sábado, 21 de marzo de 2026

Doble falta


 

El reciente estreno de la última película de Stéphane Demoustier nos brinda la posibilidad de iniciar un repaso a su aún breve pero prometedora filmografía. Diversificando su mirada, y sin decidirse por un solo tono, su ópera prima, TERRE BATTUE de 2014, estaba producida nada menos que por los hermanos Dardenne, de cuyo fino bisturí social extrae lo mejor de una historia, en todo caso, dispersa y dubitativa. Demoustier parece querer contar demasiadas cosas en un escueto metraje, apoyado en la interpretación del actor belga Olivier Gourmet, que encarna a un directivo que acaba de perder su trabajo, pero cree que pasados los 50 es el momento de convertirse en emprendedor. Él piensa que va a deslumbrar a su mujer con su iniciativa, pero ella ya tiene decidido abandonarlo por un motivo ni siquiera aclarado. Paralelamente, su hijo, que toma clases de tenis, es preseleccionado para ingresar en las categorías iniciales de Roland Garros, aunque debe superar un duro torneo local. Y la verdad, son varios elementos que se hacen irreconciliables por un guion a brochazos, con algunas ideas interesantes, incluso un desenlace que vendría a ser un "Dardennes' light", pero que en conjunto se quedaba como un debut tirando a flojito.
Saludos.

viernes, 20 de marzo de 2026

El diablo a todas horas


 

Una casa, decrépita, desordenada, erigida como una especie de isla de náufragos, seres sin otro lugar donde ir, cada uno por sus propias razones. La dueña es Hédi, una mujer de cierta edad, no demasiada pero enferma, que necesita los cuidados de Anna, que le oficia de enfermera y asistenta. A Anna la acompaña Miklós, su pareja, serio y educado, del que Hédi admira que la escuche de tanto en tanto; no como János, su hijo, un diletante sin oficio, que sólo aparece en busca de dinero. Como invitado de piedra, Tibor, un gris profesor, ronda a Hédi, aunque arrastra una carga que de desvelarse zarandearía una convivencia ya de por sí improbable. Lo que articula Béla Tarr en ALMANAC OF FALL es la puesta en escena de la hipocresía, los talentos al servicio de los intereses, sin principios; como fantasmas espiándose unos a otros, estos personajes podrían haber germinado de cualquier trama escindida de SÁTÁNTANGÓ. Un puñado de desheredados a la deriva, acechados acaso por un diablo que les observa, que juega con ellos, les incita y confunde, tan sólo para dejarlos en el mismo sitio que al principio, sin nada, anhelantes. Es un Tarr, ya sí, en el laberinto de travellings y composiciones, de silencios y frases como sierras mecánicas. Un director que apenas entraba en la treintena con una obra perfectamente definitoria de su sello posterior e inconfundible. La frase de Chejov que la abre es elocuente, intimidante y, de alguna manera, confortante.
Saludos.

jueves, 19 de marzo de 2026

De Holanda ya se fue


 

Me consta que hubo cierta expectación en Sitges por ver ABRAHAM'S BOYS, posteriormente traducida en una decepción generalizada, y a mi modo de ver más que justificada. La cosa es que te presentan un envoltorio neoclásico, en pantalla cuadrada (que ya cansa la broma), en la que se anuncia una diametral vuelta de tuerca al mito vampírico, centrándose esta vez en la figura de Van Helsing, que se ha marchado nada menos que a California, junto a Mina (sí, Mina) y sus dos hijos, que aún eran muy pequeños cuando partieron desde Europa. Me huelo que el texto de Joe Hill (productor de la cinta) debe ser bastante superior, administrando la paradoja mejor que esta película terriblemente dirigida, con multitud de tiempos muertos inexcusables, basados en los actores (aún peor dirigidos) mirando al infinito. Personajes que aparecen por ensalmo, sin que sepamos si aportan algo, para desembocar en un giro que quiere ser sorprendente y ves venir a millas, precisamente por esa torpeza narrativa. Por cierto, he leído críticas señalando que esto daba para un corto, pero yo me inclino por lo contrario, un film más ambicioso (SINNERS en la mirilla), más largo, con personajes desarrollados y más tiempo para digerir una mirada entrópica y desapasionada. Esto, sin más, es una película bastante mala.
Saludos.

miércoles, 18 de marzo de 2026

¿Y ahora qué?


