miércoles, 21 de enero de 2026

Veinte años no es nada


 

MARVIN'S ROOM podría ponerse a las cuatro de la tarde de un domingo cualquiera en una cadena que dejo a su entera elección. Curiosamente, además de Diane Keaton, aquí estaban (aunque nadie se acuerde) nada menos que Meryl streep, Leonardo DiCaprio y Robert De Niro, a cual peor dirigido por Jerry Zaks, que luego se dedicó a cuerpear en ignotas series televisivas. Sin saber qué tono adoptar, es una comedia sin gracia, pero también un drama sin emoción, que gira en torno a Bessie, a la que han detectado leucemia. Bessie (Keaton) es lo que denominaríamos despectivamente una solterona, que ha dedicado su vida a cuidar de sus padres, mientras que su hermana, Lee (Streep), es una peluquera en Ohio, que se quedó embarazada demasiado pronto y ahora tiene un hijo problemático (DiCaprio) a punto de cumplir los dieciocho. Nada concuerda, porque aquí la Streep estaba casi en los cincuenta, pero en fin. El caso es que la hermana "desenfadada" va a ver a la mojigata después de veinte años, por si le puede donar médula y salvarla, aunque se pasen el día discutiendo y echándose cosas en cara. Para rematar, dos cosas: De Niro hace de médico, probablemente en el papel más desubicado de toda su carrera, y el título del film hace referencia al padre, que se llama Marvin y está postrado en una cama, pero cuya relevancia en esta mediocridad es un misterio tan grande como saber quién pensó que esto debía hacerse.
No la vean.
Saludos.

martes, 20 de enero de 2026

Sigan con sus vidas


 

Ninguna película más fácil de resumir que TRON: ARES. Buenos y malos buscando lo mismo, pero los buenos para que haya cultivos y felicidad en los sitios donde internet aún tiene sus pegas, y los malos para hacerse aún más millonarios y acceder a condecoraciones que legitimen sus actos, sean estos los que fueren. Seguro que les suena a algo no muy lejano en el tiempo. Pues esto es lo que ofrece el enésimo truco de magia de Disney, que se ha tirado a la bartola definitivamente, porque ¿quién querría inventar con un catálogo propio y dispuesto a ser saqueado sin miramientos? Lucecitas que no falten, Jared Leto con cara de salir de un after, Jeff Bridges pagando las facturas con diez minutos de piloto automático, Evan Peters haciendo de un malo que da más lástima que otra cosa y, como decíamos, ese insoportable e indefendible raccord, en el que mientras se destrozan edificios, coches y mobiliario urbano, el tráfico sigue a lo suyo y tampoco se percibe un pánico feroz. Esto era la gracia de la película original, que al desarrollarse en el interior de un videojuego no había necesidad de recrear la complejidad del mundo real; ahora es al revés, y los elementos digitales se integran en la "realidad", pero de manera tan pobre que otra vez podríamos estar en un vidojuego. En fin, al menos la banda sonora de Reznor & Ross no está mal.
Saludos.

lunes, 19 de enero de 2026

Naturaleza del stent


 

Te vas a morir, a menos que te coloquen un aparatito insignificante, una especie de tubito que tiende a expandirse, creando un espacio donde no lo había, en el interior de una arteria obstruida. Simple y efectivo, pero artificial. Vivir gracias a lo que no está vivo, o más retorcido aún, ser desechado por quien te mantiene e, inesperadamente, salvado por quien ya no posee los medios para hacerlo. No sé si es enrevesado o directamente absurdo, pero buscarle algo de coherencia a algo como SPY GAME ya es toda una proeza o un acto de fe. La misma fe que le tiene el personaje interpretado por Robert Redford (un veterano espía de la CIA) al que encarna con cara de cobrar el cheque un Brad Pitt insulsísimo. Vale que uno le ha enseñado todo lo que sabe al otro, pero hay que tragarse que en su último día de servicio se dedique a orquestar una complejísima acción de contraespionaje, tan sólo para salvarlo de las horrísonas garras del tenebroso régimen de terror chino, que lo mantiene preso... sí, por espiarles, fíjese usted. Por eso digo que este guion no hay por dónde cogerlo, porque igual te idealiza a un par de superagentes, que en realidad no son más que mentirosos profesionales, te pinta a un país soberano como la encarnación de Mordor en la Tierra, mientras pone a parir a la CIA como un hatajo de incompetentes. Para que no falte de nada, a Tony Scott no le dejaron hacer lo que mejor sabe, que es la exaltación pictórica de la acción, sin entrar en tanto lío; porque esta película es liosa, torpemente tendenciosa y un coñazo de más de dos horas a ritmo de videoclip cutre, que es al cine lo que una intervención coronaria a un tipo que no se cuida.
Saludos

domingo, 18 de enero de 2026

Rincón del freak #678: Hideputas, hijodalgos y relinches de la Malinche


 

