Cabría preguntarse por qué pasó desapercibida VISITORS, la obra con la que Godfrey Reggio regresaba, en 2013, tras un largo periplo sin un título relevante, al menos desde que completara su trilogía de "Qatsis". De nuevo con la intimidante banda sonora de Philip Glass, en un registro aún más apocalíptico si cabe, Reggio se ciñe esta vez a un B&W de altísima definición, dominado por dos registros a los que es necesario dar réplica rápidamente, para no perderse en una interminable sucesión de postales vacías. Estos son, por un lado, un extenso corolario de primeros planos, gente a la que vemos mirarnos fijamente, como hipnotizados por lo que observan, cambiando repentinamente el gesto. Por el otro, ruinas, edificios abandonados, parques que conocieron tiempos mejores; estructuras desafiantes desde su mortecina decadencia. Luego, dos potentes conceptos rupturan la linealidad: la superficie lunar, igualmente monótona e indiferente, hasta que se detiene para dar paso al globo azul, la única nota de color. Abriendo y cerrando, un imponente gorila sostiene la mirada, dando paso a millones de años de evolución, hasta que descubrimos que no sabemos si los rostros lo miraban a él o al contrario. El secreto guardado por Reggio para este film no es elocuente, sino desafiante, como la mirada devuelta por la humanidad enfilando su propia extinción...
Saludos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario