sábado, 12 de enero de 2013

El mito de Fausto 11



Me imagino a Goethe traspasado a nuestro caótico tiempo, estupefacto ante el expresionismo de Murnau u horrorizado tras observar una incomprensible asepsia a la hora de representar un tiempo de barro, miseria y lágrimas. Veo a Goethe pidiendo por favor volver a su tiempo, lejos de las tentaciones de la imagen mentirosa y embaucadora. Pero no sé qué haría Goethe ante el FAUST con el que Alexander Sokurov logró, entre otros reconocimientos, el León de Oro en Venecia. Sokurov es uno de los directores de cine vivos que más me interesan, lo he repetido montones de veces aquí; por su intensidad, extrañamente meliflua; por su insólita construcción de personajes; por el aparente desprecio que suele mostrar ante la narración clásica, que hacen de sus films verdaderos torrentes de incontrolable avance. Pero sobre todo le reconozco a Sokurov su tenacidad para abrirle paso a un tipo de cine que no es que lleve el paso cambiado, sino que su dificultad técnica ofrece pocos resquicios a posibles imitadores, por lo que termina siendo un objeto único en su propio tiempo, y puede que incluso Goethe fuese capaz de respetar esta filosofía de cineasta puro. FAUST no es su mejor película, pero es una de las mejores que se vieron a lo largo del año pasado (que fue cuando se estrenó aquí). No es poco. Apoyado en la indescriptible fotografía de Bruno Delbonnel y Bernhard Nicolics-Jahn, Sokurov vuelve, como ya hiciera en EL ARCA RUSA (aunque esto sea una constante de su cine), a un pictorismo recargado, metamórfico, asfixiante; cercano a Rembrandt, Rubens y, en mayor medida, a Brueghel; pero nunca con el calco dispuesto, sino con su insobornable mirada  siempre atenta. Y como en la antes mencionada, FAUST se revela como un largo y tortuoso paseo guiado, esta vez alrededor de las iniquidades y miserias humanas; me resisto a contar nada más de su brillante guion, repleto de chanza y pesadumbre, y que presenta a ese ser intocable, el Diablo, más grotesco y menos solemne, conduciendo al pobre Fausto por unas calles llenas de moribundos, mendigos, putas y ladrones; pero mientras cree haber dado al fin con la posibilidad de ayudar a sus congéneres, a lo que terminará sucumbiendo es al egoísmo inherente de los placeres terrenales. Y de ahí al infierno hay pocos pasos; y Sokurov nos muestra esta transición lenta pero inevitablemente, casi como un destierro que ocurre sin que el espectador sea consciente de ello... ¡De nuevo la magia!...
Saludos.

3 comentarios:

Javier Arnott Álvarez dijo...

Fausto después de Fausto o más allá de él mismo. Respiro hondo, ya que empezaba a sentirme como un marciano en la defensa de esta película.

dvd dijo...

Yo no sólo defiendo esta película, sino toda la filmografía de Sokurov, que, tarde, me temo, terminará siendo reconocido como un gran maestro cuando se muera. El ejemplo, evidentemente, es Tarkovski, y me parece algo tan injusto...

Javier Arnott Álvarez dijo...

Pero el negocio es el negocio, por no hablar de lo que vende en estos momentos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!