Uno no sabe cómo calificar objetos tan extraños como el que nos ocupa hoy, uno de esos casos extremos de cinematografía, que no deberían existir, pero han resurgido gracias al empeño y dedicación de unos pocos locos de esto del cine, transgrediendo y obviando las dificultades para, por ejemplo, restaurar un film que parecía perdido desde hace casi un siglo. Más allá de dicha anécdota, no puede decirse que LA LLORONA sea mucho más que la leyenda de la que es considerada nada menos que la primera película de terror mexicana, porque hablamos de 1933.Terror, lo que se dice terror, no tiene tanto, quedándose en una intriga criminal, alimentada por otra leyenda, la que habla de la despechada azteca Malinche, que es ultrajada por el malandrín Hernán Cortés, a lo que, quitándose la vida con un cuchillo sacrificante, lanza una maldición a toda la casta del conquistador español: al cumplir cuatro años, el primogénito será asesinado por una fuerza maligna, sin que nadie pueda impedirlo. Así, nos plantamos en la casa colonial de un prohombre de aquellos treintas, cuyo padre intenta advertir de la maldición sin lograrlo. A esto que sale un encapuchado de Sábado Santo y nos percatamos de que manda narices la cantidad de puertas secretas y pasadizos que albergaba la casa, sin que ninguno de sus habitantes supiera de su existencia. A ver, son 70 minutillos que se ven con una sonrisa inocente, por las declamaciones y las miradas arrobadas, pero también por un mogollónico flashback hasta los tiempos en los que los Quijotes desfacían entuertos y vengaban a damas despechadas.
Más que llorar, parece una depilación dolorosa, pero bue...
Saludos.

sábado, 17 de enero de 2026

Las compañías improbables


 

Aceptamos PREDATOR como franquicia moldeable a los gustos del mercado, de la cual BADLANDS supone un extraño espaldarazo, porque no la vimos venir y porque, una vez superada su gozosa primera parte, es más de lo mismo. Y depende de lo que le pidamos, porque todo el preámbulo es de lo mejorcito que se ha escrito sobre los Yautja, centrándose esta vez en uno muy joven e impetuoso, pero que no tiene las características físicas de su raza, por lo que es repudiado por su padre, que no le permite ingresar en el clan. Tras un sangriento enfrentamiento, se dirige hacia el planeta más peligroso conocido, donde cada organismo es una presa potencial de otro más grande, y donde este Yautja pretende dar aza al mítico Kalisk, que jamás ha podido ser apresado y del que se dice que es imposible de matar. Hasta ahí, todo perfecto, un guion que mantiene la atención, que no se pasa de incongruente y nos sitúa en un mundo repleto de sorpresas a cual más imaginativa. Incluso la aparición de Elle Fanning, magnífica como una sintética sin piernas que acompañará al joven Yautja, nos plantea una buddy movie muy entretenida. El problema viene en la resolución, que se vuelve acomodaticia y previsible, prefiriendo el impacto comercial que no ensucie la incomprensible deriva actual, que insiste en querer contentar a todas las franjas. Aun así, merece la pena para una tarde en la que pensar no sea la prioridad, sin más.
Saludos.

viernes, 16 de enero de 2026

A partir de mañana


 

Puede que sea THE BUCKET LIST la peor película de Rob Reiner, o al menos la más incomprensible, porque tener a Morgan Freeman y Jack Nicholson en un mano a mano debería bastar para componer un film al menos interesante. Ante lo que estamos es una tontería sin sustancia ni sentido, en la que Freeman interpreta a un modesto mecánico, marido amadísimo y fanático de los concursos de preguntas y respuestas, mientras que Nicholson es un multimillonario pasota y cínico, dueño de varios hospitales, a uno de los cuales van a parar ambos, y a la misma habitación por el "método de ahorro" del propio dueño, sin habitaciones únicas. Los dos sufren enfermedades gravísimas, un cáncer de pulmón y un tumor en el cerebro, y un último resultado les da escasos meses de vida. Ahora toca, tras diversas escenas de lucimiento para los dos protagonistas, tragarnos que, claro, ya que nos vamos a morir vámonos a dar la vuelta al mundo. Pero no de cualquier manera, que Nicholson es millonario, así que se tiran en paracaídas, alquilan un circuito de F1 para destrozar dos coches de carreras, visita a la pirámides (que ocupa un minuto quince segundos) o nos vamos al Taj Mahal (uno cuarenta). Todo para darnos en las narices con este descarado manual de autoayuda, más simple que el mecanismo de una cuerda, en la que ya el rizo queda rizado cuando Nicholson, como buen gamberrete, contrata a una meretriz para tentar al incorruptible Freeman. Todo ello con enfermedades terminales.
De no creerse, pero no todo va a ser bueno por ser de Reiner.
Saludos.

