martes, 21 de abril de 2026

Señora, suélteme el brazo


 

Uno de los secretos mejor guardados del mundo de la distribución cinematográfica, por suponer una comidilla la mar de graciosa, es esa dimensión paralela constituida por una miríada de títulos, incontables, que componen la parrilla de la tarde en cierta cadena privada. Es público y notorio, aunque dudo que sabido, que esas infraproducciones, grabadas en una semana o menos, repitiendo localizaciones, con equipo de sobresueldo y elenco hecho de descartes, son ofrecidas en mogollónicos packs a las televisiones de turno en prestigiosos festivales de cine, donde machacas del mercadeo son enviados a cazar la sardina más tonta, que vienen a ser unas cien de estas bazofias por un estreno medio decente. Como creo que no es la primera vez que suelto esto por aquí, les confieso que THE HOUSEMAID, que distribuye Lionsgate, podría ser barajada en estas ofertas y nadie lo notaría. Hacía mucho tiempo que no veía algo tan vergonzosamente obvio, con sobreexplicaciones para gente con problemas de percepción cognitiva, un desarrollo de personajes a la altura de una porno ochentera y la decisión, masoquista, de mantenernos nada menos que dos horas y cuarto pendientes de una gente imbécil (no encuentro otra definición), que tiene merecido todo lo que le pasa en esta imbecilidad, de la que apenas salvo muy justo a Amanda Seyfried, que parece actuar en un jardín de infancia. Sydney Sweeney confirma lo que todos ya sabíamos: ni siquiera sabe dónde está el tiro de cámara. 
No la vean por nada del mundo. Vergonzosa, una estafa.
Saludos.

lunes, 20 de abril de 2026

Ya somos mayorcitos


 

El Indéfilo cumple hoy la mayoría de edad. Quién lo diría. Lo que comenzó como un reto entre amigos, un poco en broma, donde algunos abandonaron pronto (con razón) y otros nos quedamos por rellenar el tiempo de letras y cine, ha llegado hasta una cifra que me parece demencial, vista con perspectiva. Es lo que tiene el no tener peajes, teclear un poco a lo loco, para locos, desde esa demencia que también es pasión. 18 años, que son los que cumple también (aún quedan unos meses) una persona muy especial, verdadera musa y sustento de las "páginas indéfilas", porque para ella fueron, son y seguirán siendo. Y un día tan especial merecía una película muy especial, que en este caso continúa el apasionante homenaje a don Héctor Alterio, con uno de sus títulos capitales. LA HISTORIA OFICIAL ganó el oscar a película extranjera en 1985. Su discurso, paralelamente a su terrorífica premisa argumental, transcurre desde un momento histórico jodidísimo, cuando en Argentina se empezaba a destapar toda la podredumbre acumulada desde la dictadura. Los desaparecidos, la desinformación, las represalias, asesinatos, secuestros, que conformaban una red del terror silenciada sistemáticamente, que socavaban las conciencias, separándolas entre los derrotados, supervivientes que lo habían perdido todo, y los afectos al régimen, ufanos ganadores de una prosperidad no siempre bien repartida. La película nos presenta a Alicia, profesora de Historia (porque nada es casual), ya cercana a los cincuenta, que vive feliz junto a su marido y su pequeña Gaby, a la que adoptaron al no poder tener hijos. El marido es Roberto, un exitoso empresario de alguna cosa que a Alicia le queda lejos. Entonces, en una de tantas reuniones entre amigas, aparece Ana, su íntima, despues de muchos años viviendo en Europa. Y le cuenta, se sincera, lo que pasaba con los represaliados, y con sus hijos. Y una sombra se instala en Alicia, esa mujer burguesa, acomodada, que "no sabía", que representa a la perfección a esa amplísima facción de la sociedad, culpable de los mayores horrores desde su infantil indolencia. El guion, depuradísimo, es un amargo paseo por ese panorama que se va desmoronando a medida que se abren las ventanas y entra la claridad. El final, brutal, despiadado, sustentado en Alterio y Norma Aleandro inconmensurables, terroríficos, es ese mapa de un país nauseabundo, empeñado en repetir esa "historia oficial" una y otra vez, como si no hubiesen tenido bastante.
Magistral.
Saludos.

domingo, 19 de abril de 2026

Rincón del freak #691: Pero qué demonios...


