Con la ventaja que me da escribir esto una semana antes de los oscar, me sorprendería mucho que BLUE MOON ganase en las dos categorías en que está nominada. Una, guion original, donde creo que hay alguno superior, aunque más me entristecería lo de Ethan Hawke, luchando contra la caracterización, que en ningún caso le hace ningún favor. Es una película, como el propio Richard Linklater reconoce, "de cámara"; una especie de larga secuencia, con la vocación de apresar un momento muy determinado: el momento en que Richard Rodgers despega con el estreno de "Oklahoma!", que marcaría su primer éxito junto a Oscar Hammerstein, pero sobre todo la definitiva ruptura con Lorenz Hart. Hawke evoca a Hart como un ente nervioso, culto y hedonista, poseedor de una verborrea afilada pero piadosa, que busca la belleza en todos los sitios, desde el púlpito de un alcoholismo clarividente. Es un personaje fascinante, demasiado, y Linklater no puede o no sabe ir un poco más allá con él, mostrándole un respeto que probablemente el propio Hart habría rechazado de plano. Los mejores momentos son, por ello, no los que deja que la brillantez de su actor fetiche se desborde en imparables parlamentos, sino en los que, agachado, minimizando aún más su escaso metro y medio, pasa a ser arrobado escuchante de una gilipollesca y torpe historia de amor juvenil, con ojos tan encendidos de amor por esa inalcanzable Venus (Margaret Qualley), que todo, incluso lo más banal e insignificante, se convierte en sublime una vez pasado por la sensibilidad del genio que fue Hart. Algo que queda también de manifiesto (Linklater y sus "pequeños detalles") en la frase que suelta casi sin querer al devoto bartender que interpreta un también estupendo Bobby Cannavale, al espetarle que está trabajando mientras él sólo sabe hablar y pimplar. La respuesta es genial: "Yo también. Y ni siquiera me están pagando"...
No es la mejor suya, pero es una película deliciosa y amarga, y eso es raro de encontrar hoy día.
Saludos.

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