Vaya, quién me iba a decir que me coincidiría la hoja de ruta del homenaje y recuerdo a Robert Redford con la constatación de que, actualmente, Estados Unidos está gobernado por un gilipollas sin principios, y lo que es peor, hay medio mundo aplaudiendo que se pase por el forro de sus huevos naranja la legalidad internacional. Aunque no seamos ingenuos ¿qué esperábamos tras no mover un dedo ante un genocidio? Redford escupiría a la cara a una basura de persona como ésta, incluso repudiada por el propio Vaticano ¿pero quién pide principios a quien ha violado menores impunemente? En este sentido, ha sido un soplo de aire fresco recuperar SNEAKERS, una película que hacía muchísimo tiempo que no veía, y que viene a recordarnos que siempre se cocieron habas con esto de los hackeos y zarandajas digitales. Lo que pasa es que aquí hay cables, teléfonos fijos, faxes, modems y toda esa parafernalia que a un chaval de ahora le sonará a fantasía épica, o qué sé yo. Con una premisa argumental que ahora nos parece ingenua, Martin Bishop comanda a un estrambótico pero supereficaz grupo de hackers, que se dedica a comprobar si los sistemas de seguridad de las empresas que los contratan son realmente seguras, precisamente quebrantando dicho sistema. Con una orden de detención desde 1969, Bishop es chantajeado por una misteriosa organización, que le obliga a robar una caja negra que resulta ser un desencriptador todopoderoso, pero al tirar del hilo la verdad es aún más oscura y sorprendente. Con un reparto de ensueño, que incluía a Ben Kingsley, Mary McDonnell, Sidney Poitier, River Phoenix, Dan Aykroyd o David Strathairn, el poco prolífico Phil Alden Robinson dirigía esta desenfadada mezcla de comedia, espionaje y "nuevas" tecnologías, con un tono que es de agradecer en estos tiempos tan diabólicos que estamos viviendo.
Sigo diciendo lo que digo siempre: "Contra mí no tenían nada"...
Saludos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario