James Franco se quedará por el camino... o triunfará. El actor, desde hace algún tiempo metido a director, está buscando en la literatura americana más estimulante glosar una especie de estética propia que le permita tanto poner imágenes a obras aparentemente inadaptables, como encontrar un camino autoral al margen de la industria. Esto sólo puede salir muy bien o muy mal, y dependerá de la habilidad de Franco para intuir qué debe ser puesto en imágenes y qué no. En CHILD OF GOD, por ejemplo, la obra de Cormac McCarthy es un bálsamo que actúa sobre cualquier tendenciosa tentación de "barroquismo naturalista". Quien le haya leído, sabe de su prosa al mismo tiempo fluida y sincopada, desnuda y descriptiva. Pero es literatura, y en el cine es más complicado sugerir, porque todo está (aparentemente) más expuesto. CHILD OF GOD contiene tres partes bien diferenciadas: el brutal encontronazo con Lester Ballard; la brutal peripecia del propio Ballard, una vez ha sido rechazado por la gente (así, en general); y, por último, la brutal caza a la que es sometido como un animal. Si Lester Ballard es un hombre o un animal depende de quién le juzgue; en todo caso, no parece que pueda haber un juicio justo sobre un ser que elige la soledad absoluta como único consuelo a la imposibilidad de ser socialmente aceptado. Ahí la película cobra fuerza, porque no juzga a Ballard, tan sólo lo expone ante nuestros ojos domesticados y sociales; y podría haber sido así todo el tiempo, pero Franco no es un director con tablas ni oficio, y su discurso peca de coherente, por increíble que parezca. CHILD OF GOD es un muy buen film que casi nadie va a comprender, porque sus formas no son las esperadas; no es ni un thriller, ni un relato de terror, ni una denuncia, aunque todo esto esté contenido en sus poderosas imágenes, a mayor gloria de un Scott Haze al que habrá que seguir la pista de aquí en adelante. En todo caso, queda tatuado en nuestra memoria reciente como una adaptación valiente y terriblemente emocional; cine vibrante y que descubre a un cineasta que, aún por pulir, sabe qué íntimas cuerdas pulsar en su discurso.
Muy recomendable.
Saludos.

miércoles, 21 de enero de 2015

El cielo que vemos



En el cielo que se levanta sobre nuestras cabezas, el infinito es más bello, el espacio más apacible, hay sitio para las nubes y el viento sostiene a los seres que vuelan y que nos observan a nosotros desde las alturas. Un hombre que sea capaz de abstraer el espacio y convertirlo en una superficie tangible puede aspirar a elevar a su especie a un estrato superior, más puro y ético. Lo que ensaya Hayao Miyazaki en KAZE TACHINU se desmarca de toda su obra anterior desde la perspectiva del combate filosófico entre hombre y máquina, y la búsqueda del primero de que la segunda le otorgue el don deificado del impulso aespacial. La complejidad de su discurso es a veces enmascarado por la belleza de sus imágenes, y no es justo dejar de indagar donde realmente radica el ethos del autor japonés, superado ya su magisterio que viene durando cuarenta años. Como ingeniero, desoye cánticos de sirena y afila su dominio del tema aeroespacial, mostrando el que probablemente sea el deespliegue más apabullante de artefactos voladores que su cinematografía haya mostrado jamás. Como cineasta, Miyazaki nunca se olvida del verdadero motor de sus historias: los hombres. Qué los motiva y qué les lleva a destruirse mutuamente; de dónde nace la solidaridad y el odio; cómo podemos entender a quien no piensa como nosotros y la constancia de sus héroes de carne y hueso (y esta vez con un componente autobiográfico más que evidente). Todo ello hace de EL VIENTO SE LEVANTA una obra maestra intemporal e incomparable, algo que quedará para siempre y para nuestros hijos como un camino moral, ético y estético. Si es su obra póstuma, ustedes no saben cómo lo lamenta el que esto escribe, que pocas veces se ha sentido más elevado y reconfortado en ese fresco contemporáneo que ya es el legado de Hayao Miyazaki.
Maravillosa.
Saludos.

