Si se le buscan muchas dobleces a THE LAST CASTLE, es muy posible que salga uno escaldado ante la enésima demostración de ese cine patriotero, conductista y de comida rápida que realmente es. Si, por el contrario, uno acepta de antemano que va a ver dos horas de entretenimiento, mientras ponen a un malo muy malo frente a un bueno muy bueno, a lo mejor lo ve sin mayores agobios, y seguidamente se pone a pensar en si hacer ensaladilla rusa o comprarla hecha. No hay mucho que explicar, excepto que es bastante improbable que a un general lo metan en prisión por proteger a sus hombres, pero aún más que al frente de esa prisión pongan a un tipo que escucha a Salieri, colecciona reliquias y nunca haya estado en combate. Si esto hubiese tenido un guion decente, habríamos visto una película mucho mejor, porque el carisma de Robert Redford y James Gandolfini, como absolutas antítesis de lo que debe ser la disciplina, daba para algo menos infantiloide que este film de acción, inusual al convertir el interior de la prisión en un campo de batalla, y donde el estimulante ejemplo de dicha prisión como un castillo se va difuminando en pos de momentos impactantes pero muy previsibles.
Demasiado dinero para tan poca cosa.
Saludos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario