jueves, 31 de enero de 2013

La pureza de lo extraño



A estas alturas, iniciar un debate acerca de la conveniencia de un cine tan extravagante como es el de Bruno Dumont, no sólo es un discurso inútil (usted y yo sabemos ya qué vamos a ver), sino que desvía la atención de lo más importante para dilucidar qué hemos de solicitar como decisivo tras una trayectoria que abarca ya más de quince años, siete títulos (si incluimos su aún inédita CAMILLE CLAUDEL) y un cartel en el panorama de festivales europeos difícilmente igualable para un autor de vocación tan oscurantista como la suya. HORS SATAN, por ejemplo, debería haber tenido un peso específico mayor, un poco "al estilo HOLY MOTORS", si se quiere; sin eludir su propia naturaleza desafiante ni enzarzarse en esos escasamente lucrativos ademanes de unionismo paneuropeo. Pero dejemos a un lado las milongas. Lo que hay en HORS SATAN ya estaba en LA VIE DE JESUS, L'HUMANITÉ y, en mucha menor medida, en su gran fiasco, HADEWIJCH. Pero ¿qué hay en realidad? Porque pareciera que a Dumont le molestase todo artificio que no le permita rearmarse en su discurso por y para un ser humano intrascendente pero muy singular; la humanidad, según Dumont, es directamente proporcional a la vida vegetal pacientemente observada o una fauna de movimientos desapasionados. La historia, argumento, sinopsis o siquiera esbozo, pianísticamente puede que prescinda de las teclas negras, pero su castrante ritmo requiere una atención al momento decisivo, puesto que no lo veremos venir. Aquí, en el delirante campo de la Costa de Ópalo, que ni oficia de costa ni es un campo propiamente dicho, Dumont pone el asesinato al principio, sin acentuar nada, casi como algo necesario e imbricado en el paisaje, y luego nos escupe sus personajes cincelados con un martillo romo. El resultado es un ensayo sobre el mal filosóficamente muy cercano a San Agustín, que nos viene a indicar que un acto no es malo en sí mismo, sino que lo es la voluntad con la que se realiza; y la búsqueda de este mal primigenio, que obstinadamente solemos representar en la figura de un Satan que aquí podría ser tanto una persona (el hierático vagabundo dispuesto a acabar con los problemas por lo sano), un viento enloquecedor, e incluso la propia asfixia sexual proveniente de la pobre chica dispuesta a recompensar a su salvador y rechazada una y otra vez. Como si Buñuel hubiese maritado con Pasolini y Beckett, el cine de Bruno Dumont nos recuerda que las formas pueden renovarse, pero (y esto he de decirlo con el conocimiento y la certeza de que su gran obra aún no ha sido filmada) éstas carecen de significado a menos que se establezca un diálogo metatextual con su propio tiempo. Tal y como lo haría un concertista de piano en soledad.
Saludos sin mala intención.

miércoles, 30 de enero de 2013

Contra el progreso y la tradición



En 1971, Nagisa Oshima filmó, a mi juicio, claro está, una de sus mejores películas, o al menos una de las que con más elegancia y sentido sentó las bases de lo que sería su manera de rodar, su cine. Un cine que era curiosa mezcla de observación y provocación; el acto y la reflexión entrelazados en la búsqueda interminable de nuevas formas narrativas. Por ello, y quizás sólo ahora, con el don de la perspectiva, Oshima ha sido tan influyente cuando de renovación de la escuela clásica nipona hablamos. En GISHIKI (LA CEREMONIA), el director realiza su propio y doloroso exorcismo familiar; con un esplendoroso trabajo de guion junto a Mamoru Sasaki y Tsutomu Tamura y un diseño de producción a cargo de Shigemasa Toda, que combinaba introspección y fastuosidad, y sumado a una fotografía magistral Toichiro Narushima, GISHIKI da buena cuenta (aunque en un complejo juego multinivel) de los fantasmas derivados de toda la bazofia acumulada durante generaciones y ocultada bajo las intocables convenciones tradicionalistas, en este caso referentes a una antigua estirpe de samuráis (el propio Oshima pertenecía a una), cuyo sentido de la moralidad, trasladado a la era moderna, aún conserva retazos de un inmoralidad que, consciente o no, deja personas marcadas, cuando no víctimas de un sistema basado en el ver, oír y callar. Sin caer en demagogias baratas, Oshima afila su discurso literario y lo eleva apoyado en unas imágenes inquietantes, difíciles de ubicar, y un reparto de asombrosa coherencia, donde sobresalen la bellísima Akiko Koyama, actriz fetiche del director, el televisivo Atsuo Nakamura (¿recuerdan aquella magnífica serie que se titulaba "La frontera azul"?) y la misteriosa y andrógina Atsuko Kaku, una actriz de estilizados rasgos de la que poco se supo después y que simbolizaba la brutal sumisión de la femineidad, descorporeizada hasta quedar como simple objeto, primero sexual, pero también como vertedero de miserias ajenas. Film más áspero que duro, GISHIKI es una cumbre en una filmografía, insisto, tan voluble como fascinante.
Saludos ceremoniosos.


martes, 29 de enero de 2013

Contra la tradición y por el progreso



El otro día nos dejaba uno de los directores más importantes de la última mitad del siglo XX, Nagisa Oshima. En El Indéfilo no podemos, por tanto, hacer sino dar cuenta de algunos títulos suyos; y como ya hablamos aquí sobre su obra más internacional, EL IMPERIO DE LOS SENTIDOS, y la que supuso el punto y final al conjunto de la misma, GOHATTO, hoy debía resaltar su más que notable debut. Fechada en 1959, AI TO KIBO NO MACHI (originalmente titulada EL CHICO QUE VENDÍA PALOMAS, y renombrada por la Shôchiku como UNA CIUDAD DE AMOR Y ESPERANZA) auspiciaba una suerte de mezcolanza imposible entre el oficio de Ozu, el neorrealismo de Rossellini o la oblicua maestría de un Welles a pie de calle, dato último éste que sería la seña de identidad, ya para siempre, del cineasta japonés. En apenas una hora, Oshima realiza una precisa disección de la inmutabilidad descorporeizada de su sociedad, utilizando por un lado el drama social de un chico perteneciente a una familia de clase baja, que subsiste (y mantiene a su madre y hermana) a base de lustrar zapatos en la calle y vender palomas, mientras que, con una habilidad encomiable, pone en solfa a otra clase (universitaria y bien situada) que se permite realizar juicios de valor tanto censurables por basarse en un sentido de la beneficencia que, penosamente, impide al "pobre chico" desarrollarse por si mismo. Es decir: será con la ayuda "de", o no será. Y esto Oshima es capaz de plasmarlo asombrosamente con su, luego habitual, dominio de la metáfora más sangrante. El chico no puede evitar que las palomas vuelvan a él=aprovechará la circunstancia para revenderlas=será juzgado por ello=no podrá acceder a un puesto en una universidad. Y yo debería añadir: Y la solución, como siempre, será matar a la paloma...
Maravillosa.
Saludos columbinos.

lunes, 28 de enero de 2013

Rebajemos la tensión...



... mientras aún podamos. Porque sí. Porque en realidad lo que es cutre, o no, no es más que una elección adecuada, o no, de un par de conceptos, por otra parte ya bastante desfasados desde que una dirección de producción apenas si necesita espacio físico. Sin que haya pasado tanto tiempo como para que lancemos las campanas al vuelo, y llegados a un punto económico de difícil resolución ética, el retorno a unos orígenes, ya digo, no tan lejanos, ha de ser no una rareza, sino cada vez más una necesidad. Y es en el cine de "efectos especiales" (término en vías de extinción) donde esto se hace más patente y palpable; por un lado quedan grandes dinosaurios que quedan como gigantescos parques temáticos abandonados e inservibles, mientras que surgen productos que traspasan el simple "bajo presupuesto" y gozan del favor de un público menos dispuesto a la fanfarria, y sí a la buena narración de historias. Y no me refiero (no hoy al menos) a un cine de vocación intelectual (del que Shane Carruth sería sospechoso máximo), sino al gran entretenimiento sin grandes aspavientos (y podríamos invocar al primer Vincenzo Natali). Esta curiosa denominación pertenece a un film que en poco tiempo (se estrenó en 2010) se ha extendido como fenómeno en Internet, aprovechando los recursos que la Red ofrece a quien lo explota de manera inteligente. HUNTER PREY es un divertimento decididamente desprejuiciado, un gozoso híbrido entre unos posibles recortes del primer STAR WARS y aquella maravillosa película que se llamaba ENEMY MINE; añádanle unas gotas de la intensidad de PREDATOR y lo que obtendremos es un film ni tan altivo ni tan avergonzado, sino simplemente orgulloso de lo que es. Su creador, Sandy Collora, instruido en los estudios de Stan Winston, tira de imaginación y se olvida de los trucos digitales, facturando un producto eminentemente físico y centrado en una fatigosa e inacabable persecución, la que sufre una especie de prisionero interestelar por parte de un par de soldados, después de que la nave en la que viajaban se estrellase en un árido planeta. Me resisto a contar mucho más, puesto que el elemento sorpresa es fundamental en el verdadero sentido de esta pequeña película, a lo mejor no tan magnífica como se pudiese esperar, pero... ¿a quién le importa tras hora y media de cine de aventuras?... Recomendable y sorprendente a partes iguales.
Saludos cazados.


