lunes, 19 de noviembre de 2018

AHS 7



Hoy termino, de momento, con el repaso a AMERICAN HORROR STORY en la séptima temporada, a la espera de poder ver la octava. CULT no es frío ni calor, ni carne ni pescado, sino el loable intento de criticar y satirizar la terrorífica payasada de haber puesto a un tipo como Donald Trump en la Casa Blanca, una broma de mal gusto que de vez en cuando se permiten esos seres tan curiosos que son los norteamericanos. Y en su primera mitad el experimento funciona, incorporando una tensión política y social que brillaba por su ausencia en la serie, con el matrimonio homosexual interpretado por Paulson y Alison Pill, paradigma del supuesto progresismo de Hillary Clinton; mientras en el otro extremo, Evan Peters (protagonista casi unívoco de esta temporada) da vida a Kai Anderson, uno de los personajes más complejos de toda la serie, mezcla de sociópata, asesino, manipulador y simple trepa, como si el pequeño Nicolás se hubiese fusionado con Charles Manson y obtuviese un cargo político. La idea es lo suficientemente estimulante como para impulsar unos primeros capítulos en los que se emtremezcla esa atmósfera de incertidumbre y pánico de una sociedad que, de repente, se ve en manos de un tipo caprichoso e impredecible. Es entonces cuando vamos conociendo a Anderson, cómo es capaz de manipular a cualquier persona y convencerla de que América no es un sitio seguro, pero todo va a cambiar con la llegada de tío Donnie. Efectivamente, ni Falchuk ni Murphy son Noam Chomsky ni Susan Sontag, y su hachazo ideológico pronto se ve sepultado por lo que realmente interesa, que son las caretas de payaso y el ketchup por galones. La segunda mitad de la función es tan deslavazada y caótica, que es posible que se pierda la noción de si a lo mejor no se ha pasado a una temporada completamente distinta. Porque CULT, como Anderson, es ambiciosa, pero tremendamente imprudente...
Saludos.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Rincón del freak #330: El coñazo del metesacanarrativo. AHS 6



El posmodernismo consiste en creerse uno más listo de lo que realmente es, y el posmodernismo puede ser valioso, siempre y cuando tenga en cuenta que lo que hace tiene el propósito principal de ser mostrado a un tercero, incluso cuando se le trata como a un tonto. Un dispositivo posmoderno que me irrita de un tiempo a esta parte es el concerniente a la metanarrativa, que mal usada deriva en un emplaste indigesto e incomprensible. Yo siempre pongo el maravilloso ejemplo de esa novela (o "nivola", claro) magistral que era "Niebla", de Don Miguel de Unamuno, que todo colegial debería leer antes de los quince años, al igual que todo escritor, guionista, etc. debería aplicarla antes de intentar meterse en el farragoso derribo de la cuarta pared. Lo de MY ROANOKE NIGHTMARE es un despiste en dos vertientes, primero porque parece otra serie distinta, pero termina siendo lo mismo aunque peor. Pero también porque, con un mínimo vistazo atento a su torpe guion (torpe por creído de su esplendorosa caligrafía), uno se da cuenta de que toda la diversión camp que Falchuk/Murphy insertaba en sus momentos más gloriosos (los cuales hemos repasado abundantemente) desaparecen por completo en favor de un galimatías que mezcla desvergonzadamente una canija crítica a los realities, de nuevo las casas encantadas (y exorcistas, y mediums, y cabezas de cerdo...) y una cosa que se lleva mucho pero que casi nadie aborda con rigor, las sectas perdidas en el tiempo y el espacio. Todo metido en el tamiz AHS da como resultado un despropósito sin humor, pomposo y que adolece del peor destino de una serie: es cansada de ver. No sé, a alguien le habrá gustado, pero a la siguiente ya no le cambiaron ni la cabecera...
Saludos.

sábado, 17 de noviembre de 2018

AHS 5



Y, bueno, como no podía ser de otra manera, llegó la quinta temporada de AHS, y lo hizo tocando el mito que todos esperaban, el vampírico. Aunque no como lo hubiésemos esperado, porque en realidad HOTEL parece más un cruce desvaído entre Kubrick, Scott (Tony) y Pedro Almodóvar... (ejem)... Curioso, pero así es, e intentaré explicarlo. Se presenta el espacio único del hotel Cortez, donde encuentran refugio algunos seres inmortales, dada su macabra reputación de múltiples asesinatos en sus habitaciones. El Cortez, como el Overlook, transforma a sus huéspedes, o los engulle para siempre, y se muestra como el verdadero protagonista de una temporada que en lo visual es espléndida, pero en lo argumental termina rozando la mamarrachada más fétida e incongruente. No hablo de Lady Gaga, probablemente la ¿artista? más sobrevalorada de los últimos tiempos, sino más bien de las ausencias, ya que la serie parece buscar en cada capítulo su Jessica Lange, que es un lujo que quisieron permitirse sin que de momento les haya salido bien. Scott fue quien encontró el punto justo entre Versace y Stoker, y redefinió a los vampiros como seres elegantes y refinadamente hedonistas, pero también salvajes e implacables cuando de alimentarse se trata; en este hotel, veremos más sexo que sangre, y más vestuario que diálogo, y puede que esta pasarela de pavos reales le resulte fascinante a alguien, pero a mí me aburrió como una ostra. Y aun así, increíblemente, no es el punto más bajo de la serie, porque eso lo contaremos mañana, por supuesto...
Saludos.