 

Repito lo mismo que dije ayer, porque esta reseña lleva escrita una semana, por lo que me ahorro las explicaciones si finalmente ha resultado ganadora, en este caso como mejor película extranjera. Película-dilema, o pornografía emocional, llámenla como quieran, pero ello no mermará ni un ápice la experiencia devastadora que es LA VOZ DE HIND RAJAB. Si el travelling, cuestionado moralmente por Godard, no le daba la razón a su cine, sino a quienes apenas entienden el cine mismo como una mera evasión, una fantasía que adormece los sentidos ante la insoportable crueldad de la vida real. En la vida algún travelling hay, pero lo que no hay es un fuera de campo, porque lo que sucede, aun fuera de nuestro radio perceptivo, sigue sucediendo, nos guste o no. Este film, sustentado sobre la llamada que la pequeña Hind realizó desde el corazón del horror en Gaza, no mide las consecuencias morales de usar la voz real de esta niña de seis años, atrapada en un coche junto a seis cadáveres y rodeada de edificios destruidos, mientras tanques y disparos resuenan tras su voz asustada. No las mide y no debe hacerlo, quizá sea peor película por enclaustrarnos en la angustia de los integrantes de la Media Luna Roja que atendieron su llamada desesperada durante horas; las balas no miden, las bombas no miden, los políticos no miden. Bien visto, a lo mejor tienen razón los que ven un telefilm mediocre y manipulador, disfrazado de gran lección de humanidad. Quién sabe, yo no soy Godard ni Rivette para entrar en teorías ni parábolas. Lo único que espero es que la alfombra roja sea roja sangre, y que una vocecilla casi inaudible resuene con más fuerza que las bombas. Justo, en la casa de los cerdos...
Saludos.

martes, 17 de marzo de 2026

El brillo de la extinción


 

Con la ventaja que me da escribir esto una semana antes de los oscar, me sorprendería mucho que BLUE MOON ganase en las dos categorías en que está nominada. Una, guion original, donde creo que hay alguno superior, aunque más me entristecería lo de Ethan Hawke, luchando contra la caracterización, que en ningún caso le hace ningún favor. Es una película, como el propio Richard Linklater reconoce, "de cámara"; una especie de larga secuencia, con la vocación de apresar un momento muy determinado: el momento en que Richard Rodgers despega con el estreno de "Oklahoma!", que marcaría su primer éxito junto a Oscar Hammerstein, pero sobre todo la definitiva ruptura con Lorenz Hart. Hawke evoca a Hart como un ente nervioso, culto y hedonista, poseedor de una verborrea afilada pero piadosa, que busca la belleza en todos los sitios, desde el púlpito de un alcoholismo clarividente. Es un personaje fascinante, demasiado, y Linklater no puede o no sabe ir un poco más allá con él, mostrándole un respeto que probablemente el propio Hart habría rechazado de plano. Los mejores momentos son, por ello, no los que deja que la brillantez de su actor fetiche se desborde en imparables parlamentos, sino en los que, agachado, minimizando aún más su escaso metro y medio, pasa a ser arrobado escuchante de una gilipollesca y torpe historia de amor juvenil, con ojos tan encendidos de amor por esa inalcanzable Venus (Margaret Qualley), que todo, incluso lo más banal e insignificante, se convierte en sublime una vez pasado por la sensibilidad del genio que fue Hart. Algo que queda también de manifiesto (Linklater y sus "pequeños detalles") en la frase que suelta casi sin querer al devoto bartender que interpreta un también estupendo Bobby Cannavale, al espetarle que está trabajando mientras él sólo sabe hablar y pimplar. La respuesta es genial: "Yo también. Y ni siquiera me están pagando"...
No es la mejor suya, pero es una película deliciosa y amarga, y eso es raro de encontrar hoy día.
Saludos.

lunes, 16 de marzo de 2026

El empate perpetuo


 

