sábado, 24 de agosto de 2019

La prisión exterior



Quince años después, Carpenter se volvió a encontrar con su viejo amigo Russell, y ambos firmaron el guion de ESCAPE FROM L.A., que más que una secuela parece el homenaje a un personaje y una forma de hacer cine por parte de su creador; un poco a lo Sam Raimi con Ash, pero también hay que reconocer que con menos sorna metamórfica. La película es prácicamente un calco de la original, cambiando la costa Este por la Oeste, pero cuya falta de inventiva salta a la vista si se ven ambas seguidas, que es lo que he hecho yo, claro. En esta ocasión, la excusa es un gigantesco terremoto que ha semisumergido en el océano Los Angeles, que ha sido declarada como una prisión para "conductas inmorales", mientras el presidente vitalicio es un talibán de la "moral tradicional americana". El film funciona mientras nos hace gracia volver a ver a "Snake" Plissken mientras susurra tras el parche y se caga en los muertos de todo el mundo, pero luego ya le vamos cogiendo el truco al tío John y lo que se intuye es que no hay guion, y sí una concatenación de escenas que pugnan por ser lo más estrambóticas posibles. Tenemos desde un malo ridículo, émulo del "Ché" Guevara (???), hasta al pobre Kurt Russell jugándose la vida... ¡en una cancha de baloncesto! También sale Peter Fonda, que invita a nuestro héroe a surfear un tsunami... Y para rematar, podmos poner a Pam Grier interpretando a un travesti que se tira en ala delta... Francamente, una cosa es hacer lo que te salga de los huevos y otra cosa es esto. Y aun así, tiene su gracia, qué quieren que les diga...
Saludos.

viernes, 23 de agosto de 2019

La prisión interior



Y, qué diablos, vamos con John Carpenter y su mítica ESCAPE FROM NEW YORK, aquella famosísima cinta que era la gran estrella de los videoclubs (estaba siempre alquilada) y confirmó, a principios de los ochenta, que en cuestión de optimización de recursos al tío John no le tosía nadie. La película, vista hoy (señores, 38 años la contemplan), puede resultar algo desganada y difusa, pero sólo por la pirotecnia que se usaría hoy día. En lugar de ello, Carpenter filma esta distopía futurista (bueno, es 1997... ¿y qué?) con una especie de fría distancia, poniendo sobre los hombros de un icónico Kurt Russell y su "Snake" Plissken todo el peso de lo que no es más que un típico relato de aventuras, con mucho de western, pero que explota hasta la saciedad la ambientación de un Manhattan convertido en una gigantesca prisión, adonde van los criminales para toda su vida, ante la impotencia política de unos Estados Unidos destrozados y pendientes de una posible amenaza nuclear rusa. Un argumento así sería complicado de encontrar ahora mismo en el cine comercial estadounidense, que ya se ha acostumbrado a la autoindulgencia patriotera y la falta de autocrítica. "Snake" es un antihéroe total, usado por el gobierno para rescatar a un presidente que no le representa y obligado a matar a los que seguramente están más cerca de él. Un clásico por muchos motivos, sobre todo porque la han imitado de todas las formas imaginables, aunque nadie ha logrado tanto con tan pocos medios.
Saludos.

jueves, 22 de agosto de 2019

La sartén por el mango



Ante la imposibilidad de encontrar financiación adecuada en su país natal, Estados Unidos, Whit Stillman pudo llevar a cabo su último film hasta el momento (lleva cinco en tres décadas) gracias a una coproducción entre Francia, Holanda e Irlanda, y rodando íntegramente en este último. LOVE AND FRIENDSHIP es, aun a sabiendas de lo deliciosamente anacrónico que es el propio Stillman, un film que sólo puede calificarse de insólito, no porque no se haya adaptado antes a Jane Austen, sino porque uno cree firmemente estar "leyendo" a la escritora británica. Tal es el grado de fidelidad con el que el director ha guionizado el maravilloso relato "Lady Susan", en el que, sin señalar directamente a nadie, se ponen de manifiesto la aceptada hipocresía de los estratos más conservadores de la sociedad georgiana de finales del XVIII. Todo parte del personaje central, la joven viuda Lady Susan Vernon, despreciada sesgadamente por la familia de su fallecido marido por su supuesto arribismo; en lugar de retirarse a llorar su infortunio, decide instalarse en el mismo centro de dicha familia política, manejando con mano maestra a cada miembro y con el único objetivo de dejar casada a su hija con el gran heredero al tiempo que se procura un nuevo, inesperado y (por supuesto) acaudalado marido para ella misma, solo que éste es tan imbécil que es inacapaz de notar unos cuernos legendarios. Y todo ello con unos diálogos que son ambrosía para nuestros castigados oídos, de tan bien dichos en toda su intención, casi siempre segunda. Un trabajo no tan ambicioso como parece, aunque sí magníficamente cuidado, y al que seguramente sólo se le puede achacar un cierto halo de intrascendencia, como si lo que se nos contara estuviese destinado a olvidarse más bien pronto... ¿Pero no está acaso ahí su encanto?...
Saludos.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Pavos y moscas