viernes, 16 de noviembre de 2018

AHS 4



La cuarta temporada de AHS se tituló FREAK SHOW, y, efectivamente, a todos nos sonaba a ya vista, no sólo por el evidentísimo homenaje a esa cumbre insuperable del horror que filmó Tod Browning hace la friolera de 86 años, sino porque ya hubo una serie que lo hizo bastante antes y bastante mejor. Aun así, teniendo en cuenta la deriva narrativa que iba tomando el dueto Falchuk/Murphy, a nadie le extrañó contar el devenir de un circo de "monstruos"... o "fenómenos", que está la cosa susceptible hoy día, maldita sea... Bueno, se confirmaba que la serie iba a apostar claramente por esos "destellos de brutalidad", más propios de un clásico slasher (tremebundo el payaso Twisty, interpretado por el gran John Carroll Lynch), que por una historia coherente y congruente. Esto se pone de manifiesto en cómo la acción no se focaliza en el grupo de personajes, sino más bien en uno en concreto, que será algo así como la estrella de cada episodio. Es de alabar, al menos, un aceptable casting, como no podía ser de otra manera, incluyendo actores con malformaciones reales, a los que se suma el ya habitual elenco, y en el que sobresale muy por encima, sin que sirva de precedente, Jessica Lange en un turbio y apesadumbrado personaje, el de la regente del circo que arrastra un pasado más que oscuro. Y si no quieren perder tiempo viendo una temporada entera que tampoco es que les vaya a cambiar la vida, aquí les dejo esta auténtica barbaridad...
Saludos.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Clément de pleno #9



GERVAISE adaptaba la novela de Émile Zola "La taberna" como una contundente reafirmación del realismo naturalista que René Clément venía perfeccionando en sus mejores títulos. Y GERVAISE es una extraordinaria película, aterradora película, durísima película. Clément recrea ese París abigarrado y humeante del Segundo Imperio, sus olores y texturas de ciudad sobre todo sucia, cochambrosa, al menos en ese arrabal humilde por donde vemos la desgraciada vida de Gervaise, la coja, enamorada del sinvergüenza que le ha hecho dos chiquillos y la deja sola cada noche para irse con cualquiera. El personaje compuesto por Maria Schell es impresionante, y deriva a lo bestia del coraje a la ternura, propinándole una paliza a la mujerzuela que se ríe de su condición de engañada o sacando ella sola a sus hijos. Gervaise rehace su vida, o eso parece, con un humilde techador, pero éste sufre un accidente y de su consecuente incapacidad deriva hacia un alcoholismo insoportable. Gervaise es muchas mujeres, madres y esposas a las que les fue negada la educación y que sólo podían acceder a su dignidad mediante matrimonios más o menos convenientes; pero la historia de Gervaise es la de quien aprieta los dientes una y otra vez y no rehuye los problemas, sino que los afronta. Sin embargo, si aludimos al naturalismo no olvidemos su condición neutra, porque aun ensalzando los valores puramente humanos, no busca una salvación in extremis ni milagros beatíficos. El final del film es tan acongojante como terrible, porque hay personas que están marcadas por el signo de la derrota, y es de grandes artistas incidir precisamente donde la mayoría no quiere mirar.
Obra maestra. Impresionante.
Saludos.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

AHS 3



COVEN era el título de la tercera temporada, y en ella se opera un giro radical en lo exponencial, que luego sería más acusado en las siguientes temporadas, abandonando bastante el terror y yendo hacia lo conceptual, casi como una desmesurada franquicia repleta de iconos y fetiches. Contaba la historia (un poco a lo X-MEN) de una extraña escuela en Nueva Orleans, a la que acuden sólo alumnas muy selectas, ya que son poseedoras del don de la brujería. Allí serán instruidas para refinar y potenciar sus poderes, pero la aparente tranquilidad se ve sacudida por la inesperada llegada de Fiona, la Bruja Suprema, que teme por la seguridad de las brujas, qiue están siendo misteriosamente diezmadas, como si de un nuevo caso de las brujas de Salem se tratara. Aquí se afloja un poco el pistón, y pese a que tiene capítulos interesantes se ve a leguas que Murphy y Falchuk están más interesados en atraer un público más joven, con tal de incrementar la audiencia en un momento complicado, por la alta competitividad que por entonces existía en cuestión de series. Hay menos horror, algo más de humor y de nuevo es Jessica Lange la que se queda con todo lo mejor, con un papel impresionante, el de esa Bruja Suprema que vive obsesionada con encontrar a la que será su sucesora, aunque sin aclarar del todo si sus intenciones pasan por coronarla o aniquilarla para perpetuarse. Es interesante y amena de ver, pero se intuye un menor grado de exigencia por parte de unos guionistas que siguen empeñados en tirar de refritos muy reconocibles, aunque claro, siempre pueden deleitarse con la maravillosa Stevie Nicks en un pequeño papel de bruja hippie...
Saludos.

martes, 13 de noviembre de 2018

AHS 2



ASYLUM, que era el título de la segunda temporada, trasladaba la acción a los años sesenta y a una lúgubre institución psiquiátrica, regentada por la implacable hermana Jude (impresionante Jessica Lange), que mantiene allí a enfermos mentales extremos, aunque a veces sea difícil distinguir quién está realmente cuerdo. Es aquí donde entran algunos de los actores fetiche de Murphy/Falchuk, que formarán prácticamente un elenco inamovible, introduciendo sólo pequeñas variaciones. El terror proviene aquí de diversos frentes, como el mad doctor interpretado soberbiamente por James Cromwell, la monja poseída (Lily Rabe) o el psiquiatra que en realidad es un sanguinario serial killer (Zachary Quinto). Como decía, la serie introduce a actores luego habituales, como los camaleónicos Evan Peters y Sarah Paulson, o las estupendas aportaciones de Clea Duvall, Chloë Sevigny o Franka Potente. Hay momentos que dan mucho mal rollo, como la interminable canción que se les pone a los enfermos para mantenerlos tranquilos o algunas impactantes caracterizaciones (busquen a Pepper), aunque se podrían haber ahorrado casi la mitad de episodios, ya que hay una especie de punto de no retorno muy mal resuelto, ya que da todas las explicaciones tres o cuatro episodios antes de que se acabe. Aun así, no tengo dudas en señalar que se trata de la segunda mejor temporada, aunque sólo sea por un par de interpretaciones musicales simplemente gloriosos a cargo de una magistral Jessica Lange...
Saludos.