jueves, 15 de enero de 2026

El pájaro manchado de tinta


Una verdadera lástima dejar pasar la oportunidad de componer un oscuro retrato vital, a partir de un gran intérprete como Benedict Cumberbatch, simplemente por no haber entendido nada del material original, convirtiendo el descenso a los infiernos de la depresión de su protagonista en un simple cuentecito moralizante, con algunos episodios torpemente rodados de supuesto terror. No me extraña que THE THING WITH FEATHERS pasara por completo desapercibida por Sitges, cuando ostentaba la apariencia de producción de peso. Como fuese, se nos cuenta la triste deriva de un dibujante de comics (o novelas gráficas) que se queda viudo tras la repentina muerte de su esposa, debiendo hacerse cargo de sus dos pequeños hijos y afrontando un bloqueo mental y emocional absoluto, que además se ve agravado por una misteriosa presencia que le atosiga y que se parece sospechosamente al monstruoso protagonista del trabajo que, por motivos obvios, ha dejado inacabado. Con este material daba para un film más amargo, pero todo está tan subrayado, predecible y predeterminado, que termina donde todos sabíamos que terminaría, que es en ese cine que estuvo tan de moda (Con BABADOOK como punta de lanza), el de los trastornos emocionales representados en entidades monstruosas. Yo aquí no veo ni terror, ni drama psicológico, sino una idea estimulante que el director y guionista se ve incapaz de llevar a ninguna parte. Fíjense cómo habrá sido, que lo único que me ha emocionado ha sido escuchar a la inmensa Sandy Denny en los créditos finales.
No merece la pena.
Saludos.

miércoles, 14 de enero de 2026

Crímenes imperfectos


 

Es fantástico comprobar cómo el tiempo no pasa por algunas obras, que aún mantienen el mismo fresco aroma que las acompañaba en el momento de su estreno, precisamente para aguardar otro visionado. MANHATTAN MURDER MYSTERY pertenece a esta categoría, películas aparentemente ligeras, sin vocación de trascender, que aprovechan esa supuesta liviandad para terminar siendo una demostración de sabiduría y tenacidad. Lo digo porque el cine de Woody Allen, de alguna manera acabó aquí, no literalmente, pero sí en su esencia creadora, para continuar después como una factoría más o menos eficaz de amables copias de sí mismas. Lo más fascinante de este film es el tono, desenfadado cuando se inscribe en la comedia, pero terriblemente sórdido al aflorar el motor argumental. Como dos películas que se desarrollaran paralelamente, nos situamos en un bloque de apartamentos del Manhattan del título, donde un matrimonio (Woody Allen y Diane Keaton) conocen por caualidad a unos vecinos algo mayores que ellos, con la fatal coincidencia de que la mujer aparece muerta al día siguiente de un infarto. Sin embargo, Carol (Keaton) sospecha que el "pobre viudo" oculta algo, por lo que comienza a urdir un supuesto complot asesino junto a su amigo Ted (Alan Alda), que usa este perverso juego para acercarse a ella. Así, Allen compone un delicioso rompecabezas donde ninguna pieza falla, pese a que constantemente el tablero es zarandeado, las convicciones puestas a prueba, siempre con un humor entre ácido y desesperado, montando cine negro desde la cotidianidad y demostrándonos que saltarse las reglas puede salvar un matrimonio... o incluso resolver un crimen.
Absolutamente maravillosa.
Saludos.

martes, 13 de enero de 2026

El lado correcto de la historia


 

