jueves, 26 de marzo de 2026

Muerte por repeluco


 

Una lástima lo de WE BURY THE DEAD, que optaba a mejor película en Sitges, pero cuya insoslayable inconcreción dejó al público y al jurado (justamente) fríos. Arrastrando múltiples problemas de distribución (es de 2024), el film nunca se decide por el tono a adoptar, brincando por un metraje deslavazado pero repleto de ideas interesantes. La trama nos sitúa en la isla de Tasmania, adonde llega Ava en busca de su esposo. La razón: la detonación de un poderoso arma (ojo) estadounidense, que ha convertido a la población en cientos de kilómetros en potenciales zombis. Esto es: la gente está aparentemente muerta, pero podría "resucitar", aunque en condiciones como poco discutibles. Ésta podría haber sido una buena cinta de género, una más de zombis, pero el director y guionista quiere ir un poco más allá, encorsetando un montón de tramas en un metraje escueto, consiguiendo apenas que la mayoría nos importen muy poco. Los muertos vivientes, por ejemplo, nunca parecen obedecer a un solo patrón, y si bien al principio dan bastante mal rollo (que no terror), luego son ese deus ex machina necesario, tan sólo porque algún género hay que navegar. No sé, porque esta atropellada odisea se resume en una frase "¿Y todo esta pa qué?". Por cierto, estos zombis no te matan comiéndose tu cerebro, sino poniendo a prueba tu resistencia al cringe...
Está Daisy Ridley, y poco más.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!