martes, 20 de enero de 2015

El sentido oculto



Este año he decidido, habida cuenta del poco interés que de momento me suscita, dispersar ligeramente el habitual repaso a los oscar ¿Por qué? Porque es agotador y monótono aglutinar una serie de películas según el criterio de otros que, por añadidura, son tan diferentes a nuestra manera de ver y pensar el cine. Una de las sorpresas, no tan positivas, de este año ha sido el ninguneo a GONE GIRL. Y yo que pensaba que David Fincher había recuperado su olfato de gran narrador, el mismo que le hizo firmar la que podría ser considerada como su única verdadera obra maestra, que no es otra que ZODIAC, con la que ésta guarda no pocas similitudes y comparte algunos interesantes hallazgos. (Todo lo que viene ahora se ve condicionado por la imposibilidad de desvelar multitud de detalles)
GONE GIRL empieza como una película, se desarrolla como lo haría otra y termina revelándonos otra más y aún muy diferente; una polifonía endiablada y difícil de ubicar en el cine americano reciente, apegado a la solidez del relato único y del que Fincher parece querer huir en cada nuevo trabajo, y esta vez le ha salido cara. Al igual que en ZODIAC, este trasvase de incoados y sincopantes actúa a modo de revelación o desenmascaramiento; menos, insisto, en la adaptación de la novela de Gillian Flynn, porque el misterio es menor, y lo que de verdad importa es llegar a comprender por qué los personajes hacen lo que hacen (o mejor, se hacen lo que se hacen). Así, llegados a un punto crucial, y más allá de las dos horas, la película da un curioso vuelco del thriller negro clásico a un terror psicológico sofisticado y advenedizamente amenazante. Buena culpa de ello la tiene el soberbio binomio formado por Ben Affleck y Rosamund Pike, un gran acierto de casting y, indiscutiblemente, la razón por la que este diabólico entramado de desapariciones y engaños pasa en un suspiro y deja al espectador con ganas de más, porque está muy bien contado. De ahí que no sé qué ha pasado con Fincher este año, porque ésta sí es buena.
Saludos.

lunes, 19 de enero de 2015

D. W.: El padre del cine #3



FATHER GETS IN THE GAME es un curioso ensayo de comedia desnaturalizada, en la que un viejo achacoso (el genial Mack Sennett) es sometido a un tremebundo tratamiento rejuvenecedor, tras el que demostrará a su familia que "aún está en el juego", y, ni corto ni perezoso, rememorará sus años de conquistador avasallando a cuanta dama se le ponga por delante. El resultado es exagerado y bastante bizarro, pero puede incluso arrancar una carcajada viendo a Sennett gesticulando como lo que intenta ser, un "jovenzuelo" que se mueve como un anciano.




Igual de delirante es BETRAYED BY A HANDPRINT, en la que aparece otra de las obsesiones de Griffith: el castigo a la ludopatía. Aquí, una señora (Florence Lawrence) se arruina jugando a las cartas y luego maquina un plan para robar las joyas de la dueña del hotel donde se hospeda. El recurso por el que es cazada in fraganti es bastante descabellado, pero yo he visto películas recientes capaces de justificar lo injustificable, así que...




Por el contrario, A CALAMITOUS ELOPEMENT tiene un desarrollo bastante plano y parece una simple burla del eterno desencuentro entre Romeos y Julietas. Con un balcón (bastante floreado, por cierto) y una escalera, de nuevo se nos previene de la inconveniencia de los amores extraoficiales; así, lo que sirve a un amante para acceder a su amada cautiva, es aprovechado por un caco para indagar acerca de la propiedad ajena. No tan elaborado como otros cortos de similar temática.




Y, finalmente, AT THE ALTAR, ya de 1909, sí parece proponer un salto cualitativo de mayor complejidad. No sólo por presentar la figura del malhechor de forma independiente al atentado que va a perpetrar en la boda de la mujer que tiempo atrás lo rechazó, sino mucho más por ese primerizo asomo del montaje paralelo, que invoca un creciente estado de inquietud y suspense, puesto que a medida que los novios se acercan al altar, que alberga un fatídico artefacto, el policía que lo ha descubierto corre a salvarlos, pero no sin dificultad para llegar a tiempo... ¡Puro Hitchcock!...

Y... Saludos.

miércoles, 14 de enero de 2015

La bola navideña



El otro día me di cuenta de que se me había quedado SUCKER PUNCH entre el a veces no deseado maremágnum de títulos que una vez quise ver, pero se quedaron en el camino demasiado tiempo. Me la esperaba peor, pero no es buena; la empecé a ver sin expectación pero ésta fue creciendo (moderádamente, es cierto) a medida que me despojé de algunos prejuicios y me dediqué a disfrutar de un espectáculo visual. Eso es todo lo salvable, sin embargo, en una producción medrosamente calculada para no explayarse en lo conceptual, que es la posibilidad de indagar en mundos paralelos e interiores, y sí en lo fetichista, toda vez que el cine nipón ha abierto una veda no siempre entendida en toda su amplitud e intención. No me parece tan mala porque Snyder consigue su principal propósito: mojar nuestros sentidos en un cucharón de lisérgico andamiaje. Lo que sí me irrita profundamente (y lo dije hace mucho a propósito de 300, que es mucho más despreciable) es ese aspecto de "bola navideña" que no parece importar mucho a la crítica. Una "bola navideña" es aquélla que agitamos para que el paisaje que contiene se nieve durante unos segundos... y así ad infinitum. Si uno encuentra un deleite inagotable en la repetición sistemática de un entorno estándar, entonces SUCKER PUNCH enarbola una especie de sublimación, posiblemente involuntaria, del blockbuster adulto con apariencia juvenílica; si no, mejor ni la vean, porque una muchachita vestida de escolar japonesa y decapitando infografías a ritmo de Björk puede ser peor que una revista satírica para un asesino fundamentalista... Así está la cosa...
Saludos.

