martes, 5 de junio de 2012

Cohabitar en último término



Vengo de "De gusanos y lombrices", bitácora ineludible para no ser un palurdo (ni parecerlo), y he podido comprobar cómo, una vez más, el ingenio todo lo puede. Lo digo por la brillante exposición que Mr. Lombreeze ha hecho respecto de un título para mí deslumbrante y para él "pasto de estetas", que no es otro que el controvertido "caballo turinés", de Béla Tarr. Como tras dicha obra de arte se ha permitido el pasote de poner una película de karatekas indonesia... ¿?, pues me he dicho: "Ah, vale... así que era eso", y me he acordado de Apichatpong Weerasethakul, que no es indonesio sino tailandés, ya ha ganado una Palma de Oro y además hace unas películas muy chulas, aunque desde fuera parezcan ladrillos gafapastosos. En este sentido, su película más representativa me parece que es SYNDROMES AND A CENTURY, donde Weerasethakul impregna la pantalla de un perfume misterioso y evocador, el que es capaz de imaginar que podría ser el posible encuentro entre sus padres antes de conocerse. Pero olvídense (si es que lo han pensado) de Tarkovski, Dreyer o Bergman, porque el director tailandés tiene un sentido del humor absolutamente delicioso, lo que le lleva a situar la acción en un pequeño ambulatorio donde acuden los más diversos pacientes, en su mayoría monjes budistas, que finalmente se revelan como unos contadores de historias magníficos y con unas preocupaciones mucho más terrenales de lo que su ocupación nos pudiera hacer pensar. Así, mientras el médico le pregunta ruborizado a un viejo monje por cuestiones del espíritu, éste              
lo despacha con rapidez, porque tiene un dolor de muelas terrible; por no hablar del monje que sueña con ser un famoso DJ y que hace todo lo posible por conseguir un equipo de audio. Historias entrecruzadas con una suavidad inaudita y que no sólo confirma a Weerasethakul como un extraordinario y originalísimo narrador, sino que abre unas interesantes disyuntivas para afrontar la necesaria renovación del audiovisual, la que, precisamente, pueda mixturar géneros y corazonadas en busca incesante de eso que llamamos arte. Véanla porque es muy buena, no por otra cosa.
Saludos del siglo.

2 comentarios:

Mr. Lombreeze dijo...

Venga, que me la apunto. Yo de este señor solamente he visto la de la cabaña del tío Boonme que no me pareció una gafapastada pero tampoco me entusiasmó. Encuentro muy atractivo eso del episodio del monje que no tiene ganas de filosofar porque le duelen las muelas.
Coincido contigo en que mi máximo esfuerzo consiste en no parecer un paleto. Con eso me conformo.
Tarkovski, Dreyer y Bergman son la Troika del que controlan los Mercados Cinéfilos.
Y ahora, como siempre y por tu culpa, a trabajar y a buscar el título en español de esta peli de chinos. Espero que las coreografías de las escenas de las peleas de karate merezcan la pena. A ver si el médico le salta la muela al monje de un buen puñetazo...

dvd dijo...

Jaja... SÍNDROMES Y UN SIGLO ¿no?...

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!