Me consta que hubo cierta expectación en Sitges por ver ABRAHAM'S BOYS, posteriormente traducida en una decepción generalizada, y a mi modo de ver más que justificada. La cosa es que te presentan un envoltorio neoclásico, en pantalla cuadrada (que ya cansa la broma), en la que se anuncia una diametral vuelta de tuerca al mito vampírico, centrándose esta vez en la figura de Van Helsing, que se ha marchado nada menos que a California, junto a Mina (sí, Mina) y sus dos hijos, que aún eran muy pequeños cuando partieron desde Europa. Me huelo que el texto de Joe Hill (productor de la cinta) debe ser bastante superior, administrando la paradoja mejor que esta película terriblemente dirigida, con multitud de tiempos muertos inexcusables, basados en los actores (aún peor dirigidos) mirando al infinito. Personajes que aparecen por ensalmo, sin que sepamos si aportan algo, para desembocar en un giro que quiere ser sorprendente y ves venir a millas, precisamente por esa torpeza narrativa. Por cierto, he leído críticas señalando que esto daba para un corto, pero yo me inclino por lo contrario, un film más ambicioso (SINNERS en la mirilla), más largo, con personajes desarrollados y más tiempo para digerir una mirada entrópica y desapasionada. Esto, sin más, es una película bastante mala.
Saludos.

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