Más curiosidades, o coincidencias, o lo que sea. Acabo de terminar de ver THE MAN IN THE HIGH CASTLE, la adaptación de la novela homónima de Philip K. Dick, en la que se contaba cómo hubiese sido el mundo si la WWII la hubiesen ganado los nazis. Bien, admitamos antes que nada que esta serie, que consta de 40 episodios repartidos en 4 temporadas, es una adaptación tan libre, que mucho me temo que o no han entendido a K. Dick (lo que es más que probable) o simplemente no se han atrevido a poner en imágenes su desafiante y revolucionaria tesis, que iba mucho más allá de imaginar una Norteamérica dominada por nazis y, en menor medida, japoneses, exponiendo las similitudes (¿o no lo vemos hoy día?) entre ambas posibilidades, como si la Historia no fuese más que un monorraíl inseparable de su destino. Esto es otra cosa, un thriller conspiranoico, que tarda una eternidad en introducir el elemento distópico, con un ritmo en exceso ralentizado y un guion que se enreda en infinitas tramas, la mayoría sin mucho interés. Posiblemente le hubiese bastado con unir la primera y la última temporada, haber ido por lo que es, un entretenimiento más o menos ingenioso, pero que desaprovecha la oportunidad de haber movido el eje de las ficciones televisivas recientes. Yo les recomiendo mucho más que lean la novela y la piensen en los términos geopolíticos actuales, porque les va a volar la cabeza y aún mejor, pondrá a prueba muchas de sus convicciones morales.
Saludos.

lunes, 12 de enero de 2026

Bandera bocabajo


 

Si se le buscan muchas dobleces a THE LAST CASTLE, es muy posible que salga uno escaldado ante la enésima demostración de ese cine patriotero, conductista y de comida rápida que realmente es. Si, por el contrario, uno acepta de antemano que va a ver dos horas de entretenimiento, mientras ponen a un malo muy malo frente a un bueno muy bueno, a lo mejor lo ve sin mayores agobios, y seguidamente se pone a pensar en si hacer ensaladilla rusa o comprarla hecha. No hay mucho que explicar, excepto que es bastante improbable que a un general lo metan en prisión por proteger a sus hombres, pero aún más que al frente de esa prisión pongan a un tipo que escucha a Salieri, colecciona reliquias y nunca haya estado en combate. Si esto hubiese tenido un guion decente, habríamos visto una película mucho mejor, porque el carisma de Robert Redford y James Gandolfini, como absolutas antítesis de lo que debe ser la disciplina, daba para algo menos infantiloide que este film de acción, inusual al convertir el interior de la prisión en un campo de batalla, y donde el estimulante ejemplo de dicha prisión como un castillo se va difuminando en pos de momentos impactantes pero muy previsibles.
Demasiado dinero para tan poca cosa.
Saludos.

domingo, 11 de enero de 2026

Rincón del freak #677: Y todo alrededor del pozo


 

A veces me pregunto (porque suelo preguntarme muchas gilipolleces) qué clase de películas debe ver alguien tan sumamente lerdo e inmaduro como Trump, y la respuesta surge casi sin buscarla. En THE WARRIOR AND THE SORCERESS, a David Carradine lo disfrazaron de Clint Eastwood pero con una espada en la espalda, le dijeron que se limitara a poner las caras que ponía en Kung-fu y luchar con la espada al revés, que lo demás vendría solo. De nuevo estamos ante otro mierdón rodado en Argentina en los ochenta, con excusa barbárica y póster engañoso, para poner un montón de extras tapados moviendo los brazos, monstruos que dan menos miedo que un muppet (literalmente), peleas que parecen coreografiadas por Nacho Duato y señoras mudas que por lo que sea van siempre desnudas. Esta "fantasía épica" tiene un guion ingenioso como pocos, en el que dos tipos se odian a muerte pero viven a escasos metros, y en medio hay un pozo de agua. Todos quieren el pozo, todos quieren darse de hostias, y en medio del ungaunga llega el Carradine y va regalando oídos, dando espadazos en reversa, poniendo cara de proto Kill Bill y coleccionando bolsitas con oro de uno y otro mamarracho (no se pierdan la escena en la que una de las bolsas está rota, se caen algunas monedas y al personal le da igual). Hay un baile del vientre con una mujer de Dos Hermanas (jeroglífico tontaina), un megabicho con tentáculos que nuestro héroe despacha en la friolera de 24 segundos, pero sobre todo un magistral alegórico con el rollo del pozo, y eso seguro que le dio un par de ideas al señor que se peina con una sandwichera para "madurar" cierto asuntillo...
Más que mala es desvaída, como la mujer de un presidente que pinta menos que un extra con bocata de mortadela.
Saludos.

sábado, 10 de enero de 2026

Nuestros pequeños desamores


 