martes, 13 de enero de 2015

No tan malvados



MALEFICENT es como unas croquetas de carrillada: se supone que estaba mejor en su estado original, pero una modificación no siempre ha de ser negativa. Hecha esta espantosa comparativa (por la parte que me toca, porque las croquetas están deliciosas), me gustaría hablar de esta película como una buena película de entretenimiento, que teniendo en cuenta que es lo que pretende no está nada mal. MALEFICENT es menos pomposa que cualquier subproducto inspirado en Tolkien, aunque su estética nos recuerde sospechosamente a estas películas, tan de moda últimamente; en lugar de ello, la Disney recupera acertadamente su cuota de ingenio y nos recuerda que su factoría fue la primera en acometer los cuentos clásicos, adaptándolos a una visión, si se quiere, más amable y reconfortante. Quizá su premisa argumental no sea tan importante (ni tan original) como su posterior desarrollo, y aunque creo que el desenlace tiene un par de errores de bulto (sobre todo cuando se ha llegado a una draconiana vuelta de tuerca), el espectáculo y el entretenimiento están asegurados. Y luego está Angelina Jolie. Dueña absoluta del film, se reivindica como una extraña mezcla de femme fatale y ángel caído, un personaje complejo y oscuro que debería ser sometido a un examen más profundo que el proporcionado por la Disney. Al menos, el film aborda la posibilidad de que todos tenemos nuestros matices, fortalezas y debilidades, y que los personajes de una sola pieza están obsoletos en una sociedad en la que cualquier rol puede ser modificado y alterado, incluso el de la bruja del cuento...
Yo dejaría a un lado mis prejuicios y la vería con el único afán de disfrutar como un niño...
Saludos.

lunes, 12 de enero de 2015

D. W.: El padre del cine #2



ROMANCE OF A JEWESS es un simpático cruce entre la comedia física y la preocupación por los valores transmitidos de padres a hijos. Con una familia judía como elemento principal, Griffith muestra a través del espacio de una tienda cómo el apacible funcionamiento de la misma se verá alterado a causa de un amor, el de la hija, que trae de cabeza a sus padres. No es un corto especialmente significativo, pero sí curioso y ameno, además de una buena oportunidad de ver a Florence Lawrence en el papel que mejor le fue siempre, el de muchacha enamorada...





Mucho más interesante, MONEY MAD es todo un cuento moral, muy en la línea del ideal dickensiano y que en el espacio único de una cabaña muestra alternativamente a un usurero (aunque es definido, sin más, como avaro) que festeja la sola posesión material del dinero, dos asaltantes que le roban y matan, y que caerán víctimas de su propia avaricia, y, finalmente, una vieja que por casualidad se encuentra con el botín, ya que los ladrones se han abatido el uno al otro, aunque su final no será el esperado...





Sin embargo, AN AWFUL MOMENT es un auténtico despropósito, de fondo y de forma. Concebida como otra de las "denuncias", tan de Griffith, dedicadas a "otras razas", intenta exponer otro instante de suspense narrativo, pero tan torpemente que es imposible saber qué era lo que querría contar en realidad. Otra gitana vengativa, esta vez contra el juez (payo, supongo...) que ha encarcelado a su marido, y cuya venganza podríamos acometer como un remoto precedente de la saga SAW... ¡!... Si quieren que el gesto les cambie durante menos de diez minutos en más de cien ocasiones, entonces pueden verla, pero es un poco ridícula a mi entender.




En BALKED AT THE ALTAR, sin embargo, Griffith explota su vena más desenfadada con acierto y seguro que le dejó un buen legado a Chaplin, Laurel & Hardy y compañía, puesto que este corto parte del mal trago de un novio que intenta escaparse de una boda que no le convence y el posterior y estrafalario correcalles, una persecución multitudinaria y que luego se ha usado como recurso tantas veces en el cine. La guinda es la inesperada resolución, puesto que cuando parece que el novio está resignado a su suerte es la novia la que decide renunciar... Muy divertida.

Y... saludos.

domingo, 11 de enero de 2015

Rincón del freak #182: El diablo te lo saco yo a leches, muchacho...



