jueves, 31 de julio de 2008

Engordar para morir

Los 70 fue la década del exceso, y del gusto por el exceso, o de gustos excesivos, quién sabe...
A los creadores que intentaban desesperadamente apartarse de la etiqueta "clásico" se unieron aquellos vencedores del neorrealismo de finales de los cincuenta y de la psicodelia trascendente de los sesenta.
Marco Ferreri estuvo en todo aquello, y siempre mantuvo imperturbable su mirada socarrona y excesiva, así que los setenta le fueron como anillo al dedo.
Y LA GRANDE BOUFFE es la película más excesiva que mis ojos hayan contemplado.
Curioso que cuatro de los iconos interpretativos del cine europeo se prestaran para semejante experimento, pues no consigo ver más que un desenfreno prosaico anti-burgués y desmedido, nada que ver con el comedimiento inteligente y corrosivo que, por ejemplo, Berlanga otorgó a otros escritos de Azcona.
Porque, aunque no lo parezca, esta apología de la pornografía más nihilista y descorazonadora fue ideada por el autor de EL PISITO (aquél también era otro Ferreri), pero no logramos atisbar ni un solo trazo de aquella denuncia agridulce, pues aquí todo es muy agrio, o muy dulce, o muy salado...
Al igual que aquel alcohólico que decide irse a Las Vegas para beber hasta morir, estos cuatro ¿amigos? (no importa, la verdad) se encierran en un decadente caserón (el único elemento de visible notoriedad narrativa) para comer. En un principio se trata de dar rienda suelta a la gula, más tarde a la lujuria y por último, incapaces de encontrar más satisfacciones, entregarse a la muerte como única redención posible.
Con este mapa anarquista y disgustante, Ferreri se torna más crudo y menos festivo que de costumbre. Hay quien finalmente diside de tan horroroso experimento, tanto dentro de la película (sólo vemos a Piccoli ir hasta las últimas consecuencias) como el espectador burgués, incapaz de dotar de sentido a lo que precisamente basa su discurso en ese nonsense extremo tan difícil de ubicar en un orden social establecido.
Han pasado 35 años desde entonces y creo, no sin cierto escepticismo, que es más complicado para el espectador actual verla hoy de lo que fue entonces en su estreno. Lo cual no deja de ser paradigmático y sintomático como verdadero termómetro social.
Sabrosos saludos.

Travis

Uno de los mejores grupos británicos. Sólo su incomprensible modestia no les ha permitido encumbrarse como merecían.


martes, 29 de julio de 2008

Fotografías en movimiento

No debía usar el singular en esta entrada, no se trata de la "fotografía" tal y como la entendemos imbricada en el complejo engranaje de un film, sino de dotar de vida móvil a un puñado de postales en blanco y negro, pues es ese el finísimo hilo que une la ¿extraña? ¿trascendente? ¿incomprensible? historia de un hombre y su soledad, una mujer y su condena, un territorio desolado, amargo, difícil de transitar. Sus motivaciones se nos escapan, su estética nos subyuga, su profundidad nos atomiza y no nos permite husmear más allá de lo que sus imágenes generosamente nos dejan con el moroso cuentagotas de quien explota un hallazgo único, devorador.
Eso es KÁRHOZAT, del húngaro Béla Tarr.
A Tarr pudimos verlo en el bisoñísimo festival de Sevilla, por lo que bisoño no es sinónimo de inculto, o de insensible. Y ese magiar insondable, con un pie en el existencialismo y otro en Tarkovski (a secas) dejó petrificada a una audiencia primero expectante, luego sobrecogida y finalmente entregada. Tal es la pureza visual de su cine; tal su demoledor discurso.
Tarr sabe de lo que habla, y si no sabe es que estamos ante un mago de la imagen. Pero no de la imagen modificada, al menos no más de lo que pueda modificarla la luz, pues parece como si la inmensa mayoría de directores hubiesen olvidado esta faceta del cine y se decantasen por lo virtual, reposado primero para desembocar en una urgencia incomprensible (¿Qué significa la palabra postproducción actualmente? ¿justificación de capital?).
Aunque no lo crean, han pasado veinte años desde que se filmó esta obra maestra. Si la ven ahora, no sabrían ubicarla en el tiempo, porque no es cine viejo, ni nuevo. Acaso una puerta abierta en la que debiesen mirar más directores. Futuro vivo de un arte que sólo en contadísimas ocasiones merece tal apelativo.
Yo no me atrevería a morirme sin haber visto algo de este genio.
Saludos.

Poesía en movimiento

No acostumbro a incluir fragmentos de las películas que comento, pero debo hacer una excepción con Béla Tarr; sobre todo para mostrar lo que para mí es obvio pero no es común. LA CONDENA no es lo que imbéciles como Baz Luhrmann entienden por "ilustrar la música", pues ni la una ni la otra cumplen su cometido. No hablamos aquí de videoclip de lujo, sólo déjense llevar por un maestro de la imagen...


lunes, 28 de julio de 2008

Pinche cine gringo

En caída libre y sin paracaídas, cual legionario rondando a la parca, me dispongo a explicar cuáles son las razones (intentaré no omitir ninguna) por las que EL LABERINTO DEL FAUNO me parece una mala película.
Lo primero, y más significativo, es el tremendo descenso de autoexigencia de Guillermo del Toro desde aquella lejanísima CRONOS, deudora del mejor Cronenberg, originalísima aproximación al vampirismo con fuertes connotaciones existencialistas, su mejor obra, vaya.
Del Toro se marcha a U.S.A. y allí empieza su conformismo incomprensible. MIMIC es un subproducto para probar técnicas de animación digital y poco más; en 2001 alarga un tentáculo hacia nuestro país y filma una aburrida nueva vuelta de tuerca sobre el fantasmeo, EL ESPINAZO DEL DIABLO; de BLADE II y HELLBOY prefiero no hablar, por temor a soltar sapos y culebras. Y en estas llegamos a EL LABERINTO DEL FAUNO.
Y comenzaré con la verdadera clave de su éxito: el márketing. Del Toro no para de bombardearnos con imágenes calculadamente recortadas y tenemos faunos hasta en la sopa; es decir: la película hay que verla sí o sí.
Bueno, pues me voy a verla y ¿qué me encuentro? Dos películas en una, o peor; dos medias películas intentando desesperadamente complementarse para formar un todo. Un todo que nunca llega, pero es que tampoco llega, ni siquiera, un buen desarrollo de alguna de esas mutilaciones. Como si de un monstruo de Frankenstein fílmico se tratara, asisto incrédulo a una magistral interpretación de Sergi López haciendo todo lo posible por no desentonar con una Maribel Verdú de chiste, después de chuparse trescientos sketches de Marianico el corto ¿?
Sin tiempo para ir al baño, una niña más sosa que un cocido australiano se mete (por la cara) en un mundo paralelo, donde (estaba claro) el amigo del Toro realiza la habitual exhibición de maquillaje, vestuario y animaciones varias. Vale, bien, es original porque lo otro era la guerra civil y todo eso, pero ¡cojones!, ya que todo es de la misma película ¿por qué me estaba dando la sensación de que el conjunto estaba deslavazado, metido con calzador? ¿También ésta es de las que dicen al final que todo estaba en la imaginación? Coño, pues entonces no molestes la impecable carrera de Sergi López y déjale en sus personajes emocionalmente extremos. Calma, calma...
Lo que de verdad me irrita es que el 90% de los espectadores ha sucumbido al hechizo de otro nigromante de la pantalla, tan hábil que es capaz de no contar nada interesante, dividir la nada en dos (acojonante) y, encima, meter con calzador a un maestro como Federico Luppi en los últimos cinco minutos vestido de rey mago ¡!
Mira, hombre. Lo único que lamento es que el tipo ese con los ojos en las manos no trincara a la niña y hubiesemos tenido un cortometraje. Aunque conociendo la habilidad de del Toro para alargar lo inalargable, podíamos haber asistido al nacimiento de un nuevo género: el cortometraje de dos horas.
Por cierto ¿no parece una botella de Coca-Cola lo que se vislumbra en primer término de la foto que incluyo?
Indignados saludos.

Café Tacuba

Como nunca he sido muy rancherista, aquí va un grupo azteca que me llevan gustando la pila de años. Originales, irreverentes, virtuosos, desinhibidos... Café Tacuba.


domingo, 27 de julio de 2008

Calamares por aquí, boquerones por allá

A la nostalgia por la repetición. O al costumbrismo, o al canon, o a lo porcojones.
Almodóvar ya es tan de la familia que le omitimos hasta el nombre. De aquel provocador que anunciaba detergentes al actual "Lynch" de media y zapatilla, un mundo. Pero por lo vasto, no por lo diverso. El manchego lleva haciendo la misma película 25 hermosos años; y porque como cabezón es como él solo y no iba a deslizar su cine rasgante y chillón a un digamos "confort" televisivo, a la aburridísima colección de premios se le une una relación amor/odio, digna del papel couché que tanto critica, con una academia que justamente no le rinde pleitesía.
Pero Pedrooo (con tres oes) también inventó; hace mucho de esto, pero inventó. Había un poquito de John Waters, eso sí, y de Mihura, y algo de Sirk, de Imamura y Carax (que no le copió a él porque empezó antes). Todo muy agitadito, tanto como aquel Madrid que (desgraciadamente) yo no conocí y que dio una hornada de diletantes autodestructivos que se reían hasta de su sombra. Y LABERINTO DE PASIONES pertenece a esa época, se nutre de ella y también le lega su particular homenaje fílmico (casi el único); porque Almodóvar es, le pese a quien le pese, el cineasta de la Movida, de aquel Madrid escurridizo y fugaz como un suicidio. Y no hubo mucho más, porque la música lo copaba (casi) todo con su instantaneidad y auto-deglución.
En esta película se ven claramente cuales serían las líneas maestras de Almodóvar hasta nuestros días. Y entonces era Cecilia Roth como luego sería Carmen Maura y ahora la más aseadita P. Cruz. Y entonces era Imanol Arias como luego sería Banderas de nuestras desdichas y ahora... bueno, ahora ya es incapaz de dirigir a un actor, y además Bardem se ha largado, conque...
Total, que nos queda esta divertidísima comedia (de carcajada auténtica) de enredo, de enorme imaginación e irreverencia y con un trasfondo inmejorable para asaltar la mojigatería de lo castizo y darle la vuelta, como en las mejores zarzuelas.
Después, Almodóvar ya no ha sido el mismo. Pero esa también es otra historia.
Saludos movidos.

