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martes, 2 de diciembre de 2025

El camino


 

Rascándome la cabeza, me pregunto cómo es posible que Stephen King aparezca como productor ejecutivo de THE LONG WALK y, aun respetando su forma, se haya dinamitado de una manera tan burda todo el significado y el simbolismo de la novela, una de las mejores de su autor, que ya es decir. O mejor dicho, nada recomendable haber leído el original y después ver el film, porque "parecen" lo mismo, pero no lo son. La incomprensión hacia esta distopía tan poco desarrollada, en la que cualquier barbaridad está justificada por una crisis económica galopante, a King le servía para demonizar la mentira de Vietnam, al tiempo que le permitía desarrollar una lírica que pocas veces ha alcanzado en su normalmente convencional narrativa, y que cobra todo su sentido en el demencial y extrañísimo final, que aquí se han cepillado como si tal cosa, culminando lo que cualquiera puede intuir: LA LARGA MARCHA es una película comercial, con algunos aciertos, pero que elude conscientemente cualquier tentación de trascender. Ni siquiera me refiero a la incredulidad que despierta su premisa, en la que un centenar de jóvenes se apuntan a un macabro concurso, consistente en caminar sin descanso hasta que sólo quede uno, pues quien se detenga es inmediatamente ejecutado. Aparentemente, el film es fiel al libro, pero se busca una innecesaria suavización de algunos personajes, que King describía con una crueldad necesaria para su diabólico juego psicológico, más importante que el desafío físico. Poco más, porque tampoco quiero destrozar la película a quien no la haya visto. Entretenida sin más, se hace un pelín larga y al menos me gustaría destacar a David Jonsson, que se come la pantalla desde el principio y encarna un poco a ese héroe inesperado que tan poco abunda en el cine comercial.
Correcta y poco más.
Saludos.

viernes, 4 de marzo de 2011

Espacio de sobra para movimientos banales



Algún día aparecerán aquí tanto LAST MAN ON EARTH como OMEGA MAN, las dos anteriores versiones de la magistral novela de Richard Matheson; pero hoy me quedo con el genuino "quiero y no puedo", convertido aquí en "puedo y no quiero", de este convulso principio de siglo cinematográfico, empeñado en desperdiciar buenas ideas a base de hacer pasar un grupo de postales digitales por cierto discurso narrativo. Y no cuela, claro. I AM LEGEND sólo funciona mientras existe la extrañeza, el misterio, el estupendo aroma a cine mudo con la ciudad destruida como telón de fondo y el caminante solitario (exceptuamos al perro), husmeando por los rincones, conduciendo como un niño lo haría cuando nadie le ve; la amenaza, latente, en sombras, sólo nos es mostrada en un par de secuencias que son lo mejor del film por lo que inteligentemente oculta en lugar de ser enseñado (exhibido). A partir de ahí, Francis Lawrence, que apuntaba buenas maneras en CONSTANTINE, un más que digno debut, pierde por completo el control de lo que quiere contar y, sobre todo, cómo quiere contarlo. Will Smith es lo único que importa en el segundo e insoportable tramo, sus chascarrillos ya son de la familia y, claro, los efectos speciales (digitales) invaden la pantalla como fuegos artificiales. Estos vampiros son los peores vampiros que usted podrá ver en una película, meras infografías desnaturalizadas y sin ningún tipo de "alma", nunca mejor dicho. Otra lástima, porque I AM LEGEND podía haber sido un blockbuster potente y duradero, pero todas sus licencias le acaban pasando una factura excesivamente elevada; sirve para entretener con palomitas y atendiendo sólo a las estridencias, pero, y pese a que se lleva anunciando una incomprensible precuela desde hace tiempo, ya está suficientemente olvidada, creo yo. Échense a temblar.
Saludos legendarios.

domingo, 8 de agosto de 2010

El puto infierno



Tranquilos, no voy a ser yo, y mucho menos tras haber sido fiel seguidor durante años de "Hellblazer", quien haga (nunca mejor dicho) de abogado del diablo. Aun así, debo reconocer que CONSTANTINE, aun con sus patinazos, sus horrísonas licencias y hasta su preocupante ausencia de mala uva, mantiene un nivel bastante digno para los parámetros mainstream en los que se mueve. El primer problema es, cómo no, Keanu Reeves, que no es que sea un mal John Constantine, es que no puede ser jamás John Constantine; otro tipo sí, pero no el detective atormentado y autodestructivo que Alan Moore creó hace más de veinte años y que Jamie Delano elevó a los altares del cómic más áspero e insobornable. Otro actor con más carisma le habría ido como anillo al dedo, porque Reeves ya no puede desengancharse de Neo, un personaje que irá siempre con él para bien o para mal. El gran acierto de casting es Rachel Weisz, que muestra su solvencia en algunas de las escenas más complicadas del film, y algunas caracterizaciones ciertamente originales, como ver a Tilda Swinton encarnando a un feroz y androginísimo arcángel o a Peter Stormare haciendo la entrada en escena del Diablo más insólita que he visto jamás. Son pequeñas gotas de lo que pudo ser pero se quedó a la mitad por incompetencia, sumisión a los estándares o simple bobaliconería americana; no basta con ametralladoras en forma de cruz ni con sacar a Reeves fumando como un carretero... La subversión es otra cosa mucho menos elocuente...
Saludos de azufre.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!