sábado, 7 de marzo de 2026

El espejo roto #31


 

"Encuentra lo sublime en lo inesperado". No obedecía a ninguna lógica, que tras tres desastres absolutos, uno se enfrente al penúltimo capítulo de Black Mirror con la esperanza de encontrar algo más allá del acomodaticio tono en el que Charlie Brooker ha encallado. Y todo hace indicar que EULOGY es más de lo mismo. Su arranque lánguido, repitiendo otra vez el rollo de las realidades virtuales, o simuladas; el cacharrito (el mismo) en la sién, para acceder esta vez a unas viejas fotografías analógicas. Éstas le son requeridas a un hombre un día cualquiera, a través de una empresa funeraria que "extrae" recuerdos de los conocidos de personas fallecidas. Dos cosas importantísimas: no hay artificio aquí, y sí un crescendo emocional que proviene de una relación que acabó más de tres décadas atrás, y que no debería tener tanto poso después de tanto tiempo, pero lo tiene. Y lo tiene por el otro acierto de este maravilloso episodio, un acongojante Paul Giamatti, que nos vuelve a recordar que es uno de los más grandes actores de su generación, envolviéndose en ese complicadísimo halo de "persona normal", que tiene sus razones como todo el mundo, que se equivoca también, pero no puede evitar desencajarse al recordar, quién se lo diría ese día cualquiera, a la mujer a la que tanto amó. Y lo digo sin temor a equivocarme: el mejor capítulo de esta decepcionante temporada, a años luz, y uno de los tres mejores de toda la serie. 
Increíble, porque no es fácil conmoverme.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!