lunes, 12 de noviembre de 2018

AHS 1



Bueno, que me dicen por aquí que mucho caimanismo y pocas series, y yo no sé qué quiere decir eso, porque no soy más que un bloguero a la antigua usanza (ya somos prácticamente unos clásicos) y la cosa esa del cine me tira de siempre, claro. Pero también puede ser que me haya estado perdiendo algunas cosas que no están nada mal en este formato, sobre todo porque no me gusta que me alarguen una trama sin necesidad, y de eso sí que hay mucho en las entregas por capítulos.
Cuando me he aburrido de lo nuevo y de lo viejo, de repente me encuentro frente a una pila de seasons, tragando saliva y abrumado por la titánica tarea de ir a por ello. Sin que me haya epatado de una forma reverencial, la mítica AMERICAN HORROR STORY ha logrado, al menos, instaurar una especie de sello propio, perfectamente reconocible y que luego no pocos han copiado. Y todo pese a que el tándem Murphy/Falchuk (que aquí usaremos como creadores casi únicos, pese a la larga e ilustre nómina de directores) no han hecho más que refreír multitud de obras ya existentes, desde el gótico americano al europeo, las casas encantadas, asesinos en serie, brujería, vampiros y dementes de cualquier pelaje, con un trasfondo sexual enfermizo y un concepto algo nihilista de la insatisfacción general que azota este convulso comienzo de siglo.
La función se abrió allá por 2011 con la que, en mi opinión, sigue siendo la mejor temporada, la primera, titulada MURDER HOUSE y en la que se entremezclaban impúdicamente conceptos supuestamente antagónicos, como las casas encantadas y el fetichismo salvaje. La historia presenta al matrimonio interpretado por Dylan McDermott y Connie Britton, que se mudan a una lujosa casa por un precio increíblemente bajo, sin sospechar que en ella se han cometido unos terribles crímenes. La obsesión de ambos, ya maduros, por tener un hijo se ve extrañamente culminada, aunque en unas circunstancias cuanto menos inquietantes. En este caso, los secundarios se comen literalmente a los protagonistas, incluyendo la genial idea de que la criada sea una mujer de más de sesenta años (Frances Conroy) ante los ojos de ella, mientras que el marido ve a una explosiva y sugerente joven (la tremenda Alexandra Breckenridge); además, está la aportación de Denis O'Hare, que interpreta a un tipo con la cara quemada y unas ideas extrañamente ambiguas. Aunque la palma se la lleva la gran Jessica Lange, que con esta serie vivió un insospechado renacimiento con una serie de personajes a los que ha ido clavando, aunque mi favorito es éste, el de una aparentemente apacible ama de casa y buena vecina, que sin embargo oculta el secreto más terrorífico de esta primera temporada... Ah, y no se olviden del hombre de látex, que parece metido con calzador, pero que con el tiempo se ha hecho ya el gran icono de la serie.
Saludos.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Rincón del freak #329: Los extremistas pazguatos



No hay nada más inútil y menos descriptivo que las historias generacionales, a no ser que esos abúlicos retratos de seres angustiados por la falsa creencia de que "ése", y no otro, es "su tiempo", estén finamente imbricados en algo más interesante y enriquecedor, que no sea el engreimiento mimado del bebé adulto. Así empieza SLOW LEARNERS, y empieza bien, con una cita en la que la parte femenina describe al imbécil integral que tiene delante sin que éste haya llegado a hacer nada inoportuno, pero curiosamente le damos la razón a ella, y la película nos la da inmediatamente con una resolución burda gratuita. Quizá los guionistas deberían haber seguido a la chica, pero prefiere centrarse en el treintañero que no liga, pertenece a un club de lectura y planifica el 65 cumpleaños de su madre. La parte femenina es aún más desalentadora, pues a todo lo anterior habría que añadir una gesticulación nerviosa y que yo atribuyo básicamente a la necesidad imperiosa de echar un polvo. Luego, nos quieren vender que poniéndote unos tacones o un pañuelo en la cabeza todos l@s tí@s buen@s de la ciudad van a perder la cabeza por lo que unos días antes eran unos nerds con olor a leche manchada con Fontanedas. Efectivamente, es una especie de ten years after de cosas como AMERICAN PIE, pero hasta ésta era más deslenguada e imaginativa. Y Apatow aparece muy escondido en los agradecimientos de los créditos, por algo será...
Saludos.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Un secreto a medias