Una película como LA TREGUA, tan importante, tan segura de sí misma, con el honor de ser el primer film argentino nominado a los oscar, no debería suscitar tantas dudas, de no ser que el guion de Aida Bortnik y del director, Sergio Renán, aborda la novela de Benedetti desde el lado opuesto, que es la resignación de Martín ante unos reveses que han acabado por ser el mapa definitorio de su pausada y gris vida. Yo hubiese preferido el aliento contestatario, sutil pero fundamental, que va escalando el libro hasta estallar en su estupenda parte final. La película es otra cosa, un vehículo para un (otra vez) inmenso Héctor Alterio, inconmensurable como ese hombre llegado al punto de no retorno de una vida acabada mucho antes, que por un suceso inesperado, y ni siquiera buscado, alberga de nuevo la ilusión de que le merezca la pena tirar hacia delante, al encontrarse con el amor correspondido de una joven que acaba de ser empleada en su empresa. Flirteando con el melodramón, siento que se pierde el gran hallazgo del libro, esa tristeza, una derrota que lo impregna todo, o la imposibilidad de llevar a buen término la propia vida, atenazada por la obligación de mantener las apariencias, algo que salta por los aires al descubrir la homosexualidad de su hijo, mientras los fantasmas del pasado van infectando cada paso hacia una felicidad demasiado ideal para ser real.
Creo firmemente que no ha ganado con los años, por extraño que parezca.
Saludos.

domingo, 15 de marzo de 2026

Rincón del freak #686: Pánico y terror en la clínica Quirón


 

Lleven a sus hijos a la seguridad social, que es un buen consejo pero también lo petaría en Eurovisión, como Lordi, ese grupo que daba risa pero quería dar miedo, porque miedo de verdad nos dio la Lideresa al dejar morir a un montón de ancianos "porque se iban a morir igual". En fin, que los de Lordi, un poco aprovechando esa efímera ola del certamen al que (al fin) nuestro país no va a ir para no tener que taparse la nariz por actuar junto a Israel, llegaron a poner en pie nada menos que una película que ellos mismos escribieron, no sé cómo, con todo ese látex. DARK FLOORS se llamaba aquello, que con estética de ese neogótico sucio que imperaba allá por 2008, pretendía dar "otra vuelta de tuerca" al asunto de la gente que ya está muerta, aunque reconozcamos que ellos, que se molaban tanto, lo que querían era salir en sus superdisfraces dando alaridos guturales. Sí, como en Eurovisión. Sin ser un desastre absoluto, la verdad es que se le notan las carencias por todos lados, quedando en un "directo al DVD" de los de entonces. Me quedo con un par de cosas nada más: el homenaje a esa nunca bien ponderada tercera parte de EL EXORCISTA, que sólo los muy cafeteros reconocerán, y la involuntariedad de exponer las miserias de la sanidad privada, puesto que toda la acción se desarrolla en una de estas clínicas, en las que los impolutos pasillos no son más que la fachada que oculta un sinfín de pasillos mugrientos y habitaciones pestilentes. El problema es que la sanidad en Finlandia funciona de lujo, y no como aquí, que uno no sabe si el terror es la factura o cómo se han financiado con dinero público, en el colmo de la desvergüenza y la desfachatez. Eso sí que es terror del duro...
Saludos.

sábado, 14 de marzo de 2026

El espejo roto #32


 

La línea (no tan fina a día de hoy) que separa el producto netamente televisivo del cinematográfico, tiene un componente de costes, apariencia, vocación de trascender desde el propio significante de la imagen. Esto me ha parecido especialmente notorio en la T7 de Black Mirror, donde Charlie Brooker ha mostrado, más que otra cosa, su deseo de difuminar estas fronteras; pero donde alguien podría ver una televisión "cinematográfica", un audiovisual amplificado, yo he visto su reverso, un cine minimizado, reencuadrado hasta márgenes que han hecho incomprensiblemente accesible una serie que, en un origen que queda tan lejos, venía a destrozar nuestros prejuicios a base de misiles que apelaban a la cuestión moral, que nos interpelaba directamente sobre nuestra propia responsabilidad como consumidores de una tecnología cada vez más indiscriminada y, claro, amoral. Así, no es casual este cierre con USS CALLISTER: INTO INFINITY, innecesaria vuelta a aquel excelente episodio de la T4, porque todo lo que en aquélla era una tremebunda crítica social disfrazada de aventura espacial (como si Star Trek la hubiese ideado Mike Leigh), aquí sólo se ocupa de las cuitas y dilemas personales de unos personajes nada memorables. El asunto era ése, aprovechar la excusa de la simulación, en la que un grupo de nerds se erigía en la tripulación del Callister, dedicada a salvaguardar el orden intergaláctico. Pues Brooker se pasa eso por el forro y decide hacer un capítulo (¡de hora y media!) dando vueltas sobre idas y venidas de la nave al mundo real, mientras se despliega el habitual y trillado montaje comercial, en el que los buenos han de salvar el mundo ¿Qué mundo? ¿el real o el simulado? Es curioso, porque la ambición formal logra un broche muy entretenido... si BM aspirase sólo a entretener, pero la sensación final es la de que esto no tiene conexión intelectual con su antecesora, por mucho que se haya repetido el equipo y reparto. No me parece un horror, pero sí un último capítulo que se podrían haber ahorrado, y nadie lo hubiese echado de menos.
Saludos y a ver qué pasa mañana, porque todo lo que no sea un clamor contra la guerra en los oscar dejará retratado a más de uno.

