martes, 1 de octubre de 2013

El cielo en directo



Con un salto cuantitativo de diez años, Francis Ford Coppola había pasado por todos estados por los que puede pasar un director de cine en Hollywood. Tenía el respeto del público y la crítica, el rechazo de cualquier productor mínimamente prudente y una obsesión, cada vez más acuciante, por el hallazgo del gran Santo Grial en forma de texto a adaptar, algo que le acompañaría ya en cada proyecto y que le iría convirtiendo poco a poco en una especie de superdirector independiente, asumiendo yo toda la desfachatez de esta aseveración, por supuesto. Aun así, sin que quedase muy claro de dónde sacó el parné Mr. Coppola (se dice, se cuenta y se rumorea que algo tuvo que ver la mafia...) COTTON CLUB ha quedado como un deslumbrante ejercicio de maestría coral, irregular en su empeño de modular un micromundo nutrido de lo más excelso y lo más bajo, pero con inigualables cualidades para absorber un lugar y un momento irrepetibles en la historia de Nueva York. De momento hay que ser muy bueno para poner a Richard Gere a tocar la trompeta (y de verdad) y que esté fenomenal como el desorientado bon vivant que se ve inmerso, por culpa de unas bragas enfundadas en Diane Lane (que tampoco está mal), en mitad de un sangriento conflicto entre la mafia irlandesa, comandada por el psicótico Dutch Schultz, y la italiana, con Lucky Luciano al frente (estupendos James Remar y Joe Dallesandro). El Cotton Club, regentado por una curiosa pareja interpretada magistralmente por Bob Hoskins y Fred Gwynne, es casi el centro neurálgico de "lo que importa" en una ciudad donde mantener la ley parece asimismo un delito. El film, si se lo sabe tratar, ofrece multitud de matices y cromatismos, y a su extenso reparto (que nos ocuparía más papel del preciso), yo le sumaría algunos de los momentos musicales más espectaculares en una cinta no expresamente musical y rodada además en una década poco recordada por contener musicales de calidad. Por quedarme con un momento (y esta película los tiene de sobras), digamos... atmosférico y subyugante, no se pierdan el número dedicado al gran Cab Calloway, con un Larry Marshall enloquecido y por momentos poseído de algún espíritu. A mí eso me parece, sin más, Cine Con Mayúsculas...
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!