No sé por qué razón no me embarqué en su momento en un monográfico íntegramente dedicado a Claude Chabrol, siendo uno de los directores a los que considero de cabecera. Supongo que empecé demasiado pronto con él y demasiado tarde con los panegíricos; pero sea como sea, eso quedará subsanado en unos cuantos meses, ya que me propongo completar todo Chabrol de aquí en adelante, aunque es cierto que algunos de sus títulos más importantes ya han aparecido por aquí.Sea como fuere, À DOUBLE TOUR, su segunda película, constituye el primer gran paso fuera de la nouvelle vague (de la que se desmarcó con rapidez) y su adscripción y fervor hacia el cine de su gran maestro, que no es otro que Hitchcock. Con apenas 29 años, Chabrol adapta junto a Paul Gégauff la novela "The key to Nicholas St.", del estadounidense Stanley Ellin, uno de los grandes olvidados del policíaco americano, y lo hace con una mirada genuinamente corrosiva (la suya, al fin y al cabo), centrándose en una familia de la alta burguesía francesa de provincias, cuyos inexplicables actos denota lo podridas que están sus convicciones morales. El padre, enamorado hasta las trancas de una joven artista sin talento, planea constantemente el modo de largarse de una vez del lado de su manipuladora esposa; mientras su extraño hijo pasa el día entre sonatas de Mozart y espiar a la criada; por otra parte, la hija juega a tener un amor serio con un tipo canallita y que pasa de ataduras, pero que no desdeña vivir plácidamente de los posibles de su papá. Así, se va conformando un lúcido retrato de un estrato social siempre escindido de la "normalidad" de los simples mortales, y cuya estabilidad cae al fangal más oscuro cuando la amante del patriarca aparece brutalmente asesinada. Chabrol introduce al espectador a ese nudo gordiano concatenando dos espléndidos flashbacks, uno totalmente imaginario, en la imaginación del amante embelesado, y otro que resuelve al final el trágico suceso. Probablemente sea uno de esos films "escondidos" en la extensa filmografía de Claude Chabrol, pero, visto hoy día, cobra absoluta vigencia y significado. Además, Bernadette Lafont en ropa interior...
Saludos.

martes, 20 de agosto de 2019

La clase de Lubitsch #28



IF I HAD A MILLION fue una película de episodios en la que la Paramount reunió a algunos de sus mejores directores para elaborar una sátira acerca del vil metal y sus (casi siempre) nefastas consecuencias. En apenas 80 minutos, se concentran al menos una decena de capítulos, con el denominador común del cheque por valor de un millón de dólares que todos sus protagonistas van recibiendo al azar de un millonario que, harto de los buitres que rondan su cama, decide desprenderse de tamaña cantidad. El tono general parece cómico, pero hay sitio para todo tipo de sentimientos, comenzando por el típico calzonazos que pierde casi todo su salario por torpre, ya que trabaja en una tienda de porcelana y tiene que abonar las piezas rotas, aparte de tener que aguantar a una esposa particularmente insoportable. Imaginen qué es lo primero que hace al cobrar el cheque...
La siguiente tiene su miga, ya que se trata de una prostituta de mirada cansada que confunde al portador del cheque con un potencial cliente, y cuyo único afán es poder, al fin, permitirse el dormir sola y sin el disfraz que suele llevar puesto. Muy sutil.
Luego, el tono se oscurece con un delincuente al que la policía pisa los talones, y cuya paradoja es que él mismo no se fía de que el cheque sea verdadero, y sí una trampa para atraparle in fraganti. El final es demoledor, con el tipo entregando el cheque en un albergue a cuenta de poder dormir una noche y el duño quemándolo mientras llama a la policía... Brutal.
El siguiente no me gusta demasiado, porque tiene al insoportable W.C. Fields con una entonación no apta para dolores de cabeza. Él es un acróbata retirado que tiene un accidente de coche junto a su esposa, a la que no para de piropear. Sabiéndose millonarios, se compran una flota entera de coches con chófer incluido, sólo para chocar con los energúmenos que se ven encontrando e ir cambiando de coche constantemente. Una gilipollez.
Luego, de nuevo lo que parece una alegría se transforma en una terrible certeza. Un condenado a muerte recibe el cheque nada menos que el día de su ejecución, sin poder hacer absolutamente nada para detener el proceso. La idea es tremenda, pero quizá excesivamente traída por los pelos.
Y entonces llega Lubitsch, y en el segmento más corto de todos se come con patatas a todos los demás. En clave de cine mudo, un oficinista (magistral Charles Laughton) recibe el cheque sin que se le altere un músculo. Seguidamente, se prepara frente al espejo y sin emitir sonido alguno ni cambiar el gesto llama a la puerta del despacho de su jefe. Sin decir esta boca es mía le dedica una sonora pedorreta, y se marcha...
Después volvemos al tono de comedia ligera, con un por entonces incipiente Gary Cooper (hablamos de 1932), un marino que cumple un par de días de arresto junto a dos compañeros, y que cree que el cheque no es más que una broma del día de los santos inocentes, por lo que se lo guarda pero lo ignora. Justo hasta que invita a una chica a salir y convence a su padre, que tiene un puesto de hamburguesas, de que le ha dado un cheque por diez dólares con el que pagar sus deudas y así salir con su hija. Lo divrtido del aunto es ver a los tres marinos mientras se preguntan por qué acaban de salir el hamburguesero y la chica de un Rolls Royce...
El final, bueno, podía haber sido mejor, pero concluye la función con una especie de compendio de todo lo que hemos visto. En un geriátrico, la severa encargada mantiene a las pobres abuelas en un constante estado de sumisión, sin permitirles hacer nada por su cuenta. El cheque, cobrado por una de ellas, dará la vuelta a la situación, y los empleados serán los obligados a mecerse  y hacer punto, tal y como les ordena su nueva jefa.
Al final, el millonario, tras zamparse una soberana tarta de manzana, cortesía de la abuelita y ahora empresaria, manda al carajo a todo el mundo y se marcha al asilo... "a echar una canita al aire"...
Véanla, no les va a pasar nada malo.
Saludos.