Foals

No he podido buscar una conexión entre esto y Almodóvar... pero la verdad es que me da igual.


sábado, 26 de julio de 2008

Salvajismo, refinamiento y otras actitudes

Sobre cómo un enorme talento es incapaz de desarrollarse con plenitud y explotar sus diversas facetas podría algún día dar una charla Jonathan Demme. Autor de uno de los iconos imborrables del mejor cine del siglo pasado y poco más. Una vez vista con amplia perspectiva la verdadera repercusión de THE SILENCE OF THE LAMBS, uno ya puede dejar atrás al mito y centrarse en la película. Evidentemente, el peso específico de Hannibal Lecter resulta arduo de esquivar; en no pocos momentos, Hopkins ha recurrido posteriormente a diversos tics de su creación maestra, lo mismo que Demme, sumergido en una estéril búsqueda de sí mismo al margen de su cima creadora (quizá mejor documentalista [especialmente musical {STOP MAKING SENSE; HEART OF GOLD}] que ficcionalista [THE SILENCE OF THE LAMBS no deja de ser una fidelísima adaptación de un best seller]) y ofreciendo la cara más mediocre del stablishment norteamericano más conservador y empachado.
Pero no se puede negar la evidencia, cualquier director daría su cabeza por dirigir algún día un thriller convertido en leyenda. Nos fascina eternamente ver a Clarisse avanzando por ese terrorífico pasillo igual que esa cortina que se abre en PSYCHO. Asistimos embobados al poder ejercido por Lecter incluso bajo confinamiento del mismo modo que Laughton traspasa el mero monólogo en THIS LAND IS MINE. La originalísima superposición de personajes en el tiempo y el espacio fílmico (Buffalo Bill como elemento unificador, que cohesiona eficazmente la trama) como en esa virguería que es TOUCH OF EVIL.
Todo ello (porque lo bueno también debe ser explicado) contribuye a agrandar la mítica aureola de un film que ingresa desde su estreno (los 5 oscars los consiguió ¡un año después del mismo!) en las vitrinas del olimpo de los intocables. Más aún: lo hace mostrando con toda crudeza un relato de horror primario, reservándose esas inigualables gotas de refinamiento casi sibarita para ese amoral artista que es Lecter.
Algún día hablaré de las "continuaciones", pero me niego a admitirlas en el mismo saco. Para mí no son más que pálidos reflejos comerciales de una obra maestra simplemente inimitable.
Saludos y buen provecho.

Cannibal Corpse

Agradables melodías al borde del mar. Los cocoteros se mecen dulcemente con la última brisa tropical. What a wonderful world...


viernes, 25 de julio de 2008

Encaje de bolillos

THE HOURS. O cómo encajar al milímetro tres historias, tres situaciones, tres épocas. O cómo, en plena crisis de guiones originales en Hollywood, si no tienes nada que contar, no cuentes nada, simplemente tira de hemeroteca y empieza a conectar lo inconectable. En serio, da igual si lo que cuentas es verosímil o no, si te lo crees todos lo creeran.
THE HOURS podría ser el ejemplo perfecto de todo esto, pero THE HOURS está magníficamente realizada, por lo que suple con creces su falta de identidad a base de una enorme suma de talentos.
El británico Stephen Daldry da un paso de gigante en su ascensión hacia Hollywood y demuestra que BILLY ELLIOTT era más que una simpática comedia familiar. A estas alturas, creo que el (esquelético) guión anda más que sobado, por lo que me ahorraré el contar ese fascinante juego a tres bandas sostenido con desigual fortuna por tres grandes actrices.
Personalmente me da exactamente igual lo que me van contando en la película, pues no es ese su gran acierto. A THE HOURS la hacen grande sus interpretaciones, y eso es algo de lo que Daldry debe estar más que agradecido.
La más sobresaliente (se llevó el oscar) fue, evidentemente, Nicole Kidman. Trabajarse una personalidad tan poliédrica como la de Virginia Woolf bien merece un lugar de honor. Nunca tuvo la Kidman un semblante tan amargo y destructivo. Aun así, no creo que sea el mejor trabajo del film.
Meryl Streep deja atrás sus habituales gestos y manías y compone uno de los mejores trabajos de su dilatada carrera. Con inhabitual serenidad, va cerrando las puertas tras los horrores que la van cercando. No sabemos mucho de su personaje, lo intuimos, y se le exige mucha sutilidad a un actor para pasar de puntillas y, al mismo tiempo, mostrar toda su fuerza interpretativa.
Pero es Julianne Moore la que me arrebata. Una vez más demuestra su versatilidad y extrema sensibilidad en el personaje más crudo, más herido, más impotente. Palpamos su soledad, su desesperación; sus miradas siempre tienen algo escondido, un simple movimento de sus ojos y sabemos más que con cien líneas de guión. Por algo, en la magnífica escena que simultanéa a estas tres actrices, es Moore la que da el aldabonazo definitivo en un exorcismo casi insoportable.
Con todo, me quedo con la magistral escena en la que un Ed Harris en estado de gracia es capaz de robar todo el protagonismo a las antes descritas, y eso sólo está al alcance de los más grandes.
Aquel año, la estatuilla fue para Chris Cooper, un excelente secundario en su peor papel (ADAPTATION), por lo que es incomprensible que Harris no lo ganara. Pero ¿quién comprende a los americanos?
Saludos horarios.

Ali in the jungle

Confieso que no conocía este grupo, pero para algo tiene que servir youtube. Buen video.


jueves, 24 de julio de 2008

Ecología apocalíptica

En 1983, los fantasmas de la guerra fría resurgieron encarnados en la amenaza nuclear. En un país tan dado a los catastrofismos como U.S.A., el ascenso al poder de un personaje como Reagan supuso una inquietante incertidumbre a nivel de relaciones exteriores. Vamos, que se dedicó a acojonar a diestro y siniestro cual ángel exterminador tocando la trompeta del juicio final.
Toda esta crispación también tuvo su reflejo en el cine de aquel tiempo. Con mayor o menor fortuna, asistimos a múltiples andanzas post-nucleares (la saga de Mad Max); desesperanzadas (THE DAY AFTER) o encubiertas (WAR GAMES).
Pero el siempre avispado F.F.Coppola, tras su particular visión del apocalipsis, intentó un giro más a la situación. Aunó esfuerzos con el director de fotografía Godfrey Reggio y juntos filmaron un poema visual que se mantiene hasta nuestros días con gran vigencia. KOYAANISQATSI significa, en la olvidada lengua de los indios hopi, vida desordenada, caótica, absurda, al borde de la autodestrucción.
90 minutos que trascienden el documental concienciatorio, bañados por una imponente y sobrecogedora partitura del por entonces desconocido Philip Glass. KOYAANISQATSI comienza en la quietud de la naturaleza, los grandes cañones impasibles, las cuevas que nos remiten a nuestros orígenes. Poco a poco, la imagen se acelera; vemos nubes amenazantes, algo nos dice que la naturaleza va a dar paso a lo artificial. La música de Glass, en principio quieta y evocadora, se torna furiosa, como una apisonadora sin sentimientos. Las imágenes nos dan de bruces. Máquinas, centros comerciales, cadenas de montaje, casinos abarrotados, autopistas incesantes... El mundo que gira cada vez a una velocidad mayor, y lo que aparentemente es cotidiano se vuelve insoportable, nos cuesta creer que formemos parte de ese infierno.
KOYAANISQATSI, pese a nacer en medio de la vorágine nuclear, no explicita su mensaje en torno a ello, sino que trasciende la meditación filosófica sobre esa enfermedad que azota al planeta llamada ser humano.
Es una cinta que suelo revisar de tanto en tanto y que me sirve para no caer en la desidia de lo confortable y creer falsamente que vamos en el buen camino. Más tarde, se realizó una continuación, POWAQAATSI, que ahondaba más en el mapa humano. Finalizando con la optimista y multicolorista BARAKA, del colega de Reggio, Ron Fricke. Sin embargo, la inicial que hoy hemos destacado, quizás siga siendo la más significativa, por su innovador uso de imagen y sonido y, sobre todo, por su inteligente planteamiento, lejos del ecologismo barato, colocando al ser humano en el ojo del huracán. Y eso nunca es fácil de asimilar.
Saludos globales.

Boards of Canada

Ya sé que lo fácil habría sido mostrar algo de la impresionante partitura de Glass, pero como somos muy indéfilos aquí va otra formación de tintes descriptivos y panorámicos.


