martes, 5 de mayo de 2026

Crimen y ostracismo


 

A lomos de Dostoievski, nada menos, para despojar la habitual épica del cine norteamericano, serpenteando por un rugoso sendero de conflictos morales, arrancando un bocado de realidad (cursi, pero así es) y trazar la bochornosa epopeya de un antihéroe, en mi opinión un tipo como otro cualquiera, que en un momento dado se hace la gran pregunta "Why not?". No hay un paso fruto de la casualidad en THE MASTERMIND, desde ya la mejor película de Kelly Reichardt. Ni la omnipresente, machacona partitura (y excelente) de Rob Mazurek, que por momentos parece la encarnación de Miles. Ni la elección de un excepcional Josh O'Connor, impresionante en su construcción del hombre común, su rebelión desde la discreción, la imposibilidad de eludir el destino, y finalmente la aceptación de su expulsión del reino, casi como una especie de sucedáneo de esa vida soñada y truncada. La historia nos cuenta poco más que el "plan maestro" de JB para huir de la humillación constante de ser el hijo del juez de la población de la que no ha salido nunca, por no haber llegado más que a carpintero. Su plan es reclutar a dos aún más tontos que él y entrar a plena luz del día en el museo local y robar unas pinturas. Si la primera parte del film es como un RUFUFÚ con zapatillas, la segunda nos adentra por los terrenos de Bresson, junto a este carterista frustrado, apenas un caradura que de repente se da cuenta que lo único que le queda es huir hacia delante. El dilema moral pesa, cómo no, pero aún más lo hace esa cotidianidad que va decapando este thriller vuelto del revés hasta dejarlo en el hueso, hasta que sentimos la misma vergüenza que JB, y quizá queramos echarle una mano al fin y al cabo...
Magistral.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!