A ver. Si somos justos y vamos a lo que vamos, yo diría que DELIVER US FROM EVIL es una película de terror un poco rutinaria pero más o menos entretenida; con sus sustos de rigor, sus escenitas de cuarto infantil "a lo James Wan", su calculada hemoglobina y alguna reflexión de manual sobre el bien y el mal al estilo "George Bush", sin muchos comecocos. Y respecto a esto, lo que más me ha llamado la atención es esa especie de confianza ciega en que un poli cachas, expeditivo y contundente, es la mejor opción para luchar contra El Maligno (que no, que no es el eje del mal, sino el diablo mismo). Así, la mayor parte de su descacharrado metraje se desparrama en escenas de este tipo: "Sale un poseído. Fuerza sobrehumana, sed de sangre, querencia a trepar por las paredes. No hay problema. Un buen culatazo a tiempo hace milagros (nunca mejor dicho)". Y muy poco más ofrece esta película torpemente dirigida y peor planteada, tan mal que hacía tiempo que no me rechinaba tanto un personaje como el de ese ¿cura? interpretado (y eso es lo malo) por un actor superlativo y pleno de talento, como el venezolano Edgar Ramírez. Y también hay una escena con unos leones y un grafitero del más allá que... que... Inenarrable del todo. Más que mala, inane...
Saludos.

sábado, 10 de enero de 2015

La lógica soñada


Ya AMER anticipaba a dos directores más preocupados de la refinería de sus conductos vehiculares que de entablar un diálogo diáfano con el espectador; aquel sorprendente homenaje al giallo y sus coloristas penumbras era tan fascinante como incomprensible, pero valía la pena apreciar su gusto por un barroquismo saturado que evocaba otros tiempos. L'ÉTRANGE COULEUR DES LARMES DE TON CORPS es la última propuesta del tándem Cattet/Forzani, y, pese a corregir y aumentar el particular uso estético de sus imágenes, la renuncia a segmentar la "historia" y mantenerla como un todo indivisible (o al menos hasta donde pudiésemos percibirlo) no la hace más que adolecer de tantos interrogantes que parece un chiste malo hablar de argumento. De hecho, casi parece un extracto inflado del primer capítulo de aquélla, con el espacio único de un espectacular edificio repleto de secretos y recovecos. Hay, es cierto, un intento por contar "algo", una desaparición... o una obsesión,,, o una investigación... o... No lo sé definir con exactitud, y no me importaría tanto teniendo en cuenta que se trata de una experiencia sensorial apabullante, pero tanto bisbiseo, tanta simbología no parecen concretarse en ningún momento ni confluir en un ente común. El resultado es una película sorprendente pero algo tediosa, o repetitiva, o insistente en algunos recursos en los que a lo mejor tampoco había que insistir tanto, sino quizá haber indagado en nuevos metalenguajes, aunque sean vagamente sinópticos.
Saludos.

viernes, 9 de enero de 2015

Abandonados a la discordia



Conciliar opuestos debe ser de lo más complicado a lo que puede enfrentarse un cineasta hoy día; si a ello le sumamos que el cineasta en cuestión es un antiguo diletante ante el duro dilema de abandonar definitivamente su condición de irreverente, pero al mismo tiempo no caer en las pantanosas garras de "lo maduro" (entendido como el principio del fin), nos puede salir una extrañeza como TUSK, último film de Kevin Smith. Sigo sin ver (creedlo) CLERKS, lo que tomo como una ventaja más que como una cabezonería, pero sí vi (y comenté) RED STATE, y lo que en aquélla era pesimismo sombrío, aquí se torna una chanza en toda regla. Sin saber muy bien a qué carta jugársela, Smith empieza con personajes disparatados (con Osment y Long, pensé que estaba ante un episodio prohibido de iCarly!!!) que se embarcan en situaciones aún más raras; no queda muy claro por qué el viaje a Canadá, pero es una excusa para mofarse del carácter de los "vecinos del norte" y dar preámbulo a lo que de verdad importa, que es el momento de la transformación extrema a cargo de un mad doctor bastante inclasificable y que, reconozcámoslo, es prácticamente lo único realmente brillante en esta opereta a mitad de camino de THE ROCKY HORROR SHOW y THE HUMAN CENTIPEDE. Michael Parks es tan buen actor que sin ninguna modificación física es capaz de mostrarse elegante, distante, cercano, inquietante, terrorífico e incluso hilarante, y a eso le llamo yo acercar opuestos, dominarlos y hacerlos suyos. Ahí ha encontrado Smith un filón de oro, en un actor que detiene la imagen en torno suyo, como hacían las grandes figuras del cine clásico; me pregunto qué sería capaz de hacer en manos de, digamos... Scorsese, por poner un ejemplo. En el otro extremo, otro discordante, pero éste menos conciliado: Johnny Depp... Díganme, por favor, a quién les recordó de primeras...
Curiosa, muy curiosa...
Saludos.