La aventura francesa de Jaime Rosales es MORLAIX, un pequeño y desigual retrato de la fugacidad de la juventud, de cómo siempre será demasiado tarde para todo y los discursos, por bonitos y rotundos que sean, acabarán sepultados por la necesidad de pagar una factura o comprar verduras. Con un pie en el Rohmer de "las rodillas" y otro en el Truffaut combativo, donde más quiere reflejarse es en Eustache reconvertido, pero, todo hay que decirlo, aniquilando el motor suicida del francés, conformándose con un inofensivo juego especular que, a mí al menos, no me funciona. En su última vertiente, Rosales ensaya un necesario (por insólito) fresco que abarque a la última generación, una generación denostada, olvidada a su suerte, a la que se ridiculiza como acomodaticia (y cuál no), quejumbrosa y, aún peor, frígida. El director catalán imagina unos jóvenes serenos, seguros, curiosos, solidarios, para seguidamente enfrentarlos a sus problemas generacionales; la incertidumbre social, la falta de asideros morales, la sensación de habitar un submundo del que desconocen las claves para acceder a ese otro mundo, que siempre verán a través de una pantalla. No hay aquí móviles, ni redes sociales, y sí una película que los jóvenes van a ver, y que en realidad es la película de sus vidas, las posibles, las reales, las prometidas, las imaginadas. Y en esa necesidad de verse para elegir qué hacer, qué decir, a lo mejor no hay más que un dejar pasar el tiempo, ver cómo se agota. La discordia es, sin revelar nada, elegir entre abandonar el entusiasmo o morir precisamente por él; puede parecer absurdo, pero las desesperaciones, en tanto que tranquilas y meditadas, son hermosas.
En mi interior, es una obra bienintencionada pero fallida de un cineasta, al menos, honesto consigo mismo.
Saludos.

viernes, 9 de enero de 2026

Menta y vapor


 

Es una sensación febril la que siempre me provoca A FEW GOOD MEN, una película capaz de hacerte decir al mismo tiempo que está primorosamente escrita y que es palmariamente tramposa. No sé, pero aquí creo que es mejor abandonarse un poco, aceptar ante qué estamos, y estamos ante un drama judicial enmarcado en los estrictos usos y códigos de las fuerzas especializadas (concretamente en Guantánamo, ahí es nada), donde se pretende desvelar la verdad sobre la muerte de un soldado insignificante, con todo lo que ello conlleva de dignidad, patriotismo y otras cosas. El guion de Sorkin, afilado, inteligente, pero también algo pomposo y pagado de sí mismo, nos propone el tablero; después es obra de Rob Reiner calzarse una serie de personajes/iconos, que han pasado a la historia por ceñirse a una hoja de ruta potente y segura de sí misma. Estos son, claro, Tom Cruise y Jack Nicholson, que apenas cruzan unos minutos de tour de force en un metraje la verdad que estirado, pero que son suficientes para legar algunos momentos que ya son historia del cine. Luego, es verdad, sabes que te han timado, que las cosas nunca pasan así, pero no sé qué haríamos con estas modestas revanchitas, quizá conformarnos con tomar vapores de menta, mientras los tipos con cara de eterna sinusitis reparten los trozos que quedan del pastel.
Es intensa, es icónica y resiste más de treinta años después. No sé qué más queremos.
Saludos.

jueves, 8 de enero de 2026

Fracasar mejor


 

De nuevo a vueltas con el último Sitges, en Panorama se presentaba IT ENDS, ópera prima del joven realizador Alex Ullom, que demuestra que se puede hacer cine muy desasosegante sin apenas presupuesto. E invoco aquí el espíritu de Samuel Beckett, que en gran parte de su obra (Godot, por ejemplo) nos acompañaba generosamente en un paseo sin salida ni motivo, con el único propósito de que experimentáramos, de primera mano, lo fútil y absurdo de nuestra existencia. El cine comercial suele estar plagado de dramas, exageraciones y fanfarronadas, pero pocas veces se intenta filmar el tedio, el hastío, el vacío de no tener ningún propósito, y lo que es peor, aceptarlo. El argumento es sencillo: cuatro jóvenes compran provisiones para pasar un finde en algún sitio sin especificar, toman una especie de atajo por una carretera secundaria, pero tras comprobar sus navegadores se dan cuenta de que llevan demasiado tiempo conduciendo y no han pasado ninguna salida hacia la autopista. Prefiero no desvelar mucho más, porque todo el meollo se descubre muy pronto, y lo que sigue es lo que decíamos al principio, una película que muta desde el género que aparenta ser (terror), para reinventarse como reflexión acerca de cosas aparentemente nimias como si merece la pena seguir adelante, si estamos preparados para transitar una vida en su mayor parte tediosa o si somos honestos cuando presumimos de amistades que creemos inquebrantables. Todo eso cabe en 90 minutos en los que apenas tenemos cuatro jóvenes actores metidos en un Jeep Cherokee que podría ser la isla de Robinson, tanto como el vehículo en el que Godot jamás llegaba. Depende, creo yo, de lo optimistas o bien informados que seamos...
Si le pillas el punto es bastante mejor de lo que parece.
Saludos.

