Andrés, Pablo y Baldomero trabajan en una mina de oro, al otro extremo de la isla donde viven. A la hora de volver, tras un mes, aún han de gastar una parte del mísero sueldo para el barquero que les cruza el río o untar a los "guardabosques". Pero Andrés, el más joven, no entiende que Baldo, el más veterano, tenga que quedarse también con una parte por conocer el tortuoso camino a través del bosque; mientras Pablo, justo y piadoso, intenta intermediar ante dos caracteres contrapuestos. GENUS PAN deseca la narración hasta niveles insospechados, ocupando dos tercios de un metraje total de casi tres horas en ese viaje, más emocional que físico, donde Lav Diaz ejecuta un fino trabajo de guion; diálogos banales, reiterativos, pero esclarecedores, que dan la medida de una brutalidad e injusticia que carcome cada pequeño acto. No es de extrañar que, en mitad de la barbarie, la religión acabe siendo casi el único refugio al que acogerse. O dicho de otra manera: si el cine se empeña en seguir idealizando la violencia y/o la maldad, no irá más allá de ser captado como cine.
Por cierto, el título alude al nombre académico del chimpancé.
Saludos.

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