 

Sí, hace escasas fechas tiramos de valentía para enfrentarnos, cual padre Karras, al innombrable, que era la secuela de EL EXORCISTA, aunque en realidad era la tercera, pero no, porque había otra entre una y otra... Una zapatiesta, vaya. El caso es que sí, no es un mito que haya una secuela que poca gente reclamó como propia, titulada EXORCIST II: THE HERETIC. Lo primero es reconocer que la Warner pretendía (como siempre, y es lícito) hacer caja, estirando el chicle de la pobre Regan, pero cometiendo varios errores de bulto... y algún acierto involuntario. Linda Blair aquí lucía 18 años, y expuso su negativa a "reposeerse" nuevamente (aunque un poco más tarde, en fin...); el guion se encargó a Will Goodhart, que usó conceptos de la novela de Peter Blatty, pero los desmarcaba de su naturaleza; Richard Burton pensaba que estaba interpretando a Shakespeare, y se nota en una gravedad que choca con su personaje, un sacerdote repleto de bondad y que se marca el objetivo de proteger a Regan. Por si fuera poco, las posesiones aquí son relevadas por una trama que incluye a un estrambótica ¿psicóloga?, interpretada por Louise Fletcher, que realiza extrañas regresiones hipnóticas en una clínica que parece Barrio Sésamo. Regan vive en un rascacielos repleto de espejos, y se pasa el día en una terraza... ¡sin barandilla! Todo ello mezclado sin pudor ni medida, dando el resultado de un film desarticulado, por momentos indescifrable, no por sesudo, sino por mal montado o concebido ¿Qué rescato de todo esto? Sin duda a Ennio Morricone, que realiza una partitura ¡que no suena a Morricone!, pero que funciona maravillosamente como banda sonora espeluznante, aunque esta película dé muy poco miedo. Y también a Joohn Boorman, un cineasta normalmente vilipendiado por inclasificable e insobornable, pero que tiene alguna que otra obra maestra por ahí, sólidas como una espada en la piedra... Si nos olvidamos de la incoherencia narrativa, Boorman, junto a William A. Fraker (otro grande), nos regala algunas escenas de belleza como de otra época, especialmente en el viaje del padre Lamont a Etiopía, donde se adentra en la imponente iglesia copta de Abuna Yemata. El resto sobraba, y no hay más que ver escindido el bochornoso final de esta película extraña y equívoca.
Saludos.

sábado, 18 de abril de 2026

Querer ver/Obligar a ver


 

Con la apariencia de un drama judicial canónico, donde lo importante es ser guiados con acierto por los retruécanos del caso, sus verdades y mentiras, donde nos posicionamos y nos hacemos suposiciones, todo con el fin de llegar a un veredicto infalible, seguir tranquilos con nuestras vidas, confiando en que se hará justicia. Y no. LA FILLE AU BRACELET se abrer con una magnífica secuencia, en la que observamos a la familia de la joven Lise disfrutando de un día de playa, hasta que se presenta la policía y Lise debe acompañarles. Han pasado dos años desde que su mejor amiga fue brutalmente asesinada, y todas las pruebas incriminan a Lise. El juicio ocupa la mayor parte del metraje, aunque igualmente importante son las escenas familiares, donde se nos dirige la mirada, interesados en saber qué oculta esta adolescente de mirada fría, frases cortantes y una actitud que parece disociada incluso de un arresto domiciliario. Curiosamente, la decisión de Stéphane Demoustier de explicitar las conductas sexuales y emocionales, nos dan un camino hacia el juicio paralelo (lo vimos hace una semana), preocupado por censurar las prácticas independientemente de si son delictivas. En esa ruptura el film decae, sin decidirse por un tono que cohesione la idea fundamental ¿Creer en la culpabilidad o la inocencia? Y en todo caso ¿se es inocente al ser expuesta una intimidad que se rechaza de inmediaro? Lamentablemente, Demoustier lo deja todo en el aire, y no creo que sea la mejor decisión.
Saludos.

viernes, 17 de abril de 2026

Se levantó...