De un tiempo a esta parte han proliferado las películas de género por episodios, y más concretamente las de terror. Títulos escuetos como XX, VHS o THE SIGNAL han apostado por economizar medios y centrarse un poco más en los guiones, lo que viene siendo una serie B de toda la vida pero con un envoltorio más chupi, con tal de atraer a un público más joven y no tan dispuesto a estar dos horas pendientes de la misma trama. Sin ser nada del otro mundo, SOUTHBOUND intenta ensayar una especie de "Twilight Zone" bastante aturullado, que a veces recuerda a cosas tan dispares como THE PURGE, ABIERTO HASTA EL AMANECER, TEMBLORES o NEKROMANTIK... ¿?... Efectivamente, todo muy disperso como para hacernos pasar por la creencia de que los episodios están mínimamente conectados, porque no lo están, excepto quizá por la voz de Larry Fessenden, imitando regular al Howlin' Wolf de AMERICAN GRAFFITI. En fin, un pasarratos como otro cualquiera y del que apenas se salva uno de los episodios centrales, el dirigido por el siempre interesante David Bruckner, y que trata sobre un brutal atropello en mitad de la nada y los desesperados intentos del conductor por salvar a la chica atropellada, mientras unas misteriosas voces le van indicando por su móvil qué debe hacer en un hospital abandonado. El resto, bastante rutinario y gratuito, la verdad, pero puede servir para un Sábado por la noche aburrido...
Saludos.

viernes, 9 de noviembre de 2018

La medida del hombre



En 1994, Alexander Sokurov hizo una muy libre adaptación de "Crimen y castigo", tan libre que es prácticamente irreconocible si se compara literalmente con la obra maestra de Dostoievski, pero que en su fuero interno logra atrapar la esencia y el alma de la obra, como deben ser las buenas versiones. TIKHIYE STRANITSY (PÁGINAS SUSURRANTES) reporta la errática deriva de su protagonista, un hombre asolado por la culpa, y que sin embargo intenta remediar la vida de quienes se cruzan con él, en un San Petersburgo fantasmal, envuelto en una niebla constante y compuesto por monstruosas construcciones que empequeñecen a los hombres hasta reducirlos a una simple anécdota. Sokurov filma puertos que parecen retorcerse, galerías de eco sordo y habitaciones cuyas puertas no dan a ninguna parte, adelantando más de dos décadas su Fausto y ensayando su insoslayable puesta en escena y sus desencajados ritmos de diálogo. Una experiencia complicada de asumir si no se está al día de la obra del director ruso, pero que constituye una experiencia, sobre todo en lo visual, absolutamente fascinante, con escenas tremendas, como los millares de zapatos colgados de un techo infinito o los apocalípticos bajos del muelle, donde las sirenas de los barcos parecen una llamada a la muerte. Desconozco si Sokurov habrá tenido en mente retomar este trabajo y ampliarlo (apenas dura una hora), pero podría ser un trabajo de madurez simplemente imponente, aunque ¿a quién diablos le importa Dostievski a estas alturas de la broma?...
Saludos.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Clément de pleno #8



En 1954, consagrado por público y crítica, René Clément volvió a dar un paso más allá, abordando una coproducción con el Reino Unido para adaptar una famosa novela de Louis Hémon acerca de los radicales bandazos de un mujeriego francés, que se traslada a Londres con la peregrina idea de convertirse en un rico mantenido. MONSIEUR RIPOIS comienza desde el final, es decir, con su protagonista (un espléndido Gérard Philipe), a punto de divorciarse de su esposa, narrándole a una joven todo su periplo en la capital británica, ya que ésta piensa que su vida ha sido un camino de rosas. Todo lo contrario, André Ripois comienza en una aburrida oficina por un mísero sueldo, y encuentra la solución seduciendo a su estricta jefa, que resulta ser aún más estricta y más jefa en la vida cotidiana. Para salir de esa relación, conoce a una joven, que sin embargo no accede a sus deseos, ya que su puritana educación le impide cualquier contacto antes del matrimonio. Ripois pierde su trabajo, queda sin ingresos, solo y en la calle, hasta que un equívoco le hace cruzarse con una madura prostituta, que se apiada de su desesperada situación y lo acoge casi como una madre. Ripois empieza a levantar cabeza dando clases particulares de francés, y es entonces cuando conoce a la madre de uno de sus alumnos, una mujer culta y refinada, que se percata de que no sabe absolutamente nada sobre literatura, y que se convertirá en la mujer de la que ahora intenta divorciarse. Un dilema moral sobre la condición femenina prevaleciendo sobre el macho pagado de sí mismo que, sin embargo, se ve incapaz de solventar la dependencia casi enfermiza que convierte a las mujeres en objetos de deseo ante sus ojos. Sin cuestionar la "cuestionable" moral de su protagonista, lo que Clément consigue finalmente es otro magistral retablo de personajes, siempre a la deriva de su propia imposibilidad para gobernar una circunstancia vital que les supera y en ocasiones aplasta.
Saludos.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

La moral ingenua



LE CONFESSIONI era una película con una premisa muy interesante, un desarrollo aturullado, unas interpretaciones espléndidas y un desenlace más que tramposo. El siempre irregular Roberto Andò enarbola un simplista alegato antiglobalización, y lo hace de la manera más previsible y, por lo tanto,  anodina. El presidente de FMI convoca una reunión con los economistas más importantes del mundo paea revelarles un importante secreto que podría poner en jaque la economía mundial, pero la noche antes, después del banquete, aparece muerto, asfixiado con una bolsa de plástico en la cabeza. Vale, todo muy Agatha Christie y perfectamente actualizado ¿qué puede fallar entonces? Muy sencillo, que los dos personajes que sostienen la trama a partir de ahí son una escritora de cuentos fantásticos y un monje franciscano. Es decir, que lo estrambótico se hace con el control de lo que inicialmente parece una rigurosa crítica al capitalismo salvaje; y la figura del monje se puede entender, ya que es invitado personalmente por el presidente para que le confiese de lo que él cree pecados imperdonables, pero el guiño a J.K. Rowling es innecesario, absurdo y de una gratuidad cuya motivación se me escapa. Andò lo compensa con unos cara a cara estupendos, sobre todo los protagonizados por Daniel Auteuil y un inmenso Toni Servillo, que es capaz de insuflar verosimilitud donde no hay más que licencias teledirigidas.
Interesante a ratos, pero absolutamente intrascendente.
Saludos.