miércoles, 23 de julio de 2008

Otro mundo es posible

A estas alturas del viaje, creo que debe ser bien sabido mi aversión casi paranoica a los inexplicables resortes que mueven ese Mr. Potato, desmontable y ridículo, que es el cine español.
Como no voy a exponer otra vez los motivos (que son infinitos y aburridos), daré un par de pistas que sí que me parecen fundamentales. Comenzando por lo que no se ve. Es decir, lo que sólo se intuye, aunque sea un secreto a voces. No hay que ser muy listo para darse cuenta de la vergonzante transposición de motivos, caracteres, tics, agobios y limitaciones con el que la televisión (elemento enfermo, al menos en España) ha ido contaminando las grandes pantallas (cada vez más pequeñas). Subproductos de consumo rápido y supersónico olvido donde el costumbrismo más chabacano y los personajes absolutamente planos, arquetípicos de no sé qué "españolismo" que yo pensaba ya más que enterrado, se dan de la mano sin pudor ni reflexión. ¿Que quieren resucitar el espíritu de Martínez Soria y los mandamientos del "landismo"? Vale. Está claro que el espectador debe decidir, pero es que todos los apoyos van a mierdas como TORRENTE o EL PENALTY MÁS LARGO DEL MUNDO, por ejemplo.
De eso, precisamente de toda esa porquería que los buenos cineastas han tenido que tragar por la mentecatería de unos productores más parecidos a promotores inmobiliarios que a otra cosa, sabe, y mucho, Enrique Urbizu. Uno de los casos más singulares en este mundillo surrealista.
El chaval debuta casi como niño prodigio (otro más) con una cosa llamada TU NOVIA ESTÁ LOCA; se mete de lleno en una ambiciosa tontería (a mí me parece horrible) como TODO POR LA PASTA; como no podía ser de otra manera (hablamos de los vomitivos años 90), le realiza dos encarguitos al productor que más daño le ha hecho al cine español desde F. Iquino (que ya es decir): el iluminado Andrés Vicente Gómez.
Sin embargo, el tipo tiene talento. Primero, Polanski se fija en él para que le adapte El Club Dumas a lo que finalmente sería THE NINTH GATE, que no pasa por ser lo mejor de Polanski, pero ya es algo para un tipo tan machacado como Urbizu. Con ese nuevo impulso, Urbizu prepara una película que adelanta su particular visión del thriller: LA CAJA 507. Con el gran Antonio Resines antes de ser abducido por ese engendro de Tele5. A ésta le cayeron un par de goyas y un reconocimiento unánime. Pero lo mejor estaba por llegar.
En 2003, y flanqueado por sendas almodovarieces y amenabarismos, Urbizu hace una película que, al menos a mí, me dejó impactado largo tiempo: LA VIDA MANCHA.
LA VIDA MANCHA es un western en toda regla y lo podía haber firmado el mismísimo Eastwood, por lo crepuscular, por lo contenido y por lo durísimo que se revela el relato tras una finísima capa de normalidad. Lo insólito es que la acción transcurre en la actualidad, en una ciudad de provincias cualquiera y tiene como integrantes a un camionero en apuros financieros, su joven esposa y un bar donde se realizan timbas ilegales de póker.
Pero aún hay más (o debería decir: aún queda lo más fuerte). Urbizu descubre a uno de los actores más infravalorados de nuestro cine: José Coronado. Que cual Gary Cooper patrio, realiza un soberbio trabajo que yo no había visto nunca por estos lares.
Coronado construye uno de esos personajes "imborrables", a imagen y semejanza del abandonado sheriff de HIGH NOON o el John Wayne zorro y desencantado de THE SEARCHERS.
Lección de cine. Bofetada sin manos a la absurda administración de films. Pero también, y más importante, gran referente para cineastas futuros que decidan sumergirse en el difícil mundo del cine "de género". Porque no sólo de experimentación vive el cinéfilo.
Saludos manchados.

Moonspell-"Luna"

Si la vida mancha la muerte lo lava, o eso es lo que opinan estos portugueses. Magnífico trabajo de animación, muy a lo Tim Burton.


martes, 22 de julio de 2008

¿Dónde ahora? ¿Cuándo ahora? ¿Quién ahora?

Esta triple y desesperada interrogación servía a Samuel Beckett para introducirnos a ese agujero negro que es El Innombrable, tercera parte de su oscurísima trilogía, junto a Molloy y Malone muere.
Hagamos símiles entre aquella obra y JOHNNY GOT HIS GUN, la única película dirigida por el guionista y escritor Dalton Trumbo.
Beckett nos sugiere, como único elemento inteligible, que estamos ante la (supuesta) voz de una conciencia, perteneciente (o no) a un cuerpo vegetativo, sin vida física, sólo intelectual ¿pero cómo puede desarrollarse un pensamiento sin ningún contacto exterior? En medio de la angustia, supongo. Leer este libro, de apenas 150 páginas, me supuso una considerable torura tanto psíquica como moral, pero sigue siendo un inquietante referente de mis obsesiones.
Y luego está el film de Trumbo, reputadísimo guionista clásico de Hollywood, antibelicista militante, perseguido por la caza de brujas. Un caso atípico que logró mantenerse muchos años pese a las adversidades.
Trumbo nos propone el mismo caso que Beckett, solo que, al ser cine, no puede eludir el presentar físicamente al protagonista: un soldado (o lo que queda de él) en la I guerra mundial. Sin piernas ni brazos. Ciego y sordomudo. En fin...
La gran diferencia: La película, aunque parezca mentira, es infinitamente más benévola que el libro del autor de Esperando a Godot, incluyendo hasta algún chascarrillo humorístico. Claro que hay apartes en los que la palabra interior cobra protagonismo; pero en imágenes, Trumbo, que tampoco era un dechado de virtudes en dirección, necesita de otros personajes. Por ejemplo, los médicos y enfermeras (un poco demasiado satirizados) que transitan por el hospital de campaña y dan sus opiniones sobre tan dramático caso. O la pastelosa e ingenua relación pre-bélica que el soldado mantiene con su novia, tampoco muy lograda.
Lo cierto es que la película no ha envejecido bien. Sí, es un curioso acercamiento al antibelicismo cinéfilo, pero falla en lo fundamental: la fuerza a la hora de mostrar las secuelas de la guerra.
Saludos mutilados.

Evaristo kills G.I. Joe

Digan lo que digan, La Polla Records fue, es y será el mejor grupo punk de este reino. Qué tiempos, Wedge...


lunes, 21 de julio de 2008

Por arte de birlebirloque

Una inusitada fiebre de magia, magos, trucos y demás mentiras agradables se ha apoderado palatinamente de nuestros castigados subconscientes. Programas de televisión, libros, escuelas de magia¿? y hasta películas.
Desde que el repelente Harry Potter copara el inexplicable mercado literario, se han sucedido las revisiones más o menos infantilizadas sobre ese mito que es el engañabobos con clase, el trilero de las emociones, el enemigo íntimo de Wittgenstein y Sartre...; a saber, los magos.
Y en el cine, como no podía ser de otra manera, un aluvión de títulos, capitaneados por la infumable saga del niño ese, ha deambulado ante nosotros con mayor o menor fortuna; incluso hemos sufrido (yo al menos) el lío consecuente de la amalgama, sin solución de continuidad, de tantos títulos de similar trama y hasta estética.
Creo que la que mejor salió de tan complicado envite fue THE ILLUSIONIST, del desconocido Neil Burger. Primero por lo acertado de los actores; un convincente Edward Norton y un remozado Paul Giamatti, ambos secundados por una de las actrices más bellas del planeta (y créanme que no suelo fijarme mucho en eso), Jessica Biel.
Otro gran acierto es no dar primacía a los efectos especiales. En vez de eso, y al tratarse de un film de época, el director opta (afortunadamente para nuestras retinas y oídos) por reproducir fielmente las actuaciones de aquellos ilusionistas que se fajaban en teatros abarrotados de asombrados e incrédulos.
Tercer acierto: la fotografía de Dick Pope alcanza momentos sublimes de fantasmagoría y surrealismo, creemos, en determinados pasajes, haber desembarcado en un sueño vivo, y ello contribuye a mantener un precioso estado de extrañeza que domina la posible dulcificación de la historia amorosa.
Porque, por encima de otras consideraciones, THE ILLUSIONIST rezuma el romanticismo tétrico de un Murnau o un Whale atrapados en el ámbar del cine de la prisa que tan acostumbrados a ver estamos.
Recomendable como evasión estilística y evocadora.
Bueno, como diría el gran Tamariz: nananienoooonaaaa.
Saludos.

Hocus Pocus

Las famosas palabras mágicas, sí señor. De eso sabían mucho los holandeses Focus. Inclasificables.


domingo, 20 de julio de 2008

Tanta inteligencia no puede ser buena

A ver. Que yo sepa, la política, si se ha ocupado concienzudamente de algo alguna vez, ha sido de enrevesar hasta las cosas más sencillas. Se nos llama directamente tontos y, de paso, se cuelgan la etiqueta de "gente más inteligente del reino".
Sabemos que no es así, que si hay un sector donde la gilipollez malsana campa a sus anchas, es en política.
Abundaré en esta desesperante cuestión en mi recién estrenado blog, pero aquí no me voy por las ramas y hablo de una película.
Lo malo es que la película en cuestión exhibe, sin importarle lo más mínimo, todas y cada una de las maldades que la críptica política moderna nos muestra como la gran embaucadora que es.
SYRIANA tiene una trama secillísima que su director, por novato o por miedoso, ha liado desastrosamente. Es que no lo entiendo. El arranque es bueno, el ritmo es intenso, los actores cumplen, hay tensión dramática... ¿Por qué, entonces, esa sumisión al tan americano del "no estáis preparados para algo tan grande", que siempre suele ser decepcionante, fraudulento?
Hombre, si obviamos los tecnicismos (que en una película, la verdad, sobran), la historia es la de los últimos cuarenta años: El petróleo escasea. Hay quien lo posee a lo bestia y, como tonto ya no hay ni en los pueblos, pues otros, que cuando se enfadan pasan de diplomacia y hostias, les presionan, les atacan, les aniquilan...
El núcleo duro de la peli es ese; después, cuando a los personajes les toca hablar y explicarse... pues eso, nada de nada. Atisbamos que pasan cosas chungas, que hay un clima de infelicidad permanente, pero ni una sola clave sobre responsabilidades y remedios. Entonces ¿para qué hacer una película como esta? No se puede ser tan tonto y pensar que, de repente, se ha creado un nuevo género. Ah, pero si por ahí, infiltradillo, estaba S. Soderbergh. Esto ya aclara algo las cosas (fijaos que me importa más desentrañar esta nimiedad que el pírrico argumento), pues Soderbergh (aunque aquí aparezca como co-productor) es, con toda seguridad, el único director capaz de aunar en su persona cada defecto, virtud y/o vicio de la más reciente cinematografía yanqui.
Si lo quieren pasar bien, no la vean. Si quieren enterarse de secretos de estado, no la vean. Si quieren ser más inteligentes, no la vean.
Dentro de un mes les diré si he encontrado algún motivo para verla.
Hasta entonces, saludos.