 

... y sin dar una explicación, se marchó. Dejó a su marido durmiendo, le dijo a sus padres que se marchaba y que ya volvería. No sabía por qué, nada malo. Tampoco nada que tuviese que ver con estar embarazada. Simplemente se montó en su coche aquella mañana repleta de lluvia y condujo apenas hacia delante. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, llamó a su marido, y luego algunas veces más, no quería que se preocupara. Sin pensarlo tampoco, aminoró para recoger a un hombre. Se arrepintió y siguió, y volvió a frenar. Lo recogió. Él se llama Killer, pero no es un asesino, sólo es un apodo de cuando jugaba al fútbol y tuvo aquel accidente tan tonto, que le dejó tonto a él. Y entonces, cuando es demasiado tarde, ella sabe que es incapaz de dejarlo en ningún sitio, que sin ella estará perdido, le robarán los mil dólares que le dieron por haberlo dejado inútil, quizá para recoger hojas. Y después, cuando al fin logra dejarlo sin sentir remordimientos, rebasa la velocidad permitida, un policía motorizado la para; ella le gusta, la quiere invitar a un café, quizá al cine, luego...
Qué Coppola tan diferente, o a lo mejor no. THE RAIN PEOPLE no es más que esa forma sin forma, la libertad genuina del puñado de cineastas que se atrevieron a contar las cosas de otra manera. Historias sin importancia, pequeñas, íntimas, que se negaban a reificar a la mujer, poniéndola en el centro de esta hermosa y áspera historia, que comienza con una mujer levantándose una mañana y organizando, sin saberlo, el destino de otras personas a las que jamás había visto antes.
Si no la hubiese dirigido el tipo que un par de años después hizo lo que hizo, sería una obra maestra.
Saludos.



PD: "Los seres de lluvia no pueden llorar, porque se matarían a sí mismos"... dios de mi vida, qué frase...

jueves, 16 de abril de 2026

Sin perspectiva


 

Impresionante. Una de las mejores películas (si no la mejor) vista este año en Sitges fue EXIT 8, la tenebrosa, claustrofóbica y esquizoide adaptación del videojuego homónimo, de los que paso a relatarles su sinopsis, pues ahí cabe toda una reseña. Un tipo en un metro en Japón. Sale del vagón y camina por unos pasillos que parecen idénticos. Escucha el Bolero de Ravel (dato no baladí). Recibe una llamada que primero cuelga, pero coge a la segunda; es una chica con la que ha tenido "algo" y tiene "algo"importante que decirle. Camina, y camina, y camina. De repente, se percata de que no hay ruido a su alrededor, de hecho está solo por los pasillos. Tuerce una esquina, ve a un hombre hacia él y se tranquiliza, no pasa nada raro. Arriba, el cartel: salida 8. No está seguro, pero juraría que ha visto ese cartel antes. Y entonces, el mismo hombre hacia él, otra vez. Y mejor no sigo contando nada, porque es esencial el elemento sorpresa en esta pesadilla de cálculos y probabilidades, que finalmente se revela como una inteligente y descorazonadora alegoría sobre la futilidad de la vida, una vez se ha convertido en un escaparate repleto de repeticiones, flaquezas y temores. Hay quien la ha emparentado inmediatamente con la maravillosa CUBE, y algo de eso hay, pero lo cierto es que EXIT 8 rezuma personalidad, con un guion diabólico y unas interpretaciones de verdad inquietantes. Con las chapuzas de la distribución actual, creo que ni ha pasado por salas, lo que me parece un despropósito, porque es una experiencia magnífica para pantalla grande, pero está, al menos, en alquiler en Filmin, que algo es algo.
Para quien esto escribe, clásico instantáneo.
Saludos.

miércoles, 15 de abril de 2026

El sexo es revolución


 

He pensado que tampoco era para tanto lo de VIVA MARIA!, donde dos polos tan opuestos como Jeanne Moreau y Brigitte Bardot confluían, en el papel de una cabaretera (Moreau) que recorre el salvaje México de principios de siglo (XX), a cuyo destino se une una joven terrorista irlandesa (Bardot), que ha huido tras la trágica muerte de su padre. Con este hardcore planteamiento, Louis Malle y Jean-Claude Carrière se servían del oscurecimiento proverbial de LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN RUBIAS, nada menos que para adelantar un mix de DOS HOMBRES Y UN DESTINO y GRUPO SALVAJE, sin tener mucho que ver, o sí. Es, desde luego, una película tan libre como sus protagonistas, mujeres que se van con quien quieren, vuelven cuando se les antoja y disfrutan de la vida una vez entienden el influjo que ejercen sobre los hombres, que aquí son ridiculizados e infantilizados. Es una especie de western con tintes de comedia romántica, con una fuerte carga sexual, que en su ingobernable tramo final parece un cómic de Tintín escrito por los ZAZ. Todo eso cabe en esta majadería de 1965, para desdecir a quienes, en su cortedad de miras y entendimiento, piensan que el cine sin prejuicios lo inventó Netflix...
Saludos.