jueves, 8 de enero de 2015

No hay presente



Definición de director de cine en declive: 25 películas distribuidas en: películas de culto. Películas navideñas "para toda la familia". Películas telefilmes para canales por cable. Series de cuando las series no eran buenas. Y finalmente, el rescate desesperado de aquella película que le salió tan bien y que casi dos décadas después le sigue quitando el sueño. Pero la verdad es que no hacía falta un HARD CORE LOGO 2 (el título lo dice todo) ¿Qué diablos iba a inventarse Bruce McDonald si aquello acabó como acabó? Simplemente de la peor manera posible. Díganme qué carajo tendrá que ver el punk rock con una historia esperpéntica sobre una cantante que se cree poseída por el espíritu de Joe Dick. No, yo tampoco lo entiendo, y por muchos esfuerzos que haga la insoportable Care Failure por resultar "auténtica", acaba siendo una mezcla descafeinada de Cobain y Love (sí, Courtney), y el resto de la banda son unas comparsas anecdóticas, cosa que no ocurría en el film original. Ahora bien, la historia es una chorrada y me parece que no ha salvado la carrera de McDonald, pero el tipo bien que sale a lo largo y ancho de todo el metraje. Mejor se hubiese hecho un selfie, le sale más barato y puede que rechine menos.
Tiene algunos momentos involuntariamente hilarantes. Incoherente e innecesaria.
Saludos.

miércoles, 7 de enero de 2015

No hay futuro



Me resulta extraño que un film como HARD CORE LOGO haya pasado tan sumamente desapercibido, no sólo en nuestro país, que ahí lo entiendo, sino en general, teniendo en cuenta que hemos visto infinidad de producciones de corte similar y mucha menos enjundia. No es fácil hacer una película sobre el punk, la anarquía de un movimiento que siempre se ha resistido a ser un movimiento y el escurridizo desglose de sus santos bebedores e interminables mártires. De hecho, lo más discutible de este crudo road to nowhere es precisamente la decisión de convertir la novela de Michael Turner en un falso documental en el que el director del film "realmente sigue" al grupo que le da nombre en la que podría ser su última y caótica gira. No hacía falta; los personajes están bien construidos y los actores transmiten ese espíritu autodestructivo y fatalista que es el eje central de la historia, y como sabemos que se trata de una recreación, hay momentos que se ven impostados sin que haya necesidad. Para la historia quedará, sobre todo, la intimidante interpretación de Hugh Dillon como Joe Dick, una mezcla de Johnny Rotten y Joe Strummer; incontrolable, desafiante, deslenguado, y aun así extrañamente cercano y entrañable, uno de esos personajes que deberían incluirse en cualquier antología que pretenda catalogar el paso del punk rock por el séptimo arte. La escena final, sin ir más lejos, serviría para ilustrar todo esto sin más; si no la han visto, esos cinco minutos ya merecen la pena por sí solos.
Saludos.

martes, 6 de enero de 2015

Generación ni(pón)-ni(pón)



Bueno, parece que poco a poco vamos retomando la normalidad en este ya octavo curso (que esto parece la EGB) tras unas merecidas vacaciones. Y qué mejor que una de clases, docentes y escolares; pupitres y chinorris... Sí, chinorris, que sé que les molan mogollón y eso. Pues vi hace poco una película a la que prácticamente todo el mundo ponía por las nubes y que, oh sorpresa, a mí me había pasado desapercibida. Oh sorpresa, digo, porque tras ver KOKUHAKU (CONFESSIONS), ya no me extraña tanto que me haya pasado desapercibida. Y es que no sé qué le ve el público occidental a una forma de hacer cine que quizá sea el salto estilístico hacia su propia modernidad, pero que yo entiendo fundamentalmente como una exageración de los matices, que en el cómic queda muy bien pero en cine, si no se refrenan según que impulsos, lo que da como resultado es una transfiguración de lo expresivo en esperpéntico. La idea no es mala, y para un relato de terror psicológico es hasta ingeniosa. A lo largo de un extenso soliloquio, una profesora se despide de sus díscolos alumnos al final del curso y les anuncia dos cosas: que no estará allí para el curso siguiente y que va a matar a los responsables de la muerte de su pequeña hija. Así descrito es escalofriante, y ya digo que los japoneses son únicos para darte un "zasentodalaboca" y que no te enteres, pero mi crítica va por otro lado, por el lado de las armas a utilizar para que esta historia, que es magnética por sí sola (de hecho está basada en una exitosa novela) se diferencie de otras tantas que ya hemos visto antes. Nakashima no posee la truculencia extrema de Miike, ni la sorna surreal de Sion Sono, y su pulso, su incitación al caos y la desobediencia acaba quedándose más cerca del esteticismo inflado de Zack Snyder. Y es que no me explico cómo un argumento que se presume tan potente termine provocando algún que otro bostezo, y que ni siquiera nos subleve la idea (inquietantemente jugosa) de una venganza contra esos parásitos modernos que son los "ninis", a los que les faltaba la guinda de imaginarlos como psicópatas asesinos. En fin... Ideal para agarrar un cabreo sin levantarse del sofá.
Saludos.