viernes, 13 de marzo de 2026

El infierno no es nada


 

La primera gran obra de Béla Tarr, conceptualmente hablando, es THE PREFAB PEOPLE; amargo, ultrarrealista y también dolorosamente poético inyectado de instantaneidad, en el que el realizador húngaro explota su obsesión por el montaje circular con maestría, pero sin alardes innecesarios. En la escena de apertura, el matrimonio interpretado por Judit Pogány y Róbert Koltai (que lo siguen siendo a día de hoy) tiene una discusión que va creciendo, aunque desconocemos el motivo. En un momento dado, él empieza a recoger su ropa y anuncia que se marcha, para siempre; desgarradoramente, mientras sostiene a su hijo, ella le implora entre lágrimas que no se marche. En apenas cinco minutos, Tarr nos sitúa ante el abismo cotidiano: vivir, sí, pero cómo y para qué. Es el final, pero antes debemos situarnos, por lo que retrocedemos poco tiempo antes y asistimos a la fractura, cimentada no en grandes alharacas, sino en nimias insatisfacciones y desacuerdos. Ella se aburre cuidando de los niños, él llega cansado del trabajo y quizá bebe demasiado. Él le anuncia un puesto irrechazable fuera del país, son dos años y ella se derrumba, porque apenas puede soportar un par de días. Él prefiere bailar con la mujer de su amigo antes que con ella, ella lo deja en ridículo por haber tardado al comprar cerveza en una piscina. Ella aguanta, él no aguanta. El círculo se cierra con la misma escena de apertura, a lo mejor se nos había olvidado que la vida puede acabarse en un abrir y cerrar de ojos. Pero aún hay un cierre insólito, terrorífico por kafkiano: el matrimonio duda entre comprar una lavadora u otra; el camino de vuelta es en la trasera de una camioneta, en silencio.
Vivir y morir, y alguna lavadora en medio...
Saludos.

jueves, 12 de marzo de 2026

Toxicosmos


 

LESBIAN SPACE PRINCESS es la película que se alzó con el premio a mejor film de animación en Sitges, por encima de cabriolas japonesas y monstruos interdimensionales, para enarbolar la bandera de la diferencia, posiblemente la única que nos hace iguales. Es la historia de Saira, princesa del planeta Clitópolis, que bebe los vientos por Kiki la Destructora, una aventurera borde y promiscua, que vive de hacerse selfies y promocionar sus aventuras, de las que se cuida de editar los fallos. Saira vive con sus inseparables y comprensivas madres, que jamás la pondrían en peligro fuera de los límites del gayverso. Sin embargo, Kiki es capturada y usada como cebo por los Maliens Hetero-Blancos, que necesitan la esencia femenina de Saira para poner en funcionamiento su infalible imán atractor de féminas. Claro que les suena todo este universo problemático de identidades sexuales, incels rabiosos y otras inseguridades, para poner en pie un relato divertido y sarcástico, más desenfadado que ácido, lo que me parece acertado para no caer en un bucle de clichés y neologismos mareantes. Es animación para adultos, aviso, porque no se escatiman los genitales, físicos y nombrados, aunque en realidad es un soplo de aire fresco, una modesta producción que está cosechando multitud de premios y personalmente, pese a adolecer de una estructura previsible, marca una alternativa valiente y necesaria en este panorama plagado de imbéciles y meapilas.
Saludos.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Acuérdate de mí


 

