lunes, 8 de junio de 2026

Filípicas


 

Mantengo la peregrina teoría de que todo lo que se titule LA PLAYA DEL AMOR ha de ser un bodrio insoslayable y descolocante. Le pasó a Emerson, a Lake, y cómo no, a Palmer, que no son los tres zanguangos de arriba. Ahí pueden observar a Carlos del Burgo, Cacho Castaña y sobre todo a un tal Ricardo Darín, en pleno 1979, a las órdenes de un Adolfo Aristarain que tuvo que plegarse a las coacciones del régimen, que no iba a permitirle hacer una película como dios manda, por lo que tuvo que tragarse más de un sapo y filmar una basura gilipollesca. El guion es tonto de por sí, y habla (atención) de un joven (Darín) que se quiere casar, lo que pone en alerta a sus dos coleguis, que se lo llevan a una idílica playa a ver carne biquínica, con la casualidad de que allá se están filmando videoclips de los artistas del momento, por lo que pueden imaginar que el 80% del metraje está compuesto por dichas actuaciones, entre las que podemos encontrarnos a Camilo Sesto, Rocío Dúrcal, Ángela Carrasco o Manolo Galván, crema de la polilla sonora de aquellos añitos. Y es que Darín, al final, termina liado con la maciza y sus adláteres comprometidos, que no sé si aboga por una cosa o por la otra. Yo, por mucho que me duela, no podía hacer la vista gorda con los lunares en la filmografía de un señor casi intachable, también porque a él se la sudaba mucho que vinieran con estas boludeces...
No la vean, ni escuchen lo de ELP...
Saludos.

No hay comentarios:

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!