domingo, 27 de enero de 2013

Rincón del freak #93: Terror en trineo tirado por renos



Selma y Simo es una pareja de jóvenes finlandeses enamorados que, alegremente, emprende su viaje de novios en su trineo último modelo a través de las heladas regiones laponas de Utuniemi. En su nuevo hogar les espera Elsa, hermana de Simo y ciega de nacimiento. Todos vivirán en una estupenda cabaña junto a un río maderero, y, al ser gente de educación florida, el hecho de tener que codearse con rudos leñadores obligará al pobre Simo a tomar precauciones respecto a las dos féminas que ahora tiene a su cargo. Por cierto, al lado de la cabaña hay un extraño pozo, del que se cuenta que alberga al terrible brujo Jantukka, que antes de ser sepultado en el mismo para siempre, maldijo a toda la estirpe de sus verdugos... Pero, francamente, yo no tendría en cuenta este tipo de paparruchas supersticiosas...
Ya me habían avisado: "Hombre, podrías poner en esta sección verdaderas frikadas, y no acomodarte tanto"... Valeeeee!! Dicho y hecho. NOIDAN KIROT es una producción finlandesa (sí, de la Suomi-Filmi) de 1927, recientemente restaurada y recuperada para deleite de todos aquellos que sabían, en su fuero interno, que no todo acababa en Kaurismäki. La película en sí, aparte de la anécdota, es bastante primaria y de terror tiene lo justito; caben destacar algunos efectos especiales (de la época) y la vaporosa fotografía helada del ínclito Franz Ekebom, aunque su aspecto y desarrollo remitan a los folletines menos elaborados y más preocupados de mantener el misterio, que en este caso, tampoco es para tanto. Curiosidad con mayúsculas.
Saludos nevados.

sábado, 26 de enero de 2013

Vida prócer: El cine de Hong Sang-soo #2



En 1998, Hong Sang-soo rescató un viejo guion suyo acerca de la provincia norcoreana de Kangwon, un lugar de bella naturaleza junto al mar que suele acaparar numerosa concurrencia turística del país vecino. Esta singular circunstancia (y es fundamental saberlo antes de ver el film), le sirvió para filmar la que sería su segunda película, KANGWON-DO UI HIM (EL PODER DE LA PROVINCIA DE KANGWON), en la que el director acota ligeramente el campo de acción respecto a su debut, y termina con una narración circular y perfectamente cerrada. Todo comienza con el viaje a dicha provincia de tres jóvenes; una de ellas conocerá a un policía local y empezará una especie de romance que la llevará a seguir visitando la mencionada provincia. En uno de esos "arrebatos de banalidad", tan caros al director, se nos informa de que una chica (apenas importa cuál) ha mantenido una aventura con un hombre casado. De nuevo tajo; radical y sumariamente. Un aspirante a profesor de universidad, casado y con un niño, intenta adular a su valedor (Johnnie Walker Blue Label mediante), un viejo profesor, siguiendo los consejos de un amigo, aunque poco convencido de su éxito. Seguidamente, ambos dos se irán de estranjis (no se me ocurre una palabra más gráfica) a Kangwon. Visitarán los lugares turísticos, comerán en sus restaurantes de especialidades marítimas, se emborracharán, alquilarán a un par de prostitutas y, mientras tanto, conocerán a la joven JiSook, que ha comprendido que su aventura con el joven policía (casado por añadidura) carece de sentido y futuro. Todo acabará igual que empezó, con un tren, un vendedor de calamares secos y cerveza fría y la sensación de que, incluso en el sitio más recóndito de Corea, si hay un buen contador de historias, "to er mundo e güeno"... Y hasta nos hace gracia que se vean los micrófonos... lo juro...
Saludos provincianos.


viernes, 25 de enero de 2013

Los observados



Ya desde SÁBADO, UNA PELÍCULA EN TIEMPO REAL, su debut en el largo, y, sobre todo, EN LA CAMA, el chileno Matías Bize ha explorado las posibilidades narrativas del tiempo, situando a sus personajes en constante conflicto con el mismo, obligándolos a "estar" no ya en la acción misma del film, sino en su naturaleza de objeto que está destinado a ser observado por un tercero, el espectador. Consciente o no, este cine es carne de suspicacias por pedantería, y el director queda a expensas de lo fino que sepa hilar de principio a fin. Si la primera no pasaba de un pretencioso experimento propio de un veinteañero, y la segunda, aun poniendo a Bize en el escaparate internacional, anteponía torpemente la forma (una única toma) al fondo, me parece necesario destacar el interesante cambio obrado en la que es su última obra hasta el momento. Estrenada en 2010, LA VIDA DE LOS PECES intenta prescindir a toda costa de "la importancia de lo que se está contando", y deja a sus personajes mucho más libres y fluidos, fuera del corsé que conlleva toda rebeldía non petita. Esta es la historia de una fiesta de cumpleaños convertida en pecera humana, por la que deambula Andrés (un magnífico Santiago Cabrera, cuyo único gran delito sea su atractivo físico), que lleva diez años viviendo en Alemania y que, por motivos nunca bien explicados, ha vuelto brevemente a Chile antes de marcharse definitivamente. Antes del intenso encuentro de Andrés con Beatriz (interpretada por la actriz fetiche de Bize, Blanca Lewin), su antiguo y gran amor, asistimos a una retahíla de personajes que, más que interactuar, chocan entre ellos, casi como peces abigarrados; todos incrustados en esa fiesta de cumpleaños como si lo de fuera no existiese, o se fuese directamente a la mierda. Y me gustó esta peliculita, debo decir; me gustó no saber con exactitud si el centro neurálgico de la misma partía de la misteriosa presencia de Andrés en un lugar que nunca le corresponde, o de su en principio oculta búsqueda, o realmente lo que importa es que cada elemento, cada persona, esté en mitad de un caos controlado, como peces observados desde fuera de la pecera...
Saludos sin memoria.

domingo, 20 de enero de 2013

Rincón del freak #92: No estamos para bromas... si es que era una broma...



Usted dice que es un excéntrico, así que se rodea de personas excéntricas. Tipos con Luminales amarillos que sólo comen hamburguesas y fuman en la mesa. Gente que no sale a la calle de día ni hace la compra. Ellos prefieren pasar del desierto al bosque; con peyote o setas, la vida se ve de otra forma ¿Para qué una hipoteca? ¿Qué sentido tiene pagar el alquiler? Entrar y salir de moteles vacíos, mientras la verdina se acumula en la piscina, es lo que mola. Así las cosas, si tienes un accidente de tráfico, lo más probable es que te persiga el monstruo de las galletas y veas personas que te sonríen desde la cuneta. Las palabras sobran, importan las miradas estrictamente silenciosas, los gestos a contratiempo y, finalmente... claro, conocer peña en Sundance que te permita estrenar cualquier cagada que se te ocurra; todo con tal de no doblarla en tu puta vida. Si por un instante se les ocurre echarle un vistazo a una cosa que atiende al nombre de THE OREGONIAN, abominen.
Saludos.

sábado, 19 de enero de 2013

Vida prócer: el cine de Hong Sang-soo #1



De hoy en adelante, continuando la fórmula que usamos el curso pasado con el maestro Yasujiro Ozu, y con la intención de repetirla cuantas veces estimemos necesarias, todos los Sábados estarán dedicados a repasar  la filmografía de un director coreano que, en opinión de quien esto escribe, lleva ya algunos años construyendo una obra tan singular y personal como referencial respecto a multitud de cineastas contemporáneos suyos, que no cesan de citarlo como un ineludible punto y aparte surgido de un país que en materia fílmica, precisamente, tan reticente se muestra a encontrar una voz propia fuera de su misma circunstancia de exotismo relativamente joven. Hong Sang-soo, pese a que acaba de cumplir 52 años, comenzó relativamente tarde a dirigir, concretamente con 36, aunque desde entonces su actividad le ha llevado a prácticamente rodar un film al año. Su debut, DAIJIGA UMULE PAJINNAL (THE DAY A PIG FELL INTO THE WELL, o EL DÍA QUE EL CERDO SE CAYÓ A UN POZO, título que apunta directamente al libro del escritor norteamericano John Cheever, de 1954) nos muestra ya a un narrador en toda regla al que no le asusta el campo abierto de las emociones del hombre contemporáneo. Sin grandes alardes, ni los habituales trucos que el cine asiático viene usando desde hace tiempo para dotar de entidad lo que apenas llega a la categoría de esbozo, Hong Sang-soo es honesto de la misma forma que un Rivette o un Truffat, sin actuar como dios salvador de sus propias marionetas, porque en su cine las personas son personas que actúan como personas, por mucho que un halo de extrañeza recorra sus pulcras imágenes de un Seul neutro, hastiado, recipiente de cubículos que asimismo albergan a estos seres que, pese a todo, siempre parecen aferrarse a una ínfima esperanza. No es que sus problemas sean la leche, no encontraremos en las películas de Hong Sang-soo grandes dramones ni honduras históricas, pero resulta complicado sustraerse ante la humanidad, rozando incluso una saludable ternura, de estos personajes a la deriva... aunque no extremadamente. No es ésta su mejor película, y hay que reconocer que su intento de ensayar una narración coral queda algo torpona, pero en las distancias cortas se intuyen las constantes de su cine posterior, mucho más elaborado; además de ese gusto por los egos inflados, o esos niños encerrados en cuerpos adultos que sólo miran los problemas de frente cuando estos ya les han dado caza. Es una lástima que tantos "aduladores" del cine asiático (horrible pamema éste) apenas si conozcan la obra de este director coreano, habitual en festivales de medio mundo; un desaguisado que desde El Indéfilo estamos dispuestos a arreglar a partir de este Sábado y a lo largo de los que están por venir. Buen provecho.
Saludos.

