sábado, 30 de mayo de 2026

Retrato con familia al fondo


 

Si hay algo que define a ROMERÍA es el portentoso salto adelante de Carla Simón, que pasa de dubitativa rastreadora de "la historia que surge" a potente creadora, sin miedo al ridículo, y por tanto escribiente de su propia epopeya, que ella ha elegido contar en tres trazos, que no me atrevo a dar por complementarios. Es, me parece, su mejor obra. Un compendio de destellos íntimos, prácticamente sugeridos, que estallan en mil pedazos emocionales, pero sin hacer ruido, en el llanto ahogado de lo que ahora mismo echamos tanto de menos, acaso la dignidad. Es la historia de Marina, que se va de Cataluña a Vigo para un mero trámite, ser reconocida como hija para optar a una beca en la escuela de cine. El problema es que necesita la firma de sus abuelos, y en el preguntarse por qué eso sería una traba se apoya esta hermosa y digna historia, que se va deshojando poco a poco ante la mirada atónita de esa joven, ante la que queda expuesta la tormentosa vida de sus padres, tan diferente a la de esa familia que nunca llegó a conocer antes, y que en apenas tres o cuatro escenas sublimes (la entrega del dinero, la limpieza de la piscina o la silenciosa llegada del otro paria) nos da cuenta de una cineasta que no lo parece por su ambigüedad formal, pero es una magnífica narradora de lo que no se ve a simple vista.
Si el futuro de Simón pasa por aquí, estamos de enhorabuena.
Excepcional.
Saludos.

No hay comentarios:

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!