miércoles, 7 de enero de 2026

Mucho frío ahí fuera


 

No me extraña nada que Mrs. SOFFEL haya pasado tan de puntillas desde su estreno, hace ahora algo más de 40 años, teniendo en cuenta lo atractivo de su argumento y un reparto de campanillas, que incluía, además de a Diane Keaton en un registro extraño para ella, a Mel Gibson, Matthew Modine o Edward Herrmann. Basada supuestamente en hechos reales, contaba la historia de la señora Soffel, esposa del alcaide de la penitenciaría de Pittsburgh, que a principios del pasado siglo mitigaba su aburrido matrimonio repartiendo biblias entre los convictos, mientras les instaba a arrepentirse de sus pecados. Hasta que llegan los hermanos Biddle, condenados a muerte por asesinato, convertidos en leyendas por la prensa, que de inmediato ejercen una atracción poderosa sobre la buena samaritana, hasta el punto de convencerla para que los ayude a escapar. Hay que tener un gran guion para hacer creíble una historia siempre en el alambre, y no es el caso; la química entre Keaton y Gibson tampoco es la más adecuada, y cuesta creer toda esa pasión desatada, que lleva a una mujer beata y bien situada a largarse con dos tipos, qué quieren que les diga, no muy de fiar, dejando atrás incluso a sus propios hijos. Dirigía la australiana Gillian Armstrong, que siempre ha prometido más de lo que ha dado en su irregular carrera, y por destacar algo me quedo con la estupenda fotografía de Russell Boyd, responsable de algunos de los trabajos más memorables de Peter weir, como PICNIC EN HANGING ROCK, LA ÚLTIMA OLA, EL AÑO QUE VIVIMOS PELIGROSAMENTE, y sobre todo MASTER AND COMMANDER.
Saludos.

martes, 6 de enero de 2026

¿Qué harías tú?


 

Eso se preguntaban Polanski y el ardor a principios de los ochenta, como invocando la máxima aquélla de que si un majara quiere cargárselo todo no tiene más que apretar un botón. Esto es lo que propone A HOUSE OF DYNAMITE, penúltimo intento de Kathryn Bigelow de convencernos de que su país es una mierda de país mediante el principio de transposición, que es presentarlo como único salvador de la paz mundial. Desde luego, si la intención es aleccionadora yo me bajo del barco y abomino de una nueva leccioncita sobre sistemas de seguridad, el mundo libre, las barras y estrellas y el resto de tonterías que ya no engañan a nadie, excepto a lameculos, indigentes mentales y otros cipayos. Para colmo, Bigelow ni siquiera tiene un guion bien escrito que desarrollar con su magnífico dominio visual y atmosférico, sino una broma de mal gusto que invoca la estructura de RASHOMON, pero sin que ninguna de las tres partes desdiga a las otras dos, ni nos haga reflexionar sobre los límites morales de las grandes decisiones políticas. Una verdadera lástima, porque el primer segmento (unos 35 minutos) es acongojante, planteando una espiral de desconcierto creciente cuando es detectado un misil nuclear que se dirige a Chicago desde el Pacífico, y que contra cualquier pronóstico ha evadido todos los sistemas de prevención. Corea del Norte, China, Rusia, todos hipótesis, todos posibles enemigos, todos en la mira, pero nadie se pregunta jamás cómo es eso de que te caiga un misilazo en el coco, hasta que es el tuyo. Lo digo porque absolutamente nadie ha escrito un guion sobre cierto genocidio que aún sigue candente, pero deberíamos estar muy preocupados por un supuesto, algo que ni siquiera ha ocurrido. 
Bigelow, así va a ser complicado.
Saludos.

lunes, 5 de enero de 2026

Los postulados de la libertad


 