martes, 6 de noviembre de 2018

El amor contado



¿Qué le pasa a este chico? ¿Está perdido o es el único que ha encontrado su sitio? ¿Por qué no ansía nada más allá de un paseo, una mirada o un instante de calma?
¿Y qué le pasa a ella? ¿Qué ha podido pasarle para querer saltar desde un puente y acabar con su joven vida?
Lo que Bresson indaga en QUATRE NUITS D'UN RÊVEUR es el segundo perfecto, el que deja en manos del otro nuestro propio destino, sea para amarnos o para perder la vida, si es que ambas cosas no son lo mismo. Es una película jovial, natural, llena de la radiante frescura que sólo los jóvenes tienen, pero también de la radical truculencia con la que a menudo se disparan sus actos. Actos por amor y despecho, de la misma manera que por la comodidad de una buhardilla en la que n siquiera el acto de pintar es importante, porque lo es más una noche de anís o una tarde observando de lejos a las mujeres que no se pueden tener. Podría ser un elogio de la soledad, tanto como de la camaradería, el insomnio o las palabras huecas, menos solemnes que una mirada que todo lo dice y todo lo calla. Bresson nos cuenta el amor tomando un acto desesperado, pero no estoy muy seguro de que tirarse de un puente lo sea más que acercarse a esa persona a la que amamos, quizá sin saberlo.
Saludos.














lunes, 5 de noviembre de 2018

La creación descreída



Lo decimos muchas veces ¿Cómo puede acercarse el cine a la vida real? Yo creo que el realismo es una trampa, casi una falacia, y que no hay nada menos real que el realismo. Por otra parte, esos pequeños"retazos" (me acuerdo de Mekas, que buscaba la belleza a través de la realidad)pueden hallarse por sorpresa en los rincones más insospechados, como las flores que se han abierto paso entre un mar de cemento. RESTER VERTICAL confirma a Alain Guiraudie como un autor insobornable, también imperfecto, dispuesto a asumir la caída y reconocido sólo a medias e incluso incomprendido por sectores habitualmente de vanguardia. Quizá porque su cine no camina en dirección a "lo moderno", sino que parece perplejo ante su propia circunstancia de artefacto único y desamparado ¿Cómo, si no, abordar la historia de un supuesto cineasta que se queda a vivir inmediatamente con una pastora a la que acaba de conocer, para después quedar sunido en la indigencia y al cargo del hijo recién nacido de ambos? Creo que casi nadie ha comprendido esta película, o al menos no han podido ubicarla en su debido contexto, que no es otro que el de la alegoría congelada; un poco a lo que en su momento inició Gus van Sant con GERRY y ahora mismo supone el motor creativo de Jim Jarmusch. Guiraudie nos sume en un absurdo nunca exagerado, sino encogido de hombros, sin respuestas, nada cómico y sí exacerbadamente crítico. Porque esta historia habla, entre otras muchas cosas, de la imposibilidad de ser genuinamente bueno sin caer en la incomprensión de una sociedad acostumbrada a aceptar como natural la maldad; puede que un cierto rasgo de santidad, muy deshilachada, eso sí, pero que vacía la narración de contenido semántico para colocaenos frente a nuestros propios temores e iniquidades. Lo afirmo porque supuestos "críticos de la seriedad" sólo han visto coños filmados frontalmente... Así nos va...
Saludos.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Rincón del freak #328: Extraterrestres con vocación rural



En las estanterías de los míticos videoclubs de los ochenta, no eran pocos los títulos que aludían directamente a cualquier film de éxito, ya fuera en las portadas (siempre varios puntos por encima de la película en sí) o en el título propiamente dicho. Así, tanto en los géneros de terror, fantasía o ciencia ficción, era habitual cometer el error (no puedo evitar la sonrisa al recordarlo) de creer, por ejemplo, que un tal Ator era lo mismo que Conan o que ENCOUNTER AT RAVEN'S GATE nos prometía una experiencia sensorial al mismo nivel que la mítica cinta de Spielberg. Nada de eso, porque se trata de un titulillo hecho con cuatro perras, actores con el carisma de un tierno corderito y una trama absolutamente delirante, porque aunque parte de una premisa interesante, luego el señor de Heer (con una larga y nada desdeñable filmografía a sus espaldas) se encarga de mezclar cualquier ocurrencia y acabar por perpetrar un batiburrillo ininteligible. Se supone que la cosa va de un encuentro extraterrestre en mitad del desierto australiano, pero esto se reduce a algunas luces, falta de agua y gente hablando como los pitufos (lo juro); de vez en cuando parece REBELDE SIN CAUSA, porque el protagonista es un inadaptado social (aunque parece el más cuerdo) y otras parece que nos van a contar un chiste diciendo que todo ha sido una broma. Lamentablemente no es así, y se lo toman tan en serio que el desastre queda consumado y hace que sus escasos noventa minutos se hagan más largos que un documental de Wang Bing...
Terrible.
Saludos.

