jueves, 29 de noviembre de 2018

Clément de pleno #11



Vaya por delante que nunca he ocultado la fascinación que me produce la novela de Patricia Highsmith en la que está basada PLEIN SOLEIL, por lo que me es difícil dirigir un dictamen más o menos imparcial o desapasionado. Mantengo fervientemente (y ahora más que nunca) que esta historia sería inmediatamente censurada hoy día, dado su continuado descenso hacia la ambigüedad más absoluta, de una amoralidad que no resistiría el juicio pacato de los guardianes de una moral que actualmente me da más miedo que este espeluznante retrato de la mente superior, constantemente trabajando a varios niveles y, como suele ser habitual, inclinándose hacia el mal por una cuestión de convicción intrínseca. Muy acertadamente, Clément prescinde de explicaciones superfluas y nos incrusta en la narración sobre la marcha, acompañando al pijísimo Philip Greenleaf mientras se gasta la fortuna de papá en interminables fiestas por toda Europa; y, por otra parte, al inclasificable Tom Ripley, un amigo de menor extracción social, enviado por el padre de Greenleaf para que le convenza de volver. En lugar de eso, Ripley maquina un plan maestro, un crimen perfectamente orquestado para eliminar a Greenleaf, hacer creer a todo el mundo que sólo está desaparecido y suplantar su identidad, hasta el punto de mimetizarse por completo. Asimismo, el film es un prodigio de complejidad narrativa, y logro rastrear sin dificultad gran parte de las claves de un cine rupturista en lo semántico, pero sin renunciar a un desarrollo narrativo clásico, que no suma al espectador en una confusión innecesaria. Luego está un inmenso Alain Delon, uno de los pocos actores capaces de lograr, en la misma escena, que quieras asesinarlo a golpes y tener sexo salvaje (eso es la ambigüedad). Delon, omnipresente, es la figura esencial en este magistral tratado sobre las profundidades de la mente, pero también del rencor, la venganza helada o el irresistible poder de la manipulación. Por si fuera poco, está la rotunda fotografía de Henri Decae, especialmente en las bellísimas escenas rodadas en el mar, que se han convertido en un referente cinéfilo, o la maravillosa partitura de Nino Rota, que enfatiza acertadamente la malsana atmósfera recreada por un René Clément que, apenas iniciada la década de los sesenta, se erigía como un nombre fundamental para comprender las grandes transformaciones que el cine europeo venía mostrando.
Obra maestra absoluta.
Saludos.

No hay comentarios:

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!