Cerramos de facto el repaso a los nominados a los oscar, tanto en la competición oficial como en la categoría "extranjera", que si nunca había entendido del todo, de un tiempo a esta parte aún menos, con unos cruces y repeticiones que sólo puedo aceptar como juego de productoras, que es cualquier cosa menos interesante para el espectador de a pie. No es el caso de UN SIMPLE ACCIDENTE, último "milagro" (y no es gratuito el término) del cineasta Jafar Panahi, que concurre además como mejor guion original, aunque no sea éste el más original de sus guiones. Particularmente, es jodido meterse a analizar una filmografía prácticamente clandestina, porque cuando algo patina no parece tenerse en cuenta, por la dificultad de Panahi para rodar cuando lo tiene sencillamente prohibido desde hace muchos años. El film es un thriller con algún ramalazo costumbrista, en el que un mecánico cree haber reconocido al que fue su torturador, un tipo al que describe como un sádico sin escrúpulos. Tras dejarlo inconsciente y secuestrarlo, necesita corroborar su identidad, por lo que contacta a antiguos compañeros, también torturados. Panahi suele colocarnos en el centro de la iniquidad, del horror, como única fórmula para reconocerlo, repudiarlo y combatirlo; así ocurre también en este film, que en algunos tramos se torna repetitivo y hasta cansino, como si ya lo hubiésemos visto en otra ocasión, en otra parte. Y no es lógico, habida cuenta de lo escabroso de lo que se cuenta, pero al menos a mí me sacaban los constantes saltos de ritmo y tono, sembrando la duda sobre la identidad del retenido, pero también sobre si los métodos utilizados por sus captores no hacen más que colocarles a su mismo nivel.
Si tuviera que jugármela, creo que no va a ganar, pero claro, hay cierto presidente de color anaranjado empeñado en bombardear sitios...
Saludos.

martes, 10 de marzo de 2026

Rocky Carambola se va al Japón


 

Uno tiene la sensación de estar siendo estafado, seguidamente recompensado, y así a lo largo de 150 minutos que me parecen demasiados para el tipo de historia que es MARTY SUPREME. Historias quizá, porque lo que mejor funciona en esta espídica epopeya sobre un tipo que juega al pingpong y al que no sabes si hostiar o abrazar, es su carácter episódico, la única razón por la que merece la pena atragantarse con un mejunje que, seamos sinceros, en las más de las ocasiones no sabe para dónde tirar. El centro de todo es su protagonista, interpretado con convicción por un Timothée Chalamet que sigue demostrando su gran versatilidad, un embaucador, encantador de serpientes, con un particular código de honor, propenso a meterse en líos imposibles (y salir de ellos) y un innato don para el tenis de mesa, que lo lleva hasta un campeonato mundial. Ni más ni menos. Safdie posee un pulso equivalente al de su héroe, taquicárdico, improvisado, ambicioso pero no tanto como para traicionarse, lo que da un film desmesurado, estupendo cuando resbala hacia su anarquía, pero cazurro y previsible al adoptar modos clásicos. Es como si metiéramos en una túrmix a Holden Caulfield, Tom Ripley y Daniel LaRusso y soltáramos el resultado en mitad de PULP FICTION... No sé, porque con una hora menos habría sido una de las mejores películas del año, pero su incontinencia la deja en un trabajo más que estimable, con pasajes de verdad brillantes, pero otros que rozan el ridículo, como ese final que podría haber rodado, y creo que mejor, Avildsen...
Saludos.

lunes, 9 de marzo de 2026

Fueraborda


 

No es de extrañar que Jaime Chávarri, viniendo de la catarsis de los Panero, atendiera de nuevo a Querejeta, que acariciaba desde hacía tiempo el irrealizable proyecto de registrar el día a día de un entrañable marica, que oficiaba de mago en aquellas salas de fiestas y que, por añadidura, guardaba la estampa emocional de haber conocido a Lorca cuando era un niño, en la casa donde su padre, jardinero, fue asesinado por los fascistas. Mucho que contar y muy difícil de cohesionar en una película no demasiado larga, donde importa menos la revisitación histórica y sí el fascinante retrato que Héctor Alterio, en uno de sus papeles más memorables, imprime entre la resignación, el hastío y los pequeños placeres que se procura con sus amistades femeninas y su amante, un hombre casado. A UN DIOS DESCONOCIDO es eso, un film desconocido, habida cuenta la enjundia de los nombres y lo atrevido de la propuesta. Lo que ha quedado es un film muy bien realizado, de corte nostálgico, que se ve mejor medio siglo después que en aquella España que balbuceaba sus libertades; sea por lo marciano que se ve ese Madrid como un pueblo desmesurado, devorando periferias y acotando presentes centralismos, o trazando un mapa emocional insólito, el de una homosexualidad en absoluto sobreexcitada, y sí necesitada de no perder el centro de su propia dignidad arrebatada.
Pende de un hilo, pero Alterio está soberbio.
Saludos.