Kemopetrol

Este sorprendente grupo finlandés irrumpió en escena hará poco menos de diez años. Pop electrónico de tintes progresivos y una voz de lujo.


sábado, 19 de julio de 2008

Caperucita feroz

A veces, las cosas son incluso como parecen.
En plena serranía madrileña me encuentro cuando esto escribo. Más: potente urbanización, amanecer con globos y Robert Graves impacientándose cada vez más. O eso o alter ego estivalero, pero viene que ni al pelo.
¡Cuidado! Absténganse los incautos que busquen simple entretenimiento o emociones fuertes..., sobre todo si pertenecen al género masculino. Como dije en la reseña de ayer, todo puede ir peor.
Descubrí horrorizado a un par de lesbianas feministas militantes con una inquietante sonrisota circundante a la salida del cine donde vi HARD CANDY. Madre mía, el declive del imperio machista es ya un hecho, sólo quedan por rodar las cabezas del resto de los hombres y como si nada. Preparémonos pues.
No es ésta una película amable, vale, pero creo que se han pasado con la mostaza. Que el tipo al final confiesa un supuesto crimen..., sí, claro, y quién no; sólo hay que ver la hora y pico precedente y uno se hace responsable hasta de la muerte de Kennedy.
Con todo, HARD CANDY (vaya título porno, por cierto) es una buena película porque siempre quieres saber más (siempre el asqueroso voyeur que llevamos dentro), aunque el grado de repugnancia nos sobrepase (vaya por delante que no quiero meter ningún spoiler innecesario), aunque el tipo al que antes queríamos crucificar pase, en menos de media hora, a ser una injusta víctima con la que nos identificamos inmediatamente.
Lo peor es su innegable estética de videoclip (sólo busquen David Slade en Google), aunque la localización es inmejorable y las interpretaciones, aunque la chica esté un poquito sobreactuada, son sobrecogedoras.
Pero el gran acierto del film quizá sea esa frialdad quirúrgica, tan falta de moral, con la que una supuesta venganza pasa a ser simplemente un crimen previa tortura que acciona los mecanismos más fascistoides de una generación que ha crecido al amparo de lo virtual, y que muchas veces es incapaz de sentir (bonita palabra) qué puede significar otro ser humano. Porque no lo olvidemos, lo que se relata en HARD CANDY pasa todos los días, con otro nombre, con otras identificaciones, pero con la misma bajeza infrahumana.
Pase entonces como escalofrío de celuloide, pero en ningún caso como ejemplo doctrinario.
Inocentes saludos.

Cheap and cheerful

La nueva bittersweet lolita de la música se llama Alison Mosshart y canta en The Kills. Yo no sé a vosotros, pero a mí me da cosica...


viernes, 18 de julio de 2008

Supositorio oral

¿Cómo filmamos a alguien desde dentro? ¿Y si ese alguien sufre algún tipo de desequilibrio? ¿Y si ese desequilibrio ha sido causado por algo que no sabemos? ¿Y si ese algo que no sabemos puede que ni siquiera sea algo real? ¿Y si todo estuviese en la cabeza de ese alguien al que pretendemos filmar? ¿Qué clase de película veríamos?
La película se llama KEANE, la dirigió un tal Lodge Kerrigan y la protagonizó (de oscar, de copa Volpi, de oso de oro...) un magistral Damian Lewis.
KEANE es ese otro cine norteamericano que nos pasa desapercibido, el que no tiene nada que ver con Sundance, el que tarda tres años en estrenarse en España.
KEANE es el mejor Ferrara, y el mejor Cassavettes, y al mismo tiempo no se parece a nada de eso. Porque no hay ningún artificio en KEANE. A todos nos suena de algo la desorientación del protagonista, la ciudad indefinida que podría ser cualquiera, la brutal soledad de las estaciones de autobús, los bares hostiles...
El único agarradero que el director nos permite utilizar es la búsqueda, enfermiza y obsesiva, que dicho personaje emprende a lo largo de hora y media de angustia y desesperación. Supuestamente, su hija ha desaparecido. Supuestamente. No sabemos nada más. Quizás no se nos quiere, o no se nos puede, contar más. A lo mejor no es cierto. A lo mejor, Lodge Kerrigan sólo quería infiltrarse en una mente humana presa de un continuo ataque de ansiedad.
Sea como sea, el resultado es terrorífico, más allá de lo inquietante. Porque nos horroriza perder el control de nuestros pensamientos mientras aún éstos nos pertenecen. Porque somos incapaces de describir qué pasaría si toda nuestra realidad se desvaneciera y nadie pudiera ayudarnos. Es algo que sólo podemos ver desde fuera y a lo que denominamos como locura.
Esto es mucho más que mero entretenimiento. Es un golpe seco a nuestra conciencia. Es una mente atormentada filmada desde dentro.
A quien no la haya visto, que la busque.
Un saludo..., por decir algo.

This is the last time

Un tema bien fresquito para las calores. Con una batería un piano y un buen vocalista se le puede dar la vuelta al pop más convencional.


jueves, 17 de julio de 2008

Cuando todo va mal...

... aún podría ir mucho peor.
O el subtítulo que el veterano Sidney Lumet podía haber elegido para acompañar el ya de por sí largo título de su última y vibrante obra. BEFORE THE DEVIL KNOWS YOU´RE DEAD es una película que, en la línea de su autor, no se anda con rodeos. Ya desde la primera y explícita escena asistimos a lo que va a ser el nervio central: personajes aparentemente fuertes, incapaces de mantener su debilidad oculta y presos de sus adicciones y miedos. Muy alejados del arquetipo de "héroe" americano, pero muy bien definidos por su patetismo e impotencia.
La cosa es sencilla. Dos hermanos (perfectos Caín y Abel modernos) acuciados por sus problemas económicos y adicciones varias, acuerdan (o, más bien, Caín convence a Abel) un pantanoso asunto, consistente en atracar la joyería de sus padres. Una operación, a priori, sencilla, limpia y sin riesgos. La solución definitiva a sus problemas.
Con estos mimbres, Lumet inicia una trepidante carrera contrarreloj a través del lado oscuro del alma humana. Casi nos interesan menos las consecuencias físicas (que son terribles) que la hemorragia moral sufrida por estos dos seres, incapaces de afrontar sus problemas, cautivos de un dilema familiar que se va desentrañando a medida que nos acercamos al final de esta tragedia clásica trasladada a nuestros días. Y es que nada ha cambiado desde Sófocles. El hombre continúa incesantemente alimentando sus propios males para luego llorarlos como víctimas inocentes, lo cual no deja de tener su lado cómico; lo que pasa es que Lumet es perro viejo y sabe que la única forma de alistar a las nuevas generaciones a su clásica narrativa es no dar concesión alguna, ni a la galería ni a las (falsas) esperanzas.
Con todo, el trabajo de dos de los GRANDES de la interpretación actual, como son el apabullante Philip Seymour Hoffman y el conmovedor Ethan Hawke (todo un ejemplo de cómo sacudirse etiquetas innecesarias), apuntalados impecablemente por el eterno Albert Finney, debería ser motivo más que suficiente para alzarse con algún premio. Pero nunca se sabe.
Cine de siempre. Imprescindible y recomendable. Pura declaración de intenciones de un artesano que se resiste a jubilarse. Y me parece muy bien.
Saludos media hora antes de irme del paraíso...

Diablos y polvo

Ahora que el boss está por estos lugares dejándose la voz, aquí va uno de sus mejores temas.


miércoles, 16 de julio de 2008

Formalismo adquirido

Me imagino a Wes Anderson como ese Marcial Ruiz Escribano que vemos los miércoles por la noche en la puerta de su casa, junto a una silla de madera y un botijo. Una minimalista base de operaciones desde la que perpetrar cada semana sus desternillantes consejos; que, bien mirados, no difieren demasiado de la realidad, pero pertenecen a un mundo propio, el de la burla, que no podemos llevar a cabo cotidianamente.
Hasta ahí, podemos estar tranquilos. Es una situación aceptada y que no nos plantea mayores dificultades. El problema con el cine de Wes Anderson es el siguiente: ¿Con qué tipo de mirada debe acercarse el temerario espectador?
DARJEELING LIMITED sigue los pasos de RUSHMORE, THE TENENBAUMS o LIFE AQUATIC. E intentaré explicarme.
Es posible que la cosa en E.E.U.U. esté más malita de lo que pudiéramos pensar; que sea urgente una reeducación a todos los niveles habida cuenta del brutal retroceso que el intelecto medio yanqui ha sufrido en los últimos 20 o 30 años. Y no sólo de capacidad pensante hablo, sino de la emocional. Es como si, de repente, la gente no pudiese sentir por sí misma y se crearan programas "reeducativos", donde todo va mascadito y triturado. Fácil, incoloro e inodoro.
No es de extrañar le perplejidad que me producen las ¿comedias? de Anderson. Lo primero es que no me hacen gracia, pero sí que veo una cierta intención transgresora en su tratamiento desquiciado de unos personajes a la deriva, dubitativos, repetitivos hasta la exasperación. No consigo engancharme a esa supuesta inteligencia motivadora, pues siempre me parece que Anderson podía haberse desarrollado más ampliamente ante un público más "culto", como pudiera ser el francés. Me da la impresión de que Anderson siente verdadera vergüenza de su sociedad y se retrae ante los que considera víctimas de la misma. Sus películas bien pudieran ser un reflejo deformado de esa sociedad infantilizada y agotada hasta el extremo, sólo que, en un extraño camaleonismo, dan la sensación de verse ellas mismas superadas por esa gigantesca circunstancia que se llama U.S.A.
Como artefacto grotesco y bien facturado, lo cierto es que DARJEELING LIMITED funciona bien, y en algunos momentos es incluso divertida, si te hacen gracia el paleto de Owen Wilson, los recursos gestuales de Adrien Brody o el fastidioso intento de Jason Schwartzman de incorporar el pétreo humor de Buster Keaton. Demasiado barullo para tan poca cosa; porque lo cierto es que la historia tampoco es nada del otro mundo. Aunque, eso sí, como cronista de lo extravagante, el Sr. Wes Anderson, siempre y cuando afile algo más su discurso, podría estar considerado como un caso único en esa cinematografía tan dada a lo vano que es la norteamericana.
Saludos especiados.

Ravi Shankar

Bien, mis indefílicos cinesnabilizados. Tiempo de vacaciones, de ajetreos y, por lo tanto, de desatenciones. Está demostrado que el mantenimiento de un blog (aunque de escaso contenido, como éste) requiere sosiego, tiempo y una dosis de conservadurismo que nunca hubiese soñado incluir en mi caótica vida. Un poco más al norte que de costumbre, revisaremos primero un emocionante documento del maestro Ravi Shankar, del que su hija parece haber heredado poquito talento. Cosas de los genes...


lunes, 14 de julio de 2008

Señoras y señores...

