Ninguna película más fácil de resumir que TRON: ARES. Buenos y malos buscando lo mismo, pero los buenos para que haya cultivos y felicidad en los sitios donde internet aún tiene sus pegas, y los malos para hacerse aún más millonarios y acceder a condecoraciones que legitimen sus actos, sean estos los que fueren. Seguro que les suena a algo no muy lejano en el tiempo. Pues esto es lo que ofrece el enésimo truco de magia de Disney, que se ha tirado a la bartola definitivamente, porque ¿quién querría inventar con un catálogo propio y dispuesto a ser saqueado sin miramientos? Lucecitas que no falten, Jared Leto con cara de salir de un after, Jeff Bridges pagando las facturas con diez minutos de piloto automático, Evan Peters haciendo de un malo que da más lástima que otra cosa y, como decíamos, ese insoportable e indefendible raccord, en el que mientras se destrozan edificios, coches y mobiliario urbano, el tráfico sigue a lo suyo y tampoco se percibe un pánico feroz. Esto era la gracia de la película original, que al desarrollarse en el interior de un videojuego no había necesidad de recrear la complejidad del mundo real; ahora es al revés, y los elementos digitales se integran en la "realidad", pero de manera tan pobre que otra vez podríamos estar en un vidojuego. En fin, al menos la banda sonora de Reznor & Ross no está mal.
Saludos.

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