Nunca he sido un gran fan del cine de Manuel Gómez Pereira, cineasta hábil, conocedor del oficio, pero apegado siempre a las corrientes que otros han abierto con mayor arrojo y prestancia. Le admito eso, pero en una película como LA CENA, todos y cada uno de sus tics le van jugando ora a favor ora en contra, dependiendo de qué tono va eligiendo para surtir una comedia tan anticlimática que por momentos parece grosera. La idea es atractiva, llevándonos hasta los primeros días tras la victoria Nacional en la Guerra Incivil, hasta el mítico Hotel Palace, uno de los más lujosos de Madrid, que sirve en esos momentos de improvisado hospital de campaña para atender a heridos y moribundos. Allí rige el antiguo maître, que es requerido por un joven teniente para que organice nada menos que una cena a todo trapo para el caudillo y varios generales, porque le ha salido del huevo. Por momentos, el film alude (pero no se me vengan arriba) al "Schindler" de Spielberg, donde se aprovecha una inconveniencia para usarlo en beneficio propio. Así, son liberados varios cocineros republicanos "porque son los mejores", mientras la improvisada cuadrilla va urdiendo la posibilidad de convertir el evento en una fuga al país vecino. No hablo de un diseño de producción temerariamente televisivo, la falta de sutileza para abordar según qué roles o un montaje más alocado que dinámico. Esos son sus errores, pero en sus aciertos está, por ejemplo, lograr eso tan difícil de la sonrisa helada, además de lanzar sus dardos intencionadamente, haciendo que aterricen mucho más cerca de lo que su cronología indica. Mario Casas bien y Alberto San Juan bien. Pero son películas como ésta las que nos hacen apreciar lo que hacía Berlanga y lo inalcanzable que sigue siendo...
Saludos.
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