jueves, 11 de enero de 2018

Supletismo. Raíces y significados de un precursor



THE OLD DARK HOUSE es, por derecho propio, un caso más que reseñable de cómo un director se adelanta conceptualmente varias décadas mediante la torsión de los mecanismos habituales del cine de género más reconocible. La función comienza con tres viajeros que se ven sorprendidos por una tremebunda tormenta en mitad de la campiña inglesa. De repente aparece un caserón destartalado y no se lo piensan; al llamar a la decrépita puerta aparece Boris Karloff repleto de cicatrices; una vez dentro, les reciben los dueños, dos siniestros hermanos que parecen más asustados que ellos. La hermana, sorda, le cuenta a la chica un intimidante relato sobre el castigo de la lujuria; el asustadizo hermano busca cualquie excusa para no subir al piso de arriba; Boris Karloff, una especie de mayordomo mudo, se pimpla una botella de ginebra y persigue a la chica. Todo parece encaminarse hacia "otro relato de horror de la Universal", pero a esas alturas ha irrumpido Charles Laughton haciendo de Sir afeminado y aburrido de su joven esposa, que cae rendida ante los encantos de Melvyn Douglas; mientras, Raymond Massey y Gloria Stuart descubren a un anciano de más de cien años que resulta ser el padre de los dos hermanos... y de otro más, del que nadie ha hablado y que permanece encerrado bajo llave. Así las cosas, EL CASERÓN DE LAS SOMBRAS (por una vez no desentona el título), más que en un film de horror convencional deviene en un dubitativo retablo de caracteres, una especie de rareza deformada y que prefiere jugar con la percepción del espectador, por si es capaz de adivinar qué se avecina tras una puerta cerrada o una mirada aviesa. Pero claro, hablamos de James Whale, al que no nos cansaremos de reivindicar como genuino autor y creador.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!