viernes, 18 de enero de 2013

Oda a un ruiseñor



Un poeta. Un poema. Un misterio: la extracción, por parte del poeta, de esa imposible grammar point a la que ha de dotar de vida. La suya propia, no la del poeta. Otro misterio: cómo la poesía, aun en escasísimas ocasiones, es capaz de colarse por las rendijas y márgenes de sonidos ajenos, otros ámbitos, e impregnar dicha estancia con su inexplicable esencia. Lo dijo alguien: "¿Poesía?... No, veo que usted me habla de un poema. Poesía es otra cosa... Además no se puede discutir sobre eso". Y en cine, ya que estamos, la mayoría de películas que han enfrentado al ámbito poético de frente ha sido incapaz de encontrar un solo gramo de poesía en sus imágenes, mientras que hemos encontrado esa trufa dorada bajo lo que sólo inconscientemente lo ha logrado generar. Así, en BRIGHT STAR, Jane Campion vuelve a tropezar en las ansias de una enamorada de la poesía, que cree ver la misma en cualquier rincón, y en este caso invocando el espíritu atormentado de aquel gran romántico que fue John Keats. Pero no. Esta rezumada intromisión en las externidades de cierto tiempo, ya elidido de su inmediatamente siguiente, es una especie de poema ya escrito, ya reconocible, y ya recitado; es por ello que uno reciba un inesperado júbilo al escuchar el inmortal poema que da título a estas líneas por un Ben Whishaw que se encuentra como pez en el agua en este tipo de roles. Era eso, y no otra cosa. Era una historia (otra) de amor entre vetiveres y dandeliones, y no el intento de penetrar en las mazmorras de un hombre excepcional, uno de los pocos que intentó cambiar todo un sistema de valores culturales desde una inacción que hoy llamaríamos pasotismo sin más. Keats no era poemas, era poesía, de la más grande que se escribió en su tiempo; y ante ello, la pobre Fanny Brawne, superada por la imposibilidad de conjugar su amor con la obligación de mantener una posición social, nos devuelve, desgraciadamente, a tierra firme, la que uno no pisa cuando está en poesía. Y Campion, una vez más, escribe prosa.
Saludos brillantes.

jueves, 17 de enero de 2013

La escritura como tinta sobre papel



Si le intuyo la intención a Raya Martin, es difícil quedarse solamente con una palabra; ni siquiera "ensayo" y ni siquiera "desnudez". Ni siquiera "deconstrucción", porque para ello debería haber una construcción previa, y sus imágenes son tan egoístas, morosas y ensimismadas, que uno diría de esos edificios céntricos con un solo habitante, y no tan majestuosos como simplemente incólumes. A Martin le interesa contar lo mismo de siempre, incluso sin que le molesten las tramas zafias, casi de culebrón barato; lo que pasa es que su forma de narrarlo desborda cualquier lectura preconcebida de la misma. En NEXT ATRACTION, Martin juguetea con una especie de making-of en bruto sobre algo que está rodando, presumiblemente una ficción. Podemos ver al equipo, al director ordenando cuándo empieza o acaba una escena..., pero nunca a los actores; no vemos "qué" está rodando, y apenas lo escuchamos. Y, de acuerdo, si uno acepta hacerse el inteligente, a lo mejor concedemos un acto de genialidad a un tipo que, en el global de una producción, dota de la misma importancia a los que estarán delante de las cámaras como a los que están detrás. Sin embargo, su radicalidad no le permite elaborar un único discurso, por acertado que sea, así que, seguidamente, "vemos" lo que Martin y su escueto equipo rodaba. Rodaba una esquemática tramilla acerca de un joven que se ve incapaz de conciliar su incipiente homosexualidad con una preocupada a la par que impertinente madre. Imagino que, dada la extrema juventud de Raya Martin, la posibilidad de un inacabable ensayo preparatorio para pulirse la retina, antes de su primera obra de verdadera enjundia, es algo que entra dentro de lo que algunos pacientemente esperan. No es mi caso.
Próximos saludos.


miércoles, 16 de enero de 2013

Cámara de pieza



Me suelen irritar muchísimo aquellas películas que "disimulan" su falta de condiciones con un manto invisible y autoconsciente que los "muy entendidos" no dudan en denominar como "humildad de medios". No sé qué tiene que ver una cosa con la otra. El disparadero emocional no debe ser confundido con la simple y pura pájara onanista, y en vanguardia quizá se separen como enigmas de lo pueril, adláteres hermosos o, en términos gastronómicos, ese pequeño e intenso bombón capaz de eclipsar incluso a la caza especiada a la D. O. Con la aparición del no-cine (y excúsenme), o audiovisual hibridado, o "tivimuvi" de calidad, lo arrinconado ha sido el cine-mastodonte, la cortina (aparatosa) de terciopelo y, cómo no, la necesidad del desplazamiento como intocable munición justificada por sí misma. El corolario se hace, ya, interminable, por lo que, hablando de necesidades básicas, me viene como anillo al dedo (y podría ser otra) una "pequeña" producción canadiense en la que el mcguffin no es otro que la posible fascinación que en el espectador medio ha de ejercer un protagonista de extracción tan exótica como la Inuit. El problema es que CE QU'IL FAUT POUR VIVRE (LAS NECESIDADES DE LA VIDA) le hace un flaco favor a la causa, caso de que exista, además de descubrir demasiado pronto las previsibles cartas de su bisoño realizador, que filma cada acto, cada mirada de ese ensimismado multiusos llamado Tivii (curiosa mamertología) como si una revelación nos fuese a ser mostrada a nosotros, los afortunados espectadores que hemos elegido lo raro en lugar de lo trillado. Por desgracia, y lejos de la punzante ambigüedad primitivista practicada por un Lisandro Alonso, y ya no hablemos de Flaherty o el Murnau de TABÚ, esta "oda a la diferencia" no trasciende (y apenas entretiene) por su abigarrado sentido del autoencorsetamiento. Una rareza muy poco rara, vaya.
Saludos glaciales y árticos.


martes, 15 de enero de 2013

Las otras crisis... recreadas



En 2000, nada menos que 36 años después, la productora televisiva Maysville se puso manos a la obra para una puesta al día de la película original dirigida por Sidney Lumet. Esta nueva versión de FAIL SAFE difiere en algunas cosas, pero fundamentalmente en un curioso aspecto: su vocación de mímesis, de ejercicio de camuflaje, la deja en una anécdota fatalmente atenazada; demasiado para un director tan libérrimo como Frears, cuyo indiscutible talento queda sepultado bajo la responsabilidad de no pretender aspirar a algo más. La televisión, en fin. Para que se hagan una idea, esta versión es poco más que lo mismo que rodó Lumet pero con peor cara, y, curiosamente, es aquí donde se hace patente la pobreza de medios, mientras que la original, al poseer un ritmo propio, transformaba esto en una atmósfera claustrofóbica, que no es lo mismo que tener la sensación de estar a punto de ver a los cámaras en acción. Frears logró, eso sí, un reparto bastante solvente; con el Presidente de Estados Unidos interpretado por un correcto Richard Dreyfuss; George Clooney como el piloto encargado de transportar la bomba atómica; John Diehl como el Coronel Cascio o Hank Azaria intentando (sin conseguirlo) de dar réplica al memorable Profesor Groeteschele al que daba vida WAlter Matthau. Completan el reparto Sam Elliott, Harvey Keitel, Brian Dennehy, Don Cheadle y un pobrísimo Noah Wyle, absolutamente perdido en el rol del intérprete de ruso, que tan bien hizo el recordado Larry Hagman ¿Que podían haberla hecho al menos en color? Pues podían y, en mi opinión, debían; básicamente porque este Blanco y Negro es tan cutre que por momentos parece uno de esos filtros incluidos en cualquier programa informático. Si no se ha visto la original tiene su gracia, pero ambas están a una eternidad de calidad. Avisados quedan.
Saludos en alerta roja.


lunes, 14 de enero de 2013

Las otras crisis



Hace tiempo (mucho para algunos, hace nada para otros), las crisis se medían, fundamentalmente, en términos bélicos, en la capacidad de destrucción ajena que una potencia económica era capaz de manejar en pro de sus propios intereses. Se llamó "Guerra fría", y el mundo entero estuvo en jaque, oprimido bajo una tensión mantenida por el bloque soviético y Estados Unidos; Comunismo y Capitalismo; en mi opinión, la misma milonga de siempre para tener al personal cagadito de miedo y que los políticos aparezcan como los héroes de la película. Y hablando de películas, una de las que mejor y más eficazmente hizo uso de esta disyuntiva o dilema fue FAIL SAFE, otra de esas tramas sin resquicios dirigidas por un bloque de granito llamado Sidney Lumet; un film del que podría (y debería) estar hablando durante horas, dado el elevado número de detalles que contiene esta ignorada obra maestra. Y todo comienza, sorpréndanse, con un General del ejército norteamericano soñando con un torero en plena corrida... ¡TREMENDO! Lo que sigue es un espacio cerrado, muy "Lumet", nada menos que la base de mando estratégico de Omaha, a la que acude un senador de visita y donde, sin solución de continuidad, se recibirá un conato de invasión por parte de las fuerzas armadas soviéticas; sin embargo, en línea directa con el bloque comunista, éste desmiente dicho ataque y lo achaca a un error de la tecnología estadounidense. Sin embargo, sobre los hombros del Presidente pesará la responsabilidad de contestar a dicho supuesto ataque, por lo que enviará a un escuadrón de bombarderos, armados con una bomba atómica, al mismo corazón de Moscú. El argumento, y sobre todo su desarrollo, son tas fascinantes, y está todo tan bien narrado, que uno asiste a este intenso drama psicológico, que por momentos roza el género de terror, con la certeza de estar ante un trabajo de seriedad intachable, ese cine que progresivamente ha ido desapareciendo de nuestras carteleras. El reparto, además, es de lujo y lo está; cuenten a unos sobresalientes Walter Matthau, como un científico fundamentalista y desquiciado; Henry Fonda como el Presidente con el destino de la humanidad sobre su conciencia; Dan O'Herlihy interpretando al General premonitorio o un jovencísimo Larry Hagman dando vida a un inexperto intérprete, con la complicada misión de trasladar las palabras del Presidente a los soviéticos de la manera más convincente posible. Si no la han visto, no sé a qué están esperando, porque este es cine de muchos quilates. Palabra.
Saludos helados.