martes, 14 de abril de 2026

Pasión de gavilanes


 

Que está bien que Jacob Elordi nos la ponga dura, o nos moje sin control. Y Margot Robbie también, aunque ponga cara constantemente de "yo pasaba por aquí". Tampoco hay mucho más material para poner en pie otra adaptación del anticlásico de Emily Brontë que nadie había pedido, más que confiar en que la estética de Danielle Steel haga su trabajo de desconcierto, los secundarios nos convenzan de que cualquier apego a la realidad es un mero artificio y que todo vale si aprendes a quererte en un mundo repleto de ingratos. Este WUTHERING HEIGHTS 2.0 parece la reescritura de un veinteañero que acaba de leer su primera novela, confundiendo maldad con perversidad, pasión con calentón o puesta en escena con "preparado ultracongelado". Nada de lo que aparece aquí es naturalista, lo que no es necesariamente negativo, pero entonces debes demostrar que no sigues directrices, que no te han convencido para dotar de "qualité" la sobresaturada parrilla de la plataforma de turno, o que tienes la personalidad (narices) para escupirle a tu narcotizado público que no tienes por qué darles exactamente lo que ellos mismos se habían formado en su cabeza. Ni siquiera es mala, y Fennell es una diseñadora de interiores cojonuda, como mezclar a Coppola (Sofia) con Winding Refn, que viene a ser echarle mierda dorada a una puta hamburguesa para que cueste veinte pavos. Más que mala es... no me sale la palabra. Bueno, sí, es emperifollada, que es una palabra que me gusta por ambas partes.
Abur.
Saludos.

lunes, 13 de abril de 2026

Los fusilados


 

Muy famosa en su momento, hasta el punto de ser nominada a los oscar en 1984, CAMILA ha envejecido regular, quedándose a mi parecer en un drama de época más efectista que efectivo. Basada en una historia real, la de la aristócrata Camila O'Gorman, que desafió a un entorno cerril y conservador, el de la clase alta bonaerense de mediados del XIX, la joven se enamoró del sacerdote Ladislao Gutiérrez, huyendo ambos y siendo encontrados por el ejército del gobernador Rosas y sentenciados nada menos que a morir por fusilamiento a causa del escándalo que habían provocado. Así eran las cosas entonces, para que digan que los ricos no lloran, aunque sea de vez en cuando. El film, ya digo, todo un acontecimiento en su país de origen, no es tan conocido, por ejemplo, en España, pese a tratarse de una coproducción. Recordemos que el coprotagonista era un joven Imanol Arias, dando vida al fatídico cura, mientras que Héctor Alterio era el temible y despechado Adolfo O'Gorman, que según cuenta la historia, tal y como ha llegado hasta nuestros días, no dudó en sentenciar a muerte a su propia hija.
Saludos.

domingo, 12 de abril de 2026

Rincón del freak #690: Teoría y falsedad del cenizo


 

Es sana cosa, de cuando en vez, visitar los recovecos y dobles fondos del videoclub, con tal de toparnos con esa reliquia olvidada, qué digo, repudiada por la crítica oficial y por tanto esquilmada al soberano público, que tanto derecho a estas cosas tiene como a juzgarlas y olvidarlas de nuevo, como pasaré a narrarles. THE FACTORY, de 2011, es uno de tantos thrillers vertiente "criminales psicópatas", con pareja de detectives por medio e inevitable girito final de los de palmo de nariz. Problemas: John Cusack, que parece un dependiente haciendo de actor que hace de detective. Jennifer Carpenter, que es como esa muchacha a la que darías como cajón que no cierra, aunque sabes que acabará serrándote un pie. El malo, Dallas Roberts, no ya porque da el mismo miedo que un capítulo de Pocoyó, sino porque, en una decisión genial, es el primero que sale. El guion, con cuyas inverosimilitudes debes hacer un "pec" en toda regla, con coincidencias que parecen un cachondeo. El final. Y no un final cualquiera, sino uno de los encajes de bolillos más rocambolescos que ha visto el que esto escribe. El problema gordo es que da la sensación de que el guion está desordenado, desvelando cosas cuando no debe y guardándose información torticeramente. Y aun así, es lo bastante entretenida como para darse cuenta de que de aquí, de esta tontería de saldo, han bebido muchas luminarias del "terror elevado", véase WEAPONS o BARBARIAN y ya me dicen...
Saludos.