lunes, 19 de agosto de 2019

El extraño en su casa



NUESTRO TIEMPO es el último "monstruo" fílmico de Carlos Reygadas, una película que ronda las tres horas para apenas contar un asunto de cuernos consentidos, hipocresía conyugal, miedo a la libertad y niños manchados de barro. Puro Reygadas. En una entrevista al director leo que no le quedó más remedio que ser él el protagonista, tras la infertilidad del actor que había elegido y al que tuvo que despedir; por tanto, no extraña que, en plena fiebre masturbatoria, le surgiera la ocurrencia de que su mujer en la vida real coprotagonizara, y ya puestos, pues también sus tres hijos y hasta la chacha, que es la única que no sé si es también la de verdad. En fin, no hay mucho que contar, excepto que Reygadas es un maestro en lo de vulgarizar el arte, o al contrario, sublimar lo meramente ordinario. Hay conciertos para timbal, el muertho de Tijuana (maravilloso) tocando en el salón de casa, toros destripando caballos y una fotografía en formato panorámico más extensiva que nunca. Una telenovela culta, cool, ridícula cuando se pone seria y maravillosa cuando se desprenden momentos de comicidad involuntaria. Casi una terapia, o un exorcismo, o qué sé yo, pero al menos a Reygadas no le da miedo mostrarse como un machista disfrazado de liberal, en vez de lo contrario, y eso es mucho más valiente de lo que la mayoría de directores pueden decir ahora mismo.
No es ninguna obra maestra, nunca he visto ninguna película suya (las he visto todas) que lo sea, pero me gusta el marchamo de falsa humildad catequista, incluso cuando al protagonista le afloran las lágrimas a los pies de su amigo moribundo... sólo de pensar que un pinche gringo se está tirando a su esposa en modo swinger...
Saludos.

domingo, 18 de agosto de 2019

Rincón del freak #367: Güenas noches, señor monstruo...



¿Qué creían? No puedo mantener una actividad bloguera diaria a base de obras maestras... Ni siquiera con buenas películas... ¿Qué digo? apenas logro rellenar esto con pelis del montón... Así que me inventé lo del Domingo para darle salida a toda la bazofia fílmica que me trago, aún no sé por qué... Bueno, y porque es lo único placentero de escribir con resaca, claro. La porquería (el adjetivo está justificado) de hoy se llama THE MONSTER PROJECT, y parte de una idea interesante, pero que en apenas quince minutos te das cuenta de que no es más que un viral de YouTube alargado hasta unos 95 minutos insufribles, cuando lo podían haber dejado en un corto y ya está. De momento lo de las camaritas grabando a todas horas, que ya es de hoja de reclamaciones; encima son nocturnas, lo que es ideal para ponerlo todo a oscuras y que no se vea una polla, así que prepárense para 95 minutos de alaridos y flashes... Alaridos y flashes, madre mía. Así por encima, un grupo de subnormales dice que van a hacer un documental sobre monstruos reales a los que han contactado (hombre, cómo no) por internet. Un demonio en el cuerpo de una japonesita en camisón, un skinwalker que se gana la vida como guarda forestal y una vampira tatuadora con lentillas del chino... ¿?... En fin, que para una comedia a lo Taika Waititi daba la cosa, pero lo que la convierte en una involuntariamente es que encima se toma en serio a sí misma.
Sí, es una mierda, pero no tenía nada mejor que hacer esta mañana...
Saludos.

sábado, 17 de agosto de 2019

Hijos de Sísifo



Me parece fuera de toda duda que la película de ayer, de venir de algún lado, viene de un inmenso film rodado setenta años antes. THE TREASURE OF THE SIERRA MADRE es uno de esos escasos milagros a los que uno asiste recordando por qué es cinéfilo, tan sólo para constatar que lo más alto y lo más bajo de la condición humana caben en dos horas de cine puro, rocoso y rugoso como un leño. Si quieren héroes no los encontraran aquí; si buscan grandes gestas vayan olvidándolo. Lo que enseña John Huston (en modo maestro) es la verdad de la miseria y la paradoja del destino cuando no se puede evitar. Desde el antológico arranque, con un pordiosero Humphrey Bogart pidiendo limosna, borracho y acabando a golpes en cualquier taberna, el film nos traza a la perfección una semblanza, pero no nos advierte de la evolución del personaje, evolución lógica, humana, pero que escasas veces se dispone en el cine, tan dado a los arquetipos. Bogart dista eones de ser un héroe, antes es un tipo cascado, incapaz de fiarse ya de nadie, y menos cuando ve la gloria al alcance de los dedos en forma del oro molido que extrae junto a sus dos improvisados compañeros, interpretados por Tim Holt y un magistral Walter Huston, que ganó ese año un merecidísimo oscar, que agradeció emotivamente a su hijo. Insisto, no busquen aquí aventuras, aunque las hay a raudales; ni épica, pues sólo hay intereses, avaricia y distorsión en la percepción de una realidad que muta constantemente, del sueño dorado de la veta casi mítica a la pesadilla pensar que todo el mundo es el enemigo.
Lección de cine y lección de vida. Actores en estado de gracia, un guion (Huston hizo doblete) que ha hecho historia, y por si fuera poco una banda sonora inolvidable de Max Steiner. Una de esas películas que me permito decirles que es imperdonable que no hayan visto aún.
Obra maestra absoluta.
Saludos.

viernes, 16 de agosto de 2019

Dinero sucio



Y si ayer abordábamos el opaco asunto de los traficantes de armas, hoy vamos con un film estrenado hace pocos meses y que nos pone sobre la pista de un grupo de ex-militares que se reúne a petición del único de ellos que sigue activo para emprender una arriesgada misión: asaltar su refugio, que hasta entonces permanecía inencontrable en mitad de la selva, y llevarse una importante suma de dinero. TRIPLE FRONTIER no cuenta nada que no hayamos visto multitud de veces en el cine norteamericano, desde Huston al "Equipo A". Misiones casi imposibles que ponen a prueba no sólo la pericia de quienes las emprenden, sino que desnudan su psicología al tener que funcionar bajo presión extrema. El mérito de Chandor es no sucumbir ante los lugares comunes y naturalizar la excepción, darle cartas de credibilidad a lo que no es más que una peli de aventuras de toda la vida. El quinteto, verdadero motor del film, está interpretado por Oscar Isaac, Ben Affleck, Charlie Hunnam, Garrett Hedlund y Pedro Pascal; y en sus dudas y razones, en la camaradería y el desapego, es donde brilla este film ejecutado casi con sordina, no tan crítico con la institución militar como cabría esperar y en el que sobresalen varias cosas, pero yo me permitiría destacar el trabajo de fotografía de Roman Vasyanov, lejos de sus saturadas colaboraciones con David Ayer.
Notable.
Saludos.