domingo, 13 de enero de 2013

Rincón del freak #91: El bochorno de Fausto y 12



La verdad es que esto de Fausto, en este blog al menos, se acabó ayer... Lo de hoy, ni es Fausto ni nada, pero luce simpático hasta cierto punto, además de conservar esa placidez que otorga la ignorancia e incluso la desfachatez. La verdad es que todo aquello de la Fantastic Factory, con la promesa de instituir un modelo de producción digamos "americano" en nuestro país, tan poco acostumbrado a los métodos puramente de industria, fue algo que despertó algún interés, se desinfló cual burbuja inmobiliaria y actualmente, gracias a un inteligente reciclaje, ha mutado en otra cosa más compleja de explicar, pero que no queda en hacer serie B norteamericana con costes españoles. Su primer y contundente título fue FAUST: LA VENGANZA ESTÁ EN LA SANGRE, una penosa recreación en clave de cómic gamberro y subidito de tono de un improbable superhéroe de corte demoníaco y que vendría a ser un ridículo cruce entre Wolverine, Lobo y Batman... o más o menos... A ritmo de Heavy Metal (el tipo mata con fondo de Sepultura!!), el todoterreno Brian Yuzna era reclutado para servir un subproducto con todo el paso cambiado; algo así como si Hellboy lo hubiese adaptado Pedro Temboury. Sin un gramo de ironía, con un sentido del humor chabacano y el único consuelo de ver a la catalana Monica Van Campen enseñando su cuerpo serrano, poco o nada podía quedar para intentar ensayar algo mínimamente adyacente a Goethe... Qué sé yo. No la pongo en el fondo del todo porque el cachondo de Yuzna se descojonó con un par de escenas míticas para cualquier horda freak que se precie. Una es el lamentable descenso del héroe también conocido como Faust, cual Batman de saldo y esquina (Sabina dixit), precedido de unos no menos ininteligibles chistes; pero sobre todo quedará para la posteridad (consulten YouTube si no me creen) el exceso de látex humidificado para la transformación más bizarra que yo haya contemplado nunca. Esto es: una muchacha reducida dos enormes tetas y un enorme trasero con la cabeza en medio. Estoy seguro de que para algún adicto al ciberporno sería lo más de lo más...
Saludos.

sábado, 12 de enero de 2013

El mito de Fausto 11



Me imagino a Goethe traspasado a nuestro caótico tiempo, estupefacto ante el expresionismo de Murnau u horrorizado tras observar una incomprensible asepsia a la hora de representar un tiempo de barro, miseria y lágrimas. Veo a Goethe pidiendo por favor volver a su tiempo, lejos de las tentaciones de la imagen mentirosa y embaucadora. Pero no sé qué haría Goethe ante el FAUST con el que Alexander Sokurov logró, entre otros reconocimientos, el León de Oro en Venecia. Sokurov es uno de los directores de cine vivos que más me interesan, lo he repetido montones de veces aquí; por su intensidad, extrañamente meliflua; por su insólita construcción de personajes; por el aparente desprecio que suele mostrar ante la narración clásica, que hacen de sus films verdaderos torrentes de incontrolable avance. Pero sobre todo le reconozco a Sokurov su tenacidad para abrirle paso a un tipo de cine que no es que lleve el paso cambiado, sino que su dificultad técnica ofrece pocos resquicios a posibles imitadores, por lo que termina siendo un objeto único en su propio tiempo, y puede que incluso Goethe fuese capaz de respetar esta filosofía de cineasta puro. FAUST no es su mejor película, pero es una de las mejores que se vieron a lo largo del año pasado (que fue cuando se estrenó aquí). No es poco. Apoyado en la indescriptible fotografía de Bruno Delbonnel y Bernhard Nicolics-Jahn, Sokurov vuelve, como ya hiciera en EL ARCA RUSA (aunque esto sea una constante de su cine), a un pictorismo recargado, metamórfico, asfixiante; cercano a Rembrandt, Rubens y, en mayor medida, a Brueghel; pero nunca con el calco dispuesto, sino con su insobornable mirada  siempre atenta. Y como en la antes mencionada, FAUST se revela como un largo y tortuoso paseo guiado, esta vez alrededor de las iniquidades y miserias humanas; me resisto a contar nada más de su brillante guion, repleto de chanza y pesadumbre, y que presenta a ese ser intocable, el Diablo, más grotesco y menos solemne, conduciendo al pobre Fausto por unas calles llenas de moribundos, mendigos, putas y ladrones; pero mientras cree haber dado al fin con la posibilidad de ayudar a sus congéneres, a lo que terminará sucumbiendo es al egoísmo inherente de los placeres terrenales. Y de ahí al infierno hay pocos pasos; y Sokurov nos muestra esta transición lenta pero inevitablemente, casi como un destierro que ocurre sin que el espectador sea consciente de ello... ¡De nuevo la magia!...
Saludos.

viernes, 11 de enero de 2013

El mito de Fausto 10



A algunos les podría resultar anecdótico o directamente insustancial, pero este pequeño documental, producido por el ICAA hace diez años, viene a complementar jugosamente el visionado de la obra maestra de F.W. Murnau. Y no podía ser otro que el historiador Luciano Berriatúa (puede que uno de los mayores expertos en la obra del director alemán), quien dejase constancia de algo que ahora sabemos sobradamente: la durísima exigencia de Murnau con su equipo, sus actores y consigo mismo, lo que le llevaba, finalmente, a casi rodar varias películas a la vez. Intenten imaginar, si no, la existencia de varias versiones de su FAUST, y el posterior trabajo de descarte y metamontaje entre dichas versiones, lo que queda perfectamente expuesto en la inclusión de dichas versiones simultáneamente, al tiempo que la voz de Ana Cristina Iriarte, a la sazón directora de publicaciones en la Filmoteca, desgrana los "errores" o simples diferencias que llevaban a Murnau a elegir una imagen u otra. El documental, austero y óseo, se ve casi como una lección de crítica racional, además de suponer la constatación de una voluntad (desde aquí sea aplaudida) de rescate emocional de multitud de trabajos del ICAA que parecían poder perderse para siempre. Si se es admirador de la obra de Murnau, este trabajo es ineludible.
Saludos.

jueves, 10 de enero de 2013

El mito de Fausto 9



El acercamiento que la conocida agrupación "La Fura dels Baus" realizó en 2001 al mito de Fausto continúa siendo, aunque no lo pretendiese, una auténtica rareza. Y no sólo por tener difícil ubicación en el espectro del cine español contemporáneo, tan refractario a las correspondencias fisonomistas, sino porque, una vez vista de nuevo, sorprende el taimado tono, casi en rictus, del brillante guion firmado por Fernando León de Aranoa, lo que deja un regusto francamente extraño al comparar este aspecto con la elefantiásica puesta en escena de "La Fura". Pero al margen de todo esto, y hablando de la película en sí, lo cierto es que FAUSTO 5.0 no es tan rompedora como amenaza constantemente, pero esto redunda positivamente en una narración que no es en absoluto abstrusa, sino todo lo contrario, bordeando por momentos incluso el thriller clásico y de regusto pulp. A ello contribuyen decisivamente un puñado de buenas interpretaciones, con el actor argentino Miguel Ángel Solá encarnando a un circunspecto doctor Fausto, encargado de un hospital de enfermos terminales y que acude a una convención médica incapaz de alejar su mente de sus ocupaciones diarias, por tremebundas que éstas son, y que le acarrean la eterna pregunta del porqué del sufrimiento humano. Al llegar será asaltado literalmente por un extraño personaje, interpretado magistralmente por un Eduard Fernández superlativo (y que aquel año logró un merecido Goya), que dice haber sido paciente suyo  y cuya estrambótica sorna irá en aumento hasta desembocar en la desesperación de Fausto, incapaz de desembarazarse de él, y posteriormente cayendo embaucado ante lo que no puede ser sino la habilidad de conceder los deseos más íntimos. FAUSTO 5.0, ya digo, navega entre dos aguas aparentemente irreconciliables; uno, el relato clásico, queda bien solventado por un trabajo profesional más que digno, mientras que, por increíble que parezca, y hablando de quienes hablamos, uno hubiese echado en falta algo más de nervio estético y menos instalación, algo que canta y mucho en un film que es más divertido que reflexivo. Palabra.
Saludos.


miércoles, 9 de enero de 2013

El mito de Fausto 8



En 1994, el genial Jan Svankmajer se sacó de la manga una de las versiones más personales, extravagantes y sugerentes que del mito de Fausto se han hecho jamás. Mezcla de imagen real, animación stop motion y unas maravillosas marionetas, LEKCE FAUST empieza un poco aturullada, casi ininteligible, para, una vez hemos entendido el complejo juego propuesto por el maestro checo, terminar siendo toda una delicia y deleite para los sentidos. Casi sin palabras (la mayoría del diálogo se encuentra representado en el teatro de marionetas), Svankmajer nos propone un Fausto irresistiblemente jocoso y de aire (como no podía ser de otra manera) casi kafkiano; una especie de sacrilegio, no ya formal, sino directamente argumental, y en el que el pobre hombre interpretado por Petr Cepek dista una enormidad del Fausto apesadumbrado por el mal del mundo; digamos sólo a modo de ejemplo que sus ambiciones son más terrenales y que sus invocaciones demoníacas terminarán como el rosario de la aurora. Mención aparte tendrán las impresionantes transfiguraciones del personaje mefistofélico; ora muñequito metamórfico y arcilloso (desde calaveras de honda mirada a bebés monstruosos), ora marioneta cabezona y de madera, que a las caprichosas órdenes del bufón invocador acabará más hastiado que aterrador. En un momento dado, incluso las marionetas se confundirán con la gente real y darán un paseo en gabardina, mientras de una mesa manará vino sin explicación aparente o los coches cobrarán vida propia. Y si me permiten, se la recomiendo encarecidamente a todo el mundo que le guste disfrutar del cine como experiencia sensorial.
Saludos.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Para informar a los lectores y no dejarles en un suspenso innecesario, debo trasladar que este blog (y el otro) no va a ser actualizado por el momento por causas de fuerza mayor. El autor promete volver a escribir en los mismos cuando realmente pueda, que deseamos que sea en el tiempo más breve posible. Gracias.

