domingo, 30 de noviembre de 2025

Rincón del freak #671: Las Barbies bárbaras


 

No es un juego de palabras, ni una broma el extendernos nuevamente por esa piel áspera y con olor a baratillo, que es el exploitation vertiente "bárbaros", una variante que debió detenerse en cuanto Milius rubricó la hazaña de no dar vergüenza en taparrabos, pero que San Corman vislumbró como casi todo, una oportunidad de negocio. Así, en el propio 1982 veía la luz SORCERESS, en la que no sólo no había una hechicera propiamente dicha, sino que el protagonismo lo asumían ¡dos playmates gemelas! Sí, el sueño húmedo de cualquier pajillero con tendencia a gastarse el sueldo en merchandising cutre y visitas interminables al videoclub. Pero es que hay mucho más. Ni voy a entrar en la cutrez de medios, las interpretaciones borderline o el árido paisaje mexicano transfigurado en Hyperborea de baratillo. La cosa es que, durante más tiempo del aconsejable, nos tenemos que creer que nadie repara en que las hermanas Leigh y Lynette Harris (níveas, estilizadas, exuberantes, rubicundas) son dos muchachas, con una escena sonrojante en la que enseñan las tetas, que viene precedida de un baño conjunto, que hay que atreverse. Justo ahí hace aparición un personaje sórdido e inexplicable, un fauno que bala como una cabra y camina a saltitos... No, yo tampoco sé qué pinta ahí, pero es uno de los protagonistas. El mago malo dice que es el padre de las gemelas, pero que tiene que matar a una, y yo creo que es más joven que ellas. Sale el inefable bárbaro, que es un mexica con peluca y barba falsa, con un casco con cuernos. Aunque el momento más wtf! (y es difícil superarse) lo protagoniza un precursor del Deathstalker, un mongoloide con cardado brócoli, que hace chistes de Miguel Noguera y da bocados en los culos (lo juro). El tipo es sentenciado a morir por empalamiento, y de repente aparece un mástil vertical grosísimo, y te preguntas qué carajo va a pasar, cómo va a caber eso por el ojete del sentenciado. En lugar de ello, unos esbirros lo brean cual cucaña trianera para dificultar el agarre, y abajo asoma una, sí, estaca antivampírica, con el consiguiente compungimiento del actor y tambié de la audiencia, que al menos tiene la oportunidad de solazar su angustia con un espectacular duelo final entre una cabeza gigante y un león con alas que no se mueve... ¿?
Dura, dura, dura. Véanla y me cuentan.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!