Encomendamos las próximas jornadas sabatinas a las películas que conformaron el último palmarés de los Goya; que entre oscars, homenajes póstumos y otras hierbas, no hemos podido hincarle el diente al suceso con anterioridad, aunque más vale tarde. Y lo hacemos con SORDA, ópera prima de Eva Libertad, que logra sortear con habilidad todos los problemas derivados de construir un drama familiar en torno a una discapacidad. Lo digo así aunque ser sordo no sea una discapacidad, pero el quid consiste en cómo plantear el cuerpo del guion, hacia dónde han de apuntar las flechas, porque parece evidente que se remarca la condición de la protagonista como desencadenante de la incomprensión que sufre por su entorno, que se ve acrecentada cuando se queda embarazada y posteriormente nace su hija. El acierto de la directora es prescindir del componente emocional, dibujando a Ángela como una mujer absolutamente normal, cuyos problemas son los mismos que los de cualquiera, por mucho que nos parezcan tan diferentes. No es una grandísima película, y de hecho me parece que su desenlace queda algo tibio, pero tiene muy buenos apuntes en un camino tan tendente a lo maniqueo en nuestra cinematografía.
Saludos.

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