Cosas a favor y otras no tanto de THE RUNNING MAN, la nueva adaptación que nadie pedía de otro libro de Stephen King (¿querían caldo?), en este caso remake de otro film homónimo, del que hablaremos a no mucho tardar. A favor, su director. Edgar Wright es un tipo que entiende a la perfección los tratamientos, tonos y resortes de producciones de lo más dispar. Además, les imprime su sello incluso en cosas tan impersonales como ésta. Porque no nos confundamos, si queremos ver un film revolucionario hemos errado el tiro; esto es acción, con mensaje, sí, pero acción, con volteretas, puñetazos, explosiones y malos perdiendo el tiempo como siempre. Por ahí, Wright es más que solvente, y entrega su película más comercial y palomitera; un disfrute para los que buscan dos horas de lo antes dicho, sin apreturas. Lo bueno es que Wright no puede dejar de ser Wright, y, emulando uno de esos drones en tiempo real, va trufando esta distopía (que ahora nos es hasta cercana) de perlas en forma de humor gamberro, que la salva de la mediocridad a la que podrían haber ido sus excesivas más de dos horas. Por otro lado, hay un reparto de nivel, con un protagonista, Glen Powell, que no es sólo un mueble andante, Josh Brolin como el malo retorcidísimo, Lee Pace haciendo de Némesis misteriosa y pequeñas pero vibrantes apariciones de William H. Macy o Michael Cera. Al menos sí mejora la original, pero se queda como un correcto entretenimiento, tampoco nos flipemos, que edgar Wright es muy bueno pero tiene sus cositas.
Saludos.

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