Todavía sigo sin poder ver entera esa cosa que perpetró Baz Luhrmann a base de imágenes digitales y muy poca vergüenza.
Lo he intentado, pero cada vez que veo ese gusto por lo excesivo, sin medida, sin una pausa para contar algo... ¡Ah, claro! Es que hace falta una historia, y aquella era el eterno chico-conoce-chica pasteloso e infumable.
¿Y Lautrec? He ahí el asunto, amiguitos. Toulouse Lautrec, una figura que por sí sola es capaz de llenar y justificar toda una existencia, la del mítico Moulin Rouge.
¿Cómo saltarse a la torera un personaje tan fascinante, tan contradictorio, tan arrollador?
Es por eso que la verdadera película llamada MOULIN ROUGE sea la que en 1952 puso en pie ese genio de lo impetuoso que fue (y es) John Huston.
Cine clásico, sí; pero también el paso definitivo del cine en busca de la armonía en grandes espacios y con cientos de personas moviéndose. Me acuerdo ahora de ese "paso más allá" que comenté hace tiempo respecto de RUSSKIY KOVCHEG y el suicidio formal que emprendió Sokurov.
En MOULIN ROUGE, Huston nos propone una interesante dicotomía entre la fastuosidad del mítico templo del can-can y la íntima introspección del artista en lucha constante entre su desbordante talento y su tara física. Respecto a esto último me gustaría destacar el titánico trabajo de José Ferrer, que tuvo que rodar de rodillas para alcanzar la estatura adecuada.
En este caso, la espectacularidad está totalmente justificada (¿Qué era si no el Moulin Rouge sino puro espectáculo?) y no distrae en ningún momento la atención del espectador, que asiste a todo un juego impresionista de colores y formas, que a veces incluso somos incapaces de separar de la obra pictórica de Lautrec.
Otra vez, bien lo sé, me enfrento a los que sucumbieron ante el videojuego de lujo que hizo Luhrmann, pero ése es el trato ¿no?
Por cierto ¿alguien sabe qué ha sido de su "meteórica" carrera?
Un saludo y un brindis.

Mer du Japon

Fantástico tema de estos franchutes indomables.


domingo, 13 de julio de 2008

Vivamente el domingo

De cómo el genio imparable de don Luis Buñuel sale bien parado incluso en los ambientes más adversos. De la inigualable destreza con la que el maestro de Calanda fue capaz de exportar esa inasible y arcaica significación, tan arbitraria y tan discutible, que es la "españolidad".
A la sazón reverso situacionista de lo Unamuniano, aperturista y perverso, Buñuel fue más que un director de cine, más incluso que un artista. Don Luis fue un arte en sí mismo. Podría haber sacado una buena película incluso de lo más mundano. Inventó el surrealismo; más tarde dio lecciones magistrales de hiperrealismo (tan de moda actualmente); finalizando con inimitables híbridos de ambas corrientes, desembocando en una sátira social descarnada aunque incapaz de ocultar el talento de su creador.
Buñuel se fue a México y allí estableció buena parte de sus cargas de profundidad. No fue condescendiente ni con el país que lo acogió, y una de sus obras más corrosivas fue EL ÁNGEL EXTERMINADOR.
En una colosal pirueta de libertad expresiva, Buñuel se permite teorizar sobre la decadencia de la burguesía (tema capital de casi toda su obra) sin recurrir al realismo, en vez de ello, utiliza elementos marcadamente surrealistas con el fin de enfatizar el absurdo-increíble de una situación globalmente aceptada.
En una atmósfera cada vez más asfixiante, los personajes se ven incapacitados para reaccionar ante el más nimio de los problemas. El espectador se encuentra así con una de las más originales muestras de terror cinematográfico. Rayando el esperpento, a veces la sátira bufonesca e incluso la maximación de la sátira más onírica.
EL ÁNGEL EXTERMINADOR es una película eminentemente intemporal, acechante, que enfrenta a quien la ve a sus propias incapacidades morales; y aterra, precisamente, por esa sonrisa congelada que tanto divertía a este maño inmortal que ha pasado por encima de modas y modos, que es uno de los pilares de la historia del cine y que nunca debería ser pasado por alto como referencia de un inconformismo latente en una sociedad desquiciada e inconsciente.
Saludos en cautividad.

Lo ilegal es fenomenal

Uno de los mejores temas de este entrañable grupo de descerebrados.


sábado, 12 de julio de 2008

The show must start

Como no todo se puede (ni se debe) explicar desde la casualidad, es lógico que las más de las veces (que diría Don Miguel) estemos en la obligación de bucear hacia los orígenes. Nada más excitante que hacer de nuestro panteísmo un sayo y observar, como tiernos infantes, de dónde provienen nuestras pasiones, que creíamos tan nuevas.
Pensamos que nadie, excepto nosotros, ha poseído la juventud, el amor, el intelecto, el empuje. Creemos neciamente que no existirá nunca un futuro que nos tache a nosotros de antiguos, que sonría tiernamente al ver las diferencias entre una época y otra.
Ese terrible rasgo de inmadurez sólo lo puede llevar a cabo el ser humano. Pero como nadie puede rebatir esto, seguiré a lo mío que es el cine.
Griffith dio a Hollywood la oportunidad de convertirse en la indiscutible fábrica de sueños que es; hasta entonces, eran muchos los que recelaban de aquel invento que, a pachas, americanos y franceses dejaron para la posteridad. El cine era, a principios de siglo, el hermano pequeño del circo y una anomalía surgida de la radio, sólo que no sonaba y encima tenía imágenes.
Cuando Raoul Walsh filmó THE THIEF OF BAGDAD en 1924, absorbió todo el espectacular entramado que Griffith mostró tanto en INTOLERANCE como en THE BIRTH OF A NATION. Ahí estaban las siete verdades del cine-espectáculo, y ningún gran maestro ha osado después romper el encantamiento. Recordemos que Walsh fue un asiduo colaborador de Griffith, llegando a interpretar en THE BIRTH... a nada menos que el asesino de Lincoln.
La verdad es que todo estaba milimetrado para el lucimiento de la gran estrella de la época, el nunca suficientemente reconocido Douglas Fairbanks, que aquí derrocha todos y cada uno de sus habituales registros, los que pensaba Antonio Banderas poseer (me parto el pecho). Pero los verdaderamente protagonistas fueron los efectos especiales: vemos un espectacular vuelo en la legendaria alfombra mágica; un genio que le da mil vueltas al de la Disney; hechizos por parte de un mago "muy especial". Pero también un excelente vestuario para la época; unas coreografías que para sí las quisiera Bob Fosse; unos movimientos de cámara imposibles para aquel año; incluso cambios de tonalidad para enfatizar según qué asunto.
En definitiva, puro cine de aventuras que no sólo cumple con su cometido de entretener, sino que ochenta y cuatro años después sorprende por su vitalismo y frescura.
Orientales saludos.

Fortress Europe

Uno de los mejores combos nacidos en la década anterior fue Asian Dub Foundation. Hijos de emigrantes "pakis" y residentes en la pérfida Gran Bretaña, su agresivo hip-rock reivindica el derecho a ser diferentes, a la no globalización de las culturas y al aperturismo de fronteras. Imprescindibles.


viernes, 11 de julio de 2008

Muñecas rusas

Bueno, como la vida sigue, el Indéfilo también debe hacerlo. Y como aquí de lo que se habla es fundamentalmente de cine a ello iremos.
A mediados de los años sesenta, en Polonia había industria cinematográfica. Y qué industria. De allí salieron Andrzej Wajda, Polanski y sus ardores, Krzysztof Kieslowski como cabeza de lanza. Pero también coexistían con ellos viejos maestros como Jerzy Kawalerowicz, Andrzej Munk o Kazimierz Kutz.
Y uno de los más originales, extraños, surrealistas, bizarros: Wojciech Has.
Has adaptó allá por 1965 la intrincada novela del noble Jan Potocki (escrita a principios del XIX) Manuscrit trouvé a Saragosse, todo un reto y un delirante rodaje que duró casi dos años.
REKOPIS ZNALEZIONY W SARAGOSSIE es una de las películas más extrañas que he tenido oportunidad de ver. Imaginemos España en pleno siglo XVIII; el asedio francés, las tabernas perdidas en el campo aragonés donde las historias de fantasmas acechan al supersticioso.
Un oficial se deja caer por una de estas tabernas y allí oye cierta historia sobre un cierto lugar donde habita cierto mago... y así sucesivamente. Lo que viene a continuación es más arduo de describir que el décimo capítulo del Ulysses de Joyce.
Los personajes no cesan de contarse historias unos a otros, y el espectador asiste a la representación de cada historia, como si furtivamente se colara de una habitación a otra sin ser visto. En pleno éxtasis voyeurista, el personaje conductor del oficial vaga por el páramo envuelto en la psicodélica sinestesia musical de Krzysztof Penderecki, es perseguido por demonios y hechiceros; es testigo de la resurrección de los muertos y es introducido al negro foso del alma humana. Sin embargo, el efecto de muñecas rusas continúa y a veces incluso perdemos la percepción de lo que estamos viendo.
El guitarrista de Grateful Dead, Jerry Garcia, desempolvó este extrañísimo artefacto cinematográfico y emprendió una ardua búsqueda de materiales para su restauración. Garcia murió allá por 1995 y no pudo ver terminada su tarea, pero los inquietos Scorsese y Coppola retomaron el asunto y gracias a la suma de todos sus esfuerzos podemos asistir a EL MANUSCRITO ENCONTRADO EN ZARAGOZA prácticamente en su metraje original (3 horas) y con gran cantidad de extras, lo cual es bastante significativo como cierta arqueología cinéfila.
Me despido con un saludo o saludo con una despedida...

Hasta siempre, Sergio

Uno de los grandes. Ese era Sergio Algora, indiscutible cabeza pensante de diversas aventuras musicales, pero fundamentalmente de El Niño Gusano. El imposible combo zaragozano regó nuestras ya lejanas juventudes nocturnas a base de un insólito cóctel de psicodelia, surrealismo (cómo no iba a aparecer buñuel) y excelentes letras. Sólo su modestia, unida al analfabetismo musical de este país, impidió que Algora y los suyos despuntaran al lado de luminarias del rock psicodélico internacional como Flaming Lips, Mercury Rev o Stereolab. Sea como fuere, nos dejaron joyas que oídas ahora cobran mayor intensidad. El fresquísimo "Circo Luso"; el imaginativo "El efecto lupa" o "El escarabajo más grande de Europa", su obra más redonda. En pleno siglo XXI, estaba claro que su disolución era inminente, aunque Algora, mientras no cesaba su actividad poética, fundó los discretos Muy Poca Gente y, posteriormente, su actual grupo, La Costa Brava, donde intentó dejar de lado su desbordante imaginería y centrarse más en temas más tradicionales, aunque sin perder de vista su particular perspectiva de la vida.
Me enteré ayer de su muerte, precisamente por los amigos de diversos blogs (para que luego digan que esto no sirve para nada), e inmediatamente me puse a cavilar sobre qué pequeño, pero muy merecido, homenaje podríamos regalar desde El Indéfilo, y ha salido esto. Estoy seguro de que no demasiada gente conocía la trayectoria de este inquieto maño, espero que desde, por ejemplo, Radio 3, su gran valedora, se haga justo reconocimiento a Sergio, esté donde esté.