domingo, 8 de marzo de 2026

Rincón del freak #685: We Are So Proud


 

Son muchas fechas las que hemos acumulado cada domingo, dando cuenta de las más variadas rarezas, artefactos o anomalías, sorprendiéndonos a medida que íbamos descubriendo esta amalgama de películas que no habrían estado ahí de no haber mediado la cabezonería o la inconsciencia de sus perpetradores. Ese es el espíritu, pero debo reconocer que el caso de hoy es paradigmático, al mismo tiempo que supone un caso único. THE DUNGEONMASTER, de 1984, es una película que no llega a los 90 minutos y acumula... ¡siete directores! Salida de la infame Empire de Charles Band, es imprescindible atender a la sinopsis, en la que un programador de videojuegos de entonces parece que quiere más a su Commodore que a su novia, una especie de Eva Nasarre yanqui. Sin mediar explicación, el tipo aparece en un yermo con antorchas vestido de as de la esgrima, su novia encadenada a una roca, mientras el diablo, que se llama Mestema, le lanza retos del Gran Prix, al tiempo que le regala un brazalete electrónico que habla y lanza rayos y otras cosas. Como si efectivamente estuviésemos en un scrolling de Ocean, nuestro héroe ha de enfrentarse a un museo helado de los horrores, un ídolo gigante, unos asaltantes del desierto y a la pasma del Bronx, para llegar, cómo no, a la pantalla final contra el temible Mestema, que es Richard Moll con peluca. Entonces ¿es tan mala como parece? Sí y no, a ver, porque mala es un rato, pero no lo esconde, y aunque hay pasajes de vergüenza ajena, hay otros (sus ventajas tenía ser semiepisódica) bastante interesantes, básicamente el solvente ídolo en stopmotion y un delirante enfrentamiento entre el prota y... ¡los W.A.S.P.!. Yo no la vería sin un bagaje amplio, ni una cierta tolerancia a la nostalgia videojueguil de aquellos años en los que éramos tan felices a 8 bits por domingo...
Saludos.

sábado, 7 de marzo de 2026

El espejo roto #31


 

"Encuentra lo sublime en lo inesperado". No obedecía a ninguna lógica, que tras tres desastres absolutos, uno se enfrente al penúltimo capítulo de Black Mirror con la esperanza de encontrar algo más allá del acomodaticio tono en el que Charlie Brooker ha encallado. Y todo hace indicar que EULOGY es más de lo mismo. Su arranque lánguido, repitiendo otra vez el rollo de las realidades virtuales, o simuladas; el cacharrito (el mismo) en la sién, para acceder esta vez a unas viejas fotografías analógicas. Éstas le son requeridas a un hombre un día cualquiera, a través de una empresa funeraria que "extrae" recuerdos de los conocidos de personas fallecidas. Dos cosas importantísimas: no hay artificio aquí, y sí un crescendo emocional que proviene de una relación que acabó más de tres décadas atrás, y que no debería tener tanto poso después de tanto tiempo, pero lo tiene. Y lo tiene por el otro acierto de este maravilloso episodio, un acongojante Paul Giamatti, que nos vuelve a recordar que es uno de los más grandes actores de su generación, envolviéndose en ese complicadísimo halo de "persona normal", que tiene sus razones como todo el mundo, que se equivoca también, pero no puede evitar desencajarse al recordar, quién se lo diría ese día cualquiera, a la mujer a la que tanto amó. Y lo digo sin temor a equivocarme: el mejor capítulo de esta decepcionante temporada, a años luz, y uno de los tres mejores de toda la serie. 
Increíble, porque no es fácil conmoverme.
Saludos.

viernes, 6 de marzo de 2026

¿Quién manda ahí?