lunes, 5 de enero de 2015

D. W.: El padre del cine #1

Fieles a nuestros fieles, hace ya algún tiempo acometí la temible empresa de prometer un monográfico de esos "inabordables", cortesía de Mr. Lombreeze, a quien no sólo le prometí un acercamiento (y ya iba siendo hora, por cierto) a David Wark Griffith, sino el intento de plasmar su vasta filmografía desde sus comienzos, que se remontan a más de un siglo. El comienzo, aviso, estará compuesto de "cuatricomías" de aquellos lejanos cortos que Griffith filmó compulsivamente para la Biograph; y sin extendernos mucho (como es la norma del blog), sí intentaremos señalar qué elementos nos parecen sustanciales y elementales para el entendimiento del que es considerado el verdadero padre del cine moderno.



THE ADVENTURES OF DOLLIE, por ejemplo, parece ser, si no lo primero que filmó Griffith, desde luego lo más primerizo que se conserva. Se trata de un sorprendentemente ágil ejercicio de suspense narrativo (sí, ya encontramos elipsis en 1908!!!) en el que tanto el escenario (natural, por añadidura) como los personajes se encuentran acotados por el gran hallazgo de esta pequeña pieza de poco más de diez minutos, como es la causa y efecto que nos llevan de un apacible día de campo de una pareja con su pequeña hasta el posterior rapto de ésta por un gitano y la fechoría, más por envidia, de meter a la niña en un barril y lanzarla al río. El periplo de dicho barril constituye, al intercalarse con la desesperación de los padres, un ejemplo de lo que es adelantarse a su tiempo.




THE TAMING OF THE SHREW adaptaba un pequeño "bocado" de la obra original de Shakespeare, y lejos de conformarse con un simple teatrillo filmado (algo a lo que se prestaba perfectamente esta inmortal comedia), Griffith dota de intensidad un corto que aúna a su gusto por el slapstick, un dominio del espacio que los actores deben ocupar en pantalla, no ya como composición, sino como gesto meramente cinematográfico. Con Bitzer en ocupaciones sólo de fotografía, Griffith asumió en solitario la dirección, aunque contó con el carismático Harry Solter en la elaboración del guion.




En cambio, THE SONG OF THE SHIRT (adaptación de un relato de Thomas Hood), es una desgarradora historia en torno a la inclemencia de un patrón demasiado severo y que muestra toda su insensibilidad hacia una joven a la que explota sin misericordia y que sólo le pide ayuda para su hermana enferma. Un dramón en toda regla, sí, pero también una lección de intensidad y modulación dramática con los mínimos elementos, apenas cuatro escenas y tres personajes principales. Nótese la habitual inclusión de los mismos técnicos y guionistas como "extras"; aquí, tanto "Billy" Bitzer como Solter desempeñan dichas funciones.




Para terminar por hoy, y como muestra del eclecticismo de esta primerísima época de Griffith, THE BLACK VIPER, un destartalado y poco consistente ejercicio de cine de aventuras (entiéndase la licencia por mi parte), donde un frustrado intento de rapto termina con una venganza plasmada en las siempre convincentes imágenes de un incendio provocado. Difícil de rodar, pero con menos personalidad; de hecho, no queda claro el porcentaje de autoría a repartir entre Griffith y McCutcheon.

Y supongo que será el próximo lunes cuando proseguiremos este exhaustivo repaso. Hasta entonces, saludos.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Rincón del freak #181: Cuando la osadía no tiene límites... ¡Pim, pam, pum!...



Luc Besson era un director que solía tener su gracia, su arte y su salero. Títulos como EL PROFESIONAL le granjearon una fama que creo merecida y que le hizo ser el único director europeo capaz de competir con las grandes producciones americanas. Porque estamos ante un magnífico director de cine comercial, no nos vayamos por las ramas. Lo malo le ha venido a Besson cuando ha tomado conciencia de sí mismo y ha pretendido sublimar ese cine de la estética y la estlización hasta el punto de querer convertirlo en otra cosa, una burda reflexión filosófica acerca del origen de las cosas... Así, sin anestesia. Es curioso el paralelismo, por tanto, entre la tontorronísima premisa que sustenta a LUCY, su último film, y esa elefantiásica autoproclamación de "yo puedo con todo", que si ya era patético en Yanquilandia, no digamos en el viejo continente. Y quiero decir solamente con esto que LUCY se desbarra ella solita y sin que nadie le pregunte; empieza jodidamente bien, al estilo que mejor le va a Besson, que es el del ¡Pim, pam, pum! alocado y anfetamínico; durante un tiempo parece un cruel relato sobre extorsión, drogas y mafiosos sin escrúpulos, pero no, resulta que nos vamos a sacar de la manga a Morgan Freeman explicando el uso del cerebro humano en una conferencia y, seguidamente, a Scarlett Johansson (y aquí sí que no me la creo, con todos esos tics y gestos raros) convirtiéndose en Neo (sí, el de Matrix) porque se le ha desparramado un paquete de droga que llevaba injertado en su cuerpo. Bueno, podían haber dejado los mamporros, la escena del coche (muy bien rodada, por cierto) y a los coreanos poniendo caras mientras son acribillados (escena recurrente de hace diez años para acá). Pero no. Será que Besson se hace un poco mayor y nos lleva directamente... ¡Tachán!... ¡Al origen del universo!...
Toma ya...
Saludos.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Gente sin aficiones