sábado, 3 de noviembre de 2018

Padres e hijos



Esta entrada no va tanto sobre una película, sino más bien sobre las lecciones que a veces se encuentran implícitas en las mismas. Durante un tiempo he tenido mucha curiosidad por ver un film que me habían recomendado encarecidamente, y cuya apariencia me hacía dudar sobre qué iba a encontrarme exactamente. OOKAMI KODOMO NO AME TO YUKI (AME Y YUKI, LOS NIÑOS LOBO) parte de una premisa argumental tan disparatada que es prácticamente imposible tomarla en serio casi por principio. Luego la ves, y te encuentras ante un film sumamente complejo, repleto de referencias al tránsito hacia la madurez, la fuerza de la sangre y la abnegada fiereza por la que los padres son capaces de darlo todo por sus hijos. Una joven conoce al amor de su vida, un hombre callado y taciturno, pero que la ama con todo su ser; y de esa unión nacen dos niños, Yuki y Ame. Él es un hombre lobo, pero no concuerda nada con los mitos acerca de su especie, sino que se muestra como un ser culto y sensible, que sin embargo arrastra la soledad de su condición. El film, que dura dos horas, se parte en dos muy al principio, en una brutal escena cargada de dolor y tristeza, y que de no tratarse de un anime podríamos atribuir sin dudarlo a un Vittorio de Sica, por la franqueza y tacto para mostrar el desamparo de esa madre, que luego es la gran protagonista. Una madre más que coraje, que es capaz de criar a dos niños que han de convivir con lo que a veces es una bendición y otras todo lo contrario. Es, así a vuelapluma, una de las mejores películas de animación de los últimos tiempos, y, observada con atención, portadora de un mensaje que se me hace muy necesario y urgente, y que apenas habla de cómo deberíamos cuidarnos los unos de los otros.
Saludos.

viernes, 2 de noviembre de 2018

Edad de consentimiento



Un film se hace adulto cuando no toma por tontos a sus espectadores. Un film puede consentir que quien lo está viendo saque sus propias conclusiones sin necesidad de subrayado. Después de ver ATOMIC BLONDE me doy cuenta de que se nos toma por tontos demasiadas veces, y que los que lo consentimos somos nosotros. He visto videoclips de Duran Duran con mayor carga dramática que una sucesión de mamporros pretendidamente "realistas" (desconozco qué significa esa palabra) bajo un incesante y a veces ya cargante hilo musical que no aporta absolutamente nada, ya que todos son hits perfectamente reconocibles y por lo tanto perfectamente calculados. No, no es una buena película, sino un artefacto expandido desde otros que ya existían anteriormente; y es entonces cuando reparo en un detalle nada nimio: el director/coreógrafo/demiurgo es David Leitch, que era la mitad "pensante" de aquello llamado JOHN WICK... ¿Aclarado?... De nada...
Saludos.

jueves, 1 de noviembre de 2018

Clément de pleno #7



Alguien dijo una vez que la mejor manera de mostrar el horror es a través de sus vericuetos, nunca frontalmente. JEUX INTERDITS es una película terrible, demoledora, con una capacidad inusual de enmudecernos y, si tenemos suerte, recapacitar, sobre lo que hacemos y lo que somos. Sin embargo, lo que René Clément propone no es escabroso, y mucho menos gratuito, pero sí brutal y sincero, dándonos a entender qué es la guerra y cómo sus miserables consecuencias se extienden hasta los sitios más insospechados. El inicio no puede ser más desalentador: una niña de seis años, Paulette, huye junto a sus padres de la ocupación nazi, pero éstos fallecen en un ataque aéreo, y la niña queda sola. O mejor dicho, queda con el cadáver de su perrito, que es lanzado sin miramientos a un río. La desesperada carrera de Paulette por el margen del río hace que se cruce con Michel, un chaval que cuida vacas en la casa familiar y que queda inmediatamente prendado de ese ser extraño, perfumado y bien vestido, que ha llegado a un recóndito rincón de la campiña desde el asolado París. El entorno de Michel es miserable, y no sólo económicamente; su padre odia a muerte a su vecino, su hermano mayor agoniza tras recibir una coz porque no hay dinero para el médico, aunque esta atmósfera de rencores y envidias contrasta con una ignorante bondad que impregna cada palabra de la asombrada familia, que decide acoger a la pequeña Paulette. A partir de ahí, el film se torna diabólicamente complejo, proponiendo un desafío al confrontar dos mundos muy diferentes, el de los niños, que deciden agostar el horror construyendo un pequeño cementerio de animales y el de los adultos, que lo hacen a su manera, evidentemente peleándose. JUEGOS PROHIBIDOS es un film hermoso, no porque su estética sea bonita, que no lo es, sino por ese acopio de humanidad (o humanismo) que siempre se da de bruces con la realidad, con una serie de golpes a cual más seco y contundente. Y se habla mucho de su final, ante el que ni el más endurecido de los espectadores puede quedar indemne; de sus múltiples e importantísimos premios internacionales; o de unas soberbias interpretaciones, incluidas la de los niños, que son capaces de traspasar la pantalla. Yo añado otra cosa, la consagración de un director que no sólo conocía su oficio y lo dominaba, sino que en cada film quedaba claro que estaba dispuesto a dar un paso más allá.
Obra maestra absoluta.
Saludos.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Cómo presentar y definir un subgénero