 

Como un cuerpo extraño, el MACBETH que Béla Tarr rodó para la televisión magiar en 1982, parece obra de otro cineasta, lo que no es necesariamente una crítica, sino más bien la constatación de la versatilidad de un director que aún seguía haciéndose, buscando una voz que no tardaría mucho más en llegar. Ya sorprende su estructura, que consta de una escena inicial de poco más de cinco minutos (la brutal revelación a Macbeth) y un enorme plano secuencia (como lo oyen) de algo más de una hora. Y no, no es teatro filmado, porque Tarr emplea una sola cámara para un ingenioso juego de escenarios móviles, una mastodóntica planificación y un elaborado trabajo actoral. Es una versión "respetuosa", sí, teniendo en cuenta la anarquía compositiva de sus dos films anteriores, pero también ha quedado como testimonio temprano de lo que Tarr era capaz de proponerse y llevar a cabo, incluso en un medio austero como la televisión, o partiendo de un clásico multiadaptado, como es el shakespeariano.
Saludos.

jueves, 5 de marzo de 2026

Me pinchas (con un cuerno) y no sangro


 

¿Me dices que Paul Rudd y Jenna Ortega han hecho una película en la que hacen de padre e hija? ¿Que a los cinco minutos atropellan un unicornio y empieza a sangrar colorines? ¿Que luego queda aún hora y media más? ¿Que Ángel Sala llegó a defenderla en Sitges? ¿Que dicen que hay gore pero en realidad no? ¿Que Téa Leoni no se había retirado, sino que estaba de parranda? ¿Que si tienes a Richard E. Grant y Will Poulter podías tener un poco más de gracia? ¿Que nadie puede afirmar que filmar en Hungría sea más barato? ¿Que la falacia de la inclusividad es que "las otras razas" sigan en roles secundarios, irrelevantes y caricaturesco? Pues sí, eso es DEATH OF A UNICORN. Ah, y que la única escena que de verdad merece la pena aparezca a cinco minutos del final, con una acojonante e increíble composición de Dan Romer y Giosué Greco. Hay que ser torpe e inútil...
Saludos.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Ser bueno es malo


 

90 años separan la maravillosa película de Alfred Hitchcock de la más que estimable revisitación que Kleber Mendonça Filho ha realizado sobre el género canónico de espías. O AGENTE SECRETO no oculta dos cosas a lo largo de sus apasionantes casi tres horas: su naturaleza mutante, desglosada en un mestizaje de tonos que la llevan de la comedia surrealista al thriller físico o el drama social; pero también el respeto que el director portugués le tiene (y nosotros que lo celebramos) a un montaje que jamás responde a impulsos aleatorios, para conectar con eficacia esta hitchcockiana epifanía que aúna la magia del carnaval, la fascinación del cinematógrafo, los malos muy malos porque nunca pagan sus fechorías y un antihéroe, Marcelo, que, al mismo tiempo, sabe cuál es su cometido pero no comprende por qué le ha tocado. Lo que le ha tocado es huir tras ser señalado por un especulador sin escrúpulos, que lo sentencia al no doblegarse como director de investigación de una universidad, a cederle los derechos de explotación. Mendonça Filho, responsable de la maravillosa DOÑA CLARA, vuelve a regalarnos una película confortable y angulosa, inabarcable e intimista; un vistazo a la carroña de la dictadura, sus monstruos y supervivientes, donde caben ritos de purificación, piernas encontradas en el estómago de un tiburón o cadáveres abandonados en gasolineras que nadie reclama. En esa esperpéntica dualidad, el film igual invoca al maestro británico, los hermanos Coen o al mismísimo Pasolini, con la esperanza de abarcar una amplia bocanada de un país y un momento, que por aberrante no deja de tener vigencia. Me parece sorprendente (e incluso excesivo) la doble nominación a los oscar (mejor película y película internacional), porque no apostaría a que gane ninguna de ellas, pero atención a Wagner Moura...
Saludos.

martes, 3 de marzo de 2026

Ser o parecer


 

