Al vacío parece saltar Isaiah Saxon en su primer largometraje, THE LEGEND OF OCHI, una arriesgada vuelta a los modos del fantástico ochentero, pero sin renunciar a una mirada si se quiere menos ingenua y azucarada. Al menos cuando colisiona inevitablemente con los dos referentes, inevitables, insoslayables, como son el E.T. de Spielberg y los GREMLINS de Dante. De la primera recoge esa amistad surgida entre la niña protagonista y el pequeño y extraño animal, al que salva de una trampa, y con el que entabla una comunicación íntima; mientras que de la segunda, tenemos la amenaza que representa esta especie para los habitantes de una isla imaginaria, donde se orgamizan unas curiosas batidas de caza a las que asisten los jóvenes lugareños para ser aleccionados por un peculiar Willem Dafoe. Con una acogida tibia en Sitges, quizá por lo chocante de su arranque, el film se recompone con dignidad y convicción, recordándonos su naturaleza de "fantástico juvenil", con una ambientación y fotografía notables, unas interpretaciones cuanto menos dignas y decisiones de las que hay que congratularse, como una banda sonora al estilo clásico, que conforman un film mediante el que echaremos un ojo a su director en adelante.
Saludos.

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