jueves, 15 de agosto de 2019

Balazos limpios



A escasos dos meses del estreno más esperado de la temporada, recuperamos el último film que pudimos ver de Todd Phillips, suponemos que algo más recuperado de sus ya inaguantables "resacas". WAR DOGS vendría a ser como un híbrido entre ambas propuestas, ni tan seria ni tan desmadrada, transitando la comedia desde un punto de vista más consciente y ubicado en la estética de un Scorsese timidillo, por ser benevolentes. Partiendo de la estrambótica historia real de Efraim Diveroli y David Packouz, dos veinteañeros judíos, que encontraron la manera de venderle armas al ejército estadounidense y haciéndose millonarios, hasta que empezaron a aflorar multitud de irregularidades y el FBI acabó por arrestarlos. En este caso, importa menos el hecho real como el tratamiento cinematográfico en sí, ágil aunque con lugares comunes muy reconocibles, y dos protagonistas que intentan saltarse el cliché y componer lo que suponemos fueron en realidad Packouz y Diveroli, dos jóvenes que le cogieron el gusto a tener ingresos millonarios y con la suficiente inconsciencia como para viajar personalmente a Irak o Albania para encargarse ellos mismos de los "trabajos". Miles Teller y (sobre todo) Jonah Hill son el motor de este irregular film, brillante a tirones, previsible la mayor parte del tiempo, pero que se ve sin mayores agobios, siempre y cuando dejen a un lado su moral pacifista. Sí, exactamente igual que la esposa del protagonista justo cuando empiezaa vivir a todo trapo...
Saludos.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Cuatro paredes



Lo que propone el belga Philippe Van Leeuw en INSYRIATED, su segundo film, es, básicamente, lo mismo que en su impactante debut, EL DÍA EN EL QUE DIOS SE FUE DE VIAJE, pero incrementando la amenaza, quizá por invisible, pero también por el claustrofóbico escenario elegido para sus angustiosos escasos 90 minutos. En mitad de la guerra de Siria, los únicos habitantes de un edificio son varios vecinos que se refugian en la casa de Oum Yazan, una mujer que intenta mantener cierta dignidad y entereza mientras son acosados por francotiradores y saqueadores. Un suceso inesperado la sume en un insalvable dilema moral, y esta diatriba sobrevuela todo el metraje, instalándose como una nube negra sobre la conciencia de una mujer que se resiste a dejarse superar por el horror de la guerra. El director belga logra un trabajo notable de concisión, y sobre todo de sentido de la ubicación, descartando cualquier tentación sensacionalista y mostrando el conflicto que vemos tranquilamente por televisión desde el punto de vista de quienes lo padecen en primera persona. Cabría achacarle, quizá, cierta previsibilidad en el desenlace, aunque el film mantiene la tensión sin aspavientos, apoyado en la sublime interpretación de una omnipresente Hiam Abbass, que borda su papel.
Saludos.

martes, 13 de agosto de 2019

La clase de Lubitsch #27



TROUBLE IN PARADISE, de 1932, era otra de esas comedias aparentemente inocuas, mediante las que Lubitsch se servía para poner en solfa todo un sistema de clases y valores sin perder la compostura. En esta ocasión la historia comienza en Venecia, donde una pareja de ladrones profesionales se conocen haciéndose pasar ambos por aristócratas, que es la técnica que usan ambos para desplumar incautos forrados; su habilidad mutua les lleva a la admiración y, claro, a enamorarse, mientras, entre beso y beso, sustraen carteras y joyas sin ser advertidos. Sin embargo, todo cambia entre ellos cuando él roba un valioso bolso de diamantes, pero se arrepiente al conocer a su dueña, una joven millonaria, de la que queda prendado, por lo que decide devolverlo y hacerse pasar por un experto en joyas, por lo que queda inmediatamente contratado como secretario. La gracia del guion está en cómo los ladrones terminan siendo más íntegros que los magnates a quienes roban, y en ese juego de apariencias, en el que nadie es tal y como se presenta. El trío protagonista es perfecto, con Herbert Marshall y Miriam Hopkins como la pareja de ladrones y la bella Kay Francis como la "ingenua" viuda que amenaza con romper dicha pareja. Y es la sofisticación de Lubitsch lo que aparta este film de cualquier rutina convencional y eleva su calidad muy por encima de producciones similares. No es de sus títulos más grandes y recordados, pero supone un magnífico ejemplo de estudio sobre cómo se resuelven situaciones difíciles con soluciones sencillas. Y eso es de director verdaderamente grande.
Saludos.

lunes, 12 de agosto de 2019

La tragedia de los justos



Masaki Kobayashi siempre ha sido un director a la sombra de los gigantes del cine japonés, y sin embargo su discurso, es tan vigente como el de Ozu, Mizoguchi o Kurosawa; es más, contiene multitud de puntos en común con todos ellos. Es el suyo un cine masticado, riguroso, de alto compromiso ético tanto en fondo como en forma, y que siempre parece buscar algún tipo de virtud en mitad de la barbarie, la indecencia y las malas prácticas del poder, lo que lo mantiene en absoluta contemporaneidad. En este sentido, uno de sus títulos más emblemáticos es JÔI-UCHI: HAIRYÔ TSUMA SHIMATSU (REBELIÓN SAMURAI), un magistral estudio acerca de la imposibilidad de conciliación entre los arraigados valores feudales y la conciencia individual de los integrantes de un clan. Un samurai retirado vive plácidamente con su hijo, la mujer de éste y el hijo recién nacido de ambos. En un momento dado, la familia de la mujer le exige volver a su casa, aduciendo que su unión podría llevar a ambos clanes a una guerra inmediata. Ante la predecible negativa, el samurai cierra filas en torno a su familia y decide enfrentarse a su propio clan, desatando una catarata de intereses que hasta entonces se mantenían ocultos.
Obra maestra del cine de samurais, Kobayashi filma con infinita paciencia una hermosa y trágica reflexión sobre algo tan universal como la preeminencia de los valores morales y la dignidad, aun chocando frontalmente con un sistema social casi indiscutible y que sólo augura la destrucción de quienes lo deafían. Por cierto, la película entera es apasionante, pero los últimos treinta minutos de Toshirô Mifune son para enseñarlos en las escuelas de interpretación.
Magistral película de un director al que no hay que esperar para reivindicar.
Saludos.