El problema de HAMNET es obvio, y queda muy bien explicado en su parte final, la mejor y a la que no hubiese hecho falta todo el resto para llegar a ella. El problema es venir de una ficción literaria para imponer un relato pictórico de primer orden, y no es posible. El problema es convertir la vida de un icono inmortal de las letras en una anécdota, amortizando el dolor de una pérdida que convierte en sombras todo lo demás. El film empieza con William y Agnes conociéndose; lo centraliza en su vida en común, sus hijos, la partida de él a Londres para intentar abrirse hueco como dramaturgo; lo continúa con la susodicha tragedia oscureciendo el tono y lo culmina en una sobreexplicación, muy bien filmada, eso sí, pero que no es suficiente para tragarnos que estamos ante una "gran obra", porque no es así. Chloé Zhao se pierde, su cine lo hace, en unas mortalmente aburridas digresiones estético-morales, que según les dé el aire son muy bonitas en lo del enamoramiento, muy feístas y oscurantistas en el drama y determinantemente espaciales cuando llega la hora de las explicaciones, que es en su última y estupenda media hora. Es, básicamente, una película mal construida, ni clásica ni rupturista, pero que me temo que va a lograr algunos oscars que deberían ise a otro lado. Ojo, no digo que sea un desastre, y seguro que tiene miles de defensores, la mayoría poco dados al análisis, pero tampoco es un acontecimiento ni mucho menos.
Saludos.

lunes, 2 de marzo de 2026

Sobre vivir


 

Como una fotografía, abandonada en un cajón, pinchada en un corcho, en un álbum, apenas suspendida en un rincón de la memoria de alguien que fue niño, que a lo mejor está a punto de morirse, que vivió o forma parte de la vida de alguien. El diabólico entramado de CRÍA CUERVOS... es poderoso e intimidante por lo vago y cercano que es al mismo tiempo. Todo es filtrado por la visión de Ana, que (en una antológica y aterradora escena de apertura) es testigo de la infidelidad de su padre, e inmediatamente de su muerte. Ana, que junto a sus dos hermanas debe ahora soportar a su estricta tía, porque su pobre madre también murió, enferma, envenenada o de soledad, qué más da ahora, o qué más dará cuando Ana ya sea una mujer. El guion de Carlos Saura, el primero que escribió íntegramente, es un prodigio de cómo modular la ambigüedad, para crear un cuento de fantasmas, dolorosamente vivos, vestigios de su propia vergüenza, que dan forma a una herida inobservable. Película finísima, amarga, de la que se repite hasta la saciedad aquello de "la mirada de Ana Torrent", pero es que es cierto. Nada de todo lo terrible que sucede aquí sería tan terrible si no observáramos nosotros mismos al testigo; lo difícil, al menos para mí, es sostenerle la mirada a esa niña que parece haberlo vivido todo...
Demoledora.
Saludos.

domingo, 1 de marzo de 2026

Rincón del freak #684: El chino de Tolkien


 

Reconozco estar muy fuera de todos esos mundos circundantes que conforman las colecciones de fantasía épica. Esos gigantescos tochos de cuidado formato, presentación suntuosa, que son el complemento perfecto para los fanáticos del rol, probablemente el último reducto del romanticismo en una época nauseabundamente pragmática. Gustándome una barbaridad todo el universo creado por Tolkien, dándome la razón la tremenda vigencia que sigue teniendo, zambullirse en el inabarcable mundillo de los adláteres, facsímiles y otras derivadas de dicho universo es, además de agotador, poco satisfactorio. Así como de casualidad, alguien me dijo de echar un vistazo a CURSE OF THE SHADOW, un low budget que no esconde su condición, y que extrae de su precariedad todo su encanto. Rodada en 2013, se desmarca de las exploitation porque no pretende ser cutre, sino imitar con devoción a sus hermanas mayores, añadiéndole el punto gamberro que aquéllas no pueden permitirse por su comercialidad. La historia, delirante, une a un guerrero humano, una elfa y un orco, que son la última esperanza para detener a "La Sombra", una especie de conjura demoníaca que, cómo no, quiere destruirlo todo. Ahora bien, el guerrero en realidad es un ladronzuelo de reliquias, la elfa es una cazarrecompensas que corta cabezas de orcos y el orco es un buenazo que es repudiado por los suyos, al no ser un bicho sanguinario. Es cierto que el montante de la factura técnica puede tirar para atrás si se carece de cierta distancia crítica, porque es imprescindible saber en qué tablero se juega, y poner esto a la altura de las fantasías épicas que ya sabemos es un error. Es muy barata, pero se toma lo suficientemente en serio como para no ser una parodia involuntaria, aunque me cuesta imaginar en un público potencial, sinceramente.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!