Y bien, aquí estamos en la noche de Halloween para hablar, cómo no, sobre HALLOWEEN, que efectivamente aún no había aparecido por aquí, y no creo que haya un momento mejor que hoy y ahora, que se celebran cuarenta años de su estreno con una nueva (y dicen que definitiva) versión. Existe una legión de secuelas, a rebufo del gran éxito cosechado por lo que es una serie B pura y dura, que costó una cantidad ridícula y se rodó en menos de un mes; sin embargo, ninguna ha logrado captar lo más importante, y lo único capaz de que nos tomemos un slasher en serio: la atmósfera. Lo que Carpenter ensaya aquí es un ejercicio de dominio del tiempo narrativo rodado casi en un plano secuencia subjetivo que haría babear a Sokurov, poniéndonos en situación desde las primeras imágenes, en las que se forja la perturbada mente de Michael Myers, posiblemente el asesino más hermético e indescifrable que yo haya visto jamás. Lo que sigue a este escalofriante preámbulo es un largo transitar de personajes, que nos va metiendo en situación sobre lo que sucederá al final sin que nos demos cuenta. Sabemos que Myers está ahí, lo hemos visto, y el personaje central (una estupenda y primeriza Jamie Lee Curtis) intuye que alguien la acecha, pero se trata de un día especial, el día en que la gente se disfraza y te asusta, así que incluso un extraño con un mono de trabajo y una máscara (por ahí dicen que con la cara de William Shatner) puede pasar desapercibido. Es ese anticlimático intervalo el que más me interesa, incluso más que el mítico y despiadado desenlace, ya que Carpenter sobreescribe el cine de terror clásico y lo convierte en otra cosa que luego muchos "modernos" no han dudado en imitar, con relativos resultados. El monstruo acecha, aparece a plena luz del día, desaparece, pero sus acciones no pasan de lo que simplemente es su carta de presentación, así que, llegado el desparrame final, ya nos es familiar aunque también desconocido e insondable. Se nota la economía de medios, e incluso se agradece por momentos, porque HALLOWEEN es de esas películas que primero se convencen de que no habrá un paso en falso, para seguidamente revocar la falsedad del susto gratuito y reconvertirlo en otra cosa muy difícil de explicar, pero que hace latir sus imágenes como sólo los clásicos pueden hacer. Y éste es un clásico, a la forma de John Carpenter, pero clásico al fin y al cabo.
Saludos.

martes, 30 de octubre de 2018

Mudar de piel



El revisionismo se lleva. Ya no es sólo el capricho de un aspirante a genio, abocado sin remedio a eterno aspirante. No, los revisionistas, quizá ahora mismo, son los que de verdad le están cambiando la cara al cine, no innovando, sino todo lo contrario, llevándonos de la mano a tiempos pretéritos. También se lleva el giallo, porque sus formas chillonas y estridentes casan bien con la urgencia de unos textos que parecen escritos a toda prisa, mientras nos sumergen en un mundo más de sensaciones que de palabras. Buena cuenta de ello puede encontrarse en el tándem Forzani/Cattet, o en el reciente estreno de la personal puesta al día de Dario Argento, ya que él ni siquiera puede copiarse a sí mismo. THE EDITOR es otra cosa, una especie de parodia o tributo, y puede que ambas cosas y puede que ninguna. Es, en todo caso, una apuesta muy personal de dos cineastas y actores que parecen completamente abducidos por un género al que imitan a la perfección, no sólo en las formas, sino prácticamente en toda su esencia. Los zooms, raccords, fallos de doblaje (el film está doblado a conciencia) y otras cuestiones que la convierten en un túnel del tiempo, porque no parece una película "de ahora", sino "de entonces". Hay pelucas, salsa de tomate, rostros derretidos, hombres con bigote, chicas voluptuosas, aerobic, pantalones de campana y muchos nombres italogermánicos, con un desparrame simplemente incesante y que para cualquier fan es una delicia. En el debe, pues que por momentos se toma en serio a sí misma y empieza con un catetísimo tratado de metacine que no se cree nadie, aparte de una trama que es una chuflería ¿Pero a quién le importa si puedes ver a Paz de la Huerta desnuda y cubierta de sangre?
Aun así, me reservo la recomendación sólo para iniciados en el tema, claro.
Saludos.

lunes, 29 de octubre de 2018

El detective cantante



Sería injusto explicar una película como TOO LATE desde la órbita simplista de que es la enésima fotocopia borrosa tarantiniana de un principiante con ínfulas de comerse el mundo sin inventar nada. Lo es, porque si bien es cierto que la cáscara del film, su desordenada atemporalidad, su enfática banda sonora o planos interminables así pudiera indicarlo, hay un pulso interno en este pequeño puñetazo en el estómago, y casi todo proviene de ese excepcional actor que es John Hawkes. En un principio todo parece estar destinado a epatar, extasiar, mantener al espectador empalmado con acrobacias visuales que ya hemos visto antes; y ciertamente la primera mitad transcurre entre unos diálogos pretendidamente brillantes, aunque algo vacuos, y el cuarto de hora de actuación de Vail Bloom sin ropa... Anyway... Como uno de esos boxeadores que se agarran a la esquina para terminar ganando por los puntos, Dennis Hauck es capaz no sólo de dotar de sentido al guion, que se va creciendo a golpe de elocuencia, sino que además insufla una carga poética que le va como anillo al dedo a esta sórdida historia protagonizada por un detective alcohólico, unas strippers, el dueño del local y una serie de personajes que flotan como satélites salidos de ninguna parte. Podría haber sido mejor, podría haber sido peor, y también podría ser exactamente esa linotipia de la que hablábamos al principio, pero hay que tomar muy en serio a alguien que tiene los cojones de referenciar a Alan Rudolph en un autocine...
Y luego está John Hawkes, al que nunca me canso de ver actuar...
Saludos.