domingo, 11 de agosto de 2019

Rincón del freak #366: La imbecilidad a través de las generaciones



Me he topado por casualidad con TAXIDERMIA, la polémica película del húngaro György Pálfi, que fue la gran sensación del festival de Sitges'06, dividiendo al público de tal manera que no hubo nadie indiferente, tan sólo quienes la odiaban con todas sus ganas y quienes la encumbraban como una obra maestra de la escatología. Y, la verdad, después de verla me quedo con una tibia reflexión: Qué difícil debe ser intentar ser Béla Tarr sin parecer Béla Tarr. Lo digo porque las imágenes de Pálfi contienen una expresividad notable, pero lamentablemente todo queda ahí, en una sucesión de puñetazos visuales que terminan por agotar, por incesantes, pero también por un mal gusto excesivamente rebuscado. Como si de un rápido vistazo a tres generaciones se tratara, se nos cuenta (o eso creo) una especie de enfermedad congénita, casi una maldición, proveniente del primer progenitor, un imbécil de labio leporino que pasa el crudo invierno como supuesto protector de una granja en mitad de la WWII. Entre pajas flamígeras y fantasías con un par de doncellitas, logra beneficiarse a una oronda carnicera de cuya unión nace el que será campeón mundial de comer... (sí, comer, pero a lo bestia). Y de la yunta de éste con su homónima femenina llegaremos al taxidermista del título, que es flacucho y vive entre cuidar los 400 kilos de su anciano padre y tirarle los tejos a una cajera que lo ignora. Y poco más, excepto prevenirles de la sinfonía de vómitos, eyaculaciones, flatulencias y desmembramientos que, no sé cómo, se llegan a vislumbrar como una especie de obra de arte macabra, como la que cierra un film que no es malo, pero sí muy raro, de verdad.
Saludos.

sábado, 10 de agosto de 2019

Sentido y prejuicio



Es un ejercicio poco recomendable sumergirse en el THE DEEP BLUE SEA que Anatole Litvak rodó en 1955 justo después de la respiración sostenida de la obra maestra de Terence Davies. Litvak, artesano en el más amplio sentido de la palabra (y no pretendo sonar peyorativo), aborda la obra de Rattigan (autor asimismo del guion) desde el melodrama efectivo pero rutinario, sin llegar a hacerse las preguntas formales de Davies y apresurando la resolución desde un planteamiento menos desarrollado, en el que los personajes atenúan sus dilemas y aparecen vestidos de una sola pieza. La comparativa, lo sé, es terrible, incluso teniendo que admitir que Davies prácticamente mimetiza algunas escenas de Litvak; y aun así, el abismo entre ambas adaptaciones es insalvable e insoslayable. A fuer de no ensañarme (se trata de un film correcto, que se ve sin agobios), prefiero dejarlo en que fue el propio Davies quien se encargó de señalar la vigencia de un drama intemporal, que cobra justa venganza de sus personajes sin caer en la impasibilidad del demiurgo. Todo ello ya estaba implícito en este film, que además cosechó varios premios interpretativos, todos curiosamente dirigidos a su protagonista masculino, Kenneth More, mientras que a Vivien Leigh, que aquí ya contaba 42 años, se la ve distante y apática.
Sólo para completistas.
Saludos.

viernes, 9 de agosto de 2019

Orgullo y sensibilidad



En un momento particularmente significativo de THE DEEP BLUE SEA, el extraordinario film de Terence Davies, una inabarcablemente contenida Rachel Weisz resume, en una frase lapidaria, como un escupitajo meditado, toda la carga interior de su personaje, al responder a la estirada madre de su esposo, un juez anclado en modales infantiles, que lo único que no soporta en esta vida es la insensibilidad. La adaptación que Davies hizo de la obra original de Terence Rattigan es mucho más que una pieza de cámara, al adentrarse en ese "profundo mar azul" que no es otra cosa que el misterio que nos hace humanos, y por tanto inexplicables. Es una historia de amor, sí, pero también es ámbar fotográfico, de cuando la gente olvidaba bombardeos cantando al unísono (prodigiosa escena) con una pinta en la mano. En el otro extremo de los días felices, el amor que todo lo vacía, que todo lo desarma, que va más allá de cualquier acto de orgullo, y que deja las facturas sin pagar para poder estar en deuda con uno mismo. Es una historia tan simple que parece que nos la estén contando por primera vez, pero que contiene un mensaje que más nos valdría no olvidar, porque no son buenos tiempos para enamorarse...
Saludos.

