martes, 24 de febrero de 2026

La vida de Bob


 

Me da a mí quela inclusión de TRAIN DREAMS en los oscar responde a la necesidad de cubrir la cuota de ese cine entrañable, que conmueve sin dañar conciencias, tan sólo confortarlas y que cada uno haga las paces con lo que estime conveniente. Tiene el film de Clint Bentley las cosas muy claras para llegar a ello. Un protagonista con el que es imposible no sintonizar, una historia a la vieja usanza, un aspecto clásico en lo formal, un uso del flashback intencionado y ese trasfondo veladamente trascendentalista que algún neoilustrado llamaría "woke". El respeto a lo diferente, la humildad de perspectivas vitales o la tristeza de la resignación ante la adversidad, que no puede entenderse sino como una gran injusticia. Todo ello para contar la peripecia de Robert Grainier, un tipo corriente que seganaba la vida talando árboles a principios del siglo XX ¿Que quién es Grainier? Bueno, qué más da si tienes una infancia huérfana, un romance así por las buenas, una cabaña junto a un río, conversaciones y canciones al calor de una fogata, y todas esas cosas que hacen que la vida valga la pena aunque no te des cuenta. El problema es el siguiente, y no es poca cosa: mientras Flanagan no idealizaba absolutamente nada, ciñéndose al penúltimo estertor de la necrosis de la última célula, mientras la vida se parte en dos con un baile callejero, aquí tenemos que llorar hasta la última lágrima de un señor que, como todos nosotros, vive una vida, "su" vida, pero envuelta en un adagio interminable y puestas de sol que no te filma... ¿he dicho Malick?... Anyway. Que Joel Edgerton está estupendo haciendo de señor bueno, porque es un gran actor, pero yo esta película ya la he visto antes, y mejor...
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!