Tengo sensaciones muy encontradas con THE GREAT SANTINI, una película inviable de hacer hoy día, por su desarmante retrato de un personaje a la vez granítico y voluble, un despótico piloto militar, veterano de Vietnam, que es incapaz de tratar a los demás como no sea bajo el estricto criterio de los marines. El tipo es un borracho, violento, machista, que cree poder hacer lo que le venga en gana por sus galones. Choca asimismo la veneración de su esposa, que le aguanta todo tipo de vejaciones, incluso a sus hijos, rayando un maltrato psicológico casi delictivo. Su hijo mayor es su blanco, obligándolo a una competitividad inhumana, como si todo obedeciera a una serie de códigos castrenses inamovibles. Y aun así, la película funciona. Primero por el descomunal trabajo de Robert Duvall, capaz de provocar admiración y pavor en un mismo registro, y es que construir personajes despreciables no está a la altura de cualquiera. Es ahí donde el film detecta a potenciales espectadores maduros, con sentido crítico, que no se acomoden en lecturas fáciles ni diagnósticos sesgados. Hoy día, insisto, el oficial Bull Meechum sería un villano maniqueo, y probablemente no se nos ofrecería la oportunidad de criticar con sutileza a la institución en sí, que es de lo que debería tratarse.
Saludos.

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