lunes, 19 de marzo de 2012

Por amor al arte



MIDNIGHT IN PARIS logró un único oscar, el de mejor guion original; no me extraña, y ahora menos aún. Entiendo todas y cada una de las motivaciones que llevan a Woody Allen a filmar su enésimo re-refrito autoeditado, pasarlo por un elegante y refinado paseo visual, rozando la postal, y además puntearlo con ciertos "retoques" de ironía a la vieja usanza, la suya para entendernos. Y lo sé, y lo comprendo, y hasta lo apruebo, porque MIDNIGHT IN PARIS debería haber sido un tremendo fiasco, pero no lo es por haber sido rodada precisamente ahora. Sí, precisamente ahora que para hablar de la crueldad uno debe mostrar dinosaurios digitales o que nos creamos una serie de búsquedas que nadie en su sano juicio emprendería; o que el amor deba pasar por puntos de sutura y comas irreversibles. En cambio, Allen nos recuerda (se recuerda) que una comedia debe ser, ante todo, graciosa, divertida, y si encima está bien rodada mejor aún, y si los actores están en su papel, entonces ya es el acabose. Y más aún, porque tras nada menos que 42 películas, Allen da la enésima bofetada sin manos, que es algo que a él siempre se le ha dado de maravilla; destilando un cierto aire naif, casi distraido, y apoyado en la estupenda versión de sí mismo que muy acertadamente pone en manos de un Owen Wilson irreconocible, es capaz de olvidarse por un momento de la crisis económica para filmar uno de los mejores alegatos contra la misma, y hay que ser muy sutil y llevar muchos años en el oficio para eso. MIDNIGHT IN PARIS es lo que a esos estúpidos cinéfilos de saloncito les gusta llamar "una comedia deliciosa". Sí. Pero no es menos cierto que tras su aparente frivolidad, su mensaje más vivo y reivindicable es (incluso por encima del que nos recuerda que ningún tiempo pasado fue necesariamente mejor) que si desatendemos al arte, si lo seguimos considerando algo "no productivo" (y la expresión misma me da escalofríos), entonces estaremos realmente perdidos, tan perdidos como un escritor de tres al cuarto que tiene la oportunidad de tener a sus dioses cara a cara sólo para constatar que, efectivamente, eran tan humanos como cualquiera. No se la pierdan.
Saludos noctámbulos.

3 comentarios:

Charo dijo...

Es maravillosa, Allen total y pleno, con todos sus desenfoques enfocados magistralmente, un capricho que nos ha regalado por amor al arte. Y de el tiempo pasado lo mejor, auqellos que perduran. Lo que yo hubiera dado por compartir copa y coche con Hemingway.

dvd dijo...

A mí me gustó Adrian Brody como Dalí; de verdad que no me lo esperaba, y me hizo reír bastante...

Mr. Lombreeze dijo...

Una comedia deliciosa.
Lo mejor es su moraleja, Dalí, París y las actrices. El resto no está mal, pero no es para tanto. Segunda División de Woody Allen. Los Oscar ya no sirven para medir nada que me interese. Una pena.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!