David Vázquez Dávila, que es el que escribe...

martes, 25 de diciembre de 2012

El mito de Fausto 7



En clara contraposición a todo lo declarado ayer respecto a la dificultad de trasladar a según que autor literario a la gran pantalla, el ejemplo queda magistralmente reflejado en una película absolutamente maravillosa. Y es que MEPHISTO, que ganó en 1981 uno de los oscars en lengua no inglesa más merecidos que yo recuerde, es un espectacular entramado de referencias, homenajes, aportaciones novedosas y, sobre todo, un dominio del medio narrativo que, para un espectador entregado, queda como una experiencia apabullante. MEPHISTO es muchas, muchísimas cosas condensadas en poco más de dos horas que transcurren, como debe ser, en un suspiro. La novela original, obra (y he aquí el primer impacto) de Klaus Mann, hijo de Thomas y a la sazón dueño de una escueta obra tan fascinante como incomprendida, y de una vida personal dificilísima, que desembocaría en su suicidio con poco más de cuarenta años, desmembraba el mito "faústico" sin tocarlo, puesto que quien aquí vendía su alma era una encarnación humana del mismísimo Mefistófeles. En realidad, la compleja propuesta del libro original, escrito en 1936, era un ataque frontal al régimen nazi; Mephisto (un impresionante Klaus Maria Brandauer, al que cualquier calificativo se le queda corto) era un actorcillo sin mucho gancho que buscaba desesperadamente una salida a su desmedido ego (no es casual la referencia al actor Gustaf Gründgens, quizá el Mefisto más famoso), lográndolo, un poco inconscientemente, al aterrizar en mitad del horror nazi primero como un trepa más, y finalmente como una arrepentida marioneta, utilizada como un instrumento más de delación. Pero impera dejar a un lado la novela y centrarse en el grandísimo trabajo del húngaro István Szabó, al que no asustaba la envergadura del proyecto y que quedó como una referencia ineludible en el tránsito de un cine europeo que buscaba el concilio entre lo espectacular y lo íntimo. MEPHISTO no sólo consigue este difícil equilibrio, sino que sus imágenes parecen irradiar la pureza de, por ejemplo, el expresionismo de Murnau, al tiempo que se vale de una dialéctica brillante, jamás cháchara y una puesta en escena que yo pocas veces he visto sin sentirme abrumado. Nada parece faltar ni sobrar en esta obra maestra, un título ineludible que yo he sentido que forzosamente debía incluir en este monográfico; y es que en pocas ocasiones lo sutil era aún más explícito que lo obvio... Obviamente.
Saludos.


Mefistofele

lunes, 24 de diciembre de 2012

El mito de Fausto 6



Autor de la descomunal ERFOLG (EL ÉXITO), de la que prometo hablar un día aquí, el alemán Franz Seitz realizó una interesante aproximación al mito de Fausto por una vertiente que en cine aún no se había decantado con decisión: la novela de Thomas Mann. Realizada con formato de telefilm, DOKTOR FAUSTUS retomaba la temática clásica de dicho personaje, sólo que la búsqueda, en este caso, revierte a la virtud musical, al ser Fausto un pianista que anhela la perfección en su arte. Más cercana, por ejemplo, a un Bergman distensionado, la película, sin ser fallida, queda como un ejercicio plomizo y complicado de digerir, y la elección de Jon Finch para el papel principal, aparte de tener que apechugar con un discutible doblaje, y lejos de integrar métodos contrapuestos, no hace más que enfriar una puesta en escena ya de por sí gélida. Se ve, claro, y su adaptación es todo lo fiel que se necesita ser con un maestro como Mann, pero (y esto ya ocurría con "La montaña mágica") es curioso comprobar cómo la dificultad de la traslación de una prosa magistral convierte a ambas en obras completamente diferentes, cuando no simple y llanamente contrapuestas. Yo la vi de chiripa en casa de un coleccionista de esos que se llaman "enfermos", ahora mismo me temo que debe ser realmente complicado dar con esta rareza, si no es que se pueda disponer del DVD alemán original.
Saludos.

Doktor Faust

domingo, 23 de diciembre de 2012

Rincón del freak #90: El mito de Faust(ina) 5



A mí la broma me hace poca gracia, aunque la tiene, he de reconocerlo. Y es que buscarle sensatez a un sainete filmado que intenta, por todo mérito, introducir las no pocas habilidades seductoras (y de las otras) de la gran María Félix en una España tan depauperada como cartonpiedresca, tiene, siendo infinitamente benevolentes, su miga troceada. El experimento se tituló FAUSTINA, y comenzaba con un incipiente Fernando Rey en plan espeleólogo/dominguero con descapotable y churri empañolada, que encontraba una cueva en la que, tras quedar atrapado, su sorpresa es mayúscula al hallarse a aquel enjuto Fernando Fernán Gómez pescando, a la sazón un desencantado demonio menorcillo que atendía al sugerente nombre de Mogón. Toda la película es un enorme flashback que comienza con la invocación de Mogón por parte de una señora de avanzada edad, la Faustina del título, que le requiere para volver a ser joven y lozana, pero que, oh casualidad, una vez repuesta resultaba ser el antiguo y fatal amor de aquel desdichado. Ya con el tapete dispuesto, todo transcurre por el terreno de la fruslería sin importancia, con cameos de altura, como el del inolvidable Pepe Isbert, el recientemente desaparecido Tony Leblanc o uno de los mejores histriones del cine español, Juan de Landa como un diablo simplemente hilarante. Y... María Félix, everywhere para más señas. No me extraña que el ciclón de Sonora no encontrase acomodo en éste nuestro país, con aversión al despelote de los sentidos y convirtiendo a aquella bomba sexual en una señora con aspiraciones de miss de pueblo o cantante que, al no cantar, recitaba las noticias del periódico, mientras a los señores de boina, puro y fajín se les restallaban las órbitas por doquier. FAUSTINA es lo que es, una película de 1957, un entretenimiento trufado de inmensos profesionales al servicio del anestésico general (nunca mejor dicho) y que terminaba en un extraño país inventado, mitad dictadura y mitad monarquía... Y todas las mitades, por diferentes que fueran, mantenían ese inenarrable rictus ante la actriz mejicana, tan fuera y tan lejos de un país, éste, que de fantasía tenía poca.
Saludos.


Faustine

sábado, 22 de diciembre de 2012

El mito de Fausto 4



No deja de ser curioso que uno de los escasos ejemplos que el cine español ha ofrecido acerca del mito universal de Fausto sea una película experimental (otra es, aún más bizarra, la que vendrá mañana) y cuyo punto de vista comprenda, cuanto menos, un arco personalísimo sobre un tema que, en teoría, permitiría pocos estiramientos radicales. EL EXTRAÑO CASO DEL DOCTOR FAUSTO, inscrito como el segundo trabajo de Gonzalo Suárez, supuso una agradabilísima conmoción en un panorama, el del cine patrio, francamente depauperado, presentándose nada menos que en el Festival de Berlín y demostrando que, si bien choca la distancia tomada por su autor respecto a una influencia, la de la nouvelle vague, más que evidente, es su espíritu rompedor el que marca su calidad, incluso por encima de lo mucho que ha envejecido un film cuyo interés máximo queda en su forma. Su fondo, incluso si obviamos ciertos retruécanos y licencias, poco o nada asimila de la obra original; más aún, la moldea tanto que quedaba irreconocible si no se maneja el marchamo del cine de aquellos años del autor ovetense. Instalada entre un lisérgico extraterrestrial, que debía un poco al cine de Jodorowsky y otro tanto al de un Godard nada templado, y una bomba decididamente poética, si no nos dijesen que aquello se hacía en España en plena dictadura (aunque Suárez tuvo siempre mucho "aliento francés") nadie lo hubiese sospechado. Mi opinión es que conserva un punto insolente de frescura pero, al mismo tiempo, su exceso de militancia le hace un flaco favor a su vigencia, cuando en realidad podría (debería) ser totalmente al contrario. Su visionado por primera vez puede ser toda una experiencia, hay que reconocerlo.
Saludos.