sábado, 11 de abril de 2026

Estará de parranda


 

Yo creo que Chuck Norris se ha muerto ahora para que no se notara, camuflado tras todos los ilustres que se han ido, así con la cara tiznada y un gorro negro. La foto no es de THE DELTA FORCE, sino que estos dos señores nos miran, desde donde ellos quieran estar, a nosotros, simples mortales, tras rescatarnos de los bárbaros islámicos, terroristas que secuestran aviones donde van supervivientes del Holocausto, azafata alemana arrepentida incluida. Que aprenda la Bigelow de la primera parte de la Golan/Globus, pasándose por el forro de los cojones cualquier estrategia militar y/o diplomática, que es lo que le gustaría a "orange face". Para qué, si tienes una moto que lanza cohetes y uzi's autorecargables. Además, puede que Chuck Norris sea el protagonista con menos presencia en pantalla, cinco minutitos en la primera hora, donde sale rescatando a un soldado caído, renunciando para ser Ranger de Texas y comiándose una ensaladilla, a la que también renuncia para rescatar a los sionistas, que gracias a él ahora pueden genocidar países por la jeta. Han pasado cuarenta años de esta locura de la Cannon, la película con más incorrecciones políticas desde TENIENTE CORRUPTO, y no podemos más que preguntarnos dónde se estará tomando el chupito Mr. Norris, justo antes de soltarle una patada voladora a quien le diga que lo suyo no era actuar... Porque en este blog tampoco dejamos a nadie atrás, he dicho.
Saludos.

viernes, 10 de abril de 2026

Fly me to the Moon


 

De imprevisto nos ha pillado también el fallecimiento de otro grande de la interpretación, muy grande en este caso. No por edad, sino por la relevancia que tenía Robert Duvall, uno de esos nombres sencillamente inabarcables del Hollywood de los últimos 50 años. De nuevo tenemos la oportunidad de rendir homenaje, al tiempo que planeamos otro amplio repaso a una filmografía que, en su caso, llegaba a rozar los 200 títulos, de los que seguramente hemos dado ya cuenta de los más relevantes. Y empezamos con una anomalía, un film oscurísimo y enterrado en la memoria, pero que viene curiosamente muy al caso. COUNTDOWN era un oportunista acercamiento a la carrera espacial, pero realizada con tanta premura y desconocimiento, que su aparentemente realista resolución es inferior a otros inscritos en la fantasía o la ciencia ficción. El film nos hablaba de la rivalidad entre el coronel Chiz (Duvall) y su subordinado Stegler (James Caan), cuando una decisión inverosímil revierte la misión para poner al primer hombre en la Luna, cambiando al segundo por el primero. Este trajín telenovelesco desemboca en los agobios y envidias entre ambos y sus recatadas y sumisas esposas (que para algo es 1968), alargando una trama insulsa para rematarla con la puesta en escena espacial en apenas los últimos quince minutos. Mención aparte merecen las ridículas escenas lunares, con Caan paseando por Sierra Morena, sin que la ausencia de gravedad encuentre una representación cuanto menos digna. Ya sorprende ver como director a un primerizo Robert Altman, maniatado por Jack Warner, que buscaba un taquillazo con semejante bodrio, lo que desembocó en la sustitución por el obediente William Conrad, aunque lo mismo hubiese dado otra opción. Duvall hizo lo que podía, dado el material, pero no duelen prendas reconocer que era de lo poco salvable de esta auténtica rareza.
Saludos.

jueves, 9 de abril de 2026

Hermanita ven conmigo


 

Y Ben Wheatley volvió a Sitges un tiempo después, y no fue para pillarse una cogorza, sino para emborracharnos de lo que mejor sabe hacer, que es dejarnos con un palmo de narices. Si buena o si mala, me es indiferente; las tiene mejores y peores, pero BULK es una película cuya propia naturaleza indómita y revulsiva, la sitúa a mitad de camino del experimento meta y la sátira rayana en el corte de mangas, a una industria que no le financia sus proyectos personales, mientras lo busca para tonterías como lo del tiburón. Podría pensarse que estamos ante una reacción tardío-nostálgica a los inicios de Wheatley en Doctor Who, pero prefiero quedarme con esa metanarrativa cargada de mala hostia, como demostrando que se puede hacer una epopeya cuántica (nada menos) con presupuesto infantil y cuatro actores (literal), pero es que ni siquiera es eso. Lo resume el director en los divertidísimos títulos de crédito finales, donde la actriz Alexandra Maria Lara presenta, cual MC, a todos los que han hecho posible la película, rubricando con el cansino mantra youtubero y la cámara dándose la vuelta y enfocando a todo el equipo (cuatro personas), director incluido. Si quieren entender algo de esta fumada con viajes interdimensionales, rodada en una única casa, van listos; es mejor disfrutar del oscuro sentido del humor de este entrañable ogro, jugando con nuestra percepción a base de efectos tan primarios que incluyen pistolas de cartón y helicópteros recortables, por poner lo más sofisticado. La teoría de cuerdas explicada por alguien teóricamente cuerdo, aunque sabemos que esto no es exactamente así.
Una de las películas más descolocantes y anticonvencionales que recuerdo haber visto, como meter en una batidora THX 1138 y LA VIDA DE BRIAN...
Saludos.