Mientras me como una bolita de coco, pienso en si no será verdad que Shane Carruth a lo mejor sí es tan inteligente como parece, aunque diez años no le hayan bastado para empezar a usar la narrativa como arma esencial de transmisión de conocimientos. UPSTREAM COLOR es fría, inmóvil, hermética, aburrida, intrascendente y algo tristona; una historia de amor entre dos personas que no se ríen no puede empezar con un ladrón que usa gusanos como arma de coacción, ni puede presentarnos a un émulo de Klaus Schulze que cría cerditos o una piscina que tiene cascotes en el fondo, por mencionar algunas cosas que salen en este ladrillazo repleto de montaje epiléptico (cómodo porque los actores no deben aprenderse una sola línea), música de maquinitas y muebles de Ikea. Aunque lo más curioso sea cómo los directores actuales (sobre todo los que van de modernos) se sacan de la manga un estado de las cosas completamente novedoso, donde nadie habla por el móvil, ni ven la televisión, ni tienen vecinos, ni familia... Todo estupendamente abonado para hablar de viajes astrales en el tiempo y que parezca que no es una experiencia mística. Pero lo es ¿Que a usted le gustó?... Pues muy bien, pero entonces le tocará contárnosla y explicárnosla a los que nos quedamos con la misma cara que cuando Rajoy intentó explicarnos que la luz, en realidad, no ha subido...
Rara... rara... rara...
Saludos.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Danse Macabre



De lo mejor que he visto con diferencia, en cuanto a Sci-fi reciente se refiere, es UNDER THE SKIN, un inclasificable cuento a mitad de camino de una agresividad sexual sorda, callada, y el horror cósmico. Personalmente, reconozco que Jonathan Glazer es un director que me interesa muchísimo; sin levantar la voz como otros cineastas de su generación, es capaz de hacerse un mundo visual propio y reconocible, que le debe muchísimo a Kubrick, es cierto, pero que busca incesantemente su propio lugar y aun a costa de resultar reiterativo o (esto no lo pienso yo) machacón. Al igual que pasara con su también excelente REENCARNACIÓN, es un rostro superconocido, el de una inquietante y muy contenida Scarlett Johansson (sí, amigos, por fin me la creo como buena actriz), el encargado de deconstruirse a sí mismo y reinventarse en otra cosa ante nuestros ojos, tan acostumbrados a identificarlo, y por tanto asumirlo. La falta de datos o explicaciones no hacen más que aumentar la extrañeza e incrementar el grado de sorpresa, una vez que Glazer se decide a mostrar algo más que lo que sólo es sugerido. Aun así, con todo su misterio, todo está bastante claro desde el principio (un comienzo apabullante y que a mí me fascina): estamos ante un usurpador de cuerpos, un alienígena con la misión de captar machos y... Bueno, no podría seguir contando más, pero debo decir que la conjunción de una fotografía fantasmal y la extraña y bellísima partitura ideada por Mica Levi, componen una "Danza Macabra", al mismo tiempo terrorífica y sensual, o un intento de recrear lo que simplemente no podríamos concebir sino en un plano onírico de ensoñación. Otro punto fuerte es el naturalismo con que Glazer rueda en la fría y húmeda Escocia, con actores no profesionales e imbricando a ese alien, mortífero y un poco desnortado, como un inmigrante más, cuya perdición empezará precisamente cuando tome conciencia de algo que hasta entonces le era ajeno, nada menos que la humanidad.
No es fácil de ver, pero es muy recomendable, aunque tres films en 14 años restan entidad a un director con un talento y un potencial innegables.
Saludos.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Ojo por ojo