jueves, 8 de agosto de 2019

Sinfonía de sangre en cuatro movimientos



Y, bueno, nos quedaba por discernir de la filmografía de Na Hong-jin HWANGHAE (EL MAR AMARILLO), un espectacular e inabarcable thriller de casi dos horas y media, en el que el director coreano asume definitivamente las labores de guionista para embarcarnos en un viaje de difícil retorno, el emprendido por un taxista que, ahogado por las deudas, acepta el encargo de un mafioso: viajar hasta Corea del Sur para matar a un tipo gris. Sin embargo, nada es lo que parece, y lo que parece un trabajo no muy difícil salta por los aires cuando alguien se le adelanta inexplicablemente, y aún más cuando todas las culpas recaen sobre él, iniciando una huida imposible, ya que todas las fronteras le están cerradas. No es casual la particularidad de las localizaciones geográficas, partiendo de la prefectura de Yanji, un brutal "culo del mundo" situado entre las fronteras de China, Rusia y Corea del Norte, cuyos habitantes sobreviven en un ambiente sin florituras. Esto sirve al film para explicar sin palabras la odisea vital de este hombre, lo complicado que le resulta ya llegar a la otra Corea, donde los "suyos" son tratados despectivamente, cuánto más al intentar un regreso que siempre parece no llegar jamás. El único pero que le encuentro a este magnífico film es la descompensación entre su primer y majestuoso tramo y el segundo, completamente enfocado al festín sanguinolento y las persecuciones kilométricas; muy bien rodado todo ello, pero que implica una ruptura, más que formal, enunciativa, y a veces se tiene la sensación de que lo explicado al principio ya tiene poco sentido. Aun así, es otro ejemplo de cómo realizar un film de género sorprendente, sin caer en recursos facilones ni soflamas rupturistas. Aunque, francamente, lo de los coreanos con los martillos y los pasillos atestados ya cansa un poco...
Saludos.

miércoles, 7 de agosto de 2019

Las alcantarillas



Que el cine coreano es, a día de hoy y desde hace ya algún tiempo, el gran renovador del thriller, entendiéndose éste como mucho más que un género, como si sus excelentes guiones se sirvieran de unos patrones reconocibles para indagar en profundidades de la realidad social y psicológica de un país en esencia contradictorio. Hace poco recordé que había una película que me gustó mucho hará un par de años, y di con su director, Na Hong-jin, para comprobar que su escueta filmografía (tres películas en once años) le ha bastado para consolidarse como uno de los nombres más interesantes del país asiático. Su debut, en 2008, fue CHUGYEOGJA (EL CAZADOR), en la que ya demostraba una madurez y una capacidad de sorprender absolutamente formidables. Como si de un cruce imposible entre el Fincher de SEVEN y el Eastwood de PODER ABSOLUTO se tratara, la maraña de personajes y situaciones fluctúan por encima de la línea principal, en la que se desvela que quizá quienes supuestamente están al margen de la ley terminan siendo más honestos con ella. El protagonista (un Kim Yoon-seok sobresaliente y que conquista su propio protagonismo) es nada menos que un proxeneta que dejó el cuerpo de policía simple y llanamente para ganar más pasta. Tras una serie de desapariciones de prostitutas, que le hacen sospechar de un reclutamiento "de la competencia", decide investigar por su cuenta en el momento que le pierde la pista a una chica a la que ha hecho ir a regañadientes a un servicio, sin sospechar que lo que está a punto de descubrir es mucho más retorcido y horrible de lo que nunca hubiese imaginado. No queda ahí la cosa, ya que en apenas media hora ya se ha desvelado la identidad del asesino, e incluso le han apresado, pero lo más angustioso está por llegar por el empeño del protagonista en encontrar a la chica desaparecida, mientras el tiempo juega en su contra y los poderes fácticos se enredan en burocracias absurdas que lo ralentizan todo. El final, demoledor, se me hace impensable en el cine americano, lo que quizá no haya alentado el típico remake. Son dos horas intensísimas, de gran cine que recuerda a otras épocas, cuando la denuncia social podía estar integrada en mitad de un policíaco trepidante.
Muy recomendable, y la lástima es que este señor haya rodado a un ritmo tan lento, aunque quizá ahí radique su secreto.
Saludos.

martes, 6 de agosto de 2019

La clase de Lubitsch #26



En 1931, Lubitsch cometió la maravillosa imprudencia de reiterarse en el éxito, por lo que retomó al chansonnier Maurice Chevalier en tareas erótico/castrenses y emplazarlo en una Viena féstiva y desenfadada. Con guion de Ernest Vajda y Samson Raphaelson, THE SMILING LIEUTENANT parte de la presentación del teniente Niki, un galán irreductible que queda prendado de una joven violinista, con la que inicia un idilio que le aparta de cualquier tentación. Sin embargo, la llegada del rey del reino ficticio de Flausenthurm, acompañado de su candorosa hija, coloca al teniente en un aprieto, cuando en el desfile oficial le guiña un ojo a su amada, confundiéndose ello con una falta de respeto hacia la princesa, que pasaba entre ellos en ese momento. Curiosamente, el film concurrió a la carrera del oscar a mejor película de manera conjunta a otro título dirigido por el propio Lubitsch (ONE HOUR WITH YOU), algo sumamente excepcional, aunque ambas se fueran de vacío. Otra de sus particularidades fue que los números musicales dejaban paso a un mayor peso interpretativo, quizá porque Claudette Colbert no poseía la espectacular voz de Jeanette McDonald; aunque también es justo reconocer el acierto en la elección de la excelente Miriam Hopkins, que daba vida al personaje más rico y complejo, una princesita pazguata que parece caer bajo los encantos del teniente, y que acaba acortando su ropa interior y tocando jazz al piano con un cigarrillo en la boca... Nada menos, pero nada más, pues se acercaba el terrible código "moralista", y ya sería difícil hablar de según qué temas, incluso para Lubitsch.
Saludos.

lunes, 5 de agosto de 2019

¿Fin de fiesta?