miércoles, 8 de abril de 2026

Juicio amorísimo


 

La sensación que deja una película como LA VÉRITÉ es de desubicación continua, de esquinas iluminadas, repentinamente, tan sólo para dejar otras a oscuras. Es, parece ser, un típico drama judicial, donde se nos anuncia (en una imponente presentación) el juicio a la joven Dominique, acusada de asesinar a un joven y prometedor aspirante a director de orquesta. Podría ser, y es, pero también es mucho más. Es el escrutinio, delirantemente morboso, a la figura del objeto sexual, que hoy es motivo al menos de disputas, pero en 1960 podría ser poco menos que la excusa para ver a Brigitte Bardot retozando bajo las sábanas, porque eso sería quedarse en la superficie. Por un lado tenemos una afilada disección a aquella rive gauche parisina, como si el propio Clouzot mirara con sorna a los jóvenes y pujantes cahieristas; por el otro, la inocencia y defensa imposible de Dominique, juzgada por ser una mujer libre antes que por ser una asesina. Es, en todo caso, un sólido alegato contra hipocresías y embrutecimientos, que apuesta siempre por la humanidad de sus personajes y, además, le daba a la entonces efervescente BB su mejor papel. Incluso mejor que el que le dio Godard, lo que da que pensar.
No es una obra maestra, por lo disperso (por ambicioso) de su estructura, pero es un peliculón como la copa de un pino, como diría mi gran amigo y reciente cumpleañero Charly...
Saludos.

martes, 7 de abril de 2026

La casa con gases


 

Una estafa, un petardazo o un suicidio artístico. Lo de Osgood Perkins venía oliendo regular desde el injustificado hype de LONGLEGS, que confirmaba a un buen creador de atmósferas (muy repetitivo, eso sí), pero al que le interesaba poco o nada la coherencia narrativa, derivando en batiburrillos efectistas pero naturalmente vacuos. No sé qué diablos pretendía con KEEPER, una tontería que se alarga hasta lo indecente, donde nos cuentan (supuestamente) una historia muy inquietante y muy terrorífica, pero que es apenas lo que hemos visto mil veces en pantalla, los mismos sustos, los mismos tropos. La pareja con menos química que puedas imaginar se va a la lujosa cabaña que él posee para celebrar su aniversario. A partir de ahí, ruidos, crujidos, apariciones y otras cosas. Sin desvelar nada (aunque da igual) les diré que hay personajes (y sólo pude contar cuatro) que aparecen, desaparecen sin aportar nada, luego vuelven a aparecer y, sí, a desaparecer por ensalmo. Este guion desastroso parece muchas cosas. Parece eso tan pesao del folk horror, parece un torpérrimo manifiesto feminista, parece un (otro) retrato emocional-psicológico abismal. Para mí es una de las pérdidas de tiempo más evidentes e injustificables que he visto últimamente. Por lo tanto, no pierdan el tiempo en ella, ni más ni menos.
Saludos.

lunes, 6 de abril de 2026

Tango inmerecido


 