Faust

viernes, 21 de diciembre de 2012

El mito de Fausto 3



Guardaba yo, en la inmensidad de mis recuerdos infantiles, una especie de esbozo de recuerdo, casi un boceto mental, de una película, o así lo creía yo, de la que sólo el nombre me aparecía cristalino; algo sobre "Fausto", sin duda. Al preparar este monográfico, mi sorpresa fue revisar una olvidadísima cinta británica, la única en la que en sus créditos puede encontrarse al actor Richard Burton en labores de dirección; aunque, si nos atenemos a la verdad, su responsabilidad fue compartida con el escritor y dramaturgo Nevill Coghill, que enseñaba en Oxford. De DOCTOR FAUSTUS me quedan dos sensaciones extrañas y no necesariamente complementarias; la primera es que no ha envejecido nada bien (es de 1967), porque su tono, a mitad de camino entre las producciones de la Hammer y el mismo teatro filmado, tan prestigioso en la BBC, se queda en una flojedad de intenciones casi rozando la pedantería. Otra cosa es su dubitativo tono, ahora cómico, ahora terrorífico... Eso sí, mucho "Where art thou..." ultrarecitado, mucha mirada perdida al infinito, y la presencia eclipsante de Burton, verdadero motivo de una película que él mismo se encargó de representar en teatro un par de años antes junto a su esposa, una Elizabeth Taylor más pétrea que nunca, hasta el punto de (y si no, corríjanme) suponer su único papel en el que no tiene ni una sola línea de diálogo... Con todo esto, DOCTOR FAUSTUS no pasa de una curiosidad muy curiosa, con sus ramalazos pop (era la época) y la constatación de que cualquier tiempo pasado, si fue mejor, es preferible no invocarlo cual demonio burlón...
Saludos.


Meer

jueves, 20 de diciembre de 2012

El mito de Fausto 2



Una versión injustamente desconocida del inmortal texto de Goethe fue el muy experimental proyecto de la televisión alemana, que en 1960 realizó un insólito híbrido que combinaba teatro filmado y montado, y una excepcional partitura a cargo del músico Mark Lothar. En realidad, y obviando el elemento cinematográfico, este FAUST venía de lejos, concretamente de los escenarios en los que el controvertido actor Gustaf Gründgens venía interpretando a uno de los Mefistófeles más personales y posteriormente recordados (e imitados) desde el que instauró Emil Jannings. FAUST (versión televisiva, aunque bendita televisión aquélla), aparte de incrementar la atención del público sobre los actores, limitando el escenario a un espacio abierto, oscuro y frugalmente decorado, introdujo multitud de novedades, tales como el elemento humorístico (cuando no jocoso) o una explosión final, inesperada, a ritmo... ¡de rock'n'roll!... Mención aparte merecería el auténtico reclamo de este (tele)film/teatro, que no es otro que el tour de force interpretativo entre Will Quadflieg, sobrio actor alemán, y el excesivo Gründgens, un actor que en sí mismo fue paradigma del mito de Fausto, con una vida tan agitada como discutible y al que se acusó de simpatizar con el régimen nazi sólo por no perder su posición en las tablas alemanas; historia ésta realmente apasionante y que fue recogida en otro film, igualmente fascinante, al que iremos un poco más adelante. Hasta entonces, saludos.

The damnation of Faust

miércoles, 19 de diciembre de 2012

El mito de Fausto 1



En El Indéfilo nos hemos propuesto, un año más, terminar el presente curso a lo grande, y el tema escogido para ello es uno que nos parece mucho más de rabiosa actualidad de lo que podría pensarse. Y es que aquel sabio que vendió su alma al diablo, descrito entre otros por Christopher Marlowe o Goethe, no queda tan lejos de lo que ahora mismo tenemos entre manos ¿Que al diablo lo sustituimos por el capitalismo salvaje? Pues más o menos. El caso es que son muchas las adaptaciones que ha conocido este inmortal (nunca mejor dicho) personaje y su terrible circunstancia, aunque empezar, no nos queda otra que empezar por el principio, que es la inconmensurable FAUST, de F. W. Murnau, una película de tal potencia e imaginación que no son pocos los homenajes-tributos que el cine le ha rendido a lo largo de la historia. Rodada en 1926, FAUST comienza con el reto que Dios le lanza a Mefistófeles, que es poner a prueba a un escéptico buscador de La Verdad mediante el conocimiento científico. Murnau estructuró el film de manera circular, mostrando el sometimiento del ser humano al acto divino y su posterior redención mediante el poder inmortal del amor. Para ello contó con la escalofriante interpretación del gran Emil Jannings, un diablo despiadado, juguetón y, lo que es mejor, sin cuernos. Su personaje es el elemento central de esta película de difícil composición, que transita entre la realidad y el sueño y que tiene como motor la futilidad de los efímeros sueños del ser humano. Fausto es un sabio, un hombre que cree haber alcanzado el derecho de adentrarse en el conocimiento absoluto, pero termina de espaldas a la virtud y embaucado por la falsa promesa de la concesión de cuantos placeres se le pongan por delante. Fascinado por la idea de una perpetua juventud junto a su amada, es incapaz de ver el verdadero propósito de Mefistófeles, que no es otro que adueñarse de su alma tras divertirse con lo que, de una manera u otra, no deja de ser un exponente de la estupidez humana. Este "Fausto", además de su poco corriente estructura narrativa (que sólo Alexander Sokurov ha intentado ensayar recientemente), permite comprobar la asombrosa imaginación visual de Murnau, que apoyado en la magistral fotografía de Carl Hoffmann, y con una sutilísima utilización del espacio escénico, sin ningún abuso de los elementos expresionistas, da como resultado un clásico de formas muy poco clásicas. Como ejemplos imperecederos, quedarán en la memoria ese imponente Mefistófeles cubriendo toda una ciudad con su gigantesco manto de destrucción, que no es otro que una plaga de peste; la tenebrosa atmósfera recreada en la catedral o la reclusión de Fausto en un infierno tanto más creíble por cuanto no es más que un paisaje desolado. En resumen, una cima del cine mudo, además de ser, probablemente, la mejor y más deslumbrante adaptación de este mito, al que seguiremos acercándonos en sucesivos días.
Saludos.

Faust Symphony

martes, 18 de diciembre de 2012

El chico con el escorpión en la espalda



Hay una cosa que me gusta especialmente en el cine del danés Nicolas Winding Refn: pese a sus limitaciones de toda índole, siempre parece estar al tanto de las mismas y, al ser consciente, intenta ofrecer el mejor producto posible, como si el esfuerzo estuviera por delante de una cierta inspiración ¿Qué le falta para ser un grande? Pues me parece que inventar, establecer, que empiecen a copiarle a él; pero que está en el camino creo que no lo discute casi nadie. DRIVE es un paso adelante (o puede que dos o tres), una película que a la asombrosa estilización de Winding Refn (y que mostró sobradamente en, por ejemplo, VALHALLA RISING o BRONSON, y por no hablar de su apabullante trilogía PUSHER), añade dos aspectos vitales en la madurez de un director de cine: el dominio del sentido del ritmo y la dirección de actores, donde estos dejan de "servir al fin" y se definen a sí mismos como entes integrados. Si el perfil es bajo, diremos que DRIVE no es más que una nueva vuelta de tuerca al (anti)héroe solitario y taciturno que, en un momento dado y obligado por las circunstancias, dará rienda suelta a su lado oscuro. Con uno de los mejores trabajos de montaje que he visto últimamente, lo difícil de esta fábula envuelta en sangre y gasolina no es acentuar los momentos álgidos, donde el espectador más avisado siempre esperará un plus, sino hacer danzar la historia desde su deslumbrante comienzo, donde, sin apenas palabras, el magnífico personaje interpretado por Ryan Gosling queda trazado, hasta su desmelenado final, donde en verdad uno puede (y debe) esperarse casi cualquier cosa. Esto es tanto así por la compleja inclusión de unos personajes secundarios (la joven madre interpretada por Carey Mulligan, sobre todo), que amenazan constantemente con una ridícula banalización argumental, puesto que este protagonista, un conductor, pero también un pistolero con más sombras que luces, no necesita razones para hacer lo que hace, y su ética es aceptada por sus propios actos. Es el bueno quizá porque no hay otro a mano, y en esa amargura de no poder cumplir las expectativas de los que le rodean, Winding Refn sale victorioso al entregarnos una película tan emotiva como entretenida; un western apocalíptico sobre lo injusto que es perder cuando no eres dueño de tu propia vida. Un film que será recordado cuando pase el tiempo y que forzosamente ha de suponer ese chasquido de rotura para un director que, en contra de lo que muchos pudieran pensar, yo consideraba atenazado por una extraña timidez conceptual. Magnífica, en todo caso...
Saludos especialistas.

Solitude is bliss

lunes, 17 de diciembre de 2012

Placer por la sangre



Por poner un ejemplo que cualquiera puede entender: Lo que en manos de Jesús Franco puede ser poco más que garrafón, encuentra inusitada estilización formal en unas manos como las del director que nos ocupa hoy. Caso rematadamente raro en la filmografía francesa, Jean Rollin, que comenzó su andadura filmando poemas recitados allá por finales de los cincuenta, es, posiblemente, el gran iconoclasta (mencionaría también a Jacques Demy) de un cine a veces más preocupado por el contenido que por el continente. Rollin, que llegó incluso a filmar un despropósito a cuatro manos con el propio tío Jess que atendía al sugerente título de CHRISTINA, PRINCESSE DE L'ÉROTISME, alcanzó uno de sus puntos más álgidos abundando en su particular visión del mito vampírico, consistente básicamente en concretar un puñado de brumosas imágenes panorámicas en desolados parajes (castillos, bosques...), despreciando cualquier profundidad psicológica y apoyándose, para ir abreviando, en una fijación enfermiza por la silueta femenina, preferentemente a medio vestir y con diverso contacto hemoglobínico. Poco más que eso es FASCINATION (rebautizada aquí como EL CASTILLO DE LAS VAMPIRAS), que empieza como un cuento macabro remitente a Edgar Allan Poe, pero termina como el rosario de la Aurora. Un rosario, eso sí, con una fe inquebrantable por lo que va a poner en imágenes. Apunten: Un castillo, unas vampiras bolleras y siniestras, una guadaña y un pobre incauto al que le da por desviar la orientación sexual de las monstruitas. Es una frikada, desde luego, pero contiene tal grado de candidez , además de una vaporosa fotografía, que uno no puede más que sentir una irresistible curiosidad hacia un tipo de cine que extrae todo su encanto precisamente a partir de su propia obsolescencia.
Saludos con plaquetas.

