viernes, 19 de diciembre de 2025

Llegará


Creo que no hay un título más significativo para clausurar (de momento) el homenaje que hemos ido dedicando a Claudia Cardinale que O GEBO E A SOMBRA, último largometraje de Manoel de Oliveira, que más allá de lo insólito de su circunstancia, supuso un lúcido rubricado sobre las decisiones que pueden llegar a determinar los designios, independientemente de las voluntades. En el escenario único de una habitación, a modo de modesto recibidor y salón-comedor, un minucioso contable cierra el mes de cobranza, acumulando una importante suma. A su lado, su esposa e hija, ambas intranquilas por el rumor de que el hijo mayor va a aparecer, por los rumores de la discutible vida que ha llevado. Mientras tanto, reciben la visita de dos vecinos, con los que toman café, departen de esto y aquello, y nosotros deshojamos cada aspecto del guion en cada frase, cada mirada, cada gesto. Y entiendo la dificultad para entrar en esa puesta en escena austera, mínima, que desafía a la misma teatralidad, pero merece la pena regodearse aún en la anécdota, no ya de las sensibilísimas interpretaciones de Michael Lonsdale y la propia Cardinale, sino del milagro que suponía asistir al cierre de la filmografía del cineasta luso. Entre su primera obra y esta mediaban nada menos que 81 años. de Oliveira tenía aquí 104. Nada más que añadir...
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!