Sin tener información alguna sobre una coincidencia que me parece, más que sospechosa, ingrata, me encuentro en el repaso/homenaje a Héctor Alterio con VOLVER, título gardeliano a más no poder, que fue el más destacado de lo cuatro largos que filmó el profesor de cine David Lipszyc, que empastaba no solamente en el título y el año de producción con el oscarizado film de Garci, sino también en el eje central de su historia. También aquí un tipo vuelve a su ciudad de origen taitantos años después desde Estados Unidos, aunque por motivos diametralmente contrarios: donde Ferrandis era un profesor exiliado, Alterio es uno de esos siniestros responsables de RRHH, que apenas mueven el culo para dejar a familias en la indigencia, con despidos o cerrando directamente la fábrica de turno. Sea como fuere, habremos de creernos que este protagonista no es mal tipo, aunque lo primero que haga es buscar a una "vieja amiga", ahora intrépida reportera, y seducirla tardíamente, pese a tener pareja ella y a espaldas de su yanqui esposa, lo que desemboca en una vergonzosa escena en la que el cornudo los encuentra desayunando, aunque peor es la llegada nocturna, con una curda que les llevará al manoseo. No sé, ni consigue el tono melancólico que busca, ni interioriza la complejidad emocional de un tipo sin mal fondo, pero con decisiones muy cuestionables. Yo me ahorraría ésta, aunque la música de Piazzolla algo arregla.
Saludos.

domingo, 5 de abril de 2026

Rincón del freak #689: Do the donkey


 

La historia de THE BARBARIANS es posiblemente una de las más estrambóticas del cine de explotación, que ya es decir. En la cabeza de Goran (y de Globus también) sonaba como la epopeya definitiva de espada y brujería, que haría palidecer a Milius y empequeñecer a Schwarzenegger. Nada va mal en el arranque, aunque las arencias del presupuesto son evidentes. Ruggero Deodato ha sido siempre un tipo de decisiones discutibles, pero que técnicamente es bastante interesante, y de cine sabía un poquito; así que decidió haciendo un homenaje a LA DILIGENCIA de Ford, que asimismo se emparentaba con la que hizo Miller en el segundo MAD MAX. Bastante bien con lo que tenemos, porque además la partitura de Pino Donaggio (CARRIE, por poner un ejemplo) es sorprendentemente digna y muy pegadiza. El problema es todo lo demás. Los protagonistas son dos gemelos culturistas de L.A. con pinta de romper libros al abrirlos, que hacen apología de la imbecilidad gritando y rebuznando (esto es literal) por los motivos más peregrinos. En su transición de chavales a mastuerzos musculosos, el resto de personajes no ha cambiado su atuendo... Los malos lo son porque... no sé, porque el villano de Richard Lynch da un poco de penica, porque sólo quiere tener una mujer al lado y pierde dos dedos por el camino. Una joven pizpireta (Eva LaRue) aparece así porque sí y les acompaña para recuperar una joya que, bueno, no sé, pero le echan un pulso a George Eastman, luchan contra una atracción de la feria de Abril y también está Michael Berryman dando alaridos como un poseso. Al final, todo se reduce a estos tipos rebuznando (imperdible la escena del harén y la del hombre lobo), poniendo posturitas y caminando como agachados, que da una impresión vergonzante. A mí me parece que para 1987 la Cannon empezaba ya a hacer aguas y las películas se empezaban con ilusión y presupuesto, y terminaban con el árbitro mirando el reloj. 
Es tan mala que te ríes pensando si cada gilipollez es intencionada o esta gente lo hacía sin querer.
Saludos.

sábado, 4 de abril de 2026

Dadle la manita


 

Se cumplen ahora treinta años del controvertido estreno de PONETTE, en la que Jacques Doillon ponía a prueba las dotes interpretativas de una chiquilla de apenas seis años, en uno de los ejercicios más flagrantes y discutibles de los límites de la ficción y la pornografía emocional. En su segundo trabajo, ALLONS ENFANTS, un mediometraje de una hora, Stéphane Demoustier daba un paso más, aunque no tan polémico, al poner a sus dos hijos, Cléo y Paul, que no llegaban a los cinco años, como protagonistas de una odisea, la que organizan al perderse en el gigantesco parque de la Villette, cada uno por su lado. Conviene no hacer de "cristiano ofendido" y tomarse al pie de la letra esta pequeña fábula, que parece simplemente un divertimento con el que experimentar un rodaje desde el punto de vista de los pequeños. O es así, o se corre el riesgo de pasar una hora indignados ¿Dónde diablos están los padres? ¿A quién se le ocurriría ponerles como cuidadora a una pobre mujer con problemas severos de movilidad? ¿Por qué, de una multitud, la pobre Cléo tiene que encontrarse con la tía más siesa y antimaternal del parque? ¿Cómo es posible que la policía no les eche una mano porque están en alerta terrorista? ¿Cómo se puede estar en una alerta terrorista y permitir que el parque esté abarrotado sin control de acceso? Y sobre todo, señor Demoustier, que son sus propios hijos ¿Era necesaria esa breve escena en la que un tipo ultrasospechoso se lleve a la niña de la mano?... Estos franceses...
Podría haber ido más allá, pero casi mejor que no.
Saludos. 