En fin. Como sé que al compañero Eduardo esta trágica noticia le ha dolido especialmente, aquí va una bonita tonada de su paisano; quizá pensando en esa segunda nacionalidad tan querida por el artista del café.







Éste es el poema póstumo que Sergio escribió. Creo que merece la pena revisarlo.

Dejé mi país para ser etíope por un año.
Dejé de dictar para subordinarme.

Etiopía estaba bajo la nieve.
La fiebre la había helado.

El matadero de la Adis Abeba estaba abandonado.
Los buitres habían construido allí una nueva ciudad.
Los niños, como heraldos, soplaban los cuernos
arrancados de las reses.
Los ancianos se convertían en pergaminos.

El ganado se reducía a cenizas.
Los adivinos contemplaban el humo
y las heces.
Los brujos traducían los poemas del premio Loewe.
Nos dábamos por el culo sin cesar,
tiritando en las chozas.

Cada nevada exterminaba una tribu.
Nos quedábamos con sus cuerpos y con sus enseres.

Parecía que un sueño invernal
iba a terminar con el hambre.

Llegaron los renos y Santa Claus
y cargaron en el trineo los leones famélicos
que se exhibían en el palacio presidencial.
Le dimos un león a la uno,
dos a la dos, tres a antena tres, cuatro a la cuatro,
cinco a la cinco, seis a la sexta, una jirafa a la once,
todo el oro de África a todos los santos,
el único clítoris mayor de dieciocho años
al único dios.

El entrenador de dios,
colocó el clítoris africano en el centro del campo
de un chochito blanco
y lo hizo debutar en el mundial.



jueves, 10 de julio de 2008

Beatus ille

Un dato: está claro que las distribuidoras son nuestras amigas. Nos preguntan educadamente qué películas queremos que se estrenen y luego, hecho esto, nos invitan al cine, nos compran palomitas... etc.
Yo más bien creo que en esta secuencia nuestras amigas las distribuidoras se saltan todo este aburrido protocolo y van directamente a lo que va después de ir al cine. Es decir: nos joden.
Otro dato: Es muy probable que EL CANT DELS OCELLS sea como otra lucha contra molinos de viento. No sé en Madrid y similares, pero por los meridianos meridionales se nos antoja risible siquiera su visionado antes del DVD.
Independientemente del valor artístico de HONOR DE CAVALLERIA, que es enorme (incalculable, si me permiten, teniendo en cuenta el país que la acoge), creo firmemente que su gran logro radica en haber conseguido abanderar (y difundir) algo que hace tan sólo unos años, y visto el tinglado de almodóvares y amenábares, no hubiese despertado más que un silencioso escepticismo.
Han pasado un par de años desde entonces y Albert Serra (director quijotesco donde los haya) ha logrado epatar con el festival más prestigioso del mundo, que no es otro que Cannes, y ha presentado allí la única cinta que podría considerarse 100% producción española. Pues hablar de las interesantísimas propuestas de Lucrecia Martel y Lisandro Alonso como españolas, al menos a mí, no me parecería del todo correcto.
¿Qué pasa entonces? ¿Dónde queda suspendida esa supuesta identidad de producciones que no son más que zafios reflejos de productos televisivos?
Olvidémonos de la taquilla por un momento. Estamos hablando de cine. No concibo que LA SOLEDAD haya triplicado sus espectadores después de ganar el goya ¿Qué está pasando?
De acuerdo, HONOR DE CAVALLERIA no es un cine fácil de digerir. Comparemos la escucha del último disco de Shakira y el de Keith Jarrett ¿Es que el oyente no tiene que poner nada de su parte? Demasiado simple (simplista), otra forma de llegar al pensamiento único que tantos estragos produce en el ciudadano medio. El paraíso político. ¿Acaso imaginan a Zapatero o Rajoy hablando sobre ese "Nuevo cine español", aparentemente invisible, pero que muy poco a poco empieza a dar sus frutos?
Perdón por enrollarme y no hablar de la película, cosas de la irascibilidad. De todas maneras, se trata de una forma de hacer (y sobre todo de contar) el cine, que parece nueva, pero que apela al primitivismo de Pasolini o el último Rohmer, aunque con un discurso muchísimo más radical y opaco. No precisamente por sus imágenes, cristalinas hasta rozar el infantilismo; sino por ese impensable giro (400 años después y tras infinitas reflexiones) que Serra comete casi de puntillas acerca del eterno dilema del Quijote.
No se pueden (ni se deben) explicar las muchas sensaciones derivadas de su sorprendente visionado, pues creo que nadie llegaría a coincidir. Así que recomiendo su adquisición en DVD, un día sin estrés para verla y, si es posible, en soledad, pues más que una película al uso, HONOR DE CAVALLERIA parece una hermosa reflexión sobre cómo existen resortes íntimos incluso al abordar la más universal de las historias.
Saludos desde un lugar de Indefilia, de cuyo nombre...

Travel is dangerous

Vámonos al campo con Mogwai y sus simpáticas mascotas. Pero, cuidado, el camino puede ser peligroso.


miércoles, 9 de julio de 2008

Nuevo Negro Americano

Hablar a estas alturas de David Cronenberg es hacerlo de una de las filmografías más coherentes, interesantes y desasosegantes de los últimos treinta años.
Su cine nunca ha casado bien con la habitualmente mojigata industria norteamericana, por lo que su transitar ha sido corrientemente más asociado a la serie B que a otra cosa. El mérito de este canadiense reside en haber puesto en pie un largo catálogo reconocido (y reconocible) por su calidad y frescura.
Conocíamos al Cronenberg enfermizo, esquinado, de sus primeros trabajos (SHIVERS; RABID; SCANNERS); al juguetón y más desarrollado de su segunda etapa (VIDEODROME; DEAD RINGERS; THE FLY; THE NAKED LUNCH) o al sublimado por su propio estilo narrativo en, más que giros, ascensos en busca de nuevas posibilidades (M. BUTTERFLY; CRASH; ExISTENz; SPIDER). Pero, aunque pudiera parecer imposible, hay un nuevo Cronenberg. Un director definitivamente entregado a la tarea de revisión implacable a la ortodoxia formal americana.
Su cine está al lado de clásicos incontestables como Huston (THE MALTESE FALCON; THE ASPHALT JUNGLE); Hawks (THE BIG SLEEP); Walsh (WHITE HEAT). Pero sobre todo, debe su negrura sin escapatoria posible a un maestro del género como fue el infravalorado Sam Fuller (PICKUP ON SOUTH STREET).
A HISTORY OF VIOLENCE se convierte así en su gran obra maestra, la que sus seguidores pedían desde hace años y que EASTERN PROMISES, su último trabajo, viene a colmar, en gran medida, las expectativas creadas por ésta su antecesora.
Hablamos de ese terreno tan resbaladizo que es el cine negro en estado puro. Hablamos de un Viggo Mortensen que se decide a moverse por la pantalla al mismo tiempo que habla (al contrario que en la mazurcada de Peter Jackson), y que muestra su buena dicción (cosa que nos perdimos en aquella chorrada de Alatriste) tanto para ser amable como para infligir miedo y respeto.
Aunque para miedo, el que lo da, y de verdad, es el fabuloso Ed Harris. Desde ya, uno de los grandes actores de todos los tiempos. Su composición abarca desde el intimidante Lee Marvin de THE BIG HEAT al desatado Frank Booth/Dennis Hopper de BLUE VELVET, aunque Harris haga suyo un personaje que era el más complicado en el cómic de John Wagner y Vince Locke.
La guinda la pone un exquisito William Hurt, cuyas esporádicas apariciones de corte solemnista le van otorgando poco a poco el apelativo de legendario.
La trama, convendrán conmigo quienes la hayan disfruado, es harto sencilla; lo verdaderamente duro de tragar en este western sin vaqueros es la facilidad con la que Cronenberg (aunque lleve décadas haciéndolo) multiplica las posibilidades de sus personajes, al rebajarles considerablemente la carga moral impuesta por la biempensante y castradora industria hollywoodiense.
Violentisisímos saludos.

Nitzer Ebb

No hay sangre, ni muertes, ni golpes... pero es uno de los videos más violentos que he visto nunca. A Nitzer Ebb los pudimos ver en el Monegros de hace un par de años (creo), y la verdad es que el tiempo no pasa por ellos. Puro músculo.


martes, 8 de julio de 2008

Simple y efectivo

En un curioso ejercicio de costumbrismo repetitivo y hasta sórdido, el nombre de Steven Spielberg es, para el entender colectivo, casi como una entrada aceptada en el María Moliner. Es decir: nadie le conoce pero todo el mundo sabe quién es.
El símil se me ocurre casi instantáneamente. Se nos muestra un alargador de pene en una teletienda de esas, lo vemos con gesto serio y, aunque nadie compre dicha tontería, nuestro subconsciente nos hace observar el objeto en cuestión con recelo. Tenemos miedo a quedar en ridículo si lo criticamos abiertamente.
Lo ominoso siempre ha lucido más en los escaparates que lo verdaderamente útil. Y Spielberg es (nadie lo duda a estas alturas) el gran dominador de cierto cine ampuloso, pagado de sí mismo y servil con la mayor de las correcciones políticas.
¿Qué significa, si no, WAR OF THE WORLDS en medio del conflicto americano-iraquí? ¿O las innecesarias últimas imágenes pseudo-documentales de SCHINDLER´S LIST, después de haber asistido a algunos de los momentos más inspirados de su director? ¿O la última explotación del filón INDIANA JONES, aun a expensas de una irreversible pérdida de prestigio?
Todo ello, y mucho más, responde inequívocamente al callejón sin salida que este prestidigitador de la imagen se ha ido construyendo a medida que su primitivamente entregado público se ha ido haciendo mayor.
Sus intentos de reciclaje (A.I; MINORITY REPORT; MUNICH; THE TERMINAL o THE COLOR PURPLE, la que creo que es su techo) han quedado en inocuas reflexiones sobre lo que otros con más arrestos sí que han mostrado en un formato menos espectacular.
Pero Spielberg filmó en 1971 un pequeño telefilm que constituye, posiblemente, su única concesión al cine de autor más marginal: DUEL.
DUEL cuenta con dos protagonistas. Uno es Dennis Weaver, solvente secundario de la época; y el otro, un mastodóntico y herrumbroso camión que ya es uno de los iconos imperecederos del cine de terror contemporáneo.
La historia no puede ser más simple: Weaver viaja en su coche por una de esas interminables autopistas que tanto juego han dado (y dan) a Hollywood y, sin venir a qué, un camión le acosa empecinadamente. No hay motivo ni explicación. El verdadero logro de la cinta consiste en crear sabiamente, y a partir de tan escuetos elementos, un clima de terror asfixiante que nos impida apartar los ojos de la pantalla. Puro Hitchcock.
Bien habría hecho el bueno de Spielberg en haber prestado posteriormente más atención al contenido que al continente, pues como artesano no podemos obviar que estamos ante el number one.
Sin más que añadir, insto a recuperar a este antediluviano Spielberg (nada de jurásico) antes de romper a martillazos su "calavera de cristal".
Saludos desde la autopista indéfila.