Fascinado

domingo, 16 de diciembre de 2012

Rincón del freak #89: Los espectadores indiscretos



La conclusión (nada original por mi parte, por cierto) es que cada tipo de cine (más que "cada película") tiene su propio público esperándola para verla y valorarla en su justa medida. Quiero decir con esto que, más que "públicos de élite", lo que regula el mercado que lo que se ve y cómo se ve es el producto en sí, que sólo tiene que esperar a que sea "su público", y no otro, quien lo enfrente ¿Quiere decir esto que me atrevo a borrar las concepciones clásicas de "buena" o "mala"? En absoluto, pero sirve para ir conjugando parcialmente los cambios que el audiovisual está experimentando, en consonancia con una crisis a la que no es ajena. Pensemos, por ejemplo, en cómo la práctica totalidad de la cuota reservada al cine de evasión puro y duro excluye sin remilgos ni pudor a toda aquella facción de pensamiento que no se alinee con "lo juvenil" (y sea esto lo que sea), lo que ha ido dando productos que, ante su falta total de ideas, se han limitado a "juvenilizar" argumentos que ya existían, y sólo como estrategia para que siempre exista un público cuya motivación sea la identificación con lo que va a ver. Posiblemente, lo que mejor y más claramente podría ilustrar estas palabras sería la infumable saga TWILIGHT, capaz de reducir el concepto de cine de monstruos hasta que quepa en el atestado dormitorio de una adolescente. Sin embargo, me va a bastar con apenas unas líneas sobre una gilipollez estrenada sin pena ni gloria hace unos cinco años. Atendía al sugerente nombre de DISTURBIA y pretendía ser, ojito... ¡LA VENTANA INDISCRETA para adolescentes! Es decir (y volvemos al principio): la estrategia es desviar la atención sobre si la película es buena o mala, esto no se discute, sino que el plano de discusión se desplaza hacia si quien la va a ver tendrá más o menos edad; aunque hoy día, esto ya no quede tan claro verbigracia de la cirugía estética, claro. Pero como yo soy un carca de corazón, ya les adelanto que la película es una bazofia, y que perpetrar cualquier conato de aproximación con la inmortal obra maestra de Alfred Hitchcock no es que sea un sacrilegio, sino directamente motivo de burla y destierro. No la vean, a menos que les vayan los muchachillos sobrehormonados que espían a sus vecinitas desde la ventana de su cuarto con un trasfondo de Blink 182... Ya saben...
Saludos molestados.

Another way to die

sábado, 15 de diciembre de 2012

Coordenadas



Llegados a este punto, no hay por qué ser más inductivo de lo necesario; y sin plumas y sin adorno. Seré claro y preclaro para con todos ustedes que tanto y tan bien se dignan a leer estas arrinconadas páginas. Hay muy pocas películas contemporáneas que yo haya visto últimamente y que de verdad pueda considerar como indispensables, grandes obras por lo que de reveladoras tienen, por el avance que suponen para un medio, el audiovisual (antes conocido como cine) que no pasa precisamente por sus mejores momentos. Dicho esto, y teniendo en cuenta que no suelo yo prodigarme en esto del elogio ni la recomendación fácil, les voy a recomendar una película para estas Navidades (o para cuando quieran, claro). Se trata de la mastodóntica (y no tanto por duración como por generosidad) HISTORIAS EXTRAORDINARIAS, del argentino Mariano Llinás, una gozosa celebración de los sentidos tanto para cualquier cinéfilo como para todo gran amante de la narración pura, del éxtasis de estar ante alguien que nos cuenta algo para que lo incrustemos inmediatamente en nuestro subconsciente. Hablar aquí de un argumento se me antoja ridículo; no porque éste no importe o sea flojo o inconsistente, sino porque lo que realmente importa es rastrear huellas por todo un inmenso mapa que se nos va desplegando inesperadamente y cuyos personajes principales, además de que sus nombres nos sean escatimados por tres letras (H, X y Z), bien podrían ser considerados como tres coordenadas (quizá, altura, latitud y longitud) para intentar orientarnos por este verdadero work in progress, casi un juego de rol en el que sólo podemos asistir como observadores privilegiados, pues sólo nosotros manejaremos toda la información. Como en la vida, Llinás entiende que una cosa lleva a la otra, así que su complejísimo guion es una sucesión de eventos a la manera de una pista de fichas de dominó que van cayendo una detrás de otra. Más que querer narrarnos "algo" concreto, la sensación es de que simplemente "hay" que narrar, que es necesario disponer del espectador/oyente (más oyente que nunca) y contarle una historia, compleja, eso sí, pero no más que un cuento para mantenernos pegados a la pantalla durante sus cuatro horas, que pasan en un santiamén. Podremos rastrear a Kafka, Stevenson, Poe, Verne y hasta a Carver; y no se sentirán decepcionados si son buenos lectores, si son de los que sienten el escalofrío por la espina dorsal al abrir un libro y sostenerlo frente a ustedes, HISTORIAS EXTRAORDINARIAS es lo más aproximado a ello que el cine, conscientemente o no, ha dado en los últimos tiempos. Será una obra maestra, sin duda.
Extraordinarios saludos.


Extraordinary

viernes, 14 de diciembre de 2012

El pulso para trazar la semblanza de un maestro



Sí, es cierto; los Viernes ya no volverán a ser lo mismo sin Yasujiro Ozu. Ha sido prácticamente un año dedicado a rendir tributo a uno de los creadores más personales e influyentes de todo el siglo XX, un director cuyo mejor imitador fue él mismo y que, aparte de su inmenso talento, poseía cualidades tan resaltables como la lealtad, el sentido del humor y una gozosa visión de la vida que le llevaba a creer ciegamente en el ser humano. IKITE WA MITA KEREDO: OZU YASUJIRÔ DEN, fue el necesario y emotivo homenaje que Ozu recibió póstumamente en forma de extenso mapa documental, que se va desplegando poco a poco, desde su temprana llegada a la Shochiku con sólo 20 años; pero también centrándose en aspectos poco conocidos como la difícil relación que tuvo con su puritano padre, el tiempo en que fue maestro de escuela o su querencia por la soledad en las montañas, donde dedicaba gran parte de su tiempo a escribir poesía. Se nota en cada entrevista la devoción que le profesaba cada actor, cada técnico, cada ayudante; siempre recordándolo con gran respeto y aludiendo a ese indescifrable halo de misterio que rodeaba su figura. Ozu no fue un director común, como tampoco fue una persona común; y sin embargo, deslizándonos por su filmografía como hemos hecho este año, uno encuentra muy presente ese humanismo sin condiciones, tan a ras de suelo como la cámara, ese punto de vista genuinamente "Ozu" que nunca mira al hombre desde una posición elevada. Magnífico documental y precioso broche de oro a una figura que con el tiempo parece haber abandonado el estatus de simple director de cine (algo que sólo le ocurre a los muy grandes), para quedar en el imaginario universal casi como una corriente de pensamiento, un cine "de las personas" que se revela tan necesario a día de hoy, que tan devaluados tenemos los conceptos morales. También Ozu nos habla(ba) desde sus imágenes de la opresión, la injusticia y de cómo el hombre siempre encuentra una salida a sus padecimientos; tanto da una situación 50 años adelaqnte o atrás, desgraciada o afortunadamente, el único camino sigue siendo mirar hacia adelante. Viviendo, habiendo vivido, pero...
Saludos.

Life's too long

jueves, 13 de diciembre de 2012

En frívolo



Recordemos que, para llegar a ser el inescrutable ogro (eso no lo pienso yo, pero lo transcribo) que es ahora, Godard ha transitado un camino fílmico repleto de curvas, meandros y toda clase de recovecos; recursos que, observados con detenimiento, difícilmente pueden ser aunados bajo un solo gobernante o denominador. Se habla de la "época colorista", la "abstracta" o la militante; a mí me gusta pensar en Godard según sus películas, sin más pamemas ni engolamientos, como un director y no un instaurador; un experimentador, sí, pero cuyos ensayos persiguen un fin que, según sus propias palabras, quizá, y sólo quizá, ahora, y ya octogenario, ha logrado reducir a su esencia misma. Una película que me parece muy ilustrativa acerca del porqué de la exégesis "godardiana" (odio esta palabra tan útil...) es UNE FEMME EST UNE FEMME, su segundo largo y, casi sin tiempo de tomar aliento (chistecito al canto), marcaba una ruptura absolutamente radical respecto a Á BOUT DE SOUFFLE. Este bello gesto, que tanto echaríamos de menos en nuestros engreídos contemporáneos, no es tanto caligrafía como alquimia de un corazón que ama las formas tanto como los fondos, y que no elude cierta asimetría residual en tanto que, a la manera de un terrorista de las ideas, primero hace estallar para seguidamente polinizar la polémica resultante. Si ese mismo año (1961) François Truffaut ya había galvanizado las posibilidades de un amor (imposible) a tres bandas en JULES ET JIM, lo que Godard proponía era aún más osado, nada menos que la construcción de una feminidad al tiempo voluble y granítica, una mujer que estaba dispuesta a dejar atrás fantasmas y cadenas, pero sin renunciar a su voluntad como diferencial de dos opuestos (dos mejor que uno...), el macho dominante y el macho sumiso, ambos tan insidiosos como poco efectivos. Y más allá del ideal romántico, este imposible, mollar triángulo, formado por la inigualable Anna Karina, el reposado Jean-Claude Brialy y un Jean Paul Belmondo menos misterioso que su mítico antecedente, pero más chuleta aún si cabe, compone un cuadro en movimiento que tan pronto pone en cuestión a la familia tradicional como propone, casi sin pretenderlo, la deconstrucción del relato clásico a base de bombardearlo con diferentes usos o géneros. Es como si a alguien le diese por rodar un culebrón con la estética del melodrama clásico, lo engalanara con números musicales y el resultado no tuviese nada que ver ni con una cosa ni con la otra. Es romper desde dentro, cuestionar al mismo tiempo que se crea una obra; sentar las bases y allanar el camino (puede que todo lo contrario) para cualquier generación posterior, cualquiera que se atreva a seguir dicho camino sólo para borrarlo y encontrar el propio. Si la teoría no les dice gran cosa, prueben, cómo no, con la práctica y véanla...
Un saludo... es un saludo.