Aspirante a ser el nuevo Rey Midas de eso tan peregrino llamado Intelligent Sci-fi", Mike Cahill propone en I ORIGINS un ingenuo y adorable intento de convencernos a nosotros, los ateos, de que dios (que debe ir siempre en minúsculas, no lo olviden) existe. Para ello se sirve de un tratado de óptica ¿?, un científico despeinado y con pajarita ¿?, un clima que capturó mucho mejor Spike Jonze y una de las muertes más absurdas y risibles de toda la temporada. Aun así, I ORIGINS contiene algunos momentos de buen cine... ¿Que no lo entienden? Mi explicación es simple: Cuando no eres Elia Kazan y tu ineptitud te hace ser amable con tus actores y equipo, sólo te quedan dos salidas. O bien te tiras a la bebida y la coca y te conformas con lo que te ofrezcan tus dos días de lucidez a la semana, como Abel Ferrara, o aspiras a destronar a Terrence Malick. Por la pinta de Cahill, será lo segundo. Francamente, ma importa muy poco esa manía de cambiar el mundo, o destruirlo, o monitorizarlo, o yo qué sé, que obsesiona tanto a los americanos, que digo yo que será porque al no tener relaciones vecinales no pueden aspirar a cambiar su comunidad, así que van a lo grande... No sé, supongo que los pocos que estén leyendo esto estarán recuperándose de alguna conveniente resaca; yo les ayudo diciéndoles que lo escribí ayer, no vaya a ser que dios exista y me castigue...
Está bien para verla en días como hoy, pero provoca más de un bostezo y/o carcajada involuntaria...
Y que viva el mazapán...
Saludos.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Nunca invites a tu ex



COHERENCE habría sido el episodio final perfecto para aquella serie llamada "Friends". Imaginen si no a todos aquellos pijillos reunidos en una última cena de despedida, mientras el tono habitual de comedia se va convirtiendo en un discurso repleto de puyas y rencores, y todo porque un poderoso cometa ha sobrevolado la Tierra y ha disparado las probabilidades de los universos paralelos... Y todo, justo al final. Bueno, la idea es ingeniosa, e incluso no se puede decir que esté en absoluto mal desarrollada, pero a veces ocurre que a los directores jóvenes, a fuerza de no perder rigurosidad, se les olvida que porque nos cuenten veinte veces el mismo chiste no nos va a resultar más gracioso. Así, lo que comienza con una interesante paradoja, termina como el rosario de la aurora, y todo por empeñarse en explicar exhaustivamente una noche en la que todo lo que hay ahí afuera somos nosotros mismos repitiendo cada acto eternamente... Efectivamente, como en la cena de Nochebuena... Ejem... Pero déjenme ahora que sea yo quien les explique por qué dejó de interesarme esta película que al final parece la hermana tonta de PRIMER. Usted quiere reflejar universos paralelos, pero para ello no tiene mejor idea que usar una cena con ocho tipos estirados y del tipo que bebe vino cogiendo la copa mientras te mira a los ojos y sólo piensa en  salir de allí cuanto antes y meterse en su Q7 nuevo. Lo que yo propongo es: en vez de hacerles actuar como un McGyver de Silicon Valley (hombres de acción y reflexión) ¿no hubiese sido más acertada una charla sin más en la que sutilmente el paso del cometa va transformando a esos educados cuarentones en áspides de lengua irrefrenable? Claro, pero eso ya lo hizo antes y magistralmente Cassavetes... y sin cometas ni hostias. Lo digo porque invitar a tu ex a una cena de esas... Hombreeeeee... Coherencia, joder...
Saludos.

martes, 23 de diciembre de 2014

El día de la marmota



No tenía gana alguna de enfrentarme a EDGE OF TOMORROW, penúltimo y ultralujoso blockbuster del género "Tom Cruise", que ya... Pero entre que Mr. Lombreeze me abrió el apetito y que designé esta semana de tristezas y desvaríos como la de la ciencia ficción reciente, al final me encuentro con una película que... que... ¿qué quieren que les diga?... Pues que no está tan mal. De hecho, creo que el principal punto negativo es su insistencia por enrevesar la trama, cuando en este caso está claro que no hacía falta; el mejor sustrato son las impresionantes imágenes de las batallas, pero nos dejan de interesar cuando somos obligados a volver una y otra vez a lo mismo. Como si de un imposible cruce entre el Resnais de JE T'AIME, JE T'AIME y el primer TERMINATOR se tratara, EDGE OF TOMORROW cuenta, por partes, una invasión alienígena por parte de unos bichos que parecen invencibles, pero todo cambia cuando los humanos (listos que somos) descubren que (y no me pregunten cómo) poseen en su fisiología la capacidad de repetir el tiempo ¿? para así perfeccionarse a sí mismos. Un accidente fusionará al personaje interpretado por Cruise y un bichejo de esos, por lo que aquél queda impregnado de éste y también obtiene la habilidad de "reiniciar"el mismo día... aunque sólo si muere. No pasa nada, lo que molan son los tiros y las hostias múltiples, porque el guion es una ida de olla sin mucho interés; aunque hay cosas que me chirrían, como cómo es posible que alguien vea a la pobre Emily Blunt haciendo de heroína con cara de mala leche y, sobre todo, el mamoneo del montaje, con cientos de bucles repetitivos y poca aportación a la idea fundamental. Porque, entre ustedes y yo... ¿A que lo que hubiese molado de verdad era lo de un ejército de mimos?... Yo es que me relamía pensándolo...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

7 al azar


¡Cuidao con mis primos!