No me extraña nada que Mrs. SOFFEL haya pasado tan de puntillas desde su estreno, hace ahora algo más de 40 años, teniendo en cuenta lo atractivo de su argumento y un reparto de campanillas, que incluía, además de a Diane Keaton en un registro extraño para ella, a Mel Gibson, Matthew Modine o Edward Herrmann. Basada supuestamente en hechos reales, contaba la historia de la señora Soffel, esposa del alcaide de la penitenciaría de Pittsburgh, que a principios del pasado siglo mitigaba su aburrido matrimonio repartiendo biblias entre los convictos, mientras les instaba a arrepentirse de sus pecados. Hasta que llegan los hermanos Biddle, condenados a muerte por asesinato, convertidos en leyendas por la prensa, que de inmediato ejercen una atracción poderosa sobre la buena samaritana, hasta el punto de convencerla para que los ayude a escapar. Hay que tener un gran guion para hacer creíble una historia siempre en el alambre, y no es el caso; la química entre Keaton y Gibson tampoco es la más adecuada, y cuesta creer toda esa pasión desatada, que lleva a una mujer beata y bien situada a largarse con dos tipos, qué quieren que les diga, no muy de fiar, dejando atrás incluso a sus propios hijos. Dirigía la australiana Gillian Armstrong, que siempre ha prometido más de lo que ha dado en su irregular carrera, y por destacar algo me quedo con la estupenda fotografía de Russell Boyd, responsable de algunos de los trabajos más memorables de Peter weir, como PICNIC EN HANGING ROCK, LA ÚLTIMA OLA, EL AÑO QUE VIVIMOS PELIGROSAMENTE, y sobre todo MASTER AND COMMANDER.
Saludos.

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