lunes, 4 de mayo de 2026

El último y nos marchamos


 

Si bien es cierto que la participación de Héctor Alterio en DON JUAN EN LOS INFIERNOS, la libérrima adaptación que Gonzalo Suárez hizo de la obra de Molière, se reducía a unos minutos, interpretando al espectro del padre del famoso libertino, no podía resistirme a comentar este film, que hace un siglo que no veía (para ser concisos, desde su estreno en 1991). Con una imaginería obra de Emilio Ardura, que recreaba el decadente panorama de la España de un Felipe II moribundo, Suárez captó una de las mejores interpretaciones de Fernando Guillén, un Don Juan ya maduro, que acompañado de su sirviente Esganarel, proverbian lo que podríamos denominar la versión descreída y lúbrica del Quijote y Sancho Panza. Muchas son las correrías de un hombre que renegaba de los preceptos fanáticos del rey que llegó a considerar la risa como pecado, mientras él saltaba de cama en cama y daba una frase que puede resumir una vida entera: "Busco el brillo fugaz de la espada, no el dolor de la herida que produce". Entre la ensoñación y el surrealismo tan caro a su autor, es necesario ver este film con unos ojos que me temo extintos en la era de la sobreexposición y la sobreexplicación. Lo que queda aquí es un hermoso canto a la vida, breve, sí ¿pero cuál no ha de serlo?
Saludos.

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