BÊTE NOIRE concita muchas de las virtudes de Black Mirror, pero también la mayoría de sus vicios, casi todos adquiridos. Es decir, que es comprensible lo difícil de estar dando saltos mortales constantemente, captar una atención mayoritaria, mientras se intenta no abandonar la vocación principal de llevar cualquier tipo de historia a una confluencia reconocible y homogénea. Aquí se nos cuenta algo no muy original, los rencores y envidias entre una profesional de la alta repostería y una antigua compañera de clase que oculta un oscuro secreto, que luego es reconducido acertadamente hacia una ciencia ficción, que por insólita nos avisa de lo complicado que va a ser anudarlo todo en menos de una hora de duración. Y efectivamente, el episodio se queda muy corto, apresurado, planteando un problema muy wtf (la literal alteración de la realidad), para rematarlo de la manera más burda y terrenal. O dicho de otra manera, expectativas demasiado altas para ser colmadas.
Saludos.

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