domingo, 28 de octubre de 2018

Rincón del freak #327: Una misión divina



Si yo les digo que Nicolas Cage protagoniza una película en la que encarna a un ex convicto, enfermo renal, obsesionado con dar caza a Osama Bin Laden; se lo amplío diciéndoles que tiene línea directa con ese tipo tan simpático que es dios, y que piensa hacerlo lanzándose en ala delta desde Israel y armado de una katana... Simplemente ¿qué pensarían?... Yo, que sólo puede salir una bazofia o una genialidad, pero en realidad ARMY OF ONE no llega a ninguna de las dos categorías. A la primera porque Larry Charles es un buen director de comedias disparatadas, un poco a lo Archie Mayo; a la segunda, porque la película parece hecha entre un grupo de amiguetes en un par de semanas, lo cual puede ser hasta cierto. Increíblemente, Cage está incluso bien... Sí, increíblemente...
Saludos.

sábado, 27 de octubre de 2018

Recuérdame



MARJORIE PRIME es una de esas películas infaliblemente inscritas en un cierto hato de "realismo metafísico", o lo que los antiguos como yo siempre derivabamos hacia lo New Age. Se trata de un relato de ciencia ficción más o menos inteligente (tampoco obtendrán aquí ninguna revelación definitiva) y de apariencia y resolución calmosa, nada que ver con rayos láser ni naves en llamas... Se nos cuenta un futuro no muy lejano, en el que las personas fallecidas son reconstruidas en forma de holograma a partir de los recuerdos de quien contrate dicho servicio. Los "Prime", que así se llaman, se encargan de cubrir la soledad de personas que no quieren enfrentarse a la soledad, de conversar con ellos como si aún estuvieran ahí. Y Marjorie es una violinista, ya anciana y enferma de Alzheimer, que recuperó a su difunto marido, pero la fantasmal presencia no será del gusto de su hija y su yerno, durante una visita. El director Michael Almereyda no es un recién llegado, y su trayectoria se remonta ya a casi treinta años de carrera, con grandes altibajos y alternando producciones independientes con otras estrictamente comerciales. El film en sí comienza bien, con un intenso y elegante cara a cara entre Jon Hamm y la veterana Lois Smith, pero va cayendo en una suave monotonía, en exceso alargada y que finalmente ofrece una reflexión demasiado vacua y buenista, lo que queda reflejado en ese detalle escabroso que la hija no quiere revelar a la memoria casi perfecta del Prime.
Interesante, pero se olvida pronto. Y no, no es un chiste fácil...
Saludos.

viernes, 26 de octubre de 2018

Demasiado cerca para estar tan lejos



Hay películas que deben madurarse, o peor aún, hay películas que se creen maduras y son todo lo contrario. La apuesta del joven actor y director Thomas Dekker en JACK GOES HOME es francamente interesante, pero peca de soberbia y, sobre todo, de incapacidad para pasar del zoom al gran angular. Como si de un alumno aventajado de Bergman se tratara, Dekker propone la inversión de roles desde el punto de vista interior, lo que hace que nunca exista plena seguridad de que lo que se está representando sea la realidad objetiva o la psique del protagonista. Éste (un interesante pero sobreactuado Rory Culkin) es un joven que, a punto de ser padre, recibe la noticia de que su propio padre ha muerto en un accidente de tráfico, por lo que acude al hogar familiar para asistir al entierro. Su personalidad inestable, unida al trauma de la pérdida, es sacudida por la revelación de un oscuro y terrible secreto que, al parecer, su madre le ha ocultado durante toda su vida. A partir de ahí, en su tramo final, el film parece decantarse por una especie de terror psicológico que no llega a concretarse, pero antes hay toda una travesía totalmente en balde, que no hace avanzar a la historia ni hace acopio de detalles trascendentales. Eso sí, la cara del Culkin en primer plano es primordial (pensaría que se parece a Liv Ullmann o algo así), aparte de algunos diálogos sonrojantes por lo primitivo de su construcción y una Lin Shaye desaprovechada, porque por ahí sí podría haber excavado más profundamente.
Apunta maneras y aún es lo suficientemente joven como para que esperemos algo bastante mejor que esto.
Saludos.

jueves, 25 de octubre de 2018

Clément de pleno #6



LE CHÂTEAU DE VERRE es una película eminentemente rara, casi una anomalía en cualquier filmografía. Se supone un melodrama clásico en torno a las infidelidades de una aburrida esposa de la alta burguesía suiza, que cae enredada por un irresistible vividor parisino. Esto es lo que en esencia contaba la novela de Vicki Baum, pero Clément le otorga un aire casi fantasmal, sobre todo en su plúmbeo arranque, que parece desplazar a los personajes de una ensoñación a la cruda realidad. La pareja tampoco podía ser más extraña. Ella, la gran Michèle Morgan, esposa de un importante juez, ve caer toda su vida por un sumidero de apariencias y monotonía; él es Jean Marais, encarnando a un dulce canallita, al que le gustaría ser más insolente y desafecto, pero que no puede evitar ser como es. La segunda parte del film es acaparado enteramente por el repentino e inopinado viaje de ella a París para encontrarse con el hombre que la tiene hechizada, y al que Clément muestra sin ningún glamour, engañando conscientemente a otra mujer, que le sabe perdido. Como si de una sucesión de postales se tratara, la película muestra a ambos personajes separados, tan sólo para unirlos casi bruscamente y romper por completo con cierto sentido del romance clásico y acaramelado. El final, aún más abrupto, les separa, quien sabe si para siempre, porque el caso es que a lo que hemos asistido es a una clase magistral de modulación del ritmo interno de un film. Acaso lo que siempre hemos entendido por cine de autor...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!