En fin, se acabaron las vacaciones, los sesteos, la tranquilidad de vivir sin cobertura y de aplazar las cosas porque sí. Por tanto se me ocurrió empezar este curso post-vacacional con un hitazo como AVENGERS: ENDGAME, no por nada en especial, sino por constatar que siempre me gustó empezar grande e ir ajustando las cosas a su debido tiempo. Y tiempo es el que se toman los hermanos Russo (tres horas, para ser exactos) para abrochar una saga que yo no considero tal, sino que más bien aprovecha toda la parafernalia de la saga (esta sí) del "Guantelete del Infinito", para cohesionar en una todas las tramas abiertas en un puñado de películas, crossovers, "origins" y cuantas cosas se le ocurrieran a la Marvel para mantener a flote una épica desbordante y que cumplía la vieja fantasía mitómana de vestir de elegantes sedas lo que no es más que un entretenimiento. Entretenimiento de lujo, dirán algunos, y es posible, pero que también es necesario desgranar en las dosis ofrecidas, que es el verdadero meollo de este inabarcable batiburrillo. Voy a intentarlo, pero no prometo nada...
Primero, todo se abre desde una desolación apocalíptica, en la que los personajes parecen desorientados, lo cuál es bastante lógico: Thanos ha eliminado a la mitad de los seres del universo. En este inicio casi no parece que estemos en una peli de superhéroes, sino un alegato antibelicista, en el que lo complicado ahora es asimilar las incontables pérdidas.
Por tanto, la primera hora es un deambular cansino y que por supuesto adolece de tener que tirar de un guion chabacano para transimitir profundidad de sentimientos, que en este tipo de historias queda como cursi. A ello le sigue una recompostura que, inexplicablemente, se hace a toda prisa y cuando aún quedan dos horazas de función. Los guionistas se atreven a introducir motivos más o menos cómicos (Thor, sobre todo) y ya intuimos que va a haber un nudo gordiano que (lástima) nos van a hacer pasar por ingenioso, cuando lo único que llega es un embrollo agudizado por la manteca de hacer una máquina del tiempo en una tarde...
Pero bueno, al menos nos han reservado una horita para lo que todos habíamos comprado las palomitas, que no es otra cosa que la hora de los mamporros. En esta ocasión más grande y más ruidosa que nunca, con más personajes que nunca y con menos sutilezas, que hemos venido a ver cómo nos partimos la cara y punto.
El final (tranquilos, que no lo desvelaré) rebaja sensiblemente la nota, porque de nuevo vamos a la épica de los sacrificios, a los saved by the bell y a las humaredas tras un escudo roto... Así que ustedes salen contentos, yo me reafirmo en que esto se podía haber acabado antes y nos seguimos preparando para la nueva hornada de títulos Marvel, porque esto no se acaba aquí, y menos tras unas cifras que son aún más mareantes que algunos movimientos de cámara.
Es lo que es. Ni buena ni mala. Lo que es.
Saludos, y bienvenidos de nuevo.

domingo, 21 de julio de 2019

Rincón del freak #365: ¿Qué se llevaba en los 80?



La de hoy es la última entrada antes de largarme a unas vacaciones que, además de merecidas, son necesarias. Así que aprovecho la coyuntura dominical para dejar aquí una perlita digna de dicho día, una de esas películas que, pese a sus risibles formas (o quizá precisamente por ello), cada vez que aparece en boca de un mitómano revivalista lo hace bajo la etiqueta "de culto". Yo no lo entiendo, pero una vez les ponga en situación quizá vayamos hilvanando entre todos qué está pasando hoy día con los cuestionables años 80. Estamos en 1985, y la Motown hace tiempo que dejó de ser una simple productora musical, y mucho menos una productora de música negra; así que el pope Berry Gordy, siempre atento a todo lo que huela a pasta, ideó un género que era una macedonia de géneros. THE LAST DRAGON tiene tantas cosas, y todas tan ochenteras, y todas tan horteras, y todas tan gratuitas, que uno sufre la posibilidad de morir por una subida de azúcar, tanto como por inhalación de laca, que todo es posible. El protagonista es Bruce Leroy, un negro que se viste de chino y que profesa las artes marciales también enfundado en un mono amarillo, pero en realidad era Taimak, del que poco o nada se supo después. La chica es una especie de disc jockey cardada, a la que daba vida Vanity, aquella aspirante a superestrella que "descubrió" Prince, pero cuya luz se desvaneció pronto entre todos los excesos que ustedes imaginen. El malo es Sho'nuff (genial el nombre), que se peina como un caniche y es como un Snoop Dog con hombreras de fútbol americano que vocifera mucho y abre mucho los ojos. Dirigía Michael Schultz, un clásico del blaixploitaion, al que Gordy le dijo: "Tienes que hacer una película con chinos y negros que dan patadas de kárate, van a discotecas los sábados y tienen problemas que a nadie le importan. El resultado es un videoclip con música de DeBarge, luces fluorescentes e interpretaciones de sainete, pero que triplicó en taquilla su coste inicial, por lo que puede decirse que todos fueron felices, y mucho más sabiendo que 34 años después esta horterada es hasta reivindicada.
Cosas veredes...
Saludos, y nos vemos a la vuelta...

sábado, 20 de julio de 2019

En busca de la humedad perdida



El título de la reseña puede parecer directamente ridículo, y puede que algunos nuevos e intachables ortodoxos de la moral y la rectitud lo tilden de misógino, yo qué sé. No se me ha ocurrido, empero, nada mejor para encabezar la peripecia de una cantante adicta al sexo, que pierde la libido y la voz tras una ruptura amorosa. No sé, debe haber un título mejor, pero a mí no se me ocurre, y menos teniendo en cuenta que el título del film ya es alusivo per se. DRY MARTINA ejemplifica un tipo de mujer estupenda, libre, empoderada (que se dice mucho ahora) y dispuesta a codearse con los hombres, básicamente porque le encantan. Hasta ahí muy bien, porque además la actriz Antonella Costa le pilla el pulso a su personaje con naturalidad y gran intuición. Costa, que ya trabajó anteriormente con Sandoval, y que acumula una carrera de dos décadas, es el centro gravitatorio de esta insulsa pequeñez con muchas ganas de ser trascendente, pero que se va volviendo más pequeña e insulsa a medida que descubrimos que esta historia toma la deriva equivocada. Sí, exactamente del mismo modo que la Martina del título, por mucho que se le moje el sexo con un tipo directamente gilipollesco, no logra explicarse qué carajo hace en Chile, con una supuesta medio hermana y cepillándose todo lo que se menea, ya que es consciente de que es la forma más rápida y ergonómica de moverse por un país ajeno. Yo no lo critico, y sería estupendo que los hombres tuviésemos esa envidiable capacidad, tan sólo lo indico porque la señora empoderada es lo que hace constantemente. Y entre polvos y lodos y un guion vacío, vemos una bonita fotografía, una música que no está mal y una actriz principal estupenda, y todo para contar una soberana chorrada. Pero en fin, qué sabré yo que sólo soy un hombre y dudo que empoderado...
Saludos.