Vaya, quién me iba a decir que me coincidiría la hoja de ruta del homenaje y recuerdo a Robert Redford con la constatación de que, actualmente, Estados Unidos está gobernado por un gilipollas sin principios, y lo que es peor, hay medio mundo aplaudiendo que se pase por el forro de sus huevos naranja la legalidad internacional. Aunque no seamos ingenuos ¿qué esperábamos tras no mover un dedo ante un genocidio? Redford escupiría a la cara a una basura de persona como ésta, incluso repudiada por el propio Vaticano ¿pero quién pide principios a quien ha violado menores impunemente? En este sentido, ha sido un soplo de aire fresco recuperar SNEAKERS, una película que hacía muchísimo tiempo que no veía, y que viene a recordarnos que siempre se cocieron habas con esto de los hackeos y zarandajas digitales. Lo que pasa es que aquí hay cables, teléfonos fijos, faxes, modems y toda esa parafernalia que a un chaval de ahora le sonará a fantasía épica, o qué sé yo. Con una premisa argumental que ahora nos parece ingenua, Martin Bishop comanda a un estrambótico pero supereficaz grupo de hackers, que se dedica a comprobar si los sistemas de seguridad de las empresas que los contratan son realmente seguras, precisamente quebrantando dicho sistema. Con una orden de detención desde 1969, Bishop es chantajeado por una misteriosa organización, que le obliga a robar una caja negra que resulta ser un desencriptador todopoderoso, pero al tirar del hilo la verdad es aún más oscura y sorprendente. Con un reparto de ensueño, que incluía a Ben Kingsley, Mary McDonnell, Sidney Poitier, River Phoenix, Dan Aykroyd o David Strathairn, el poco prolífico Phil Alden Robinson dirigía esta desenfadada mezcla de comedia, espionaje y "nuevas" tecnologías, con un tono que es de agradecer en estos tiempos tan diabólicos que estamos viviendo.
Sigo diciendo lo que digo siempre: "Contra mí no tenían nada"...
Saludos.

domingo, 4 de enero de 2026

Rincón del freak #676: ...que te van a echar el guante


 

A ver, seamos claros, que el THE RUNNING MAN de 1987 era lo que era, un vehículo ultramegaprocesadísimo y hecho a la medida de Don Arnaldo, que se lucía embutido en un hortera mono amarillo, mientras corría junto a Yaphet Kotto y un señor con gafas, por culpa de una Maria Conchita Alonso que lo putea a base de bien, provocando las dos escenas más vergonzantes de un film dirigido por uno de Starsky & Hutch, el moreno creo. Con todo en contra, un arranque cutrecillo, una presentación de personajes igual y un sentido del humor que hoy día estaría revisado con lupa, lo cierto es que el asunto mollar, el de los tortazos, mola mucho más, al ser más plan videojuego ochentero (creo que sacaron uno), con unos villanos que tenían cada uno su historia, el del fuego, el del hielo, el de los rayos, el de la sierra mecánica, dándolo todo en unas peleas previsibles pero resultonas, y que entonces eran lo más. Luego había que hacer el esfuerzo de tragarse a Schwarzenegger como cuentachistes, o flipar con los baboseos (hay que verlo para creerlo) de Richard Dawson como maestro de ceremonias de esta extraña manera de hacer una crítica a la telebasura, elevada a su máxima potencia. Aquí al menos sí salen corriendo, y además te da la oportunidad de comprobar como hubiese sido si en 2017 todos fuésemos vestidos y peinados como en los ochenta, la música se hiciese con sintes y no hubiese móviles, jeje...
Saludos.

sábado, 3 de enero de 2026

Corre, corre, corre...


 

Cosas a favor y otras no tanto de THE RUNNING MAN, la nueva adaptación que nadie pedía de otro libro de Stephen King (¿querían caldo?), en este caso remake de otro film homónimo, del que hablaremos a no mucho tardar. A favor, su director. Edgar Wright es un tipo que entiende a la perfección los tratamientos, tonos y resortes de producciones de lo más dispar. Además, les imprime su sello incluso en cosas tan impersonales como ésta. Porque no nos confundamos, si queremos ver un film revolucionario hemos errado el tiro; esto es acción, con mensaje, sí, pero acción, con volteretas, puñetazos, explosiones y malos perdiendo el tiempo como siempre. Por ahí, Wright es más que solvente, y entrega su película más comercial y palomitera; un disfrute para los que buscan dos horas de lo antes dicho, sin apreturas. Lo bueno es que Wright no puede dejar de ser Wright, y, emulando uno de esos drones en tiempo real, va trufando esta distopía (que ahora nos es hasta cercana) de perlas en forma de humor gamberro, que la salva de la mediocridad a la que podrían haber ido sus excesivas más de dos horas. Por otro lado, hay un reparto de nivel, con un protagonista, Glen Powell, que no es sólo un mueble andante, Josh Brolin como el malo retorcidísimo, Lee Pace haciendo de Némesis misteriosa y pequeñas pero vibrantes apariciones de William H. Macy o Michael Cera. Al menos sí mejora la original, pero se queda como un correcto entretenimiento, tampoco nos flipemos, que edgar Wright es muy bueno pero tiene sus cositas.
Saludos.

viernes, 2 de enero de 2026

Quien tiene un amigo...