One man woman

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La comedia involuntaria



Una de las razones por las que una novela puede permitirse el lujo de ser excéntrica, exclusivista e incluso remilgada, es su propia naturaleza de objeto exigente con sí mismo, pero también con quien la toma entre sus manos para leerla. Es una batalla que probablemente el cine no llegue a ganar nunca, y menos cuando las diferencias entre el cine-arte y el cine-espectáculo quedan ya a muy poca distancia y suspendidas en un debate cada vez menos interesante. Algo así es lo que le ha ocurrido a David Cronenberg al adaptar COSMOPOLIS, la novela de Don DeLillo. No sé si por ser quien es el escritor, el director, o por las dos cosas; el caso es que, si nos ponemos ligeros, COSMOPOLIS es una película sobre la aséptica maldad del capitalismo salvaje que no logra dar con la tecla de su crítica, así que, sin llegar a la indulgencia, encuentra una inesperada tabla de salvación en un género aparentemente alejado de sus parámetros formales. Así, tras muchos devaneos, una cháchara cercana al Woody Allen menos soportable y una preocupante falta de profundidad a la hora de dibujar cada personaje, COSMOPOLIS termina siendo una comedia acerca de un niño rico que sólo puede calmar su fogosidad sexual gracias a su posición, pero que se ve impotente cuando se trata de empatizar con quien está delante. Díganme que no es hilarante... para ser Cronenberg. Algo así: "me tiro a mi asesora de arte, a mi contable, a mi guardaespaldas, pero mi mujer sólo se digna a que la invite a almorzar, y cada vez que le digo (literalmente) que tenga sexo conmigo su mirada me hace recordar la mía cuando me miro al espejo"... Niños ricos, engreídos, vacíos, hábiles en un mundo hecho de abstracciones pero torpones en el juego de la vida real. Más que un apocalíptico fin del mundo, diríase el final de un modelo masculino, que, por otra parte, tampoco es que haya durado tanto. Esto queda perfectamente reflejado en el extenso diálogo final entre el protagonista, un Robert Pattinson apático y agarrotado, y su posible verdugo/liberador, que es Paul Giamatti haciendo... de Paul Giamatti... Lo del corte de pelo, en mi opinión, debería haber tenido un peso más específico, pero, efectivamente, sólo es una excusa con más de excentricidad que de nostalgia.
Saludos desde el mercado de valores.


Bimbo in the Limo

martes, 11 de diciembre de 2012

Un paseo epidérmico por las tripas de un país



Si usted, avezado espectador, decide que los espasmos de Jim Carrey, la verborrea de Billy Crystal y los peinados de Alec Baldwin jamás le otorgarán estatus de cinéfilo digamos serio, un cinéfilo capaz de exponer sus profundas inquietudes con toda soltura ante un embelesado y a la vez partícipe ramillete de personalidades, tales como esas otras almas sensibles y atormentadas que son capaces de mantener diálogos permanentes con "El Arte" y sus intrincados vericuetos; lo que debe hacer, insisto, es ponerse inmediata e ineludiblemente con esto del Nuevo Cine Filipino, que contiene obras sugerentes, estimulantes y a veces incluso inexplicables. Yo no dudo de la sensibilidad e inteligencia de Raya Martin, un tipo que empezó a coger una cámara en pleno destete y cuya precocidad, unida a su extraña concepción de rodaje, le ha granjeado una, no diré yo que inmerecida, fama en esos círculos sanedrínicos que ahora parecen aflorar por doquier, auspiciados por estas nuevas tecnologías que sonnos motivo de solaz y donaire. Vale. Dicho esto, si usted ve, por ejemplo, AUTOHYSTORIA, lo primero que le recomiendo es que se haga con una sinopsis, donde le será explicado que un travelling de treinta minutos equivale a un ansia de libertad de la nación (la filipina, claro) oprimida por el colonialismo y que va al encuentro de su propia identidad. Sin dicha lectura, usted ve a un muchacho en camiseta caminando por una acera por la noche mientras alguien lo filma desde una camioneta. Luego, la enorme rotonda-plaza de la imagen que ilustra estas líneas simboliza la férrea lucha de este mismo pueblo (que sigue siendo el filipino) que, no obstante, va a tener que afrontar una serie de sacrificios. No se alarme si no es capaz de ensamblar el concepto "sacrificio" con un par de jóvenes observando la rotonda-plaza desde el interior de un vehículo, al fin y al cabo son otros quince o veinte minutos den plano fijo... Para finalizar, y sin mediar esos absurdos diálogos explicativos que tanto le gusta al espectador embotado (al que usted ya no aspira a pertenecer), se termina la función con la puesta en imágenes del sacrificio mismamente ¿Cómo? Pues los dos jóvenes que iban en el vehículo ahora caminan por la selva, atosigados (suponemos) desde atrás por sus captores; así hasta un sitio que está muy lejos y donde les espera un desenlace fatal. Y fin. Lo que demuestra que con una grabación casera usted también puede escribir la historia de su país.
Autosaludos.

The science of imaginary solutions

lunes, 10 de diciembre de 2012

Literariamente



Si yo hubiese querido parecerme a algún escritor en concreto, posiblemente uno de los nombres que con más fuerza resonarían en mi imaginario más íntimo sería el del británico Dennis Potter. No se sabe muy bien por qué, Potter nunca tuvo gran calado en este país (bueno, yo sí sé por qué, pero no viene a cuento), pese a contar con una obra tan vasta como interesante, y cuya cúspide sería The singing detective; título mítico, y tan extraño como evocador. El caso es que en 1991, Potter se lanzó a la dirección, y lo hizo, como no podía ser de otra forma, adaptando un texto suyo. SECRET FRIENDS es, digámoslo así, la historia de una pérdida de identidad. Encarnada en la magnífica actuación de Alan Bates, esta "deconstrucción" identitaria es tan hábil que nos hace dudar de qué estamoa viendo exactamente, si a un pobre hombre consumido por el amor de su joven esposa, devastado por la rígida educación que sufrió a manos de su padre o vencido por una existencia que, en suma, es directamente absurda. Potter, pese a evidenciar un ritmo cansino por su nula experiencia, consigue captar su gran mordacidad y brillantez como novelista, y facturar una de sus habituales tramas híbridas, a caballo entre una angustiosa realidad, de la que no se puede escapar, y un mundo paralelo e ideal, compuesto por ensoñaciones que por momentos parecen confundirse en las torturadas mentes de sus protagonistas. Una pena que su prematura muerte, sólo tres años después, truncara la posible carrera como director de Potter.
Saludos secretos, amigos.


Secret friend

domingo, 9 de diciembre de 2012

Rincón del freak #88: Si te ríes es que va a matarte (La soledad del asesino 12)



THE LIQUIDATOR (no confundir con la película kazaja estrenada el año pasado ni con la traducción española de THE ADJUSTER, de Atom Egoyan), sin ser de lo mejor del entrañable Jack Cardiff, es un entretenimiento camp lo suficientemente disparatado como para hacer las delicias de cualquier aficionado a lo bizarro. Cuenta la historia de un soldado (Rod Taylor) que, con más suerte que otra cosa, salva a un superior (Trevor Howard) de una muerte segura, así que éste, ya convertido en jefe de los servicios secretos británicos, reclutará al primero como un superagente, convencido de que éste posee habilidades especiales. Tras una serie de entrenamientos, a cual más estrambótico, el desconcertado "agente" Oakes se dará cuenta de dos cosas, que su nuevo superior se ha equivocado juzgándole y que, de todas formas, la ocasión la pintan calva, así que no piensa desaprovechar ni la mansión, ni el deportivo, ni la inacabable retahíla de "secretarias" que, una a una, caen rendidas a sus pies. En clave de comedia, lo que THE LIQUIDATOR proponía era una saludable parodia de 007; la lástima es que se le notan demasiado la pobreza de medios y el excesivo convencionalismo de su raquítica trama. Eso sí, Cardiff, que era un excelente director de actores, aprovechó el feeling existente entre Taylor, sublime como playboy sin remilgos, y Howard, que vocifera y gruñe y todo lo que suele hacer Trevor Howard, claro. También estaba una Jill St. John demasiado recatada para su rol (lo siento, pero esto era así) y una explosiva Gabriella Licudi, objeto de deseo de freaks coleccionistas y caverneros... Es flojita, para qué engañarnos, pero tiene su punto si se le sabe buscar...
Saludos liquidados.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!