viernes, 19 de julio de 2019

El abrazo del niño



Quizá, ya en 2019, nos importe un pito la biografía de Elton John, quizá nos importe menos la fiebre de biopics que amenaza con enterrar la cartelera en nostalgias y reivindicaciones blanqueadoras. Aunque, reconozcámoslo, ROCKETMAN habría sido un acontecimiento de no haberse estrenado unos meses después de BOHEMIAN RHAPSODY. Ahora la película, que es mil veces mejor que la descafeinada, despeinada y mineralizadora revisión del señor Mercury. Lo digo para que no se olvide, porque si a Rami Malek le dieron un oscar por un par de prótesis, es poco menos que sorprendente cómo Taron Egerton mimetiza a Elton John sin parecerse físicamente en lo más mínimo. Egerton hace lo que deben hacer los buenos actores, estudiar los detalles y explotarlos con sus propios recursos, que es lo mejor para no robotizarse y ser creíble. Pero es que encima canta, y demuestra lo que todos los que amamos profundamente la música de este genio: cualquiera puede cantar como Elton John, pero siempre será único e inimitable. No, ROCKETMAN no es una película perfecta, pero indica la forma más correcta de encarar este tipo de propuestas; sin demasiado azúcar, con la dosis justa de rigor y aportando originalidad a unas postales que ya nos conocemos de memoria.
Francamente, si los biopics van a ser así me quedo más tranquilo.
Saludos.

jueves, 18 de julio de 2019

Mirar en la dirección adecuada



Personalmente, Lenny Abrahamson me parece un buen director; no un visionario, ni nadie que vaya a establecer las bases del cine de los próximos años, pero sí un tipo con los suficientes mimbres como para ir forjando una filmografía sólida y personal, que no es poco hoy día. Como los buenos clásicos, el director irlandés imprime una entidad reconocible a cada trabajo suyo, comenzando por una fantástica dirección de actores y una cuidada ambientación, y buscando ese pasito más allá en la resolución de tramas que a veces parecen casi dilemas existenciales. Había mucho de eso en GARAJE y en LA HABITACIÓN, los dos trabajos suyos que he podido ver, y que me dejaron fascinado y con ganas de más. THE LITTLE STRANGER intenta desmarcarse de dos películas que tampoco tienen mucho que ver entre sí, y el resultado es, cuanto menos, extraño. En sus casi dos horas, Abrahamson parece tener en sus manos un modulador de ritmos y emociones, alcanzando momentos arrebatadores, de gran cine, en los más calmos, y perdiendo levemente el norte cuando se imprime algo de acción, que no es mucha tampoco. Durante el tiempo que dura este relato pausado y detallista, tenía la sensación de haber recuperado algo de la esencia de ese cineasta irrepetible que fue James Ivory, sentenciando cínicamente toda una escala de valores sociales, basados en las apariencias y el pensamiento endogámico. Lo que yo siempre he llamado "el trastero de los pijos". Ahí, en la imposibilidad de acceder a un estatus social más elevado, se encuentra Faraday (inmenso, inmenso Domhnall Gleeson), que desde niño ha deseado formar parte de la familia Ayres y vivir en la mansión de Hundred Halls. Ya adulto, y ejerciendo como médico, es llamado a atender a la doncella de dicha casa, donde experimenta de nuevo el placer de estar en un lugar al que cree pertenecer, y del que no se quiere ir tras caer rendido ante Caroline, la hija, aunque no contará con la aprobación de su hermano, desfigurado en la guerra, ni de la madre, que cree sentir la presencia del fantasma de su hija Susi, fallecida siendo una niña. Y contando este preámbulo es mejor detenerse, no porque se cuente mucho más, sino porque se trata de una típica historia de intriga, en la que los sucesos van determinando unas explicaciones que al final devienen desesperadamente retorcidas. El problema es que al tratarse de una adaptación, Abrahamson no puede o no quiere tocar dicho desenlace, que no es que esté mal ni mucho menos, pero hubiese sido una delicia seguir asistiendo a ese tira y afloja emocional entre el enamorado de clase baja y la ingenua pijilla, que aun arruinada es capaz de rechazar a alguien que no tolera náuticos sin calcetines... Ustedes saben.
Saludos.

miércoles, 17 de julio de 2019

Sopas con tenedor



Que yo ya ponga una película de Robert Rodriguez en un día que no sea Domingo es de mérito; ahora, que yo vaya a cambiar mi opinión de su cine, a estas alturas, me parece de todo punto imposible. Así las cosas, añadamos que ALITA, BATTLE ANGEL es en realida el último capricho de James Cameron, que llevaba ya tiempo queriendo adaptar el manga de Yukito Kishiro, que ya conoció una adaptación en forma de anime, a cargo de Hiroshi Fukutomi. Por cierto, se cuenta más en aquélla que en ésta, y en apenas 50 minutos, y es que la incontinencia de Rodriguez/Cameron es sólo relativa a lo visual, pero es rácana y faltona en lo argumental, con un guion que elude falazmente los aspectos más crudos de la obra original. Sí, técnicamente es una virguería, aunque no sé si soy el único al que le da dentera la cara de la protagonista... Cosas mías... Como sea: horror vacui, alergia al fuera de campo y elogios constantemente pepitorios al intervencionismo militar como única respuesta a los problemas de cualquier sociedad. Sólo diré una cosa: el día que Cameron o Rodriguez incluyan una escena en la que haya personas de cierta edad tejiendo, jugando al dominó o simplemente balanceándose en una butaca, me daré por satisfecho con su cine, y puede que incluso me piense descategorizarlo de la sección de videojuegos...
Ahí queda eso.
Saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!