viernes, 3 de abril de 2026

Sublimación del plano secuencia


 

El plano nos muestra la cubierta de un barco en la que dos hombres hablan; uno le da un maletín a otro. El plano continúa, sigue al hombre con el maletín hasta la barandilla, donde parece esperar algo; el otro hombre se marcha en dirección a un tren cuya vía está a escasos metros del barco atracado. Mientras, de plano a plano, sabemos quién observa, porque la secuencia no se detiene, no descansa, sólo enfoca y desenfoca para mostrarnos lo que ocurre a decenas de metros o en la garita del guarda. El guarda se aparta de la ventana, toma un aguardiente, fuma, escucha un ruido y vuelve a la ventana; algo sumamente grave ha ocurrido y él cree ser el único testigo. Han pasado casi veinte minutos de THE MAN FROM LONDON, para lo que bien podrían ser tres páginas en la novela de Simenon, estructurando un "participio subjuntivo" que en mi opinión es una genialidad, un hito de composición narrativa que corrige y aumenta el soberbio plano inicial de LA CONDENA. Aquí, la tensión del relato policíaco invita al mundo plomizo y apocalíptico de Tarr y Krasznahorkai a desafiarse mutuamente, resuelto en un puñado de largos planos lejos de cualquier belleza impostada, de una crudeza y rigor a los que es difícil sostener la mirada. Un mar de miradas, perdidas la mayoría, resueltas otras, cansadas diría que todas, incluso la del "detective" que llega para recuperar el maletín, cuyo valor ni siquiera podríamos decir que equivalga a toda la desgracia que termina causando.
Obra maestra absoluta. Terminamos aquí.
Saludos.

jueves, 2 de abril de 2026

No hay bien que por mal no venga


 

Puede que sea OPUS (hasta el título es pretencioso) una de las peores películas que he visto últimamente. Peor, en el sentido de realmente mala; no técnicamente, no argumentalmente, porque ahí sería solamente insulsa. Es peor que mala, porque, al igual que su personaje principal (quién ha visto a John Malkovich sin autoparodiarse), una especie de megaestrella de la música que anuncia un nuevo disco tras muchos años, te dice que es genial, pero no sabes por qué. El problema es que a los diez minutos de película ya sabes exactamente cómo va a ser todo; y lo es, pero peor de lo que imaginabas. Esto no funciona ni como relato terrorífico, porque no hay terror, ni tampoco como guiñol grotesco, que lo parece, pero aportando cero de identidad propia. Es como un guion descartado, con el que han conseguido convencer a estrellas de capa caída, sabiendo que lo conseguido, aunque sea poco, ya será mucho. Para mí, una nueva razón por la que no comprendo la mastodóntica cartelera de Sitges, pero ésa es otra historia... o no.
Saludos.

miércoles, 1 de abril de 2026

Sobrevaloraciones


 

De algún lado hay que partir, y en el caso de Brigitte Bardot debía ser de la Juliette de ET DIEU CRÉA LA FEMME. Una película estúpida sobre la estupidez, indefendible, inenarrable, vacua y cuantos más adjetivos negativos queramos ponerle. No se sabe de qué va... bueno, sí, de una calientapollas a la que además le chiflan los hombres; una huerfanita en mitad de un Saint Tropez, donde se la disputan un chulo picaflor, su hermano, inseguro y apocado, y un ricachón que pretende comprarles a ambos un desvencijado astillero familiar, con intenciones más allá de lo retorcido. Ni siquiera merece la pena pararse en el raquítico guion firmado por Raoul Lévy y Roger Vadim, que debutaba en la dirección y también inauguraba un género, al menos para quien esto escribe, insólito: el cuckoldroman. Me ahorro la traducción, pero no he visto un juego de espejos más amoral que escribirle a tu joven esposa un papel en el que literalmente se pasa el día contoneándose delante de borrachos salidos, bailando con la falda abierta encima de una mesa o dándole mordiscos a su cuñado, por si se había quedado algo en el tintero. Despiadadamente kitsch, con decorados salidos de Blancanieves, es como una película porno que nos quiere dar lecciones de moral, o uno de esos slashers imaginarios en los que sólo yo imagino al asesino acojonado y escondido ante tanto crural desaprovechado...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!