miércoles, 4 de marzo de 2026

Ser bueno es malo


 

90 años separan la maravillosa película de Alfred Hitchcock de la más que estimable revisitación que Kleber Mendonça Filho ha realizado sobre el género canónico de espías. O AGENTE SECRETO no oculta dos cosas a lo largo de sus apasionantes casi tres horas: su naturaleza mutante, desglosada en un mestizaje de tonos que la llevan de la comedia surrealista al thriller físico o el drama social; pero también el respeto que el director portugués le tiene (y nosotros que lo celebramos) a un montaje que jamás responde a impulsos aleatorios, para conectar con eficacia esta hitchcockiana epifanía que aúna la magia del carnaval, la fascinación del cinematógrafo, los malos muy malos porque nunca pagan sus fechorías y un antihéroe, Marcelo, que, al mismo tiempo, sabe cuál es su cometido pero no comprende por qué le ha tocado. Lo que le ha tocado es huir tras ser señalado por un especulador sin escrúpulos, que lo sentencia al no doblegarse como director de investigación de una universidad, a cederle los derechos de explotación. Mendonça Filho, responsable de la maravillosa DOÑA CLARA, vuelve a regalarnos una película confortable y angulosa, inabarcable e intimista; un vistazo a la carroña de la dictadura, sus monstruos y supervivientes, donde caben ritos de purificación, piernas encontradas en el estómago de un tiburón o cadáveres abandonados en gasolineras que nadie reclama. En esa esperpéntica dualidad, el film igual invoca al maestro británico, los hermanos Coen o al mismísimo Pasolini, con la esperanza de abarcar una amplia bocanada de un país y un momento, que por aberrante no deja de tener vigencia. Me parece sorprendente (e incluso excesivo) la doble nominación a los oscar (mejor película y película internacional), porque no apostaría a que gane ninguna de ellas, pero atención a Wagner Moura...
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!