Propaganda

¡Por santa Beatriz Pecker! ¡Qué tiempos aquellos! (suspirito). Uno de lo títulos míticos del soft-pop ochentero. La cantante parece que se ha tragado una magdalena enterita, pero merecía la pena rescatarles de su letargo.


lunes, 7 de julio de 2008

No le deis dinero a un friki

Diversas dudas me asaltan. El difícil equilibrio entre progresismo y clasicismo; experimentación y narración. Cualquier cosa, si no está bien hecha, puede derivar en fracaso, en buenas intenciones que no llevan a ninguna parte.
El caso de Michael Winterbottom es paradigmático entre los cineastas de su generación (los que rondan los cuarentaytantos), aunque es posible que se trate del verdadero niño mimado de la industria. O eso o es que tiene mucho morro y se gana a los productores como si nada.
¿Es Winterbottom un cineasta serio? Ya sé que habrá quien defienda el lado lúdico de las cosas, hasta yo lo hago a menudo, pero una cosa es ser Woody Allen en TAKE THE MONEY AND RUN y otra serlo en MATCH POINT; o el Billy Wilder de SOME LIKE IT HOT y el de SUNSET BOULEVARD. Simples declaraciones de intenciones.
¿Qué significa entonces un film-denuncia tan acusado como WELCOME TO SARAJEVO en la misma filmografía del autor del fake más rastrero que he podido ver en los últimos tiempos? Esa cosa llamada THE ROAD TO GUANTANAMO. O su britanicismo graduado en Oxford de WONDERLAND junto al naturalismo sucio de THE CLAIM. O el enésimo artefacto de ese desecho de actriz que es Angelina Voight precedido por un complejo tratado metacinematográfico como es la imposible (así quedó) adaptación de Laurence Sterne.
Sea como fuere, el bueno de M.W. decide rizar el rizo y medio plagiarse a sí mismo cogiendo lo mejor de su mejor película, los conciertos grabados desde el punto de vista del público de 24 HOUR PARTY PEOPLE, y salpicarlo de unas cuantas escenas de sexo explícito.
Y se acabó. Eso es lo que da de sí una cosa tan blandita como 9 SONGS.
Nada de argumento, nada de actuación, nada de dobles intenciones...; vamos, nada de nada.
Supongo que les alegrará la tarde a unos cuantos pajilleros descerebrados, pero la cosa es peor incluso que lo de Julio Medem (su equivalente patrio), que por lo menos filma el sexo con cierta belleza, no como un juicio de bestias.
En fin, no logro explicarme de qué manera un friki tan arrogante y pedanterillo ha podido infiltrarse en la industria de una forma tan clara (sólo hay que ver su status de estrella en los festivales) con un cine de corte más bien experimental. Aunque antes de que me tachéis de envidioso, me gustaría recomendar las obras completas del maestro Rocco Siffredi, que por lo menos nunca ha ido de intelectual y no ha engañado a nadie.
Tórridos saludos.

Dirty princess

Que los tíos ya no llevamos la voz cantante es una realidad como un piano. Aquí tenéis un ejemplo.


domingo, 6 de julio de 2008

El ojo te ve

Treinta y seis años (insuficiente perspectiva) quiso adelantarse George Orwell a la gran catástrofe invisible y terriblemente aceptada: el control absoluto del ser humano por fuerzas ajenas a su voluntad.
Veinticuatro han pasado desde esa fecha y los malos presagios no hacen más que confirmarse. Todos tenemos un Gran Hermano en el salón dispuesto a engullirnos con sus 24 pulgadas de narcóticos cerebralmente administrados. Nadie escapa a esto. Es posible que el espionaje del estado al individuo aún no llegue a los límites descritos en la novela, pero sí que es curioso observar hasta qué punto la acomodada burguesía prescinde de su capacidad crítica y acepta cuanta información (sea ésta verídica o no; útil o no) pase en cascada ante sus bovinos ojos.
Que los libros, poco a poco (y esto es inverosímil), se estén convirtiendo en objetos minoritarios, es un síntoma inequívoco de una gran enfermedad a nivel social. Que los "nuevos intelectuales" sean un grupo de gilipollas teledirigidos que repiten incesantemente los mismos lemas vacíos desde un plató lleno de lucecitas, con un centenar de zombis aplaudiendo raudos (aunque sin cambiar el gesto) en cuanto ven aplaudir a un tío con unos cascos, no es más que el reflejo de lo que los políticos (ojo, todos sin excepción) quieren para gobernar a gusto, sin voces discordantes. A no ser, claro está, la de esas patéticas mesas de "debate", donde sólo me ha faltado ver a alguien sacando la chuleta por debajo de la mesa.
La revolución, una vez apagadas las hogueras del 68, debe ser pequeña, también invisible, compuesta de negativas aparentemente insignificantes y de alguna que otra reflexión por nuestra parte. No hay líderes que puedan hacer suya esa doctrina de la individualidad, por lo que volvemos al modelo que Orwell defendió (incluso combatiendo en la guerra civil española) constantemente, desprendiendo una fe y un amor hacia la raza humana casi suicidas.
¿La película? Bueno, un poco forzada por la incomprensible obligación de rodarla en aquel mismo año. Se ve actualmente con cierta nostalgia inducida. Contiene la última actuación de Richard Burton y cuenta con uno de los mejores actores de aquella época: John Hurt.
Poco más. Siento que esto haya sido un poco panfletista (no era mi intención original) y prometo que el cine, el buen cine, será el motor inamovible de estas indéfilas páginas, que refrescan más que un daiquiri al borde de la piscina.
Saludos ochenteros.

Peligros de la alienación

Esto es lo que proclamaba hace diez años el amigo Trent Reznor en este video de clara tendencia orwelliana. No bajemos la guardia, indéfilos. Estamos juntos en esto.

sábado, 5 de julio de 2008

Observación minuciosa del alma

La tendencia del cine a describir cuáles podrían ser los posibles finales del mundo es poco menos que abrumadora.
Hay de todo y para todos. El típico producto americano estilo INDEPENDENCE DAY, donde el bueno siempre gana al final; la implacable venganza de la madre tierra, como en THE DAY AFTER TOMORROW; un monstruo imparable que parece atiborrado de Red Bulls, como en CLOVERFIELD; o el pedrusco justiciero que se acercaba a toda velocidad en ARMAGEDDON.
Sí, está claro que los yanquis andan obsesionados con el asunto, aunque pienso que no deben haber escuchado esa sabia frase popular que dice: "El que juega con cerillas se acaba quemando".
Y luego está Tarkovski. El intelectual de la imagen. Mítico director de extrema sensibilidad, extraños pasajes evocadores y eternos conflictos teologofilosóficos.
OFFRET fue rodada alrededor de 1986 y fue lo último que rodó Tarkovski antes de morir de cáncer (las imágenes de él mismo, moribundo en la cama, revisando la cinta, son escalofriantes). La historia, desde luego, no es nada comparada con la indescriptible fuerza visual de sus imágenes. Por un momento (y este es el rasgo más significativo del cine de Tarkovski) creemos asistir a una exposición de pintura que se proyecta directamente en nuestra pantalla, con lo que la literalidad del cinematógrafo desaparece y deviene en un efecto casi mágico de simbiosis. Nos adentramos en el alma de un creador único.
Pero OFFRET también quiere contarnos algo. Quizá prevenirnos. Quizá despertarnos. Erland Josephson (actor fetiche del Bergman más íntimo) vive en un idílico entorno junto a su familia. Se trata de un hombre descreído y escéptico que sólo ama lo que puede ver y tocar. De repente, el mundo se acaba. Así de simple. La familia recibe la noticia a través de la radio en el enorme caserón donde se hallan reunidos con motivo del cumpleaños del anfitrión y, a partir de entonces, se dispara la desesperación, la impotencia. Un cúmulo de sensaciones que parecían apagadas afloran de forma salvaje.
Alexander (el personaje interpretado por Josephson), en ese momento de catarsis colectiva, decide creer en el dios al que había dado la espalda y deposita toda su fe en una única plegaria. Su sacrificio salvará al mundo, a los que ama.
No contaré aquí en qué consiste dicho sacrificio, puesto que odio contar las películas que me han gustado, dejaré, por lo tanto, que cada uno descubra esta obra mayor en la que la verdadera importancia la tienen los eternos dilemas humanos sobre responsabilidad, amor, odio, supervivencia y, por supuesto, sacrificio.
La escena final, rodada en un plano panorámico único de varios minutos, es ya de por sí una obra de arte, al mismo tiempo que constituye toda una revelación sobre lo que, de manera tan velada, el director ruso nos iba dejando como pistas inconclusas.
Para mí, este es el mejor Tarkovski, el que habríamos visto (lo que ha perdido el cine) de haber llegado hasta nuestros días; poseedor de un mundo interior indescifrable, creo que realmente su sufrimiento se desarrollaba en base a una cierta incapacidad para sintonizar con la barbarie que le rodeaba (nos rodea) y canalizarla después en un puñado de imágenes que no pertenecen a corriente alguna, si acaso a los grandes maestros de la pintura.
Optimistas saludos.