 

"No hay mejores amigos como los que tuve a los 12 años", escribe en la pantalla Richard Dreyfuss, mientras rememora aquel fin de semana en el que, junto a sus tres mejores amigos. fue a buscar un cuerpo, el cuerpo de un chico muerto en mitad de ninguna parte. Hay pocas alegorías más hermosas, potentes y certeras en la historia del cine para describir el paso decisivo en que dejamos atrás la inocencia, para adentrarnos en una vida más monótona y predecible. Rob Reiner lo clavó en STAND BY ME adaptando (vaya semanita nos ha quedado) a Stephen King, en la que es su novela más reflexiva, y donde da rienda suelta a todos sus fantasmas sólo para exorcizarlos con ese infalible sortilegio de la amistad inquebrantable. Es ésta una película sencilla, icónica, emocionante, que ves con una sonrisa y acabas con una lagrimilla. Esa película que responde a su propia estructura itinerante, porque la historia, la excusa, es una chorrada para lo que importa, ese canto a la amistad forjada en torno a ritos, cantinelas, chistes prohibidos, evocaciones de las tetas de nosequién, historias ante una fogata y no dejar atrás al rezagado. La historia es lo de menos, porque llegar es tener que volver. Por cierto, irrepetible el trabajo de River Phoenix, Wil Wheaton, Jerry O'Connell y Corey Feldman, porque te encantaría caminar junto a ellos por aquellas vías.
Se te queda pegada como una sanguijuela al... ¡ups!
Saludos.

jueves, 1 de enero de 2026

Feliz año nuevo


 

Efectivamente, aún no por algunos meses, pero contra cualquier pronóstico, con mil historias raras, vicisitudes y dudas razonables, hemos llegado vivitos y coleando al año de la mayoría de edad de este blog; de manera paralela a la de mi hija, debo añadir, que es el motivo en la sombra de ponerse uno a teclear diariamente con más regocijo que pesadumbre. Y como la última peli que vi con ella fue THE LIFE OF CHUCK, y hoy tocaba otro paseíto por Sitges, no cabía otra. Y empiezo, claro, por el final: están tardando en ver la mejor película de Flanagan y una de las mejores del año pasado. Con una distribución que nadie ha aclarado, pero que la ha mantenido un año sin estrenarse, la película adapta un relato no especialmente brillante de Stephen King (otra vez, por Ouroboros), en el que lo más simple que podamos imaginar se convierte en una epopeya vital tan elocuente como finalmente repleta de humildad y humanidad. Una película que va de engañosa, pero qué pone sus cartas sobre la mesa desde el principio, sin trampas de guion ni truquitos cuquis de última hora, para nada. Está dividida en tres actos, pero no por solemnidad narrativa, sino porque así se entiende mejor lo que se cuenta, y lo que es más importante, permitimos que nos cale y mida cuánta empatía intacta nos queda en este mundo de farsantes alentejados y cobardes con emblema. El primero es la historia del fin del mundo, sin más: un hombre siente la necesidad de buscar a su exmujer, mientras el planeta colapsa poco a poco. Los territorios caen al abismo, hay plagas exterminadoras y hambrunas devastadoras. Lo curioso es que no vemos casi nada de eso, excepto por las noticias, que pronto desaparecen al caer internet. Y en mitad de un caos que parece no tener vuelta atrás, proliferan extraños anuncios por todas partes, en los que se agradecen los 39 años de servicio a un tal Chuck, con pinta de gris funcionario, pero nadie sabe quién diantres es. En el segundo, conocemos a Chuck mientras camina, suponemos que hacia su trabajo, por un complejo comercial, y una joven que abandonó Juilliard planta su pequeña batería para intentar sacar unos dólares, pero el ambiente está soso, excepto por ese improbable señor con traje, corbata y maletín que se acerca, y que al escuchar un insignificante toque desencadena una de las escenas más bellas del cine reciente. Insisto: lo que hace Tom Hiddleston es explicarnos sin palabras la poesía de Fred Astaire o Gene Kelly en pocos minutos ¿Pero por qué haría algo así este hombre? Ni él lo sabe, pero quedará explicado en el maravilloso tercer acto, el más complejo y emocionante, en el que nos vamos hasta la niñez de Chuck, marcada por una terrible tragedia, en compañía de unos abuelos que se quedan con nosotros para siempre, y con esa gran incertidumbre flotando sobre él, y que es la piedra filosofal para entender este precioso cuento repleto de cariño y buenos sentimientos, pero que jamás cae en la sensiblería gratuita, porque de haberlo hecho seguro que se hubiera estrenado antes en este mundo repugnante e incomprensible, pero en el que tanto nos gusta vivir... hasta que desaparezca del firmamento.
Llorarán.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!