Repito lo mismo que dije ayer, porque esta reseña lleva escrita una semana, por lo que me ahorro las explicaciones si finalmente ha resultado ganadora, en este caso como mejor película extranjera. Película-dilema, o pornografía emocional, llámenla como quieran, pero ello no mermará ni un ápice la experiencia devastadora que es LA VOZ DE HIND RAJAB. Si el travelling, cuestionado moralmente por Godard, no le daba la razón a su cine, sino a quienes apenas entienden el cine mismo como una mera evasión, una fantasía que adormece los sentidos ante la insoportable crueldad de la vida real. En la vida algún travelling hay, pero lo que no hay es un fuera de campo, porque lo que sucede, aun fuera de nuestro radio perceptivo, sigue sucediendo, nos guste o no. Este film, sustentado sobre la llamada que la pequeña Hind realizó desde el corazón del horror en Gaza, no mide las consecuencias morales de usar la voz real de esta niña de seis años, atrapada en un coche junto a seis cadáveres y rodeada de edificios destruidos, mientras tanques y disparos resuenan tras su voz asustada. No las mide y no debe hacerlo, quizá sea peor película por enclaustrarnos en la angustia de los integrantes de la Media Luna Roja que atendieron su llamada desesperada durante horas; las balas no miden, las bombas no miden, los políticos no miden. Bien visto, a lo mejor tienen razón los que ven un telefilm mediocre y manipulador, disfrazado de gran lección de humanidad. Quién sabe, yo no soy Godard ni Rivette para entrar en teorías ni parábolas. Lo único que espero es que la alfombra roja sea roja sangre, y que una vocecilla casi inaudible resuene con más fuerza que las bombas. Justo, en la casa de los cerdos...
Saludos.

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