Love of life

Es posible que la banda sonora del fin del mundo haya sido compuesta por os legendarios Swans, los auténticos precursores del terrorismo sonoro.


viernes, 4 de julio de 2008

¡Buen rollo!

Aquí estamos que tiramos la casa por la ventana. Somos los más punkis, los más viciosos, los más duros, los más indéfilos... ¿y por qué no? los más sensibles.
Nunca digas nunca jamás, que diría Mr. Bond, chulo entre los chulos. Y nunca jamás se me hubiese ocurrido acercarme a lo que aparentemente era, a todas luces, una cinta infantiloide para mantener a los niños quietecitos una tarde de domingo. Aquello era BABE, la historia de un cerdito que se empecinaba en demostrar que en realidad era un perro ovejero.
Bien, mi idea del cine suele ir por otros sitios algo diferentes a esta propuesta, así que aquello pasó desapercibido para mí.
Más tarde, encontrábame yo en una situación nada, pero que nada, usual; esto es: precisamente una aburrida tarde de domingo frente al televisor, con la primera cadena sintonizada y esperando a ver cuál era la maratón programada para ese día (sabemos que las películas en televisión, con todos sus anuncios, apenas bajan de las cuatro horas. La gallina de los huevos de oro, vamos), cuando de repente veo una granja con perros que hablan, ratones que cantan a lo Andrew Sisters, un pato más chulo que Pete Doherty y unos diálogos desenfrenados, delirantes; como si Monty Python se hubiesen disfrazado de educadores infantiles y, claro, todo les hubiese salido al revés.
Sin salir de mi asombro, la película, en vez de echar el freno, se dispara hasta el improbable viaje del cerdito protagonista, junto a su oronda ama, a la ciudad, que resulta ser un prodigio de decoración, mezclando la bahía australiana con canales venecianos y una arquitectura deudora de un Gaudí jocoso y juguetón. Una maravilla visual.
El cerdito se queda solo y encuentra una casa habitada por un montón de animales a cual más estrambótico. Un orangután refinado que ejerce de patriarca; un diminuto tití experto en robos de guante blanco; un gatito con el que no se puede evitar derramar alguna que otra lagrimilla; un perro inválido con silla de ruedas y todo (impresionante); un aterrador pitbull con collar punky, que terminará siendo colega íntimo de nuestro cerdito... en definitiva, toda una galería absolutamente valleinclanesca que no deja paso a respiro alguno.
Y el ideólogo de esta barbaridad (que diría el gran Diego Manrique) no es otro que (asómbrense) George Miller. Sí, sí, el mismo que impulsó al mentecato de Mel Gibson con su ultraviolenta saga de Mad Max y al que desde aquella inane tontería llamada LORENZO´S OIL yo, al menos, había perdido la pista.
Por cierto, antológica la escena de la persecución del cerdito por parte del pitbull, rodada de la misma forma (y hay que tener huevos) que aquellas persecuciones desérticas que Miller ideó para Max el loco.
Bueno, pues esto y mucho más es BABE 2: PIG IN THE CITY. Puro cine de entretenimiento con altas dosis de imaginación y toneladas de buen rollo. Que de vez en cuando bien que nos hace falta.
Saludos ibéricos.

Ready for the floor

¿Para qué coño tienen tantos "profesores" en O.T. si nadie les va a decir nunca a esos gilipollas ambiciosos que ÉSTE es el camino a seguir?
Se acabó el tiempo del emo-pop oscuro y depresivo, ha llegado la hora del buen rollo. A la mierda con Chemical brothers, el mejor grupo de pop electrónico se llama Hot Chip, y han llegado para quedarse.


jueves, 3 de julio de 2008

Megalomanía consecuente

No todo lo que es grande tiene que ser desmedido. No hay ninguna regla escrita que obligue a los productores a llenar la pantalla de personas y cosas sólo porque haya mucho dinero para gastar.
En ese sentido, me gustaría lanzar una pregunta al aire en plena era digital: ¿De qué manera se debería entander hoy por hoy el término "superproducción"?
Está bastante claro que es patente el abaratamiento de costes en cuanto a localizaciones y extras, puesto que un equipo competente puede realizar una puesta en escena, digamos... (y espero que no se me entienda mal) de "videojuego".
Bueno, esto reduce el montante más grueso a la postproducción (publicidad, festivales, etc...); contratación (contar con una estrella siempre será más caro, claro); y sueldo del equipo (que los habrá y los habrá, como en todos los ámbitos).
Hace poco me ensañé, quizá de forma desmedida (pero al tratarse de una producción eminentemente desmedida esto me da igual), con la costosísima travesura de Peter Jackson. Sobre todo porque no concibo al neozelandés encarando un proyecto similar en plena era de los grandes estudios y consiguiendo dotar a dicho monstruo de su particular forma de entender el cine, sin doblegarse expresamente a los mandamientos de la taquilla.
Creo que mucho de esto ha enseñado magistralmente David Lean en verdaderas superproducciones como LAWRENCE OF ARABIA. Ahora mismo mucho más que una peli espectacular, probablemente un fuerte puñetazo sobre la mesa que haria palidecer a niñatos acomodados con ambiciones incontrolables.
Cuando T.E. Lawrence escribió "Los siete pilares de la sabiduría" (Obra redonda a más no poder. Ejercicio de catarsis experiencial y poseedora [a cien años vista] de muchas de las claves de los conflictos bélicos actuales) había dejado atrás toda una vida de estrecha convivencia con esas "otras culturas" que tanto cuestan de entender al eje occidental. Actualmente, Lawrence habría sido objeto de una caza de brujas por parte del analfabetismo imperante. Pero entonces era un reputado diplomático e intelectual que únicamente trató de entregarse en cuerpo y alma a nuevos (paradójicamente ancestrales) cartogramas vitales y culturales.
Y David Lean, un autor proveniente del teatro clásico, con joyas como la primera adaptación de OLIVER TWIST, decide abarcar lo inabarcable. Toda una vida de emociones y vitalismos varios comprimidos en poco menos de tres horas, con un excelente actor en su cumbre interpretativa (Peter O´toole) y algunas de las luminarias de aquel tiempo (Sir Alec Guiness; Anthony Quinn [acojonante] o el muchas veces, e injustamente, menospreciado Omar Sharif.
El resultado es simplemente apabullante. Lean toma prestado (cierto es) el travelling de Ford y la amplitud de campo de Eisenstein; pero al mismo tiempo lega a la historia del cine su absoluto control sobre grandes artefactos, que luego serían motivo de estudio y posterior homenaje por parte de cineastas tan diversos como Kurosawa, Spielberg o Coppola. Palabras mayores.
Valga todo esto que digo (ya que esta obra maestra habla por sí sola) para intentar diferenciar lo que na vez fueron superproducciones (ya nunca volverán) y lo que actualmente sólo puede ser explicado como ampulosidad vacua.
Mientras tanto, confiemos en el único cine incapaz de defraudarnos: el cine de autor.
Ma´as-salama, indéfilos.

Al desierto infinito

Hay que ver lo que ha ganado con el tiempo este superhit del señor Sommerville y compañía. Personalmente prefiero su etapa con (o como) Bronski Beat, pero debo reconocer que se trata de comercialidad bien entendida, y eso, hoy día, os aseguro que es mucho. Muchísimo.


miércoles, 2 de julio de 2008

Una fábula cruel

Los que pertenecen a mi generación han vivido rodeados de iconos, en su mayoría fácilmente reconocibles. Al infeliz de turno, deseoso de ingresar en las antesalas del (re)conocimiento, se le obligaba materialmente al pertinente bombardeo de datos e imágenes, con más o menos furia anárquica. Se estaba o no se estaba. Cada cual buscaba una tribu, un sector, un referente con el que identificarse y eludir la catarata de problemas consecuentes del aislamiento.
Resulta cómodo y hasta conmovedor mirar atrás y comparar, tranquilamente, aquella generación perdida para siempre y otra, la actual, en la que se dan los mismos errores y vicios, aunque con una diferencia esencial: la falta de consciencia de esta última. Su autosuficiencia irracional y hasta paranoide.
Posiblemente no tenga nada de esto que ver con la película que voy a comentar a continuación, quizás en un oscuro rincón de mi castigado subconsciente. Puede que el más fieramente asociacionista.
El asunto es que me toca hablar de THE COMPANY OF WOLVES, de mi adorado Neil Jordan, el cual debería tener, a partir de ya, el mismo status que un Scorsese o un Coppola; esto es: clásico moderno.
La calidad que Jordan imprime en cada uno de sus trabajos conforma todo un universo de significaciones y correspondencias que derivan en una prosa poética y justificadamente subjetiva.
Tenemos el arriesgadísimo y emocionante retrato de hipocresías varias que constituye la espléndida THE CRYING GAME; la revisión colorista del atormentado Graham Greene en THE END OF THE AFFAIR; la estampa austera e introspectiva de MONA LISA (probablemente su mejor película); la defensa a ultranza del derecho a ser diferente en un planeta aburrido, como ocurre en la reciente BREAKFAST ON PLUTO. Todo coherencia, Neil Jordan ha posado tranquilamente su precisa mirada sobre la mayoría de los males que acucian a una sociedad absurdamente suicida.
Y luego está el solaz del creador que se sabe importante, dominador. La obra que no debe faltar, por su carácter mitad místico, mitad terrorífico. Como en un juego cuyo final fatal conocemos desde el principio, Jordan nos lleva de lamano a través de bosques sombríos donde el monstruo espera pacientemente a su víctima. THE COMPANY OF WOLVES es caperucita roja, pero también es la denuncia de los excesos. La magistral escena del banquete así lo atestigua, identificando la brutal bacanal con la posterior transformación de hombre a lobo, pero unos hombres que se han comportado como lobos. La bestia humana que no cesa. Y así es este complejo cuento, con más interés en describirnos a nosotros como los auténticos monstruos y dejando a cuenta de cada conciencia la parte de culpa que debería ser asumida.
Debo, por tanto, recomendar vivamente la revisión y/o descubrimiento de esta maravilla que tanto y tan bien marcó a mi generación.
Un saludo a la luz de la luna.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!